Publicado el

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

Americanah

AmericanahEl racismo está superado, es cosa del pasado. Solo quedan algunos bocazas incultos por ahí, que aún no se han enterado de que todos pertenecemos a una única raza: la humana.

Ja.

Si crees eso, probablemente seas una persona blanca, para la que la cuestión de la raza nunca ha constituido una barrera. Pero pregúntale a un negro («un negro», sí, nada de eufemismos absurdos como «persona de color» o diminutivos humillantes) si alguna vez alguien ha juzgado sus actos en función del color de su piel, y ya verás la cantidad de anécdotas que le vienen a la cabeza. Y ni se te ocurra acusarlo de victimista porque se atreva a quejarse, ni mucho menos le des la vuelta a la tortilla diciéndole que, con esa actitud, es él el que demuestra ser un racista. Si estás en ese plan, ya estás tardando en leer Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie, a ver cuántas de esas convicciones siguen en pie tras la lectura.

Tres, tres libros seguidos llevo de Chimamanda Ngozi Adichie, y cuando creía que no me podía cautivar más, llega esta novela y se convierte en mi preferida. Con ironía y vehemencia, Americanah habla a las claras del incómodo tema del racismo y del proceso de adaptación (o de sometimiento) del inmigrante al país de acogida. Bueno, y también cuenta una bonita historia de amor, que no todo va a ser echarnos verdades a la cara.

En la década de los noventa, los universitarios Ifemelu y Obinze se enamoran. Pero ambos son conscientes de que esa Nigeria dominada por la dictadura militar no va a ofrecerles el futuro que esperan. Obinze se marcha a Inglaterra e Ifemelu a Estados Unidos, dispuestos a reunirse más adelante, pero sus vidas en esos nuevos países harán mella en ellos, cambiándolos y distanciándolos. Ifemelu rememora aquellos tiempos trece años después, cuando se dispone a regresar a su país y, quizá, a retomar el contacto con Obinze, su primer y gran amor.

A través de sus recuerdos, conocemos cómo ha sido su estancia en Estados Unidos, ese país que grita a los cuatro vientos que allí todo está bien y que todos son iguales. Pero Ifemelu ha comprobado que eso no es así, y ha dejado constancia de sus experiencias en un blog, Raza o Curiosas observaciones a cargo de una negra no estadounidense sobre el tema de la negritud en Estados Unidos. Y es que ella repara por primera en que es negra al llegar allí; había sido un rasgo al que nunca había prestado atención en su país, pero de repente condiciona todos los aspectos de su vida. Y, sin embargo, cuando vuelve a casa, la sociedad nigeriana le atribuye otra etiqueta: a partir de entonces es americanah, apelativo con el que sus compatriotas designan a aquellos que regresan de allá para marcar distancias. Para ellos, los retornados ya no son nigerianos, aunque nunca hayan llegado a ser americanos.

Americanah es una novela irreverente tremendamente adictiva, que te saca de tu zona de confort a base de disecciones perspicaces de los comportamientos culturales y sociales de unos y de otros. Los extractos del blog son reflexiones inteligentes que desmontan todos los clichés habidos y por haber en torno al denominado Tercer Mundo y la raza; las vivencias de los dos protagonistas, un retrato realista de los claroscuros de la inmigración, del camino hacia la madurez y de las relaciones interpersonales; y la historia de amor, el hilo conductor perfecto para unir todas esas partes que por sí solas ya merecen la lectura de esta novela.

Leer a Chimamanda Ngozi Adichie es necesario, ya lo he dicho más de una vez, pero leer Americanah es imprescindible. Un ejemplo de buena literatura, de esa que te sacude y te desmonta, para que cuando recompongas tus pedazos seas otra persona: más crítica, más empática… mejor.

[product sku= 9788439732976 ]
Publicado el

Primavera azul, de Taiyo Matsumoto

primavera azul

primavera azulLa maldita adolescencia: ese momento de locura transitoria en el que las personas se convierten en una inestable bomba de relojería. Personalidades volátiles y cambiantes que estallan por una mirada inoportuna, una palabra malinterpretada o una situación que, a priori, no vaticinaba un desenlace de cariz violento. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué coño miras? Si quieres pelea la tendrás. Parece una buena idea reunir a todos estos muchachos y muchachas, que intentan tomar el control de un cuerpo que parece ir a la deriva, en un mismo lugar. Añadámosles, en algunos casos, marginalidad, drogas y la falsa creencia de ser eternos. No existen peligros, la inmortalidad les ampara. Morir es solo de viejos. Sí, parece una buena idea concentrarlos en un único edificio que les infunda la engañosa sensación de perder su libertad. El instituto: un polvorín atestado de seres frágiles y cargados de inseguridades que solo buscan subsistir. De este tipo son los personajes y las situaciones que vamos a encontrar en Primavera azul, la última obra del mangaka Taiyo Matsumoto publicada por ECC.

Primavera azul de Taiyo Matsumoto es una recopilación de siete historias que nos mostrarán el lado más extremo de lo que significa ser adolescente. Extremo porque el autor añade elementos como las drogas, la violencia a través de las armas o el más hondo desprecio por la vida; la de los demás y la propia. De hecho, las primeras cuatro páginas del manga ya son toda una declaración de intenciones de lo que nos vamos a encontrar a continuación. Cuatro páginas de color ocre que muestran a jóvenes divirtiéndose, comiendo, peleándose e incluso suicidándose. Jóvenes con el rostro marcado por el sufrimiento y con la mirada perdida que, aun rodeados por una multitud, se sienten solos e incomprendidos.

Si eres feliz y ya lo sabes, bate palmas es la primera de las historias que encontraremos en Primavera azul. Un comienzo por todo lo alto; en varios sentidos. Un relato sobre muchachos que se ven en la obligación de mantener su estatus en el instituto mediante un juego arriesgado que pondrá sus vidas en peligro. Igualmente ocurre en Revólver, un relato contado en tres actos en el que el autor introduce una variante: un arma de fuego que puede cambiar la vida de sus dueños. En Verano de mahjong un grupo de jóvenes deportistas se enfrentan al estrés que tienen que soportar ante la posibilidad de acceder a la final de un torneo de baseball. Muchachos que intentarán rebajar dicha tensión jugando al mahjong y descubriendo que se juegan en esos partidos más de lo que creen.

Y así hasta siete historias: truculentas y extrañas, como la de Paz; divertidas, distendidas y que muestran lo que significa la amistad a esas edades (como en ¡Los restaurantes familiares son nuestros paraísos!) o amar hasta la últimas consecuencias (véase ¡Esto no está bien!); o agradablemente reveladoras, como la de Señor Suzuki, en la que asistiremos a los primeros pasos juntos del yakuza conocido como “El ratón” y su joven pupilo Kimura, tiempo antes de que se cruzaran con Blanco y Negro, los niños protagonistas del manga Tekkon Kinkreet; la magnum opus del autor.

Fue dicha obra la que nos enseñó que Taiyo Matsumoto era un mangaka que se salía de lo normal. Rompía sobre todo las normas narrativas visuales llevándolas al extremo, y pasaba olímpicamente de proporciones y de dibujos de aburrida perfección. Es por ello que algunas de sus viñetas acercan al lector a un insólito, diría que onírico, mundo visto a través de una lente ojo de pez o, en otras ocasiones, de un exagerado gran angular. No importa si está narrándonos un partido de ping pong, una historia de samuráis o las desventuras de un grupo de muchachos huérfanos, pues entre las páginas de sus mangas encontraremos picados, contrapicados, primerísimos planos, perspectivas imposibles y un diseño de personajes y escenarios que se alejan totalmente del estilo kawaii del que tan acostumbrados estamos en el cómic japonés. Es, sin ningún género de dudas, un tipo de dibujo chocante, de surrealismo explosivo, que goza de una gran fortaleza descriptiva debida a su trazo inquieto y, en ocasiones, sobrecargado. Un tipo de dibujo que, afortunadamente, en Primavera azul volvemos a encontrar.

Primavera azul de Taiyo Matsumoto es un seinen de corte dramático que muestra sin tapujos y de forma realista situaciones desgarradoras y violentas en las que también hay cabida para el amor y la amistad. A esto hay que añadirle la lucidez que revela el autor a la hora de hacer un profundo y laborioso retrato sobre la psicología de unos personajes hastiados de la vida y que buscan la libertad en los lugares o de las formas más insospechadas.

[product sku= 9788417147273 ]
Publicado el

Ed, el payaso feliz, de Chester Brown

Ed, el payaso feliz

Ed, el payaso felizLa imaginación es una cosa muy bonita y práctica. Nos permite tanto hallar soluciones insospechadas a nuestros problemas como crear maravillosos mundos de fantasía (imaginación y fantasía no son sinónimos, se ponga como se ponga el diccionario; la fantasía no es sino una vertiente de la imaginación). Cuando iba al cole, nada me gustaba tanto como que la seño nos mandara hacer algún trabajo que requiriera de la imaginación. Y no se me daba mal, a decir de mis amigos. Podía inventarme personajes resultones (con nombres graciosos y todo), situaciones más o menos ocurrentes, ir un poquito más allá del lugar común para hallar una salida ingeniosa, y, desde luego, nadie me superaba en el arte de poner motes. Pero de una cosa estoy seguro: al lado de Chester Brown, soy la persona más sosa, anodina, predecible y carente de imaginación que el mundo ha visto.

Chester Brown lleva la imaginación a otro nivel. Lo que este autor hace con ideas, imágenes y palabras tiene poco que ver con la obra de ningún otro autor que yo conozca. Sin embargo, eso no significa que vaya a ser del gusto de todos. Vaya, pues, por delante la advertencia: Ed, el payaso feliz no es apta para todas las sensibilidades. Para más detalles al respecto, seguid leyendo.

Del mismo modo que, como pontificaba más arriba, la fantasía es tan sólo una vertiente de la imaginación, el disparate es tan sólo un recurso técnico de ésta. Hay autores, no obstante, que confunden recurso con finalidad, y, en consecuencia, presumen de imaginación, cuando en realidad se quedan en el mero disparate. Las primeras páginas de este libro pueden dar la impresión de que estamos ante una apología y antología del disparate. Se trata, no obstante, de un disparate tan divertido que seguimos leyendo y disfrutando como esos pequeños pigmeos que devoran con fruición una rata todavía palpitante. (¿Racista? Cuando menos, políticamente inaceptable. Ya había advertido a vuestra sensibilidad. Pero lo peor, es decir, lo mejor todavía está por venir). Poco a poco, sin embargo, vemos cómo un disparate encaja con otro, y cómo se va construyendo una obra de un surrealismo delirante y, al mismo tiempo, perfectamente coherente.

La coherencia de este delirio pasma a este lector, más aún cuando observa que el libro se fue escribiendo a lo largo de diez años. De hecho, antes de convertirse en novela Ed… era de una colección de tiras cómicas publicadas en la revista Yummy Fur, y que no guardaban más que una tenue relación unas con otras. Brown estaba fuertemente influido por algunas teorías del surrealismo y su obra es, ante todo, fruto, como él mismo admite, de la improvisación. En las interesantísimas notas al final del libro el autor comenta algunos de estos aspectos del proceso de creación de la obra. ¿Cómo surgió ese monstruo de Frankenstein que aparece en la página 14? ¿Por qué el cabello de la vampira Josie empieza de repente a brillar? ¿De dónde salió la idea del calamar masturbador? Las respuestas son siempre sorprendentes y reveladoras, y creo que desmitifican en buena medida el trabajo del artista.

Como ya he señalado, Ed, el payaso feliz no es una obra para sensibilidades delicadas. Pensad, de entrada, en episodios como “El hombre que no podía parar”, que un día se sentó en la taza del váter y, pues eso, no pudo parar. Imaginad una escena de masturbación, y a continuación pensad que la punta de ese pene en erupción es, en realidad, la cabeza de Ronald Reagan vomitando. Y creo que con ese par de ejemplos basta para haceros una idea. Eso sí, en las notas finales, Brown se disculpa por el aspecto más ofensivo de sus viñetas, que achaca a su ignorancia juvenil. Así, nos dice que hoy, por ejemplo, no se reiría de una señora madura que se beneficia a un jovencito, ni haría que sus pigmeos comerratas dijeran ¡uga uga!

Rompedora y divertida, de un humor guarro e irreverente, Ed, el payaso feliz marcó un hito en la escena del cómic alternativo norteamericano, y eso es lo único que no nos sorprende de este libro delirante y absolutamente genial.

[product sku= 9788416400706 ]
Publicado el

Afrofuturo(s), de Suleiman Agbonkhianmen Buhari, Ivor W. Hartmann, Sheree Renée Thomas, Zak Waweru e Ytasha L. Womack

Afrofuturos

AfrofuturosLa literatura africana actual en sí misma es una invitación a un mundo nuevo, al menos la poca que yo he leído (Los pescadores, de Chigozie Obioma, Ciudad abierta, de Teju Cole o De Abiyán a Túnez, de Mariama Ndoye serían buenas muestras), de modo que lo primero que me llamó la atención cuando supe de la existencia de una recopilación de relatos africanos que se podrían encuadrar en lo que conocemos como literatura fantástica, que de por sí ya es un billete a otra realidad, fue esa doble circunstancia viajera y me preguntaba si no sería demasiada fantasía en un único trayecto. Bueno, en cinco. Pero para mi sorpresa debo decir que no sé si una condición anula a la otra, la africana a la fantástica o viceversa, pero lo cierto es que estos cinco relatos son perfectamente homologables a los de cualquier antología occidental. Con cierto regusto de lo que uno espera encontrar en autores jóvenes africanos, como por ejemplo imaginar un mundo y una tecnología compleja de nanosensores que mantienen conectados dos cuerpos y que el objeto del despliegue científico sea el baile, la conexión entre coreógrafa y bailarina, pero con un estilo sencillo, claro y transparente. Si esperan vivir una experiencia asimilable a la de un anciano de la tribu transmitiendo una sabiduría ancestral mediante cuentos narrados alrededor de una hoguera, despídanse. No es eso. Afrofuturo(s) es un colección de buenos relatos fantásticos, lo cual es motivo de regocijo más que suficiente.

Los autores son Suleiman Agbonkhianmen Buhari, Ivor W. Hartmann, Sheree Renée Thomas, Zak Waweru e Ytasha L. Womack, y sus relatos, Descubriendo el viaje en el tiempo, La última transmisión, El dragón no puede bailar, Continuum y Para chicas digitales que beben tónica en el bar cuando Purple rain no basta. Me permito llamarles la atención sobre el último de los títulos. Magnífico. Se trata de una versión muy reducida de la antología original publicada por el colectivo Jalada que incluye, al igual que la obra que nos ocupa, tanto a escritores africanos como a afrodescendientes. Dicho así no es más que una nota informativa pero en el prólogo se intuye el apasionante debate que debe haber supuesto la adopción de esa u otra línea editorial en la selección de los relatos. Para finalizar esta breve sección de créditos, no podría olvidar a la traductora, Aeljandra Guarinos Viñals, cuyo magnífico trabajo es fundamental en el gran resultado final de esta obra.

Si hubiera que encontrar un hilo conductor sería la visión distópica presente en todos los relatos. Ninguno de ellos presenta una vida futura más feliz que la presente, alguno ni siquiera le da mucha oportunidad a la vida humana. Pero no son relatos oscuros. Si al principio de esta reseña buscaba ese rasgo africano con el que distinguir Afrofuturo(s) de cualquier otra obra homóloga occidental tal vez sea ese, que por desazonadores que sean los escenarios y las temáticas, no son relatos desesperanzados, hay cierta luz, cierta belleza reconfortante en la forma de mirar hace especiales estos cuentos.

Para ponerles en situación de las temáticas se me ocurre plantearles una referencia cinematográfica, bueno, televisiva en realidad. A mí me ha recordado a una serie llamada Black mirror, esa mirada consciente de las posibilidades de la tecnología y al tiempo alerta ante sus peligros. Les ilustro esta argumentación con una idea sacada de Afrofuturo(s): uno de los personajes tiene una start-up que tiene por objetivo un archivo digital de memorias cuya finalidad es que no se pierdan ideas, recuerdos o proyectos con la muerte. Almacenar toda la memoria de todos los humanos. Lo sorprendente es que de semejante idea haya nacido un cuento (uno en el que ni siquiera es el argumento principal) y no una novela o un tratado filosófico.

Ahora que lo pienso, esta última idea que acabo de transmitirles también es un nexo de unión entre los cinco cuentos afrofuturistas: la expresión breve e intensa de planteamientos de gran fuerza y, probablemente, largo recorrido. Podrán ustedes pensar que una antología de sólo cinco cuentos, ninguno de los cuales es especialmente largo, es excesivamente breve, pero añadan a la experiencia la suya propia como lector, el abanico de posibilidades que abre la lectura de estos relatos y verán que es una obra ambiciosa y grande que no sólo pone un continente ante sus ojos, sino un mundo (futuro), o cinco, o tal vez muchos más, a sus pies.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

[product sku= 9788494693700 ]
Publicado el

Tekkon Kinkreet: All in one, de Taiyo Matsumoto

Tekkon Kinkreet: All in one

Tekkon Kinkreet: All in oneCuando leemos libros como el Quijote, Anna Karenina, o, dentro de la novela gráfica, Maus o Watchmen, además de disfrutar, somos conscientes, porque todo el mundo que entiende de esto así nos lo ha dicho, de que estamos leyendo una obra maestra de la literatura, con la tranquilidad que eso da y lo bien que queda en nuestro currículum lector.

No obstante esa tranquilidad, saber de la grandeza universal de lo que acabamos de leer puede estropear esos instantes, horas o semanas que deberíamos dedicar a la reflexión tras el ¡bum! que hace el libro al cerrarlo (si habéis leído el Quijote o la Karenina, sabréis que hacen ¡bum! cuando los cerráis). Pues bien, lamento deciros, queridos amigos, que hoy soy yo el que va a estropearos ese tiempo de reflexión: Tekkon Kinkreet es una obra maestra absoluta e indiscutible. Podéis confirmarlo con vuestra lectura, pero tenéis que ser conscientes de que yo lo dije antes.

Esta novela gráfica de extrañísimo título (mis indagaciones me han permitido averiguar que se trata de la pronunciación infantil de “hormigón armado” en japonés) nos cuenta la historia de Blanco y Negro, dos niños huérfanos que malviven en los callejones de la ficticia Ciudad Tesoro, y a quien la policía conoce como los Gatos. Blanco sufre de cierta discapacidad intelectual, y, dentro de ese mundo de privaciones y violencia salvaje en el que vive, ha sido capaz de conservar su inocencia. Negro, por su parte, ha asumido la responsabilidad de cuidar a Blanco, lo cual implica asumir la carga de maldad necesaria para sobrevivir y defenderse en un mundo hostil.

Junto a los dos niños, en Tekkon Kinkreet encontramos una serie de personajes fascinantes e inolvidables. Días después de haber hecho ¡bum! (véase más arriba), todavía estoy acompañado, entre muchísimos otros, del desencantado y cínico Suzuki, el Ratón, un yakuza venido a menos a quien tanto le importa hacer un negocio sucio como recibir un tiro; Kimura, un yakuza que quiere ir a más aunque para ello deba convertirse en un traidor; el inspector Fujimura, un viejo conocido de Suzuki consciente de que ser un hombre justo no le ayudará a progresar en la vida; su acompañante Sawada, un ser asexuado que se hizo policía para poder disparar un arma; tres asesinos casi invencibles a las órdenes de un mafioso con bucle folklórico; o el Abuelo, un sabio anciano que conoce a los dos niños mejor que nadie.

Se me ocurre, no obstante, que, aparte de Blanco y Negro, el personaje principal de esta novela es la ciudad donde transcurre la historia. Ciudad Tesoro es una ciudad de asfalto, callejones, cables y solares, una ciudad habitada por extrañas tribus urbanas y con indigentes tumbados por las aceras, un lugar dominado por el olor a basura y los aullidos del viento, una ciudad deshumanizada que, sin embargo, los niños aman y están dispuestos a proteger de los espurios intereses de un extraño personaje que se ha propuesto el intolerable objetivo de acabar con los puticlubs de su barrio y construir en su lugar un parque temático para niños.

El estilo de Taiyo Matsumoto se aleja mucho del manga más tradicional, pero no cabe duda de que tiene el trazo ideal y la visión perfecta para esta grandísima novela. Tekkon Kinkreet está dominada por perspectivas imposibles y escenarios barrocos donde los detalles más insignificantes se mezclan con imágenes surrealistas. Un realismo sucio de estética Blade Runner se impregna del mundo onírico de los niños y envuelve por completo al lector, que asiste embelesado al espectáculo de mafiosos, niños y supervillanos que, mientras se persiguen por el metro, donde un hipopótamo lee el periódico, nos llevan hasta un maravilloso desenlace con la aparición del Minotauro.

Tekkon Kinkreet nos habla de la deshumanización de nuestras ciudades, de inocencia, odio, maldad, culpa, redención, esperanza, y es uno de los libros más sorprendentes, impresionantes e inolvidables que he leído en mucho tiempo. ¡Bum!

[product sku= 9788417147402 ]
Publicado el

La acusación, Cuentos prohibidos de Corea del Norte, de Bandi

La acusación

La acusaciónParece mentira que lo que está ocurriendo en Corea del Norte sea verdad. Que sepamos tan poco sobre lo que allí ocurre y que lo poco que nos llega sea de manera sesgada y aun así nos escandalice. Y no es para menos. No tenemos ni idea de lo que Kim Jong-un está haciendo con su país. Sinceramente, me aterra que gente como él esté donde está.

Que un libro como La acusación, Cuentos prohibidos de Corea del Norte vea la luz es muy importante para que podamos hacernos una idea de lo que allí ocurre. Poco sabemos del autor que se esconde bajo el pseudónimo de Bandi y que aún está en Corea del Norte. Lo único que se sabe es que nació en 1950 y que pertenece al Círculo de Escritores Coreanos. El manuscrito de este libro pudo salir del país gracias a la ayuda de un familiar y de una organización pro derechos humanos de Seúl, que consiguió que un turista lo ocultase entre materiales propagandísticos para sacarlo del país. ¿Veis ya la importancia que tiene este libro? Alucinante.

Ha sido publicado en más de veinte países y traducido a otros tantos idiomas. En España, gracias a la editorial Libros del asteroide podemos disfrutar de él y del valor de la escritura como salvación para este autor.

La acusación, Cuentos prohibidos de Corea del Norte está compuesto por siete relatos ambientados en la década de 1990, bajo los gobiernos de Kim Il-sung y Kim Jong-il. Como ya sabéis, se trata de regímenes sumamente opresores, herméticos y controladores, así que, como entenderéis, los relatos que encontramos en este libro son muy duros y realistas. El reflejo de una realidad cruda que Bandi conoce bien, ya que él mismo ha sido testigo de la muerte de muchos de sus familiares y amigos y ha pasado las terribles hambrunas que a finales de los años ochenta acaecieron en el país.

Relatos que retratan la vida cotidiana en Corea del Norte, personajes comunes que viven bajo ese hermetismo como el relato de una mujer que se encuentra con el mismísimo Gran Lider; un hombre que desea viajar a ver a su madre moribunda o un niño aterrado que llora ante el retrato de Karl Marx porque piensa que es un Obi, un monstruo de la literatura coreana.

Os recomiendo totalmente su lectura, porque lo que yo os pueda decir sobre él no sirve de nada. Este es un libro que hay que leer casi como una obligación, una necesidad y una deuda con Bandi. Le debemos a este autor, que ha escogido este pseudónimo que en coreano significa luciérnaga,  la oportunidad de poder brillar. Debemos hacer que este libro siempre encuentre la luz.

 

[product sku= 9788417007072 ]
Publicado el

Historia portátil del mundo, de Alexander Von Schönburg

Historia portátil del mundo

Historia portátil del mundoEste es uno de esos libros que me atrapan por su sinopsis. Un libro de esos que alterno con novelas y que voy leyendo poco a poco, como si se tratara de una revista. Algo así como un libro de verano, algo ligero y al mismo tiempo interesante que me permita tomarlo y volver a él cuando me apetezca (véase: de tumbona en tumbona).

Escrito por Alexander Von Schönburg, Historia portátil del mundo es una especie de ensayo para los amantes de la historia. El autor, de origen somalí y con residencia en Berlín, ha trabajado para diferentes medios como redactor: Frankfurter Allgemaine Zeitung, la revista  Park Avenue o el periódico Bild. Los cuatro libros que ha publicado hasta la fecha han sido un gran éxito en Alemania (lo que me hace preguntarme por qué aún no han sido publicados en España, pero eso ya es otro asunto).

Volvamos al libro. Como os decía, Historia portátil del mundo es un libro que gustará especialmente a los apasionados de la historia, pero, sobre todo, enganchará a los lectores más curiosos. Alexander Von Schönburg, quien defiende la idea de que los nombres, fechas y datos en la historia no son tan importantes como las preguntas que se esconden detrás de esos hechos históricos y su vigencia en el presente, ha escrito un libro que nos habla no sólo de los acontecimientos más relevantes de la historia, sino que nos ayuda a entender el significado que tales sucesos han tenido. Cómo veis, es una forma bastante original de abordar la historia el no limitarse a lo que ocurrió simplemente, sino tratar de comprender la repercusión de dichos sucesos.

Así, en trescientas veinte páginas, el autor condensa de manera amena y muy accesible la historia del mundo. Y como leemos en la contraportada: “¿Se puede contar la historia del mundo en menos de cuatrocientas páginas? Este libro es la respuesta: sí”. Así que, para los escépticos, la respuesta es que sí se puede. O al menos, Alexander Von Schönburg, lo consigue combinando conocimiento, destreza literaria, inteligencia y humor, porque este libro también tiene un toque humorístico que no le resta precisión y que queda bastante curioso.

La parte original del libro son, sin duda, las conexiones que el autor establece entre diferentes épocas, territorios y lugares mediante preguntas como: “¿Qué hechos remotos siguen determinando nuestra existencia?, ¿podemos aprender de la historia y de los errores que el hombre ha cometido?”.

Historia portátil del mundo me ha resultado un libro muy curioso y entretenido, la verdad. En diez capítulos cortos, el autor condensa nuestra historia y las reflexiones que ésta nos provoca. Y lo hace divertido, ameno y fascinante. Un acierto para los lectores más curiosos.

[product sku= 9788415070856 ]
Publicado el

Fire!!, de Peter Bagge

Fire!!

Fire!!Como la mejor literatura, la novela gráfica no sólo nos ayuda a conocer el mundo, sino que, con cada vez mayor frecuencia, resucita a extraordinarios personajes como La virgen roja, La familia Carter o como la de hoy, cubiertos de un aura de leyenda y que son, como se dice en inglés, “más grandes que la vida”.

Acercaos a vuestra librería de cabecera y preguntad al librero por Zora Neale Hurston. Probad luego en la librería más grande de la ciudad, y a continuación paseaos por la red de bibliotecas públicas. Como último recurso, preguntad a vuestro  compañero de trabajo, ése que se jacta de haberlo leído todo, qué sabe de la señora Hurston. A lo sumo, le sonará vagamente el nombre y pensará, como pensaba servidor, que se trata de una activista, de una exploradora, de la Primera Ministra de Jamaica o de una nueva sospechosa del asesinato de JFK. A estas alturas, ya os habréis convencido de que nuestra amiga no ha gozado nunca del favor de nuestras editoriales, lo cual es una pena, porque, después de leer esta excelente Fire!!, se le despierta a uno ese apetito lector que sólo puede saciarse con un libro de esta autora.

Nacida en 1891, nieta de esclavos e hija de un aparcero y una maestra, la pequeña Zora era una niña de armas tomar. Ya en la primera página vemos que la ciudad de Eatonville, en Florida, una de las primeras “ciudades negras” de los Estados Unidos, le quedaba pequeña a nuestra heroína, que soñaba con ir a sitios e intenta montarse en un carromato que la lleve hasta el horizonte.

No obstante, lo cierto es que, por muy asfixiante que pudiera ser a ratos aquella ciudad, Zora siempre se sintió allí como en su casa, escuchando las increíbles historias que, sentado en el porche de su tienda, contaba a la parroquia el tendero Joe Clarke. En esas historias, donde se mezclan la Biblia y la fantasía, así como en el inconfundible y, a menudo, casi ininteligible dialecto de los afroamericanos del sur, encontramos algunos de los rasgos más distintivos de la futura obra de Hurston.

Hurston fue, sin duda, una mujer excepcional y el retrato que de ella hace Peter Bagge nos muestra a una persona que nunca se dejó encasillar y que nunca se amoldó a lo que la sociedad y, en particular, sus “hermanos” esperaban y hasta exigían de ella. A saber, Hurston rechazaba escribir sobre el tema racial y se distanciaba así de los principios del Renacimiento de Harlem, movimiento artístico que aspiraba a “elevar” la raza. ¿Se debe ello a que, habiendo crecido en una “ciudad negra”, Hurston apenas conoció los conflictos raciales? Bagge, que hace gala de una documentación enciclopédica, nos da a entender que semejante lógica sería demasiado simple para una persona tan compleja como nuestra autora. Hurston, de hecho, calificó a los escritores del Renacimiento de Harlem como la “lloriqueante escuela de negritud”, y subrayó que ella había dejado de pensar en términos de raza y pensaba tan sólo en personas. Algunos no le perdonarían nunca esa presunta traición, y no cuesta imaginar el trato que le darían los de siempre en la actual tiranía de lo politicorrecto,

La novela, que nos lleva desde la infancia de Hurston hasta su muerte, tiene un ritmo absolutamente endiablado, y por sus apasionantes páginas vemos pasar amantes, artistas, mecenas, esclavos (¡en los años 30!), ceremonias de vudú y hasta un auténtico zombi. Con unas ilustraciones coloridas y unos retratos al límite de la caricatura, Bagge nos ofrece una galería de personajes redondos, frescos, divertidos, y una protagonista a la que no le falta una sola imperfección. Creo que si conociera a Zora Neale Hurston, me aseguraría bien de no hacerla enfadar.

Y aunque, como señalaba al principio, os costará encontrar algo con que saciar la sed de lecturas de Hurston, Fire!! trae de propina más de treinta páginas de notas y fotografías explicándonos los detalles de prácticamente todas y cada una de las viñetas. ¡A disfrutar!

[product sku= 9788416400690 ]
Publicado el

Parece que fuera es primavera, de Concita de Gregorio

parece que fuera es primavera

parece que fuera es primaveraEs curioso cómo escribir cura el dolor…, y viajar. Alejarte para poder mirar con perspectiva, dicen. Cuando uno lee Parece que fuera es primavera, de Concita de Gregorio, se da cuenta de que no es la distancia lo que cura, porque hay cosas que no se curan, porque no hay cosas que hieren, no hay cosas que te matan por dentro. Sencillamente no hay palabras, aun no existen las palabras precisas para que una madre exprese lo que siente cuando desaparecen sus dos hijas y su marido se suicida.

No hay palabras…

Pero la autora ha tenido una delicadeza infinita en la forma de contarnos esta historia que más que triste, que naturalmente lo es, es desgarradora incluso para el lector que está frente a ella años después. Esta es la historia real de Irina Lucidi. Esta terrible historia sucedida hace 7 años y que se nos narra en forma de crónica para que pueda ser soportable.

¡Qué poco afortunadas son a veces las palabras! Y qué escasas cuando no encuentras el ´termino apropiado para definir una situación… Y qué bien nos lo explica la autora. Uno pierde a su pareja y es viudo, pierdes a tus padres y eres huérfano, pero cuando “pierdes” a un hijo, ¿en qué te conviertes? Yo imagino que en un saco de dolor que solo aspira a sobrevivir. … Y digo sobrevivir porque “la vida sigue”, con o sin nosotros, con o sin nuestros seres queridos, la vida sigue…

La palabra perder está ahí, dando vueltas en el libro, perder, porque realmente Irina sí que pierde a sus hijas y con ellas cree perderlo todo, pero la vida nos hace seres completos, ya ves… el tiempo nada cura, eso está claro en estos casos, pero uno no puede no reír eternamente, la vida siempre se abre paso, por lo general lejos, porque cerca es más difícil. Y que difícil de entender esto cuando el dolor va en el interior.

Todo el libro está lleno de sensibilidad y es por eso que lo que más me ha llamado la atención ha sido la falta de ella que al parecer tuvo la policía suiza, el sistema judicial suizo, la burocracia suiza…, ni podía imaginarlo, ni quiero pensarlo, es importante que sepamos que en los exquisitos países europeos, las cosas que no se comparan con dinero no son tan buenas… Sí, ya sé que en esta reseña hay y habrá muchos puntos suspensivos, como en esos poemas en los que las ideas quedan sueltas al final de un verso, probablemente para que tú lo termines, para que lo pienses y reflexiones, o quizá para darte tiempo pasa suspirar, para relajar tu corazón y tu alma.

La autora, de padre toscano y madre española me hace recordar que aun cuando nos quieren hacer creer que en el sur no hay profesionalidad, la hay, y en el Sur está el futuro de los que no tienen futuro, de los desposeídos de palabras. En el Sur hay filosofía de vida, hay sol, hay mar; y muy, muy al Sur, está Granada.

Hay reseñas imposibles, porque hay libros imposibles, libros que solo se escriben una vez, imposible repetirse, aun cuando uno crea que hay dos personas a las que les ha pasado lo mismo. Imposible, porque las vidas son particulares, y las palabras que a cada cual le faltan para expresar el dolor son aun más particulares.

Perder a los hijos, suponer que tu marido antes de suicidarse te los ha arrebatado, quizá para siempre… ¿Qué? El horror vestido de huecos en blanco, leer entre líneas lo que la autora nos cuenta que le ha contado Irina:

“¿Qué has venido a decirme, Irina? ¿Por qué has llamado a esta puerta? <Quisiera que me ayudaras, si puedes, a coger las palabras ponerlas en fila recomponer todos los trozos que siento desmenuzados y dispersos en cada rincón del cuerpo…”

Porque todos sabemos que llega un momento en que las palabras pueden y deben sustituir a los somníferos, calmantes, antidepresivos, sedantes, a los días sin noches y las noches sin días. Horas que pasan sin control. Vida que no se vive. Y entonces llega algo o alguien que te ayuda a buscar y al buscar miras el más humano de los recursos: Las palabras.

¡Qué importante es recordar esas cosas que nos hacen felices! Hay que hacer ese esfuerzo cuando olvidamos que vivir ya es por sí un acto que nos ha de producir alegría. Es imposible ponerse en la piel de nadie, pero un ser humano puede encontrar vida en el amor de otro. Vida, ilusión, alegría, ganas de ver amanecer, y eso no es olvido, eso es llevar dentro de ti sus vidas, hacer que vean por tus ojos, que escuchen tus palabras, que vivan en tu recuerdo, que crezcan dentro de ti, acompañándote en el resto de tu viaje, deseando que sea un largo viaje para poder hacerlo juntas.

Y aquí en el libro está Irina, y porque está Irina están Alessia y Livia… Más puntos suspensivos para decirles que merece la pena leer este libro, menos de doscientas páginas para contar esta historia que no crean que es lo que esperan, es otra cosa, porque la vida siempre es otra cosa.

Releo esta reseña ahora, aquí, casi al mismo tiempo que todos ustedes, ahora que está a punto de publicarse, y pienso que habrá muchos que aun deban esperar para que les parezca que fuera ya es primavera, y se me escapan unas lágrimas… y regresa de nuevo todo el libro a mi mente, pero sobre todo a mi alma, en la que la autora ha dejado alojadas algunas palabras.

[product sku= 9788433979872 ]
Publicado el

Este libro te alegrará la vida, de Daniel Gray

Este libro te alegrará la vida

Este libro te alegrará la vidaVale, puede que el título suene un poco presuntuoso, pero sin duda hay libros que nos alegran la vida y dar con uno de ellos es una maravilla. Esa sensación de estar tan completamente metidos en la historia que el tiempo se nos pasa volando mientras leemos, o las ganas de volver a retomar la lectura son las claves de que hemos encontrado un buen libro. En lo que llevamos de verano, haber encontrado Los años ligeros, Crónicas de los Cazalet ha sido una de mis mejores sorpresas, pero hoy no vengo a hablaros de este libro (otra vez).

Lo que realmente me gustó de Este libro te alegrará la vida es el subtítulo: “50 placeres íntimos de la lectura”. Y ahí ya me rindo, porque todo lo que tenga que ver con el placer de la lectura me requeteencanta. Todos esos pequeños placeres que acompañan al ritual de lectura, las manías lectoras y los buenos libros que, sin duda, nos alegran la vida. De todo esto trata Este libro te alegrará la vida, una preciosa carta de amor a los libros y a sus amantes. ¿Cómo no iba a gustarme?

Dividido en cincuenta pequeños capítulos (o placeres), este libro recrea esos placeres que todo buen amante de la literatura ha experimentado tantas veces. Por ejemplo, esas dedicatorias que encontramos en libros antiguos de segunda mano y que nos hacen pensar y tratar de imaginar la historia del libro y su antiguo dueño. Me gusta la idea que propone Daniel Gray en el capítulo: “La próxima vez que regales un libro, dedica un momento a escribir unas breves palabras para el destinatario, porque también estarás tendiendo la mano a alguien que ni siquiera ha nacido todavía”.  Yo siempre escribo dedicatoria.

¿Y qué me decís del placer de ir por primera vez a una casa ajena y poder cotillear libremente las bibliotecas? Es otra cosa que me pirra. Se puede aprender muchísimo sobre una persona simplemente viendo sus libros.

También hay placeres más personales, como aquellos de anotar palabras o ideas en los márgenes de los libros. Yo tengo que confesar que me encanta dialogar con el autor a través de las notas, subrayar frases y escribir ideas. Es algo muy íntimo.

Otro placer que me gusta es ese de perder una tarde organizando nuestra estantería. El otro día me tocó a mí. No sabía cómo ordenarlos. ¿Por género?, ¿por color?, ¿libros que ya hemos leído en una parte y libros por leer en otra? Al final acabé ordenando la mía por editoriales.

Otro placer va dedicado a leer en los bares. Recuerdo que tuve una etapa en la que leía prácticamente en cualquier lado. Ahora soy un poquito más quisquillosa, y necesito más calma para poder leer (aunque también depende del libro, claro). Pero sin duda es otro placer ese de sacar nuestro libro en cualquier momento y olvidarnos de todo lo que nos rodea. Siempre llevo uno en el bolso, nunca se sabe cuándo vamos a tener tiempo para poder leerlo.

Son muchos los placeres relacionados con la lectura y cada lector podría elaborar su propia lista personal. Este libro te alegrará la vida nos propone algunos de ellos y nos hará pensar en los nuestros. Estoy segura de que vosotros también os sentiréis identificados con muchos de ellos y encontraréis otros más personales.

[product sku= 9788434425842 ]
Publicado el

El gran salto, de Jonathan Lee

El gran salto

El gran saltoLos errores en los libros, o los errores en general, suelen no pasar desapercibidos. Saltan a la vista. También lo hacen los grandes aciertos, luminosos párrafos de algunas obras, goles magníficos, polvos de otra galaxia que no deberíamos aspirar a repetir. En un punto intermedio de esos dos extremos, entre otras cosas, podemos encontrar dos categorías interesantes: la mediocridad y la virtud. La primera tiene relativo éxito en esconder los errores, al menos en dejarlos fuera de la vista o del foco, pero lleva dentro la inferioridad de los mentirosos. La segunda simplemente los evita, los fallos, aunque no se regodea tampoco en los aciertos. En este último sentido tan modesto de algo cercano a la perfección se halla la tercera novela de Jonathan Lee, primera en español, El gran salto.
Un joven norirlandés entra a formar parte del IRA en 1978, uno de los momentos álgidos de los enfrentamientos entre los unionistas y los católicos (si se me permite la simplificación del conflicto). En un primer capítulo de manual, Dan, así se llama uno de nuestros protagonistas, es iniciado en las armas por dos viejos y resabiados combatientes. El contexto nos vendrá más adelante, pero se adivina que son tiempos muy duros para los jóvenes como él, y que el conflicto no hace más que recrudecerse.
Seis años más tarde, la semilla plantada en esta introducción germinará bastantes kilómetros al sur, concretamente en Brighton, Inglaterra. Dan, convertido en experto en explosivos, llega a la ciudad costera para preparar uno de los mayores atentados del IRA en suelo inglés, un ataque al corazón de los conservadores británicos durante la convención de su partido, con Margaret Thatcher a la cabeza. El suceso tendrá lugar en el Grand, un hotel de segunda categoría que no obstante tiene el honor de albergar la convención de los tories gracias, en parte, a los esfuerzos de su subdirector, Philip Finch, al que todos conocen como Moose.
Como se comprende rápido, El gran salto no es tanto la historia de aquel atentado y de la lucha en la que se amparaba sino un relato de trazo fino, casi hiperrealista, de las vidas de quienes orbitan el Grand en las tres semanas que transcurren entre que Dan planta la bomba y el día de la convención. Moose, un antiguo saltador de trampolín que, pasados los cuarenta, se siente un perdedor, toma la convención como su última oportunidad de hacer algo grande, de coger un tren que se escapó hace tiempo; Freya, su hija, vive confundida su último verano de adolescente y el primero como adulta, en lo que decide qué hacer con su vida y navega entre el descubrimiento y la decepción. El Capitán, Marina, el surfero John y por supuesto el propio Dan aparecen por las páginas de El gran salto para completar el cuadro de Jonathan Lee.
Enganchando con el primer párrafo, lo que más destaca de El gran salto es la brillante habilidad del autor Lee para escribir una historia balanceada, sin errores. Tiene múltiples caras, es tierna pero a la vez contundente, calmada y avasalladora por momentos, y en todos los momentos consigue un notable alto o un sobresaliente. No cae en la nostalgia ochentera, no se deja llevar hacia la novela de intriga ni deja que el par de tramas amorosas inclinen el libro al romance. En esa virtud y en su capacidad para dotar el conjunto de una prosa de alta calidad pero sin complicaciones está el principal valor de El gran salto.
Es cierto que hay que tener paciencia y tiempo con ella, porque no conviene leerla del tirón. Quizá desespere a quienes necesitan emociones más fuertes, y piensan que el atentado que se anuncia desde la página uno va a ofrecérselas. También a los que traten de encontrar una lectura profunda de la situación política y social del thatcherismo y del conflicto norirlandés. Pero para quienes busquen una lectura tranquila, una novela virtuosa de principio a fin con la que pasar una temporada, El gran salto resultará perfecta. A mí, por lo menos, me ha dejado con la sensación de ser de lo mejor que llevo leído este año.

[product sku= 9788417007058 ]
Publicado el

El bosque de los troles, de John Holmvall

el bosque de los troles

el bosque de los trolesEmbobada, así me he quedado yo con El bosque de los troles. Y no es una forma de hablar, no. Me he quedado prendada de las preciosas ilustraciones de John Holmvall, sin poder apartar los ojos de las dulces expresiones de los niños que se adentran en los bosques y de los entrañables troles que salen a su paso. Vale, esos troles suelen raptar a esos aventureros niños, pero con esas enormes orejotas y narizotas es imposible que les tenga manía; en el fondo, no tienen malas intenciones… Y si la cosa se complica, siempre habrá un hada —elfina en el libro— o un duende que acudan a echar una mano, ¡son tan majos!

¡Ay, es que se me cae la baba con este libro! Si ha causado esa fascinación en mí ahora, que ya tengo una edad, imaginad lo que me hubiera provocado en la infancia. Me veo leyéndolo todos los días y cogiendo folios para intentar copiar las imágenes una y otra vez, hasta acabar calcándolas cuando me diera cuenta de que era incapaz de dibujar semejante maravilla. Si en este momento tuviera una máquina del tiempo, viajaría al pasado para regalarme este libro. Eso sí, con la condición a mi yo de siete años de que no calcara nada, que eso estropea las páginas y El bosque de los troles no merece ese atropello.

El talentazo de John Holmvall hace que este libro sea pura magia, pero también hay que dar las gracias a John Bauer, el ilustrador sueco en el que se inspira y que a principios del siglo XX fue el encargado de ilustrar las colecciones de cuentos de hadas suecos. La estética es prácticamente idéntica y, al igual que hiciera Bauer, John Holmvall recupera los cuentos populares nórdicos de troles, duendes y elfinas, pero para hacer las delicias de los niños del siglo XXI en esta ocasión. El bosque de los troles está compuesto de cinco historias: «El trueque», «Lía-María», «Los viajeros», «Cascabelita» y «El caminante». Pequeñas aventuras llenas de humor que nos adentran en ese mundo de magia que se esconde en las profundidades del bosque y que, además, nos enseñan a respetar la naturaleza, a buscar la verdadera esencia de nosotros mismos y el valor de la amistad. Un libro divertido, hermoso y con un toque instructivo. Una joyita, vamos.

el bosque de los troles ilustracion

Cuanto más hojeo El bosque de los troles, más me enamoro, y es que es el libro perfecto para soñar con seres fantásticos. Me parece imposible mirar estas ilustraciones y no retrotraerse a la niñez, esa época en la que pensábamos que si mirábamos en la seta adecuada, encontraríamos un gnomo; si observábamos bien entre la maleza, veríamos un hada revoloteando o si nos atrevíamos a entrar en la penumbra de las cuevas, nos toparíamos con una familia de troles.

¿Sabéis qué? Creo que con El bosque de los troles he hallado mi máquina del tiempo: con él no puedo viajar literalmente al pasado, pero me basta con contemplar las ilustraciones de John Holmvall para reencontrarme con la niña que fui. Quizá sea mi yo adulto el que necesitaba ese regalo.

[product sku= 9788416817153 ]