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Richard Matheson: El maestro de la paranoia, de Sergi Grau

Matheson-paranoia

Hay algunos autores que conocemos de una manera casi inconsciente, en segundo plano, escribiendo historias sin cesar, alejados de los focos y de la fama. Autores que todo el mundo conoce pero que nadie sabe que conoce. Sus nombres suelen sonarnos, pero a menudo nos cuesta ponerle cara o asociar la obra. Nos cuesta visualizar la portada del libro o de la película. Estos autores son, en parte, un pilar fundamental de nuestro bagaje cultural personal e incluso algunos han llegado a dar forma a nuestras primeras filias y fobias literarias. No podríamos entender nuestras tendencias culturales sin su influencia, pero al mismo tiempo son grandes desconocidos y no somos conscientes de la gravitas que nos ha generado dicho autor hasta que volvemos a ponernos delante de su obra.
El hecho que una obra como esta haya llegado a ver la luz, no hace sino hablar maravillas de una editorial como Gigamesh, responsable de esta fantástica apuesta editorial. Este volumen, un interesante ensayo en torno a la figura de uno de los últimos genios de la narrativa de terror y fantástica, es el primero escrito en lengua castellana dedicado a analizar la obra literaria, guiones para cine y televisión, y diversas adaptaciones para ambos medios que ha conocido la admirable producción literaria de este gran escritor norteamericano. Nos estamos refiriendo al volumen correspondiente a la colección “Miscelánea” titulado: Richard Matheson: El maestro de la paranoia.

Coordinada de maravilla por Sergi Grau, pero participada y escrita por trece autores más, Gigamesh encuentra la manera de resumir y analizar la vida y la obra de un autor a todas luces inabarcable. En la narración hay fragmentos más y menos literarios, y con más o menos peso de la literatura o el cine, pero el resultado final es la constatación de que Richard Matheson es un autor cuya preeminencia nunca ha sido justamente reconocida en nuestro país. Es triste reconocer que tras su muerte, el 23 de junio de 2013, no se produjo ninguna muestra particular de pesar entre los lectores españoles, de la misma manera que sucedía un año antes con Ray Bradbury cuya desaparición pasó prácticamente desapercibida para la corriente literaria y cultural mayoritaria de este país.

Matheson fue un escritor multidisciplinar. Manejaba a su antojo el relato, la novela y el guion de cine. Colaboraciones con el mismísimo Roger Corman, guiones para En los límites de la realidad (The Twilight Zone 1959-1964), relato y guion para El diablo sobre ruedas (Duel, 1971) de Steven Spielberg… En definitiva, un mundo, como decíamos, inabarcable en el que sus verdaderas obras maestras están representadas por sus textos en forma de relato corto.
Oculto bajo una clave fantástica, Matheson representaba el paradigma de la crónica de la soledad cotidiana. La de Robert Neville, la del hombre menguante, la del tipo que ve algo raro a través de la ventanilla del avión. También en la obra de Matheson existe cierta semejanza con Ira Levin, cuya obra rezumaba también soledad cotidiana (soledad doméstica, eso sí) en obras como “La semilla del Diablo”.
Esta soledad, este costumbrismo del que después bebió Stephen King, relata de un modo descarnado situaciones habituales de la américa de los setenta.

“Cuando eres niño y quieres comprarte un helado es muy triste tener que esperar a que pase el camión, aunque el niño lo considere normal porque no ha conocido otra cosa. Cuando a un ser humano le están jodiendo la vida y no acaba de identificar el origen de su desgracia, muchas veces ni siquiera puede reconocer que es infeliz, y acaba por volverse loco”.

El hecho de que Richard Matheson trabajara escribiendo sus obras a lápiz y papel, sin ayudas de ninguna máquina de escribir u ordenadores en sus últimos años, acrecienta la sensación de abandono por parte de la comunidad lectora al ver la enorme cantidad de obras reseñables que dejó tras de sí el autor norteamericano. Matheson fue por encima de todo un escritor en su máxima expresión, un ser humano nacido para escribir, a quien le traían sin cuidado las circunstancias que le rodeaban.
En Richard Matheson: El maestro de la paranoia, Sergi Grau coordina una sesión de psicoanálisis en tercera persona. Desnuda el alma de Matheson a través de su obra y nos explica que seguramente fue su carácter paranoico el principal estímulo creativo que tuvo. Un estímulo creativo que le acompañó a lo largo de su vida, dejando tras de sí un reguero de obras maestras que todos conocemos aún sin saber que están dentro de nuestro subconsciente. En definitiva, si queréis saber un poco más porqué os gusta lo que os gusta y porqué Matheson es tan importante para todos nosotros, este es un libro que debe estar en vuestra estantería. No lo dejéis pasar.

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Así era Lev Tolstói (I), de Selma Ancira

Así era Lev Tolstói (I)

Así era Lev Tolstói (I)Cuando tuve noticia de la publicación de un libro titulado Así era Lev Tolstói, en Acantilado y de Selma Ancira, por supuesto lo pedí inmediatamente pero me hice una idea equivocada. Por alguna razón, probablemente la ilusión que me hacía pensarlo, supuse que era la propia Selma Ancira la que por una vez iba a regalarnos su propia voz en lugar de aplicar su sensibilidad y su talento a traducir la de otros. La idea que leer a aquella a través de cuyos ojos he disfrutado de una parte muy importante de mis libros de cabecera se me antojaba el mayor de los acontecimientos literarios posibles. Y lo es, pero no como imaginaba. Quiero decir que no se trata de Selma Ancira hablando de Lev Tolstói sino que traduce textos de personas que lo conocieron y plasmaron por escrito y de primera mano sus impresiones. Igualmente es un acontecimiento y un verdadero regalo para los tolstoianos del mundo, pero lo magnífico de la lectura no logra que se me vaya de la cabeza esa idea inicial equivocada pero ilusionante. Ojalá algún día podamos disfrutar de un libro como ese por ahora imaginado. Una vez lanzado el guante, mientras tanto es una fortuna poder disfrutar de este pequeño tesoro y de ese “(I)” del título que permite soñar nuevas entregas.
Esta primera entrega de Así era Lev Tolstói permite conocer las impresiones que causó el escritor en tres personas bien diferentes, Serguei Petróvich Arbúzov, un sirviente de Yásnaia Poliana que acompañó a Tolstói en su viaje al monasterio de Óptina Pustyn, Piotr Ilich Chaikovski, quien en una breve entrada en su diario plasmó sus impresiones de una entrevista con el escritor, y George Kennan, escritor estadounidense que lo visitó en Yásnaia Poliana tras pasar una temporada conociendo las condiciones de vida de los presos en los campos de trabajo zaristas de Siberia.
Probablemente, dada la dimensión que tuvo Tolstói en vida, haya cientos o miles de documentos por el estilo. Su casa familiar, de la que su familia se quejaba de que era “una casa de cristal”, según las memorias de su hija Tatiana, dada la falta de intimidad que suponía que el conde recibiera a todo aquel que tuviera a bien acercarse hasta allí para conocerlo y la máxima que el cabeza de familia imponía a todos ellos: “que nadie abandone este lugar sin consuelo”. La presente selección se me antoja sabia, porque combina tres visiones extraordinariamente diferentes (un ruso humilde, otro de clase alta y un extranjero) pero los tres igualmente rendidos a la personalidad y la mística del personaje. Aun desde la discrepancia ideológica como en el caso del escritor estadounidense.
El primero de los textos, un relato de la peregrinación de Tolstói a Óptina Pustyn que bien podría leerse como un cuento, es una verdadera delicia. Nos permite encontrarnos con el Tolstói que imaginamos, nos permite acompañarle en su viaje y recorrer verstas, beber té de un samovar y alojarnos en isbas, algo que tantas y tantas veces hemos hecho en las letras del propio Tolstói y de tantos otros, sólo que en una compañía francamente inmejorable. Nos permite además ver al escritor con los ojos de un humilde sirviente que bien podría haber sido uno de sus personajes. En pocas palabras, como experiencia literaria este texto de apertura de Así era Lev Tolstói es un regalo que se mantiene abierto cuando el libro que lo contiene se cierra.
La breve reseña de Chaikovski es muy ilustrativa de la dimensión que alcanzó la figura de Tolstói en la sociedad de su época, su capacidad para hacerse un hueco en tantas las conciencias como corazones, además de suponer un documento histórico de indudable relevancia por tratarse de la confluencia de dos talentos intemporales.
Y ahora viene la parte difícil de explicar. El texto de George Kennan es muy poco ruso en lo que al estilo se refiere, su mirada es diferente y por ello enriquecedora especialmente en tanto que discrepante. Sin embargo obliga a un esfuerzo inesperado, aunque sin duda beneficioso, ya que sus profundas discrepancias se expresan de un modo un tanto irritante. Entiéndanme bien, sus discrepancias están justificadas y aunque la figura de Tolstói tenga una relevancia en la literatura y el pensamiento infinitamente superiores a la de Kennan, es indudable que el tiempo se empeña en darle la razón al segundo en tanto a la inaplicabilidad de las ideas del primero. Por mucho que uno simpatice con las ideas de no violencia y de no resistencia violenta al mal que tan brillantemente expuso Tolstói, es indudable que el mundo no se mueve hoy día por ellas como tampoco lo hizo en vida del escritor. El punto de vista de Kennan es eminentemente práctico, muy estadounidense, y el relato de su conversación es muy extenso y detallado. Profundamente interesante. Pero obliga al lector, y aunque parezca lo contrario lo asumo como un acierto, a hacer el esfuerzo intelectual de reflexionar sobre lo que dice en lugar de irritarse porque califique a Tolstói de infantil, aunque lo haga desde el más profundo respeto. Uno podría discutir, podría acusarle de paternalismo o incluso de arrogante, pero sería absurdo por dos motivos, uno que lo que dice es difícilmente discutible (aunque no necesariamente por ello le quite razón a los argumentos de Tolstói) y otro porque sería profundamente contradictorio: defender a Tolstói desde la irritación es discutirle en la práctica.
Por otro lado, incluso desde su reparo a la aplicabilidad de las ideas de Tolstói, Kennan expresa no sólo su respeto sino también su admiración ante la sinceridad de sus ideas y la bondad de su interlocutor. Como les decía es un texto sumamente enriquecedor y a poco interesados que estén en la figura de Tolstói les recomendaría que no se lo perdieran.
Así era Lev Tolstói no es sólo un retrato de uno de los mejores escritores de la historia ni de un relevante pensador, la sabia combinación de puntos de vista logra que además de eso sea un acercamiento a la persona que había detrás del personaje y por eso, por todo ello, es un documento intelectual y emocionalmente imprescindible para quienes nos interesamos por su figura.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Pequeños tratados, de Pascal Quignard

Pequeños tratados

Pequeños tratadosCuando decidí reseñar a Quignard sabía que me metía en un berenjenal. ¿Cómo le explicas Quignard a otra persona? No se lo explicas. Coges uno de estos pequeños tratados y le dices: lee. O les hablas a tus amigos con tanta pasión de su obra (sin decir nada en realidad, porque ya os lo dicho y lo repetiré varias veces: no se puede explicar) que acaban leyéndose uno de sus libros y luego otro, y otro. Pero como no os tengo a todos a mano para irnos a tomar unas cervezas, no puedo hacer ninguna de esas dos cosas. Así que intentaré explicarlo.

Los Pequeños tratados de Pascal Quignard son un compendio de cincuenta y seis textos breves en los que el autor mezcla vida, historia, pensamiento y ficción. Él mismo cuenta su génesis en el primero de ellos, dedicado a su amigo Louis Cordesse y que marca el tono de todos los demás. Los tratados fueron escritos entre 1977 y 1980, empezaron como un juego y pasaron por un largo periplo editorial hasta ver la luz en 1991. Ahora han sido traducidos por el catedrático Miguel Morey para Sexto Piso, que los presenta en dos volúmenes y en una edición excelente. Ellos mismos lo dicen, son “la joya de la corona”.

Los más de cincuenta tratados, aunque siempre breves, viajan por los géneros (¿o acaso recuperan un género antiguo?) con una flexibilidad envidiable. En sus páginas encontramos desde reflexiones lingüísticas, hasta juegos de palabras; desde narrativa, como fragmentos de cuentos, una escena de novela suprimida o anécdotas históricas narradas con una técnica excepcional, hasta sentencias, citas de Tácito, de Horacio, pero también de Pierre Nicole, de Guy Lefèvre de la Boderie y de decenas de pensadores que configuran el universo referencial del autor.

Quignard conversa con su propia tradición y obsesiones y al mismo tiempo integra al lector en ese mundo que ha creado para sí mismo, pero también para los demás. Iba a escribir que “te lleva de la mano por ese mundo”, pero eso no es cierto. No te guía paso a paso a través de sus ideas, no te da el texto masticado ni te lo pone demasiado fácil. Leer a Quignard es un reto. A veces tienes que correr para seguirle, hay decenas de referencias que se te escapan y hay otras que acabas comprendiendo páginas después, cuando vuelve a ellas por tercera o cuarta vez. Los Pequeños tratados están plagados de puzles, de enigmas y juegos que el autor le plantea al lector, de retos intelectuales de los que poco a poco nos va dando más pistas. Y en ese reto, en la presión lúdica de seguir su hilo de pensamiento, radica la magia del texto. Cuando al fin comprendes, sientes que el trabajo lo has hecho tú. Y ahí Quignard también te engaña.

Estos Pequeños tratados podrían ser independientes, pero permanecen fuertemente conectados. Crean una obra completa y cohesionada aunque de una manera extraña; como dice el propio autor: son como una suite barroca. Son también un compendio de “cosas rechazadas”, de personajes históricos que han quedado en tercer o cuarto plano, de ideas oblicuas, complejas y recurrentes que los atraviesan como el hilo de una araña: escribir es callar, la voz y el silencio, el lenguaje es un constante desafío en el que sabemos desde el inicio que vamos a salir perdiendo. Pero no tiene sentido que intente explicároslo: tenéis que leerlo.

Porque otro punto que debéis ver por vosotros mismos es el estilo. Cuando la gente se aproxima al ensayo, y en última instancia este texto tiene más de ensayo que de narrativa convencional, tiende a pensar que lo que importa no es cómo está escrito, sino la información que aporta. Esa idea ha acabado saturando el mercado de textos sosos para dummies y de prosa directamente incomprensible. Olvidamos que, en realidad, es tan importante el fondo (qué se está contando), como la forma (cómo se cuenta). Y Quignard brilla en ambos campos. Todos hemos dejado ensayos porque el autor no lograba fascinarnos. Y otra cosa no, pero, en los Pequeños tratados, la fascinación está garantizada.

No quiero irme sin dejaros una cita de esta obra, el inicio del primero de los tratados, que justifica que Quignard sea uno de los autores que más he subrayado: “Todas las mañanas del mundo carecen de retorno. Tácito dice que no hay más que una tumba: el corazón de un amigo. Dice que la memoria no es un sepulcro sino una detención en el pretérito indefinido”.

Laura Gomara @lauraromea

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El rey Pelé. El hombre y la leyenda, de Eddy Simon y Vincent Brascaglia

El Rey Pelé. El hombre y la leyenda

El Rey Pelé. El hombre y la leyendaLa primera imagen que se me viene a la mente de Pelé no es precisamente halagadora hacia el ídolo brasileño. Como tantos y tantos jóvenes me he criado viendo dos capítulos de los Simpson diarios durante años, así que es inevitable que venga a mi memoria el episodio en el que la familia amarilla va a ver un partido de soccer y antes de que éste dé comienzo aparece Pelé para saludar al respetable y ya de paso promocionar una marca de papel para el horno, tras lo cual un hombre trajeado le entrega una bolsa cargada de dinero. Por suerte también he tenido la oportunidad, a partir de algunos vídeos recopilatorios, de comprender la magnitud de su figura; si hoy en día alucinamos con lo que son capaces de hacer Leo Messi o Cristiano Ronaldo —dos jugadores que están, aún hoy, a mucha distancia del resto de los mortales—, no quiero ni imaginar lo que suponían aquellas gambetas, esos cambios de ritmo explosivos y esa calidad para definir de cara a puerta en una época en la que este deporte era tan distinto al actual.

El rey Pelé. El hombre y la leyenda hace honor a su nombre, ya que escarba en las dos magnitudes del bautizado como Edson Arantes do Nascimiento. Así, además de hacer un repaso por su carrera futbolística desde sus primeras pachangas en Três Corações hasta su (última) retirada en el Cosmos de Nueva York, este cómic profundiza bastante más de lo que esperaba en su vida fuera de las canchas. Siempre he creído que una biografía no es tal si sólo se centra en el ámbito laboral del protagonista, por muy interesante y apasionante que éste haya sido; si no nos aporta una visión de la persona, con sus luces y sus sombras, sus buenas y sus malas decisiones, no deja de ser una caricatura. Y en este cómic, para mi sorpresa, se atreven a bajar al ídolo al barro, tocando aspectos tan peliagudos como sus frecuentes infidelidades o sus momentos de depresión. También creo que es muy oportuna la decisión de los autores de combinar la narración de la vida de O Rei con la evolución política y social de Brasil, ya que ayuda a meterte en el ambiente y a comprender algunas de las decisiones del futbolista, especialmente durante la etapa de la dictadura militar.

Con todo, a nivel general este es un libro en el que predomina lo positivo, con muchos colores cálidos y unos dibujos que priorizan ser agradables antes que ser realistas. En los recuadros superiores que acompañan a la mayoría de las viñetas se van dando datos biográficos, mientras que las ilustraciones y los bocadillos están dotados de mucha mayor libertad, por lo que juegan con el humor en no pocas ocasiones. No sé hasta qué punto todos los datos que se aportan están contrastados —como los que se refieren a los primeros amores del delantero— pero los autores consiguen construir un relato muy completo y ameno.

Por todo esto, creo que pese a estar elaborada en formato cómic, El rey Pelé. El hombre y la leyenda es una biografía con todas las letras, ya que su nivel de detallismo y de profundidad es lo suficientemente alto como para que el lector pueda conocer mejor a uno de los jugadores más destacados de la historia del deporte rey.

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Leonard Cohen, La biografía, de Alberto Manzano

Leonard Cohen, la biografía

Leonard Cohen, la biografía“Oh, let me see your beauty when the witnesses are gone
Let me feel you moving like they do in Babylon
Show me slowly what I only know the limits of
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love.”

Hace un par de días leía unas palabras del enormísimo cronopio Julio Cortázar con las que estoy muy de acuerdo. Os copio:

“(…) que si la poesía del hombre de hoy puede darse como se da en un Octavio Paz o en un Drummond de Andrade, también se da cada día más en el lenguaje de las tizas en los muros, de las canciones de Léo Ferre, de Atahualpa Yupanqui, de Caetano Veloso, de Bob Dylan, de Raimon y de Leonard Cohen (…)”.

Para mí, igual que opina Cortázar, Leonard Cohen es poesía y el Premio Nobel 2016 de literatura se lo ha llevado un poeta, con todas las letras, como lo es Bob Dylan. Y no pienso entrar en más discusiones sobre este tema, porque como Oliverio Girondo, soy irreductible. Si no sois capaces de ver que la poesía tiene muchas más formas que las habituales, que la poesía está en las calles y en las canciones, peor para vosotros. Y ahora, después de este alegato exaltado contra el puritanismo poético, procedo a hablar del libro en cuestión.

Leonard Cohen, la biografía no es un libro más sobre este músico canadiense, o al menos a mí no me lo ha parecido. Escrito por Alberto Manzano, amigo del autor desde 1980 y traductor de la mayor parte de su obra literaria, esta biografía es auténtica y sincera. Quién mejor para hablar del músico que alguien que lo conoce bien, ¿no?

A mí me ha gustado Leonard Cohen desde pequeña y muchas de sus canciones forman parte de la banda sonora de mi vida. Recuerdo que mi madre tenía un vinilo suyo que sonaba de vez en cuando en el antiguo tocadiscos de casa. Hoy día, sus canciones siguen acompañándome y tengo la impresión de que siempre estarán ahí. Aunque hace poco que nos dejó (en noviembre de 2016), Leonard Cohen siempre será eterno.

Nacido en el seno de una familia judía de clase alta, Leonard destacó desde pequeño. ¿Sabéis qué poeta es el culpable de que el músico comenzase a disfrutar la poesía? Nada más y nada menos que nuestro Federico García Lorca. Cuando el poeta encontró una edición traducida de Lorca, siendo adolescente, descubrió que existía una poesía desconocida para él hasta entonces que avivó su consciencia poética. Tanta era su fascinación por el poeta granadino que una de sus hijas se llama Lorca Cohen. Gracias a un guitarrista español, que le enseñó unos pocos acordes, Leonard comenzó a interesarte también por la creación musical y el resto, lectores, es historia.

Amigo de grandes poetas de su generación, Leonard vivió la vida que quiso. Frecuentaba los cafés y los bares, acudía a recitales y se entregaba a los excesos como la mayoría de sus coetáneos. Etapas que alternaba con otras de retiro y mayor espiritualidad (debido, quizá, a su tendencia a la depresión).

Decepcionado con su carrera como escritor, Leonard puso rumbo a Nueva York para entregarse a los brazos de la música y la jugada le salió muy bien. Consiguió ser poeta y músico a la vez, algo al alcance de muy pocos.

Leonard Cohen, la biografía, es un libro íntimo, reflexivo y muy sincero en el que Leonard Cohen aparece reflejado como el gran poeta del rock que fue y que siempre será. Las viejas glorias nunca mueren y Leonard Cohen ocupa un lugar privilegiado en el Olimpo de los genios de las letras y la música.

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Contra el fanatismo, de Amos Oz

Contra el fanatismo

Contra el fanatismoHace poco leí que después de que Donald Trump venciera en las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, el libro 1984, de George Orwell, aumentó sus ventas en el país exponencialmente, 68 años después de su publicación. Incluso hasta España ha llegado la tendencia, ya que el libro entró entre los 50 más vendidos en nuestro país en 2016. Las similitudes entre el régimen distópico que construyó el autor nacido en el Raj británico y algunas de las actuaciones y declaraciones del nuevo ejecutivo norteamericano son verdaderamente alarmantes. Por desgracia, la llegada de este ser promuros y antimedios de comunicación a la Casa Blanca no parece que vaya a ser una excepción, sino una tendencia al fanatismo que comienza a tomar grandes apoyos en la opinión pública de occidente. Son muchas las causas a las que podemos atenernos para justificar esta deriva, como la crisis económica, el miedo al terrorismo islamista o el desencanto de la población con una clase política que se ha distanciado demasiado del pueblo al que representa. Sin embargo, si bien novelas como 1984 pueden ayudarnos a identificar los peligros que nos acechan, para combatirlos creo que son mucho más útiles textos como Contra el fanatismo.

Lo primero que me sorprendió al comenzar a leer este ensayo es la sencillez con la que escribe Amos Oz. Acostumbrado como estoy, por culpa de mi pasión (ligeramente masoquista) por la lectura de textos políticos, a tener que descifrar frases complejas y recargadas, la prosa directa y clara de este pensador israelí me hizo sentir como en mitad de una conversación coloquial en una cafetería, sin ningún tipo de grandilocuencia ni de excesos estilísticos. La otra de las claves, para mí, de este pequeño libro es la sinceridad que emana de sus palabras. Oz toma posición desde el comienzo y centra su discurso en el peliagudo conflicto palestino-israelí, más peliagudo aún de acometer si tenemos en cuenta que este escritor es natal de Jerusalén.

En torno a este tema el autor defiende la necesidad de un acuerdo entre los dos contendientes, que nazca desde el reconocimiento mutuo y en base a las concesiones imprescindibles para que ambos pueblos puedan tener un futuro digno y en paz. «Nunca lucharía por más territorios. Nunca lucharía por una habitación más para la nación. Nunca lucharía por los santos lugares ni por las vistas a los santos lugares. Nunca lucharía por supuestos intereses nacionales. Pero lucharía, como un demonio, por la vida y la libertad. Por nada más», resume es escritor.

Pero el texto de este libro que más valor simbólico tiene, en mi opinión, en los días que vivimos es en el que trata el  tema del fanatismo. «¿Quién iba pensar que al siglo XX le iba seguir el siglo XI?» se preguntaba Oz hace ya más de una década. En este capítulo se dedica a analizar en profundidad al fanático, al que etiqueta como un ser con una actitud de superioridad moral, que se caracteriza por preferir sentir a pensar. Y es que qué duda cabe de que muchas de las decisiones más preocupantes que se han ido tomando en el mundo en los últimos meses han salido de las tripas, y no del cerebro, de quienes mandan ejecutarlas. Frente a esta tendencia, Oz llama a combatir al fanático desde la inteligencia, obligándole a salir de sus marcos preestablecidos y haciéndole ver las múltiples contradicciones con las que siempre cargan los defensores del pensamiento único, pero que tanto se esfuerzan en esconder debajo de la alfombra de su mollera.

Pienso que Contra el fanatismo debería tener un sitio privilegiado en colegios e institutos de todos los lugares del mundo, ya que enseña una serie de valores que estoy convencido de que si se interiorizan bien en las primeras etapas de crecimiento intelectual, las nuevas generaciones estarán mucho más preparadas de lo que seguramente estamos las actuales para combatir a ese mal que tanta fuerza está tomando en estos últimos tiempos.

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Diarios completos, de Sylvia Plath

Diarios completos

Diarios completosEl destino, tan caprichoso él, me ha llevado a escribir esta reseña un sábado como hoy, justo el día en el que se cumplen cincuenta y cuatro años desde que Sylvia Plath decidiera quitarse la vida a la edad de treinta y un años, justo la que tengo yo ahora. No sé qué quieren decir todas estas coincidencias, pero me han hecho reflexionar bastante sobre por qué una persona tan talentosa e inteligente decide acabar su vida así. Es algo realmente complejo de entender, así que hoy, en lugar de acordarme de esa fecha (aunque sea inevitable), voy a decidir celebrar su vida, la vida de una mujer y escritora maravillosa. Brindo por ella.

Sylvia Plath es bastante conocida, así que creo que sobran las presentaciones. Quien no haya leído alguno de sus libros como La campana de cristal o alguno de sus maravillosos poemarios, puede que haya visto la película biográfica de 2003 de título Sylvia o simplemente reconozca su nombre como una de las grandes poetas de todos los tiempos. Algunos simplemente conocen su final (hay gente muy macabra). En cualquier caso, Sylvia Plath se ha ganado, justamente, su propio lugar en la literatura universal y una de las mejores formas de conocerla es gracias a sus Diarios completos.

Debo matizar que aunque conocer a alguien a través de sus diarios es una de las mejores formas posibles, éste es un libro que recomiendo especialmente a los amantes de Sylvia Plath. Quizá si nunca has leído a Plath y no sabes demasiado sobre ella sus más de ochocientas páginas de confesiones íntimas pueden que te abrumen, aunque no tiene por qué. Eso sí, a los lectores que ya hayan caído rendidos ante los encantos de esta gran poeta, se lo recomiendo sin dudarlo un momento. La figura de Sylvia siempre me ha atraído, tanto literalmente como personalmente, así que cuando descubrí que Alba sacaba esta edición enseguida quise tenerlo. Me lo he tomado con calma, pues es un libro que he estado leyendo durante más de dos meses (algo muy raro en mí). Quise saborearlo despacio e ir leyendo cada día unas pocas páginas de sus diarios.

Diarios completos de Sylvia Plath es una nueva edición que incluye más material del que aparecía en la antigua edición de 1996. Entre ellos, dos cuadernos que su viudo, Ted Hughes había prohibido publicar hasta 2013. Estos diarios están fechados desde sus años de estudiante universitaria hasta 1962, justo un año antes de quitarse la vida.

Hablar de estos diarios es algo difícil, porque sería hablar de la vida de esta poeta durante todos estos años y de sus sentimientos e intimidad. Lo grandioso de estos escritos es que no solo se trata de un diario íntimo, sino que entre sus páginas encontramos inestimables reflexiones sobre la escritura o el arte. Reflexiones propias de una mujer tan lúcida como Plath que ayudan a abrir nuestras mentes y que, a su vez, nos hacen reflexionar y cuestionarnos a nosotros mismos.

Aunque quizá esa faceta suya de mujer con tendencia a la depresión (hoy día se cree que padecía un transtorno bipolar) y que intentó acabar con su vida varias veces sea una de las más conocidas, hay mucha Plath por conocer y creo que descubrirlar a través de sus propios diarios es la mejor manera posible. En su Diarios completos, Sylvia logra atrapar al lector, hacerlo cómplice y participe de sus experiencias y reflexiones. Qué experiencia tan bonita la de dejarse llevar de la mano de esta escritora a su propio universo. Un paseo maravilloso junto a una escritora excepcional. Recomendado, amantes de Sylvia Plath y amantes de las emociones y la literatura.

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Prosas reunidas, de Wistawa Szymborska

Prosas reunidasCasi siempre les digo que se dejen sorprender por la lectura, que los prólogos unas veces animan a la lectura del libro que tenemos entre las manos y otras pueden echarnos tan para atrás que volvamos a dejarlo en la estantería.

Pues bien, este prologo pueden leerlo cuando quieran, es más, les confesaré que he pensado que si en alguna ocasión escribo un libro, o alguien se le ocurre hacer un libro con mis reseñas literarias, quiero que el prólogo lo haga alguien tan bueno como Manel Bellmut Serrano, que como verán es no solo quien ha realizado el prólogo de esta obra, sino que también es suya la no menos brillante traducción al castellano.

Y digo brillante porque yo, tengo que reconocerlo, no sé polaco y no puedo comparar con el original, pero esta traducción ha hecho que me enamore de la autora, de la que solo conocía, y poco, un puñado de poemas que busqué cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. No fue fácil encontrarlos entonces, era 1996, finales del Siglo XX, y no se pueden hacer a la idea de lo mucho que ha cambiado internet mi vida desde entonces.

Por un lado este nombre, Wistawa Szymborska, que por aquellos finales de siglo no lo había oído jamás, esto suele pasar con algunos premios Nobel de literatura, del resto ni hablo; por otro lado está la forma de escribir de esta mujer, el dominio que tiene del vocabulario, la capacidad de concreción para decir tanto en con tan cortas reseñas.

El Premio Nobel se lo dieron por su poesía. Y ella, como suele ser habitual, leyó su discurso al recoger tan alto galardón, y un día yo leí este discurso, años después de ser pronunciado, después también de leer algo más de su poesía y hoy recuerdo, porque no podría ya olvidarlos, algunos fragmentos:

”…No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma…”

El final de su discurso fue:

“…De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como la vida común, los acontecimientos comunes… Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.
Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo…”.

Todo su discurso me gustó, casi puedo decir para ser más exactos que me conmocionó, y es por ello que al ver que la editorial Malpaso reunía en un solo volumen toda la prosa de Wistawa Szymborska (¡menos mal que no me escuchan ustedes pronunciar el nombre!), no lo pensé dos veces y me dije, pues este para mí.

Y este es el libro que me ha acompañado en los últimos días allá donde fuera, y me he divertido como nunca pensé divertirme con una poeta polaca, y en la fila del banco o de correos la gente me miraba como si no comprendiesen que me podía hacer tanta gracia en un libro del que no podían pronunciar el nombre de la autora ¡Ya ven!

En realidad he descubierto que estas Prosas reunidas son reseñas literarias publicadas en diversos medios que alguien se ha preocupado de reunir y publicar. Un poco, y salvando las distancias ente una Nobel de literatura y nosotros mismo, como nuestro querido Anuario, pero en este caso solo reseñas y todas de ella, y lo que es más interesante, prácticamente todas las lecturas que utiliza para estos menesteres son ensayos, o en cualquier caso lecturas que ella entiende como no obligatorias, otras lecturas no obligatorias y más lecturas no obligatorias. Una mujer que como ven ha tenido tiempo para leer lo que dicen que importa y lo que quizá importe y no lo sepamos. Una gran lectora, y la imagino ahora también como una persona con un gran sentido del humor, porque sabe reírse hasta de sí misma, y eso es fundamental para reírse de los demás con inteligencia.

Me ha impresionado la capacidad de reflexión de esta mujer, su conocimiento sobre tantas cosas y su sinceridad para decir que algo no es capaz de comprender, o, de llevarlo al terreno en el que ella se mueve con más frescura que el propio autor del ensayo. Es muy ligera pero profunda, incisiva, divertida y coloquial, esto se nota mucho en la traducción, quiere que se le entienda, quiere que sea divertido lo que para ella es un placer, LA LECTURA, y es por ello que ensalza a los autores que le han hecho más sabia y más feliz con lo que han escrito, porque leer un ensayo no debe estar reñido con hacerlo de forma grata e interesante para el lector. Es como el profesor que sabe mucho de su materia pero que no es buen comunicador porque le falta pasión por lo que hace. Esos no deberían ser ni profesores.

Me encanta el ofrecimiento que Malpaso hace a sus lectores para obtener gratis este libro en formato digital, porque les aseguro que las esperas pueden ser mucho más gratificantes, casi desearán cuando lleguen a la consulta médica que esté abarrotada de gente, o dejará de importarles tener que hacer cada día un trayecto largo en metro o autobús poder leer alguna de sus reseñas; son cortas y da tiempo de aprender siempre alguna cosa sobre un hecho histórico, o sobre la vida de un actor, escritor, filósofo…, o buenas y malas biografías, o zoología, antropología, arqueología, botánica, psiquiatría, y otras muchísimas cosas y gentes (y naturalmente donde vean un masculino singular pueden poner ustedes mismos un femenino). Y efectivamente mediante su lectura comprobarán, como bien dice el traductor, que queda perfectamente marcado su antiantropocentrismo, vamos que niega que seamos la culminación del mundo animal y que este nos pertenezca.

Me encantaría poder dejarles aquí una de sus maravillosas reseñas pero no sabría elegir, me sería casi imposible, pero si algún día yo fuese capaz de escribir una reseña como alguna de las suyas no me importaría que fuese como la titulada ¡SEÑORES DEL TRIBUNAL!, que encontrarán en la página 120 y que habla de un libro titulado Animales nocturnos, de Hanna y Antoni Gucwinski, y que termina tal que así:

«… Pero basta ya de lamentaciones, es hora ya de contar un chiste aunque sea viejo. ¡Señores del Tribunal! —dice el abogado durante el discurso de la defensa—, mi honorable oponente se muestra pródigo a la hora de imputar a los acusados los más viles comportamientos humanos. Ayer acusó a un ciudadano de tener la inusitada osadía de robar a plena luz del día. Hoy acusa a otro ciudadano de tener la malevolencia necesaria para robar de noche. Y yo pregunto, Señores del Tribunal, ¿cuándo se supone que deben robar mis clientes?»

O como el titulado ESTÚPIDAS LISTAS, del libro Los cien mayores tiranos, de Andrew Langley, que empieza como se inician muchas de nuestras reseñas que ustedes leen todos los días, reseñas de estos locos lectores que nos dejamos llevar por cualquier cosa para adquirir un libro: La portada, el título, una sensación…

Si por conocer a la poeta y darle un abrazo por hacer de la poesía un lugar para todos hubiese dado cualquier cosa, por haber hablado durante una hora con esta mujer tras haber leído estas reseñas suyas, no sé lo que hubiese hecho, dicho o dado.

Y ya saben que no soy yo muy mitómana…

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Lean.

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La casa del lago, de Thomas Harding

LA CASA DEL LAGONo es normal que yo empiece una reseña hablando del autor, pero en este caso, y teniendo en cuanta que este libro del que les estoy hablando es un ensayo, creo que es lo más justo.

Thomas Harding es un escritor británico nacido en 1968, estudió antropología y ciencias políticas, trabajó en televisión y parece que el mundo del periodismo le atrapó, supongo que por esa curiosidad que hay en él y que es trasversal en todo lo que le rodea. No es de extrañar que sus inquietudes le llevasen a la literatura periodística de investigación.

También les digo ya, adelantándome a lo que luego les pueda contar, o no, que el libro es muy ameno, no sea que lo dicho hasta aquí les pudiera hacer pensar en otra cosa, que es lo que se suele pensar cuando se empieza a hablar de un ensayo, que muchos son duros de leer pero eso es solo por la falta de habilidad del autor, y solo esos, casi de forma exclusiva, pudieran resultar no atrayentes para el lector de ficción. Ya les repito que no es el caso y que está divinamente narrado.

Dicho lo anterior les puedo contar, porque así lo cuenta él en el libro, que es descendiente de judíos alemanes que como ya imaginarán, porque él está en este mundo, sobrevivieron al Holocausto. Mejor dicho, lo vieron venir y tuvieron la posibilidad, no solo económica, que también, sino sociopolítica de poder dejar Alemania y marchar a vivir casi toda la familia a Inglaterra.

Antes de hablarles de La casa del lago, tengo que adelantarles, y otra vez por si no lo hago más tarde, que no deberían dejar de leer, después o antes de éste, otro de sus libros titulado Hanss y Roudolf. El Judío Alemán y la caza del Kommandant de Auschwitz, que esta misma editorial publicó al inicio de 2014. Un libro que fue galardonado, en Estados Unidos sobre todo, con un gran número de premios. Todos, desde mi punto de vista de humilde lectora, muy merecidos.

La casa del lago, es su historia familiar, la historia de su propia saga familiar, la de la casa de su familia, una casa de recreo o fin de semana y vacaciones en la que llegó a vivir su abuela, de hecho el autor viajó con ella en 1993 hasta la propia casa que un día debió abandonar. Pero la historia de la casa de los Alexander junto al lago, como todos ustedes podrán comprobar, se convierte ante nuestros ojos, casi sin darnos cuenta, en la historia de Europa de una gran parte del Siglo XX.

Los terrenos junto al lago eran de un noble, los Alexander, una familia judía adinerada adquieren una parcela en la que construyen su casa con un camino que lleva hasta el lago, cuando debieron salir de Alemania, se instaló en ella un famoso compositor, que si bien en un principio parece algo escrupuloso con los nazis, termina como todos, mirando hacia donde más le conviene… Y así se sucederán una familia tras otra, hasta que nuestro autor la encuentra años después en un estado deplorable y se interesa por toda la historia que ahora nos cuenta.

Bien documentada, y salpicada de fotografías en las que podemos ver, no solo la casa sino a muchos de sus habitantes, la historia se nos hace cercana y real. No está novelada pero es tan cuidadosa su forma de narrar que casi lo parece.

La casa existe ahora restaurada gracias a la insistencia de esta familia… Como Alemania, también restaurada, ya sin muro, un muro que por cierto pasó muy cerca de la casa. Alemania quiere y debe recordar… Como todos, todos debemos mirar, ver lo que se nos viene, reconocer que los muros no solucionan los problemas del mundo, ni los de un país, ni los de una casa. Lo importante es la gente, las personas, la vida.

Y recordar la historia una y otra vez es imprescindible, dejar legados que nos recuerden que el ser humano debe controlar su espíritu egoísta, y los miedos que “los otros” nos pueden producir… LEER y LEER y VIAJAR y VIAJAR, y todo con los ojos y el corazón bien abiertos.

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¿Ha llegado ya la “Bisagra”? y otros disparates farmacéuticos, de Guillermo Navarro

¿Ha llegado ya la "bisagra"?

¿Ha llegado ya la "bisagra"?Este es un libro para reír. Me diréis ¿nada más? Y yo os digo: ¡nada menos! Os aseguro que reírse no es poca cosa. Es algo muy importante en nuestras vidas. Hay estudios que garantizan, prueban y demuestran que reír es buenísimo para la salud, tanto mental como física. A no ser que tengas algo que solo te duele cuando te ríes, que entonces es mejor dejarlo para otro momento. También hay que procurar no reírse de los demás, a no ser que nos acompañen en la broma y tampoco es buena la risa maléfica, sobre todo para el que la sufre. Por lo demás, rían, rían, que mejora muchas cosas: la respiración, el cutis, aunque salen algunas arruguillas más, son chulas, porque son de risa. Aumenta las endorfinas por lo que mejora nuestro estado de ánimo, atenúa dolores y evita la depresión. Nos hace tener más amigos, caer mejor a la gente, que nos tengan más cariño si tenemos cara de risa, que si tenemos cara de palo seco o de pena. Y así podría estar un buen rato, explicando las bondades de la risa, que soy una experta con certificado y todo. Además, lo he probado: he dado cursos de risoterapia y no veas lo que mejora la gente. Tuve una señora que vino una par de veces y me dijo que no volvía, que se lo pasaba bien, pero que ella estaba diagnosticada de depresión y no iba a reírse tomando antidepresivos y tranquilizantes, que no le parecía bien, que a ver que le explicaba ella al doctor y a sus hijas, si dejaba de tener cara de pena todo el rato y se enteraban de que dos veces por semana se iba a reír como una loca con otras diez locas. Necesitaba seguir enferma. Esa ya es una elección de cada uno, claro.

En fin, pues eso, que Guillermo Navarro se ha propuesto que pasemos un buen rato en ¿ha llegado ya la “Bisagra”? y otros disparates farmacéuticos. Aunque no consiga arrancar risas, desde luego sonrisas fijo. Cada uno tiene un sentido del humor diferente y llegar a la risa de todo el mundo por el mismo camino, no se puede, pero os garantizo que vais a pasar un buen rato.  Este es un humor blanco, no como el de enfermera saturada, pero se nutre también de anécdotas, del día a día de la profesión, en este caso de farmacéutico. A veces me ha recordado a la señorita puri aunque yo me reí más con ella. Me sentí más identificada con Puri, que con Guillermo, pero aún así, es muy gracioso. Se lee en un periquete y es divertido leerlo con alguien, en alto, para poder compartir los chascarrillos.

Guillermo Navarro es farmacéutico, ahora ya está jubilado. Tuvo una farmacia en una ciudad cercana a Madrid. Tiene un montón de anécdotas de su trabajo durante más de treinta años. Supongo que cualquiera que trabaja detrás de un mostrador o cara al público, se sentirá representado. Entre él mismo y la gente que trabajaron con él, fueron recopilando estas pequeñas cosas graciosas que pasan en algo tan cotidiano como una farmacia. Bueno, alguna cosa no era tan graciosa en sí misma, como cuando cuenta un atraco de los que sufrió, pero es divertido cómo sale del apuro, visto en la distancia. Para acordarse, anotaban en una libreta las cosas que les pasaban, e incluso las notas que les enviaban sus clientes, son graciosísimas. Están recopiladas, algunas de ellas, al final del libro.

Está dividido en 23 capítulos cortos, cada uno dedicado a un tipo de cliente, o a casos que se les daba habitualmente, conversaciones en la farmacia, guardias, atracos, etc. Muchos de ellos los acaba en forma de prospecto, con las indicaciones pertinentes.  Algunas parecen increíbles, pero son ciertas, como la vergüenza que pasan algunos para pedir cosas relacionadas con “el sexo y áreas colindantes”, como dice él; entiéndase: condones o pomada para las almorranas, por ejemplo. ¡Las vueltas que da el señor Venancio! En algunos casos me he sentido yo retratada, pero como cliente, sobre todo el capítulo dedicado a la memoria de farmacéutico; nos creemos que ellos se tienen que acordar de todo lo que nosotros tomamos: “dame esas pastillas que tomo yo, las de la caja blanca y azul, que empieza por t, no me acuerdo de más, ya tú sabes…” yo creo que eso lo he dicho yo en la farmacia de mi pueblo, y lo hace aquí casi todo el mundo. Menos mal que tengo una farmacéutica lista y que tiene una paciencia infinita. Le tengo que regalar el libro, para que se ría un rato. 😀

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El libro de cocina + fácil del mundo, de J. -F. Mallet

El libro de cocina + fácil del mundo

El libro de cocina + fácil del mundoYa que nos ponemos sinceros, os voy a hacer una confesión. Desde hace unos meses estoy metida en un proyecto muy gordo: estoy mirando casas para irme a vivir con Aarón, mi pareja. Hemos tenido que mirar terrenos, promotoras, hipotecas (bancos y más bancos), hacer más papeleo del que nos gustaría, pensar en la distribución de la casa, los muebles, los acabados… en fin, una lista interminable de cosas. Y ahora, cuando ya está el proyecto en marcha y ya veo la casa de mis sueños como algo palpable, voy y me pregunto a mí misma: “¿y tía (porque yo a veces me llamo tía a mí misma, cosas de la vida), se puede saber de qué narices te vas a alimentar cuando vivas con Aarón?” Porque no es que él sea un manitas de la cocina, y yo tampoco, para qué nos vamos a engañar. De hecho, yo solo suelo cocinar “en serio” los fines de semana. El resto de días me alimento de cosas a la plancha/arroz/verduras que se hagan en menos de 20 minutos. Incluso 20 minutos me parece mucho tiempo. Si se puede hacer en 10, mucho mejor.

Muchas veces, por no decir todas, es por falta de tiempo. Trabajo por las mañanas y por las tardes me dedico de lleno a la oposición (y a LyL, no os pongáis celosillos). Así que, sinceramente, lo último que me apetece cuando tengo un rato libre es ponerme a cocinar. Y ya no digamos ir a hacer la compra… muero solo de pensarlo.

Entonces un día vi en un escaparate El libro de cocina + fácil del mundo y fue una sensación como de atracción inmediata. Como si el libro fuera un imán y yo una chapa metálica enorme. Ese libro estaba pensado para Aarón y para mí y, sobre todo, para nuestra próxima convivencia juntos. ¿Sabéis lo bueno de este libro? ¿Lo grandioso, lo maravilloso, lo increíble, lo ¡impresionante!? Pues bien, se trata de que en cada receta solo se usan de media unos cuatro ingredientes. Sencillos. De esos que se pueden encontrar en cualquier sitio (incluso en mi nevera) y que  no hay que ir a buscarlos a Mordor ni al Corte Ingles —que para mí vienen siendo un poco lo mismo—. Te plasman fotografías de los ingredientes, para que no haya lugar a confusión y la explicación del plato te la resumen en unas cinco o seis líneas, yendo al grano. Sin florituras ni palabrejos extraños. Vaya, para que todo el mundo pueda entender las directrices sin cagarla y no hacer un trifle como aquel que hizo Rachel de Friends el día de Acción de Gracias. Y no todos tenemos un Joey en nuestra vida que se coma nuestros desastres, así que mejor hacer las cosas bien. Por cierto, haciendo un inciso en esto, AMO Friends con todas mis fuerzas y más o menos en todas las conversaciones que tengo sale alguna comparación con un capítulo de esta serie. También aplicable a los Simpsons. Tenía que decirlo, ya que nos estamos sincerando y empezamos a conocernos un poco mejor.

Cuando recibí el libro, subí una foto a Twitter (esto es más bien marujeo, pero tenía que contarlo). Y la editorial, Larousse, me contestó diciendo que cuando hiciera mi primer plato basado en las recetas del libro de J. –F. Mallet, tenía que subir una foto del resultado. Pues bien, hoy me he atrevido y he hecho unas endivias con bacon al horno para chuparse los dedos. Bueno, a mí no me han parecido tan buenas porque no es que me gusten mucho las endivias. Pero el plato ha quedado monísimo y al menos he podido usar unas endivias que sino iban a acabar poniéndose malas. Así que nada, creedme cuando os digo que este libro me va a sacar de más de un apuro. Además, me he enterado de que dentro de muy poco sacarán la versión light, así que no puedo pedir más.

No sé si mi convivencia con Aarón será más fácil teniendo El libro de cocina + fácil del mundo —cariño, si estás leyendo esto, no pienses que va con segundas ni nada de eso ;)—, pero al menos esa conversación de “¿qué comemos hoy?” nos la podremos evitar.

 

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Biografía canalla de Emilia Pardo Bazán, de Ana Martos

Biografía canalla de Emilia Pardo Bazán

Biografía canalla de Emilia Pardo BazánMe gusta mucho leer biografías y autobiografías de personajes célebres. Supongo que mi lado cotilla, en vez de hacerme ver Sálvame, me lleva de vez en cuando a leer sobre personas que me interesan. Confieso que la escritora Emilia Pardo Bazán no está entre mis personas favoritas, pero como leí la palabra canalla en el título del libro y como, precisamente, no sabía demasiado sobre esta autora gallega, pensé que esta biografía podría resultarme interesante. Lo cierto es que así ha sido: lo he pasado bien leyéndola y descubriendo a doña Emilia.

Si estuviera en el concurso Un, dos, tres y me dijeran “Por cinco mil euros (puestos a soñar), dígame datos relacionados con Emilia Pardo Bazán” antes de leer la biografía hubiera dicho: escritora, gallega, novelista, naturalismo y poco más. Os preguntaréis para qué sirve leer la biografía de alguien que ni siquiera te gustaba. Ay, insensatos. Pues para este tipo de cosas, en primer lugar. No sabéis la de dinero que hubiera ganado ahora. Fuera de bromas, queridos lectores, el saber no ocupa lugar. Además, he de deciros que he descubierto que Emilia Pardo Bazán fue una mujer muy interesante.

Para empezar, os diré que fue la primer mujer española que consiguió una cátedra universitaria, la primera mujer que obtuvo el nombramiento de Consejera de Instrucción Pública, la primera mujer periodista profesional (fundó su propio periódico y fue corresponsal en el extranjero de un periódico español), la primera española ateneísta, la primera que se atrevió a hablar del Naturalismo y la primera que publicó su autobiografía sin tapujos. ¿Qué os parece? Alguien que logró todos estos méritos tuvo que ser, obviamente, interesante.

Ana Martos, la autora de Biografía canalla de Emilia Pardo Bazán, nos introduce de manera muy acertada en el contexto histórico en el que vivió la escritora. El siglo XIX fue una época de cambios y revueltas que influyeron en la vida de la autora. Pardo Bazán procedía de una familia de rancio abolengo y su padre José María Pardo-Bazán, liberal y feminista, proporcionó a su hija la mejor educación posible. Este consejo que le dio el padre a la pequeña Emilia nos hace entender mejor a la mujer en la que se convirtió:

“Mira, hija mía, los hombres somos muy egoístas y si te dicen alguna vez  que hay cosas que los hombres pueden hacer y las mujeres no, di que es mentira porque no puede haber dos morales para dos sexos”.

Emilia supo desde muy temprana edad que no habría nada que ella no pudiese hacer, así que convencida de ello, se dejó llevar por su propio instinto. Y a pesar de la época en la que le tocó vivir, a pesar de las revueltas y del latente machismo, Emilia Pardo Bazán logró hacerse a sí misma, convirtiéndose en una de las intelectuales más importantes de su época. Algo, sin duda, admirable.

Empezando por su infancia, en la que muy pronto se dio cuenta de que las muñecas no eran para ella y que prefería devorar todos los libros que tenía a su alcance, hasta las decisiones y el carácter firme que fue demostrando a lo largo de su vida. No dudó en enfrentarse a quien tuviera que hacerlo, perdiendo amistades si era el caso (e incluso su matrimonio), pero conservando intactos sus ideales y creencias.

Biografía canalla de Emilia Pardo Bazán no es una biografía al uso, claro, es una biografía algo más canalla y muy bien documentada. Además de situarnos en el contexto histórico en el que la autora vivió, Ana Martos demuestra pasión en su escritura y ha logrado crear una biografía divertida y fuerte que nos muestra a una Emilia Pardo Bazán que, a pesar de la época tan retrógrada y sumamente machista que le tocó vivir, supo vivir su propia vida sin pedir explicaciones a nadie. Bravo por ella.

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