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Leer, de André Kertész

Leer

LeerTodavía no he conseguido saber si el hecho de encontrarme repetidamente con una misma imagen, situación o escena viene dado por tener en la mente o el subconsciente la voluntad de encontrarme con ello o es, simple y llanamente, el azar quien lo pone allí. No sé por qué es y tampoco sé si quiero saberlo. La cuestión es que muchas veces me encuentro parado, de lejos, mirando a alguien que lee y me veo metiendo la mano en el bolsillo para sacar el teléfono y guardar la estampa en una fotografía. Y lo extraño – de ahí vienen mis dudas – es la cantidad de veces que me encuentro con imágenes de ese tipo en mi día a día. No entiendo por qué entro en la universidad y se me llenan los oídos de voces catedráticas que se quejan de que ya nadie lee y luego salgo de ella y me encuentro siempre con alguien leyendo. O salgo de casa, paseo y veo a gente leer. Luego, cuando miro las fotografías, me pregunto por qué estaban o quién los puso o qué les hizo estar allí.

En una de esas veces en las que me lo preguntaba, llegó a mí – los libros siempre llegan en el momento preciso – el libro Sobre la lectura, de Steve McCurry. En él, decenas de fotografías de gente de alrededor del mundo leyendo me hicieron ver que lo mío no era extraño, me hicieron ver lo que suelen hacer ver los libros: que antes que tú alguien ya ha pensado en eso. Ese libro, impreso en papel fotográfico, de gran tamaño, te hace bañarte en la mirada más inocente que hay: la de una persona en un libro.

Pues bien, de eso han pasado ya varios meses y, como si la Literatura quisiera seguir mandándome tablas de salvación – es lo que mejor hace -, ahora tengo en mis manos Leer, de André Kertész, publicado por Periférica y Errata Naturae. Podría daros diferencias entre uno y otro – la autoría, la editorial, el tamaño del libro, la encuadernación, el tipo de edición, etc. – pero todas serían más formales que de contenido. Porque el contenido es el mismo y no lo es. André Kertész, como hace Steve McCurry, recopila en su obra las fotografías hechas a lo largo de más de cincuenta años (1915-1970) a gente leyendo. Niños en la escuela, en la calle, en la iglesia, solos o en compañía; adultos con prensa, con libros, en terrazas, azoteas, transporte público, casas; ancianos en sus despachos, en bibliotecas o en bancos. En definitiva, libros siendo leídos.

Y que libros tan metaliterarios como este se publiquen me hacen ver que hay más gente como yo, que hay más gente a la que ver a otros leyendo le provoca esa sensación de alegría, de comprensión, de hermandad con el desconocido que siento yo al verles. Tengo que confesar que me tranquiliza. No sé si te pasa a ti, que ahora estás leyendo esta reseña. Pero si es así, no te sientas mal. Y si mis palabras no te sirven – algo que consideraría lógico – y las dudas te corroen, ves corriendo a una librería, coge Leer de André Kertész y ábrelo por la página que tú quieras. ¿Lo has hecho ya? ¿Qué has sentido?

 

 

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Érase una vez la volátil, de Agustina Guerrero

Érase una vez la volátil

Érase una vez la volátilSeguro que os suena esta chica menuda con camiseta de rayas, ¿no? Estoy convencida de que habéis visto alguna vez una de sus ilustraciones, o que alguno de vuestros amigos las ha compartido en Facebook, Twitter o Instagram. Sus dibujos son bastante conocidos y andan por Internet, de aquí para allá. También los podéis encontrar plasmados en libro, como el libro del que hoy os hablo.

¿Quién es la volátil? Este dibujo tan tierno y adorable es el alter ego ilustrado de Agustina Guerrero. Y ahora, los que todavía no la conozcáis, os preguntaréis quién es Agustina Guerrero. Pues bien, esta ilustradora nacida en Chabuco (Argentina) hace 34 años, es diseñadora gráfica y dibujante. Hace más de catorce años que se vino a vivir a España y desde aquí ha dado el gran salto en su carrera. Ha publicado ya varios libros: Diario de una volátil, Nina. Diario de una adolescente y La volátil, mamma mia!.

Hace mucho tiempo que la sigo en las redes sociales, pero la verdad es que nunca había tenido uno de sus libros. Empezar a leer y descubrir mejor a esta ilustradora gracias a Érase una vez la volátil ha sido todo un acierto. Aunque éste sea su último libro publicado, Agustina nos cuenta en él los orígenes de la volátil, o lo que es lo mismo, sus propios orígenes.

Si hay algo que caracteriza a sus ilustraciones es la sinceridad. Aparte de que, como ya os he dicho, sus dibujos son muy cuquis y dulces, Agustina muestra genuinidad en todos ellos y esa es, en mi humilde opinión, la clave de su éxito. Porque que alguien dibuje bien está genial, claro, pero si a esos dibujos encima le añadimos ese toque de autenticidad que hace que podamos sentirnos identificados con las situaciones que nos plantea en sus ilustraciones, pues muchísimo mejor, ¿no os parece? Eso es precisamente lo que ocurre con la volátil, que muchas de esas situaciones que retrata las hemos vivido nosotros también. Y no os creáis que se corta un pelo a la hora de ilustrar esas pequeñas cosas del día a día, Agustina nos muestra su realidad tal y como es. Y cuando digo que la muestra tal cual es, hacedme caso. ¿Vergüenza?, ¿qué es eso? Eso sí, no sé cómo la hace, pero el toque ese tan mono del que os hablo no lo pierde en ninguno de sus dibujos.

Voy a centrarme un poquito en Érase una vez la volátil, que ya está bien. Como os decía, aunque este sea el último libro publicado, si se tratara de Star Wars, éste sería el episodio IV, para que me entendáis. La idea principal que plasma Agustina en este libro es la de renacer y reinventarse, cosa que ella logra conseguir con éxito. Arranca con un desamor que sirve como punto de partida. “Ahora tengo que pensar qué voy a hacer”, ¿Dónde voy a vivir?”, “No sé si seré capaz de empezar de cero”.  Todas esas dudas que se nos plantean después de una ruptura amorosa están reflejadas en las primeras páginas. Agustina decide mudarse, poner tierra de por medio y acaba en Barcelona, tratando de buscarse un futuro. La libreta donde dibuja sus avatares diarios siempre la acompaña. Aunque trabaje en otros ámbitos para tratar de ganarse la vida, el dibujo siempre estará presente. Y un buen día, gracias al consejo de un amigo, decide abrir un blog y compartir este diario ilustrado que es su vida. Y el resto, amigos, es historia.

Os aseguro que merece mucho la pena leer Érase una vez la volátil, porque aparte de poder llegar a sentiros identificados, las ilustraciones y la sinceridad de la volátil son una maravilla. Ahora tendré que seguir con la saga, ya me he enganchado.

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Espiritualidad para el siglo XXI, de Luis Racionero

Espiritualidad para el siglo XXI

Espiritualidad para el siglo XXICuando leo la palabra “filosofía” la digo de una forma diferente a la que, por mi idioma y acento la debería decir. Es difícil de explicar por escrito, deberíais oírme. Para mí, la filosofía es La FI-lo-so-fÍa, así, casi silabeando, marcando las íes. Esto se debe a que mi profesor de filosofía en el bachillerato era de Chile. Tenía un hablar pausado, tranquilo, paciente y sereno. Era un hombre todo bondad, así que le tengo cariño a la materia. En aquella época, se estudiaba durante 3 años la asignatura y aunque con 16 o 17 años, a lo mejor no se está muy preparado para entender muchas cosas, creo que no deberíamos dejar que los jóvenes de hoy se la perdieran. Aquello igual no era lo ideal porque la filosofía que se nos mostraba era solo la occidental, bastante racional y de una forma algo aburrida, pero por lo menos nos enseñaban algo. Algunos nos interesamos a partir de ahí por informarnos sobre otras filosofías o formas de pensamiento. Si nadie te muestra el camino, es difícil dar con él. Además, tuve la suerte de que el mismo profesor me dio ética, y ahí sí, se salió de la programación establecida y hablamos del amor y la amistad, por ejemplo, desde un punto de vista filosófico. Me sigo acordando de lo que disfruté leyendo las cartas de Rainer María Rilke a su amigo poeta.

En Espiritualidad para el siglo XXI, Luis Racionero pone patas arriba muchas de nuestras concepciones sobre la vida y la muerte. Para empezar aclara lo siguiente: “vaya por delante un aviso para ahorrar tiempo y esfuerzo: la filosofía occidental, excepto la ética, no sirve para nada, es una pérdida de tiempo, sólo utilizable como cultura general.” Así que si a alguien esto le parece una barbaridad, pues que deje de leer ya, porque ese es el camino durante todo el ensayo. El libro está dividido en cuatro capítulos: “el miedo a la muerte, el arte de morir, otra mente no racional y subir al espíritu”. Leída la afirmación anterior y la explicación en el primer capítulo sobre cómo tuvo experiencias trascendentes con LSD, me quedé algo pasmada, pero lo cierto es que se entiende perfectamente, y el punto de vista que nos muestra a mí me ha gustado y convencido. Tiene una forma directa y fresca de explicar las cosas, hasta algo irreverente en ciertos puntos, pero clarificadora.

Argumenta la razón del miedo a la muerte y nos explica la manera de superarlo. Después nos desmonta la idea del racionalismo como única e irrefutable forma de pensar del ser humano. Intentamos controlar y organizar todo y esto es un error. “La filosofía es más que la lógica, no es información y combinación de palabras sino que es transformación de los procesos de la mente”. Luis Racionero nos recomienda crecer espiritualmente, no buscar la verdad, sino una experiencia psicológica, un estado de ánimo, llegar a sentir energía, vitalidad, placer, gozo o serenidad. Deberíamos trascender el pensamiento, superar el pensar y dejar paso al sentir o actuar para llegar al autoconocimiento. Nos recomienda el yoga, la meditación, la mística o el zen. Nos argumenta que es más eficiente, mejor, o más satisfactorio, observar las ideas o filosofías orientales.  La conciencia mística no depende de las creencias religiosas sino que es universal y tiene más de conocimiento intuitivo o de sentimiento que de raciocinio. “La espiritualidad consiste en estar receptivo a la existencia del espíritu y no negarlo porque no se ve ni se toca”. Poner en palabras la experiencia mística es muy difícil y nos pone como ejemplo a San Juan de la Cruz y sus poemas.

Tengo la sensación de que llegar a estos niveles de profundidad mística es muy difícil para el común de los mortales. También creo que nos deberían enseñar a sentir, a parar, a meditar, a respirar, desde que somos pequeños, porque nos harían un gran favor. Vivimos en una sociedad que corre y hace ruido, todo el tiempo, que no se para a escuchar su mente y su cuerpo. ¿Os habéis parado a no pensar, a dejar la mente en blanco alguna vez, aunque sea por unos segundos? Es de lo más difícil que hay y sería de lo más sano poder hacer un reset. A veces agradecería tener un botón de esos en mi cabeza, como los de los ordenadores o los teléfonos, que los pulsas durante 10 segundos cuando se bloquean y reinicia todo. Apagar y encender arregla más de la mitad de los problemas en un aparato o chisme digital, eléctrico e incluso analógico; con nuestras mentes sería un descanso más sano que usar, por ejemplo, las drogas o el alcohol para intentar borrar o embotar lo que nos preocupa. Que no se trata de eso, se trata de sentir y sentirse bien, no con resaca.

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La vuelta al mundo en 80 autores, de Xavi Ayén

La vuelta al mundo en 80 autores

La vuelta al mundo en 80 autores«Este libro es un canon de la mejor literatura de nuestro tiempo, a través de la voz de sus creadores». No le falta razón a esta primera frase de la sinopsis. Y es que nos llega de la mano de Xavi Ayén y Libros de Vanguardia (La Vanguardia Ediciones) la posibilidad de citarnos con los mejores escritores de nuestro tiempo en La vuelta al mundo en 80 autores. Ayén, al cual presentan como uno de los periodistas literarios más importantes del país y que muchos conoceremos por su extensa carrera profesional en La Vanguardia, nos trae aquí sus encuentros con la gran mayoría de los nombres que copan nuestras estanterías: Isabel Allende, Paul Auster, Ken Follet, Carlos Fuentes, Michel Houellebecq, Karl Ove Knausgard, Javier Marías, Juan Marsé, Patrick Modiano, Haruki Murakami, Philip Roth, Enrique Vila-Matas o Gao Xingjian. Y así hasta 80.

Organizado por fecha de nacimiento, empezamos con el egipcio Naguib Mahfuz, nacido en 1911, y acabamos com Zadie Smith, nacida en 1975. Entre estos dos nombres, 78 más que le hablarán a Xavi Ayén de sus vidas como escritores, como personas, de sus libros publicados y los que están publicar pero, sobre todo, que le hablarán de la vida vista a través de los ojos del que escribe. Ayén vuelca aquí sus conversaciones mantenidas a lo largo de estos años con tantos y tantos autores e inmortaliza sus confesiones, anécdotas, opiniones y reflexiones acerca de todo lo que envuelve al libro y a su creador. No son conversaciones realizadas expresamente para el libro sino que es un recogida de todas las que ha tenido el periodista con los escritores. Quizás debería mejor usar en este reseña la palabra autores en vez de escritores ya que por ejemplo nos encontramos al director de ópera Daniel Barenboim o al famoso ajedrecista Garry Kasparov, aunque ambos también como artífices de algún que otro libro sobre su campo.

Xavi Ayén nos desplaza en el tiempo – ya que conversamos en vida con autores como García Márquez, Saramago, Matute, Umberto Eco o Doris Lessing – y también en el espacio, viajando con él a lugares incómodos tanto para escritor como para periodista como es la Abeokuta (Nigeria) de Wole Soyinka, El Cairo de Naguib Mahfuz o el Estambul de Orhan Pamuk; y otros no tan incómodos como el Estocolmo de Steig Larsson, la casa de México de Elena Poniatowska o el apartamento en Manhattan de Toni Morrison. Algunas de las conversaciones son entrevistas puras y otras son la experiencia dejada tras una jornada, o varias, con el escritor; algunas ocupan un par de páginas y otras se pueden acercar a la decena; algunas te empapan del autor y otras te dejan el sabor en la boca de ser una simple excusa de promoción. En poco más de 500 páginas recorremos el mundo a través de las voces, algunas comprometidas y otras no, que llenaron o que llenan las hojas en blanco con tinta hipnotizante. Paseamos por la novela, pero también por el ensayo, la crónica, la poesía, el cuento: paseamos por la Literatura.

Siempre he creído que uno de las características mágicas que tienen los libros es la de inmortalizar a sus autores, y estas líneas lo demuestran. ¿Qué diferencia hay entre la conversación con Günter Grass y la mantenida con Vargas Llosa? ¿Quién está vivo y quién no? ¿Qué importa eso? Nada importa en la edad cuando se habla de literatura porque en ella el tiempo no pasa. El tiempo en los libros se para cuando se cierran y vuelve a reanudarse, siempre vigente y en eterno retorno, cuando unos ojos curiosos los vuelven a abrir. Es eso, la curiosidad, lo que hace falta para adentrarse en La vuelta al mundo en 80 autores. ¿La sientes?

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Diario de un resurreccionista, de James Blake Bailey

diario de un resurreccionista

diario de un resurreccionistaA lo largo de la historia de la humanidad no son pocos los periodos vividos por el humano que, ahora vistos en retrospectiva, nos sorprenden por algunos hechos concretos, las costumbres o incluso los pasatiempos de aquellos lugares que pertenecen al pasado. La época victoriana fue indudablemente una de las más sorprendentes. Este periodo, que rondaría las siete décadas de duración, no solo nos dejaría la cumbre de la revolución industrial, sino que también pondría de manifiesto vicios y filias que podrían abarrotar páginas y páginas de un libro.

Uno de estos hobbies fue el de las peleas de animales, en especial y con mucho éxito, aquellas en las que un perro tenía que matar, en el menor tiempo posible, a tantas ratas como pudiera. Y ya que hablamos de roedores, no debería dejar de mencionar que a la gente más chic de la época le gustaba coleccionar ratones disecados. Los animalillos eran vestidos con ropajes a su medida y colocados en posturas muy humanas en situaciones de vida cotidiana, tales como una boda o la hora del té. Una extravagancia que llenaba los bolsillos de los taxidermistas y probablemente de los alcantarilleros que cazaban a los desdichados roedores. Y eso a pesar de que la función real de los alcantarilleros era desatascar las cloacas, además de recolectar algunas de las joyas que encontraban entre las aguas fecales. Los recogedores de excrementos eran los otros trabajadores en el parco sistema de alcantarillado de aquella época. El nombre es suficientemente revelador como para perder unas líneas describiendo qué hacían.

Pero mientras algunos hombres comerciaban con la inmundicia y los desechos, otros lo hacían con la muerte. Como los fotógrafos expertos en fotografías post-mortem. Al morir un familiar se le retrataba con sus mejores galas, en ocasiones junto a su mascota o “fumando” aquella pipa que era su favorita. ¿Qué mejor recuerdo de un ser querido que esos ojos muertos mirándote eternamente a través de una desgastada foto? Otros mercaderes de la muerte fueron los resurreccionistas; una profesión que en la época victoriana daba sus últimos coletazos pero que unos años antes había tenido su época más boyante. ¿Que no tenéis ni idea de qué os hablo? Genial, porque entonces Diario de un resurreccionista de James Blake Bailey os despejará esa duda a la vez que os enseñará cómo, dónde y porqué hacían lo que hacían estos traficantes de cuerpos.

Con Diario de un resurreccionista voy a empezar por el final. Empezaré explicándoos que el diario (reproducción de uno real el cual se haya expuesto en el museo Hunterian de Londres) apenas ocupa un tercio del total del libro. El diario no deja de ser un fantástico objeto de estudio además de un documento único en su especie. A pesar de ello el diario es lo que es: frases breves, con descripciones telegráficas y con abundantes números intercalados; cifras que muestran las transacciones que se llevaron a cabo.

El diario en sí, por sí solo, tendría poco interés si no fuera por la cuidada y reveladora introducción de James Blake Bailey, editor que a finales 1896 decidió publicarlo y hacer visible unos hechos execrables para que no volvieran a repetirse. Podría decirse, y no sería falso, que entre vuestras manos tenéis un libro de la época victoriana. ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? El caso es que Blake Bailey, al ponernos en contexto, nos hace mucho más comprensible el diario. Nos habla desde el punto de vista de alguien que vivió aquella época en la que por las noches las bandas de resurreccionistas se disputaban con violencia los cadáveres recién enterrados. Guerras comparables a las que hoy enfrentan a los narcos. Ríete tú de las escaramuzas que enfrentaron el cartel de Cali con el de Medellín. Blake Bailey también arrojará un poco de luz sobre los métodos para transportar la mercancía (escondiendo cadáveres en barriles o cajas, con etiquetaje falso, para burlar a las autoridades) que nada tendrían que envidiar a los utilizados por los señores de la droga ahora; o cómo esta oscura profesión pudo llegar a ser tan popular, tocando temas como la escasa legislación de aquel momento o la gran demanda por parte de los anatomistas que necesitaban avanzar en sus estudios a toda costa.

Si Diario de un resurreccionista ya podría haber sido una obra digna de mención con la introducción de James Blake Bailey y el diario, el extensísimo prólogo de Juan Mari Barasorda (experto en acontecimientos truculentos de la época victoriana) lo hace indispensable. Barasorda hace un viaje alucinante a través de la historia, del mundo literario, del cine o de la medicina, tomando como eje central la figura de los ladrones de cuerpos. Nos hablará de Mary Shelley y su Frankenstein (probablemente el resurreccionista y anatomista ficticio más popular de la historia), de aquellos que decidieron conseguir cuerpos utilizando otros métodos más expeditivos (véase la estremecedora historia de los asesinos Burke y Hare), sin dejar de lado a médicos y anatomistas como Andre Vesali o Leonardo da Vinci.

Sería injusto finalizar sin hablar de la parte visual. El Traité complet de l’anatomie de l’homme, con sus maravillosas ilustraciones del cuerpo humano, es en gran parte el encargado de acompañar lo relatado en Diario de un resurreccionista. Así como fotografías reales que muestran a anatomistas practicando con sus cadáveres en la mesa de disección (que sí, que se ven los cuerpos), o los métodos para proteger tumbas y mantener alejados a los ladrones de cadáveres.

Diario de un resurreccionista es un libro singular, bellamente editado por La Felguera editores (una editorial que, bajo la apariencia de una sociedad secreta, se dedica a revelar los mejores secretos de su tiempo); es además uno de esos libros que puede llegar a un público muy variopinto: los más morbosos, los interesados en historia (tenebrosa, sí, pero al fin y al cabo historia),los fascinados por la medicina o incluso los amantes de las novelas negras o de terror (seamos sinceros, un poco de miedo, todo esto, sí que da).

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Ética de los medios de comunicación, de María Javiera Aguirre Romero

Ética de los medios de comunicación

Ética de los medios de comunicaciónOcurrió un incidente curioso mientras estaba leyendo este libro y creo que no está de más comentarlo. Seguro que muchos todavía os acordaréis (si es que para cuando se publique esta reseña el individuo al que voy a nombrar no ha preparado un show aún más bochornoso bochornoso): Juan Torres, catedrático de Economía, acudió al programa televisivo La Sexta Noche para presentar su último libro. Ante las acusaciones y las interrupciones continuadas de Eduardo Inda, periodista y desde hace no mucho tiempo propietario de un diario digital, el economista tuvo que abandonar el plató, ante la sorpresa del presentador, que no entendía por qué no se quería someter a ese juego. Minutos antes Inda había puesto en duda el testimonio del padre de uno de los militares fallecidos en el accidente del Yak-42, había banalizado sobre las responsabilidades de la Guerra Civil y había menospreciado a un compañero de profesión en repetidas ocasiones llamándole Copérnico cada vez que éste le interpelaba por la forma en la que sus reporteros hacían su trabajo. Y todo ello en menos de tres horas. ¿Cómo no va a estar en duda la legitimidad del periodismo cuando se permiten prácticas como estas semana tras semana? Sobre ello precisamente, sobre el papel de los medios, habla Ética de los medios de comunicación, el ensayo de la doctora en Filosofía y periodista chilena María Javiera Aguirre.

Es un libro que me ha hecho regresar mentalmente a mis todavía no muy lejanos años de universidad, ya que la gran mayoría de los pensadores que la autora chilena toma como referencia para construir su texto son muy habituales en las aulas de periodismo. Eso sí, he agradecido poder leer las aportaciones de autores como Castells, Habermas o Tocqueville sin tener que memorizarlas a toda prisa y con litros de café de por medio. Estoy seguro de que por eso he podido no solo comprender mejor sus ideas, sino también interiorizarlas. Y hasta disfrutarlas, por qué no decirlo.

Lo que sí que hay que dejar claro es que esta obra está muy enfocada a personas si no vinculadas, sí al menos enormemente interesadas en la profesión. Es un texto con una fuerte carga teórica, en el que la autora se esfuerza en destacar las diferencias entre las premisas con las que nació la prensa y los intereses que la mueven hoy en día. Romero busca remediar los vicios en los que ésta ha caído aplicando reformas éticas a tres niveles: el periodista individual, la empresa periodística y el sector profesional. Las propuestas de la autora no pueden catalogarse como milagrosas ni excesivamente originales, pero tampoco lo pretenden; de hecho, el valor de este ensayo, en mi opinión, se encuentra en comprobar cómo adoptando una serie de medidas coherentes —como puede ser la aprobación del Estatuto del Periodista Profesional, que tantos años lleva parada y que dotaría de base legal a la profesión— se podría avanzar en la recuperación de un oficio que ha sufrido crisis de todo tipo en los últimos años, pero que sin duda debe priorizar en reconquistar el prestigio perdido ante la opinión pública.

Ética de los medios de comunicación, en definitiva, es un ensayo bien estructurado y que recoge con sencillez y precisión los aspectos más importantes para entender cómo ha llegado el periodismo a la situación en la que se encuentra, cuáles fueron los pilares en los que fundamentó su papel y qué pasos hay que dar para que esta bella profesión pueda recuperar su sitio. Y episodios como el que he narrado al comienzo de este texto me dejan claro que la necesidad de tomar medidas es realmente alta.

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Shakespeare, de Paul Edmondson

Shakespeare

ShakespeareLa primera lectura de un nuevo año es muy importante, al menos para los lectores chiflados como yo. Tenía unos cuantos libros pendientes en la estantería haciéndome ojitos, pero al final me he decantado por Shakespeare. Tengo varios motivos, no os vayáis a pensar. El primero de todo es que empezar el año leyendo sobre un grande tan grande como Shakespeare sólo puede ser bueno. He pensado que a ver si se me pega algo (por qué no, ¿eh?). El segundo motivo es más evidente: conocer más sobre el mayor escritor de las letras inglesas. Algunas obras he leído de Shakespeare, pero no sé demasiado sobre el propio autor y creo que esta publicación de la editorial Turner es una buena oportunidad para adentrarse más en el mundillo shakesperiano. Así  que me dije: “there we go!” y aquí estamos.

Lo primero que quiero aclarar es que este libro no es una biografía al uso sobre Shakespeare. Supongo que habrá miles de ella escritas y que el lector que busque ese tipo de libro lo encontrará sin problemas, pero éste no es uno de ellos. Precisamente eso fue lo que me atrajo en primer lugar. Shakespeare se desarrolla en torno a una pregunta: ¿Por qué Shakespeare? Paul Edmondson, autor de este libro, es un gran estudioso de esta célebre figura de las letras. Esa pregunta, la de por qué Shakespeare, es la que Edmondson lleva planteándose durante toda su vida, la misma que lleva dedicada a estudiar al brillante autor. Así pues, este libro es un libro-respuesta. Entre sus páginas encontraremos respuestas sí, pero también más interrogaciones. No iba a ser todo tan fácil. No creo que Shakespeare lo permitiera.

La primera pregunta que se nos plantea es: ¿Cómo era su vida? Y en este capítulo el autor nos cuenta sobre la época en la que nació el escritor, su vida en Stratford-upon-Avon, sus padres, su matrimonio con Anne Hathaway e hijos. Descubrimos cómo comenzó el autor a ganarse la vida (colaborando en negocios familiares y dando clases a parientes y vecinos) y sus primeras menciones como dramaturgo, allá por 1592. Dos años más tarde, Shakespeare fue uno de los cofundadores de los Lord Chamberlain’s Men, una brillante compañía teatral que representó muchas de las obras escritas por el autor y que viajaría de acá para allá representando las obras teatrales.

La segunda pregunta es: ¿Cómo escribía? Es difícil responder a esta pregunta, máxime si estamos hablando de uno de los autores más originales de todos los tiempos. Shakespeare era una especie de alquimista, lo que hacía era empaparse de lecturas (sobre todo la Biblia y la literatura medieval), recurría a su experiencia personal y con un poco de imaginación creaba sus obras. En algunas ocasiones, Shakespeare también escribía en colaboración con otros autores. Es un capitulo interesante, porque la respuesta de esta pregunta se nos plantea con bastante originalidad. El autor nos habla de los libros que deberíamos leer para poder escribir como Shakespeare, así como de la importancia de los actores en las obras teatrales de Shakespeare. Hay incluso algunas obras impresas, como la edición de 1600 de Mucho ruido y pocas nueces, en la que el autor, en lugar de escribir el nombre de los personajes, escribe directamente el de los actores (Will Kemp y Richard Cowley). Esto es una muestra de la importancia que tenían para Shakespeare sus actores, para quienes escribía los papeles ya asignados.

¿Qué escribía Shakespeare? Pues sobre todo obras entretenidas, desafiantes e innovadoras. La clasificación de género para él no tenía demasiada importancia. Paul Edmondson nos plantea entonces un paseo por alguna de las obras más emblemáticas del autor, mostrándonos fragmentos y comentándolos. Un paseo muy interesante de la mano de uno de los más importantes estudiosos del escritor inglés.

El último capítulo es el que se abre con la pregunta más interesante: ¿Por qué Shakespeare? Esta cuestión es muy personal y lo que se busca, obviamente, es que cada lector dé con su propia respuesta. Yo creo que tengo la mía. Allá voy: Shakespeare porque es un grande. Porque una persona que se dirigió a nosotros en el siglo XVI aún es capaz de dejarnos atónitos con su atemporalidad. Porque después de tantos años sus obras siguen teniendo la misma fuerza y el mismo valor. Porque es Shakespeare, lectores. Porque hay que leerlo y conocerlo.

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Kubrick en la luna y otras leyendas urbanas del cine, de Héctor Sánchez y David Sánchez

Kubrick en la luna y otras leyendas urbanas del cine

Kubrick en la luna y otras leyendas urbanas del cine¿Recuerdas la escena de Django desencadenado en la que Leonardo Di Caprio rompe un vaso? Se cortó de verdad, pero siguió interpretando su papel como si nada.

¿Has visto el susto que se pegan todos cuando el alien sale de la barriga? Pues es real, porque nadie avisó a los actores de lo que iba a suceder.

¿Sabías que a Ryan Gosling le dieron el papel protagonista de El diario de Noah porque buscaban a un chico poco atractivo? ¡Y ahora siempre está en las listas de los hombres más deseados!

Si sois de los que siempre tenéis preparado algún comentario de este tipo para amenizar el visionado de una película, sois de los míos y Kubrick en la luna y otras leyendas urbanas del cine es vuestro libro.

Como ya hicieran en Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock, David Sánchez encabeza cada capítulo con una de sus magníficas ilustraciones, en las que retrata a las celebridades hollywoodienses protagonistas de las leyendas urbanas que Héctor Sánchez se encarga de ratificar o desmontar, según el caso. ¿Es cierto que Charles Chaplin se presentó a un concurso de imitadores de Charlot y ni siquiera quedó entre los finalistas? ¿De verdad Alfred Hitchcock compró todos los ejemplares de Psicosis para que nadie conociera el final de su película? ¿En El mago de Oz se ve cómo uno de los enanos se ahorca en un árbol? ¿Murió la actriz Shirley Eaton por asfixia cutánea, al igual que su personaje, en el rodaje de Goldfinger? ¿Hay mensajes sexuales ocultos en las películas de Disney? ¿Kubrick confesó en El resplandor, a través de pistas ocultas, que él dirigió la supuesta llegada del hombre a la luna? ¿Son Poltergeist, La semilla del Diablo, El exorcista o El cuervo películas malditas?

Pero no solo se habla de leyendas urbanas en este libro. En las explicaciones sobre cuánta verdad, exageración o invención hay en ellas, Héctor Sánchez también nos deleita con sus conocimientos cinéfilos y nos cuenta gran cantidad de anécdotas: por qué Buster Keaton debe su nombre al Gran Houdini; qué motivó la destrucción de todas las copias de Nosferatu; a qué se debían las discrepancias entre actores y dirección en el rodaje de Lo que el viento se llevó; por qué nadie quería dirigir El padrino; por qué As time goes by, la mítica canción de Casablanca, estuvo a punto de ser descartada en el montaje final o cómo se ocultó la mayor sorpresa de la historia del cine, la paternidad de Darth Vader, hasta al propio actor que lo interpretaba. Incluso hay unas cuantas curiosidades para los amantes de la literatura, pues Héctor Sánchez también comenta qué acontecimiento real inspiró la terrorífica obra de William Peter Blatty, cómo se le ocurrió a Bram Stoker el nombre de su emblemático personaje o a Frank Baum el de su maravilloso mundo.

Historias escabrosas, como la decapitación de Jayne Mansfield, o divertidas, como la habilidad de tocar el piano sin manos de Errol Flynn (que los que hayan leído Música para camaleones, de Truman Capote, ya conocerán) componen Kubrick en la luna y otras leyendas urbanas del cine, un libro ideal para cinéfilos y curiosos que quieran caminar por la sutil línea que separa la realidad de la ficción.

Seguro que, si sois como yo, en cuanto acabéis la lectura de Kubrick en la luna y otras leyendas urbanas del cine, llamaréis a los amigos para visionar de nuevo algunas de las películas comentadas en el libro y estrenar vuestro arsenal de curiosidades. El cine se ve con otros ojos cuando descubrimos qué se cocía fuera de plató.

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La terapia de los ataques de pánico, de Giorgio Nardone

La terapia de los ataques de pánico

La terapia de los ataques de pánicoHola, soy Victoria McClure. Tal vez me recuerden de anteriores reseñas atípicas e hipocondríacas como Miedo y ansiedad ante la muerte. En la reseña de hoy vamos a aprender qué son los ataques de pánicos y cómo tratarlos.

Como ya os aclaré anteriormente, mi trabajo no está nada relacionado con el ámbito sanitario, así que de vez en cuando leo esta clase de libros por pura hipocondría. A unos les toca ir en bicicleta, a otros oler bien y a mí me ha tocado ser una gran hipocondriaca, qué le vamos a hacer.

Hablando un poco más en serio, queridos lectores, he de deciros que aunque a simple vista parezca una persona tranquila, sí que padezco bastante ansiedad. Hay un poco de estigma social a la hora de hablar de las enfermedades y trastornos relacionados con la mente, pero yo no tengo ningún reparo en hablar del tema. (Espero que vosotros tampoco).

Cuando vi el libro La terapia de los ataques de pánico quise leerlo por aprender un poco más sobre el tema y descubrir posibles formas de encarar, personalmente, mis propios miedos. Como no me van nada los libros de autoayuda, prefiero mil veces leerme libros del ámbito de la sanidad, aunque obviamente resulten algo más complejos.

Giorgio Nardone, el autor, es una eminencia en estos asuntos. Dirige el Centro di Terapia Strategica de Arezzo, la Escuela de Especialización en Psicoterapia Breve Estratégica y la Escuela de Comunicación y Problem Solving Estratégico. También ha escrito numerosos trabajos que son grandes referentes para psicoterapeutas y estudiosos de la materia.

Ya en la contraportada del libro podemos leer que “una de cada cinco personas, según la OMS, ha tenido un ataque de pánico en su vida”. Un dato realmente inquietante, ¿no os parece? Se trata de un problema mucho más común de lo que pensamos. Todos nosotros hemos experimentado la sensación de miedo en nuestras vidas y en cierto modo, esa sensación es fundamental pues nos puede salvar ante un peligro. Más preocupante es, sin embargo, el miedo al miedo. De ese miedo preventivo que experimentamos ante determinadas situaciones trata este libro.

La terapia de los ataques de pánico arranca con la propia historia del trastorno para dar paso al siguiente capítulo en el que se explica la investigación-intervención en los ataques de pánico. En el tercer capítulo se habla de las características de las terapias eficaces, que serían la eficacia, eficiencia, replicabilidad, predictividad y transmisibilidad.

Personalmente, el sexto capítulo es el que más me he disfrutado y entendido pues se trata de ejemplos de casos clínicos de trastornos de ataques de pánico. En cada caso se describe al paciente, se transcribe la primera sesión recibida en el Centro di Terapia Strategica de Arezzo, se describen las técnicas utilizadas y los fragmentos más importantes de las siguientes sesiones. Es quizá la parte menos teórica y por lo tanto más accesible para cualquier tipo de lector.  Los casos clínicos estudiados son: la fobia al vacío, el miedo a desmayarse, la convicción de enloquecer, claustrofobia y miedo a volar, el control que hace perder el control, fobia a los gatos y alarma terrorista. La verdad es que es realmente interesante leer directamente sobre estos casos clínicos y sus terapias. Giorgio Nardone utiliza una estrategia que nos lleva a enfrentarnos con el miedo e incluso a aumentarlo hasta el punto de anularlo y librarnos del pánico de forma sencilla y rápida.

La terapia de los ataques de pánico es un  libro muy interesante y educativo para especialistas del ámbito y personas que, en algún momento, hayan experimentado esta horrible sensación (y ya sabéis que somos más de lo que parece).

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Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios, de Roberto Blatt

Biblia Corán Tanaj

Biblia Corán Tanaj«Un ensayo intemporal pero de lectura urgente para hoy», pone en la contraportada de Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios, de Roberto Blatt. No puedo estar más de acuerdo. Sin duda, este es un libro necesario en los tiempos que corren, pero no creo que sea apto para todos los públicos, porque es una lectura densa a la que no todo el mundo está dispuesto a dedicar su tiempo, pese al gran valor que puede aportar tanto personal como socialmente.

Según su autor, está dirigido a personas cultas, curiosas y no especialistas. ¿Cumplo yo estos requisitos? Los de curiosa y no especialista, sí. Por eso, no conocía la mayoría de los datos y acontecimientos a los que alude, pero me han resultado muy ilustrativos e interesantes. Biblia, Corán, Tanaj no solo habla del surgimiento y evolución del cristianismo, el islam y el judaísmo, sino que se adentra también en aspectos lingüísticos, históricos, políticos y sociológicos relacionados con ellas. Así que, si no era culta al comenzar la lectura, lo soy un poquito más al terminarla.

Roberto Blatt considera Biblia, Corán, Tanaj como su autobiografía intelectual, ya que el estudio sobre las religiones, y en concreto, las tres mencionadas, ha ocupado toda su vida. Sus reflexiones sobre un tema tan controvertido como es el religioso se sustentan en la gran labor de documentación que ha llevado a cabo durante años, y el resultado es un discurso claro y bien hilado que facilita la comprensión a los inexpertos como yo, pero que también puede suscitar el interés de especialistas, ya que el análisis de Blatt es riguroso.

En este libro se expone cómo los caminos del judaísmo, el cristianismo y el islam se han ido entrecruzando, coincidiendo y chocando hasta nuestros días, y cómo sus alternativas siguen dirigiendo el devenir histórico de Occidente. Las religiones son un pilar básico de cualquier civilización, incluso de las hoy consideradas laicas, y Blatt demuestra que es imprescindible conocer sus enfoques y crisis para entender un poquito mejor los actuales conflictos.

A día de hoy, ¿quién diría que cristianismo, islam y judaísmo tienen una fuente común, como es el Tanaj (Antiguo Testamento)? ¿O que las tres corrientes no surgieron para enfrentarse, sino que cada una se consideró la actualización de la inmediatamente precedente? ¿Cómo sería nuestra ordenación del tiempo y nuestra concepción del ser humano si nunca hubieran existido estas religiones? ¿Cómo logró el cristianismo, una religión sin historia, pueblo ni territorio, dominar la civilización mediterránea? ¿Cuándo comenzó el estigma del pueblo judío, que perdura a través de los años? ¿Qué ha desencadenado el radicalismo islámico que tiene en jaque al mundo? Muchas de estas cuestiones, pese a tener su origen siglos e incluso milenios atrás, están vigentes, por lo que reflexionar sobre ellas puede dar las respuestas a los grandes desafíos globales a los que nos enfrentamos hoy como sociedad, además de liberarnos de más de un prejuicio como individuos.

Como bien anuncia su contraportada, Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios es un ensayo de lectura urgente, porque el conocimiento siempre será la mejor arma contra la intolerancia. Desgraciadamente, dudo que quienes más necesitan leerlo hagan el esfuerzo.

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Sakura: Diccionario de cultura japonesa, de varios autores

sakura diccionario de cultura japones

Años 9sakura diccionario de cultura japones0. El manga hacía ya un tiempo que venía dando de qué hablar en España, pero fue durante esa década cuando aterrizaron, como una invasión alienígena bien orquestada, las versiones animadas de todos aquellos cómics japoneses que los otakus habíamos consumido con la voracidad de un toxicómano que llevaba semanas con el mono. Fue entonces cuando mostró todo su potencial. Violencia desenfrenada que en ocasiones traspasaba la frontera del gore, erotismo o sexo explícito, cyberpunk, fantasía, amor y compañerismo, pero sobretodo grandísimas historias. Y allí estaba yo, en el corazón de aquella vorágine, un adolescente cualquiera, que se ahogaba en el furor de sus propias hormonas, encantado de que por fin alguien dejara de tratarnos como a mojigatos. Esa fue mi primera toma de contacto con el, por aquel entonces bastante desconocido, país nipón.

Tras imbuirme de forma pormenorizada de la cultura japonesa a través del manga y el anime era de esperar que quisiera más. A los videojuegos estaba tan acostumbrado que ni siquiera me di cuenta de que también formaban parte de forma sustancial e intrínseca de la cultura del país asiático. Luego llegarían nombres ligados a la literatura como Natsume Soseki, Haruki Murakami o Natsuo Kirino. Maestros del cine como Hayao Miyazaki, Akira Kurosawa o Takeshi Kitano. La cocina japonesa fue introduciéndose poco a poco; donde antes había un restaurante chino ahora servían sushi, makis, sashimi o gyozas. Añádase un poco de wasabi a la salsa de soja, sumérjase por la parte del pescado y a la boca. Madres que habían sufrido los berrinches de sus hijos ante la perspectiva de comer pescado alucinaban al comprobar como éstos ahora lo engullían de forma gustosa. ¡Y crudo!

Más, más, más; yo necesitaba más Japón.

El Salón del Manga de Barcelona, reuniendo lo mejor de la cultura japonesa sería ese oasis que muchos estábamos esperando. El siguiente y lógico paso era tantear el idioma. A través del típico diccionario, o con algún programa online, incluso intentando escribir algo. Las tablas de hiragana y katakana me provocaron dolor de cabeza. Tras un chute de ibuprofeno miré los kanji y ni siquiera me atreví con ellos. Lo hacía mal. Si tenía que aprender, ante todo debía ser una experiencia divertida. Entonces, como agua de mayo, apareció Sakura: diccionario de cultura japonesa. ¿Qué mejor forma de profundizar en la cultura de un país que a través de su idioma?

Tras Sakura: diccionario de cultura japonesa no solo encontramos a la editorial Satori, especializada tanto en la cultura de Japón como en su literatura, sino que también hay cuatro colosos de la filología, en el manejo de idiomas y en el malabarismo de letras, así como de las tres escrituras diferentes que componen el idioma japonés. Sus nombres son: James Flath, Ana Orenga, Carlos Rubio y Hiroto Ueda.

Sakura no es un diccionario bilingüe; no encontraréis palabras comunes que tienen su equivalente en español. En Sakura las palabras, en su mayoría, son conceptos, profesiones, tradiciones, momentos de la historia, pensamientos filosóficos o gastronomía; todos ellos tan únicos, tan exclusivos del país nipón, que la traducción al español que hallaréis es en realidad una explicación bastante detallada. En algunas ocasiones acompañada de una imagen que facilitará la comprensión del lector. Porque el idioma japonés es capaz de definir con una sola palabra el suicidio cometido por dos amantes que se arrojan a un río atados por la cintura para que en la próxima reencarnación vuelvan a estar juntos, o la extraña profesión en la que unos funcionarios empujan a la gente en el metro para que las puertas del tren puedan cerrarse. ¡Ahí es nada!

Pero si lo que llama más la atención de este diccionario es su inédito y original enfoque, está en la forma de estructurar la entrada léxica gran parte de su atractiva magia. Y es que la palabra a diseccionar, siempre escrita en romaji para facilitarnos la lectura y pronunciación, también se nos muestra en hiragana, katakana o kanji (dependiendo del caso); información que sería algo escasa si no fuera porque ésta se amplía al mostrar a qué género pertenece, el grupo temático en el que ha sido ubicada (bebidas, armas, botánica, etnografía, religión, música y así hasta 43 grupos diferentes), seguido de la definición en español y (¡oh grata sorpresa!) también en inglés, consiguiendo así que el diccionario sea por ello mucho más internacional y absolutamente completo.

En este punto, y quizás como conclusión, debería hablar sobre qué expresiones me han llamado más la atención, a pesar de que muchas y debido a ser un yonki de la cultura japonesa ya me sonaban, o sobre qué grupo temático mi hambre cultural ha quedado más saciada. Pero si he de ser sincero no puedo elegir. Sería injusto quedarme con el folclore, por todos esos yokais terroríficos o amigables que rondan por estas páginas y no hablar de la indumentaria típica que se vestía durante el shogunato Edo; o dejar de lado la gastronomía, que sea dicho de paso es mucho más variada de lo que nos pensamos. Inaceptable sería también hablar de todas esas palabras, de significado escabroso, que hablan de las diferentes formas de suicidio a las que un japonés es capaz de abocarse, dejando de lado toda esa filosofía zen que estimula a vivir de forma sutil pero plenamente. Creo que sin más os invito a leer las más de 3000 definiciones que se aúnan en este libro. Solo de esa forma descubriréis que Sakura: diccionario de cultura japonesa no es un diccionario al uso, tampoco aprenderéis un idioma con él, pero es la forma más divertida (tan simple como eso) y acertada de acercarse a la cultura de un Japón que a día de hoy se muestra menos desconocido pero todavía muy misterioso.

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Estudios del malestar, de José Luis Pardo

Estudios del malestar

Estudios del malestarCreo que fue en el programa ‘El Objetivo’ donde Iñaki Gabilondo dijo una de esas frases que nos dan la razón a los que le consideramos como el mejor intérprete de la actualidad española: «Vivimos entre bostezos tiempos apasionantes», sentenció el periodista. Me parece un resumen perfecto de cómo nos estamos enfrentando a la época más entretenida a nivel informativo que muchos hemos presenciado en toda nuestra vida. El problema, seguramente, es que además de no enterarnos de buena parte de lo que ocurre a nuestro alrededor es que no sabemos valorarlo en frío, ya que en la sociedad de desenfundar el móvil y disparar un tuit lo más rápido posible, la documentación y la profundización sosegada en los temas han acabado desplazadas a un plano marginal, casi reservado para los académicos.

José Luis Pardo, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, es un habitual en el arte de recoger las inquietudes contemporáneas hacernos ver que casi nada es tan nuevo como parece, ya que mucho de lo que ahora ocurre no es sino una actualización de lo que aconteció décadas e incluso siglos atrás. En el caso de Estudios del malestar, libro que fue galardonado con el premio Anagrama de ensayo 2016, Pardo centra su reflexión en el fuerte desencanto que se vive en el mundo desarrollado desde el estallido de la última gran crisis económica y en cómo algunos intentan aprovecharlo políticamente.

Una de las cosas que más he apreciado de este ensayo es que, a pesar de que trata ideas y conceptos realmente complejos, el autor trata de hacer atractiva la lectura por medio de la inclusión de comparaciones y metáforas, de algunos toques de humor o de ejemplos de la historia española reciente. Podría decir que Pardo juega con la filosofía, combinando reflexiones trascendentales con otras mucho más mundanas, que toman como referencia eslóganes publicitarios o anécdotas divertidas para hacer más fácil al lector la digestión de sus ideas. Aun así, no diría que es un libro asequible para todo tipo de lectores ya que, al menos por mi parte, ha requerido de esfuerzo y de búsquedas en Google para comprender algunas de las referencias e ideas —y, con todo, creo que me ha quedado una buena parte por comprender—.

Hay otros asuntos, eso sí, en los que, aun sin que el autor haga referencia directa a los protagonistas, es fácil deducir a quienes señala con sus palabras. Por ejemplo, en lo relativo al populismo; buena parte de las advertencias y consideraciones que pone el filósofo sobre la mesa aluden a Podemos, un partido que en sus poco más de tres años de vida ha levantado numerosas ampollas en la clase política tradicional, si bien no ha conseguido todavía su propósito de tomar el cielo, ni por asalto, ni por consenso. Sin compartir completamente su visión sobre el fenómeno del populismo —que, a grandes rasgos, se puede resumir en que es la forma en la que los antiguos comunistas han conseguido disfrazar y hacer su mensaje más atractivo para el pueblo— el repaso que hace, tanto a nivel filosófico como político, en torno a cómo ha ido evolucionando el pensamiento desde mediados de siglo pasado hasta la actualidad me ha resultado brillante y enriquecedor. Al fin y al cabo, lo más positivo para forjar un juicio propio es escuchar los razonamientos de muchos otros, especialmente si son tan trabajados como el de Pardo.

Si en una novela lo principal que busco es que haya un buen narrador detrás que consiga mantenerme atento hasta la última línea, en este tipo de ensayos mi principal motivación es que sean capaces de hacerme pensar y creo que, independientemente de las ideas que defienda cada uno, Estudios del malestar es un texto muy interesante para todos aquellos que quieran tener unas cuantas horas de reflexión sosegada en torno a por qué se están produciendo cambios tan importantes e imprevisibles a nivel mundial.

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