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Las mujeres de la Luna, de Daniel Roberto Altschuler y Fernando J. Ballesteros

Las mujeres de la luna

Las mujeres de la lunaDe los 1586 cráteres lunares que reciben el nombre de una persona como homenaje a sus logros científicos, filosóficos o ambos, sólo 28 son mujeres (y dos de ellas son mecenas y una probablemente ficticia). Una proporción aún más ridícula que la de las 48 de 907 premios Nobel. Sí, ya sé, al ser nombres de toda la historia y dada la relativamente juventud de la noción de igualdad de género puede resultar excusable. Pues no. El relato de la vida de estas 28 mujeres deja claro hasta qué punto tuvieron que luchar no ya para lograr su homenaje lunar, sino para conseguir un mínimo reconocimiento. O un sueldo. Este libro resulta interesantísimo por muchos motivos pero que me perdonen los autores, cuyo trabajo es magnífico, dicho sea de paso, si digo que el libro que realmente me apetece leer ahora es el de las mujeres que, mereciéndolo, no engrosan este catálogo. Las mujeres de la luna despiertan en el lector un profunda admiración, pero mentiría si dijese que no va acompañada en muchos momentos de una profunda indignación. Tampoco es especialmente edificante que para cualquier ciudadano de cultura científica media el listado de los nombres sea tan poco pródigo en nombres conocidos.
El trabajo de documentación de Daniel Roberto Altschuler y Fernando J. Ballesteros es brillante, pero el que han hecho haciéndolo no sólo comprensible sino incluso ameno es francamente digno de admiración. Las mujeres de la luna no es sólo un estudio biográfico de unas mujeres de biografía elocuente, es también una destacable obra de divulgación científica.
Hay algo de belleza poética que los cráteres de la luna constituyan, nomenclatura mediante, un reflejo de nuestra propia historia. En ese sentido no debe sorprendernos que sea injusta y desigual, pero tampoco debe hacerlo que el desarrollo de esas historias resulte en ocasiones profundamente emotivo y no incluya sólo conocimiento científico, talento o superación de las adversidades sino también alguna historia de amor terriblemente hermosa.
Las mujeres de la luna, como ven, es un libro francamente especial y como suele suceder en estos casos la edición está a la altura de la historia que se cuenta. Es un libro hermoso, lleno de detalles y sin duda una honrosa incorporación a una biblioteca. Un libro que consigue algo complicado de lograr: cambiar la mirada del lector. Uno mira a la luna de otra manera cuando ha leído este libro, créanme.
Hay además historias paralelas que son francamente interesantes, como sin duda podría ser la de la llegada de la hortensia a Europa. Sí, la flor. Y sí, tiene que ver con una mujer de la luna y con un científico no sé si gafe pero desde luego notablemente desdichado. Pero las protagonistas son sin duda las mujeres que protagonizan este libro y permítanme que acabe esta reseña como es de justicia, con sus nombres:
– Hipatia de Alejandría
– Catalina de Alejandría
– Nicole-Reine Etable de la Brière Lepaute
– Caroline Lucretia Herschel
– Mary Fairfax Greig Somerville
– Anne Sheepshanks
– Catherine Wolfe Bruce
– María Mitchell
– Agnes Mary Clerke
– Sofía Vasiíievna Kovalévskaya
– Annie Scott Dill Russell Maunder
– Williamina Paton Stevens Fleming
– Annie Jump Cannon
– Antonia Caetana Maury
– Henrietta Swan Leavitt
– Mary Adela Blagg
– Mary E. Proctor
– Marie Sklodowska-Curie
– Lise Meitner
– Amalie Emmy Noether
– Louise Freeland Jenkins
– Priscilla Fairfield Bok
– Gerty Theresa Radnitz Cori
– Judith Arlene Resnik
– Sharon Christa McAuliffe
– Kalpana Chawla
– Laurel Blair Salton Clark
– Valentina Vladimirovna Nikolayeva Tereshkova

Andrés Barrero
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Diarios del Sáhara, de Sanmao

Diarios del Sáhara

Diarios del SáharaSi cuando uno revisa las emociones sentidas tras leer un libro cualquiera puede resultar difícil separar lo leído de lo sentido, en este caso la dificultad de hacerlo es tal que conviene rendirse y asumir que el libro es su protagonista y su protagonista es su autora. Así, cuando un piensa que en Diarios del Sáhara ha leído a Sanmao y lo ha hecho como si la hubiera conocido, qué se yo, sentado junto a una hoguera en el desierto, puede sentirse lo suficientemente reconfortado como para afrontar la tarea de reseñarlo como quien habla de una amiga. El magnetismo de Sanmao es tal que no hay otra opción, pero si la hubiera, si pudieran leerse los Diarios del Sáhara fríamente, analizándolos como el testimonio histórico que sin duda también es, sería tan triste, supondría una traición tan manifiesta al sentimiento con el que el libro fue escrito y a la vez se perdería uno tanta cosas que es mejor ni pensar en ello.
Pónganse por un momento en situación. Imaginen a una joven taiwanesa en la España de los setenta, una mujer de buena familia, de cierto nivel cultural y poseída por un espíritu de aventura tan irrefrenable que traducido en kilómetros resulta asombroso para su época. Y si esa imagen de una joven urbanita sola que probablemente fuera la primera persona de rasgos orientales que viera en su vida una amplia mayoría de las personas con las que se cruzara por la calle en Madrid no les parece lo suficientemente evocadora, trasládenla al Sáhara en sus últimos momentos como colonia española y entenderán cómo debe sentirse un marciano en Bollullos, por poner un ejemplo. El paso siguiente para entrar en situación es sencillo, lean y quieran al marciano.
El escenario es terriblemente atractivo para cualquier lector español actual mínimamente interesado en el Sáhara, que somos legión, pero no esperen encontrarse un retrato bucólico lleno de estampas románticas de los buenos y nobles beduinos del desierto. El retrato del ambiente y de las gentes que se encontró Sanmao es el único aceptable para alguien con una relación con la literatura tan sincera como ella, descarnado pero hermoso. Y la belleza no nace en el paisaje, que podría, sino de la mirada limpia de la autora. Fíjense que sencillo y piensen en lo infrecuente que es: simplemente cuenta lo que ve.
Dicen de Sanmao que fue un alma errante y puede que lo fuera, pero antes y después del Sáhara. Mientras estuvo allí su alma soñadora estuvo en su casa, y no creo que después de leer los Diarios del Sáhara tengan dudas al respecto. Quien ama un lugar siendo consciente de sus defectos, que existían y eran múltiples, es porque es su lugar. Ella no estuvo sola en el Sáhara, estuvo con su marido, otro personaje entrañable que Sanmao hace grande no idealizándolo, sino describiéndolo con total sinceridad, incluso riéndose de él en ocasiones. Esos pasajes en los que se burla de su marido (al que quería profundamente) son, si lo piensan bien, muy españoles, su sentido del humor cuando se divierte ante el desconocimiento de José de las tradiciones, especialmente las gastronómicas, de su país natal es muy nuestro, aunque no sea especialmente edificante.
Hay pasajes duros, la vida era difícil y a las adversidades propias del medio y la situación política se suman las que provocan las diferencias culturales con sus vecinos, porque no vivían en la zona de los españoles, sino en la de los saharauis. Los hay, especialmente el último, que no se pueden leer sin una gran tristeza. En otros sin embargo es imposible refrenar la sonrisa o incluso la risa, una sonrisa tan abierta como los ojos. Ella no escribía por perseguir la posteridad, la fama ni el dinero, lo hacía por necesidad. Simplemente no podría no haber escrito impostadamente como no podría no haber vivido el desierto y contentarse con una urbanización de relativo lujo equiparable a la de la colonia. No sé si me creerá pero lo digo con total sinceridad: empiece el libro por curiosidad, compromiso, coincidencia o cualquier motivo que le lleve a él, pasadas pocas páginas el espíritu de Sanmao logrará que continúe leyendo por necesidad. Al final puede que tenga que frotarse los ojos para enjugarse las lágrimas y los granos de arena, en todo caso tendrá una amiga más. Sólo le pido una cosa, dele recuerdos de mi parte. Se lo agradeceré.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Montañas: Traspasando los límites, de Stefan Dech, Reinhold Messner y Nils Sparwasser

Montañas, traspasando los límites

Montañas, traspasando los límitesEs difícil describir con palabras un libro en el que una parte, grande, de su belleza se encuentra en las fotografías que en él aparecen: fotos cenitales, fotos de satélites, fotos a pie de montaña, fotos que muestran desde los más pequeños detalles, hasta los panoramas más espectaculares de valles, cordilleras, aristas, picos, collados, caras, pilares o cumbres… Cumbres porque este libro habla de escalada, de alta montaña, de nieve y cuerdas, de sujeciones y esfuerzo. Es un libro, sí, sobre las montañas más altas o más difíciles o más bellas que el hombre ha escalado o ha querido escalar. Y habla, más que de aventuras, de la lucha del alpinista por subirlas, por vencerlas, y de la lucha de las montañas por evitarlo. Y en la lucha aparecen parte de los momentos que hicieron y hacen del alpinismo una epopeya, un marco donde viven las leyendas y los mitos, donde reconoces nombres de personas y pasos entre aristas o paredes, porque son parte de la épica del mundo; de esa que, vencidas la mayoría de las fronteras del mundo, vencido cualquier afán de conquista o de descubrimiento; el ser humano ha visto en la victoria sobre esas grandes paredes una forma de retarse, de buscar límites, de saber si puede combatir, y destacar, en un elemento que no es fácil para él. De forma que se buscan nuevas retos y rutas en las montañas: más difíciles, más duras, más arriesgadas; para poder decir que luché con la montaña, y pude perder o ganar, pero lo hice limpiamente, cara a cara. Este libro es una ayuda para entender la magnitud tanto de las cordilleras y montañas que en él aparecen, como la de su belleza extrema; así como una manera de entender a los hombres y mujeres que en ellas han forjado su vida y su leyenda.

Este libro es parte del proyecto del Centro Aeroespacial Alemán que creó toda una red de análisis de las grandes cordilleras del mundo con fotografías y estudios tridimensionales; primero pensadas para colaborar en el ascenso al K2 de una de la más importantes alpinistas vivas: Gerlinde Kaltenbrunner: y luego extendida a otras cordilleras y otros picos. De los cuales hay un minucioso estudio fotográfico de los pasos, de las laderas, de las vías de ataque a la cumbre; también descubres desiertos helados de los que nacen los techos del mundo, páramos helados donde parece nacer todo lo que busca el hombre en la naturaleza y la batalla contra los límites. Todas esas cosas, toda esa cascada de imágenes y casi sensaciones, es lo que conforma esta detallada cartografía de las cordilleras y las cimas. Por ello, y para ello, nació: “Montañas: Traspasando límites”.

Las montañas que en ella se miran, se examinan, fueron elegidas no solo por su valor alpinista sino por su interés intrínseco; por la importancia de más cosas que lo difícil o no de escalarlas -belleza, religiosa, tradición-, por el que es considerado sin lugar a dudas el más importante alpinista de la historia: Reinhold Messner. De modo que él no busca solo montañas de epopeya, sino que busca sitios que importan, lugares donde nació el alpinismo, lugares que deben aparecer cuando hablas de Montañas. Así que descubrimos:

Ochomiles como :

Everest,

K2,

Nanga Parbat,

Dhaulagiri,

Annapurna

Siete miles de paredes imposibles como:

Maherbrum

Montañas alpinas clásicas como:

Cervino

Mont Blanc

Montañas sagradas como:

Kailash

Nanda Devi

Los más altos de subcontinentes como:

Aconcagua

Denali

Montañas de extraña belleza del Cáucaso como:

Ushba

Todos esas montañas elegidas por Reinhold Messner para “Montañas: Traspasando límites”, lo son por motivos, como he dicho, que para él trascienden el puro interés alpinista, para alcanzar uno superior, sea por su historia o sea por sus belleza o tradición. Cada capítulo en el que se describe de manera sistemática esas montañas, está prologado por un texto del propio Messner en el que descubre la razón por la que ha sido elegida, o la historia o los viejos mitos o tradiciones que la acompañan. Dicho texto enriquece el libro mostrando una mirada casi anexa, casi paralela, al propio texto descriptivo o analítico o puramente fotográfico. Así, también, en cada capitulo hay una historia, contada sobre esa montaña por afamados escaladores que han luchado con ella, y a veces la vencieron y otras no, como: Walter Bonatti, Robert Paragot, Adolf Schultze, Stephen Venables, Sandy Allan, Yannick Graziani, Gerlinde Kaltenbrunner, Tomaz Humar, Pierre Mazeaud, o Rick Allen… No solo son, pues, relatos de victorias, sino que también de derrotas, de desgracias, de primeros intentos, de experiencias vitales…Todas ellas conforman un tejido de sensaciones, de imágenes y de experiencias que, a veces, dolorosamente, otras veces de manera inspiradora, crean el universo de la montaña, del alpinismo, del tipo de vida que cada uno de los que aquí escriben han elegido vivir y  han vivido. La vida y la muerte, la belleza y lo terrible, son partes de la misma moneda que ellos saben que llevan en el bolsillo, porque esa es su opción,  y lo aceptan.

Cada capitulo, por lo tanto, es en parte texto en el que se describe la montaña, o se relata una experiencia allí vivida, y también es el reflejo fotográfico de su situación-desde el satélite, desde el campo base, desde el valle, desde sus laderas- y de la forma de sus paredes, de sus vías, de sus espolones… Todo ello reúne el microcosmos completo que parece describir, siquiera un instante, cómo es el sitio, cómo ha sido tratado, cómo se ha mirado -a través de él, y con él-, conformando un texto con imágenes bellísimo.

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Nueva York / Babilonia, los años de la edad maldita, de Luis Antonio de Villena

Nueva York / Babilonia, los años de la edad maldita

Nueva York / Babilonia, los años de la edad malditaTodos somos un poco cotillas. La prueba está en la clase de programas que triunfan hoy en día. Pero claro, hay una diferencia muy grande en querer saber qué ha comido la Pantoja y querer saber más sobre aquellas personas que vivieron o pasaron por Nueva York durante las tres décadas de máximo esplendor y libertades. Me interesa mucho más aprender sobre Lou Reed, Truman Capote, Andy Warhol o Patti Smith, la verdad. Sus vidas son más interesantes que la de la Pantoja (y eso que la de esta tipa da ya para una peli de sobremesa). Si queréis dar una paseo por el lado salvaje de la vida, olvidando necedades, éste es vuestro libro.

Durante los años sesenta, setenta y ochenta, Nueva York fue la ciudad donde la palabra libertad alcanzó su máximo esplendor. Londres, Berlín y sobre todo París habían sido ciudades donde comenzó a fraguarse esta liberación, pero es en la ciudad de Nueva York donde se reúne lo más granado de la época, donde las transgresiones, las vanguardias y el sexo libre campan a sus anchas. En Nueva York/Babilonia, los años de la edad maldita, el escritor, y sobre todo poeta, Luis Antonio de Villena realiza un viaje por aquellos años de la mano de las personas y personajes que vivieron plenamente esas décadas malditas.

A algunos de los personajes que aparecen en las líneas de este libro ya los conocía e incluso admiraba, al resto los he ido descubriendo gracias al gran trabajo de Luis Antonio de Villena. No se trata solo de un libro de ensayo, aunque así lo hayan catalogado. Creo que la dedicación que el autor pone a lo largo de este libro hace de él una gran publicación en la que el escritor se entrega en cuerpo y alma a sus anécdotas, personajes y vivencias. Tanto es así, que en ocasiones Luis Antonio de Villena nos narra sus propias experiencias personales con personajes como Lou Reed o William S. Burroughs.

El libro arranca con el mítico Andy Warhol, a quien se le llama “El papa del pop y demás modernidades”. Lo cierto es que Warhol fue un gurú en su época. Aparte de sus propias excentricidades (que no eran pocas), el pintor logró reunir a su alrededor a todo un séquito de personajes de lo más variopinto: eran la factoría Warhol. La hermosa Nico (la misma que cantó con la Velvet Underground), Joe Dallesandro o Morrisey fueron algunos Warholianos menores de los que también se habla en este libro.

Cantantes como Lou Reed, Patti Smith, David Bowie, Mick Jagger, Sid Vicious o John Lennon son algunos de los personajes que también vivieron la época dorada de esta Nueva York/Babilonia. Cada uno más raro y excéntrico que el anterior. Todos ellos entregados por completo al desenfreno, al vicio y al libertinaje. Quizá la única excepción sea David Bowie, quien supo separar certeramente su vida pública de su vida privada y quien, a pesar de la época de excesos, fue uno de los pocos que consiguió librarse de adiciones.

En Nueva York/Babilonia, los años de la edad maldita, también aparecen retratados numerosos escritores, entre los que destacan aquellos transgresores que pertenecieron a la generación Beat. Así, encontramos anécdotas sobre Allen Ginsberg, William S. Burroughs, Paul Bowles o Truman Capote. Todavía más excéntricos si cabe estos escritores que la pandilla de músicos que he citado unas líneas más arriba.

Fueron épocas de excesos, de descubrimiento y libertinaje. Unas décadas en las que el sexo era totalmente libre y las drogas y sus efectos aún estaban por descubrir. Y hubo muchos personajes que las descubrieron y sufrieron de lleno sus consecuencias quedando enganchados de por vida a éstas, algunos con mejor suerte que otros. Muchos de ellos murieron realmente jóvenes, como Sid Vicious, otros han pasado por fuertes tratamientos de desintoxicación, como Lou Reed. El caso es que este exceso de drogas ha pasado factura a muchos de los personajes que vivieron estas épocas. Bueno, a todos menos a Mick Jagger, que no sabemos qué pacto habrá hecho para haberse metido en el cuerpo todo lo que se ha metido y seguir sobreviviéndose de esta forma.

Algo parecido ocurrió con el sexo. Aquellos ambientes tan libertinos, tan Sodoma y Gomorra, también pasaron factura con la epidemia del sida y todas las muertes que trajo consigo.

Una época que no se volverá a repetir, de ahí su autenticidad. Unos años que merecen la pena ser conocidos y recordados. Las décadas de máximo esplendor donde se dieron cita algunos de los más brillantes personajes de nuestra historia.

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Mao: la historia desconocida, de Jung Chang y Jon Halliday

Mao: la historia desconocidaSobre Mao Zedong (1893-1976) se han escrito muchas biografías. Desde que llegó al poder y se convirtió en el máximo dirigente de China, este personaje ha cautivado a gran número de historiadores y periodistas. A lo largo de su vida, Mao se labró una meteórica carrera política para llegar hasta la cima del poder: desde ser un simple estudiante que se abría paso en la China posterior a la caída del Imperio, se adentró en los engranajes de un partido comunista que avanzaba entre mil peligros, consiguió asumir su liderazgo en mitad de las devastadoras guerras que asolaron el país durante los años veinte y treinta, y se convirtió en el máximo dirigente y a la vez algo similar a un auténtico dios viviente. Es por esto que Mao es, sin lugar a dudas, un personaje fascinante a la par que oscuro. No es extraño, por lo tanto, que hayan sido muchos los que hayan intentado estudiar su figura.

Visto por unos como el constructor de la China moderna, y por otros como un tirano que emulaba a los antiguos emperadores, parecía improbable que todavía surgieran nuevos estudios. ¿Qué quedaba ya por escribir? Pero lo cierto es que, coincidiendo con el 40 aniversario de la muerte de Mao, se reedita una obra que ha marcado un antes y un después. La historiadora Jung Chang, y su marido, el profesor Jon Halliday, se propusieron reescribir la historia de Mao, pero desde una perspectiva nueva. Durante más de diez años, se adentraron en los archivos chinos, que recientemente habían sido abiertos a los historiadores (aunque consideraron mejor no revelar el origen de sus fuentes documentales), y realizaron infinidad de entrevistas a personajes que conocieron a Mao en vida, construyendo una nueva biografía que venía a presentar una imagen totalmente innovadora del dictador chino. Sus autores eran conscientes de lo que se traían entre manos, así como del impacto que su libro podía generar, y no fue para menos. Las críticas fueron deslumbrantes, a la par que feroces, por lo que esta obra no ha dejado indiferente a nadie.

En Mao: la historia desconocida, Chang y Halliday analizan la vida de este personaje desde su imagen más íntima, adentrándose en el hombre más que en el líder. Superando viejos tópicos e ideas enquistadas, sus autores nos presentan lo que ellos llaman “la historia desconocida”; un retrato, en esencia, realmente intimista. Mao aparece a nuestros ojos como un joven ambicioso, inseguro e idealista, que poco a poco se adentra en un mundo repleto de ambiciones, peligros y traiciones. Tomando parte en la construcción del Partido Comunista Chino (PCC), Mao empieza a madurar y aprender del terror estalinista, asumiendo el control de un partido perseguido, pero que poco a poco se abre paso en esa China convulsa. Imponiéndose a los grandes desastres que vivió el territorio chino, como la invasión japonesa, o la guerra civil con el otro gran partido, el Kuomintang, Mao ganaba cada vez más influencia y poder, eliminando del camino a todo aquel que pudiera entorpecer sus grandes planes. Pero sus autores no se detienen aquí. De hecho, se centran también en analizar su lado más humano: sus amores, su familia, y su relación con la que fue su esposa, su aliada y a la vez uno de sus mayores quebraderos: madame Mao, la despiadada Jiang Qing.

En sus más de setecientas páginas de relato, Chang y Halliday destruyen el mito de Mao y desmenuzan algunos de sus grandes logros. La Revolución Cultural, que sin duda fue su gran obra, se nos presenta como la Gran Purga, un movimiento personalista organizado por Mao y su esposa para mantener un poder que empezaba a perder, eliminando así a todos aquellos amigos y camaradas de antaño que ahora parecían estar relegándole a un futuro incierto. Del mismo modo, nos adentramos en los momentos más íntimos del dictador, en una historia no oficial a la par que incómoda de un personaje que hoy en día sigue siendo adorado por miles de personas, y cuya imagen y cadáver siguen todavía expuestos en la plaza de Tiananmen, centro de la capital china. Del mismo modo, su estela perdura en la China postmaoista, siempre interesada en mantener el viejo orden tal y como su creador lo dejó establecido. En definitiva, se trata de una biografía imprescindible, durante muchos años descatalogada, que vuelve a las librerías para revivir la historia de una figura fundamental en el siglo XX: un idealista y un oportunista; un líder y un tirano; un dios viviente y un simple hombre…

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¿Quién domina el mundo?, de Noam Chomsky

¿Quién domina el mundo?

¿Quién domina el mundo?Desde que el pasado nueve de noviembre amanecimos con la noticia de que Donald Trump iba a convertirse en el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos de América hay una pregunta que flota en el aire: ¿de verdad va a ser capaz de cumplir las promesas que ha ido haciendo durante la campaña? Solo el tiempo lo dirá, pero lo que está claro es que la gran repercusión que ha tenido esta noticia a nivel internacional no es baladí; al fin y al cabo, Estados Unidos es, desde hace décadas, el país que controla la mayor parte de las cosas que ocurren en el mundo, muchas de ellas a miles de kilómetros de su territorio. Y por si alguien tiene todavía dudas del papel que ha jugado y que sigue jugando el imperio yanqui en el tablero global, Noam Chomsky nos refresca la memoria en ¿Quién domina el mundo?, su último trabajo.

Son muchas las ideas que el pensador nacido en Pensilvania pone sobre el papel, todas ellas realmente interesantes para ayudarnos a contextualizar el momento en el que vivimos a aquellos que aún no peinamos canas. Chomsky toma en primer lugar la temperatura al mundo actual para, posteriormente, buscar el origen de sus males. Y la conclusión a la que llega es que el papel de los distintos gobiernos estadounidenses ha sido fundamental para cimentar y agravar algunos de los conflictos económicos, políticos y sociales que se han ido sucediendo a lo largo de la historia y que han desembocado en las actuales amenazas a nuestro futuro. «No queda mucho tiempo», advierte, tras lo cual da comienzo a la narración de algunas de las peores decisiones que ha tomado su país desde que consiguió la independencia de Gran Bretaña.

Es un trabajo fuertemente documentado, lo que queda demostrado con las casi 50 páginas de referencias bibliográficas que se incluyen al final del libro. Chomsky aporta su opinión, como hace en todos sus escritos, pero ésta siempre viene refrendada por estudios e investigaciones que, además de dar verosimilitud a sus postulados, son muy interesantes para ampliar la información sobre los datos que va aportando el autor. Y es que, a pesar de mi fuerte interés por la política internacional, tengo que confesar que varias de las referencias que se hacen durante el ensayo a personajes y acontecimientos del pasado he tenido que buscarlas para poder comprender mejor el texto.

Otro rasgo que queda muy presente en este libro es la dureza con la que Chomsky saca a relucir algunos de los episodios más oscuros de la política norteamericana; desde el intento de invasión de Bahía de Cochinos a la colaboración en el golpe de Estado militar en Chile de 1973 pasando por su apoyo a Israel en el desigual conflicto que mantiene con Palestina o las más recientes torturas a presos en Irak. Y destaca además una de las ideas que muchos llevamos apoyando desde hace mucho tiempo, y es la de que todos estos actos viles no son sentidos como tales por la clase política norteamericana, que considera realmente que su país está legitimado para imponer su idea del bien común en cualquier parte del planeta.

En ¿Quién domina el mundo? Noam Chomsky nos narra la auténtica American Horror Story; una excursión por las cloacas de la política estadounidense que ayuda a hacernos comprender, en un mundo con un rumbo cada vez más incierto, de qué posos vienen estos lodos.

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Se llama usted Michelle Martin, de Nicole Malinconi

Se llama usted Michelle Martin

Se llama usted Michelle MartinEn el año 1996, un trágico suceso conmovió al pueblo belga. Uno de sus vecinos, Marc Dutroux, fue detenido por haber secuestrado, violado y asesinado a varias niñas. Yo tenía once años por aquel entonces y no recuerdo nada de lo que se conoció como el “Asunto Dutroux”. No conocía este caso, pero desafortunadamente, en los años posteriores me ha tocado conocer algunos sucesos similares. Todos atroces, todos horribles y tremendamente duros. Sucesos que no deberían haber ocurrido jamás, sucesos que muestran la cara más feroz del ser humano; esa que no debería existir.

Marc Dutroux es un pederasta, un secuestrador, un maltratador y un asesino. En el transcurso de un año secuestró y violó a seis niñas de entre ocho y diecinueve años. Cuatro de esas muchachas fallecieron en uno de los sótanos donde Dutroux las escondía. Afortunadamente, gracias al testimonio de un joven que pudo identificar la furgoneta de Marc Dutroux, todos estos horrores salieron a la luz y este horrible monstruo cumple aún condena en la cárcel.

Pero este libro no trata sobre él y sus horribles crímenes. Se llama usted Michelle Martin es un libro escrito por la periodista belga Nicole Malinconi y está basado en las conversaciones que mantuvo durante un año en los vis a vis de la cárcel con Michelle Martin, la ahora ex mujer de Marc Dutroux. Michelle Martin cumple una condena de treinta años y fue ella misma quien, tras diez años de encarcelamiento y silencio, solicitó a la periodista Nicole Malinconi que escribiese un libro sobre su situación en la cárcel. La periodista aceptó el encargo y comenzaron las conversaciones en la cárcel. Estos encuentros se prolongaron durante más de un año y este libro es el resultado de aquellas conversaciones.

Sin embargo, este libro no es exactamente el libro que la ex esposa del monstruo Dutroux quería escribir. Ella tan sólo quería escribir sobre su situación en la cárcel, obviando todos los motivos que la habían llevado hasta allí. Por ello, cuando este libro salió a la luz, la propia Michelle desaprobó su publicación, pues pensó que podría perjudicar su petición de libertad condicional. Pero Nicole Malinconi, la autora, no podía dejar pasar de largo todas las preguntas que le corroían cada vez que mantenía las conversaciones con Michelle: ¿cómo había llegado ella a permitir los horrores que su marido había cometido?, ¿cómo una hija, una esposa y una madre podía ser cómplice de semejantes barbaridades?

La escritora no pudo obviar todas estas preguntas. Como buena periodista, como ser humano, quiso saber cómo una mujer podía haberse convertido en la cómplice de un monstruo, convirtiéndose al mismo tiempo, en un monstruo también.

Se llama usted Michelle Martin habla sobre la vida de Michelle, su complicada infancia, su sumisión a una madre déspota y su posterior sumisión a Marc Dutruox, su pareja, el perpetrador de los horrores. Michelle llega a decir que la sumisión que sentía hacia Dutroux era tal que es como si perteneciese a una secta. Sólo podía hacer lo que su marido le pedía, únicamente vivía por y para él, a pesar del maltrato y el horror. Michelle Martin sólo fue libre cuando él fue detenido. Entonces, cuando él ya no tenía ningún poder sobre ella, pudo hablar y confesar todo lo ocurrido.

Tras leer este libro, nos surgen las mismas dudas que a la autora. ¿Es posible que una infancia así condicione a un ser humano?, ¿cómo puede alguien ejercer tal sumisión a otra persona hasta el punto de convertirse en testigo y cómplice de los sucesos más horribles? Realmente es difícil encontrar las respuestas a estas preguntas. Además, todas ellas nos llevan a una cuestión aún más compleja: ¿cabe la redención en un caso así?

Este libro es mucho más que la historia de Michelle Martin. Es un libro que nos plantea un montón de interrogantes sobre la condición humana. Un libro para hacernos reflexionar.

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Panóptico, de Hans Magnus Enzensberger

Panóptico

PanópticoAlgún día confesaré que leo los libros de Malpaso solo por el olor de sus páginas. Pero no hoy. Hoy quiero hablaros de veinte ensayos recogidos en forma de libro todos con la misma firma, la del aclamado intelectual alemán Hans Magnus Enzensberger.

Cuando nos sueltan la palabra filosofía, o pensamiento, tendemos a sentir en nuestro interior una sacudida que nos echa para atrás, que nos frunce el ceño, que cierra las puertas a nuestra voluntad de comunicación. ¿No es así? Tiene una nube sobre sí la filosofía de dificultad, de pesadez, de cansancio si se dispone uno a leerla. Pues bien, tras estas afirmaciones que espero que no molesten a muchos, se nos planeta la siguiente pregunta: ¿es posible una filosofía clara, de fácil lectura, en la que el pensador no parezca estar a años luz de nosotros? Sí, claro que es posible. Eso mismo tenemos en los archifamosos Ensayos de Montaigne igual que en el libro del que hablo hoy: Panóptico. En él, Enzensberger coge temas cotidianos – la economía, la jubilación, la fotografía o el sexo – y los plantea. No hay mucho más que decir. Recuerdo que hace unos años leí Esto no es un diario de Zygmunt Bauman y tuve la misma sensación que al abrir estos días el libro de Enzensberger, algo que puede resumirse en una frase que aparece al inicio del libro, en el primer párrafo: «textos pequeños sobre temas gigantes».

Reconozco que me gusta leer filosofía y que a veces entiendo que esta parezca engorrosa, pero porque el pensamiento en sí mismo lo es. Y por ese motivo encuentro tan excepcional que existan pensadores capaces de sintetizar sus planteamientos en ensayos – como en este libro – que no superan las diez páginas. Enzensberger consigue aquí plasmarnos, de una manera extremadamente personal e irónica, sus reflexiones acerca de todo lo que le – y nos – rodea. ¿Por qué nos extrañamos cuando el autobús llega tarde pero no cuando llega puntual? ¿Qué es lo normal y por qué lo es? ¿Qué realidad vemos en una fotografía que en principio mimetiza lo que refleja? ¿Por qué ser atleta en la antigua Grecia estaba mal visto y serlo ahora es motivo de admiración? ¿Por qué nos obsesionamos con limpiar la suciedad si esta llega de forma natural, como si tuviera esencialmente que llegarnos? ¿Por qué somos los únicos animales que limpiamos nuestro entorno? ¿Por qué nos sentimos distintos y superiores cuando compramos un producto que lleva la etiqueta de “exclusivo”? ¿Es necesario el sexo?

Estos son algunos de los temas que plantea el intelectual alemán en su Panóptico – palabra a la cual le atribuye el significado del gabinete de curiosidades y horrores que inauguró en 1935 el artista alemán Karl Valentin -. Como digo, temas en formato ensayo que todos podríamos tener como conversación con cualquier amigo algún día sentados en un bar y teniendo como barrera entre uno y otro unas cuantas cervezas. Enzensberger se sienta a la mesa, pide unas cuantas copas, espera a que lleguen, nos mira y comienza a hablar. Enzensberger es aquí nuestro amigo y en el rótulo del bar se puede leer el nombre Malpaso. Esa es la magia de los libros. Para acabar, quizás estéis pensando que todo lo que he expuesto como temas son preguntas. Pero, ¿no es generar preguntas el objetivo de todo tema filosófico?

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El funambulista, de Jean Genet

el funambulista

el funambulistaDicen que un buen libro tiene más de una lectura y eso es lo que le pasa a El funambulista, de Jean Genet: un relato que se lee en apenas una hora, pero que daría para conversar una noche entera. Publicado por primera vez en 1958, se ha editado regularmente desde entonces, porque este poema en prosa que escribió Genet cuando tenía cuarenta y cinco años, para Abdallah Bentaga, de dieciocho, es una soflama atemporal y universal.

Las obras literarias no siempre han de contarnos una historia real o imaginaria —aunque seguramente vislumbremos alguna entre líneas—, sino que su principal razón de ser es provocarnos emociones. En El funambulista, a primera vista parece que Genet aconseja al joven Abdallah —hasta entonces, acróbata de suelo y malabarista— cómo afrontar el aprendizaje del sublime arte del funambulismo: has de amar al alambre, cuando nada te ate al suelo podrás danzar sobre él… Sin embargo, para cada lector, esa cuerda tendida sobre el abismo será una metáfora sobre otras cuestiones: ¿la vida?, ¿el amor?, ¿el arte?, ¿todo a la vez, quizá?

¿Acaso vivir no es ponerse en riesgo? ¿El amor no es entrega absoluta, aun a expensas de uno mismo? ¿El arte no es la belleza de la (aparente) perfección? ¿No actuamos todos ante un público que, unas veces, se tapa los ojos para no participar de nuestra caída y, otras, nos aplaude por nuestros actos excepcionales, para olvidarse de nosotros un momento después? El funambulismo como metáfora de la existencia; o de la no existencia, porque, como es obvio, la muerte —en toda la extensión de la palabra— está siempre presente: en ese abismo; en ese paso en falso; fuera del circo, en esos gestos cotidianos y anodinos… Genet se lo recuerda a Abdallah, o tal vez a sí mismo, ya que en un discurso tan pasional se camuflan sus propios sueños proyectados en la grandeza del otro, e incluso su soledad y fragilidad. Por lo que, por momentos, no sabemos si Genet sigue hablando del alambre y la peculiar realidad circense o de su ambigua relación con Abdallah, y es que seguramente ambas cuestiones estén suspendidas sobre un abismo al que tanto uno como otro temen caer.

Acompañado por un inspirado prólogo de Miguel Morey, cuya lectura es tan gratificante como la del relato en sí, y por un postfacio donde se comentan algunos datos de contextualización de la obra, El funambulista es una lectura breve (que no rápida) de poso largo, escrita con un lirismo que nos hipnotiza del mismo modo que el volatinero danzando sobre una cuerda de escasos milímetros de espesor. Y se convierte en uno de esos libros a los que es posible volver cada cierto tiempo para encontrar un mensaje diferente, una nueva reflexión existencial que había pasado desapercibida.

Dicen que no se lee nunca dos veces el mismo libro porque nosotros, los lectores, hemos cambiado cuando regresamos a él. Y si esto es cierto en la literatura en general, aún lo es más en El funambulista, de Jean Genet. Un relato que nos muestra el alambre y la vida como horizontes de tensa realidad y nos alienta a que los crucemos, asumiendo que vivir y morir no son sino una misma cosa.

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Sangre y pertenencia, de Michael Ignatieff

Sangre y pertenencia

Sangre y pertenenciaSería muy fácil hacer un análisis del título. Podríamos empezar con ese concepto tan apasionado e irracional como es “la sangre”, que es ese sitio donde los nacionalistas lo llevan todo: sus sentimientos, su historia, su cultura, su lengua, su cepillo de dientes y un par de mudas. Luego continuaríamos con el otro concepto, el de la pertenencia, igual  de apasionado e irracional, pero con el valor añadido de su infantilismo. “Esto es mío”. “Tú no eres de aquí”. Podríamos pasar después a analizar la acertadísima portada, pero entonces quizá no nos quedaría sitio para hablar del contenido del libro, que es brillante de principio a fin.

Sangre y pertenencia tiene también un jugoso subtítulo que, no tardamos en descubrir, es marcada y quizá involuntariamente irónico: “Viajes al nuevo nacionalismo”. La palabra clave aquí es, desde luego, “nuevo”. Nadie quiere saber nada del viejo nacionalismo, responsable de algunos de los momentos estelares del siglo XX y, por ello, desde hace tiempo completamente desacreditado. Nada que ver con el nuevo nacionalismo, parece sugerir ese subtítulo. Hasta que Ignatieff, apenas iniciado el libro, tranquiliza a este lector:

Con una ingenua ligereza, asumimos que el mundo dejaba atrás el nacionalismo irrevocablemente, el tribalismo, los límites provincianos de las identidades marcadas por nuestros pasaportes, de camino a una cultura global de mercado que iba a ser nuestro nuevo hogar. Visto ahora, silbábamos en la oscuridad. Lo que estaba reprimido ha vuelto, y su nombre es nacionalismo.

En este libro, que el autor escribió en 1993 a la par que se rodaba la serie documental de la BBC del mismo título, Ignatieff se propuso estudiar seis ejemplos de nacionalismo sobre los que apuntaban, a la sazón, los focos del mundo entero: Serbia y Croacia, tras la desintegración de Yugoslavia; Alemania, tras la reunificación; Ucrania, tras su independencia; Quebec, donde el independentismo llevaba décadas en constante aumento; Kurdistán, un pueblo dividido entre cinco países; e Irlanda del Norte, que ostentaba el triste récord de ser la democracia con más asesinatos politicos de todo el mundo.

Llegado este momento, hay que dejar que las ideas de Ignatieff se abran paso ante la interesada lectura de servidor, que, por si no lo habíais sospechado, tiene cosas más importantes que hacer que ser nacionalista: peinarme, hurgarme la nariz y asar castañas. Quiero decir con ello que sería injusto pensar que el autor se propuso escribir un libro contra el nacionalismo. Michael Ignatieff es un periodista y académico demasiado prestigioso como para dejarse llevar por prejuicios tan injustos como los míos.

Una de las premisas centrales de la obra es la que distingue entre el nacionalismo étnico, el de la sangre y el terruño, y el nacionalismo cívico, al cual se adscribe el mismo Ignatieff, hijo de ruso, canadiense de nacimiento, que ha vivido en varios países y está casado con una húngara. El nacionalismo cívico, según Ignatieff, mantiene que “la nación debe estar formada por todos aquellos que suscriben el credo político de la nación, independientemente de su raza, color, fe, género, lengua o etnia. (…) Se llama cívico porque considera a la nación como una comunidad de ciudadanos iguales, poseedores de derechos” [y es] “necesariamente democrático ya que la soberanía reside en todo el pueblo”. Palabras tan sensatas que todos intentan apropiárselas. Los nacionalistas étnicos más que nadie.

Es un gran acierto, pues, por parte del autor, definirse ideológicamente desde el primer momento y, a la luz de esa autodefinición, analizar seis casos de nacionalismo radicalmente diferentes unos de otros. Tanto es así que el libro sorprende, entre otras cosas, por su variedad. El acercamiento de Ignatieff a cada uno de los seis casos es diferente del anterior. En el caso de Serbia y Croacia, por ejemplo, da especial relevancia a la historia, mientras que en Alemania se centra en una interesante cuestión que nos plantea de esta forma:

Coja una nación y divídala en dos estados independientes. Asegúrese de que estos dos estados encarnen filosofías y formas de organización social opuestas. (…) Coloque un muro entre ambos estados e impida, tanto como sea posible, cualquier comunicación entre ellos. Transcurridos cuarenta y cinco años, retire el muro. Haga saber a la población que el experimento ha concluido y que en adelante son, de nuevo, una única nación.

¿Seguirían siendo una sola nación?

En todos estos viajes asistimos a escenas emocionantes, como cuando en Ucrania el autor viaja al pueblo donde vivió su abuelo y habla con personas que lo conocieron; escuchamos diferentes versiones de la situación de cada país, nos deleitamos con la claridad con que Ignatieff expone sus ideas y, sobre todo, aprendemos a entender (entender simplemente es casi imposible, ¿no?) el mundo actual, desde el Brexit hasta esos viejísimos populismos con nueva envoltura. Una lectura iluminadora y apasionante.

El futuro no es prisionero del pasado. Sólo los nacionalistas creen eso.

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Yo fui a EGB 4, de Javier Ikaz y Jorge Díaz

Yo fui a EGB 4

Yo fui a EGB 4Soy nostálgica desde siempre. Me encanta rememorar los viejos tiempos, guardar cosas de mi infancia, visionar de nuevo series y películas de los ochenta y noventa. Hace unos años, allá por 2013, descubrí el blog Yo fui a EGB y, como no podía ser de otra manera, me encantaron sus secciones: ¿Qué fue de…?, canciones de dibujos animados, juguetes ochenteros… Al poco tiempo, aprovechando el exitazo del sitio web, sus creadores publicaron el primer libro recopilatorio, que los reyes magos, que me conocen muy bien, me regalaron por Navidad.

Hoy, año 2016, tengo en mis manos Yo fui a EGB 4. Es evidente que la nostalgia está de moda. Las editoriales se han dado cuenta —o la han fomentado— y cada vez hay más libros que rememoran nuestros recuerdos. Pero creo que los principales responsables de esta moda son Javier Ikaz y Jorge Díaz, que no esperaban que su pequeño blog acabara siendo un fenómeno de internet y editorial.

Sí, soy una nostálgica, pero aun así, no he leído Yo fui a EGB 2 ni Yo fui a EGB 3 (aunque me gustaría). Al leer el cuarto volumen, inconscientemente lo he comparado con el primero, el original, que me pareció más variado y que tocó las principales teclas de mi nostalgia. Me pasé una semana atosigando a mis familiares y amigos con los recuerdos de juegos y costumbres escolares, programas y objetos ya desaparecidos, en los que no había pensado en los últimos veinte años y que Ikaz y Díaz habían rescatado del olvido con sus fotos y comentarios.

Yo fui a EGB 4 me ha gustado, aunque rememora varios temas que, por no formar parte de mi infancia en concreto, me han removido mucho menos. Y es que esta clase de libros no son una lectura sino una experiencia, por lo que el volumen que conmigo ha conectado menos puede ser el más evocador para otra persona. Pero, aun así, he sonreído página tras página: con el vocabulario ochentero, ese tan pasado de moda (y que yo uso de vez en cuando); con esas locuras que ahora nos resultan inimaginables por innecesarias, como alisarse el pelo con la plancha de la ropa (y sí, yo lo hice); con esa concha como jabonero o esa elíptica como perchero (objetos que perduran en casa de mis padres); con ese listado de precios en pesetas (¡ay! ¡cómo ha subido la vida!); con esas frases de carpeta que yo dediqué a todas mis amigas (menuda colección tenía) y esas cartas olorosas que conservo en algún cajón (y aún huelen, lo juro).

Yo fui a EGB 4 no solo nos hace recordar, sino que nos reta a demostrar nuestra memoria y la «secuelas» que nos han quedado de aquellos locos años, contestando a pequeños test. Y sí, por si no había quedado claro todavía, he constatado que a mí me quedan muchísimas. Además, como hay cosas que nunca deben caer en el olvido, también recopila recetas de los tradicionales postres de las abuelas y nos regala un parchís de Parchís, es decir, las fichas roja, verde, azul y amarilla son los integrantes del mítico grupo, sin olvidarse del dado, por supuesto.

Así que sí, lo reconozco: estoy encantada con que los chicos de Yo fui a EGB saquen uno, cuatro o veinte libros. Porque para mí es una gozada evocar los recuerdos y reírme de la niña que fui. Seguramente esta moda acabe pasando, pero para mí ya no hay solución: me hago mayor y la nostalgia se agrava con los años.

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La virgen roja, de Bryan y Mary M. Talbot

La virgen roja

La virgen rojaDesde hace algunos años, la novela gráfica ha empezado a salir de la introspección autobiográfica y la ficción más fantasiosa para adentrarse en la vida de los demás y la historia de otros lugares. Ahí están, por ejemplo, las impagables crónicas de Joe Sacco, los reportajes de Emmanuel Guibert, o las biografías de A. Dan y M. Le Roy. La pareja formada por Mary M. Talbot y su marido Bryan han publicado tres biografías consecutivas que han cosechado premios y encendidos elogios, y hoy os traigo la última de ellas.

La virgen roja nos habla de un breve episodio de la historia que pudo cambiar el curso de ésta y que, como tantos, quedó en sueño roto o en pesadilla exorcizada, según a quién preguntéis. Hablamos de la Comuna de París, que, pese a su relevancia y a que sucedió hace apenas siglo y medio, no es una historia muy conocida por estos lares.

Lampedusa acuñó esa frase inmortal de “que todo cambie para que todo siga igual”, y eso es algo que acostumbra suceder con las revoluciones. Así, en Francia se decapitó un rey para que acabara ocupando su lugar un emperador, Napoleón III. En ésas estamos cuando una serie de sucesos en los que, por pereza y desconocimiento, no vamos a entrar, condujo en París a un efectivo vacío de poder del que se aprovecharon los obreros, los antimonárquicos, los anarquistas y las milicias ciudadanas para instaurar la Comuna de París, que anarquistas y comunistas se disputan desde entonces como el primero de sus triunfos. El personaje más carismático de aquella Comuna fue la educadora, poeta y líder social Luoise Michel, conocida como la Virgen Roja.

De manera un tanto desconcertante, Mary Talbot, la guionista, decide abrir y concluir esta excelente novela gráfica con un curioso personaje histórico, Franz Reichelt, un sastre austriaco destinado a un trágico final. La figura de Reichelt, a quien no vemos más que en esos dos momentos, sirve quizá a Talbot para acentuar el valor y la abnegación de Michel. Tanto uno como otra han sido definidos de manera errónea como soñadores, cuando en realidad ambos dieron una patada a los sueños y se lanzaron de lleno a la lucha con la realidad, aun a riesgo de perder la vida. Quiso el destino, injustamente o no, que uno de ellos pasar a la historia como una mera nota a pie de página que dice “loco”, y que la otra, de manera indiscutible, se convirtiera en una leyenda de la lucha en favor de los oprimidos.

Pocas personas son capaces de ser consecuentes con sus ideas y principios hasta el punto de sacrificar su bienestar, su libertad y su ida. Louise Michel, arrestada por incitación a la violencia, entre otros cargos, exigió al tribunal que la juzgó que la condenara a muerte, y lo hizo con unas palabras que han pasado a la historia y que las ilustraciones de Bryan Talbot hacen aún más memorables.

Dado que parece que todo corazón que late por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte. Si me dejáis vivir, no dejaré de clamar venganza…

El tribunal, sin embargo, decidió deportarla a Nueva Caledonia, donde Michel continuó con su lucha al lado de los desfavorecidos.

Con un gran sentido narrativo, una estructura en flashback enmarcada dentro de una conversación que tiene lugar precisamente el día de su funeral, con sus excelentes ilustraciones que hacen uso de apenas cuatro colores, y con unas interesantísimas notas finales, La virgen roja es una gran lección de historia en forma de novela gráfica.

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