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DAN-SHA-RI: ordena tu vida, de Hideko Yamashita

DAN-SHA-RI: ordena tu vida

DAN-SHA-RI: ordena tu vida¿Que qué hago leyendo esta clase de libros? Tranquilos, todo tiene una explicación. No me gustan los libros de autoayuda, partamos de esa base. Y aunque se empeñen en decir que DAN-SHA-RI: ordena tu vida no es un libro de autoayuda sí lo es. No sé qué les costaba admitirlo, no tiene nada de malo. Es que, a ver, un libro que reza “Quédate solo con lo necesario… ¡y encuentra la felicidad!” no puede entrar en otro género. Pero bueno, han querido venderlo como un libro anti-autoayuda, un libro diferente que nos abrirá los ojos de otra forma. Pues vale. Yo lo seguiré denominando de autoayuda, soy así de cabezota.

Y diréis que si no me gustan esta clase de libros, qué hago yo reseñándolos, ¿verdad? Pues es que soy una cotilla y tenía curiosidad por saber qué podría aprender de un libro que ha vendido más de cuatro millones de ejemplares en todo el mundo. La segunda razón por la que leí este libro es porque trataba de hacer un experimento social conmigo misma. No me da vergüenza decirlo: soy muy desordenada. Una vez leí que la gente desordenada es así desde niño y que básicamente todo está en nuestro cerebro y es algo difícil de cambiar. La verdad es que no sé qué base científica puede tener esa afirmación, pero al menos sirve de consuelo. ¡Eh, yo no soy la desordenada, es mi cerebro que funciona así!

Más que desordenada yo sufro lo que podríamos denominar como “expansión del aura”. ¿A que suena genial? Dentro de poco escribo yo un libro de autoayuda. Allá donde voy, mi aura se expande. Si estoy en un bar dejo mi bolso, la pitillera, el teléfono, la agenda y todo esparcido a mí alrededor. Así me expando. Lo mismo me ocurre en casa, en el trabajo y en sitios ajenos. No lo puedo evitar, me gusta expandirme inconscientemente. La gente que me conoce lo sabe. Sabe que soy desordenada y, a veces, me dejan ser. Otras, como cuando era pequeña, trataban de corregirme. Supongo que algo habré mejorado durante todo este tiempo, pero sigo siendo desordenada, me temo. El único orden que hay en mi vida son los libros y el papeleo. También la escritura me sirve para ordenar mi caótica cabeza.

En fin, viendo el panorama, ahora entenderéis por qué he querido experimentar con este libro. Antes de deciros si ha tenido algún éxito en mi persona os hablaré de él y de su autora.

La japonesa Hideka Yamashita tuvo una revelación al visitar un templo y de esa revelación  surgió el DAN-SHA-RI. Os explico qué es: DAN significa cerrar el paso a cosas innecesarias que tratan de entra en nuestra vida, SHA supone tirar los trastos que inundan nuestras casas. El resultado de estos dos actos es el RI, un “yo” despegado de las cosas que vive en un espacio sin restricciones, en un ambiente relajado. Desde aquella revelación, esta autora se dedica a impartir seminarios y charlas sobre este novedoso método con bastante éxito, la verdad.

Básicamente, y resumiendo un poco, lo que se pretende con este método es cambiar nuestra relación con las cosas y dejar de dotar a los objetos de tanta importancia. Ordenar y clasificar consiste en deshacerse de los objetos que no necesitamos. Para ello, debemos preguntarnos qué relación tiene ese objeto con nosotros en este presente. ¿Realmente lo necesitamos? Si la respuesta es negativa, es hora de deshacerse de él. No hay por qué tirarlo, puede reciclarse o regalárse a alguien que pueda darle un uso adecuado en este momento. De esta forma aprendemos a valorarnos a nosotros mismos, seleccionando los objetos que realmente necesitamos, objetos de una calidad digna para nosotros. Esto es principalmente lo que viene a decir el método. Se supone que el DAN-SHA-RI nos ayuda también a cambiar otros aspectos de nuestra vida, como se cuenta en los ejemplos que aparecen en el libro.

DAN-SHA-RI: ordena tu vida no ha funcionado conmigo. No me han entrado ningunas ganas locas de ordenar mi casa, ni mi vida. Quizás necesite tener mi propia revelación en un templo o, mejor, en un bar. O quizás funcionen mejor conmigo aquellas frases de madres que todos hemos oído alguna vez: ·¡Como no ordenes tu habitación no sales de casa!” O mejor aún, aquella zapatilla voladora que amenazaba con ponernos el culo colorado desde el final del pasillo. Ese sí que era un buen método.

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Los excesos del género, de Geneviève Fraisse

Los excesos del género

Los excesos del géneroHoy os hablo de un libro de ensayo no demasiado largo, pero de gran alcance en nuestra historia de la filosofía y de la teoría feminista. Se trata de Los excesos del género, concepto, imagen y desnudez, escrito por la francesa Geneviève Fraisse. Esta autora es una historiadora y filósofa pionera en el campo de los estudios de género. Ha sido también delegada interministerial por los derechos de las mujeres y diputada al Parlamento Europeo como miembro independiente de la izquierda unitaria europea. Una mujer que ha dedicado toda su vida a los estudios filosóficos en el ámbito del género y del feminismo y que ha escrito más de una decena de libros y ensayos. Una mujer realmente interesante.

Los excesos del género ha sido publicado por la editorial Cátedra dentro de su colección de libros de filosofía y de teoría feminista. El título de este ensayo nos desvela, en cierto modo, sobre qué trata el libro. La introducción, escrita por Isabel Morant, es ciertamente esclarecedora. En ella, Isabel nos introduce el concepto que Geneviève Fraisse nos expone en su libro, así como las principales ideas relacionadas con su teoría.

¿De qué trata este libro?, ¿Qué intenta explicar la autora en él? Este ensayo trata, principalmente, sobre la polémica que suscitan las palabras sexo y género, además de una crítica a los estereotipos y a la desnudez en la política. Geneviéve defiende la sexuación del mundo en el ejercicio del pensamiento. Es decir, la autora cree que una nueva mirada sobre el mundo puede permitir el reconocimiento, y la representación, de que los sexos hacen la historia, y que la historia es sexuada. Debemos aceptar, pues, que el género no anula el sexo, aunque esta última palabra adquiera en el lenguaje y en la vida académica una descalificación y una reducción a lo sexual. Sin embargo, la palabra sexo es excesiva en amplios conceptos y por ello la autora cree que persistirá en el lenguaje. De ahí la importancia en utilizar la palabra sexo en el léxico de la investigación, pues sexo es mucho más que la sexualidad.

Es curioso que el creador de la palabra feminismo fuera un médico que en el siglo XIX la utilizó para calificar a un joven cuyo desarrollo, femenino, se había detenido. El lenguaje político, en cambio, pasó a utilizar el término para designar a la mujer que lucha por sus derechos de virago. Cien años más tarde, será el leguaje médico el que formalice el término género para referirse a los seres que no encajan en la clasificación mujer y hombre: los intersexuales y transexuales.

Se estudia también en el siguiente ensayo la imagen del cuerpo desnudo como lenguaje de la emancipación y es que el cuerpo puede ser portador de un lenguaje político. Por ejemplo, el grupo de activistas feministas Femen usa sus cuerpos desnudos, escribiendo sobre ellos mensajes sexuales, políticos e incluso guerreros. El cuerpo es aquí un lenguaje y ya que puede usarse para el lenguaje político, la autora opina que debe ser considerado con más detenimiento. Mujer-desvelamiento-verdad, una ecuación que establece un vínculo entre la verdad asociada a la desnudez de un cuerpo femenino y la verdad social y política oculta.

El feminismo es en sí mismo excesivo por dos motivos: habla de las sexualidades  y combate las desigualdades. Dos grandes tabúes a los que este movimiento se enfrenta.

Los excesos del género es un libro para aprender, para conocer nuestra historia y comportamiento, para esclarecer el debate entre las palabras sexo y género. Iba a decir una tontería. Pensaba escribir que quizá no sea un libro para todos los públicos, por aquello de que se trata de un ensayo filosófico bastante específico. Pero realmente es una gilipollez. Si hay alguien que no sea capaz de leer este libro, es porque realmente no está interesado en este tema. Y eso es una pena. Así que, ya sea ensayo, filosofía o debate, tanto el tema que trata el libro como las reflexiones de la autora son totalmente recomendables.

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Lost in Translation, de Ella Frances Sanders

Lost in translation

Lost in translationTengo varias editoriales fetiche (no diré cuáles, pero si leéis mis reseñas encontraréis una pista). Lo que sí voy  a deciros es que la editorial Libros del Zorro Rojo está entrando en esa lista a pasos agigantados. ¿Por qué? Porque saca libros ilustrados (one point), porque rescata clásicos (two points) y porque publica libros originales y bonitos (three points!). Así que: ¡enhorabuena, Libros del Zorro Rojo!, ¡Moláis!

El libro del que hoy os hablo, Lost in translation, me toca la patata y me trae recuerdos de cuando una era universitaria y asistía a más cafeterías que clases en Granada. A pesar de que la carrera me la saqué en todas esas cafeterías, (¿verdad, querida Carmen?) y que disfruté de más becas Erasmus que un estudiante al uso, al final acabé siendo Licenciada en Traducción e Interpretación. ¿Vosotros os acordáis de los motivos por los que elegisteis vuestra carrera o profesión? A mí siempre se me han dado bien los idiomas. En el instituto hacía una labor social muy grande y altruista dejando que algunos compañeros copiaran mis exámenes de inglés para poder aprobar. Total, a mí no me costaba nada. Aunque ahora que lo pienso debería haber copiado yo sus exámenes de matemáticas, porque eso sí que se me daba mal. El caso es que durante mis años de instituto estudié inglés y francés, y como me interesaban mucho las palabras, los idiomas y las culturas decidí estudiar Traducción e Interpretación. Durante la carrera he estudiado varias lenguas: portugués, catalán, inglés, gallego, francés y hasta tres clases de chino (no era lo mío). Parece que esto sea Linkedin y que esté ofreciendo yo mis servicios (oye, que si alguien quiere contratarme como traductora, aquí estoy), pero en realidad todo este tostón que os he contado es para justificar porque me emocioné cuando supe que la editorial Libros del Zorro Rojo publicaba un libro titulado así.

Lost in translation (no tiene nada que ver con la genial película de Sofía Coppola), es un librito escrito e ilustrado por Ella Frances Sanders. Ya en la portada podemos leer lo que nos vamos a encontrar entre sus páginas: un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo. Comprenderéis ahora que, como traductora, me parece un libro realmente curioso. Siempre me han gustado esas palabras que no tienen traducción, que sólo existen en determinado idioma y que nos cuesta, de algún modo, explicarlas en otras lenguas. Como se dice en la introducción del libro, es fascinante que en un mundo tan conectado e intercomunicado, todavía existan palabras de este tipo. Palabras que hacen que nos perdamos en la traducción tratando de explicarlas. Es realmente curioso, ¿verdad?

Lo bueno de estas palabras intraducibles es que consiguen poner nombre a sentimientos que ni siquiera podemos explicar en nuestra propia lengua. Estoy segura de que cuando las leáis os sentiréis identificados con lo que quieren expresar y alguna vez habéis sentido la necesidad de que esa palabra existiese. Están ahí, esas palabras existen, aunque puede que en idiomas tan desconocidos para nosotros como el finés, el urdu o el yidis.

Voy a deciros mis favoritas. Cuando leáis el libro, seguro que encontráis las vuestras propias.

En Neerlandés existe el adjetivo Gezellig, que sirve para definir algo que es mucho más que íntimo o acogedor, una sensación de calidez muy placentera que connota el tiempo compartido con los seres queridos. Preciosa, ¿eh?

Kilig, es un sustantivo que se usa en Tagalo para definir algo que todos conocemos: esa sensación de tener mariposas revoloteando en nuestro estómago.

En griego, el adjetivo Meraki, significa entregarte con todo tu corazón a algo, como cocinar, y hacerlo desde el alma, con creatividad y pasión.

La palabra Boketto significa en japonés perder la mirada en la lejanía sin pensar en nada en particular. La traducción más parecida es empanarase. Y a la menda le pasa mucho.

El verbo sueco Fika también me encanta: reunirse en torno a un café y algo dulce para darse un respiro de la rutina y charlar durante horas.

Lost in traslation es un libro que recomiendo sobre todo a los curiosos, a los amantes de las palabras y sus significados. Os gustará.

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Textos críticos, de Thomas Mann

Textos críticos

Textos críticosTodo el que me conoce o sigue mis lecturas sabe que uno de mis libros favoritos es La muerte en Venecia, un libro que he leído en varias ocasiones y que además he trabajado en profundidad tanto con mi club de lectura como con otros grupos de trabajo literario; por él llegué al autor y por el autor llegué a La montaña mágica. Más que los autores me gustan los libros en particular, pero he de reconocer que cuando se habla de Thomas Mann, hablamos de un autor completo, un autor de esos que no escandalizaría que se le diera el de Nobel de literatura en su día.

Está claro que cuando aparecen en España estos Textos críticos de la mano de Navona no puedo dejarlos pasar por alto, debo y quiero leerlos, y anticipando que no ha sido una lectura sencilla de entrada, cosa que desde luego ya imaginaba, si les tengo que decir que me ha dejado maravillada. Por cómo escribe, pero sobre todo por lo que escribe, por la pasión que pone en lo literario, por su esfuerzo para comprender el sentido de la vida, por su inmensa formación cultural y humana, y naturalmente, por la capacidad para transmitir todo ese saber dando en particular a cada lector lo que puede asimilar en su lectura.

Así pues, si conocía algo de la biografía del autor y había leído algunos de sus libros, no podía ni imaginar lo que iba a encontrar entre estos textos seleccionados entre los más importantes ensayos del alemán que escribió a lo largo de su vida. De ser y existir hoy, no duden que no habría mejor crítico literario.

Textos en los que se adentra en los mundos que más le fascinan y mejor conoce: la filosofía, la política y la literatura. Y es por ello que encontraremos un análisis en profundidad de uno de los personajes que más marcó la formación del autor, y será por ello que la editorial inicia estos textos con un ensayo íntegro sobre Schopenhauer que leí con auténtica pasión y no precisamente porque sea una seguidora del filósofo, sino por la propia reflexión que de sus teorías hace Mann.

“La verdad y la belleza deben remitirse la una a la otra; tomadas por separado y sin el soporte que cada una encuentra en la otra se quedan en valores muy inestables…”

Tampoco falta en esta obra su maestro, Friedrich Nietzsche, y ahora sé un poco más de él y es posible que incluso lo entienda un poco mejor.

El prologo a una novela de Joseph Conrad me ha parecido de lo más interesante y literariamente intenso. Pero siendo yo reseñista no puedo pasar por alto el especial cariño que he puesto en la lectura de sus críticas o reseñas sobre los libros de Knut Hamsun.

Y he de reconocer que me ha sorprendido muy gratamente, el libro es el protagonista pero el pensamiento de Mann y su propio sentir tras la lectura de su adorado Hamsum es lo que prevalece. Nada le incomoda hablar de él con el extremado cariño que le profesa, desde el amor que siente por él por haber sido quien le hiciera amar la literatura… ¿Se puede ser más sincero y honesto al mismo tiempo que se conserva la objetividad? Se puede, lo sé, porque sería como cuando yo misma hablo de Mann, nada de lo que les diga será nunca comparable a lo que realmente merece que se diga de él.

Dejo para el final la conferencia en la que habla sobre La montaña mágica, porque en ella habla de él, de su vida, de su familia, de sus pensamientos, sobre lo que creyó que iba a ser y lo que realmente fue… Así, como la vida y la literatura, una sorpresa, una guerra de por medio, y el escritor que crece como hombre, como ser humano que siente y piensa. Dice Mann que la cultura, la intelectualidad, no puede ser apolítica; que la mente y la política van de la mano, así lo creo yo y así debe ser.

Sé que a los amantes del autor ya los tengo convencidos ¿Y a usted?

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El universo en tu mano, Christophe Galfard

El universo en tu mano

El universo en tu manoTenéis que leer este libro. Siento ser tan vehemente pero, si sentís un mínimo interés por el mundo que os rodea, tenéis que leerlo. Si sois de letras, tenéis que leerlo. Si sois de ciencias, también tenéis que leerlo. Si todavía tenéis un poquito de respeto por el niño que fuisteis y que se preguntaba por qué brillaban las estrellas, tenéis que leerlo, regalarlo, prestarlo y comprárselo a vuestros hijos, sobrinos o cualquier adolescente que tengáis a mano.

Hasta aquí la recomendación apasionada. Ahora me preguntaréis, ¿pero por qué tenemos que leer el dichoso libro?

No es una pregunta difícil. Tenéis que leer El universo en tu mano porque da respuestas. Porque te hace viajar con la mente hasta lugares a los que la tecnología humana no puede llegar. Porque es una cruzada científica contra las falsas verdades sobre el universo y la física que llevamos siglos repitiéndonos (¿os han dicho alguna vez eso de que “todas las estrellas que vemos están muertas”? Pues no es así). Porque ves, realmente ves, con los ojos de la imaginación, estrellas, planetas y agujeros negros. Porque te ríes un montón. Porque aprendes todo lo que no fueron capaces de enseñarte en el instituto y sin tener que empollar páginas y páginas de texto que no comprendes. Y, el argumento definitivo, porque surfeas sobre un asteroide.

En los agradecimientos de El universo en tu mano, Christophe Galfard, físico teórico, discípulo de Stephen Hawking y autor de este libro, dice que le propuso a su editora lo siguiente: escribir un ensayo que contara de manera divulgativa todo lo que sabemos del universo desde el Big Bang hasta hoy. Y, sorprendentemente, ella no le dijo que estaba loco, sino: adelante.

Y fue una suerte. Por que el objetivo del ensayo es colosal. Pero Galfard lo cumple holgadamente. Te coge de la mano y te lleva a galaxias lejanas, le da la vuelta a la idea que tenías sobre la gravedad, te explica la teoría de la relatividad comparando el sol con una pelota pesada sobre una lámina jabonosa, convierte planetas en canicas y agujeros negros en ensaladeras girando a toda velocidad, te pasea con jarrones horteras por el espacio, salta contigo al interior de un protón y vuela por los aires tu concepción del tiempo y el espacio. Y, lo más importante, hace que parezca todo muy fácil.

Otro argumento a favor del El universo en tu mano es que es precioso (la cubierta, el papel, el diseño de interior) y está muy bien trabajado (la traducción, la edición, la maqueta…). Solo puedo agradecer a los editores de Blackie Books que hagan tan bien su trabajo. Instrumental fue uno de los mejores libros que leí en 2015 y El universo en tu mano ha entrado con honores en la lista de 2016.

Pero no todo es bueno. He leído por ahí, creo que en prensa, que El universo en tu mano se lee como una novela. Aquí he de decir que exageran. Es cierto que es un libro ameno y que Galfard se las ingenia para contarnos todo lo que se sabe sobre el universo usando solo una ecuación (E=mc2). También es cierto que usa ejemplos desternillantes (ya lo habéis visto) y que te arranca muchas sonrisas (en un momento llega a decir que todos somos, literalmente, polvo de estrellas, que no es una exageración poética). Pero no es una novela y, por muy apasionante que sea la historia del universo, no es un thriller. Es un ensayo en el que se explican conceptos complejos y hay que dedicarle atención y tiempo. A mí eso me encanta, pero habrá gente que prefiera leer otras cosas.

El universo en tu mano no es el libro que coges cuando estás medio dormido a las dos de la mañana para leer un par de páginas antes de caer rendido con la luz de la mesita encendida. Si hacéis eso, seguramente lo dejaréis. Mi consejo es que cojáis el libro un domingo por la mañana, con la casa en silencio, una taza caliente entre las manos y un par o tres de horas por delante. Así, a grandes sorbos, disfrutareis del ensayo, viajaréis con Galfard a lugares en los que nunca podréis poner los pies y os iréis a la cama sabiendo algo nuevo.

Por último, quería decir algo a todos los profesores de instituto que estén leyendo esta reseña. Usad este libro en clase. Este es el mejor libro de texto que se podría haber escrito para las asignaturas de Física y Ciencias de la naturaleza. Echadle un ojo, regaládselo a vuestros compañeros. Galfard contagia su pasión por la ciencia en este texto. Dejad que se la contagie a vuestros alumnos. No hoy, ni mañana, ni en un año, pero os lo agradecerán.

Laura Gomara @lauraromea

 

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Prosa del observatorio, de Julio Cortázar

Prosa del observatorio

Prosa del observatorioAl ver que una editorial se lanza con un libro desconocido para muchos de un autor célebre es inevitable pensar en que se está usando su nombre para vender sus libros sin centrarse en la calidad de estos. Probablemente por ese motivo quise leerme este. Como amante de la escritura de Cortázar, quería ver si esto no era una mera herramienta para seguir usándolo como causa de grandes ventas. Si habéis seguido mi camino en la web, seguro que ya os habéis fijado en que muchas veces – la mayoría – me equivoco en mis predicciones. Aquí no iba a ser distinto.

Prosa del observatorio, libro que mezcla la prosa cortazariana con fotografías tomadas por el propio escritor en su visita al observatorio de Jaipur (India), es un reflejo breve – pero extenso en el recuerdo que deja – de todo lo que contiene la escritura del escritor argentino nacido accidentalmente en Bruselas. Como digo, encontramos fotografías en blanco y negro impresas en papel grueso e intercaladas en el texto del observatorio estelar que construyó el sultán Jai Singh en el siglo XVIII para ver lo que Cortázar llama la «interminable lluvia de abejas de medianoche». A partir de ellas, Cortázar da inicio a una cascada de palabras con su sello más característico impreso. Esa prosa poética que a tantos lectores – que luego algunos han sido grandes escritores – enamoró y que sigue enamorando. De las estrellas y su configuración en el cielo para pasar al mundo de las anguilas y su evolución, su cambio de hábitat, su devenir vital. Todo ello cohesionado por la figura central del sultán Jai Singh, ese «hombre que de pie dialoga con los astros» atento al alba, a la «noche pelirroja».

Cortázar entona en este libro un grito que pide huir de la hiperdefinición, de un mundo donde la etiqueta, el número y el dogma es esencial para vivir. Él se dirige a la Dama Ciencia para quejarse, para expresar el desagrado que le produce sentir que nada puede sentirse ya, que todo parece estar estudiado, tratado, encuadrado en una visión cerrada y conclusa. Cortázar busca romper esa solidez de la cosmovisión humana, busca reivindicar la porosidad de la vida, el carácter rizomático del saber, del comprender, del vivir. Sí, Prosa del observatorio es también una queja a la sociedad en la que él se encuentra, es una queja a científicos concretos, al mundo en general; es una oda a la Naturaleza y su configuración azarosa, inaccesible a un entendimiento humano que busca, desde siempre y para siempre, abarcarlo todo.

Pero la queja, como todo en el universo cortazariano, tiene su visión positiva. Y es que para el escritor argentino hay salida, hay esperanza de apertura de brazos y mentalidad ante algo que nos rodea día a día, que es parte imprescindible de nosotros. El entorno, esa diana para el ojo de Cortázar, es un mar en el que bañarse y disfrutar de todo lo que nos ofrece; es, como piensa el escritor si decidimos hundirnos en ese mar de belleza infinita «algo así como un golpe de ala, un descorrerse, un quejido de amor y entonces ya, entonces tal vez, entonces por eso sí».

Si todavía no lo habéis hecho – cosa que envidio porque será una novedad total que yo ya no voy a poder vivir nunca más –, leed a Cortázar, de verdad. Y no es una obligación, es la invitación a la mayor fiesta literaria que no ha habido jamás.

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Últimos testigos, de Svetlana Alexiévich

Últimos testigos

Últimos testigos«¿Qué es mejor: recordar u olvidar?».

¿Para qué hablar una y otra vez de la Segunda Guerra Mundial? ¿Para qué rememorar continuamente las atrocidades de ese episodio de nuestra historia reciente si ya no podemos ponerle remedio? ¿Para qué ensalzar o criminalizar a uno u otro bando, si lo pasado, pasado está?

«Repaso los recuerdos de la guerra para comprender. Si no, ¿para qué sirven los recuerdos?».

Comprender. ¿Es posible? ¿Leer cientos de páginas nos hará entender a esos hombres que torturaban y mataban a sus semejantes?, ¿que pasaban de fusilar a una familia entera a jugar con un perro?, ¿que se entretenían aterrorizando a una niña, volando con su bombardero cerca de ella?

«¿Sigue vivo aquel piloto? ¿Cómo son sus recuerdos?».

Imposible imaginarlo. Nada hay más desconcertante que el ser humano: capaz de lo mejor y de lo peor, incluso en la guerra. Pero, aunque nunca lleguemos a comprender ni una mínima parte de tanto sufrimiento y maldad, es necesario leer esas páginas que nos hablan de lo que sucedió, porque olvidarlo sería cometer una injusticia más.

«¿Eso es todo? ¿Todo lo que ha quedado de aquella pesadilla? Solo unas cuantas docenas de palabras…».

Últimos testigos, de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexiévich, es un libro que recoge los testimonios de decenas de bielorrusos que vivieron la guerra siendo niños, y es, para mí, una obra imprescindible sobre ese periodo histórico. Ni Hitler, ni los aliados, ni grandes y decisivas batallas: solo la realidad de unos niños que tuvieron que luchar y sobrevivir en una guerra que llegó una mañana cualquiera, quemando su casa y matando a sus padres en la mayoría de ocasiones.

«Vi cosas que no se deben ver… Cosas que un ser humano no debe ver. Y las vi siendo niño…».

Encabezados con una frase, el nombre, la edad que tenían cuando comenzó la guerra y la actual profesión, Svetlana Alexiévich enlaza los testimonios de unos y otros, dando una identidad individual a todos y remarcando, con ese apunte a su actual profesión, que ellos sí pudieron tener un futuro, a pesar de las pérdidas, las hambrunas, la orfandad, las torturas.

«La gente que no ha visto a una persona matando a otra es otro tipo de gente».

Los niños de la guerra no fueron niños cualesquiera porque no les dejaron tener infancia. Han tenido que cargar con secuelas de por vida, pero también aprendieron a ver el mundo con otros ojos: en toda su crudeza y con una inconcebible compasión.

«Mi hermano y yo crecimos entre gente desconocida. Nos salvó gente desconocida. Pero ¡si no son desconocidos! Toda la gente es familia. Vivo con esa sensación, pero a menudo me decepciono. La vida en tiempos de paz es otra cosa…».

Niños que vieron a su familia morir frente a ellos y niños que mataron. Niños que daban lo poco que tenían de comer a un soldado alemán hambriento y niños que utilizaban los cadáveres congelados de los nazis como trineos. Últimos testigos es un libro lleno de contrastes, donde las frases lapidarias se suceden sin parar, pues no hay imagen más precisa que aquella que describe la emoción vivida y grabada en la memoria.

«La guerra tardó mucho en acabar… Dicen que cuatro años. Durante cuatro años nos dispararon… ¿Cuánto tiempo nos llevó olvidarla?».

Svetlana Alexiévich traza un hilo conductor entre los recuerdos de los entrevistados a través de preguntas que quedan implícitas en los discursos: ¿qué recuerdos tienes de antes de la guerra?, ¿qué dejó una huella más intensa en tu memoria en aquellos días?, ¿tenías algún sueño?, ¿qué te quedó del orfanato? El resultado es un retrato abrumadoramente sincero, tanto de la realidad cotidiana del aquel episodio bélico como de la forma de vida de las familias bielorrusas de la época.

«No grites, boba. El Führer os está liberando de Stalin».

Últimos testigos es, en definitiva, un necesario homenaje a los últimos supervivientes de la Segunda Guerra Mundial y una puesta en valor de sus recuerdos y reflexiones.

«Somos los últimos testigos. Nuestro tiempo se acaba. Tenemos que hablar… Nuestras palabras serán las últimas…».

Nunca está de más un nuevo intento de comprender el pasado si así aprendemos a actuar en el presente, recordando que hoy en día también hay millones de niños que son testigos y víctimas de guerras, para que dentro de cincuenta años no nos demos cabezazos al escuchar los testimonios de sus supervivientes. Porque con ellos estamos a tiempo de cambiar su futuro. Porque, con ellos, el olvido no es solo injusticia, sino crimen.

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Relatar lo ocurrido como invención, de Manuel García-Carpintero

Relatar lo ocurrido como invención

Relatar lo ocurrido como invenciónA mí me pasa, y pienso que a muchos de los que leáis esto también. Es leer El Quijote o Alicia en el País de las Maravillas o incluso ver un capítulo de Los Simpson, por poner algún ejemplo, y darte cuenta de que detrás de la primera capa de ficción hay una verdad importante – o más de una – que se queda en forma de poso en tu mente como el rastro de color rojizo que deja en los labios un vino viejo. Pero, ¿cuántas veces nos preguntamos acerca de esa verdad que emana de la ficción? Pocas, seguro. Pero para eso están los libros, para hacernos pensar en cosas en las que sin ellos no lo haríamos, en hacernos ver cosas que sin ellos serían imposibles de ver. Este es uno, y nos hace pensar, y mucho, en la ficción y todo lo que la rodea: Relatar lo ocurrido como invención, de Manuel García-Carpintero, publicado por Cátedra en su colección Teorema.

Al igual que el último libro que reseñé de esta misma colección – El autoengaño desenmascarado, de Alfred R. Mele – aquí el autor busca comprometerse con su materia de estudio sin dejar de lado el uso de referencias y el aporte de teorías ajenas. Como comentaba, aquí se trata pura y profundamente el tema de la ficción. ¿Qué es lo que nos hace saber, dentro de nuestra mente, que Cide Hamete Benengeli no es el verdadero autor de El Qujote? ¿Cómo llegamos a diferenciar la verdad de la mentira dentro de la ficción? Temas como estos son los que busca explicar a los lectores García-Carpintero siempre intentando suavizar la teoría filosófica o lingüística con ejemplos sacados de obras tanto contemporáneas como clásicas. Con un recorrido previo por las teorías del lenguaje que se centran en los actos de habla – Grice, Austin, Williamson, etc. –, seguido por la relación entre estos y el discurso de la ficción, para ya adentrarse de lleno en el mundo ficticio; Relatar lo ocurrido como invención es el manual con el que dar el primer paso a la reflexión acerca de la ficción: de su verdad, su mentira, sus mecanismos de creación, sus facetas dentro de la narración, etc. Solemos asumir que nuestra mente sabrá caminar inconscientemente por la ficción y que será ella la que de forma involuntaria por nuestra parte nos avise de los peligros que tiene lo que estamos leyendo. O que gracias a ella caminaremos seguros sabiendo que lo que tenemos delante no es creíble, o sí, o que no puede ser verdadero o que sí. Pero asumir esto puede ser peligroso.

Hay veces incluso en que la ficción narra algo que no es ficticio, o que lo que no es ficción narra hechos ficticios. Dilemas como estos son algunas de las propuestas de un libro que intenta indagar más allá de lo que habitualmente se indaga, y esa es una de las gracias o de las claves de la filosofía. Y es que no debemos olvidar que este libro se presenta como «Una introducción a la filosofía de la ficción contemporánea». Muchos escritores han hablado de la vida “real” como metáfora, como la idea de otro, como un doble o incluso se ha dicho de ella que es una hipérbole de la nada. Es inevitable que todo esto nos genere incertidumbre para con la realidad, que nos haga dudar acerca de lo que leemos e incluso de lo que vemos; pero ¿qué gracia tendría si no fuera así? ¿Qué gracia tiene leer si la lectura no provoca que nos despeinemos?

Si te gusta pensar, si crees que siempre hay más por conocer que conocido, si dudas hasta de ti mismo, para ti son las preguntas, para ti es la filosofía y para ti son libros como este: Relatar lo ocurrido como invención, de Manuel García-Carpintero.

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La felicidad después del orden, de Marie Kondo

La felicidad después del orden

La felicidad después del ordenAntes de irme a vivir sola, mi habitación siempre era un caos. No recogía la ropa limpia, la sucia se quedaba encima de una silla, aparecían calcetines desparejados entre las sábanas, mis apuntes de Filosofía se mezclaban con los de Griego y podían aparecer decenas de latas de Coca-cola entre todos los trastos de mi habitación. No me di cuenta de la horrible situación en la que vivía día a día hasta que me independicé. Llegó un día en el que no me quedaban camisetas limpias, la montaña de ropa para planchar era más alta que yo y cuando llegaba el fin de semana me pasaba horas organizando los apuntes que tendría que haber clasificado y pasado a limpio durante la semana. Aquello no podía seguir así, así que tuve que plantarle cara al desorden. No es que creara un método para tener la casa recogida, pero básicamente me impuse una regla: deja todo en su sitio. Así de fácil. Si hay una camiseta sucia, a la lavadora. Si hay un papel por el escritorio, a la carpeta de la asignatura correspondiente. Y así con todo. Si antes era desordenada, ahora soy ordenada de más (pero de más, de más). Será que soy yo muy extremista. También me ayudó bastante crearme un horario, para que no se me pasaran las horas muertas y pudiera invertir mi tiempo de una manera más eficiente; pero ese es otro tema.

Por aquel entonces me hubiera venido genial el método de Marie Kondo, conocido como el método KonMari. Yo no lo conocí hasta hace un año. Sinceramente no había leído el libro que sacó hace un tiempo, llamado La magia del orden, pero sí que busqué su resumen en Internet, aprendiéndome de memoria algunos tips que me ayudaron a reorganizar mi vida. Vivo en una casa de pueblo, con demasiados rincones y espacios que te piden a gritos que llenes con cosas inservibles, así que el tip que más a rajatabla llevé fue el de “si una cosa no te hace feliz, despídete de ella, dale las gracias por el servicio que te ha dado y tírala” —aviso a navegantes: he dicho “tírala”. No “regálasela a tu vecino o a tu tía porque seguro que lo quiere y si no ya lo tirará”. No vayamos por ahí regalando nuestra propia basura—. Empecé por la ropa (ahora, leyendo La felicidad después del orden, que es una guía práctica e ilustrada del libro del que os hablaba, me he enterado de que es el inicio perfecto. Porque no os penséis, para reorganizar nuestra vida, también tenemos que seguir un orden preestablecido). Puse toda mi ropa encima de la cama y empecé a seleccionar aquello que no me hacía feliz (véase: esos pantalones que por mucho que me proponga adelgazar no me van a caber, esa camiseta rota que la guardo porque un día que me la puse me lo pasé genial, ese pareo que no me he puesto en la vida…) y, sorprendentemente, me deshice de bolsas y bolsas de ropa vieja e inservible que ni siquiera sabía que tenía. Así de fácil. Sin remordimientos.

La felicidad después del orden va un paso más allá. Nos enseña cómo debemos colocar las cosas para que seamos felices. Cómo doblar la ropa, por ejemplo. Yo antes colocaba todas las camisetas una encima de otra y cuando abría el cajón solo veía la que estaba arriba del todo, creando la sensación de “no tengo nada que ponerme”. Ahora, siguiendo el método de Marie Kondo, parece que mi armario se ha multiplicado por tres, por lo que mi propio vestuario y mi monedero me lo agradecen a diario.

Este libro es un arma de doble filo: está muy bien porque te enseña a ser ordenado y a vivir siempre con ese modo de vida, pero por otra parte el método propuesto implica reorganizar TODA la casa. Entera. Así que si de verdad quieres implicarte en el proyecto, tendrás que invertir muchas horas para que todo esté en su sitio. Marie Kondo nos promete que, si seguimos lo que propone al pie de la letra, viviremos una vida plena y feliz. Siempre me ha llamado la atención lo místicos que son los japoneses (cuando os decía que había que despedirse de las cosas, era en sentido literal) y parece que no les va nada mal. Me ha hecho gracia que incluso dice que, si estás buscando una nueva casa donde vivir, es necesario que reordenes la que vives, porque así la casa nueva se sentirá atraída por ese orden. No sé, también inventaron el shushi y fijaos que éxito.

Así que si necesitáis un cambio en vuestra vida, La felicidad después del orden puede ser un buen comienzo. No sé si esta recomendación es válida si quien la hace es una obsesa del orden… pero yo estoy pensando en regalárselo a unos cuantos de mis allegados. Al fin y al cabo, dicen que todo en esta vida se pega menos la hermosura.

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Los Románov, de Simon Sebag Montefiore

Los Romanov

Los RomanovDicen que la realidad siempre supera a la ficción. A menudo nos sorprenden con nuevas series televisivas y novelas que consiguen demostrarnos la cara más oscura del ser humano, introduciéndonos en universos donde la ambición, la traición, las ansias de poder, el asesinato y las conspiraciones conviven en un mismo lugar. Pero lo cierto es que hubo una dinastía que reunía todaes esas características y algunas más. Los Románov, que gobernaron Rusia durante más de trescientos años, podrían perfectamente encarnar su propio Juego de Tronos televisivo. Desde que el primero de todos ellos, el emperador Miguel, se coronase en 1613, una sucesión de zares y zarinas gobernó con mano de hierro durante más de tres siglos. Con grandes estadistas que acercaron cada vez más a Rusia a la cultura europea como Pedro el Grande o Catalina II, o figuras oscuras y tiránicas que hundieron el prestigio de la dinastía en el abismo más oscuro, como Ana Ivanova o Pablo I, esta dinastía pervivió hasta los días de la Revolución rusa, sobreviviendo a mil diatribas. Eso es precisamente lo que se nos presenta en el libro Los Románov que editorial Crítica acaba de publicar en español.

Apasionado de la historia rusa, y autor veterano de otras obras famosas que le han proporcionado ya prestigio internacional, Simon Sebab Montefiore ambicionaba presentar un libro capaz de aglutinar la historia de los Románov, sin caer en un manual histórico, aburrido y repleto de datos. Después de pasar años descubriendo la historia y la cultura de ese fascinante país, Montefiore se imbuyó de los estudios referencia y se adentró en los grandes archivos históricos, presentándonos un relato cargado de rigor histórico, bien documentado y con espíritu crítico. Pero todo ello sin privar a su obra de una escritura amena y excitante, como si de una novela se trataba. De hecho, sus más de seiscientas páginas se leen con gran agilidad, hasta el punto de que se hace realmente difícil detener su lectura.

Para dotar a su relato de mayor atractivo y fuerza, el autor ha diseñado la trama como si de una obra teatral se tratase. Al inicio de cada capítulo se nos presenta un reparto de personajes, con sus protagonistas en la figura de los zares y zarinas, y sus personajes secundarios encarnando todos los elementos que constituían la Corte rusa. Asimismo, Montefiore nos traslada a los grandes escenarios de los Románov: deslumbrantes palacios como Peterhof, terribles prisiones y campos de batalla.

Ambientando el relato cronológicamente, el autor comienza con los inicios de la dinastía. Para tal fin, nos sitúa en la convulsa Rusia heredada de Iván el Terrible, en un momento en que la corona imperial estaba bañada en sangre y los Románov eran solamente una más de las grandes familias rusas que aspiraban a sentarse en un trono prácticamente vacío. Así, el autor nos demuestra cómo los Románov asentaron todo su poder valiéndose de una incuestionada autoridad, un supuesto derecho divino y una política cimentada en el terror. Es aquí donde se dan cita personajes fascinantes, que tuvieron un papel de renombre en la historia rusa: Pedro el Grande, la inteligente Catalina II, la despiadada Ana Ivanova, el desquiciado Pablo I, Potiemkin, el oscuro Rasputín… En esencia, una variada gama de personajes que reúnen todos los tintes necesarios para la mejor de las novelas. Llegamos así hasta al siglo XX, en un momento en el que, después de tres siglos de un poder incuestionado, las brumas de nuevos tiempos traían el cambio. Y una dinastía que se había mantenido en el trono sin interrupciones, se vio de pronto impotente ante los ecos de la famosa Revolución de febrero de 1917, que en tan sólo cinco días destruyó la autocracia rusa y arrebató su corona a los zares.

Sin lugar a dudas, son muchas las razones por las que Los Románov es una obra fundamental. En primer lugar, son muy pocas las obras sobre Rusia traducidas al español. Al mismo tiempo, destaca el hecho de que no se trata de uno más de los manuales de Historia que podemos consultar. Todo lo contrario, el autor ha perseguido potenciar una historia divulgativa y fácilmente accesible al público interesado en general. Es por esto que cada una de sus páginas nos atrapa hasta el punto de transportarnos a un mundo fascinante a la par que oscuro, donde la ambición, la crueldad y la tiranía se entremezclan con la magnanimidad, el deber y el buen gobierno, en una Rusia contradictoria y atrapada entre dos continentes.

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Desaprender, de Marie Luise Knott

Desaprender

Desaprender«Pocas veces nos hacemos una idea de cuánta libertad se requiere para expresar de la mejor manera posible el más pequeño pensamiento propio». Estas palabras de Walter Benjamin, que aparecen en las primeras páginas del libro, son la desgarradora verdad de la historia de Hannah Arendt. Hace poco leí que cuando te expulsan de tu tierra – o mejor, tu Tierra – tienes tres caminos posibles de reacción: pensar que el lugar nuevo en el que estás te acogerá, pensar que algún día volverás a tu tierra, o darte cuenta de que ya no eres de ningún lugar y de que nunca podrás volver a serlo. Es a partir de esta tercera vía de la que han nacido grandes pensadores, y dentro de este grupo late con fuerza – todavía hoy y gracias a continuadores como Marie Luise Knott – Hannah Arendt, la teórica a la que nunca le gustó que le llamasen filósofa.

Hannah Arendt decidió pensar en un mal momento. Judía y viviendo en Alemania, todo discurso que salía de sus labios o sus dedos era visto como transgresor, violento e incluso delictivo. Tuvo que exiliarse a Estados Unidos y fue allí donde vivió la transformación. No solemos pararnos a pensar en la mezcla que se produce en nosotros – en nuestra habla, nuestra escritura, nuestro pensamiento, nuestro ser – cuando salimos de nuestro lugar y nos instalamos en uno nuevo. Arendt tuvo que lidiar la batalla de la traducción, que ella misma se hacía de sus obras en alemán; para darse cuenta del gran cambio que una obra traducida padece, aunque la haya traducido el mismo autor que la original – si lo original existe –. En esas «expediciones del pensamiento» se encontraba Arendt inmersa en un no lugar como era su nueva residencia en otro país.

Estas aventuras mentales que la teórica alemana plasmaba en el papel, han sido ahora absorbidas por Marie Luise Knott – especialista en Arendt – y resumidas en este Desaprender que publica Herder Editorial. Dividido en cuatro grandes bloques – Reír, Traducir, Olvidar el perdón y Dramatizar –, Desaprender nos muestra el pensamiento a pasos de una de las más grandes intelectuales del siglo XX. La risa y la ironía: «En el momento de la risa el hombre y lo humano mismo pueden ser lo más fuerte en tiempos de oscuridad». El darse cuenta de que esa doble visión que sufrió al tener que convivir con sus propias traducciones, esa distancia, era de igual forma en la vida misma, todo traducciones de un original inalcanzable: «El traductor se hace portavoz de la otra voz, que él hace perceptible a través del abismo del espacio y del tiempo». La importancia del olvido de un perdón que ha marcado a los que serán, para siempre y para todos, los perdonados: «Perdonar, compadecerse y reconciliarse no revocan nada, sino que continúan la acción iniciada (…) Perdonar es una acción y no una reacción». Y por último, la necesidad de dramatizar el mundo, de convertir el mundo en un escenario: «Por lo general suponemos que la máscara oculta el auténtico sí mismo; en Arendt la máscara es la forma en la que el sí mismo puede manifestarse».

Termina el libro con un apéndice – Diferencias transatlánticas – en el que se nos muestra la gran diferencia entre mismos fragmentos escritos por la autora en inglés o en alemán: la diferencia en la expresión del lenguaje, en el uso de vocabulario, en la extensión, etc. Hannah Arendt, en definitiva y como podréis ver si os adentráis en este impactante libro, lo pensó todo en un momento en que pensar era ser empujado a una zona en la que todo estaba de nuevo por construir. Tengo muchísimos fragmentos del libro subrayados, no sé si de las cosas que no he entendido bien y que necesitan otra lectura o de las cosas que más me han gustado. Lo que tengo claro es que si hubiera tenido que subrayar lo que me ha marcado de Desaprender, ahora mismo todo el libro tendría una gran raya gris bajo sus palabras. Bienvenidos al pensamiento, un lugar del que no se puede salir.

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La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche, de Franz Overbeck

La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche

La vida arrebatada de Friedrich NietzscheHay ciertos nombres que solo con escucharlos o leerlos – aunque leer debe de ser otra forma de escuchar – nos producen una sensación de grandeza, de respeto, de admiración, aun sin quizás conocerlos. Creo que todos podemos afirmar que uno de estos nombres es Friedrich Nietzsche. Es inevitable, al pensar en el alemán, proyectar la imagen de un pensador inabarcable, inalcanzable, eterno. Por tanto, entenderéis mi sorpresa cuando, nada más comenzar el libro y situarme frente a la introducción de Iván de los Ríos Gutiérrez, leo: «Nietzsche es mentira».

En La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche se nos presenta a la persona y no al filósofo, al hombre y no a su teoría, a través de las palabras de uno de sus pocos y más fieles amigos: Franz Overbeck. Es cierto que su pensamiento, sus ideas, han quedado para la posteridad, han sido influencia para tantos otros pensadores venideros y todavía hoy son objeto de trato y estudio de muchos. Sí, lo que escribió quedará para siempre pero, ¿y su vida? Gracias a este libro de Errata Naturae – dentro de la colección La muchacha de dos cabezas – y ya desde esa primera frase del editor y traductor de la obra, se nos intenta demostrar el contraste entre la vida del alemán y sus teorías. Se nos intenta rebajar el ideal que tenemos de él. Se intenta hacer explotar la burbuja de Nietzsche.

Nietzsche fue un ser atormentado desde pequeño. Gobernado por una intensa violencia que proyectaba siempre hacia sí mismo, el filósofo alemán era capaz de cambiar la historia mediante trazos en un papel y a la vez de dejar ojipláticos a sus más allegados con momentos de locura extrema. Muchos conoceréis el final de Nietzsche fruto de su locura, pero no se puede negar que la semilla de esta estuvo siempre dentro de él. Ambiguo, contradictorio, lejano y solitario, Overbeck nos presenta a un Nietzsche desconocido para todos, incluso para aquellos que hayan leído su vida a través de las palabras de Elisabeth Förster-Nietzsche, su hermana pequeña – de la que Overbeck, como veréis si lo leéis, tiene mucho que decir –. Y es que en esta especie de confesión a sí mismo que hace Overbeck en forma de notas, vemos desde fuera la imagen de la hermana del filósofo, siempre viendo al hermano mayor desde la sombra que el pensamiento de este producía, siempre viéndose a sí misma como menor en todos los sentidos. Ella fue la creadora del Archivo Nietzsche y la que hizo que este se vinculase al nazismo, al igual que ella y su apellido.

Overbeck ve en su relación con Nietzsche una relación similar y escondida de maestro alumno – el primero superaba en siete años al segundo -. Desde esta perspectiva y desde una calma que incluso relaja al que lee sus notas, este teólogo alemán es capaz de mostrarnos lo más interno de Nietzsche, desde que compartían casa siendo dos muchachos hasta los últimos encuentros en los que el filósofo ya no podía ni razonar a causa de la locura. La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche es un muy interesante ejemplo – y de lectura amena e incluso próxima – de cómo el autor no hace a la persona, de cómo la vida y la obra no suelen ir de la mano, de cómo el ideal es siempre mentira. Nietzsche hay dos: el escritor y la persona. Dependerá de con quien decidáis quedaros el escoger un libro u otro. Si os decantáis por la persona – aunque solo sea por un rato – este es vuestro libro.

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