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El autoengaño desenmascarado, de Alfred R. Mele

El autoengañodesenmascarado

El autoengañodesenmascarado¿Por qué nos autoengañamos? Si alguna vez te has hecho esta pregunta, si has pensado en qué ha debido pasar en tu mente para padecer tu propio engaño, si intentas conocerte un poco más cada día que pasa, para ti es la filosofía, o en un ámbito más reducido, para ti es este libro.

Alfred R. Mele, filósofo americano autor de diez libros y más de dos cientos artículos, es un experto en lo que se ha etiquetado como filosofía de la mente. Con estos términos se intenta calificar el estudio de todo aquello que transcurre en nuestra mente y que por tanto, nosotros sufrimos. En este caso en concreto, Mele intenta tratar el tema del autoengaño, esclarecer sus causas y sus consecuencias o, como propone el propio título: desenmascararlo. En El autoengaño desenmascarado se nos muestra algo que a veces olvidamos, aunque parezca mentira; y es que somos de vital importancia en el proceso de nuestro propio engaño. Sin ser conscientes de ello, somos nosotros mismos los que antes de hacerlo medimos los costes y los beneficios – para con nosotros mismos – de autoengañarnos. Si queremos creer que nuestra pareja no nos engaña, aunque todo indique que sí y sea algo evidente para todo el mundo, lo creeremos, básicamente porque el coste de creerlo – sufrir – es mucho mayor que el de no hacerlo – seguir igual, hacer oídos sordos –.

De esta forma, e intentando azucarar las partes más técnicas con ejemplos cotidianos, Mele busca abrir la mente humana y plasmarla sobre un papel para que los lectores puedan conocerse más y mejor a sí mismos a través de la lectura. Dicen que vemos en el otro aquello de lo que carecemos, dicen que leer no es más que mirarse en un espejo, pues no hay mejor ejemplo que este libro. Y es que en El autoengaño desenmascarado todos nos vemos reflejados, en gran parte gracias a los casos que Mele pone como ejemplo entre sus teorías. Podemos sentirnos más o menos representados, pero creo que muy pocos – o nadie – podrá decir que no se ve en ninguno de los casos propuestos.

Es posible que en algunos puntos el libro pueda parecer un poco arduo, costoso de leer – para leerlo hay que entrar en él bien dispuesto, exige un lector muy activo –, por eso se agradecen tanto esas planicies en forma de ejemplos en las que descansar de tan duro repecho. Como verá el lector que se decida a entrar en este estudio, El autoengaño desenmascarado es un intento por parte de Mele de glosar, de rebatir, de comentar el trabajo de muchos de sus colegas de profesión que a lo largo de los años han intentado arrojar luz sobre este tema. Dejando puntos inconclusos a conciencia y siempre con la predisposición de comentar su trabajo con cualquier lector poseedor de nuevas ideas, Mele consigue condensar en un libro de poco más de cien páginas un elaborado trabajo acerca del engranaje que moviliza al autoengaño en nuestra mente.

La lectura de El autoengaño desenmascarado es también, aparte de todo lo dicho, un ejercicio – muy sano y a la vez necesario – de autocrítica, de autoestudio, de autoconocimiento. Es una lectura complicada, un manual de filosofía que pide trabajo y esfuerzo por parte del lector, pero que es capaz de entrar dentro de algo que para la mayoría de nosotros nunca se nos hubiera presentado como objeto de estudio. Y si lo hubiera hecho, probablemente nos hubiéramos autoengañado convenciéndonos de que eso no es de nuestra incumbencia, de que no tenemos tiempo para ello, o de que eso no va con nosotros. Ahora todas estas excusas tienen una razón y van de la mano de Cátedra en su colección Teorema Serie Mayor.

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Un esquimal en Nueva York, de José Ramón Alonso

Un esquimal en Nueva York y otras historias de la Neurociencia

Un esquimal en Nueva York y otras historias de la Neurociencia¿Que no entendéis la ciencia?

¿Que las humanidades no sirven para nada?

Si sois de los que se posicionan en un bando o en otro, como si fueran territorios irreconciliables, os presento a José Ramón Alonso, un reputado divulgador científico, que con su nuevo libro, Un esquimal en Nueva York y otras historias de la neurociencia, vuelve a demostrar que ciencia y humanidades son dos partes inseparables del ser humano y su cultura, y que todos podemos aprender y divertirnos con ellas.

José Ramón Alonso nos cuenta historias y anécdotas sobre el cerebro, sus funciones y enfermedades o cómo ha evolucionado su estudio a través de los siglos. Con un estilo didáctico y divertido, nos alienta a conocer el cerebro, ese órgano de kilo y medio que rige nuestro sistema nervioso, indispensable para entender el mundo y a nosotros mismos. Este libro habla de neurociencia, sí, pero sobre todo del ser humano, de sus fracasos y sus pasiones, de su maldad y su valentía.

¿Por qué Un esquimal en Nueva York? Porque la historia que abre esta recopilación relata cómo el explorador polar Robert Edwin Peary llevó (secuestró) a seis inuit a Nueva York, para recabar información sobre su etnia. Lo que Peary y sus colegas hicieron con ellos es solo uno de los ejemplos que recoge este libro sobre la escasa moral de ciertos investigadores en su baldío intento de demostrar la supremacía del hombre blanco. También hay historias que ponen en cuestión nuestras diferencias respecto a los animales. Las actividades que consideramos exclusivamente humanas, como el lenguaje, el uso de herramientas, la planificación o el sentimiento de pérdida, también están presentes en algunos animales, y José Ramón Alonso nos cuenta algunas evidencias que nos dejan con la boca abierta.

Además de estas historias que nos hacen reflexionar sobre nuestra esencia humana y nuestros actos, culturales o innatos, recopila curiosidades con las que lucirnos en cualquier reunión o ganar al Trivial: ¿por qué el pulpo Paul acertaba quién ganaría en los partidos del Mundial de Fútbol de 2010?; ¿a qué sabe el umami, el quinto sabor?; ¿te habías dado cuenta de que La Mona Lisa sonríe o no, según cómo la mires?; ¿sabes a qué político estadounidense se le ocurrió lo del maldito cambio horario?; ¿te puedes creer que en Tanganica hubo una epidemia de risa que afectó a miles de personas y duró más de medio año?; ¿habías notado que la diferencia de longitud entre el dedo índice y anular varía entre hombres y mujeres? Y, para los amantes de los libros, hay ración extra de curiosidades sobre escritores: la sinestesia de Nabokov, Baudelaire o Arthur Rimbaud; la curiosa amistad de Arthur Conan Doyle y Houdini y por qué acabó; o la constante presencia de personajes epilépticos en las obras de Dostoievski.

Podría continuar con más ejemplos, pero creo que con estos queda demostrado que Un esquimal en Nueva York y otras historias de la neurociencia es un libro ideal para lectores curiosos. Da igual si son de humanidades o de ciencias porque, tal y como demuestran estas historias, unas no tendrían sentido sin las otras y, cuando se juntan, resultan todavía más apasionantes.

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El libro de las brujas, de Katherine Howe

el libro de las brujas

el libro de las brujasBruja. Según la RAE la palabra, en su tercera acepción, significa: persona a la que se le atribuyen poderes mágicos obtenidos del diablo. Yo, quizá por mi tendencia a la imaginación o, simplemente, por mi capacidad de evocación de personajes femeninos en la literatura o el cine, me viene a la mente la bruja mala del oeste de El mago de Oz. Pero no es de eso de lo que vengo a hablar. Acercándonos un poco más a lo que la Real Academia de la Lengua Española nos ofrece, he de decir que siempre he estado intrigado por aquella época en la que las mujeres eran consideradas brujas, eran perseguidas, algunas condenadas a muerte y repudiadas de sus pueblos y familias por creencias que mucho tienen que ver con la cultura unida a la superstición. En esa materia nos mete de lleno El libro de las brujas que, para mí, ha sido uno de los libros más esperados desde que conocí su existencia y que he ido leyendo poco a poco, casi a sorbos, para que no terminara. ¿Sabéis a qué sensación me estoy refiriendo, verdad? Esa misma. La de que un libro te esté gustando tanto que seas incapaz de seguir, pero a la vez no puedas parar, y que al llegar al final pienses que se ha quedado un pequeño vacío que no sabes muy bien cómo llenar. Y es que este libro nos habla de la realidad, de lo que sucedió, y de un tiempo tan oscuro como interesante para entender muchas otras cosas que no parecen estar relacionadas, pero que sí lo están. Pero vamos a ello antes de adelantar acontecimientos.

Aquel que decida entrar en el mundo que nos propone Katherine Howe en El libro de las brujas tiene que tener la mente abierta, olvidarse de las concepciones que ya tenía en un principio, y empezar a leer como si hubiera hecho tabula rasa. Digo esto porque yo creía tener una idea bastante exacta de lo que eran las brujas, o de lo que eran las denominadas brujas en tiempos pasados, pero al ir leyendo fui descubriendo muchas otras cosas no sólo de esta figura arquetípica sino de la sociedad que las conjuraba y quemaba. Porque lo que aquí se nos va a presentar en una contextualización de la época pero también extractos de algunos casos y juicios de brujería más o menos conocidos y que nos permite echar un vistazo no sólo a lo que en aquella época se denominaba brujería, sino también a lo que en una sociedad patriarcal – no hay que olvidar, como ya decía al principio, que muchas de las cosas que sucedieron venían enlazadas con otros conceptos como feminismo y machismo – se daba y que, sin llegar a extremos semejantes pero sí con pequeñas ascuas que aún siguen latentes, se mantiene hasta nuestros días. ¿Sorprendidos por lo que estoy diciendo? Quizás no lo tendríamos que estar tanto cuando vemos ciertas cosas en nuestro día a día.

Tiendo, como creo que hace casi cualquier lector que se precie de serlo, a unir unas lecturas con otras; a comprender la realidad y lo que nos depara a través de algunas lecturas que os explican, por mucho que se trate de épocas pasadas, lo que nos sucede en la actualidad. Y es muy posible que varios de los conceptos que se estudian en este libro no tengan que ver con lo que pasa hoy en día – aspiro a pensar que las cazas de brujas se dejaron de practicar hace mucho tiempo – pero lo que nos explica Katherine Howe va mucho más allá de una simple exposición de casos de brujería en Inglaterra y en las colonias norteamericanas. Por tanto, creo que este libro puede tomarse desde dos perspectivas bastante diferentes – aunque no excluyentes entre sí -. La primera, como un compendio de lo que supuso la culpabilización y la denuncia por brujería en las mujeres de la época o como un estudio que, por detrás, velado por un telón de superstición que enmascara lo que de verdad importa, nos enseña los prejuicios de una época, la concepción de la figura de la mujer, la incapacitación para decidir por sí misma de la mujer y otras muchas cosas que, si esto fuera una clase de teoría feminista o de género, daría para un debate mucho más extenso. Cada lector tiene la posibilidad de verlo desde el prisma que quiera. Yo, si se me permite la opinión, he disfrutado de la lectura de las dos formas. La primera más lúdica, la segunda más aleccionadora.

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14. La autobiografía, de Johan Cruyff

14 La autobiografia

14 La autobiografiaEn un momento determinado de 14. La autobiografía, Johan Cruyff escribe que no cree que los futbolistas sean tontos, al contrario de lo que muchos piensan. Una de las cosas que quedan claras con este libro, que se publica medio año después de su muerte, es que él, al menos, no parece que lo fuera. Eso y que no tenía pelos en la lengua.
No sé si el eterno 14 de la selección holandesa tenía pensada esta autobiografía antes de que le diagnosticaran el cáncer de pulmón que acabó con su vida. Pero sí está claro que la escribe o al menos la termina durante esos meses, que van de octubre de 2015 a marzo de 2016, y por ello durante todo el relato la impresión general que tiene el lector es la de estar asistiendo a un resumen vital, al lento descenso del telón de una gran obra por parte del tramoyista. Este aliento, que atraviesa la obra, hace que parezca redonda, completa. Y en cierto modo lo es, porque toca todos los palos Cruyff, desde la paternidad a los negocios, pasando incluso por el nacionalismo y su particular visión del “problema catalán”. Habla mucho de su fundación, de su admiración por el modelo deportivo estadounidense y, un poco menos de lo esperado, de fútbol.
Así que, más acertado en algunas ocasiones que en otras, consigue no quedarse en el recuento anecdótico de su carrera como futbolista o sus logros como entrenador. Y eso que, al contrario que la biografía de Charly Wegelius que ya pasó por aquí hace poco, el retrato que hace Cruyff de sí mismo sí que es el retrato de un ganador: tres veces campeón de Europa de clubes como jugador, una como entrenador, triple vencedor del Balón de Oro… y un largo etcétera. No demuestra mucha modestia durante el texto, todo hay que decirlo, pero tampoco parece condescendiente ni complacido. Admite las derrotas como una parte del juego y se descubre como un defensor del trabajo duro, por encima del talento, como clave del éxito.
Enlaza ahí con el verdadero eje del libro, al que regresa regularmente: su visión del fútbol, lo que se dio en llamar Fútbol Total y que tuvo su momento cumbre en la selección holandesa de la primera mitad de los setenta. Aparte de un capítulo entero dedicado a técnica y táctica, Johann va desgranando desde el minuto uno hasta el descuento sus ideas sobre cómo manejar un club de fútbol, dentro y fuera de la cancha. Por ese lado me parece insuperable. Por supuesto hay manuales especializados más completos, pero, créanme, tengo la impresión de que no se puede superar a Dios hablando de Teología.
Aparte, para los que busquen amarillismo, anécdotas jugosas, el libro también las tiene. Cruyff no se preocupa por quedar bien con todo el mundo y lanza ataques directos tanto a la directiva del Ajax como a la del Barça que contó con él, así como a algunos colegas y rivales. Josep Lluís Núñez por el lado blaugrana y diversos gestores del Ajax, con Marco van Basten entre ellos, se llevan la peor parte. Estos ataques dejan por supuesto algunas dudas, como las derivadas del hecho de que volviera varias veces a aceptar puestos de responsabilidad en ambos clubes después de haber terminado mal con ellos otras tantas. Quizá ese detalle haga torcer el gesto a los más críticos.
Además de ello, los puntillosos echarán de menos un recuento más detallado de sus años como jugador (por ejemplo, los aficionados al Levante verán cómo despacha su temporada allí con apenas diez o quince palabras). Y claro que también los madridistas se sentirán un poco agraviados con algunas frases concretas, y sobre todo con la insinuación de cierto favoritismo por parte de las instituciones en la época tardofranquista.
Sin embargo, después de terminar 14. La autobiografía, si una cosa queda clara es que seguramente a Johan Cruyff las críticas, por válidas que puedan ser, no le habrían alejado ni un centímetro del texto que dejó escrito. Un testamento vital, una obra digna de su legado dentro y fuera de los terrenos de juego.

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El eco de los disparos, de Edurne Portela

el eco de los disparos

el eco de los disparosEs muy posible que, cuando un libro te resulta incómodo – no digo esto como algo negativo – sea porque hace que algo en tu interior resuene con lo que ya has vivido. Uno no sabe, a veces, muy bien cómo explicarlo pero es como si al leer se atragantaran las palabras y tuviera que dejar la lectura por momentos, esperando el momento oportuno para continuar con lo que el autor, sea quien sea, nos ofrece. Más adelante, en el siguiente párrafo, hablaré de por qué El eco de los disparos ha suscitado más de un sentimiento de incomodidad en su lectura, pero baste decir, en un principio, que puede que algunas heridas todavía no estén cicatrizadas y que, como bien explica Edurne Portela, mucho de todo esto proviene del silencio – obligado o no, cada uno debe elegir lo que le convenga – que en una época muchos tuvimos que ver cómo se convertía en evidencia, en una especie de pasividad que constreñía no sólo la garganta sino el pecho, en un intento vano por gritar sin poder hacerlo del todo. Y es que la violencia, porque de eso trata este libro, puede atravesar aquellas paredes que, de hormigón, parecen infranqueables. Quizás no en ese momento, puede que eso se instaure en uno, se convierta en un hecho, mucho más adelante. Esta es una reseña de un libro, eso es cierto. Diría más, de un libro que se convierte en necesario para toda una generación. Pero también es una reseña de un historia personal que nunca se atrevió a ponerse en palabras.

(…) un contexto como el de Euskadi en los años setenta, ochenta o noventa del siglo XX, en el que la mayoría de los jóvenes sentían más repugnancia hacia y tenían más miedo de la policía nacional o la guardia civil que de los terroristas de ETA. Sé, por todos los años que he pasado en el País Vasco, que esto para una persona que no sea de allí sonará extraño. Incluso alguno pensará que es una falta de respeto. Pero no por ello es menos cierto. Ahí, en ese extracto de El eco de los disparos es donde se encuentra parte del quid de la cuestión que yo, vasco de nacimiento, necesitaba leer en un libro – se entiende en un libro serio, documentado, con base psicológica y no en un panfleto sensacionalista ya sea por las dos partes de un mismo conflicto -. Pero de lo que nos habla Edurne Portela no es sólo de una época – que también – sino de cómo la violencia se enraizaba tanto en la sociedad que aquellos que la intuíamos – es curioso cómo yo, que paseaba por las calles de Bilbao todos los días no fui consciente nunca de lo que sucedía – terminábamos por no verla o por tomarla como algo tan neutral como cualquier catástrofe que pudiera suceder. Quiero que se entiendan mis palabras: no justifico la violencia. Creo, además, que para entender lo que yo quiero decir es necesario leer las palabras de la autora que tan bien expresadas están en este libro, tan necesarias, tan llenas de un valor humano y profesional que, como ya dije en la introducción, creo de obligada lectura para aquellos que quieran entender muchas de las cuestiones que en el llamado “conflicto vasco” se impusieron – y aun siguen coleando -.

Soy aficionado al lenguaje. A su uso, a la contaminación que en él se da, a cómo la sociedad lo pervierte y lo utiliza en su propio beneficio. Al final creo que, muchos de los problemas que con de la violencia se han suscitado, han venido radicados precisamente por ese sensacionalismo que con el lenguaje se produjo en aquellos años, con el lenguaje – sea cual sea su formato de expresión – que sigue convirtiéndose en arma arrojadiza y no en pretensión de entendimiento. Es quizás, como lector primero y como vasco después, por lo que hay que agradecer que Edurne Portela haya tenido la valentía de poner en palabras muchas de las cosas que nadie se ha atrevido a poner o que han pasado desapercibidas para muchos. La realidad juega, a veces, malas pasadas y aquello que creíamos cierto, que no entendíamos, a través de la lectura se convierte en el mejor vehículo para entendernos. La violencia es como ese eco de los disparos del título: no nos abandona durante un tiempo y, si nuestra memoria no lo permite, seguirá apareciendo durante generaciones. Las mismas que, después de muchos años, se han quedado estancadas en muchos de los procesos que, como en el extracto que he extraído del libro, no han permitido avanzar en el entendimiento.

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Punk Rock Blitzkrierg, de Marky Ramone

Punk Rock Blitzkrieg

Punk Rock BlitzkriegLa batería es uno de esos instrumentos que jamás me he planteado tocar en mi vida. Mi falta de psicomotricidad puede haber influido en mi desidia hacia este instrumento, pero lo cierto es que podría nombrar a centenares de cantantes, guitarristas, trompetistas… ¡incluso bajistas!, pero me costaría horrores acordarme de media docena de baterías. Precisamente por eso, una de las cosas que más me han impresionado de Punk Rock Blitzkrierg, la biografía que Marky Ramone escribió con la colaboración de Rich Herschlag, ha sido la forma en que este ya veterano músico consigue transmitir su pasión por el instrumento al que ha dedicado su vida.

Es una biografía bastante al uso en su estructura, con todo lo bueno y lo malo que ello implica. Es lineal en su desarrollo, que abarca desde la infancia del pequeño Marc Bell en Brooklyn hasta sus últimos años sobre los escenarios, en los que todavía sigue, con su banda Marky Ramone’s Blitzkrieg. El repaso cronológico nos permite conocer sus travesuras de la infancia, las bandas que comienza a escuchar en su adolescencia, sus comienzos con la batería, los primeros grupos en los que toca (entre ellos, los muy recomendables The Voidoids), la forma en la que sustituye a Tommy como batería de los Ramones…

No sé si habrá sido porque ya ninguno de los Ramones originales puede desmentirle sus opiniones y anécdotas, pero Marky no se cortó un pelo en contar las rarezas y excentricidades de sus compañeros de banda. Como no podía ser de otra forma, en sus recuerdos hay mucho de sexo, drogas y (punk) rock aunque, personalmente, la confesión que más me ha sorprendido ha sido saber que los Ramones tenían por norma no colocarse antes de subir a tocar. Quién lo hubiera dicho. Sus recuerdos también ayudan a descubrir el porqué de algunas de las más crípticas canciones del grupo, como de la famosísima Blitzkrieg bob.

Es una biografía extensa y detallada, lo que no puedo negar que me sorprendió bastante, ya que esperaba otra cosa muy diferente. La primera vez que vi la portada y que imaginé lo que sería leer la biografía de uno de los Ramones me esperaba algo más visceral, gamberro, políticamente incorrecto…incluso mal escrito, por qué no decirlo. Pero todo lo contrario; lo que he encontrado en estas líneas ha sido una biografía sin grandes artificios estilísticos, muy correcta en este aspecto, pero que ha volcado todo su interés en el amor y la pasión de Marky por los bombos, los goliats, los crashes y los charles.

Por supuesto, como ya he comentado, esto no evita que en esta biografía se recojan decenas de anécdotas irreverentes y divertidas. También tienen cabida los malos momentos, como la tensa relación entre Johnny y Joe o el periodo de cinco años en el que Marky tuvo que ser expulsado de la banda por su adicción al alcohol. También hay mucha música, desde luego. Estas memorias están plagadas de referencias a los principales artistas y grupos de la época. De hecho, el glosario que incluye el libro ocupa unas veinte páginas, de las que la mayor parte de las referencias son de las bandas y los artistas que se van citando entre recuerdo y recuerdo, lo que deja como resultado un intenso repaso a la música popular desde comienzos de los años 70 hasta casi la actualidad.

Son muchas ya las biografías de músicos que llevo a mis espaldas. Las hay mejor y peor escritas, más y menos sinceras… A mí me gusta dividirlas en dos grandes grupos: las que transmiten pasión por la música y las que se limitan a contar lo vivido. Y en Punk Rock Blitzkrierg tenemos una de las primeras. Y por muy saturado que esté el mundo de la biografía, creo que las de este tipo nunca están de más.

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Gods I’ve seen, de Abbas

Gods I've seen

Gods I've seenEl viajar es un placer que nos suele suceder. Pero hay viajes y viajes. Y entre los segundos, no hay nada que pueda compararse a la experiencia de la India. Hablo, naturalmente, de viajar, y no de comprar un paquete turístico que nos muestre en 10 días y nueve noches las maravillas de la India de los mogules. Hablo de aterrizar en un país de leyenda, sentirte, desde el primer instante, como si control de tierra te hubiera abandonado a tu suerte en Marte, y preguntarte, con angustia, cuántos días podrás vivir con el oxígeno que te queda. Y cuando decides que de perdidos al Ganges, te pones a explorar un planeta donde constatas que sí, que el viajero puede sobrevivir, si bien en condiciones durísimas, hasta que, meses después, a tu regreso a casa, descubres que el planeta hostil quizá es el tuyo. Eso y más es la India.

Gods I’ve seen (Dioses que he visto) es un impresionante libro de fotografía que, por lo menos de momento, está publicado únicamente en inglés. Como el propio título indica, se centra en la religión, y más concretamente, en el hinduismo. No hay que pensar por ello que nos ofrece una visión parcial o reducida de esa sociedad, ya que, como podrá constatar cualquiera que haya visitado ese inmenso país, la India es religión, hasta el punto de que servidor nunca se ha sentido tan cristiano como allí.

Uno llega a la India y, desde el primer momento, empieza a familiarizarse con los dioses más llamativos y populares del descomunal panteón hindú. Nunca llegaremos a conocer a sus cientos de millones de dioses (sí, habéis leído bien), y nos preguntamos si el más venerado brahman los conocerá, pero la verdad es que, para ir tirando y conocer un poquito mejor este increíble país, nos basta con el astuto Hanuman, el dios mono, el entrañable y ubicuo Ganesh, el dios elefante, así como las deidades más conocidas de Vishnu o Shiva.

Abbas, el fotógrafo franco-iraní autor de este extraordinario viaje fotográfico, nos muestra y nos habla de una India tal y como la que se encuentra el viajero. No espere el lector, pues, encontrar aquí la sempiterna leyenda del Taj Mahal y el triste destino de su arquitecto, ni recrearse la vista con palacios imperiales ni el rosa de Jaipur. Con sus fotografías, en su mayoría en blanco y negro, y sus textos, el autor nos habla de su constante desconcierto, indignación, e incluso asco ante una sociedad que para el visitante occidental es casi imposible, no ya de abarcar, sino de comprender a un nivel elemental. ¿Cómo podemos entender la obsesión por la pureza y el rechazo a la casta de los intocables en un país cuyas calles están cubiertas de excrementos de perro, vaca, cerdo, camello, elefante y, por supuesto, humanos? ¿Cómo explicar que en el río Ganges, sagrado para los hindús, podamos ver a alguien lavarse los dientes a diez metros de un desagüe de alcantarilla?  ¿Cómo hacer entender a unas gentes que parecen desconocer el concepto de privacidad, que nos molesta que metan la cabeza en nuestra mochila cada vez que la abrimos? ¿Cómo explicar a los habitantes de aldeas donde no conocen más entretenimiento que  ver llover, que al extranjero le incomoda tener a cien personas sentadas a su alrededor observando cada uno de sus movimientos? Las preguntas sin respuesta podrían ser tantas como los dioses hindús, pero, en última instancia, Abbas alcanza, en la medida de lo posible, su objetivo: darnos a conocer, y por lo tanto, respetar, y con el tiempo, amar a ese pueblo.

“Agua y viento”, “Fuego y sangre”, “Pandits y Sanayasis”, “Minorías”, “En la carretera” o “La India emergente” son algunos de los títulos de los diferentes capítulos. En ellos nos acercamos a la vida diaria de un pueblo marcado a cada momento del día por la religión. Vemos sus abluciones sagradas, sus festivales, la crueldad de alguno de sus rituales; conocemos al inconfundible personaje del saddhu; nos asombramos y contenemos el aliento al ver esos gigantescos andamios de bambú. Nuestra capacidad de sorpresa tiene un límite, y como le sucede al viajero, esa constante sorna, esa tendencia a indignarse, deprimirse o burlarse se va transformando paulatinamente en curiosidad, interés, respeto y fascinación.

Un indio cosmopolita y bien viajado me dijo un día “hazte a la idea: mi pueblo te hará enfurecer y te volverá loco. Te comprendo. Pero no hagas daño a mi pueblo”. No pierdas la paciencia, venía a decir, con aquél que, como estás haciendo tú, tan sólo quiere conocer al otro. Pues bien, este extraordinario Gods I’ve seen nos ayuda a salvar esa contradicción.

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Nicotina, de Gregor Hens

Nicotina

NicotinaAviso: este no es un libro de autoayuda o un manual de cómo dejar de fumar. Lo digo por si a alguien se le ocurre leerlo o regalarlo con la intención de que pueda ayudar en esa difícil tarea. Puede ser inspirador, eso sí, pero si estás metido en el humo, no sé si esto te podría animar a dejarlo, o al revés.

El protagonista, que es el escritor, ha intentado dejar de fumar otras veces, y decidió hacer un estudio profundo, obsesivo, sobre las causas de su adicción al tabaco. Desde antes de nacer, ya estaba rodeado de humo y nicotina, por lo que su destino era fumar, sí o sí. Siempre lo consideraron un niño enfermo, cuando lo que estaba era intoxicado. Nos cuenta como fue creciendo pegado al cigarro y cómo evolucionó su relación con el tabaco a lo largo de su vida. En Nicotina se explican los efectos del tabaco y el tabaquismo, que son demoledores. Pero lo que más le duele o le pesa al escritor es la dependencia a la sustancia. Cómo puede algo externo manejar los hilos de nuestra vida hasta hacernos parecer marionetas. También nos explica el placer que le han proporcionado muchos de esos cigarrillos que se fumó, un placer efímero pero muy intenso. En la actualidad lleva casi un año sin fumar, pero tiene que convencerse todos los días de que está haciendo lo correcto, de que él puede con ello. Anda buscando los halos de humo que dejan otros para consolarse. Le ayuda en la superación de la adicción, el deporte, que practica con asiduidad y que le recuerda que en sus etapas de fumador no podía disfrutar porque no le daban los bronquios para las dos cosas.

Es una reflexión sobre el tabaco y su adicción. Está contado con bastante sentido del humor, es entretenido y tiene ese punto de obsesivo de alguien con el mono: rápido, repetitivo, de darle vueltas a cosas que ya están habladas, analizando, destripando, volviendo a componer. Es fácil de leer, aunque sea un ensayo y tiene alguna fotografía que aligera todavía más la lectura.

Yo he fumado en algunas etapas de mi vida, hace mucho tiempo que no lo hago. Nunca me he considerado muy dependiente del tabaco, pero esa es una idea que tienen todos los fumadores. No lo echo de menos, pero reconozco que tengo asociado con el tabaco buenos momentos de mi juventud. Pero, como al escritor, lo que más me gusta de no fumar, es el que yo he podido con el tabaco, la idea de superación, de que yo manejo la situación, de ser libre para decidir si fumo o no. El tabaquismo te hace esclavo y dependiente y eso es espantoso. Yo me crié pegado a un fumador compulsivo, que afortunadamente pudo superar su adicción. Pero viví durante los primeros años de mi vida oliendo a tabaco. La salita en la que veíamos la tele, tiene como unos doce metros cuadrados y allí estábamos toda la familia apiñada en el sofá metidos en una nube espesa de humo. Se fumaba una cajetilla de Habanos, que eran como los Ducados pero más fuertes, en una sesión de tarde-noche. Y mi hermano y yo allí pegados a la nicotina. Hoy lo pienso y me parece un crimen. Lo que no sé es como no tenemos más secuelas de las que tenemos. Efectivamente, los dos hemos sido fumadores y los dos lo hemos dejado.

Casi todos tenemos dependencia a alguna cosa. Algunas son más llamativas, como la de las drogas, pero hay mucha dependencia a pastillas con receta, que es igual de malo. La del alcohol, que está socialmente aceptada hasta que la cosa se desmadra. Algunos trastornos alimenticios también tienen que ver con adicción. Hay gente que está enganchada al deporte y lo practica obsesivamente, aunque se lesione. Las redes sociales, el estar conectado constantemente, es otra adicción. Otros se enganchan a personas o al sexo y así podría estar durante un buen rato, enumerando adicciones. Algunas son más peligrosas que otras para nuestra salud o nuestra integridad, pero todas tienen ese enganche que a mí, personalmente, es lo que más me molesta: el no poder elegir libremente por culpa de la dependencia.

El libro nos deja un epílogo muy esperanzador, en el que nos habla de lo maleable que es el cerebro y de que cualquier hábito, por arraigado que esté, es modificable. Así que a liberarse, que sí hay remedio y está dentro de uno mismo

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El cuaderno de Bento, de John Berger

El cuaderno de Bento

El cuaderno de Bento

Y si fuera el silencio que debe acompañar a las lecturas de Spinoza lo que desprendiera este libro, sería un silencio arrugado, un silencio doblado por las esquinas, en esas donde se señalan lo que debes releer, a lo que debes estar atento, aquello con lo que o te identificas o te sorprende. La calma que rodea el texto te sorprende. Nada alrededor de la lectura parece tener importancia, solo te centras en el papel, en los símbolos -dibujos y letras- que te impresionan la mente. En ese collage que resulta ser el libro, en el que Baruch Spinoza -Bento-, los dibujos y esa liturgia de señuelos, ideas, murmullos y miradas que siempre recrean los textos de John Berger; todo parece ser creado para ser observado, tanteado, acariciado o pensado; para ser asumido en tu mente, ser argamasa entre las neuronas, sin que ninguna sensación acuciante te recorte la percepción de algo diferente.

El cuaderno de Bento” es el improbable diario, la imposible copia, del libro de apuntes que siempre, dicen y decían, acompañaba a Spinoza. John Berger tienta a la suerte, apuesta por una forma, por su versión, por lo que él hubiera hecho si hubiera sido Bento, si este hubiera vivido el siglo XX. Y no pretende asomarse al cerebro del filósofo, no pretende provocar su comportamiento, ni alterar sus ideas. No; esas ideas aparecen, ilustres, por todo el libro, enmarcados entre ropas de niños regaladas, entre las bolsas de una pequeña guía de museo, entre muertos por las estúpidas diferencias religiosas, entre olvidadas princesas que nadan en una piscina pública, entre supermercados españoles y poderosos hombres de negocios desnudos. Por entre esos resquicios, Berger ha expuesto algunos de los pensamientos de Spinoza, a la vez enigmáticos y cortantes, al mismo tiempo sorprendentes y oscuros. Sobre ellos sobrevuela esa sensación que pretende mostrar que sobre lo práctico, sobre lo racional o empírico, está ese lado del mundo que se apoya en lo etéreo, en el que prevalece lo espiritual de la vida, lo que no es contable, y, a veces, ni siquiera demostrable. Mundo, este, que en el libro está poblado de dibujos que no quieren mostrar más que una cara del pasado, una flor, un crucifijo, una mano, un pequeño paisaje, o unos ojos como collares dibujados por una niña; cosas sin aparente importancia, pero que son cimientos de una forma de ver la vida; ese mundo que,  a veces, se distingue desde una mirada amistosa a las cosas más simples , y en otras se advierte la posición crítica contra los poderosos, esa acerada palabra que siempre acompaña a Berger; esa con la que aplasta a base de sustantivos, adjetivos y verbos, no ya a los poderosos de dinero y poder bárbaro, sino también a los momentos injustos, los estados que deberían ser ilícitos de amor hasta la pobreza, los lugares de violencias irracionales, de muertos sin culpa; y muestra esa angustia que ofende cuando existen personas que no nacieron en el lado iluminado de la justicia.

“El cuaderno de Bento” es un canto a las pequeñas cosas, a las maneras suaves y dignas de entender la vida, de luchar por ella, de amarla y de protestar y ofenderse y rabiar con ella. El libro es una conversación al oído, sorteando la música abrasadora que ahora suena en el mundo, que te cuenta sobre la belleza de los dibujos -aunque no sean los mejores, aunque, una vez, sea el dibujo titubeante de una niña pequeña-, que te habla del orgullo por los dibujados, te habla de “Los hermanos Karamazov” y de otros libros; te cuenta sobre la mirada hacia un cuadro, hacia los que miran el cuadro, hasta la mirada de la que te hace mirar el cuadro; que te susurra sobre lo que es saborear los pequeños detalles que se nos escapan entre esa música y los sonidos de los teléfonos que parecen ser el diapasón que mueve el mundo ahora; es observar, también, a una persona cualquiera y agradecerle un buen gesto; es mirar al bufón que dibujaba Velazquez que no a sus reyes; es contemplar al antiguo dirigente de cultura de la Alemania comunista  expurgado por defender su arte; es descubrir, cara a cara sin cerrar los ojos, los horrores que nos ocultan o queremos que nos oculten; es observar la vida de los emigrantes en país ajeno, y la no diferencia entre los mundos que nos hacen creer que existen; es atisbar el simple descubrimiento de la alegría que parece iluminar un día cualquiera. Esas cosas, y muchas más, son las que aparecen en las páginas del libro que quiere mostrarme el mundo de debajo de las piedras, allá donde dormitan las salamanquesas, las ranas y parecen vivir los humanos del mundo que no salen en los periódicos si no es para contar que no volverán.

Bento, Spinoza, no escribió este libro, ni siquiera se parecerá en nada a lo que pudo escribir, excepto esas sentencias, esas “proposiciones”, que muestran que el mundo que no se puede contar en monedas o valores existe, y que es tan valioso como el mayor de los bancos del mundo, en ese donde no se sientan ni los pintores de caras tristes, ni ancianas que regalan chaquetitas a bebes, ni cariñosos guardaespaldas de ancianas que lo serán siempre, ni los bufones, ni los emigrantes, ni Ossip Mandelstam, ni verbos con sabor a ternura, ni sustantivos sobre la injusticia del mundo. No, no existieron esas cosas en los diarios de Spinoza; pero sí parece que un mundo, su mundo, resbala por las hojas del libro; igual solo es la tinta de lo dibujos que él no pintó, pero que si pudo hacerlo porque la pintura, y la literatura, y lo no palpable, se va moviendo en el mundo y cae, siglo en siglo como un fuerza que no desaparece y que se trasforma, en ciertas manos, y acaso son las mismas las de Berger y la suyas.

Este libro, debo decir, no es con el que empezaría a leer a John Berger, creo que debes, primero, tomarle el paso, acompasar la zancada de su literatura, de su mirada del mundo y de la sociedad, para luego saber sumergirte en ese escrito, personal, fuerte, minucioso y espiritual; hasta empaparte en el cauce de su torrente que ya te volverá trasparente. Merecerá mucho la pena que recorras el camino, sin adentrarte por el atajo, y leer este libro en toda su agudeza. Te lo aseguro.

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Sobre la lectura, de Steve McCurry

Sobre la lectura

Sobre la lectura«Las maravillosas fotografías de este libro, realizadas por Steve McCurry en muchos países y a lo largo de varias décadas, son la prueba visual de buena parte de lo que he escrito: la compostura del lector, la mirada luminosa, el concepto de soledad, la posición relajada, la singularidad del esfuerzo, la sensación del descubrimiento y la insinuación de la alegría».

Con estas palabras termina Paul Theroux el prólogo al exquisito libro del que hablo hoy: Sobre la lectura, de Steve McCurry. Paul Theroux, aclamado escritor de novelas y libros de viajes, nos regala una oda a los libros en unas primeras páginas que serán las únicas contenedoras de palabras, porque a partir del prólogo todo son mágicas e inolvidables fotografías. Coloco como uno de los mejores libros que he leído en este año uno que no tiene palabras pero que, de igual forma, cuenta historias. ¿Quién me lo iba a decir? A través de las fotografías tomadas por Steve McCurry, viajamos alrededor del mundo de la mano de lectores. Niños y adultos, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, blancos, negros, pobres, ricos, altos o bajos, e incluso humanos o no humanos. Todo en Sobre la lectura orbita alrededor del libro como objeto generador de mundos. En todas las fotografías veremos una mirada posada en las páginas de un libro.

Como aquella famosa frase que defiende que «una persona leyendo un libro que te gusta es un libro recomendándote a una persona», aquí, todo son recomendaciones de personas, personas de todo el mundo, el mundo en sí nos es recomendado. De esta forma, Steve McCurry consigue que a través de la defensa de la lectura el mundo se una y demuestre la base de humanidad que todos contenemos. Sin importar la raza, el género o la edad, aquí lo importante es comprender que existe un lenguaje que todos hablamos, que todos compartimos y que nos hace uno: el lenguaje de los libros.

¿Qué hay más maravilloso que ver a un niño leyendo? Ver a todo el mundo leyendo. Esculturas, perros, monjes, ancianos, tullidos, turistas, alumnos, escritores, parejas, viajeros, empresarios. En la montaña, en la calle, en el coche, en un parque, en un avión, en el suelo, en voz alta, en grupo, en clase, en el bar, en la montaña,… pero siempre la creación del hilo solitario que une al lector con su libro a través de la mirada. Dicen que no hay nada como perderse en la mirada de otro. Sí lo hay, perderse en la mirada de un libro. Y perderse en este es encontrarse para siempre.

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El indio, de Jón Gnarr

El indio

El indioIslandia es un país curioso. Tiene el tamaño de Corea del Sur y sólo un poco más de población que La Rioja. En 2008, a comienzos de la crisis económica, su gobierno decidió dejar que los principales bancos del país se hundiesen en lugar de rescatarlos y salió victorioso. Y quién no recuerda la espartana actuación de su selección de fútbol en la pasada Eurocopa, en la que tan sólo Francia, la selección anfitriona, pudo frenar a un equipo plagado de jugadores desconocidos para el gran público. Pero si hay un sujeto que confirma que en ese frío territorio son tan raros como cachondos, ese hombre es Jón Gnarr. Alcalde de Reikiavik entre 2010 y 2014, este cómico llegó al poder en la capital islandesa con su ‘Best Party’ (Mejor partido), desde donde hacía promesas como que en invierno no apagaría el sol o que construiría un parque de atracciones Disney en las cercanías de aeropuerto. Durante su etapa de regidor se ganó la simpatía y la admiración de su pueblo, así como de personajes tan populares y heterogéneos como Noam Chomsky o Lady Gaga.

Por suerte o por desgracia, El indio, libro que publica Funambulista en castellano, no cuenta nada de esto. Gnarr ya sacó en su día un libro al respecto de su mandato. Lo que narra en esta ocasión es el origen de todo. Sus orígenes, más bien. Y es que ésta es una autobiografía de las de verdad, de las que empieza desde el mismo instante en que el autor nace, ya que antes de ese día, según cuenta él mismo, no existía nada.

Las historias del pequeño Gnarr son contadas con un tono humorístico, pero eso no evita que en la mayoría de los casos sean verdaderamente trágicas. El cómico no oculta sus orígenes humildes ni las penurias por las que llegó a pasar su familia, tanto a nivel económico como de relación entre sus miembros. Sus primeras vivencias están escritas como si las narrase el niño que por aquel entonces era, un chaval con problemas psicológicos y con una visión del mundo muy particular. Es una especie de pequeño Nicolás (el personaje de René Goscinny, no el de Gran Hermano) aunque más solitario y asocial. Un chico con un fuerte dolor en su interior que va descubriéndose poco a poco a sí mismo, a percibir todo lo que le diferencia de la gente normal y a darle vueltas a su propia existencia. Gnarr es ante todo un inadaptado, un indio en un mundo de caubois.

Algunas anécdotas de su infancia me han recordado a otras mías, como el juego de cambiar las letras de las canciones por palabrotas en clase de música o los ratos a solas creando historias fantásticas con un Action Man. Creo que el mayor logro de Gnarr con este libro ha sido el de ser capaz de retrotraerse a su pasado fielmente, tanto en los hechos ocurridos como en la forma de contarlos.

Lo único negativo: me ha parecido que el libro va de más a menos. Quizás sea porque en las últimas páginas las aventuras y los pensamientos del joven Jon no sorprenden tanto como al principio, pero sí que he notado que se me hacían algo más pesadas. A pesar de ello, el balance general del libro es muy bueno, ya que logra ofrecer un relato ameno y diferente dentro del trillado mundo de las biografías. Y no sé a vosotros, pero a mí, después de conocer la historia de Gnarr, me han dado ganas de que aparezca un personaje así en nuestra vida política. No sé si ayudaría mucho a cambiar la situación económica o a limar asperezas en la cuestión independentista, pero estoy seguro de que nos reiríamos mucho más.

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Historia a pie de calle, de Alberto de Frutos

Historia a pie de calle

Historia a pie de calleSe titula Historia a pie de calle, pero podría perfectamente haberse titulado Historia viva. Servidor, que ya peina unas cuantas canas, vivió muchas de las historias que conforman este libro, y aquéllas que no, siguen vivas en el recuerdo de mi señora madre. Y allí donde su memoria no llegue, sí lo hará la de muchos de vuestros abuelos. Y ahí para de contar, porque insisto, aquí no hay carlistas ni guerras de Marruecos: esto es historia viva.

La generación a la que pertenezco se ha entregado en cuerpo y alma a la nostalgia, y el fenómeno de alguna página web ha dado lugar a un auténtico bombazo editorial. Pero Historia a pie de calle va bastante más allá de la mera nostalgia y el buen rollo. Nuestra historia reciente comprende ocho décadas, algunas más alegres y prósperas que otras, otras más duras y grises que algunas, y este libro les hace a todas un somero a la vez que completo repaso, recordando nuestras efimeras glorias, sin escatimar los momentos de dolor.

Son del siglo pasado, sí, pero muchos de estos recuerdos parecen aún más lejanos en el tiempo. Y si no, decidme: ¿cuándo terminaron las emisiones del programa de Elena Francis? 1984. ¿Y el NO-DO? 1981. ¿Cuándo dejó de publicarse El Caso? Agárrate, lorito: en 1997.

Sería un error, no obstante, pensar que este libro se limita a entretener, que lo hace y mucho, y a dejarnos en el pecho un suspiro de uf, parece que fue ayer o jo, parece que hace siglos. De lectura fácil accesible y enromemente amena, Historia a pie de calle, ante todo, informa, y además, algo más que meritorio en estos tiempos que corren, lo hace sin recurrir a los tópicos manidos y casi inevitables en los que, por aquello del qué dirán, tantos cronistas se ven obligados a incurrir al recordar los momentos más espinosos de nuestra historia. Y el que quiera entender, que entienda.

Alberto de Frutos ha dividido el libro en seis periodos históricos que, a su vez, están compuestos de pequeños artículos o crónicas. Los de mi generación, desde luego, disfrutaremos con los dedicados a la movida madrileña o el mundial de España, pero, como señalaba antes, no todo ha de ser buen rollo, y de Frutos hace muy bien al recordar episodios tan tristes como el aceite de colza o los años más sangrientos de ETA. Y al lado de estos artículos, digámoslo así, inevitables, también hay otros de gran interés para ver de dónde venimos, como los dedicados al inicio del programa Erasmus, a la huelga general del 88, o a la capacidad de superviviencia del dinosaurio falangista durante todo el periodo de la transición.

Personalmente, sin embargo, y como aprender me gusta todavía más que revolcarme en la nostalgia, he disfrutado sobre todo con el retrato de aquella España en la que crecieron mis padres y abuelos, la de la República, la guerra, la posguerra, el Auxilio Social, el nacimiento de El Corte Inglés, las primeras quinielas, la mariquita Pérez con la que jugaba mi madre o las coplas que tarareaba mi abuela.

Hay muchos libros sobre nuestra historia reciente, pero pocos se dejan leer tan bien como Historia a pie de calle.

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