
Bienvenidos al mundo del microrrelato. No os preocupéis, no estaremos estrechos. Visto desde dentro, es más grande de lo que parece. La maestra de ceremonias será Ana María Shua, que con su libro Cómo escribir un microrrelato nos hará un recorrido por la historia de este género, para romper con los prejuicios y tópicos que pesan sobre él.
La primera reticencia al traste: no, para nada, este no es un género nuevo, surgido en Twitter, motivado por esta sociedad exprés que no dedica más de un minuto de atención a nada o promovido por escritores vagos que no quieren esforzarse en escribir historias más complejas. ¿Oigo por ahí que solo es un juego de ingenio, un chiste facilón, nada que ver con la literatura? ¡Qué va! Si tenéis esa impresión es que, desgraciadamente, no habéis leído microrrelatos de verdad, microrrelatos buenos. Se llama «micro», sí, pero también «relato», por lo que debe contar una historia, aunque mediante recursos diferentes debido a su brevedad. Y eso lo convierte en un arte muy difícil de dominar. Tan difícil que con leer Cómo escribir un microrrelato, de Ana María Shua, no bastará, claro. Pero, eso sí, os ayudará a entenderlo mejor y, por tanto, a valorarlo como se merece.
La autora lleva casi cuatro décadas dedicándose al microrrelato y en este libro comparte con todos nosotros las particularidades de la técnica de este género, sus experiencias creativas y algunos de sus textos, hasta de los primeros. Nos da las claves para escribir microrrelatos (la precisión del lenguaje, las dobles lecturas, la importancia del título y de los cierres, que tienen múltiples variantes, además de la manida sorpresa) y, sobre todo, nos anima a leer muchos primero. Para ello, recomienda escritores como Franz Kafka, Max Aub, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Jean Cocteau, Italo Calvino, Augusto Monterroso (más allá de su famoso dinosaurio) o Ramón Gómez de la Serna, referentes dentro de este género y de la literatura en general, así como una lista de los mejores sitios web donde encontrar buenos microrrelatos. Es más, pone alguno que otro para que vayamos abriendo boca. Y, en cada capítulo, le sale la vena de profesora de escritura creativa y nos plantea ejercicios prácticos de lo más variados para avivar nuestra imaginación, útiles tanto si nos iniciamos en el género como si queremos superar un bloqueo creativo, ese que tarde o temprano aparece en cualquier género literario o campo artístico.
El libro Cómo escribir un microrrelato no explica exactamente cómo escribir un microrrelato. Claro que expone sus principales características y da buenos consejos para salirse de los clichés y escribir microficciones de calidad. Pero lo que sobre todo hace este libro es ahondar en el género, tremendamente menospreciado por quienes no lo entienden o no lo conocen en realidad. Porque al profundizar en su historia, su técnica, sus autores referentes y algunos de los microrrelatos más célebres, es difícil no sentirse atraído por ellos, que con tan poco son capaces de tanto.
Ana María Shua ha conseguido un texto que pone al género del microrrelato en el lugar que se merece. Cómo escribir un microrrelato es una guía perfecta para los lectores y escritores que se inician en él y para que aquellos que se resistían se adentren, por fin, en este mundo… ¡Qué digo mundo! ¡Universo! Enorme y lleno de posibilidades literarias.



“Tengo, y siempre he tenido, la impresión de que en realidad mi padre quería matarme, y que yo le seduje para impedir que lo hiciera. Recurrí a la sensualidad para seguir con vida. Salvé mi vida dándole placer sexual. Y él se hizo adicto a nuestras relaciones sexuales, y a mí me ocurrió lo mismo”.
Esta serie, de la que ya tuve el placer de reseñarles
No sé si es buena idea empezar esta reseña diciendo que a mí la Historia nunca me ha llamado la atención. Y eso que yo estudié letras puras. El Latín, el Griego y el Arte me gustaban muchísimo, pero la asignatura de Historia… me hacía tener pesadillas. Nunca supe entenderla y mucho menos estudiarla. Se me atragantaban las tardes en las que tenía que subrayar páginas y páginas de hechos pasados hace tantos años. Por no hablar de los exámenes… Historia fue la única asignatura que manchó un poco mis notas de Bachillerato. Donde todo eran sobresalientes, ahí estaba ese seis que tanto me dolía ver. Cuando empecé la carrera de Derecho, a sabiendas de que tendría alguna asignatura de Historia, me propuse cambiar el chip e intentarlo de verdad, pero no. Tampoco eso me funcionó. Historia del Derecho y, sobre todo, Derecho Romano, me daban escalofríos cada vez que las veía en mi horario. Así que desistí en mi intento por comprender el pasado y me centré en el presente y en el futuro.


¿Qué es alienación? Dices mientras bebes tu café de Starbucks sobre una mesa sueca de nombre impronunciable y lees extasiado en tu iPod lo felices que son los trabajadores de Google? ¿Qué es alienación? ¿Y tú me lo preguntas? Alienación… eres tú.
Si alguna vez has oído hablar de la Atlántida o de Tule y has conectado tu parabólica mental a esa conversación, si fuiste de aquellos que hicieron clic en la noticia viral de hace unos años donde se hablaba de la isla inexistente del Pacífico que sí salía en los mapas de Google, si eres curioso por naturaleza, si te gustan las islas o lo desconocido o el rumor o el mito o la historia creo que te gustará este libro, que además viene cargado de ilustraciones de Katie Scott y huele de maravilla.
Este libro es el resultado de un experimento maravilloso. Por si no lo conocéis, os lo explico. En el año 2014, Bill Griffin creó 
Si uno supiera únicamente de esta obra que es un diario de una dama de compañía de la emperatriz Shōshi en la corte imperial nipona alrededor del año 1005, ya sería suficiente atractivo como para acercarse a ella. Si además empezase a leerla en la librería:
El apocalipsis de nuestro tiempo no es un libro fácil de reseñar, su autor, Vasili Rózanov, es un brillante polemista y el texto es el que puede uno imaginar de alguien que piensa que, efectivamente, su tiempo, su vida, está siendo destruida. El autor da rienda suelta a su contundente verbo, que luce desatado y reparte culpas a diestro y siniestro. Y es cierto que su mundo acababa, el texto está escrito en los inicios de la revolución rusa, a la que el autor era notablemente desafecto y son los protagonistas de la misma junto con el cristianismo los responsables a sus ojos de ese apocalipsis que considera que está viviendo.
Hace unos días formé mi primera biblioteca. Mi primera biblioteca en serio. Porque hasta ahora lo más parecido a una era el suelo de mi habitación. Compré las tablas, las monté y por fin pude darle una habitación sin cuarta pared a mis libros. Mientras colocaba todo lo que tenía desperdigado y sin ningún orden más que el de a medida que los iba leyendo y apilando unos sobre otros, iba fijándome en los títulos, recordando las lecturas; los iba abriendo, releyendo lo que subrayé a lápiz, lo que anoté en ellos, disfrutando de la sensación que me transmitían, como cuando te pones una canción que escuchabas hace años y te trae el recuerdo de lo que sentías en aquel momento. Fue acabar de montar mi biblioteca y encontrarme con este libro, en el que