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Japón perdido, de Alex Kerr

Japón perdido

Japón perdido

Me acerqué a este libro pensando que sería un elogio al respeto a la tradición y la historia del pueblo japonés, algo en lo que uno, en su ignorancia, creía que era un país modélico. Me refiero, claro, al Japón rural. Sin embargo Japón perdido está lejos de retratar a un pueblo respetuoso con su pasado y su entorno natural, otra de las características que siempre le atribuí, más bien es una crónica de la decadencia, un mapa del camino a la desaparición de la naturaleza, la arquitectura, las antigüedades y el paisaje japoneses tradicionales, y que si embargo sólo hace aumentar el interés por ese país, tan extraño como atractivo a nuestros ojos. Tal vez sea porque está escrito con infinita pasión o tal vez porque lo que cuenta es objetivamente interesante, pero lo cierto es que es un libro imprescindible para cualquiera que se interese en la cultura japonesa en particular y oriental en general.

Se trata de una reedición de un libro de 1991 y por tanto es necesario un prólogo que actualice el panorama, que explique si el camino sigue su cuesta abajo o se ha revertido, si el hormigón y el neón siguen comiéndole el terreno a los techos de paja y la sombra y la mala noticia es que el autor considera que su análisis se mantiene vigente y, si acaso se ha modificado, ha sido a peor. El autor considera que conoció Japón en un momento de privilegio, cuando el pasado aún estaba presente en el día a día, fuera de los museos, Alex Kerr llegó a conocer aquello que amaba y en Japón perdido lo comparte con nosotros, afortunados lectores por verlo a través de sus ojos, aunque afortunados en diferido. El subtítulo del libro es “el último destello de un Japón precioso”, y es una descripción hermosa y certera de su contenido.

Todo empieza con un niño que quería vivir en un castillo y que lo encontró en Japón, en el Japón remoto del valle de Iya, en una casa tradicional abandonada de las que entonces abundaban y que él restauró y bautizó Chiiori. Esa casa ejerce sobre el lector un atractivo magnético, es el centro del viaje sentimental, porque aunque sea cultural, artístico y en ocasiones de negocio es sentimental, de Alex Kerr en el Japón que convirtió en su hogar.

Las etapas de este camino son Chiiori, el teatro Kabuki, la caligrafía, China, Kioto, Osaka, Nara, los literatos o el Tenmangu, pero sobre todo son esos destellos de un Japón que se resiste a desaparecer, y todas son una alerta frente a esa concepción del desarrollo opuesta a la tradición cultural de los pueblos.

No es del todo exacto que el Japón actual no respete la tradición, lo que no trata con cariño son los objetos, las antigüedades, las casas, pero sí que siente devoción por tradiciones como la ceremonia del té, por aquellas están relacionadas con las personas, con protocolos o costumbres. Es para mí un enigma indescifrable un pueblo que no siente el menor remordimiento en derruir casas tradicionales y monumentos, en desecar ríos y cubrir montañas de hormigón, inundar de luz artificial aquello que en su tiempo fue el paraíso elegante de la sombra, de la penumbra, pero sin embargo dedica tanto esfuerzo a servir el té de una manera determinada, igual que siglos atrás.

También hay un retrato sociológico de la sociedad japonesa en tanto que pueblo obediente y disciplinado y también desde el punto de vista de los negocios, ya que Japón perdido incluye una crónica de cuando su autor fue representante una empresa estadounidense, y es un retrato, una vez más, sorprendente, porque es presa de una serie de servidumbres y opacidades que no hace que se la pueda mirar con optimismo.

En resumen, Japón perdido es un libro fantástico, el fruto de una mirada a la vez enamorada y objetiva, un ensayo brillante e indispensable para conocer Japón más allá de la faceta superficial que nos llega.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Los hijos de Atenea, de Nicole Loraux

Los hijos de AteneaCuando le comenté a un amigo que iba a reseñar este libro, me dijo: “tú sabrás dónde te metes”. Y tenía razón, hasta cierto punto. Como otros de los libros que he reseñado aquí, este no es un ensayo para leer justo antes de dormir, cuando estamos agotados y queremos algo que nos relaje y aleje de los problemas del día (algunas lecturas geniales para ese momento aquí, aquí y aquí). No, Los hijos de Atenea, el primer ensayo publicado en los años 80 por la genial Nicole Loraux, es una lectura de mañanas, con luz, con la mente despejada, y todos los sentidos puestos en el libro.

Y a mí leer así me encanta.

Conocí la obra de Loraux a través de otro de sus libros, Las experiencias de Tiresias, también editado por Acantilado. Para que os hagáis una idea, fue un libro que cogí de la biblioteca y a los dos días tuve que devolverlo y comprarlo porque el ejemplar de la universidad estaba en serio peligro de ser anotado y subrayado hasta la muerte. ¿Por qué me gusta tanto Loraux? Porque una de las razones por las que estudié Filología Clásica fue para comprender y poder profundizar en libros como los suyos, que analizan el mito griego desde una perspectiva antropológica y política y nos ayudan a ver mucho más allá de la narración, del cuento. Los libros de Loraux, como también los de Vernant o Detienne, nos acercan al mundo antiguo, a sus relaciones sociales y de poder, sin caer en anacronismos ni prescindir de una parte tan importante de la sociedad antigua como el mito.

Y sí, Los hijos de Atenea hace exactamente eso. Este ensayo que, por cierto, ha sido traducido por la Dra. Montserrat Jufresa, quien fue profesora mía en la Universitat de Barcelona, habla de los mitos de autoctonía y fundación de Atenas y de las contradicciones que presentan y resuelven para la ciudad.

¿A quién no le suena el mito en el que Atenea y Poseidón se disputan el patronazgo de Atenas y acaban casi casi llegando a las manos? Sí, ese en el que la diosa entrega a los atenienses el olivo y Poseidón hace brotar una fuente de agua salada. Si visitáis la Acrópolis, todavía podréis ver el lugar en el que se dice que el dios clavó su tridente para hacer surgir la fuente, y también os hablaran de dónde nació el primer olivo, el regalo de Atenea. En Los hijos de Atenea, Loraux analiza este y otros mitos fundacionales para hablar de cómo funcionaba la ciudad, no en el terreno de las instituciones o de las leyes, sino en uno más profundo, en el del pensamiento y en la manera de entender el mundo de sus habitantes.

Y estos mitos le llevan a hablar de temas muy diversos. Como, por ejemplo, la relación entre los sexos y la exclusión de las mujeres como parte de la ciudadanía en Atenas. Loraux no nos descubre nada nuevo cuando nos cuenta que la ciudadana ateniense no existe, que en Atenas las palabras “ciudadano” y “mujer” son casi una contradicción, pero lo que sí que hace la autora es intentar explicarnos cómo el mito procesa y justifica esa exclusión política femenina, como las historias que cuenta un pueblo hablan de su realidad.

También habla de la contradicción entre las divinidades femeninas y la situación de la mujer en la ciudad. Por ejemplo, gracias a Mary Beard todos tenemos en mente ese fragmento de la Odisea en el que Telémaco, apenas adolescente, hace callar a Penélope, su madre, argumentando que es solo una mujer y no tiene derecho a hablar en público. Esta imagen de mujeres sin voz, más cercana a la realidad, contrasta con divinidades como Atenea, Afrodita o Hera, diosas con una mala uva equivalente a la de sus congéneres masculinos. Loraux, en Los hijos de Atenea, intenta aclararnos esta contradicción.

Habla larga y tendido también de otro mito de autoctonía ateniense, ese que cuenta que la “raza de hombres” (solo hombres) de los atenienses, surgió de la tierra. Pero entonces, se preguntará el lector, ¿de dónde salen las mujeres? Pues para resolver ese pequeño problema, el mito introduce a la “raza de las mujeres”, representada por Pandora, cuya historia también tiene mucha relación con Atenea.

Porque, por supuesto, Loraux habla, y mucho, de Atenea, diosa mujer, pero virgen, sin madre, que rechaza el matrimonio y la maternidad. Diosa que rechaza las funciones de las mujeres en la Atenas antigua, pero que mantiene el orden en la ciudad y protege el matrimonio (de las demás, claro). Diosa mujer, pero de los hombres, que acompaña a los héroes (a Ulises, por nombrar al más representativo), que protege a la polis y al ciudadano. La autora dedica capítulos a analizar esta figura y su contraste con otras, por ejemplo Ártemis, diosa también virgen, pero de las mujeres, que protege en los partos.

De estos temas y de muchos otros habla Loraux en Los hijos de Atenea. Siempre hilvanando su discurso de manera clara y eficiente, sin caer en tópicos (perdonadme en los que haya caído yo en esta reseña) y transmitiendo una pasión por la Grecia antigua y el mito que hace que leerla sea como leer una novela, algo densa, sí, pero absorbente y apasionante.

Recomiendo este libro a todos los que queráis alejaros de los topicazos de la Grecia antigua que se estudian en el instituto (que sí, que sí, por falta de tiempo) y que vemos en algunas novelas y películas (soy fan de 300 pero, por los dioses, cada vez que me cruzo con alguien que cree que Esparta era eso, me entran ganas de mandarle al abismo de una patada en… ya me entendéis). Lo recomiendo también a los que os guste la mitología y queráis verla desde una perspectiva diferente. Y a los que, cuando leéis una tragedia, siempre pensáis, pero, ¿por qué el prota hace eso? Loraux aquí, y en todos sus ensayos, intenta darnos respuesta a estas preguntas, acercar nuestro pensamiento al pensamiento antiguo. Y lo consigue.

Laura Gomara

@lauraromea

 

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Gnomos, naranjitos y mosqueperros, de Juan José Zanoletty

gnomos naranjitos y mosqueperros

gnomos naranjitos y mosqueperrosEs posible que si te digo que voy a hablar de Claudio Biern Boyd, no tengas ni idea de quién es. Tal vez, si añado que le han llamado el Walt Disney español, tampoco. Es más, apuesto a que te ríes y piensas que estoy exagerando. ¿Walt Disney español? ¿Tenemos de eso? ¿¡Nosotros?! ¡Venga ya!

Así que probaré con esta canción, a ver si te es familiar:

«Eran uno, dos y tres
los famosos mosqueperros.
El pequeño D’ Artacán
siempre va con ellos…».

O esta:

«Son
Ochenta días son.
Ochenta nada más
para dar la vuelta al mundo…».

¿Y qué me dices de esta?:

«Soy siete veces más fuerte que tú,
muy veloz.
Y siempre estoy de buen humor».

¿A que ya empiezas a recobrar la memoria? Reconócelo: no has podido leer esas estrofas sin cantarlas. ¡Y han pasado más de veinte años desde que te sentabas con la merienda delante del televisor! Qué bonitos recuerdos, ¿verdad? Pues dale las gracias a Claudio Biern Boyd, el hombre ese del que te hablaba al principio. Su equipo de BRB Internacional y él son los creadores de muchas de las series de dibujos animados que marcaron nuestra infancia. Y Juan José Zanoletty nos habla de ellos en Gnomos, naranjitos y mosqueperros.

Es normal que oír «el Walt Disney español» nos suene a guasa. Y es que nunca ha habido en España una industria de la animación consolidada que pudiera hacer frente a las producciones norteamericanas y japonesas. Pero durante muchos años existió BRB Internacional, que logró abrirse hueco y ser reconocida a nivel mundial. Desde 1980 hasta 2016 crearon cuarenta y cuatro series para televisión y distribuyeron otras tantas —Banner y Flappy, El bosque de Tallac (Jackie y Nuca, para la mayoría) o Tom Sawyer—, que se ganaron el corazón de varias generaciones de niños. En Gnomos, naranjitos y mosqueperros, Juan José Zanoletty se centra en las series producidas de 1980 a 1994, el periodo más exitoso de BRB Internacional.

En su particular «vuelta al mundo en dibujos animados», el viaje comienza con Ruy, el pequeño Cid, la primera serie producida por el equipo de Biern Boyd, en la que se contaba la vida de Rodrigo Díaz de Vivar. A esta le siguieron las famosas D’Artacán y los tres mosqueperros, La vuelta al mundo en ochenta días de Willy Fog, David el gnomo, Sandokan, Mortadelo y Filemón y Zipi y Zape, donde usaron la literatura como principal fuente de inspiración.

No se quedaron ahí. Supieron aprovechar el tirón de grandes eventos como el Mundial 82, con la serie Fútbol en acción, protagonizada por Naranjito, y las Olimpiadas del 92, con La troupe de Cobi (capítulos en los que el autor nos cuenta, además, cómo se seleccionaron la famosas —y criticadas— mascotas), así como la Exposición Universal de 1992 y el V Centenario del descubrimiento de América con la serie Las mil y una… Américas. Pero no solo eso, ya que en BRB Internacional también hicieron sus pinitos como divulgadores de ciencia con el concurso Los sabios, presentado por Andrés Caparrós e Isabel Gemio.

Además de recordarnos de qué iban todas estas series y muchas más, encontramos curiosidades sobre ellas (¿a qué se debía ese empeño en transformar en animales a los protagonistas de los clásicos de la literatura de Dumas, Verne o Salgari ?), la censura o cambios que se llevaban a cabo según el país en el que se emitían, el proceso de creación (¿por qué se delegaba la animación a otros países?) y los dimes y diretes de la industria del entretenimiento. Todo eso hace que Gnomos, naranjitos y mosqueperros no solo sea un viaje nostálgico a nuestra infancia a través de sus series de dibujos animados, sino un reconocimiento a Claudio Biern Boyd y su equipo. Demostraron que en España también se podían crear series comerciales, llenas de aventuras y humor, sin dejar de lado los valores y los buenos guiones.

Que cada cual valore si el apelativo del Walt Disney español le queda grande o no a Claudio Biern Boyd. Lo que este libro y su trayectoria demuestran es que, sin duda, es uno de los padres de la animación moderna europea, que no es poca cosa tampoco. Así que hagámosle hueco en nuestra memoria, junto a esos personajes y esas canciones inolvidables que nacieron gracias a él.

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Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), de Adrian Vogel

bikinis futbol y rock & roll

bikinis futbol y rock & roll«Los viejos rockeros buscaron otra verdad

se burlaron de la tradición.

Guitarra y vaqueros sembraron libertad

nos dieron la música

como una nueva forma de luchar».

Canción: Los viejos rockeros nunca mueren (1979), de Miguel Ríos.

 

Esta estrofa de Miguel Ríos podría ser el resumen más corto y, a la vez, perfecto de Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), de Adrian Vogel. Pero olvidaríamos los bikinis y el fútbol, que también forman parte importante de esta historia.

¿De qué historia? De la nuestra, claro. La de la España de la segunda etapa del franquismo. Quizá muchos no la hayamos vivido, pero la vivieron nuestros padres. Así que sí, es la historia de todos. Porque las transformaciones sociales que se fraguaron en esos años, y lo que se quedó enquistado también, conforman lo que es hoy en día nuestro país.

 

«Todos hablando de hombres ilustres

y de Elvis Presley nadie habla jamás».

Canción: Presumida (1961), de Teen Tops.

 

Adrian Vogel no nos cuenta por enésima vez nuestra historia en versión NO-DO, ni tampoco con el mismo enfoque económico y político de los ensayos y libros de Historia. No, Vogel prefiere hablarnos de esas turistas que se saltaron las reglas de la moral y la decencia bañándose en bikini en la playa, de los quebraderos de cabeza del Régimen cuando la selección de fútbol española tenía que jugar contra la URSS o de los intentos de sabotaje a los Beatles durante su visita a Madrid en 1965.

La crónica de Adrian Vogel se centra en el aspecto popular, en los gustos y aficiones de la gente de a pie que, con sus pequeños gestos, abrieron el camino a grandes cambios. Porque cuestiones como el bikini, el fútbol o el rock & roll, que hoy en día vemos como pasatiempos intrascendentes, supusieron un soplo de aire fresco para la constreñida sociedad franquista. Dejarse llevar por esas modas que llegaban del extranjero fue el acto subversivo de toda una generación. Y es de eso de lo que nos habla Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977): cómo se resquebrajó esa mayoría social que se había identificado tanto con el franquismo que lo había convertido en una forma de vida.

La exposición de datos que realiza Adrian Vogel es profusa: conferencias, exposiciones, festivales, películas, artistas de moda, fichajes estrella de los equipos de fútbol, campeones de liga, entradas y salidas de miembros en las bandas de rock & roll, listas de éxitos musicales desde los años 40 hasta los 80 para ver la evolución de gustos de los españoles… Esto puede provocar dos reacciones en el lector: que esté encantado porque reconozca esos nombres y hechos y le haga recordar algunos que había olvidado; o que se abrume con tantísima información. En mi caso, reconozco que la lectura de algunos capítulos se me ha hecho demasiado densa. Hubiera agradecido menos enumeraciones, datos y cifras, y más narración de acontecimientos y de anécdotas del propio autor, que estuvo presente en varios eventos significativos de la época.

No obstante, es indiscutible el valor de Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), tanto por la cantidad de información cultural que aglutina en un solo volumen como por su reivindicación de prestar atención a lo popular para entender el verdadero sentir de una generación y un país.

Porque por mucho que algunos se empeñen en menospreciar la cultura, siempre ha sido y será la herramienta por excelencia de comunicación universal. Esa capaz de traspasar fronteras y unir a pesar de las diferencias. Esa que se instala en la cabeza de la gente corriente y, de pronto, hace que vean la vida desde otro punto de vista.

Es probable que esos que hacen de menos a la cultura teman su poder silencioso, por eso se esfuerzan tanto en que el resto no la tomemos en serio. Así que no les hagamos caso. Leamos Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977) y recordemos la fuerza que tienen los pequeños hombres y sus pequeños gestos para cambiar nuestra sociedad.

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Cartas de amor de músicos, de Kurt Pahlen

Cartas de amor de músicos

Cartas de amor de músicosEl enorme talento de músicos de la talla de Mozart, Beethoven, Haydn, Puccini y un largo etcétera, y todo cuanto nos han legado, parece obra de hombres que no pueden ser sino de otro mundo. Casi divinidades. Una suerte de mitos modernos que, desde finales del siglo XVIII y hasta el siglo XX, han dejado su huella en la historia universal de la música a través de unas composiciones geniales. Pero todas estas obras, en realidad, pertenecen a hombres profanos, hombres con miedos, alegrías, inseguridades, caprichos. Hombres terrenales que, tras las puertas de sus dormitorios, se desnudaron en cuerpo y alma hacia un sentimiento, este sí, divino: el amor.

Cartas de amor de músicos, editada por el musicólogo Kurt Pahlen, recoge entre sus páginas la correspondencia que mantuvieron estos músicos con sus amadas, muchas de ellas, inspiradoras de sus enormes creaciones musicales. Un elaboradísimo trabajo de documentación en la que el autor nos transporta a la época de cada uno de los músicos y nos abre esas puertas de sus dormitorios para encontrar al hombre temeroso, enamoradizo o lleno de celos que se esconde tras las notas de los pentagramas. En cada una de las cartas o fragmentos de diarios personales descubrimos la personalidad de cada uno de ellos y el tipo de relación que mantenían con su correspondiente amada. Así, en Mozart se aprecia la ingenuidad y la siempre buena actitud, aun en momentos de enfermedad, que demostraba hacia su querida Konstanze. Entre su correspondencia nunca faltaban palabras llenas de cariño infantil, reflejo de su amabilísima personalidad, con ingenuos juegos léxicos que entre ellos inventaban:

«Pesca por el aire… vuelan 2.999 besitos y medio míos que esperan ser cazados. […] y abrimos y cerramos los morros, cada vez más y más para acabar diciendo: es por Plumpi-Strumpi».

Frente a las críticas siempre escrutadas hacia la joven Konstanze por muchos historiadores, Kurt Pahlen defiende su persona por ser, en gran medida, la causante del buen estado de ánimo de Mozart y aquella que le propició crear sus grandes obras como Las bodas de Fígaro o Don Giovanni.

En este repaso epistolar por la historia de la música, el autor nos presenta la situación personal de cada músico y de este modo contextualiza tanto el tiempo que viven como la relación mantenida con la amada. Con una amena introducción para ponernos en situación, Kurt Pahlen nos da las claves de cada músico y nos hace conocer su biografía y la época que les tocó vivir. Nos menciona el modo en cómo llegaron a conocerse las felices parejas y nos acompaña, casi a hurtadillas, hacia los rincones íntimos donde el músico escribía bajo la luz de una lámpara. A través de sus escritos podemos apreciar la impronta que dejó en ellos el Romanticismo, de ahí que sus cartas llegaran a poseer un carácter literario muy elevado y exaltado en figuras como la de Carl María von Weber, en las que en sus primeras misivas queda patente su profundo amor juvenil hacia su querida Karoline, mientras que en las últimas se refleja la tragedia y la desesperación del músico por regresar junto a los suyos.

Mención aparte merece la correspondencia de Beethoven. Es, sin duda, el relato del amor más elevado y distinguido entre sus homólogos. De una profunda emoción, sus palabras están llenas de sentimiento. Se desconoce la identidad de la destinataria, aunque Kurt Pahlen intenta esbozar, contrastando datos, fechas y localizaciones, la persona a quien el genial músico de Bonn dedicó las más emotivas palabras de amor recogidas en esta antología. Ella, su amada, recibe la sonora denominación de «amante inmortal», un noble título que no puede más que engrandecerse aún más con el arranque de tan romántica carta: «Mi ángel, mi todo, mi yo…».

Se trata de una carta triple, o tres cartas simultáneas, en las que el músico declara su leal amor por ella y, siendo un hombre tumultuoso de carácter, su creciente temor y desazón que le provoca el sentir que pueda perderla. Una suerte de Goethe se adivina en sus palabras. Tras la lectura de esta carta, uno se pregunta si todavía existe alguien que, llevado por la emoción del amor, escribe así. Me encantaría pensar que la respuesta es un sí rotundo, si no, ¿qué sentido tiene enamorarse?

«Solo puedo vivir o enteramente contigo o por completo sin ti. ¡Ninguna otra poseerá nunca mi corazón, nunca, nunca! ¡Oh, Dios, por qué hay que alejarse de lo que tanto se ama?

Si en Beethoven se refleja el influjo romántico de Goethe, en Héctor Berlioz destaca la figura del primer amor platónico que sintiera Dante hacia Beatrice. En el caso del músico, su pasión le conduce siempre hacia su primer amor, Stella Montis. Otras mujeres pasaron por su vida, pero siempre en sus pensamientos y su corazón late la esencia del regreso a ella. Es en su vejez donde consiguen reencontrarse y a través de la correspondencia mantenida. Otra de los grandes capítulos de este libro es el que recoge las cartas del músico español Enrique Granados, siempre dirigidas a su mujer y madre de sus seis hijos. El tono infantil recuerda a Mozart y en algunas de sus cortas temporadas de separación es donde el músico le escribe con enamoradizo fervor:

«Recibirás la carta el martes y el miércoles en vez de carta tendrás a tu Quique al ladito para decirte cosas ricas».

Cartas de amor de músicos es un romántico repaso por la historia musical de los más grandes compositores que sirve para conocer su psique, sus profundos anhelos y donde, al margen de estar dedicado en exclusiva a las cartas de ellos, también se aprecia el poder y fuerza de algunas mujeres que se convirtieron en reflejo de modernidad ante su época —léanse los capítulos dedicados a las amadas de Chopin o Franz Liszt— y que, en definitiva, el amor hacia ellas inspiraron sus grandes piezas musicales.

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El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez

El libro de Aurora

El libro de AuroraNo sé si os habéis enterado de la polémica que ha habido hace poco entre Joaquín Sabina y Susana Rivera, viuda del enorme poeta Ángel González. Podéis leerla aquí,  pero de todas formas os hago un resumen. Resulta que en una entrevista, le preguntaron a Joaquín Sabina sobre la fundación Ángel González que él siempre había querido fundar. Él contestó, palabras textuales: “Sí, claro que me duele… Hay un cáncer ahí que se llama cáncer de las viudas de los escritores. En fin, me dicen que me calle. No merece la pena.”. Haciendo clara alusión a Susana Rivera, quien al leer la entrevista, tuvo su momento de réplica con palabras como éstas: “Las viudas ni somos ignorantes ni analfabetas, somos las herederas del legado de nuestros cónyuges, no hay más. Es todo una farsa. ¿Interminables noches en casa de Sabina? Le conocimos en el 2001, por Dios, hasta 2004 no paramos por su casa, solo veníamos los veranos y Ángel murió en 2008. Es absurdo. Lo de Sabina es como sus discos: más de cien mentiras, y lo niego todo, incluso la verdad. Da risa”.

Más allá de si se conocían hace más o menos años y del grado de relación que pudiera existir, lo que más me llama la atención son las poco agraciadas palabras de Sabina hablando sobre el cáncer de las viudas de los escritores. Me parece que le hace flaco favor a estas mujeres y a la literatura en general. Un comentario misógino y desafortunado y que por desgracia aún sigue teniendo cabida, no porque sea verdad, si no porque hay gente que aún lo cree así.

En fin, yo quería contaros todo esto en la introducción porque El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez tiene mucho que ver. Aurora Bernárdez es viuda del escritor Julio Cortázar y me temo que ella misma ha sufrido de alguna u otra forma algo parecido a lo que os contaba en la introducción. Además, en este caso, Aurora Bernárdez, también era escritora. Eso sí, una escritora que se vio relegada de forma voluntaria, a escribir para ella misma. Lo explica muy bien Mario Vargas Llosa: “Era difícil descubrir quién era más inteligente y más culto, cual de los dos había leído más, mejor y con más provecho (…) Yo estuve siempre seguro que Aurora no solo traducía – lo hacía maravillosamente – sino también escribía, pero se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiera un solo escritor en la familia”.

No sé, a mí me parece triste que la propia Aurora decidiese esconder sus escritos por esos motivos. ¿No creeis?  Así que celebro con gran alegría este libro, que es un canto a esa vocación de oscuridad y secreto que la propia Aurora decía tener.

En El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez se recogen los poemas, relatos y notas de esta mujer brillante, que dedicó parte de su vida a la traducción literaria de autores como Albert Camus, Italo Calvino, Ray Bradbury o William Faulkner. Además, encontramos también la transcripción de la única entrevista que concedió. Una entrevista esclarecedora, en la que habla de su vida, su relación con Cortázar y la literatura, sus escritos y mucho más. Una forma maravillosa de conocer a la auténtica Aurora Bernárdez, esa mujer desconocida para casi todos.

Un libro para darle ese papel que se merece Aurora. No sólo el de la mujer y confidente de Julio Cortázar durante muchos, sino el de una mujer auténtica, brillante y fascinante.

 

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¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas, de Doc Pastor

Hasta el infinito y más allá Pixar a través de sus películas

Hasta el infinito y más allá Pixar a través de sus películasFijaos en la portada de este libro. Apuesto a que la mayoría de los que leéis estas líneas reconocéis esas siluetas. Y es que Pixar lleva veintidós años creando personajes memorables que, a través de sus historias, nos hacen ver la vida desde otro punto de vista: el de los juguetes que no quieren que su niño les abandone; el de los monstruos que necesitan de los gritos infantiles para vivir; el de la rata que está harta de comer basura; el del robot solitario que vive en un mundo arrasado por los humanos; el de las emociones que bullen en la cabeza de una niña camino a la adolescencia…

También habrá algunos que no las reconozcan, claro. Seguramente nunca se hayan interesado por una película de Pixar porque piensan que son demasiado mayores para ver dibujitos. Craso error. Pixar es mucho más que cine infantil, es cine para todos los públicos, pero del de verdad. Sus películas están hechas para que tanto mayores como pequeños salgan del cine con una sonrisa, gracias al buen rato que han pasado y a los valores y al buen rollo que la película les ha transmitido. Y es que Pixar tiene mucha miga, como demuestra Doc Pastor en ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas.

En las primeras páginas, Doc Pastor nos cuenta lo que supuso para él ver Toy Story. Con el paso de los años se daría cuenta de que esa película no solo le había deslumbrado a él como espectador, sino que también había revolucionado la industria del cine de animación. La película protagonizada por Woody y sus amigos era la primera hecha íntegramente por ordenador, y su éxito hizo cambiar el chip a Disney, que andaba de capa caída, y abrir camino a nuevos estudios de animación, que contribuyeron a innovar un sector lleno de posibilidades creativas.

A Toy story le siguieron Bichos: una aventura en miniatura, Monstruos, S. A., Buscando a Nemo, Los increíbles, Cars, Ratatouille, Wall-e, Up, Brave, Inside out y El viaje de Arlo; a las que hay que sumar las segundas y terceras partes de algunas. De todas ellas y de las que están por llegar nos habla Doc Pastor en este libro, plagado de ilustraciones y bocetos; de anécdotas sobre el proceso creativo; de los tiras y afloja con Disney; de las acusaciones de plagio a muchas de sus películas, así como los plagios descarados que también se han hecho de estas; de las numerosas referencias que sus historias hacen a clásicos del cine y al propio universo que Pixar ha creado (con cameos de personajes de unas películas en otras); sin olvidarse de mencionar sus cortos, otro de los tesoros del estudio, y la teoría que conecta en un solo hilo argumental todas las películas, que aunque haya sido desmentido oficialmente, no deja de ser curiosa.

En definitiva, ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas es una carta de amor de Doc Pastor al trabajo de este estudio de animación y un regalo para todos los que somos seguidores de Pixar: aquellos que crecimos con sus películas y aquellos que se han unido más tarde a su legión de animadores, de la mano de sus hijos.

Merece la pena leer este libro para disfrutar de nuevo con las películas de Pixar. Volver a verlas para fijarnos en esos detalles que nos habían pasado desapercibidos y en esos guiños que constantemente nos hacen a los espectadores fieles. Dejarnos llevar una vez más por esa sensibilidad tan especial que ha caracterizado a Pixar desde sus comienzos y por la frescura de sus personajes y sus historias. Porque a veces unos dibujitos son el recurso perfecto para redescubrir el mundo en el que vivimos y a nosotros mismos. Y, por supuesto, para azuzar nuestra imaginación. Esa es la magia de Pixar que ha cautivado a millones de personas desde 1995. Esa es la magia de las buenas historias.

 

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Romances de cine, de Mario Parra

Romances de cine

Romances de cineNo pasa nada, no os avergoncéis. Todos tenemos ese lado cotilla. A todos nos gusta saber qué hace fulanito o por qué menganito ha dicho lo que ha dicho. Y ya si la cosa va de amores, nuestro radar cotilla se dispara. ¿Que Petri ha dejado a Paco?, ¿quién es aquella rubia con la que sale Pepito? No me digáis que no. Si nos gusta cotillear sobre nuestros vecinos, imaginad lo que es cotillear sobre famosos a los que ni siquiera conocemos. Gloria bendita. Pero, si de verdad queréis cotilleos de los buenos, sin tener que pasar por los Aargg y los Uhhh de las revistas dedicadas a tales asuntos, os recomiendo encarecidamente Romances de cine.

¿Qué por qué? Voy a daros muchos motivos, tranquilos.

El primero ya os lo he dicho: este libro es para saciar esa parte cotilla que todos tenemos (que sí, que tú también). Y además, aparte de curiosear, se aprende mucho. Tanto como si eres un amante del séptimo arte como si no, estoy segura de que todos los personajes que aparecen en el libro te suenan. Pero, con toda certeza, no conoces ni la mitad sobre sus grandes historias de amor. Porque todos sabemos que Elizabeth Taylor y Richard Burton estuvieron juntos, pero no os hacéis una idea de lo turbulenta que fue su relación y de todas sus idas y venidas.

El segundo motivo es la selección que ha hecho Mario Parra en Romances de cine. Diez geniales e inquietantes historias de amor todas relacionadas con el  mundo del cine: desde el secreto a voces entre Cary Grant y Randolph Scott, hasta la turbadora relación de Woody Allen y Mia Farrow, pasando por el atípico idilio entre Katharine Hepburn y Spencer Tracy. Como veis, todos clásicos del cine. Pero también podemos encontrar algunos amores más actuales como la reciente ex relación entre Brad Pitt y Angelina Jolie o el absolutamente extraño matrimonio formado por Tom Cruise y Nicole Kidman. Hay para todos los gustos.

¿Necesitáis más motivos? Mario Parra, su autor, es otro motivo de peso. Lleva más de diez años trabajando para el mundo del cine y en cada página de Romances de cine transmite su gran devoción por éste. Se nota en la dedicación y la verosimilitud con la que habla de las celebrities y sus vidas amorosas. Pero es que, además, el tío tiene guasa. Su forma de narrar los romances y los comentarios y pullitas que deja escapar me han hecho reír en más de una ocasión. Y cotillear, reírse y aprender todo a la vez es una maravilla.

No sé qué más tendría qué deciros para convenceros. ¿No tenéis ya ganas de leerlo? De verdad de la buena, Romances de cine es uno de los libros más entretenidos que he leído este verano. Un libro que enseña, que divierte y que, como dice el propio autor, podemos utilizar para sacar temas de conversación en la próxima cita a ciegas, que precederá a nuestra próxima relación y a la consiguiente ruptura amorosa. ¿No os dan ganas de creer en al amor ya?

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Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película, de María Adell y Pau Llavador

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película.

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película. Siempre me cuentan que al poco tiempo de quedarse mi madre embarazada, se recorrió media Europa en un crucero. Esa es la explicación que dan los que me conocen cuando les digo que estoy planeando un viaje nuevo. Desde que tengo uso de razón he estado viajando. También ayudó el hecho de que mi padre fuera humorista, teniendo que actuar cada día en una ciudad diferente. Mi infancia se pasó entre coches, escenarios y hoteles. Cuando la afición por viajar arraigó del todo dentro de mí, no hubo frontera que me parase. Primero París, luego Túnez, pasando por una decena de destinos más hasta llegar al último, Kenya, donde estuve hace apenas cuatro meses.

Así que no es de extrañar que toda mi vida gire en torno a los viajes. Todas las decisiones que tomo en la vida, las tomo pensando en ellos. En ahorrar, en comprar cosas útiles para viajar, en informarme más y más sobre nuevos lugares… y esto lleva a una pequeña obsesión que consiste en ver todos los documentales de viajes que existen y acumular libros y libros sobre sitios a los que quiero ir. Ruta 66, coches, moteles y canciones de película ha sido mi última adquisición. Nunca he estado en Estados Unidos y, por supuesto, es uno de los destinos que tengo súper pendientes. En concreto, la ruta 66. Y todo esto por culpa del cine. Me encantan esas películas en las que lo importante de un viaje no es el destino, sino el trayecto en sí. Esas escenas que suceden dentro de un coche y que quedan marcadas en nuestra retina para siempre. Por ejemplo, una de mis escenas favoritas es una de Pulp Fiction, en la que Vincent le explica a Jules cómo llaman al cuarto de libra en París, sonando Jungle Boogie de fondo. Otra de mis películas favoritas es Pequeña Miss Sunshine, donde el viaje es lo importante de la película y donde hay escenas absolutamente maravillosas.

Este libro, escrito por María Adell y Pau Llavador, tiene una cosa muy especial y es que no solo nos ofrece un recorrido por la ruta 66, desde el inicio hasta el final, sino que nos va enseñando, ciudad a ciudad, qué películas míticas se grabaron allí y dándonos una canción que podría valer de banda sonora para esa visita en concreto.

¿Quién no ha sonreído y se ha dejado llevar cuando en el coche empieza a sonar nuestra canción favorita y las ventanas bajadas dejan entrar el aire fresco? ¿Quién no ha soñado con montarse en una moto y recorrer la Ruta 66 mientras los neones pasan fugazmente a nuestro alrededor? ¿Quién no se ha imaginado bajando de un Chevrolet en un motel de mala muerte para pedir un café y una hamburguesa? No importa el destino, importa el trayecto. Aunque el trayecto debe de hacerse en un coche de confianza y que esté perfectamente equipado para poder aguantar tantas horas de viaje. Con el mío, no podría ir ni desde Los Ángeles hasta California… así que igual es hora de dejarme asesorar por autoDoc.es si quiero embarcarme algún día en una aventura como esta.

Ruta 66, coches, moteles y canciones de película tiene los ingredientes necesarios para que la mente de las personas que aman viajar empiece a volar muy alto. María Adell y Pau Llavador recopilan imágenes de películas que todos hemos visto una y otra vez y que han hecho que queramos conocer El Gran Cañón, Las Vegas o los desiertos de Nuevo México.

No sé si algún día se cumplirá este sueño, pero, por si acaso, lo mejor será empezar a planearlo. Siempre hay que pensar en positivo. Aunque la verdad es que voy a matar el gusanillo muy pronto, ya que en breve voy a tener que empezar a hacer la maleta. Dentro de una semana a estas horas estaré en Copenhague. No es la ruta 66, no. Pero tampoco está tan mal, ¿no creéis?

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El hombre razonable y otros ensayos, de Joaquina Pires-O’Brien

El hombre razonable y otros ensayos

El hombre razonable y otros ensayosMe gustan mucho los libros que permiten descubrir plenamente al autor. Ese tipo de libros que, cuando los lees, tienes la sensación de estar tranquilamente tomando café con el autor, dialogando con él sobre sus ideas. Eso es lo que me ha ocurrido con El hombre razonable y otros ensayos. No solo he disfrutado la lectura, sino que he tenido el placer de poder conocer en profundidad la opinión de la autora sobre ciertos temas. ¿No es maravilloso ese diálogo que puede llegar a establecerse entre autor y lector?

Pero para los que aún no habéis tenido la oportunidad de conocer a la autora, os la presento. Joaquina Pires-O’Brien es brasileña y ha estudiado tanto en Brasil como en Estados Unidos e Inglaterra. Ha publicado reseñas y ensayos en la revista Contemporary Review y desde 2010, publica en PortVitoria, una revista electrónica de actualidad centrada en la cultura ibérica y que ella misma fundó. Podéis echarle un ojo en el siguiente enlace.

El hombre razonable y otros ensayos fue publicado en 2016 en formato eBook en Amazon y más tarde en formato papel. La propia autora nos explica en el prefacio que su primer libro, este libro de ensayos, haya quizá tardado más de lo que debería en acabarse y publicarse. Hace más de veinte años que decidió comenzar a escribir sobre su visión acerca de temas atemporales y actuales con el fin de poder entenderlos, pero no ha sido hasta hace poco que el libro ha visto la luz. Supongo que todo tiene su momento y probablemente éste fuera el idóneo para que este libro viese la luz.

¿Qué vamos a encontrar en  El hombre razonable y otros ensayos? Pues, como os he dicho antes, éste es un libro de ensayos sobre temas que  Joaquina Pires-O’Brien ha decido escoger para profundizar en ellos, con el fin de poder comprenderlos mejor. Planteamiento que me parece más que interesante, pues creo que enfrentarse a un tema sobre el que queremos ahondar a través de la escritura es una de las formas más inteligentes de hacerlo.

El ensayo El hombre razonable, nombre que da título al libro es bastante curioso. Resulta que en la ley inglesa y del País de Gales se utiliza el concepto del “hombre razonable” para una determinada expectativa de comportamiento. Dicho de otro modo, en un crimen de negligencia en dichos países, basta mostrar que las precauciones esperadas de un “hombre razonable” no fueron empleadas. Es una especie de conducta uniforme a tener en cuenta a la hora de aplicar las leyes. Curioso, ¿verdad? Daos cuenta entonces la importancia que adquiere este concepto para el buen funcionamiento del Estado y de la sociedad. Aunque no es una idea nueva, ya aparece desde la Antigüedad en filósofos como Platón, Sócrates o Aristóteles.

Entre los ensayos que podemos leer en este libro, aparecen temas tan dispares como el concepto de pasaporte, la voz del pueblo, el aprendizaje a lo largo de la vida, la utopía, el postmodernismo o preguntas y respuestas sobre el 9/11. Como veis, la autora trata sobre temas de lo más variados, que a simple vista pueden parecer inconexos entre ellos y que, aunque no deja de ser así, la autora consigue hilar con muy buenos resultados.

Además de estos ensayos, aparecen también en el libro algunos capítulos dedicados a personajes tan relevantes como Friedrich Hayek, Canetti, Stefan Zweig, George Orwell, Rousseau y Hobbes.

Lo cierto es que es un libro que he disfrutado bastante leyendo, no sólo porque, como os decía, es una forma muy grata de “conversar” con el  propio autor, sino también porque El hombre razonable y otros ensayos es un libro con el que aprender, descubrir y plantearse muchas preguntas a uno mismo. Todo un reto hoy en día.

Por ponerle una pega, y puesto que es mi profesión, la traducción que han hecho del portugués al español contiene muchos errores bastante visibles. Así que ahí lo dejo, por si quieren corregirlos para la próxima edición.

Ya sabéis, si queréis una lectura con la que aprender y que os haga cuestionaros vuestros propios conceptos e ideas, El hombre razonable y otros ensayos es el libro perfecto para ello.

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La hora violeta, de Sergio del Molino

La hora violeta

La hora violetaEl duelo, como el amor, es una historia de dos en la que nadie debería entrometerse. Después de que su padre se suicidara, David Vann escribió una novela pequeña, del tamaño de una isla, Sukkwan Island, en la que diseccionaba a modo de hipótesis, “qué hubiera pasado si”, su propia relación con su progenitor. El resultado era una historia oscura y tortuosa, lírica pero violenta, donde los cuerpos pesaban, y las frases, las palabras, el dolor se descomponía. No era una hermosa visión. Y, sin embargo, era literatura y era duelo.

Tras la muerte de su hijo, Wolfgang Hermann compuso su Despedida que no cesa, una bella y breve historia en la que con un lenguaje que rozaba lo poético, si no era poesía en sí, atravesaba las heridas y lograba recomponerse. Por su parte, Joan Didion tuvo que convivir con la muerte de su marido y de su hija en apenas un espacio temporal de dos años. Su pérdida dio paso a dos de sus libros más famosos, El año del pensamiento mágico y Noches azules, que discurrían entre el ensayo, el diario personal y la literatura.

A medio camino entre ambos, entre lo poético de Hermann y el ensayo de Didion, con toques a veces de memorias, casi crónica periodística como defecto de profesión, Sergio del Molino, autor también de La España vacía, cuenta en La hora violeta, título que por cierto hace referencia a un verso de T. S. Eliot, la muerte de su propio hijo Pablo.

Desde ahí, desde la herida, y solo se me ocurre ese lugar para leer su libro, al menos con el respeto que se merece, cuesta diseccionar su novela. Entrometerse en el dolor ajeno, en algo que está escrito con tanta honestidad, sufrimiento y ternura. Y es que, a lo largo de sus páginas, el escritor madrileño entona una prosa sosegada, como un murmullo, una carta íntima y privada en la que cualquier intromisión, más allá de la de su lectura, podría tornarse de más. O al menos, cuesta pararse a cuestionar su lenguaje, el ritmo, la voz narrativa o los recursos literarios que utiliza. Que los hay. Porque La hora violeta es, además de dolor, literatura.

Escrita bajo el influjo de cierto control, donde la emoción está pero no explota anárquica, la novela de Del Molino tiene la delicadeza propia de quien compone movido por el amor más profundo. De fondo, Pablo, su enfermedad, los hospitales, las mejoras y las recaídas, el personal sanitario, los procedimientos, los viajes, el inmenso desasosiego de unos padres que temen lo que podría venir después. Y todo ello distanciándose del lamento fácil, legítimo, con un lenguaje contenido y literario, a partir del cual el periodista investiga su propio dolor, le pone cerco, lo recompone.

No creo que haya respuesta para tanto, en realidad. Si, en palabras de Wolfgang Hermann, no puede ser, ni si quiera cabe en la mente. Lo que sí hay, probablemente, es necesidad. También hay belleza en La hora violeta porque hay literatura, porque de fondo subyace el infinito amor de un padre a un hijo. La escritura de Sergio del Molino invade las habitaciones de hospitales y recorre los recuerdos con absoluto mimo y elegancia. Su lectura te aprieta fuerte el alma. Encogida. Poco más se puede escribir al respecto. Salvo acompañarle en su pérdida.

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¿Cómo nos metimos en este desastre?, de George Monbiot

Cómo nos metimos en este desastre

Cómo nos metimos en este desastreTal vez muchos no se acuerden, pero en un principio el periodismo consistía en decirle a la gente lo que le pasaba a la gente. Sin muchos mayores filtros que el contraste de las informaciones y la selección de los temas que más podrían llegar a interesar al conjunto de la sociedad. Pronto los intereses económicos y políticos comenzaron a complicar el trabajo del profesional de la información, que vio cómo su primera batalla la tenía que vivir en su propio escritorio. «Cada mesa un Vietnam», como le gusta decir a Enric González. Muchos fueron los periodistas que se vieron obligados a modificar su modus operandi, a relajar su inquietud investigadora o, simplemente, a comenzar a trabajar para el que pone los billetes sobre la mesa. Sin embargo, también han quedado unos cuantos periodistas valientes y comprometidos con la verdad. Y George Monbiot, como puede leerse en sus artículos recogidos en el libro ¿Cómo nos metimos en este desastre?, es uno de ellos.

Monbiot es una de esas escasas voces críticas e indignadas que han conseguido sobrevivir a la gran crisis del periodismo global y que se esfuerzan por sacar a la luz las perversidades e injusticias del sistema. No debemos pensar que es un ser extraordinario en ese sentido; en nuestro país contamos también con comunicadores con un perfil similar al suyo, aunque rara vez tienen la visibilidad de este autor. Y es que el británico lleva años denunciando las injusticias desde su columna en el prestigioso periódico The Guardian. Una visibilidad y un poder que le ha llevado (o eso se afirma en este libro) incluso a alterar proyectos de ley con sus artículos.

El estilo de Monbiot es puramente periodístico, en el mejor de los sentidos: claro, conciso y muy directo. Además, es de los autores que sorprende por la precisión de sus sentencias. Prácticamente cada una de las ideas que recoge en sus artículos está acompañada de la fuente de la que procede, ya sea dentro del texto o con una nota a la enorme sección de referencias bibliográficas que cierra el libro.

Lo que sí que diferencia a este autor de otros periodistas críticos es que tiene una opinión propia de prácticamente cada tema, que en no pocos casos dista de lo que cabría esperar de él. Sus ideas tienen denominación de origen Monbiot y, si bien en su gran mayoría podrían ser subscritas por lo que antaño solíamos denominar la izquierda, otras tantas, sin embargo, se salen de los esquemas habituales. Por ejemplo, su defensa de que el pastoreo constituye un peligro medioambiental y económico para Reino Unido, su preferencia por la energía nuclear frente a otras que considera más perjudiciales o su apoyo a limitar el gasto público en subsidios a la agricultura por considerarlos un despilfarro.

Pero si algo sobresale en este compendio de artículos es la especial fijación de Monbiot en el medio ambiente. El uso de combustibles fósiles, la preservación de la fauna, la utilización de los suelos o la sorprendente relación directa entre el uso del plomo y la criminalidad son algunos de los asuntos a los que dedica sus esfuerzos divulgativos. Ello no evita para que haya una gran variedad temática, que escapa en varias ocasiones de lo puramente político y nos acerca aspectos como la obsolescencia programada o el dudoso y lucrativo negocio de las revistas científicas.

¿Cómo nos metimos en este desastre? reafirma una de las ideas que llevo defendiendo bastante tiempo, que es la de que cuando uno quiere enterarse con cierta rapidez de lo que está ocurriendo a su alrededor no debe buscar a los grandes intelectuales, sino a los buenos periodistas, como George Monbiot. Es bien seguro que su respuesta no será tan minuciosa y trabajada como la de los primeros, pero el profesional de la comunicación nos ahorrará la labor de síntesis, de contraste de las informaciones y de poner las mismas dentro del contexto necesario para entenderlas correctamente.

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