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Tengo, tengo, tengo, de José Antonio Millán

Tengo, tengo, tengo

Tengo, tengo, tengo“Una, dole

tele, catole,

quile, quilete,

estaba la reina

en su gabinete;

vino Gil,

apagó el candil,

candil, candilón,

cuenta las veinte,

que las veinte son.”

 

Seguro que todos habéis oído esta cantinela, ¿verdad? Nuestra lengua está repleta de este tipo de rimas. Las utilizamos para jugar, aconsejar, trabajar, memorizar, hacer rabiar e incluso para sanar. El ritmo es fundamental y este tipo de cancioncillas, refranes y retahílas están presentes en todas las lenguas del mundo.

El objetivo de José Antonio Millán es el de explorar estos aspectos de nuestra lengua. Para ello, el autor realiza un ejercicio de búsqueda desde las rimas más antiguas, hasta las creaciones más recientes y se dirige a los lectores que, como, yo, disfrutamos reflexionando sobre nuestra lengua y aprendiendo cosas nuevas. Es un lujo poder aprender de la mano de José Antonio Millán, todo un referente de divulgación en el ámbito de la lingüística con libros como De dónde vienen las palabras, cómo viajan, por qué cambian y qué historias cuentan.

Tengo, tengo, tengo está dividido en diez partes y treinta y seis capítulos. Que dicho así suena a mucho, pero no os asustéis, el libro está perfectamente condensado en sus casi trescientas páginas y en mi opinión ni le falta ni le sobra nada. Cada apartado se centra en un determinado aspecto que el autor desarrolla a lo largo de las páginas de una forma precisa y muy entretenida. En la primera parte, por ejemplo, se explica qué entendemos por ritmo en la lengua, en la segunda se analiza la función de las palabras inventadas que usamos en los juegos infantiles y en otras, como en la sexta, se estudian los procedimientos orales que sirven para acompasar las acciones de los hombres. Aunque sea cierto, como se explica en la nota previa, que cada capítulo del libro podría haber dado lugar a uno o varios libros, el autor ha hecho un gran esfuerzo de síntesis y de relación.

Para los lectores que sientan curiosidad por saber más sobre este tema, pueden encontrar al finalizar el libro una amplia bibliografía y, además, en la siguiente página web  encontramos las fuentes utilizadas y en esta otra página, una Lista de medios con ejemplos ilustrativos de algunos de los fenómenos expuestos en el libro. Como veis, el trabajo que ha realizado José Antonio Millán para Tengo, tengo, tengo es de diez.

Personalmente, disfruto mucho con estos matices y curiosidades de nuestra lengua y soy de ese tipo de personas que le encantan los juegos de palabras y las rimas y conocer y descubrir más sobre sus orígenes y usos. Así que he disfrutado mucho con este libro tan curioso y didáctico en el que las palabras y las rimas son más protagonistas que nunca.

Si a vosotros, lectores, también os fascina la lingüística y os gusta aprender sobre nuestra lengua, estoy convencida de que Tengo, tengo, tengo os va a encantar.

 

 

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Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, de Mark Yarm

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grungeEl pasado 18 de mayo la escena musical de Seattle perdió a una de las voces del rock más portentosas y que ha acompañado a toda una generación desde finales de la década de 1980. Chris Cornell ha sido la última víctima de una época que nos la han pintado gris, mugrienta, y que surgió de los suburbios de esta ciudad. Se suma de este modo a otros amigos y compañeros de aquella época como fueron Andy Wood, de Mother Love Bone, Kurt Cobain, de Nirvana o Layne Staley, de Alice in Chains. Y solo por mencionar a algunos de los más célebres, porque fueron muchos los que cayeron en el camino. A priori parece que la etiqueta de etapa triste y oscura no se la consigue quitar de encima, pero ante todo la escena cultural de Seattle fue una época de una creatividad sonora inusual. Porque Seattle fue mucho más que grupos de amigos que tocaban en sótanos, con actitud punk-rock o metaleros, enganchados a la heroína o la cerveza y cuyas letras denotaban una actitud pesimista y existencial ante la vida. De hecho, sus letras jugaban más con el humor negro. Seattle fue mucho más que camisas de franela y botas Doc Martens. Seattle fue mucho más que la cuna del grunge.

Todo el mundo adora nuestra ciudad. Una historia oral del grunge, del periodista Mark Yarm, es el fruto de entrevistas con todos aquellos que germinaron la escena musical de Seattle, que hicieron que eclosionara y se convirtiera en el movimiento cultural más grande de su época. Desde su origen hasta los días finales del movimiento, aquellos que tan gráficamente ilustran mencionando un cartel de un escaparate de ropa en el que citaba: «REBAJAS DEL 70% EN CAMISAS DE FRANELA», cada uno de los miembros de aquella etapa, músicos, agentes de discográficas, promotores, roadies, periodistas, fotógrafos, narran sus vivencias en la ciudad de Seattle. Un reflejo fidedigno de la creatividad e imaginación de unos jóvenes que apostaron por una cultura novedosa que rompió moldes y arrasó el mundo entero.

Craso error resumir todo el movimiento de Seattle en cuatro bandas de rock multimillonarias y un disparo de escopeta en el 94. Por mi edad, la muerte de Cobain no me supuso en su momento un mazazo como a la gente de mi entorno que eran mayores que yo y seguían su música. La de Cornell, sin embargo, sí. Cuando salió la noticia de que se había ahorcado me surgieron un gran número de preguntas y entre ellas la de no haber llegado a conocer en profundidad sus orígenes, el porqué de ese despertar cultural y el cómo creció toda esa bola desde unas desmadradas fiestas adolescentes en un sótano y llegó a extenderse por todo el mundo. Este libro no es un libro más que cuenta anécdotas de rockeros de Seattle; este libro es la biblia de Seattle.

El título del libro pertenece a un verso de una canción de Mudhoney que cita: «Todo el mundo nos adora / Todo el mundo adora nuestra ciudad / por eso últimamente he pensado / que este es el momento de marchar». En esta letra se percibe el sentimiento de la juventud de esta ciudad. Lo suyo era crear música por el placer de hacerlo, en aquello que se convirtió o que algunos quisieron convertirla, no era su intención. Y es que de entrada ya dejan claro en el libro que, pese a tener como subtítulo Una historia oral del grunge, aquella palabra, grunge, por todas las connotaciones estéticas que tiene, no la quieren ni en pintura.

El modo elegido para narrar la historia desde sus inicios es sin duda la labor más interesante de este libro. Fragmentos de conversaciones con cada uno de los miembros de la época que le contaron al entrevistador sus impresiones acerca de todos los detalles más íntimos que formaron parte del legendario del grunge. Un trabajo duro de documentación muy bien enlazado en la que la lectura se convierte casi en una reunión con colegas contando batallas y recuerdos de su juventud. Todo con un tono irreverente, punk, muy en la línea de sus profundas personalidades.

A Bruce Pavitt, cofundador del sello discográfico Sub Pop que dio a conocer a los primeros grupos que surgieron en Seattle cuando apenas sabían tocar, se le podría aplicar aquella cita del poeta romano Virgilio que decía: «La fortuna sonríe a los audaces». Porque lo suyo fue una apuesta arriesgada en la que se vio al borde de la quiebra en más de una ocasión, pero que ha permitido que a día de hoy el mundo haya conocido a tal cantidad de bandas llenas de talento: Soundgarden, Green River, Mudhoney, Nirvana, TAD… En palabras de Chris Cornell:

«Recuerdo haberme encontrado a Bruce Pavitt a la salida de un concierto allá por 1988 y comentarle que de repente parecía haber una eclosión de talento en Seattle y que Sub Pop estaba lanzando cantidad de discos increíbles. Bruce me pasó un brazo por los hombros, con una curiosa expresión de seguridad en la mirada, y me dijo: Seattle va a conquistar el mundo».

Y, ¿no ha sido así?

Todo el mundo adora nuestra ciudad es un libro esencial para conocer en profundidad la atmósfera de Seattle, que estaba basada en la independencia, en el «hazlo tú mismo» y el afán por cuidar y proteger a toda la comunidad musical. Porque eso fue el grunge, una comunidad de amigos que quisieron hacer lo que más les gustaba y, sin darse cuenta, arrasaron más allá de su ciudad. Tras su lectura, muchos son los grupos que desconocía y ahora no dejo de escuchar; muchas son las anécdotas que me han hecho reírme y asombrarme por igual ante las extrañas situaciones en las que se vieron envueltos; las opiniones de Courtney Love y lo que de ella opinan los demás no tienen desperdicio;  la fragilidad, nobleza y actitud divertida de Andy Woody frente al tono ceñudo de los Soundgarden, la profesionalidad de Pearl Jam frente a las fiestas locas que organizaba Buzz Osborne, cantante de los Melvins, el grupo favorito de Cobain. Aunque nunca llegue a comprender en totalidad por qué Andy Wood, Kurt Cobain, Layne Staley o Chris Cornell terminaron así sus vidas, sí puedo decir que les conozco un poco mejor y me siento más agradecido por cuanto nos han regalado. Sí, definitivamente, adoro esta ciudad.

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El problema de las mujeres, de Jacky Fleming

El problema de las mujeres

El problema de las mujeresImaginad que estáis en una exposición sobre ciencia con vuestros hijos y la guía os dice: “citadme, así, rápidamente, diez genios de la ciencia o del arte”. Venga, os ayudo: Einstein, Leonardo Da Vinci, Pascal, Newton, Darwin, Pitágoras, Edison, Stephen Hawking, Galileo, Tesla… Por decir diez. ¿Os suenan? Seguro que algunos más y otros menos pero todos los nombres nos suenan y de la mayoría podríamos decir tres o cuatro cosas.

Pero, ¿no falla algo?

A Jacky Fleming, la autora de El problema de las mujeres, le parece que sí: todos son hombres. Nuestras “listas de genios” o de gente mínimamente célebre en las artes y las ciencias es históricamente masculina. ¿Por qué? Pues de eso trata este cómic: es un repaso ilustrado a la invisibilidad femenina a lo largo de la historia. Como dice Darwin en una de las últimas páginas del libro: “si comparas una lista de hombres eminentes con otra de mujeres, salta a la vista que los hombres son mejores en todo”. Obvio, ¿no?

Pero busquemos algunas respuestas. Porque el ejemplo con el que he iniciado la reseña nos muestra que las cosas no han cambiando tanto desde Darwin. ¿Será que no hay genios mujeres? ¿Será que la falta de oportunidades ha impedido que ninguna mujer descubriera o creara nada digno de mención antes del siglo XXI? Os propongo otra prueba. Buscad nombres de mujeres en los libros de texto de vuestros hijos o sobrinos. Buscad, buscad… Exacto, no hay ninguno y, cuando los hay, son consortes, esposas, musas. O Marie Curie. La única mujer que ha hecho algo por la ciencia en la historia, claro. Y, sí, de esto también habla Jacky Fleming en El problema de las mujeres.

A lo largo de más de 100 páginas la autora repasa, haciendo gala de una finísima ironía, los prejuicios, ideas falsas y mecanismos de exclusión que intentaron mantener a las mujeres dentro de la esfera doméstica durante los últimos siglos y nos cuenta cómo, pese a todo, lograban salir de ella. Desde que el cerebro de las mujeres es más pequeño y que, por lo tanto, son menos inteligentes, hasta que los pantalones las hacen lesbianas o estudiar les provoca esterilidad, pasando porque son biológicamente inferiores (esa idea sigue dando vueltas por ahí, hoy en día) o conceptos como la histeria. Todos esos bulos, y algunos más surrealistas que no os quiero spoilear, rodean a las mujeres que ilustra Jacky Fleming mientras se emperran en estudiar, pintar, descubrir estrellas, inventar lenguajes de programación o revolucionar las matemáticas.

El problema de las mujeres es un libro que despierta sonrisas y pone los de punta a partes iguales. Es pequeño, casi de tamaño bolsillo, y a una tinta, pero en rústica y bien editado. Yo ya tengo en mente a un par de persona a quien regalárselo, porque es un cómic ligero y divertido pero que al mismo tiempo nos hace recordar que el hecho de que las mujeres no estén presentes en nuestra educación no significa que no existieran, sino que las que se salieron de la norma acabaron en el basurero de la historia y nos necesitan para salir de él y ser reconocidas.

Por cierto, por si sentís curiosidad, os dejo aquí una lista de diez mujeres genio, así, al azar: Ada Lovelace, Artemisia Gentilleschi, Émilie du Châtelet, Grace Hopper, Rosalind Franklin, Katherine Johnson, Marie Curie, Caroline Herschel, Hedy Lamarr, Sophie Germain. Por si os interesa buscarlas en Google.

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Ennio Morricone. En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, de Alessandro De Rosa

en busca de aquel sonido

en busca de aquel sonidoMe encantan las bandas sonoras. De siempre. Son como una navaja suiza. Las puedes usar para todo. De pequeño me las ponía de fondo para estudiar y aislar el ruido del exterior y poder concentrarme. En el gimnasio me ayudan dando ese empujoncito en la espalda en los momentos en los que estoy a punto de tirar la toalla. Cuando limpias la casa o cocinas también hacen su labor. Hay una banda sonora para cada momento y cada momento tiene su banda sonora. Y hay bandas sonoras que no son otra cosa sino arte.

Si me hicieran una de esas preguntas chorras del tipo “¿cuál es tu compositor o banda sonora favorita”? no podría quedarme con uno. Me gusta el rompedor Hans Zimmer con sus innovadoras partituras para la trilogía del Batman de Nolan, e Inception (y la de Gladiator, por supuesto, aunque luego se plagie a sí mismo en Piratas del Caribe); el melódico Howard Shore con su excelente trilogía para la saga de Tolkien; las composiciones de Danny Elfman para Tim Burton (indispensable esa Pesadilla antes de Navidad); la alegre Fantastic Mr. Fox de Desplat; Elliot Goldenthal y su preciosa Entrevista con el vampiro; Clint Mansell y la hipnótica creación para The Fountain; Michael Giacchino y sus Increibles y la serie Lost… Por supuesto no se puede dejar de mencionar a John “vaca sagrada” Williams. Pero hay tantos y tantos que sería imposible enumerarlos.

Ahora bien. De entre todos, hay uno que destaca por encima de todos por derecho propio: Ennio Morricone. Todo un talento, un innovador y un gurú. ¿Quién no ha silbado alguna vez alguna de sus canciones de la trilogía del dólar? Seguro que conocéis a alguien que tiene o ha tenido esa musiquilla como tono de llamada. A decir verdad, yo las confundo cuando las oigo. No sé cuál pertenece a El bueno, el feo y el malo, cual es de La muerte tenía un precio y cuál de Por un puñado de dólares (pero mientras leía En busca de aquel sonido, las he localizado y escuchado para poder entender bien de lo que me hablaban en cada momento).

Morricone ha compuesto más de quinientas bandas sonoras, muchísimas de ellas están tan ligadas a la historia del cine y a nuestra cultura popular, que no concebimos esas películas sin su música. ¿Qué sería de Cinema Paradiso, por ejemplo, sin su sonido? ¿O de La misión? Cintas cuya música es inherente a ellas y de una belleza pocas veces conseguida en el terreno audiovisual. No serían las mismas. Incluso, como el propio Morricone dice, las escenas podrían hasta cambiar de significado según la música con la que se acompañaran las imágenes. ¿Recordáis la Amapola de Érase una vez en América? ¿O Los intocables y la escena del carrito cayendo por las escaleras? ¿O Los ocho odiosos y otras cintas (Malditos bastardos, Kill Bill)  en las que Tarantino ha cogido música ya creada por este genio? No serían películas tan grandes como lo son con el añadido de Morricone. Para nada.

Este libro es una biografía construida a base de conversaciones durante más de diez años entre Ennio y el compositor Alessandro De Rosa.

Este fue a una charla de Morricone y llegó cuando estaba a punto de acabar, pudiendo sólo oír la última pregunta:

–¿Qué piensa usted de los nuevos compositores?

–Depende, me mandan muchos cedés a casa, normalmente los escucho unos segundos y luego los tiro a la papelera.

De Rosa consiguió llegar hasta su ídolo para entregarle el cedé que llevaba, aunque al llegar a casa no confiaba que pasara nada más. Al día siguiente Morricone le llamó. Reconocía que tenía grandes dotes y que necesitaba encontrar un buen maestro; él no podía serlo pues no tenía tiempo.

Así empezó la relación entre los dos protagonistas de este libro.

Y en él descubriremos que Morricone primero quería ser médico y luego ajedrecista (una de sus grandes pasiones), pero que al ser su padre “trompista” (así se refiere el propio compositor), se vio obligado a dedicarse a la música:

“…más que de vocación, yo hablaría de adaptabilidad a la exigencia. El amor a mi trabajo fue llegando gradualmente.”

Conoceremos sus inicios como arreglista, sus comienzos en radio y televisión, sus trabajos como “negro” y, finalmente su salto al cine.

¿Cómo prepara Morricone sus composiciones? ¿Ve la película y toma notas o lee el guion, compone y modifica posteriormente? ¿Cómo se ha relacionado con directores de la talla de Bertolucci, Leone, Fellini, Eastwood, De Palma, Tornatore, Tarantino, Almodóvar, Oliver Stone? ¿Con cuál ha jugado más a ajedrez? ¿Qué opina de la música de hoy en día? ¿Qué es para él la música? ¿Cómo debe irrumpir en una determinada escena? ¿Por qué usar un instrumento y no otro? ¿Con qué directores se sentía más a gusto trabajando? ¿Cómo se siente cuando le rechazan algún trabajo o cuando ve que no han incluido alguna de sus creaciones en la película?

Un libro que permite un mayor acercamiento a la figura y pensamientos de este maestro entre maestros y que recomiendo leer con un ordenador cerca para localizar algunas de las canciones de las que se habla.

No puedo negar que en ocasiones la lectura de En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, en muchos momentos es complicada si no tienes, como es mi caso, conocimientos musicales de un nivel mayor que el de mero escuchante o aficionado, pues se dan frases (y la que cito ahora no es de las más complejas) en las que todo me parece chino:

“…enseguida me gustó la idea de un pedal de quinto grado que baja sobre una nota melódicamente “errada”, sobre el cuarto grado de la tonalidad en Mi mayor. Se creaba una disonancia entre el Si de la melodía y el La en bajo que sostenía, precisamente, un acorde en La mayor.”

Y repito, esta no es la frase más técnica.

No obstante, es un gran libro para conocer por dentro al hombre más allá del músico/mito y la carrera desde la nada hasta lo más alto de toda una institución musical que se levanta a las cuatro de la mañana para luchar contra la pereza y seguir trabajando en su amada música.

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Trail Run: Una guía desenfadada para salir corriendo, de Lisa Jhung

trail run una guía desenfadada para salir corriendo

trail run una guía desenfadada para salir corriendoCuando empecé a correr lo hice por asfalto y acera. Es decir: por ciudad. Era innegable que correr por ciudad tenía ciertas ventajas: como acceder a fuentes para refrescarte, las luces que en invierno a media tarde iluminan la senda que fuera de la urbe estaba bastante lóbrega, baños a disposición de las vejigas más nerviosas y si te daba una pájara los servicios sanitarios podían atenderte antes y mejor. Pero entonces fueron apareciendo las desventajas: un poco de polución por aquí, unos coches que no respetan un paso cebra por allá, calles muy concurridas, la desafortunada concatenación de semáforos en rojo, ruido desagradable y extremo. ¿Cómo carajo iba a relajarme así? En fin, que me deprimí y casi lo dejo. Pero entonces, suertudo de mí, descubrí que vivía a solo cinco minutos (corriendo) del bosque; con su río, su tranquilidad, los cantos de los pájaros, los caminos de tierra y las aventuras épicas. Como esa vez que, junto a un compañero de andanzas, nos pilló una tremenda tormenta bastante lejos de cualquier núcleo urbano. Así que corrimos por zonas embarradas, por lugares que se inundaron en un santiamén, bajo un aguacero que nos empapó hasta el tuétano y que trajo la noche antes de lo debido. O como esa otra vez que tras un recodo del camino me topé con un enorme jabalí. Una cosa era cruzarse con patos, faisanes, perdices, cabras, caballos con su jinete, musarañas, ratones, liebres, ranas… pero, ¡un jabalí! Ambos dimos un bote y, mientras él huía montaña arriba, yo corrí como alma que lleva el diablo batiendo todas las marcas habidas y por haber. O esa vez que calculé mal el agua que debía llevar y llegué a casa muerto de sed y tambaleándome, como si hubiera cruzado el desierto de Mojave a la hora de la siesta.

Calor, frío, polvo, sed, sudor, lluvia, animales salvajes, subir montañas, cruzar ríos, picadas de mosquitos (o tragártelos), plantas urticantes… Al final, la experiencia unida al sentido común te ayudan a afrontar todo lo que te encuentras por el camino, pero al principio, en algún momento (y a pesar de que he disfrutado de todas esas caídas que me han hecho levantarme con más fuerza; metafóricamente hablando) no hubiera despreciado algunos consejos. Por simples que fueran. Unas sencillas directrices que hubieran marcado mis primeros pasos. Consejos e instrucciones como los proporcionados en Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo.

Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo de Lisa Jhung y editada por geoPlaneta, es un libro pequeñito, de los que caben en el bolsillo trasero; aun así, a lo largo de sus 260 páginas da jugosa información para salir a correr por esas rutas que gozan de tierra, piedras o barro pero nada de asfalto. La autora es una experta corredora que cuando no lleva las zapatillas calzadas para correr lo hace para aventurarse en lugares inhóspitos, si a esto le añadimos que es una reportera freelance que ha colaborado con algunas revistas como Runner’s World o Trail Runner no es de extrañar que más pronto que tarde acabara escribiendo un libro de estas características.

Trail Run es una guía que está estructura en doce capítulos. En los primeros se nos mostrarán cosas tan básicas como los diferentes tipos de trail y qué tipo de atuendo podemos portar para hacer que nuestra salida resulte más cómoda. Algo imprescindible si eres un iniciado en este deporte. Luego, poco a poco entra en materias más avanzadas: alimentación, la potabilización del agua o cómo actuar ante animales salvajes. Incluso toca temas que tienen que ver con salud e higiene (aquí entran la caca, el pipí y los pedos además de otros fluidos corporales que resultan muy molestos mientras corres). En los últimos temas Lisa Jhung nos muestra ejercicios para fortalecer pies, tobillos, glúteos, core y espalda, además de técnicas de pisada o braceo, algo esencial para afrontar una carrera con éxito. Todo ello aderezado con consejos o recomendaciones de expertos en rescates de montaña, en medicina, en animales salvajes o en nutrición deportiva. Añadir también, y agradecer, la adaptación que la editorial Planeta ha realizado en la versión española. Añadiendo animales autóctonos como el lince, el oso pardo, culebras variadas o el jabalí, así como trail urbanos que podemos encontrar en Barcelona o Madrid en el tema Adónde ir.

En Trail Run: una guía desenfadada para salir corriendo no vais a encontrar nada que rebuscando por internet podríais hallar en diferentes páginas web especializadas. Pero lo interesante de la guía es lo estructurado que está todo y el tono afable, muy divertido en ocasiones, que utiliza la autora, sin que por ello pierda ni un ápice de interés o profesionalidad en sus exposiciones. Si a esto le añadimos los estupendos y descriptivos dibujos (muy necesarios en el tema ejercicios) de Charlie Layton, la guía se convierte en un orientador muy útil e imprescindible para los que empiezan y en un recordatorio estupendo (con algunos trucos de gran provecho) para los que llevamos unos años en esto de tragar polvo.

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Historia portátil del mundo, de Alexander Von Schönburg

Historia portátil del mundo

Historia portátil del mundoEste es uno de esos libros que me atrapan por su sinopsis. Un libro de esos que alterno con novelas y que voy leyendo poco a poco, como si se tratara de una revista. Algo así como un libro de verano, algo ligero y al mismo tiempo interesante que me permita tomarlo y volver a él cuando me apetezca (véase: de tumbona en tumbona).

Escrito por Alexander Von Schönburg, Historia portátil del mundo es una especie de ensayo para los amantes de la historia. El autor, de origen somalí y con residencia en Berlín, ha trabajado para diferentes medios como redactor: Frankfurter Allgemaine Zeitung, la revista  Park Avenue o el periódico Bild. Los cuatro libros que ha publicado hasta la fecha han sido un gran éxito en Alemania (lo que me hace preguntarme por qué aún no han sido publicados en España, pero eso ya es otro asunto).

Volvamos al libro. Como os decía, Historia portátil del mundo es un libro que gustará especialmente a los apasionados de la historia, pero, sobre todo, enganchará a los lectores más curiosos. Alexander Von Schönburg, quien defiende la idea de que los nombres, fechas y datos en la historia no son tan importantes como las preguntas que se esconden detrás de esos hechos históricos y su vigencia en el presente, ha escrito un libro que nos habla no sólo de los acontecimientos más relevantes de la historia, sino que nos ayuda a entender el significado que tales sucesos han tenido. Cómo veis, es una forma bastante original de abordar la historia el no limitarse a lo que ocurrió simplemente, sino tratar de comprender la repercusión de dichos sucesos.

Así, en trescientas veinte páginas, el autor condensa de manera amena y muy accesible la historia del mundo. Y como leemos en la contraportada: “¿Se puede contar la historia del mundo en menos de cuatrocientas páginas? Este libro es la respuesta: sí”. Así que, para los escépticos, la respuesta es que sí se puede. O al menos, Alexander Von Schönburg, lo consigue combinando conocimiento, destreza literaria, inteligencia y humor, porque este libro también tiene un toque humorístico que no le resta precisión y que queda bastante curioso.

La parte original del libro son, sin duda, las conexiones que el autor establece entre diferentes épocas, territorios y lugares mediante preguntas como: “¿Qué hechos remotos siguen determinando nuestra existencia?, ¿podemos aprender de la historia y de los errores que el hombre ha cometido?”.

Historia portátil del mundo me ha resultado un libro muy curioso y entretenido, la verdad. En diez capítulos cortos, el autor condensa nuestra historia y las reflexiones que ésta nos provoca. Y lo hace divertido, ameno y fascinante. Un acierto para los lectores más curiosos.

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Parece que fuera es primavera, de Concita de Gregorio

parece que fuera es primavera

parece que fuera es primaveraEs curioso cómo escribir cura el dolor…, y viajar. Alejarte para poder mirar con perspectiva, dicen. Cuando uno lee Parece que fuera es primavera, de Concita de Gregorio, se da cuenta de que no es la distancia lo que cura, porque hay cosas que no se curan, porque no hay cosas que hieren, no hay cosas que te matan por dentro. Sencillamente no hay palabras, aun no existen las palabras precisas para que una madre exprese lo que siente cuando desaparecen sus dos hijas y su marido se suicida.

No hay palabras…

Pero la autora ha tenido una delicadeza infinita en la forma de contarnos esta historia que más que triste, que naturalmente lo es, es desgarradora incluso para el lector que está frente a ella años después. Esta es la historia real de Irina Lucidi. Esta terrible historia sucedida hace 7 años y que se nos narra en forma de crónica para que pueda ser soportable.

¡Qué poco afortunadas son a veces las palabras! Y qué escasas cuando no encuentras el ´termino apropiado para definir una situación… Y qué bien nos lo explica la autora. Uno pierde a su pareja y es viudo, pierdes a tus padres y eres huérfano, pero cuando “pierdes” a un hijo, ¿en qué te conviertes? Yo imagino que en un saco de dolor que solo aspira a sobrevivir. … Y digo sobrevivir porque “la vida sigue”, con o sin nosotros, con o sin nuestros seres queridos, la vida sigue…

La palabra perder está ahí, dando vueltas en el libro, perder, porque realmente Irina sí que pierde a sus hijas y con ellas cree perderlo todo, pero la vida nos hace seres completos, ya ves… el tiempo nada cura, eso está claro en estos casos, pero uno no puede no reír eternamente, la vida siempre se abre paso, por lo general lejos, porque cerca es más difícil. Y que difícil de entender esto cuando el dolor va en el interior.

Todo el libro está lleno de sensibilidad y es por eso que lo que más me ha llamado la atención ha sido la falta de ella que al parecer tuvo la policía suiza, el sistema judicial suizo, la burocracia suiza…, ni podía imaginarlo, ni quiero pensarlo, es importante que sepamos que en los exquisitos países europeos, las cosas que no se comparan con dinero no son tan buenas… Sí, ya sé que en esta reseña hay y habrá muchos puntos suspensivos, como en esos poemas en los que las ideas quedan sueltas al final de un verso, probablemente para que tú lo termines, para que lo pienses y reflexiones, o quizá para darte tiempo pasa suspirar, para relajar tu corazón y tu alma.

La autora, de padre toscano y madre española me hace recordar que aun cuando nos quieren hacer creer que en el sur no hay profesionalidad, la hay, y en el Sur está el futuro de los que no tienen futuro, de los desposeídos de palabras. En el Sur hay filosofía de vida, hay sol, hay mar; y muy, muy al Sur, está Granada.

Hay reseñas imposibles, porque hay libros imposibles, libros que solo se escriben una vez, imposible repetirse, aun cuando uno crea que hay dos personas a las que les ha pasado lo mismo. Imposible, porque las vidas son particulares, y las palabras que a cada cual le faltan para expresar el dolor son aun más particulares.

Perder a los hijos, suponer que tu marido antes de suicidarse te los ha arrebatado, quizá para siempre… ¿Qué? El horror vestido de huecos en blanco, leer entre líneas lo que la autora nos cuenta que le ha contado Irina:

“¿Qué has venido a decirme, Irina? ¿Por qué has llamado a esta puerta? <Quisiera que me ayudaras, si puedes, a coger las palabras ponerlas en fila recomponer todos los trozos que siento desmenuzados y dispersos en cada rincón del cuerpo…”

Porque todos sabemos que llega un momento en que las palabras pueden y deben sustituir a los somníferos, calmantes, antidepresivos, sedantes, a los días sin noches y las noches sin días. Horas que pasan sin control. Vida que no se vive. Y entonces llega algo o alguien que te ayuda a buscar y al buscar miras el más humano de los recursos: Las palabras.

¡Qué importante es recordar esas cosas que nos hacen felices! Hay que hacer ese esfuerzo cuando olvidamos que vivir ya es por sí un acto que nos ha de producir alegría. Es imposible ponerse en la piel de nadie, pero un ser humano puede encontrar vida en el amor de otro. Vida, ilusión, alegría, ganas de ver amanecer, y eso no es olvido, eso es llevar dentro de ti sus vidas, hacer que vean por tus ojos, que escuchen tus palabras, que vivan en tu recuerdo, que crezcan dentro de ti, acompañándote en el resto de tu viaje, deseando que sea un largo viaje para poder hacerlo juntas.

Y aquí en el libro está Irina, y porque está Irina están Alessia y Livia… Más puntos suspensivos para decirles que merece la pena leer este libro, menos de doscientas páginas para contar esta historia que no crean que es lo que esperan, es otra cosa, porque la vida siempre es otra cosa.

Releo esta reseña ahora, aquí, casi al mismo tiempo que todos ustedes, ahora que está a punto de publicarse, y pienso que habrá muchos que aun deban esperar para que les parezca que fuera ya es primavera, y se me escapan unas lágrimas… y regresa de nuevo todo el libro a mi mente, pero sobre todo a mi alma, en la que la autora ha dejado alojadas algunas palabras.

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Transgénicos sin miedo, de J. M. Mulet

Transgénicos sin miedo

Transgénicos sin miedoSomos lo que comemos. Eso dicen. Si esto fuera verdad, yo no sé qué sería. Vale, no llevo una dieta ideal ni controlo mucho lo que como, pero lo que sí es verdad es que como de todo y muy variado. Durante la semana tomo verduras, legumbres, pasta, arroz, pescado y carne. Todo sin gluten, claro, porque soy celíaca (pero de las de verdad, no de las de autodiagnóstico lohagopormoda o porqueelglutenesmaloquítameloquítamelo). Pues eso, que intento comer de todo y de la mejor manera posible, aunque a veces es muy difícil. Gracias a mis problemillas con el gluten, tengo que leer todas las etiquetas de los productos para ver si llevan algo que haga que me tire tres días sin poder ir a trabajar. Un día, comiendo  por ahí con unos amigos, me puse a inspeccionar la etiqueta de un helado y un chico me dijo que si estaba buscando el ingrediente “aceite de palma”. Él ya me iba a tachar de paranoica y de exquisita, pues como dijo tajantemente, “el aceite de palma se lleva años usando y eso de que da tantos problemas es una chorrada”. Ahí se abrió un debate muy interesante. Que si aceite sí, que si aceite no. Que si cancerígeno por aquí, que si obesidad por allá… Yo, contenta al saber que mi helado era gluten free, quedé ajena a la conversación mientras me lo comía tranquilamente y pensaba en mis cosas.

Pero sí, hay gente que lleva estos temas a rajatabla. No gluten. No aceite de palma. Y, lo que ahora está muy de moda, no transgénicos. No nos engañemos, yo había oído hablar de los transgénicos una y mil veces en todos los medios de comunicación pero no sabía muy bien qué eran ni si el efecto de su consumo era tan maligno como se decía a todas horas en la televisión. Después de leer Transgénicos sin miedo, cuyo autor es J. M. Mulet —que ya me iluminó en su día con La ciencia en la sombra, enseñándonos la ciencia forense desde otro punto de vista— me ha quedado el tema más claro que el agua. Y ahora sé que hasta el jabón que uso para eliminar las manchas de la ropa es un transgénico. Casi todos los productos que consumimos hoy en día (véase aquí que esto no afecta únicamente al ámbito de la alimentación, sino que se puede aplicar a los cosméticos o incluso a la ropa) están modificados genéticamente. Porque los tiempos avanzan y es necesario que todo se adapte al entorno.

J. M. Mulet, en Transgénicos sin miedo, desmantela un mito del que llevamos años oyendo: los transgénicos no son malos. Es más, son necesarios en nuestro día a día. Pero, como él bien, dice, son demasiados los intereses que están en juego y la manipulación de la información que nos llega beneficia a determinados sectores.

No soy quién para dar lecciones sobre si un transgénico es bueno o es malo. No se me ocurriría. Para formaros una opinión contundente que os permita hablar del tema en las comidas familiares (ya sabéis, para hacer un poco “el cuñado”, pero con conocimientos sólidos), os tendréis que dejar llevar por las clases magistrales que este autor Valenciano da en su libro. Lo cierto es que no ha estado mal adentrarme por unas horas en este mundo y descubrir cosas que muchos se callan y que todos deberíamos saber. Al fin y al cabo, somos lo que comemos, ¿o no?

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Wonder Woman. El feminismo como superpoder, de Elisa McCausland

Wonder Woman. El feminismo como superpoder

Wonder Woman. El feminismo como superpoderEs difícil hablar del feminismo en nuestros días sin remontarnos a siglos pasados. Y ya no solo a cosas que leemos en los periódicos o que encontramos en internet, sino también a cosas que nuestras propias abuelas nos han contado o todavía nos cuentan. El papel de las mujeres a principios y a mediados del siglo XX no dista mucho del papel de la mujer que nos relataba, por ejemplo, Jane Austen, en sus novelas publicadas durante el siglo XIX. En aquellos tiempos, las mujeres quedaban relegadas a las tareas del hogar y su principal objetivo en la vida era el de encontrar un marido que las protegiera y las cuidara hasta el fin de sus días.

Desde el derecho al voto hasta la oportunidad de trabajar o ser madres solteras, es increíble ver cómo hemos sido capaces de cambiar muchas cosas que ahora vemos como algo obvio, un derecho con el que todas deberíamos haber contado siempre. Sin embargo, me entristece pensar que aún nos quedan tantas otras cosas por cambiar…

Pero, ¿qué papel juega un personaje de ficción en todo esto? ¿En qué ha contribuido Wonder Woman a la causa? A pesar de que muchos puedan pensar que la figura de una mujer sexy y ligerita de ropa poco o nada tiene que decir respecto al feminismo, la verdad es que sí que ha aportado. Y mucho. En este libro, Elisa McCausland nos acerca la figura de Wonder Woman a través de su historia en el mundo del cómic y cómo ha contribuido a la lucha de las (y los) feministas. Y es que la autora hace un recorrido completo desde la aparición de la superheroína y sus diferentes etapas, algo que me ha parecido muy interesante, ya que no he leído todos sus cómics y me hubiera gustado haberme hecho una idea de cómo se la ha representado desde sus orígenes. Además, nos cuenta con detalle cuáles han sido sus contribuciones al feminismo y cómo ha crecido el personaje en sus distintas etapas.

Elisa McCausland me ha sorprendido por su gran conocimiento en el tema y por cómo profundiza sobre él en cada uno de los capítulos de este ensayo. Gracias a esto, lectores que no conocen bien la figura de Wonder Woman y su papel en el mundo del cómic, como es mi caso, pueden descubrir más sobre este arquetipo. Un modelo del imaginario colectivo que es conocido mundialmente, pero no tanto como debiera ser.

Tras esta interesante lectura, me he dado cuenta de quién es realmente Wonder Woman. Una mujer que no solo destaca por sus poderes, sino que es lo bastante fuerte e independiente como para salvar el mundo por sí misma sin depender de ningún hombre, ni tampoco de ninguna mujer. Una heroína imprescindible en la sociedad del pasado siglo, con la que he empatizado ya solo con la lectura de este libro,  y que sigue siendo necesaria en este.

Aún seguimos viviendo en un sistema heteropatriarcal, por eso figuras como esta nos recuerdan que hay que seguir luchando por la igualdad, por el empoderamiento femenino. Lo que no significa, tal y como muchos piensan erróneamente, que la mujer sea superior al hombre y que haya que defender eso a capa y a espada. Esto no es, ni mucho menos, lo que representa el feminismo. Hay que tener muy claro de lo que se habla y conocer muy bien por lo que se desea luchar y por lo que no… Motivo por el que creo que esta lectura resulta imprescindible para conocer los cimientos del feminismo y cuyo epílogo (“El feminismo era  el superpoder”) resume muy bien cuáles son los retos que nos esperan de aquí en adelante.

Y es que el futuro está lleno de incógnitas. Pero lo que sí es seguro es que modelos feministas como Wonder Woman, a pesar de haber sido convertidas en un icono comercial y del consumismo, seguirán trascendiendo y concienciando (o eso espero) a muchas más generaciones de que la mujer es capaz de valerse por sí misma y de salvar, no solo nuestro mundo, sino también de salvar muchos más.

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Gente de la Edad Media, de Robert Fossier

Gente de la Edad Media

Gente de la Edad MediaLa Edad Media es una de las épocas más recreadas en la ficción, sobre todo dentro de la novela histórica o la fantasía épica. Grandes festines en castillos, justas de caballeros, trovas de juglares e instruidos monjes leyendo a la luz de las velas. Pero, obviamente, esto no era el día a día de la población en general, sino prácticas ocasionales de una minoría. ¿Acaso las futuras generaciones sabrían cómo somos nosotros si se documentaran con las reuniones de Amancio Ortega y los eventos públicos de Felipe VI? Ni mucho menos. Además, la Edad Media son mil años de historia, por lo que a la fuerza fue un periodo lleno de matices y cambios, y no esa imagen homogénea y estereotipada que  tenemos la mayoría sobre lo acontecido entre los siglos V y XV.

Esta distorsión se debe a que gran parte de los documentos que se conservan de aquellos siglos son de origen aristocrático o eclesiástico. Pero ¿qué sabemos de la gente de a pie de la Edad Media? Porque, reconozcámoslo, las recreaciones de las ferias medievales que ponen en nuestros pueblos, con herreros, canteros y demás, tampoco son una fuente fiable ni nos aportan muchos detalles, ya que recurren a tópicos e invenciones románticas. Por eso, Robert Fossier, un historiador francés especializado en Historia medieval, ha sentido la necesidad de escribir Gente de la Edad Media para hablarnos precisamente de la gente normal y corriente de aquella época y defender que no eran tan distintos a nosotros.

Gente de la Edad Media es, ante todo, un ensayo sincero. Desde la primera página, Robert Fossier reconoce que hace acopio de las investigaciones de otros especialistas, que él no va a aportar apenas datos nuevos. Pero, a cambio, nos ofrece un enfoque novedoso, pues convierte al vulgo en protagonista y a reyes, mercaderes, monjes y caballeros en meros figurantes. Admite cuando se sale del tema, cuando no tiene todas las fuentes que quisiera para hacer ciertas afirmaciones y los terrenos en los que se siente más incómodo por no dominar la materia en cuestión. Incluso se atreve a defender posturas poco populares, pues niega la superioridad de la especie humana y se explaya en argumentaciones al respecto.

Es abrumadora la cantidad de información que aporta en trescientas ochenta y cinco páginas. Abarca tantísimos temas que parece que no deja nada sin mencionar: la concepción que tenía el hombre medieval de su cuerpo, de las etapas de su vida, de la familia y del entorno; la visión de la infancia, la sexualidad y la muerte; su intento de controlar la naturaleza y los animales; su alimentación; la forma de enfrentarse al conocimiento; la evolución de las leyes, la lectura o la escritura; la omnipresencia de la Iglesia… De este modo, desmonta los mitos que tenemos interiorizados sobre esa época y confirma algunos tópicos cuando las fuentes así los avalan.

El mismo Robert Fossier se pregunta si este libro es demasiado simplificador para el erudito, confuso para el estudiante u oscuro para el profano. Y yo, que no me considero ninguna de las tres cosas (si acaso, profana), solo puedo decir que me parece un libro imprescindible para quienes tengan verdadero interés en profundizar en ese periodo y en la antropología misma. Porque, tras su lectura, no queda más remedio que rendirse a la evidencia: la Edad Media no es cómo nos la habían contado ni los seres humanos hemos cambiado tanto como quisiéramos.

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Escribe con Rosa Montero, de Rosa Montero y Paula Bonet

escribe con rosa montero

escribe con rosa monteroSi quieres ser escritor para ser rico y famoso, no te molestes en leer esta reseña, porque Escribe con Rosa Montero no es el libro que buscas. En él no encontrarás la receta mágica para crear una novela superventas, ni siquiera para escribir cómo Rosa Montero, pues no se resumen en un puñado de páginas los años de esfuerzo y trabajo que le han costado a ella ser quien es.

Pero sigue leyendo esta reseña si lo que buscas son razones para continuar escribiendo, olvidarte de las mil excusas que te pones para no sentarte a hacerlo, perder el miedo a la hoja en blanco, hallar tu propia voz y que, por fin, lo que plasmes en el papel sea tu esencia, con esa mirada tan tuya que haga que lo que escribas sea diferente a todo lo demás.

Que su título no te confunda. En Escribe con Rosa Montero, las palabras de la prestigiosa escritora madrileña no serán las protagonistas, sino las tuyas. Y es que este libro es en realidad un cuaderno de escritura, con recomendaciones y ejercicios de Rosa Montero y las palpitantes ilustraciones de Paula Bonet para despertar tu creatividad.

Rosa Montero te tomará de la mano y te animará a emprender ese camino solitario que es la escritura. Te dará los consejos de quien tiene las suelas desgastadas por la larga andadura y no ve otra forma de aprender a escribir que escribiendo. Te dirá que poco importa el talento si no tienes tenacidad; que la labor de escribir es en gran parte saber cuándo borrar y que lo que crearás nunca será lo suficientemente bueno si con ello has pretendido enseñar algo a los demás en vez de aprender tú mismo de tus luces y tus sombras. Y Paula Bonet reflejará en sus dibujos ese bullicio de emociones que hay en ti deseando salir convertidas en literatura, y ese vacío que te parece inexpugnable cuando no fluyen las palabras.

Al principio, Escribe con Rosa Montero será ese cuaderno que metas en el bolso cada día para llenarlo con tus inquietudes o que dejes en la mesita de noche para cuando te asalten las mejores ideas en plena madrugada. Y después se convertirá en ese recodo al que regresar cuando te sientas perdido en el tantas veces infructuoso camino de la narrativa, porque no solo estarán allí las palabras de Rosa Montero para volver a motivarte, sino también las tuyas: escenas cotidianas, reflexiones obsesivas, esbozos de relatos; decenas de frases como semillas que esperan germinar.

Ya sé que es una preciosidad y que temerás que tus palabras no estén a la altura del talento de Rosa Montero y Paula Bonet, pero este cuaderno ha nacido destinado a transformarse a tu imagen y semejanza, y el mayor ultraje que le harás a él, a ellas, a ti mismo, será dejarlo vacío.

Si de verdad quieres escribir, escribe. Tan sencillo como eso. Y tan difícil.

P. D.: Si los consejos de Escribe con Rosa Montero cumplen su cometido y, tras acabarlo, sigues sintiendo la imperiosa necesidad de escribir, escribir y escribir, pero todavía no te atreves a caminar en solitario, recuerda que ella está dispuesta a guiarte en su curso de Escritura Creativa en Escuela Cursiva.

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La vida en el campo, de Julia Rothman

La vida en el campoHay gente que tiene grandes sueños sobre cómo pasar los últimos años de su vida. Ya saben, una vejez tranquila en enormes casas situadas en ciudades de renombre, con viajes de ensueño cada pocos meses a lugares exóticos y retiros dorados a zonas costeras, donde la única preocupación sea la de darse la suficiente protección solar cada mañana. Los míos diría que son más grandes aún. Mi idea es que, cuando me llegue la edad de jubilación (que, haciendo un cálculo optimista, estará sobre los ochenta años para esa época), haya ahorrado lo suficiente para retirarme a la casa de piedra que tiene mi familia en un diminuto pueblo metido entre montañas, preparar adecuadamente el huerto, comprar unos cuantos animales y regresar a la civilización sólo cuando sea estrictamente indispensable. Nada me haría más feliz. Y a este respecto puedo decir que La vida en el campo, de Julia Rothman, ha sido otro empujoncito más para seguir conservando esas ganas de regresar a donde uno se puede sentir realizado con tan poco.

Con dibujos sencillos y alegres, la autora ha hecho un compendio de todo aquello que considera necesario para vivir y disfrutar del campo. Las explicaciones que acompañan a las ilustraciones no son demasiado técnicas ni minuciosas ni lo pretenden; el deseo de Rothman parece ser más el de acercar el mundo rural a tantos y tantos que se han distanciado de él (o que ni siquiera han tenido la oportunidad de conocerlo) que el de hacer un manual propiamente dicho. Ello no quita para que se aporte información sumamente interesante sobre aspectos que, aunque solo sea para aumentar nuestra cultura general, resultan enormemente curiosos, como el nombre de los hilillos blanquecinos que sobresalen en la yema de los huevos de gallina cuando los rompemos (chalazas) o la cantidad de litros de agua que consumen diariamente distintos animales de granja.

Titulado originalmente Farm anatomy, como parte de una serie de libros ilustrados que se completa con Nature anatomy y Food anatomy, más que para leer se trata de un libro hecho para disfrutar. Lo visual predomina enormemente sobre los textos y uno va pasando sus páginas sin apenas darse cuenta. En las ilustraciones se nota el aprecio que la autora tiene al campo, ya que a la jovialidad que transmite el dibujo se le suma un colorido muy vivo. La paleta de colores que emplea Rothman en este trabajo es muy variada y predominan sobre todo los colores cálidos y alegres. De hecho, ni siquiera es necesario tener el más mínimo interés por salir de la ciudad; La vida en el campo es principalmente un trabajo artístico, que puede disfrutarse perfectamente entre tubos de escape y veranos de cuarenta grados de temperatura a la sombra. Aunque exigen algo más de imaginación, desde luego.

Atractivo e interesante a partes iguales, este es un libro que espero poder retomar dentro de unos cuantos años, cuando llegue la hora de dejar de vivir para trabajar y de empezar simplemente a vivir. De momento seguiré echándole vistazos de vez en cuando, para abstraerme de los días en los que cuesta imaginar que hay algo más allá de los objetivos laborales y del nuevo dispositivo revolucionario de Apple. Aunque cueste creerlo.

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