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Historias breves de objetos cotidianos, de Andy Warner

historias breves de objetos cotidianos

historias breves de objetos cotidianos¿Sabes con qué extraño mejunje se frotaba la gente los dientes antes de que se popularizasen los cepillos? ¿Cómo las chapas de las botellas inspiraron a Gillette para inventar la maquinilla de afeitar? ¿Te imaginas de qué forma se utilizaron las cometas para matar a personas? ¿Por qué los nazis prohibieron los clips? Y la más difícil de todas: ¿cómo se llama ese puñetero muelle de colores que baja las escaleras solo?

No sé vosotros, pero a mí una persona me hace cualquiera de esas preguntas y se gana toda mi atención. Tengo fijación por los datos que, aparentemente, no sirve para nada. Mi cerebro es un cajón de sastre lleno de información curiosa. O, al menos, eso intento, porque la verdad es que se me olvida la mayor parte, pero no por eso dejo de hacer acopio. En cuanto descubro un libro de anécdotas literarias, cinéfilas o de cualquier otra temática, allá que voy. Así que nada más ver Historias breves de objetos cotidianos, escrito e ilustrado por Andy Warner, me lo adjudiqué.

Historias breves de objetos cotidianos da respuesta a las preguntas anteriores y a muchas más. Para ello, el libro se organiza en nueve secciones: el cuarto de baño, el armario ropero, el salón, la cocina, la cafetería, la oficina, la tienda de combustibles, el bar y exteriores. Gracias a las tiras cómicas de Andy Warner, recorremos los espacios que solemos transitar a diario y reparamos, quizá por primera vez, en esos objetos que forman parte de nuestra vida, para mirarlos con nuevos ojos al conocer las historias que tienen detrás. En este cómic hay anécdotas muy variadas. Las hay que explican el origen de inventos como la bañera, el aspirador y el microondas o cómo se descubrieron los usos que se podían dar a la canela, los granos de café o el hielo. Pero este libro también nos cuenta los trágicos hechos que protagonizaron algunos de esos alimentos u objetos, como las masacres que se llevaron a cabo durante la expansión de té por el mundo o por la fabricación de bolas de billar. Y como no podía ser de otra manera, nos relata lo difícil que fue la aceptación social de algunos inventos que hoy nos parecen indispensables, como el inodoro, el bolígrafo o las gomas de borrar, y otros tantos fracasos y luchas legales por las patentes. Y es que hasta detrás de la fruta enlatada hay una historia increíble.

Historias breves de objetos cotidianos aúna documentación fidedigna, buenos dibujos y grandes dosis de humor. El resultado es un libro tremendamente divertido e ilustrativo. Yo me lo he pasado genial leyéndolo y he aprendido un montón de cosas. Pero ya os digo que muchas se me olvidan pronto, así que tendréis que daros prisa en invitarme a vuestra casa o a un bar —¡me sé una historia genial sobre palillos de dientes!— si queréis que os ilumine con mi fugaz sapiencia. O mejor os leéis directamente el cómic de Andy Warner para no perderos ninguna de estas curiosas anécdotas, que os demostrarán que hasta detrás del objeto más insignificante hay una gran historia.

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Charlas TED, de Chris Anderson

Charlas TED

Charlas TEDDesde que vi la primera, hará algo así como ocho años, en la universidad, he sido seguidora de las charlas del TED. Confieso que veo dos o tres a la semana, sobre temas como feminismo, tecnología o ciencia. Y, sean de 5, 15 o 25 minutos, siempre me he preguntado por qué nos dejan pegados a la pantalla del portátil, o del móvil, por qué acabas de ver esas charlas con una sensación brutal de descubrimiento.

Desde el principio tuve claro que no era tan solo por lo que me estaban contando porque muchas veces, en temas que domino, no decían nada que no hubiera oído o leído en otra parte. Entonces pensaba: “si lo que te deja con esa sensación abrumadora no es el conocimiento que te están transmitiendo, ¿qué es?” Exacto, es cómo lo están contando. Y esa es la razón por la que quería leer el libro de Chris Anderson, director de TED, sobre cómo hablar en público.

Charlas TED, el libro del que hablo, es una guía muy práctica, con trucos y esquemas, que desmenuza el arte de la palabra. Es, por qué no decirlo, un curso de oratoria.

Se divide en cinco partes: una pequeña introducción llamada “Fundamentos” que se centra en qué queremos contar y cómo encontrar el tema; una segunda de “Herramientas” en la que explica conceptos como persuasión, storytelling y estructura; una tercera en la que habla del proceso físico de la preparación (¿tengo que ensayar, memorizo o no, preparo diapositivas?); una cuarta que se centra en el momento de la charla (voz, presencia, gestos, preparación mental…); y una quinta en la que, a modo de conclusión, el autor reflexiona sobra la importancia de saber hablar en público y compartir lo que sabemos con los demás.

Como decía arriba, Charlas TED es un curso de oratoria exprés y lo recomiendo a todos aquellos que tengáis que dar una conferencia, defender un trabajo en público o presentar un informe, pero también a los que os haya tocado hablar en una boda o queráis expresar vuestra opinión en la junta escolar. Y, sí, también a todos los que alguna vez en la vida habéis dicho eso de “es que yo no sé hablar”.

Porque lo entiendo. Yo también he dicho un millón de veces “es que yo no sé hablar”. Pero, aunque no seas tú el que hable, saber cómo se organiza un discurso nos hace más libres. Para empezar, porque permite, a los que no pondríais un pie en un estrado en la vida, ver cuando alguien os la está intentando colar. Muchas veces un discurso, una idea, en la tele o donde sea, no nos convence del todo pero al mismo tiempo está tan bien expuesta que la damos por buena. Conocer los fundamentos de la retórica nos ayuda a ver qué está haciendo el orador para que esa idea nos parezca válida, incluso atractiva, aunque no estemos de acuerdo con ella. Y, por lo tanto, nos ayuda a ser más críticos y a rechazar discursos con los que en el fondo no estamos de acuerdo.

Por otro lado, saber (y atrevernos a) hablar en público nos hace literalmente más libres, porque, aunque creas que no, habrá algún momento en la vida en el que lo vas a necesitar, sea en una reunión de vecinos para defender tus derechos como propietario, sea en una celebración familiar para expresar tus sentimientos, sea delante de un público amplio para compartir algo valioso en lo que estás trabajando. No saber hablar o no atrevernos a hacerlo en público nos aísla de los demás y nos hace dejar de hacer cosas que querríamos hacer.

Por todo esto, si os gusta el estilo de las charlas del TED, echadle un ojo a este libro. Aunque no sea la lectura del verano, a nadie le viene mal aprender un poco de oratoria 😉

Laura Gomara @lauraromea

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Opiniones contundentes, de Vladimir Nabokov

Opiniones contundentes

Opiniones contundentesLeemos por placer, dicen algunos. Y supongo que es cierto. Ese tipo de lector que se siente tan feliz en compañía de familia, amigos o amante, que al final, desesperado, tiene que levantarse y salir de la habitación para coger un libro, abrirlo, dejar entrar un soplo de mal rollo en su vida y recordar que todo es vanidad, no es el tipo de lector que más abunda. Aunque, no os quepa duda, haberlos, haylos.

Existe otro tipo de lector. Este también lee por placer, por descontado, pero, a diferencia de aquéllos que buscan un autor al que tutear, un narrador con el que se identifiquen y unas aventuras o sueños cercanos a los suyos, este lector encuentra el placer en un autor distante, con el que no tenga nada en común y que le hable de asuntos que jamás hubiera considerado de su interés. Cuando nuestro lector encuentra a un autor así, se entrega a él en cuerpo y alma, ve transformado su concepto de la literatura y recibe de buen grado el majestuoso desdén de su nuevo amo y  señor.

Así que ya lo sabes: si a ti te gusta un autor con el que te puedas identificar, yo me enorgullezco de que Vladimir Nabokov me llame ignorante. Y lo hace a las primeras de cambio:

Sólo cierto tipo de personas ignorantes mueven los labios al leer o reflexionar.

¡Y yo que pensaba que, al contrario, me hacía parecer más inteligente! Pero servidor es sólo el primero de los títeres que nuestro genial autor decapita. Aquí no se libra nadie. Vayamos por pasos.

Opiniones contundentes tiene un título sobradamente explícito, aunque habría que señalar que falta la palabra “razonadas”. Porque para opiniones contundentes, las mías (y si no, que se lo pregunten a mis enemigos de facebook), pero saber defender esas opiniones con argumentos y elegancia, ah, ahí ya no llego yo.

El libro consta, en su primera parte, de una serie de entrevistas concedidas por el autor, a lo largo de diez años (de 1962 a 1972), a medios tan diversos como Time, la BBC, la Radio Suiza, Vogue o Playboy. En estas entrevistas disfrutamos de la primera gran, enorme, virtud de Nabokov: su falta de espontaneidad. Así, a diferencia de tanto pánfilo que responde a una pregunta estúpida con la primera sandez que le viene a la cabeza, Nabokov siempre exigía que le entregaran las preguntas con anterioridad, para así poder preparar con tiempo suficiente la respuesta de aquéllas que se dignara responder. Naturalmente, dichas entrevistas son un auténtico deleite para el lector. Y en ellas, el bueno de Vladimir se despacha a gusto.

Entre sus fobias no literarias destacan “el jazz, el cretino de medias blancas que tortura a un toro negro (…); el bric-à-brac de los abstractos; las máscaras rituales primitivas; las escuelas progresistas; la música en los supermercados; las piscinas; los brutos, los pesados, los filisteos con conciencia de clase; Freud, Marx o los falsos pensadores”, entre otros.

Huelga decir que nuestro amigo rechazaba el encasillamiento en un grupo o movimiento literario. La literatura, en opinión de Nabokov, no conoce corrientes, grupos ni generaciones. Sólo existe el artista y su obra. Despreciaba la impostura, la pomposidad, las grandes ideas, las novelas repletas de símbolos y, sobre todo, la literatura con una función social. Califica como necia la Muerte en Venecia, de Thomas Mann; El doctor Zhivago, melodramática y mal escrita; y define las novelas de Faulkner como “crónicas con barbas de maíz”. Se ríe de esos autores que afirman que, al escribir, uno de sus personajes se apodera de ellos y les dicta el curso de la acción. !Qué experiencia tan absurda”; observa, para añadir que, en su relación con sus personajes, él es “un perfecto dictador dentro de ese mundo privado”. Es decir, mi libro lo escribo yo con mi mente, mi mano y mi lápiz. Patochadas pseudorománticas, no por favor.

Después de las entrevistas vienen las cartas hundidoras, que el autor escribía a los medios cada vez que sentía que no podía dejarse sin respuesta la última necedad del criticastro de turno. Nos dice Nabokov que él podía aceptar todo tipo de críticas, pero no toleraba que nadie pusiera en cuestión su erudición. Como veis, aquí no hay falsa modestia. Y si la réplica que dispara requiere que el autor se enemiste con un antiguo amigo, pues todo sea por el bien del arte y la verdad.

La tercera parte de Opiniones contundentes consta de una serie de artículos que abarcan desde su obra más conocida, Lolita, o la poesía de Jodásievich hasta su primera gran pasión, por encima incluso de la literatura: las mariposas.

Nabokov no sería hoy un personaje querido por los medios. La despiadada crítica a la estupidez, la fatuidad, los lugares comunes, la tradición académica establecida, y en fin, todo  intento de diluir el pensamiento del artista en el intragable potaje de las corrientes, los movimientos, las “Declaraciones”, los manifiestos y la voz del pueblo harían de él una persona no ya incómoda, sino odiada. Por eso, por sus novelas, por esta joya tan contundente y por llamarme ignorante, siento por él admiración infinita.

 

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Dilo bien y dilo claro, de Antonio Martín y Víctor J. Sanz

Dilo bien y dilo claro

Dilo bien y dilo claroHace unos meses no tenía idea alguna de qué o quién era Cálamo & Cran. Y cuando tu oficio consiste mayoritariamente en editar textos, decir esto es poco menos que ser barman y no saber qué narices es el cardamomo. Así que poco antes de dar un curso de gramática con ellos me explicaron en el trabajo que era una de las empresas más conocidas en lo relativo a formación sobre escritura. Y pese a que, siendo sincero, un curso de veinte horas de ortografía y gramática impartido en cuatro días se hace algo duro, me gustó la forma que tenía el instructor de explicar las reglas que tantas veces había escuchado antes —en la carrera, el instituto y hasta el colegio— y que se olvidaban con tanta facilidad. Así que cuando leí que Antonio Martín y Victor J. Sanz, director y tutor respectivamente de esta empresa, habían sacado un libro sobre comunicación, tuve bastante claro que pisaba sobre terreno seguro.

Dilo bien y dilo claro viene a echar una mano a aquellos que trabajamos con palabras diariamente, ya sea elaborando informes, corrigiendo textos, mandando correos a diestro y siniestro para que prueben nuestros productos o dando conferencias con nuestro amigo el PowerPoint vigilando nuestras espaldas. Eso incluye a un número muy elevado de personas, no todas con los mismos conocimientos en el ámbito de la redacción. Seguramente por ello, los autores se han centrado en lanzar al mercado un trabajo accesible, a través de una de las máximas que defienden a lo largo del mismo: la importancia de la claridad a la hora de exponer las ideas. Y es que de ahí se puede extraer el que para mí es el mensaje más importante que ofrece este libro y que conviene grabarlo a fuego: lo difícil es hacerlo sencillo. Así, los autores animan, y no sin razón, a huir del abuso de las pasivas, de las subordinadas, de las frases largas, de tratar de usted al lector siempre que no sea imprescindible… consejos que, en mi caso y pese a mis esfuerzos, no siempre consigo aplicar. Aunque poco a poco me estoy quitando de esos vicios.

Por otro lado, a pesar de que en su portada se define como ‘Manual de comunicación profesional’, el libro está planteado como un curso práctico, en el que desde el comienzo se nos pide que vayamos resolviendo algunos ejercicios de redacción. Esto hace que podamos ir viendo e incorporando algunos trucos para desatascar nuestra vena creativa. Y es que, si en algo puedo decir que me ha ayudado esta lectura es en intentar buscar nuevos enfoques a la hora de abordar los textos que escribo. Si hay un miedo indisociable al redactor es el del papel vacío. Para remediarlo, Martín y Sanz aportan recetas variadas para que podamos encarar de una forma más eficaz a esa pantalla en blanco que en ocasiones está tan poco receptiva. También me ha sido útil lo relativo a la conexión de ideas, ya que soy de esos que va anotando lo que le viene a la cabeza sin ton ni son y acaba viéndose con serios problemas para encontrar un orden y un sentido a esa lista interminable de datos y pensamientos.

En definitiva, Dilo bien y dilo claro es un auténtico curso de comunicación, un texto que tengo claro que revisitaré en numerosas ocasiones, ya que además de dar unas pautas generales para mejorar nuestra capacidad comunicativa aporta soluciones a problemas muy habituales, desde el tratamiento del género a cómo configurar Word para sacarle el máximo rendimiento. Problemas que conviene solucionar adecuadamente para que se nos entienda de la mejor forma posible. Porque, aunque a veces se nos olvida, ese es el auténtico propósito de la comunicación.

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Yokai Attack!, de Hiroko Yoda y Matt Alt

Yokai attack guía de supervivencia de los monstruos japoneses

Yokai attack guía de supervivencia de los monstruos japonesesEn el anime El verano de Coo uno de ellos despierta en el Japón moderno y, tras ser acogido por una familia de humanos, emprende una ardua búsqueda para encontrar más individuos de su especie. En El viaje de Chihiro, película dirigida por Hayao Miyazaki, la muchacha protagonista, cual Alicia en el país de las maravillas de Carroll pero en versión nipona, tras traspasar un túnel, descubrirá un mundo repleto de estos seres. Horripilantes, viscosos, etéreos, míticos, gigantescos o de innumerables formas y colores. Unos le prestarán su ayuda; otros serán un tormento. En la película de animación Pompoko, del director Isao Takahata, los protagonistas, con su forma animal, eran capaces de transformarse en humanos y confundir a la población con el objetivo de salvar su bosque. Planear por el aire, golpear, usarlos como escudo, además de otras maniobras de vital importancia para llevar a buen puerto su cometido que eran realizadas con la ayuda de sus enormes testículos. ¿Peculiar? Sí, pero también una de las habilidades ofensivas más acojonantes que puedes esperar si te enfrentas a estos bribonzuelos.

Mononoke, Inuyasha, Una carta para Momo o Yo-kai Watch son también mangas o animes que tienen como protagonistas a estas criaturas. Y esto solo rascando la capa más superficial. Si profundizara un poco más sacaría otro puñado, no solo películas, sino también libros, videojuegos o páginas web. Probablemente ya hace un rato que lo habéis deducido. Sí, hoy vamos a hablar de yokais: esos seres que pueblan el imaginario japonés desde hace siglos y que ante la aparición de uno el humano no sabe cómo reaccionar. Con Yokai Attack!: Guía de supervivencia de los monstruos japoneses, de la editorial Quaterni, vamos a ponerle remedio a eso.

Yokai Attack!: Guía de supervivencia de los monstruos japoneses es un libro escrito a cuatro manos por un matrimonio experto en cultura japonesa: Hiroko Yoda y Matt Alt. El libro, que con unas dimensiones de bolsillo (al estilo guía de viajes) se revela perfecto para llevar encima, deja clara su función de orientador en el mundo de los yokai desde la página en la que nos encontramos el mapa de Japón. Dicha página, además de señalar sobre el mapa dónde podríamos cruzarnos con estos seres, es la puerta de entrada, y a la par un gran recibimiento, al mundo mágico y misterioso al que nos aventuraremos.

Al igual que un libro de ciencias naturales ordena a los seres vivos en cinco reinos tomando como base sus similitudes o diferencias, Yokai Attack! lo hace con los monstruos en función de lo dañinos que pueden llegar a ser para el ser humano. Así pues, en la sección Demonios Atroces nos encontraremos con seres como los Umi-Bozu, que son capaces de mandar un barco a las profundidades del océano hecho un guiñapo, o el Karasu-tengu que con su forma mitad humanoide mitad ave arrebata la vida por placer. Al otro lado del espectro, y en el quinto y último grupo, se hallan los denominados Mequetrefes. Estas criaturas no te matarán, pero van a ser más molestas que un mosquito sediento de sangre en una noche calurosa. Es aquí cuando la guía se torna imprescindible, pues os vendrá de perlas para deshaceros de ellos y, en algunos casos, salir ilesos.

Pero Yokai Attack! no es solo un muestrario de bichos raros, es también un acercamiento terriblemente ameno a las leyendas y a la cultura de Japón. Pues aunque la mayoría de los yokai son la más retorcida representación de los miedos que turban la mente humana, otros no son más que un método para que conceptos como los obstáculos que nos pone la vida, la limpieza personal o el cuidado de la naturaleza se transformen en leyenda, calen hondo en la población y pasen de generación en generación. Por si esto fuera poco, el libro deja bien claro, con un puñado de historias que lo atestiguan, que aspectos tan importantes, y tradicionales, de la vida japonesa como la gastronomía y los yokai en ocasiones pueden ir de la mano.

Todas estas leyendas no son más que una pequeña porción del todo que compone el libro y que deja claro el gran trabajo de investigación que Hiroko Yoda y Matt Alt han llevado a cabo, recabando información no solo de páginas web o de más de una veintena de libros, sino también de la mismísima Biblioteca Nacional de Tokio. A ésta pertenecen las reproducciones de xilografías del siglo XVIII que acompañan al texto y que nos muestran a los yokai tal como se los imaginaban los habitantes del período Edo. A estos grabados hay que añadirles fotografías y las afables ilustraciones de Tatsuya Morimo; ilustraciones que a pesar de tener un marcado estilo que recuerda al manga clásico de los sesenta también atesoran la esencia de los grabados de época.

Yokai Attack!: Guía de supervivencia de los monstruos japoneses es un pequeño tesoro, un libro imprescindible que no deberían dejar escapar aquellos que muestren curiosidad por la parte más enigmática y siniestra de la cultura japonesa

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Cuántica, de José Ignacio Latorre

cuantica“¿Todo debe ser útil?” A veces basta la “belleza de una ecuación”, su “simplicidad y simetría” que nos llevan a la construcción de “una catedral intelectual”. Porque “la construcción de una catedral requiere un andamiaje prolífico que solo es retirado al final. Solo entonces, cuando los utillajes y la suciedad de la obra son eliminados, la belleza se hace patente. [Ahora] podemos explicar mecánica cuántica en nuestras universidades de forma limpia y elegante. Ahora podemos ver fácilmente su belleza interna. Basta adentrarse muy poco a poco”.

Decía Richard P. Feynman, uno de los más grandes físicos de todos los tiempos que “si usted cree que entiende la física cuántica, eso no es más que la prueba irrefutable de que usted no entiende la física cuántica”. El punto fuerte de Feynman no era dar ánimos, pero por desgracia, razón nunca le faltó. Y es que eso es la Teoría Cuántica: una catedral de la Física. Este libro no es más ni menos que una visita guiada por esa catedral que tanto intimida.

Jose Ignacio Latorre es catedrático de Física Teórica de la Universidad de Barcelona y director del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Una curiosidad es que Latorre fue postdoc de Daniel Z. Freedman en el MIT, creador de la supergravedad, cosa nada baladí: “Él pulió mis apresurados cálculos y me impregnó de la máxima que rige el buen hacer científico: el diablo vive en los detalles”.

El libro consta de un prólogo, cinco capítulos y dos apéndices.
Podríamos describir aquí alrededor de qué orbita cada una de las secciones pero creo que será más enriquecedor hablar acerca del mensaje fundamental sobre el que se apoya el libro:

“La realidad objetiva no existe: nos lo dice la ciencia”.

Una afirmación tan categórica como aterradora. Pero es que el azar es inherente a la naturaleza. Mientras que la física clásica es determinista, todos los experimentos de mecánica cuántica demuestran que venimos del azar. Y nos enseñan humildad: nos dicen que no tenemos derecho a conocer la realidad.
Cada experimento a escala subatómica, cuántica, nos dice que sólo podemos captar alguna información (posición, movimiento…) de las partículas que medimos pero no conocer su esencia ya que en cuanto las miras, inevitablemente las perturbas y alteras.
De aquí podríamos inferir que la realidad es inaprehensible, pero la respuesta no es tan directa. La realidad es un concepto sutil. Existe en la medida en que la miras. Acercarte a conocerla  la condiciona y la crea.
Es algo que va en contra de los sentidos y de la propia intuición.
Al mismísimo Einstein le costó aceptarlo, que espetó a su colega Bohr, paladín cuántico: “¿De verdad crees que la Luna no está si no la miro?”.
De acuerdo pero, ¿la realidad existe o no? “Cuántica. Tu futuro en juego” nos explica que la mecánica cuántica describe un fenómeno si lo observas. La ciencia cuántica ya no es ontológica (estudio del ser), sino epistemológica (estudio del fenómeno, lo único enteramente cognoscible). Como se puede comprobar, el libro invita mucho a ponerse “metafísico”.

En el texto, Latorre desmonta el paradigma de la utilidad, tan vilmente usado contra la investigación básica. También transita por diversos enfoques epistemológicos que van del coherentismo al escepticismo más radical y presenta los usos de la teoría cuántica en algunas tecnologías, como las médicas o la metrología. El libro pasa de puntillas por otras áreas del conocimiento dejando con ganas al lector de profundizar más en la criptografía o la computación cuántica así como en otros territorios como los vínculos entre el caos y la teoría de la información.
“Cuántica. Tu futuro en juego” es uno de esos libros de divulgación que hay que leer para saber qué se nos viene encima y no veo mejor forma de invitaros a leerlo que dejaros la invitación que nos hace el autor al final del prólogo. Disfruten de la visita y si tienen preguntas, no se las guarden. Eso es buena señal.

“En el imaginario de las ciudades sutiles, Cuántica se fija de forma perenne en la memoria del viajero. Las disputas intelectuales de sus ágoras despiertan la imaginación, el afán de saber y la admiración.

Sean bienvenidos a la cuidad de Cuántica.”

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El gran retroceso, de varios autores

El gran retroceso

El gran retrocesoRecuerdo que uno de mis pensamientos más frecuentes cuando estudiaba Historia en el instituto era que el tiempo en el que me había tocado vivir era posiblemente el más aburrido hasta la fecha. Todos los siglos tenían sus momentos transcendentales, pero de lo relativo a las últimas décadas del XX y a la primera del XXI apenas hubiese podido rellenar un par de hojas de estudio, y eso estirando mucho los textos. Sin embargo, no hay duda de que en los últimos años se han ido produciendo una serie de cambios de magnitudes enormes, a los que quizás no les hemos dado la importancia suficiente porque nos han pillado viviéndolos, pero que puestos sobre el papel uno puede hacerse a la idea de su gravedad. Así, la llegada de un ser como Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la salida de Reino Unido de la Unión Europea, el resurgimiento con fuerza de los populismos o la constante amenaza del terrorismo internacional, hechos que muy pocos podían prever hace apenas un par de años, muestran que nos encontramos en un momento crucial de la historia y no precisamente por ser bueno. En este complejo contexto, libros como El gran retroceso ayudan a entender cómo hemos llegado aquí y las posibles vías para que esta tendencia perniciosa cambie lo antes posible.

Este es un libro de lectura urgente, ya que debido a la velocidad a la que se producen los acontecimientos, pronto será necesario introducir nuevos ingredientes a las reflexiones de los autores. De hecho, las elecciones de Francia se celebraron con posterioridad a la publicación de este libro, con lo que, afortunadamente, el temor a la figura de Le Pen podemos dejarlo aparcado de momento, aunque quién sabe por cuánto tiempo.

Los artículos son muy variados, tanto como sus autores. Los hay puramente políticos, otros más humanísticos y filosóficos y otros que se decantan por una visión puramente periodística. Como es normal, la calidad y el interés que despiertan los textos también es variado, pero a nivel global me ha resultado un compendio de ideas realmente interesante. De entre los intelectuales de renombre que participan en el libro, como Santiago Alba Rico, Nancy Fraser o Paul Mason, me gustaría destacar a Zygmunt Bauman, no solo por la claridad con la que expone su alegato en contra de la intolerancia y en defensa de una cultura de diálogo que acabe con el individualismo atroz que nos rodea, sino también porque Síntomas en busca de objeto y nombre fue uno de los últimos textos que este gran pensador redactó antes de fallecer.

De lo que no cabe duda es de que todos los autores tienen una visión política bastante similar, con muchos matices, por supuesto, pero con un buen número de ideas que salen continuamente a la palestra. De entre ellas destaca la crítica unánime al neoliberalismo, esa corriente ideológica que no para de transformarse y de regenerarse para adaptarse a los nuevos tiempos, a la que los autores no tienen miedo en señalar como la principal culpable de la situación en la que nos encontramos. Y es que resulta irónico que el modelo que nos ha llevado a la mayor crisis económica en décadas, que ha conseguido unos niveles de desigualdad entre los ciudadanos nunca antes vistos y que ha aprovechado la situación para llevar a cabo recortes y privatizaciones en todos los frentes posibles siga siendo el mayoritario en el mundo desarrollado.

Por no cerrar la reseña con un tono pesimista diré que también se puede sacar un mensaje positivo de esta lectura, ya que los autores de El gran retroceso consideran mayoritariamente que existen alternativas para derrotar al monstruo neoliberal y que todavía no es tarde para cambiar el rumbo. Veremos, aunque yo todavía no tengo nada claro qué les tocará estudiar en la asignatura de Historia a nuestros hijos.

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Miau, miau, miau. Los gatos en el cine, de Juan Luis Sánchez y Luis Miguel Carmona

Miau, Miau, Miau. Los gatos en el cine

Miau, Miau, Miau. Los gatos en el cineSí, soy yo. ¿Quién si no iba a traeros esta reseña sobre gatos en el cine? Si el tiempo que paso hablando sobre gatos, leyendo sobre gatos y escribiendo sobre gatos lo hubiese empleado en sacarme una oposición mi madre estaría mucho más contenta con su hija la loca de los gatos. Pero qué  le vamos a hacer, a cada uno le da por lo que le da y a mí me ha tocado esta tara felina. O este don, porque ya puestos, vamos a hacer que suene bonito.

Es indudable que el animal rey de las pantallas de cine es el perro. Sus apariciones en películas, series y demás son muy numerosas, pero claro, eso es irse a lo fácil. Porque los perretes son muy nobles, pero también mucho más facilones en el trato. Contar con gatos en el cine sí que es todo un reto. A veces casi lo es enfrentarse a ellos en el día a día de un piso de 90 metros cuadrados… imaginad lo que debe ser un gato en un estudio de cine. Aun así, estoy segura de que se os vienen un montón de escenas de cine a la cabeza en la que aparecen gatos. Venga, si estoy fuera el Un, dos, tres, ¿cuántas películas que incluyan gatos en sus escenas podríais nombrar? Tic, tac, tic, tac.

Seguro que todos habéis visto Desayuno con diamantes y aquella escena final en la que Audrey Hepburn llora desconsolada con su gato bajo la lluvia. Hay un truco: durante el rodaje de la película usaron once gatos distintos para interpretar a Gato. Seguro que recordáis a la teniente Ripley y su gato naranja. También hay gatos en el lado oscuro (cómo no), gatos igual de malvados que sus dueños como el felino de raza egipcia (esos gatos que no tienen pelo) que sostenía el doctor Maligno en Austin Powers o aquel que Marlon Brando acariciaba en su regazo en El padrino. Además de aprender sobre gatetes, (¿sabíais que hay entrenadores de gatos?), Miau, miau, miau. Los gatos en el cine es una maravilla para los amantes del cine. He hecho una lista con todas las pelis que aparecen en él y que no he visto. Ya tengo cine pendiente para una larga temporada.

No todo es cine en este libro. También aparecen gatos televisivos tan míticos como el gato de la siempre genial serie Alf, el sarcástico gato negro de la bruja Sabrina, Spot, que aparece en Star Trek o el maravilloso Garfield.

Pero eso no es todo. También hay historias de artistas de todo tipo y sus felinas mascotas. Kurt Cobain, Miachel Jackson, Jane Fonda, Truman Capote, Hemingway, Freddie Mercury, David Bowie, Picasso, Dalí o Henri Matisse pueden presumir de ser auténticos admiradores de estos peludos.

Miau, miau, miau. Los gatos en el cine es un libro esencial para los gatófilos y cinéfilos. Además, el tono humorístico y al mismo tiempo riguroso con el que sus autores han enfocado el libro me parece una maravilla. No solo entretiene, sino que se aprende y se disfruta. La cantidad y calidad de las fotografías e imágenes que aparecen en él es otro punto a favor. No le puedo pedir más a un libro sobre gatos, la verdad.

 

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Los senderos del mar. Un viaje a pie, de María Belmonte

Los senderos del mar

 

Los senderos del marCerrar un libro que a uno le ha gustado es un gesto que suele estar asociado a ciertas emociones, tantas como libros y lectores, y este Los senderos del mar no es diferente pero hay una que no es frecuente y que yo he sentido con no poca intensidad: la envidia. Sana, naturalmente. Aunque gracias al texto uno acompaña a la autora en su caminar por la costa y a que leer es la verdadera realidad aumentada, pese a que María Belmonte presta a todos los lectores sus ojos descubridores dignos de todo elogio, a uno realmente le encantaría estar en sus zapatos y caminar su ruta, disfrutar de sus paisajes y vivir sus mismas experiencias. El libro consigue lo más difícil, que es vivir la experiencia en la piel de la autora, pero la consecuencia lógica es la necesidad de vivirla en la propia.

Diría que es rigurosamente cierto que uno no conoce un lugar hasta que lo recorre caminando, que el esfuerzo y el disfrute guardan una relación directa y que en este mundo de velocidad hay en recorrer un sendero a pie, parándose a mirar cuando mirar es necesario, hay una suerte de conexión con una parte si no perdida si al menos olvidada para la mayoría de nosotros y nuestras vertiginosas existencias. Los senderos del mar no es sólo la descripción de una ruta por la costa del País Vasco, María Belmonte no se limita a contarnos lo que lee sino que completa la experiencia con lo que piensa y suma a sus reflexiones sus conocimientos y sus investigaciones de forma que acompañan al paisaje la biología, la geología, la filosofía y en fin, todo aquello que nace en la fértil mente de la autora gracias a la inspiración que el mar y los senderos le proporcionan.

Todas esas cosas no las tendría uno recorriendo esos senderos con su propio pie, por tanto el camino leído es más rico que el caminado y sin embargo uno tiene la sensación de que ese que marcan los pasos y no las páginas es insustituible. Pero si lo que hace grande el camino es la conexión con la naturaleza, lo que hace lo propio con el libro es la inquietud de una autora que todo lo mira con ojos nuevos y con ganas de saber. Alguien a quien no le basta descubrir o disfrutar, sino que necesita conocer y que afortunadamente tiene la generosidad de compartir con los demás su experiencia. Tengo la sensación de que si ver lo que ella ve a través de las páginas de Los senderos del mar es un privilegio, sería uno mayor poder disponer de unos ojos (y de unos pies) como los suyos y poder mirar nuestro propio mundo con ellos. Sospecho que lo veríamos diferente, más rico y diverso y sobre todo más interesante.

 

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Apegos feroces, de Vivian Gornick

Apegos feroces, de Vivian Gornick

Apegos feroces, de Vivian GornickCuanto más me gusta un libro más me cuesta hacer la reseña. Es algo que vengo notando últimamente. Debo tener alguna tara, porque se supone que es cuando más debería explayarme, pero me quedo en blanco, quizá asimilando aún lo que he leído y solo me sale deciros: leed, leed, malditos. Y podría quedarme ahí, simplemente en la vehemente recomendación y puede que ya con eso me entendierais. Pero claro, es mucho más lo que puedo contaros de esta novela, así que allá voy.

Ya que Apegos feroces es una novela autobiográfica, me parece imprescindible hablaros de Vivian Gornick, su autora. Nacida en 1935 en el Bronx, (Nueva York), Vivian ha trabajado como periodista para medios como Village Voice, The Nation o The New York Times. Es periodista y ensayista y ha escrito textos críticos, periodísticos y memorias. Eso sí, su escritura siempre viene marcada por el mismo rasgo y es que todos sus escritos se conciben desde la perspectiva de género. Gracias  a esta característica, Vivian se ha convertido en una de las voces más representativas del feminismo en Estados Unidos. Algo que me fascina, pues ya sabéis mi devoción por la gente que promueve y reivindica el feminismo. La literatura, además, me parece uno  de los mejores vehículos para ello.

Publicada en 1987, gracias a la editorial Sexto Piso podemos disfrutar de ellas en español por primera vez. Como os decía, Apegos feroces es una novela sobre mujeres. Las memorias de Vivian Gornick se desarrollan a través del vínculo de ésta con su madre. Y creedme cuando os digo que es una de las relaciones madre-hija más desquiciada, cautivadora y, en cierto modo, emotiva sobre la que jamás haya leído. Ese vínculo, tan estrecho, tan irrepetible e inquietante que sólo puede establecerse entre una madre y una hija aparece reflejado a lo largo de toda la novela. En torno a él, la autora realiza un ejercicio autobiográfico que no sólo se limita a la relación materno-filial, sino que resulta ser el reflejo de la sociedad de aquella época.

Ahora que las dos son ya mujeres mayores y que, a pesar de lo conflictivo de su relación, ambas disfrutan (o comparten) sus paseos juntas por Nueva York. Y entre caminos, parques y calles transitadas, se desgrana la historia de madre e hija. Una historia irremediablemente compartida, pero que cada una interpreta a su modo. La infancia de la autora en el Bronx en casa de sus padres, las historias de los vecinos y amigos, su relación con los hombres, su vida, en suma.

Y la sombra de su madre siempre presente, en cada momento, en cada decisión, en cada vivencia. Porque, a pesar de lo difícil de la relación entre ambas, su madre es la figura que prevalece en el relato de su vida. Como una especie de recordatorio o de advertencia de lo que podrá ocurrir, de todo lo común y todas las diferencias.

Todas las vivencias, todos los recuerdos vienen acompañados de todas las mujeres que conforman la vida de la autora. Mujeres fuertes, valientes. Dos modelos antagónicos en los que fijarse, que van a servir como guía de su propia vida: el de su madre y el de Nettie, la independiente y apasionada vecina.

Una novela sobre mujeres escrita por una de las voces más destacadas del movimiento feminista. Se me hace imposible no recomendar Apegos feroces, no invitaros a adentraros en esta relación madre-hija, en este brillante reflejo de todas esas grandes mujeres. Sin duda, una de las mejores novelas que he leído últimamente.

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La gran novela de las matemáticas, de Mickaël Launay

La gran novela de las matemáticas

La gran novela de las matemáticasEn el instituto me decanté por letras puras porque era lo que me gustaba y lo que realmente se me daba bien: la lengua y los idiomas siempre han sido mi fuerte. En cambio, las matemáticas siempre se me han dado mal. No sé si es un tópico decir que hay personas con una mente más preparada para las ciencias que otras. A mí no lo parece, sinceramente. Y desde que trabajo con niños y adolescentes, lo tengo más claro. En seguida se ve a qué niños se le da mejor un ámbito que el otro. También dicen que el tener un buen profesor hace mucho. Obviamente, si desde pequeños se nos estimula adecuadamente para un campo determinado, es más fácil comprenderlo y disfrutarlo. En cualquier caso, yo no voy a echar la culpa a mis profesores. Me la voy a echar a mí porque cada vez que tengo que hacer un cálculo complicado (y a veces hasta sencillo) pongo la misma cara que Joey en Friends cuando intentaba interpretar un personaje que había recibido una mala noticia.

Aun así, me gustan las ciencias. Me parecen muy interesantes algunas de sus aplicaciones y teorías. Mis carencias en el ámbito científico las intento mitigar viendo al gran Carl Sagan y leyendo, de vez en cuando, libros que se alejan de lo que acostumbro a leer. Aunque a veces no entienda nada, soy así de cabezota. Por eso, La gran novela de las matemáticas me atrajo desde un primer momento. Un libro que se vende tal que así: “Si nunca llegaste a comprender las matemáticas, incluso si las llegaste a odiar, ¿qué te parecería darles una segunda oportunidad? Es muy posible que te sorprendas…” iba dirigido para mí. Tengo que levantar la mano, como si aún siguiera en el cole,  y asentir: sí que las llegué a odiar.

El francés Mickae las matemël Launay, doctorado en probabilidades y apasionado de las matemáticas, nos propone un viaje desde la prehistoria hasta la actualidad a través de las matemáticas. Desde las figuras geométricas usadas para decorar la cerámica y los primeros números usados por los mesopotámicos para contar, hasta conceptos como el número pi, la sucesión de Fibonacci o problemas matemáticos que aún no han podido ser resueltos.

Un viaje diferente, a un mundo que quizá  nunca hemos llegado a entender realmente, pero que gracias a los ejemplos cotidianos y reales que el autor nos expone nos hace comprender mejor todas esas incógnitas. Su lenguaje, claro y directo, y la cantidad de ejemplos ilustrativos que utiliza el francés nos transmite su pasión de manera sorprendente.

No sé si a partir de ahora empezarán a gustarme más las matemáticas ni a dárseme mejor, pero sí que soy más consciente de su importancia y creo que libros como éste son de gran ayuda y los encuentro realmente útiles. Ya sé que a algunos de los niños con los que trabajo les va a encantar y eso es ya una garantía, ¿verdad? Mientras tanto, creo que seguiré poniendo la misma cara que Joey al intentar dividir doscientos treinta y dos entre trece. Me aporta mucha credibilidad.

 

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Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje, de Nick Jans

lobo negro historia de una amistad salvaje

lobo negro historia de una amistad salvajeCuenta una vieja leyenda que en una época no muy remota los indios de Norteamérica y los lobos acordaron una tregua. Decidieron no agredirse los unos a los otros por el bien de la comunidad. Con el tiempo este trato los llevaría a cooperar, cuidando no solo de la tierra que habitaban sino también de sus respectivas familias y en especial de los más pequeños. El compromiso de paz con el tiempo mudaría en una amistad entre especies. Desgraciadamente aquel pacto sagrado llegó a su fin cuando los primeros colonos europeos pusieron un pie en Norteamérica, y una bala en cada lobo. La amistad entre indios y lobos expiró por unos terceros que, aun siendo de la misma especie que los nativos de aquella tierra, nada tenían que ver con el acuerdo. Tras la separación, los indios tomaron asiento en las llanuras cercanas a los ríos y los lobos huyeron hacia los bosques, al abrigo de la espesura que les brindaba la naturaleza.

Sabemos que las leyendas no son más que cuentos ornamentados con magia y fantasía para disfrazar, y retorcer, lo que en su momento podría haber sido un hecho real. El germen que dio pie a la leyenda del pacto sagrado entre indios y lobos tal vez fuera un suceso similar al recogido por el libro que hoy nos ocupa; un hecho real, una biografía inverosímil y emotiva que bien podría convertirse en una estupenda leyenda. “Esta es una historia con luces y sombras, esperanza y tristeza, miedo y amor, y quizá una pizca de magia.”

Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje publicado por Errata Naturae, cuenta la asombrosa historia de un lobo negro en busca de la amistad. Un lobo que, contra natura, se acercó a los perros que eran paseados por los habitantes de Juneau (capital de Alaska) en busca de amigos con los que jugar pero que, por extensión, fue trabando amistad también con los humanos. Nick Jans, vecino de la ciudad, será la voz que nos llevará por las diferentes etapas que marcaron la vida de Romeo (nombre con el que sería bautizado el lobo). Aunque Nick Jans es el autor del libro (porque alguien tenía que contar esta historia) y principal testigo de todo lo que aconteció, su narración se construye con el andamiaje que le facilitaron las entrevistas de vecinos, amigos, turistas, artículos del periódico local y expertos en fauna, como biólogos o agentes del Departamento de Pesca y Caza de la zona que eran incapaces de dar con una respuesta satisfactoria al misterioso comportamiento de Romeo. “Al margen de dónde viniese el lobo negro, todos coincidíamos en algo: no había nada a la altura de ese espectáculo en todo el planeta.” El autor además utilizaría esta confraternización entre especies no solo para estudiar a uno de los animales más hermosos sobre la faz de la tierra, sino también como una forma de redimir su época de cazador con los Inuit.

Aunque el hilo conductor de la narración es el singular y hermosísimo lobo Romeo (disfrutad y quedad cautivados con las fotos que incluye el libro), Nick Jans aprovecha la coyuntura para explorar todas las facetas que rodean la vida salvaje de estos cánidos, consiguiendo al final realizar una exhaustiva y pulcra radiografía de tales animales. De esta manera, y siguiendo siempre la huellas del carismático Romeo (al cual, tras unas pocas páginas, veremos como a un amigo especial y peludo) el autor nos hablará de los hábitos alimenticios de los lobos, del apareamiento, de los lobeznos y las enseñanzas que estos reciben por parte de congéneres más experimentados y hasta de las habilidosas técnicas de caza que éstos emplean, mostrándonos además, y haciendo especial hincapié, en el importante lugar que los lobos ocupan en la cadena trófica.

Pero Lobo Negro no es solo una historia sobre una amistad fascinante entre especies que se fraguó a lo largo de los años, es también una oda a la naturaleza salvaje. Lugares de nívea blancura, laderas boscosas de verdor primaveral, lagos helados, titánicos glaciares y montañas escarpadas serán escenarios recurrentes que a lo largo de la novela os transportarán al mismísimo corazón de Alaska gracias a las descripciones que emplea el autor y que en ocasiones tienen cierto cariz poético.

Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje encantará a toda persona que cuando observa la naturaleza ve belleza y cuando mira a un animal ve algo sagrado. Sin embargo, no es a ellos a quienes voy a recomendar leer este libro, sino a todos esos que a la tortura y posterior muerte de un animal lo llaman con orgullo arte, o a aquellos que únicamente contemplan la vida animal a través de una mira telescópica antes de segarla. Tal vez leyendo Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje descubran que los animales son algo más que un trofeo que colgar en la pared de su particular salón de los horrores.

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