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Inyección, de Warren Ellis y Declan Shalvey

Inyección

Inyección“La ciencia proviene de la magia. Y la magia es, ni más ni menos, que una manera de entender y alterar los sistemas y procesos invisibles del mundo.”

Tengo que reconocer que nunca he sido demasiado fan de los cómics y las novelas gráficas. Siempre he sido más de novela y teatro y, cuando he entrado en una librería, nunca me ha llamado la atención ni siquiera el pasarme por esa sección. No sé si ha sido por desconocimiento o por falta de interés, pero he estado muy equivocada hasta ahora. Creo que es necesario que, como lectores, abramos nuestra mente a nuevas experiencias literarias, ya que solo así podremos conocer por nosotros mismos si nos interesa o no, o si hay algo en ellas que nos pueda aportar algo positivo y de lo que poder aprender.

Así es como descubrí el apasionante mundo del cómic y continúo descubriéndolo gracias a obras brillantes como Inyección. Lo primero que me llamó la atención de este fue, además de su magnífica y oscura portada, su mezcla entre la ciencia y el suspense del mundo real con la ciencia ficción y los fenómenos inexplicables. Pero vayamos a la trama. Este libro comienza con un grupo de cinco ambiciosos científicos que, aburridos en sus respectivas vidas, deciden jugar con las leyes de la naturaleza y crean un sistema de aprendizaje inconsciente con el objetivo de instalarlo en internet y cambiar el mundo que los rodea. Sin embargo, este experimento no sale como ellos esperaban y ahora deben pagar un precio…

Esto está presente en cada una de las páginas de este libro, pues está dividido en pasado y presente, siendo el pasado el tiempo en el que este grupo de cinco personajes creó la Inyección y, el presente, todos los problemas y complicaciones que genera este experimento para cada uno de ellos. Y recalco para cada uno de ellos, pues el sentimiento de culpabilidad, ese “precio que deben pagar”, está presente en cada una de sus vidas del presente, si es cierto que en distinta medida dependiendo de quién se trate…

Por este y otros motivos, es muy fácil empatizar con estos protagonistas, sin importar su edad o sexo. En nuestras vidas, todos hemos hecho algo de lo que nos arrepentimos. O, si no lo hemos hecho, es muy posible que en algún momento lo hagamos. Todos cometemos errores. Esto es algo que humaniza a los protagonistas de esta historia y los hace cercanos al lector. Además, es fácil llegar a entenderlos, puesto que la ambición y la necesidad de conseguir algo que cambie nuestro mundo a mejor es algo que todos o casi todos tenemos en nuestro interior.

Pero en este libro no todo es tan fácil de entender. Los fenómenos extraños y el terror se respiran en cada uno de los capítulos y convierten este cómic en una lectura no apta para todas las edades. Y, sin embargo, es una de las cosas que más me ha enganchado de él, junto con el suspense y ese juego contra las leyes de la naturaleza y de la ciencia, que está tan presente y lo hace tan interesante. Hablando de interesante, sería demasiado guay ver esta historia en los cines… Ahí lo dejo caer.

Por último, en cuanto al lenguaje científico que se precisaba en esta historia, creo que está muy bien llevado por parte de los autores, puesto que es fácilmente entendible por todo tipo de personas, incluso para aquellas que, como yo, no tienen ni idea de ciencia. Esta es una de las cosas que más me preocupaban antes de comenzar con este libro y creo que han sabido llevarlo muy bien.

Inyección es de ese tipo de libros que enganchan de principio a fin, que sabe mantener la intriga en cada una de sus páginas y que te obliga a seguir leyendo para descubrir qué es lo que sucederá al final. En tan solo dos días he acabado con el libro y, aún así, siento que quedan más incógnitas por resolver que cuando lo empecé. ¡No puedo esperar para tener el siguiente volumen entre mis manos!

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Intrusión, de Román Sanz

Intrusión

IntrusiónHablar de Román Sanz, el autor de este viaje onírico que es Intrusión, es hablar de un hombre, cuanto menos, peculiar. Peculiaridades tiene tanto en forma como en contenido. Si bien es cierto que haber estado en la presentación de su primera novela sirvió para percibir esos detalles que le caracterizan —se plantó en la librería con su chaquetón y sombrero texano— y donde mostró parte de su modo de expresión con los allí presentes, muchos más son los rasgos personales que puedes encontrar en la narración de su obra. Una obra que, a priori, ya muestra en su sinopsis la marcada personalidad del texto: «La pregunta correcta no es si este libro es para usted, es si usted está listo para este libro».

Pues heme a mí, con 38º de fiebre por un mal catarro invernal que me consideré apto para lanzarme a su lectura. Y el resultado no ha estado nada mal. Quizás esta novela fue así concebida (o puede que influyeran otros factores, digamos, de naturaleza lisérgica). No es la primera vez que me veo en una tesitura similar. Ya me ocurrió con una obra que para mí fue una joya: Pánico al amanecer, de Kenneth Cook, y también valga el ejemplo con Héroes, de Ray Loriga, en quien he encontrado una ligera semejanza de estilo.

Desde luego, la comparativa es lejana, pero a su vez guarda cierta afinidad. Ambas lecturas conservan en su estructura externa una cercanía notable con la poesía; capítulos cortos, de apenas página y media o dos páginas, que con oraciones simples te introducen directamente en la acción. Además, ya en su contenido interno, están las licencias que en ambos casos se permiten sus autores empleando una buena cantidad de figuras literarias: asíndeton y polisíndeton, metáforas, elipsis… Según iba leyendo encontraba ese ritmo y musicalidad que rara vez encuentras en narrativa y más del género al que se asoma esta obra, que bien podría entablarse dentro del suspense onírico.

La historia trata de la zozobra que siente su personaje principal, J, por un pasado que le atormenta y que lo mantiene sumido en una fuerte depresión y encarcelamiento casero. Su mejor amigo, Adrián, quiere ayudarle a escapar de esa espiral de agonía en la que vive y está dispuesto a aceptar cualquier sugerencia que le proponga. El pasado vive en sus recuerdos y esos recuerdos les machacan día a día. El pasado no se puede cambiar, eso desde luego, pero, ¿y si se pudieran cambiar los recuerdos de ese mismo pasado? J tiene una idea. Una idea y un don que comparte con Adrián: una conexión a modo de mente colmena en la que cohesionan sus recuerdos pudiendo introducirse en ellos para cambiarlos.

Durante la novela, viajas del presente de esa casa de largos pasillos donde vive en clausura a los recuerdos del pasado. Los reviven una y otra vez; intentan cambiarlos para escapar de su pesar. Lo peligroso de ese juego de tan alto poder es la intrusión en los sueños personales que no siempre quieren volver a revivir y puede que lo único que consigan sea complicar aún más las cosas. Sueños y recuerdos que desconocían el uno del otro y que ponen en riesgo su amistad.

Intrusión, título potente y directo, marca el registro más característico de su modo narrativo, entretenido en muchos de sus capítulos cortos con algo más de tedio en ciertas partes en las que el ritmo decae. Existen en la historia varias reminiscencias a otras obras de la ciencia ficción —una muy clara puede ser la película Olvídate de mí, con Jim Carrey y Kate Winslet—. Y un detalle con el que me quedo es con el concepto que plantea Román Sanz en la obra de si muchos de los sueños, y aún peor, las pesadillas, son solo producto del subconsciente o si realmente estoy sufriendo la intrusión de alguien externo que juega con ellos.

Con fiebre o sin ella, la historia funcionó conmigo. El reto que plantea su editor a los lectores acerca de si estoy o no preparado para ella lo superé. Ahora te toca a ti.

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Mi nombre escrito en la puerta de un váter, de Paz Castelló

Mi nombre escrito en la puerta de un váter

Mi nombre escrito en la puerta de un váterAún no lo he vivido en mis propias carnes, pero es por todos conocido que la aventura por la que tiene que pasar un escritor novel —e incluso no tan novel— para publicar sus obras hoy en día es enormemente compleja y, en muchos casos, desoladora. Es cierto que actualmente el recurso de la autoedición está al alcance de todos; hay varios ejemplos de personas que han conseguido llegar a un público numeroso a través de este método, pero si obviamos estos casos puntuales, de nuevo la realidad nos muestra como, casi diariamente, libros en los que sus autores han puesto horas y horas de esfuerzo y de cariño quedan huérfanos de lectores. Esto que se debe, seguramente, más a la dificultad para hacerse ver en el hiperpoblado mundo literario que a la calidad de los textos.

Mauro Santos, el protagonista de Mi nombre escrito en la puerta de un váter, la última novela de Paz Castelló —quien, por suerte, sí que ha encontrado una editorial que le publique sus obras— es uno de esos escritores de indudable talento al que, sin embargo, no le ha acompañado la suerte a la hora de difundir sus textos. Por cosas del destino Germán Latorre, un conocido presentador de televisión, descubre su trabajo y le ofrece escribir para él, de forma que las novelas resultantes se publiquen bajo el nombre de Latorre. Que sea su negro, vaya. La relación es un éxito, tanto a nivel económico como de prestigio, debido a la calidad de los textos y a la fama del falso escritor, pero un buen día Mauro, cansando de que éste se lleve sus méritos, decide dejar de escribir para él. Esta situación se une a su participación en un reality literario en el que, para más inri, uno de los miembros del jurado es su antiguo mecenas, que hará todo lo que esté en sus manos para obligar a Santos a retomar su trabajo a su sombra.

La novela me enganchó desde muy pronto y creo que eso se debió en su mayor parte al estilo narrativo de la autora. Periodista antes que escritora, Castelló demuestra ser una gran creadora de tramas, ya que en esta novela las tenemos de todo tipo: un triángulo amoroso, toques de humor ácido, una fuerte crítica a los medios de comunicación y a la industria editorial, una pizca de esoterismo…y más ingredientes que prefiero no mencionar para no desvelar demasiado, ya que considero que otro de sus grandes alicientes es la capacidad de sorprender y de dar fuertes giros al guion, especialmente a partir de la segunda mitad del libro. Aunque confieso que intuí el final—son muchas horas de mi vida invertidas en ver capítulos de Castle—, Castelló ha logrado que fuese alargando mis sesiones de lectura noche tras noche. Las ojeras del día siguiente, muchas veces, son el síntoma de cuanto te está gustando un libro (y las mías han sido grandes y profundas).

No voy a desvelar más, por tanto, pero no puedo sino recomendar esta lectura a todos aquellos que quieran disfrutar de un relato que atrapa desde el principio, con unas subtramas y unos personajes muy bien construidos. Tengo la intuición de que Paz Castelló no va a tener que hacer de Mauro Santos para ningún Latorre aunque, tal y como vende la situación del mercado editorial en Mi nombre escrito en la puerta de un váter, no me quiero ni imaginar la cantidad de escritores que vivirían felices en ese papel.

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Una historia de violencia, de John Wagner y Vince Locke

una historia de violencia¿Qué harías tú, un tipo corriente, si te enfrentaras a una situación extrema? Por ejemplo, que un delincuente te encañonara y en solo unos segundos tuvieras que evitar que tu vida o la de los tuyos terminara. ¿Tendrías los reflejos suficientes para esquivar el disparo? ¿El coraje de proteger a tus seres queridos a costa de tu propia vida? ¿La fuerza necesaria para tumbar al malhechor? ¿O solo serías capaz de llorar pidiendo compasión? De eso trata esta novela gráfica: de qué haría un ser humano normal si de repente estuviera metido en una historia de violencia. ¿Sería víctima o verdugo? ¿Justiciero, quizá? Porque dicen que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, así que supongo que quien mata a un asesino, también. ¿O no?

Reconozco que siento un profundo rechazo hacia la violencia en la vida real, pero que es un tema que me atrae mucho en la literatura y en el cine. Como decía, en el mundo real no la justifico nunca, pero llego a comprenderla en determinadas situaciones, sobre todo cuando es una respuesta irracional a un ataque desmedido o puro instinto de supervivencia. En el caso de Una historia de violencia, que inspiró la adaptación cinematográfica dirigida por David Cronenberg en 2005, el protagonista, Tom McKenna, es un ciudadano ejemplar y un apacible padre de dos hijos, que sale airoso de un robo a punta de pistola en su cafetería. Ha quitado de en medio a un par de asesinos, ¿quién va reprochárselo? ¡Es un héroe! Pero como la violencia siempre tiene consecuencias, incluso peores que las que se trataban de evitar, ese acto en defensa propia convertirá su vida y la de su familia en una pesadilla.

En esta novela gráfica, escrita por John Wagner y dibujada por Vince Locke, personas comunes ven cómo, un día cualquiera, sus vidas se desbaratan por estar en el lugar equivocado. Nos podría pasar a cualquiera, y eso es lo mejor, y más aterrador, de este planteamiento. Por eso es fácil empatizar con los personajes, comprenderlos. Una historia de violencia crea una atmósfera opresiva, en la que el peligro acecha a los protagonistas y nadie, ni siquiera la policía, puede acudir en su ayuda. ¿Qué hacer cuando la violencia parece la única salida para volver a vivir en paz? ¿Cómo se defiende una familia normal de un grupo de asesinos sin escrúpulos?

Parece que hay muchos caminos que llevan a la violencia y muy pocos para huir de ella. Por eso me parece un acto tan abominable. No querría verme en la piel de Tom McKenna y su familia, pero, literariamente hablando, me ha parecido una historia muy sugestiva. Si tu vida está en juego, ¿todo vale? Si hacen daño a los tuyos y tú se la devuelves, ¿es venganza o justicia? ¿La violencia, según sobre quién se ejerza y por qué, tiene justificación? La lectura de Una historia de violencia me ha hecho plantearme un sinfín de preguntas, pero sigo sin respuestas. Así que léelo tú también y debatimos: ¿qué harías tú?

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Normal life, de Steve Polls, Sergi Pareja y Fran Vázquez

Normal Life

Normal LifeHay veces que uno se entera de las cosas que han ocurrido en el mundo de la forma más imprevisible. Sin ir más lejos, hasta que escuché el temazo de U2 Sunday, Bloody Sunday (y la busqué traducida, ya que mi inglés, por aquel entonces, no daba ni para optar a Presidente del Gobierno), no fui consciente de que durante casi treinta años se había vivido un conflicto de gran magnitud en Irlanda del Norte, al que la represión sólo sirvió para alimentar y del que se pudo salir gracias a las cesiones de los bandos enfrentados y de la convicción de que la violencia no había sido más que un obstáculo para el entendimiento.

Normal life toca de lleno la época de The Troubles —como también fue conocido el conflicto— en torno a la figura de Manolo, un militar retirado, que, aunque oficialmente ocupa su tiempo como trabajador social en un centro juvenil, fuera de su jornada laboral colabora activamente con la Ulster Volunteer Force, un grupo paramilitar que defiende la unión de Irlanda dentro de Gran Bretaña. Además de ello, el español hace de informante para los servicios de inteligencia británicos, un juego a dos bandas tremendamente peligroso en unos años en los que los atentados y la represión policial son el pan de cada día.

Manolo se nos presenta como un tipo duro, al que los conflictos morales apenas le afectan; como él mismo deja claro en una conversación, se considera un soldado y se limita a ejecutar y a dar órdenes. Su única flaqueza son sus hijos, ya que su relación con su mujer está ya muy debilitada. De hecho, ante la posibilidad de ser descubierto como soplón por sus compañeros de la UVF —algo que planea sobre su cabeza durante toda la historia— el único de sus miedos es el futuro de sus vástagos, así como que ellos no sean testigos de una detención que, presupone, no sería pacífica ni discreta.

Este trabajo es el resultado de la colaboración conjunta de Steve Polls (dibujo), Sergi Pareja (guion) y Fran Vázquez (color). Pese a que no soy un lector asiduo de cómics, durante el tiempo que he pasado con éste he podido apreciar la calidad de las ilustraciones. El dibujo es atractivo y explícito, por lo que en ocasiones apenas requiere de diálogos para hacernos ver lo que ocurre. Predominan los colores oscuros y fríos, que ayudan a reflejar el ambiente en el que nos introducen los autores: un Dunbury violento, industrial, en el que nadie sabe de quién puede fiarse y todos se preguntan cuánto falta para que se produzca el siguiente ataque.

No voy a negar que en algunos momentos de la lectura me ha costado entender el porqué de algunos de los giros de la trama. No en vano, a pesar de los esfuerzos de los autores por facilitar la comprensión del conflicto, se trata un acontecimiento en el que intervinieron fuerzas diversas y, si bien ninguna controversia suele poder reducirse al mero maniqueísmo, en este caso resulta aún más complicado valorar el papel de cada interviniente.

Por último, destacaría el alto ritmo de la trama, ya que en las poco más de cien páginas que ocupa esta obra se recogen situaciones muy diversas: redadas policiales, venta ilegal de armas para sufragar el terrorismo, manifestaciones violentas sofocadas con más violencia, partidos de fútbol en los que la principal motivación es la pelea posterior entre las hinchadas… Sin duda Normal Life me ha resultado un cómic interesante y atrevido, que recoge el siempre peliagudo tema del terrorismo bajo una perspectiva original y nada partidista.

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13 días a medianoche, de Leo Hunt

13 dias a medianoche

13 dias a medianocheHacía bastante tiempo que no leía literatura “juvenil”, no por nada, no hay nada malo en esa literatura, pero, parece que a medida que crecemos la dejamos de lado y la cambiamos por las lecturas más “acordes” con nuestra edad. Y lo cierto es que, de no ser por la lectura juvenil, la cual suele ir precedida por el adjetivo “infantil”, no seríamos los lectores que somos ahora. Además, las categorías cambian con el tiempo y todo depende de un contexto. Que yo recuerde, mis primeras lecturas fueron 20.000 leguas de viaje submarino y Miguel Strogoff, de Julio Verne, un autor que escribía tanto para adultos como para adolescentes aunque normalmente se le considera más dentro de los últimos.

Sea como sea, lo que al final importa siempre en un libro es la historia que nos cuenta, y por eso me animé a leer 13 días a medianoche. Porque, a pesar de que podía caer en la trampa de leer el típico cliché de casa de fantasmas algo me decía que no, que era algo más, que me decidiera a dar el paso. Y cuando ese oportunista algo me dice cosas así, ¿quién soy yo para negarme?

La novela de 328 páginas trata de un chaval, Luke, de 16 años que recibe la noticia de la muerte de su padre, al que hace años que no ve, desde que los abandonara a él y a su madre. Un padre que sería el equivalente al doctor Jiménez del Oso (no creo que fuera correcto compararle con Íker, el otro Jiménez), quien contaba con un programa en la tele y ventas de deuvedés de temas paranormales.

Los padres de Luke están separados y Luke quiere pasar desapercibido en el instituto. Que nadie sepa de quién es hijo, ser uno más e intentar ligarse a la chica que le mola entre clases y entrenamientos de rugby. Por otra parte, su madre tampoco es que esté bien del todo. Aparte del reiki, los cristales y unas frecuentes cefaleas que la dejan noqueada, es un poco pánfila.

Pues bien, la muerte del padre de Luke convierte a este en heredero de una fortuna de seis millones de dólares, pero también de una hueste de ocho fantasmas de todo pelaje y variado nivel de cabronismo, que irán poco a poco apareciendo en su vida con un objetivo, por parte de uno de ellos que se erigirá en líder, bastante oscuro.

Afortunadamente Luke contará con Elza, que es la chica friki del insti y la única que junto con Luke podrá ver a los fantasmas. Juntos dispondrán de una semana para acabar con ellos o…

Hasta aquí puedo contar.

La historia se cuenta en primera persona con habilidad narrativa y una sintaxis y vocabulario más propio de alguien de más de 16 años. En cuanto al contenido, ¿me ha dado miedo? No. A estas alturas de la vida, con tantas cosas ya leídas en libros o vistas en películas, es sumamente difícil inventar algo nuevo que te asuste tanto como para que te cagues de miedo. Y es una pena…

Reconozco, eso sí,  que el desarrollo es muy original y tiene partes que me han sorprendido por inesperadas y que me han tenido en vilo queriendo saber cómo iba Luke a resolver esas situaciones. Además, el libro es acción constante, no hay momento de aburrimiento y se lee muy deprisa.

No es una novela dirigida exclusivamente a adolescentes. En mi opinión, puede leerla cualquier adulto, siempre que este género le interese, y conseguirá un gran entretenimiento que le mantendrá enganchado hasta acabar la lectura.

Como detalle curioso, la sobrecubierta es a su vez, por su parte trasera, un poster en el que aparecen los ocho fantasmas.

Si no me equivoco, este libro es el primero de una saga, cosa que no me extraña pues el autor tiene un buen material para seguir desarrollando historias tan sugerentes como este 13 días a medianoche.

Ah, lo olvidaba. También hay cabida para el humor:

—¿Y qué hacemos ahora?

—Alguna especie de exorcismo, supongo.

—¿Gritamos que el poder de Cristo le obliga? —pregunto.

—Si te apetece, adelante.

—Déjalo. Me sentiría ridículo.

Si os gustan los libros de fantasmas, dadle una oportunidad. Pasaréis un buen rato, os mantendrá intrigados y puede que incluso os asuste un poco.

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Los olvidados, de David Baldacci

Los olvidados

Los olvidadosMientras leía este thriller estuve cavilando sobre quiénes eran los olvidados a los que hace referencia el título. A lo mejor le estoy buscando tres pies al gato, por cierto, ¿por qué no buscamos el quinto pie del gato, si ya tiene cuatro? Seguro que tiene una explicación quijotesca. A lo que iba: que yo he visto varios posibles olvidados en esta novela, pero no sé si estoy buscando una explicación demasiado filosófica y profunda para una novela ligera y de acción.

El protagonista, John Puller, es una especie de policía militar o investigador del ejército de los Estados Unidos: es un CWO de CID del grupo 101 de Quantico, Virginia, según se presenta él mismo. Estuve intentando esclarecer esto para explicároslo pero me lío con la nomenclatura que utilizan y andar en las páginas de internet de esta gente me da algo de “yuyu”, pienso que van a aparecer de un momento a otro descolgándose por las ventanas, con casco, pasamontañas y metralletas. El narrador califica a Puller de veterano, aunque poco pasa de los treinta y esto me chocó, pero supongo que es porque batalló en varios frentes. Es hijo y hermano de militares. Tiene unos días de vacaciones después de pasar por un caso muy duro (Los olvidados es una continuación de la novela Día cero y tiene una tercera entrega) y decide visitar a su tía Betsy en Paradise, Florida, ya que les ha enviado una carta algo preocupante. Esta es una de las olvidadas: tía Betsy había sido muy importante en su vida, ya que había interpretado el papel de madre que a John le faltó, pero hacía mucho que no sabía de ella, prácticamente desde que se metió en el ejército. Paradise es una pequeña ciudad típica de Florida, llena de jubilados, de los que casi nadie se acuerda. Cuando llega se encuentra con que su tía ha fallecido. Como buen policía, sospecha que no ha sido un accidente. Empieza a investigar por su cuenta, aunque tiene la ayuda de la agente Cheryl Landry, la única policía local que parece competente en ese lugar tan tranquilo, y de su amiga, la general Carson, que aprovecha también unos días libres para echarle una mano.

La novela está contada desde dos puntos de vista. Al mismo tiempo, estamos viendo como Mecho, un personaje misterioso llega a la costa a nado, después de escapar de una plataforma petrolífera a la que había llegado junto con un motón de gente, en lo que parece una operación de alguna mafia de trata de personas. Estos son otros de los olvidados. Esclavos modernos, gente amenazada, usada como mano de obra o para la prostitución, entre otras cosas. Traídos desde diferentes partes del mundo, aprovechando las malas condiciones de vida en sus países, la mayoría engañados y otros secuestrados directamente. La novela nos muestra un submundo de gente sin papeles, esclavizada y cosificada por la avaricia, la codicia y la falta total de escrúpulos de los que se llaman civilizados. El resto de la sociedad mira para otro lado, mientras no me toque a mí… David Baldacci nos muestra gente muy ruin y miserable, consigue que te den mucha rabia, de verdad.

La vida de estos dos superhéroes o llaneros solitarios, se juntará durante la investigación. No me gusta usar términos como “americanada”, porque suena algo despectivo, pero es que no encuentro otro calificativo que encaje mejor aquí. Ellos son fuertes, aguerridos, solitarios, guapos, altos e indestructibles. Ellas son listas, atractivas y valientes, pero no llegan al nivel de los chicos, claro. Lo siento, tenía que decirlo: creo que este libro puede gustar más a los chicos. A mí, aunque me ha tenido pegada al sofá y reconozco que está bastante bien resuelta la trama, me ha chirriado tanto macho alfa. Por lo demás está bien contada, mantiene el interés, es entretenida y se lee con mucha facilidad. Tiene muchos diálogos y el lenguaje es sencillo. Bastante rápida, con un final trepidante y lleno de tiros y explosiones. Los temas que tratan son interesantes y graves, por eso recomiendo la novela.

David Baldacci está especializado en escribir superventas y varias de sus novelas han sido adaptadas al cine, la más famosa, Poder absoluto, fue dirigida y protagonizada por Clint Eastwood. Los olvidados es otro ejemplo de película de acción con alguna sorpresa.

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Ojos grises, de Llor, Vidal y Battle

Ojos grises

Ojos grisesMuchos fans de Auronplay y El Rubius no se lo creerán, pero hubo una época en este país en que los niños luchaban por pasar el máximo tiempo posible en la calle. En esos años no hacía falta Educación para la Ciudadanía: entre lo que aprendías de los que eran un par de años mayores que tú y lo que comprendías cuando tus padres cogían la zapatilla a la primera de cambio (sin temer que les cayera una denuncia por ello) era más que suficiente. En aquellos tiempos, que a algunos sólo nos pillaron de pasada, las aventuras las vivías por ti mismo, sin necesitar ningún avatar de colores vistosos y un nombre con muchos números al final. Y ahora que hago un parón en la escritura para releer lo que he escrito y ser consciente de lo viejoven que me he vuelto, voy a contaros de qué manera exponen esa época Fernando Llor, Roger Vidal y Àlex Batlle, los autores de Ojos grises.

Este breve cómic publicado por Panini nos sitúa en el verano de 1990, en el barrio de Poblenou, un histórico núcleo industrial de la ciudad de Barcelona. Allí vive Lucho, un chico de 14 años, que lleva una vida relativamente tranquila hasta que una noche es testigo del asesinato de un joven a manos de un policía. A partir de ese momento el chaval se ve superado por la situación; ¿debe contar lo ocurrido?, ¿en quién puede confiar?, ¿quién va a creer la versión de un adolescente por encima de la palabra de un policía?

Si algo destacaría por encima del resto de este trabajo es lo bien ambientado que está, tanto a nivel de guion como de dibujo. Los tonos fríos predominan sobre el resto, lo que ayuda a dar una estética más noventera al tiempo que los escenarios, calles humildes plagadas de grúas, reflejan perfectamente el espíritu de un barrio obrero. Esto se percibe también en los personajes, tan estereotipados como creíbles: el padre de familia que vive en un eterno estado de mal humor, principalmente por su miedo a perder el trabajo, los niños que sólo pisan su casa para comer y que no pueden evitar meterse en líos, los jóvenes que comienzan a verse superados por sus adicciones a las drogas…

A pesar de su brevedad o precisamente gracias a eso, Ojos grises me ha dejado un gran sabor de boca, ya que ha sido capaz de hacerme recordar —y envidiar, por qué no decirlo— esos años en los que los barrios de las ciudades eran como pueblos, en los que la gente se conocía y conversaba más allá de la tensa conversación de veinte segundos en el ascensor. Y también porque, dentro de lo que en apariencia es una trama sencilla, se esconde más de una invitación a cuestionarnos nuestros principios, a hacernos ver que nada es blanco o negro por completo, sino que, tanto hoy como hace veinticinco años, estamos forzados a vivir en una continua lucha contra nuestras contradicciones y nuestros debates morales. Una idea que podría resumirse en una de las preguntas que hace Lucho a su madre una noche, mientras ambos conversan en la terraza: «¿Hasta dónde hay que llegar por hacer lo correcto?».

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Un asesinato muy corriente y otros relatos, de P. D. James

un asesinato muy corriente

un asesinato muy corriente¡Tengo, tengo, tengo que leer más de P. D. James! Vaya que sí. ¿Cómo no lo he hecho antes? ¿En qué estaba pensando? Con lo que me gustan los libros de Agatha Christie, —sobre todo los protagonizados por Hércules Poirot, ese belga (no, francés) emperifollado y de bigote tieso y militar a quien una mota de polvo, como dice Hastings (su particular Watson) le haría más daño que una bala—, y la novela negra en general, y tengo ante mí todo un descubrimiento.

Y pensar que antes de Un asesinato muy corriente y otros relatos estaba convencido de que P. D. James era un hombre… Craso error…

En fin. Está más que claro que P. D. James domina este género. Lo hace totalmente suyo. Ya antes de escribir leía con entusiasmo las novelas de detectives y llegó a escribir una, según dicen fascinante, monografía de título Todo lo que sé sobre novela negra, (Ediciones B).

En vida escribió siempre novela pero lo que nos ocupa aquí ahora es un conjunto de cuatro relatos cortos, con la dificultad que eso conlleva ya que, en palabras de la autora:

“Aunque yo misma me he dedicado sobre todo a la novela, he disfrutado mucho con el desafío que plantea el cuento: el de conseguir mucho con pocos medios”.

“… escribir un buen relato es difícil, pero en estos tiempos ajetreados puede proporcionarnos una de las experiencias de lectura más satisfactorias.”

Y le doy la razón. Condensar toda una trama, con su ambientación, la definición de los perfiles de los personajes, y un argumento no muy complejo y que mantenga la atención del lector, y que todo eso esté encaminado a un desenlace sorpresivo, no es fácil, pero leerlo es tan satisfactorio…

Por eso puedo afirmar que he disfrutado tanto, pero tanto de estos cuatro relatos, que me han recordado a mis lecturas adolescentes de la Christie. Puede que sea por la ambientación, siempre en las típicas mansiones o casonas inglesas, con unos sospechosos bebiendo su copa de brandy en una biblioteca de madera, con unas rencillas familiares latentes y oscuros pasados que iremos conociendo poco a poco… Los elementos de siempre, que no falten, por favor, aunque luego cada autor resuelva el crimen a su modo.

La lectura es fácil, atrapa desde el principio, la letra es grande (se agradece), y personajes y trama entran en ti casi sin darte cuenta. Es una de esas lecturas en las que disfrutas, eres consciente además de que disfrutas y no quieres que acabe.

El primero de los relatos, El misterio del muérdago, se inicia como si fuera un caso real vivido por la propia autora que ahora, después de tanto tiempo soportando la pregunta de “¿alguna vez ha estado implicada en la investigación de un asesinato real?” puede responder pues es la última superviviente de un caso ocurrido en 1940.

Le sigue Un asesinato de lo más corriente. Aquí P. D. va a jugar con nosotros, os aviso. El testigo de un crimen se debate entre ir a la policía o no porque si lo hace tendría que explicar que fue testigo por culpa de su afición a la pornografía.

El siguiente caso, La herencia de la familia Boxdale es otro brillante ejemplo de trama genial. Un canónigo se niega a aceptar una herencia con la que resolvería sus problemas económicos, porque procede de una mujer que fue acusada y absuelta de envenenar a su marido. Aquí aparece Dalgliesh, el detective que creó la James para sus obras, y deberá rebuscar en el pasado pruebas que se inclinen en un sentido o en otro.

Las doce pistas de Navidad cierran el conjunto. Un relato que, según se afirma en la última línea, es Agatha Christie en estado puro. (Y sí, lo es).

Ninguno de ellos es en esencia un whodunit, pero no importa, no hace falta que lo sea para poder divertirse con esta lectura.

Cuatro relatos que han sido una delicia y a la vez el descubrimiento de una gran autora, muy dotada para este género, y a la que pienso volver en la primera ocasión que tenga, y esta vez ya con novela. O puede que me decida por la monografía anteriormente mencionada.

Recomiendo también leer prólogo y prefacio. Yo no suelo hacerlo, pero esta vez es cortito y tiene datos muy interesantes sobre la James y sobre la novela negra. No perderéis el tiempo, y ganaréis en sabiduría; hacedme caso.

Un asesinato muy corriente y otros relatos se disfruta de principio a final y es ideal para una tarde fría de invierno, de sofá, manta y taza de té o café.

Un libro criminalmente de-li-cio-so.

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El proyecto Joshua, de Sebastian Fitzek

El proyecto Joshua

El proyecto JoshuaTengo que advertir que esta novela no es apta para almas sensibles, porque aunque no deja de ser ficción, toca temas bastante peliagudos y tiene partes fuertes: familias con niños en acogida, pederastia y el mal uso de internet. Ese gran hermano que puede ser tan dañino porque nos vigila y se cree con derecho a cuestionar nuestras vidas que son analizadas, destripadas, aireadas y juzgadas, por lo que hacemos en y con nuestro ordenador. La privacidad y la intimidad ya no existen. Trata sobre las malas interpretaciones, el abuso de poder y la avaricia, el cochino capital, que al final es lo que mueve todo en este mundo.

El argumento es el siguiente: Max Rhode es un escritor de novela negra sin mucho éxito que vive en Berlín. Está casado con Kim, que es piloto, pero el matrimonio está en crisis. Tienen en acogida a Jola, su hija desde hace años, pero a la que no les dan en adopción por diferentes motivos. Max quiere mucho a la niña, aunque le vuelva algo loco porque es muy inteligente y se mete en líos. El escritor recibe una extraña llamada de un moribundo que le advierte que Joshua lo ha elegido y que su vida va a ser un infierno a partir de ahora, que vaya con cuidado y no infrinja la ley. Tardaremos en averiguar quién o qué es el maldito Joshua. Para complicar más la trama aparece Cosmo, el hermano pederasta de Max que está recluido en un psiquiátrico, que le cuenta que ha pasado a un régimen abierto porque está en tratamiento. Max ha intentado borrar de su vida y de su mente a su hermano y la infancia traumática de ambos, pero, aunque no le guste, en este momento Cosmo va a ser de ayuda. Alguien del departamento de menores irrumpe en escena diciendo que se llevan a Jola; a Max no le encaja nada, así que escapa con la niña, sufren un accidente, secuestran a la niña y no os cuento más porque os destripo la novela y no es plan.

El proyecto Joshua es un thriller de esos que va de 0 a 200 en dos segundos y ahí se queda en la quinta marcha, no, en la sexta, y con el acelerador pisado hasta el fondo. Tiene 360 páginas, divididas en 83 capítulos, y eso hace una media de unas cuatro páginas y pico por cada uno, así que os podéis hacer a la idea de la velocidad que lleva. Cada capítulo es un cambio de escenario. ¡Ras, curva a la derecha!, ¡Ras, curva a la izquierda! Berlín arriba, Berlín abajo, bueno, no sé si Berlín tiene arriba y abajo, pero ya me entendéis. Tengo agujetas. Es como esas películas en las que el bueno tiene que salvar a la víctima y no llega; tropieza, corre, le pegan un tiro, hay que saltar desde un edificio y sigue corriendo…, o tiene que salvar a la humanidad entera ¿cable azul o cable rojo? ¡¡¿cable azul o cable rojo?!! Pues así desde el principio hasta el final.

Están escritos en primera persona los capítulos en los que estamos con Max y en tercera los otros, cuando ves lo que le está pasando a Jola, cuando ves lo que vive Kim, o el abogado, los malos, etc. Es algo confuso este cambio de perspectiva y creo que es porque los capítulos son tan cortos, que cuando te has hecho a la idea de que estás en primera persona, vuelves a la tercera, no le da tiempo a la cabeza a cambiar de registro. Por lo demás cumple bastante bien con el objetivo que yo creo que era el de tener al lector en vilo: es vertiginosa, entretenida, emocionante y está bastante bien llevada y resuelta. Te sientes en la piel del padre en apuros, que sale como puede de los obstáculos, pensando más en la niña que en él mismo e intentando que su vida no se venga abajo.

Sebastian Fitzek es un escritor de éxito en Alemania, también es periodista aunque su formación fue en Derecho, como el protagonista de esta aventura. Ya hay traducidas al español varios de sus superventas, así que si os gustan este tipo de novelas de acción trepidante, no dudéis. Quiero destacar el epílogo en el que el autor ha recapacitado y explicado alguno de los temas de los que trata el libro; me ha gustado esa forma de acercarse a los lectores.

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La dama de Zagreb, de Philip Kerr

la dama de zagrebMe encanta Kerr. Debo reconocerlo desde el principio y voy a saltarme la introducción. Hay un motivo que hace que me absorba el enfoque de sus novelas. Adoro la novela negra norteamericana y las historias de Phillip Kerr son un homenaje a los clásicos americanos en un contexto histórico y geográfico completamente diferente. Es como si hubiéramos mantenido la manera de contar las historias pero cambiando el escenario y los actores. De la mano de Bernie Gunther descubriremos un pueblo alemán sumiso y manipulable, una Europa mirando hacia otro lado sin saber muy bien qué hacer y mientras tanto campos de concentración, genocidios, eugenesia, genocidios, antisemitismo, genocidios, y la maldad pura de los nazis. Y más genocidios. Y Jesse Owens cogiendo  la supuesta superioridad aria, dejándola en el suelo y subiendo a lo alto de una escalera para mearse encima de ella desde bien arriba.

Nuestro Gunther acabará formando parte de la SS, pese a no haber pertenecido nunca al partido nazi, al fusionarse la Kripo (Kriminalpolizei) con la Gestapo y el SD. Aún dentro de la organización, no duda en criticar a los nazis allá donde puede aunque saluda con el brazo en alto si es necesario. Sabe normal que la gente desaparezca y muera pero no conoce el miedo ni respeta la autoridad. Un tipo duro y honesto. Juez y verdugo de valores (los suyos propios) que no duda en hacer cumplir sentencia a muerte con su propia arma si lo considera realmente justo.

En La Dama de Zagreb tenemos a un Bernie Gunther volviendo de Smolensk tras un encargo de la Oficina de Crímenes de Guerra. Gunther recibe un encargo del mismísimo ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels. Aunque la misión tiene un carácter de interés general al partido, hay sospechas fundadas de que detrás del encargo se esconden intereses personales del ministro. Este encargo le lleva por la teóricamente pacífica Suiza y por las zonas mas conflictivas de la convulsa Yugoslavia.

Goebbels se ha encaprichado de una de las actrices de moda llamada Dalia Dresner. El ministro quiere que ésta protagonice la próxima película dirigida por la compañía UFA encargada de estos menesteres en el partido nazi y perteneciente ya al Ministerio de Propaganda y, por consiguiente, a Goebbels. Dalia Dresner pondrá como condición para hacer la película localizar a su padre desaparecido desde hace tiempo y así se lo exigirá a Goebbels, dossier que terminará por caer sobre la mesa de Bernie Gunther.

Una de las cosa que más llama la atención en esta entrega de la saga es cómo dibuja Kerr la realidad del país helvético. Nos ofrecerá un retrato muy diferente del estereotipo habitual, dándonos detalles de los movimientos que tuvo que llevar a cabo este país para evitar ser engullido por su agresivo vecino alemán en plena expansión invasora.

La narración de Kerr nos relata una guerra muy sucia que se dio en suelo suizo entre los servicios secretos de los participantes en la Segunda Guerra Mundial. Actos de guerra llevados a cabo por ambos bandos, quienes no dudan en ejecutar las más cruentas acciones con tal de hundir a sus enemigos, pero sin mancillar la bucólica imagen del país de los lagos. Y como actor invitado a estas ensangrentadas luchas, Bernie Gunther nos dará otra lección de cómo moverse en estos escenarios casándose únicamente consigo mismo, sin dejar en especial buen lugar ni a los aliados ni a los partidarios del Eje.

La ambientación de la novela es magistral. El retrato de los campos de concentración de Ustacha es demoledor y hacen que el lector asimile que no solo los nazis cometían atrocidades. Bernie Gunther nos descubre que en época de guerra, la maldad a la que es capaz de llegar el ser humano no entiende de nacionalidades ni de razas.

Phillip Kerr ya ha demostrado su valía a la hora de poner axiomas en la voz de Bernie Gunther para deleite de los seguidores de la saga. Un maestro de la lógica que nos regala thriller con mimbres de novela negra, novela histórica y tramas de espionaje en el que nuestro Marlowe alemán se desenvuelve como siempre, a la perfección.

“A todo el mundo le interesa el periodo nazi, y quien diga lo contrario, miente. Los alemanes están perplejos con mis novelas y muchos prefieren dibujar una línea divisoria por encima de la II Guerra Mundial. Pero a los berlineses, que nunca fueron nazis, les gustan mis libros y eso me enorgullece”

Esto aseguraba Phillip Kerr en una entrevista. Desde luego, no sé a los berlineses pero a mí, me encantan sus libros. Y tú lector, si has llegado hasta aquí, a tí también te gustará La Dama de Zagreb.

 

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La mano de Dios, de Philip Kerr

La mano de Dios

La mano de DiosNo hay mucha literatura ambientada en el mundo del fútbol; como poco, hay menos de la que debería. Y es que se me ocurren escasos ámbitos mejores para ambientar tramas llamativas: equipos que tienen más dinero —y poder— que muchos países, jóvenes millonarios que, en muchos casos, no son capaces ni de gestionar sus propias emociones, mafias que engañan a familias haciéndolas creer que convertirán a sus hijos en futbolistas de éxito, escándalos de corrupción que se silencian sin vergüenza alguna, ‘aficionados’ que defienden proclamas racistas y machistas desde los fondos de los estadios…

Cuando leí Mercado de invierno, la primera novela de esta saga, vi claro que su autor, el británico Philip Kerr, buscaba a un tipo de lector muy concreto. Ese que pasa el domingo pegado al televisor desde que termina de comer hasta que se va a dormir, el que al día siguiente no es capaz de poner media sonrisa en la oficina si su equipo no ha pasado del empate, el que podría recitarte la alineación del Club Deportivo Logroñés de la temporada 86/87 sin tartamudear, ese que lo primero que hace al levantarse es revisar su alineación del Comunio. Y que disfruta con las buenas historias detectivescas, claro. La mano de Dios, al fin y al cabo, es una novela negra en la que los asesinatos y las investigaciones acaban dejando  a los balones y los campos de hierba en un segundo plano.

El núcleo de esta saga es Scott Manson, un personaje realmente interesante. Es entrenador de fútbol como podría haber sido tornero fresador, ya que su atractivo no radica tanto en su buen hacer desde el área técnica como en la inteligencia y la perspicacia que le caracterizan para enfrentarse a todo lo que le ocurre fuera de los focos, que es mucho. Así, si en la primera novela tuvo que descubrir quién había asesinado a Joao Zarco, el entrenador a quien sustituyó en el banquillo del London City, en esta deberá investigar qué ha propiciado que uno de sus jugadores caiga fulminado sobre el césped en mitad de un partido de Champions League en Grecia.

Kerr recoge muy bien el ambiente que rodea al balompié y hace un totum revolutum con algunos de los escándalos más recientes y habituales: equipos que falsifican la edad de sus jugadores, futbolistas que esconden su homosexualidad por miedo a la crítica de los intolerantes, infidelidades tan cacareadas como cotidianas… Aun así, como ocurrió en la primera novela, hay algo más que fútbol en las páginas de este trabajo. Especialmente se nota el interés de Kerr por la historia, lo que le lleva a remitirse en muchas ocasiones a épocas pretéritas para dar riqueza a los diálogos. Tampoco deja de lado algunos temas tan candentes en nuestros días como la crisis económica —con una descripción especialmente cruda de la difícil situación de Grecia—o el tema del radicalismo islámico.

Esta segunda entrega de la serie ‘Scott Manson’ es una novela que se lee muy fácil, tanto por el lenguaje sencillo y ameno con el que está escrita como por lo adictiva que resulta la investigación de los sucesos. A alguien que no sea demasiado futbolero seguramente las primeras páginas se le harán un poco cuesta arriba, pero creo que la personalidad de Manson, el entrenador de fútbol que hace de todo menos entrenar, bien merece un esfuerzo.

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