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Mr. Nobody 3, de Gou Tanabe

Mr. Nobody 3

Mr. Nobody 3La buena literatura siempre nos remite a las cuestiones eternas que ocupan al ser humano, que, por orden alfabético inverso, son: quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Naturalmente, la buena literatura no es tan estúpida ni presuntuosa como para proponerse hallar una respuesta satisfactoria a dichas cuestiones. La buena literatura (y disculpad la repetición, hoy se ha despertado el político mitinero que anida en mí) sabe muy bien que su misión fundamental es responder a las grandes cuestiones universales con más preguntas. Matar la certeza, cultivar la duda y, de paso, entretenernos, ¿no es eso lo que esperamos de un libro?

Mr. Nobody 3 y el resto de la trilogía es buena literatura, y por eso nos confunde tan bien y nos deja con tantas dudas. ¿Dónde radica nuestra identidad? ¿Somos acaso lo que recordamos? ¿Es nuestra memoria, además, la base de nuestro origen? ¿Qué da valor humano de pleno derecho a nuestra vida? Y atendiendo a esas cuestiones, ¿qué nos depara un futuro en el que la tecnología se desarrolla a un ritmo exponencial mientras el marco ético y moral que encuadra nuestra sociedad se arrastra con una cadena a los pies?

La lectura de esta obra puede plantearnos, si le dejamos, preguntas como esas. Pero si nuestra ración mensual de solemnidad y metafísica ya está colmada con el recibo de la luz, podemos simplemente dejarnos llevar por el thriller. Mr. Nobody 3 profundiza en el lado más político del género que, ya en el segundo volumen, se imponía sobre el aspecto psicológico. En ese sentido, si bien el término ciencia-ficción le vendrá a la mente a más de un lector, lo cierto es que, desde otro punto de vista, cuesta imaginar nada más verosímil. Así, descubrimos que lo que se perfilaba como un avance científico ocultaba en realidad oscuras motivaciones políticas. Y lo que, a su vez, parece un conflicto de intereses políticos no es sino una gran guerra de intereses comerciales. En otras palabras, si miramos el triste mundo que nos ha tocado vivir, veremos que estamos ante una novela de un realismo casi costumbrista. Eso, claro está, si he entendido bien la obra, porque hay que insistir en que estamos ante una historia bastante compleja que puede llegar a confundir al lector más pintado.

Parte de esa confusión barra complejidad se debe, como ya he señalado al hablar de los volúmenes anteriores, no tanto al argumento (que también es un rato complejo) como al estilo de Tanabe. El ritmo veloz que imprime a los acontecimientos, la irrupción de los ruidos con caracteres japoneses en medio de las viñetas, los constantes cambios de punto de vista, la focalización de detalles aparentemente nimios, los cambios de escenario, los flashbacks constantes, la enorme cantidad de personajes, el parecido físico entre algunos de ellos, y la velocidad con la que resuelve algunas escenas llevan al lector a pasar las páginas de manera acelerada, cuando lo que la historia requiere es una lectura detenida y atenta. ¿Sabéis cuando veis una película muy complicada y luego tenéis que volver a verla, botón de pause mediante, para empezar a entenderla? Pues eso.

En definitiva, si queréis disfrutar de una buena historia y una novela muy cinematográfica, zampaos -si es posible, de una sentada- los tres volúmenes de Mr. Nobody. Y luego la comentamos juntos.

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Rumbo a la noche, de Alberto Vázquez-Figueroa

Rumbo a la noche

Rumbo a la nocheNo sé a ciencia cierta qué día se publicará esta reseña, pero me jugaría bastante a que a lo largo de esta semana saltará algún caso nuevo de corrupción en nuestro país. También incluyo en el boleto que buena parte de la sociedad, capitaneada por los batallones de Twitter y Facebook, mostrará un rechazo total contra este hecho, con claros mensajes de hartazgo hacia el sistema. Y cierro ya la apuesta con la profecía de que la semana siguiente el caso en cuestión se habrá olvidado o lo habrá tapado uno más llamativo y doloroso para las arcas públicas y que los imputados/investigados/nombre-que-le-pongan-en-el-futuro-para-que-no-suene-a-lo-que-es recibirán una condena proporcional al número de amigos que tengan en el Ejecutivo o de la posición que ocupen en la línea sucesoria a la Corona. Lamentablemente no creo que acabe echando esta apuesta, ya que la cuota que me ofrecerán por ella será realmente ridícula.

Cuento esto porque los delitos de cuello blanco, esos que tan baratos salen para el perjuicio que causan, son el punto de partida de Rumbo a la noche, la última novela de Alberto Vázquez-Figueroa. El autor canario, acostumbrado a poner sobre la mesa temas de profunda actualidad, nos lleva en esta ocasión a las cloacas de la delincuencia de puro y esmoquin, donde los grandes corruptores y corruptos chapotean alegremente, sabedores de que los que se juegan el cuello son los que portan navaja y van a cara descubierta.

Caribel, prostituta por decisión, trabaja en El Convento, uno de los clubs de alterne más selectos del país, en el que alquila su cuerpo a personas enormemente influyentes y poderosas. Una noche escucha fuertes ruidos en la habitación de al lado y al salir comprueba que han asesinado brutalmente a una de sus compañeras, un asunto que los dueños del local se encargan de silenciar. Sin embargo, la joven decide valerse de sus contactos y de su  notable inteligencia para averiguar quién es el causante de estos hechos, lo que le lleva a implicarse más de lo habitual con Arturo Fizcarral, uno de sus clientes habituales. Este hombre, el otro gran protagonista de la novela, se nos presenta como un ser sin apenas escrúpulos, consciente de lo que ha tenido que hacer para amasar su inmensa fortuna y de lo que tendrá que hacer en el futuro para mantenerla y aumentarla. De su gran círculo de influencia solo parece mostrar cierto cariño por Caribel, ya que considera que es la única persona que se atreve a ser realmente sincera con él; a la prostituta le pasa algo parecido con el millonario, ya que su profundo desprecio por las prácticas que éste lleva a cabo le genera a su vez una fuerte atracción.

Figueroa juega mucho con las personalidades de estos personajes, presentando las fuertes diferencias entre las formas de actuar de cada uno. Así, mientras que a Caribel se la presenta como a una mujer de buen corazón, inteligente y con espíritu práctico, que es lo que le lleva a emplear su cuerpo para asegurarse un futuro próspero, Fizcarral se muestra como un ser mucho más oscuro, amoral y falto de empatía. Ambos son conscientes de lo que hacen para conseguir su sustento y ninguno sufre ningún tipo de problema moral por ello, si bien la prostituta muestra mayores dosis de bondad y de humanidad que el reputado empresario.

Esta es una novela que gana más por sus personajes y sus diálogos que por su trama, la cual en algunos momentos se mantiene en un discreto segundo plano. De hecho, el cierre de la misma no ha acabado de convencerme; me ha dado la impresión de que la historia se deshincha en los últimos capítulos. No lo calificaría como un mal final ni mucho menos, pero creo que se podría haber explotado mejor una relación tan intensa como la que tan bien ha construido el autor entre los dos protagonistas. No obstante, creo que es justo decir que Rumbo a la noche es un retrato interesante y de rabiosa actualidad sobre aquellos que se enriquecen a manos llenas desde la cómoda penumbra.

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Círculos, de Manuel Ríos San Martín

circulos

circulos¡1, 2, 3, 14! ¡Melocotonazo al canto y vértigo! Eso es lo que es y lo que tiene este libro. Una velocidad y un ritmo vertiginosos, brutales, que se mantienen constantes en todo momento sin decaer para nada, sin bajar un ápice la aguja del velocímetro a lo largo de todo el recorrido, porque si la velocidad baja, la bomba del autobús explotará… Al principio piensas que será solo el comienzo, un principio fuerte, arrollador, algo para atrapar al lector y tenerle ya así enganchado para el resto del libro, que irá perdiendo fuelle, pero qué va. Círculos es un prodigio, ¡un puto prodigio!,  en lo tocante al ritmo desenfrenado y es algo que le viene muy bien al libro al ser un reflejo de la inmediatez, interactividad y rapidez con la que disfrutamos/padecemos el intercambio de (des)información gracias a las, ya no tan nuevas, tecnologías que nos tienen absorbidos sin ser muchas veces conscientes de ello.

Estamos en Londres, en el Londres (como dice el libro) “desde donde se miden todas las distancias”. El Londres de un futuro próximo, preapocalíptico y futuramente posible muy del estilo de la estupenda serie (no conozco a nadie que no le guste) Black Mirror, en donde el Big Data está más presente que nunca.

Un Londres que lleva ya varias semanas soportando una huelga de basureros, un Londres (o tal vez un mundo) donde han aumentado de forma espectacular las infecciones por anisakis, los animales tienen comportamientos extraños y llevan meses registrándose múltiples casos de suicidios de estos; un Londres en el que han pasado varios años ya del Brexit y las tasas de paro, sobre todo entre los jóvenes, alcanzan niveles estratosféricos. Ese es el escenario que con gran lujo de detalles nos va a describir Manuel Ríos San Martín.

Es también un Londres en el que los realities y los concursos extremos parecen haberse adueñado de la parrilla televisiva y será desde uno de estos desde donde se abrirá el melón de las continuas catástrofes que se desatarán una tras otra en cadena.

Un concursante morirá en directo en uno de esos programas y la señal no se corta, sigue emitiendo sin interrupción. La audiencia sube y Twitter está que arde. Parece estar claro que todo se debe a un desgraciado accidente, pero el inspector Jellineck no lo ve tan claro, para eso le pagan. Además, el presentador del programa desaparece justo en el momento en el que el concursante va a morir y días después interrumpirá la señal de televisión de la cadena para lanzar un inquietante mensaje: “Os voy a joder la vida. A todos”.

Ese será uno de los ejes del libro: la investigación policial.

–¿Te acuerdas cuando parecía tan solo un accidente en un concurso de televisión? Ojalá hubiese sido eso.

Otro eje será el que siga a Patrizia, una chica con la cabeza rapada, desencantada con el mundo que conoce, con una casa llena de televisores encendidos que no apaga ni para dormir, que cuida su cuerpo con ejercicio y a la vez lo daña haciéndose pintadas hasta sangrar y subir las fotos a Instagram. Patrizia se unirá a un grupo de activistas antisistema con la intención de abrir los ojos a una sociedad aborregada y domesticada, con los cerebros lavados y, curiosamente llenos de mierda, por medios y redes sociales.

Sobre estos dos ejes ser irán articulando unos cuantos personajes más, con mayor o menor protagonismo, pero todos relevantes y necesarios, que ayudarán a completar y vertebrar los ejes y los protagonistas de la novela (Patrizia y Jellineck), proporcionando así a la novela aún más profundidad y una sensación de estructura enorme, compacta, bien armada y compleja de trasladar al papel pero fácil de leer.

Círculos es un thriller espídico, enorme, absorbente y necesario. Una novela negra con la que pasárselo teta que, a pesar de sus 424 páginas, se lee rapidísimamente. Muy bien escrito, con frases cortas y directas que hacen que la lectura sea agil y rápida, con capítulos en los que los personajes se hacen carne al estar tan bien perfilados, con historias que van a confluir en un todo, y es también una crítica a los monopolios informativos y a los contenidos manipulados morbosos y simples en los que cada medio, ya sea periódico, emisora de radio o televisión, arrima el ascua a su sardina.

Una crítica a una sociedad conectada cada vez más desconectada y más alienada por los móviles, phablets y redes, que se cree cualquier cosa sin contrastar, simplemente porque lo ve iluminando su black mirror particular. Porque somos como somos, para bien o para mal, y nos quedamos viendo los accidentes de tráfico, o asistiendo como si fuera un espectáculo a las decapitaciones por guillotina, o sacando fotos al cadáver colgante de Gadafi…

¿Acaso apartaríamos la mirada si en un programa de televisión estuviera muriendo un concursante?

Círculos es un libro brillante, como el arroz, que describe muy bien la realidad del momento que estamos viviendo y se atreve a profetizar un futuro cercano de manera veraz y realista con una trama apasionante que engancha desde la primera hoja.

Es un best seller pero despojado de lo malo que se asocia a estos. Narrado en tercera persona con un desarrollo impecable. Los personajes son del todo creíbles, son de carne y hueso, como ya he dicho antes; la historia se estructura de forma hábil e inteligente y su recuerdo permanece porque ha tocado partes de ti que reconoces en él.

No descarto que se lleve al cine o mejor aún, a un formato serializado, porque es un libro que se presta a ello con facilidad, es muy visual y adaptable y además tiene ciertos pasajes que me recordaban el universo de V de Vendetta.

Si no fuera porque estamos aún a principios de marzo, diría una de esas frases grandilocuentes que las editoriales ponen en las fajitas: “El mejor thriller del año. Todo un melocotonazo”.

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La pareja de al lado, de Shari Lapena

La pareja de al lado

La pareja de al ladoLlevaba una larga temporada buscando un libro de suspense que me enganchara desde el principio hasta el final. Uno de esos que hacen que no puedas parar de pensar en la trama y que te montes en tu cabeza una infinidad de teorías que hagan que sepas quién es el asesino antes de llegar a la última página. Y también necesitaba un libro en el que nada pareciera lógico. La pareja de al lado tiene todos estos ingredientes, así que no es de extrañar que lo haya leído en un día y medio. Cuando me quise dar cuenta, había devorado más de doscientas páginas del tirón y yo madrugando al día siguiente…

Que el libro me enganche, está bien. También que me impida olvidar la trama mientras no lo estoy leyendo. Y, por supuesto, que me haga creer que soy mejor detective que los que salen en sus páginas. Pero lo que más me ha gustado es que nada es lo que parece. Ya sé que esta frase puede sonar a cliché. Es algo típico que se suele decir de todos los libros de suspense. Pero es que en este caso, es totalmente cierto. A medida que van pasando los capítulos vemos que nos acercamos a lo que parece una explicación lógica de todo lo que ha sucedido, pero poco a poco esas verdades se desvanecen dando lugar a más incógnitas y a más preguntas.

Shari Lapena nos traer la historia de una pareja perfecta. Recientemente casados y con una niña de unos pocos meses, Anne y Marco parecen vivir una vida idílica. Él tiene una empresa que va viento en popa y que les ha permitido pagarse una casa en la mejor zona de la ciudad. Pero el embarazo ha dejado en Anne trazas de lo que parece una depresión bastante grave y que hace que la vida perfecta de matrimonio que aparentan tener se tambalee peligrosamente. Y todo estalla cuando Anne y Marco van a cenar a casa de sus vecinos, una pareja moderna y chic, que no soporta a los niños. Así que la única manera de ir a esa cena es dejar a la niña sola en casa. No pasa nada, se turnarán cada media hora para revisar que la niña está bien y además tendrán el escucha, que les permitirá saber si pasa algo en la casa que está a menos de diez metros. Pero cuando termina la cena y Marco y Anne regresan a casa, se dan cuenta de que la niña ha desaparecido sin dejar rastro.

A partir de ese momento, La pareja de al lado se convierte en un tren sin frenos que parece no tener destino. La trama de mentiras se va haciendo cada vez más y más grande, hasta que estalla dejando restos de metralla a su paso. Encontramos personajes que saben más de lo que dicen y otros que han vivido engañados durante muchos años. Marco y Anne se desesperan en la búsqueda de su hija, parece que todo este asunto se les queda grande y que no van a ser capaces de encontrar a su pequeña Cora.

Es una historia rápida, que avanza a pasos agigantados y que en cada capítulo nos dará una nueva pista que hará que no podamos soltar el libro ni un solo momento. Algo parecido me pasó con La chica del tren. Son historias que nos dan lo que queremos: una desaparición/asesinato/misterio, personajes que esconden secretos y una trama veloz que parece que no tener fin.

Yo estoy metida en un grupo de Facebook en el que comentamos las lecturas que vamos haciendo cada mes y me sorprendió que en enero este libro de Shari Lapena fuera el más leído de todos. Así que no podía hacer más que leerlo para saber qué era lo que había hecho que tanta gente se enganchara. Y ya he entendido por qué. Y es que, si te gustan los misterios y dentro de ti vive un detective, este libro será un imprescindible de tu colección. Solo diré una cosa: yo no fui capaz de adivinar quién era el malo. Con eso, creo que lo digo todo.

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La última bruja, de Mayte Navales

la ultima bruja

la ultima brujaNo sé qué tienen los libros de brujas (no digo los cuentos, aunque también) para llamarme tanto la atención y, si me parece que son buenos, querer leerlos. Me encantó el Ars mágica de Nerea Riesco, Los archivos de Salem de Robin Cook y la saga de las brujas de la Rice. He leído algunos más, pero andan por ahí, perdidos en alguna cuneta de mi memoria. Puede que sea la fascinación por los tiempos en los que la Inquisición o los lugareños de Salem, creían en ellas y las ejecutaban tratándose de mujeres del todo inocentes (al menos en lo que a brujería se refiere), y toda la sarta de tratados (como el famoso Malleus Maleficarum al que aún no he hincado el diente) llenos de características de lo más curiosas para identificarlas y enumerar sus deleznables acciones.

O puede que sea que me guste pensar que realmente existieron (y existen) pero, como en cualquier peli de terror, te sientes a salvo en la distancia, en la seguridad de tu casita, con un libro o tele interpuesto. Que en el fondo, aparte de envidias y malos rollos, las gentes de aquellas épocas se olieron algo y el miedo les empujó a quemar a esas mujeres que comían niños, bailaban desnudas (¡oh, qué desvergonzadas!) y adoraban a Satanás…

Da igual el motivo. Hay que cosas que te gustan y punto. ¿Para qué buscar explicaciones?

La última bruja me ha hecho disfrutar tanto como los libros mencionados en el primer párrafo. Coincido con la contraportada cuando afirma que Mayte Navales es heredera directa de Gaiman, King, Rice y Rothfuss, (pero no con Eduardo Noriega al decir que si te gusta Juego de Tronos te gustará este libro… ¿WTF? No encuentro similitud con la serie por ningún sitio) y añado que también me ha devuelto aromas del Follet de Los pilares de la tierra e incluso algo del cuento de Hansel y Gretel, un detalle que, como guiño, me ha parecido genial. Tiene esos elementos mágico-oníricos que tanto gusta a esos autores. Pero además, estamos ante una historia muy poco vista y la (¿involuntaria?) pretensión de hacernos creer que las brujas han existido como tal siempre, desde tiempos remotos, hasta la actualidad. Y lo que es más, consigue que te lo creas, porque la historia está bien construida y los personajes, a pesar de lo increíbles que son, tienen alma en las palabras de Mayte Navales, tienen profundidad y evolucionan considerablemente a lo largo de todo el relato.

No es fácil describir la trama. Básicamente es la crónica de dos brujas milenarias (una nacida en la Edad Media y la otra mucho mucho antes) y de cómo estas, cual el programa de televisión El último superviviente,  juegan a vivir sus muchas vidas y sobrevivir haciendo todo lo necesario para ello.

En La última bruja vamos a encontrar fantasía, drama y también terror. Son brujas de verdad. De las que cambian su aspecto viejuno por el de preciosas mujeres para seducir a hombres de aura azul, de las que lanzan hechizos y vuelan, pero también de las que tienen sus sentimientos y su razón de ser, de las que sufren, curan y son perseguidas. Y de las que obtienen gran parte de su poder de los nombres. Por eso siempre los ocultan, se los inventan o se apropian de los nombres fuertes de la naturaleza y preguntan los nuestros.

–¿Y qué nombre debo usar?

–Cualquiera de los que he usado contigo. Yo te oiré.

–¿Algo más?

–No permanezcas demasiado tiempo en el mismo sitio. No te fíes de nadie. Que nadie te conozca–fue el último consejo que le dio.

Este es un libro que merecidamente pasará a reunirse con los libros ya mencionados. Los que recordaré siempre con cariño porque me entretuvieron, robaron horas al sueño, agrandaron mi particular universo de ficción y consiguieron que pensara en sus personajes días después de acabar su lectura.

Mayte Navales, finalista del Premio Minotauro con esta novela, se ha hecho un nombre en el género. Y ya sabemos el poder que tienen los nombres…

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La guardia, de Joydeep Roy-Bhattacharya

La guardia

CLa guardiaomo pasa con algunas películas —de diversa calidad—, este es uno de esos libros que no espera a que te metas en situación para atacar. Una joven, tullida de ambas piernas, se arrastra con la ayuda de un carro hacia una base militar estadounidense. Los militares de ese país han asesinado a toda su familia y tienen en su posesión el cadáver de su hermano. La joven les reclama que se lo devuelvan para poder enterrarlo de acuerdo a su fe, lo cual éstos rechazan. El motivo que dan es que lo quieren exhibir públicamente, al considerar que se trata de un conocido líder talibán, lo cual la muchacha niega. Así da comienzo La guardia, una novela que nos mete de lleno en la guerra de Afganistán y sus tristemente famosos daños colaterales.

Al ritmo vertiginoso de la narración le acompañan los diálogos cortos y directos, un toma y daca que contribuye a que la lectura sea rápida y amena. Se trata además de una obra coral, ya que cada capítulo está narrado desde el punto de vista de uno de los protagonistas; el primero de ellos es contado desde el punto de vista de la mujer y a partir de entonces serán los propios soldados americanos, cada uno desde su rango y sus convicciones morales, quienes nos harán partícipes de sus opiniones en torno al conflicto en general y al peliagudo asunto de la mujer afgana en particular. Esta pluralidad de narradores me resultó algo caótica durante varios tramos de la novela, ya que el número de miembros del ejército que se nos presenta es elevado y resulta difícil crear una imagen consistente de muchos de ellos.

Lo que mejor construye el autor, en mi opinión, es el ambiente de la base militar. La psicosis colectiva en torno a cuándo se producirá el siguiente ataque, la falsa bravuconería de aquellos que no quieren mostrar al resto de sus compañeros sus puntos débiles, las conversaciones sobre lo cotidiano y rutinario de sus vidas en su país para tratar de recordar cómo es el mundo fuera de esas cuatro paredes… Roy-Bhattacharya desidealiza mucho la imagen del soldado norteamericano que habitualmente se nos vende en la industria cinematográfica y que lo identifica con un patriota convencido que busca liberar al resto del mundo de sus males. Los soldados de este autor indio son personas normales y corrientes, cuya principal motivación es la de conseguir pagar sus facturas a final de mes y conservar su relación con su pareja a tan larga distancia. Los remordimientos por lo que han causado durante su tiempo en Afganistán, las dudas acerca de su legitimidad para imponer sus propios criterios, la tristeza por los compañeros caídos en combate… son aspectos que ayudan a dar verosimilitud al relato, dado que resulta muy difícil de creer que un grupo de jóvenes con dos dedos de frente, por muy grande que pueda ser su compromiso con la paz, no sean capaces de ver lo que les piden que hagan en su nombre.

En líneas generales, La guardia me ha resultado una lectura interesante y amena, ya que deja de lado la habitual crítica exterior al imperialismo norteamericano para poner el foco en la autocrítica, en el cuestionamiento al que sus propios combatientes seguramente se ven forzados cuando presencian cómo los daños colaterales piensan, sienten y sufren como ellos mismos.

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La mano que te da de comer, de A.J. Rich

la mano que te da de comer

la mano que te da de comerLa mano que te da de comer, nos dice la contraportada, analiza nuestras emociones y debilidades más íntimas, y lanza una cuestión inquietante: ¿conocemos realmente a las personas con quienes compartimos nuestra vida?…

Esto me sirvió para seleccionar entre mis lecturas esta que hoy les presento. También, y para ser honesta, tengo que decirles que si hubiese seguido leyendo esa misma contraportada, cosa que como todos saben casi nunca hago, no creo que hoy estuviese aquí hablándoles de esta historia que, desde luego a ustedes les resultará adictiva e impactante, pero para mí, y tras haber sufrido un terrible accidente en el que se vio implicado un perro, ha sido un terrible sufrimiento y una auténtica pesadilla.

Pero no se dejen llevar por mis fobias particulares, tampoco yo lo haré, La mano que da de comer, está bien escrita, es concisa, pues en menos de trescientas páginas han sido capaces las autoras de cumplir con su objetivo, cosa que naturalmente yo he agradecido, pero para muchos lectores esta será su historia, esa historia que harán que a partir de este momento miren de distinta forma tanto a las personas que les rodean como a los animales que tanto ellos como los demás tiene como mascotas.

Es curiosa esta novela que más allá de la horripilante historia que narra, describe una sociedad que me llama la atención; una sociedad que hace unos años podría resultar rara, hoy no tanto, quizás es ya un reflejo de lo que está pasando en este loco mundo.

Verán, casi todos los que aparecen en la novela viven solos con la exclusiva compañía de sus mascotas. Sin padres, sin hijos…, ni tan siquiera conviven con sus parejas. Me ha resultado extraño, y les hablo de esto y no de mucho más sobre la trama porque comprenderán que en un libro de este tipo cualquier pista podría desanimarles a su lectura. Estos son solo datos colaterales, ya saben, como los daños.

Puedo contarles que la protagonista es una joven llamada Morgan que estudia una especie de Master sobre Victimología. Ella como casi todos, como ya les he dicho, vive con TRES perros en un pequeño apartamento: Un Gran Pirineo y dos Pitbulls. Ella tiene una estupenda historia de amor con un tipo que ha conocido por internet, de ahí que antes les hablase de que refleja bastante bien la sociedad actual. Ya saben, gente que mantiene más relaciones virtuales que reales.

Yo tengo una conocida que ha viajado miles de kilómetros para ir a por los tres perros que tiene en casa, son todos perros adoptados, nadie puede reprocharle nada a eso, es cierto, pero, todos son perros de raza y muy bonitos, supongo que los que habrían en las perreras más cercanas a su casa no le terminaban de encajar o combinar con su “estilo” personal.

Hay un par de cosas sobre este libro que no puedo dejar de contarles, en primer lugar que A. J. Rich es el seudónimo que han utilizado el tándem de escritoras, y autoras de este Picotrhiller, Amy Hempel, una escritora neoyorquina muy reconocida y Jill Ciment, también escritora y que en la actualidad es profesora en la Universidad de Florida. He de decirles que no se nota en ningún momento que sean personas distintas quienes han realizado la narración. Pero verán hay algo más que es interesante conocer, estas dos autoras son amigas y a su vez eran amigas de la también escritora Katherine Sussell Rich (ahora ya ven de donde sale el nombre elegido A.J. Rich) pero hay más, ¡claro que hay más!

Katherine descubrió algo alarmante sobre el hombre del que se había enamorado, algo realmente parecido a lo que le pasa a nuestra protagonista. Pero ella tuvo la suerte que no tienen muchas mujeres y rompió de inmediato esa relación. Intentó escribir sobre ello pero nunca logró pasar del capítulo primero. Un tema que habló con sus dos amigas, de la misma manera que compartió con ellas el cáncer de mama que le diagnosticaron ya con 24 años y del que finalmente falleció con 56, un asunto del que nos habla en su libro de memorias titulado The red devil.

En el libro todo es coherente, todo encaja, y tras conocer la relación de las tres mujeres, estas tres autoras en definitiva de la novela, encaja todavía más, pues la propia protagonista hace una alusión a su amiga Kathy, a la que echa de menos para poder compartir con ella sus problemas, pues había fallecido de cáncer de mama.

No sabía que me depararía esta lectura, pero en cualquier caso es una novela moderna, con problemas modernos y una forma de vida que me parece cada vez más tristemente común.

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Infección, de Robin Cook

Infección

InfecciónDesde hace unos meses estoy enfrascada en la elaboración de mi trabajo de fin de carrera. Estudio Derecho y el TFG (que es como se conoce a este trabajo) es el último paso antes de conseguir el título. El tema que he escogido es el uso de test genéticos directos al consumidor. Os explico un poco de qué van: es un mecanismo que permite a una persona, fuera del ámbito médico y sin doctores de por medio, hacer un “chequeo” de su ADN para comprobar si es propenso a tener alguna enfermedad. Es algo que, a priori, parece muy útil y muy interesante. ¿A quién no le gustaría saber si el día de mañana va a padecer diabetes, por ejemplo? Pero como casi todo en esta vida, estos test son un arma de doble filo: por una parte, está bien que te orienten y te adviertan sobre unas posibles futuras enfermedades, pero por otra, no dejan de ser algo que se queda en el aire. Es una hipótesis, algo predictivo y que no asegura absolutamente nada. Eso puede llevar a una persona a volverse paranoica, a pensar que va a padecer una enfermedad sí o sí, a cambiar su modo de vida, a vivir esclava de esa futura desgracia. ¿Qué precio estarías dispuesto a pagar? ¿Preferirías vivir sabiendo que vas a padecer una posible enfermedad o estarías más tranquilo si no supieras nada?

Lo que está claro es que la ciencia avanza. Pasamos del médico que visitaba las casas con un maletín como único instrumento a tener hospitales equipados con las últimas tecnologías (aunque muchos de ellos, sin los profesionales suficientes para hacer uso de ellas. Pero ese es un tema en el que hoy no voy a entrar. Quizás otro día). La ciencia intenta actualizarse, ser lo más útil posible y quedar al alcance de todos. ¿Y qué es lo que hoy en día las personas más utilizamos? Exacto, el teléfono móvil. Por eso unos magnates estadounidenses decidieron crear iDoc, una aplicación para el móvil que hace que siempre lleves a tu médico en el bolsillo. Es más, mediante esta aplicación, podremos saber qué enfermedades padecemos y cuales somos propensos a sufrir. Una especie de test genético del que os hablaba antes. Pero George Wilson, nuestro protagonista y estudiante de radiología, sabe que algo raro está pasando con esa aplicación. Es más, está convencido de que la muerte inexplicable de su prometida, Kasey, está relacionada con esta nueva tecnología. Eso le llevará a investigar un poco más y a descubrir que hay mucha información que los creadores de iDoc están ocultando a sus consumidores. Información que, de saberse, haría que la empresa cayera en bancarrota de inmediato.

Robin Cook nos tiene acostumbrados a novelas rápidas, en las que las explicaciones médicas son el hilo conductor de sus tramas. En Infección encontramos una historia un poco más lenta, más pausada, que se centra también en reivindicar el papel de los médicos y a teorizar sobre el avance de la tecnología. Es un autor que siempre me ha gustado. En casa tenemos varios libros de él y normalmente ha sido una buena opción cuando no sabía qué leer y me apetecía una historia con gancho, de esas que hacen que te pases la tarde leyendo sin que te des ni cuenta.

Es curioso que, sin haber leído la sinopsis, me decantara por este libro. Justo ahora que estoy con el TFG del que os hablaba. Casualidades de la vida. Y esta practicidad es una de las cosas que más me gustan de Robin Cook. Nos trae historias de ficción pero que sin dificultad podrían ser casos reales. Él te lo está contando como algo casi de ciencia ficción, pero en realidad no hay más que abrir un poco los ojos para ver que no se aleja mucho de la realidad. Ahora solo me queda saber si puedo incluir Infección dentro de la bibliografía y las referencias de mi TFG. No sé… puede que incluso me pongan una matrícula.

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La bruja escarlata, de James Robinson

Bruja Escarlata

Bruja EscarlataConfieso que lo único que sabía de la Bruja Escarlata era lo que había visto de ella en la peli Vengadores: La era de Ultron, en donde Elizabeth Olsen (hermana de las gemelas Olsen, las de Padres forzosos), interpretaba su papel.

Tampoco sabía, lógicamente, que era hija del mismísimo Magneto ni que Stan Lee la creó porque su hija se lo pidió cuando a los 14 años esta padecía problemas de depresión y automutilación.

Pero, sobre todo, debo confesar que no tenía la más mínima intención de leer este comic hasta enterarme por el titular del periódico local de que mi ciudad era uno de los escenarios en los que transcurriría la acción. Y pensé también que poner a una bruja ahí donde hace poco más de 400 años tuvo lugar el proceso inquisitorial contra la brujería más grave y que más ha trascendido (el auto de fe de Logroño contra las brujas de Zugarramurdi), no dejaba de ser un guiño y un acierto. Fue ahí cuando mi interés creció y cuando busqué más información. Y mira por dónde, ¡todo el mundo hablaba maravillas de este La Bruja Escarlata: La senda de las brujas! Así que habría que comprobar si estaba justificado.

Para empezar, las portadas de David Aja son arte en estado puro. Esto sí que lo sabía, pues ya había visto varias de ellas figurar en los rankings de “mejores portadas de 2016” y no me extraña ya que, con solo tres colores (rojo, blanco y negro) consigue auténticas florituras minimalistas.

El dibujo corre a cargo de cinco artistas, (Del Rey, Dillon, Rudy, Visions y Pulido). Cada uno se encarga de un “tomito” y cada uno tiene su estilo propio, bien reconocible, variado y excelente, que, si bien en conjunto forman un todo incoherente en lo tocante al grafismo, episodio a episodio funcionan y uno se acostumbra con rapidez al cambio de autores. Personalmente destaco sobre todo el del español Pulido y el color de su capítulo.

Vamos con el fondo. Lo primero a destacar es que esto no es un Doctor Extraño en femenino ni un cómic de superhéroes al uso. No vamos a tener un previo en el que se nos cuente el origen del personaje, ni su pasado remoto o reciente ni sus parentescos. No. Vamos a entrar directamente en la acción con una Wanda Maximoff que quiere dejar atrás su pasado como Vengadora, –aunque todo aquel que la conoce la conoce precisamente por la pertenencia a dicho grupo– y su campo de acción va a ser el folclore, la mitología y la magia.

Wanda “percibe” que algo va mal y no es magia, sino brujería. Puede levitar, teletransportarse… “a menudo llaman a mis hechizos magia caótica… pero en realidad están muy alejados del caos: su poder e intensidad están relacionados con la energía de la tierra y  la femineidad”…”se denomina brujería”.

Para intentar arreglar esa cosa que va mal, que no sabe qué es pero lo siente, viajará por todo el mundo (Irlanda, Grecia, España,…) allá donde note que debe estar, acompañada por el fantasma de Ágatha, su mentora, a la que ella misma mató (y no se nos explica cómo ni por qué, aunque parece ser que fue un accidente).

Hay quien ha comparado La Bruja Escarlata: La senda de las brujas con Hellblazer, pero yo no diría tanto. (John Constantine es y será, en mi opinión, el mago/hechicero más mejor de los cómics, sí, por encima del Doctor Extraño). Es más algo tipo Expediente-X. Wanda irá “resolviendo los misterios” de la semana como si se tratara del “monstruo de la semana” y no será hasta el final cuando descubra que todo está relacionado con…

En este tomo de la Colección 100% Marvel tenemos una buena historia brujeril-detectivesca, porque en el fondo, lo que Wanda quiere es descubrir qué o quién está tras ese desorden, ese, desequilibrio en la fuerza, y para eso irá tirando del hilo que solo ella ve y del que nosotros tenemos que fiarnos. Aunque a la vez también es una historia de redención. La hechicera carga con una culpa de la que no puede deshacerse pero quiere avanzar, dejar atrás el pasado, y hacer el bien.

No voy a entrar a hablar de lo que se entiende por bruja pues, en el prólogo ya se ocupan de ello (la partera medieval, mendiga, libertina, curandera, esposa desobediente,… todas aquellas mujeres que en la Edad Media se salían de la norma e incitaban a otras a salirse también) ni de que si Wanda es feminista y representa a las mujeres… No me voy a meter en esos jardines. Este es un cómic para pasar un buen rato sin tener que preocuparnos de mayores análisis.

Para acabar quiero añadir que creo que podría decirse que este cómic es lo que en el cine viene a ser un sleeper. Algo que parece poca cosa pero que gracias al boca a boca y sin una campaña de promoción brutal consigue gran éxito de taquilla e incluso algún Oscar. Un tapado a la espera de que todos lo descubramos. Y eso es lo que me gustaría conseguir: que lo descubráis.

He disfrutado muchísimo de su lectura, tanto a nivel gráfico como argumental. No importa que no se conozca el personaje. Este puede ser un buen tomo inicial para empezar a conocerlo.

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El caso de Charles Dexter Ward, de Lovecraft y Culbard

El caso de Charles Dexter Ward

El caso de Charles Dexter Ward«Se lo volveré a repetir: no evoque nada que no pueda dominar». Si este imperativo lo ubicas en el primer tercio del siglo XX, en una granja de Providence donde un joven con inquietudes por las ciencias oscuras y la nigromancia se dedica a realizar conjuros que escapan a toda comprensión humana, el relato no puede pertenecer a otro que a H. P. Lovecraft. Y de él es este siniestro caso de desaparición dentro de un cuarto cerrado; el clásico enigma policíaco que tanto gustaba a escritores como Gaston Leroux, Arthur Conan Doyle o Edgar Allan Poe.

El caso de Charles Dexter Ward cuenta la historia de un suceso oscuro que se remonta a un pasado muy lejano y que ahora ha despertado. En un manicomio de Providence, Rhode Island, un peligroso paciente internado desaparece de su celda misteriosamente. El último hombre en haber tratado con el paciente es el Dr. Marinus Bickwell y ahora tiene la obligación de contar la verdad que rodeaba a este siniestro hombre. Lo que duda es que el mundo esté preparado para aceptar los hechos de cuanto consiguió investigar acerca del desaparecido Charles Dexter Ward tal y como sucedieron.

Es este uno de los relatos escalofriantes de Lovecraft que se desarrollan con paciencia, desgranando poco a poco el entramado que incluye varios personajes en los que él mismo se veía reflejado en sus lacónicas y existenciales vidas, y a lo largo de diversas generaciones para enredar el asunto. Los elementos que caracterizan los relatos de Lovecraft se manifiestan en la narración a través de conjuros de indescifrables lenguas extraídos de los oscuros libros del Necronomicón para invocar de una larga letanía bestias desterradas. La influencia de Poe en el desarrollo policíaco y la ambientación también están presentes. Todo envuelto en una atmósfera tétrica, en un frío páramo donde los pocos vecinos cercanos escuchan alaridos de ultratumba y extrañas luces procedentes de una de las granjas. Dentro del género de intriga, el relato va dejando pistas a lo largo de sus páginas que hacen que intuyas por dónde pueden ir los tiros. La misión de los médicos del manicomio es descubrir la extraña desaparición de Charles Dexter y será su médico personal quien narre los terribles episodios que investigó sobre él. Hechos que se remontan a sus primeras sesiones en casa de Charles donde le reveló un cruento descubrimiento que afectaba al linaje de su familia; las misteriosas noches que su paciente se aislaba y asustaba a sus padres por extraños rituales que preparaba en soledad; la revelación que padeció en primera persona de eso que tanto aterraba a su paciente.

Como ya me ocurriera con Reanimator, otro gran relato de Lovecraft (sí, este hombre tiene más historias aparte de ese pulpito tan «salao» que es Cthulhu), El caso de Charles Dexter Ward lo he descubierto gracias a esta adaptación en cómic que ha editado Norma. El dibujante Culbard adapta este clásico del terror en cómic con un dibujo que a mí me recuerda mucho a las tiras de periódico. Nada criticable, por supuesto. Creo que ha sido una elección como dibujante excepcional. No es un gran arte estético o excesivamente expresivo pero sí muy efectivo que, a mi parecer, hace más fluida la historia con viñetas muy narrativas que en ningún momento despistan y te sacan del argumento, y con una estructura básica de cómic de 3×3. Un argumento que tiene sus enredos temporales y trucos clásicos de novela de intrigas en la que se intenta mantener el suspense hasta el desenlace final.

He leído bastantes relatos de Lovecraft. El intruso o El grabado en la casa son de mis favoritos por su destreza descriptiva y ambientación que, con el léxico de este escritor, casi puedes sentir palpitar la historia según acaricias las páginas. Es un detalle sensorial que solo puedes descubrir en su apogeo leyendo sus relatos originales. Las adaptaciones, por norma general, te alejan de esos elementos sensoriales por cuestiones de espacio y fluidez narrativa. Para eso emplean los dibujos como útil para el desarrollo. Me he encontrado el caso en este cómic de dar con un leal adaptador de cuentos. Cada viñeta, cada texto que la acompaña y cuando solo el dibujo narra el relato, han conseguido poseerme de tal modo que me sentía dentro de ella, dentro de esa granja donde se sucedían las siniestras evocaciones. Una formidable opción para leer y acercarse al vasto universo lovecraftniano.

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Los criminales de noviembre, de Sam Munson

Los criminales de noviembre

Los criminales de noviembreDesde siempre me han gustado las historias narradas en primera persona por el personaje protagonista, tanto en literatura como en cine y televisión. Hablo de aquellas en las que el narrador nos hace partícipes de todos sus pensamientos y sentimientos, por insignificantes o banales que estos sean. Cuando este tipo de obras están bien elaboradas, algo que, por desgracia, no siempre sucede, hacen que empatice fuertemente con el protagonista, por mucho que sus vivencias tengan poco o nada que ver con las mías. Quizás El guardián entre el centeno es la novela que mejor se adapta a lo que comento, ya que tuve la fortuna de leerla en un momento en el que mis dudas existenciales eran enormes; el testimonio de Holden Caulfield me ayudó, si no a superarlas, sí al menos a sentirme acompañado en esos momentos, lo que creo que es una de las mayores virtudes que puede tener un libro.

Addison, el protagonista de Los criminales de noviembre, no es Holden, por mucho que parte de la crítica haya tendido a asociar a ambos personajes. En lo que sí se asemejan ambos es en la forma de contar lo que les ocurre en sus primeros años de juventud: desnuda, sincera, directa y con un sentido del humor muy particular.  A partir de ahí es cuando comienzan las diferencias. El protagonista de Sam Munson es un chico resabiado y pedante, con una personalidad muy fuerte y con la firme convicción de que sabe más que nadie de la vida a sus dieciocho años. Sus principales pasatiempos son el tráfico al por menor de marihuana y la lectura de La Eneida —en latín, claro—. Sé que esta descripción no invita a encariñarse mucho con este chico, pero el autor es hábil a la hora de lograr que acabemos cogiendo simpatía a lo que en el fondo solo es un joven que busca sentido a su vida.

La trama se centra en la investigación que emprende Addison para descubrir quién ha asesinado a Kevin, un compañero de su instituto. Lo que comienza como simple curiosidad —el protagonista y el chico asesinado ni siquiera eran amigos—pronto se convierte en una obsesión para él, lo que le lleva a dedicarse en cuerpo y alma, junto a su «no novia» Digger, a localizar pistas que les puedan ayudar a esclarecer los hechos, lo que les causará no pocos problemas.

Pero, como comentaba, el núcleo de este tipo de novelas es el propio narrador y me atrevería a decir que en ésta la importancia de la personalidad de Addison es muy superior a la media. La manera en la que cuenta lo que le ocurre y lo que se le ocurre, ligeramente desordenada pero cargada de detalles, me atrajo desde el principio, así como otros recursos que a medida que avanza la novela se van haciendo familiares, como sus continuas interpelaciones al lector para llamar su atención o sus tiras y aflojas con Digger para mantener su pacto de no noviazgo. Al final, o al menos es mi impresión, la trama queda en un plano muy secundario y creo que dependerá mucho de cuánto le atraiga a cada lector Addison como personaje para que este libro le acabe gustando o no.

En lo que a mí respecta, Los criminales de noviembre me ha parecido un trabajo entretenido y original, que tal vez flaquea en su ritmo narrativo pero que lo compensa con un personaje tan bien construido como el irritante y entrañable Addison. Y soy de los que nunca se cansa de este tipo de seres.

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Cada monstruo con su tema, de Javier Chavanel

cada monstruo con su tema

cada monstruo con su temaMe alegro mucho de haber apostado por esta lectura. Una lectura de un autor desconocido, que se gana la vida como ayudante de realización de El secreto de Puente Viejo, pero que, además, ha escrito y dirigido varios cortos seleccionados y premiados en festivales nacionales e internacionales (cosa que no sabía cuando el libro llegó a mis manos y que tiene muchísimo mérito).

Siempre hay miedo a fallar la apuesta, pero también hay siempre algo que te hace arriesgarte e inclinar la balanza, y en esta ocasión ese algo fue que Cada monstruo con su tema era un libro de relatos de terror. Si fueran relatos cómicos la balanza hubiera caído a plomo del otro lado. Es mucho más difícil hacer reír que meter miedo (y ojo, que esto último tampoco es que sea fácil…)

Las primeras páginas del primer relato, Afán de superación, ya anticipaban que estaba ante un muy buen escritor. Esos diálogos frescos, vivos, rápidos y graciosos entre una mosca que se ha enamorado de una humana y el padre de la mosca son dignos de Faemino y Cansado por lo menos. Hilarantes y con un desparpajo brutal. No puedes ni quieres dejar de leer la historia, muy cronenberguiana, y por eso mismo, más asquerosita que terrorífica, pero muy bien contada, como si estuvieras viendo una peli en lugar de leyendo un relato.

El siguiente relato no pierde ni chispa ni frescura en su narración. Una empresa convierte la vida de la gente normal en un cómic. El terror no lo sientes, ni crees que vaya a aparecer. No imaginas cómo puede algo así aterrar. Pero lo hace. Al final lo hace. Genial y original como el primero. Y van dos de dos.

El tercer relato me recordó mucho a Con la muerte en los talones debido a la confusión de identidad que sufre el personaje de Cary Grant con un tal George Kaplan (el nombre se me quedó de tanto ver esa gran peli). Más bien me recordó a una mezcla de la peli de Hitchcock con Reservoir Dogs. Y poco se puede esperar del desenlace con un inicio como el que tiene. Me quito el sombrero. Es como, volviendo a Hitchcock, cuando en Psicosis la prota muere al inicio en la ducha, dejando asombrado al público. El giro viene al principio… Poco más diré, salvo que el nivel sigue sin decrecer.

No voy a pararme a analizar los once relatos que conforman el libro, pero si quiero destacar, además de los ya mencionados, Los bromistas y Papá; ambos son terror puro, del que acojona de verdad. Uno por ser terror muy factible y cotidiano y el otro por ese final tan terrorífico y abierto a la vez.

Todos, absolutamente todos los relatos están muy inspirados tanto argumental como narrativamente. Se leen de un tirón, con angustia y en algunos casos con una sonrisa. Sí, copón, no os quedéis así, es muy posible que eso suceda porque a mí me ha pasado. Doy fe. Javier Chavanel escribe muy suelto y ágil, sabe cómo hacerlo y no le da miedo demostrarlo con un lenguaje normal, sin emperifollamientos innecesarios que ralenticen y entorpezcan la lectura.

Para ser un primer libro la sensación que deja es muy positiva. Nos da terrores que no tienen nada que ver con zombis, vampiros o criaturas lovecraftianas sino con el propio interior del ser humano porque, como dice la contraportada, “Los monstruos o los villanos, por muy malos u horribles que sean, nunca saben que lo son. En sus historias son, sencillamente, los buenos…” Y es la pura verdad.

Cada monstruo con su tema es un divertimento muy recomendable y, si bien es cierto que al igual que la comedia esto del terror es muy subjetivo, también es cierto que se pasa mal. Y eso es lo que pretendía al leer este libro.

Misión cumplida.

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