
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson

Cuando reseñé Los hombres que no amaban a las mujeres les comenté que leerla representaba subir a un tobogán y arrojarse a toda velocidad, por la dificultad de su primer capítulo y por el vértigo, la rapidez y el compás del resto de la novela; el primer tomo de la saga Millennium me sorprendió muchísimo, ya que creía que iba a encontrarme más con literatura de verano, que con una verdadera joya literaria. ¿Recordaré igual la continuación de la saga? ¿Quedará en mi memoria La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina? La respuesta no es “ní”. Tampoco es “no”. Digamos que es “ni”
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina narra, entre otras tantas cuestiones, temas tan importantes como el tráfico de mujeres para ejercer la prostitución y la vinculación de políticos, policías y periodistas en ese oscuro y repudiable negocio; ésta será la investigación que nos mantendrá adictos a lo largo de las casi 800 páginas que contiene el libro; mientras tanto, y sin ser para nada un tema secundario, conoceremos qué fue de los principales personajes de Los hombres que no amaban a las mujeres: Lisbeth Salander y Michael Blomkvist; así podremos ver a la joven hacker disfrutando de un merecido y millonario descanso por el Caribe y al afamado periodista deleitándose en las mieles de la victoria, tras el descubrimiento del Caso Wennerström, que recuperó su credibilidad y convirtió en un éxito total a la revista de investigación Millennium.









