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Batman Eterno Integral 1, de Scott Snyder y VV.AA.

Batman Eterno Integral 1

DBatman Eterno Integral 1e vez en cuando, cuando revistas, telediarios llenos de videos de youtube o autopromociones de series o realitis –cosas que cualquier informativo que se precie forzosamente DEBE incluir– se quedan con huecos que rellenar, echan mano de “noticias” comodín. Una de las que con más frecuencia se repite es la de las ciudades o países en los que es mejor vivir o en los que se es más feliz. Cada vez que sale alguna así me pregunto en que puesto queda Gotham. Si yo fuera gothamita, ni de coña me quedaba en esa ciudad en la que cada día, solo por salir a la calle, te la juegas. La ciudad en la que cualquiera puede ser víctima de algún payaso disfrazado, cobaya de algún doctor chiflado, destinatario de alguna bala perdida, envenenado con el agua corriente, asfixiado por el gas de la risa o moneda de cambio de algún secuestrador con ínfulas elevadas.

Me pregunto ¿por qué cojones los gothamitas de a pie, y los que no los son; da igual si ricos o pobres pues todos son pasto de los criminales, no hacen las maletas y huyen a alguna ciudad menos dañina para la salud? Porque diez millones de gothamitas, que es la población según el censo oficial, son muchos gothamitas para vivir en semejante olla a presión.

En fin, que en estas reflexiones se me va el tiempo mientras se comenta el listado de lugares agraciados. Sea como sea se quedan a vivir y Batman, pobrecito mío, tiene que desvivirse por mantenerlos a salvo gratis y a veces hasta tiene que aguantar que se vuelvan contra él.

¿Qué nos depara esta Batman Eterno Integral 1? Pues un cisco de los buenos. Vamos a tener a un Jim Gordon acusado de provocar la muerte de ciento sesenta y pico personas al provocar el descarrilamiento de los vagones de metro tras perseguir a un secuaz del Profesor Pyg. Por supuesto, Gordon irá de cabeza a Blackgate, y, a partir de aquí… ¡A partir de aquí fiesta y desmadre y quince mil frentes abiertos! Bárbara Gordon, Batgirl, fuera de sí irá hasta Brasil para probar la inocencia de su padre; tendremos un nuevo comisario en la ciudad cuya prioridad absoluta será la caza del murciélago; unos nanorobots extenderán un virús en la zona de los Narrows; Vicky Vale hará de periodista; Catwoman tendrá sus batallas que librar y el Pingüino no será menos… Y además, aparecerán también otros miembros de la “familia”: Batwoman, Capucha Roja, Red Robin, Alfred, incluso la aparición de batmans de la vieja (no recuerdo haberla visto en ningún otro cómic) Batman Inc. (recuperada, al igual que el ya mencionado y olvidado Profesor Pyg, de Grant Morrison), un par de nuevas aliadas y unas cuantas subtramas al margen de la principal, que no es otra que averiguar quién está detrás del encarcelamiento de Gordon. Porque está claro, que alguien está moviendo los hilos para controlar de nuevo Gotham. Todo tiene un fin, y ese alguien bien pudiera ser alguien a quien no vemos desde El largo Halloween. O tal vez no… Pero un otra nueva crisis se abrirá al desatarse una guerra de bandas…

Los diversos frentes están bien repartidos y no llegan a aburrir en ningún momento. Se alternan bien las duraciones de unos y otros y entretienen de lo lindo. No obstante, la subtrama que protagoniza Jim Corrigan (El Espectro) no me convence e incluso, en mi opinión, tal y como ha ido la cosa en este primer tomo sobra. Cuando busco a Batman acepto los criminales tarados, los dementes, y puedo aceptar los monstruos como Killer Croc o Man Bat, pero eso de mezclar también en una historia policiaco/detectivesca una parte mística o sobrenatural no me ha gustado del todo. Esperemos que más adelante se encarrile y tenga algún sentido.

Obviando eso, la lectura es muy entretenida, es vibrante, sorprende con los continuos giros que no te esperas y tienes prisa por encajar todas las piezas y resolver el enigma, que, parece haberse resuelto ya en este tomo, aunque con Snyder nunca se sabe y esperemos que nos tenga reservadas muchas sorpresas más.

Puede que haya personajes desconocidos si se ha estado, como es mi caso, desconectado de la trama de Los Nuevos 52 (Stephanie Brown, El Arquitecto,..) que puedan desconcertar un poco, pero no son ningún obstáculo para comprender completamente la historia hasta aquí.

En cuanto al dibujo, hay un ejército de dibujantes y todos aportan cohesión y un grafismo espectacular y detallista, pero no puedo con el dibujo de Ian Bertram. Es algo subjetivo, es como el dibujo de Corben y Crumb, se me atraganta. Por fortuna, dura poco.

En fin, que si os gusta Batman, este Batman Eterno Integral 1 es un tomo no imprescindible, sino necesario. Y aunque en parte del cómic Batman no hace acto de presencia, e incluso en algunos tramos cuando está es un mero secundario, (cosa que no es novedosa) realmente no importa, porque Batman es mucho Batman y está siempre en Gotham; Batman ES Gotham y de una u otra manera uno lo percibe cuando se leen estas páginas y tal vez sea ese el motivo por el que los gothamitas se quedan.

En definitiva, un tomo que respeta al personaje, lo hace grande, nos muestra villanos de siempre y otros nuevos, nos deja las calles oscuras y la batcueva, las cloacas, la cárcel y la locura, siempre la locura… Y, sobre todo, nos deja con ganas de más, pasando por méritos propios a ocupar su hueco en la estantería junto con las mejores obras del murciélago.

Esperemos que el segundo tomo esté, por lo menos,  a la altura de este. Apuesto a que sí.

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El club de los mentirosos, de Mary Karr

El club de los mentirosos

El club de los mentirososLa verdad es que hay editoriales que son para mí una garantía de éxito asegurado. Errata Naturae es una de ellas. No son solo sus magníficas portadas (que también), el caso es que siempre acierto con sus lecturas. Buenos días, guapa fue uno de esos libros publicados por ellos que me encantó y que no puedo dejar de volver a recomendaros.

No puedo mentiros. Lo primero que me atrajo de este libro fue su maravillosa portada y su genial título: El club de los mentirosos. Antes de leer siquiera la sinopsis ya me tenía completamente ganada. No está mal, ¿no?

Mary Karr es la autora de esta brillante novela, que fue uno de los libros más vendidos durante un año entero según el New York Times y mejor libro del año para The New York Times Book Review, The New Yorker, People y Time. Casi nada, amigos. Una novela que califican de extraordinaria o que, como dice Time, se encuentra “entre la tristeza más honda y la risa más sincera, y por esto último se inclina el lector”. Y la verdad es que no puedo estar más de acuerdo, pero empecemos por el principio.

Lo primero que el lector debe saber es que El club de los mentirosos es una novela autobiográfica y ahí reside el encanto de este libro. Porque como ficción ya hubiera sido maravilloso, pero cuando el lector sabe que lo que está leyendo no es ni más ni menos que la infancia de la propia autora, todo adquiere un matiz diferente. ¿En serio fue esta su infancia? Sí, lectores. Así es. Dura, real, trágica y al mismo tiempo envuelta en un halo de comedia que ríete tú de las tragicomedias de Shakespeare.

Y es que, a pesar del título, en este libro hay mucha verdad. Mary se crió en una pequeña localidad petrolera en el este de Texas, junto a sus padres y su hermana. Ella, una niña descarada y sensible, una hermana autoritaria y valiente, un padre algo borrachuzo pero con una gran corazón y una madre, un personaje fascinante, que será la clave para entender la novela.

Resulta imposible no conectar con Mary y el resto de personajes en algún momento de la biografía. Todos tienen ese algo tan familiar, absurdo e hilarante que hace que nos identifiquemos con ellos. Y aunque sea una familia de armas tomar y las historias en las que se ven envueltos puedan parecer a veces de lo más surrealista, tienen ese punto a favor del más puro realismo norteamericano.

A pesar del drama, que lo hay y mucho, prevalece, como os decía, esa parte cómica. Y eso es, quizás, lo grandioso de El club de los mentirosos. Mary Karr nos sumerge en su infancia, nos adentra en su casa, en las tragedias de su familia y, a pesar de todo, consigue que nos lo pasemos bien, que riamos con ella. Yo me lo he pasado en grande y aunque he sufrido (un poquito), también ha habido momentos en los que he reído con sus locas situaciones.

Estoy convencida de que este libro es uno de esos libros que no tiene un lector concreto, un libro que cualquiera puede disfrutar. Yo os animo a hacerlo. Luego me contáis.

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El pecado que mató a Carolina Martín, de Eugenia Dalmau

El pecado que mató a Carolina Martín

El pecado que mató a Carolina MartínSolo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que el pecado convive con nosotros. Da igual lo que hagamos y en la situación en la que estemos: alguno de los pecados capitales está presente. Siempre. Y, señores, que tire la primera piedra el que no haya envidiado nada, el que no haya sentido un ataque de ira, el que no haya devorado algún suculento manjar sin tener hambre. También el que no se haya dejado llevar por la pasión, el que no haya puesto el despertador “cinco minutitos más”, el que no haya subido selfies y selfies a las redes sociales o incluso el que no haya querido tener algo para sí y no compartirlo jamás con nadie. Vamos, estoy segurísima al cien por cien de que todos los aquí presentes nos quedaríamos con la piedra en la mano, porque sea de la manera que sea, hemos cometido alguno de estos pecados a lo largo de nuestra vida.

Eugenia Dalmau se centra en este hecho para desarrollar su novela: El pecado que mató a Carolina Martín. No os voy a engañar. Al principio, el título de la obra no me convencía en absoluto. Demasiado largo y misterioso para mi gusto. Pero a medida que fueron pasando las páginas, lo entendí. Entendí por qué esta autora valenciana había optado por poner un título tan enigmático.

Empecemos por el principio: un cuerpo aparece, en una casa, sin signos aparentes de violencia. Parece un infarto, o incluso un suicidio. Sí, el cuerpo es el de Carolina Martín, una  mujer de éxito que se codea en las altas esferas de Madrid. Lo tiene todo: un trabajo de lujo, un chalet en una urbanización envidiable, amigos influyentes, juventud, belleza a rebosar y mucha inteligencia. La casualidad quiso que Jaime Reyes y Manuel Serra fueran los encargados de esclarecer los hechos y darle sentido a esa escena. Porque si hubieran sido otros los inspectores encargados del caso, no hubieran descubierto jamás la historia que encerraba el asesinato de Carolina.

Poco a poco estos inspectores irán poniéndole cara a todas las personas que componían el círculo más cercano de la fallecida, concluyendo que cada uno de ellos era la viva imagen de un pecado capital. ¿Qué fue lo que mató a Carolina? ¿Qué pecado hizo que apareciera muerta en su casa? ¿La ira, la pereza, la lujuria, la envidia…? Siete son las opciones y siete los posibles móviles del crimen. Detrás de ellos, su jefe, su hermana, su cuñado, su amante… un sinfín de personas que podrían haber cometido esa barbaridad sin ningún tipo de remordimiento.

Ahora pasemos a analizar el cuerpo de la obra. En la primera mitad del libro, Eugenia Dalmau sigue una tónica que se repite constantemente: nos da un capítulo en el que conocemos a un nuevo personaje y acto seguido encontramos otro capítulo en el que nos cuenta la vida de esa persona y que, tras leerlo, nos deja claro qué pecado es el que se esconde en las entrañas de dicho personaje. Cuando ya tenemos todos los pecados y personas presentadas, comienza la “segunda parte” del libro —lo pongo entrecomillado porque no existen partes divididas físicamente, pero yo sí que he notado una clara separación en este punto—. Esta segunda parte, como decía, se centra ya en la resolución del crimen. Una vez que sabemos todos los motivos de los sospechosos, iremos desgranando poco a poco, junto a los inspectores, todas las pistas del caso. Sabiendo esto, lo del título escogido se entiende muchísimo mejor, ¿verdad?

Esto me ha gustado especialmente, pues al principio nada más que quería llegar a esos capítulos explicativos en los que nos remontamos años atrás para conocer la vida de un personaje en concreto. Es como si el lector se convirtiera por unos momentos en un psicólogo, que se adentra en la mente de esa persona para entender qué es lo que le ha llevado a ser quién es en la actualidad. Esto también permite al lector formar parte del equipo de investigación, como si fuera un tercer compañero en el equipo de Reyes y Serra. Conociendo la vida de los sospechosos, podemos empezar a hacer nuestras elucubraciones e intentar adivinar quién fue el asesino. Yo, aviso, por más que lo he intentado, no he acertado. Pero claro, es que en cada capítulo cambiaba de opinión: “sí, sí, estoy segura, ha sido fulanito porque blablablá. No, no, antes me equivoqué, ¿cómo pude ser tan tonta? Ha sido menganito porque blablablá…”. En fin, así durante las cuatrocientas páginas que tiene el libro. Y no, no acerté. Así que menos mal que mi oficio nada tiene que ver con resolver asesinatos…

En cuanto a los personajes, me ha gustado mucho la evolución del inspector Reyes. Aunque el narrador de la historia es su compañero, Serra, a través de sus palabras podemos ver claramente como el personaje de Reyes va evolucionando poco a poco. Empieza siendo un desconocido para nosotros, un tanto distante y frío y al final se convierte en alguien cercano y al que acabamos cogiendo cariño. Serra aporta un toque de humor al argumento con sus comentarios constantes y su forma de ser, tan de valencia.

El pecado que mató a Carolina Martín es un libro de esos que atrapa. Eugenia Dalmau nos va dejando miguitas de pan que solo hacen que queramos más y más. Pero no, hasta el final no obtendremos nuestra recompensa. Así que hay que tener paciencia. Además, tiene un ritmo bastante lineal que se ve muy incrementado cuando nos vamos acercando a ese desenlace donde se descubre todo el pastel. Por lo que el final es genial, muchísimo más ágil y que hará que nos leamos las últimas ochenta páginas del tirón.

Al principio hablaba de la facilidad de caer en el pecado, de dejarse llevar por esos malos pensamientos. Y es curioso que uno solo de ellos fuera el que acabó con Carolina Martín. Pero, más curioso es todavía, el hecho de que cualquiera de los personajes, cada uno con su pecado particular, podría haber tenido motivos para hacerlo. Eso me ha hecho pensar y me ha gustado mucho, porque al final cualquier pequeño detalle puede hacer que la chispa se convierta en llama.

No seré yo quien tire la primera piedra, por supuesto. Tengo tantos defectos como cualquiera. Mientras leía este libro he detectado varios: primero, la pereza, porque llegó el fin de semana y no quería salirme de mi cama con tal de pasar un rato más leyendo esta novela. Segundo, la gula, porque ¿qué mejor que un buen chocolate caliente para calentar el cuerpo mientras seguía leyendo? Tercero, la ira, porque me enfadaba cada vez que mi sospechoso cambiaba, desbaratándome todo el razonamiento. Y, cuarto, la envidia, porque me encantaría tener la mente de Eugenia Dalmau para que este argumento se me hubiera ocurrido a mí antes.

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Nunca es tarde para morir, de Pablo Palazuelo

Nunca es tarde para morir

Nunca es tarde para morirHoy venimos a hablaros de una novela negra que está golpeando muy fuerte desde hace dos años en Amazon, un éxito de ventas que lleva ya más de 200.000 lectores enganchados a su historia. Os hablamos de Nunca es tarde para morir, la primera novela de Pablo Palazuelo Basaldua (Madrid, 1965). El autor, casado y con tres hijos tiene en la fotografía una de sus aficiones, la cual nace sirviendo de voluntario en una Unidad de Operaciones Especiales del ejército. Gracias a esta afición, realiza una fotografía que es publicada en una revista y, posteriormente, le sirve como fondo de la portada de su primera novela, Nunca es tarde para morir, historia con la que comienza su aventura como escritor y novelista.

“Una pequeña obra de arte que me ha dejado con la boca abierta”, Blog Sintonía literaria

«Las Trompetas de Jericó tronaron desde el cielo anunciando la inminente llegada de la muerte». Así comienza esta novela negra llena de misterio, protagonizada por cinco enigmáticos veteranos de sus respectivos servicios secretos que conocerán a una cautivadora adolescente, de mala vida y peor fortuna, desatando una espiral de sorprendentes fatalidades y arrastrándolos hacia un enemigo despiadado.

“Un halo de misterio e intriga en cada una de sus páginas”, Blog Mi vida en hojas de papel

“Cuando comencé a buscar una idea para una novela policiaca, tenía muy claro que ese germen debía ser capaz de generar interés por sí mismo, sin necesidad de tener que completarlo con una larga explicación.” Así explica el autor el origen de su primer libro. “Lo encontré en una divergencia, la que surge de enfrentar la vejez y experiencia de cinco antiguos agentes de los servicios secretos de sus respectivos países a la inocencia y belleza de una adolescente. Me pareció que poseía una fuerza que por sí sola podía llamar la atención de un potencial lector y la apliqué a un llamativo artículo de periódico que había descubierto dos décadas antes, en el en el que se detallaba un suceso acaecido en las postrimerías de la Guerra Fría”. Este trabajo cuenta además con una exhaustiva documentación que otorga a la historia una mayor profundidad, apoyado en una trama compleja y atractiva cuyo resultado “es una trepidante historia, de 608 páginas, en la que el ritmo no decae ni un solo instante”.

“Es como la droga, no puedes dejarla”, Blog Always in our own world

Una vez que hemos conocido qué (y quién) está detrás de Nunca es tarde para morir, queremos destacar su espectacular record de ventas en la plataforma de Amazon. Los más de 200.000 lectores han conseguido aupar a la novela al primer puesto como el ebook más vendido en Amazon España, además de acumular otras cifras de mérito como 525 días en el Top 100, 4 meses en el Top 10, 3 meses en el Top 5 o estar cuatro y tres meses como ebook más vendido de en las categorías de Acción/Aventura y Policíaca/Negra/Suspense respectivamente. Pero su éxito no es solo nacional, habiendo conquistado el primer puesto en libros de aventura en lengua española en Amazon Francia, Alemania, México y Australia, junto con el segundo puesto en Amazon Reino Unido y 7 meses en la lista de Eriginal Books de los 20 libros kindle más vendidos en lengua española en todo el mundo.

“Te deja sin aliento”, Blog Interrobang

Pero Nunca es tarde para morir no es solamente un éxito de ventas; también lo es de crítica. Y es que en sus dos años de vidas acumula medio centenar de buenas reseñas en blogs literarios (aquí tenéis el listado), obteniendo en la mayoría de ellos unas notas sobresalientes. Todo esto nos hace indicar que estamos ante una de las mejores novelas negras de los últimos tiempos, un libro que está llamado a convertirse en todo un clásico. Si quieres leer las primeras páginas, aquí te dejamos el link para que te sumerjas dentro de esta gran historia de Pablo Palazuelo. Seguro que después de leer la historia, correrás inmediatamente a comprar la novela (cosa que puedes hacer también desde aquí).

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La canción de la llanura, de Kent Haruf

La canción de la llanura

La canción de la llanuraYa os hablé de Kent Haruf hace casi un año, cuando leí la maravillosa Nosotros en la noche, una novelita breve que realmente me marcó. Si no la habéis leído ya, no sé a qué esperáis. De verdad, merece mucho la pena.

Así que, claro, maravillada como estaba con la primera novela que había leído de este autor norteamericano, en cuanto supe que Literatura Random House publicaba una nueva novela suya no lo dudé. Era una apuesta segura. Y ya puedo confirmaros que sí que lo ha sido.

La canción de la llanura es el primer libro de la Trilogía de la llanura, inédita en España. Después del éxito que obtuvo el autor gracias a Nosotros en la noche y las maravillosas críticas que recibió, es normal que sigan apostando por él en España. Lo cierto es que, como lectora, había echado de menos su estilo. Y eso que solo había leído un libro suyo. Os hacéis ya una idea, ¿no?

El condado de Holt es el escenario de esta novela. Una pequeña comunidad rural de Colorado donde la vida transcurre sin muchos sobresaltos, o al menos aparentemente. Porque ya se sabe que cada casa encierra sus propias historias y eso es precisamente lo que le importa a Kent Haruf, la intimidad, lo que ocurre de puertas para adentro, esas historias capaces de definir a un lugar.

Así, conocemos a Guthrie, un profesor de instituto que trata de lidiar con la depresión de su mujer mientras se hace cargo de sus hijos, Ike y Bobby. O Maggie Jones, compañera de Guthrie y una pieza muy importante en su vida. Todas las historias se entrelazan entre ellas, Victoria Roubideaux, una adolescente embarazada a la que su madre ha echado de casa, acudirá a Maggie en busca de ayuda. Y así aparecerán los hermanos McPheron, un par de viejos solitarios que viven en una granja a veinte kilómetros del pueblo y que están muy acostumbrados a su soledad.

Como os decía, todas las historias se van conformando a través de los personajes que aparecen en esta novela, entrelazadas, como una gran telaraña, perfecta y brillante. Capaz de sostener toda la carga de estas historias.

Una de las cosas que más me gusta de este autor es su aparente sencillez y su maravilloso don para retratar personajes. Con Canción de la llanura ha vuelto a conseguir que me enamore de ellos, de los personajes que pueblan las páginas de esta novela. Hasta el punto de, ahora que he acabado este fantástico libro, quedarme un poco más vacía sin su compañía. Menos mal que esta vez sé que podré volver a disfrutar de ellos.

No es de extrañar que estuviera nominado al National Book Award y a Los Angeles Times Books Prize por esta novela. Aunque, realmente, no importan los premios. El mayor premio aquí es poder disfrutar de su prosa. Y qué bien que aún nos queda mucho más Haruf por descubrir.

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Voyeurs, de Gabrielle Bell

Voyeurs

VoyeursAntes de que existieran los friquis, los geeks, los nerds y todos esos términos de nuevo cuño que tan políglotas y modelnos nos hacen sentir, a los tipos como yo nos llamaban, sencillamente, bichos raros. Y mira que servidor lo era. De modo parecido a lo que le sucede a Gabrielle Bell, era capaz de provocar en aquéllos que me rodeaban sentimientos de irritación, compasión, confusión, miedo y muy moderada admiración (los bichos raros solemos ser un pelín más inteligentes que el común de los mortales, modestia aparte).

Una de las características de los bichos raros es que combinamos nuestra sociopatía con un incontenible anhelo de ser queridos. Así, mientras nada hace sentir segura a Gabrielle más que cuatro sólidas paredes, al mismo tiempo nuestra amiga se pasa las horas esperando en vano el tono de una notificación en sus cuentas sociales. Otro de nuestros rasgos es un completo desinterés por la vida privada de los demás, tan absortos como estamos con nuestras pajas mentales. En la primera escena de esta novela, vemos a Gabrielle buscando a todos los que hace un minuto estaban con ella celebrando una fiesta en un piso. Los encuentra en la azotea, mirando a la ventana del edificio de enfrente, donde una pareja se refocila en la cama. Acompañados de refrescos y patatas fritas, y con una actitud más analítica que excitada, comentan la jugada, mientras Gabrielle se queda con una cara de decir “¿de verdad soy yo la rara?”.

No resulta fácil decir de qué trata Voyeurs, si por “tratar de algo” queremos decir que un libro tiene un planteamiento, nudo y desenlace. La respuesta más evidente y sencilla es que en esta novela gráfica Bell nos narra su vida a lo largo de cuatro años, desde 2007 a 2010. Bien. Ahora, si tuviéramos que hablarle a alguien de nuestra vida en los últimos años, la inmensa mayoría de la gente se quedaría en viajes, novios, amigos, trabajo, quizá un par de bodas y algún funeral. Pero a los bichos raros, aparte de todas esas cosas, que también, se nos quedan en la memoria recuerdos y momentos mucho más importantes: una charla con nuestro gato, unas palabras que no dijimos pero que desarrollamos hasta convertirlas en nuestra mejor perorata, escenas que vivieron otros y de las que nos apropiamos con todo derecho, una pelea, una mirada, un puñado de fantasías y muchos temores. Todo lo cual, no me preguntéis por qué, nos conduce al convencimiento de que si somos bichos raros es precisamente porque somos incapaces de adaptarnos a la vida en una sociedad donde la mayoría son bichos mucho más raros que nosotros.

La composición de las viñetas, seis en cada página, sin primeros planos y con frecuencia cargados de detalles, es casi invariable a lo largo de la obra, y contribuye a acentuar esa sensación que atraviesa el libro: “esto es lo que hay, tan raro y tan habitual”. Parece como si estuviéramos delante de un formulario en blanco, que es la vida, y nos limitáramos a rellenarlo (aunque las páginas finales nos deparan una sorpresa). También el modo en que fue concebido inicialmente, como episodios sueltos publicados en su página web, hace que la historia parezca carecer de continuidad, de nuevo como las diferentes secciones de la declaración de la renta. Ya no vivimos la vida, parece decirnos Bell; la vida es simplemente una cosa que dejamos que nos suceda.

La grandeza de Voyeurs radica, por una parte, en esa disección personal y certera de una sociedad tan complaciente con su propio y anodino absurdo, y por otra, en ese ejercicio de ecce friqui que hace la autora, mostrándonos sin tapujos algunas de sus propias miserias, y haciéndolo, en todo momento con divertida resignación, esa resignación que, con los años y las canas, quizá se vuelva orgullosa reivindicación. Como alguien que yo me sé.

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Ordesa, de Manuel Vilas

Ordesa

OrdesaEn los últimos años he descubierto que cuanto más se sincera el autor en sus novelas mayor es la calidad que le ofrece al lector. Es fácil de entender, si hablo de mí y de los míos, por mucho que reforme mi propia historia, quiero mostrar lo mejor, pero sin buenismos, y mostrarlo de la forma más literaria y original.

Llevo tiempo siguiendo de cerca a Manuel Vilas, alias “El Gran Vilas”. A mí me gusta. Me gusta mucho el poeta y en ocasiones me ha costado un poco acercarme al Vilas más prosaico, si es que realmente lo hay. Pero aquí, en Ordesa, he encontrado el punto exacto, quizás ese punto de equilibrio en el que Vilas me ha ofrecido lo que seguramente me apetecía de él.

Ordesa es el acierto del autor. Cuando leí las 20 primeras páginas ya sabía que Manuel Vilas había acertado. Había arriesgado y había ganado. También sabía que había llegado el momento de abrir aquella botella de Enate Caberné que tenía guardada para una ocasión así de especial.

Manuel lleva mucho tiempo buceando por las profundidades de las reacciones humanas, lo ha hecho a través de la poesía, de la narrativa, de los artículos de viajes y del neoperiodismo de opinión pura o de pura opinión. El autor, que ha experimentado muy acertadamente con las redes sociales, ha llegado al fondo del lector de mediana edad, y no duden que llegará con este libro, Ordesa, incluso a los seguidores de redes sociales que no se acercan nunca a la literatura. Y la degustarán y la amarán y ya será lectores eternos.

Además, el autor de Barbastro ha hecho algo importante para la literatura, ha abierto las puertas de la poesía a miles de lectores no habituales. Pero no se preocupen, lo más probable es que nadie note que está ante el poemario de una vida. Porque lo que hay ante nuestros ojos es una novela, la historia en la que Vilas se nos presenta en forma de narrador, y ahí nos irá descubriendo las miserias humanas de nuestra particularísima generación X, esta que en España superó a la conocidísima Generación del Baby Boomer, o lo que es lo mismo, los nacidos en la primera mitad de los años sesenta.

Vilas, como todo buen poeta, es un explorador, ha viajado a EEUU y ha regresado hecho todo un Roth a la española… Mejor aún, un Auster, porque Manuel, como Auster, sí ha tenido la capacidad literaria de sorprenderme con Ordesa, que para mi gusto ha venido a rociarnos de frescura y a recordarnos que “si olemos a limpio es porque otros están sucios”. Incluso que unas veces podemos oler a limpio porque en otras ocasiones la vida nos ha hecho sudar la gota gorda.

Así suena el arranque de Ordesa.

“Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres humanos que pueden soportarlo, Yo nunca lo soportaré.

Nunca lo soporté.

Miraba la ciudad de Madrid y la irrealidad de sus calles y de sus casas y de sus seres humanos me llegaba por todo mi cuerpo.

He sido un eccehomo.

No entendí la vida.

…”

Si un poeta se desnuda en sus poemas, ¡imagínense un poeta escribiendo una especie de autobiografía! Poco importa si lo dicho es realmente cierto o no, lo que denota la escritura de Vilas es la honestidad de querer dar dándolo todo. Si no recuerdo mal, en una ocasión subió una analítica personal a facebook y la gente se volvió loca comentando y dándole al “me gusta”… No es de extrañar que ahora nos entregue el resto de sí mismo.

El libro es triste, en alguna ocasión he sonreído, pero mirándolo ahora desde el recuerdo, veo que tiene esa tristeza de saber que te enfrentas a toda una larga vida sin la dulce amargura del chocolate. El libro es triste y es bueno, y es bueno porque el autor ha hecho un trabajo literario único. Alguien de esta generación debía hacerlo, debía adentrarse en el interior de aquellos que hoy son o fueron hijos pero al mismo tiempo se están descubriendo como padres… La familia.

El amarillo es el pasado, pero creo que si hablamos del amarillo como el color de la muerte, también ha de ser presente y futuro. La muerte presente de forma constante en el libro porque la muerte forma parte de la vida. Y la vida puede ser muy larga cuando bebes agua con gas y te has criado en la ribera del Vero…

Me preguntan mis amigos que si merece la pena comprar el libro de Vilas, y yo les digo que hace tiempo que Manuel debía haber salido de pobre, compra uno para ti y regala otro a un amigo. Es un libro personal, un libro que he degustado en pocos días, un libro que ha quedado subrayado y con notas al margen, uno de esos que no podré dejar porque tras la lectura y las notas ya queda pesonalizado, tanto como la historia que nos cuenta el autor.

¿Qué si me gusta Ordesa?

Ordesa siempre será el mejor lugar para encontrarnos con nosotros mismos. Y si viajan a Ordesa con Ordesa en la mano, miel sobre hojuelas.

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El consejo, de Carlos Palanco Vázquez

El consejo

El consejoHace unos años, cuando estaba en segundo de Bachillerato, descubrí cuánto me gustaba la Filosofía. Era mi asignatura favorita y a la que más tiempo dedicaba por las tardes. Cada vez que estudiábamos un autor, acudía a la bibliografía complementaria para leer algo más sobre él. Cosa que, curiosamente, no me ocurrió con Locke, que no sé por qué, nunca terminó de gustarme. Será porque tampoco llegué a comprenderle del todo, cosa indispensable para poder estudiar su forma de pensar.

Cuando terminamos el curso, con la Selectividad mirándonos desafiante, nuestra profesora nos preguntó cuál había sido la técnica filosófica que más nos había convencido. Que si tuviéramos que escoger solo una para intentar solucionar los problemas del mundo, cuál sería. La mayoría de mis compañeros pasó del tema y se quedó mirando el cuaderno intentando que la profesora no preguntara al azar. Y otros cuatro o cinco empezamos a darle vueltas a la cabeza. Yo no he sido nunca de lanzarme, así que esperé a que la profesora me mirara para yo decir que mi corriente favorita era la mayéutica socrática. Si yo tuviera que solucionar los problemas del mundo, empezaría por ahí. Por el diálogo. Ya no solo para conocer a todos los que nos rodean, sino para conocernos a nosotros mismos, punto fundamental. Ya que si lo que queremos es arreglar el mundo, lo primero que tendremos que hacer es arreglarnos a nosotros mismos. Luego ya se verá.

Todo esto me ha venido irremediablemente a la cabeza ya que toda la historia que nos cuenta El consejo gira alrededor de la Filosofía. Nuestros protagonistas viven en el año 2020, en un país llamado Atlántika. Después de haber pasado por una gran crisis, el país va saliendo a flote poco a poco. Mientras tanto, un grupo de cinco personas (tres hombres y dos mujeres) recibirán una carta que les cita en un lugar donde se les revelará una importantísima misión: crear un libro que cambie la historia del país. Estas cinco personas, con grandísimas mentes, formarán El consejo y tendrán que apañárselas para ponerse de acuerdo en cuáles son las mejores decisiones para el Estado. Javier es uno de los miembros, profesor de universidad, filósofo e inconformista. Parece que ese trabajo está especialmente hecho para él.

Tendrán la difícil tarea de analizar todos y cada uno de los problemas que asolan el país e intentar darles la mejor solución, pero no será fácil ponerse de acuerdo. Y mucho menos cuando parece que hay una sociedad secreta que está tramando algo que puede afectar a las decisiones ahí tomadas.

Al final, Atlántika no deja de ser un reflejo bastante fiel de nuestra sociedad actual. Después de una crisis durísima y que ha azotado a todos y cada uno de los rincones de nuestro país, los cimientos económicos, políticos y sociales se han visto dañados. Hay que recomponer la estructura, sí, pero desde abajo. Empezando por el principio. En Atlántika tuvieron muchísima prisa y se consiguió salir de la crisis sacrificando algunas cosas que deberían ser intocables. Hablan de una bajada del paro, por ejemplo, pero a costa de ofrecer trabajos precarios con salarios y contratos irrisorios, cosa que, desde el punto de vista de los miembros de este consejo, es inadmisible. Por eso, cuando leemos esta novela, no podemos evitar comparar su situación con la nuestra propia y analizar, a la vez que los protagonistas, todos los monstruos que asolan a nuestra sociedad.

El consejo es una novela del autor pacense Carlos Palanco Vázquez. Después de una vida entera dedicada a la Medicina, en 2014 publica su primera novela de ficción, Las tres llaves, aunque la vocación ya venía de antaño, ya que también se dedicaba a escribir artículos médicos y relatos cortos.

Cuando leo un libro me gusta indagar un poco en la vida del autor. Saber de dónde viene, a qué se dedica cuando no está escribiendo, qué es lo que le ha llevado a escribir esa novela… en fin, cotillear un poco. Y me quedé muy sorprendida cuando leí que Carlos Palanco estudió Medicina y que actualmente es cardiólogo. Y digo esto porque yo me imaginaba que este escritor sería un catedrático de Filosofía o algo así. Básicamente porque en su libro la Filosofía es lo principal y las conversaciones que tienen los personajes giran todo el tiempo a su alrededor. La crisis social, económica y política que vive Atlántika es analizada desde muchas corrientes filosóficas, que se pueden entrever en las conversaciones de los protagonistas que forman El consejo. Yo me imaginaba que Carlos Palanco sería un profesor universitario, como Javier, pero ya veo que no, no podía estar más equivocada. Así que bravo, porque conseguir escribir un libro como este, en el que la Filosofía lo es todo, sin dedicarte profesionalmente a ella, merece todo mi respeto y admiración.

En cuanto a la narración, es una obra ligera, pese a que puede parecer lo contrario. No paro de decir que la Filosofía es lo principal y eso puede dar a entender que el libro es aburrido y tedioso. Pues no, para nada. Poco a poco nos vamos metiendo en los problemas de Atlántika, siendo partícipes de ellos. Las páginas van pasando y nos descubrimos opinando sobre esos problemas. Pensamos en qué haríamos nosotros si tuviéramos el poder que ellos tienen (al fin y al cabo, son ciudadanos normales y corrientes, no políticos con un alto puesto ni nada por el estilo), qué cambiaríamos, qué mantendríamos, a qué le daríamos unas cuantas vueltas… Y eso al final es precioso y no deja de ser el método de la mayéutica socrática que mencionaba al principio. Cuestionar y cuestionar y, a través del diálogo, descubrir y descubrir.

Así que no penséis que es un libro sin acción, porque esta va aumentando a medida que pasan las páginas. La trama se entremezcla con puntos de misterio que resultan muy interesantes y que hacen que queramos leer más y más.

En cuanto a los personajes, Javier está muy bien desarrollado. Al final digamos que es el que nos está contando toda la historia y con el que más complicidad tenemos. De los otros personajes tenemos menos información, incluso de un par de ellos al principio solo se nos dan unas pinceladas, y esto provoca una sensación: duda. No sabes cómo son, ni cómo piensan. Y por lo tanto no sabes si puedes fiarte de ellos o si su forma de pensar arruinará todo el plan. Eso me ha gustado especialmente, ya que en mi cabeza he podido hacerme una idea de cómo era el resto de personajes, para ir desvelando poco a poco sus verdaderas identidades, así como en el juego Quién es quién.

Si le tengo que poner una pega, es que el autor le tendría que haber dado una vuelta más a la corrección ortográfica. Si este pequeño fallo se pule en las siguientes ediciones, estoy segura de que será un libro que venda muchísimos ejemplares. Eso quiero y deseo para este autor que ha demostrado que sabe de lo que habla y que ha llegado al mundo de la escritura para quedarse.

En primero de Bachillerato tuve el mejor profesor de Filosofía que se puede tener (con respeto de mi profesora de segundo). Eugenio, se llamaba, “el bien nacido”. Él nos enseñó que la gente que gobierna a un pueblo debería ser siempre y ante todo, filósofa. Los políticos deberían estudiar obligatoriamente Filosofía. Deberían aprender a pensar. A analizar los problemas, comprenderlos y darles una solución lógica. Si siguiéramos ese consejo, y el que nos da Carlos Palanco, estoy segura de que ahora no estaríamos donde estamos. No lo sé, ¿tú qué opinas?

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Microterrores, de Diego Palacios Marxuach

Microterrores

Microterrores

Que Diego Palacios Marxuach es un buenísimo, imaginativo y audaz escritor de terror ya lo sabíamos; lo demostró con creces en su original novela vampírica Valeria, que nos hizo creer que lo más terrorífico puede existir en, con y a la vez que lo más cotidiano, lo más normal, lo menos gótico y exótico. Ahora, este autor viene a demostrar otra cosa: que, a lo ya antedicho, hay que sumarle encima la cualidad de la

eficacia y la rapidez de pluma, la capacidad de defenderse con igual horrorífica destreza en las distancias cortas del microrrelato que en las largas de la novela.

En un relato corto no caben los trucos baratos, los golpes bajos, los intentos de enmarañamiento al respetable tirando de argumentos varios, de callejones sin salida y de profundizaciones en el dramatis

personae. El autor falto de inspiración, de entusiasmo o de inventiva no tiene, en los relatos cortos, tramoyas donde esconderse, prestidigitaciones para distraer la atención del lector y dirigirla hacia lo superfluo. Una novela mediocre puede llegar a parecer, por momentos, hasta buena, no digamos ya entretenida y satisfactoria, si se sabe sacar buen partido de los múltiples elementos narrativos de los que dispone el autor de hábil pluma. En los relatos sólo está el autor contándole un cuento al lector, en un espacio vacío y con un tiempo limitado. En los microrrelatos, se acorta el tiempo disponible, la desnudez es absoluta. Si el relato es un cuento narrado a la luz de una hoguera de campamento, el microrrelato es casi un duelo entre lector y autor. Si, además, el género del que participa el microrrelato propicia o incluso exige cierto grado de sorpresa en el desenlace,  nos encontraremos con un subgénero muy  tentador, en principio, ya que parece ofrecer resultados con poco esfuerzo; pero, en cambio, engañosamente sencillo, y, en realidad, tan exigente como una narración de cualquier extensión.

En Microterrores, Diego Palacios muestra su desenvoltura y sus refrescantes dosis de descaro al enfrentarse a tan complicada (mínima) extensión, y nos proporciona un buen puñado de agradables

sustos. En cualquier género, y quizá más acusadamente en el de terror, todo está inventado, y por ello no diremos que las sorpresas sean imprevisibles e impredecibles en todos los casos; sin embargo, igual que cuando escuchamos una leyenda urbana de corte macabro que hemos oído mil veces con anterioridad –la de la pareja de novios adolescentes que oyen un chirrido metálico en la capota del coche al mismo tiempo que escuchan la noticia sobre el loco asesino fugado del manicomio, la de la niña que asoma el brazo desde debajo de las sábanas para que su (supuesto) perro le lama la mano para reconfortarla –, cada reencuentro con esa situación, esos miedos, esos desenlaces que ya sabemos, nos proporciona el mismo escalofrío, mezcla de  horror y de alivio, que los amantes del género de terror tan bien conocen. Diego Palacios repasa y revisita en sus Microterrores los miedos clásicos, contextualizándolos en la época actual –con presencia de series televisivas de moda, artefactos tecnológicos novedosos, solitarias vidas urbanas, relaciones asépticas y muy civilizadas…– así como en escenarios y ambientes recurrentes y siempre eficaces: la casa misteriosa, el bosque, la noche, la soledad, lo inexplicable. Lo exclusivamente presente y lo inevitablemente eterno se unen para dar cobijo a lo atávico, combinando terrores de siempre y terrores disfrazados de contemporaneidad, perfectamente situados en un mundo y en un tiempo que parece haber desterrado lo sobrenatural y lo terrorífico, incluso desdeñándolos. Si se adereza todo ello con un negrísimo sentido del humor hijo de la irreverencia y del desparpajo, el

resultado será Microterrores, una lectura atrevida y original para un habitante de un mundo que vive deprisa y que prefiere sus narraciones en forma de episodios, como ráfagas de estímulos, en este caso, escalofriantes.

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Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov

Muerte con pingüino

Muerte con pingüinoHace falta tener mucho talento para hacer de un pingüino dotado de las habilidades de un pingüino y con el carisma propio de un pingüino un personaje fundamental de un texto. Es necesario ser un escritor descomunal para convertir la presencia de un pingüino deprimido en una influencia trascendental en una novela hasta el punto de que me atrevo a decir que Muerte con pingüino, sin ese ave que ni siquiera vuela, no sería Muerte sin pingüino, sino que no sería.
Por cierto, antes de que la reiteración les ahuyente, me comprometo a moderarme con el uso del término pingüino, que probablemente haya escrito hoy ya más veces que en el resto de mi vida.
Pues esta magnífica novela de Andrei Kurkov destila personalidad desde antes de abrirla, el diseño de cubierta no deja indiferente y todo lo que encuentra uno después, menos. Retrata una Ucrania postsoviética, un país que desde luego no nada en la abundancia si no consideramos como tal el exceso de violencia. Pero no es truculenta, no sé si es la particular influencia de ese pequeño ser en blanco y negro la que hace que todo se viva con un tamiz de aparente sosiego, de espectador. Hay violencia, muere gente, incluso el protagonista sospecha que él mismo tiene algo que ver en muchas de las muertes, pero realmente lo asume como algo inevitable. No es que sea insensible, hay otras cosas que le causan irritación, pero aquello que le rodea en lo que no puede o no quiere intervenir directamente, lo inevitable, no le afecta más allá de una cierta curiosidad. Debe ser cosa del frío.
Con un tono entre divertido y contundente, el autor de Muerte con pingüino nos hace conocer una realidad ciertamente terrible, un país en el que la violencia y la corrupción campan a sus anchas, pero que a la vez tiene cierto encanto. Sorprendente si quieren, pero muy atractivo. El punto de partida, un escritor arruinado que convive con un pingüino (de cuando en el zoo repartieron animales porque no podían darles de comer) comienza a ganarse la vida escribiendo esquelas, estelas en el especial lenguaje del libro, con una pequeña particularidad: los protagonistas están aún vivos en el momento de escribirlas. Y el “aún” es importante porque pese a que son todos personas importantes, sin problemas de salud y en plenitud de facultades, comienzan a morir.
Con las muertes comienzan a suceder cosas extrañas, la vida de Viktor se convierte en una existencia mucho más extraña si cabe de lo que cabe imaginarle a un escritor sin éxito cuya mascota es la que ya se ha expuesto. Las cosas parecen irle objetivamente bien personal y profesionalmente pero en realidad todo es falso, no hay más certeza que la de seguir vivo mientras se sigue.
Qué quieren que les diga, Muerte con pingüino me ha parecido una novela excelente, no sólo por su ritmo y su originalidad, sino por su capacidad de contar cosas cuando aparentemente se cuentan otras, por los diferentes planos de lectura, pero sobre todo por la gran calidad del texto. Léanla, encuentren el valor metafórico del ave en cuestión, conozcan otras realidades, pero sobre todo disfruten. El libro lo merece.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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La Bella Durmiente, de Lola Moral y Sergio Sánchez

La Bella Durmiente

La Bella Durmiente Hay historias que hemos leído, visto y escuchado mil veces, por ejemplo, La Bella Durmiente. Sin embargo, eso no quiere decir que conozcamos de verdad este cuento. La mayoría de personas no tienen ni idea de que el primero en escribirlo fue el italiano Giambattista Basile y que su título original era Sol, Luna y Talía. Aunque muchos sí conocen las versiones posteriores de Charles Perrault o de los hermanos Grimm. Y, por supuesto, prácticamente todos han visto el musical edulcorado de Disney… o alguna vil copia de este. Sin ir más lejos, yo. Sí, lo confieso: la primera película que vi de La Bella Durmiente fue una versión cutre que venía de regalo en algún producto del Carrefour. Y la vi varias veces, además. Años después (muchos), vi la versión Disney, tratando de saldar cuentas pendientes con mi infancia; y al poco tiempo, me regalaron un libro electrónico en el que iba incluido el cuento de Perrault, y fue de los primeros que leí. Nada que ver con el film de 1959, claro.

No es que prefiera las versiones macabras de antaño (que se pasan siete pueblos, hay que reconocerlo), pero es que la famosa película de Disney es demasiado de ñoña y hace un flaco favor a la protagonista: Aurora es la princesa Disney con menos frases de diálogo. Por eso me atrajo la revisión del cuento recientemente publicada por la editorial Dibbuks, que prometía darle un giro actual al archiconocido cuento de La Bella Durmiente.

A través de las ilustraciones de Sergio García y el guion de Lola Moral, por primera vez conocemos la historia de la Bella Durmiente de la mano de su protagonista. ¡Y ya era hora, eh! Porque resulta que esta princesa es de lo más simpática e inteligente, y ese es uno de los puntos fuertes de esta versión: el sentido del humor (con el que los adultos conectarán incluso más que sus hijos). El otro punto que merece ser destacado es su cuidada edición: una concertina de ocho cuerpos en cartoné y a color que desplegamos para contemplar la vida de Talía (el verdadero nombre de la Bella Durmiente) en un solo vistazo: desde su milagroso nacimiento, su desastroso bautizo y sus años de sueño hasta su despertar, cien años después, y las periódicas visitas de príncipes, a cada cual peor que el anterior.

La Bella Durmiente de Lola Moral y Sergio García es un cuento infantil que se lee en un momento, pero su capacidad de abrir la mente a grandes y pequeños es inmensa. A los mayores, porque nos damos cuenta de lo ninguneada que había estado esta protagonista en las infinitas versiones de su historia; y a los pequeños, porque rompe con los absurdos estereotipos que los cuentos han transmitido durante generaciones y les muestra, por fin, a una princesa autosuficiente y dueña de su destino.

No es esta la primera actualización del cuento de La Bella Durmiente ni mucho menos, pero sin duda es una actualización genial que merece ser leída. Ni la historia macabra de Perrault, ni la adaptación low cost que regalaba el Carrefour ni la ñoña versión Disney: La Bella Durmiente creada por Lola Moral y Sergio García se ha convertido en mi versión favorita de este clásico cuento de hadas.

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El Jinete de la Tormenta, de Darío Lozano

el jinete de la tormenta

el jinete de la tormentaCreo que es conveniente que comience esta reseña destacando que El Jinete de la Tormenta, la primera novela (publicada) de Darío Lozano, es una historia divertidísima. Ni por el título ni por la portada me lo hubiera imaginado, ni siquiera por la sinopsis, pero esa ha sido la razón principal por la que me ha atrapado desde la primera página y por la que la he echado de menos cuando no encontraba un hueco para leer.

Yo, que no soy de risa fácil, valoro mucho cuando un libro me hace disfrutar de esa manera. Y es que la forma de ver la vida de Víctor, el narrador de esta historia, recuerda mucho al inolvidable detective sin nombre de las novelas de Eduardo Mendoza, y las rocambolescas situaciones a las que se enfrenta durante el turno de noche del gran hotel donde trabaja, también.

Si El Jinete de la Tormenta se hubiese quedado en un divertimento, ya hubiera quedado plenamente satisfecha, pero es que además es una novela compleja. Solo hay que leer la sinopsis, todo un rompecabezas, para verlo:

«Víctor es una joven promesa de la hotelería que ha sido contratado por el mejor hotel de Madrid para el turno de noche. Convencido de su inminente ascenso a director general, se ha comprado un coche acorde al puesto.
Víctor es un cincuentón divorciado, calvo, gordo y exconvicto, que quema su vida entre un cochambroso apartamento de alquiler de treinta metros cuadrados y su trabajo en el turno de noche de un geriátrico.
Sí, hablamos del mismo Víctor.
El mejor amigo de Víctor es un excéntrico multimillonario, dueño de un pueblo en la costa gallega, acusado de secuestro y pederastia.
Ricardo Espaldier es el seudónimo con el que firma sus novelas el enigmático creador del espía Crusat, una suerte de James Bond español que revienta el mercado con cada nueva publicación y su posterior adaptación cinematográfica.
Ricardo Espaldier es el mejor amigo de Víctor.
Esteban Buonote es un filósofo misántropo que llegó a publicar dos ensayos de escasa tirada por los que los coleccionistas pagan cantidades desorbitadas. Afirma que los Jinetes del Apocalipsis son siete y una vez llegó a ver al quinto: El Jinete de la Tormenta.
Esteban Buonote es Ricardo Espaldier.
Nadie sabe quién es Erika».

Darío Lozano ha sabido manejar a la perfección el ritmo de esta historia, que transcurre a lo largo de tres décadas, aproximadamente, desvelando poco a poco las múltiples caras de los tres personajes protagonistas. Y me resulta sorprendente cómo ha sido capaz de pasar del humor más desenfadado al drama más crudo como si nada, consiguiendo que no me descolgara de la historia por ello y que ni siquiera me chirriara ese radical cambio de tono.

Porque El Jinete de la Tormenta es la historia de la amistad que va surgiendo entre un recepcionista de hotel y un excéntrico escritor a través de encuentros de lo más surrealistas; pero también es un relato descarnado sobre el abuso infantil y el descenso a los infiernos de las drogas y el alcohol. Y por si esto fuera poco, destila amor por los libros en cada página, algo que los bibliófilos como yo siempre agradecemos: anécdotas literarias reales y constantes referencias a cómics, best sellers y clásicos, todo ello aderezado con reflexiones sobre el proceso creativo y sobre los claroscuros del mundo editorial y los medios de comunicación sensacionalistas. Vamos, uno de esos libros que se acaban con una sonrisa y que dan para debatir y recordar durante mucho tiempo.

Por eso, no quiero acabar esta reseña sin felicitar a Darío Lozano por este excepcional debut literario y, de paso, aprovecho para darle las gracias por haberme hecho pasar tan buen rato. No pienso perderme sus próximas publicaciones y estoy segura de que si vosotros os atrevéis a descubrir El Jinete de la Tormenta, tampoco lo haréis.

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