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El Asco, de Grant Morrison y Chris Weston

el asco

el ascoBienvenidos a El Asco, yo seré su guía.

Ahora se deben estar preguntando qué es El Asco. Déjenme que les ilustre: somos una agencia secreta con jurisdicción para operar en todo el mundo. Piensen en cualquier agencia gubernamental, cuerpo de seguridad u organismo oficial. Ellos son una panda de simples pelagatos. Nosotros somos la autoridad. Nosotros dictamos y ellos obedecen.

Pero, ¿a qué se dedica El Asco? Buena pregunta. Veo que están ansiosos por saber. El Asco es la última línea de defensa entre el orden establecido y la anarquía más irreverente o el libre albedrío más inmundo. Nosotros mantenemos el Estatus:Q. Nosotros nos ocupamos de que se mantenga el precario equilibrio sobre el que se sustenta la sociedad. Somos el sistema inmune de un cuerpo que es constantemente atacado por una miríada de bacterias y virus que podrían hacernos enfermar. Debemos mantener el control. Someter, oprimir, dominar…. Y para ello tenemos a nuestra disposición a los mejores agentes. Todos se deben a La Mano. “La Mano da y recibe. La Mano golpea. La Mano señala. La Mano acaricia. La Mano invoca.” La Mano es la encargada de limpiar la suciedad de este infecto culo que es el mundo. Luego podrán darnos las gracias, ahora déjenme continuar. Por cierto, recuérdenme que les hable de Dmitri 9, nuestro chimpancé comunista que asesinó a JFK.

Lo que les estoy entregando es un manual. El Asco de Grant Morrison y Chris Weston. Léanlo bien, con detenimiento. Una, dos, tres… las veces necesarias para asimilar el mensaje. A Grant Morrison, guionista y mago del caos natural de Glasgow, lo conocerán por obras tan brillantes como All Star Superman, We3, Los Invisibles o El Multiverso. Si ya han tenido el placer de embarcarse en alguno de sus psicodélicos viajes ya saben a lo que se atienen, si no, relájense, disfruten y dejen a mano un paracetamol. La Mano da y recibe. Él será el encargado de relatarnos la historia de nuestra agencia. Algo que logrará a través de las vivencias de nuestros agentes; en particular desde el punto de vista de Ned Slade, anteriormente conocido por su parapersonalidad de ocio Greg Feely. Un tipo mediocre, con su gato Tony como único amigo y los constantes gemidos de las películas pornográficas que emiten por televisión como único calor humano. “Unnh, fóllame con tu trofeo de ajedrez, Liam.” La Mano acaricia. Hallarán entre sus páginas, sí, veamos… vayan a la página 33 por favor, que Ned sufre un grave caso de amnesia. Así que mientras él intenta recordar quién es realmente, aferrándose a los jirones de su cordura para no caer en la demencia, ustedes serán testigos de sus aventuras. Divertido, ¿verdad? Para ustedes, no para el pobre bastardo de Greg Feely.

Déjenme advertirles que las aventuras de nuestro agente Slade son como una hedionda y retorcida versión de Los viajes de Gulliver. Viajarán, como así lo hizo el cirujano y capitán de barco creado por Jonathan Swift, a mundos extraños que no serán más que una excusa para satirizar la forma de pensar, sentir y actuar de los seres humanos. ¿Está el humano endiosándose a través de la tecnología? ¿El progreso de una sociedad está irremediablemente ligado a la caída y resurgimiento de esta? ¿De qué medios se valen los poderes fácticos para manipular nuestras vidas? ¿Nuestra capacidad de raciocinio sale indemne tras visionar una televisión podrida de juicios de valores? ¿Qué es la locura? ¿Estamos todos un poco locos? No, no me miren a mí. Lean El Asco. Busquen sus propias preguntas. Hallen luego sus propias respuestas.

Mientras tanto, continuemos con esos viajes, con esos personajes, mundos y seres abominables. Observen como la representación gráfica creada por el ilustrador Chris Weston nos recuerda a los cómics de mediados de los noventa: trazo duro, sombras remarcadas, con un detallismo sublime en lo desagradable y lo grotesco. Rostros repletos de arrugas, torsos masculinos de pelos retorcidos, secreciones humanas, gore sin mesura y desagradables escenas de sexo. Una perfecta conjunción entre lo feo y lo colorido, con las tonalidades más estridentes para mostraros a un puñado de agentes que, pertrechados como The Beatles en Sgt. Pepper’s, acaban siempre enfrentándose a casos dignos de una novela de espías. Si no fuera por esas montañas de basura pornográfica. Revistas con títulos tan sugerentes como: Sexo lésbico, Jovencitas cachondas, Chochos, Le dan por detrás. O por la posibilidad de atravesar la cuarta pared al visitar el Papelverso, donde los superhéroes no son más que un puñado de tinta bien ordenada sobre papel satinado. ¿Y qué me dicen de El desierto de piel muerta, en donde los ácaros son del tamaño de un camión volquete? Y hablando de camiones, observen en las últimas páginas de El Asco, déjenme ver… sí, a partir de la página 319, los bocetos de nuestro ilustrador para crear todos esos vehículos que son mitad metal mitad material orgánico y que parecen surgidos directamente de una de las películas del director David Cronenberg.

Para finalizar este itinerario déjenme que les haga unas recomendaciones: Mastúrbense. Dejen que el semen seco acartone sus calzoncillos. Introduzcan sus dedos en su húmeda vagina. Gocen. Que el fluido inunde sus bragas. Disfruten. Visionen a diario Telecinco. Sigan con su deprimente vida. Sean sumisos. Cuiden a sus piojosas mascotas. Tengan un hijo o dos. Hipotéquense. Lean La Razón. “Nos aseguramos de que duermen mientras actuamos…” No lean algo inteligente como El Asco, podrían acabar pensando. No pidan a ECC que continúe publicando cómics tan magníficos en un formato de tanta calidad, podrían seguir haciéndolo. Olvídense de Morrison. Olvídense de Weston.

“Prepárate para la inoculación. Ten a mano la bolsa para el mareo. Esto es El Asco.”

Espero que hayan disfrutado de la visita. Hasta la próxima.

Olvídense de mí.

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Todos marcharon a la guerra, de David Vogel

Todos marcharon a la guerra

Todos marcharon a la guerraHay amigos que a nivel de gustos literarios ya me conocen. Llevo muchos años hablando de libros, de mis lecturas y de las sensaciones que me producen; así que ya sabía que esta lectura, que ha sido un regalo de uno de ellos, sería muy especial… Y lo ha sido.

Conocía la editorial, ya les he traído algunos libros de ella, Xordica no edita cualquier cosa, cada una de sus obras es una joya, por eso suelo estar atenta a sus novedades y esta ya estaba en mi punto de mira. Como no conocía al autor me había documentado un poco sobre él y después resultó que no hacía falta pues el propio libro ofrece lo necesario para entender a qué se enfrenta uno con esta lectura y sobre todo nos muestra quien era David Vogel.

El autor ha resultado ser, ante todo, un poeta, y con este libro un narrador espectacular. Nació en Ucrania en 1891, pero ya en 1912 decide trasladarse a Viena para avanzar en su deseo de crecer como escritor y darse a conocer como poeta, también tomará una decisión que será trascendental en su vida y en su obra, decidirá escribir todo en hebrero, cuando lo mejor en aquel momento hubiese sido decidirse por el alemán, ya que por motivos geopolíticos era el idioma predominante en Centroeuropa, además de que sus primeras novelas están precisamente ambientadas en Viena, allí vivió la Primera Guerra Mundial y de hecho llegó a conseguir la nacionalidad austriaca.

Pero la vida, tras aquella terrible experiencia de la guerra, le lleva hasta París, aunque será por poco tiempo ya que emigró a Palestina con su segunda mujer. No logra adaptarse y regresa a Europa, donde tras una temporada en Polonia se traslada posteriormente a Berlín. Imagino que dada la situación política decide finalmente regresar a París, y allí se encuentra ese 3 de Septiembre de 1939, día en que Francia declara la guerra a Hitler, y con esa misma fecha comienza Todos marcharon a la guerra.

Es curioso lo difícil que era ser europeo en una Europa tan cambiante. Vogel, que había estado retenido en el centro de internamiento de Bourg por su condición de austriaco, o lo que “era” lo mismo en ese momento, alemán, pasase a ser un judío más en los campos franceses de Arandón y Loriol, para terminar en un tren camino de Auschwitz donde tendría el mismo terrible final que millones de personas.

Todos marcharon a la guerra, sin lugar a dudas me ha resultado muy interesante, y claro que me recuerda a Suit francesa de Iréne Némirosky, cada una de ellas me ha aportado una visión muy cercana de la situación vivida en Francia desde los momentos previos a la declaración de Guerra por Francia y posterior invasión de Hitler. Y los judíos, que no sé porque los nombramos de forma general, porque al leerles así, de forma individualizada, vemos que son mucho más que un pueblo, son seres humanos diferenciados, como lo somos cada uno de nosotros, con nuestros miedos y nuestras esperanzas, con nuestras bondades y nuestras miserias.

Interesante desde el punto de vista histórico no me cabe la menor duda, pero es que además nuestro autor nos deja narrados sus últimos años de vida con una estupenda estructura narrativa y una gran calidad literaria ¡Cuánta información de las condiciones de vida en los campos franceses! Y sobre todo, que bien refleja el deterioro humano según se va privando a cada uno de ellos de su dignidad. Cómo uno va dejando de ser un nombre y se convierte en un número ¡Qué bien nos lo describe Vogel! Y creo que casi saberlo. Es como si se hubiese propuesto ser un espectador externo con el fin de poder ser claro con el momento histórico que Francia les está haciendo vivir.

Coincide en su periodo de internamiento con algunos españoles comunistas a los que los franceses mantienen en barracones separados, y sí, hay alguna conversación sobre nuestra Guerra Civil, sobre como se había seguido porque todos tenían claro que era algo más que una guerra fraticida local, y como había hecho posicionarse a algunos de los compañeros de Vogel…, el comunismo, la socialdemocracia…
Pasado el tiempo van cambiando también las conversaciones y ya se empieza a hablar de comida, de frío, de piojos… Y así, poco a poco ya solo se piensa en sobrevivir un día más, se había perdido ya toda esperanza.

Nunca hay que dejar de leer a estos autores que nos han contado, así, casi sin querer, esta parte de la historia que nadie más nos podía relatar, porque nadie más lo ha vivido, porque nadie puede contarlo mejor que ellos, si además lo hacen de una forma tan bella y literaria como lo ha hecho Vogel, mejor, porque la historia no es agradable pero trasformada en buena literatura puede, al menos, resultar más digerible.

Yo les recomiendo su lectura, a través de la lectura de estos libros podemos encontrar mucha verdad, podemos conocer mejor al ser humano, es este un bello testimonio porque hemos tenido la suerte de que nos lo cuente un gran escritor, pero no hay que olvidar que es un testimonio veraz de una historia terriblemente real.

Podría dejarles aquí un trocito de Todos marcharon a la guerra, un pequeño fragmento, un simple párrafo, pero prefiero dejarles uno de sus poemas, por si a través de él, logro convencerles mejor de que se acerquen a esta parte de la historia que nadie más les podrá contar.

Ciudades de mi juventud.
Ahora a todas ya las he olvidado
y a ti en alguna de ellas.

En un charco, descalza,
aún bailas chapoteando frente a mí
y mira – de seguro estás muerta.

Cómo ansié escapar
de mi lejana infancia
hasta esta blanca mansión de la vejez,
tan grande y tan vacía.

Nunca regresaré
al punto de partida.
Jamás volveré a verte
ni a aquel que alguna vez fui.

A la distancia,
la senda de los días
continuará alejándose,
de la nada a la nada.

Sin mí.

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Por compasión, de Bryan Stevenson

Por compasión

Por compasiónEste es uno de esos libros que hacen que el lector se plantee una gran cantidad de reflexiones. La menos importante se refiere al título porque aunque el autor defiende algo que va mucho más allá de su labor como abogado y que no sólo debería arraigar en los tribunales sino sobre todo en la sociedad, algo que desde luego podría ser compasión y que bien podría resumirse en una frase que repite en muchas ocasiones: todos somos más que lo peor que hemos hecho, lo cierto es que lo que se expone en Por compasión es en realidad una cuestión de justicia. Del concepto de justicia, no del entramado burocrático que debería estar a su servicio y que en realidad sirve a otros intereses y que se ha convertido en un negocio más. Porque es una cuestión de justicia que un inocente cuya inocencia es claramente demostrable no pase la mitad de su vida en el corredor de la muerte. Porque es una cuestión de justicia que una madre no sea condenada a cadena perpetua sin posibilidad de revisión porque sufra la desgracia de que un hijo le nazca muerto o porque su pobreza le haga comprar regalos de navidad para sus hijos con un cheque sin fondos. Una sociedad democrática no debería asumir como propio el lema que inspiró la política penitenciaria de Stalin: es preferible tener mil inocentes en las cárceles que un culpable en la calle. La justicia debe estar al servicio de la sociedad y no al del negocio penitenciario o al de los intereses electorales de jueces y policías locales.
Bryan Stevenson nos muestra en Por compasión cómo el sistema legal de su país, Estados Unidos, y concretamente de los estados del sur, ha pervertido su espíritu hasta el punto de convertirse en un agente de injusticia, en una herramienta de discriminación por razones de raza, de género y de situación económica, un sistema que trivializa la pena de muerte o la privación permanente de libertad utilizándola para castigar delitos de gravedad más que discutible y en la que la presunción de inocencia sencillamente no existe. No si eres pobre y perteneciente a alguna minoría racial.
El autor es fundador de la EJI (Equal Justice Initiative), una organización sin ánimo de lucro que presta atención legal a personas en el corredor de la muerte o condenados a prisión permanente, convictos mayoritariamente negros y generalmente pobres que estadísticamente son el grupo mayoritario en esas circunstancias. Con el relato de su experiencia personal y la exposición de algunos de los casos que ha defendido, con éxitos y fracasos, nos introduce en un mundo profundamente represivo, en el que el ojo por ojo es un chiste porque el castigo es desmesuradamente mayor que el delito y en el que las garantías democráticas no siempre existen. Me dirán que Por compasión es una muestra de que la justicia sí funciona porque el autor muestra casos en los que logró sacar del corredor a sus clientes, demostrando su inocencia o consiguiéndoles una condena proporcional a su culpa, pero no es así. No lo es porque hay muchos casos en los que no lo logra, pero sobre todo porque el problema es de concepto. Se asume como algo normal hacer que alguien pase cincuenta años condenado a muerte por un delito que no ha cometido, cosas que pasan y para las que no existe en muchos estados previsto ningún tipo de indemnización, no hablemos ya de peticiones de disculpas. Uno de los más crueles ejemplos de la deshumanización de ese sistema es el caso de Walter McMillian, no sólo porque pasó décadas en el corredor de la muerte por un crimen del que era palmariamente inocente, no sólo porque fuese condenado con pruebas notoriamente falsas o porque fuese recluido en el corredor de la muerte incluso antes del juicio para presionarle y obtener una confesión, no sólo porque hubiese innumerables testigos que acreditaban su inocencia, el detalle verdaderamente macabro es que cuando por fin se demuestra su inocencia y sale a la calle, pese a ser una persona amable y pacífica, cuando sufre un accidente que acelera el proceso de demencia que padece, ninguna institución le presta los servicios que necesita porque el hecho de haber pasado por la cárcel le convierte en alguien peligroso por definición. Aunque su paso por la cárcel estuviese injustificado y su inocencia se probase. O un niño de trece años con discapacidad intelectual acusado de un crimen del que era inocente que pasó los siguientes trece y alguno más de propina no sólo en la cárcel sino en aislamiento. O unas madres a las que se las condena por asesinato por sufrir un aborto espontáneo.
Por compasión es un libro profundamente emocionante, conmovedor, no es una exposición fría de datos, no cuenta casos sino vidas y está narrado con un notable talento y una profunda humanidad. Pone al descubierto un sistema de justicia en el que la sombra de la duda pesa más que la presunción de inocencia y la simple acusación por parte de la policía ya es una sombra de duda insuperable para según que acusados, pero sobre todo habla de las vidas que hay detrás de esas historias. Bryan Stevenson es un buen narrador, consigue no sólo transmitirnos su trabajo y su experiencia vital, nos hace conscientes de las disfunciones del sistema que denuncia, logra emocionarnos y hacernos parte de una realidad que en principio nos es ajena. El subtítulo de este libro es “la lucha por los olvidados de la justicia en Estados Unidos” y tal vez sea esa una buena forma de definir esta obra, la memoria de la justicia. Bryan Stevenson recuerda lo que la justicia de su país quiere olvidar o hacer que los ciudadanos olviden o desconozcan y es por tanto si no una garantía al menos es una esperanza para muchas personas para las que la ausencia de esperanza forma parte intrínseca de su condena.
Todos somos más que lo peor que hemos hecho en nuestra vida, también somos más que lo mejor que hemos hecho pero es gratificante conocer las cosas buenas que hacen algunas personas como Bryan Stevenson. Leer sobre ellas es mucho más que informarse, mucho más que emocionarse.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Sorteo libros y bibliotecas

Estos son los ganadores del Sorteo Libros y Bibliotecas. ¡Enhorabuena a los premiados! Nos pondremos en contacto con vosotros para haceros la entrega de los premios. Gracias a todos por participar.

 

    • Acude a tu biblioteca pública municipal, universitaria o del Estado (sorteo solo válido para España) más cercana y busca un cartel como este. Si no encuentras el cartel, pregúntale a tu bibliotecaria, lo puede descargar directamente desde aquí: (Cartel pequeño, cartel grande). Las bibliotecas pueden participar libremente sin compromiso, avisando de su participación en contacto@librosyliteratura.es

 

 

  • Hazte una foto en la biblioteca en la que se vea el cartel y uno de estos libros:

 

 

Puedes llevar el libro tú, e intentaremos que haya alguno disponible en todas las bibliotecas. ¡Pregúntale a tu bibliotecaria! Es obligatorio que aparezca en la foto el cartel y la portada del libro. Es opcional que aparezca la persona participante o la biblioteca.

 

  • Sube la foto a Twitter o Instagram con el hashtag #LibrosyBibliotecas y el enlace a las bases: http://bit.ly/librosybibliotecas y cita a @librosylit.
  • ¡Ya participas en el sorteo de 10 lotes de 18 libros valorados en 300€! Si no tienes twitter ni Instagram, puedes enviarnos la foto a través del siguiente formulario:

BASES

  1. Destinatarios: Podrán participar cualesquiera personas mayores de 16 años y residentes en territorio español.
  2. Solo se aceptarán las fotografías que cumplan los requisitos establecidos.
  3. Requisitos: No podrá ser presentada ninguna fotografía cuyos derechos de propiedad intelectual no pertenezcan íntegramente y sin excepción al propio participante del Concurso.
  4. Participación: Se participará por medios telemáticos. Los concursantes dan el consentimiento al tratamiento de los datos de carácter personal que son necesarios para tomar parte en el concurso y por el resto de la tramitación, de acuerdo con la normativa vigente.
  5. Fecha límite de participación: 5 de enero de 2018 a las 23:59h, (hora peninsular española).
  6. Derechos, Utilización de nombre, imagen y material de los ganadores:
    Los participantes en el concurso autorizan a Libros y Literatura SL al uso, difusión, distribución, comunicación pública, exhibición y reproducción que respondan a fines promocionales y/o culturales, sin limitación de ámbito temporal y territorial y sin someterlas a manipulación ni alteración. Todas las fotografías con independencia sean o no premiadas, pasarán a formar parte de la colección de Libros y Literatura con las limitaciones anteriormente señaladas y siempre en concepto de cesión. El citado material, en consecuencia podrá aparecer en cualquier tipo de soporte escrito, en imágenes, editado, impreso o digital, vinculado con Libros y Literatura y la difusión de sus actividades, incluido Internet y en su página web.
  7. Premios: 10 lotes de 18 libros, anunciados en el cartel, valorados en 300€ cada lote. Los lotes de libros son aportados por las respectivas editoriales y empresas patrocinadoras. Los lotes podrían sufrir ligeras variaciones.
  8. Solo se realizarán envíos de lotes de libros en territorio español.
  9. Metodología del sorteo: Utilizaremos la app EasyPromos, que garantiza un resultado justo e imparcial. El sorteo se hará en los 30 días siguientes a la finalización del periodo de participación.
  10. Todos los premios se entregarán en un máximo de 30 días desde la resolución del sorteo.
  11. Toda incidencia que las bases no especifiquen restará a la interpretación del jurado.
  12. La participación en este premio implica la aceptación de sus bases.
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Reino de fieras, de Gin Phillips

Reino de fieras

Reino de fierasSi me encanta leer es porque puedo sentir todo tipo de sensaciones con solo abrir un libro. Puedo sentir felicidad, pena, angustia, dolor o incluso asco. Solo necesito un autor que sepa transmitir lo que quiere transmitir para que yo me volatilice y me convierta en uno más de los protagonistas del libro. Es como si estuviera viviendo en mi propia piel las historias. Eso es lo que me engancha. Lo que hace que necesite leer todos los días, aunque sea solo un par de páginas antes de irme a dormir.

El libro del que vengo a hablar hoy me ha transmitido muchísimo, sí… Angustia, sobre todo. A veces también un poco de miedo, pero en todo momento he estado sufriendo un estado de estrés y preocupación que hacía mucho tiempo que no sentía al leer un libro.

Hablemos primero de la edición, que merece una mención especial. Digamos que un día me llega un paquete que yo intuyo que es un libro. Pero es extraño. Viene como abultado y pesa más de lo que me esperaba. Lo abro y me encuentro un libro que tiene en la portada tres caballos sacados de un tiovivo. Tan bien hechos, que parece que se salen de la portada. Pero la cosa no se queda ahí, porque resulta que de regalo me llegan dos muñecos, uno de un tigre y otro de un elefante, que son la antesala de lo que me espera dentro. Si ya tenía toda mi atención, ahí la editorial Suma de letras solo consiguió que dejara todo lo que tenía que hacer para ponerme de inmediato a leer este libro.

Reino de fieras es una novela que transcurre en muy pocas horas. Una madre está con su hijo pequeño en el parque de un zoo. Me lo imagino como un zoo gigante, del estilo de Cabárceno, en Cantabria, que es una especie de zoológico donde los animales viven a sus anchas. Los osos tienen su propia montaña, los lobos tienen otra donde hacer sus loberas… y así con todos. Así que puede ser que vayas y veas a los animales, o no los veas. A excepción de algunos ejemplares, como los gorilas o los reptiles —cosa que me enfada enormemente y que deberían solucionar de inmediato—, los demás están libres. Así que el zoo que describe Gin Phillips me lo imagino así: un espacio enorme lleno de recintos dedicados a cada ecosistema, ideado cada uno para un animal en concreto. Joan y su pequeño Lincoln pasan allí muchas tardes. Él es un niño con una imaginación enorme y al que le encanta jugar con sus muñecos de súper héroes. Y Joan es una madre ejemplar. Hasta ha conseguido aprenderse los nombres que Lincoln se inventa día sí y día también.

Cuando va a ser la hora de cerrar, recogen todo y se dirigen hacia la puerta principal. Pero allí, a escasos metros de distancia de donde ellos se encuentran, un hombre con una escopeta parece haber acabado con la vida de varios visitantes. Joan coge a Lincoln y sale corriendo hacia el interior del zoo, sin saber qué hacer. Esconderse, se tiene que esconder. Pero eso es muy difícil cuando llevas en brazos a un niño de cuatro años que no entiende nada de lo que está pasando y que se queja, llora, patalea y habla más alto de lo que debería.

Este es el planteamiento que hace Gin Phillips. Nos describe las pocas horas de desesperada huida de Joan y consigue transmitirnos perfectamente el horror que vive esta madre durante ese tiempo.

Reino de fieras no podría representar mejor la angustia que vive Joan en todo momento. Sus indecisiones. Su no saber qué hacer. ¿Qué harías tú si estuvieras en su situación? Yo no lo sé, pero con la angustia que he sentido al leer esta novela, espero no tener que verme jamás en una situación así. No sabría ni por dónde empezar. ¿Esconderme? ¿correr? ¿intentar trepar la valla? ¿gritar? ¿abandonar a mi hijo que no para de llorar para intentar salvarme? ¿entregarme para que no lo maten a él? Quién sabe.

Si le tengo que encontrar una pega es que a mitad del libro el ritmo desciende bastante. El principio es muy prometedor pero más a o menos a mitad de la historia, todo se ralentiza mucho. Pero por poco tiempo —os lo aseguro—, porque, de repente, todo cambia y el ritmo empieza a ir hacia arriba sin parar hasta que llegan las últimas cincuenta páginas que es inevitable no leerlas de una sentada.

Cuando desenvolví ese paquete no pensé que este libro me fuera a gustar tanto. Pensé: “será márquetin”. Ya, sí, claro. Qué equivocada estaba… He tardado una semana en leer este libro y ha sido una semana en la que no he podido hablar de otra cosa. Cada vez que iniciaba una conversación con alguien intentaba sacar el tema de la lectura para decirle: “pues, ¿sabes? Yo me estoy leyendo un libro genial”. Y esa es la mejor señal para poder decir que este libro va a dar muchísimo de qué hablar. Y si no, tiempo al tiempo.

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Vibrato, de Isabel Mellado

Vibrato

Vibrato

Hace unos meses reseñé Tríos de Anagrama y en aquella reseña dije que lo que más me había gustado de aquel compendio de relatos basados en el concepto de trío era el haber descubierto la escritura de Isabel Mellado. Y como suele pasar cuando descubres a un autor nuevo lo primero que hice fue buscar qué libros tenía publicados la chilena. No encontré gran cosa, pero sí un libro de relatos que había llamado la atención de bastantes lectores. Metido en esa primera búsqueda de tanteo, descubrí que a los pocos meses Alfaguara publicaría su primera novela. De la autora, no de la editorial, claro. Noticia feliz. Esta es aquella primera novela de Isabel Mellado que vi anunciada: Vibrato. Y antes de que dejéis de leerme: no os la podéis perder.

Dice la faja del libro que lo que tenemos delante es «La literatura hecha música. La música hecha literatura». Y no pueden tener más razón. Isabel Mellado, aparte de escritora es violinista, y Clara (No-Marta), también. Clara es la protagonista (ya entenderéis lo de No-Marta) y a quien acompañamos desde su infancia en Chile hasta su viaje a Alemania con el fin de convertirse en concertista. Como si estuviéramos tumbados en su violín, leyendo Vibrato sentimos cómo la música es capaz de hablar en prosa, de decirnos cosas que hemos sentido también nosotros y a las que nunca hemos sabido ponerle palabras. Pero ella sí. Porque una de las cosas que más me gustaría destacar de Isabel Mellado es su capacidad para decirlo todo. A veces de la forma más clara posible, otras, con el uso de las metáforas más rocambolescas y preciosas que he leído en años: que las estrellas son las migas que alguien sacude de un mantel negro, que el oleaje es el eslogan del mar, que nosotros solo somos botellitas de perfume de Dios. Es tan bueno todo lo que escribe que te da igual no tener ni idea de música clásica.

Vibrato, en sí, no como título, es una desafinación programada, intencionada; y ese vibrato es lo que Mellado intenta aunar a su vida o a la de Clara. La vida como vibrato. Sin mayúsculas. De una infancia en Chile con un padre alcohólico, una madre secundaria y un hermano demasiado principal, Clara parte a su vida con una sensibilidad sin límites que le lleva a verlo todo desde el colchón de la música, su salvación. Todo es música en Vibrato porque todo en esta novela es lo que Clara ve, y lo que ve solo es música. Árboles, comida, personas, Chile y Alemania, el amor, la pena y el sufrimiento, todo como un repertorio de canciones que conforman una vida.

Del amor al desamor, de la entereza a la ruptura y la pérdida, de la armonía musical a la desafinación más brutal. Todo a través de una prosa que esconde versos, que esconde el ritmo de una muy bonita canción. Aramburu destaca en la contracubierta del libro los diálogos como «súbitas ráfagas de poesía» y no, Fernando, todo lo es. Me acuerdo, escribiendo esto, de una canción en la que la voz le canta a una mujer que se unten ambos resina en el cuerpo para cuando venga el viento. Aquí no hace falta. Aquí lo mejor es dejarse sacudir por el fuerte viento que esas «súbitas ráfagas de poesía» traen página a página. Muy recomendable novela. ¿La primera de más?

 

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Y luego ganas tú, de varios autores

Y luego ganas tú

Y luego ganas túAhora, después de unos cuantos años, puedo decir que tuve una infancia feliz. Ahora, que sé poner en una balanza todas las cosas buenas y las malas, dándole la importancia que corresponde a cada una de ellas. Habiendo aprendido a olvidar muchas cosas que me hicieron daño, sí, ahora puedo decir que tuve una infancia feliz.

Pero si me llegas a preguntar hace unos años, cuando yo tenía unos catorce o quince, te hubiera dicho que lo único que quería en ese momento era desaparecer.

Mis malos recuerdos empiezan a los seis años, cuando tuve que cambiarme de colegio. Mi madre y yo nos mudamos a una casa en la que ni siquiera había calefacción. Acababa de separarse de mi padre y estábamos con una mano delante y otra detrás. Pero a mí no me importaba. Tampoco me importó tener que cambiar de amigos, de rutina, de barrio, de ambiente. Yo lo acepté. Pero las cosas empezaron a torcerse cuando el tiempo fue pasando y las cualidades que a mí me hacían única se convirtieron en un puñal con el que alguno de mis compañeros me atacaba a diario. Llegaron los complejos, el estás gorda, el tienes granos, el tu madre está separada, el tu familia es un fracaso, el vas a estar sola para siempre. Incluso hubo una época en la que me apodaron “la jirafa” por tener el cuello demasiado alto. Complejos, complejos, complejos. Que solo hacían que, al llegar a casa, rompiera a llorar tarde sí y tarde también.

Con el tiempo me fui haciendo fuerte. No quise renunciar a mi personalidad para darle la satisfacción a aquellos que me querían ver hundida en el barro. Me quedé sola (por suerte solo fue durante un tiempo). La mayoría de mis compañeros también lo sufrió, pero al final muchos de ellos acabaron sucumbiendo al poder del matón para no acabar más lastimados. No puedo culparlos, no se me ocurriría. Pero entonces sí que lo hacía. Menos mal que el tiempo pasó y llegaron los últimos años de instituto, donde por fin encontré a quien necesitaba a mi lado y a la que nunca me abandonó. Ella ha sido mi mejor amiga desde que teníamos tres años, cuando la conocí en el primer colegio al que fui. Nos tuvimos que separar cuando me mudé, pero el destino quiso que acabáramos en la misma clase cuando ya íbamos a terminar la ESO. Me dio la vida. Y hoy, años después, me la sigue dando cuando a diario hablo con ella.

No sé si este es el lugar o el momento para contar esto. No sé siquiera si debería estar contando estas cosas en un blog de literatura. Pero los chicos que han escrito el libro del que vengo a hablar, Y entonces ganas tú, es lo que hicieron. Tampoco era el momento ni el lugar, porque parece ser que las víctimas están mejor calladitas y sin molestar, pero eso les importó muy poco. Porque abrieron su corazón y plasmaron sus recuerdos en un trozo de papel que después se convirtió en un libro que todo el mundo debería leer.

No es fácil reconocer este tipo de cosas. No es fácil gritar a los cuatro vientos que tú fuiste una víctima. Pero hay que hacerlo. Y me alegra que unos chicos tan conocidos hoy en día por la gente joven —como son Andrea Compton, Javier Ruescas, María Herrejón, Jedet Sánchez y Manu Carbajo— lo hayan hecho. Para quien no los conozca, Youtube es ya como su hábitat natural. Algunos empezaron antes, otros después, pero ahí siguen, haciendo videos y viviendo en las redes sociales, donde miles de personas siguen sus movimientos a diario. Son influencers. Si se lo proponen, crean tendencia. Y  me alegra que hayan escrito este libro, porque con estos relatos, no crean tendencia, crean esperanza que puede arreglar vidas enteras.

El libro está compuesto por cinco relatos. Alguno con un cariz más fantástico que otro, pero al final todos están contando las vivencias personales. En particular, me ha gustado muchísimo el relato de Javier Ruescas, que está escrito en su totalidad usando el formato de mensajería instantánea. A través de esos mensajes, vamos descubriendo el acoso que sufre el protagonista. A mí se me encogió el alma. Lo mismo me pasó con el relato de Jedet Sánchez, un chico que por vestirse como una chica tuvo que sufrir lo que nadie debería sufrir. Pero quizás, con el que más me haya identificado, sea con el de Andrea Compton. Es una chica a la que sigo desde hace mucho en las redes sociales, tanto que ya es casi como si la conociera. Así que leer este relato sobre ella me impactó más de lo que esperaba, porque me sentí como si una vieja amiga me estuviera abriendo su corazón.

Ojalá este libro llegara a todas las aulas para que lo pudieran leer los acosadores y también los acosados. Los primeros, para que se dieran cuenta del daño que se puede hacer con un simple comentario. Y los segundos, para que sepan que no van a estar solos nunca más. Que no deben tener miedo y que deben ser valientes.

Un grandísimo porcentaje de niños y adolescente sufre hoy el día acoso escolar. Cuando yo iba al colegio, éramos muchos los que sufríamos día a día esta lacra. Una, porque era pelirroja. Otro, porque era gordo. Otra, porque tenía los dientes grandes. Otro, porque era muy bajito. Otra porque tenía mucho pecho. Otra, porque no lo tenía. NO SOMOS PERFECTOS. Nadie, absolutamente nadie, lo es. No podemos pretender no tener defectos. Los tenemos, y no es ningún problema. No podemos dejar que nadie nos haga creer que lo es, porque no es así.

Y luego ganas tú refleja perfectamente todo esto. Refleja el espíritu de cinco chicos asustados, que se quedaron solos por defender sus ideales. Por ser gay, por ser gorda, por ser bajito, por ser diferente. Da igual. El matón encontró el teórico punto débil de cada uno e intentó hundirle. Me gustaría ver ahora mismo la cara de esas personas que lo intentaron, pero que en realidad no lo consiguieron. Porque de haber sido así, ahora mismo, yo, no estaría aquí escribiendo sobre este libro. Porque no pudieron con ellos. Ellos ganaron.

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La belleza es una herida, de Eka Kurniawan

La belleza es una herida

La belleza es una heridaNo hay nada mejor que preguntar a los muertos para conocer el pasado con pelos y señales, y nadie como las prostitutas para contar una buena historia de amor. Podríamos escribirlo a la puerta de las iglesias y enfrente de los colegios, y al lado añadir que la belleza es una herida, y que cada uno interprete si gusta o duele o si quizá las dos cosas a la vez.
La novela más conocida de Eka Kurniawan, indonesio del 75, ha tardado quince años en llegar traducida al castellano. Nunca es tarde si la dicha es buena, o más vale tarde que nunca. Tan bello como trágico, su relato de casi un siglo de historia de su país, desde que ni siquiera aparecía en los mapas como tal, ha sido comparado con Cien años de soledad y La casa de los espíritus, ha sido trasladado a otra treintena de lenguas y me extrañaría que no terminase siendo una película, porque puede formar parte de cualquier género en la gran pantalla, desde un film bélico a una comedia romántica pasando por una de terror o, cómo no, un thriller.
Por ahora nos conformaremos con este medio millar de páginas que nos acercan una versión asiática del realismo mágico a través de las memorias de Dewi Ayu, una prostituta con cuya vuelta de entre los muertos se inicia la narración, y sus cuatro hijas. Una de ellas, la menor, es el ser más feo de la Creación, pero sus tres hermanastras son las mujeres más hermosas que ha contemplado la antigua ciudad de Halimunda en siglos. Rodeadas de codicia y monstruosidad, hijas ellas mismas del incesto y la violación, su belleza se convierte en el mejor pasaporte al sufrimiento en un lugar en el que todo se consigue con el ultraje. Primero serán los holandeses de la metrópoli, después los japoneses, luego los propios indonesios: de una manera u otra el ciclo de la violencia se verá perpetuado alrededor de Dewi Ayu y su estirpe durante décadas. Solo encontrarán consuelo, ellas y sus parejas, en el amor y en el sexo, pero cuanto más intensamente amen y follen, más dura será la caída cuando todo termine a manos de la siguiente revuelta.
Parte saga familiar, parte relato político, parte cuento de fantasmas, Kurniawan consigue integrar la tradición oral indonesia con el recuento de lo ocurrido en su país en una novela de altos vuelos que entretiene y al mismo tiempo nos enseña algunas cosas. Halimunda es inventada, sí, al igual que Macondo, pero la ocupación japonesa de la ciudad calca el desembarco en Borneo y la matanza de comunistas que termina con mil doscientos cadáveres en la ciudad es el genocidio de Suharto. Porque la Historia, así, con mayúsculas, a veces no sirve para explicar la historia, con minúsculas, y son necesarias novelas como esta para completar el relato. Que los muertos regresen de la tumba y los vivos tengan poderes mágicos y los perros se puedan casar con las mujeres solo sirve para hacer patente un hecho fundamental: lo que se recuerda es lo que se cuenta, y la verdad de hace años está tan lejos de la propia verdad como lo que inventamos para contarla.
Hay que echarle imaginación y hacer un ejercicio de suspensión de la incredulidad para poder disfrutar, bastante, de La belleza es una herida. Tiene humor, en ocasiones cruel, y una notable capacidad de sorprender a la vuelta de cada página. También trae consigo una dosis de violencia capaz de espantar a los más sensibles y, a ratos, puede provocar cierto desconcierto sobre el recorrido por el que quiere llevar al lector. Aquellos que una vez gozaron con García Márquez o Faulkner y se acaban de dar cuenta del tiempo que ha pasado desde la última vez que los leyeron, le sacarán jugo a Kurniawan. También los aventureros de sofá, los historiadores frustrados, los nietos de Marco Polo. Quizá su mayor problema sea que en ocasiones recuerda demasiado a otras obras que ya llegaron para quedarse en nuestro inconsciente colectivo; el tiempo dirá si se acerca a ellas como igual, como su equivalente regional o como poco más que una buena copia.

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Cómo leer literatura, de Terry Eagleton

Cómo leer literatura

Cómo leer literaturaA menudo, si alguien nos pregunta sobre el último libro que hemos leído solemos responder con un escueto resumen de la trama. Algo así como: Me he leído un libro que trata sobre el joven heredero a la corona de Dinamarca, que está triste por la muerte de su padre y cabreado con su madre por haberse casado con su tío. Un día, se le presenta el espíritu de su difunto padre y le pide que vengue su muerte porque ha sido asesinado. Para comprobar si es un engaño o no, el protagonista decide montar una obra teatral que escenifique el asesinato y así descubrir al asesino.

Si tienes suerte de que tu interlocutor resulta ser una persona versada y curiosa, y decide saber más acerca del libro para convencerse e ir a buscarlo a la biblioteca, como mucho le daremos los detalles más llamativos acerca del protagonista. Esto sería algo como: El protagonista se muestra durante toda la obra melancólico. Quiere conocer la verdad para vengar a su padre, saber qué tiene que hacer, pero a la vez parece disfrutar de ese estado de melancolía romántica poniéndose mil excusas para no actuar.

Espero que esto no ponga en tela de juicio mi gusto literario ni mi capacidad de síntesis; Hamlet es una de mis obras favoritas y este ejercicio tan solo era un ejemplo de posible conversación coloquial. Pero nos sirve para llegar donde me interesa, que no es más que a este entretenido ensayo de Cómo leer literatura, de Terry Eagleton.

El crítico inglés desmenuza en este libro las claves para acercarnos a la lectura de las obras literarias de un modo más profundo, además de poder servir como manual para escritores, ya que analiza los vicios que suelen cometer muchos autores. Incluso los más grandes. Shakespeare, no, por supuesto. Shakespeare no tiene ni un pero.

Terry Eagleton considera que las obras literarias son creaciones retóricas, además de simples relatos. Rechaza la lectura superficial de un texto y aboga por una especial atención a los detalles que se consideran forma: el discurso narrativo, la estructura gramatical y sintáctica, las ambigüedades, el tono, el ritmo, el estado de ánimo… Defiende una lectura minuciosa, close reading como bautizaron los críticos de la escuela de la Nueva Crítica que surgió en la década de 1930, y va a buscar en cada detalle un significado que consigue sugerir el texto. Este tipo de lectura pretende diferenciar las obras literarias de aquellas que no lo son, es decir, definir la literariedad, y con el análisis crítico decidir qué obras son buenas y cuáles, malas.

Para ello, se va a valer de grandes títulos, en su mayoría anglosajones, para destacar en ellos diferentes aspectos. Entre ellos, los comienzos. Es el momento en el que el autor se siente en su momento óptimo, donde intentará poner todas sus herramientas para conquistar al lector y conseguir en él una conexión que despierte su interés. Analiza, entre otras, el comienzo de Pasaje a la India, de E. M. Foster, donde destaca la estructura sintáctica elegida por el autor. Se trata de una descripción paisajista y el autor ha decidido construir la oración de tal modo que el elemento principal se postergue en el discurso, creando con ello mayor interés en el lector. Este tipo de construcciones se aprecian con una lectura detenida y atenta, así como sucede en el inicio de Macbeth; Shakespeare arranca la obra con tres preguntas que efectúan las tres arpías. Las preguntas hacen que el lector sospeche, que sienta el deseo de responderlas, además, por el tono ambiguo de las expresiones, se pueden sacar conclusiones acerca del papel que representan esas figuras.

El capítulo dedicado a los personajes puede ayudar a muchos escritores noveles a la hora de desarrollar los suyos propios. Como creaciones ficticias que son, Eagleton sostiene que se mantenga una distancia prudencial de identificación y empatía entre el lector y el personaje con el fin de poder analizar en su conjunto todas sus posibilidades, que no serán pocas. Muchas veces llaman la atención los personajes más excéntricos: Sherlock Holmes, Hamlet, pero los que no lo son tanto pueden originar una serie de cuestiones acerca de la obra bastante interesantes. Es el caso del personaje de la obra epistolar Clarisse, de Samuel Richardson, una mujer que es engañada por un hombre despechado y que la somete a una tortura psicológica que culmina en una violación. Clarisse fue considerada por la (mala) crítica como una mujer sosa, mojigata, dramática y morbosa, sin profundizar en que el trasfondo de ese personaje, a priori anodino, se relacionaba estrechamente con la posición que le había establecido la sociedad y el entorno en el que se desarrolla.

La narrativa también será analizada en el capítulo correspondiente, así como la interpretación y el valor de una obra. Es capital el interés que muestra Eagleton en que lo importante de las obras literarias no es que tengan significado, sino que sean capaces de generarlo. A lo largo de la historia, la crítica literaria ha intentado encontrar la fórmula para decidir qué es lo que hace de una obra que sea buena o mala, y en Cómo leer literatura se proponen varios elementos que pueden ayudar a esclarecer las dudas. ¿Será la originalidad? Para los románticos sí, pero los neoclasicistas no defendían tanto los cambios. Entonces, ¿la profundidad será el ingrediente básico? En los poemas de William Blake puede que sí, pero las comedias no destacan por su profundidad y son consideradas clásicos. ¿La elocuencia? Con Hamlet desde luego que funciona, pero también lo hace con Hemingway o George Orwell.

Podría alargarme varias páginas para seguir hablando y argumentando de este Cómo leer literatura de Terry Eagleton, porque la verdad es que he disfrutado muchísimo con su fluida lectura. Al leer pasamos por alto tantas cosas, claro que Eagleton tiene una capacidad para ver detalles y fantasear sobre ellos inconcebible a cualquier vulgar lector, pero ahí reside su genialidad, en enseñar una forma nueva de leer. De una manera llana y sencilla consigue hacer que la lectura minuciosa y analítica de un texto literario no sea tedioso en absoluto además de ofrecer un horizonte de expectativas mayor a la hora de acercarse a cualquier libro. Muy probablemente, cuando alguien me pregunte sobre el último libro que he leído, conseguiré destacar de ello detalles más allá de «de qué va el libro»; leeré lo que se dice en función de cómo se dice.

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La semilla de la bruja, de Margaret Atwood

La semilla de la bruja

La semilla de la brujaLeer el nombre de Margaret Atwood nos lleva irremediablemente a pensar en El cuento de la criada, ¿verdad? Reconozco que me entraron ganas de leerlo después de ver la magnífica reseña que mi compañera Laura Gomara le dedicó y de oír tantos elogios de la serie de la HBO inspirada en él; pero todavía no lo he hecho y, finalmente, ha sido La semilla de la bruja, la última novela de Margaret Atwood, mi primer acercamiento a esta autora. Y casi que mejor, porque me parece que nada tienen que ver un libro con el otro y, así, he disfrutado de esta lectura sin estar comparándola inconscientemente con la novela de la que todo el mundo habla.

Como digo, que la autora de La semilla de la bruja fuese Margaret Atwood llamó mi atención, pero lo que realmente me hizo leerlo fue que lo definieran como una reinvención de La tempestad, de William Shakespeare. La mayoría de las obras del célebre escritor inglés me fascinan, y aunque esta en concreto no la he leído, La semilla de la bruja me pareció una forma distinta de adentrarme en ella.

Pero ¿qué nos cuenta Margaret Atwood en La semilla de la bruja? Pues la historia de Felix, un extravagante director de teatro que, de repente, pierde a su esposa y a su hija pequeña. Toni, su compañero de trabajo, aprovecha su delicada situación personal para desbancarlo. Y Felix acaba siendo un hombre solitario que se hace llamar señor Duke, habla con su difunta hija y, en sus ratos libres, organiza funciones de teatro de Shakespeare con los reclusos de una cárcel, esperando pacientemente el momento de vengarse de Toni y de todos aquellos que contribuyeron a arruinar su carrera. Y ese ansiado desquite llegará cuando por fin los reúna a todos dentro de la cárcel, como público exclusivo de La tempestad, la obra que nunca le dejaron dirigir.

Así, Margaret Atwood nos lleva de la vida del teatro al teatro de la vida. Felix trama una obra dentro de otra obra y, mientras tanto, los presos y él desgranan las múltiples lecturas de La tempestad, reinventándola y hasta continuándola. El resultado es una historia de venganza cocinada a fuego lento, una sátira del mundo del teatro y de la política y una aproximación a la obra de Shakespeare que deja patente su atemporalidad. Y además de todo eso, La semilla de la bruja es una forma diferente de retratar el periodo de duelo tras la pérdida de un ser querido y una eficaz reivindicación del papel que la literatura y el teatro juegan dentro de las cárceles.

Me encanta cuando un libro me recomienda otro libro y, sin duda, La semilla de la bruja es una excelente recomendación de La tempestad, en particular, y de toda la obra de Shakespeare, en general. Así que me toca sumar un libro más a mi interminable lista de lecturas pendientes. Ahí, junto a El cuento de la criada, que sube varios peldaños en el orden de prioritarios. Y es que, ahora que he disfrutado de la afilada prosa de Margaret Atwood, quiero repetir.

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El canon occidental, de Harold Bloom

El canon occidental

El canon occidentalSi formaras un grupo de lectura, ¿qué libros propondrías para analizar, debatir y disfrutar? ¿Qué te lleva a elegir esos libros? Debes pensar que de tu criterio dependerá la cantidad de lectores que se unan a tu grupo, además de cuántos otros pondrán en tela de juicio tu listado. Elaborar un catálogo con las que consideras mejores obras literarias parece una tarea muy complicada cuando tienes que escoger entre todo cuanto se ha escrito. Lo normal es limitar la búsqueda por géneros, épocas, movimientos o cualesquiera otros motivos se te ocurran. Harold Bloom, defensor de la estética y el placer por la lectura, retomó en 1994 la idea clásica de la selección de autores y obras necesarias y publicó El canon occidental, un libro no exento de polémica.

Lo provocativo vino dado porque este libro surgió como respuesta a las corrientes literarias que se impusieron desde la década de 1980 en Estados Unidos. La nueva crítica estaba formada por multiculturalistas, poscolonialistas, marxistas y feministas cuyos ideales sociales y políticos entroncaban con el espíritu estético de Harold Bloom. Dadas las circunstancias sociales actuales, con lo que se denomina como la tercera ola del feminismo, que reclama derechos y alzar la posición de la mujer en diversidad de expresiones artísticas, este libro noventero vuelve a imponerse casi como novedad. En parte porque muchas fueron las críticas recibidas desde la escuela de crítica feminista, que le recriminaron la escasez de mujeres en su canon literario. Claro, que también recibió palos por parte de los multiculturalistas, ya que la mayoría de autores canónicos son blancos y anglosajones. De ahí que en las asignaturas de Estudios Literarios la figura de Harold Bloom vaya unida al calificativo de provocador. Esto no debe ensuciar en absoluto sus otros atributos, que son muchísimos, y que lo definen como un auténtico apasionado de la lectura, cuya máxima causa es la de elevar la estética por encima de ideales políticamente correctos.

En su canon, Bloom va a destacar los veintiséis autores que considera imprescindibles en la historia de la literatura. Desde Shakespeare como centro del canon a Proust o Borges, su listado va a recoger también a figuras tan sobresalientes como Dante, Cervantes, Walt Whitman, Emily Dickinson, Virginia Woolf, Tolstói o Dickens, entre otros. De todos ellos valora la individualidad del genio, el haber creado obras que exijan una relectura, que estén alejadas de ideologías sociales o psicológicas, la adoración del arte estético.

El modo de acercarnos a sus obras, con un esmerado estudio y mostrando detalles tan significativos de cada uno de ellos será una continua invitación al goce del verbo. Su peculiar tono entre sarcástico y enfadado, no dejará títere sin cabeza calificando a los nuevos críticos a los que tanto se opone como la Escuela de los Resentidos. La mordaz crítica que efectúa al colectivo feminista acerca del estudio de Orlando, de Virginia Woolf, no tiene desperdicio. En este capítulo, uno de los más interesantes del libro, Bloom va a resaltar la postura estética de Woolf por encima de sus ideales políticos, es más, eleva su genial obra Una habitación propia, no como un catálogo político y reivindicativo del feminismo, sino por su elevada preocupación por la estética. Llega a describir a la escritora como «esteta apocalíptica» que nunca antepone los condicionantes históricos. En palabras de Bloom:

«Sus seguidoras feministas se han confundido de profeta. Ella les habría hecho luchar por sus derechos, pero sin devaluar la estética en su impía alianza con seudomarxistas académicos, filósofos franceses de pega y multiculturalistas».

Lo dicho, tiene pan para todos.

El canon occidental se presenta como un selecto listado de autores que si están ahí lo hacen por su continua lucha con aquellos que les han influenciado. El concepto de Harold Bloom del canon es el de una lucha agonista, una pelea por superar al padre, al creador, lo que se conoce como la ansiedad de la influencia; el autor encuentra su voz tras haberse empapado de las tradiciones que le influencian. La estética es un fenómeno individual que elevará la universalidad de sus creaciones. Tiene una concepción de la creación muy romántica.

Vivimos una vida corta, sostiene que no existe tiempo material para poder leer todo cuanto nos gustaría ni aún dedicándonos por entero a ello, de ahí la necesidad de establecer unos límites de lectura que considera imprescindibles. No elabora su listado de modo prescriptivo, no pretende tampoco enseñar a nadie lo que debe leer. Si no llega alguien a la gran poesía con ese amor, ¿cómo enseñarle la soledad?

Un libro soberbio, que, controversias al margen, resulta de una exquisita lectura. En la conclusión canónica, Harold Bloom lamenta el escaso interés por una lectura en busca del componente estético y se cuestiona sobre la continuidad de los estudios literarios en las universidades. Puedo confirmar que los estudios están muy vivos, muy interesantes y abiertos a nuevos y antiguos enfoques teóricos, y el interés por la lectura no ha decaído por suerte. Yo he conocido la figura de este genial crítico, que es de elevada relevancia en los estudios literarios y, estés de acuerdo o no con algunas de sus posturas, no cabe lugar a poner en duda su excelente labor dedicada por entero a la literatura y su amor y ánimo que inculca por el placer de leer.

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Assassination Classroom 20: Hora de la graduación, de Yusei Matsui

assassination classroom 20

assassination classroom 20Penúltima página de mi diario de lectura del manga Assassination Classroom.

Se acabó. Assassination Classroom 20: Hora de la graduación pone fin a esta historia. O casi.

Pero para quienes acaben de enterarse de la existencia de este manga y se hayan perdido mis cinco reseñas anteriores, resumiré la trama en unas pocas líneas: Korosensei es un monstruo que ha destruido la Luna y que amenaza con destruir la Tierra en el plazo de un año, a no ser que uno de los alumnos de la clase de 3º-E de la escuela secundaria Kunugigaoka acabe con él antes de la graduación. El gobierno promete recompensar con diez mil millones de yenes a quien lo consiga. Lo curioso del caso es que el profesor encargado de enseñarles las mejores técnicas de asesinato es el propio Korosensei, ¡y se lo toma muy en serio!

Visto así, podría parecer una historia de violencia gratuita, puro pasatiempo, pero no me cansaré de decir que Assassination Classroom es mucho más que eso. Para empezar, es una continua contradicción: el protagonista es un monstruo con un poder de destrucción sin igual; pero, a la vez, es divertido y entrañable. Y en sus clases enseña a asesinar; sin embargo, lo que los alumnos aprenden  en realidad es a reflexionar sobre el valor de la vida, a confiar en su potencial y, en definitiva, a madurar.

Ya he hablado largo y tendido sobre este manga, postrándome a los pies de Yusei Matsui en las mejores entregas y quejándome de los episodios de relleno. Pero Assassination Classroom 20: Hora de la graduación es el punto final y es el momento de evaluar si seguir este manga ha merecido la pena. Como bien dice Yusei Matsui en la solapa de este último número: «El éxito o el fracaso de la historia que es Assassination Classroom dependería de cómo dibujara ese (este) capítulo». Por eso yo temía que llegara esta entrega y por eso ahora respiro aliviada. Sí, Yusei Matsui lo ha conseguido: ha escrito un digno desenlace a esta historia. Hay mucha acción, pero también mucho sentimiento y reflexiones para el recuerdo, sobre todo ensalzando el trascendente papel que los buenos profesores juegan en la vida de sus alumnos.

Queda Assassination Classroom 21, sin embargo, ese volumen será, más bien, un epílogo donde se cerrarán algunos cabos sueltos y se incluirán algunos extras. Por supuesto, lo leeré, para reencontrarme una vez más con los personajes de esta historia, aunque ya no será lo mismo.

Todavía me sorprende haberme enganchado así a este manga, a pesar de llegar a él cuando la historia ya estaba muy avanzada. Y me asombra aún más el haber cogido tanto cariño a su excéntrico protagonista. Los que no hayáis leído nunca este manga no me comprenderéis, claro, pero seguro que los que conozcáis a Korosensei, sí. Por eso, esta reseña ha sido un nuevo intento de convencer a los escépticos para que le den una oportunidad a este manga. Si aún no lo he conseguido, no desaprovecharé mi última oportunidad: os espero en la página final de mi diario de lectura de Assassination Classroom.

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