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Manual de linternas, editado por Marta Magariños

Manual de linternas

Manual de linternasLo primero que llama la atención de este Manual de linternas es precisamente eso, el título, uno increíblemente hermoso que serviría para cualquier texto (desde un poemario hasta una novela) con la probable excepción de la interpretación literal (ya saben, abran la tapa, introduzcan las pilas en el orden correcto, cierren la tapa, pulsen el interruptor y la linterna alumbrará), en cuyo caso es igualmente indicado pero pierde encanto, la verdad. Pero en esta magnífica obra, que se subtitula “incursiones, excursiones y reflexiones científicas”, aúna ambas caras de lo que debe ser un título, es hermoso y a la vez pertinente porque el texto recopila cincuenta y una reseñas que al tiempo sirven de linterna que ilumina cada una un determinado texto científico. Lo ilumina en el sentido de que lo reinterpreta y lo da a conocer bajo la óptica personal del reseñista, lo presenta desde el punto de vista del lector.

Los libros reseñados son casi todas obras de divulgación, tan interesantes como diferentes. El campo es tan amplio como para que cada lector encuentre temas de su interés pero cada una de las obras es suficientemente brillante como para que la curiosidad del lector se excite en cada una. Y tal vez sea esa la palabra clave: curiosidad. Recuerdo que cuando fui a trabajar, hace años, a la Facultad de Medicina, una de las primeras cosas que hice fue entrar al discurso de bienvenida que el por aquel entonces Decano, don Ángel Nogales, daba a los alumnos de primer curso. Y aquella intervención, para mí inolvidable, hablaba precisamente de la curiosidad, de cómo se reconoce a un universitario (de cualquier edad) por tener los ojos bien abiertos, por mirarlo todo precisamente así, con curiosidad. Esa característica es extensible a muchas más personas, no necesariamente a universitarios en exclusiva, pero la idea resulta tan inspiradora hoy como aquel día. Y diría que este Manual de linternas es un homenaje extraordinario a todas aquellas personas que han hecho de la curiosidad uno de los ejes centrales de su vida. Un libro peligroso para quienes tienen poco espacio en las estanterías, como dice la propia Marta Magariños, editora del texto, profesora, científica y curiosa. Yo ya he encargado la primera remesa.
No es realmente un libro de divulgación, sino uno que hace divulgación de obras de divulgación. Y tampoco en eso es un libro cualquiera porque lo hace por medio de reseñas muy personales tanto de científicos y profesores como de reseñistas habituales del campo de la literatura. Y créanme que en el aspecto literario no se nota la diferencia entre unos y otros, están realmente bien escritas, pero sí me atrevo a decir que el equilibrio entre ambas es una de las cosas que hacen del libro uno excepcionalmente original.

Y antes de entrar en materia permítanme que destaque dos características más que son comunes a todas y cada una de las páginas de esta obra: la pasión, la que sienten quienes la escriben que a su vez refleja y homenajea la de aquellos que hicieron lo propio con las obras reseñadas; y el sentido del humor, que está muy presente y aporta ritmo y fluidez a la obra. Y diversión al lector, claro está. Puede que no me lo crean, pero el Manual de linternas es de esos libros que uno abre y no puede cerrar hasta que lo termina. No porque necesite conocer el desenlace, encontrar al asesino o averiguar si el protagonista encuentra al amor de su vida, sino porque sencillamente quiere leer más, disfrutar más. Siempre hay tiempo para una reseña más, ¿verdad? Aunque habrá quien disponga de poco y prefiera explorar las linternas sin rumbo fijo, abrir el libro al azar o elegirla desde el índice, y sin duda también disfrutará del libro. También es muy científico estudiar la dosificación.

Llega el momento de encender todas las linternas y mostrarlas a sus ojos, es de justicia para que se hagan una idea del contenido del manual pero les advierto, si miran el siguiente listado fijamente corren el riesgo de deslumbrarse:

1.- El ascenso del hombre, de Jacob Bronowski. Reseñado por Daniel Torregrosa.
2.- Reductionism in art and brain science. Bridging the two cultures, de Eric R. Kandel. Reseñado por Victoria Ley.
3.- En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza, de David George Haskell. Reseñado por Juan Ignacio Pérez.
4.- La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana, de Steven Pinker. Reseñado por Enrique Turiégano.
5.- I of the vortex. From neurons to self, de Rodolfo R. Linás. Reseñado por Fernando Giráldez.
6.- ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro, de Michael S. Gazzaniga. Reseñado por Enrique Turiégano.
7.- Sapiens. De animales a dioses, de Yuval Noah Harari. Reseñado por Miguel Pita
8.- Homo deus. Breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari. Reseñado por Juan José Gómez Cadenas.
9.- El ojo desnudo, de Antonio Martínez Ron. Reseñado por Miguel A. Lurueña.
10.- La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, de Andrea Gulf. Reseñado por Andrés Barrero.
11.- Longitude, de Sava Sobel. Reseñado por Manuel Collado.
12.- Maestros del Universo, de Helge Kragh. Reseñado por Gorka Rojo.
13.- Sabias. La cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez. Reseñado por Esther Magar.
14.- Las mujeres de la luna, de Daniel R. Altschuller y Fernando J. Ballesteros. Reseñado por Andrés Barrero.
15.- Marie Curie. La actividad del radio, de Jordi Bayarri y Dani Seijas. Reseñado por Susana Hernández.
16.- La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa. Reseñado por Manuel de León.
17.- La gran novela de las matemáticas. De la prehistoria a la actualidad, de Mickaël Launay. Reseñado por Victoria Mera.
18.- El precio de todo. Una parábola de lo posible y lo próspero, de Russell Roberts. Reseñado por José Raúl Canay Pazos.
19.- Tales of the quantum. Understanding physics´ most fundamental theory, de Art Hobson. Reseñado por Francisco R. Villatoro.
20.- Cuántica. Tu futuro en juego, de José Ignacio Latorre. Reseñado por Gorka Rojo.
21.- Cómo explicar física cuántica con un gato zombi, de Big Van, científicos sobre ruedas. Reseñado por Esther Magar.
22.- El universo en una cáscara de nuez, de Stephen Hawking. Reseñado por Gorka Rojo.
23.- El universo en tu mano, de Christophe Galfard. Reseñado por Laura Gomara.
24.- Siete lecciones breves de física, de Carlo Rovelli. Reseñado por Gorka Rojo.
25.- La realidad no es lo que parece, de Carlo Rovelli. Reseñado por Paloma Fole de Navia Domínguez.
26.- El ADN dictador. Lo que la genética decide por ti, de Miguel Pita. Reseñado por José L´Bella Sombría.
27.- El gen egoísta. Las bases genéticas de nuestra conducta, de Richard Dawkins. Reseñado por Enrique Turiégano.
28.- Time, love and memory. A great biologist and his quest for the origins of behavior, de Jonathan Weiner. Reseñado por Marta Magariños.
29.- Un esquimal en Nueva York. Y otras historias de la neurociencia, de José Ramón Alonso Peña. Reseñado por Esther Magar.
30.- In Search of Memory. The emergence of a new science of mind, de Eric R. Kandel. Reseñado por Antonio Hernando.
31.- El error de Descartes, de Antonio Damasio. Reseñado por Alejandro Rodríguez Gijón.
32.- Behave- The biology of humans at our best and worst, de Robert M. Sapolsky. Reseñado por Argentina Lario Lago.
33.- Alucinaciones, de Oliver Sacks. Reseñado por Antonio J. Osuna Mascaró.
34.- I contain multitudes. The micro bes whothin us and a grander view of life, de Ed Yong. Reseñado por Jatin Nagpal.
35.- Germ stories, de Arthur Kornberg. Reseñado porOlga Zafra.
36.- Bacterias, bichos y otros amigos, de David G. Jara. Reseñado por Ángeles Pallarés.
37.- Introducción al estudio de la medicina experimental, de Claude Bernard. Reseñado por José Luis Zamorano Marín.
38.- El siglo de los cirujanos, de Jürgen Thorwald. Reseñado por Borja Merino Ortiz.
39.- Cuerpo humano. Guía ilustrada de nuestra anatomía, de Steve Parker y Andrew Baker. Reseñado por Juan Campbell Rodger.
40.- La memoria secreta de las hojas. Una historia de árboles, ciencia y amor, de Hope Jahren. Reseñado por José Ramón Alonso Peña.
41.- The hidden life of tres. What they feel, how they communicate, de Peter Wohlleben. Reseñado por María R. Aburto.
42.- Botánica insólita, de José Ramón Alonso y Yolanda González. Reseñado por Purificación Escuredo.
43.- El pequeño gran libro de la ignorancia animal, de John Lloyd y John Mitchinson. Reseñado por Alberto Ferrús.
44.- El ingenio de los pájaros, de Jennifer Ackerman. Reseñado por Olga Zafra.
45.- Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell. Reseñado por Marta Magariños.
46.- Fósiles, genes y teorías, de Jordi Agustí. Reseñado por Armando González.
47.- A min don her own. The evolutionary psychology of women, de Anne Campbell. Reseñado por Marta Iglesias.
48.- Envolving ourselves. How unnatural selection and nonrandom mutation are changing life on Earth, de Juan Enríquez y Steve Gullans. Reseñado por Carlos García de la Vega.
49.- Elephant son acid. And other bizarre experiment, de Alex Boese. Reseñado por Óscar Fernández-Capetillo.
50.- La ciencia en la sombra, de J.M. Mullet. Reseñado por Ana Segarra.
51.- ¿Qué pasaría si…?, de Randall Munroe. Reseñado por José María Aranzana.

 

La selección, como ven, es amplia. Incluye desde libros clásicos a otros actuales, desde divulgación a novela o hasta comic, de obras técnicas a otras de perfil autobiográfico. Pero la editora es científica, sabe que ni este manual ni ningún otro pueden abarcarlo todo de modo que se incluye también una sección de otras lecturas recomendadas.
La diversidad es una de las virtudes de este magnífico libro, sin embargo hay algunas ideas que sobrevuelan más de una reseña y que arraigan en el lector. Una es la de la absurda división tradicional entre ciencias y letras, esa obsesión humana por levantar muros que este manual trata de derribar a base de linternazos, si me permiten la licencia. Ya dijo Hölderlin que «lo que permanece lo fundan los poetas»: esta confluencia entre ciencia y literatura no podría ser más feliz. Con los libros reseñados, pero también con el Manual de linternas, se hace también uno una idea de lo que es la vida del investigador: describirla como es en realidad, que no es un camino de rosas, y que siga resultando atractiva tiene un mérito. La luz de estas linternas bien puede alumbrar vocaciones. Otra es la de la reivindicación del papel de las mujeres en la ciencia, su trabajo realizado en ocasiones contra viento y marea y nunca suficientemente bien reconocido, cuando no deliberadamente ocultado. Y otra es la belleza oculta en prácticamente todas las cosas que los autores son capaces de ver gracias a su brillantez y su capacidad intelectual, pero que logran transmitir gracias a su pasión.

Y es fantástico conocer facetas ocultas a los legos, la filosófica de los neurofisiólogos, la humorística de los economistas, una que no sé cómo definir en el caso de los físicos (la única disciplina que se sepa en la que uno de los reseñistas siente la necesidad de explicar que quienes se dedican a ello sí que lo entienden, aunque no siempre lo sepan explicar) o cierto romanticismo de los botánicos. Entre tantas otras.

Tampoco serán capaces de cerrar el libro sin al menos una reflexión sobre la ciencia, una de esas preguntas habituales que mucha gente se hace, para qué, y qué diría que este manual responde, si es que no quedó ya magníficamente respondida con la magnífica La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine que apetece recordar tras leer el Manual de linternas. Puede ser una reflexión más o menos gamberra, pongo por ejemplo Elephants on acid, pero subyace en muchas de las páginas.

Acabar una reseña suele ser complicado. Generalmente es así por autoexigencia, no sólo por la obligación de dejar de escribir de forma que el interés esté en todo lo alto sino porque uno siempre se pregunta si habrá logrado transmitir todo lo que quiere decir sobre el libro. En este caso ya les adelanto que no lo he logrado porque sería imposible hacerlo, porque Manual de linternas es un libro que me ha resultado tan apasionante que sería capaz de hablar de él hasta ocupar muchas más páginas que el original. Y respecto a la cuestión estilística, podría buscar una forma de hacerlo que les resultase lo suficientemente impactante como para excitar definitivamente su curiosidad, pero ya la encontró José Ramón Alonso Peña, que es a la vez reseñista y reseñado (no sé si se plantea alguna mención de honor para semejante bilinternado), así que la usaré. A fin de cuentas la ciencia encuentra vías de transferencia a la sociedad a menudo insospechadas. En su reseña de La vida secreta de las hojas, finaliza diciendo: «El libro se subtitula, en español, «Una historia de árboles, ciencia y amor». Así debería ser la vida de todos nosotros». Así sea.

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El último magnate, de Francis Scott Fitzgerald

El último magnate

“Me preguntó cuándo se precipitó todo. Hay momentos en los que parece que nada vaya a suceder, y otros en los que te das cuenta de que todo se precipita y nada en el mundo podría impedir que ocurriera.”

El último magnateEs difícil describir las obras de Fitzgerald, ya que siempre te embargan de un sentimiento positivo y negativo a la vez. Sus novelas son de esas que revelan lo mejor, pero también lo peor del ser humano. De esas que te dejan con una sensación de desesperanza y desesperación por esas personas atormentadas que sufren y aman y que se dejan llevar por sus más grandes pasiones (que puedes ser tú en algún momento de tu vida). Y creo que por eso me gustan tanto, porque a pesar de ser escritas a principios del siglo XX son emociones brutalmente humanas que todos hemos experimentado en nuestra propia piel o en personas que se encuentran en nuestros círculos más cercanos.

Pero vayamos a la obra que nos ocupa en esta ocasión: El último magnate. Y es que creo que no había leído mejor obra del autor desde El gran Gatsby, uno de los libros que más me han marcado en toda mi vida y que es uno de mis libros favoritos. Estamos quizás ante la obra, aunque inacabada, más madura de Fitzgerald. El protagonista ya no es un joven atormentado, que busca el amor y el dinero a toda costa y que necesita ver cumplidos todos sus deseos. Ya no es el personaje prototipo del autor, quizás por ser esta su último libro… Aunque en cierto modo sí que lo es… ¿Acaso no lo somos todos en algún momento de nuestras vidas? Stahr es un productor de cine que ama su trabajo, con el que está obsesionado, y del que están enamorados decenas de compañeros, que o bien le admiran o bien le odian, y cientos de mujeres, que sueñan con estar a su lado. Pero él es incapaz de pensar en los demás, porque solo puede pensar en una persona: Minna Davis.

Aunque esta parezca una premisa sencilla, de ahí parte toda la trama de la novela y nos encontramos ante un personaje con una coraza durísima, bajo la que esconde miles de sentimientos. Dolor, incapacidad de afrontar la pérdida, el amor insatisfecho y el fracaso en una faceta de su vida que le ha obligado a dedicarse por completo a su trabajo y a obsesionarse con él. Un personaje muy complejo que Fitzgerald desarrolla bastante bien a lo largo de las apenas páginas que contiene El último magnate, y que complementa junto a otros personajes y otros elementos que la convierte en una maravilla pese a estar inacabada… Una historia tremendamente humana sobre lo peor y lo mejor del ser humano y que hace tanto disfrutar, como reflexionar y sufrir junto a sus protagonistas. En especial, junto a Stahr, a quien yo al menos, he llegado a comprender y empatizar con él a medida que avanzaba los capítulos.

Y además de ser una historia sobre la pérdida y nuestra incapacidad de superarla, es una historia sobre Hollywood y su gran poder de absorción en los años 20 y 30. Es increíble cómo retrata sus más oscuros secretos y sus curiosidades desde muy dentro. Y esto me ha resultado muy curioso, porque siempre he amado el cine y cómo Hollywood es capaz de fascinar a todo el mundo a través de una máscara, ya que muy pocas personas conocen todo lo que se encuentra detrás de tanta majestuosidad: un mundo lleno de intereses, dinero de por medio y mucha, mucha infelicidad de aquellos que (al menos, un siglo atrás) trabajan y se dejan en la vida en él.

Estamos ante una obra muy, muy interesante, que me ha mantenido pegada a sus páginas desde el principio y que engancha por su historia, sus personajes y los temas trascendentales que trata. Una novela que no es muy densa y que condensa en muy pocas páginas demasiados sentimientos, tanto positivos como negativos. Así que, os puedo decir, que esta es una maravillosa elección para sentir de verdad con una lectura. Y también recomiendo su serie de televisión, con potencial a pesar de haber sido cancelada tras su primera temporada (quizás por no haber sido promocionado como debería o no ser demasiado comercial…). Merece realmente la pena y a mí me ha enamorado, aunque no podría decir que supera a El gran Gatsby. Porque esta es insuperable.

 

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Basta con vivir, de Carmen Amoraga

Basta con vivir

Basta con vivirHay historias que, bajo un aparente halo de sencillez, esconden en su interior un mensaje grande, enorme en ocasiones. Y el libro del que hoy os hablo en uno de ellos. Basta con vivir es una historia sencilla, protagonizada por personajes sencillos. No pasan por sus páginas personajes históricos, detectives sagaces o superhéroes de ciencia ficción capaces de convertirse en un reclamo al lector por sí mismo, pero según avanza la historia, vemos como las protagonistas (ahora os hablaré de ellas) se engrandecen de tal manera que no tienen nada que envidiarle a los anteriormente nombrados.

La principal protagonista de esta historia de Carmen Amoraga es Pepa, una mujer madura hastiada de la vida que le ha tocado vivir. Décadas de sinsabores hacen que Pepa no quiera saber nada del mundo que la rodea, metiéndose en una espiral de negatividad que no hace más que acrecentar su angustia y su soledad. Por otro lado, tenemos a Crina, una joven rumana que vino a España pensando en estudiar Medicina y, engañada por su pareja, se ve metida en una red de prostitución de la que es imposible salir. Dos personajes muy distintos, pero con un problema común, la inexistencia de algo a lo que agarrarse para afrontar con fuerzas el día a día. Sin embargo, por diversos motivos, ambas encuentran una tabla de salvación que, si bien no les sirve para reflotar del todo su vida, si supone un punto de inflexión en la misma.

Podría entrar en más detalles de la vida de Pepa y Crina, y analizar parte de su pasado y su presente, pero prefiero centrarme más en los aspectos generales que hacen de Basta con vivir una gran historia. El éxito de este libro se basa en su sencillez, su cotidianidad y la facilidad para empatizar con los problemas de sus protagonistas. Si Crina representa un problema arraigado desde hace décadas en nuestro país, Pepa es el perfecto espejo en el que muchos lectores pueden sentirse reflejados. Y es que cualquier lector puede ver en esta última parte de sus defectos o miedos. Todos recibimos a lo largo de nuestra vida diversos varapalos, pero en nuestra mano está el modo de reaccionar ante ellos. Podemos quedarnos parados y lamentarnos, como Pepa, culpando a la sociedad, a los amigos y a otros factores externos de nuestra mala suerte. O podemos seguir adelante, utilizando las caídas para fortalecernos más aún.

Carmen Amorga construye alrededor de Pepa y Crina una historia llena de vida y verdad. Con su ritmo lento poco a poco nos va envolviendo en ese mundo tan particular, salpicado en ocasiones con una dosis de humor más que necesaria. Como ya me ocurrió con otro libro de esta editorial (Una nueva felicidad), lecturas de historias como esta creo que son necesarias, no solo por lo que aportan, sino también por lo que uno aprende de ellas. Por eso creo, y defiendo la idea, que no hace falta acudir a los libros de autoayuda cuando uno se siente algo perdido. En esas ocasiones, yo prefiero regalar y recomendar libros como este, esperando que el regalado (o recomendado) sepa captar el sencillo pero profundo mensaje que Basta con vivir lleva en su interior. Y es que su autora escribe un canto a la vida, a la solidaridad y a las segundas oportunidades, y solo por eso, ya merece la pena leer algo así.

César Malagón @malagonc

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American splendor, de Harvey Pekar y Robert CRumb

American splendor

American splendorEl arte de verdad no envejece. Tampoco la buena comedia. Respecto a la primera de estos dos frases seudolapidarias, no tenéis más que echar un vistazo a Robert Crumb en google imágenes, y ya me diréis si hay una sola de esas viñetas que corra peligro de quedarse anticuada en los próximos doscientos años.

En lo que se refiere a la comedia, naturalmente, las cosas pueden no estar tan claras para todos. Quiero creer que el humor que a mí me gusta es humor inteligente, mientras que a otros les hace gracia el monologuista por encargo de turno. Cada uno se ríe de lo que entiende, o de lo que no, o de lo que le sorprende, o de lo que se espera. Pero más allá de las diferencias entre un sentido del humor y otro, están esos artistas que crean escuela, y que no siempre suelen ser los más conocidos. Verbigracia, Harvey Pekar.

En una de las comedias que reinó en la televisión norteamericana de los 90, Seinfeld, uno de los episodios nos mostraba a los personajes hablando sobre una idea para una serie de televisión. A la pregunta de sobre qué trataría esta serie, ellos respondían “sobre nada en absoluto. No tratará de nada”. Algo parecido puede decirse sobre las historias de American Splendor, pues viendo al autor hablar, caminar, dirigirse a nosotros y escuchar jazz, uno no puede por menos de pensar que este libro no trata de nada en absoluto. Pero del mismo modo que, según Stephen Hawking, de la nada absoluta nació el universo , podemos decir que de la nada de American Splendor nació, no sólo buena parte del cómic moderno, sino también una nueva forma de reflejar la realidad en literatura, cine y televisión.

En la presentación mutua que hacen los autores, Crumb dice que las historias de Pekar, en las que no pasa nada, son la vida real. En la vida del común de los mortales no hay grandes gestas, nuestras acciones no van acompañadas de una música que indica si va a pasar algo bueno o si alguien va a morir, y las frases que podrían ser memorables se nos ocurren cuando es demasiado tarde. La vida real, esa que hoy algunos directores y guionistas se esmeran en reflejar en sus obras, está mucho más cerca de esas calles de Cleveland por donde se pasea este autor bajito, hirsuto y desaliñado, o de esas oficinas donde hablamos de trivialidades que, con frecuencia, encierran chorradas aún mayores de lo que parece. ¿Verdad que hoy está de moda publicar, por ejemplo, en redes sociales frases absurdas cazadas al vuelo en el bar o el autobús? Y qué originales nos creemos al hacerlo. Lástima que Pekar ya hiciera lo mismo hace cuarenta años.

Nos cuenta Pekar en esta colección de relatos los motivos que le llevaron a decidir que su vida, un arrastrar de pies entre tiendas de discos de jazz de segunda mano y los pasillos de un edifico de oficinas de la administración, por donde empujaba el carrito de la correspondencia, era, a pesar de todo, digna de ser contada. Las situaciones de American splendor, con charlas sublimemente inanes, con anticlímax casi épicos de lo intrascendentes que llegan a ser (o a parecer), situadas en oficinas, en la cola del súper, en el asiento de un autocar o en los escalones de la entrada de un edificio, son condenadamente reales, y cualquiera que, sencillamente, esté vivo reconocerá en ellas momentos de su propia vida. Nada más lejos, pues, del realismo sucio de Bulowski y otros. No hay aquí borracheras, drogas ni prostitutas, sino tan sólo la historia de los inicios artísticos de un autor que ha marcado la ficción contemporánea más de lo que podemos imaginar.

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El hombre menguante, de Richard Matheson (adaptado por Ted Adams y Mark Torres)

el hombre menguante

el hombre menguanteEs curioso: no suelo leer ciencia ficción, pero cuando lo hago, son libros que me encantan. Sin ir más lejos, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Jurassic Park son novelas que siempre recomiendo y que no me importaría volver a leer. Y aun así, la ciencia ficción sigue siendo un género al que me resisto. Quizá por eso me dio por leer la adaptación al formato cómic que Ted Adams y Mark Torres han hecho de El hombre menguante, en vez de acudir a la obra original de Richard Matheson. Es una buena alternativa cuando deseo conocer una historia, pero me abruma enfrentarme al texto completo. Ya lo hice con Crítica de la razón pura, de Inmanuel Kant y En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust , y como en ambos casos la experiencia fue más que satisfactoria, he decidido repetir.

Puede que muchos no conozcáis esta novela de Richard Matheson escrita en 1956, pero seguro que os vienen a la cabeza algunas de las películas que se han inspirado en su planteamiento. Por ejemplo, a los que crecisteis en los años noventa como yo, os recordará a Cariño, he encogido a los niños. Sin embargo, nada de cómico tiene la historia de El hombre menguante. Al contrario, el trasfondo de la novela, evidente en su magnífico final, es de un calado existencialista que a mí me dejó noqueada. Si hubiera tenido al señor Matheson enfrente, le hubiera dado un aplauso.

¿Qué pasaría si cada día encogieras tres milímetros? Al principio, ni siquiera te darías cuenta, pero poco a poco, ese cambio inexorable de tamaño iría limitando tu día a día y, lo que es peor, la forma de percibirte tú mismo y los demás. Eso es lo que le ocurre a Scott, el protagonista de El hombre menguante. La narración va intercalando episodios en los que Scott mide más de un metro ochenta, pero comienza a notar la mengua, y el momento en el que apenas supera el centímetro de altura y está atrapado en su sótano, donde alcanzar la caja de galletas o escapar de una araña suponen toda una odisea.

Con adaptaciones tan buenas como esta de Ted Adams y Mark Torres, el cómic se consolida como un medio excelente para redescubrir clásicos, pero también reivindica su valor literario. Sus ilustraciones imprimen el ritmo adecuado a la historia y transmiten la creciente inseguridad de Scott, la incomodidad de su pareja, el desprecio de los extraños, la certeza de que desaparecerá en pocos días. De este modo, nos metemos en la piel de Scott, sentimos su desesperanza y su terror y, sobre todo, nos planteemos si nosotros tendríamos también ese instinto de supervivencia.

Para profundizar en la grandeza y originalidad de El hombre menguante, Planeta Cómic ha incluido una introducción de Peter Straub, un prefacio de David Morrell y un artículo de Ted Adams donde explica cómo fue el proceso de adaptación. Como el mismo Adams reconoce, este cómic nació con el objetivo de animar a los nuevos lectores a leer el texto original de Matheson; y lo han logrado, al menos conmigo. Mis estúpidas reticencias con la ciencia ficción tienen los días contados si leo a maestros del género de este calibre.

 

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Visión binocular, de Edith Pearlman

Visión binocular

Visión binocular

La irrupción de Edith Pearlman en el panorama del cuento estadounidense se asemeja al descubrimiento de una supernova. Recién pasados los ochenta años de edad, y tras varias décadas publicando relatos y ganando decenas de premios, hasta hace cerca de un lustro la presencia de esta escritora era inapreciable, al menos desde la galaxia de los lectores normales. De repente, una reacción en cadena provoca su gran estallido y en unos meses pasa al primer plano del firmamento de tal manera que, en la actualidad, parece que pocos permanecen al margen de su intenso brillo.
Visión binocular es la reunión de treinta y cuatro de sus mejores cuentos, que abarcan lo más importante de su creación. Contemporánea, por ejemplo, de John Updike o Alice Munro, nadie diría que median bastantes años entre algunos de los relatos de Pearlman, porque todos, casi sin excepción, tienen cierto aire de clásico atemporal que hace que el lector se sienta a gusto entre ellos, sin elementos incómodos de otra época ni planteamientos éticos desfasados. Esto explica sin duda que pueda estar de rabiosa actualidad con una obra escrita en gran parte en el siglo pasado, y de entrada es una victoria de la literatura sobre la inmediatez.
La prosa de Pearlman resulta elegante, delicada y meticulosa, rica en matices sin caer en la saturación. En sus relatos, de poco más de diez páginas de media, desarrolla al mismo tiempo la historia y el decorado, que se van complementando hasta formar una única imagen, un retrato compacto y sin fisuras. Una visión binocular, por tanto, algo que en los seres humanos es tan normal que la mayor parte del tiempo no somos conscientes de ello. En general huye de la anécdota, de los cuentos de foto fija, y también de los finales abruptos y vistosos. Algunos de ellos, en un ejercicio notable de elipsis, incluso relatan vidas enteras. Muchos personajes principales bordean las últimas horas de su existencia (en “Reliquia y modelo” o en el magnífico “Independencia”), así que la vejez aparece como tema recurrente, al igual que la familia, la religión o, quizá de manera más sorprendente, la multiculturalidad. Habla mucho Pearlman de los judíos y sus tradiciones, y también de cómo se engarzan con las culturas que los rodean (en ese sentido es un Philip Roth de bolsillo).
De esta manera, muchas de sus historias, independientes entre sí, se localizan en diversos puntos del globo, desde Japón hasta Jerusalén, aunque la mayor parte terminan teniendo alguna relación con Godolphin, un barrio residencial a las afueras de Boston. Su particular granja de hormigas, de donde Edith Pearlman escoge la mayor parte de las familias que retrata.
Hay que reconocer que tanta corrección, el párrafo medido, las palabras justas, pueden pasar factura a la hora de leerla. El hilo que une los relatos de Godolphin contribuye a ligar unos con otros, pero en último término el volumen se hace un poco largo y puede terminar siendo una lectura recurrente, en la que picotear en la sala de espera del médico o mientras esperamos a que nuestras magdalenas suban (o no), más que un libro que invite a zambullirse en él y a no sacar la cabeza hasta haberlo apurado por completo.
En cualquier caso hay que alabar a Anagrama, que publica este Visión binocular, y a Alianza, que ha editado recientemente Miel del desierto, quienes han tenido el telescopio más afilado y han podido vislumbrar a Edith Pearlman desde la tierra del castellano en primer lugar. Si no corre el destino de las supernovas, condenadas a extinguirse poco después de su explosión, una vez localizada en el firmamento podremos contemplarla tranquilamente junto a aquellas otras que ya teníamos cartografiadas.

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84, Charing Cross Road, de Helene Hanff

84 charing cross road

84 charing cross road

Dicen que ver a alguien leyendo un libro que nos gusta es ver un libro recomendándonos a esa persona. Y supongo que todos vosotros, lectores asiduos de Libros y Literatura, habéis sentido alguna vez esa complicidad inmediata que surge entre dos apasionados de los libros, cuando una conversación casual desemboca en un sinfín de recomendaciones literarias.

Algo así le pasó a Helene Hanff, la autora de 84, Charing Cross Road. Allá por el año 1949, Helene Hanff era una escritora pobre y una lectora que sentía predilección por los libros antiguos. Pero en Nueva York no encontraba ediciones que su bolsillo se pudiera permitir y, en las librerías de segunda mano, el estado de los ejemplares dejaba mucho que desear. Así que acabó escribiendo una carta a Marks & Co., una librería londinense especializada en libros agotados, ubicada en el número 84 de Charing Cross Road, de Londres. El solícito servicio de Frank Doel, el empleado que se encargaba de contestar las cartas de Marks & Co., hizo que esa misiva puntual llegara a ser una correspondencia ininterrumpida durante más de veinte años, y el desparpajo de ella la convirtió, sin ninguna duda, en la clienta favorita de todos sus libreros.

84, Charing Cross Road no es ninguna novela, solo una recopilación de las cartas que Helene Hanff se envió con los dependientes de la librería de Londres. Pero es considerado un libro de culto, incluso adaptado al cine y al teatro, porque es una maravilla que ningún lector debería perderse. ¿Cómo no conectar con sus protagonistas? las divertidas pullas de Helene a Frank para poner a prueba su reserva británica; las cartas inesperadas de Cecil Farr, otra de las empleadas de la librería, que quiere saber más sobre esa selecta clienta a distancia; las contestaciones de la mujer de Frank y hasta de la vecina de arriba, que también han cogido cariño a esa neoyorquina que les envía conservas en esos momentos en los que sufren el racionamiento derivado de la Segunda Guerra Mundial… Y es que, como si nada, la solicitud de libros da paso a la vida, a compartir esas pequeñas confidencias y novedades diarias. Y los lectores nos alegramos con cada progreso laboral de Helen Hanff, porque deseamos tanto como ella que por fin pueda viajar para conocer a esos amigos que viven al otro lado del océano.

Esta historia real de pasión por los libros y de amistad que supera las barreras de la distancia y del tiempo es tan sencilla como entrañable, y se gana el corazón de los lectores por derecho propio, sin necesidad de rellenar con ficción ni de recurrir a artificios. Por eso, aunque en estos tiempos sea posible comprar cualquier libro con un solo golpe de clic y saber cómo les va a nuestros amigos casi en directo, a cualquiera de nosotros nos gustaría vivir esas emocionantes esperas de Helene Hanff.

Qué suerte tuvieron estas personas de que su vidas se unieran a pesar de la distancia. Y todo gracias a los libros, capaces de crear las amistades más insólitas e imperecederas.

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Las flores del mal, de Charles Baudelaire

Las flores del mal

Las flores del malCreo que poco necesario y útil sería entrar a discutir la coherencia de que estos poemas estuvieran prohibidos para su publicación durante más de noventa años. Solo hace falta leerlos para darse cuenta de ello. En este caso, Libros del Zorro Rojo presenta los poemas que fueron censurados con el acompañamiento de las magníficas y geniales ilustraciones de Pat Andrea. ¡Ay si vieran aquellos censores las ilustraciones! Disfrutadlas mientras podáis.

Con los poemas en español y francés, esta edición aniversario por los 150 años desde la muerte de Baudelaire, cuenta, además de las ya comentadas ilustraciones de Pat Andrea, con la traducción al español a cargo del poeta Jaime Siles. No hace falta decir que la edición es exquisita, algo ya rutinario en todo lo que hacen en Libros del Zorro Rojo.

Me da bastante reparo y respeto comentar los poemas de un genio como Baudelaire, así que creo que eso se lo voy a dejar a tantos profesores de institutos y universidades a los que les toca hacerlo. Lo que sí diré es que encontramos en ellos esas menciones tan “baudelairianas” al amor lésbico, al sexo descarnado, al erotismo sangrante, al infierno y al cielo climático que ofrece el tan desconcertante amor. El amor para Baudelaire no se entiende sin pasión, sin freno, sin ningún tipo de atadura. Amar es elevarse a los más altos cielos con la certeza (que no quita la sorpresa) de que se bajará a los más desgarradores infiernos. Pero todo ello de la mano siempre de la más pura y sincera poesía. La poesía es la cuerda que amarra al poeta a la realidad mientras él se encuentra sumergido en las más turbias y removidas aguas del desconocido e imprevisto amor. ¿Has amado alguna vez? Si es que sí, nunca podrás dejar de entender al poeta francés.

Esta selección de poemas fue censurada, apartada de aquellos que sentían algo que el francés estaba contando. Leer no es más que escuchar por los ojos aquello que necesitas oír porque tú todavía no sabes expresarlo. Por eso es tan grave la censura, por eso es tan necesario compartir lo que genios como Baudelaire cuentan.

«¿Quién hay que ante el amor ose hablar del infierno?».

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Lucifer. Padre Lucifer, de Holly Black

padre lucifer

padre luciferA ver cómo hablo de este cómic porque no es fácil y hay que remontarse algo en el tiempo, al principio, cuando el principio era el Verbo. Bueno, no tan al principio, pero la frase venía a huevo siendo el cómic que vamos a reseñar el que es.

Pues bien, al principio… tuve la suerte, la enorme suerte, de empezar en esto de los cómics con The Sandman (de Neil Gaiman). Tal vez la mejor obra del noveno arte, siempre en mi opinión, que he leído hasta ahora. De las páginas de The Sandman emergió el personaje de Lucifer, el rey del Infierno.  Un Lucifer bastante distinto a la imagen del Diablo que todos tenemos implantada en la cabeza.Todos pensábamos que sería un simple cameo por necesidades de guion, pero nada más lejos. Años después Lucifer tuvo un spin off, una serie propia, obra de Mike Carey (que, curiosamente, llegó a tener la misma extensión),  con tanta calidad, entretenimiento y prestigio como la serie de donde salió, pero con una identidad totalmente propia. (Algún día tendré que leer de nuevo las tres o cuatro colecciones que conforman mi particular olimpo comiquero: The Sandman, Lucifer, Hellblazer y Predicador).

Ha pasado mucho tiempo desde que se publicó el último Lucifer, concretamente en 2006. Y por eso cuando hace un par de meses vi el tomo de Lucifer Cielo frío, pensé que era una reedición de la colección de Carey. ¡Grave error!  Alguien había osado poner sus manos sobre el ángel caído. ¿Por qué? ¡Si esa “creación” ya estaba cerrada y bien cerrada! ¡Ya nadie respeta nada! ¿Qué será la próximo, una segunda parte de Los Goonies? ¡Y me voy a callar lo que pienso de la serie televisiva, porque poner a Lucifer a lo Sherlock como consultor de la policía para ayudar a resolver crímenes…! Que no,  que eso me lo callo.

Afortunadamente, tras leer Cielo frío, el número anterior a Padre Lucifer, puedo respirar tranquilo. La obra no ha sido mancillada y el Lucero del alba sigue tan carismático, elegante y astuto como solo este Diablo puede serlo y siguen tratándose los temas de la predestinación y el libre albedrío.

¿Qué tenemos en este cómic? Pues de hecho, algo bastante similar al Lucifer planteado por Carey. Además de lo ya mencionado (el destino y el libre albedrío), tenemos las relaciones padre-hijo. Lucifer parece tratar a su hijo de forma parecida a como Dios le trata (o trataba) a él. El paralelismo es más que evidente. Tras haber resuelto el asesinato de Dios en Cielo frío, Lucifer vuelve a su piano bar, Ex Lux, en Los Ángeles. Pero la noticia de la muerte de Dios pronto se extiende en el Cielo y…  es muy difícil hablar de este cómic sin destripar nada. Los ángeles van a querer ocupar el trono, y en el Infierno el hijo de Lucifer reclamará frente a la actual reina, Mazikeen, su derecho legítimo al trono.

Hasta aquí puedo leer. Debo decir que, de momento, estos dos números me han sabido a gloria y me han evocado las mismas sensaciones que tuve en su día al leer las historias de Carey. Y eso, siendo justos, no era tarea fácil.

Padre Lucifer sigue donde se quedó Cielo frío y despliega un derroche narrativo, y visual, delicioso para todos los que en su día disfrutaron con el personaje. Reencuentro con figuras de antaño, diálogos y réplicas frescas e ingeniosas, un dibujo a la altura y una historia que logra que te desconectes de todo y te sumerjas hasta el fondo en ella y tiene los necesarios giros o artimañas propios de un personaje tan dado a ellos y que solo Él planea tan bien.

Holly Black nos ha devuelto al Lucifer que recordábamos y que tanto nos gustó.

Estoy deseando hincarle el diente al tercer tomo… a pesar de que será el último, y de que tampoco guioniza Holly Black (vuelta al miedo y a la esperanza).

Una lectura por la que merece la pena pecar.

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La vuelta al mundo en 80 cementerios, de Fernando Gómez

la vuelta al mundo

la vuelta al mundoMe gustan los cementerios. Son lugares estupendos en los que perderse paseando. Me gusta caminar por entre las lápidas y hacer fotos a las tumbas antiguas, a las rotas  a las hundidas, o a las que se salen de la tendencia moderna y “normalizada”, de las lineales de ahora hechas en serie. Algunos domingos de otoño he ido a hacer fotos, (que luego subo a mi blog), y también he asistido a visitas guiadas del cementerio de Logroño en donde, caminando bajo la lluvia, se explicaban curiosidades de este, historia de los famosos de la ciudad enterrados en él, antiguas tradiciones… Y hace poco el programa Cuarto Milenio, el de Iker Jiménez, vino a grabar una de las tumbas más llamativas para el reportaje dedicado a un inventor conocido como “El ruso”.

Cuando les digo a mis amigos “mañana voy al cementerio, ¿alguien quiere venir?” Lo que obtengo son miradas de extrañeza.  Supongo que, como la mayoría de personas, ven en los cementerios un lugar al que ir cada uno de noviembre y en las tristes ocasiones en las que toca despedir a un ser querido o acompañar a alguien en la despedida del suyo.

Y sin embargo yo, si voy de vacaciones a algún lugar, una de las visitas obligadas, siempre que haya tiempo y siempre al final de la lista de cosas que ver o hacer, es visitar el cementerio local.

En los cementerios hay arte. Arte funerario, pero arte. Merece la pena perderse en ellos y admirar las esculturas, mausoleos, templetes, y hasta, de vez en cuando, leer los epitafios… Son un conjunto artístico. Hablo de cementerios más bien grandes, no los de, por ejemplo, un pueblo en el que en dos minutos ves las quince lápidas que tengan y que además son todas iguales.

Por eso he querido leer este La vuelta al mundo en 80 cementerios.  Para ver cementerios por los que me gustaría rondar y fotografiar.

En este libro conoceremos anécdotas, curiosidades antiguas, historias de famosos enterrados, cementerios simbólicos  (como el de Las Cruces, en Chile, en donde no hay nadie en sus tumbas ya que es un camposanto dedicado a aquellos fallecidos en el mar cuyos cuerpos no han sido recuperados), historias truculentas (¡vaya con Nicolas Cage!)…

Es muy recomendable tener un ordenador o el móvil a mano mientras se lee este libro, sobre todo cuando en los casos en los que el autor comenta que tal o cual cementerio es de una belleza espectacular o, como el de Skogskyrkogarden, catalogado como Patrimonio de la Humanidad, para poder comprobar y admirar lo que se nos está contando.

Vamos a descubrir bastantes curiosidades a lo largo de todo el libro. De primeras tenemos el cementerio de La Madeleine en Amiens, Francia. En donde lo más destacado es la tumba de Julio Verne, tumba que, si no conocéis, tras la descripción que de ella se hace no os va a quedar otra que echar mano de Internet para verla.

No voy a describir los 80 cementerios, pero vale la pena resaltar que iremos a Highgate; a Cross Bones, al cementerio de los marginados; a Whitby, famoso por estar en él ambientados algunos de los pasajes de Drácula; a las grutas del Vaticano, donde conoceremos sobre el Sínodo del Terror; al cementerio de los Manantiales, que no son sino cuevas repletas de calaveras; a las catacumbas de los Capuchinos, en donde está la que se considera “la más bella momia de mundo”, la de Rosalía, una niña fallecida a los dos años de edad; al muy curioso osario de Sedlec, o lo que es el primer cementerio exclusivo de vampiros; a un cementerio dedicado a animales;  al aún más curioso Cementerio Colgante de Sagada, en Filipinas, en el que multitud de ataúdes cuelgan en las rocas de los acantilados o aprovechando pequeñas cuevas; al de Waverley, en Australia, uno de los diez cementerios más bellos del mundo;  al de los 47 ronin, en Sengakuji; al de San Luis, en Nueva Orleans, en donde descansa el cuerpo de “una de las vampiras más aterradoras del continente americano” y cuya historia recuerda a las primeras páginas de Entrevista con el vampiro; y los siempre extraños cementerios caribeños (el de Colón, en Cuba) y mejicanos (el de Muñecas en Xochimilco).

Por nombrar por encima los más llamativos.

Un recorrido por el mundo en busca de los cementerios más hermosos o con las historias más atrayentes (por cierto, en los de Londres había unas cuantos con vampiros merodeando, y no me refiero al de Whitby), con las tradiciones más chocantes para nuestro modo de entender el concepto de cementerio, con anécdotas, leyendas o simples biografías de personajes célebres narrado todo ello de forma sencilla, como si el autor nos hablara de tú a tú, inoculándonos las ganas de conocer más, siempre más.

Si algún pero puedo poner es el de la escasez de fotos y que estas fueran en blanco y negro. Por lo demás, La vuelta al mundo en 80 cementerios es un libro para todos aquellos a los que los cementerios no les parecen un lugar al que ir una vez al año.

Instructivo, fácil de leer y muy entretenido.

¡Viva el necroturismo!

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La raíz cuadrada del verano, de Harriet Reuter Hapgood

La raíz cuadrada del verano

La raíz cuadrada del verano“El principio de Incertidumbre dictamina que uno puede saber dónde se encuentra una partícula, o puede saber a dónde se dirige, pero no puede saber ambas cosas al mismo tiempo. Y resulta que con las personas pasa lo mismo. Y cuando lo intentas, cuando te fijas demasiado, contraes el efecto del observador, que significa que, cuando intentas descubrir lo que está ocurriendo, interfieres en el destino. Una partícula puede estar en dos sitios a la vez. Una partícula puede interferir en su propio pasado. Puede tener muchos futuros y muchos pasados. El universo es complicado”.

Yo no soy mucho de empezar las reseñas usando una frase del libro ni transcribiendo párrafos. Pero es que esta vez no he podido evitarlo. Así, con esta frase sobre el principio de Incertidumbre es cómo empieza La raíz cuadrada del verano. Y me ha parecido un principio tan perfecto, tan redondo y tan bonito, que no he podido evitar plasmarlo en esta reseña para compartirlo con todos vosotros.

Y es que este libro trata un poco de eso, de lo difícil y complicado que es el universo. La vida, en general. Lo difícil que es lidiar con los problemas del día a día. Nuestros propios problemas que, quizás, a ojos de otro sean nimiedades y chiquilladas. Margot, o Gottie —como la llaman sus amigos—, lo sabe muy bien. La vida puede ser realmente complicada. No llegó a conocer a su madre, por lo que su padre y su abuelo fueron los pilares imprescindibles de su vida. Pero, con la muerte de su abuelo, a Gottie se le vino el mundo encima. Él la comprendía mejor que nadie. Él sabía todos sus secretos, aunque ella jamás se los hubiera contado. Gottie lo descubrió cuando encontró el diario de su abuelo, donde la mayoría de las páginas estaba dedicada a ella. Él entendía que Gottie fuera un cerebrito y que amara las ciencias y los problemas matemáticos ante todas las cosas. Y también sabía que había un chico que le había robado el corazón. Lo sabía absolutamente todo.

Eso fue demasiado para Gottie.

Así que desde ese momento, su mundo empezó a dar vueltas, casi literalmente. Gottie empezó a caer en lo que ella llamaba “agujeros de gusano”. Lapsus de tiempo que pasaban sin que ella se diera cuenta. De repente, su mundo se paraba y no recordaba nada. Como si hubiera caído dentro de un agujero negro y ella se hubiera paralizado mientras el resto de gente seguía con sus vidas. Y esto no hizo más que empeorar cuando llegó Thomas, aquel chico que le hizo tanto daño tiempo atrás.

Este libro, La raíz cuadrada del verano, escrito por Harriet Reuter Hapgood es un libro curioso. Parece que nos está contando una historia de amor más, en la que una chica adolescente tiene que lidiar con sus sentimientos, pero en realidad esto va más allá. Gottie intentará descubrir qué son esos viajes temporales que sufre y lo intentará hacer de la única forma que sabe: usando la ciencia. Y nos hará partícipes de sus teorías y sus hipótesis, aunque al principio ni ella sepa de lo que está hablando.

No es un libro más para adolescentes. Es un libro especial, cuya protagonista es la ciencia ficción pero sin pretenderlo. Es una historia cotidiana, del día a día, pero que de repente se ve interceptada por una historia fantasiosa en la que la física adquiere un papel muy importante.

Es un libro extraño, la verdad. No es lo que esperaba en absoluto. Sin significar eso que sea bueno o malo. Simplemente, no me esperaba que lo de los agujeros de gusano fuera a tomar tanta importancia. Me sorprende que en un libro así se trate un tema tan complicado como es la física cuántica y, lo mejor de todo, que lo haga de esa forma tan natural.

El papel de Gottie sin duda es el que más me ha gustado. Es una chica muy natural y cuya tristeza por la muerte de su abuelo traspasa el papel con una facilidad increíble. Además están sus dudas, sus inseguridades. Con respecto a su mejor amiga, su familia, su chico, incluso respecto a ella misma. Todo son titubeos, no sabe cómo gestionar su vida diaria, así que cuando llegan los viajes temporales… todo es caos. Y eso se transmite muy bien a través de la narración Harriet Reuter, que aunque es su primera novela, sabe plasmar las emociones de la protagonista a la perfección.

Como resumen, toda una novedad en el panorama actual de novela juvenil, que nada tiene que ver con las típicas historias de chica conoce a chico, lo que seguro que hará que se hable de ella durante muchísimo tiempo.

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El porqué del color rojo, de Francisco Bescós

el porque

el porqueNo mentiría si dijera que uno de los motivos que me hicieron querer leer este libro fue que transcurriera en mi tierra. Es más, fue un motivo de bastante peso aunque la balanza tras conocer la sinopsis ya se inclinaba totalmente hacia su lectura. Pero eso, la localización, fue el golpe de gracia que hizo que el libro pesara una tonelada.

Y no podría haber acertado más.

Si vas a situar una novela en una comunidad autónoma en la que todo o casi todo gira en torno al vino y su mundo, una comunidad en donde casi a diario se organizan catas, presentaciones de nuevos vinos y/o libros sobre el vino, en donde las bodegas diversifican su actividad gracias al enoturismo, se publican tesis universitarias para la mejora de la uva o se invierte e investiga en el estudio de nuevos métodos de fermentación, se abren y cierran plazos para solicitar ayudas para exportar  a terceros países, se pleitea contra denominaciones de idéntico nombre al otro lado del charco o contra zonas limítrofes que quieren acogerse a tu denominación, se organizan meses y mesas de actividades gastroculturales con concursos fotográficos, de pinchos y de todo lo que se te pueda ocurrir; una comunidad en donde todo es algo con vino, vino con algo o vino con vino;  vino, vino y más vino, siempre, ¿qué menos que ambientarla en plena vendimia, cuando el jaleo es aún mayor y el vino huele nada más salir de casa? (Es una hipérbole, copón, el olor no llega a tanto).

Dicho y hecho, en vendimia y en La Rioja Baja es en donde vamos a movernos. Y como en vendimia hace falta mano de obra, los viñedos se llenan de mano de obra extranjera, principalmente rumanos, pero también albaneses, portugueses y europeos del este.

Pero vayamos al grano, y no al de uva. Todo comienza cuando en el cuartel de la Guardia Civil de Calahorra se recibe una llamada avisando de la aparición del cadáver de un temporero en un viñedo. Lo lógico es pensar que es un temporero ilegal a quien la mafia obliga a trabajar para pagar una deuda. Sin embargo, no va a ser tan fácil. Bajo la, en principio aparentemente evidente solución, se van destapando asuntos a cuales más turbios: yihadismo, ETA, tráfico de personas, las presiones de un juez amigo del bodeguero dueño del viñedo en el que ha aparecido el cadáver que no quiere que se le echen los perros, pistas falsas y sombras inesperadas y muy muy largas.

Los picoletos protagonistas de resolver el caso nada tienen que ver con esa otra pareja ideada por Lorenzo Silva, Vila y Chamorro. A los de Silva ya los conocemos y les tenemos cariño, pero actúan principalmente en pareja. En El porqué del color rojo,  el protagonismo oscila entre el liderazgo de la teniente Lucía Utrera, alias La Grande (que no La Gorda, quien además acaba de ponerse a dieta, para desgracia de sus subordinados) y un reparto equitativo del peso del libro entre los miembros del cuartel, incluido el marido de Lucía. No son ni mejores ni peores  que Vila y cía. Son distintos y no hay que hacer comparaciones porque no viene al caso.

“Lucía piensa en un cojonudo, en un tío agus, en un champi. Nota cómo se le humedece la parte inferior de la lengua.”

Como digo, el libro tiene un protagonismo muy coral y, al margen de la investigación en sí, conoceremos detalles personales de cada uno integrados hábilmente en el meollo principal: el pasado de Lucía en el norte, lo fascinado que Ramírez está con su novia Elsa y lo poco que puede concentrarse en estudiar, los escarceos con la droga de los más jóvenes, los gustos frikis de la cabo Artero; las anécdotas del padre Borobia, (un cura exboxeador que a la mínima se pone de mala hostia y blasfema y con quien, por cierto, me descojoné con aquella en la que se saca la chorra en el altar delante de dos viejas pesadas)…  Detalles todos estos que van a dotar a los personajes de una impresionante fuerza tridimensional que ayuda y mucho a meterte en el mundo propio de cada uno y a comprender su actuación global en la historia y las interacciones entre ellos.

No obstante, a pesar de las múltiples voces, el grueso de la investigación lo llevan Lucía, Ramírez y el padre Borobia. Estos, bien juntos, bien por separado, van a moverse más que Willy Fog con bonobús y nos llevarán de Calahorra a Aldenueva de Ebro,  Rincón de Soto, de Logroño, otra vez a Calahorra, Pathfinder arriba, Pathfinder abajo… según vayan necesitándolo y según vayan tirando del hilo criminal.

“No sabes, niño, cuántas mentiras hay que contar en este trabajo para obtener una sola verdad”.

El porqué del color rojo es, estructuralmente hablando, perfecta. La alternancia de los puntos de vista de cada uno se sucede con la precisión necesaria. Las diversas tramas van enlazándose como ruedas dentadas de un mecanismo perfectamente engrasado y logra hacerte ver cómo se desarrollan las pesquisas de la Guardia Civil en la vida real.

Y lo primordial: el argumento engancha que da gusto y ya desde el principio, con esas reflexiones sobre las cucarachas en Madrid, tan tan tan de novela negra clásica, (y otras tantas perlas repartidas por el libro) es imposible dejar de leer.

“…ningún ser humano sobrevive a lo que no sobrevive una rata”

Personajes artesanalmente elaborados, creíbles, que se pueden tocar;  historia absorbente, lectura ágil y un final que me ha dejado con el culo torcido porque para nada me esperaba, hacen de El porqué del color rojo una novela que dará que hablar este año y que recomiendo sin dudarlo. Y da igual que la novela ocurra en La Rioja. Podría haber ocurrido en cualquier otra zona vitivinícola de España y seguiría siendo igual de excelente. Para mí Francisco Bescós es ya otro gran autor al que no perder la pista.

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