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Sobre Patines, de Victoria Jamieson

Sobre Patines

Sobre Patines¿Quién no recuerda haber experimentado mil y un sentimientos a la vez en los primeros años de nuestra adolescencia? ¿Encerrarnos en nosotros mismos por el más mínimo fracaso en el colegio o en nuestras actividades extraescolares? ¿Enfadarnos con nuestro mejor amigo o amiga por la cosa más insignificante? Y cómo, en aquellos momentos, nos parecía el fin del mundo y nos ahogábamos en lágrimas encerrados en nuestros cuartos, pensando que jamás se solucionaría. No puedo evitar sonreír ante la inocencia de aquellos años, porque me encantaría revivirlos para experimentar todo por primera vez. Y creo que no soy la única.

No es nada fácil reflejar todos estos sentimientos y meterse en la cabeza de una niña de doce años. Sin embargo, Victoria Jamieson lo hace de forma brillante en solo unas 250 páginas, que se leen en un suspiro (en mi caso, en una sola noche) y que te sacan más de una sonrisa. Porque Sobre Patines es una novela gráfica que explora con humor la etapa adolescente y todos los altibajos y cambios que todos experimentamos cuando la vivimos. Y tanto Astrid, la protagonista, como Nicole, Rachel o Zoey representan a muchos adolescentes reales y a sus problemas cotidianos.

Personalmente, me sentí muy identificada con Astrid desde el principio. Su miedo a ser rechazada por ser diferente a los demás, a no conseguir lo que se propone ni lograr sus sueños, su gran torpeza en multitud de ocasiones y su incapacidad de afrontarse a los miedos e inseguridades con los que se encuentra en su día a día… Es algo que todos hemos experimentado alguna vez en esa dulce, aunque también muy difícil, etapa de nuestras vidas. Una etapa en la que tantos sentimientos se mezclaban y no sabíamos qué hacer con todos ellos. Cómo seguir adelante después de todas las patadas y desilusiones que nos da la vida. Aunque eso es algo que también nos ocurre cuando somos adultos, ¿no? ¿Acaso cambian tanto nuestros miedos? ¿O es que simplemente aprendemos a manejarlos? Esto es algo en lo que este libro me ha hecho reflexionar.

Además, Sobre Patines nos cuenta esta bonita historia mediante el humor y consigue sacar al lector más de una sonrisa en cada uno de los capítulos, debido a la ironía de Astrid y su forma de reírse consigo misma. Y creo que esto es algo que todos deberíamos hacer alguna vez, reírnos más de nosotros mismos y no tomarnos todo tan en serio. Por eso creo que esta novela me ha parecido tan especial.

Y otro tema interesante y esencial que se trata aquí es el deporte y todo lo positivo que puede aportar a una persona en todas las facetas y edades de su vida. El patinaje hace a Astrid una persona feliz, capaz de superar sus miedos con esfuerzo y pasión, y le ayuda a entender que nadie te regala nada en esta vida. Que hace falta trabajar para conseguir lo que queremos. Y esto le hace evolucionar en su camino hacia la madurez y es una chica totalmente distinta la que conocemos al comenzar la lectura que la que nos encontramos cuando la acabamos.

La lectura de Sobre patines ha sido toda una vuelta a mis doce años, que recomiendo a cualquier persona, sin importar la edad que tenga. No solo es increíblemente tierna y divertida, sino que es una novela gráfica con ilustraciones preciosas, coloridas, positivas y llenas de detalles. Una novela que no me extraña que haya sido premiada, ya que ha sido creada con una sensibilidad y una madurez que no pasa desapercibida y que sin duda regalaría a mis hijos, si los tuviera.

Aprender de nuestros errores, levantarnos cuando nos caemos, creer en la importancia del trabajo en equipo y en la inutilidad de ganar por ganar o agradar a otros. Es algo que debemos recordarnos siempre y que no me ha venido nada mal recordar en este libro. Porque así es la vida y es algo que todos debemos comenzar a aprender en nuestros primeros años de adolescencia.

 

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Una historia casi verdadera, de Mattias Edvardsson

Una historia casi verdadera

Una historia casi verdadera«¿Qué es más importante: contar una buena historia o desenterrar la verdad?». Buena pregunta, ¿eh? Yo se la haría a más de un periodista, pero esto va de literatura. Y no lo digo solo porque vaya a reseñar un libro, sino porque este libro, Una historia casi verdadera, plantea esa pregunta en su portada y a lo largo de toda su trama, pero enfocada desde la perspectiva del mundo literario.

Me explico. En Una historia casi verdadera, el escritor sueco Mattias Edvardsson nos presenta a Zack Levin, un treintañero que acaba de perder a su novia y su trabajo. No le queda más remedio que volver a vivir con su madre y, en plena crisis existencial, decide recuperar una pasión olvidada: la escritura. Pero la historia que quiere escribir no es una historia cualquiera, ya que pretende reconstruir los acontecimientos que él mismo vivió una década atrás, durante un curso de Escritura Creativa, para demostrar la inocencia de su compañero Adrian Mollberg, acusado de asesinar a Leo Stark, uno de los escritores más famosos del país en aquella época.

Con este punto de partida, Una historia casi verdadera va intercalando el presente del protagonista (2008) con los capítulos de su novela, El asesino inocente, en los que relata aquel curso de 1996: sus clases con la atractiva Li Karpe, su amistad con el extrovertido Adrian y el taciturno Fredick, su enamoramiento secreto de su compañera Betty, su extraños encuentros con el irascible escritor Leo Stark…

En 2008, Zack se reencuentra con sus viejos amigos y, a medida que les pregunta sobre aquellos tiempos para escribir su historia, se da cuenta de que no puede fiarse de sus propios recuerdos, que todos ocultan algo y que la verdad, dependiendo de a quién se le pregunte, puede ser muy diferente. Y de igual manera, a los lectores también se nos van multiplicando los interrogantes conforme pasamos las páginas. Y es que, como viene siendo habitual en la literatura sueca, Una historia casi verdadera da un giro de rosca en la última línea de cada capítulo para que no podamos separarnos del libro, por lo que sus más de cuatrocientas páginas se hacen cortas.

Pero además de ser una novela adictiva, con las opiniones y actos de sus personajes, Mattias Edvardsson nos hace reflexionar sobre los difusos límites de la literatura, planteando preguntas tan interesantes como hasta qué punto se puede exigir que la ficción sea moral o veraz o si un libro puede ser alabado como una obra maestra, aunque su autor sea la persona más despreciable del mundo. Cuestiones que a todos nos resultan familiares, puesto que salen a la palestra cada vez que se publica una novela provocadora o se desvelan los escándalos de algún artista.

Así, mientras el protagonista y nosotros mismos intentamos montar el rompecabezas del asesinato de Leo Stark, Mattias Edvardsson nos adentra en los claroscuros de la escritura, retratándola desde diferentes prismas, que van del romanticismo más inocente al cinismo más absoluto. Por eso, si soñáis o alguna vez habéis soñado con ser escritores, disfrutareis de Una historia casi verdadera especialmente. Aunque, aviso, no saldréis indemnes de la lectura.

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Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo, de Neil Gaiman y Shane Oakley

esposas prohibidas

esposas prohibidasTras semejante parquedad y descripción en el título encontramos la adaptación al cómic de un relato del omnipresente Neil Gaiman, (el cual últimamente aparece en la sopa, en los cereales y en los popitos de bebé), escrito hace diez años, lo que en tiempo mortal viene a ser una década. Y lo cierto es que si tanta presencia tiene el escocés y tan bien y en tantos formatos se sabe vender, es porque su obra, más allá del nivel de calidad (que suele ser excelente), es extensa.

Gaiman parodia, empezando ya por el propio título, de forma ¿terrorífico-cómica? todas esas historias de mujeres corriendo semidesnudas por esa excelente pista de atletismo nocturna que es un cementerio con lápidas rotas; aquellas otras en las que en mitad de la noche la madera cruje como si fuera pisada por alguien cerca de tu cama (y tu suelo fuera de madera); esas otras en las que, por el motivo que sea, el protagonista se ve obligado a pedir auxilio en una mansión vieja y enorme en mitad de la nada y envuelta en una niebla heladora y, también, por supuesto, bien entrada la noche… Escenas todas ellas que nos son reconocibles porque las hemos visto cientos de veces en antiguas películas o leído en libros, y que, a pesar de todo, no nos importa seguir haciéndolo.

Como decía, Gaiman parodia, pero lo hace sin caer en la grosería o irrespetuosidad, esas manidas situaciones y para ello nos sitúa en una vieja abadía de esas en cuyo interior no hay luz eléctrica sino velas chorreantes de olorosa cera  y candelabros fríos y oxidados en donde un autor, nuestro protagonista, intenta escribir algo de “realismo respetable”. Un autor para el que lo real es precisamente todo lo ya mencionado y que se va a ver interrumpido constantemente por un mayordomo un tanto siniestro, un duelo a muerte con alguien que creía ya muerto, o un cuervo con el que podrá mantener un diálogo más allá del famoso “nunca más” sobre su propia obra. Un autor que escribe una mezcla de fantasía y/o terror y que vive dentro de una historia de fantasía y/o terror. Por eso es realismo lo que escribe y para él la fantasía son las tarjetas de crédito, los impuestos, los anuncios de detergente, los huevos revueltos o pasados por agua…

Pero sin duda, el punto fuerte de Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo es el dibujo de Shane Oakley. Alternando entre el blanco y negro para la historia dentro de la historia, y el color para la realidad, el artista nos sorprende con un estilo gráfico que se ajusta como un guante a las características de este cómic y que merece ser revisado una vez leído el tomo, aunque solo sea para rememorar sus pinceles, porque, además, gana enteros en esa segunda lectura.

Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo choca por tener un título tan largo y resultar ser un caramelo tan breve. Y desde luego que es breve, pero, por otra parte, también es intenso.

Un cómic que se lee con placer, con la nostalgia propia de las lecturas y películas disfrutadas hace tiempo, con la impronta de Gaiman. Un tomo que todo amante y/o completista del escocés debe tener y que se disfrutará cada vez que se acuda a él.

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Qué vas a hacer con el resto de tu vida, de Laura Ferrero

Qué vas a hacer con el resto de tu vida

Qué vas a hacer con el resto de tu vidaLaura Ferrero supuso todo un boom literario con su libro de relatos Piscinas vacías. Un libro que yo no he leído, pero que ya reseñó mi compañero Roberto Moro.

Si os digo la verdad, no he necesitado leer su primer libro para saber que Laura me iba  a gustar. Llamadlo intuición, llamadlo conexión… pero sabía que Laura no me iba a defraudar. Hace tiempo que la sigo en redes sociales y me gusta. Me gusta lo que escribe, su forma de ver el mundo y esa melancolía que impregna sus escritos. Me siento muy identificada con ella. Es como si a Laura ya la conociese de toda la vida. Una sensación extraña y muy bonita al mismo tiempo.

Así que, claro, enfrentarse a la lectura de un libro así tiene sus ventajas: sabes que lo que vas a leer te va gustar. Ahora es inevitable leer Piscinas vacías para convencerme de que no me equivoco (y sé que no lo hago).

Pero vayamos a Qué vas a hacer con el resto de tu vida. El título ya me sobrecogió. Es uno de esos títulos que te plantan cara, te hacen pensar e intuir que lo que se esconde dentro de sus páginas te va a doler, pero no vas a poder dejar de leerlo. Así soy yo, un poco masoquista. O como os decía antes, inclinada a la nostalgia, que suena mucho mejor.

Laura es la protagonista de esta novela. Una joven de treinta años inmersa en una crisis que afecta a todos los niveles de su vida. Una crisis que viene marcada por una vida difícil en el seno de una familia de lo más complicada. Es cierto que todas las familias tienen sus taras, ya lo sabemos. Pero también es cierto que la familia de Laura no se lo ha puesto nada fácil. Y ella, que de por sí tiende a la complicación, se ve inmersa en una batalla interior a la que con treinta años va a plantarle cara. Aunque lo haga indirectamente, como dejándose llevar por la vida. Esa es la manera en que Laura se enfrenta a sus monstruos.

Para ello, decide dejar a su pareja e irse de Ibiza, la isla donde ha vivido siempre, para empezar una nueva vida en Nueva York. Pero huir no es sinónimo de avanzar, y eso es algo que Laura ya sabía. En este caso, huir es volver al pasado, enfrentarse a él y plantarle cara. Desde Nueva York y su propia soledad, Laura se enfrenta a todos los recuerdos que no dejan de molestarla, recuerdos que también parecen preguntarle directamente a ella qué va a hacer con el resto de su vida.

Su padre, del otro lado, en su mundo de islas y cosas intangibles. El recuerdo de una madre que desapareció de sus vidas. Su hermano, Pablo, con sus fantasmas y luces. A todos ellos, inevitablemente, regresa Laura desde Nueva York.

Qué vas a hacer con el resto de tu vida sobrecoge. Laura Ferrero consigue hacernos estremecer, reflexionar y enfrentarnos a nosotros mismos. Es como experimentar lo que le ocurre a la protagonista en primera persona. Una delicia que duele e incomoda, pero que también te deja un buen sabor de boca. Así escribe Laura Ferrero, así es esta novela.

 

 

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Sake. La seda líquida, de Antonio Campins

Sake

SakeTengo que decirles que hasta hace no mucho yo no era especialmente aficionado al sake, lo había probado en contadas ocasiones y lo cierto es que no me había gustado demasiado. Mi percepción cambió no porque probase un sake exquisito que hiciese que cambiara mi opinión, sino que fue gracias a un documental, The birth of saké, que me causó tan honda impresión que me convertí en devoto de esa bebida antes de encontrar una que sencillamente me gustase. Estoy convencido de que hay muchas personas que tienen una opinión parecida a la que yo tenía tras haber probado algún sake de mala calidad, yo ahora puedo decir que he encontrado alguno realmente interesante, muy rico, pero aunque no fuera así seguiría siendo un defensor confeso suyo porque algo que se hace con la dedicación, el mimo, el conocimiento, la pasión y el amor con el que ese documental reflejaba merece el mayor de los respetos, lo que en este caso se traduce sencillamente en probarlo con la mente abierta. Y buscar.
Sake, este fantástico libro de Antonio Campins, abunda en ese sentimiento de admiración que siente uno al ver el proceso de fabricación (hablo naturalmente del producto artesanal de calidad, no del industrial) pero además expone de forma clara y sencilla los fundamentos de ese mundo. Porque es un mundo. La curiosidad suele llevarle a uno a descubrir cosas, aunque sea mirando a través del ojo de la cerradura, y teniendo en cuenta las dimensiones del mundo que se retrata, este libro es una cerradura, pero una dotada con un sistema imax de esos de reproducción en alta definición y en cuantas dimensiones sea posible. Se diría que hasta el sentido del olfato trae incorporado porque a menudo se sorprende uno si no relamiéndose si sintiendo los olores y sabores que este sencillo pero extraordinario producto regala.
Bien explicado, el procedimiento no es especialmente complicado, pero bien entendido es de una complejidad extraordinaria porque no es solo el proceso bioquímico o artesanal que lleva a conseguirlo, sino que es una forma de vida para unas personas que durante seis meses al año viven literalmente para su trabajo. Y con viven quiero decir que duermen, comen, se asean, trabajan y disfrutan su ocio en la destilería.
El primer paso, después de la elección de la variedad de arroz, que ya es un mundo en sí mismo, es el de limar el arroz. Como en estas variedades el almidón se concentra en el núcleo hay que pulir los granos para eliminar las capas externas. Y ya sé que lo escribo como si los puliesen uno a uno con una lima de uñas, que no es así, pero seguro que si fuese necesario lo harían.
El libro se detiene en cada una de las fases del proceso, con un respeto y un conocimiento realmente dignos de mención. Es una obra sencilla de un erudito, doble mérito. Además, que los términos japoneses introducen al lector en ese ambiente japonés tan especial en el que de repente un movimiento o un detalle pueden ser de crucial importancia hasta el punto de justificar una vida de aprendizaje. No voy a extenderme en el contenido, lo mejor es que si les interesa lean ustedes el libro ya que en él saciaran su curiosidad desde los procesos bioquímicos que fundamentan la fabricación o las variedades de levadura hasta la forma correcta de beberlo o de sujetar la copa.
Sake contiene además mucha información práctica, del mundo del sake y de ese mundo en España, que existe, pero es sobre todo el testimonio de una pasión, y eso ya es suficiente carta de presentación para un texto. Que alguien se adentre en un mundo de por sí desconocido o incluso misterios, hable de él con el conocimiento con el que lo hace Antonio Campins y ese mundo no pierda ni un ápice de encanto sino que por el contrario se vuelva aún más atractivo es un mérito que sólo el tiempo podrá ponderar.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Frankenstein, de Mary Shelley

Frankenstein

FrankensteinComo norma general, siempre es un buen momento para revisitar a los clásicos pero el bicentenario de su publicación suele ser uno especialmente indicado. Ahora vendría el tema espinoso, qué es un clásico, pero sea cual sea el criterio que a uno le lleve a decidirlo, la lista quedaría un tanto coja sin un libro como Frankenstein.
He dicho revisitar y tal vez sea más correcto decir que, además de releer, lo que me dispongo a hacer es reseñar de nuevo, porque ya tuve el placer de comentar esta novela aquí hace cinco años y afortunadamente en esta ocasión puedo reafirmarme en lo dicho en aquella y detenerme en otros detalles, quizá menores o tal vez a estas alturas más relevantes. Uno nunca sabe.
También debo decir que otros compañeros han reseñado esta misma obra en Libros y literatura, lo que también es muestra de la dimensión de la obra porque con lo amplia que es la oferta que seamos varios reseñistas los que nos detenemos sobre la misma novela es cuanto menos infrecuente.
Pues bien, lo primero en lo que uno debe reafirmarse es en la sensación de que no sólo el libro es un gran desconocido, posiblemente a causa de las múltiples interpretaciones cinematográficas, televisivas o de cualquier tipo, sino que las partes mutiladas son precisamente las más interesantes. Y lo son porque convierten al monstruo en algo más que eso, porque para bien y para mal abunda en su lado humano entendiendo como tal el intelectual tanto como el sentimental. Incluso en su maldad es humano porque no es el atrabiliario asesino involuntario o impulsivo que tanto se ha representado, cuando es malo voluntariamente lo es de un modo cruel y refinado. El potencial literario y psicológico de la criatura resulta de una fuerza sorprendente aun hoy día.
También debe uno reafirmarse en que Frankenstein, el que verdaderamente se llama así, el científico, es mucho menos simpático que su criatura. Tras leerlo en aquella ocasión recuerdo que escribí un cuento llamado El crimen de Ingolstadt en el que jugaba con la idea de que en lugar de desmayarse al contemplar horrorizado el resultado de su experimento hubiese reaccionado de un modo un tanto más categórico y terminara con él en ese momento. Naturalmente el escándalo atraía la atención de la policía que le sorprendía en mitad del baño de sangre y le detenía acusado de asesinato. Simplemente por ajustarle las cuentas a un personaje ciertamente antipático aunque con el encanto romántico propio de la época. No me llevo bien con Víctor Frankenstein, no pasa nada, todos tenemos nuestras manías, pero los motivos de mi desencuentro con él no son los que él mismo se reprocha, no son su búsqueda del conocimiento ni su desmedida ambición, que no son características especialmente negativas en un científico. El rasgo que me irrita, por otro lado tan humano, es su tendencia a esconder su egoísmo tras un discurso grandilocuente. Que uno se irrite con un personaje, que sienta la necesidad de discutir con él o de cuestionar algunos de sus actos es una prueba inequívoca de lo bien que está construido.
Y ese encanto tan de la época, la ambientación un tanto steampunk de su laboratorio pero también el estilo narrativo, es otro de los valores seguros de Frankenstein. No todas sus contemporáneas han envejecido igual de bien, pero esta se lee con tanto placer hoy como entonces, aun cuando nuestra capacidad de sorpresa sea radicalmente diferente.
No creo en las lecturas impuestas, si les dijera que hay que leer Frankenstein probablemente sonaría falso porque esta obra, como cualquier otra, debe leerse cuando es su momento, cuando apetece y se puede disfrutar. Lo que sí estoy en condiciones de asegurar es que si deciden aprovechar su bicentenario para acercarse a ella no se arrepentirán. Puede que la criatura sea un monstruo, pero es materialmente imposible terminar el libro sin comprenderle, sin ponerse por un momento en su remendada piel y sin emocionarse ante su triste y contradictorio destino.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Noche que te vas, dame la mano, de Mario de los Santos

Anoche terminé la lectura completa de Noche que te vas, dame la mano. No lo he leído en dos días, ni en tres, me ha costado un poco más. Es extraño, unas veces vengo rápido al teclado al terminar un libro porque tengo ya claro lo qué les quiero contar, lo que he sentido al leer el libro y donde me han transportado todas esas sensaciones. Otras veces dejo la lectura en reposo antes de venir aquí a contarles el porqué de mi recomendación.

En esta ocasión se dan las dos circunstancias, debería haber reflexionado sobre lo que les quiero contar de este libro de Mario de los Santos… Pero no puedo. Así de irresponsable soy, y aquí estoy, dispuesta a hablarles de este libro así, a bocajarro, sin haber hecho ni un mínimo de digestión sobre él. Y seguramente dentro de un mes quiera modificar esta reseña, darle mayor profundidad, o hablarles más de la trama, o de esos capítulos que parecían no ser de aquí ni de allá pero que me hacían parar la lectura y pensar…, que ya saben que hay libros que pareciendo sencillos te tienen la mente atrapada durante un tiempo.

En primer lugar les recordaré que ya les he hablado en otras ocasiones de Mario de los Santos, pero ahora les digo que aunque ya les haya hablado de él, tampoco eso dice mucho, porque en cada libro suyo encuentro un registro diferente. Supongo que el hecho de haber sido en su día editor le hace ser un explorador de la literatura. Podríamos decir que nos presenta calidad sin matarnos de desidia y aburrimiento.

El inicio de la lectura me pareció extraño, tanto que pensé que me había equivocado al seleccionarlo para este momento de mi vida, y recordé aquello de Ortega de yo soy yo y mis circunstancias. Quizá mis circunstancias no estaban para las primeras 20 páginas… Pero ¡Qué va!, seguí y me dejé llevar, y ni se imaginan como me alegra haber persistido en la lectura y poder estar ahora aquí para hablarles de estas cuatro historias que hacen una sola.

Supongo que alguien dirá que es una novela negra, bueno, pues sea. Pero si me preguntan a mí de que trata este libro les tendré que decir que de la vida, que de eso suele ir la literatura. El libro va de la inestabilidad mental, del deseo, de lo que mueve el poder, de la influencia de la iglesia, de sexo, del miedo al dolor, de enfrentarse a la muerte, en fin, como les decía antes, el libro versa sobre la vida.

Es cierto que el autor nos cuenta una extraña historia de la muerte de unas monjas en un convento, pero no es menos cierto que llega un momento en que ni nos acordamos de porqué estábamos allí, porque Mario de los Santos ya nos ha llevado a otras historias, historias tan turbadoramente humanas que necesitas ir digiriendo más lentamente. Leer sin prisa, ¿recuerdan como decía Tierno Galván que había que leer? Pues sí, como comen las gallinas, levantando la cabeza de vez en cuando para reflexionar sobre lo leído. De ahí que el libro me haya durado casi una semana, he tenido que alternarlo con la escritura de poemas propios mientras escuchaba la música de los Suaves, ya que ésta es la banda sonora del libro. También he releído a Alejandra Pizarnik, y no me ha importado absolutamente nada que alguno de mis versos se haya contaminado de todas estas noches que se van…

Es curioso que durante muchas páginas me haya atrapado con sus divagaciones: “Nadie querría ser una hiena. Ni el monje tibetano más bondadoso aspiraría a reencarnarse en un animal así. Ni nos gusta su sonrisa ni nos gusta su dieta. Una hiena a pesar de tener un cierto parecido con un perro callejero que hubiera sufrido un accidente, no es capaz de desplegar nuestra piedad ni nuestro cariño…”.

Una vez que hemos avanzado por el libro vamos conociendo a muchos personajes que entrecruzan hechos con reflexiones, unos personajes extraños y poco creíbles al inicio, y cuando digo inicio me refiero siempre a las primeras cuarenta páginas de las 300 por las que después nos paseará el autor de una forma perversamente real.

Nunca pensé que leería con interés la vida y reflexiones de un tipo acusado de abusar sexualmente de su hija, de una monja que realiza espectáculos porno, un policía enamorado de una compañera de clase a la que hacía bullying en el colegio, o de una mujer a la que acaban de diagnosticar un cáncer…, en definitiva, personajes psicológicamente complejos que nos abruman con sus pensamientos y nos desbordan con sus hechos, pero sigo sin poder dejar de maravillarme ante cosas como esta:

“Dice la gente que sabe que el hábito de leer aumenta el conocimiento y la imaginación, pero, además, creo que también transforma y define el modo de querer. Creo que uno ama como leer. Leyendo se aprende a mirar, a sentir, a darse, a tallar el nombre en el alma del otro …”.

Dicen que la novela va de una ciudad que prepara una Exposición Universal en la que hay quien ya tiene la vista puesta en diferentes edificios históricos para hacer su particular agosto, y de unas monjas que se resisten a dejar su convento y de lo que hacen por permanecer en él, … Eso dicen.

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La niña Mágica, de Virginia Alba Pagán

La niña Mágica

La niña MágicaLeer La niña Mágica, de la escritora valenciana Virginia Alba Pagán, me ha hecho recordar Dentro del laberinto, mi película preferida de la infancia, lo que siempre es de agradecer. Pero sobre todo me ha traído a la mente La historia interminable, de Michael Ende, un clásico de la literatura juvenil imprescindible. Porque, al igual que en esas dos historias, en este cuento infantil hay una chiquilla que se adentra en un mundo de fantasía para combatir contra la oscuridad y el miedo que amenazan con destruir la magia y la bondad.

Virginia Alba Pagán ha creado su particular País de la Magia lleno de seres maravillosos, pero no se ha conformado con que la lectura de esta aventura sea entretenida y evocadora, sino que ha querido que además fuese didáctica. Por ello, la ha complementado con un anexo en el que aparecen frases del cuento para explicar la diferencia entre distintos recursos literarios como personificaciones, metáforas y comparaciones. Y es que Virginia Alba Pagán es profesora de Lengua y Literatura y se sirve de su libro para impartir la asignatura. De ahí que la edad recomendada en la contraportada sea a partir de doce años, pero yo creo que ya resulta una lectura adecuada a partir de los tres o cuatro. E incluso diría que se disfruta mucho más a esas edades tempranas, porque Virginia Alba Pagán reúne en su historia a todos esos seres fantásticos que hacen las delicias de los más pequeños: sirenas, duendes, guardianes del bosque… Y, por supuesto, hadas y unicornios, concretamente el hada Flor y el unicornio Alas, los compañeros de aventura de Ariadna, la pequeña protagonista.

Puesto que La niña Mágica es un recurso empleado en las clases de Lengua y Literatura de su autora, no es extraño que sea también una reivindicación del poder de la palabra, la literatura y la imaginación, así como de un sinfín de valores. La niña protagonista recurre a los cuentos que su madre le ha contado cada noche, y las leyendas de Orfeo y Perséfone, Ulises y Penélope, Narciso o Ariadna le sirven de inspiración para superar los obstáculos que se encuentra en el camino, siempre ayudada por sus amigos.

La niña Mágica irradia dulzura gracias a la forma de escribir de Virginia Alba Pagán, pero por si esta no fuera suficiente, el libro ha sido ilustrado por Teresa Saco. Sus dibujos, con esos personajes de ojos enormes, transmiten la misma ternura que la prosa de la autora, y hacen que nos enamoremos de ese País de la Magia al igual que la niña protagonista.

En definitiva, La niña Mágica es ese cuento que todos hubiéramos querido leer de pequeños. Porque ¿quién no quiso ser tan valiente como Ariadna y protagonizar una aventura así?, ¿quién no soñó con tener de amigos a unos seres mágicos como Flor y Alas? Yo, al menos, sí, para qué voy a negarlo. Por eso Dentro del laberinto era mi película favorita y disfruté tanto con La historia interminable. Y por eso ha sido un gusto retrotraerme a la infancia con las aventuras de La niña Mágica.

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Lucifer. Sangre en las calles, de Richard Kadrey y VV. AA.

sangre en las calles

sangre en las callesYa comenté en la reseña de Padre Lucifer, igual un poco de pasada y por eso ahora me voy a explayar, que Lucifer no es el malo de la película. Arrastra el peso de la mala fama que le ha endosado la otra parte, la de los que han escrito la versión mayoritariamente aceptada del cuento. Pero lo cierto es que gracias a él tenemos el poder de decisión. El libre albedrío, y es algo por lo que está dispuesto a luchar las veces que haga falta. De hecho, Lucifer ha salvado nuestro mundo un par de veces y volverá a hacerlo cuando haga falta o cuando le toquen las bolas.

En el tomo anterior habíamos visto como tras la muerte de Dios algo que decía ser Dios, aunque su aspecto recordaba más a una mezcla de cucaracha y criatura lovecraftiana, ocupaba su lugar y proclamaba ser un nuevo dios que despreciaba el libre albedrio, pretendía rehacer el mundo a su imagen y semejanza y obligar a todos a seguir el mismo camino. Y eso es algo que a Lucifer le jode sobremanera. Eso y que claro, para rehacer el mundo la Presencia tiene que destruir previamente el actual. Padre Lucifer acababa dejándonos con ganas de más al acabar con Lucifer y Mazikeen coincidiendo en querer matar a Dios.

Sangre en las calles no entra directamente en materia. Hay dos historias cortas antes de eso. Dos historietas pseudonavideñas que sirven de aperitivo y parecen estar desconectadas de lo gordo que vendrá a continuación pero que tienen detalles que habrán de tenerse en cuenta para el desarrollo posterior del cómic.

Y ya sí. Una vez calentitos podemos disfrutar de un cierre por todo lo alto con una batalla a punto de empezar en el Cielo, otra en el Infierno y combatientes de ambos bandos pululando por La Tierra entre los humanos.

El bando de Lucifer contará con aliados nuevos (o al menos yo no los recuerdo) como Arabelle Crane, que viene a ser una Hellblazer en femenino, una megaespada y alguna que otra sorpresa.

El bando de Dios contará con un montón de ángeles bajo su influjo hipnotizante y el hijo de Lucifer, que sigue emperrado en matarle y también en reinar en el Infierno.

Por su parte, Makizeen quiere recuperar el Infierno, pero su ejército ha quedado diezmado y tendrá que hacer lo que pueda con unos pocos demonios y una fantasmita. Pero Mazikeen no se amilanará. Y además de lista, –hay que serlo para ya no solo gobernar, sino para vivir en lugar así–,  cree que “la lealtad suele vencer al número.”

Ni un minuto de tregua, entretenimiento durante cada maldita página y un dibujo espectacular que me ha encantado. Lucifer dibujado como una mezcla del Constantin y Bowie, elegante, carismático, arrogante, chulito pero inteligente, ágil y resolutivo.

La historia te secuestra por completo, te aísla. Supongo que en parte es por toda la mitología cristiana, pero aparte de eso, el guion es tan increíblemente poderoso que no puedes evitar leerlo de una sentada. Te sorprende. Es hábil, es una historia atractiva tanto individual como colectivamente en el contexto global de la colección.  La riqueza de los personajes, el historial que arrastran del pasado literario/bíblico/mental, los matices, la filosofía… Todo hace de este personaje y sus cómics, algo que es jodidamente obligatorio de leer y esta es una de esas reseñas en las que me quedo corto y no sé cómo más alabar una obra.

Y, por otra parte, como en todos en los cómics de esta “naturaleza preternatural” los giros son indispensables pero también lo es que estos sean creíbles, que no chirríen y que sorprendan para bien, algo que se ha logrado con creces.

Tenía mis dudas, dije en la reseña anterior. En su día Lucifer fue una gran serie, sigue siendo una de mis favoritas y le tengo un cariño especial. Por eso las dudas y los miedos. Porque cabía la sospecha de que recuperar tan icónico personaje de una serie finiquitada doce años antes, y además concluida con un cierre que no dejaba mucha opción de continuidad, era tan solo una maniobra para vender cómics. No sé si habrán vendido muchos, pero desde luego estos tres tomos, Cielo frío, Padre Lucifer y Sangre en las calles, son una continuación más que digna que, creo yo, satisfará a los que les enamoró la saga de Carey.

¡Larga vida a Lucifer!

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Paper girls. Volumen 1, de Brian K. Vaughan y Cliff Wilson

paper girls 1

paper girls 1Que Vaughan es bueno haciendo cómics es como decir que la lluvia moja. Antes del éxito de Saga, Ex-Machina y Paper girls, Brian K. Vaughan parió Y, el último hombre, Los leones de Bagdad, (obra esta menos conocida pero a tener muy en cuenta), por poner unos ejemplos y… fue guionista de… chan chan… ¡Perdidos! No llegué a terminar la de Y,  (por despiste, no por otra cosa. Es lo malo de las series de cómics que, al igual que con las de formato televisivo, hay tantas que tienes que elegir cuáles sigues y cuáles no, y esta, a pesar de estar en el grupo de las que sí, fue quedando poco a poco relegada), pero era un cómic cojonudo, muy original y de lo más entretenido que había leído hasta entonces.

Con Paper girls 1 el entretenimiento no falta, pero en cuanto a originalidad… digamos que, en principio, no es del todo original (y no hablo de que plagie ni nada parecido, ojo). Y es que nos vamos a trasladar a finales de los ochenta y todo el cómic recuerda la estética, los protas (aunque aquí en versión femenina) y situaciones típicas de esos años que hemos visto ya cientos de veces en Los Goonies, Cuenta conmigo, E.T. y pelis del estilo, (todos sabemos de qué tipo de pelis estamos hablando), y que parecen volver con fuerza –y para breve muestra tenemos el remake de It y acabamos de ver la segunda temporada de Stranger Things (aunque este cómic es anterior)– . Sí, amigos. La nostalgia vuelve y, sobre todo, ¡vende y mucho!

En este tomo se recogen los número 1 a 5 de su versión en grapas y en ella seguimos a Erin, de doce años y repartidora en bici del periódico local y a otras tres repartidoras del mismo periódico a las que conoce la noche de Halloween. Estas tres, Tiffany, Mac y KJ, se reúnen desde el año anterior en Todos los Santos para hacer juntas el reparto porque esa noche suele haber mucho loco suelto, y Erin se unirá a ellas. Y… efectivamente, si  en Todos los Santos hay locos, esa noche va a ser una puta y absoluta locura.

¿Qué puedo contar si es que…? En realidad podría contar todo y os quedarías igual al final.  ¿He dicho que Vaughan fue guionista de Perdidos? ¿Recordáis el oso polar? Bueno, al final sí que se explicó su porqué y eso espero que suceda al final de esta serie, porque deja tantos, pero taaaantos misterios dispersos ya desde este primer tomo, que es imposible no querer conocer como continúa para poder enderezar el culo.  Así que venga, ¡qué coño! Vamos a avanzar un poco más. Las cuatro chicas se dividen en dos grupos para agilizar la tarea, y a Tiffany  la atacan tres tíos con “disfraces cutres” y se llevan su walkie. Ese segundo walkie que compró tras ahorrar las propinas de Navidad. A partir de aquí sí que ya no cuento nada porque aunque os dejara igual, estropearía la sorpresa de descubrir por uno mismo las sorpresas, que son muchas, que nos tiene guardadas este cómic.

En cuanto al arte, me encanta. Corre a cargo de Cliff Chiang, de quien ya destaqué su currazo impresionante con sus trazos y diseños en la etapa de la Wonder Woman a cargo de Azzarello. El color, fundamental durante todo el recorrido es obra de Matt Wilson, quien venía de colaborar también con Chiang en la misma colección de la amazona. Mismos artistas pero un trabajo tan diferente que no parece de ellos, y aún así, increíblemente bueno.

Paper Girls 1. Un cómic para nostálgicos, para amantes de la ciencia ficción, de los misterios, de los viajes en el tiempo, de los que se comen la cabeza e inventan teorías locas sobre lo que puede pasar cuando una película acaba con final abierto y de los que, simplemente, quieren pasar un buen rato con un gran cómic.

Intriga, misterio, ciencia ficción. En definitiva un gran entretenimiento. A saber qué nos deparará este fantástico viaje en tomos sucesivos y si se resolverán todas las incógnitas. Yo no me lo pienso perder.

4,8,15,16,23,42…

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Plutona, de Jeff Lemire y Emi Lenox

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plutonaLos cómics sobre superhéroes siempre nos han ofrecido historias en las que el protagonista que goza de poderes inimaginables está en el punto álgido de su vida. Su poderío es apabullante, sus músculos increíbles y en su actitud mora la osadía que va intrínsecamente ligada con la juventud. Tras algún que otro contratiempo nuestro héroe o heroína siempre acaba venciendo al villano de turno. En ocasiones casi sin despeinarse.

Luego están esos cómics que, con sucesivos reboots del personaje o en tramas que sirven de excusa para que el lector visite el pasado, podemos asistir a los orígenes de ese superhéroe. Siempre resulta revelador descubrir a qué problemas se enfrentó este ser especial antes de conseguir, mediante el aprendizaje, controlar esos poderes que inicialmente le asustaban. Caer, levantarse, y caer de nuevo; así sucesivamente hasta hallar el camino que lo llevaría a consagrar su vida en pos de la justicia.

Por último, y no menos importantes, están los cómics de superhéroes crepusculares. Viejos, derrotados, con poderes totalmente mermados y casi siempre en busca de la redención; la cual cruelmente hallarán tras pagar un alto precio. Batman: El regreso del Caballero Oscuro y Watchmen abrirían la veda de este tipo de héroes derrotados que no son capaces de encajar con el mundo que los rodea. La muerte siempre es moneda de cambio en estos relatos. Tumbas sin nombre acogen viejas leyendas que se dejaron la piel por retomar el camino de la rectitud que una vez abandonaron.

Vale, bien, ya hemos matado al superhéroe. Se nos han puesto los pelos de punta con sus últimos y titánicos esfuerzos por salvar la humanidad. ¿Y ahora qué? ¿Cómo nos afecta esto a la gente corriente? Jeff Lemire, que en Black Hammer: Orígenes Secretos ya nos mostró a un puñado de superhéroes en horas bajas atrapados en un purgatorio de decadencia y melancolía, vuelve con una peculiar historia de superhéroes. Y digo peculiar porque la superheroína que da nombre al cómic, Plutona, será el pretexto para poner en marcha una situación truculenta a la que cinco adolescentes tendrán que hacer frente.

Plutona nos muestra en sus viñetas iniciales, en cuatro viñetas que hacen hincapié en las diferentes partes del cuerpo ensangrentadas de una superheroína, como la figura inerte de ésta se halla en las profundidades de un bosque. Hasta allí llegarán cinco adolescentes. Ante la conmoción inicial empiezan a debatir sobre qué deben hacer con el cuerpo. ¿Enterrarlo sin decir nada a las autoridades? ¿Grabar un video para colgarlo en Youtube y enriquecerse? ¿Avisar a los otros superhéroes de la ciudad que ahora se hallan distraídos en chorradas superfluas y que han abandonado sus obligaciones como defensores de Metro City? Aunque en un primer momento parecen llegar a una difícil decisión, algunos integrantes del grupo decidirán actuar en su propio beneficio.

Jeff Lemire teje una cruda historia de costumbrismo superheroico que a medida que avanza se vuelve muy oscura y siempre poniendo el foco de la acción principal sobre los adolescentes que deberán dirimir no solo con sus vidas sino también con un terrible secreto. Vidas que Lemire insinúa, con padres borrachos o madres inexistentes, dejando demasiado a la imaginación del lector y haciendo que algunos personajes pierdan algo de profundidad. Enlazando con la historia de los muchachos y siempre en retrospectiva, al final de cada capítulo se nos contará que llevó a Plutona a acabar tirada en aquel bosque. Esta alternancia en la narración será la puntilla definitiva para acercarnos a un final perturbador que te deja más compungido que aliviado. Un final que es como ver venir desde lejos un camión y no poder hacer nada para evitar ser arrollado.

A los lápices encontramos a la ilustradora Emi Lenox. Su trabajo mezcla con soltura el estilo cartoon indie de trazos gruesos con cierta evocación sutil al manga. Su dibujo se vuelve más duro, sucio, realista y menos juvenil en las páginas que nos hablan de Plutona. Rostros demacrados, músculos marcados, ojeras oscuras y cabellos enredados sirven para mostrarnos a una superheroína que aunque cansada sigue haciendo lo correcto. Pero sobre todo, lo que Emi Lenox consigue, dotando de gran expresividad a los rostros y eliminando distracciones de fondo o detalles que no aportan nada a la narración, es que las personas (sus gestos, silencios, miradas) estén por encima de todo.

Plutona, publicado por la editorial Astiberri, es un cómic de corte indie que nos muestra cómo se comporta un grupo de adolescentes ante un macabro hallazgo que se convertirá en una especie de inquietante rito hacia la temprana madurez. Sus decisiones vendrán marcadas por sus personalidades y el entorno familiar en el que se han criado, llevándoles a cometer actos crueles e inmorales, aunque también honestos y de amor de los cuales el lector tampoco saldrá indemne.

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La Marca del Inquisidor, de Marcello Simoni

La marca del inquisidor

La marca del inquisidorTengo que admitir que no soy muy fan de thrillers históricos, sobre todo de esos que tienen una gran campaña de publicidad detrás y que se declaran sucesores de El código Da Vinci o Ángeles y Demonios, de Dan Brown. Pero cuando hay uno que llama mi atención no puedo parar hasta tenerlo entre mis manos. Y eso es lo que me ocurrió cuando leí por primera vez la sinopsis de La Marca del Inquisidor, una historia basada en la Roma del siglo XVII. Y esa fue mi gran debilidad y el gran motivo por el que me decidí a leerlo, ya que soy una apasionada de los misterios y de la Roma antigua.

Y descubrí mucho más cuando me adentré en él. Ya no solo por la trama, muy bien construida y articulada, que no deja apenas ningún detalle en el aire, sino porque el autor plasma muy bien todo lo que quiere narrar. Desde su misterioso (¡misteriosísimo!) personaje principal, ya que nunca sabes lo que realmente se trae entre manos y si sus intenciones son buenas o malas, hasta la narración fluida y muy bien documentada. Y este último detalle se plasma muy bien en todos y cada uno de los capítulos de esta novela y es algo a valorar muy positivamente en un autor que quiere narrar todos los aspectos de la Italia del siglo XVII: tradiciones, costumbres, sociedad y modos de vida…

Respecto a este punto, me llamó sobre todo la atención la incidencia que Simoni hace en la Inquisición. Y me pareció muy interesante, no solo por el importante papel que juega en la historia, sino porque me hizo reflexionar y aprendí ciertas cosas de las que no tenía ni idea. Y pensar hasta qué punto se llegó durante este periodo histórico pone los pelos de punta, pero es necesario conocerlo. Y me ha gustado hacerlo de este modo, porque me ha hecho adentrarme e interesarme más por la historia.

Una historia que tiene la capacidad de hacerte viajar a la Roma antigua junto a sus personajes desde sus primeras páginas. Y no todos los libros tienen el poder de hacer eso y de, a la vez, atraparte y sorprenderte en cada uno de los capítulos. Y sí, quizás esta es una de las cosas que tiene en común con El código Da Vinci: esa increíble forma de tejer una trama excesivamente bien construida e interesante que te hace pensar en ella hasta mucho después de haberla leído. Pero creo que nunca son buenas las comparaciones, y en este caso menos aún, ya que esta obra tiene personalidad propia y nada que envidiarle a las famosas novelas de Dan Brown (y no es que estas no me apasionen).

Y qué más puedo decir… En este caso, no me gustaría revelar nada de La Marca del Inquisidor. Prefiero que seáis vosotros los que os adentréis “vírgenes” a esta novela. Y os animo a todos los que estéis en duda de si leerlo o no que lo hagáis (recomiendo, sin leer su sinopsis) y le deis una oportunidad. Tanto si sois fans de los thrillers históricos como si no. Me incluyo en este último grupo y debo decir que ha sido un gran descubrimiento. Ha merecido mucho la pena y por ahora ha sido una de las lecturas más fluidas de 2018. Y que hay ciertos libros que solo se venden por la publicidad que generan y por sus discursos promocionales y en cierta medida algo “engañosos”, pero hay otros libros que detrás de toda esa publicidad te sorprenden y te hacen pensar realmente. Este ha sido uno de esos casos y una enorme sorpresa para mí.

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