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Una historia de violencia, de John Wagner y Vince Locke

una historia de violencia¿Qué harías tú, un tipo corriente, si te enfrentaras a una situación extrema? Por ejemplo, que un delincuente te encañonara y en solo unos segundos tuvieras que evitar que tu vida o la de los tuyos terminara. ¿Tendrías los reflejos suficientes para esquivar el disparo? ¿El coraje de proteger a tus seres queridos a costa de tu propia vida? ¿La fuerza necesaria para tumbar al malhechor? ¿O solo serías capaz de llorar pidiendo compasión? De eso trata esta novela gráfica: de qué haría un ser humano normal si de repente estuviera metido en una historia de violencia. ¿Sería víctima o verdugo? ¿Justiciero, quizá? Porque dicen que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, así que supongo que quien mata a un asesino, también. ¿O no?

Reconozco que siento un profundo rechazo hacia la violencia en la vida real, pero que es un tema que me atrae mucho en la literatura y en el cine. Como decía, en el mundo real no la justifico nunca, pero llego a comprenderla en determinadas situaciones, sobre todo cuando es una respuesta irracional a un ataque desmedido o puro instinto de supervivencia. En el caso de Una historia de violencia, que inspiró la adaptación cinematográfica dirigida por David Cronenberg en 2005, el protagonista, Tom McKenna, es un ciudadano ejemplar y un apacible padre de dos hijos, que sale airoso de un robo a punta de pistola en su cafetería. Ha quitado de en medio a un par de asesinos, ¿quién va reprochárselo? ¡Es un héroe! Pero como la violencia siempre tiene consecuencias, incluso peores que las que se trataban de evitar, ese acto en defensa propia convertirá su vida y la de su familia en una pesadilla.

En esta novela gráfica, escrita por John Wagner y dibujada por Vince Locke, personas comunes ven cómo, un día cualquiera, sus vidas se desbaratan por estar en el lugar equivocado. Nos podría pasar a cualquiera, y eso es lo mejor, y más aterrador, de este planteamiento. Por eso es fácil empatizar con los personajes, comprenderlos. Una historia de violencia crea una atmósfera opresiva, en la que el peligro acecha a los protagonistas y nadie, ni siquiera la policía, puede acudir en su ayuda. ¿Qué hacer cuando la violencia parece la única salida para volver a vivir en paz? ¿Cómo se defiende una familia normal de un grupo de asesinos sin escrúpulos?

Parece que hay muchos caminos que llevan a la violencia y muy pocos para huir de ella. Por eso me parece un acto tan abominable. No querría verme en la piel de Tom McKenna y su familia, pero, literariamente hablando, me ha parecido una historia muy sugestiva. Si tu vida está en juego, ¿todo vale? Si hacen daño a los tuyos y tú se la devuelves, ¿es venganza o justicia? ¿La violencia, según sobre quién se ejerza y por qué, tiene justificación? La lectura de Una historia de violencia me ha hecho plantearme un sinfín de preguntas, pero sigo sin respuestas. Así que léelo tú también y debatimos: ¿qué harías tú?

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Bárbara, de Osamu Tezuka

Bárbara

BárbaraCada uno imagina el infierno a su manera. Para algunos será un sótano con calderas hirvientes e  instrumentos de tortura manejados por protervos ángeles caídos de tez candente, mientras para otros será un disco rayado de Juan Pardo en sonido cuadrofónico. En cambio, no cabe duda de que, a la hora de imaginar el cielo, todos estamos de acuerdo: el cielo es una biblioteca con las obras completas de Osamu Tezuka. ¿Cómo, que para ti no? Eso es que lo has leído poco. Y mira que la obra de este fénix de los ingenios ilustrados comprende más de 700 mangas para elegir.

En todo caso, es de agradecer, por no decir arrodillarse y besar el suelo, que, con las cinco obras publicadas hasta ahora, la editorial ECC nos acerque un poquitín a esa visión del cielo en la tierra que tenemos los tezukianos. El tezukianismo es una fe de la que me encanta hacer proselitismo y a la que es muy fácil convertirse. No hay más que leer cualquiera de sus grandes obras, sean, por mencionar sólo las pocas que conozco, Adolf, El libro de los insectos humanos, La canción de Apolo, o, para qué ir más lejos, Bárbara.

Así que entremos en materia, aunque para ello tengamos que dar otro pequeño rodeo.

Sería difícil exagerar la influencia que llegó a tener Tezuka no sólo en el manga sino en toda la literatura japonesa, pero me atreveré a daros un pequeño ejemplo: ¿verdad que conocéis a Haruki Murakami, ese escritor de imaginación tan desbordante, capaz de crear historias, personajes e imágenes que parecen sacadas de lo más profundo de nuestro subconsciente? Pues sabed que Murakami no hace nada que no hubiera hecho, muchos años antes, Osamu Tezuka. Por mencionar tan sólo un ejemplo de dicha influencia, pensad en esas chicas enigmáticas, de pasado desconocido, tan pronto ardientes como el fuego como frías cual bisturí, que entran y salen de la vida del narrador como Pedro por su casa, y que pueblan las novelas de Murakami. Pues bien, todas ellas parecen algo más que inspiradas en el personaje que da título a esta obra de Tezuka.

Bárbara, como el susodicho título no indica sino sugiere de manera muy indirecta, nos cuenta el descenso de un artista al infierno de la esterilidad creativa. Yosuke Mikura es un autor de gran éxito e inmenso prestigio a quien los políticos y empresarios más ricos del país ofrecen sus bellas hijas en matrimonio. Mikura, sin embargo, sufre una enfermedad crónica, un trastorno sexual cuya naturaleza nunca nos revela, y que lo mantiene al borde del abismo al que la aparición de Bárbara terminará por lanzarlo.

En Bárbara, como en cualquier otro libro de Tezuka, asistimos al gran milagro que este autor es capaz de obrar, a saber, que alguien con un talento relativamente limitado para el dibujo sea al mismo tiempo capaz de crear viñetas y páginas magistrales que aún hoy, casi cincuenta años después de su publicación, nos siguen sorprendiendo cuando no maravillando. A Tezuka le sirve cualquier momento en la narración, incluso aquéllos donde, a priori, no pasa nada, para introducir una perspectiva insólita, un detalle nunca antes visto, una imagen jamás imaginada y, sobre todo, una impresionante traslación del lenguaje cinematográfico al medio de la novela gráfica. ¿Qué me decís, por ejemplo, de esa mano que, en la página 36, agarra el pomo de la puerta revelándonos el resto del cuerpo en la sombra, que tanto nos recuerda al cine expresionista alemán? ¿Qué de esos ojos en la 186 o esas bocas en la 27, una imagen tan sencilla y tan poderosa? ¿Esa composición de viñetas de la 118, tan orsonwellsiana y que, como veremos una y otra vez, fusiona cine y manga? Y, por terminar lo que podría ser una lista interminable, ¿qué me decís de esos pasos que, en la página 315, persiguen y huyen, una imagen tantas veces vista en el cine y que nadie, hasta Tezuka, supo trasladar a la página?

Las imágenes, sin embargo, por deslumbrantes e innovadoras que sean, no son para Tezuka un fin en sí mismo. Nuestro autor nos cuenta una historia profunda, enigmática y que intuimos eterna. Nos habla de la naturaleza de la creación, de la inspiración, de los demonios que atormentan al artista, o del valor de su obra, entre otras muchas ideas. Es clara la influencia de occidente en lo que respecta al arte, la literatura e incluso la mitología, y, sin embargo, esa misma influencia es cuestionada hacia el final por ese curioso y pequeñito remedo de Andy Warhol.

En definitiva, Bárbara es, como su protagonista, bella, misteriosa, arrolladora, inolvidable y, me atrevería a decir, destructiva: vuestro concepto acerca de lo que es la novela gráfica o, sencillamente, la literatura puede caer hecho pedazos.

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JLA: La Nueva Frontera, de Darwyn Cooke y Dave Stewart

jla la nueva frontera

jla la nueva fronteraLa unión hace la fuerza. Todos para uno y uno para todos. Cualquier poder si no se basa en la unión, es débil. Son solo tres citas que nos recuerdan que unidos podemos llegar a conseguir hitos que por separado probablemente serían imposibles de alcanzar o que como mucho llegaríamos solo a rozar con la punta de los dedos. La idea de un grupo de personas trabajando juntas, luchando, dejándose la piel por un mismo fin, un fin justo, siempre me ha fascinado. Supongo que es debido a esto que los cómics en los que varios superhéroes unen sus poderes para darle su merecido al villano de turno me encantan. Y si tuviera que elegir a uno, a un único grupo de superhéroes, me decantaría, y sin pensármelo demasiado, por La Liga de la Justicia de América.

JLA: La Nueva Frontera empieza con el fin de La Segunda Guerra Mundial. El conflicto ha acabado, bienvenidos a la postguerra. Mientras Europa resurge de sus cenizas los americanos, atrapados por una incertidumbre política que alimenta miedos, se nutren de una enfermiza paranoia que los lleva a una inmisericorde caza de brujas. Cualquiera que no piense como ellos es un rojo, un comunista o un enemigo de la patria. Malos tiempos para los enmascarados que no siguen a rajatabla las leyes. La Sociedad de la Justicia de América, y cualquiera que utilizara métodos similares, son repudiados y tachados de anti americanos y criminales. Así pues, unos huyen, otros se esconden, algunos permanecen al pie del cañón entre las sombras (¡ese es mi Batman!) y otros, como Wonder Woman y Superman, se ponen a las órdenes del gobierno con la idea de intentar cambiar las cosas desde dentro. Pero todos saben que por separado, por muchos esfuerzos que hagan, no lograrán sus objetivos.

Los que indudablemente sí han logrado que sus esfuerzos dieran sus frutos, al crear un cómic de diez, han sido Darwyn Cooke, guionista y dibujante, y Dave Stewart, colorista de JLA: La Nueva Frontera. Con todo, mentiría si no dijera que al principio, tras pasar unas pocas páginas, me sentí abrumado, algo confuso e incluso un poco frustrado. El motivo de estos sentimientos fueron a raíz de que Cooke salta de un personaje a otro (y no son pocos) cada tres o cuatro páginas, explicando momentos claves, no solo de dicho personaje sino también de la situación política y de la sociedad americana del momento. Esa sensación de desorientación desapareció rápido, en cuanto descubrí que Cooke manejaba con soltura los diferentes hilos narrativos, a la vez que daba una voz excepcionalmente particular a cada uno de ellos, facilitando el trabajo del lector. Cooke es un genio (era, pues por desgracia murió a mediados de este año 2016), por el cual me quito el sombrero, pues consigue ir solapando todas esas voces con sutileza hasta que encajan de forma tan apropiada como lo hace el anillo de los Green Lantern Corps en el dedo de Hal Jordan. Lo que queda claro casi desde la página uno es que esta no es una de las cientos de historias de JLA en las que las hostias como panes están por encima de un buen guion.

El dibujo de Cooke es marca de la casa; de estilo clásico, limpio y muy vistoso. Luego Dave Stewart hace su magia y, et voilà! Ya tenemos obra de arte. Añadir también que si este estilo cartoon os recuerda a la serie de animación de Batman que se emitió allá por los años 90, vais por el buen camino, pues Cooke fue el encargado de realizar los storyboards. Dicho lo cual, en las páginas de este cómic encontrareis féminas que recuerdan a las pin-up de los años 50 o muchachotes, de cuadrada mandíbula, que bien podrían haber aparecido en los anuncios de tabaco americano de aquella época. Que Cooke ha trabajado en el mundo de la animación queda patente en escenas como en la que Hal Jordan eyecta de su avión y los restos de éste le golpean, en ese angustioso ahorcamiento de John Henry por parte del Ku Klux Klan (ambas escenas dibujadas en una inmersiva y alucinante primera persona) o esas melancólicas viñetas en las que por la cabeza de Flagg pasan las escenas de una vida que jamás tendrá.

Cooke se esmera, gracias a un arduo trabajo de documentación, en mostrarnos como era esa época; mediante edificios, automóviles o incluso la forma desviada de pensar de ciertos sectores de la población, además de la segregación racial, la doble moral americana, el patriotismo ciego y sobretodo el miedo enfermizo a lo desconocido. Un período muy jodido, sin duda. La televisión, la radio y los periódicos también tienen su parte de protagonismo, pues el autor se ayuda de estos medios (al estilo Watchmen) y los utiliza como recurso narrativo para dar complejidad y consistencia al principal hilo conductor, el cual nos llevará hacia ese peligro que pondrá en jaque a toda la humanidad. Ello nos conducirá hacía uno de los clímax más emocionantes y ambiciosos de la historia de la JLA. Para luego, seguidamente, transportarnos a un epílogo en el que el propio John F. Kennedy pone su voz para dejarnos con los pelos como escarpias. ¡Pero, no se vayan todavía pues aún hay más! Ya que la edición de lujo de ECC (de las de exponer en un museo tras leerla) trae más de 100 páginas de extras: anotaciones del autor, portadas, arte conceptual, diseño de personajes y nuevas historias que se contaron con motivo del estreno de la película de animación.

En definitiva, JLA: La Nueva Frontera además de una respetuosa y colosal oda a la Edad de Plata de los superhéroes, a los cómics de DC en general, a todos los autores que pasaron por la editorial durante aquel periodo, es un cómic deslumbrante, inolvidable y, con el tiempo, un clásico, además de ser una de esa obras que me hacen sentir dichoso de ser lector del noveno arte.

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Stardust, de Neil Gaiman

stardust

stardust«Había una vez un joven que deseaba conseguir el Deseo de su Corazón».

Con esta frase tan de cuento comienza Stardust, de Neil Gaiman. Un inicio típico, incluso ñoño, pero con Gaiman nada es nunca lo que parece. Puede que haya un joven enamorado dispuesto a cruzar el mundo para conseguir una estrella caída y regalársela a la joven más hermosa del pueblo a cambio de un beso, o cualquier otra cosa que él le pida, pero también hay unos hombres sombríos, acompañados por los fantasmas de sus hermanos muertos, que buscan esa misma estrella, dispuestos a matarse entre ellos para que el último que quede en pie se proclame Señor de Stormhold. Puede aparecer un unicornio para velar por los héroes de esta aventura, pero también hay tres brujas que los vigilan, maquinando cómo acabar con ellos.

Es inevitable imaginarse junto a una chimenea, una noche cualquiera, escuchando esta historia dulcemente siniestra. Gaiman es un gran contador de historias y sabe cómo envolvernos en una atmósfera mágica sin que perdamos de vista la realidad. Desde el principio nos advierte que esta aventura comienza en el pueblo de Muro, a muy poca distancia del caótico Londres, en los tiempos en los que la reina Victoria aún era soltera y Charles Dickens escribía Oliver Twist. Con estos anclajes al mundo real, Gaiman consigue que la historia se mueva entre la línea de la fantasía y el «pudo ser». Porque sí, ahí reside el encanto. Pudo ser, ¿por qué no? En aquella época en la que los seres humanos no habíamos sucumbido del todo a nuestras grises existencias, cuando más allá del bosque aún había una tierra adonde acudir para alcanzar nuestros sueños si éramos capaces de luchar lo suficiente por ellos.

En esta historia hay mucha magia, pero también mucha humanidad. Gaiman se sirve de los elementos clásicos del género para cuestionarlos o darles la vuelta: los héroes tienen hambre y dolor y las damiselas son ariscas y están hartas de que intenten salvarlas. Tal vez este planteamiento ya no sea novedoso, e incluso esté de moda en el cine y en la literatura, pero Gaiman publicó por primera vez Stardust en 1999, dejando claro con esta, su segunda obra, que había llegado para convertirse en referente del género. Con ella ganó los premios American Library y Mythopoeic, y Charles Vess, su ilustrador de cabecera y creador de las ciento setenta y cinco ilustraciones del libro, obtuvo el World Fantasy al mejor dibujo. Su despliegue de estilos y recursos no merecía menos, y fue una contribución inestimable para que Stardust se convirtiera en una obra encantadora.

Un cuento de hadas narrado de forma sencilla, hasta infantil, pero repleto de imágenes certeras, en el que el mundo y los personajes creados por Gaiman e ilustrados por Vess nos atrapan, con su dulzura y con su crueldad. Al pasar cada página, atravesamos Faerie, la tierra de las hadas, ese lugar donde «te quitan la manta para verte de verdad» y tal vez acabes convertido en un animal o, quizá, solo liberen la bestia que habita en tu interior. Es un viaje peligroso, pero no hay que temer. Con un poco de suerte, cuando lo concluyamos, ya no tendremos que volver a nuestra existencia gris: Gaiman nos habrá enseñado el camino de la fantasía. Y podremos regresar —a Gaiman, al género fantástico— siempre que lo deseemos.

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La cosa del pantano. La muerte no descansa, de Len Wein y Kelley jones

La cosa del pantano. La muerte no descansa

La cosa del pantano. La muerte no descansaLlega la tarde del viernes. Me dirijo a la tienda de cómics de mi barrio a comprar una historieta con la paga que he conseguido paseando al perro de mi vecina. Un chucho muy majo. Los estantes están repletos de novedades, pero esta semana solo puedo comprar uno de los tebeos nuevos. Veamos, ¿cuál cojo? ¡Oh, una nueva historia de Swampy! ¡Y escrita por su creador, Len Wein! Me llevo este: La cosa del pantano. La muerte no descansa.

Podría ir a mi casa y leerlo en mi cuarto, pero hoy hace un día estupendo para ir a la casa-árbol que construí con mis mejores amigos. Seguro que ellos ya están allí. Nos reunimos todos los viernes e intercambiamos cómics que hemos leído. Seguro que les flipa este último que me he comprado. Además, al ser en tapa dura, me aseguro de que mi amigo «el manazas» no lo rasga como hizo con la última grapa que le presté.

La última historia que leí sobre La cosa del pantano fue en la serie regular que escribió Scott Snyder junto a los dibujos de Yanick Paquette, y que ECC editó en España allá por 2012. Aquello fue un viaje psicodélico de ilustraciones que te introducían de lleno en el mundo del verde y un guion tan bien elaborado que era imposible dejar de leer. Es más, no querías dejar de hacerlo. He de reconocer que fue mi primera incursión en las historietas de la cosa del pantano y celebro que fuera así. Un ritmo y una calidad estremecedora. Una reinvención del personaje por parte de dos artistas del cómic que, juntos, hicieron un trabajo sobresaliente.

Una vez terminada aquella etapa, la serie la continuaron otros guionistas y dibujantes y perdí el interés en ella. Y ahora que he vuelto a ver a Swampy en portada y devuelto a la actualidad por su creador original, decidí que era el momento de reengancharme. Y ha sido un acierto. Diferente. Muy diferente a la etapa que he mencionado de Snyder/Paquette. Es más, creo que esta nueva historia de la cosa del pantano es la historieta ideal para leer en la casa-árbol. Por su tono setentero de guion sencillo y de rápida solución por parte de nuestro avatar del verde; por sus viñetas que secuencialmente narran la historia —aquí podría prescindirse de los textos que las acompañan— y nos hace viajar desde la ciénaga hasta el Himalaya (fascinantes dibujos de Kelley Jones); y por su peculiar tono ligero de terror, algo pasado de moda, pero con mucho encanto, en el que Alec Holland, la cosa del pantano original, se enfrenta a monstruos que acechan el bosque donde habita.

En la era en la que los cómics de superhéroes se están viendo mermados por la calidad de historias más adultas alejadas del tono poderoso y heroico de sus protagonistas, de vez en cuando se agradecen historias simples y ligeras para leer una tarde tranquila con tus amigos. Puede que el regreso de la cosa del pantano por parte de Len Wein no haya sido tan espectacular como me pareció en los cómics de Snyder/Paquette, pero creo que ha conseguido devolver la personalidad de unas historietas de otro tiempo que, para lectores con cierto gusto y encanto por disfrutar del placer de leer cómics entretenidos, no van a sentirse para nada decepcionados.

Por las páginas de La cosa del pantano. La muerte no descansa desfilan personajes míticos del universo oscuro y sobrenatural de DC como son Fantasma Errante, Deadman o uno de mis favoritos, Espectro, del que ya pude disfrutar hace bien poco de sus fabulosas historias en Gotham a medianoche. Y es que en este cómic, Alec Holland se ha cansado ya de ser el avatar del mundo verde. Se ha cansado de pelear, como medio de distracción y juego, con cocodrilos, serpientes y demás habitantes del pantano. Se ha cansado de combatir el mal desde esa ciénaga en la que ha quedado atrapado durante tanto tiempo que ya ni recuerda. Quiere volver a ser humano, recuperar su vida y tener una oportunidad de comenzar de cero. Pero cuando tiene la oportunidad, algo procedente de lo más oscuro y putrefacto del mundo resurge y Alec se demostrará a sí mismo quién es en realidad y cuál es su cometido.

Seguro que cuando llegue a mi casa-árbol mis amigos querrán quitarme el cómic de las manos en cuanto lo vean. ¿Cómo no hacerlo? Ellos, al igual que me ocurría a mí, estaban deseando encontrarse de nuevo con este personaje de culto que, con el paso del tiempo, no ha perdido un ápice de su estilo y encanto con el que fue creado. Y si tú también piensas así, desearás volver a los tiempos en los que te reunías con amigos después del colegio para intercambiar tebeos. Si es en una casa-árbol como los americanos, mejor. La cosa del pantano ha vuelto.

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Mr. Nobody 1, de Gou Tanabe

Mr Nobody 1

Mr Nobody 1El thriller psicológico es un género muy resultón tanto en el cine como en la pequeña pantalla. No hay más que pensar en nombres como Brian de Palma, David Lynch, Amenábar o M. Night Shyamalan, por no remontarnos a Hitchcock, y nos daremos cuenta de que es además un género de lo más fructífero. Probablemente nos costaría más nombrar obras literarias que encajen claramente en él, aunque, bien mirado, podríamos remitirnos a un autor de talla de Stephen King. Pero eso sí, si tuviéramos que mencionar títulos de novelas gráficas, ese número se reduciría a la mínima expresión. Hasta ahora.

Mr Nobody 1, primer volumen de una trilogía muy apetecible, se inscribe plenamente en el género del thriller psicológico. Tenemos a Kawai Susumu, un joven que, tras una dura infancia, en la que perdió a su padre antes de nacer y a su madre, poco después, ha conseguido superar todas las dificultades de la vida, ahora trabaja como detective privado y está a punto de casarse. El único nubarrón en su vida es un extraño recuerdo de juventud, relativo a un decisivo error cometido durante un partido de béisbol, que no deja de acosarle. En éstas estamos cuando recibe un curioso encargo por parte de un enigmático personaje, que le ordena que vaya a un motel ruso y espere nuevas órdenes.

En el motel se encuentra con tres hombres y una mujer, todos ellos con el mismo encargo que Kawai. Nadie sabe qué se espera de ellos ni tienen idea de quién les va a pagar, pero su primera misión disipa todos sus escrúpulos. Un tren de mercancías se va a detener durante cinco minutos a diez kilómetros del lugar donde se encuentran. Su trabajo consiste en dirigirse allí y abrir el último vagón. La recompensa, 100.000 dólares.

A continuación, acción, asesinatos bestiales, misterio y resbaladizas identidades que arrastran al lector página tras página. En un libro de estas características, es inevitable que, tras la lectura del primer volumen, nos sintamos un  tanto confundidos. Mr Nobody 1 prácticamente exige ser leído a una velocidad de vértigo, y al llegar al final nos encontramos, como es natural, con que todos los cabos están sueltos. En esa situación, y mientras esperamos la llegada del segundo volumen, el lector se ve obligado a releer el libro con más detenimiento para así matar el tiempo de espera. Y es entonces cuando el aspecto psicológico se impone al thriller. Dejamos de lado los brutales asesinatos y nos preguntamos sobre la relevancia de detalles como “Let it be”, la canción de los Beatles que canta Kawai y que, nos dice, era la favorita de su padre. Escuchamos con atención las palabras de Mika, su prometida, que le dice “para una mujer lo importante es el presente. El pasado no cuenta”. Observamos el detalle de que Mika ya estuvo casada, y nos inquietamos con ese extraño sueño en el que vemos unos cuerpos manipulados de manera extraña por manos y aparatos.

El destino de Kawai, pero también, y de manera significativa, su pasado, empieza a entrelazarse con el de sus compañeros de misión. Una es Nastasja, a quien su madre abandonó de niña en mitad de una clase de ballet, y el otro, Anri, desertor del ejército americano. Todos viven atormentados por un recuerdo que sólo ellos creen conocer. ¡Cuán equivocados están!

En fin. Habrá que ver si el segundo volumen responde a las expectativas que éste ha levantado. De momento, nos hemos quedado con muchas ganas de seguir.

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Wonder Woman: Guerra, de Azzarello

guerra

guerraBueno, bueno. Qué difícil, ¡pero qué difícil!, es encontrar una serie que no tenga altibajos, que no tenga un número aburrido que desees acabar para empezar el siguiente, que mantenga el nivel de interés, de curiosidad, una alta capacidad de sorprender y no defraudar, que sea capaz de emocionar y de dejarte con ganas de buscar por tu cuenta cosas relacionadas con lo que acabas de leer… No es fácil mantener ese nivel. Lo sé. Y estoy contento por haberme decidido en su día a empezar esta colección de Wonder Woman que, sin ninguna duda, releeré cuando llegue a su término (quiera Zeus que ese momento tarde aún en llegar).

Wonder Woman: Guerra cierra el primero de los arcos argumentales de Azzarello (o eso deduzco porque, a diferencia de los cómics precedentes, este tomo acaba con la palabra “FIN”, aunque la verdad es que, si bien puede darse por concluido, también podría seguir adelante con el cierre de algunos flecos), pero no estoy seguro de que acabe la participación del autor con la heroína y también espero que no sea el caso.

Bien. En este tomo seguimos con la curiosa pandilla (Hera, Guerra, Zola, Lennox, Orion y la propia amazona) empeñados en seguir juntos para proteger al pequeño bastardo de Zeus de una muerte a manos de sus hermanastros pues, quieren evitar que se cumpla la profecía que él parece encarnar y que desde las primeras hojas del primer tomo se nos anuncia: “un vástago de Zeus matará a un dios y usurpará un trono”. (Y eso que la mitología y las pelis de viajes en el tiempo nos han demostrado una y otra vez que las acciones que se llevan a cabo para cambiar un futuro ya escrito son precisamente las que siempre van a provocar que ese futuro se produzca).

Además, tenemos por otra parte la aparición del primogénito, que irá librando su particular batalla con otra rama familiar y aprendiendo también nociones de política.

Luchas familiares entre dioses (y cuando digo luchas digo hostias a mansalva; eso son disputas y no las que montamos nosotros, pobres advenedizos, en Nochebuena), dioses nuevos que hacen acto (breve) de presencia, diálogos punzantes y mucha, mucha acción.

En resumen, Wonder Woman: Guerra es un colofón excepcional a los tres tomos anteriores (Sangre, Agallas, Hierro) con un final impensable, sorprendente y digno de aplauso. Un cómic que ha seguido una línea clara de entretenimiento inteligente desde el principio y que proporciona diversión a niveles tanto épicos como mitológicos. Azzarello ha sabido combinar perfectamente desde la página uno la idiosincrasia de los dioses olímpicos con su traslación a un enfoque moderno. El diseño de personajes, como ya dije en Sangre es increíble, en particular Hades y Poseidón. Incluso Guerra, inspirado en el propio Azzarello, es un puntazo con esa barba tan de hípster y ese andar siempre descalzo y con los bajos manchados de sangre, y todo un acierto también que pase de ser enemigo de la amazona, en otras historias, a ser su maestro en esta.

Sinceramente, espero que el equipo Azzarrello/Chiang siga mimándonos con más aventuras de Diana, (y sobre todo que la acompañe toda esta troupe de la que se ha rodeado, que es si cabe más importante que la propia WW), porque son un equipo que se complementan perfectamente y, conscientes ahora del éxito que han tenido y de sus posibilidades, pueden darnos muchas satisfacciones lectoras más.

No obstante, echo en falta en cada tomo un dramatis personae. Sería una experiencia más rica y completa saber quién demonios es, por ejemplo, Lennox, el primogénito (Zeus debe de tener, se han hecho cálculos, unos 10.000 hijos. Y yo tenía entendido que el primogénito era Apolo, entonces… ¿este primogénito es inventado para el cómic o viene de algún otro mito?), por qué Orión va en moto, quién es Dio y por qué tiene cola de zorro… En fin, un montón de detalles que los autores podrían explicar brevemente y añadir como un apéndice.

Al margen de esto, ninguna pega más. Perfecto. Un tomo que pone un gran broche final a una trama que se ha desarrollado de forma extraordinaria. Me acercaré siempre a cualquier producto firmado por este equipo. Os recomiendo lo mismo.

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Injustice. Gods among us: año uno. Integral

injustice año uno integral

injustice año uno integral“Prohibido inmiscuirse en la vida de los hombres”

Esta frase, aparecida en la película Superman (1978) y dicha por un níveo y, como la Cospedal, en diferido, Marlon Brando (Jor-El) a su hijo, Kal-El, me ha venido a la cabeza varias veces durante la lectura de este tomazo impresionante. Porque es justo lo contrario de lo que el bueno de Supes, desoyendo a su padre, va a hacer.

En Injustice: Gods among us: Año uno. Integral, por primera vez vamos a ver a un Superman que no se contiene, un dios sin freno al que poco va a importar matar a alguien si con ello se salva a muchos. Vamos a asistir a un acontecimiento que va demoler los cimientos del boy scout y de la propia DC. Algo que ni el todo previsor Batman, con todos sus planes B, C y el abecedario completo, podrá impedir.

¿Y por qué? Por culpa del Joker. De un Joker, que, aburrido de que Batman siempre le derrote, decide probar suerte en Metrópolis y jugar con el hijo de Krypton. Todo lo que se nos cuenta aquí, en este primer tomo (y en los que vendrán), es un gran flashback y a la vez una precuela del famoso y alabado videojuego de mismo título.

Vemos al inicio a un Superman feliz, viviendo en pecado con Lois y recibiendo la estupenda noticia de que van a ser papás de un ser mitad humano, mitad aliencito. Poquísimo después, Lois desaparece y no la encuentran por ninguna parte. Supes pide ayuda a Batman y este a su vez a toda la Liga de la Justicia. Finalmente, y no hago ningún espoiler porque pasa al principio de todo, el Joker se carga todo todito Metrópolis con sus miles y miles de habitantes, y Superman, víctima de un engaño del payaso, mata a Lois y con ella también al hijo que lleva en su vientre. Nunca hemos visto a Superman tan cabreado, tan letal, tan furioso y desenfrenado como el momento en el que toma venganza ante la sorpresa e incredulidad de su amigo Batman (su cara es un poema. Por cierto, he borrado algo que dudaba si era o no espoiler. Qué blando soy, copón).

A partir de este momento, Superman cae en picado. Adiós al santurrón. Hola al justiciero. Comenzará una etapa de tolerancia cero con delincuentes e incluso presidentes de países en guerra. Ante la ONU suelta este discurso:

“No me importan vuestros países ni vuestras creencias. No me importan vuestras míseras rencillas. No me importa si sois locos o terroristas, reyes o presidentes. [..] Todas las hostilidades cesarán de inmediato… o yo les pondré fin”

Y eso será Superman inmiscuyéndose en la vida de los mortales de todo el mundo. Muchos héroes le apoyarán y otros, encabezados por Batman, se opondrán. Así tendremos poco a poco un equivalente a la Civil War de Marvel. Una guerra que todavía no está abierta, aunque sí veremos pequeños frentes. Este tomo es simplemente un asentamiento de las bases del conflicto en el que el kriptoniano se convertirá en un dictador.

Mola mucho ver cómo y porque unos se alinean a favor y otros en contra, estos dudan y algunos incluso cambian de bando. Las motivaciones y puntos de vista de todos los superhéroes están muy bien expuestos y el ritmo narrativo es tan ágil y rápido que lees sin darte cuenta. Y además, algunos capítulos tienen un cierre apoteósico, inesperado, de esos famosos giros de guion.

Tengo que advertir que no es un cómic de supermamporros. Los hay, y muchos y muy bien llevados, pero lo que prima es lo que he comentado en el párrafo anterior: política, tácticas, estrategias, amistades, reflexiones sobre actos y consecuencias, e incluso filosofía.

Aparecen una gran cantidad de personajes, de algunos de ellos tan solo conocía su nombre, pero ello no es obstáculo para seguir la lectura.

El guion es increíble, no me cansaré de decirlo; no es fácil sacar a los protas de sus roles habituales, y todos los dibujantes, que son varios, demuestran un gran nivel.

Son 432 páginas de diversión. No hace falta haber jugado al videojuego, faltaría más. Injustice: Gods among us: Año uno. Integral, es uno de los cómics con los que más he disfrutado y de los que espero con ansías locas y frenéticas el siguiente recopilatorio. Fijaos bien en lo que os digo…

Si os gustan los héroes de DC y todavía no lo habéis leído, no sé a qué estáis esperando. ¿Tal vez a Navidad o a Reyes? Si es así, es tanto un buen regalo como un buen autorregalo.

PD: por favor, si alguien lo ha leído ya, ¿puede aclararme la situación entre Luthor y Superman?

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Superman. American Alien, de Max Landis

Superman. American Alien

Superman. American Alien¿Es un pájaro? ¿Es un avión?

Llegó a una granja aislada de Smallville, Kansas. Marta y Jonathan Kent decidieron adoptarlo. ¿Pensaron en las consecuencias? ¿Creyeron que podría criarse como uno más entre el resto de personas? Pero, ¿qué otra opción les quedaba? Para ellos era especial. Era un regalo venido del cielo, y el mundo tarde o temprano aprendería a aceptarlo, pensaban. Realmente, ¿está la Tierra preparada para convivir con un alienígena con poderes?

Superman. American Alien es una nueva visión de los momentos más destacados en la vida de Clark Kent, desde que aterrizó en la granja de los Kent hasta una lucha titánica en medio de las calles de Metrópolis. Todo ello contado de una forma más desenfadada y actualizada. El guionista de cine Max Landis que dirigió la película Chronicle donde ya demostró su pasión por los superhéroes de una forma moderna y con muy buen gusto ha escrito esta historia en la que cuenta siete etapas distintas en la vida del personaje más emblemático de la historia de los cómics, Superman. Para ello, ha formado un equipo de auténticos galácticos en cuanto a ilustraciones se refiere. Entre ellos —son varios— destacan Nick Dragotta o el onirismo de Jael Lee (Antes de Watchmen: Ozymandias).

El tomo recopilatorio de ECC presenta siete números muy distintos entre sí. El primero cubre la etapa más joven de Clark Kent, cuando apenas es capaz de controlar sus poderes y es su padre adoptivo, Jonathan, quien le tiene que enseñar a mantener el vuelo por los maizales de su granja de Smallville. En la historieta se producen las primeras confrontaciones de Clark con su propia naturaleza diferente al resto de sus amigos de la escuela. Momentos muy entrañables acompañados de un dibujo más expresivo y amable.

En palabras del propio autor, el segundo número es brutal, y no desmerece en absoluto; el tercero, sexy. Y no se equivoca, además de muy divertido y colorista: Superman borracho perdido dando tumbos por el yate de Bruce Wayne suplantando su identidad. Muy recomendable. En el cuarto, con los lápices de Jae Lee, te encontrarás al Clark Kent periodista, su llegada a la redacción del Daily Planet y su primer contacto con Lois Lane y Lex Luthor. Lo que más me gustó de este número, sus páginas finales con un interesante encuentro con Batman. En cuanto a dibujo, no es de mis artistas favoritos, pero no sé que tendrán sus ilustraciones que resultan tan atractivas quizás, por su modo tan personal de ser dibujados. Estos son los números que más destaco del tomo recopilatorio: la creación paulatina de la figura del súper hombre. Los tres restantes son los que cuentan algunas aventuras a las que se enfrenta Superman en Metrópolis. A mi juicio, menos interesantes pero aún así con buenos momentos como el reencuentro con sus antiguos amigos de Smallville en el sexto número.

Clark Kent, a medida que madura y se va asentando en Metrópolis, ve que sus esfuerzos por ayudar a los habitantes de la ciudad van en aumento además de empezar a temer qué ocurriría si él no pudiera ayudarlos a todos. Se plantea qué esperan de él, si realmente ese es su cometido; el plan que han trazado para él sus verdaderos padres allá donde estén.

Superman nunca fue mi personaje de cómic favorito y solo algunas pocas historietas destaco de él. Este cómic que reseño entra dentro de esos ilustres. Por su desenfadado estilo sobretodo en la primera etapa del personaje como Clark Kent, por la diversidad de dibujantes en la que no desmerecen ninguno, por las historietas intermedias del propio Max Landis y por la portada, que solo puedo catalogarla como sublime. Un buen modo de acercarse a la figura de aquel ser que vino de Krypton para quedarse entre nosotros.

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, es Superman. American Alien.

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Gotham a medianoche 2. Descansa en paz, de Ray Fawkes

Gotham a medianoche 2. Descansa en paz

Gotham a medianoche 2. Descansa en pazEl reloj, imparable, marca las doce de la noche; la hora bruja. Comienza a temblar. Agudiza tus sentidos a cualquier susurro y sombra que te aceche. Los espectros de la noche, los que se alimentan del terror, han despertado. Gotham a medianoche 2. Descansa en paz viene cargada de historias que harán que escuches ruidos en un silencio que creías pacífico, sentirás la presencia de algo o alguien más contigo. No cierres el cómic, será el mayor error que puedas cometer. Ya estás hechizado y, créeme, el miedo es amigo. No te hará daño. Se alimenta de tus temores pero son producto de una mente embrujada, embrujada por unas páginas tan apocalípticas como atractivas. No es que no puedas cerrar el cómic, es que no querrás dejar de leerlo. Esta serie nueva de DC mola, y mucho.

En el segundo tomo de la colección que nació gracias a la iniciativa de los creadores del sello de cómics DC denominada “DC You”, donde han surgido historietas realmente interesantes, cambia de dibujante no así de guionista, Ray Fawkes. Y continúa con la trama tan emocionante que mostraron en Criaturas Insomnes, tras la pérdida de un personaje miembro de la brigada especial del cuerpo de policía encargada de investigar los sucesos paranormales en el Distrito 13 de Gotham City. ¡Qué joyita de ciudad! Lo tiene todo. Asesinos en serie, tarados que se disfrazan y aniquilan a todo aquel que se encuentre entre las oscuras calles, policías corruptos…y Batman, un pseudofascista de ideología y moral independiente siempre en pro de la justicia.

Gracias a esta serie, también sucesos sobrenaturales. Sí, de esos que surgen de juegos con la ouija, o de fantasmas del pasado o incluso de muertos que regresan a la vida para vengar unos crímenes que quedaron ocultos por los fundadores de la ciudad de Gotham. Ahora están de vuelta y el equipo dirigido por el detective Jim Corrigan debe hacer lo posible para evitar la destrucción masiva de la ciudad. Pero es que su unidad, que funciona al margen del resto del cuerpo policial, está siendo investigada por asuntos internos y están obstinados en cerrar esta brigada y encarcelar a todos sus miembros a toda costa. Lo que desconocen es el porqué existe la unidad de Corrigan y los suyos. Desconocen al propio Jim Corrigan que en su interior, lucha por evitar que surja Espectro, el emisario de Dios encargado de castigar y aniquilar el pecado. En Gotham, este ser supremo se va a poner morado…

Gotham a medianoche 2. Descansa en paz incluye los números del 6 al 12 americanos y el anuario. ¡Qué gozada el anuario! El caballero fantasma, se llama. Una de fantasmas con sabor añejo, de chistera, maldición de antaño cuando se circulaba en carruaje de caballos y que prevalece en la actualidad. Los puntos que más me están haciendo disfrutar, y seguro lo harán contigo, son las introducciones que mantienen desde el primer número, una primera página de planos detalle descriptivos en cuatro viñetas para arrancar con “el caso de la semana”, que se decía en las historietas de las revistas pulp antiguas. Además del argumento, de narrativa ligera y entretenida y en el caso de este segundo tomo, el dibujo, muy distinto a la primera entrega, pero que no desmerece en absoluto. Más detallista, muy elaborado.

Sin duda, la oportunidad de oro si quieres salirte de las historias que se suceden en Gotham al margen de los casos de los que ya se ocupa Batman. Porque en realidad, Batman no es más que un personaje un tanto simplista, se queda flojo en cuanto a desarrollo. Son sus villanos quienes le hacen interesante. Y a veces, sus ayudantes, como el caso de esta curiosa unidad policial de casos paranormales. Los Expedientes X de Gotham que te harán pasar una lectura de lo más terrorífica. Y siempre, a medianoche.

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Gotham a medianoche 1. Criaturas Insomnes, de Ray Fawkes y Ben Templesmith

Gotham a medianoche 1. Criaturas insomnes

Gotham a medianoche 1. Criaturas insomnesLas doce de la noche. La hora bruja en la que los fantasmas invocados, las leyendas del pasado y las horribles criaturas que escapan de la naturaleza, comienzan a pulular por los siempre recónditos callejones de Gotham. La ciudad gótica por excelencia (con permiso de Barcelona), cobra todo su esplendor a la medianoche. Últimamente las historietas ambientadas en Gotham que no tienen como protagonistas a Batman o a alguno de los miembros de la “batfamilia”, me están ofreciendo las mejores lecturas. Ya me ocurrió con los misteriosos y divertidos casos sucedidos tras los muros de Academia Gotham y ahora, con un tono más adulto y oscuro, con las historias sobre fenómenos paranormales que se desarrollan en el Distrito 13 de Gotham City.

Gotham a medianoche. Criaturas insomnes es el primer tomo de una serie nueva (incluye los números originales del 1 al 5) que presenta a la unidad de investigación de la comisaría de Gotham encargada de casos sobrenaturales, desde posesiones demoníacas a enfrentamientos apocalípticos con seres del más allá. Respaldados por el comisario James Gordon y el propio Batman, la denominada unidad policial de casos intrincados dirigidos por el detective Jim Corrigan, y actuando siempre a espaldas del resto de la comisaría, se verá obligada a investigar los sucesos que los superhéroes de la ciudad son incapaces de llevar a cabo. En sus filas cuentan con la detective Drake, de extraños poderes premonitorios, el doctor Tarr, experto en ciencias ocultas, la hermana Justine y el teniente Weaver, encargado de dar autoridad a las actuaciones de su brigada y cubrirles las espaldas ante la intensa investigación por parte de asuntos internos obstinados en desacreditar esta unidad.

El guionista Ray Fawkes y el dibujante Ben Templesmith traen de vuelta al Nuevo Universo DC al detective Jim Corrigan, personaje clásico de DC asesinado cuando investigaba la desaparición de su pareja y que, elegido por un ente superior, resucitó para convertirse en el canal a través del cual se manifiesta Espectro, un emisario de Dios que arrasa con todo aquel que haya pecado. En su lucha interna, el detective de policía debe controlar la ira de Espectro ya que su juicio, extremo, está poniendo en riesgo la vida de los habitantes de la ciudad. Por si eso fuera poco, los horribles crímenes que se cometieron por parte de los fundadores de Gotham, parecen haber despertado y amenazan con expandirse y vengarse de todo aquel que viva en las calles de la ciudad maldita.

Todos los que disfrutamos de lecturas de terror y de las noches de domingo viendo Cuarto milenio con Iker Jiménez, tenemos una buena excusa para dejarnos llevar por las páginas de este cómic. Un buen guión con tintes chulescos por parte de Jim Corrigan, muy al estilo de novela negra, y de narración ligera y entretenidísima. El dibujo, además, no desentona. Con un trazado rápido, feísta pero muy efectivo, los ojos se te van de viñeta en viñeta, de un personaje bien caracterizado a otro y en sus extrañas y amorfas criaturas. Además, tal como fue mi caso, el entintado del papel desprendía un olor excesivo, con lo que en su lectura, siempre a medianoche que es cuando más se disfruta, pude sentir ese hedor a brujería según pasaba las páginas de esta terrorífica historia. Un muy buen comienzo para Gotham a medianoche. Criaturas insomnes que consiguieron en mí precisamente eso, mantenerme despierto durante largas horas nocturnas.

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El regreso del caballero oscuro: La última cruzada, de Miller y Azzarello

la ultima cruzada

la ultima cruzadaY otra vez más tenemos con nosotros al siempre alegre y siempre dispuesto a echarse unas risas, el murciélago de Gotham. ¿Y por qué? Esta vez su presencia es debido a que para la publicación de El regreso del Caballero Oscuro: La raza superior, a los mandamases de DC se les ocurrió que Miller ideara una precuela del mítico, soberbio y reverenciado El regreso del Caballero Oscuro, una de sus interpretaciones más “serias”.

La última cruzada está situada diez años antes de El regreso del Caballero Oscuro, en cuyo argumento se nos contaba cómo Batman volvía a enfundarse el traje tras una década retirado de las calles y es en cierto modo una explicación al porqué de ese retiro.

Batman se siente cansado. Normal. Una vida en la que de día haces el paripé de ser un ricachón, asistes a reuniones, haces contactos, comidas de negocios, tardes de cócteles, cenas de gala, estrenos de cine, óperas o lo que toque, más añádele a eso el entrenamiento diario (que diario quiere decir todos los días, no uno sí y otro no). Y ya si encima tienes un Robin a cargo apaga y vámonos. Yo no podría ser Batman.  Como iba diciendo, nota cómo el tiempo y los golpes hacen mella en él, “envejecer es un asco” llega a decirle en una viñeta a Alfred, y más adelante, un Bruce Wayne más “humano”, más íntimo y cercano, confiesa a Selina, exCatwoman, que se siente viejo y lento, e incluso que siente su mortalidad.

Por eso quiere retirarse, quedarse sólo con la faceta de Bruce Wayne, pero no puede hacerlo todavía. Está preparando a Jason, su actual Robin, para ocupar su lugar y no le ve aún listo para ello. Es temperamental, impaciente, y, aunque reconoce que es mejor que él a su edad, en lo de ser detective es algo tosco. No puede ceder el testigo todavía. Batman quiere esperar más tiempo, enseñarle más, entrenarle más, asegurarse de enseñarle todo lo que sabe… Pero, sinceramente, conociendo a Batman como le conocemos,  siempre aspira a la perfección y, si las circunstancias no lo precipitaran, Jason nunca acabaría su entrenamiento.

¿Qué decir de Frank Miller? Para mí es como si fuera el padre de Batman. El creador. Sí, ya sé, ya sé, puristas.  Fueron Bob Kane y Bill Finger, pero realmente de ellos poco he leído y lo que he leído no es para echar cohetes. Tenían a su criaturita en pañales, con tramas inocentes, por no decir infantiles, así que como padres biológicos los acepto, pero tito Miller es quién realmente le (y me) ha educado.

Que conste que también me gustaron las historias de Loeb y Sale. Dark Victory, El largo Halloween, por nombrar algunos de entre los muchos títulos, son grandes obras que ocupan un lugar muy alto en mi ranking del murciélago. Pero Miller es quien de verdad redefine al personaje. Lo hace suyo, lo mitifica, lo engrandece y humaniza. Año uno y El regreso del Caballero Oscuro son la cima del personaje. También aporta su porcentaje de cagadas, claro, como El contraataque del Caballero Oscuro, y un muy criticado (aunque a mí me encanta por lo inesperado, desconocido y por la ida de olla de Batman) All Star Batman.

Miller conoce al personaje como si lo hubiera parido, porque lo ha parido. Y es él quien hace y deshace en su universo. No obstante, al igual que está sucediendo en La raza superior, Azzarello también ha participado en el guión, lo cual no hace sino reforzar una historia ya de por sí buena.

El dibujo está bien, pero no me ha gustado nada el Joker. No tiene la cara estilizada que suele tener. La tiene más ¿redondeada? Y, por otra parte sus apariciones son poco menos que desconcertantes. ¿Qué hace? No. Más bien… ¿cómo lo hace? ¿Qué coño dice? ¿Alguien le entiende?

¿Pero el cómic está bien? Sí. ¿Merece la pena? Mucho, porque, aunque realmente no hacía falta una precuela, siempre mola ver a un Batman crepuscular, herido, humano, al que se le viene el mundo encima, un Batman milleriano casi vencido pero no derrotado, un Batman a cuya cabeza y pensamientos podemos y nos gusta acceder y a quien dirige uno de sus mejores conocedores.

Una historia que explica parte de otra historia mitiquísima, que amplía la visión de conjunto del personaje y de su tragedia personal.

Sin ninguna duda, un cómic que todo batmaníaco debe leer.

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