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Te están robando el alma, de Ian Svenonius

Te están robando el alma

Te están robando el alma¿Qué es alienación? Dices mientras bebes tu café de Starbucks sobre una mesa sueca de nombre impronunciable y lees extasiado en tu iPod lo felices que son los trabajadores de Google? ¿Qué es alienación? ¿Y tú me lo preguntas? Alienación… eres tú.

Me disculpo por este inicio tan pedante y facilón, pero tenía que llamar tu atención. Al fin y al cabo, de eso va Te están robando el alma: de lanzar llamativas proclamas para provocar una reacción en el lector, la que sea, pero una reacción al fin y al cabo. Y es que este es un texto pretendidamente provocador, que se inicia con una irónica loa a la censura para abordar poco después algunos temas realmente reprochables, como el trato de favor que da el mainstream a las obras con mensaje vacío (o, peor aún, idiotizante) o como la prensa ha dejado de lado los intereses informativos con los que nació en favor de los puramente económicos e ideológicos.

Pero si algo hay que valorar en este ensayo son los puntos de partida tan novedosos como chiflados que pone sobre la mesa. Dicho de otra forma, jamás en mi vida hubiese pensado en el twist como en un arma estatal para la introducción del individualismo y de la pasividad en la sociedad. O que lo que hizo que Al-Ándalus resistiera tantos años, hasta la consumación de la reconquista por parte de los Reyes Católicos, fue el azúcar. Ojo, no lo digo yo, lo dice Ian Svenious, un veterano músico estadounidense reconvertido en gurú antisistema.

Explícito, directo y malhablado, pero con un lenguaje cuidado y pulcro, Svenious realiza en su exposición una de esas extrañas combinaciones narrativas que tan atractivas se me suelen hacer como lector. Formula un tótum revolútum, retrotrayéndose en muchos casos a épocas muy antiguas (con fuentes, por lo general, desconocidas) para dar validez a sus argumentos. Esto es algo a valorar, aunque en ocasiones estos esfuerzos sólo sirvan para despistar al lector del núcleo de su discurso. Pero todo ello forma parte del atractivo de este escrito, en el que su autor es capaz de mezclar arquitectura, pornografía e Ikea en una misma idea y que el resultado suene hasta coherente. Al fin y al cabo, este ensayo no es sino una crítica extravagante y paranoica a la sociedad contemporánea.

El antiguo componente de grupos como Nation Of Ulysses, Make-Up o Weird Waredica dedica también mucho tiempo a plantear una batalla encarnizada contra ciertas multinacionales que generalmente tienen buena fama, como Google, Ikea o Wikipedia. Pone especiales esfuerzos en desacreditarlas, al exponer que no son más que otra pata del capitalismo más inhumano, aunque con una capa de maquillaje muy bien repartida. Pero donde se muestra especialmente lúcido y cómodo el autor es en los capítulos en los que toca el tema de la música, lo cual no deja de ser lógico. En este terreno tampoco deja títere con cabeza; para él, la industria discográfica busca sofocar cualquier intento de insurrección moldeándolo a su gusto hasta dejarlo con un aspecto tan perfecto como vacío de contenido. Seguro que a más de un grupo indie le pitarán los oídos.

Svenious, en definitiva, carga contra todo lo que aborrece de la cultura popular. Y aunque en muchas de sus aseveraciones es hartamente difícil coincidir (y en otra buena parte es hasta complejo elaborar una opinión, ante lo críptico de su argumentario) uno no puede evitar disfrutar con su manera trabajada e irónica de lanzar dardos cargados de odio a diestro y siniestro. No obstante, el autor también escupe (creo que es la forma más objetiva de definirlo) críticas muy lúcidas, como la que lanza contra la costumbre de dejar propinas a los trabajadores del sector servicios y el servilismo que esta práctica lleva consigo.

Creo, repito, creo, que la intención de Svenious con Te están robando el alma no es que nadie adopte su particular forma de ver el mundo. Parece más una invitación a pensar por uno mismo, a dejar de adoptar el discurso único y plantearse por qué las cosas son como son. Y, tal y como está el patio y a pesar del riesgo de empezar a sospechar de todo lo que nos rodea, bienvenida sea esta iniciativa.

 

 

 

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Enséñame a olvidar, de Erica M.Chapman

Enséñame a olvidar

Enséñame a olvidarCreo que ha llegado el momento de confesar que dentro de mí hay una adolescente atrapada. No sé cómo ha podido pasar, la verdad. No sé si se debe al contacto diario con niños adolescentes o es algo que debería hablar con Freud, pero lo cierto es que a mis treinta y dos años aún hay una púber dentro de mí. Y esa adolescente es la culpable de que me trague películas como A tres metros sobre el cielo o la saga de Crepúsculo o que vea series como Gossip girl, 13 reasons why o My mad fat diary. No me juzguéis, malditos. No sabéis lo difícil que es compatibilizar los gustos de mi yo adolescente y mi yo adulta. Hasta ahora lo había llevado más o menos bien, en silencio, como un secreto, pero es que ahora que he leído un libro para este público, de estos de la edad del pavo en grado máximo y me ha gustado, tengo que quitarme la careta para hacer la reseña. Y aquí me tenéis, confesando cosas que jamás pensé que diría, ¿qué os parece?

El libro culpable de todo esto se llama Enséñame a olvidar. Y es el libro debut de, por lo visto, una de las autoras más prometedoras de la novela realista juvenil. Yo me decanté por él porque en cierto modo me recordó a la serie 13 reasons why. ¿Os he dicho que la vi entera en dos días?, ¿no? Pues quizás no debería seguir avergonzándome, pero parece que hoy he desayunado el suero de la verdad.

No sé si habéis visto 13 reasons why, pero tranquis que no voy a hacer mucho spoiler. Al igual que en la serie, la protagonista de Enséñame a olvidar ha decidido suicidarse. Ellery lo ha organizado todo: el día y la hora, ha preparado su propio entierro y ha comprado una pistola. Pero ese día algo falla. El gatillo se atasca y Ellery no consigue cumplir su propósito. Todo lo que había planeado se va al traste y, además, parece ser que el universo conspira en contra suya. Decide entonces poner otra fecha para su muerte. Se dará veintiocho días más para llevar a cabo su plan. Pero, en esos días, en los que ella intenta pasar desapercibida, un montón de cosas empiezan a sucederle. Colter Sawyer, un compañero del instituto, se fija en ella al reconocer en su mirada algo familiar. Pronto descubrirá su secreto y tratará de hacer todo lo posible por evitarlo.

En Enséñame a olvidar hay de todo: romance, amistad, niños apavados, suicidios, conversaciones irreales entre adolescentes irreales. De todo. Todas esas cosas que le encantan a mi yo en la edad del pavo y que han hecho que el libro me enganchara cosa mala, hasta el punto de leerlo en un tiempo récord.

Lo cierto es que tiene algo. No sé explicaros qué es, pero algo tiene este libro. Quizá sea ese regreso a la adolescencia, esos amores imposibles, esos niñatos que mantienen conversaciones que te dan ganas de boicotear. Pero engancha. Enséñame a olvidar atrapa. Y si encima también tenéis un adolescente dentro de vosotros, estoy segura que además os encantará.

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Mexique, el nombre del barco, de María José Ferrada y Ana Penyas

Mexique el nombre del barco

Mexique el nombre del barco27 de mayo de 1937.

Una fecha igual que otra. No está marcada en rojo en ningún calendario. ¿Qué importa lo que ocurriera ese día, si han pasado ochenta años?

Cuatrocientos cincuenta y seis.

Este también es un número cualquiera, compuesto por tres dígitos que se olvidan con facilidad. Es lo que tienen los números grandes, que se convierten en algo abstracto que ni siquiera retenemos en la memoria si no nos afecta de manera directa.

Pero ni esa es una fecha igual que otra ni ese es un número cualquiera, porque representan la tragedia de «los niños de Morelia».

Aquel 27 de mayo de 1937, cuatrocientos cincuenta y seis niños, hijos de republicanos españoles, subieron a bordo de un barco llamado Mexique, para viajar hasta Morelia, capital del estado de Michoacán de Ocampo (México). Iban a estar allí solo tres o cuatro meses, les dijeron sus padres; ninguno podía imaginar que ya nunca regresarían. Y es que la guerra truncó sus planes y sus vidas.

Mexique, el nombre del barco, escrito por María José Ferrada e ilustrado por Ana Penyas, cuenta ese viaje, para que nunca olvidemos esa fecha, 27 de mayo, ni ese número, cuatrocientos cincuenta y seis. Narrado desde el punto de vista de un niño, Mexique, el nombre del barco es pura poesía. Con frases sencillas, tan simbólicas como directas, ese niño nos transmite qué supone para él la república y la guerra, y nos pone los pelos de punta. Porque por muchas definiciones o largos ensayos que leamos, no hallaremos descripciones más certeras que las que hace un niño desde la inocencia y el desarraigo. Y las ilustraciones de Ana Penyas recrean aquel viaje y las emociones del niño haciendo uso solo de la gama de grises y rojos: grises para plasmar la tristeza y la incertidumbre; rojos para mostrar esa esperanza que se resiste a desaparecer.

Dice la editorial Libros del zorro rojo que Mexique, el nombre del barco es «un libro que interpela a todos los públicos». Pero hablar de tragedias no es fácil, y menos a los niños. Incluso diría que hoy en día hay pocos padres dispuestos a perturbar las plácidas existencias de sus hijos con historias de tragedias añejas. Sin embargo, esos padres se equivocan si consideran que este acontecimiento es cosa del pasado, pues por todos es sabido que el exilio de niños y la ruptura de familias enteras por culpa de las guerras es un drama actual. Y, desgraciadamente, hoy y siempre lo será. Sobre todo si nos empeñamos en mirar hacia otro lado, mientras no nos toque el turno, y en ignorar libros como este, que nos hablan de frente sobre el dolor y la soledad de esos niños que huyen de la guerra.

Mexique, el nombre del barco irradia tanta belleza y sensibilidad que compartir su lectura con los más pequeños no les ocasionará trauma alguno. Es más, no debemos temer que se conmuevan, porque, si eso ocurre, será buena noticia: estarán demostrando empatía y esa es, sin duda, una de las cualidades que más necesita la humanidad.

Así que niños y adultos debemos recordar a esos cuatrocientos cincuenta y seis niños que partieron en un barco llamado Mexique un 27 de mayo de 1937. Aunque lo de menos sea si fue ese día en concreto o una cantidad de niños diferente. Tragedias como las de «los niños de Morelia» acontecen todos los días y en nuestra mano está tenerlas siempre presentes para que algún día, por fin, pasen a la historia.

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La japonesa calva, de Jesús Tíscar Jandra

la japonesa calva

la japonesa calva¿Y cómo hago yo una reseña de este libro si cada vez que leo su título me recuerda a La cantante calva? A eso me recuerda el título de esta novela y no a otra cosa, pero digo el título, no la novela ni la obra de teatro que no he visto, solo me lo recuerda el título. Y cómo hacerlo si hasta su autor, Jesús Tíscar Jandra, que en la foto de la solapa me recuerda a Hernán Migoya, que puede ser que sean cosas mías, ¿pero es cosa mía que Migoya y Tíscar se parezcan o a alguien más se lo parece?, y digo que si hasta Tiscar no tenía claro haber escrito una novela negra hasta haberla terminado y dice que “no es una novela negra al uso, ni de coña, pero es una novela negrísima” la novela que ha escrito el Tíscar este que se parece al Migoya, vaya que si se parece, y que ha ganado el XXI Premio de Novela Negra de Getafe 2017, que es un premio que lo da un jurado en el que entre otros está el Lorenzo Silva ese que escribe sobre una pareja de beneméritos y es un premio del que ya reseñé en su día Ángulo muerto y esta novela, La japonesa calva, ha ganado el premio este año.

Lo cierto es que nada más leer la sinopsis del libro de Tíscar que se parece al Migoya supe que tenía que leerlo, eso supe nada más leer la sinopsis, y cuando comencé a leerlo caí ante su estilo descriptivo palabrero, y yo no soy de fijarme mucho en descripciones, pero esa forma suya de escribir que parece que escriba letras de jotas, letras de jotas parece que escribe, le funciona, o a mí me parece que le queda muy bien a la novela que ha escrito y ha ganado el premio, y además la historia que se inventa, porque se lo saca todo de esa cabeza suya que se tapa con una gorra en la foto de la solapa en la que se parece a Migoya, es brillante, como el arroz brillante, y acompañado con la prosa que emplea es además vibrante.

¿Y la historia? La historia que cuenta es una historia de vidas cruzadas y en la que casi todos los personajes que “no es que sean antihéroes sino primos de los antihéroes” orbitan alrededor de Kazumi Kuriwako, que es la japonesa calva del título que ha ganado el premio este año, pero que no es calva, sino rapada, y que tiene un poder analgésico y maravillante que funciona en casi todas las pieles y que también hace pajas y mamadas, eso hace la marranona esa que no es calva sino rapada y que no se desplaza porque solo recibe en su domicilio. Con ella se va a cruzar un asesino que se peina como Los Chunguitos y que quiere convertirse en asesino en serie y buscar una patua para poder ser asesino en serie porque todos los asesinos en serie siguen patuas; y Luciana Crespillo que encontró a la japonesa que no es calva sino rapada en el Candir Dóner Kebab, que es el lugar más descorazonador de la Tierra y que a sus setenta y un años recién cumplidos no ha visto ni tocado chorrinas y va a comerse su primer kebab; y Franco Baena, al que sus padres pusieron Franco por Franco (Ferrol 1982-Madrid 1975), un guardia civil enamorado de la marranona que no es calva sino rapada y que se está poniendo fino a Bacardís; y Cobriza Pemberton, la pelos oxidados y mujer del picoleto enamorado de la marranona que no es calva sino rapada, que se siente una mujer irremplazable, una pedazo de hembra; y la niñaca Melisa Benítez cuyo primo dice de ella que es mala de mala, pero mala, no sabes tú lo mala que es; y Rafael Benítez, que se muere de amor y se muere finalmente de la vida por la niñaca antes de declararle su amor por wásap; y una anciana a la que el pelo perla le huele a película de Charlot; y el Sai con su dáun; y un azafato del Decathlon… y algunos personajes más que me dejo que hacen de esta novela que ha ganado el premio en el que Lorenzo Silva, el que escribe de Vila y Chamorro, entre otros, está de jurado, merezca muchísimo la pena, eso es lo que merece, muchísimo la pena.

Porque si tengo que destacar algo es el estilo narrativo y la estructura del Tíscar que se parece al Migoya, en la foto, no en la escritura. Un ejercicio de escritura prodigioso, que se dice fácil pero no lo es, que el Tíscar ha tenido que devanarse mucho la sesera para encontrar la estructura, eso ha hecho el Tíscar, y la ha adornado con una trama que tiene que gustar a cualquier fanático de la novela negra y, si me apuro, a cualquier lector. Un vaivén de personajes entrando y saliendo a escena, cruzándose sin saberlo entre ellos, que son muchos y no se conocen todos aunque pueden estar relacionados, cada uno con su lío y angustia vital y problemas vitales y estreses vitales, que la gente es así en realidad, o más o menos, pero que yo creo que sí, que la novela esta es realista que te cagas y moderna que te cagas y, además, puede que incluso dibuje alguna sonrisa en algún lector.

Y el vocabulario es fácil, de la calle, adaptado a cada personaje, y la lectura ágil, fresca, rápida, que permite devorarse, que es un tópico que ya aburre a las ovejas pero es que es verdad que el libro del Tíscar que se parece al Migoya, no se puede soltar, porque para algo ha ganado el premio importante en el que Lorenzo Silva, entre otros, es miembro del jurado, y que es puro gozo y disfrute, como si la japonesa calva, la marranona esa que no es calva sino rapada, te estuviera dando un masaje… con final feliz.

La japonesa calva es una lectura obligatoria para los novelanegramaníacos y el Tíscar que se parece al Migoya ha hecho una novela redonda. Imprescindible. Eso es lo que es y no otra cosa y hay que leerla porque da mucho placer hacerlo y está muy bien hecha la novela esta de la japonesa calva que no es calva sino rapada.

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Islas des-conocidas, de Malachy Tallack

Islas des-conocidas

Islas des-conocidasSi alguna vez has oído hablar de la Atlántida o de Tule y has conectado tu parabólica mental a esa conversación, si fuiste de aquellos que hicieron clic en la noticia viral de hace unos años donde se hablaba de la isla inexistente del Pacífico que sí salía en los mapas de Google, si eres curioso por naturaleza, si te gustan las islas o lo desconocido o el rumor o el mito o la historia creo que te gustará este libro, que además viene cargado de ilustraciones de Katie Scott y huele de maravilla.

Islas des-conocidas es uno de los nuevos títulos que trae geoPlaneta al mercado de un tipo de libro ilustrado que tanto sirve para regalo de Navidad para quien sabes que tiene la mecha de la curiosidad encendida como para disfrutarlo a solas después de una autocompra. Malachy Tallack nos habla aquí de 24 islas ensombrecidas por el mito, el misterio y el fraude. Divididas en cinco secciones – islas de vida y muerte, los pioneros, la era de la exploración, islas sumergidas e islas fraudulentas – este Islas des-conocidas es la muestra de cómo la imaginación (o el simple desconocimiento) puede llegar a influir en la geografía. Mientras pasamos las páginas descubrimos islas que han sido inventadas por varios motivos – desde el económico hasta el religioso pasando por el ansia de fama -, islas que quizás sí existieron, islas que se confundieron con otras, islas que fueron el origen de todo, islas que todavía hoy se cree que pueden existir, islas en las que se depositaba todo aquello que parecía lejano y misterioso, etc. En definitiva: islas.

No sé qué tienen las islas pero siempre han llamado la atención del aventurero, del explorador, del curioso con algo de dinero o picardía como para conseguir darse a la mar por un tiempo. Siempre he desconfiado de los descubridores y mucho más de los colonizadores, de los primeros porque creo que siempre hay alguien antes que tú y de los segundos porque creo que lo virgen siempre es mejor. Dudo de ellos como dudo de tantas cosas. Y una de las cosas que aporta este libro es la duda: la duda que tuvieron otros al ver un trozo de tierra que no estaba en sus mapas, la duda de quien cree ver por delante de su barco lo que hace un tiempo le contó una novela, la duda de quien quiere ser famoso y tiene enfrente la posibilidad de serlo.

Islas des-conocidas ha sido catalogado por The Guardian y The Telegraph como uno de los mejores libros de viaje del 2016 y tengo que reconocer que es una noticia que me alegra y me encanta. Y me pasa esto porque creo que no hay mejor viaje que hacia lo desconocido, hacia lo misterioso; o mejor aún, hacia la nada. Si de verdad quieres leer sobre aquello que pudo ser algo y no fue pero que solo por la posibilidad de ser ya ha sido, echa un ojo a este libro. Creo que nos encantan las islas porque no somos más que una de ellas.

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Escrito en el agua, de Paula Hawkins

Escrito en el agua

Escrito en el aguaNo sé qué tiene el agua que me atrae irremediablemente. El estar sumergida, aunque sea con metros de líquido por encima de mi cabeza, me hace estar en paz.

En primero de Bachillerato tuve un profesor que decía que el ser humano está tan a gusto dentro del agua porque en su mente queda un recuerdo lejano de cuando estuvo en el vientre materno. Rodeado de líquido. Flotando. Y sabiendo que está a salvo y que no tiene que preocuparse por nada. Está protegido.

Cuando floto en mitad del mar, dejándome llevar por las olas, no sé si mi subconsciente está pensando en aquello que decía la teoría de mi profesor. Lo que sé es que estoy en paz. No puede haber un momento más perfecto.

Nel Abbott también estaba obsesionada con el agua. Pero no con el agua en general. En concreto, La poza de las ahogadas hacía que su mente estuviera allí las veinticuatro horas del día. Desde pequeña, se escapaba de casa para quedarse a solas mirando aquella masa de agua tan perfecta. Las historias que le habían contado desde que nació tenían mucho que ver. En esa poza, decías las leyendas, las mujeres acusadas de brujería debían demostrar si eran humanas o sí, por el contrario, habían sido besadas por el diablo.

Ese misticismo hizo que Nel se obsesionara con aquella poza, que además, había sido el lugar donde decenas de mujeres encontraban la muerte. Todavía sin explicación alguna, muchas mujeres decidían acabar con su vida allí. Escogían esa poza misteriosa y que rozaba lo fantástico para suicidarse. Tanto misterio hizo que Nel decidiera escribir un libro basado en la poza. Reuniría todos los sucesos allí acontecidos y trataría de darles una explicación lógica. Cosa que nunca pudo llegar a hacer porque su cuerpo apareció sin vida dentro de la poza que tanto admiraba.

Cuando a Jules Abbott le dicen que su hermana Nel se ha suicidado en La poza de las ahogadas, no entiende nada. No entiende cómo pudo dejar así a una adolescente huérfana y tampoco comprende por qué eligió precisamente esa poza. Las piezas no encajan y Jules se va convenciendo poco a poco de que, en realidad, su hermana ha sido víctima de un asesinato.

Para Jules, volver al lugar de su infancia, no fue tarea fácil. Al contrario que su hermana Nel, ella no era perfecta. Los chicos no se fijaban en ella porque le sobraban kilos. No era talentosa, ni tenía las cosas tan claras como Nel. Además, en esa poza, le bajó la regla por primera vez, dejándola en evidencia delante de todos los amigos “guays” de su hermana. Así que no, ni le gustaba la poza, ni quería volver a ella. Pero alguien tenía que ocuparse de su sobrina adolescente, Lena, ahora huérfana y en una edad muy complicada.

Escrito en el agua es el nuevo éxito de Paula Hawkins. Yo me dejé seducir por ella hace un par de años por estas fechas con La chica del tren —al igual que millones y millones de personas—. Devoré su opera prima en dos tardes, aunque la verdad es que me dejó con ganas de más. Podría haberme gustado muchísimo más de lo que me gustó (el final me decepcionó bastante) pero es de los libros que más me han enganchado. La película que se basó en ese libro es tema aparte. Todavía no me explico por qué eligieron a Emily Blunt para hacer de Rachel. El que haya leído el libro entenderá por qué lo digo. Pero ese es otro tema del que hablaremos en otro momento.

El caso es que Escrito en el agua es una novela más madura, más trabajada. Paula Hawkins usa los saltos temporales igual que hiciera en su anterior obra, cosa que es muy interesante y hace que la tensión vaya en constante aumento. También alterna el narrador en los diferentes capítulos, de manera que así podemos conocer las historias de todos los personajes de primera mano. Cómo piensan, qué sienten, y sobre todo, cuál es su versión de los hechos. La historia en sí está mucho más elaborada que la de su anterior libro y eso es algo que me ha gustado mucho. Ahora lo tenemos todo.

Pero sí que hay algo que no me ha terminado de convencer y que ha hecho que mi lectura se viera interrumpida más de lo que me gustaría: los tiempos verbales. Usa el pretérito perfecto compuesto, creando un efecto muy extraño en el desarrollo de la historia. Sé que esto es problema mío y no del libro. Soy consciente de lo especialita que soy con este tipo de cosas y que el noventa y nueve por ciento de personas que lean este libro ni se van a fijar en ello, o si se fijan, no les va a importar lo más mínimo. Pero era algo que quería compartir con vosotros porque es la única pega que le he encontrado a esta novela.

Por todo lo demás, es fantástica. Paula Hawkins vuelve a darnos una historia de misterio en la que llegar al final puede convertirse en una carrera contrarreloj. Está claro que si te gustan los misterios, no puedes dejar de leer Escrito en el agua.

A mí, después de leerlo, me seguirá apasionando el agua, pero ahora mi mente volará por estos misterios cada vez que esté en mitad del pantano dejándome llevar por las inmensas aguas.

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El truco, de Emanuel Bergmann

el truco

el truco¿Qué es más fácil, hacer reír o hacer llorar?

Es evidente que en temas de humor no todos reaccionamos igual. Algunos podemos encontrar tronchante una situación absurda, una conversación de besugos o una broma escatológica. A otros en cambio les asoma una traviesa sonrisilla cuando alguien da un traspiés, cae escaleras abajo y se parte la crisma o ante un chiste de Carrero Blanco y sus dotes como saltador olímpico. La Audiencia Nacional, por ejemplo, no estaría entre los del segundo grupo.

Lo que nos aflige, lo que provoca ese nudo en la garganta (preludio de lágrimas amargas que tal vez alivien ese gran pesar que sentimos en el pecho) probablemente nos dispone a todos en un único grupo. ¿Quién no lloraría la muerte de una madre o padre que lo ha dado todo por sus hijos? ¿Y la de ese amigo íntimo que estuvo a las duras y a las maduras siempre apoyándote? ¿Y qué me dices de tener la cruda certeza de que jamás volverás a acariciar el suave pelaje de ese perro que estuvo a tu lado más de diez años? ¿Quién no ha llorado alguna vez al encontrarse cara a cara ante el cruel rostro del desamor? La soledad, la incomprensión, la enfermedad, el abandono… ¿una cebolla?

La verdad, no sé si es más fácil hacer reír o hacer llorar pero de lo que sí estoy seguro es que es dificilísimo narrar una historia en la que ambas emociones mantengan cierto equilibrio. El truco de Emanuel Bergmann es una de esas obras.

El truco es la historia de dos personajes. Dos vidas separadas por el tiempo pero unidas por los acontecimientos. Por un lado tenemos a Mosche Goldenhirsch: un anciano desvergonzado y de carácter huraño, con tendencias suicidas, que se pasa la vida en clubes de streptease en busca de compañía que previo pago le hagan sentir menos vacío. Pero Mosche es solo la sombra desvaída de lo que antaño llegó a ser. Anteriormente se le conoció como el gran Zabbatini, el famoso mago mentalista que recorrió la Europa que posteriormente sería ocupada por los nazis. El otro personaje es Max Cohn: un muchacho de diez años que se enfrenta a la cruda realidad de descubrir que sus padres están a punto de separarse. Por una de esas extrañas casualidades de la vida Max descubrirá que existe un conjuro de amor que podría volver a unir a sus padres. El único capaz de realizar dicho conjuro es Zabbatini. Así pues, el muchacho escudriñará cada rincón de su ciudad con tal de encontrar a ese gran mago y mentalista que podría salvar la felicidad de su familia.

En El truco hay magia, esperanza, desencanto y disparatadas aventuras narradas en clave de tragicomedia. Esa tragicomedia que es en sí misma la vida y el acto de vivir; esa valentía de afrontar retos, de aceptar las pérdidas y las derrotas pero también de mantener los pies en el suelo cuando se triunfa. El personaje de Mosche, anciano casi centenario, sabio a su manera y repleto de experiencias (algunas tienen que ver con el amor, otras con la magia y las peores con El Holocausto perpetrado por los nazis) es la representación de aquellos que se sienten desengañados por una vida demasiado larga y tortuosa. Por otro lado, y como contrapartida, Max, todavía puro de corazón, sensible como solo un niño puede serlo y optimista, es el agradable punto de candidez que contrarresta el cinismo de los desencantados que se toman la vida demasiado en serio. Ambos personajes convergerán no sin que antes Emanuel Bergmann nos relate, con una prosa fácil de leer, elegante y embaucadora, como era la vida de cada uno antes de que sus destinos se cruzaran. Con todo, a pesar de que la historia de Max no está mal, está claro que su protagonismo es sobre todo una excusa esencial a la hora de poner en marcha los recuerdos de Mosche: la verdadera historia de esta novela. Una historia que tarda en arrancar pero que cuando lo hace se muestra repleta de momentos divertidos (en ocasiones haciendo uso de humor algo simplón), de situaciones algo absurdas y de un truco de magia, un fantástico e inolvidable truco, que conseguirá que tus ojos llenos de lágrimas susurren tristeza mientras tu sonrisa grita esperanza.

El truco de Emanuel Bergmann publicado por Anagrama aúna con cierta pericia la comedia y el drama, esos dos géneros narrativos que por separado presionan unas teclas determinadas y dispares creando melodías únicas pero que al unirse, como en este libro, componen una sinfonía agridulce; una suerte de broma melancólica que perdura más allá de la última página.

 

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La historia oculta. Integral 4, de Jean-Pierre Pécau

la historia oculta integral 4

la historia oculta integral 4Ya está, lo veo clarísimo: La historia oculta merece una serie de televisión. ¿A quién hay que hacerle la propuesta? Los guionistas de Juego de tronos estarán libres pronto, ¿no? Esos serían buenos, porque ya están curtidos en enfrentamientos dialécticos, traiciones, sangre y giros inesperados. Y, de eso, esta novela gráfica tiene un rato.

Mira que ya lo veía venir, porque cuando leí La historia oculta. Integral 1, a principios de este año, dije que esta ucronía podía dar mucho de sí, y en las siguientes entregas fue gustándome todavía más. En La historia oculta. Integral 2, disfruté de la mezcla de fantasía y ciencia ficción y, sobre todo, de los toques de humor. En La historia oculta. Integral 3, aplaudí la admirable documentación histórica que sustentaba la trama, que conseguía hacerme plausible esta versión alternativa de nuestro mundo. Pero ha sido al leer La historia oculta. Integral 4 cuando me la he imaginado adaptada al medio audiovisual.

La historia oculta. Integral 4, al igual que las anteriores, enlaza un montón de leyendas y momentos históricos, y por ellos desfilan infinidad de personajes reales y ficticios. Está formada por cuatro volúmenes: «El crepúsculo de los dioses», «Los vigilantes», «La cámara ambarina» y «Sion». Es tantísima la información que se da, que las escenas se suceden a una velocidad de vértigo, y es una pena, porque están cargadas de simbolismos y autoreferencias que apenas nos da tiempo a apreciar. Por eso, mientras lo leía, pensaba en que sería una gozada recrearse en todos esos detalles y conocer más a fondo a cada uno de los personajes secundarios. Pero no en una película, no; en una serie con buen presupuesto. El universo alternativo creado por Jean-Pierre Pécau es tan complejo y rico que daría para varias temporadas.

Y la Segunda Guerra Mundial también ha dado mucho de sí en esta saga. Fue el eje del anterior integral y en el número cuatro da sus últimos coletazos. En eso tienen mucho que ver Alan Turing, el padre del ordenador moderno, que hace un gracioso cameo en uno de los capítulos, el desembarco de Normandía o las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, episodios en los que, cómo no, tienen un papel decisivo los arcontes protagonistas. Me llamó especialmente la atención el flashback de la guerra civil española, pero no podía faltar, porque allá donde haya sangre, los personajes de esta ucronía están metidos hasta el cuello.

Y como la rueda del caos y la destrucción nunca cesa, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, la acción se traslada a nuevos focos, entre los que destaca la guerra árabe-israelí de 1948. Imagino que este conflicto ocupará una parte importante en las próximas entregas, porque es una zona crítica para los arcontes y en ella se juegan su futuro en este mundo. Aunque el nacimiento de un nuevo personaje, con un poder hasta ahora desconocido, seguramente será decisivo en el devenir de los acontecimientos. Y es que, en la historia alternativa creada por Jean-Pierre Pécau, absolutamente todo es posible y poco o nada es predecible.

No me negaréis que tiene ingredientes de sobra para ser una serie de éxito. Pero como no sé cuánto tiempo tardará mi deseo en hacerse realidad, os recomiendo que, mientras tanto, vayáis leyendo esta novela gráfica desde el principio. Seguro que cuando os pongáis al día, estaréis tan deseosos como yo en verla convertida en una serie de televisión.

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Pide un deseo, de Bill Griffin

Pide un deseo

Pide un deseoEste libro es el resultado de un experimento maravilloso. Por si no lo conocéis, os lo explico. En el año 2014, Bill Griffin creó esta página web con un objetivo: que personas de todas partes del mundo enviasen sus tres deseos principales, es decir, las cosas que más desearan en el mundo. Cada veinticuatro horas, se escoge el deseo más popular y ellos se encargan de hacer algo en la vida real que tiene como finalidad el cumplir el deseo elegido. ¿A que suena genial?

Antes de lanzar este experimento, Bill Griffin trabajó para varios medios de comunicación. Fue director de marketing de Channel 4 y de Comedy Central. También dirigió la emisora de radio Kiss Fm. Con este experimento, el autor quería reflexionar sobre las cosas que nos hacen felices y crear, al mismo tiempo, una especie de manual de instrucciones para la vida.

Pide un deseo es el libro que ha resultado de este experimento y en el que se recogen los noventa y nueve deseos más populares. Lo más sorprendente de todo es que la mayoría de estos deseos son bastante cotidianos. Resulta que, a fin de cuentas, si nos diesen a elegir las tres cosas que más deseamos, no somos tan idealistas como cabría esperar. La mayoría de la personas elige sueños más o menos factibles que podrían realizarse sin demasiado problema. Da que pensar, ¿verdad?

Como os digo, hay deseos de todo tipo, desde un “ojalá se me quitará la resaca”, hasta un “ojalá mi suegra no fuera tan bruja”. Sí, deseos banales, pero que ahí están. Como “ojalá el cine no fuera tan caro”, “ojalá encontrara un novio que no fuera un imbécil” u “ojalá pudiera pasar un fin de semana de sexo salvaje”. Ejem. No es tanto pedir, ¿no?

También hay deseos más profundos como “ojalá pudiera aceptarme como soy”, “ojalá supiese qué hacer ahora”, “ojalá pudiera encontrar la manera de llevar una vida más sencilla”, “ojalá lograra tener paz mental” u “ojalá tuviera menos ansiedad social”.  La verdad es que algunos de estos deseos nos hacen ver que una de las cosas que más busca el ser humano es estar, en suma, a gusto consigo mismo. Y la verdad es que, visto lo visto, resulta muy difícil.

Hay deseos más extravagantes como conocer al Dalai Lama, escalar el Everest, ser famoso y millonario o viajar en el tiempo. Este último me lo apunto porque debe molar, ¿eh?

A parte de ser muy entretenido, Pide un deseo es un libro que me ha hecho reflexionar y que seguro que a vosotros también os hará pensar. Porque, a ver, si tuvierais que elegir tan solo tres deseos, ¿cuáles serían? Me encantará leerlos en los comentarios. Os animo a que encontréis inspiración con este libro y que luego vengáis a contármelo. No pido tanto, ¿no? 🙂

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El diario de la dama Murasaki, de Murasaki Shikibu

El diario de la dama Murasaki

Si uno supiera únicamente de esta obra que es un diario de una dama de compañía de la emperatriz Shōshi en la corte imperial nipona alrededor del año 1005, ya sería suficiente atractivo como para acercarse a ella. Si además empezase a leerla en la librería:

A medida que el aire se vuelve más otoñal, la atmósfera de la mansión Tsuchi Mikado gana en indecible elegancia. Las copas de los árboles que rodean el estanque y las hierbas que crecen a la orilla del arroyo del jardín van poco a poco adquiriendo esos colores rojizos del otoño, de modo que el cielo, en casi toda su inmensidad, parece encenderse hermosamente.

Y se dejara seducir por su delicadeza y elegancia, y si además se uniese a lo antedicho lo cuidado de la edición, sin duda hermosa y completa (incluye poemas, árboles genealógicos, mapas de las mansiones…), sin duda acabaría en su librería. De modo que el libro en si mismo ya es un verdadero regalo, así que el dato autobiográfico que nos dice que la autora de El diario de la dama Murasaki lo es también del Genji monogatari, probablemente la más antigua de las novelas de la historia (data del año 1003, aproximadamente), una obra monumental considerada el Quijote oriental, podría parecer menos importante de lo que en realidad es. Y lo es no sólo por la evidente relevancia que desde el punto de vista literario tiene sino porque da buena medida del talento narrativo de la autora y de su cultura, que es importante porque explica que no se trata de una dama de compañía cualquiera sino de una que ejercía, probablemente oculta a los ojos de la corte, de tutora de la joven emperatriz, a quien enseñaba chino, lo que era muy necesario para un hombre pero mal visto en una mujer.

No es inferior
al frío de la escarcha
que al pato cubre,
el frío de esta casa
en la que tú no estás.

Tiene El diario de la dama Murasaki ese ambiente detallista y sutil que uno espera en una obra de las características y la época de esta, pero es muchas más cosas. La descripción de la vida de la corte y las relaciones entre las familias, los diferentes niveles de los nobles y todo lo que conllevan, el no siempre cordial trato entre las damas o el ejercicio del poder y sus intrigas son temas muy presentes en la obra. Su interés no sólo se refiere a las costumbres, a los que la autora vivió en primera persona, sino que tiene unas dimensiones histórica y literaria difícilmente soslayables.
Tiene varias partes diferenciadas, la más brillante es la que propiamente se deduce del título, la de diario, pero hay también una epistolar que es muy diferente en tono y estilo. Es una carta probablemente dirigida a su hija y es mucho más ácida que el resto. La explicación podría ser que el papel era un artículo de lujo y que se escribió en la parte de atrás de hojas del borrador del diario. Una más de las muchas cosas interesantes que descubre uno con esta obra (y su pertinente e interesantísimo prólogo).
Murasaki Shikibu es una incisiva observadora capaz de caracterizar a los personajes con gran profundidad psicológica en pocas palabras. El retrato de la corte es sumamente interesante, más si tenemos en cuenta que comprende un momento francamente excepcional, el nacimiento del heredero del trono. Sus propias relaciones familiares enriquecen el relato de forma que hace recomendable una lectura reposada y reflexiva para no detenerse sólo en la belleza del texto, sino en todo lo que de forma más o menos críptica esconde. Merece la pena el esfuerzo de detenerse en sus páginas y dejarse llevar por su embrujo hasta convertirse en un callado espectador de la vida secreta de la corte imperial, del trono del crisantemo.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Injustice. Gods among us: año dos. Integral, de VV.AA.

injustice año 2

injustice año 2Teníais que haberle hecho caso cuando Él os avisó. Él. Siempre desconfiado y con planes B, C, D… Siempre previsor y dos o tres pasos por delante de todos… El mejor detective, el mejor estratega… Él os previno sobre el cabrón alienígena. Y es que, aunque nunca he sido muy amigo de Superman, se puede decir que lo medio tragaba. Hasta ahora. Porque lo que está haciendo en esta saga… ¡Tío, vale que el Joker ha hecho que te cargues a Lois y con ella al hijo que esperabais! Pues cárgate al puto Joker como buena venganza, como haría y sigue haciendo Liam Neeson a pesar de su edad, y, si quieres te pasas por España y haces algo con Rajoy y cía., y ya. Pero de ahí a convertirte en un dictador y a querer que todos se comporten como debieran según tu criterio… ¡pues no! Te vas a tu Ktypton natal y haces ahí lo que quieras, si es que te dejan. Ay, no; que no existe Krypton. Vaya, pues te buscas un planeta que invadir, pero aquí deja que nos matemos nosotros como queramos, que no venga nadie de fuera a decirnos que no lo hagamos y ya si eso luego hacemos juicios justos, como dice el defensor de Gotham.

Porque sí, porque toda ciudad debería erigir una estatua a Batman. ¿Qué digo toda ciudad? ¡En cada casa debería tener un altar! Porque, después de lo que Supes le hizo a su “amigo” Batman (y si estás leyendo esto doy por sentado que leíste el tomo anterior, Injustice. God among us: año uno, Integral, y por ello puedo hacer espoilers sobre él) rompiéndole la espalda como si fuera una vulgar copia de Bane, te mereces lo puto peor, y sufrirás y, como dijo el murciélago en Batman v Superman, “sangrarás”.

Injustice. Gods among us: año dos. Integral, sigue la acción en donde acabó el año uno. Como hace casi un año de su lectura, he tenido que repasar un poco por encima ese tomo para poder seguir el hilo y me reafirmo: esta serie es lo puto mejor que estoy leyendo en materia de cómic de superhéroes últimamente.. Da igual que haya muchos personajes que no se conozcan o que me medio suenen. La trama tiene una agilidad, una rapidez y una capacidad de enganche que pocas veces he experimentado… En dos páginas, o menos, la situación de la batalla entre partidarios de Batman y Superman que parecía encarrilada a favor de unos puede cambiar notablemente hacia los otros.

Sin destripar mucho (no soy un monstruo alienígena kryptoniano), eso ya lo haré al reseñar el año tres, ¿qué vemos en este tomo? Pues van a tener bastante protagonismo los Green Lantern y los Sinestro Corps. El comisario Gordon y Oráculo, la resistencia ciudadana, Canario Negro, Harley Quinn y muchos más van a tener también su importancia, aunque sus apariciones van a ser más repartidas, pero sumados todos no dejan de ser relevantes. Y, por supuesto, Batman, que, aunque convaleciente e interviniendo muy poco en este tomo, se adivina detrás de la estrategia de equipo que lidera.

En resumen, tras un intento de eludir la guerra, esta se hace inevitable. Vamos a ver fostiales a punta pala y unas cuantas escenas gore que te remueven por dentro y no solo por lo gráficamente gore que son, sino porque no suceden precisamente en medio de la batalla, sino antes y porque son… inesperadas. Y esto es lo bueno. Además, mueren personajes y mueren de verdad. Y no secundarios precisamente. Aquí las decisiones que se toman se toman hasta sus últimas consecuencias y Superman se ha convertido definitivamente en villano, a pesar de que comprendemos sus argumentos y de que puede que incluso empaticemos con él.

Extrañas alianzas, tácticas, personajes infiltrados, engaños, traiciones. Si hubiera sexo y dragones podría ser un Juego de Tronos. Estamos viendo una partida de ajedrez a hostias. Es la definición más apropiada que puedo asignar a este superentretenido Injustice: Gods among us: año dos, Integral.

El dibujo, a pesar de ser ciento y la madre los dibujantes, es perfecto. No se nota el cambio de artista, prácticamente parece ser el mismo todo el tomo. Y en cuanto al guión, me encanta. Tendrá sus fallos y sus cosas, pero me encanta. Me lo trago todo. Suspensión de la incredulidad al 100% y una historia que avanza como una bola de nieve haciéndose más y más grande a cada página.

Un cómic que para mi ya es imprescindible y cuya esperada continuación será una tortura. Un cómic que deberé releer cuando el último año (¿el cinco?) se haya editado.

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El corro de las mentiras, de VV. AA.

El Corro de las Mentiras

El Corro de las MentirasHay, en la provincia de Toledo, un pueblo llamado Aldeanueva de San Bartolomé, aunque es conocido por todos como Aldeanovita; Aldeanovita, la bien nombrada. Este pueblo seco y avellanado, en el que hoy en día no habitan más de seiscientas personas, tiene tras de sí una historia larga, llena de leyendas misteriosas, personajes ilustres y anécdotas varias que demuestran el ingenio de su gente, más que acostumbrada a la emigración y al trato.

Es tanta la sabiduría y humanidad que encierran sus historias de otros tiempos, esas que pasaron de boca en boca en el corro de las mentiras —nombre con el que se conoce a la encrucijada del pueblo donde los mozos se reunían tras una dura jornada de trabajo para charrar— y que ahora se cuentan al calor de la lumbre, que el pueblo entero se volcó, allá por el año 2008, en el concurso de relatos cortos que se convocó para rememorarlas. Y como no querían que ninguna historia se quedara en el tintero, hubo varios concursos más. De la recopilación de todos ellos ha surgido El corro de las mentiras, editado por David García Villa, donde escritores curtidos y noveles han dejado constancia de las historias populares de Aldeanovita, para que nunca las olviden los lugareños y las disfrutemos los forasteros.

A través de estos treinta y cuatro relatos cortos, he conocido la leyenda de cómo los lobos acabaron siendo exterminados y la de la maldición del Rey Moro que pesa sobre uno de sus senderos, por el que procuraré no pasar, no vaya a ser que tenga algo de real. También he sabido de las andanzas y desventuras de personas que fueron muy populares en esa tierra manchega, como la Amortajá, el Matamulas, Juan Puntillas, el Cacharrero, el tío Pantalones Blancos o el Sembraos. He descubierto por qué los niños tenían miedo a la Pata Blanca o a que el «coche de punto» apareciera y se los llevara. O cómo llegó el juego del truco hasta Argentina, de dónde nace esa afición de ir al cine, tan arraigada entre los habitantes de Aldeanovita, o cómo se enteraron de los beneficios terapéuticos de sus aguas.

Su prosa me ha retrotraído a otros tiempos, cuando me acurrucaba en  el regazo de mi abuela para escuchar sus historias del pueblo y de la vida, aunque a veces me hiciera temblar de miedo. Con los relatos de El corro de las mentiras, he vuelto a viajar a la posguerra, con sus mujeres enlutadas y sus hombres con ropas de labranza. He sufrido con las miserias del hambre y he salivado con los guisos cuando se ha dado la ocasión. Unas historias me han hecho reír, otras me han provocado ternura y más de una me ha puesto el estómago del revés por su crudeza. Al igual que hacían las historias de mi abuela.

Por eso, ha sido un gusto para mí leer El corro de las mentiras. Ojalá la iniciativa de Aldeanovita sirva de ejemplo al resto de rincones de España, para que así todos podamos rememorar nuestras propias historias rurales. Pero, mientras ese momento llega, os recomiendo leer este memorial de Aldeanovita, la bien nombrada, porque seguro que sus protagonistas os resultarán familiares y cercanos, de tan parecidos que son a esos otros que un día conocisteis en persona o de boca de vuestros padres y abuelos.

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