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Arte a la carta, de Benjamin Chaud

Arte a la carta

Arte a la cartaAntes de nada, deberíamos preguntarnos algo: ¿qué es el arte? A partir de aquí, seguro que muchos – yo el primero – ya estaríamos totalmente perdidos. Sí, no sabría definir qué es el arte ni tampoco defender por qué hay cosas de lo que se denomina arte que me gustan y otras que no. Me gusta comer y ya que como quiero comer bien, ¿es la gastronomía un arte? Puede que así lo sea y en este caso, por suerte, no tengo que aparecer yo defendiendo algo que no sé defender porque ya están los dibujos de Benjamin Chaud para hacerlo en este Arte a la carta que trae como novedad Libros del Zorro Rojo. 

El ilustrador francés, que podemos ver normalmente en ilustraciones de libros infantiles, se destapa ahora ofreciendo a los amantes de la literatura ilustrada treinta y dos visiones de los más grandes artistas de los últimos tiempos, todos con un denominador común: el plato, la mesa, la comida. Chaud coge el estilo característico de cada uno de los artistas representados y lo lleva a su terreno. Los sienta a una mesa y les da un giro irónico con el que consigue mezclar el arte de estos con la vida cotidiana de todo comensal. Vemos ese arte en forma de hilo tan característico de Louise Bourgeois transformado en una inmensa araña que la artista francesa se encuentra en la sopa, o a Van Gogh contemplando atónito cómo un cocinero japonés convierte su oreja en ‘nigiri’, o a Andy Warhol ante el descubrimiento de que la sopa de tomate es aburrida.

Treinta y dos ilustraciones que sacan el rasgo diferenciador de cada uno de los artistas a los que representan para explotarlo de la forma más gastronómica posible. Cargados todos de humor y color, los dibujos de Benjamin Chaud son un soplo de aire fresco ante lo cargado que está el aire alrededor de figuras tan consagradas como las representadas. Todo en esta vida es risible, nada pesa tanto como pueda parecer. Coger a Dalí y hundirle el reloj en una ‘fondue’ de queso, darle a comer a Frida Kahlo su propio corazón o vacilar a la Venus de Milo con un McMenú para llevar son algunos de los ejemplos de ello.

Sentados a una mesa el tiempo discurre leve e incluso a veces da la sensación de que desaparezca, y con él desaparecen las trabas, las barreras que nos imponemos, los filtros, las máscaras, nosotros. Déjate desaparecer, olvídate de que eres o no eres importante, huye de ti mismo lo más lejos que puedas. ¿No te pasa esto cuando te sumerges en un buen libro? Hazlo con Arte a la carta, es lo que él busca y quiere.

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Historias para todo el año, de Angela McAllister y Christopher Corr

Historias para todo el año

Historias para todo el añoYa no recuerdo si os he contado que cuando yo era pequeña mi tía tenía una librería. Puede que sí, son ya muchas reseñas contándoos mis batallitas. En cualquier caso, me encantaba perderme por aquel pasillo estrecho (y que recuerdo más largo de lo que en realidad era) y enredar con los libros que había por allí. En casa de mi tía había un libro que me fascinaba y que debía ser de mi prima y supongo que venía de la librería. El libro en cuestión tenía un cuento para cada día del año. Me parecía súper original. Además, como no era mío y no podía disfrutar de él durante el resto del año, aprovechaba cada vez que iba para leer todos los cuentos posibles de una vez. El primero siempre era el del día de mi cumpleaños.

Toda esta historia inicial tiene un sentido, no os vayáis a pensar. Resulta que Historias para todo el año es el libro más parecido que he encontrado a aquel recuerdo ya nostálgico de mi infancia y en cuanto lo vi supe que tenía que hacerme con él. Son cosas de la edad, ¿verdad? Que nos gusta regodearnos en nuestra tierna infancia.

Historias para todo el año no es igual que aquel libro porque no tiene trescientas sesenta y cinco historias, pero sí que tiene varias historias para cada mes. Un total de cincuenta y dos cuentos y leyendas conforman este bonito libro. No está mal, ¿no? Así me obliga a no a hacer trampas como cuando era pequeña y leía un montón de historias de golpe. Autocontrol. Eso sí, ya os digo yo que he tenido que hacer trampas, porque si no, no llegaba a tiempo para poder hacer esta reseña. He vuelto a pecar, oh, lectores.

Este libro es una monada. Ya solo la portada llama la atención con sus geniales ilustraciones y coloridos, pero os aseguro que el interior del libro guarda un montón de originales y cuidados dibujos que acompañan estas historias.

Otra de las cosas que me atrajo de Historias para todo el año es que en él no aparecen los típicos cuentos que todos conocemos. En este libro, Angela McAllister, su autora, ha elaborado una selección y adaptación de cuentos y leyendas de todas partes del mundo, creando un libro verdaderamente atípico y original.

Sí, he vuelto a hacer lo primero que hacía de pequeña, y las primeras historias que leí fueron las del mes de julio, el mes de mi cumpleaños. ¿Mi favorito de ese mes? La tejedora y el pastor de bueyes, un cuento japonés.

Como os decía antes no es el típico libro de historias y cuentos que todos conocemos. Yo no conocía casi ninguna de las historias que en él aparecen. Cuentos rusos, coreanos, japoneses, polacos, griegos y de todo el mundo. Cuentos y leyendas originales, de esas que nos hacen pensar, que nos transportan a otros mundos.

Historias para todo el año es un libro que regalaría y aconsejaría a todo el mundo, porque a todos nos gusta leer sobre historias bonitas y leyendas lejanas, ¿no es así?

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Los lobos de Currumpaw, de William Grill

Los lobos de Currumpaw

Los lobos de CurrumpawErnest Thompson Seton pasa por poco de la treintena cuando llega a Nuevo México en la última década del siglo XIX. Es el último recurso de los rancheros, un experto cazador de lobos, curtido en Gran Bretaña y Canadá, que acude para dar muerte de una vez por todas al escurridizo Lobo, rey de Currumpaw, líder de la manada que amenaza a los rebaños de toda la región. Por más de un lustro, Lobo y sus compañeros, acorralados por la creciente civilización, han vencido a todos aquellos que han intentado terminar con ellos.
Seton es un cazador distinto, que pronto se da cuenta de que Lobo, a su vez, es un animal extraordinario. Ambos se miden durante meses, se cruzan, se desafían y, sobre todo, se van conociendo poco a poco. Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, como decía la máxima de Sun Tzu; conoce a tu enemigo y descubrirás cosas de ti mismo que ni siquiera imaginabas, podríamos decir después de leer Los lobos de Currumpaw, la historia de Seton y Lobo ilustrada y narrada por William Grill.
Porque cuando la cacería termina, la presa aparece ante nuestros ojos y ante los de Seton no ya como un depredador, sino como un símbolo respetado y venerable, y el cazador se ha convertido en un defensor de la naturaleza, inspirador de movimientos como el de los boy-scout, toda una referencia en la conservación del medio ambiente. Y así se mantendrá hasta su muerte, media vida después.
Uno recuerda al finalizar esta lectura que el mundo se aprende a base de fábulas. Nos cuentan cuentos desde que mostramos signos de entenderlos: historias sencillas, en las que resulta fácil seguir a los buenos y a los malos, ver detrás una explicación, una enseñanza. A través de esas narraciones aprehendemos el mundo, y con su sencillez armamos los cimientos de nuestro edificio personal, de nuestra manera de ver la vida. Después resulta curioso comprobar cómo cuanto más se complican nuestros pasos, menos fábulas tenemos alrededor.
Los lobos de Currumpaw es una buena manera de devolvernos la esperanza. Un delicioso álbum que no pasa de las ochenta páginas y que nos recuerda como pocos que no hacen falta más que dos o tres cosas, bien hechas, para tener un relato magistral. Y también que hay un mundo mejor, seguro, pero que el nuestro es el que tenemos y más nos vale cuidarlo.
Después de su anterior El viaje de Shackleton, inundado de blancos y azules, el trazo de William Grill abraza los tonos pastel para dibujar la naturaleza del Viejo Oeste, una amalgama de marrones y verdes apagados que notamos estremecerse bajo los interminables cielos de Nuevo México. Renuncia Grill a las viñetas y consigue con ello una inmersión distinta en la historia, panorámica, llena de matices alrededor del foco principal de cada página que hacen que el libro se pueda repasar una y otra vez para descubrir en cada una de ellas algo nuevo. Unido a ello, una edición cuidada y una traducción perfecta, como siempre en los libros de Impedimenta, ayudan a convertir la vieja historia de Seton y Lobo en una oda al respeto a todas las especies animales sin caer en la sensiblería ni en la moralina.
En definitiva, un libro muy recomendable para comprar y tener por casa, bien a la vista, para poder echarle un vistazo a los ocho, a los treinta o a los ochenta años.

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El verano infinito, de Madame Nielsen

El verano infinito

El verano infinitoYo no sé las películas que me monto en la cabeza cuando veo la portada de un libro y leo, así por encima, su sinopsis. ¿No os ocurre? Os imagináis vuestra propia historia y según vais leyendo el libro descubrís que habéis acertado o que, todo lo contrario, el libro no tiene nada que ver con lo que vosotros habíais pensado. Pues eso es lo que me ha pasado a mí con este libro, que no tiene nada que ver con lo que yo me había imaginado a través de la portada y lo poco que había leído sobre él. Cualquier día de estos me dan un Óscar.

No sé, una ve un caballo galopando, lee un título tan sugerente como El verano infinito, lee sobre largos días de verano y dos chicos enamorados y se imagina una historia lenta, dulce y muy de sobremesa y café. Pero claro, si a mí esas historias no me van demasiado, ¿por qué entonces elegí este libro? Pues debe ser el sexto sentido literario que he desarrollado a lo largo de tantas lecturas. Algo tenía el libro que me llamaba la atención. Y al acabarlo, puedo decir que no me equivoqué al elegirlo. El verano infinito no es un libro cualquiera.

Para empezar diré que en estado de reposo mis pulsaciones están normalmente entre los noventa-noventa y cinco (estoy para hacer el Tour de Francia, ¿eh?). Pues que sepáis que durante toda la lectura de este libro creo que no deben haber bajado de cien. Lo cual es muy malo para mi corazón, pero en cierto modo, muy interesante para mi cabeza. Y es que aunque el título nos sugiera calma, este libro es una bala. Hacía tiempo que no me encontraba con un autor con una prosa tan rápida como la de Madame Nielsen, capaz de encadenar frases y frases sin un punto durante páginas, al más puro estilo Kerouac en Maggie Cassidy. Pero aunque sea una lectura rápida, la autora no deja que te pierdas. Es más, tú aumentas tu ritmo para acercarte al de la historia. Ya os digo, yo estoy cardiaca.

Y no es sólo cómo lo cuenta la autora, sino todo lo que cuenta en esta pequeña pero intensa novela. Hay una chica, de unos diecisiete años, una madre distante pero comedida, un padrastro sumamente celoso y dos niños pequeños. Y entonces el hastío, la sospecha y el abandono. Cuando el padrastro abandona definitivamente el hogar, cuando decide marcharse y dejar atrás a su mujer y a los niños, es cuando comienza la verdadera historia, cuando todos empiezan a vivir el verano de sus vidas, el verano infinito.

La casa, una granja a las afueras de la ciudad, se convierte entonces en una especie de albergue por donde empiezan a desfilar los personajes más extravagantes que formarán parte de ese verano infinito. Está el chico joven, novio de la hija, que pasa los días en aquella casa de campo. Hay otro joven desgarbado, alto y rubio, amigo de la chica, que también pasa sus días, sin hacer nada, en la casa.

Más tarde vendrán dos portugueses, y uno de ellos, el jovencísimo artista, se convertirá en amante de la madre. Y todos ellos conforman ese verano atemporal, unos días en los que la nada se apodera de todo. Sin que transcurra nada especial,  la vida misma ocurre ese verano. El dolor, la juventud, el desarraigo y el amor se mezclan en estos días. Y el destino, siempre presente, de todos los personajes.

El verano infinito es una novela difícil, no os voy a engañar. Y aunque mi ritmo cardiaco haya estado acelerado durante toda la lectura, ya os digo que es buena señal. Me parece una propuesta atípica, interesante y conmovedora. Todo un acierto.

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La chica que dejaste atrás, de Jojo Moyes

La chica que dejaste atrás

La chica que dejaste atrásMira que a mí, los libros que versan sobre las temibles Guerras Mundiales que asolaron Europa, no es que me hagan demasiada gracia, pero llevo una temporada que, muchos de los libros que leo, versan —o al menos en parte— sobre estas barbaries. El último ejemplar de este estilo que reseñé fue El ruiseñor, novela que me encogió el alma a medida que iba pasando las páginas. La chica que dejaste atrás también sobrecoge, pero de una manera un poco más amable. Os voy a poner en situación para que esta reseña tenga sentido:

En plena Primera Guerra Mundial, Sophie ve cómo su marido tiene que marchar al frente. En un principio pensó que las tropas alemanas no llegarían hasta su pequeño pueblo, donde regentaba un bar junto con su hermana. Pero Sophie no podía estar más equivocada. Cuando un comandante alemán cruzó la puerta de su establecimiento, Sophie pensó que todo su mundo se iba a ir al traste. Su marido, a cientos de kilómetros y ella ya casi sin fuerzas ni alimentos que ofrecer a sus clientes; factores que no le ayudaban precisamente. Así que cuando el comandante quedó prendado de un cuadro que retrataba a Sophie (pintado por su marido), esta se pensó lo peor. La obsesión del comandante por ese cuadro llegó a rayar la locura, hasta el punto de enamorarse de esa mujer. Pero Sophie hacía mucho que dejó de ser la chica del cuadro, alegre, soñadora, apasionada.

Un siglo después, ese cuadro pasaría a manos de Liv Halston, cuando su marido se lo regaló como regalo de bodas, poco tiempo antes de morir repentinamente. Encontró ese cuadro en Barcelona, pagando por él una cantidad irrisoria. Liv jamás se imaginaría que tenía en sus manos una obra millonaria y que un policía lo estaba buscando con todas sus fuerzas, por tratarse de un cuadro robado.

Conocimos a Jojo Moyes en Antes de ti y Después de ti. Y mentiría si dijera que La chica que dejaste atrás no me ha recordado a esas dos novelas. Aunque al principio viajamos a una época diferente, a la que no nos tiene acostumbrados esta escritora londinense, la verdad es que en un personaje en concreto encontramos muchos rasgos que nos hacen recordar a Louisa Clark, lo que por otra parte es maravilloso, ya que irradia una personalidad abrumadora y cuya peculiaridad hace que le cojamos aprecio y simpatía desde un primer momento.

Esta novela habla de la persona que dejamos atrás cuando la vida se vuelve árida y gris. Habla del recuerdo que queda en la mente cuando eres consciente de que todo ha cambiado. Una guerra, una pérdida, da igual. Nada puede ser lo mismo que era en un principio. Tanto Sophie como Liv vivieron una época en la que eran felices, alegres, soñadoras. Pero después de vivir los momentos más duros que el destino tenía preparados para ellas, ya nada queda de las chicas que fueron algún día. De ahí el título. La chica que dejaste atrás es esa chica llena de esperanzas, de ilusiones, de felicidad. Ahora, después de tanto sufrimiento, solo queda pérdida, dolor y desamparo. Cuando el comandante se enamora de la chica del cuadro, no tarda en darse cuenta de que Sophie ya no es esa chica. Que esa joven desapareció el día en que su marido se fue al frente. Lo mismo pasó con Liv. Hubo un tiempo en el que fue feliz, pero la repentina muerte de su marido hizo que las ilusiones y la esperanza se desvanecieran casi al instante en que el alma de su marido volaba lejos de su cuerpo.

Es una historia que sobrecoge porque vas viendo, página a página, cómo esas dos mujeres luchadoras, se dan cuenta de que ya no son lo que eran hace años. Y eso rasga un poquito el corazón. Porque no hay nada más triste que saber que, tiempo atrás, fuiste feliz. Y ahora eres incapaz. Como las anteriores novelas que he leído de Jojo Moyes, este libro es carismático y muy entretenido; ha logrado que me pusiera en la tesitura de las dos protagonistas y que me preguntara si, en algún momento, echaré de menos a la chica que soy ahora mismo.

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El amor, ese viejo neón, de Karmelo C. Iribarren

El amor, ese viejo neón

El amor, ese viejo neónHubo un tiempo en el que Karmelo C. Iribarren era poco menos que una leyenda urbana. Hablábamos de él, entre cerveza y cerveza, tejíamos complejos planes para asaltar el sanatorio de Mondragón y sacar a Leopoldo María Panero de allí y llevarlo a tomar unas cañas donde Karmelo, del que alguien nos había dicho que perpetraba aquellos poemas que tanto nos gustaban detrás de la barra de un bar. Nos encantaba Karmelo, una versión en bruto, si es posible eso, de Roger Wolfe, uno de los pocos poetas locales que habíamos podido descubrir en nuestra biblioteca municipal estirando un imaginario hilo desde nuestras lecturas de la generación beat hasta la España de los noventa.
Nos habíamos hartado entonces, en aquellos últimos años de instituto, de la poesía oficial y de los planes de estudio, con los que nunca llegamos a pasar de Miguel Hernández. Era como la propia birra: sabíamos que nos gustaba aquella mierda, pero todas las que nos ponían nos parecían un poco amargas. Ansiábamos el momento en el que, como nuestros mayores, descubriéramos una que calmase nuestra sed, nos emborrachara… y pudiéramos tragar sin arrugar el ceño. Karmelo lo fue, por lo menos por una buena temporada, con el añadido morboso de lo difícil que era hacerse con uno de sus libros, siempre agotados, lejanos, distantes, y con lo poco que sabíamos de su biografía. Su verso era y es certero, en las antípodas de lo barroco. Humano, desprovisto de alharacas, cercano como ninguno. Brutal, descarnado, real. Sí, sobre todo real. Porque a las once de la mañana estudiábamos el locus amoenus, pero lo que nos encontrábamos a las once de la noche, la hora mágica entonces para nosotros, era el humo de los bares, el rimmel de las mujeres, las vomitonas y los primeros desengaños. Y aquello no aparecía mencionado en Gonzalo de Berceo, estaba en Karmelo Iribarren, con aquella C en medio que nos recordaba tanto a los Rayos-C brillando en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser.
Siguiendo con la analogía, poco tiempo después descubrimos las drogas. Nuestras lecturas se ensancharon, nuestros anaqueles se multiplicaron e Internet nos trajo tanta poesía que nuestros pequeños cerebros reventaron y nos terminaron llenando las paredes del cráneo de los restos dispersos de todo lo que habíamos leído durante aquellos años. Cuando llegó el momento limpiar aquel desastre, alguien, en algún bar, de nuevo, mencionó a Karmelo C., y corrimos a su encuentro una vez más. Nostalgia, lo llaman.
Sorpresa. La leyenda urbana se había convertido en una figura de culto para una generación, o dos, más allá de la nuestra. Los poemas que habían llenado nuestras conversaciones, que nos transmitíamos boca a oreja, que memorizábamos o manuscribíamos, ahora aparecían en Twitter, en Facebook, en Instagram. El poeta maldito, la leyenda urbana, había dejado de serlo y nosotros casi ni nos habíamos enterado.
Así que toca ponerse al día. Aunque precisamente su último libro, El amor, ese viejo neón, no aporta gran cosa a la trayectoria pasada de Iribarren, casi diría que ni siquiera a los que todavía alcanzamos a comprar su poesía completa (Seguro que esta historia te suena) cuando Renacimiento lo publicó en 2005. Es normal, es su octava antología, que se dice pronto para un poeta vivo que no ha llegado a los 60 años. El amor, ese viejo neón, que publica Aguilar, tiene la particularidad de reunir sus mejores poemas en torno al amor, o diría más bien que sobre el amor y las mujeres, una categoría aparte en Karmelo Iribarren. Como en otras ocasiones, ahí están la desesperación, los tragos de más, el cariño de menos. También el brillo de las pequeñas cosas, los cierres magistrales en versos de métrica irregular y dispar, esa manera de mirar la vida desde el fondo de la barra a través de unas gafas, nunca mejor dicho, de culo de vaso de alcohol. Se abre con cuatro poemas inéditos, y termina con una selección de sus aforismos, más recientes, ideal para aquellos que quieran rellenar su Twitter pero quizá un poco insustancial para los demás.
Nada nuevo, pero tampoco nada desdeñable. Quizá un libro adecuado para empezar con K. Para algún chaval de instituto como lo éramos nosotros hace veinte años, alguno aburrido tras horas de análisis literario de Rubén Darío, o desesperado después de los veinte poemas de amor de ya saben quién. Alguno al que, si está leyendo esto, le diría: te gusta la poesía, y lo sabes.
Ahora hazme caso, ve a buscar El amor, ese viejo neón y agárrate fuerte.

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La vida negociable

la vida negociable

la vida negociable Regresa, tras el excelente paréntesis que nos ofreció con su anterior, particular y personal libro, El balcón del invierno, el Luis Landero que todos conocemos. Y regresa igual de fresco y natural que cuando nos sorprendió a propios y extraños con aquellos Juegos de la edad tardía o El mágico aprendiz que todos ustedes, seguro, guardan en su memoria lectora.

Esto tiene Luis Landero, que escribiendo sobre cosas y personas grises a los que nadie les daría ni dos minutos en un telediario regional, hace grandes creaciones, es capaz de sacar un relato impresionante navegando por la vida y por el vocabulario, y naturalmente por su capacidad de unir la vulgaridad de los hechos con la brillantez de la narración.

La vida y los sueños … Y los recuerdos reales y los recuerdos soñados.

Landero ganó, en 1989 el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura; en muchas ocasiones tras los premios viene lo que podríamos llamar el reposo del escritor. Él no podía descansar pues llegó a lo más alto con su primera novela, pero una tras otra ha ido creciendo y sorprendiendo al lector amante de la Literatura.

He leído con auténtico placer La vida negociable, porque he de reconocer que disfruto con la buena literatura española que ha bebido de sus propias fuentes y se ha alimentado de sus propias raíces.

¡Qué habilidad la de este autor para acondicionar la tradición a un relato actual!

En uno de los capítulos salté del sillón en el que estaba tan plácidamente para leer en voz alta a mi familia un pequeño cuento que a Hugo le cuenta su padre, un cuento en el que quedan reflejadas las virulentas relaciones entre padres e hijos y en general entre generaciones, unas que vienen y otras que se van… Y les leo esa corta historia entre un abuelo y su nieto, y no nos queda otra que reírnos, pero no con risotadas divertidas, que va, es una risa que se inicia alta pero se va tornando en agria y he de reconocer que al final termina dejándote un regusto bastante amargo.

En esta ocasión será al pequeño Huguito al que acompañaremos en el devenir de su vida, una vida dura, una continua tragicomedia que hace de su vida una montaña rusa. Un ser humano que se crea su propio pozo, al que las circunstancias le arrastran una y otra vez. Huguito se convierte en Hugo pero el esperpento soñador se mantiene en el personaje y en la historia…

La joven Leo, otro personaje a explorar, otro ejemplar humano al que Landero tampoco dará tregua. La relación explosiva entre Leo y Hugo. Dos sobrevivientes.

La relación de Hugo con sus padres es como la relación de Hugo con el mundo. Landero nos hace reír donde debemos llorar, en algún momento ha llegado a conmoverme profundamente. Ese no saber amar ¿Quién se ocupa y preocupa hoy de enseñar a amar? ¿Dónde vemos ese amor …?

Tiene razón Landero, es más fácil hacer una vida negociable en la que todo está mercantilizado, pero en ella jamás se termina de encontrar la paz y el perdón que todos deseamos.

“Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles. Cuando yo era adolescente, cuando apenas sabía algo del mundo de los mayores, ni tenía clara conciencia del bien y del mal, e ignoraba por tanto de que manera prodigiosa puede llegar uno a convertirse en un momento, quizá sin advertirlo, como en una cara o cruz, en un canalla o un santo, un día mi madre me llevó con ella a un lugar secreto., y yo supe que era secreto porque eso fue lo primero que me dijo en cuanto llegamos allí.
Tú eres capaz de guardar un secreto, ¿no?…”

Y así empieza el autor su obra, como empiezan todos los contadores de buenas historias.
¿De cuantas cosas nos habla Landero en su libro? Literatura, vida, metaliteratura, de los sueños, de la búsqueda de la felicidad, de que la vida se nos va en un mar de sueños y que es posible que los sueños también sean parte de la vida, una parte importante, llegar a la felicidad a través de todo aquello que esté a nuestro alcance.

Y cómo no recordar, tras leer La vida negociable,  aquí y ahora a Calderón que a través del monólogo de Segismundo nos dice aquello de que:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida?, un frenesí.
¿Qué es la vida?, una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

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Corona cruel, de Victoria Aveyard

Corona cruel

Corona cruelSer una apasionada de las sagas es un arma de doble filo. Normalmente cuando tengo que elegir un libro para pasar unas horas junto a él, mis ojos se van directamente a las sagas. Y es que, a veces, una historia que se cuenta en un único tomo, se me hace corta y necesito más. Si me engancha la trama, no me importa leerme los libros que sean necesarios con tal de no salir de ese mundo. Por lo que, la saga de La reina roja, como no podía ser de otra forma, cayó en mis manos con esa intención. Con la promesa de ser una trilogía apasionante que hiciera que me mordiera las uñas esperando la siguiente entrega. El año pasado pude leer las dos primeras partes, La reina roja y La espada de cristal y, como los leí casi seguidos, me ha tocado esperar varios meses para poder leer el desenlace. Así que, mi sorpresa al ver que Victoria Aveyard había sacado un nuevo libro, fue inmensa. Al principio pensé que sería la tercera parte, pero al ver el formato (se compone de unas doscientas páginas), no entendía nada, ya que un final en condiciones no se puede hacer en ese número tan reducido de páginas. Pero, al leer la sinopsis, me di cuenta de lo equivocada que estaba.

Corona cruel es una precuela de la saga, en la que encontramos dos historias, de dos personajes muy importantes, pero que en la trilogía no tienen el protagonismo que se merecen. La primera historia habla de Coriane, esposa del rey Tiberias y madre de nuestro conocido Cal. Aunque en los libros se habla de ella, no hace acto de presencia en ningún momento, por lo que tener un relato que hable únicamente de su historia, es una maravilla, ya que ayuda a entender mejor la vida de Cal. Por otra parte, tenemos la trama de Farley, que pertenece a la Guardia Escarlata y que, con su valentía, fuerza y determinación, hará que la rebelión anide en Norta.

Los que no hayáis leído los otros libros (o, al menos, el primero), pensaréis que estoy hablando en chino. Y la verdad es que si no lo habéis hecho, no vais a entender en absoluto este libro. La precuela debe leerse cuando ya se conocen la historia y argumento de la principal, ya que no entra en detalles y no entenderemos nada si no partimos teniendo un guión. Y, ahora, me diréis ¿es un libro necesario para entender la saga? Bueno… en mi opinión, no. Corona cruel es un aditivo, un plus, que se añade a la historia para hacerla más redonda. Pero a mí me ha gustado mucho tener la oportunidad de conocer estos dos personajes que no tienen el protagonismo que se merecen en la saga.

Una de las cosas que más me ha gustado de este libro es que las protagonistas son muy diferentes. Pertenecen a bandos opuestos, una es roja y otra es plateada. Pero al final, vemos que ambas buscan lo mismo: luchar por su vida y por los suyos. Dos puntos de vista totalmente opuestos que tienen más en común de lo que me esperaba.

Pero ya veis, como decía al principio, ser amante de las sagas es un arma de doble filo. Ya que si, todos los libros no están a la venta en el momento en que te adentras en la historia, te tocará esperar impacientemente (como es mi caso) a que salga la siguiente entrega. Corona cruel ha servido para que me sacie un poquito, pero, vamos a ser realistas, yo lo que quiero ¡es el final de los finales!

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Demonios del norte. Las expediciones vikingas. De Carlos Canales y Miguel del Rey

Demonios del norte

Demonios del norteDesde pequeño me gusta Thor. Y no sé por qué razón, pues hasta que no fui mucho más mayor (pero mucho mucho más) no leí ningún cómic, ni dibujos animados ni nada del icónico personaje de Marvel. Ni siquiera veía la serie de Vicky, el vikingo. Puede que viera alguna figura del dios del martillo, de esas de antes, de las de plástico oloroso, no las “action figure”, articuladas de ahora, que son otro mundo aparte. Lo cierto es que en la universidad, cuando Internet comenzaba a rular y el correo electrónico era aún desconocido, mi primera cuenta de correo era “martillodethor-arroba-la-plataforma-que-fuera-en-aquel-momento”, y seguía sin haber leído nada del hijo de Odín. No sé. Thor se metió en mi cabeza no sé cómo y ahí sigue todavía, pero ahora sigue porque soy yo quien lo quiere conscientemente ahí dentro.

El caso es que pasó el tiempo y llegó el momento en el que leí algunos cómics, algunos libros, y me empapé de la fascinante mitología nórdica, mucho más rica, atractiva e igual de creíble que la cristiana. Y más tarde, llegó la estupenda serie Vikings. Una serie adictiva y educativa a la vez (de la mano del Canal Historia, lo cual es una garantía de cierto rigor histórico —a pesar de tener bastantes inexactitudes como, por ejemplo, la ausencia de armaduras—) con un componente épico necesario y de vez en cuando mitológico, que entretiene y mucho tanto a conocedores como a neófitos de la cultura nórdica y que ha logrado introducir la historia como un entretenimiento para las masas sedientas de series. Y eso ya es mucho.

Y ahora tropiezo aquí con Demonios del norte. Un libro para adentrarnos con mucha profundidad en las expediciones vikingas, conocer más de sus costumbres, desmontar mitos y, en definitiva, saber lo que era ser un vikingo.

Decir que es exhaustivo es quedarse corto. En sus 254 páginas, ricamente sembradas de fotos de armas, escudos, mapas, utensilios, dibujos, cuadros, runas, placas, esculturas… tenemos un compendio de su “civilización”. Y ya desde el principio, la primera en la frente… Nos aclara un concepto que seguramente todos usamos mal:

“viking significa “expedición marítima”. Al hablar de vikingos deberíamos referirnos únicamente a la parte de población que se embarcaba en empresas de saqueo, piratería, comercio o conquista”.Y, estrictamente hablando, las mujeres no podían ser vikingas, ya que la palabra se usaba exclusivamente a los hombres”. (No obstante, hubo mujeres importantes que lograron grandes éxitos también).

El libro abre con un poco de mitología básica, su forma de vestir, construcciones, su dieta, fiestas, el papel de la mujer (más igualitario y moderno que otras sociedades contemporáneas), las castas sociales, tácticas militares, los famosos berserkers, las armas tanto de ataque como de defensa, los tipos de embarcaciones (drakar  es una palabra inventada, en 1843) y la forma de batallar en el mar.

Los siguientes capítulos se van a centrar ya en las expediciones propiamente dichas. En sus ataques, las colonias que establecieron, lo que hacían con los lugareños, ¿llegaron realmente a América? ¿¡Participaron en las cruzadas!?… Todo bien ilustrado, e incluso con un mapa central desplegable que ilustra gráficamente las rutas que siguieron de los siglos VIII al XI.

No se puede decir mucho más porque en esencia es lo ya dicho pero desarrollado a lo grande, con todo lujo de detalles, fechas, y nombres.

Demonios del norte es, más que un libro, un ensayo de los que no aburren. Es un libro de historia para todo el que quiera profundizar mucho en un pueblo que nunca pasa de moda y que siempre fascina, en un formato muy cómodo y manejable.

Por desgracia, no puedo dejar de mencionar la gran cantidad de errores, principalmente las constantes apariciones de dos palabras unidas en una, que se dan, sobre todo en sus primeras páginas; la omisión de alguna letra y la no concordancia en género de otras.

Quitando eso, repito, es un gran libro, recomendado para cualquiera que esté interesado en el tema, pero, sobre todo, para aquellos que ya tengan algún conocimiento previo o hayan leído alguna saga o Edda y quieran conocer con mayor amplitud, rigor y exactitud quiénes eran, cómo eran y vivían, dónde consiguieron ir, qué ha quedado de ellos y qué nos han legado.

Solo me queda decir ¡Skol!

(Y sí, aparecen Ragnar y su hijo).

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OFFSHORE

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OFFSHOREPara los seguidores, como yo, de la serie Kostas Jaritos, siempre es un gustazo reencontrarse tanto con la Familia del Comisario al completo, como con el propio autor, porque de alguna forma es la manera de seguir viendo la evolución que, aunque de forma ficticia y novelada, van siguiendo nuestro queridos amigos griegos. Atenas sigue allí de fondo, como un personaje más para decirnos cómo se vive el día a día en su interior.

OFFSHORE, arranca en el final de la Cuaresma que da inicio a la Semana Santa, y esto le sirve a Petrus Márkaris para adentrarnos en las tradiciones religiosas griegas. Adrianí, la mujer de Kostas será como siempre la encargada de llevarnos por ese terreno, tanto a nivel culinario tradicional como con sus acertadas sentencias y refranes, que ya veremos casi al inicio del libro, y así veremos que Grecia empieza a respirar y la gente escapa de la ciudad en sus recién recuperados vehículos:

“- Ay del holgazán, si encuentra afán, y hay del griego, si tiene el bolsillo lleno –sentenció Adrianí-. En cuanto le sobran unos eurillos, sale corriendo hacía el campo o la playa. Tenemos chalets y segundas residencias para rato.”

A mí me gusta esta serie de libros, me entretienen y me relaja leerlos cuando estoy realmente cansada de otras lecturas más densas o de otros menesteres de la vida. Me gusta porque es un poco como ver la vida a través de los ojos de Kostas que es una persona realista y bastante sensata. Kostas es Comisario de policía, su hija Katerina, es abogada y está casada con Fanis, que es médico, y es por ello que nos muestras una gran gama de situaciones diversas dentro de sus distintos mundos.

Adrianí es un ama de casa tradicional, ve la vida a través de la televisión y a través de su familia, con ella aprenderemos mucho sobre cocina griega, pero es una mujer de su tiempo que también se ha tenido que reinventar para sobrevivir y hacer sobrevivir a su familia. Valora sobremanera el que su hija sea una profesional y no solo una ama de casa como ella, pero al mismo tiempo el mundo se desploma bajo sus pies cada vez que intuye la posibilidad de que Katerina, por motivos profesionales, se aleje de ellos. La vida en Grecia no da muchas oportunidades a la gente joven y ella lo sabe y lo sufre.

Bien sabemos nosotros todo esto, pues nada claro está el futuro profesional de muchos de nuestros hijos, solo hay que ver la tasa de paro juvenil que tenemos en España.

Pero como les decía, Grecia empieza a respirar, el dinero empieza a llegar aunque nadie sabe muy bien ni cómo ni de dónde llega ¿Acaso le importa a alguien saber porque hoy vive mejor que ayer? Ya vimos esta forma de reaccionar ante el asesino del libro anterior “Liquidación final” y ese Recaudador Nacional que consigue mediante la violencia lo que no ha conseguido el gobierno griego, que la gente pague sus impuestos. Y la gente mira para otro lado porque a ellos no les afecta… Como siempre, hasta que le toca a uno mismo.

Con esta nueva historia avanzamos un poco más, de ahí el título del libro, excelentemente elegido.

OFFSHORE es un término que, como casi todos los nuevos que adoptamos, proviene del inglés, y que literalmente significa “en el mar, alejado de la costa”, “ultramar” pero es comúnmente utilizado en diversos ámbitos para indicar el traslado de un recurso o proceso productivo a otro país. En definitiva, lo que nosotros llamaríamos deslocalización. También en el ámbito financiero podemos utilizarla para hablar de paraísos fiscales o relacionarlo incluso con el blanqueo de dinero

¡¡Ay esos billetes de quinientos que nadie sabe donde están…!!

Y a pesar de todo ello, a pesar del dolor de la crisis, de los asesinatos, de los problemas familiares, a pesar de ver lo injusta que es la vida la mayoría de las veces para los que son personas de bien y de justicia, me gusta leer y me relajan estas novelas, que son negras, naturalmente, negras como la noche negra, pero también tienen su aquel de normalidad y de esos buenos momentos que hay que saber disfrutar, esos de los que disfruta la familia Jaritos y que al contarlos en primera persona te hacen partícipe de todo aquello que están viviendo.

Kostas Jaritos seguirá contándonos sus historias porque queda mucho para que Grecia retome la normalidad, y queda mucho también para que Europa se sienta Europea.

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El valle del óxido, de Philipp Meyer

El valle del óxido

El valle del óxidoMe ha costado mucho decidir cómo iba a enfocar la reseña de esta novela, confieso. Yo escribo un poco por impulso sobre lo que me sugiere lo que leo, las sensaciones que he tenido, lo que me ha recordado. Luego tengo que pararme bastante a elaborar lo que quería decir porque al principio es algo caótico.

Me diréis que empiece por el principio, que suele ser lo más sencillo, pero ¿cuál es el principio en una reseña?, ¿existe un manual de reseñas?, ¿el libre albedrío es lo más auténtico?, ¿o quizá un cuidado descuido sería lo más natural? Yo estoy algo asilvestrada en esto de escribir reseñas, así que voy a hacer lo que el instinto me dicta.

Después de esta introducción, introspección o reflexión filosófico-literaria os voy a contar de qué va la novela que acabo de leer y las sensaciones que me ha despertado, intentando que sea de forma ordenada. Empezaré por el argumento para poneros en situación.

El escenario es Buell, condado de Fayette, norte de Pensilvania; un lugar precioso en otro tiempo, con bosques, montañas y ríos. Ahora es un sitio abandonado, después de haber sido una zona de explotación industrial del acero. Aquí no he podido evitar trasladarme a zonas del País Vasco y Asturias. Tanto por lo del paisaje como por lo del desmantelamiento industrial. Yo no he leído estudios, si es que los hay, sobre cómo influyó el cierre de un montón de industria o minas en estas zonas, pero recuerdo de primera mano Sestao, que para el que no sepa, es una población entre Bilbao y Santurce, que prácticamente nació y se desarrolló por y para Altos Hornos. Cuando estos cerraron, la crisis que generó a nivel sobre todo social, es de antología y digna de estudio.

Es este lugar crece Isaac, que es uno de los protagonistas. Creo que El valle del óxido es una novela coral, porque aunque el joven Isaac es uno de los personajes principales, tienen mucha o tanta importancia otros que podrían parecer secundarios. Este chico tiene 20 años y una inteligencia superior. Vive con su padre, inválido, del que se ha responsabilizado desde que murió su madre (suicidio) y su hermana Lee se marchó a estudiar y a prosperar en la vida. Quiere ir a California a estudiar astrofísica; supongo que el cielo y las estrellas le gustan más que su mundo en la tierra. Tiene un amigo, que en principio no le pega nada, Poe, el típico chico popular en el instituto porque era deportista, aunque nada sobrado de inteligencia, que suele solucionar sus conflictos a golpes y ha dejado escapar una gran oportunidad universitaria. Vive con su madre, Grace, en una caravana. Le gusta comer lo que caza de forma furtiva y no hace nada mucho más productivo. La historia comienza cuando los dos chicos están alejándose del pueblo, porque Isaac ha decidido escapar de casa, llevándose todo el dinero que tenía el padre, y quiere convencer a Poe de que lo acompañe en su huida a California. Poco después de salir del pueblo vivirán un acontecimiento terrible, que marcará el resto de la historia.

La novela está estructurad en seis libros, y dentro de ellos, en capítulos con el nombre del protagonista del capítulo. Así que vas viendo cómo cada uno va viviendo los acontecimientos y la forma de contarlo es diferente. Isaac es un chico con una mente compleja por lo que sus capítulos también lo son. Poe es un chico bastante simple y el aire de las partes dedicadas a él también son más despreocupadas. Grace, la madre de Poe, es sufridora, triste, y te lo transmite. Y así con todos los personajes. El tiempo de la historia es corto, solo pasan unos días, pero muy intenso. Son importantes en el devenir de la narración el policía Harris y Lee, la hermana de Isaac. Es una novela compleja, pero no es difícil de leer. Me ha parecido muy elaborada, un gran trabajo literario.

Este es un libro oxidado, como su propio título indica. He tenido todas estas sensaciones mientras leía la novela: olor a viejuno, estropeado, corrompido, agua estancada y contaminada; ropa sucia, rancia. También he experimentado tristeza, desesperanza, dolor, soledad, arrepentimiento, injusticia y abandono. He visto ocre, amarillo sucio, marrón y muchas manchas. He saboreado amargura y acritud.

Según la contraportada, Philipp Meyer, quería explorar la pérdida del sueño americano, siguiendo el ejemplo de las novelas sobre la Gran Depresión. Por mi parte el objetivo está más que conseguido. Yo no sé si el sueño americano hace tiempo que no existe, pero la pérdida de los personajes de esta novela es total, casi todos tienen motivos para la depresión, verdaderamente. Es un libro duro y triste, pero no quiero que os quedéis solamente con el sabor amargo. También hay amor, amistad y un rayo de esperanza.

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Lugares oscuros, de Gillian Flynn

Lugares oscuros

Lugares oscurosKansas. Dos de enero de 1985. Una mente perturbada acaba con la vida de una madre y dos hermanas. Su madre, sus hermanas. De aquella matanza solo se libró Libby, que tenía siete años cuando su hermano, desquiciado, asesinó al resto de su familia a sangre fría.

Ahora mismo, el trabajo, la carrera y las oposiciones hacen que al final del día me sienta como si un camión me hubiera pasado por encima. Llego a casa casi a rastras, para ver que todavía me espera una tarde entre apuntes y leyes. Así todos los días. Pero es cierto que hay dos cosas que no perdono y gracias a las cuales puedo sobrevivir sin desquiciarme: la primera, el paseo diario con los perros, para que ellos corran y yo olvide. Y, la segunda, el ratito de lectura antes de dormir. Esos ratitos suelen, depende del día, ser de dos horas —los días que me encuentro más activa—, pero para conseguir estar tanto tiempo sin apartar los ojos de un libro después de la locura de días que tengo, necesito encontrar un libro que haga que quiera quedarme con él. Uno de esos que hacen que me prometa a mí misma que el siguiente capítulo será el último, que ya es hora de dormir. Y, si tengo la suerte de encontrar un de esos, no me importa tener al día siguiente la sensación culpable que nace al saber que tendría que haberme acostado antes. Porque merece la pena. Porque soy muy fan de esos libros que saben atraparte y quitarte el aliento y no devolvértelo hasta que llegas a la última página.

Y eso es, exactamente, lo que me ha pasado con Lugares oscuros, donde encontramos la historia de Libby, que tuvo que vivir una experiencia aterradora cuando sus años todavía se podían contar con dos manos. Ese acontecimiento le hizo convertirse en una persona horrible, testaruda, caprichosa, aprovechada y cruel. Y, lo peor de todo, ella, a medida que iba creciendo, sabiéndose consciente de ello, no le importaba lo más mínimo. Haber vivido tal masacre le sirvió para ganarse la vida. Mediante entrevistas, libros y reportajes buscó la forma de que el mundo se compadeciera de ella hasta el punto de que no le hiciera falta más que llorar un poco delante de una cámara para sacarse un buen sustento. Pero la vida, como suele decir mi madre, pone a cada uno en su lugar. Y Libby tendrá que ver cómo los fantasmas del pasado vuelven a ella cuando se descubren, después de tantos años, pistas que en su día no se tuvieron en cuenta. Quizá las prisas por cerrar el caso hicieron que los investigadores se olvidaran de analizar una huella. O quizá sí la vieron pero era mejor hacer como si no existiera.

Gillian Flynn vuelve con otro thriller que promete ser un bestseller, al igual que lo fuera Perdida, novela con la que conocimos a esta escritora en España, pero que se escribió con posterioridad a Lugares oscuros. Esta autora es conocida por darnos historias un poco retorcidas, que hacen que nuestra mente crea que se va a volver loca. Nos da pistas sobre el final, pero no nos desvela el misterio hasta la última página. Este libro alterna dos historias, contadas en dos épocas distintas y por diferentes personajes: por una parte, encontramos la narración actual, contada por Libby y, por otra, la historia ocurrida en 1985, contada por la madre de la protagonista. Así, las tramas se irán alternando hasta llegar a un final sorprendente, haciendo que la lectura sea ligera y entretenida.

Así que, muy bien Gillian Flynn, has conseguido darme lo que estaba buscando. Algo que me enganchara e hiciera que mis ojos no se cerraran a los diez minutos de ponerme a leer. Y, lo más importante, has conseguido darme un libro que me hiciera olvidar por unas horas mi trabajo, mi carrera y mis oposiciones. Que no es que yo quiera olvidarme de todo ello, pero apartarlo un ratito de mi cabeza, aunque sea por un par de horas, es algo que me ayuda a irme a la cama con una gran sonrisa.

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