
Esto debe empezar así: es el comienzo de algo muy grande. Sin más.
Un día de octubre, el Instituto Bay Point de Milwaukee, con todos sus profesores y estudiantes en clase, desaparecieron sin dejar rastro alguno. Cuando quisieron darse cuenta de lo ocurrido se encontraron en un inquietante bosque a incontables años luz de distancia de su lugar de origen. ¿Qué sitio era aquel? ¿Cómo habían llegado? ¿…qué demonios eran esos seres?
En mayo de 2015 llegaron a las librerías españolas los primeros ejemplares de The woods 1. La flecha, una nueva serie que escribía James Tynion IV, alumno aventajado del taller de Scott Snyder. La editorial Medusa Cómics apostó por una de las series más interesantes que se han desarrollado en Estados Unidos y daba así el pistoletazo de salida a su excelente catálogo. Jugársela por una serie que reúne a un buen equipo creativo —Michael Dialynas se encarga de los dibujos y Josan González del coloreado— y desarrolla un elaborado argumento de fantasía oscura, terror e intriga adictiva es asegurarse un premio seguro. Y desde luego lo ha conseguido. Decir que ha comenzado algo muy grande no es descabellado. El propio Snyder, entre otros aclamados artistas del cómic, así lo proclaman.
Este cómic es el primer tomo que recopila los cuatro primeros números de la serie original. Arranca con una primera página a modo de prolepsis temporal de apenas unos minutos que antecede un hecho extraño que va a requerir de bastante información posterior. Pero antes, unos minutos antes de esa primera página, nos hacen conocer a los protagonistas del Instituto Bay Point un día cualquiera de clase: Karen Jacobs, incomprendida y solitaria, Sanami Ota, intrépida y valiente, Calder McCready, divertido y extrovertido, Isaac Andrews, soñador y sensible, Benjamin Stone, callado y tranquilo, Adrian Roth, una luz en el camino. Y una luz será lo que les sorprenda. Una luminiscencia tan abrupta y vibrante que les cegará para despertar en un mundo imposible. Un mundo salvaje y hostil. Han sido trasladados a aquel lugar. ¿Quién les ha llevado allí? ¿Con qué motivo? Y tras las dudas, los extraños seres. Y con ellos, la sangre, la muerte y la lucha por sobrevivir.
Te he nombrado tan solo de pasada a los protagonistas de esta serie porque son los maestros de ceremonia de esta genial historia y hablaré más detenidamente de ellos en las siguientes reseñas de números posteriores. Además, son imprescindibles. Cuando digo imprescindibles, me refiero a que cada uno tiene voluntad y decisiones propias, una acusada personalidad y unos rasgos que les hacen distintivos. Algo que ha conseguido plasmar muy fielmente su guionista. Este es uno de los factores elementales de la serie The Woods. Ellos van a ser los que recorran los misterios que les rodean en ese extraño bosque de un mundo desconocido. Están allí solos, como náufragos o supervivientes de un accidente de avión. El caos, la histeria y el terror se apoderan de ellos. Algo oculto entre la maleza les amenaza y sienten pavor. Un cielo casi onírico les rodea. No tienen comunicación con el exterior y no tienen líder. Tan solo son unos chavales de instituto y unos cuantos profesores que no están preparados para liderar. El efecto postraumático tras un accidente conlleva estas características, solo que esto no ha sido un accidente.
La mitología, los seres de un mundo lejano y las aventuras de un grupo de chicos de secundaria no han hecho más que empezar. He de reconocer que me da cierto reparo y respeto escribir sobre algo que estoy disfrutando tanto. De hecho, no sabía muy bien hacia dónde enfocarlo. Pensaba hacerlo por el modo tradicional de reseñas, es decir, centrarme un poco en el argumento y en el contenido, hacer alguna que otra aportación subjetiva y sacar los pros y contras; o también podía relacionarlo con aquello que más me recordaba mientras lo leía. Claro, que hacer eso, además de condicionar tu lectura, me supone una disyuntiva aún mayor ya que aquello con lo que quiero relacionarlo es lo mejor que me ha pasado en cuanto a entretenimiento y no creo estar en condiciones de hacer una valoración real de cuánto significó eso para mí. The Woods 1. La flecha no es más que el primer tomo de la serie. En los siguientes me va a ser imposible no sacar a la luz aquello con lo que quiero relacionarlo. Te invito a que sigas atento al resto de publicaciones sobre este gigante cómic y lo descubrirás.

No sé si es casualidad que la versión que publica 
Con El desván, de 
Uno de los géneros que menos suelo leer es el de los relatos y la verdad es que no sabría explicaros muy bien por qué. No es que no me gusten, no es eso. Creo que tiene más que ver con mi costumbre lectora. Cuando empiezo un libro, me gusta profundizar en su historia, sus personajes y la trama y saborear sus páginas lentamente, ya sea de una sentada o en varios días. Con el relato eso es algo complicado. No es fácil sentirse identificado con los personajes y siempre me quedo con las ganas de saber qué pasará después. Supongo que esa conexión inmediata que exigen los relatos es lo que más me cuesta alcanzar. Imagino, también, que depende mucho del autor. Me consta que existen y he leído algunos relatos maravillosos. Pero bueno, tenía que deciros la verdad. El género de los relatos no es precisamente mi punto fuerte.
Si alguien nos pide que resumamos nuestra vida durante, pongamos, una entrevista de trabajo, seguramente haremos un relato ordenado y lineal. Repasaremos nuestra infancia, los años de universidad, nuestra independencia, daremos fechas en orden cronológico e iremos acumulando líneas vitales una sobre otra de igual manera que si tuviéramos delante un papel cuadriculado. Si esa misma persona, olvidados el traje, la corbata y la seriedad, nos hace la misma petición horas más tarde en la barra de un bar, con el suficiente alcohol o la suficiente confianza como para que se nos estire la lengua, sin trabarse, y se nos desordenen los recuerdos, nuestro relato será completamente distinto. Al menos seguirá otro patrón, más errático, lleno de lagunas pero a la vez plagado de detalles más concretos. Cómo olía la habitación de nuestra primera casa, qué nos dijo mamá cuando nos despidió en aquel andén, en qué momento exacto dejamos de pensar que los polvos con nuestro primer amor eran descargas eléctricas interminables.


Temps de rates, de Marc Moreno. Editat per La Magrana / RBA.
Tocar el dos no és tan senzill, de Màrius Moneo. Editat per Alrevés / Crims.cat
Montserrat Roig. La memòria viva, d’ Aina Torres. Editat per Sembra Llibres.
Enviada especial, de Jean Echenoz. Editat per Raig verd / Rayo verde editorial.
Anatomia de les distàncies curtes, de Marta Orriols. Editat per Edicions del periscopi.
El forat, de Jordi Amor. Editat per L’altra editorial.
Farishta, de Marc Pastor. Editat per Amsterdam.
Les defenses, de Gabi Martínez. Editat per Catedral.
Pues la verdad es que se me ocurren pocas cosas más aburridas que ser una princesa (rosa, verde o amarilla, da igual). Bueno, quizás una conferencia política, una charla entre el presentador de Documentos TV y Jesús Hermida o quedarte encerrado en una biblioteca que solo tenga libros de Jorge Bucay y Paulo Coelho. Está bien, esto último no es aburrido, es directamente una tortura. Y de las peores.


Cuidado, que viene el lobo.

Lo había leído en la sinopsis que encontré en Internet y en la contraportada del libro, pero aun así no estaba preparado para ello y me costó un rato acostumbrarme a la lectura. No en vano, abordar una novela en la que es un feto el que te habla desde el vientre de su madre y te narra todo aquello que percibe del mundo exterior no es algo que se haga todos los días. Un feto que es consciente del plan que han ideado la mujer que lo va a dar a luz y el hermano de su progenitor para asesinar a éste y quedarse con una cara mansión en herencia. Este es el argumento y el original enfoque que propone Cáscara de nuez, la última novela de Ian McEwan.
Antes de comenzar esta reseña, debo confesaros algo. Soy una apasionada de las historias que relatan acontecimientos ambientados en la Segunda Guerra Mundial. Aunque sepa que no serán alegres y que lo más seguro es que me arranquen más de una lágrima, no puedo evitar sumergirme entre sus páginas y dejarme llevar por sus dramáticas historias. Sin embargo El secreto de Emmaline, a pesar de que forme parte de este grupo, no solo me ha sacado alguna que otra lágrima, sino que también me ha hecho sonreír y emocionarme con sus personajes. Porque esta es de esas historias de personajes que traspasan las páginas para convertirse durante el tiempo de lectura en personas de carne y hueso.