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El sueño de Newton, de Carolina Redondo

No me puedo imaginar lo que sentiría si mañana me despertara y no recordara absolutamente nada de mi vida. Ni quién soy, ni dónde vivo, de dónde vengo. Ni siquiera mi nombre. Como si acabara de nacer, así, de repente. Pienso en lo que sería echar la vista atrás para descubrir algo de mi pasado, aunque fuera solo una cosa pequeñita y solo ver un borrón negro. Nada más. ¿Por dónde empezar? ¿Qué hacer?

Algo así le pasó a Krups, uno de los protagonistas del libro del que vengo a hablar hoy, El sueño de Newton. Un día se despertó y no recordaba nada, como si le hubieran lavado el cerebro o se lo hubieran reseteado. Tiene que ser muy frustrante no saber ni cómo te llamas, por eso se autobautizó como Krups, lo primero que le vino a la mente. Un día, en terapia, conoció a Mara, que acudía a esos encuentros para superar la adicción a la droga en la que había caído después de la muerte de su madre. Como si el destino existiera, como si este quisiera que Krups y Mara estuvieran en la misma habitación en el mismo momento. Como si fuera necesario que se conocieran. Y tanto que era necesario… a medida que iban pasando las páginas de este libro, comenzaba a entender poco a poco por qué.

Pero la historia no se queda ahí, ya que para entender todo y desentrañar el misterio oculto en esa pérdida de memoria de Krups, tendremos que remontarnos al siglo XVII, concretamente a 1693. Al momento en el cual Isaac Newton hizo un descubrimiento que, de conocerse, podría cambiar todos los axiomas científicos y religiosos en los que creemos hoy en día. Por eso mismo, por las consecuencias que ello podría acarrear, Newton no se quiso arriesgar y lo dejó todo plasmado en un manuscrito que no llegó a sacar a la luz.

También tendremos que viajar en el tiempo y contemplar un cuadro pintado por Rembrandt, así como ser un tripulante más de una expedición que se hizo en la Antártida muchos años atrás.

Y, por supuesto, también viajaremos a Kenia y a Uganda, donde se esconde la confirmación a esa teoría que Newton tenía.

Y, pensaréis ¿qué tiene que ver todo esto con Mara y con Krups? Pues muy sencillo: Mara sabía de la existencia de esta teoría, la llevaba estudiando mucho tiempo. E, igual que sabía que cada día estaba más cerca de la respuesta que tanto tiempo llevaba buscando, también era consciente de que esa investigación la ponía en grave peligro. Así que, por ese miedo a desaparecer del mundo llevándose su investigación con ella, lo dejó todo plasmado en un diario para que, en caso de que la pasara algo, la persona que lo tuviera pudiera continuar lo que ella había empezado. Cuando Mara puso rumbo a Kenia para confirmar lo que ya venía sospechando desde tiempo atrás, ese diario fue a parar a las manos de Krups, que se vería involucrado en la investigación de una manera irremediable.

Tengo que decir que normalmente no suelo extenderme tanto en la descripción de la trama de un libro, ya que me gusta más centrarme en otras cosas que, a veces, me parecen más importantes. Pero esta vez quería desgranar cada uno de los componentes de esta historia escrita por la madrileña Carolina Redondo de una manera más detenida. Tal vez solo con la intención de que entendáis ante qué tipo de libro estamos. Digo esto porque es una trama de aventuras, en la que los protagonistas tendrán que pasar una verdadera odisea para conseguir lo que más ansían: la verdad. Los continuos saltos en el tiempo que nos llevan a los diferentes lugares que tienen que ver con la investigación, hacen que la historia sea muy entretenida. Pero no solo eso: nos mantienen muy atentos, ya que el protagonista está cambiando constantemente y nos va dando pistas sobre lo que nos podremos encontrar después.

Por eso quería darle tanta importancia a la trama, porque me parece muy interesante y muy confeccionada. Esto me ha gustado mucho porque se nota que hay una labor de investigación detrás del libro y que hace que las historias de los diferentes personajes en las distintas épocas estén muy hiladas. Aunque tantos cambios y tantas tramas pueden hacer que al principio nada tenga sentido. Los capítulos van pasando y los saltos en el tiempo comienzan a aparecer. Puede ser que esto resulte un poco lioso cuando todavía no sabemos muy bien de qué va toda la historia, pero os aseguro que va cobrando sentido poco a poco. Además, es un libro bastante cortito (tiene alrededor de doscientas páginas) así que no tenemos que esperar demasiado para que eso ocurra.

Por supuesto, ha sido un placer ir a África de la mano de Carolina Redondo. Tuve la suerte de poder ir a Kenia hace justo un año. Allí me quedé impactada por todo lo que vi, lo que sentí y, sobre todo, por lo que me contaron. Fui afortunada y en el viaje me acompañó un guía que me fue explicando todo lo que yo quería saber sobre ese increíble país. Sus creencias, su mitología, su forma de vivir la religión y lo extraordinario. Me quedaba embobada escuchando todas las historias que ese hombre tenía que contarme, así que volver a viajar a Kenia junto con Mara y descubrir todo lo que ella descubrió allí (y después en Uganda) ha sido una experiencia fantástica.

El sueño de Newton ha tenido una cosa que me ha gustado especialmente: la forma que tiene la autora de enredar lo corriente con lo extraordinario pareciendo que ambos mundo están unidos con un nexo irrompible. Se mezcla la ciencia con lo fantástico, la religión con lo mundano, de una manera muy sutil y delicada, haciéndonos entender que una cosa no puede vivir sin la otra. Es ese tipo de historia en la que ya no sabes qué es de verdad o qué es inventado, porque todo podría llegar a tener sentido. Carolina Redondo toma como base historias reales y después las usa a su antojo, dándonos un libro de aventuras muy peculiar.

En definitiva, una buena sorpresa que me ha llevado a escribir hoy estas palabras. Y, no, todavía no sé lo que haría si me levantara sin memoria una mañana. Ojalá tuviera un diario como el de Mara para dejar plasmado en él todo lo que no quiero olvidar. Pero, ¿sabéis lo bueno? Lo bueno es que podría leer muchísimos libros de nuevo con la ventaja de volver a ilusionarme como lo hice la primera vez.

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El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger

El guardián entre el centeno

El guardián entre el centeno«Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield, pero si quieren saber la verdad no tengo ganas de hablar de eso.» Sí, yo, el azote de los clásicos, el firme defensor de la idea de que estos son aquellos libros de los que todos hablan pero que nadie en realidad ha leído, voy a hablaros de un clásico. ¿Acabaré leyendo la Odisea? ¿Me veréis en verano tirado en una playa con la Eneida entre las manos? Que dios nos coja confesados. Esto es, como bien sabréis con este icónico inicio, El guardián entre el centenode J.D. Salinger.

Primero de todo, creo que es necesario, como reseñista que también ocupa su tiempo dentro del mundo editorial, felicitar a Alianza por la edición de esta tan publicada novela. Ese diseño, ese trato al libro como objeto, ese olor. Y en segundo lugar, qué decir de un libro del que ya se ha dicho todo. Pues, como siempre, empezaré hablando de mi experiencia con él, que al fin y al cabo es lo único que puedo contar, porque quién soy yo para decirle a alguien que un libro es bueno o malo. Así que empecemos:

Con El guardián entre el centeno me ha pasado algo extraño. Mientras lo leía, y en especial al terminarlo, tenía la sensación de quizás era un poco tarde para haberlo leído. Siempre he tenido en la cabeza, supongo que como virus que te inoculan en cualquier escuela, columna de periódico o reseña (con perdón), que este libro tenía que leerlo sí o sí y que mejor si lo hacía en la adolescencia. Tengo 26 años y creo que me siento viejo porque he notado que llegaba tarde al libro. Cosa que no quita que no lo haya disfrutado. Y es que es totalmente cierto lo que cuento, supongo que debe de ser algo así como tener cincuenta años y encontrarte en un concierto de trap. Miras alrededor y piensas: esta gente se divierte con este tipo de música, debe de tener algo que no capto muy bien pero que me hace quedarme, pero no sé, mejor me voy. Pues esto es lo que me ha pasado leyendo la novela de Salinger: que sí, que mola, que se la daré a mis hijos (si tengo) cuando pasen por esa edad en que todo quema más y que ojalá me la hubieran dado en el instituto. Yo, por desgracia, tuve otros libros que, por maravillosa suerte, no me quitaron las ganas de leer. Y tenían todos los números para hacerlo.

Para quien no conozca la historia que hay detrás de El guardián entre el centeno, cosa que hasta la editorial prevé porque no les hace falta ni poner sinopsis en la contracubierta, diré que básicamente es un retazo de vida de Holden Caulfield narrada por él mismo, un chaval desubicado con muchas máscaras puestas e impuestas que cree estar pasado de rosca, que no se ve encajando en ningún lugar, que cree que su sitio es allí donde nadie está y que ni él mismo sabe. Pero hay mucho más, y esa es la gracia, para mí, del libro y eso es lo que creo que no muchos jóvenes captarán de él: la cara real tras las máscaras, la luz de Caulfield que a veces pugna por salir tras las grietas del cristal roto que es su alma. Huyendo de todo, Caulfield es algo así como un Lazarillo de Tormes en la Nueva York de mitades del siglo XX. Como contrapunto al sentimiento generalizado de la navidad, Caulfield irá traspasando reglas, saltando normas, hasta llegar al faro que ilumina su viaje, que no es más que una pequeña niña que habita la que alguna vez fue su casa. Es ahí donde, para mí, reside el punto climático de la novela.

Porque claro, está muy bien lo del niño rebelde, lo de los insultos a cualquier compañero y/o “amigo”, lo de emborracharse siendo menor, lo de tratar a las chicas como meros objetos sexuales, pero no comparemos nada de esto con ver a un bala perdida con ojos brillantes, con educados pensamientos, con sonrisa mental al ver, probablemente, al niño que él nunca pudo ni podrá ser: su hermana Phoebe. Me sabrá muy mal que ahora leáis la novela, penséis que la clave está ahí y os llevéis un chasco porque veis que la grandeza reside en la absoluta sinvergonzonería de Caulfield. Y ahora que lo pienso, ¿y si estoy diciendo esto porque ya soy demasiado mayor? «Jo».

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Corazón de escamas, de Rafael Clavijo

Corazón de escamas

Corazón de escamasQuería empezar esta reseña hablando de la conexión que ciertas personas sienten hacia algún elemento de la naturaleza. Por ejemplo, están los que aman el fuego, los que se sienten atraídos por ese color o esa fiereza que tanto le caracteriza. También están los que sienten un vínculo especial con las piedras, con el poder que transmiten y la conexión que experimentan cuando tocan una cargada de energía. Conozco personas que adoran el viento (como mi madre), a las que no hay nada que les guste más que estar en mitad de una montaña sintiendo cómo el viento les rodea. Y luego están los que, como yo, sienten algo especial cuando están dentro del agua.

Mis padres siempre me cuentan que la primera vez que yo entré en una piscina tenía tan solo un mes. Estábamos en Vinaroz, el pueblo de mi abuela, y el calor sofocante hacía que mi madre tuviera que meterme en la piscina para que no me subiera demasiado la temperatura. No sé si eso fue lo que despertó en mí un amor profundo hacia el agua pero desde entonces tengo la necesidad de nadar cada poco tiempo. Si no puedo ir a la playa porque en Cantabria vivimos casi en un invierno eterno, me voy a la piscina. Si no, me voy de viaje a algún sitio en el que pueda bucear y descubrir las profundidades del mar. Y si no puedo hacer nada de eso, simplemente me lleno la bañera para desconectar un buen rato. Lo que sea, con tal de sentir durante un tiempo que mi cuerpo está en la nada.

Por eso cuando empecé a leer Corazón de escamas supe desde el primer momento que  me iba a gustar, ya que su protagonista, Carlos es un nadador profesional. Ahí me puse cómoda y me preparé, porque estaba segura de que toda la acción del libro tendría lugar entre piscinas y agua. Pero lo que no sabía es que no era así del todo: sí, habría agua, pero estaba muy equivocada al pensar que el escenario principal iba a ser una piscina de competición.

Y es que Carlos, invadido por un gran sentimiento de responsabilidad al ver que no ganaba lo suficiente y que sus rivales eran más fuertes y rápidos que él, decidió doparse. Un pinchazo y una transfusión de sangre bastaron para retirarle de las piscinas durante cuatro años. Cuando eres un campeón, cuando lo has ganado todo y te quitan lo único que le da sentido a tu vida, parece que está todo perdido. En ese momento, Carlos decidió que jamás volvería a nadar, tiraba la toalla. Ya encontraría algo diferente en lo que invertir su tiempo y su energía. Pero cuando estás tan hecho al agua llegando casi a formar parte de ella, es muy difícil encontrar otra cosa que te haga feliz.

Por eso Steve, el mejor amigo de Carlos, no quiso que este se rindiera y, aprovechando que había creado una empresa de equipamiento deportivo, quiso que su amigo fuera la imagen de la misma. Carlos solo tendría que hacer una cosa: vencer la inseguridad que le daba nadar en el mar y conseguir una serie de retos que le llevarían a nadar por todo el mundo, batiendo récords y reinventándose a sí mismo.

Así que este libro, escrito por Rafael Clavijo, trata de eso: de la superación. De enfrentarse a los miedos, a los retos y, sobre todo, a las malas decisiones que todos tomamos alguna vez a lo largo de nuestra vida. Carlos no lo tuvo nada fácil, y más cuando esa decisión que tomó afectó a todos los ámbitos de su vida, más concretamente a la relación con su padre, su entrenador. Pero saber aprender de los errores y enfrentarse a ellos es lo que permite que cualquiera, Carlos el primero, pueda salir adelante.

Corazón de escamas es un libro cortito, que se leer muy rápido y sin pausa. Es muy entretenido ver cómo su protagonista se enfrenta a todos esos miedos e inseguridades que se agolpan a cada instante dentro de su cabeza. Si le tengo que encontrar una pega es que no sentí la conexión con Carlos que me hubiera gustado tener. No sé si es porque es un personaje muy reservado o cuál ha sido el motivo, pero no he llegado a meterme dentro de la mente del protagonista y sentir lo mismo que él sentía. Y es una pena, porque para mí hubiera sido muy interesante ser capaz de vivir lo mismo que vivía Carlos en su historia. Sobre todo cuando le invadía el miedo o la incertidumbre de no saber si iba a superar un reto; o, al contrario, la alegría cuando un desafío estaba a punto de terminar. En definitiva, como si fuera yo la que estuviera nadando.

Esto que estoy diciendo puede que sea un problema mío, puede que yo no haya sabido conectar con el protagonista como debería haberlo hecho, así que espero que el que lo lea comparta sus impresiones al respecto para entender por qué yo no he sido capaz de tener esa conexión.

Pero, sin ponernos tan profundos (entiendo que yo misma a veces le pido demasiado a los libros) es una trama que me ha gustado mucho. Sobre todo la historia del hombre-pez, de la que solo voy a hacer mención porque no quiero desvelar nada más, me ha mantenido intrigada hasta que he terminado el libro. Eso en concreto, lo del hombre-pez es lo que ha hecho que quisiera leer más y más, para saber qué estaba pasando. Aquí tengo que decir que es posible que al principio el lector se sienta un poco perdido, porque la historia de este hombre aparece de repente intercalada con la de Carlos, pero poco a poco las cosas se van aclarando y todo cobra sentido.

En cuanto a la narración tengo que decir que me ha gustado mucho. Rafael Clavijo hace uso de un lenguaje claro, directo y nada farragoso. Eso para mí es muy importante. No me suelen gustar demasiado los libros que son muy descriptivos, esos en los que para contarte una cosa, el autor da mil vueltas. Me gustan los libros que son directos, los que van al grano. Con diálogos claros, necesarios y naturales. Así que mis expectativas en cuanto eso (que para mí es muy, muy importante) se han cumplido perfectamente.

En definitiva, he quedado muy contenta con la lectura de Corazón de escamas, sobre todo por la originalidad del tema, del que no había leído nada con anterioridad. No habré sentido esa conexión con Carlos, pero sí que he sentido sus mismas ganas de tirarse al agua para poder flotar un ratito más. Quizás sea el momento de despedirme de vosotros, cerrar el ordenador e irme a la piscina para sumergirme unos momentos más en mis pensamientos.

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Perú: un camino de encuentro, de Eva Jurado Lara

Perú: un camino de encuentro

Perú: un camino de encuentro

Puedo decir que no a muchas cosas. Puedo decir que no a comprarme toda la ropa que quiero, a salir de fiesta y gastarme demasiado dinero en copas, a ir al restaurante que está de moda o a comprarme esa barra de labios que promete ser mi mejor amiga. Puedo decir que no a todo eso, no lo necesito, no me importa. Ahora mismo me estoy haciendo una casa y gran parte de mi sueldo se va para todos los gastos que ello conlleva. Aun así, consigo ahorrar, aunque sea un poquito. Mes a mes, una parte fija de mi sueldo se va a un bote que al que he llamado “el tarro de mi vida”. Y ese dinero que voy guardando ahí más lentamente de lo que me gustaría, está destinado a los dos únicos vicios que tengo en esta vida y a lo que no puedo rechazar: viajar y leer.

Mientras escribo esta reseña estoy pensando que tengo que hacer las maletas, porque mañana a estar horas estaré cogiendo un vuelo a Bélgica. También me apunto mentalmente que cuando vuelva de ese viaje tendré que ir a comprar algo de ropa de abrigo, ya que el mes que viene me iré con mi mejor amiga a Noruega.

Y también mentalmente me digo a mí misma que tengo que parar un poco, que debería dejar los viajes durante una temporada para poder ahorrar para el destino al que de verdad quiero ir y que lleva en mi mente muchos años ya: la India. Todavía no sé qué es lo que hace que necesite ir a ese sitio, pero algo me dice que seguro que allí encuentro lo que estoy buscando, aunque todavía no sepa muy bien qué es.

Os hablo de esto porque, después de leer Perú: un camino de encuentro, no he parado de darle vueltas a ese tema. Y es que este libro, escrito por Eva Jurado Lara, cuenta su propia vivencia en Perú. Desde hacía muchos años, ella quería ir a ese país. No, querer no es la palabra. Quizás sea mejor decir que necesitaba ir allí. Así que un día, bastantes años después desde ese primer deseo, cogió una mochila, algo de ropa, dinero, su cámara de fotos y partió rumbo a Perú, donde viviría durante un mes. Sin más compañía que ella misma y sus ganas de descubrirse. Ese viaje tenía el objetivo de ayudarla a encontrarse a sí misma en su camino vital.

Un mes en Perú da para mucho, hay tiempo para reflexionar, caminar, conocer gente maravillosa, ponerse en la piel de los demás, calmar el espíritu y tranquilizar la mente. Tanto tiempo de reflexión y, a veces, soledad, hacía que Eva también echara de menos a los suyos. Sobre todo a su pareja, Marta, que se quedó apoyándola desde la distancia como solo un gran amor sabe hacer.

Eva eligió someterse a unos rituales de ayahuasca para alcanzar la purificación de su propio cuerpo y conseguir vaciar la mente. Al leer esa parte del libro tuve una sensación agridulce, porque yo me imaginaba que la autora lo estaba pasando mal durante el proceso; que esa limpieza estaba acabando con sus fuerzas. Pero después me di cuenta de que era algo que ella eligió, sabiendo de antemano a lo que se enfrentaba. Por eso después me sentí feliz por Eva, porque ese ritual le dio lo que ella necesitaba en ese momento.

Después de eso siguió recorriendo Perú, hasta regresar de nuevo a Cusco, capital del imperio Inca y su punto de partida para todas las excursiones. Su fortaleza interior le permitió alcanzar su meta y volver a España renovada y con las respuestas que había ido a buscar a ese hermoso país.

Me ha gustado mucho que el libro estuviera narrado en primera persona y, dado que esta historia es el contenido que ella iba escribiendo en su diario (con pequeñas modificaciones que se hicieron a la hora de editar), es casi como estar allí con ella. Eva es una mujer fuerte, valerosa, sencilla, empática y muy bondadosa. Yo creo que esa bondad, que demuestra durante todo su recorrido, es lo que en realidad le permitió estar en paz con ella misma, sabiendo que siempre da todo lo que tiene y siendo consciente de que ayudar a los demás es también una forma de vida. No solamente la historia de Eva me ha gustado, sino que ha sido su personalidad lo que ha hecho que no pudiera despegarme del libro. Durante los dos días que he tardado en leerlo no he podido parar de pensar en ella. En lo valiente que fue, en lo fuerte mental y físicamente que era, ya que eso es algo indispensable para enfrentarse a un reto como el de irse sola a Perú. No sé, me ha fascinado su forma de pensar y de enfrentarse a la vida. Me ha dado una envidia tremenda.

Además, hay que mencionar que las descripciones que hace Eva Jurado de los sitios que visita son tan realistas que hacen que el lector se esté imaginando ese viaje. Ha habido un momento en el que me ha parecido que yo también estaba en Perú, aunque, desafortunadamente, no sea así. Me ha trasladado completamente a ese país gracias a sus descripciones y los comentarios de los personajes nativos que aparecen en la novela. Estos personajes nos cuentan la historia del país, explicando muchas cosas de los incas. Nos hacen saber un poquito más sobre esa increíble civilización, cosa que me ha gustado muchísimo.

La verdad es que he disfrutado mucho la lectura de Perú: un camino de encuentro. Me ha vuelto a recordar (aunque es casi imposible que se me olvide) el motivo por el cual me gusta tanto viajar, que básicamente es que puedo conocerme más a mí misma cuando estoy tan lejos.

El otro día me dijeron que yo era muy valiente y me quedé pensando… ¿valiente yo? Tengo muchas cualidades, pero no sé si la valentía es una de ellas. Aunque visto desde otra perspectiva… si me dicen hace unos años que me bañara en un cenote de cincuenta metros de profundidad, que me adentrara en un safari en mitad de Kenya teniendo los leones a menos de dos metros de mí, que anduviera sin rumbo por las calles de Nueva York en plena noche o que me subiera en un barco para atravesar un río casi helado para ver los glaciares de la Patagonia cara a cara… seguramente hubiera dicho que no. Viajar ha hecho que me diera cuenta de que puedo hacer todas esas cosas y muchas más. Que las fronteras no existen y que todas las experiencias vividas hacen que mi alma se enriquezca poco a poco.

Desde luego, algún día acabaré haciendo ese viaje a la India que tanto ansío, porque sé que, como le pasó a Eva en Perú, yo encontraré allí lo que estoy buscando.

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La saga de Thanos, de Jim Starlin

la saga de thanos

la saga de thanosEl Universo Cinematográfico Marvel dio su pistoletazo de salida en 2008 con el estreno en cines de Ironman. Con la película del Vengador Dorado se iniciaba la denominada Fase 1 de un plan muy ambicioso. A lo largo de los años y a través de múltiples películas, no solo se han ido incorporando un sinfín de personajes, sino que también, mediante crossovers, se ha ido tejiendo una historia en común. De igual forma que diversos afluentes acaban desembocando en un río mayor, las películas han tenido su propia trama pero han trazado un camino en común para, y poniendo punto y final a la Fase 3, llegar hasta Vengadores: Infinity War.

El hype es real y virulento. Se extiende como lo hizo la peste negra e infecta la mente de todo aquel que anteriormente disfrutó con cada una de las producciones de Marvel Studios. Y es que los aquejados de esta dolencia, ahora ya en fase terminal, fueron empeorando con cada aparición de las denominadas Gemas del Infinito. Primero un Teseracto por aquí, que en realidad es la gema-espacio, en manos de Loki; luego un Ojo de Agamotto por allá, donde se encuentra recluida la gema-tiempo, que está en manos del Doctor Extraño… Y sí, incluso hemos podido atisbar brevemente como pinta Thanos, el Titán Loco. Lo que por el momento es toda una incertidumbre es si en Infinity War se nos explicará de dónde proviene este ser gigantesco con el insaciable anhelo de convertirse en un dios de la destrucción. Así pues, quizá sea necesario meter la nariz entre las páginas de un cómic y asistir al nacimiento de Thanos.

Pero primero deberíamos hablar de su padre. No de Mentor, su progenitor de celulosa y tinta, sino de Jim Starlin, el hombre de carne y hueso. Al guionista y dibujante le fue dada una oportunidad de demostrar sus dotes a principios de los años setenta. No la desaprovechó. En Ironman #55 USA hizo aparecer por primera vez un villano que decía ser el autoproclamado emperador de la luna Titán. Una aparición fugaz que dejaría la mella suficiente como para convertirse en uno de los villanos más poderosos de Marvel e involucrar, en sus inicios, a otros autores como John Byrne o John Buscema. En La saga de Thanos, publicada por Panini Cómics, se recogen los primeros pasos del malvado adorador de la muerte. Una primera etapa que se podría dividir en dos partes diferenciadas.

En la primera de las partes el protagonista absoluto es el Capitán Marvel. El Capitán Marvel ya daba guerra en los años cuarenta, aunque no la suficiente, así que Whiz Cómics tuvo que vender los derechos del personaje a DC. ¿Os suena Shazam? Marvel, en cambio, se quedó con los derechos de explotación de la marca, es decir: el nombre. Hoy el Marvel que nos interesa es el que reparte tortas en La Casa de las Ideas. Este antiguo soldado kree de nombre Mar-Vell intentará pararle los pies a Thanos que, tras conseguir el Cubo Cósmico (Teseracto en las películas), acabará ostentando el poder de un dios. El héroe de doble personalidad (una heroica y extraterrestre y la otra humana, cuando una entra en escena la otra queda atrapada en La Zona Negativa) no solo es utilizado por Jim Starlin para recrear batallas estelares de épica abrumadora sino que además, a lo largo de los capítulos, mejora al personaje para transformarlo en un ser con conciencia cósmica (que sería algo así como alcanzar la sabiduría absoluta a través de un chute de LSD proporcionado por un camello extraterrestre). Este primer tramo de la saga goza de grandes escenas de acción que alcanzan su clímax cuando Marvel une fuerzas con Los Vengadores, que hasta el momento habían desempeñado un papel tangencial en la guerra contra Thanos.

En la segunda parte seguimos a Adam Warlock. Inicialmente fue creado por Stan Lee y Jack Kirby y se le dio el simple nombre de Él. Intentaron convertirlo en una especie de Jesuscristo espacial, pero la idea no acabó de cuajar. Vaya, me pregunto por qué. Luego Jim Starlin retomaría el personaje, rediseñaría su aspecto, le daría nuevas aspiraciones y lo convertiría en un superhéroe (antihéroe más bien) con tal carisma que, para qué vamos a negarlo, ensombrece no solo al villano que da nombre a esta saga, sino a cualquier otro personaje que comparta viñeta con él. Junto a Adam Warlock disfrutaremos de aventuras más estilo space opera: viajar de galaxia en galaxia, meterse en líos, buscar respuestas a preguntas de índole existencial y que tienen que ver con la gema que lleva en la frente, hasta incluso acabar aliándose con Thanos. Viajes que llevarán a nuestro amigo de piel dorada a enfrentarse a paradojas espacio-temporales que pondrán a prueba sus tendencias maniaco-depresivas y que le enfrentarán con la terrible visión de su propia muerte. A lo largo de estos periplos a través del espacio también forjará amistad con seres pendencieros como el carismático Pip el Troll y con la bella y letal Gamora; ambos excelentes creaciones de Jim Starlin. Sin lugar a dudas para mí este tramo de la saga resulta no solo más divertida, sino también más espectacular, más profunda y visualmente seductora. Sobresalen capítulos como el titulado ¡1000 payasos! en el que Starlin satiriza la industria del cómic o Velatorio, en donde Los Vengadores vuelven a dar guerra, junto al Capitán Marvel, a Spiderman (tan irónico y mordaz como siempre sin desentonar en ningún momento en un escenario espacial) e incluso La Cosa. Una orgía de personajes y de acción desenfrenada que alcanza un final digno de tragedia griega.

La Saga de Thanos es una odisea cósmica, una batalla que pone en jaque a todo el universo, en la que un enérgico Jim Starlin de fértil imaginación creó un arco argumental memorable. No solo mejoró personajes y concibió nuevos, sino que además experimentó con la narración puramente visual y añadió grandes dosis de filosofía a las tramas.

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Todo comenzó un martes al atardecer, de Iván Portas

Todo comenzó un martes al atardecer

Todo comenzó un martes al atardecerIntento recordar cuál fue el momento en el que empecé a interesarme por las estrellas, pero me resulta imposible. Cuando vivía en Madrid, rodeada de asfalto y contaminación apenas me fijaba en ellas. Sabía que estaban ahí, pero muy pocas veces conseguía verlas. Por eso, cuando llegaba el verano y me iba al pueblo, lo único que deseaba era que cayera la noche para poder mirar por la ventana todas esas maravillosas estrellas. Y yo no entendía por qué entonces sí podía verlas y cuando estaba en Madrid, no. Por eso empecé a pensar que había algo más, que solo se veían las estrellas cuando el día siguiente iba a ser maravilloso. En Madrid esos días casi no existían porque la monotonía y la rutina ya se encargaban de que así fuera. Pero en cambio, la vida en el pueblo era muy diferente. Ahí sí que había días maravillosos. Y no fallaba: cuando había una noche estrellada, eso significaba que al día siguiente podría ir a la playa, o que podría ir al río sin que la lluvia lo arruinara todo, o que incluso podría montar en bici durante horas y horas.

Por eso, la noche de San Lorenzo era mi noche preferida del año. Esa noche de mediados de agosto ya era tradición poner la tienda de campaña en mitad de un prado bien lejos de cualquier farola. Dentro de esa tienda de campaña, cinco niñas pasaban la noche hablando, riendo, comiendo guarrerías y contando historias de terror. Pero, sobre todo, estaban pendientes de las estrellas, esas que pasaban deprisa ante sus ojos como un relámpago. Algunas decían que daba buena suerte pedir deseos cuando una estrella fugaz pasaba. Otras, como yo, disfrutaban de ese breve brillo y pensaban en el día tan increíble que estaba por llegar.

No sé si Andrea, la protagonista de Todo comenzó un martes al atardecer, pensaba lo mismo que yo cuando miraba el firmamento, pero sí que tenía ganas de ver esa lluvia de estrellas que se llevaba anunciando tiempo atrás en la televisión. Cansada de su trabajo, dejó todo para irse una buena temporada a Europa, aunque sus planes se vieron truncados cuando encontró un símbolo extraño en el despacho de su antiguo jefe. Aunque lo tenía todo planeado y realmente quería seguir con ello, no pudo evitar darle vueltas y vueltas al símbolo que había visto, así que decidió contactar con su primo Jose, que poseía un don innato para la tecnología gráfica, lo que le podría resultar de gran ayuda. Entre eso y unos cuantos contactos, consiguen averiguar que ese símbolo es el acrónimo cifrado de un proyecto muy gordo, de algo que, de llevarse a cabo, supondría un gran desastre para toda la humanidad. Y esa lluvia de estrellas, que Andrea espera con tanta ansia como yo esperaba cada año la de San Lorenzo, tiene que ver mucho más de lo que cualquiera de ellos se imagina.

Iván Portas nos trae una novela de acción, donde la protagonista es una mujer fuerte y valiente que tiene que aprender a la fuerza a valerse por sí misma. Andrea es un personaje que llega, que se entrega al lector. Nos muestra sus dudas, sus miedos, sus reticencias. Es sensible, pero también poderosa, como demuestra a lo largo de las páginas de esta obra. Seguida por su instinto y junto con Jose (su primo) y David (un ex soldado de operaciones especiales), demostrará al mundo que es mucho más que una mera ingeniera. Esto me ha gustado especialmente, ya que, aunque recibe ayuda, ella misma es una heroína. Además, su sensibilidad y su instinto son dos armas que le resultarán imprescindibles, pues habrá momentos en los que esas habilidades serán mucho más útiles que cualquier otra.

Y qué decir de David, un personaje que al principio aparece misterioso y del que no sabemos nada, pero que poco a poco se va dejando descubrir y del que es imposible no encariñarse. Me ha recordado un poco a estos súper hombres de película, así como Tom Cruise, que aparecen de la nada para ayudar a un chica en apuros y que aportan nociones de estrategia militar que son esenciales para resolver la trama. Es un personaje que me ha hecho mucha gracia, porque lo mismo coloca bombas por ahí, como te pilota un helicóptero. Un chico comodín que sabe hacer de todo.

Todo comenzó un martes al atardecer tiene un ritmo muy rápido. Desde el principio empiezan a pasar muchas cosas, sin dar casi tiempo al lector a familiarizarse con la historia o los personajes. Eso me ha gustado, porque me ha hecho darme cuenta de la trama a la vez que la propia Andrea lo hacía. Hay veces en las que me parece que los personajes van mucho más avanzados que yo, como que yo voy por detrás de ellos y me doy cuenta tarde de las cosas. Pero en este caso, al no ser una novela que tenga un principio pausado y descriptivo (como suele pasar), todo va tan acelerado que al lector no le queda más remedio que ponerse al día enseguida. Eso ha sido precisamente lo que hizo que me leyera más de la primera mitad del libro del tirón.

Es verdad que he leído poco de este género, pero lo que leo me gusta. Me ha recordado un tanto a Inferno, de Dan Brown, por el estilo de la trama, aunque los métodos que usan sendos protagonistas para resolver la historia nada tienen que ver. Recordemos que Robert Langdon usa sus conocimientos de historia y arte y Andrea, Jose y David optan por un conocimiento más tecnológico. Pero sí, ese ritmo acelerado, las conspiraciones, el ingenio que tienen que tener los protagonistas, los malos que aparecen de la nada y que son más que insistentes, han hecho que en ocasiones me acordara del estilo de Dan Brown. Me estoy planteando leer más de este género, porque realmente he disfrutado muchísimo con el libro.

Iván Portas demuestra que es un gran apasionado del género. Su profesión, ingeniero industrial y su interés por el emprendimiento tecnológico hacen que la historia esté muy bien atada. Nos da un marco perfectamente definido y desarrolla mucho el aspecto tecnológico que impregna toda la novela. Se nota que no cuenta la historia por contar, sino que hay un gran trabajo de documentación detrás que hace que la historia esté perfectamente hilada y que todo tenga sentido.

Yo sigo con mi teoría de que los días que preceden a una noche estrellada son los mejores días que uno se pueda encontrar. Aunque también es cierto que en las noches en las que no hay estrellas, mi plan suele ser acurrucarme en el sofá con un buen libro, como este, esperando a que caiga una tromba de agua. Y, yo me pregunto, ¿hay algo más maravilloso que eso?

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Castaños en Ipeva, de Pedro Ignacio Jiménez

Castaños en Ipeva

Castaños en IpevaHace unos días conocí a un chico por Wallapop, esa página de venta de segunda mano que está tan de moda ahora. Yo andaba buscando un libro de Murakami que no fuera de bolsillo y que no me costara un dineral. Y él lo tenía. Empezamos a hablar y a intercambiar opiniones sobre nuestros escritores y libros favoritos y de ahí pasamos al cine. Yo le recomendé mis películas favoritas (que, por cierto, ya había visto) y él hizo lo mismo conmigo. Gracias a él he descubierto películas increíbles, pero una de las que más me ha gustado es Hacia rutas salvajes. Ya no solamente por lo bien dirigida que está, ni por la increíble fotografía que tiene. Fue la historia del protagonista, Alexander Supertramp, la que hizo que no pudiera apartar mis ojos de la película. Esa aventura que él solo emprende y que le lleva a conocer a tantas personas peculiares que tienen algo que contar, me fascinó.

Y quizás haya sido eso lo que me ha hecho sonreír mientras leía Castaños en Ipeva, la primera novela de Pedro Ignacio Jiménez, el acordarme casi todo el tiempo de Alexander, al que en un par de horas que duraba la película, cogí un tremendo cariño.

Pero esta novela no va de Alexander Supertramp, para nada. El protagonista es Pablo Lima, que al igual que el chico de la película que os comentaba, es todo un superviviente. Siendo muy jovencito una epidemia invade el pueblo en el que vive. Toda la aldea sucumbe ante esa extraña enfermedad siendo Pablo la única persona que consigue resistir a ella. Se queda solo, cuando todavía no tiene ni idea de qué va la vida. Le suena haber escuchado que un tío suyo se fue de la aldea muchos años atrás, así que él decide emprender la marcha para encontrar al único pariente que, en teoría, sigue vivo.

Pablo Lima entonces comenzará una cruzada a través de muchos escenarios diferentes en los que se enfrentará a algo más temeroso que un monstruo: su capacidad para seguir adelante. Lo más bonito de ese viaje, sin duda, es la gente a la que conoce. En cada capítulo encontraremos a personajes diferentes que tendrán muchas cosas que contar a Pablo. Y desde luego, no son personajes al uso, ya que el excentricismo y las rarezas están servidas. En concreto, el capítulo del hombre desnudo (no contaré más) me hizo reír una barbaridad.

Y es que en este libro encontramos de todo un poco. Encontramos el drama de un niño que ve cómo su familia muere ante sus ojos, la risa de conocer a esos personajes hilarantes y extraños, las aventuras de atravesar él solo lugares tan inhóspitos como un desierto o incluso intriga por saber qué será lo próximo que Pablo se encontrará en el camino.

Se podría decir que Pedro Ignacio Jiménez recupera el realismo mágico para acercarnos a las historias de Márquez o Rulfo. Tiene reminiscencias de esos autores en la medida en que nos plantea un escenario que podría ser cotidiano y en el que empiezan a aparecer elementos fantásticos, pero todo con mucha naturalidad. Por ejemplo, lo del hombre desnudo: Pablo se lo encuentra en mitad de la nada y Pedro Ignacio Jiménez tiene la facilidad de describir esa escena como si fuera lo más habitual del  mundo. De eso se trata, de dar al lector cosas asombrosas pero sin pretender que sea así. Eso es lo que más me ha gustado del libro.

Antes de hacer la reseña, me he metido un poco en Internet para leer sobre la vida del escritor y me he topado con una entrevista suya. En ella, el autor gaditano reconoce que empezó el libro por el final, escribiendo los tres últimos capítulos. Y que después, ya teniendo claro el final, comenzó a desarrollar el resto de la historia. También comenta que hizo un gran trabajo de documentación y eso se nota en cuanto lees un par de capítulos que se desarrollan en escenarios diferentes. Si no hubiera hecho esa labor de documentación (que dice, además, le encantó), los escenarios se hubieran vuelto planos y el lector no llegaría a tener esa sensación de ir acompañando a Pablo Lima a través de su odisea.

También leí que le preocupaba mucho el tema de los diálogos, que no quería que sonaran forzados.  Es curioso, porque eso es algo en lo que yo me fijo mucho. Me gusta que los comentarios sean naturales, que parezca de verdad que esa persona está hablando así y que no suene como un cuento infantil en el que los diálogos parecen estudiados de más llegando a resultar artificiales. Pero en el caso de Castaños en Ipeva, os puedo asegurar que esto no sucede. Los diálogos son fluidos y en ningún momento el lector tiene esa sensación de afectación. Son naturales, como el resto de la historia. Quizás eso es lo que ha llevado a esta novela a ganar el premio del I concurso de novela de tucoahliterario.com, no lo sé. Se me ocurren muchas cosas por las que podría haber quedado en primera posición, pero me da a mí que esta es la acertada. Y para muestra, os dejo aquí un fragmento de un trozo de la narración que resume la esencia del libro y que me encantó cuando lo leí:

“Otra vez el camino, una vez más el desierto, el calor, la polvareda, y otra vez la soledad, el silencio y la utopía. Una vez más las hogueras, las dudas, los recuerdos, y de nuevo, la vida en un alambre. Esta vez, de lo único que Pablo Lima estaba seguro, era de que no le pondría nombre a su caballo”.

El único defecto que le he visto es que la novela necesita un repaso de la corrección. He encontrado alguna falta que otra y eso ha hecho que, en algún momento, mi lectura se viera interrumpida. Pero mejorando eso en las siguientes ediciones, estaremos ante una novela redonda.

Y por último, y ya para terminar de analizar todos los puntos que me parecían importantes, tenemos al propio Pablo Lima, un personaje que va creciendo poco a poco delante de los ojos del lector. Sin apenas darnos cuenta, el niño ya no es tan niño. Y el lector le acompaña en silencio a través de sus andanzas y pensando para sí: “ojalá lo consiga”. Exactamente lo mismo que me pasó mientras veía Hacia rutas salvajes. De verdad quería que lo consiguiera, y más después de todas las cosas que tuvo que afrontar para llegar hasta ahí.

Me gustan los libros en los que se me permite implicarme, en los que estoy leyendo y parece que fuera yo la que está en la piel del protagonista. No me gusta ser una mera espectadora, quiero vivirlo. Para eso leo. Y gracias a Pedro Ignacio Jiménez he conocido lugares fantásticos y he vivido una aventura increíble usando solamente un libro como instrumento.

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Máquinas mortales, de Philip Reeve

Máquinas mortales

Máquinas mortalesA veces me pasa. Veo un libro y sé que tengo que leerlo. No sé muy bien por qué. Ni siquiera me importa leer la sinopsis o saber de qué trata. Simplemente, es como si el libro me llamara a mí directamente y lo tuviera que leer, sin elección. No me pasa normalmente, claro. Soy bastante rigurosa con mis lecturas y escojo muy a fondo lo que quiero leer en cada momento. Tengo una lista repleta de lecturas pendientes que acaban ahí por recomendaciones o porque la sinopsis me ha llamado muchísimo. También tengo autores predilectos que hacen que lea cualquier cosa que escriban o editoriales que sé que son una apuesta segura. Pero hay ciertos momentos en los que, sin motivo alguno, se me antoja un libro porque sí.

Y este ha sido el caso. Mi Instagram se llenó de repente de gente que había comprado Máquinas mortales. Yo no quise saber de qué trataba: quería descubrirlo por mí misma al sumergirme en sus páginas. Y eso fue exactamente lo que hice.

Así que, cuando lo empecé, no sabía que en ese mundo creado por Philip Reeve las ciudades se habían alzado para ir sobre ruedas. Ni que las ciudades más grandes se dedicaban a ir a la caza de las más pequeñas para apoderarse de sus bienes. Tampoco sabía que, después de una horrible guerra los humanos se habían puesto al servicio de la tecnología siendo esta la única religión que profesar. Y muchísimo menos sabía que Tom, el protagonista de este libro, tendría que huir de Londres (una de las ciudades más peligrosas e importantes del mundo) para acabar junto a una chica llamada Hester en la tierra, también conocido como “terreno de caza”. Así que ya os podéis ir haciendo una idea de la sorpresa que me llevé cuando empecé a leer este libro. Si hubiera sabido todo esto antes de empezar con él, igual no me hubiera sorprendido tanto.

Me parece una idea genial que me recuerda muchísimo a la saga Star Wars. Y eso es lo que ha hecho que me gustara tanto el libro, porque adoro Star Wars. Este punto hay que aclararlo: no me recuerda porque haya naves espaciales y cosas así, sino por lo de las alianzas entre ciudades que vagan por el cielo intentando no encontrarse con una que pudiera parecer un peligro. No sé, quizás esta conexión solo la encuentre yo, puede ser. Pero, sin duda, es algo que me ha gustado.

Máquinas mortales es la primera parte de una saga que se compondrá de cuatro libros. Y una de las cosas más importantes que debes saber sobre ella es que Peter Jackson —quien dirigiera El señor de los anillos y El hobbit— ya está preparando la adaptación para llevarla al cine. De hecho, en España podremos ver la primera parte muy pronto. Y no os lo voy a negar, esto va a ser un reclamo increíble para el libro, porque serán muchos fans de este director los que quieran saber de antemano qué se podrán encontrar cuando vean la película.

Contiene una historia que atrapa y que es muy original. En ella se puede ver perfectamente ese mundo distópico y futurista que está ambientado en un marco un tanto steampunk. El escritor, Philip Reeve, se toma muchas molestias en adentrarnos en ese contexto y en describirnos todo para que podamos imaginárnoslo perfectamente.

En cuanto a los personajes, quizás ahí se quede un poco atrás este libro. No he conseguido establecer una conexión profunda con ellos, ya que me han parecido a veces planos. Sobre todo, Tom. En ese aspecto, a Hester la podemos llegar a conocer mejor, ya que es una chica que por sus características particulares, es más trasparente que Tom. Quizás en las siguientes partes de la saga el autor dedique más tiempo a mejorar este aspecto. Puede ser que, al tratarse de una primera parte, el autor haya querido dar solamente unas pinceladas para después desarrollar la personalidad de los personajes con más profundidad a medida que avanza la historia.

Aun así, ha sido un libro que me ha gustado mucho. Está muy bien que yo tenga esa lista interminable de libros por leer y que me rija por su contenido cuando quiero empezar una lectura nueva. Pero también está muy bien tener ese sexto sentido que me dice que tengo que leer un libro porque sí. Sin ninguna razón. Porque ese sexto sentido que hoy me está haciendo escribir estas líneas, me está demostrando que muy pocas veces se equivoca.

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Lucifer. Sangre en las calles, de Richard Kadrey y VV. AA.

sangre en las calles

sangre en las callesYa comenté en la reseña de Padre Lucifer, igual un poco de pasada y por eso ahora me voy a explayar, que Lucifer no es el malo de la película. Arrastra el peso de la mala fama que le ha endosado la otra parte, la de los que han escrito la versión mayoritariamente aceptada del cuento. Pero lo cierto es que gracias a él tenemos el poder de decisión. El libre albedrío, y es algo por lo que está dispuesto a luchar las veces que haga falta. De hecho, Lucifer ha salvado nuestro mundo un par de veces y volverá a hacerlo cuando haga falta o cuando le toquen las bolas.

En el tomo anterior habíamos visto como tras la muerte de Dios algo que decía ser Dios, aunque su aspecto recordaba más a una mezcla de cucaracha y criatura lovecraftiana, ocupaba su lugar y proclamaba ser un nuevo dios que despreciaba el libre albedrio, pretendía rehacer el mundo a su imagen y semejanza y obligar a todos a seguir el mismo camino. Y eso es algo que a Lucifer le jode sobremanera. Eso y que claro, para rehacer el mundo la Presencia tiene que destruir previamente el actual. Padre Lucifer acababa dejándonos con ganas de más al acabar con Lucifer y Mazikeen coincidiendo en querer matar a Dios.

Sangre en las calles no entra directamente en materia. Hay dos historias cortas antes de eso. Dos historietas pseudonavideñas que sirven de aperitivo y parecen estar desconectadas de lo gordo que vendrá a continuación pero que tienen detalles que habrán de tenerse en cuenta para el desarrollo posterior del cómic.

Y ya sí. Una vez calentitos podemos disfrutar de un cierre por todo lo alto con una batalla a punto de empezar en el Cielo, otra en el Infierno y combatientes de ambos bandos pululando por La Tierra entre los humanos.

El bando de Lucifer contará con aliados nuevos (o al menos yo no los recuerdo) como Arabelle Crane, que viene a ser una Hellblazer en femenino, una megaespada y alguna que otra sorpresa.

El bando de Dios contará con un montón de ángeles bajo su influjo hipnotizante y el hijo de Lucifer, que sigue emperrado en matarle y también en reinar en el Infierno.

Por su parte, Makizeen quiere recuperar el Infierno, pero su ejército ha quedado diezmado y tendrá que hacer lo que pueda con unos pocos demonios y una fantasmita. Pero Mazikeen no se amilanará. Y además de lista, –hay que serlo para ya no solo gobernar, sino para vivir en lugar así–,  cree que “la lealtad suele vencer al número.”

Ni un minuto de tregua, entretenimiento durante cada maldita página y un dibujo espectacular que me ha encantado. Lucifer dibujado como una mezcla del Constantin y Bowie, elegante, carismático, arrogante, chulito pero inteligente, ágil y resolutivo.

La historia te secuestra por completo, te aísla. Supongo que en parte es por toda la mitología cristiana, pero aparte de eso, el guion es tan increíblemente poderoso que no puedes evitar leerlo de una sentada. Te sorprende. Es hábil, es una historia atractiva tanto individual como colectivamente en el contexto global de la colección.  La riqueza de los personajes, el historial que arrastran del pasado literario/bíblico/mental, los matices, la filosofía… Todo hace de este personaje y sus cómics, algo que es jodidamente obligatorio de leer y esta es una de esas reseñas en las que me quedo corto y no sé cómo más alabar una obra.

Y, por otra parte, como en todos en los cómics de esta “naturaleza preternatural” los giros son indispensables pero también lo es que estos sean creíbles, que no chirríen y que sorprendan para bien, algo que se ha logrado con creces.

Tenía mis dudas, dije en la reseña anterior. En su día Lucifer fue una gran serie, sigue siendo una de mis favoritas y le tengo un cariño especial. Por eso las dudas y los miedos. Porque cabía la sospecha de que recuperar tan icónico personaje de una serie finiquitada doce años antes, y además concluida con un cierre que no dejaba mucha opción de continuidad, era tan solo una maniobra para vender cómics. No sé si habrán vendido muchos, pero desde luego estos tres tomos, Cielo frío, Padre Lucifer y Sangre en las calles, son una continuación más que digna que, creo yo, satisfará a los que les enamoró la saga de Carey.

¡Larga vida a Lucifer!

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Paper girls. Volumen 1, de Brian K. Vaughan y Cliff Wilson

paper girls 1

paper girls 1Que Vaughan es bueno haciendo cómics es como decir que la lluvia moja. Antes del éxito de Saga, Ex-Machina y Paper girls, Brian K. Vaughan parió Y, el último hombre, Los leones de Bagdad, (obra esta menos conocida pero a tener muy en cuenta), por poner unos ejemplos y… fue guionista de… chan chan… ¡Perdidos! No llegué a terminar la de Y,  (por despiste, no por otra cosa. Es lo malo de las series de cómics que, al igual que con las de formato televisivo, hay tantas que tienes que elegir cuáles sigues y cuáles no, y esta, a pesar de estar en el grupo de las que sí, fue quedando poco a poco relegada), pero era un cómic cojonudo, muy original y de lo más entretenido que había leído hasta entonces.

Con Paper girls 1 el entretenimiento no falta, pero en cuanto a originalidad… digamos que, en principio, no es del todo original (y no hablo de que plagie ni nada parecido, ojo). Y es que nos vamos a trasladar a finales de los ochenta y todo el cómic recuerda la estética, los protas (aunque aquí en versión femenina) y situaciones típicas de esos años que hemos visto ya cientos de veces en Los Goonies, Cuenta conmigo, E.T. y pelis del estilo, (todos sabemos de qué tipo de pelis estamos hablando), y que parecen volver con fuerza –y para breve muestra tenemos el remake de It y acabamos de ver la segunda temporada de Stranger Things (aunque este cómic es anterior)– . Sí, amigos. La nostalgia vuelve y, sobre todo, ¡vende y mucho!

En este tomo se recogen los número 1 a 5 de su versión en grapas y en ella seguimos a Erin, de doce años y repartidora en bici del periódico local y a otras tres repartidoras del mismo periódico a las que conoce la noche de Halloween. Estas tres, Tiffany, Mac y KJ, se reúnen desde el año anterior en Todos los Santos para hacer juntas el reparto porque esa noche suele haber mucho loco suelto, y Erin se unirá a ellas. Y… efectivamente, si  en Todos los Santos hay locos, esa noche va a ser una puta y absoluta locura.

¿Qué puedo contar si es que…? En realidad podría contar todo y os quedarías igual al final.  ¿He dicho que Vaughan fue guionista de Perdidos? ¿Recordáis el oso polar? Bueno, al final sí que se explicó su porqué y eso espero que suceda al final de esta serie, porque deja tantos, pero taaaantos misterios dispersos ya desde este primer tomo, que es imposible no querer conocer como continúa para poder enderezar el culo.  Así que venga, ¡qué coño! Vamos a avanzar un poco más. Las cuatro chicas se dividen en dos grupos para agilizar la tarea, y a Tiffany  la atacan tres tíos con “disfraces cutres” y se llevan su walkie. Ese segundo walkie que compró tras ahorrar las propinas de Navidad. A partir de aquí sí que ya no cuento nada porque aunque os dejara igual, estropearía la sorpresa de descubrir por uno mismo las sorpresas, que son muchas, que nos tiene guardadas este cómic.

En cuanto al arte, me encanta. Corre a cargo de Cliff Chiang, de quien ya destaqué su currazo impresionante con sus trazos y diseños en la etapa de la Wonder Woman a cargo de Azzarello. El color, fundamental durante todo el recorrido es obra de Matt Wilson, quien venía de colaborar también con Chiang en la misma colección de la amazona. Mismos artistas pero un trabajo tan diferente que no parece de ellos, y aún así, increíblemente bueno.

Paper Girls 1. Un cómic para nostálgicos, para amantes de la ciencia ficción, de los misterios, de los viajes en el tiempo, de los que se comen la cabeza e inventan teorías locas sobre lo que puede pasar cuando una película acaba con final abierto y de los que, simplemente, quieren pasar un buen rato con un gran cómic.

Intriga, misterio, ciencia ficción. En definitiva un gran entretenimiento. A saber qué nos deparará este fantástico viaje en tomos sucesivos y si se resolverán todas las incógnitas. Yo no me lo pienso perder.

4,8,15,16,23,42…

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Batman Eterno Integral 1, de Scott Snyder y VV.AA.

Batman Eterno Integral 1

DBatman Eterno Integral 1e vez en cuando, cuando revistas, telediarios llenos de videos de youtube o autopromociones de series o realitis –cosas que cualquier informativo que se precie forzosamente DEBE incluir– se quedan con huecos que rellenar, echan mano de “noticias” comodín. Una de las que con más frecuencia se repite es la de las ciudades o países en los que es mejor vivir o en los que se es más feliz. Cada vez que sale alguna así me pregunto en que puesto queda Gotham. Si yo fuera gothamita, ni de coña me quedaba en esa ciudad en la que cada día, solo por salir a la calle, te la juegas. La ciudad en la que cualquiera puede ser víctima de algún payaso disfrazado, cobaya de algún doctor chiflado, destinatario de alguna bala perdida, envenenado con el agua corriente, asfixiado por el gas de la risa o moneda de cambio de algún secuestrador con ínfulas elevadas.

Me pregunto ¿por qué cojones los gothamitas de a pie, y los que no los son; da igual si ricos o pobres pues todos son pasto de los criminales, no hacen las maletas y huyen a alguna ciudad menos dañina para la salud? Porque diez millones de gothamitas, que es la población según el censo oficial, son muchos gothamitas para vivir en semejante olla a presión.

En fin, que en estas reflexiones se me va el tiempo mientras se comenta el listado de lugares agraciados. Sea como sea se quedan a vivir y Batman, pobrecito mío, tiene que desvivirse por mantenerlos a salvo gratis y a veces hasta tiene que aguantar que se vuelvan contra él.

¿Qué nos depara esta Batman Eterno Integral 1? Pues un cisco de los buenos. Vamos a tener a un Jim Gordon acusado de provocar la muerte de ciento sesenta y pico personas al provocar el descarrilamiento de los vagones de metro tras perseguir a un secuaz del Profesor Pyg. Por supuesto, Gordon irá de cabeza a Blackgate, y, a partir de aquí… ¡A partir de aquí fiesta y desmadre y quince mil frentes abiertos! Bárbara Gordon, Batgirl, fuera de sí irá hasta Brasil para probar la inocencia de su padre; tendremos un nuevo comisario en la ciudad cuya prioridad absoluta será la caza del murciélago; unos nanorobots extenderán un virús en la zona de los Narrows; Vicky Vale hará de periodista; Catwoman tendrá sus batallas que librar y el Pingüino no será menos… Y además, aparecerán también otros miembros de la “familia”: Batwoman, Capucha Roja, Red Robin, Alfred, incluso la aparición de batmans de la vieja (no recuerdo haberla visto en ningún otro cómic) Batman Inc. (recuperada, al igual que el ya mencionado y olvidado Profesor Pyg, de Grant Morrison), un par de nuevas aliadas y unas cuantas subtramas al margen de la principal, que no es otra que averiguar quién está detrás del encarcelamiento de Gordon. Porque está claro, que alguien está moviendo los hilos para controlar de nuevo Gotham. Todo tiene un fin, y ese alguien bien pudiera ser alguien a quien no vemos desde El largo Halloween. O tal vez no… Pero un otra nueva crisis se abrirá al desatarse una guerra de bandas…

Los diversos frentes están bien repartidos y no llegan a aburrir en ningún momento. Se alternan bien las duraciones de unos y otros y entretienen de lo lindo. No obstante, la subtrama que protagoniza Jim Corrigan (El Espectro) no me convence e incluso, en mi opinión, tal y como ha ido la cosa en este primer tomo sobra. Cuando busco a Batman acepto los criminales tarados, los dementes, y puedo aceptar los monstruos como Killer Croc o Man Bat, pero eso de mezclar también en una historia policiaco/detectivesca una parte mística o sobrenatural no me ha gustado del todo. Esperemos que más adelante se encarrile y tenga algún sentido.

Obviando eso, la lectura es muy entretenida, es vibrante, sorprende con los continuos giros que no te esperas y tienes prisa por encajar todas las piezas y resolver el enigma, que, parece haberse resuelto ya en este tomo, aunque con Snyder nunca se sabe y esperemos que nos tenga reservadas muchas sorpresas más.

Puede que haya personajes desconocidos si se ha estado, como es mi caso, desconectado de la trama de Los Nuevos 52 (Stephanie Brown, El Arquitecto,..) que puedan desconcertar un poco, pero no son ningún obstáculo para comprender completamente la historia hasta aquí.

En cuanto al dibujo, hay un ejército de dibujantes y todos aportan cohesión y un grafismo espectacular y detallista, pero no puedo con el dibujo de Ian Bertram. Es algo subjetivo, es como el dibujo de Corben y Crumb, se me atraganta. Por fortuna, dura poco.

En fin, que si os gusta Batman, este Batman Eterno Integral 1 es un tomo no imprescindible, sino necesario. Y aunque en parte del cómic Batman no hace acto de presencia, e incluso en algunos tramos cuando está es un mero secundario, (cosa que no es novedosa) realmente no importa, porque Batman es mucho Batman y está siempre en Gotham; Batman ES Gotham y de una u otra manera uno lo percibe cuando se leen estas páginas y tal vez sea ese el motivo por el que los gothamitas se quedan.

En definitiva, un tomo que respeta al personaje, lo hace grande, nos muestra villanos de siempre y otros nuevos, nos deja las calles oscuras y la batcueva, las cloacas, la cárcel y la locura, siempre la locura… Y, sobre todo, nos deja con ganas de más, pasando por méritos propios a ocupar su hueco en la estantería junto con las mejores obras del murciélago.

Esperemos que el segundo tomo esté, por lo menos,  a la altura de este. Apuesto a que sí.

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Equatoria, de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero

Equatoria

Equatoria“Corto me enseñó a soñar con una existencia febril e incierta”, del prólogo de François Busnel

Siempre vuelvo a Corto Maltés, como a Harry Potter, los libros de Roald Dahl o las películas de Billy Wilder. Perdonadme aquellos no que compartáis mis referencias, son una extraña mezcla generacional, lo sé.

Pero volvamos a Corto. Una o dos veces al año, cojo uno de sus álbumes al azar y empiezo a leer. Normalmente empiezo de pie, delante de la estantería, y acabo sentada en el suelo, en la alfombra, o en el primer sitio que encuentre. He leído los álbumes de Hugo Pratt decenas de veces, pero no me los sé de memoria. Creo que en eso tiene algo que ver el característico caos artístico de Pratt, que empezaba a dibujar sin saber hacia dónde iban sus historias. Y, al menos en su caso, demuestra que a veces saber el final es lo de menos.

Por todo esto que os cuento, me hace tan feliz que Norma haya decidido, ya hace unos años, continuar la obra de Pratt de la mano de unos pesos pesados como son Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Así puedo ir sumando álbumes y tengo la ilusión de poder leer historias nuevas.

Hoy vengo a hablaros del último álbum de Corto Maltés que han creado Díaz Canales y Pellejero: Equatoria.

Esta nueva aventura se sitúa en la África colonial de 1910 y empieza con el marino en Venecia, con intención de regresar a Malta en busca del espejo del Preste Juan, un objeto del que se dice que tiene poderes mágicos. Pero el barco en el que viaja Corto no puede detenerse en la isla debido a una epidemia de cólera y sigue hasta Alejandría, donde la comunidad griega, a través de su amigo Cavafis, el poeta, le dará pistas sobre el lugar en el que se encuentra el espejo.

Por el camino, se cruza con la reportera Aïda (basada en Ida Treat), con la que tiene una escena memorable jugando a las cartas, y con Ferida Schnitzer, hija de un famoso explorador alemán que vuelve a África en busca de su padre desaparecido. Estos personajes femeninos, junto a la monja Lise, una antigua esclava africana de quien no sabemos el nombre hasta las últimas viñetas e incluso la isla de Malta, personificada como una silueta de mujer, llevan las riendas de la historia. Incluso llegan a arrebatarle el protagonismo a Corto, como hicieran, por otro lado, Pandora Groovesnore o Venexiana Stevenson en otros álbumes. La misteriosa africana, a la que encuentran en medio del mar (¿os suena?), es el personaje que me ha parecido más fascinante.

En Equatoria, como en todos los álbumes de Corto Maltés, viajamos. Nos trasladamos a Alejandría, Zanzíbar, el lago Victoria y el sur de Sudán, que perteneció, con el nombre de Equatoria, al Imperio Otomano. De ahí el nombre de álbum.

Antes de irme, querría hablaros del dibujo. En las entrevistas, Pellejero dice que ha creado su propio Corto, que no podía limitarse a imitar el dibujo de Pratt. Y no sabe cuánto me alegro de que haya sido así. Porque con sus lápices ha logrado crear una sensación de continuidad que siempre me sorprende. Cuando pones uno junto a otro La balada del mar salado, y Equatoria, ves que el personaje ha ido cambiando, ha evolucionado mucho a lo largo de sus cuarenta años de historia. Y no podía ser de otro modo. Corto sigue siendo Corto porque el marino ya es un personaje mítico, un amigo. Y, como ya os dije de Bajo el sol de medianoche, la capacidad que tienen Díaz Canales y Pellejero de continuar la línea de Pratt, tanto narrativa como gráficamente, sin renunciar a su estilo personal me parece alucinante.

Cuando, a lo largo de este año, coja alguno de los álbumes de Corto, recordaré con cariño mi lectura de Equatoria e incluso puede que desvíe un poco la mano del azar para acabar leyendo de nuevo esta última aventura del marinero maltés.

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