
El festín de Babette, de Isak Dinesen

Un cuento hermoso que se lee con placer y emoción, capaz de hacer sonreír al lector al tiempo que le rueda una lágrima por la mejilla.
A lo largo del tiempo que llevo colaborando con este blog han pasado por aquí las obsesiones de Thomas Bernhard, las frustraciones sexuales de Philip Roth, las pesadillas de Cormac McCarthy y toda una serie de libros que, aunque en mi opinión son extraordinarios, no están exentos de una cierta complejidad, tanto narrativa como emocional. Tras publicar cada uno de estos comentarios, una persona cuya opinión es para mí más importante que cualquier otra me preguntaba si no podía, aunque fuera por una vez, hablar de un libro más amable, menos oscuro y retorcido; de un libro cuyo mérito residiera en su capacidad para emocionar al lector. No importa si su lectura hace reír, o llorar, o las dos cosas a la vez, pero que fuera “bonito”.
De modo que esta reseña de hoy es un poco especial, porque escogí el libro y la escribí pensando en alguien en concreto. Alguien a quien sin duda no le importará compartirla, porque sería una lástima dejar pasar la oportunidad de recomendarles El festín de Babette; un cuento maravilloso escrito por una de las mejores autoras de este género que ha dado la literatura. Y cuando digo cuento no me refiero a novela corta, ni narrativa breve; es un cuento con todas las de la ley, en el que el “érase una vez” no desentonaría en absoluto.
Así que érase una vez un pueblecito noruego perdido en el fondo de un fiordo. En él, dos hermanas continúan la labor de su padre, un recto pastor puritano que logró mantener unida y en paz a toda la comunidad durante décadas. Educadas en la más estricta austeridad, su única misión en la vida ha sido prolongar la labor del padre a través de continuas obras de misericordia. Por eso, cuando una noche aparece en su puerta una joven, empapada y asustada, buscando refugio, se ven obligadas a acogerla. La misteriosa joven, una francesa llamada Babette, ha perdido a su familia en la revuelta de la Comuna de París y no tiene dónde ir. El hecho de ser extranjera, y quién sabe si también una revolucionaria, despierta inevitablemente el recelo de las hermanas y la comunidad, pero es un sacrificio más por el prójimo que deben hacer. Aún así, pronto la joven se ganará el corazón de todos los feligreses con su sencillez y abnegación. Trabajando incansablemente, con fidelidad y entrega absolutas, Babette se convertirá, con el paso de los años, en la sombra de las dos hermanas. Y de repente, después de quince años prestando sus servicios en silencio, Babette pide un favor a sus señoras: quiere preparar una cena especial para toda la comunidad. Este inocente gesto va a conmocionar a toda la aldea y se va a convertir en la semilla de un transformación tan profunda como maravillosa.
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