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Nunca falta nadie, de Catherine Lacey

Nunca falta nadie

Nunca falta nadieLa lectura de un libro no siempre nos afecta igual y no es lo mismo leerse un libro en una época o en otra. Nuestras circunstancias personales afectan claramente a su lectura, de igual modo que un libro determinado influye en nuestro ánimo. Por eso, hay veces que el que una obra nos llene o nos guste más o menos se ve influido por la etapa que estemos atravesando en el momento de su lectura. ¿Qué quiero decir con esta reflexión? Pues que la novela que nos ocupa en esta ocasión, Nunca falta nadie, de Catherine Lacey, me ha gustado porque es una lectura francamente buena, interesante y distinta; pero que a pesar de todo, creo que en otra época de mi vida (e incluso en otra época del año; invierno, por ejemplo) me habría llegado todavía más. No obstante, si estoy escribiendo esta reseña es porque al margen de estas vicisitudes el libro me ha gustado y lo recomiendo enormemente, pero no a todo el mundo, y os voy a contar el porqué.

Nunca falta nadie es la primera novela de Catherine Lacey y la crítica literaria estadounidense ha caído rendida a sus pies, como demuestra el que fuera elegido mejor libro del año en 2014 por The New Yorker y que Lacey recibiera uno de los diez Whiting Awards a escritores emergentes, premio que lograron en su momento autores como David Foster Wallace o Jonathan Franzen. Todo este revuelo se debe a que es una novela innovadora en la que en primera persona, Elyria, nuestra protagonista, nos va a contar cómo debido a un trágico suceso pasado que no logra superar, y al hastío que sufre en su vida de escritora de telenovelas y mujer de un profesor universitario en Nueva York, lo deja todo e inicia un viaje por Nueva Zelanda. Acompañaremos a Elyria en su viaje al país austral haciendo autoestop para llegar a la granja de un escritor que conoció una noche en una fiesta, conoceremos a una variada gama de rocambolescos personajes, viviremos distintas experiencias entre coche y coche y, sobre todo, conoceremos de primera mano las reflexiones e ideas de Elyria mientras trata de encontrarse así misma.

Estaba esperando este libro desde que vi su preciosa portada y leí su argumento, así que lo cogí con muchas ganas, pero las expectativas no son buenas compañeras a la hora de comenzar un libro o cualquier otra cosa. Esta lectura no ha sido del todo lo que esperaba, sin embargo, a pesar de ello, casi sin darme cuenta, en algún momento del libro pasé por el aro, entré de lleno en la historia y quería seguir viajando con Elyria. Porque a ver, ¿quién no ha querido romper con todo alguna vez y dejarlo todo atrás?, ¿quién no ha dudado de sus decisiones y el por qué las ha tomado?, ¿quién no se ha planteado más de una vez que habría pasado si hubiera tomado otro camino?, o simplemente ¿a quién no se le han pasado por la cabeza algunas ideas descabelladas que no ha querido compartir con nadie? Todo esto es lo que es esta novela. Algo que se resume en una sola cosa: sentimientos. Nunca falta nadie es un libro que está muy vivo y que tiene alma; la de su protagonista que se expone por completo para nosotros como si fuera una rana lista para que la diseccionemos. Somos capaces de meternos en la mente de Elyria y oír absolutamente todos los pensamientos que tiene; los buenos y los malos; los lógicos y los descabellados; los que podría compartir con cualquier amigo o conocido y los que jamás querría que nadie conociera. Lo más especial de este libro es precisamente eso, que es como si Elyria nos abriera de par en par su cerebro y su corazón; y aunque no estés pasando por lo mismo que ella y aunque tengas una forma distinta de ser, de pensar y de reaccionar a las cosas, todos podemos vernos reflejados en muchos de sus sentimientos y reflexiones. Por eso, es tan fácil empatizar con ella y con su historia y, por lo tanto, dejarse llevar hasta el final como si estuvieras acompañando a una amiga en su huída a lo Thelma y Louise.

Hay personas que nos hacen sentir más humanas y otras que nos hacen sentir menos humanas, y eso es tan evidente como la gravedad, y quizá exista un modo de demostrarlo, pero la demostración importa menos que el hecho de que ocurra, el hecho de que pueda aparecer un desconocido y mirarte y hacer que tengas más sentido para ti y para el mundo, aun cuando ese sentido sea algo extremadamente frágil y solo se dé de vez en cuando, y tenga propensión a alejarse o apagarse.

Como decía al principio de esta reseña, Nunca falta nadie, es un libro que recomiendo fervientemente, pero con alfileres, no a todo el mundo porque es una historia que hay que leer sin prejuicios, que hay que leer dejándose envolver por el mundo de Elyria, cogiéndola de la mano en su viaje hasta el final sin pensar despectivamente: “esta tía está loca”. Porque si plantearse las cosas, si estar perdidos, si querer empezar de cero, si no tener respuestas para todo… es estar loco, ¡viva los locos! En una parte del libro, el profesor con el que Elyria va a refugiarse, le dice: “nada es suficientemente bueno para ti y quieres algo imposible”. Que tire la primera piedra aquel que nunca ha soñado con imposibles, aquel que siempre está a gusto y contento con su vida y no quiere o busca algo más. Todos somos un poco como Elyria, y los que sean capaces de reconocerlo son los que van a disfrutar de este magnífico y original libro.

@EvaLColmenero

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Cuentos completos, de Andrés Caicedo

Cuentos completos de Andrés Caicedo

Cuentos completos de Andrés Caicedo

Voces… siempre hay voces que salen de las páginas de los libros y te sobrecogen o te asustan o te intimidan, te provocan dolor, odio, respeto… o te dan lástima. Son voces que parecen cabalgar por encima de lo que es la mera literatura, de lo que te dicen que es una ficción recreada para nosotros, los lectores. Así, de los cuentos de Caicedo parece que cae un torbellino de gritos y palabras, parece que los filos tajantes de las hojas rajan pieles, ojos y ropas, parece que todo se desborda, que ha roto los muros de contención y nos va atrapando esa riada de ideas, de situaciones reales o irreales, de pensamientos, expresiones, decisiones…Todo eso nace de lo que nos cuentan  los protagonistas de sus cuentos, siempre en primera  persona, mostrándonos su vida, la de unos adolescentes enfrente de esa pared contra la que siempre chocan, todos, y que está compuesta en parte por arcilla amasada con todas las hormonas aceleradas y miméticas de esa edad, otra parte del muro  son esos cantos rodados que la vida que les ha tocado ha puesto allí  y, otra parte, son los cristales rotos puestos para impedir que puedan escalarlo, porque así es el modo de vida que se vivía, entonces,  en Cali.

Si quisiera decir lo que me han contado aquellas voces, lo que me ha hecho sentir el libro, lo que me han detallado todas estás noches leyendo tumbado en la cama; mencionaría que es como mirar desde un altozano una ciudad y observar lo que pasa en sus barrios, sean pobres o ricos; que es como rastrear las pisadas por las calles marginales, por los cines, por los parques, por las fiestas de quinceañeras, por los colegios, por los sitios apartados; como pasear de la mano con las novias y novios que aprenden a desear y olvidar a la vez; que es como mirar el cuadro de un dibujante que ha aprendido a dibujar las obsesiones en papel biblia; como el agrimensor que mide el abismo entre adultos y los adolescentes, ávidos, estos, de búsquedas, de nuevas sensaciones, de peleas, de amores y de odios; como el aterrado conductor que no sabe qué camino tomar en la bifurcación; como el enterrador de película que espera que los caminos mal tomados los conduzcan a él; como un grito que se oye en la noche; alguna como un sueño nacido de un recuerdo de cine.

Los gritos nacidos de sus textos se confunden y parece que los hay de angustia, de odio, de dolor por un puñetazo, de sorpresa por un navajazo, de amor por una caricia, de pena por una madre que siempre está enferma, por la nada que trae el futuro. Es un clamor que surge de esas mentes jóvenes que no necesitan nada, solo a ellos mismos y quizás un amor, algunas veces de quitar y poner, y, otras veces, de esos eternos. Pero, las palabras que nos cuentan sus historias desde su profundo ser, son siempre reflejo y expresión del modo de hablar de Calí, y, dentro de él, de la cultura y origen del que habla; y siempre serán manifestación de su verdadero pensar, sin ambages, sin ironías, sin nada que ocultar. Tan es así que, aunque el lenguaje hay momentos que expresa cosas en el argot o la dicción que en el castellano común no se entienden, esa claridad expresiva, esa sensación de confesión taladradora, ese idea sin desafinar, nos enseña claramente lo que dice, sin apenas una duda.

Si pudiera pesar las palabras de Caicedo, serían como esos pasteles de apariencia pequeña pero que cuando los coges son compactos, con esos rellenos que se desbordan al primer mordisco. Esas palabras con las que nos cuenta todo un mundo de sensaciones y obsesiones, en las que Cali será el centro de un mundo de adolescentes, casi niños, que aprenden a vivir, a pelear, a llorar, a reír, a ser derrotados, a amar, a ganar, a olvidar y, a veces, a morir, de la manera más directa. Nos presenta una serie de personajes que se mueven por la vida como si la hubieran conocido hace mil años, pero que apenas la han visto nacer, e intentan huir de su lugar asignado por el lugar donde han nacido o por el dinero de sus padres. Caicedo muestra un universo donde el sentirte diferente es necesario y, otras veces,  evitado, o donde la violencia, el conocimiento, la enfermedad, el odio, el amor sexual o fraternal, la amistad, la huida; son partes agarradas a ese mundo, en el que sus obsesiones, como son el cine, ciertos fetichismos, la literatura -en concreto de Edgar Allan Poe- , el componente sexual de toda relación obsesiva -hasta la más blanca-; son parte de la mayoría de sus historias. Sumadas todas, se crea un mundo duro y complejo de relaciones y vivencias que no  parecen poder olvidarse. El libro no te dejará hacerlo aunque solo sea por la sensación inquietante que a veces desprende.

Cada uno de estos “Cuentos completos” son pedazos de tela que el autor parece haber ido arrancando de un tapiz, y, cuando vas acabando cada uno,  poco a poco, rellenas los huecos, recompones el dibujo,  y van surgiendo unas figuras amenazadoras, turbadoras, diferentes… pero de una belleza profunda y grave, como las rocas afiladas de un acantilado o la inquietante quietud de una noche sin luna.

Caicedo está en todas partes en los cuentos, se aparece como los fantasmas de las viejas películas de Hollywood: trasparente sobre un fondo urbano. Su mente acomete todas las aventuras que le han propuesto sus historias, y va dejando su personalidad en cada frase que construye. De tal forma que arremete contra los maestros amaestrados de la cultura de su tiempo, contra la política dogmática sin peros y sin fisuras, contra la policía, contra la educación reinante, contra los moralistas. Pero también acaricia la imagen de sus pasiones: al cine, a Poe, a Cali, a la noche, a la amistad, la música, y a toda esa gente que puebla su cuentos y que, a pesar de todo, los comprende, los compadece y los observa con mimo

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El cuaderno, de José Saramago

El cuaderno

El cuadernoLeer a Saramago es tener la tranquilidad de caminar por tierra firme. Es saber que no existe el riesgo de la desilusión. Es la seguridad de abrir cualquiera de sus libros al azar y encontrarte con la lucidez, el pensamiento crítico y la ironía conformando una mezcla a la que la buena literatura no deja de agradecer. Apasionado como soy de su profundidad intelectual, leí todas sus novelas y tengo pensado releerlas. Sin embargo, antes de ponerme a navegar en aguas conocidas para encontrar nuevos tesoros, quiero culminar su bibliografía completa, incluyendo sus libros que van más allá de la novela. Es por eso que leí El cuaderno.

Este libro aglutina todos los textos que José Saramago escribió para un blog, desde septiembre de 2008 hasta marzo de 2009 y que fueron leídos por millones de personas a través de ese libro infinito llamado Internet. Conocido mundialmente por su profunda implicación en los acontecimientos cotidianos que le tocó vivir, el genio portugués no dudó en plasmar en la red diversos textos relativamente cortos a través de los cuales se encargó de difundir sus firmes y contundentes opiniones. Así, artículos sobre política, economía, religión y literatura, entre otros temas, se fueron acumulando virtualmente y fue tal la calidad del contenido, que saludable fue la idea de reunirlos en El cuaderno.

¿Estamos ante un libro que requiere conocimiento previo del autor? Está claro que habiéndolo leído uno sabe por dónde irán sus pensamientos (como en las calles inglesas, por la izquierda) y a quienes atacará sin piedad y con toda la razón (A la iglesia, a los bancos, a los políticos del establishment), pero entiendo que incluso aquellos que nunca lo disfrutaron se encontrarán con una persona que los hará pensar automáticamente, esa es la cualidad que posee el Nobel de Literatura.

Por las interesantísimas páginas de El cuaderno, podremos encontrar artículos de opinión política en los que Saramago se despacha a gusto con personajes de talla mundial como George Bush, Berlusconi o Aznar, a quienes en general les critica la falta de humanidad en el ejercicio de sus funciones, al ponerse siempre al servicio de los verdaderos dueños del mundo, que, como se encarga de advertir y denunciar el autor, no es el pueblo a través de la democracia, sino la banca internacional, ese mercado que cree solucionarlo todo y que lo único que produce es desigualdades sociales cada vez mayores. Es interesante cómo tras leer alguno de sus artículos acerca de la Democracia, a uno se le abre la mente al confirmar que su significado carece de verdad: la democracia ya no es el poder del pueblo. Es entonces cuando uno agradece de sobremanera la lucidez del autor de Ensayo sobre la ceguera, El año de la muerte de Ricardo Reis o Levantado del suelo, entre otras maravillosas obras.

Otro de los sectores a los que Saramago no duda en criticar duramente (y repito, con razón) es el de las religiones, a las que considera culpable de la desunión de los habitantes del mundo, ya que entiende que en lugar de juntar, separa, y, con toda su ironía (o tal vez no), propone a los cristianos y a los musulmanes la creación de un “tercer Dios” que deje a todos felices para que no se sigan matando por alguien, en el fondo, inexistente.

Pero no todo es tensión en este libro, ya que existen artículos en los que Saramago comparte con nosotros su característico humor, como en ese en el que pide a los políticos del mundo facilitar los trámites del divorcio ya que esto influiría directamente en el aumento de las bibliotecas hogareñas. A este divertida y relajada conclusión llegó aquel día en el que le tocó dedicar novelas en una librería y uno de sus lectores se le acercó con varios libros todavía sin abrir; al consultarlo sobre si era un lector nuevo, el pobre hombre le respondió que no, que era fanático suyo y que había leído todas sus novelas, pero que se acababa de divorciar y su mujer se había quedado con la biblioteca. Desopilante.

Lucidez, pensamiento crítico, ironía y buen humor desfilan por las páginas de El cuaderno, interesante conjunto de artículos, que tiene una segunda parte titulada El último cuaderno, que más pronto que tarde reseñaré también.

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La noche de la Usina, de Eduardo Sacheri

La noche de la Usina

La noche de la Usina“Uno olvida la mayoría de los días. Qué hizo, dónde estuvo, con quién. Tal vez de otro modo no se puede seguir viviendo. Las imágenes serían demasiadas. Pero eso no sucede siempre. Al contrario, hay momentos que no se olvidan nunca.”

Corre el año 2001 en O´Connor, un pueblo situado en la provincia de Buenos Aires. Un frío día del mes de diciembre cientos de familias se ven arruinadas al no poder disponer de su dinero, depositado previamente en los bancos, libremente. Es el fenómeno que fue denominado mundialmente como corralito y es el escenario principal de la nueva novela del escritor argentino Eduardo Sacheri, La noche de la Usina, que ha sido galardonada con el Premio Alfaguara de Novela de este año 2016.

Perlassi, Fontana, Medina, Lorgio, Rodrigo, Hernán y los hermanos López componen el genuino y humilde grupo de amigos protagonista de este libro que mezcla varios elementos propios del thriller con otros de auténtica novela de aventuras. La historia comienza cuando Perlassi descubre una oportunidad de negocio y convence a sus amigos para invertir una gran cantidad de dinero.  Cuanto todos ellos deciden arriesgarse y gastarse todos sus ahorros en este proyecto, Perlassi ingresa todo su dinero en el banco. Poco después, descubren que han sido estafados por el banquero que les atendió y por otro comerciante, llamado Fortunato Manzi, que se aprovechan de la liquidez e inmediatez de su dinero en estos tiempos del corralito. Sin embargo y para que estos culpables paguen por lo que han hecho, deciden tramar un épico plan de venganza.

La noche de la Usina es una novela que combina el humor, la tristeza y la rabia, entre otros temas. El humor irónico de este especial grupo de amigos, con los que es muy fácil conectar a lo largo de la novela, la tristeza que sienten al descubrir que han sido estafados y la rabia que les lleva a la venganza al ver frustradas todas sus aspiraciones. Porque de esto es de lo que trata, al fin y al cabo, esta novela. De la venganza de la clase trabajadora ante la injusticia y la ambición de un grupo de personas sin escrúpulos que no dudan en aprovecharse de la situación y abusar de los más débiles, de aquellos sin poder que no tienen posibilidades. Unos hijos de puta, según Sacheri, a los que se hace especial alusión en numerosos capítulos del libro, que no son conscientes de que lo son. Unas personas que piensan que todos haríamos lo mismo en su situación. De esta manera, el autor nos hace reflexionar acerca de la moral humana y de lo que nos lleva a actuar como actuamos, corran los tiempos que corran y a pesar de que las circunstancias sean difíciles.

Autor de la novela El secreto de sus ojos, cuya adaptación cinematográfica le valió el Oscar a Mejor Película de Habla Extranjera en el año 2009, Eduardo Sacheri retrata magistralmente en este libro el trasfondo del periodo del corralito bancario en una original y brillante historia con elementos de suspense, política, humor irónico y rabia. Con un lenguaje sencillo y descriptivo nos acerca la realidad de la crisis económica en la Argentina de principios de siglo a través de capítulos cortos pero intensos. Una novela de ritmo ágil cuya espectacular resolución destaca en la misma por combinar la acción, la amistad, la tensión y la rabia en una sola noche. Una noche legendaria y secreta que a ningún lector dejará indiferente. Una noche que ningún lector podrá olvidar: La noche de la Usina.

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El Quijote de Wellesley, de Javier Marías

El Quijote de Wellesley

El Quijote de WellesleyTiene que apasionarte El Quijote para que pueda recomendarte el libro del que te voy a hablar. Sí, lo sé, sé que si eres un apasionado o apasionada de la novela de Cervantes te preguntarás si hay alguien a quien no le guste, yo pienso igual. Pero quizás lo hay, porque es un libro que impone, porque muchos lo tratan y lo enseñan como algo inaccesible o simplemente, porque todavía hay gente que no le ha dado una oportunidad. Alguien que sí se la dio y que a partir de ese momento no ha dejado de leerlo – porque hay libros que se continúan leyendo aunque hayas llegado a la última página y ya lo hayas cerrado –, es Javier Marías, uno de los autores españoles más importantes del momento y miembro de la Real Academia Española.

En El Quijote de Wellesley, el escritor madrileño nos ofrece las notas que escribió para organizarse el curso que impartió en 1984 en la Universidad de Massachusetts, concretamente del mes de septiembre a diciembre de ese año. Allí, rodeado de alumnas – ya que era una Universidad solo para mujeres –, Marías impartió un curso sobre la gran novela de Cervantes en unas aulas en las que años antes habían dado clases personajes tan ilustres como Vladimir Nabokov o Jorge Guillén. Sigue leyendo El Quijote de Wellesley, de Javier Marías

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El libro de los Baltimore, de Joël Dicker

el-libro-de-los-baltimoreHace una cantidad inmoral de años un profesor me suspendió un examen parcial que yo consideraba más que aseado, y cuando le pregunté al respecto me dijo “has suspendido con un seis”, cosa que me sorprendió, lógicamente. Cuando le pregunté por esa extraña calificación me dijo que de mi esperaba un 10 y que si quería el seis me lo respetaba, pero que si iba al final con todo tenía la oportunidad de sacar ese 10 que él sabía que podía sacar. Y lo saqué. Yo no suelo decir cosas negativas en las reseñas, y esta no va a ser una excepción salvo por esta pequeña idea mía: El libro de los Baltimore es un libro correcto, entretenido, incluso adictivo y trata muchos temas del mayor interés, pero tiene ese punto frustrante de que uno de Joël Dicker tal vez espere siempre ese diez que demostró con La verdad del caso Harry Quebert que, en su estilo, es perfectamente capaz de alcanzar. ¿Y por qué aquél era mejor que éste, si es que lo era? Pues no sabría decir si realmente lo era pero sí desde luego que me gustó más y creo que no es por la historia sino por la carga metaliteraria que tenía. A mí es que me encanta leer sobre gente que escribe. Y Marcus Goldman, el protagonista, también es escritor en El libro de los Baltimore, no faltaba más, pero no es un libro sobre escritores. Sigue leyendo El libro de los Baltimore, de Joël Dicker

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Rosy & John, de Pierre Lemaitre

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La literatura puede ser un simple entretenimiento. Esta frase daría para muchos debates. Algunos dirán que los libros deben contener algo más que simples letras, frases encadenadas, ideas que dan pie a un argumento más o menos elaborado. Y tendrán razón, aunque no en todos los casos. Otros, sin embargo, dirán que los libros pueden ser el medio de evasión más completo que hay y que no le piden más a una obra: pura y simple diversión. Y tendrán razón, aunque tampoco en todos los casos. Sin considerarme ningún tipo de moderador de debates eternos, creo que a la literatura hay que tratarla como un canal donde muchos de nosotros coincidimos – o no – en nuestras impresiones sobre un libro. Todos estos argumentos vienen a colación de mi última lectura, Rosy & John, novela de Pierre Lemaitre, de sobra conocido por aquellos que gusten de la novela policíaca y que devuelve a la primera plana a su protagonista Camille, en un caso que bien podría ser representado en cualquier película de las muchas que pueblan las salas de cine, pero que convierte y considera a la literatura como ese divertimento que, a veces, se nos olvida que también puede ser un libro en concreto. Porque mucho más allá de libros que nos hagan reflexionar sobre nosotros mismos existen muchas otras ofertas que son igual de válidas.

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La confesión de la leona, de Mia Couto

La confesión de la leona

La confesión de la leona

Cuando pensamos en el acto de la caza, siempre lo hacemos estando situados en la parte del cazador, por el lado de madera de la escopeta o de la cuerda del arco. No existe, sino es en esas pesadillas nocturnas, la posibilidad de pensar que somos la parte cazada. Es labor de la literatura ponerse y ponernos en la piel del cazado, del que está en el centro del punto o la cruz de la diana o en el pegamento de la telaraña. Pero existen más posibilidades que el de ser cazador o ser cazado; podríamos pensar que puede existir un tirador que es acosado y una presa que se revuelve contra su destino, y un pueblo que descubre que los pasos del perseguidor y del perseguido son los mismos, que se confunden hasta, casi, parecer uno sólo; existe también la posibilidad de que la caza solo sea la alegoría del propio mundo y la verdadera realidad sea la que se encuentra, más allá de las balas, entre lápices afilados y, acaso, es eso lo que se halle entre las historias de “La confesión de la leona”.

Si a algo apunta Mia Couto, si a algo busca colgar en el desolladero y mostrar sus entrañas y sus despojos, es a esa parte de la sociedad de Mozambique que deja que la mujer sea el lado que más sufre, el atacado, la parte desgarrada de la cuerda, y que no permite que salga de su existencia como cautiva y trofeo de cualquiera que piense que es superior por género o nacimiento. Sigue leyendo La confesión de la leona, de Mia Couto

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Un animal es una persona, de Franz-Olivier Giesbert

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Ser animal, hace unos años, era sinónimo de estar abocado a convertirse en pasto de la poca ética y del maltrato humano. Obviamente, estoy generalizando, pero casi todo el mundo que empiece a leer esta reseña entenderá por qué lo digo. No hace tanto, las políticas que decidieron enfrentarse a la forma en la que tratamos a los animales eran, por denominarlas de alguna manera, bastante débiles para preservar la naturaleza de los animales. Y digo bien el término, naturaleza, porque es muy probable que, por aquellos tiempos, nos olvidáramos de que ellos también eran seres que sentían – y sobre todo, padecían – lo que nosotros queríamos que pasara. Por eso cuando vi el libro de Franz-Olivier Giesbert, atendiendo además a mis creencias sobre la defensa de los animales frente al maltrato animal y a ser tratados con toda la dignidad que se merecen, no tuve más remedio que empezar a leer. Y ante mí se abrieron de repente las palabras de un hombre que amaba a los animales, que los sigue amando, y que pone en el fango a la humanidad que ha intentado siempre creerse por encima de esos seres de los que se dijo que no tenían alma, que no tenían capacidad de sufrimiento y que ni siquiera tenían capacidad de razonar. Nada mejor para entender que, en la historia de la humanidad, precisamente somos nosotros los que hemos carecido de muchas de esas aptitudes. Una paradoja que está empezando a cambiar.

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Sarna con gusto, de César Pérez Gellida

sarna con gusto

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El año pasado tuve la enorme suerte de descubrir, con tardanza, es verdad, a un autor al que ya no voy a poder dejar de seguir y admirar, al menos en el terreno de la novela negra.

Su trilogía Versos, canciones y trocitos de carne, (tres tochazos, por cierto, como tres bibliacas) los fui ventilando uno tras otro sin descanso. Memento mori, el primero, la sorpresa, bautismo y comunión. Dies irae, la confirmación y Consummatum est, la comunión y matrimonio del lector (en particular de este que escribe) con el autor.

Esa fue la progresión sacramental, o vía crucis, de la religión que Gellida instauró con los amantes del género. Desde entonces miles de fieles son (somos)  los que esperaban una segunda venida…

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Soles negros, de Ignacio del Valle

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soles-negros¿Cuál es el peor crimen que puede cometerse? ¿Ante qué tipo de violencias cerramos nuestros ojos y nuestras mentes, ávidas de información, requieren de un botón de apagado? Los niños, con su ingenuidad, son las víctimas perfectas cuando se trata de describir la naturaleza humana más oscura que hay. Observamos, intentamos entender, buscamos explicaciones para que nuestra mente racional pueda entender algo que se escapa de la razón y se acerca a un universo en el que nadie quiere entrar. La infancia. Una edad que debiera permanecer inalterable, pero que en ocasiones termina por convertirse en un pozo negro de donde salen todo tipo de monstruos. Soles negros empieza con un crimen atroz, con una imagen que muchos quisiéramos olvidar de nuestras retinas, para hacernos partícipes, poco tiempo después, de cómo una época marcó la existencia y la muerte de muchos niños, de otros tantos adultos, y de un país que podría haber salido de sí mismo pero se replegó en la dictadura y el silencio. Una historia que nos lleva a otro tiempo, a uno que no se olvida nunca, y que significó para muchos el principio del fin del simple hecho de vivir en libertad.

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De cine y literatura: Candidatos Óscar al mejor guion adaptado

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oscarsEl cine y la literatura siempre han ido de la mano. En nuestra sección De cine y literatura hemos repasado ampliamente cientos de películas cuyo guion se basó en un libro. La mayoría de las veces, tanto libro como película pasaron de la mano a la posteridad, aunque no son pocos los casos en los que uno de los dos elementos pasa sin el reconocimiento público que merecería.

El próximo 28 de febrero, en el teatro Samuel Goldwyn de Beverly Hills, se llevará a cabo la 88ª edición de los Premios Óscar, y como cada año, la literatura tendrá su parte de protagonismo en una gala llena de glamour y celebrities. Aunque son muchas las películas candidatas basadas en libros, es en el premio al Mejor guion adaptado donde en LibrosyLiteratura queremos centrarnos, y por eso ofrecemos hoy este pequeño análisis de las cinco películas candidatas a dicho premio, centrándonos sobre todo en la novela o ensayo que ha dado lugar al film.

En 2015, la Academia premiaba la adaptación que Graham Moore hacía en The Imitation Game de la biografía novelada de Alan Turing titulada The enigma, del británico Andrew Hodges. En 2016, las cinco candidatas son las siguientes: Sigue leyendo De cine y literatura: Candidatos Óscar al mejor guion adaptado