
Tierra, de David Vann
“Un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre”. Son palabras de Vito Corleone. Claro que eso depende siempre de la familia. Que es mero azar. Que es otra forma de decir aquello de que “no se puede elegir”. Así que toca lo que toca. Y a veces ocurre que siempre hay algo, siempre alguien, siempre, un tiempo, en que las cosas no encajan como deberían. No sé si sucede en todas las familias, o solo pasa en algunas. Pero lo cierto es que si las piezas no se amoldan, a uno le queda después esa sensación inevitable de andar por el mundo como si estuviera un poco defectuoso. Como si tuviera la necesidad constante de estar explicándose a sí mismo. Porque hacia atrás no hay forma de reconocerse.
Así las cosas, si Don Vito Corleone hubiera leído a David Vann probablemente le hubieran entrado ganas de matarle. Vann no solo es de la opinión de que la familia no es sagrada sino que además considera que es necesario, imprescindible de hecho, abandonarla. Y cuanto más lejos mejor. Claro que el autor norteamericano proviene de un lugar atípico. Cinco suicidios, uno de ellos el de su padre, un asesinato y malos tratos. Material suficiente para escribir una trilogía, compuesta por los ya reseñados, Sukkwan Island y Caribou Island, y para la que Tierra aparentemente pone broche final. Tres títulos que funcionan como novelas independientes unas de otras, que se construyen a base de las diferentes relaciones familiares, todas ellas tortuosas y complejas y de las que es la primera la mejor, probablemente porque acude al centro del dolor, la difícil relación del autor con su progenitor. Sigue leyendo Tierra

























