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Mi nombre escrito en la puerta de un váter, de Paz Castelló

Mi nombre escrito en la puerta de un váter

Mi nombre escrito en la puerta de un váterAún no lo he vivido en mis propias carnes, pero es por todos conocido que la aventura por la que tiene que pasar un escritor novel —e incluso no tan novel— para publicar sus obras hoy en día es enormemente compleja y, en muchos casos, desoladora. Es cierto que actualmente el recurso de la autoedición está al alcance de todos; hay varios ejemplos de personas que han conseguido llegar a un público numeroso a través de este método, pero si obviamos estos casos puntuales, de nuevo la realidad nos muestra como, casi diariamente, libros en los que sus autores han puesto horas y horas de esfuerzo y de cariño quedan huérfanos de lectores. Esto que se debe, seguramente, más a la dificultad para hacerse ver en el hiperpoblado mundo literario que a la calidad de los textos.

Mauro Santos, el protagonista de Mi nombre escrito en la puerta de un váter, la última novela de Paz Castelló —quien, por suerte, sí que ha encontrado una editorial que le publique sus obras— es uno de esos escritores de indudable talento al que, sin embargo, no le ha acompañado la suerte a la hora de difundir sus textos. Por cosas del destino Germán Latorre, un conocido presentador de televisión, descubre su trabajo y le ofrece escribir para él, de forma que las novelas resultantes se publiquen bajo el nombre de Latorre. Que sea su negro, vaya. La relación es un éxito, tanto a nivel económico como de prestigio, debido a la calidad de los textos y a la fama del falso escritor, pero un buen día Mauro, cansando de que éste se lleve sus méritos, decide dejar de escribir para él. Esta situación se une a su participación en un reality literario en el que, para más inri, uno de los miembros del jurado es su antiguo mecenas, que hará todo lo que esté en sus manos para obligar a Santos a retomar su trabajo a su sombra.

La novela me enganchó desde muy pronto y creo que eso se debió en su mayor parte al estilo narrativo de la autora. Periodista antes que escritora, Castelló demuestra ser una gran creadora de tramas, ya que en esta novela las tenemos de todo tipo: un triángulo amoroso, toques de humor ácido, una fuerte crítica a los medios de comunicación y a la industria editorial, una pizca de esoterismo…y más ingredientes que prefiero no mencionar para no desvelar demasiado, ya que considero que otro de sus grandes alicientes es la capacidad de sorprender y de dar fuertes giros al guion, especialmente a partir de la segunda mitad del libro. Aunque confieso que intuí el final—son muchas horas de mi vida invertidas en ver capítulos de Castle—, Castelló ha logrado que fuese alargando mis sesiones de lectura noche tras noche. Las ojeras del día siguiente, muchas veces, son el síntoma de cuanto te está gustando un libro (y las mías han sido grandes y profundas).

No voy a desvelar más, por tanto, pero no puedo sino recomendar esta lectura a todos aquellos que quieran disfrutar de un relato que atrapa desde el principio, con unas subtramas y unos personajes muy bien construidos. Tengo la intuición de que Paz Castelló no va a tener que hacer de Mauro Santos para ningún Latorre aunque, tal y como vende la situación del mercado editorial en Mi nombre escrito en la puerta de un váter, no me quiero ni imaginar la cantidad de escritores que vivirían felices en ese papel.

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La muerte es una vieja historia, de Hernán Rivera Letelier

la muerte es una vieja historia

la muerte es una vieja historiaDice parte de la contraportada: “Un violador acecha a las mujeres en el cementerio de Antofagasta. Las víctimas declaran haber sido arrastradas al interior de un mausoleo por un sujeto de voz aterradora y que huele a muerto.”

¿Pinta bien, eh? ¿Cómo resistirme? Si añadimos que en esta novela negra la pareja protagonista encargada de resolver el misterio es de lo más pintoresco, el libro va a la buchaca.

Pero antes de meternos a mayores con La muerte es una vieja historia, quiero incluir parte de la cita de Raymond Chandler que Rivera Letelier ha antepuesto a su novela:

“Hace tiempo que me he persuadido de que lo que hace aburridas a las novelas policiales, al menos en un plano literario, es que los personajes se extravían cuando ha transcurrido un tercio. A menudo la apertura, la puesta en escena, es establecimiento del trasfondo, es muy bueno. Pero después la trama se espesa y los personajes se vuelven meros nombres.

¿Qué puede hacerse para evitarlo? Se puede escribir acción constante, y eso está muy bien si uno lo disfruta. Pero lamentablemente uno madura, uno se vuelve complicado e inseguro, uno se interesa en los dilemas morales más que en quién le rompió a quién la cabeza…“

Se puede o no estar de acuerdo con esta afirmación, o puede que se dé en algunos libros y no en todos. También es cierto que ha llovido mucho y se ha escrito aún más desde que Chandler hablara así. Sea como sea, en este libro no hay extravío alguno. No hay aburrimiento posible en esta historia de casi 200 páginas que se leen con mucha facilidad, con pocas descripciones que corten el ritmo, con un lenguaje simple, directo y cercano que incluye además vocablos típicos de Chile, país de origen del autor, que no hacen sino aumentar el nivel de “rareza” y frescura de la novela.

Porque sí, la sensación que nos acompaña durante la lectura es de ligera extrañeza ya empezando por la pareja de detectives. Mira que hemos visto y leído detectives, tanto en solitario como en pareja, de todo pelo y condición, pero es la primera vez que veo un detective que se ha sacado el título por correspondencia (“CCCC eso son muchas cés” –lo siento tenía que meter La Hora Chanante–) acompañado por una joven religiosa evangélica que, según cuentan está buena y es sensual aparte de dársele bastante bien el negocio detectivesco.

Todo, como buena novela negra, inmerso en la realidad y problemática social del lugar (sin ir más lejos el Tira, que así se llama el hombre, es detective porque se quedó sin su curro en la mina y resolver crímenes era su pasión secreta) y aderezado con unos diálogos con pullitas y piques sobre la religión, el correcto proceder, la moral humana y sentencias bíblicas, que le van que ni pintada a la trama.

La acción constante a la que se refería Chandler en su cita, es aquí el diálogo que mantienen estos dos durante toda la novela. Los avances que hacen son lentos e incluso torpes pero la tensión se mantiene durante todo el relato. Queremos encontrar al violador tanto como ellos y vamos dando los mismos palos de ciego que ellos. Al fin y al cabo este es el primer caso de la hermana y el primer crimen del Tira ya que, hasta ahora entonces había sido uno de esos detectives que se dedican a demostrar con fotos las infidelidades conyugales. Así pues, estamos tan pez como ellos.

Los tres tercios de La muerte es una vieja historia son un aire nuevo en este género. Un libro bien narrado, original en muchos aspectos, con sus dosis de humor, misterio y toque macabro, y un final que cada lector es libre de interpretar.

Es casi seguro que este sea el origen de otra saga policiaca. Yo así lo espero. Letelier se ha lucido en su primera incursión en el género y tendrá mi apoyo si decide contarnos más aventuras de esta nueva extraña pareja.

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Los brazos de mi cruz, de Juan Herranz

Los brazos de mi cruz

Los brazos de mi cruz109 páginas tiene este libro de Juan Herranz, no necesita ni una más para todos aquellos que, como yo, se logren meter en la historia en el minuto uno de sentarse con el libro en una mano y en la otra una copilla de buen vino, que todo hay que decirlo, no es agradable pensar en un Hitler vivo y capaz de ponerse en paz con la vida antes de morir, ya viejo y en el cénit de su existencia, sin suavizarlo y tener algo a mano para digerirlo un poco… Ya me entienden.

Porque lo que nos trae el autor en Los brazos de mi cruz, es una especie de diario de uno de los peores genocidas que la historia nos ha dado, iniciándolo en el momento en que cumple ochenta años, el 26 de Abril de 1969. Cada capítulo nos lleva del presente, de su situación actual en una residencia en Argentina, a algún pensamiento del pasado. Un pasado repasado una y otra vez… y asumido.

“3 de marzo de 1970. Los filósofos

Me gustaba mucho la filosofía. Ahora ya no tanto. En mis días de juventud y miseria en Viena, entre los sabañones del frío y el dolor del estómago vacío, me alimentaba de las mentes pensantes que iluminaban por entonces a la humanidad.

Leer a Nietzsche en esas condiciones deplorables es completamente insano…”

Y es que la filosofía o cualquier otra lectura, pueden ser perjudiciales durante la formación de un chaval sin que haya un acompañamiento que enseñe a reflexionar. De todo se puede hablar y debatir, pero no todo se puede hacer. La formación del ser humano no está solo en los libros, está en la familia y en la sociedad.
Los brazos de mi cruz, Un libro que he leído en la soledad de la noche, con música clásica de fondo, no Wagner, de ninguna manera podía permitirme darle ese gusto, han sido un par de noches de estas últimas Navidades, rodeada de cosas que me alegran, porque la mente volaba de vez en cuando hacia la reflexión del pasado…

¿Sería capaz de perdonar la humanidad a un ser como este? Como él mismo se lamenta de alguna manera en uno de los capítulos, Franco terminó siendo reconocido por los aliados, al menos dejado al margen y gobernó y murió de viejo, y el mundo miró para otro lado. Ha pasado lo mismo con muchos dictadores que eran necesarios para los poderosos.

Es extraño, la vida da muchas vueltas, y a mí me siguen repugnando estos seres capaces de hacer lo que hicieron o mandaron hacer estos grandes genocidas, pero no podemos olvidar que todas estas cosas pasan porque la sociedad en su conjunto lo permite, cada cual con su motivo, ya sabemos eso de que «Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista…”

Ahora miramos a Siria, como ayer mirábamos a Palestina, anteayer a los Balcanes, pero mirar no es suficiente, hemos visto demasiado y hemos hecho demasiado poco, ya ni salimos a la calle…

Quizá nos salve la poesía, poesía que surge para ser gritada por cada esquina de cada calle, para lanzar sus versos libres por la redes sociales, conozco poetas que deberían ser los periodistas de la vida.

La literatura está haciendo lo que debería hacer el periodismo, y un día daremos importancia a esos escritores-periodistas que, como Jean Rolin, Annik Cojean, o Janja Bec nos muestran ese mundo que no vemos. También fotoperiodistas como Gervasio Sánchez han tratado de hacérnoslo ver… Pero seguimos ciegos.

Mientras yo estaba leyendo esta novela de Herranz he descubierto que el libro más vendido estas navidades en Alemania ha sido MEIN KAMPF, (Mi lucha), de Adolf Hitler…

¡Malos tiempos otra vez para la filosofía!

El ser humano no tiene remedio. Como dice la canción de Serrat:

“Nunca es triste la verdad
lo que no tiene es remedio…”

Pues eso.

Muy recomendable esta novela corta de Juan Herranz para no olvidar que no hay que olvidar.

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A través de mis pequeños ojos, de Emilio Ortiz

a traves de mis pequeños ojos

 a traves de mis pequeños ojosTodos sabemos que los gatos quieren dominar el mundo, pero son los perros los que tienen el poder. Este no es otro de esos libros de perros que son animales de poder y se enfrentan a fuerzas del mal ni de perros desalmados que juegan con los ahorros de las personas decentes en Wall Street. Ni siquiera es de esos en los que se narra el auge y caída o caída y auge del perro de clase obrera que triunfa en un reality show y hace anuncios de cacahuetes garrapiñados. No. Si buscáis eso en este libro, ya os podéis ir con viento fresco.

“Nada más nacer te marcaron un destino, un destino aún no prefijado del todo, pero marcado: fuiste elegido para ser un perro guía; más tarde te robaron la sexualidad, el derecho a poder disfrutar de tu natural sexualidad; después te clasificaron para mí, para que fueras mío y estuvieras a mi servicio, a mis órdenes. Nadie te preguntó si querías hacerlo, nadie te preguntó nunca nada.
Entrenaste duro, muy duro, cuando todavía no me conocías. No fue nada fácil, tú eras un cachorro y querías jugar. Tú siempre quisiste jugar, pese a todo te obligaron a aprender. Nadie te preguntó nada. Fue duro, muy duro.”

Este es un extracto de una de las cartas que Mario escribe a Cross, su perro guía durante diez o doce años. Y es a la vez un resumen de la vida de tantos y tantos animales puestos a servicio de los seres humanos para fines tanto prácticos como inútiles.

De eso va A través de mis pequeños ojos. De lo que ve, piensa y siente un golden retriever que ha sido elegido para ser los ojos de un invidente. Un perro que, como dice el extracto anterior, solo piensa en jugar. De hecho, es el más revoltoso de los perros guía del grupo en el que Mario, su dueño, y el propio Cross “aprenden” a trabajar juntos.

El libro comienza en EE.UU. en un centro de adiestramiento para humanos invidentes y perros guía. Cross nos hablará de sus impresiones, de lo raras que le parecen algunas costumbres de los “humanoides”, de los olores que le gustan, de la injusticia de comer solo una vez al día mientras los seres de dos patas comen más veces, y de cómo poco a poco va fraguando entre persona y animal el cariño, la amistad y el amor.
A medida que pasa el tiempo Cross aprende cómo guiar a Mario, e incluso sabe sin que él se lo diga, por una especie de “energía telepática” a dónde quiere ir. Se convertirá en un gran perro guía, aunque eso no quiere decir que de vez en cuando no haga alguna trastada.

En el libro también somos testigos de la evolución de Mario. Tras sacarse la carrera su sueño es tener su propio negocio. Sacarlo adelante por sus medios, sin contar con la ayuda económica de sus padres. No lo tendrá fácil al pedir un préstamo. La idea es buena, pero los prejuicios de que al frente de una empresa, y más de la que quiere montar Mario, esté un invidente son un gran obstáculo.

Los días, los meses, los años… se suceden con rapidez y el lazo perro/humano se hace más fuerte, hay más compenetración, lealtad y fidelidad. Llegan a ser un todo en el que no se entiende al uno sin el otro. Si esto les pasa a todos aquellos que quieren a sus mascotas, más fuerte aún es este vínculo cuando la persona es invidente. Porque ellos lo saben. Saben que su dueño es ciego y están pendientes de ellos.

El final es triste pero sin caer en el melodrama, bien armado y bien rematado. Y os voy a hacer un espoiler, ¡qué demonios! Lo típico en esta clase de libros es que el perro muera al final. Podéis estar tranquilos porque en A través de mis pequeños ojos no sucede eso.

Un libro divertido, conmovedor, entrañable, fácil y rápido de leer que gustará a cualquiera con independencia de que tenga o no perros, pero que sobre todo hará las delicias de los amantes de los peludos.

Un libro que homenajea merecidamente el sacrificado trabajo de todos los perros guías del mundo.

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Mary Shelley: la muerte del monstruo, de Raquel Lagartos y Julio César Iglesias

mary shelley la muerte del monstruo

mary shelley la muerte del monstruoEn aquel verano sin verano de 1816, la mansión Villa Diodati acogió la reunión literaria más famosa de todos los tiempos, en la que surgieron los dos monstruos que han marcado la literatura para siempre: la figura del vampiro romántico, creada por John Polidori, y la criatura de Frankenstein, creada por Mary Shelley. Doscientos años después, Raquel Lagartos y Julio César Iglesias publican Mary Shelley: la muerte del monstruo, una biografía especulativa en la que, a través de la introspección psicológica de Mary Shelley, plantean dónde comienza la mente de la creadora y dónde termina la del monstruo.

¿Cómo pudo una mujer de tan solo diecinueve años escribir sobre la vida y la inmortalidad, la decencia y el mal, la soledad y el amor, del modo en el que lo hizo Mary Shelley? No fue solo gracias a su talento, sino fruto de una vida que estuvo marcada por la muerte desde el principio. Esta novela gráfica —con ilustraciones en blanco y negro en las que aparece el color rojo cuando la pasión o la muerte hacen acto de presencia— destila ese romanticismo del que Mary Shelley y su monstruo son un referente, creando una atmósfera pesimista que traspasa la página para que el lector sienta el dolor de uno y otro. ¿Quién traicionó a quién: la criatura eclipsando a su creadora o la creadora desvirtuando su obra, al sucumbir finalmente a los preceptos de la sociedad?

Para quienes no hayan leído Frankenstein o el moderno Prometeo, Mary Shelley: la muerte del monstruo es una oportunidad ideal para descubrir la grandeza de este clásico de la literatura y de su personaje que, pese a ser conocidos mundialmente, el tiempo ha simplificado hasta vaciarlos de contenido. Frankenstein o el moderno Prometeo plasmó los temores de la época victoriana: una ciencia que parecía capaz de todo sin tener que responder ante Dios, el empoderamiento de las mujeres y la rebelión de los humildes. El monstruo, una criatura que nada tiene que ver con el ser torpe y estúpido que el teatro y el cine se han encargado de popularizar, ni siquiera tiene nombre —aunque se le haya adjudicado el apellido de su creador, Víctor Frankenstein, lo que no deja de ser representativo de la relación de Mary Shelley con su obra—, y no es más que un bebé abandonado que solo ha conocido la maldad del ser humano, pero que llega a ser inteligente y cultivado gracias a la lectura. Pero, ante todo, Mary Shelley: la muerte del monstruo es un merecido reconocimiento a una mujer que, aun teniendo una excepcional sensibilidad y lucidez, siempre estuvo a la sombra de los demás: primero, a la de sus padres (el librepensador William Godwin y la escritora feminista Mary Wollstonecraft); después, a la de su pareja, el poeta Percy Shelley y, finalmente, a la de su obra, el monstruo más famoso de la literatura. Mary Shelley, la mujer que pudo cambiar el pensamiento de su época, acabó enferma y derrotada, traicionando a su monstruo y, en consecuencia, a sí misma. Mary Shelley: la muerte del monstruo plasma cómo la difícil disociación entre obra y autora marcó el resto de su existencia y consigue un libro tan triste y conmovedor como las fuentes a las que hace referencia.

Frankenstein o el moderno Prometeo fue el retrato de una sociedad inmisericorde y Mary Shelley: la muerte del monstruo es el homenaje a la mujer que lo escribió y a su trágica vida, origen y consecuencia de su obra. Solo quienes lean ambos libros descubrirán quién es el verdadero monstruo de la historia, de nuestra historia; y, quizá, tras doscientos años de incomprensión, amen a la criatura de Frankenstein tanto como Mary Shelley lo hizo.

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Patas de perro, de Carlos Droguett

Patas de perro

Patas de perroTe has tenido que sentir extraño alguna vez, aunque sea simplemente porque te gusta leer y porque no entiendes que los demás te miren raro cuando escoges quedarte leyendo antes que dar un trago de cerveza en compañía. Sí, hay tiempo para todo pero, ¿a que si te dieran a elegir te quedarías con leer? Pues ese sentirte extraño, que tú ves como algo normal – yo también, no te preocupes – a veces te golpea fuerte y te saca de la cama y te lleva a fiestas a las que realmente no quieres ir; pero otras veces te acaricia, te abre un libro y te acompaña con aventuras durante horas y horas. ¿Sí o no?

Vale, ha quedado claro que los raros, que los extraños, somos los lectores. Pero ahora imagina que el sentirte extraño viene producido porque en vez de piernas humanas has nacido con piernas o patas de perro. Eso le pasa a Bobi y eso es lo que nos cuenta Carlos en Patas de perro. Bajo el mismo nombre del autor, este Carlos narra su historia de convivencia con Bobi, un niño a quien acogió tras ver en sus ojos la tristeza de ese fuerte golpe de la extrañeza que comentábamos antes. Bobi no es capaz de sentirse ni perro ni humano en su propia casa, siempre desplazado, siempre desatendido, junto a su familia pero solo. Aparece Carlos para llevárselo con él e intentar darle un amor y un calor nunca visto ni por uno ni por otro.

De esa convivencia surge Patas de perro, la narración de la vida desde unos ojos externos de un niño con parecido de perro o un perro con parecido de niño. Nunca he sabido decidir si es mejor un humano que un perro y por eso no sé si lo que nos cuenta aquí Droguett es la historia de un niño perro o de un perro niño. Lo que sí sé es que a través de unas construcciones sintácticas extensísimas que parecen la expansión de un rizoma y con una cascada incontrolable de adjetivos, el chileno consigue hipnotizarte hasta el punto de verte a ti mismo subrayando el libro sin control. Como si uniera paréntesis mentales con diálogos y con la propia narración, este continuo que es Patas de perro – y que desde Malpaso venden como la mejor novela chilena de todos los tiempos – pega muy fuerte, se enfrenta a lo que pensamos que es humanidad para arrancarle la careta y mostrarnos que nada de eso es verdad.

Carlos Droguett nos lleva en este libro al universo de la alteridad, al peligro que es sentirse diferente, al imán social que es la igualdad, a la miseria como resultado si te sientes extranjero en tu tierra. A Bobi no le dejan vivir por ser distinto y tiene que huir. Bobi siempre huye, incluso de sí mismo. Bobi es «una trampa de la naturaleza». Y Patas de perro, tal y como nos dice en cierto pasaje Carlos, no es más que «la lenta destrucción de un ser que vivía extrañado de vivir y más extrañado todavía de que no se le dejara vivir».

Tú no lo sabes pero cuando te apartas del mundo, cuando posas tu vista en un libro y te olvidas de lo que hay a tu alrededor, cuando apagas la luz a lo externo, cuando viajas a través de la tinta; sin notarlo, sin darte cuenta, y siempre – te lo aseguro -, tus piernas se convierten en patas de perro. Todos somos Bobi porque todos somos otro.

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Bravura, de Emmanuel Carrère

Bravura

BravuraLa sinopsis de esta novela –una de esas sinopsis eternas de Anagrama– nos informa de que un morceau de bravoure es una expresión francesa que “designa aquel fragmento de una obra en la que el creador despliega todo su virtuosismo”. No se me ocurre un título más adecuado para esta novela. Bravura es un juego literario y un ejercicio formal de Emmanuel Carrère en el que nos sorprende con una charada espectacular, pirotécnica y muy bien documentada.

Escrita en 1984, Bravura es la primera novela del autor y, si esta es una primera obra, me he quedado con ganas de saber cómo escribirá este hombre hoy (vosotros podéis comprobarlo aquí) porque Bravura es ya una novela madura, y al mismo tiempo experimental, de la que, como escritor, se puede aprender mucho.

Porque Bravura no es una novela, sino varias, integradas en un juego de cajas chinas. En ella encontramos ciencia ficción, romance, misterio y mucha novela gótica. Es impresionante como Carrère juega con los géneros para crear su particular Frankenstein, porque la novela, además de serlo, va de eso, de Frankenstein.

Comienza con Polidori, el médico inglés y secretario de Lord Byron que escribió El vampiro. Polidori, con apenas veinticinco años pero consumido por su frustración, miedos e inseguridades, vive en la indigencia en el Londres de la Regencia. Adicto al opio, el médico fluctúa entre la paranoia y la rabia y le echa la culpa de su suerte a Mary Shelley y, en menor grado, a Lord Byron. Después de acompañar los enloquecidos pensamientos de Polidori al menos setenta páginas, el lector pasa a la mente del capitán Walton, personaje por partida triple (es el capitán que cuenta la historia de Frankenstein en la novela de Mary Shelley, un personaje de Polidori y también cobra vida propia en la novela de Carrère), a la de Ann, una escritora de novela rosa que se encuentra metida de lleno en una historia de ciencia ficción, o, finalmente, a la de la mismísima Mary Shelley.

A lo largo de la novela Carrère analiza, recrea y reescribe desde diversos ángulos la historia de Frankestein pero también la de su creación, aquel verano de 1816 en la villa Diodati en el que Lord Byron retó a Percy Shelley, Mary Wollstonecraft Shelley y Polidori a escribir un relato de fantasmas. Tanto Percy como Lord Byron, ambos poetas, abandonaron pronto el proyecto. Pero no fue así en el caso de Polidori, que escribió el cuento de El vampiro del que hablábamos al principio, ni Mary Shelley quien, con diecinueve años en aquel momento, moldeó al inolvidable Frankestein.

No podía ser de otra manera, Bravura ha sido una lectura extraña. Es un libro de inicio lento, del que cuesta pillar el ritmo porque no sabes por dónde va a salir, pero las últimas ciento cincuenta páginas se leen de un tirón. Una vez has entrado en su juego, Carrère te arrastra hasta los límites de la novela. Y además hay que tener en cuenta que escribe muy bien, tan bien que a veces da hasta rabia.

Bravura es una novela torrencial, a veces densa, sin apenas diálogos, que cambia radicalmente de estilo a medida que articula las diversas historias que la conforman. Si en la primera parte, en la que estamos en la cabeza de un Polidori, pensamos que vamos a acabar contagiados de su locura y ansiedad, en la parte en la que seguimos a Ann, la novela es mucho más ágil, rápida y fresca. Bravura está muy bien trabada, pero al mismo tiempo, sus partes están tan diferenciadas que tienes la sensación de estar leyendo libros distintos. Su autor juega con la metaliteratura, inserta textos dentro de textos, mezcla datos históricos con invenciones descabelladas y te lo hace pasar realmente bien. No os diré cómo acaba, pero Carrère es capaz de cerrar el círculo y desentrañar el magnífico laberinto que ha creado y, cómo no, con virtuosismo.

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Galveias, de José Luis Peixoto

Galveias

GalveiasPortugal es un país que me encanta. He vivido allí durante un año y he visitado en muchas ocasiones sus ciudades y pueblos. Me gustan sus gentes, su lengua, su cultura, su gastronomía y esa decadencia tan visible en ciudades como Oporto o Lisboa. Es un país que me produce una nostalgia enorme, pero una nostalgia sumamente positiva. Como un fado, Portugal me envuelve y yo solo puedo dejarme llevar. Además, siendo extremeña, cruzar la frontera es realmente fácil y rápido. ¿Veis? Ahora me han entrado muchas ganas de perderme en uno de sus encantadores pueblos, pasear por sus calles y tomar café en cualquiera de sus cafeterías (por cierto, el café portugués es uno de los mejores del mundo).

Cuando viví allí con una beca Erasmus estuve en Braga, una ciudad que está en el norte del país, cerda de Oporto. Braga no es una ciudad muy grande y donde yo vivía, a las afueras, aquello parecía aún más una aldea con sus quintas, sus calles empinadas, fuentes y típicos aldeanos. Así que algo sé de ese Portugal más rural. En Galveias, José Luis Peixoto (1974) sitúa la historia en su pueblo natal (el mismo que da nombre a la novela). No sé si conocéis a este autor, pero es uno de los más importantes escritores portugueses de la actualidad. (¡Hay vida más allá de Saramago!) Hace poco os hablamos de su novela Dentro del secreto.

El libro, publicado por Literatura Random House, recrea la vida rural en Galveias, en el norte del Alentejo (muy cerca de Extremadura). Pero la narración de la cotidiana vida de este pueblo arranca con un suceso: una noche de enero de 1984, una serie de explosiones y movimientos sacuden la tierra de Galveias. Los vecinos, desconcertados, no saben bien qué ha ocurrido ni de dónde viene ese olor a azufre. Seguirán días de lluvia torrencial y desde esa noche, esa presencia inquietante trastocará y acompañará la vida de los vecinos. Este será el punto de partida para conocer a los habitantes de Galveias, privada y públicamente. Esta novela es un retrato de vida y de la realidad rural que se desarrolla en los pueblos portugueses (bastante parecido a lo que ocurre en nuestro país).

Así, conocemos a personajes como Isabella, la brasileña que regenta la panadería y que también es la dueña del burdel, los hermanos Cordato (que llevan cincuenta años sin hablarse), Miau, el tonto del pueblo, la familia Cabeça o el cartero Joaquim, quien conoce todos los secretos. Todo un elenco de personajes de lo más variopinto, bien definidos y caracterizados y que representan la vida cotidiana de Galveias reflejando la sociedad rural portuguesa en la que creció este autor.

Peixoto es un escritor duro y cuando digo duro quiero decir tremendamente genuino y real. No adorna su narrativa: la presenta fría, seria y en ocasiones hiriente, así como la vida misma.

En este universo cerrado que es Galveias, cada capítulo cuenta una acción diferente, sin un aparente vínculo con la anterior. Un entramado de capítulos que va tejiendo la vida diaria del pueblo y sus personajes.

Lo cierto es que es una novela bastante real que esconde mucho simbolismo entre sus páginas y un cierto sentido poético. Ese suceso inicial que os he contado y que es el punto de partida de la novela representa algo así como un mensaje divino: es el vínculo de unión entre el universo y Galveias.

Una novela cruel y dura que esconde mucho más entre sus líneas y cuyos personajes, genialmente desarrollados, representan una realidad rural que a veces se nos escapa.

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Loco, de Rainald Goetz

Loco

LocoLa locura es un tema muy complicado de acotar, ya que incluye un número casi infinito de posibles manifestaciones. Todos tenemos nuestro grado de locura, de irracionalidad a la hora de actuar y de gestionar nuestras emociones. ¿A partir de qué punto hay que considerar que alguien está loco? ¿Cuál es el baremo para decidir que una persona no está preparada para convivir en sociedad y que, a pesar de que sólo una parte de sus facultades cognitivas están dañadas, debe ser fuertemente medicado y recluido en un centro psiquiátrico?

Loco, novela que fue publicada por primera vez en 1983 y que supuso el debut novelístico de Rainald Goetz, no busca contestar a estas preguntas, sino que se dedica a ahondar aún más en ellas. El escritor alemán es, ante todo, un provocador: sabe cómo incitar a la reflexión a los lectores a través de frases crudas y directas, de personajes y planteamientos que relativizan y caricaturizan todo, dejando un poso de dudas que, especialmente, incide en cuestionar la legitimidad de los profesionales de la medicina para determinar qué personas deben ser tratadas y con qué métodos.

El protagonista del texto, Raspe, es un médico recién salido de la facultad que al comenzar a trabajar en un hospital psiquiátrico descubre lo alejados que se encuentran sus planteamientos de la realidad que se aplica a los pacientes de ese centro. Pero, más interesante aún que la propia historia del psiquiatra me ha resultado la sucesión de monólogos de pacientes y profesionales de la medicina que se suceden antes y después de que dé comienzo el relato principal. Es en ellos donde el autor emplea mayor originalidad y esmero para presentarnos las reflexiones y obsesiones de quienes tienen que convivir con la locura todos los días de su vida. Muchos de estos textos duran apenas unos párrafos, pero la manera en la que Goetz te introduce en sus mentes hace que algunos sean realmente angustiosos y duros de digerir. Por poner un ejemplo, casi todo el mundo ha conocido a personas a las que, por su edad, es necesario repetirles varias veces las cosas y que, aun así, se les acaban olvidando a los pocos minutos. Esta misma situación tocada por la pluma del escritor alemán tiene como resultado una lectura realmente tortuosa.

Otro interesante debate que abre este libro es la gran diferencia que existe entre la forma en la que los académicos estudian e interpretan la locura y cómo ésta se manifiesta realmente. Esta dicotomía no es exclusiva de este ámbito, ni siquiera del mundo de la medicina; por regla general, la academia, los investigadores, suelen estar bastante alejados de la sociedad a la que estudian, lo que provoca unos desajustes gigantescos entre lo que se presupone que debe ocurrir y lo que verdaderamente ocurre. Los conflictos entre las diferentes corrientes dentro de la psicología en torno a cómo se debe atender a los pacientes —la temible terapia por electrochoque siempre está en el aire— también aparecen con frecuencia y dotan al texto de una mayor riqueza y complejidad.

Extraña, provocadora, inquietante…son solo algunos de los adjetivos que se me vienen a la cabeza para valorar Loco, una novela que en ocasiones resulta críptica y caótica pero que, en mi opinión, consigue acercar un mundo tan hermético como el de la psiquiatría sin imponer una visión concreta, sino que opta por animar a los lectores a reflexionar sobre nuestra propia concepción de aquellos que, como apunta una de las múltiples voces que se suceden en este relato, tienen el alma enferma.

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El duelo es esa cosa con alas, de Max Porter

El duelo es esa cosa con alas

El duelo es esa cosa con alasDesde un primer momento supuse que este libro me iba a doler y me enfrente a él un poco con un escudo, un poco con curiosidad y a la vez con fuerza. Sé lo que es el duelo (o al menos mi particular duelo) y sé el daño que provoca. Sé que puede destrozarte, aniquilarte, convertirte en la sombra de lo que fuiste. Sé que el duelo es necesario y que hay que pasarlo. Sé que el duelo no es algo temporal, que en realidad se acomoda y se instala en nuestras vidas y que hay que aprender a convivir con él. Pero finalmente acaba por dejar de doler tanto, acaba por hacerte fuerte. Para Max Porter el duelo es un cuervo, para mí, el duelo es frío: glaciaciones y tiritonas sin nada a mano con lo que cubrirse, con lo que cubrir la pena. Sí, el duelo es algo tan único que cada persona lo experimenta a su manera. La idea de que el duelo sea un cuervo que grazna, que siempre está presente, que habla y que recuerda es inquietante. Pero quién soy yo para decirle a este autor nada sobre su duelo. Ni se me ocurre.

La editorial :Rata_ es valiente. ¿Por qué? Porque su catálogo es original, atrevido y muy personal. Hace poco leí Precoz y, al igual que este libro, me dejó un poco tocada, para qué os voy a engañar. Son libros atípicos y con mucha fuerza. Libros que no dejan a nadie indiferente, pero no aptos para todo tipo de lectores. En ese sentido son un poco sibaritas los de :Rata_ (y me parece genial su propuesta).

El duelo es esa cosa con alas entra dentro del tipo de libro que os acabo de explicar. Ni siquiera sé si es una novela, una colección de poemas, un diario o qué se yo. Sólo sé que es un libro para ser leído (¡valiente comentario!), un libro que nos pide que nos dejemos llevar. Yo lo he hecho. He dejado que Max Porter me llevara por sus líneas a su duelo personal. ¿El resultado? Muy positivo. En ocasiones doloroso, pero positivo.

En este libro se mezclan tres voces: la voz del padre que ha perdido a su esposa, la de los hijos que han perdido a su madre y la del cuervo, la representación del duelo en forma de ave negra y picuda. Todos tienen mucho que decir y cada uno vive el duelo a su manera, claro está. El padre echa de menos a la madre. Los niños echan de menos a la madre. El cuervo no echa de menos. El cuervo es simplemente el tiempo que pasamos echando de menos.

En el fondo, sin saber bien si se trata de un libro de poemas, sí que puedo decir que es un libro muy poético, extremadamente lírico. La voz del cuervo, es decir, la voz del duelo es desgarradora y seductora.

El duelo es esa cosa con alas es un libro difícil de reseñar porque es un libro que pide ser leído e interpretado de manera individual por cada lector. Al igual que el duelo es distinto para cada uno de nosotros, las múltiples lecturas que ofrece este libro también lo son. Ganador del premio Dylan Thomas en 2016, este libro es una propuesta realmente compleja, pero interesante.

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La muerte de los héroes, de Carlos García Gual

la muerte de los heroes

la muerte de los heroesTodos conocemos las proezas de los héroes clásicos. Bueno, igual no todos, pero sí muchos. Y puede que tampoco todas las hazañas, pero alguna sí. (Y no pienso cerrar más el círculo).

Conocemos la ira y fuerza de Aquiles, que tuvo que optar entre una vida corta y famosa o larga y anónima (esto aparece bien en la peli de Brad Pitt); Teseo venciendo al Minotauro en su laberinto, la inteligencia de Ulises y su idea del caballo de Troya, los doce trabajos de Hércules, Perseo y su aventura con la gorgona Medusa, Orfeo visitando el infierno, Jason y los argonautas, el mito de Sísifo (del que se dice en la Ilíada que era “el más astuto –o más tramposo– de todos los humanos por haber querido y logrado engañar a la muerte”), … y tantos y tantos héroes con sus preciosas, trágicas e injustas vidas que nos ha dejado la mitología griega y que sería difícil enumerar todas.

Y lo más curioso es que todos estos héroes griegos ya estaban muertos desde mucho antes de que la literatura que habla de ellos los glorificara. Eso es, precisamente, lo que les confirma como héroes: la gloria que sobrepasa su mortalidad.

Pero eso es lo conocido. Siempre nos hemos quedado con la parte por la que se les conoce, igual que en un cedé muchas veces nos quedamos con la canción que no hace sino radiarse una y otra vez. Luego ya oímos el resto del cedé con más atención, pero pocas veces profundizamos en la vida de los héroes y menos aún en su muerte.

En el fondo, sabemos tan poco de ellos como de sus muertes. ¿Cómo murió Hércules? Da risa, la verdad. Muchos diríamos sin dudar que en alguna batalla, y en realidad son tan pocos los que así perecieron. Incluso aquellas muertes que conocemos, puede que no las conozcamos del todo. Por ejemplo, si menciono a Aquiles todos conocemos que murió porque una flecha se clavó en su talón, pero… ¿quién la lanzó? ¿Paris? ¿Apolo? ¿Paris guiado por Apolo?

Y muertes en este libro las hay de lo más variado, extraño, e incluso gore en ocasiones. ¡Hay que ver, estos griegos no tenían control parental! … A veces se ofrecen versiones distintas de una misma muerte; otras veces, como en el caso de Perseo, no se sabe cómo murió, pero se nos ofrece la visión de un autor tardío, aunque también nos advierte que no es un mitólogo respetable.

También cabe mencionar que antes de hablarnos de la muerte del héroe de turno, nos cuenta un poco de su vida o de cómo llegó a ser “famoso”, cosa que viene muy bien, pues siempre hay aspectos que con el tiempo acaban confundiéndose en la memoria, o cosas o personajes que no ubicas o incluso de los que tan solo conoces el nombre.

La muerte de los héroes está dividida en tres bloques heroicos:

-Los héroes míticos: en donde se abordan personajes como Edipo, Hércules, Perseo, Orfeo, Teseo, Jasón…

-Los héroes homéricos: Ulises, Héctor, Aquiles… y un pequeño homenaje a los pequeños y anónimos combatientes de la obra de Homero, los que mueren sin gloria y a los cuales Homero no solo nombra (y son unos trescientos pero, tranquilidad, aquí no), sino que proporciona datos de cada uno para que el lector empatice con el ser humano que hay bajo el soldado.

-Tres heroínas trágicas: la mujer era sumisa y se dedicaba a la familia y a la casa. Los hombres gobernaban y luchaban y las mujeres poco más que estaban a su servicio. En este apartado se habla de tres mujeres (aunque hay algunas más) que se rebelaron contra ese sometimiento: Clitemnestra, Casandra y Antígona.

La muerte de los héroes es un libro instructivo, la mar de entretenido y divertido, con un lenguaje asequible, lejos de engorrosos academicismos ni alardes de erudición a destiempo. Un libro pensado para enseñar, para aprender y disfrutar leyéndolo.

Un lujo para mitólogos y no mitólogos, en definitiva, para todo el que guste de buenas historias y de algunas curiosidades.

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Días entre estaciones, de Steve Erickson

Días entre estaciones

Días entre estacionesNada de lo que he leído se parece a Steve Erickson, no hay nada en su forma de construir ambientes, lugares, momentos, sensaciones, personajes, relaciones de amor o de amistad, que pueda, aunque intente echarme atrás en las décadas de lectura que tengo, compararse. Pudiera pensar alguien que esto no sea algo positivo, que sea el extraño texto o el insólito tema que un escritor haya ideado para sorprender en en vacío. Pero no. No. “Días entre estaciones” no es un libro deshilachado, no son un conjunto de retales de colores diversos, no es una novela enigmática, no es un texto para iniciados. Es un relato sorprendente, es una viaje por un mundo casi en destrucción, que parece derrumbarse desde la nada y hacia la nada, en los que las personas viven y sobreviven aceptando esa decadencia casi diaria que los lleva por los mundos más extraños, por las situaciones más peligrosas: desde las tormentas de arena que asolan y destrozan Los Ángeles, hasta el frío extremo en París que hace que el Sena se congele y las calles sean un desierto helado; o la inusitada desaparición de las costas naturales por la retirada del mar. En ese ambiente que pareciendo apocalíptico no lo es, se crea una situación que podría alguien llamar surrealista en el planteamiento de la situaciones vitales, porque surgen de los momentos, e imágenes, más oníricos, donde las cosas van y vuelven, donde surge y explosiona lo ilógico o lo que está en la frontera de lo real y lo irreal; los sueños se repiten y expresan, y vuelven al presente; las cosas se extravían pero siempre vuelven como una vida en círculo. Así, parece, que los sueños se van convirtiendo en realidad y la realidad en sueños. Pero ¿qué ocurre en este ambiente y decorado casi apocalíptico?…

En algún momento de mediados del siglo XX en Estados Unidos nace Lauren. Años después se casa con Jason, un ciclista profesional, que continuamente desaparece de su vida durante meses para correr carreras por todo el mundo… Desaparece totalmente, se esfuma, se encoge entre cartas sin responder, carreras y relaciones con otras mujeres. Huye o se desvanece hasta cuando Lauren tiene un hijo, que él no desea, que no parece reconocer, que no comprende. A pesar de todo, a pesar de las otras mujeres, de las desapariciones, de los momentos de rabia, a pesar de los desprecios; Lauren ama a Jason, y por ello soporta sus perdidas, sus viajes, su egoísmo, sus olvidos…todo, hasta que conoce a Michel; un vecino que ha olvidado todo sobre su propia vida. Y en ese descubrimiento de los meandros donde se ha escondido el origen de sus existencias y la reconstrucción del presente de Lauren, que no olvida, y la del pasado  olvidado y hasta remoto de Michel, y de la relación carnal, amorosa y vital entre los dos; se compone y recrea la novela.

La investigación, o el descubrimiento, sobre la vida de Michel llega hasta sus lejanos antepasados en Francia. En ella parecen redescubrirse los motivos olvidados de las cosas, la raíces de su mundo; y todo, toda esa maraña de personajes y sentimientos nace allá en los primeros años del siglo XX, surge desde un prostíbulo de París. Ahí parece estar el mundo originario. Un big bang nacido de un río y dos niños abandonados pero un solo Moisés, salvado por prostitutas y no por faraones. Así es el impulso seminal y primigenio de Michel: y que se manifiesta desde un mundo donde se mezcla el amor casi infantil por una bastarda nacida en el burdel, con un intento de asesinato, combinado y sumado con una película, casi más leyenda que realidad, que nació del amor de Adolphe. el antepasado de Michel, por el cine y su admiración por D.W. Griffith… Seguir y desentrañar madejas de existencias y rollos de películas no será tanto función de Michel como de otro personaje que sale de entre los entresijos de la novela, para saludar como imprescindible, amable y deslumbrante personaje de su reparto. Uno entre la legión de personajes que componen esas historias pasadas de familia y de sus alrededores, y que no son parte de un cuadro estático sino de una película de personajes principales y secundarios, donde se describe el pasado, el presente y el futuro de todo, y que acompañan a Lauren, a Jason y a Michel. Todos tan extraños como imprescindibles, tan surrealistas como evidentes, tan reales como soñados.

La vida de Lauren se desentraña más por sus miradas, por su actos, por lo que parece estar pensando o no estar haciéndolo, que por lo que Erickson cuenta directamente de ella. Es Lauren, la mágica mujer que habla con los gatos, la que parece vivir siempre en el mismo sitio aunque cambie de ciudades; Lauren la mujer bendita y sensual… sensual y sexual; la mujer que perdona en los ojos pero no olvida en su mente; la que acepta todo lo que le pasa pero no sabe la razón por lo que lo hace; Lauren, la que pensaba amar para siempre a Jason, hasta que ve el mundo de otra manera, ve a Michel, la persona que parece surgir de una imagen de su pasado, o, acaso, de la nada, o de los rumores olvidados, o del futuro… Lauren, la mujer que vive entre sueños y realidades, en ese lugar en la que parece confundirse todo lo que ha existido en el mundo y el presente y el posible futuro parecen encontrarse en algún momento, de nuevo o por primera vez, en la tierra; y en este caso en los ojos y cerebro de ella. La existencia cruza por nuestro lugar en el mundo, aprovecharla es solo una opción, lo estático o lo atónito o el movimiento tienen las mismas posibilidades para ella, las utilizará siempre con su lógica extraña y apabullante.

Días entre estaciones” habla del amor, de todos los amores: el filial, el sensual, el sexual, el oficial, el equívoco, el traicionado, el olvidado,……Pero lo hace sin aspavientos, lo hace mirando  sus desastres y caídas, sus victorias y decisiones erróneas, removiendo sus recovecos. Y como todo libro que habla de sentimientos, también habla de pérdidas: la perdida es consustancial al amor y al odio, al suspiro y la lágrima. Esa visión Erickson la crea sin frases ampulosas, ni románticas, nada más lejos de este libro; no, él lo hace desde lo explícito de la mirada, lo hace desde un fugaz susurro, de una mueca de rabia o de desdén, de un gesto que expresa más que una legión de palabras o un grito desorbitado. Así, el mundo que nos aparece se sostiene en bases sin raíces, porque puede que lo que te cuenta sea un sueño, o sea, solo, sensación de huida, de escapada, pero que siempre vuelve; todas las cosas están presas a una especie de Eterno Retorno, todo parece estar predestinado a verse de nuevo, a repetirse; hasta los sueños más improbables, parecen repetirse en la realidad. Así el mundo parece caerse y solo se puede sostener en un pequeño espacio que parece hecho de hierro, amor y sexo que es la relación de Lauren y Michel.

Días entre estaciones” es un libro magnífico sobre el amor, sí, pero también sobre la comprensión y el olvido -el imposible olvido-, sobre el perdón, sobre la casualidad y los sueños, sobre la investigación y el descifrado del pasado, sobre el azar de la vida y la predestinación, sobre la muerte y la pasión, sobre la fantasía y los fantasmas, sobre la nada y sobre todo lo que puede existir en el mundo…en los mundos…En ese universo que es la novela brota y deslumbra toda una generación de personajes surgidos de lugares recónditos de la literatura -ya dije más arriba que nada parece parecerse a Erickson, pero yo no conozco, por fortuna, toda la literatura-. Y lo cierto es que de los paisajes más austeros o más barrocos salen personajes incluso por las esquinas dobladas del libro, por los lomos del ejemplar, por el anverso de las hojas, y salen ideas extrañas, mundos casi paralelos, momentos casi mágicos donde parecen ser puro ejercicio sobre la belleza de un momento de la novela -lo bello en lo extraño, en lo derruido, en lo construido, en lo fascinante, en lo distinto-; y todo se une con los personajes y las historias, en principio casi inconexas pero que van casándose, fundiéndose en una sola vía: la de Lauren y Michel. Como un Adan y una Eva que no son inocentes porque no pueden ni saben serlo, pero que no tienen el pecado original porque son tan puros como pueden serlo los que no conocen qué es una serpiente ni qué es un dios, están más allá.

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