
La verdad es que esta novelita de apenas ciento veinte páginas me ha conmovido hasta límites insospechados y me ha removido y sacudido bastante. Tan solo con leer la sinopsis supe que me iba a gustar. Digamos que fue algo así como un flechazo.
Cuando leí el libro iba por su segunda edición. No sé si ha cambiado algo desde entonces, pero me parecería normal que fuese ya por una tercera. Se lo merece. Además, Nosotros en la noche, publicado por Literatura Random House, ha sido galardonado con el premio Whiting Award y nominado al National Book Award. No es una novelita cualquiera.
Kent Haruf, un escritor americano autor de cinco novelas más, es el creador de este libro. Yo no conocía a este escritor, pero creo que después de leer este libro voy a tratar de leer sus otras novelas. La historia que rodea a la escritura de esta novela es un poco nostálgica (algo así como el propio libro). Resulta que en 2014 los médicos diagnosticaron a Haruf pocos meses de vida. Aun estando enfermo, escribió esta novela y justo después de haber entregado a su editor las últimas correcciones, falleció. Nunca llegó a verla publicada, nunca supo que había vendido miles de ejemplares. Triste, ¿verdad? En realidad, lo que más me conmueve de todo esto es que, sabiendo que iba a morir, tuviera las fuerzas y las ganas de escribir un último libro. Me conmueve la historia que narra en él, porque todo adquiere otro cariz cuando conocemos las condiciones en las que la escribió. Me conmueve enormemente el mensaje que deja en él. Yo, que soy tremendamente sensible y este libro que es tremendamente emotivo. Ya podéis haceros una idea de lo que ha significado para mí, ¿no?
No me gusta destripar los argumentos de los libros y con éste corro el riesgo de hacerlo porque me van a poder la ganas y porque, aunque corto, es intenso. Tranquilos, voy a contenerme, no seré tan malvada.
Louis y Addie son los protagonistas de Nosotros en la noche. Ambos son vecinos desde hace muchos años en Holt, Colorado. Los dos, ahora en la vejez de sus vidas, llevan viudos muchos años. Y éste es uno de los primeros puntos que me toca especialmente la fibra: la gente mayor que vive sola, que se ha acostumbrado irremediablemente a la soledad. Addie, sin embargo, le echa valor y un día va a casa de su vecino Louis con una proposición: dormir juntos. Simplemente eso. Cuando anochece son las horas más difíciles para los dos, el momento en que la soledad se instala en sus casas y en sus cuerpos. Por eso, Addie quiere que su vecino vaya a su casa a dormir con ella. Así podrán charlar, podrán entretenerse y olvidar, durante esa noche, que están solos.
Louis acepta y como supondréis al principio es una situación bastante extraña. Cuando cae la noche, Louis coge su pijama y su cepillo de dientes y se planta en casa de su vecina. Pero esa sensación incómoda tarda poco en desaparecer. Pronto empezarán a sentirse muy a gusto en compañía. Charlan, repasan sus vidas, sus matrimonios y sus sueños. Y lo que es más importante, les importa muy poco lo que los demás habitantes del pueblo puedan pensar de esta atípica relación nocturna.
Sin embargo, aunque ellos, por decirlo de una manera coloquial, estén de vuelta de todo, no todo el mundo piensa ni siente igual que ellos. Y aquí, amigos, hay una lección muy grande para todos. Si dos personas adultas no tienen ningún miedo a la opinión del resto de la gente, ¿quién se cree la gente para opinar sobre ellos?, ¿quién nos creemos que somos? Sí, me enerva este tema y a la vez me emociona. Qué bien si no tuviéramos prejuicios, ¿verdad? Qué genial sería si la gente pudiese hacer lo que le dé la gana sin tener que dar explicaciones. Sabrán ellos, sobre todo nuestros mayores, lo que quieren, ¿no? Preciosa novela. Preciosa lección, lectores.

Hacía bastante tiempo que no leía literatura “juvenil”, no por nada, no hay nada malo en esa literatura, pero, parece que a medida que crecemos la dejamos de lado y la cambiamos por las lecturas más “acordes” con nuestra edad. Y lo cierto es que, de no ser por la lectura juvenil, la cual suele ir precedida por el adjetivo “infantil”, no seríamos los lectores que somos ahora. Además, las categorías cambian con el tiempo y todo depende de un contexto. Que yo recuerde, mis primeras lecturas fueron 20.000 leguas de viaje submarino y 
A falta de leerme 
Anoche leí este libro y he de confesar que he tenido un sueño rarísimo. Soñé que una chica argentina llamada Ariana Harwicz había escrito un libro titulado Precoz y que una editorial valiente y reciente llamada :Rata_ lo había publicado. Y eso que soy experta en tener sueños raros, pero el de anoche se lleva la palma. Es lo que tiene empezar y acabar libros a altas horas de la madrugada, que acabas mezclando realidad y ficción, literatura y fantasía. Supongo, lectores, que también os habrá pasado. Sobre todo eso de empezar y acabar un libro la misma noche. En fin, el caso es que ya no sé qué es verdad, estoy hecha un lío. No sé si Precoz es una bofetada de realidad o ha sido un sueño raro. Lo cierto es que la resaca de este libro aún me dura y en vez de tomarme un Ibuprofeno, voy a daros la brasa, ¿qué os parece?
When we are born we cry that we are come
¿Qué es, en realidad, escribir bien? ¿En qué consiste ese arte, o magia, como prefieran llamarlo? ¿Qué es lo que hace que una persona pueda hacer versar su historia sobre cómo crece la hierba y a pesar de todo nos enganche, y que otra pueda tener entre manos el relato con elementos más apasionantes del mundo, y aburrirnos, o simplemente no gustarnos? Afirmo que es un misterio; a día de hoy, no sabemos qué tienen algunos escritores para hacer que sus novelas funcionen y otros, tan equipados o más que aquéllos con habilidades técnicas, dotes de autoorganización, buena inventiva, extenso vocabulario, paciencia, y adecuada sintaxis (entre otras herramientas que, objetivamente, ayudan a que un escritor realice bien su tarea), sin embargo no logren el hechizo y no lleguen a superar el nivel de correctos escribidores.
Si tuviese que hacer una lista con mis series españolas preferidas, estoy seguro de que en el top 10, posiblemente cerquita del podio, se encontraría Camera Café. Fuimos muchos los que nos vimos seducidos allá por 2005 por las píldoras de humor que se nos ofrecían desde aquella cafetera tan transitada por los trabajadores de una oficina. El secreto de su éxito —se mantuvo en antena durante cuatro años, con una cuota de pantalla más que respetable— por encima de sus divertidas tramas estuvo, para mí, en lo bien que recogían los personajes algunos de los estereotipos más típicos de toda empresa, aunque llevados al extremo de la caricatura. Así, no faltaba el graciosillo que peca la mayoría de las veces de pesado, el jefe enfadado con el mundo, la compañera excesivamente aburrida y responsable, el que sólo piensa en escaquearse del trabajo a la primera de cambio, aquel que se entera antes que nadie de todo lo que ocurre en la empresa… Era muy fácil si no identificar, sí al menos asociar algunas de estas personalidades con gente con la que nos ha tocado trabajar a lo largo de nuestras vidas.
De un tiempo a esta parte veo en cómics cada vez con más frecuencia el nombre de Víctor Santos. Ya sea como escritor o como dibujante, es muy posible que estemos ante el autor que ha conseguido publicar en más editoriales españolas diferentes: Norma, Panini, Aleta, Astiberri, Dolmen, Planeta…
Hace tan solo unos meses yo no sabía quién era Vita Sackville-West. La conocí gracias a la genial novela de Pilar Bellver de la que ya os hablé en su día: 
Charlie no habla. Charlie no es feliz. Charlie no quiere seguir en este mundo. Charlie se corta para hacerse más pequeña.
Bueno, bueno. Qué difícil, ¡pero qué difícil!, es encontrar una serie que no tenga altibajos, que no tenga un número aburrido que desees acabar para empezar el siguiente, que mantenga el nivel de interés, de curiosidad, una alta capacidad de sorprender y no defraudar, que sea capaz de emocionar y de dejarte con ganas de buscar por tu cuenta cosas relacionadas con lo que acabas de leer… No es fácil mantener ese nivel. Lo sé. Y estoy contento por haberme decidido en su día a empezar esta colección de Wonder Woman que, sin ninguna duda, releeré cuando llegue a su término (quiera Zeus que ese momento tarde aún en llegar).
