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Al otro lado, de Álvaro Maqueda

“Hora de despertar, Adam. Supongo que te preguntarás dónde estás. Te diré dónde puede ser. Quizás estés en la habitación en la que vas a morir”. Estas NO son frases que leeremos en este libro. Estas son las primeras frases que John Kramer pronunciará en la primera entrega de la famosa saga de películas de goreterror, (si es que existe esa denominación para el género) Saw, que, digan lo que digan a mí me siguen divirtiendo aunque creo que me he perdido alguna.

Recuerdo que esa primera película, el germen de la franquicia, era fantástica por lo novedoso de su planteamiento, por su trama original y por ese giro final.

Pues bien. Decía que esas frases no las leeremos aquí pero le irían como picha al culo. Al otro lado me ha llevado de cabeza a esa película. Imposible no hacerlo. Dos hombres que se despiertan en una habitación con escasísima luz, uno de ellos aprisionado a la pared por una cadena, sin conocerse ni de la pelu ninguno de ellos, y la única puerta por la que poder salir tiene dos candados. Dos candados por dentro, sí, y uno de los hombres no está encadenado. La desconfianza en seguida aparecerá, intentarán hallar explicaciones, salir de ahí…

Sin embargo, después de leer el libro bien podría decir que no sólo me ha transportado a Saw, sino que también se puede atisbar alguna referencia a una oscura película de exorcismos, o tal vez un poco a la muy recomendable y olvidada El corazón del ángel.

“Buenas noches, hijo de puta –gritó con sarcasmo mirando al objetivo–. Me encantaría seguir jugando a tu juego, pero se me ha agotado la paciencia…”

¡Pues cojonudo! ¡Una mezcla cojonuda! No puedo haber gozado más de este libro. Me ha tenido intrigado desde el principio, quería saber más de esos pobres desgraciados, ¡quería saberlo todo! Y al final lo he sabido. Y he sentido. Un batiburrillo de sentimientos que han ido variando conforme avanzaba en la lectura.

Pero una buena trama no basta. El fondo debe acompañarse de la forma y aquí van de la mano. Un vocabulario sencillo (que no simple), y unas frases fluidas engrasan hábilmente una acción que cabalga entre el presente y unos trabajados flashbacks que logran que más que leer (o devorar) la novela la estés visualizando, te estés deslizando por ella dejándote llevar dondequiera que al autor le venga en gana. Porque, aunque no es que haya mucha descripción, cosa que agradezco ya que lo que me gusta es que vaya al grano, las que hay son las justas y necesarias para poder ponerte en situación en cero coma y activar el modo cine en tu cabeza.

Y esa es otra, porque en seguida te coloca en tu lugar y bien. La trama atrapa desde el comienzo. Y es que, en palabras del autor: “he abandonado la lectura de muchos libros que no me han conquistado desde el inicio, por lo cual intento siempre que el lector se enganche desde el primer párrafo hasta el final de la obra; incluso si ello implica reducir la duración de la misma”. Eso es lo malo. Que es algo breve y te lo zampas en nada sin darte cuenta. Pero, por el contrario, escribir lo que te gustaría leer es primordial, y se nota que en este caso el escritor ha disfrutado.

Poco a poco iremos adentrándonos en la historia de cada uno y averiguando las razones de su encierro. Hay cosas que intuimos desde el principio por ser muy obvias, pero la principal virtud de esta novela es la creación de una atmósfera asfixiante y opresiva, casi como si las paredes de esa habitación/celda fueran estrechándose, en la que Maqueda, en su primera incursión en la novela, se mueve como pez en el agua y logra involucrarnos hasta el punto de agobiarnos.

¿Por qué están ahí esos dos seres? ¿Realmente lo merecen? ¿Qué retorcida mente les ha colocado en esa situación? Y, lo más importante: ¿serán capaces de salir de ahí?

Al otro lado es un breve libro de suspense. Un thriller ejecutado con destreza que nos llevará a un estado de angustia permanente hasta el brillante final (y no me refiero solo a un sorprendente giro final de guion, sino a todo lo que nos conduce hasta él) en el que todas las piezas ocupan su lugar. Un libro claustrofóbico que demuestra que la mayoría de las veces, los demonios no están ahí afuera, sino en nuestro interior más escondido, esperando la mínima oportunidad para salir.

Muy recomendable.

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De las ciudades vuestras tumbas, de Víctor Conde

de las ciudades

de las ciudadesPero, ¿otra novela de vampiros? ¿Otra más? Pues no, cabronazos, no es otra novela de vampiros. Es otra BUENA novela de vampiros, que no es lo mismo, que ya hay pocas y es algo cada vez más difícil de conseguir en un género en el que todo parece ya trillado, regurgitado y defecado y eso sin hablar de esos otros productos, por llamarlos de alguna forma, en los que se trata a tan ilustre y longeva criatura como a un ser fosforescente románticoñoñesco y sensible solo apto para ser consumido por adolescentes mojabragas. ¡Ea!

He aquí un libro valiente, que respeta la figura del vampiro, que reelabora una mitología centenaria con elementos de cosecha propia pero que toma también prestados elementos de la mitología clásica y pura y los mezcla lo bastante (y lo suficiente) como para contentar con su resultado hasta al más reacio a los cambios en semejante icono de la literatura de terror.

Aunque lo cierto es que terror, terror, lo que se dice terror, pues no hay mucho. Y, a pesar de que en la segunda parte del libro hay algunas escenas muy salvajes (muy gores en realidad), es en la primera parte donde sobrevuela el terror. Un terror que no se ve pero se siente y mucho, como buen terror que es, y que esperas que en cualquier momento salte y te deje en el sitio.

De las ciudades vuestras tumbas (título que, aparte de ser cojonudo, está muy bien escogido –viene de una cita del filme Demons de Darío Agento: ”Nosotros haremos de los cementerios nuestras catedrales, y de las ciudades, vuestras tumbas”– y que cuenta con una portada enmarcable de Alejandro Colucci) nos narra en primera persona la vida de Jarek, un maquinista polaco. Jarek nació en un campo de concentración nazi y pudo escapar de él gracias a su hermano y a la fortuita e involuntaria ayuda del Antiguo, un monstruo, cuya silueta no se envolvía en la noche pues “era la noche”, sediento de sangre del que solo recuerda su sombra y unos ojos blancos y del que, a medida que pasan los años, no sabe si fue real o producto de su imaginación.

Por desgracia, a los dieciocho años Jarek tuvo la horrible confirmación de que aquello de lo que dudaba era cierto. Existía y a partir de entonces va a dedicar todos sus esfuerzos a encontrar a uno de esos seres, una hermosa vampira de la que acaba enamorándose como un idiota, a sabiendas de que si llega a encontrarla puede encontrar también su propio fin.  Una vampira que a su vez huye de algo…

Contaría más. Podría llenar folios y folios sobre este libro, sobre la forma en la que Víctor Conde retrata la doble naturaleza (humana y bestial) del vampiro, sobre la evolución del personaje de Jarek, sobre lo bien que engancha al lector desde la primera página y lo bien que cabalga entre los siglos XX y XXI, de lo ágil del estilo narrativo, de las referencias populares y de…   Pero sería cargarse las inteligentes y bien repartidas sorpresas que este libro depara al lector.

De las ciudades vuestras tumbas es un libro bien urdido, un libro que se lee con gusto y muchas ganas, y que consigue conjugar tradición y modernidad vampíricas, clasicismo e innovación y salir bien parado dando como resultado unos vampiros dignos de ser así llamados. Un libro en el que se nota que se ha invertido tiempo en documentación y que sabe meter de lleno al lector en situación. Un libro de los que merecen colocarse en la estantería junto con otros clásicos del género vampírico por méritos propios.

Ideal para todos los que añoren chupasangres como los de antes.

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El verano de los náufragos, de Sergi Carballo Losada

El verano de los náufragos

El verano de los náufragosTengo muchos recuerdos de mi infancia. Quizás demasiados. Recuerdo detalles, conversaciones, incluso olores de algún momento que me marcó. Pero lo que más retengo en mi memoria son las sensaciones. Una de las más bonitas era llegar a mi pueblo, en Cantabria, cada uno de agosto. Después de haber pasado todo el año en Madrid y un mes en Castellón con mi abuela paterna, llegaba mi mes favorito del año.

Recuerdo perfectamente la sensación de ir en el coche, un Kadett gris que perteneció a mi abuelo, atravesando la sofocante M-30. Mi madre y yo con el coche hasta arriba de maletas y unas ganas terribles de olvidarnos de la gran ciudad por unos días. Mi sensación favorita llegaba cuando pasábamos Burgos. La temperatura bajaba drásticamente y sacar el brazo por la ventanilla era una autentica gozada. Llegábamos al pueblo agotadas y muertas de frío, pues en las altas montañas de Cantabria es raro superar los 16 grados en agosto. Así que mi abuela nos esperaba con grandes chaquetas que ya habían adquirido el calificativo de “ropa del pueblo”, lo que significaba que la podías manchar o romper y no pasaba absolutamente nada.

Pasaba todo el verano con mis amigos. Compartíamos las noches, las verbenas, las confidencias, los primeros besos, las primeras borracheras inocentes. Por el día montábamos en bici hasta quedar exhaustos. Nos bañábamos en las frías aguas del río, en las que solo durábamos un par de minutos, para después tumbarnos al sol y jugar a las cartas durante toda la tarde.

Pero llegaba septiembre. Y, como solía decir mi abuelo, al que echo de menos cada día, cada mochuelo se iba a su olivo. El momento de separarnos había llegado. Unos se quedaban en Cantabria, otros se iban a Bilbao, a Salamanca, a Madrid. Volvíamos al hogar y a la realidad de empezar las clases de nuevo. Más morenos y con más anécdotas en los bolsillos y sabiendo sin querer darnos cuenta que esa amistad algún día llegaría a su fin.

Cuando empecé a leer El verano de los náufragos todos estos recuerdos vinieron a mi cabeza de golpe. No pude evitar sentirme triste, porque ahora, después de tantos años, solo mantengo el contacto con un par de aquellas personas por las que habría dado incluso mi vida cuando tenía quince años.

Javi, el protagonista de este libro escrito por Sergi Carballo Losada, también se dio cuenta de esto. Quizás más tarde de lo que debería. Pero no le culpo. Su vida, aunque podía pasar por la de un adolescente más, estuvo llena de drama. Primero vino la muerte de Edurne, una de las chicas que formaban parte de la cuadrilla. La grava en una curva y una motocicleta serían las culpables de que su vida se truncara para siempre. Aceptar la muerte de una persona tan joven es algo muy difícil de asumir y, para Javi, fue el desencadenante que hizo que su vida no fuera todo lo fácil que debería ser la vida de un chico de quince años. Vivió demasiado en muy poco tiempo, teniendo que lidiar con gente que no le convenía y que podrían haber hecho de él un desperdicio de persona. Y luego estaban sus propios problemas, que no eran pocos. Enamoradizo como el que más, no podía evitar encapricharse de las chicas que él creía perfectas. Chicas que estaban lejos de su alcance y que preferían salir con los gallos del gallinero, en vez de con el chico que adora la filosofía y se pasa horas leyendo encerrado en su habitación.

El verano de los náufragos es una historia sincera, que retrata a Javi de la manera más humana posible. Después de leer unas cuantas hojas, invade al lector la sensación de que Javi te está contando la historia únicamente a ti, como si fueras un viejo amigo al que tiene que poner al día. Sientes pena por él; también alegría en algunos momentos, por supuesto. Tienes la necesidad de decirle: “Javi, así no, te estás equivocando”, como bien le decía su sabia abuela cuando veía que se estaba saliendo del camino. Es imposible no leer la historia sin sumergirte en ella y sin formar parte de esa cuadrilla que se formaba en Galicia cada verano, cuando el pueblo se llenaba de gente de fuera para pasar allí los meses de vacaciones. Y es imposible no identificarse con la desolación que sentía Javi cada vez que tenía que volver a Barcelona (su Madrid particular) para darse cuenta de que los veranos al final son como un sueño, en el que pasan muchísimas cosas y que parecen no pertenecer a este mundo.

Sergi Carballo Losada nos trae una novela que hay que leer despacio, disfrutándola. Hay momentos en los que no puedes parar de leer porque necesitas saber qué habrá pasado con un personaje determinado. Y hay otros momentos en los que la historia es más pausada, donde el autor se explaya contándote alguna historia de los muchos personajes que aparecen en el libro y que no esperabas encontrarte. Porque aunque Javi es el protagonista, conoceremos muy a fondo a todos los personajes que de una manera u otra convirtieron al joven barcelonés en el hombre que es hoy en día. Conoceremos a Edurne, a su hermano Josetxu, a Antonio, Claudia, Diana, Laura… muchos chicos y chicas que formaron parte de la vida de Javi y que de un modo u otro consiguieron cambiarla.

Me ha gustado especialmente que durante todo el libro el autor fuera dejando miguitas de pan, de manera que nos iba adelantando cosas de las historias de los personajes, pero sin revelar nada. Así, a medida que van pasando las páginas, el autor retoma alguna de esas historias que vivimos unas páginas atrás para desvelar lo que no hizo en su momento. Me ha gustado mucho y me ha parecido increíblemente difícil, porque seguir esta tónica a la hora de narrar una historia podría haber supuesto que el autor se despistase y dejara sin contar alguna de las crónicas o que lo que contara en un momento posterior no encajara con lo que dijo en un principio. Y ya os aseguro que Sergi Carballo Losada, aun siendo esta la primera novela que publica, no ha caído en ese error.

La verdad, me hubiera encantado leer este libro en verano. Hace años que dejé el ruido de Madrid para venir a vivir al pueblo, ese que tantas alegrías me dio cuando era más pequeña. Ahora puedo disfrutar todo el año de los interminables paseos por el monte, sintiéndome libre, como no me sentía en la capital. Leer este libro debajo del cerezo que planté hace unos años hubiera sido una experiencia mágica. Una experiencia de esas que jamás se olvidan, como no he olvidado lo que era bañarse en el pilón o comer pipas en el portal de la Iglesia durante una tarde entera.

Yo nunca pido demasiado a los libros. Solo pido una cosa: que me trasmitan algo. Que cuando termine un libro, cuando lo cierre, sienta que no he perdido el tiempo. Que haya sido capaz de hacerme entrar en la historia y sentir algo, lo que sea. No pido que el sentimiento sea bonito, sino que sea de verdad. Y tengo que decirlo, El verano de los náufragos lo ha conseguido.

Ver en mylibreto: El Verano de los Náufragos

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Las madres negras, de Patricia Esteban Erlés

las madres negras

las madres negrasConectar con un libro desde la primera página es una experiencia que pocas veces se da. Y a mí me ha pasado con Las madres negras, de Patricia Esteban Erlés. Y no hablo de que desde la primera línea me cautivara la forma de escribir de la autora ni de que no pudiera despegarme del libro. Eso, aunque tampoco me pasa con todas las novelas, me ocurre más a menudo. La conexión de la que hablo es mucho más profunda, y es que al leer las primeras páginas de Las madres negras, sentí que esa misma historia la podía haber escrito yo: Patricia Esteban Erlés había plasmado cada una de mis obsesiones literarias. Esas que me atraen como lectora, esas que me someten como escritora: la fantasía para abordar la realidad más cruda, el choque entre creencia y conocimiento, la mirada de la infancia… y la muerte, siempre rondando.

En Las madres negras, Patricia Esteban Erlés nos adentra en Santa Vela, una mansión laberíntica reconvertida en orfanato que nos cuenta su propia historia. Entre su muros malvive un grupo de huérfanas: Mida, la hija de la bruja, que grita que Dios no existe, que Él mismo se lo ha dicho; Moira, la niña que se muere a veces; las siamesas Lavinilea, que no saben dónde empieza una y acaba la otra; Pola, la de los cabellos verdes y belleza vegetal… Y tantas otras niñas, que han sido despojadas de su verdadero nombre y de sus melenas por mandato de la hermana Priscia, para ser ataviadas con vestidos grises que las convierten a todas en una sola. Y, por supuesto, Dios, que también habita en Santa Vela y que habla de sí mismo en tercera. Un Dios que, aburrido, pasa el tiempo jugando con las internas como si fueran sus títeres, hasta que se enamora de una de ellas y su deseo lo vuelve aún más despiadado.

Esta novela ha sido galardonada con el IV Premio Dos Passos a la Primera Novela, pero salta a la vista que esta no es la primera incursión literaria de Patricia Esteban Erlés. Semejante maestría con las palabras la ha alcanzado tras muchos años centrada en los cuentos, los cuales también han sido premiados en numerosas ocasiones. Y ese pasado como cuentista se nota en los capítulos de Las madres negras, ya que cada uno parece un cuento independiente, que se disfruta por sí solo, aunque esté fuertemente imbricado con los demás para formar un todo, tan poético como descorazonador.

Imagino que cualquier lector no tendrá una conexión tan personal como la mía con este libro; hasta yo dudo que vuelva a tener una experiencia así con otra obra en el futuro. Pero apuesto a que quienes abran esta novela sucumbirán sin remedio a su atmósfera gótica, tan bien lograda que traspasa las páginas. Y leerán Las madres negras con el corazón oprimido, conmovidos por la belleza de la prosa de Patricia Esteban Erlés y por lo descarnado de su historia. Porque no es necesario compartir sus obsesiones literarias para apreciar el talento prodigioso de esta autora.

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Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo, de Neil Gaiman y Shane Oakley

esposas prohibidas

esposas prohibidasTras semejante parquedad y descripción en el título encontramos la adaptación al cómic de un relato del omnipresente Neil Gaiman, (el cual últimamente aparece en la sopa, en los cereales y en los popitos de bebé), escrito hace diez años, lo que en tiempo mortal viene a ser una década. Y lo cierto es que si tanta presencia tiene el escocés y tan bien y en tantos formatos se sabe vender, es porque su obra, más allá del nivel de calidad (que suele ser excelente), es extensa.

Gaiman parodia, empezando ya por el propio título, de forma ¿terrorífico-cómica? todas esas historias de mujeres corriendo semidesnudas por esa excelente pista de atletismo nocturna que es un cementerio con lápidas rotas; aquellas otras en las que en mitad de la noche la madera cruje como si fuera pisada por alguien cerca de tu cama (y tu suelo fuera de madera); esas otras en las que, por el motivo que sea, el protagonista se ve obligado a pedir auxilio en una mansión vieja y enorme en mitad de la nada y envuelta en una niebla heladora y, también, por supuesto, bien entrada la noche… Escenas todas ellas que nos son reconocibles porque las hemos visto cientos de veces en antiguas películas o leído en libros, y que, a pesar de todo, no nos importa seguir haciéndolo.

Como decía, Gaiman parodia, pero lo hace sin caer en la grosería o irrespetuosidad, esas manidas situaciones y para ello nos sitúa en una vieja abadía de esas en cuyo interior no hay luz eléctrica sino velas chorreantes de olorosa cera  y candelabros fríos y oxidados en donde un autor, nuestro protagonista, intenta escribir algo de “realismo respetable”. Un autor para el que lo real es precisamente todo lo ya mencionado y que se va a ver interrumpido constantemente por un mayordomo un tanto siniestro, un duelo a muerte con alguien que creía ya muerto, o un cuervo con el que podrá mantener un diálogo más allá del famoso “nunca más” sobre su propia obra. Un autor que escribe una mezcla de fantasía y/o terror y que vive dentro de una historia de fantasía y/o terror. Por eso es realismo lo que escribe y para él la fantasía son las tarjetas de crédito, los impuestos, los anuncios de detergente, los huevos revueltos o pasados por agua…

Pero sin duda, el punto fuerte de Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo es el dibujo de Shane Oakley. Alternando entre el blanco y negro para la historia dentro de la historia, y el color para la realidad, el artista nos sorprende con un estilo gráfico que se ajusta como un guante a las características de este cómic y que merece ser revisado una vez leído el tomo, aunque solo sea para rememorar sus pinceles, porque, además, gana enteros en esa segunda lectura.

Esposas prohibidas de siervos sin rostro en la mansión secreta de la noche del aciago deseo choca por tener un título tan largo y resultar ser un caramelo tan breve. Y desde luego que es breve, pero, por otra parte, también es intenso.

Un cómic que se lee con placer, con la nostalgia propia de las lecturas y películas disfrutadas hace tiempo, con la impronta de Gaiman. Un tomo que todo amante y/o completista del escocés debe tener y que se disfrutará cada vez que se acuda a él.

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Qué vas a hacer con el resto de tu vida, de Laura Ferrero

Qué vas a hacer con el resto de tu vida

Qué vas a hacer con el resto de tu vidaLaura Ferrero supuso todo un boom literario con su libro de relatos Piscinas vacías. Un libro que yo no he leído, pero que ya reseñó mi compañero Roberto Moro.

Si os digo la verdad, no he necesitado leer su primer libro para saber que Laura me iba  a gustar. Llamadlo intuición, llamadlo conexión… pero sabía que Laura no me iba a defraudar. Hace tiempo que la sigo en redes sociales y me gusta. Me gusta lo que escribe, su forma de ver el mundo y esa melancolía que impregna sus escritos. Me siento muy identificada con ella. Es como si a Laura ya la conociese de toda la vida. Una sensación extraña y muy bonita al mismo tiempo.

Así que, claro, enfrentarse a la lectura de un libro así tiene sus ventajas: sabes que lo que vas a leer te va gustar. Ahora es inevitable leer Piscinas vacías para convencerme de que no me equivoco (y sé que no lo hago).

Pero vayamos a Qué vas a hacer con el resto de tu vida. El título ya me sobrecogió. Es uno de esos títulos que te plantan cara, te hacen pensar e intuir que lo que se esconde dentro de sus páginas te va a doler, pero no vas a poder dejar de leerlo. Así soy yo, un poco masoquista. O como os decía antes, inclinada a la nostalgia, que suena mucho mejor.

Laura es la protagonista de esta novela. Una joven de treinta años inmersa en una crisis que afecta a todos los niveles de su vida. Una crisis que viene marcada por una vida difícil en el seno de una familia de lo más complicada. Es cierto que todas las familias tienen sus taras, ya lo sabemos. Pero también es cierto que la familia de Laura no se lo ha puesto nada fácil. Y ella, que de por sí tiende a la complicación, se ve inmersa en una batalla interior a la que con treinta años va a plantarle cara. Aunque lo haga indirectamente, como dejándose llevar por la vida. Esa es la manera en que Laura se enfrenta a sus monstruos.

Para ello, decide dejar a su pareja e irse de Ibiza, la isla donde ha vivido siempre, para empezar una nueva vida en Nueva York. Pero huir no es sinónimo de avanzar, y eso es algo que Laura ya sabía. En este caso, huir es volver al pasado, enfrentarse a él y plantarle cara. Desde Nueva York y su propia soledad, Laura se enfrenta a todos los recuerdos que no dejan de molestarla, recuerdos que también parecen preguntarle directamente a ella qué va a hacer con el resto de su vida.

Su padre, del otro lado, en su mundo de islas y cosas intangibles. El recuerdo de una madre que desapareció de sus vidas. Su hermano, Pablo, con sus fantasmas y luces. A todos ellos, inevitablemente, regresa Laura desde Nueva York.

Qué vas a hacer con el resto de tu vida sobrecoge. Laura Ferrero consigue hacernos estremecer, reflexionar y enfrentarnos a nosotros mismos. Es como experimentar lo que le ocurre a la protagonista en primera persona. Una delicia que duele e incomoda, pero que también te deja un buen sabor de boca. Así escribe Laura Ferrero, así es esta novela.

 

 

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Noche que te vas, dame la mano, de Mario de los Santos

Anoche terminé la lectura completa de Noche que te vas, dame la mano. No lo he leído en dos días, ni en tres, me ha costado un poco más. Es extraño, unas veces vengo rápido al teclado al terminar un libro porque tengo ya claro lo qué les quiero contar, lo que he sentido al leer el libro y donde me han transportado todas esas sensaciones. Otras veces dejo la lectura en reposo antes de venir aquí a contarles el porqué de mi recomendación.

En esta ocasión se dan las dos circunstancias, debería haber reflexionado sobre lo que les quiero contar de este libro de Mario de los Santos… Pero no puedo. Así de irresponsable soy, y aquí estoy, dispuesta a hablarles de este libro así, a bocajarro, sin haber hecho ni un mínimo de digestión sobre él. Y seguramente dentro de un mes quiera modificar esta reseña, darle mayor profundidad, o hablarles más de la trama, o de esos capítulos que parecían no ser de aquí ni de allá pero que me hacían parar la lectura y pensar…, que ya saben que hay libros que pareciendo sencillos te tienen la mente atrapada durante un tiempo.

En primer lugar les recordaré que ya les he hablado en otras ocasiones de Mario de los Santos, pero ahora les digo que aunque ya les haya hablado de él, tampoco eso dice mucho, porque en cada libro suyo encuentro un registro diferente. Supongo que el hecho de haber sido en su día editor le hace ser un explorador de la literatura. Podríamos decir que nos presenta calidad sin matarnos de desidia y aburrimiento.

El inicio de la lectura me pareció extraño, tanto que pensé que me había equivocado al seleccionarlo para este momento de mi vida, y recordé aquello de Ortega de yo soy yo y mis circunstancias. Quizá mis circunstancias no estaban para las primeras 20 páginas… Pero ¡Qué va!, seguí y me dejé llevar, y ni se imaginan como me alegra haber persistido en la lectura y poder estar ahora aquí para hablarles de estas cuatro historias que hacen una sola.

Supongo que alguien dirá que es una novela negra, bueno, pues sea. Pero si me preguntan a mí de que trata este libro les tendré que decir que de la vida, que de eso suele ir la literatura. El libro va de la inestabilidad mental, del deseo, de lo que mueve el poder, de la influencia de la iglesia, de sexo, del miedo al dolor, de enfrentarse a la muerte, en fin, como les decía antes, el libro versa sobre la vida.

Es cierto que el autor nos cuenta una extraña historia de la muerte de unas monjas en un convento, pero no es menos cierto que llega un momento en que ni nos acordamos de porqué estábamos allí, porque Mario de los Santos ya nos ha llevado a otras historias, historias tan turbadoramente humanas que necesitas ir digiriendo más lentamente. Leer sin prisa, ¿recuerdan como decía Tierno Galván que había que leer? Pues sí, como comen las gallinas, levantando la cabeza de vez en cuando para reflexionar sobre lo leído. De ahí que el libro me haya durado casi una semana, he tenido que alternarlo con la escritura de poemas propios mientras escuchaba la música de los Suaves, ya que ésta es la banda sonora del libro. También he releído a Alejandra Pizarnik, y no me ha importado absolutamente nada que alguno de mis versos se haya contaminado de todas estas noches que se van…

Es curioso que durante muchas páginas me haya atrapado con sus divagaciones: “Nadie querría ser una hiena. Ni el monje tibetano más bondadoso aspiraría a reencarnarse en un animal así. Ni nos gusta su sonrisa ni nos gusta su dieta. Una hiena a pesar de tener un cierto parecido con un perro callejero que hubiera sufrido un accidente, no es capaz de desplegar nuestra piedad ni nuestro cariño…”.

Una vez que hemos avanzado por el libro vamos conociendo a muchos personajes que entrecruzan hechos con reflexiones, unos personajes extraños y poco creíbles al inicio, y cuando digo inicio me refiero siempre a las primeras cuarenta páginas de las 300 por las que después nos paseará el autor de una forma perversamente real.

Nunca pensé que leería con interés la vida y reflexiones de un tipo acusado de abusar sexualmente de su hija, de una monja que realiza espectáculos porno, un policía enamorado de una compañera de clase a la que hacía bullying en el colegio, o de una mujer a la que acaban de diagnosticar un cáncer…, en definitiva, personajes psicológicamente complejos que nos abruman con sus pensamientos y nos desbordan con sus hechos, pero sigo sin poder dejar de maravillarme ante cosas como esta:

“Dice la gente que sabe que el hábito de leer aumenta el conocimiento y la imaginación, pero, además, creo que también transforma y define el modo de querer. Creo que uno ama como leer. Leyendo se aprende a mirar, a sentir, a darse, a tallar el nombre en el alma del otro …”.

Dicen que la novela va de una ciudad que prepara una Exposición Universal en la que hay quien ya tiene la vista puesta en diferentes edificios históricos para hacer su particular agosto, y de unas monjas que se resisten a dejar su convento y de lo que hacen por permanecer en él, … Eso dicen.

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Lucifer. Sangre en las calles, de Richard Kadrey y VV. AA.

sangre en las calles

sangre en las callesYa comenté en la reseña de Padre Lucifer, igual un poco de pasada y por eso ahora me voy a explayar, que Lucifer no es el malo de la película. Arrastra el peso de la mala fama que le ha endosado la otra parte, la de los que han escrito la versión mayoritariamente aceptada del cuento. Pero lo cierto es que gracias a él tenemos el poder de decisión. El libre albedrío, y es algo por lo que está dispuesto a luchar las veces que haga falta. De hecho, Lucifer ha salvado nuestro mundo un par de veces y volverá a hacerlo cuando haga falta o cuando le toquen las bolas.

En el tomo anterior habíamos visto como tras la muerte de Dios algo que decía ser Dios, aunque su aspecto recordaba más a una mezcla de cucaracha y criatura lovecraftiana, ocupaba su lugar y proclamaba ser un nuevo dios que despreciaba el libre albedrio, pretendía rehacer el mundo a su imagen y semejanza y obligar a todos a seguir el mismo camino. Y eso es algo que a Lucifer le jode sobremanera. Eso y que claro, para rehacer el mundo la Presencia tiene que destruir previamente el actual. Padre Lucifer acababa dejándonos con ganas de más al acabar con Lucifer y Mazikeen coincidiendo en querer matar a Dios.

Sangre en las calles no entra directamente en materia. Hay dos historias cortas antes de eso. Dos historietas pseudonavideñas que sirven de aperitivo y parecen estar desconectadas de lo gordo que vendrá a continuación pero que tienen detalles que habrán de tenerse en cuenta para el desarrollo posterior del cómic.

Y ya sí. Una vez calentitos podemos disfrutar de un cierre por todo lo alto con una batalla a punto de empezar en el Cielo, otra en el Infierno y combatientes de ambos bandos pululando por La Tierra entre los humanos.

El bando de Lucifer contará con aliados nuevos (o al menos yo no los recuerdo) como Arabelle Crane, que viene a ser una Hellblazer en femenino, una megaespada y alguna que otra sorpresa.

El bando de Dios contará con un montón de ángeles bajo su influjo hipnotizante y el hijo de Lucifer, que sigue emperrado en matarle y también en reinar en el Infierno.

Por su parte, Makizeen quiere recuperar el Infierno, pero su ejército ha quedado diezmado y tendrá que hacer lo que pueda con unos pocos demonios y una fantasmita. Pero Mazikeen no se amilanará. Y además de lista, –hay que serlo para ya no solo gobernar, sino para vivir en lugar así–,  cree que “la lealtad suele vencer al número.”

Ni un minuto de tregua, entretenimiento durante cada maldita página y un dibujo espectacular que me ha encantado. Lucifer dibujado como una mezcla del Constantin y Bowie, elegante, carismático, arrogante, chulito pero inteligente, ágil y resolutivo.

La historia te secuestra por completo, te aísla. Supongo que en parte es por toda la mitología cristiana, pero aparte de eso, el guion es tan increíblemente poderoso que no puedes evitar leerlo de una sentada. Te sorprende. Es hábil, es una historia atractiva tanto individual como colectivamente en el contexto global de la colección.  La riqueza de los personajes, el historial que arrastran del pasado literario/bíblico/mental, los matices, la filosofía… Todo hace de este personaje y sus cómics, algo que es jodidamente obligatorio de leer y esta es una de esas reseñas en las que me quedo corto y no sé cómo más alabar una obra.

Y, por otra parte, como en todos en los cómics de esta “naturaleza preternatural” los giros son indispensables pero también lo es que estos sean creíbles, que no chirríen y que sorprendan para bien, algo que se ha logrado con creces.

Tenía mis dudas, dije en la reseña anterior. En su día Lucifer fue una gran serie, sigue siendo una de mis favoritas y le tengo un cariño especial. Por eso las dudas y los miedos. Porque cabía la sospecha de que recuperar tan icónico personaje de una serie finiquitada doce años antes, y además concluida con un cierre que no dejaba mucha opción de continuidad, era tan solo una maniobra para vender cómics. No sé si habrán vendido muchos, pero desde luego estos tres tomos, Cielo frío, Padre Lucifer y Sangre en las calles, son una continuación más que digna que, creo yo, satisfará a los que les enamoró la saga de Carey.

¡Larga vida a Lucifer!

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Paper girls. Volumen 1, de Brian K. Vaughan y Cliff Wilson

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paper girls 1Que Vaughan es bueno haciendo cómics es como decir que la lluvia moja. Antes del éxito de Saga, Ex-Machina y Paper girls, Brian K. Vaughan parió Y, el último hombre, Los leones de Bagdad, (obra esta menos conocida pero a tener muy en cuenta), por poner unos ejemplos y… fue guionista de… chan chan… ¡Perdidos! No llegué a terminar la de Y,  (por despiste, no por otra cosa. Es lo malo de las series de cómics que, al igual que con las de formato televisivo, hay tantas que tienes que elegir cuáles sigues y cuáles no, y esta, a pesar de estar en el grupo de las que sí, fue quedando poco a poco relegada), pero era un cómic cojonudo, muy original y de lo más entretenido que había leído hasta entonces.

Con Paper girls 1 el entretenimiento no falta, pero en cuanto a originalidad… digamos que, en principio, no es del todo original (y no hablo de que plagie ni nada parecido, ojo). Y es que nos vamos a trasladar a finales de los ochenta y todo el cómic recuerda la estética, los protas (aunque aquí en versión femenina) y situaciones típicas de esos años que hemos visto ya cientos de veces en Los Goonies, Cuenta conmigo, E.T. y pelis del estilo, (todos sabemos de qué tipo de pelis estamos hablando), y que parecen volver con fuerza –y para breve muestra tenemos el remake de It y acabamos de ver la segunda temporada de Stranger Things (aunque este cómic es anterior)– . Sí, amigos. La nostalgia vuelve y, sobre todo, ¡vende y mucho!

En este tomo se recogen los número 1 a 5 de su versión en grapas y en ella seguimos a Erin, de doce años y repartidora en bici del periódico local y a otras tres repartidoras del mismo periódico a las que conoce la noche de Halloween. Estas tres, Tiffany, Mac y KJ, se reúnen desde el año anterior en Todos los Santos para hacer juntas el reparto porque esa noche suele haber mucho loco suelto, y Erin se unirá a ellas. Y… efectivamente, si  en Todos los Santos hay locos, esa noche va a ser una puta y absoluta locura.

¿Qué puedo contar si es que…? En realidad podría contar todo y os quedarías igual al final.  ¿He dicho que Vaughan fue guionista de Perdidos? ¿Recordáis el oso polar? Bueno, al final sí que se explicó su porqué y eso espero que suceda al final de esta serie, porque deja tantos, pero taaaantos misterios dispersos ya desde este primer tomo, que es imposible no querer conocer como continúa para poder enderezar el culo.  Así que venga, ¡qué coño! Vamos a avanzar un poco más. Las cuatro chicas se dividen en dos grupos para agilizar la tarea, y a Tiffany  la atacan tres tíos con “disfraces cutres” y se llevan su walkie. Ese segundo walkie que compró tras ahorrar las propinas de Navidad. A partir de aquí sí que ya no cuento nada porque aunque os dejara igual, estropearía la sorpresa de descubrir por uno mismo las sorpresas, que son muchas, que nos tiene guardadas este cómic.

En cuanto al arte, me encanta. Corre a cargo de Cliff Chiang, de quien ya destaqué su currazo impresionante con sus trazos y diseños en la etapa de la Wonder Woman a cargo de Azzarello. El color, fundamental durante todo el recorrido es obra de Matt Wilson, quien venía de colaborar también con Chiang en la misma colección de la amazona. Mismos artistas pero un trabajo tan diferente que no parece de ellos, y aún así, increíblemente bueno.

Paper Girls 1. Un cómic para nostálgicos, para amantes de la ciencia ficción, de los misterios, de los viajes en el tiempo, de los que se comen la cabeza e inventan teorías locas sobre lo que puede pasar cuando una película acaba con final abierto y de los que, simplemente, quieren pasar un buen rato con un gran cómic.

Intriga, misterio, ciencia ficción. En definitiva un gran entretenimiento. A saber qué nos deparará este fantástico viaje en tomos sucesivos y si se resolverán todas las incógnitas. Yo no me lo pienso perder.

4,8,15,16,23,42…

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Plutona, de Jeff Lemire y Emi Lenox

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plutonaLos cómics sobre superhéroes siempre nos han ofrecido historias en las que el protagonista que goza de poderes inimaginables está en el punto álgido de su vida. Su poderío es apabullante, sus músculos increíbles y en su actitud mora la osadía que va intrínsecamente ligada con la juventud. Tras algún que otro contratiempo nuestro héroe o heroína siempre acaba venciendo al villano de turno. En ocasiones casi sin despeinarse.

Luego están esos cómics que, con sucesivos reboots del personaje o en tramas que sirven de excusa para que el lector visite el pasado, podemos asistir a los orígenes de ese superhéroe. Siempre resulta revelador descubrir a qué problemas se enfrentó este ser especial antes de conseguir, mediante el aprendizaje, controlar esos poderes que inicialmente le asustaban. Caer, levantarse, y caer de nuevo; así sucesivamente hasta hallar el camino que lo llevaría a consagrar su vida en pos de la justicia.

Por último, y no menos importantes, están los cómics de superhéroes crepusculares. Viejos, derrotados, con poderes totalmente mermados y casi siempre en busca de la redención; la cual cruelmente hallarán tras pagar un alto precio. Batman: El regreso del Caballero Oscuro y Watchmen abrirían la veda de este tipo de héroes derrotados que no son capaces de encajar con el mundo que los rodea. La muerte siempre es moneda de cambio en estos relatos. Tumbas sin nombre acogen viejas leyendas que se dejaron la piel por retomar el camino de la rectitud que una vez abandonaron.

Vale, bien, ya hemos matado al superhéroe. Se nos han puesto los pelos de punta con sus últimos y titánicos esfuerzos por salvar la humanidad. ¿Y ahora qué? ¿Cómo nos afecta esto a la gente corriente? Jeff Lemire, que en Black Hammer: Orígenes Secretos ya nos mostró a un puñado de superhéroes en horas bajas atrapados en un purgatorio de decadencia y melancolía, vuelve con una peculiar historia de superhéroes. Y digo peculiar porque la superheroína que da nombre al cómic, Plutona, será el pretexto para poner en marcha una situación truculenta a la que cinco adolescentes tendrán que hacer frente.

Plutona nos muestra en sus viñetas iniciales, en cuatro viñetas que hacen hincapié en las diferentes partes del cuerpo ensangrentadas de una superheroína, como la figura inerte de ésta se halla en las profundidades de un bosque. Hasta allí llegarán cinco adolescentes. Ante la conmoción inicial empiezan a debatir sobre qué deben hacer con el cuerpo. ¿Enterrarlo sin decir nada a las autoridades? ¿Grabar un video para colgarlo en Youtube y enriquecerse? ¿Avisar a los otros superhéroes de la ciudad que ahora se hallan distraídos en chorradas superfluas y que han abandonado sus obligaciones como defensores de Metro City? Aunque en un primer momento parecen llegar a una difícil decisión, algunos integrantes del grupo decidirán actuar en su propio beneficio.

Jeff Lemire teje una cruda historia de costumbrismo superheroico que a medida que avanza se vuelve muy oscura y siempre poniendo el foco de la acción principal sobre los adolescentes que deberán dirimir no solo con sus vidas sino también con un terrible secreto. Vidas que Lemire insinúa, con padres borrachos o madres inexistentes, dejando demasiado a la imaginación del lector y haciendo que algunos personajes pierdan algo de profundidad. Enlazando con la historia de los muchachos y siempre en retrospectiva, al final de cada capítulo se nos contará que llevó a Plutona a acabar tirada en aquel bosque. Esta alternancia en la narración será la puntilla definitiva para acercarnos a un final perturbador que te deja más compungido que aliviado. Un final que es como ver venir desde lejos un camión y no poder hacer nada para evitar ser arrollado.

A los lápices encontramos a la ilustradora Emi Lenox. Su trabajo mezcla con soltura el estilo cartoon indie de trazos gruesos con cierta evocación sutil al manga. Su dibujo se vuelve más duro, sucio, realista y menos juvenil en las páginas que nos hablan de Plutona. Rostros demacrados, músculos marcados, ojeras oscuras y cabellos enredados sirven para mostrarnos a una superheroína que aunque cansada sigue haciendo lo correcto. Pero sobre todo, lo que Emi Lenox consigue, dotando de gran expresividad a los rostros y eliminando distracciones de fondo o detalles que no aportan nada a la narración, es que las personas (sus gestos, silencios, miradas) estén por encima de todo.

Plutona, publicado por la editorial Astiberri, es un cómic de corte indie que nos muestra cómo se comporta un grupo de adolescentes ante un macabro hallazgo que se convertirá en una especie de inquietante rito hacia la temprana madurez. Sus decisiones vendrán marcadas por sus personalidades y el entorno familiar en el que se han criado, llevándoles a cometer actos crueles e inmorales, aunque también honestos y de amor de los cuales el lector tampoco saldrá indemne.

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Lucifer. Padre Lucifer, de Holly Black

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padre luciferA ver cómo hablo de este cómic porque no es fácil y hay que remontarse algo en el tiempo, al principio, cuando el principio era el Verbo. Bueno, no tan al principio, pero la frase venía a huevo siendo el cómic que vamos a reseñar el que es.

Pues bien, al principio… tuve la suerte, la enorme suerte, de empezar en esto de los cómics con The Sandman (de Neil Gaiman). Tal vez la mejor obra del noveno arte, siempre en mi opinión, que he leído hasta ahora. De las páginas de The Sandman emergió el personaje de Lucifer, el rey del Infierno.  Un Lucifer bastante distinto a la imagen del Diablo que todos tenemos implantada en la cabeza.Todos pensábamos que sería un simple cameo por necesidades de guion, pero nada más lejos. Años después Lucifer tuvo un spin off, una serie propia, obra de Mike Carey (que, curiosamente, llegó a tener la misma extensión),  con tanta calidad, entretenimiento y prestigio como la serie de donde salió, pero con una identidad totalmente propia. (Algún día tendré que leer de nuevo las tres o cuatro colecciones que conforman mi particular olimpo comiquero: The Sandman, Lucifer, Hellblazer y Predicador).

Ha pasado mucho tiempo desde que se publicó el último Lucifer, concretamente en 2006. Y por eso cuando hace un par de meses vi el tomo de Lucifer Cielo frío, pensé que era una reedición de la colección de Carey. ¡Grave error!  Alguien había osado poner sus manos sobre el ángel caído. ¿Por qué? ¡Si esa “creación” ya estaba cerrada y bien cerrada! ¡Ya nadie respeta nada! ¿Qué será la próximo, una segunda parte de Los Goonies? ¡Y me voy a callar lo que pienso de la serie televisiva, porque poner a Lucifer a lo Sherlock como consultor de la policía para ayudar a resolver crímenes…! Que no,  que eso me lo callo.

Afortunadamente, tras leer Cielo frío, el número anterior a Padre Lucifer, puedo respirar tranquilo. La obra no ha sido mancillada y el Lucero del alba sigue tan carismático, elegante y astuto como solo este Diablo puede serlo y siguen tratándose los temas de la predestinación y el libre albedrío.

¿Qué tenemos en este cómic? Pues de hecho, algo bastante similar al Lucifer planteado por Carey. Además de lo ya mencionado (el destino y el libre albedrío), tenemos las relaciones padre-hijo. Lucifer parece tratar a su hijo de forma parecida a como Dios le trata (o trataba) a él. El paralelismo es más que evidente. Tras haber resuelto el asesinato de Dios en Cielo frío, Lucifer vuelve a su piano bar, Ex Lux, en Los Ángeles. Pero la noticia de la muerte de Dios pronto se extiende en el Cielo y…  es muy difícil hablar de este cómic sin destripar nada. Los ángeles van a querer ocupar el trono, y en el Infierno el hijo de Lucifer reclamará frente a la actual reina, Mazikeen, su derecho legítimo al trono.

Hasta aquí puedo leer. Debo decir que, de momento, estos dos números me han sabido a gloria y me han evocado las mismas sensaciones que tuve en su día al leer las historias de Carey. Y eso, siendo justos, no era tarea fácil.

Padre Lucifer sigue donde se quedó Cielo frío y despliega un derroche narrativo, y visual, delicioso para todos los que en su día disfrutaron con el personaje. Reencuentro con figuras de antaño, diálogos y réplicas frescas e ingeniosas, un dibujo a la altura y una historia que logra que te desconectes de todo y te sumerjas hasta el fondo en ella y tiene los necesarios giros o artimañas propios de un personaje tan dado a ellos y que solo Él planea tan bien.

Holly Black nos ha devuelto al Lucifer que recordábamos y que tanto nos gustó.

Estoy deseando hincarle el diente al tercer tomo… a pesar de que será el último, y de que tampoco guioniza Holly Black (vuelta al miedo y a la esperanza).

Una lectura por la que merece la pena pecar.

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La vuelta al mundo en 80 cementerios, de Fernando Gómez

la vuelta al mundo

la vuelta al mundoMe gustan los cementerios. Son lugares estupendos en los que perderse paseando. Me gusta caminar por entre las lápidas y hacer fotos a las tumbas antiguas, a las rotas  a las hundidas, o a las que se salen de la tendencia moderna y “normalizada”, de las lineales de ahora hechas en serie. Algunos domingos de otoño he ido a hacer fotos, (que luego subo a mi blog), y también he asistido a visitas guiadas del cementerio de Logroño en donde, caminando bajo la lluvia, se explicaban curiosidades de este, historia de los famosos de la ciudad enterrados en él, antiguas tradiciones… Y hace poco el programa Cuarto Milenio, el de Iker Jiménez, vino a grabar una de las tumbas más llamativas para el reportaje dedicado a un inventor conocido como “El ruso”.

Cuando les digo a mis amigos “mañana voy al cementerio, ¿alguien quiere venir?” Lo que obtengo son miradas de extrañeza.  Supongo que, como la mayoría de personas, ven en los cementerios un lugar al que ir cada uno de noviembre y en las tristes ocasiones en las que toca despedir a un ser querido o acompañar a alguien en la despedida del suyo.

Y sin embargo yo, si voy de vacaciones a algún lugar, una de las visitas obligadas, siempre que haya tiempo y siempre al final de la lista de cosas que ver o hacer, es visitar el cementerio local.

En los cementerios hay arte. Arte funerario, pero arte. Merece la pena perderse en ellos y admirar las esculturas, mausoleos, templetes, y hasta, de vez en cuando, leer los epitafios… Son un conjunto artístico. Hablo de cementerios más bien grandes, no los de, por ejemplo, un pueblo en el que en dos minutos ves las quince lápidas que tengan y que además son todas iguales.

Por eso he querido leer este La vuelta al mundo en 80 cementerios.  Para ver cementerios por los que me gustaría rondar y fotografiar.

En este libro conoceremos anécdotas, curiosidades antiguas, historias de famosos enterrados, cementerios simbólicos  (como el de Las Cruces, en Chile, en donde no hay nadie en sus tumbas ya que es un camposanto dedicado a aquellos fallecidos en el mar cuyos cuerpos no han sido recuperados), historias truculentas (¡vaya con Nicolas Cage!)…

Es muy recomendable tener un ordenador o el móvil a mano mientras se lee este libro, sobre todo cuando en los casos en los que el autor comenta que tal o cual cementerio es de una belleza espectacular o, como el de Skogskyrkogarden, catalogado como Patrimonio de la Humanidad, para poder comprobar y admirar lo que se nos está contando.

Vamos a descubrir bastantes curiosidades a lo largo de todo el libro. De primeras tenemos el cementerio de La Madeleine en Amiens, Francia. En donde lo más destacado es la tumba de Julio Verne, tumba que, si no conocéis, tras la descripción que de ella se hace no os va a quedar otra que echar mano de Internet para verla.

No voy a describir los 80 cementerios, pero vale la pena resaltar que iremos a Highgate; a Cross Bones, al cementerio de los marginados; a Whitby, famoso por estar en él ambientados algunos de los pasajes de Drácula; a las grutas del Vaticano, donde conoceremos sobre el Sínodo del Terror; al cementerio de los Manantiales, que no son sino cuevas repletas de calaveras; a las catacumbas de los Capuchinos, en donde está la que se considera “la más bella momia de mundo”, la de Rosalía, una niña fallecida a los dos años de edad; al muy curioso osario de Sedlec, o lo que es el primer cementerio exclusivo de vampiros; a un cementerio dedicado a animales;  al aún más curioso Cementerio Colgante de Sagada, en Filipinas, en el que multitud de ataúdes cuelgan en las rocas de los acantilados o aprovechando pequeñas cuevas; al de Waverley, en Australia, uno de los diez cementerios más bellos del mundo;  al de los 47 ronin, en Sengakuji; al de San Luis, en Nueva Orleans, en donde descansa el cuerpo de “una de las vampiras más aterradoras del continente americano” y cuya historia recuerda a las primeras páginas de Entrevista con el vampiro; y los siempre extraños cementerios caribeños (el de Colón, en Cuba) y mejicanos (el de Muñecas en Xochimilco).

Por nombrar por encima los más llamativos.

Un recorrido por el mundo en busca de los cementerios más hermosos o con las historias más atrayentes (por cierto, en los de Londres había unas cuantos con vampiros merodeando, y no me refiero al de Whitby), con las tradiciones más chocantes para nuestro modo de entender el concepto de cementerio, con anécdotas, leyendas o simples biografías de personajes célebres narrado todo ello de forma sencilla, como si el autor nos hablara de tú a tú, inoculándonos las ganas de conocer más, siempre más.

Si algún pero puedo poner es el de la escasez de fotos y que estas fueran en blanco y negro. Por lo demás, La vuelta al mundo en 80 cementerios es un libro para todos aquellos a los que los cementerios no les parecen un lugar al que ir una vez al año.

Instructivo, fácil de leer y muy entretenido.

¡Viva el necroturismo!

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