Publicado el

Honrarás a tu padre y a tu madre, de Cristina Fallarás

honrarás a tu padre y a tu madre

honrarás a tu padre y a tu madreCuando comencé a  leer Honrarás a tu padre y a tu madre, de Cristina Fallarás, no tenía ni idea de que era una historia real y, sin embargo, lo intuía. Que el personaje que narraba en primera persona se llamara Cristina, como la autora, era una pista, sí; y las fotografías que aparecían en algunos de los capítulos, también, claro. Pero no eran esos detalles los que me transmitían esa sensación, sino la forma de narrar los acontecimientos. Porque cuando las palabras salen de las mismísimas entrañas, se nota.

Honrarás a tu padre y a tu madre se remonta a un hecho ocurrido en los primeros meses de la guerra civil española. Pero no es una historia más sobre la guerra civil, ni por la forma (a caballo entre la crónica y la novela) ni por el fondo. Nos hace entrever los puntos de vista de los vencedores y vencidos del conflicto bélico, aunque de una forma poco convencional que nos demuestra lo crueles que pueden ser los azares del destino. Sin embargo, va mucho más allá de aquel hecho y de aquel periodo, para hacernos reflexionar sobre la transmisión generacional del trauma de la violencia política, algo de lo que se habla en todos los países, menos en España. Cristina es un ejemplo de este trauma.

«Ellos existen en mí y a través de mí. Ahí está mi herida».

«Toda historia tiene un vértice, el punto en el que se cruzan todas y cada una de sus partes, desde donde parten las cosas hacia el futuro y hacia el pasado, y que sin ese punto no serían nada. El vértice de mi historia está en aquel 5 de diciembre de 1936 porque allí se cruzaron todos los personajes que construyen mi propio personaje».

En Honrarás a tu padre y a tu madre, todo gira en torno a esa fecha. Cristina sale en busca de esos tres personajes, sus muertos, y les pregunta todo aquello que nadie ha querido explicar. Reconstruye sus historias, en un intento de hallarse a sí misma, para ver si de este modo encuentra la salvación. O  se atreve a mirar a los ojos a sus hijos, al menos.

Pocas veces me encuentro con una obra que contenga tantas frases certeras, esas que lo dicen todo y no dejan lugar a explicaciones o circunloquios. Tal vez por eso no paro de copiar citas de la novela. Ahí donde mis palabras no llegan, las de Cristina Fallarás atraviesan:

«Nosotros, los vivos, solo tenemos pequeños huesecillos del esqueleto de la historia, de esta historia, y con ellos las construimos, evidentemente falsa. No cambia en absoluto lo que sucedió. Lo que sucedió, sucedió, y jamás tendremos idea.

Pero el relato sí cambia, y eso, el relato, es lo único que nosotros tenemos.

O sea, nuestro propio relato. Nosotros somos el relato».

Eso es Honrarás a tu padre y a tu madre: el relato de Cristina Fallarás, el de su familia y el de todas esas familias que han visto «cómo el dolor, al igual que el silencio, al igual que la cobardía, atraviesa generaciones».

El retrato de un siglo de la historia de nuestro país. O de toda nuestra historia, en realidad.

De la esencia del ser humano, en definitiva.  Como lo es toda la buena literatura.

[product sku= 9788433998514 ]
Publicado el

Sigo siendo yo -Yo antes de ti- 3, de Jojo Moyes

Sigo siendo yo

Sigo siendo yoCuando anuncié por las redes sociales que iba a leer la tercera parte de Yo antes de ti mucha gente se puso en contacto conmigo para preguntarme por la saga. Otros muchos me dijeron que habían leído la primera parte por el boom que hubo en su día, pero que después les dio pereza seguir con la historia (visto el final del primer tomo). Y yo que no me lo explico. No lo entiendo. ¿Seré yo la única que estaba deseando que la vida de Louisa Clark continuara? Es imposible, no puede ser. Me cuesta mucho comprender a aquellas personas a las que no les gusta esta trama y que no entienden por qué la autora, Jojo Moyes se ha atrevido a escribir una tercera parte.

Y es que a mí esta saga me encanta. Estoy segura de que esto se debe a la naturalidad de la protagonista, Lou, con la que a veces me identifico tanto que me llego a asustar. En muchas de las escenas me veo tan reflejada en ella que en ocasiones pienso que estoy leyendo algo que podría haber salido de mi propio diario. Y eso da miedo. Y engancha, a partes iguales. Porque, para mí, no hay nada más bonito que leer un libro que te haga perder tu propia identidad hasta el punto de llegar a pensar que tú mismo eres el protagonista.

Es esta nueva entrega, Sigo siendo yo, Louisa Clark viaja a Nueva York, donde trabajará de asistente de una mujer rica que reúne todos los requisitos para ser la típica chica de la Quinta Avenida. Aunque podríamos deducir que Lou se va a sentir como en casa, ya que en principio se podría pensar que Estados Unidos no es tan diferente de su Inglaterra natal, lo cierto es que Lou va a tener que reconstruir su vida desde cero. La existencia en la Gran Manzana se le complica desde el mismo momento que pone sus pies en el asfalto estadounidense y la aparición de Josh, que le recuerda tanto a Will que llega a doler, no ayuda en absoluto. Ella quiere con todo su corazón a Sam, eso es cierto, pero un océano de por medio es mucho. Es mucha distancia, es mucho tiempo, es muy difícil.

Jojo Moyes vuelve a traernos una novela que no es perfecta. Cuando leí Yo antes de ti y llegué a ese final (¡qué final!) me quedé a cuadros. En serio, me quedé mirando la última página y pensando “¿de verdad? ¿esto está pasando?”. Solo podía pensar en las narices que tuvo la escritora cuando publicó el libro que la llevaría a la lista de los bestsellers en una carrera contrarreloj. De hecho, hace poco leí una entrevista en la que ella confesaba que tenía el final pensado antes de escribir el libro, pero que, cuando llegó a ese punto en el que la historia terminaba, le preguntó a su editora que si podía escribir un final alternativo para que los lectores eligieran con cuál quedarse. Su editora se rio mucho y cuando vio que la escritora británica no se lo estaba diciendo de broma, le tuvo que decir que no, que no se podía hacer eso. En fin, Jojo Moyes se preocupa por el lector, pero hace lo que tiene que hacer, tanto en Sigo siendo yo como en el resto de entregas. Por eso sus novelas no son perfectas. Si lo fueran, os lo aseguro, ahora mismo no estaría aquí escribiendo esta reseña, porque no habría pasado del primer libro de ninguna de las maneras.

Y yo la verdad es que me alegro de que la editora le parara los pies, porque si se hubiera hecho eso (si nos hubiera dado el final que todos, en el fondo, queríamos), seguramente, ni siquiera habrían surgido estos dos libros posteriores. Mucha gente considera que son innecesarios, sobre todo este último, pero qué os voy a decir… a mí la vida, la personalidad, la rareza de Lou me gusta tanto, que no me importaría leer más y más sobre ella. Es como cuando le digo a la gente que si Anatomía de Grey siguiera renovándose hasta tener treinta temporadas, yo lo seguiría viendo sí o sí. Porque son historias que me gustan. Vale, quizás no lleguen a sorprenderme como al principio, pero estoy tan a gusto y tan cómoda en ese mundo, que no me importaría pasarme por ahí unas cuantas veces más.

No sé, tal vez sea porque soy una soñadora empedernida como Lou. Una chica que siempre ve el lado positivo de la vida y que intenta levantarse cada día con una meta que cumplir. Y todo ello a sabiendas de que la vida es difícil. Que la vida duele en muchas ocasiones y que es capaz de destrozar todo lo que queremos e incluso por lo que respiramos cada segundo. Pero esto es así. Hay que plantarse, ya sea con unas medias a rayas amarillas y negras o con unos vaqueros normales y corrientes, para decirle a la vida que somos más fuertes que ella. Y Lou ha demostrado que es capaz de hacer eso y mucho más.

[product sku= 9788491292395 ]
Publicado el

Las Supervivientes, de Riley Sager

lassupervivientes

lassupervivientesNo es fácil ser una chica. Tampoco lo es ser chico, ojo. Pero si nuestra vida es una película de terror, ser chico suele ser más fácil. Simplemente basta con resistirse a morir, morir finalmente y ya. En cambio, siendo una chica tienes que ir ligera de ropa y correr por cementerios neblinosos o campamentos donde hasta hace poco alguien te sobaba las tetas o atravesar fríos bosques, golpeándote la cara con ramas y arañándote las piernas con la maleza mientras tratas de escapar de un maniaco con un hacha, cuchillo, motosierra o el fetiche elegido por el tunante de turno para desmembrarte.

No, no es fácil. Pero tampoco es fácil ser la superviviente de una de esas matanzas. Imagínalo. Planeas un finde con los amigos, pilláis una casa rural, lleváis juegos, comida, hacéis senderismo… Un finde en el que incluso habéis tenido en cuenta la previsión del tiempo y este os acompaña. ¿Qué puede salir mal?  Tantas cosas, ¿verdad? Imagina que un loco empieza a matar a tus amigos y sobrevives. Vives con ello, con el recuerdo diario de ellos y con la culpa de haberles sobrevivido. Y, sobre todo, te reconcome el haber olvidado unos minutos de esa escena. Tienes una pequeña laguna temporal en el suceso más importante de tu vida.

Eso le pasa a nuestra prota, Quincy Carpenter, quien pasó a ser etiquetada como otra más de las integrantes del grupo de las “últimas chicas”, en el cual también están Lisa y Sam, únicas supervivientes de otras matanzas.

Diez años después de la terrible carnicería, Quincy parece haber superado todo eso: se dedica a la repostería y sube fotos de sus creaciones a su blog, que parece ser muy visitado e incluso tiene patrocinadores; y comparte su vida con una pareja comprensiva. Además, cuenta con el policía que le rescató al cual puede acudir siempre que lo necesite como si de un terapeuta se tratase.

Todo parece ir bien, hasta que se presenta en su casa Sam y poco después la policía encuentra a Lisa en la bañera con las venas cortadas.

¿Acaso hay un psicópata suelto que va a dedicarse en su tiempo libre, o puede que a tiempo completo, laborables y festivos, a matar a las supervivientes de este tipo de tragedias? ¿A hacer justicia porque ese era el “destino” de esas chicas?

Sea como sea, este es el planteamiento de Las Supervivientes, una novela, primera del autor, que se lee con interés, con la intriga  y el comeuñas del “qué pasará” propio de este tipo de thrillers y en el que somos capaces de empatizar con alguien como Quincy, a pesar de que a veces la abofetearíamos sin dudarlo. La entendemos, sí, pero a veces hace cosas bajo la influencia que vaya…

Un punto que me ha gustado ha sido el enfoque que se hace sobre la prensa, ya sea sensacionalista o general. Una crítica inteligente hacia todos los carroñeros que viven del morbo y desgracia ajenas sin importarles las consecuencias de sus actos.

Pero volviendo al tema principal y sangrante, Riley Sager va a jugar con nosotros desde el principio. Apoyándose en la baza de la laguna en la memoria de Quincy va a plantar en nosotros la semilla de la incertidumbre, haciéndonos incluso sospechar de la propia protagonista. ¿Realmente ella no recuerda, o dice que no recuerda porque sabe perfectamente lo que hizo? ¿O tal vez encubre a alguien? ¿Es verdad que Lisa se suicidó? ¿Y Sam? ¿Por qué aparece justo ahora? Cuantos interrogantes…

Como digo, Las Supervivientes se lee con facilidad, los personajes más o menos están bien perfilados, y la historia no te permite abandonarla. Pero ese final chirría algo. Y chirría más cuando ves en las solapas a King alabar el libro (claro que King hace tiempo que no acaba bien un libro), a otro decir que “mirarás al otro lado de la habitación cuando el personaje escuche a alguien que se acerca” (venga ya, por favor que no es un libro de terror),  o a Lisa Gardner afirmar sin cortarse un pelo que es “el mejor libro del año”. Francamente, esas aseveraciones van en contra del libro porque te crean unas expectativas que no se cumplen y el famoso giro final (porque en el fondo desde que empiezas a leer el libro –o cualquiera similar a este– estás buscando ese giro final sorprendente que te cagas y que te va a dejar con el culo torcido), no es ni tan sorprendente ni sería creíble en la realidad a nada que te pongas a pensarlo.

Al margen de eso, si se acude sin hype y leyendo la sinopsis y nada más que la sinopsis tendremos una entretenida y disfrutable lectura. Ni de coña la mejor del año, pero, desde luego, entretenida y muy muy disfrutable.

[product sku= 9788420428123 ]
Publicado el

Dieciocho meses y un día, de Paz Castelló

Dieciocho meses y un día

Dieciocho meses y un díaLas movilizaciones del 8 de marzo, en defensa de la equiparación de derechos entre mujeres y hombres, fueron todo un éxito en toda España («Desde el ‘No a la guerra’ y la de Miguel Ángel Blanco no había visto nada así», oí decir en más de una ocasión). Sin hacer un análisis profundo, no cabe duda de que una de las principales razones de ese apoyo masivo que demostró la sociedad española es que las peticiones que se hicieron en las calles y plazas de nuestro país eran (y son) tan razonables como justas: eliminar la brecha salarial, combatir con mayor eficacia la violencia machista, fomentar desde las escuelas el conocimiento de los logros de las mujeres a lo largo de la historia… De entre ellas, hubo una que, escuchada a modo de lema, me revolvió por dentro: «Las calles de noche también son nuestras». Qué tristeza, pensé, tener que pedir a gritos algo tan básico.

Ese miedo a la violencia machista lo ha recogido excelentemente Paz Castelló en su tercera novela, Dieciocho meses y un día, aunque de una forma poco habitual. Y es que en esta historia ya no se puede hacer nada por la víctima: Lola fue asesinada a tiros por un motorista hace algo más de un año. Su amiga Sabina logró reconocer bajo el casco a Eugenio, su exmarido, pero no consiguió convencer al juez de ello y la coartada que le ofreció su nueva novia bastó para que fuese absuelto. Además, desde el mismo momento en que se produjo el incidente Sabina, pintora de profesión, desarrolló una severa agorafobia, que le hizo encerrarse en su ático de Peñíscola a cal y canto. No obstante, una vez que conoce la noticia de la puesta en libertad de Eugenio, decide buscar la forma de que se imparta justicia, con la esperanza añadida de que eso sirva para poder poner fin a su cautiverio autoimpuesto.

Castelló, que ya dio muestras el año pasado de su talento en el campo de la novela de suspense con Mi nombre escrito en la puerta de un váter, cambia completamente de temática, aunque no abandona su particular forma de construir el entramado de la novela. Así, la escritora alicantina continúa dando suma importancia a la creación fidedigna de los personajes, a los cuales va dotando de personalidades más o menos complejas por medio de las largas descripciones de estos y de la inclusión de monólogos interiores, sobre todo en el caso de la protagonista, Sabina Lamer. Esto nos permite conocer los motivos que la llevan a prolongar su encierro voluntario y contribuyen a empatizar con su causa, aunque esta no sea otra que acabar con la vida del asesino de su amiga para volver a recuperar la suya.

La trama se va cocinando a fuego lento y hasta bien pasado el ecuador del libro bien podría parecer que nos encontramos ante una foto fija, en la que todo gira en torno a la angustiosa situación vital de Sabina. Pero al igual que en su anterior novela, Castelló sabe cuándo debe tocar las teclas adecuadas para provocar giros inesperados de guion y mantener al lector pegado al texto. Así, al tiempo que con sus cuidadas descripciones te mantiene pendiente del tortuoso hacinamiento en el que vive la protagonista, va intensificando la trama poco a poco, sin prisa ninguna, hasta que, sin darte cuenta, como les ocurre a los cangrejos cuando son cocidos, te acaba abrasando en el tramo final del relato.

Dieciocho meses y un día, ganadora del premio Letras del Mediterráneo, confirma a Paz Castelló como una maestra en el manejo de los tiempos y renueva la manera de plantear un tema tan incómodo como, por desgracia, habitual: la desprotección a la que se ven sometidas tantas y tantas mujeres por el simple hecho de serlo.

[product sku= 9788416517008 ]
Publicado el

We Stand On Guard, de Brian K. Vaughan y Steve Skroce

we stand on guard

we stand on guardLo primero que llama la atención de la magnífica portada de We Stand On Guard es que muestra una guerra en la que los contendientes son Estados Unidos y Canadá. Puede extrañar que dos naciones que han alcanzado importantes acuerdos y que tienen en su haber sociedades que se presumen tan similares puedan llegar a un conflicto bélico. Bueno, el escenario no es tan inverosímil ni la idea tan osada. Digamos que los Canadienses son más de guardar las formas, tomar el té a las cinco e inclinar la cabeza, que no la rodilla y siempre desde su soberanía, ante la reina Isabel II. Es lo que tiene compartir lazos históricos con el Reino Unido. Por otra banda tenemos a los del American way of life, la banderita en el jardín, la comida basura y el rencor eterno hacia aquellos contra los que una vez tuvieron que batallar para conseguir su independencia.

No es de extrañar pues que, con tal acumulación de inquina, los norteamericanos crearan entre los años 20 y 30 del siglo pasado el denominado Plan Rojo. Éste preveía una hipotética guerra contra el Reino Unido. El ejército norteamericano suponía que éstos atacarían desde Canadá, así que ellos tomarían el país antes. Básicamente era un movimiento preventivo contra los ingleses. Lo mejor de todo es que por aquella época los canadienses, oliéndose la tostada, habían trazado también un plan de contingencia contra los EEUU. Cuando toda esta información se desclasificó y se hizo pública las tensiones entre estos dos países, como habréis imaginado, no mejoraron. Y ahí andan desde entonces, manteniendo el tipo mientras intercambian pullitas.

Pero dejemos la historia para ponernos con un cómic de ciencia ficción que arranca en el año 2112 con una impactante escena en la que La Casa Blanca es atacada. Este grave incidente servirá de pretexto para que EEUU vaya con todo contra Canadá. Unos Estados Unidos que sufre una grave sequía contra un Canadá que goza del mayor grupo de lagos de agua dulce de todo el mundo. Una guerra quizá no buscada, pero que para uno de los dos países resultará beneficiosa. Con lo que no contaban es que tras doce años de ocupación unas fuerzas rebeldes todavía se atrevan a plantarles cara. A grandes rasgos esto es lo que nos ofrece Brian K. Vaughan, guionista de carrera prácticamente intachable. Creador de grandes y originales obras como la intrigante y nostálgica Paper Girls o la space opera fantasy Saga.

Quien introduce al lector en este slice of life bélico de ciencia ficción es Amber, una muchacha que perdió a su familia en los primeros compases de la guerra. Al inicio de los capítulos veremos cómo se las apañó para sobrevivir en un país asolado por la guerra, para luego enlazar y mostrarnos a una Amber ya adulta. Un esquema que recuerda mucho a las series de televisión y que consigue que poco a poco vayamos comprendiendo, incluso temiendo, a esa muchacha que en un principio parecía mostrarse casi desvalida. De Amber será de la única que lleguemos a conocer un pasado. De los demás personajes Brian K. Vaughan solo nos ofrece algunas miguitas que en algunas ocasiones son suficientes pero que en otras no llegan a saciar el hambre por conocer las motivaciones reales que les llevaron a crear ese grupo de insurgentes. Con todo, triunfa incontestablemente a la hora de mostrarnos que en la guerra no existen héroes, solo supervivientes con diferentes aspiraciones. Mientras unos se conforman con conseguir la paz, otros no descansarán tranquilos hasta alcanzar la venganza. Por ello, no deja ser incómodo llegar a empatizar con personajes que ejecutan enemigos a sangre fría o que consideran la inmolación dentro de sus tácticas de guerra.

¿Y a nivel gráfico que nos encontramos? Pues perros de metal. Perracos gigantes del tamaño de un puto edificio. Camiones de un tamaño acojonante. Y drones pantagruélicos que sirven como bases flotantes. Éstos, además de otros engendros de guerra, surgen de los lápices de Steve Skroce. Maquinaria de guerra que es una clara y lógica evolución de la que existe hoy en día. Los perros, por ejemplo, no son más que una versión altamente armada y preparada para entrar en batalla de las criaturas que fabrica Boston Dynamics. Algunos de ellos de titánico tamaño son pilotados por humanos, revelando lo que podría ser una combinación entre los AT-AT de Star Wars y el típico mecha japonés pero con una bandera de los USA estampada en su fuselaje. Pero Steve Skroce no solo demuestra defenderse holgadamente en el diseño de armamento futurista, sino que también lo hace a la hora de dotar a sus personajes de un complejo y verosímil lenguaje corporal, consiguiendo que con un gesto corroboren lo que están manifestando con palabras. En lo referente a la narración visual esta es tan rápida como explosiva. Debido en mayor medida a una configuración de viñetas muy limpia, que casi nunca se sobreponen y en las que lo que contienen jamás abandona las cuatro líneas. Una configuración de escenas nada inusual para alguien que, aunque ha trabajado muchísimo en el cómic, también lo ha hecho creando storyboards para películas como la trilogía Matrix o V de Vendetta. La guinda del pastel la pone el colorista Matt Hollingsworth con un color suave pero enérgico que realza y enriquece el trabajo del dibujante.

En definitiva, We Stan On Guard es un cómic publicado por Planeta Cómic que no solo nos narra una historia bélica de ciencia ficción tremendamente ágil y repleta de acción, sino que también busca que el lector reflexione sobre como las guerras cambian a las personas.

[product sku= 9788491468851 ]
Publicado el

Habrá valido la pena, de Daniel Morales

Habrá valido la pena

Habrá valido la penaCreo que todos estaremos de acuerdo en que la portada de Habrá valido la pena, de Daniel Morales, es llamativa. Y sí, la novela da lo que promete: hay sexo, bastante, y explícito. La primera parte podría resumirse en que Hannah es una alemana de dieciocho años que viaja a Málaga para iniciarse sexualmente: quiere perder su miedo a la penetración y, de paso, encontrar a su príncipe azul. Ay, qué soñadora es esta Hannah, lectora de Charles Dickens, Jane Austen y Lewis Carroll. Si hasta se ha tatuado en el pecho a Alicia atravesando el espejo.

No es arbitrario lo del tatuaje, ya que la novela está plagada de referencias a esta novela. En realidad, la literatura juega un papel fundamental. Hannah es una lectora empedernida y a través de la evolución de sus lecturas vemos también los cambios de su vida: de su adorado Lewis Carroll al atormentado Dostoievski, pasando por los libertinos Sade o Masoch y después, la ausencia de libros; sin vía de escape a su realidad.

Al principio, Hannah afronta la virginidad como si fuera la barrera que la separa de la madurez. Llegamos a conocer sus miedos al pie de la letra. No obstante, aunque el relato se centra en su punto de vista, Daniel Morales también logra transmitirnos las inseguridades sexuales de los chicos que se cruzan en su camino: por la eyaculación precoz, por el tamaño, por las parafilias. En definitiva, retrata de forma bastante verosímil la iniciación sexual de Hannah y de los personajes que le ayudan a ello.

Pero esa etapa de descubrimiento no se reduce al sexo. Hannah también se adentra en las drogas: un porro en una fiesta, un poco de MDMA en una noche de desfase, una raya porque la invitan y no quiere hacer el feo… Daniel Morales refleja los efectos mentales y físicos de cada una de ellas, incluso los autoengaños de los que las consumen y no reconocen que se les va de las manos. Y si el retrato de la iniciación sexual ya me parecía acertado, el de adicción al alcohol y a las drogas me parece impactante y muy bien desarrollado.

Sexo y drogas tienen un fuerte nexo en la historia de Hannah: una cosa le lleva a la otra, y sin quererlo, pero sin evitarlo, entra en una espiral de autodestrucción. La degradación de Hannah llega hasta límites insospechados. No es la clase de personaje con el que se conecte o empatice fácilmente (al menos yo no lo hecho porque está en las antípodas de mi forma de entender la vida), pero incluso así he sufrido con su declive, incapaz de creerme que todavía pudiera hundirse más.

¿Cómo cae tan bajo? ¿Cuál ha sido su error? No hay un respuesta clara a estas preguntas ni falta que hace, porque si algo destaca de esta novela es que ni el personaje ni el narrador buscan la autocompasión, lo que hace que esta lectura sea todavía más cruda y, por eso mismo, mejor.

Me llamó la atención el discurso de uno de los personajes del libro: «Escribo lo que me pide el cuerpo, lo que me gusta escribir y lo que creo que me gustaría leer, lo que me divierte y lo que me da miedo, lo que me parece hermoso o terrible, y no me importa que esté relacionado con Dios, con el honor, con los coños o con la culpa, que esté expresado en bellas palabras o con palabrotas». Asocié esas palabras irremediablemente a las intenciones de Daniel Morales al escribir esta novela, porque es exactamente lo ha hecho en Habrá valido la pena: ha mezclado lo serio y lo cómico, el sexo y la filosofía. Y le ha salido bien. Hasta tal punto que ha sido galardonado con el Premio Vuela la Cometa 2017. Así que os recomiendo que dejéis a un lado los prejuicios literarios y os atreváis a descender a los infiernos junto a Hannah. Cuando lleguéis a la última página no tendréis duda de que este libro lo merece.

[product sku= 9788493451523 ]
Publicado el

Invisible, de Eloy Moreno

Invisible

InvisibleNo suelo dudar a la hora de hacer una reseña. Normalmente, mientras estoy leyendo el libro, en mi cabeza ya tengo clarísimo qué quiero poner en la reseña, cómo la voy a empezar, cómo la voy a terminar, a qué cosas le voy a dar importancia y a cuáles no.

Pero esta vez… no ha sido así. Pensé que lo tenía todo claro, pero ahora, que me enfrento a mi ordenador con la única compañía de Kenya, mi labradora negra, no se me ocurre qué decir. Y esto se debe a una razón muy sencilla: mientras leía el libro, vi que una de mis compañeras de Libros y Literatura, Virginia, también estaba leyéndolo. Iba a asistir a un encuentro organizado por la editorial en la que el autor, Eloy Moreno, daría una charla sobre su libro. Cuando terminó esa charla, Virginia me escribió preguntándome si había hecho la reseña, a lo que le contesté que no. Y todo era porque el autor pidió, por favor, que si alguien reseñaba el libro no hablara directamente sobre el tema que trata. Yo en ese momento no lo entendí, incluso me enfadé. Pensé: “¿pero qué se ha creído este tío? Cada uno hablará en su reseña de lo que le dé la gana”.

Pero lo he ido pensando estos días y me he dado cuenta de que tiene razón. Ocurre con este libro lo que ocurrió en su día con El niño del pijama de rayas. Había un halo de misterio alrededor de ese libro, ya que la sinopsis no era nada descriptiva y no sabías lo que te ibas a encontrar dentro. Incluso la persona que te lo recomendaba te decía que no podía contarte de qué iba la historia, que simplemente lo tenías que leer y que te iba a encantar. Me imagino que serán muchas las reseñas que hablen de la trama de este libro abiertamente y que podréis encontrar spoilers en cualquier red social o blog de literatura. Pero yo no sé si quiero hacer eso.

Así que he decidido que voy a hacer lo siguiente: voy a olvidar todo lo que tenía en la cabeza, ese esquema que siempre me hago antes de hacer una reseña, y voy a dejar que mi corazón hable por mí. Así que, si no os gusta lo que leéis o no estáis de acuerdo, perdonadle: es nuevo en esto y no sabe muy bien lo que hace.

La sinopsis del libro es la siguiente: “¿Quién no ha deseado alguna vez ser invisible? ¿Quién no ha deseado alguna vez dejar de serlo?”. Y ya está, nada más. En la portada podemos encontrar la sombra de un chico rodeada de gotas de agua que parecen no tocarla. Y las letras del título bien grandes y brillantes: INVISIBLE. No se sabe nada más del libro. No se sabe quién es el protagonista, por qué es invisible o quiere dejar de serlo. No se sabe si el libro trata de marcianos o contiene ricas recetas de cocina. No sabemos nada. Por eso he decidido unirme al club de los que quieren guardar ese misterio para que sea el lector quien lo descubra.

Dentro de sus páginas, el lector encontrará capítulos muy cortitos contados en primera o tercera persona. También podrá ver que son varios los narradores y que cada uno tiene un punto de vista y una posición en el juego muy diferente.

También encontrará un dragón, que está a punto de despertar. Un ratón, un cerdo y un montón de animales más. Por supuesto, encontrará a alguien que es invisible, porque tiene súper poderes, como los protagonistas de los comics y que, aunque no lo admita, a veces le gustaría no tener ese poder.

Y encontrará a una chica con cien pulseras y a un chico con nueve dedos y medio.

Con esas piezas y unos capítulos que al principio parecen no tener sentido, el lector tendrá que ir descifrando la historia, hasta llegar a un final que le dará ganas de volver al principio para leerlo todo de nuevo. Porque entonces todo tendrá una explicación lógica.

No sé hasta cuándo durará este misterio. No sé si directamente esto es una tontería y debería hablar abiertamente del contenido del libro, pero nunca he sido una persona a la que le haya gustado chafar la historia a nadie. Por eso mi corazón ha decidido no contarlo. No porque lo haya pedido el autor, ni porque me parezca imprescindible “guardar el secreto”. Sino porque igual que yo, que no tenía ni idea de qué iba el libro cuando lo abrí por primera vez y me pasé las primeras páginas sin entender demasiado, habrá mucha gente a la que le gustará sorprenderse cuando entiendan toda la historia.

Ahora, mi corazón quiere que os diga también que cuando cerré Invisible mis lágrimas caían a raudales por mis mejillas, como hacía tiempo no me ocurría leyendo una novela. Y que él, mi corazón, estuvo encogido dentro de mi pecho durante las casi trescientas páginas de este libro. Ya solo por eso, mi recomendación está servida.

Recuerdo muchas veces en las que quise ser invisible. Pero yo no tenía ese súper poder que el protagonista de la última novela de Eloy Moreno tiene. A veces lo conseguía y me volvía un poquito invisible, solo un poco. Ahora me encantaría tener un súper poder, pero otro diferente: el de tener un visión que me permitiese detectar a todos los invisibles que hay a mi alrededor que, desgraciadamente, no serán pocos.

[product sku= 9788416588435 ]
Publicado el

Carmen, de Prosper Mérimée y Benjamin Lacombe

Carmen

CarmenCarmen no necesita presentación. El personaje creado por Prosper Mérimée en el siglo XIX se ha convertido en un mito: es el arquetipo por excelencia de la mujer fatal. Tal y como recuerda el ilustrador francés Benjamin Lacombe en el prólogo de la reciente edición de Edelvives, la sombra de Carmen «puede percibirse en canciones de Stromae o Lana del Rey, en películas de Ernst Lubitsch, Christian-Jaque, Jean-Luc Godard o Peter Brook, y en los poemas de Théophile Gautier».

Añadiría que es también la protagonista de la copla Carmen de España, aunque la letra sea un claro desmarque de la denostada imagen del personaje de Mérimeé. Y lo hago porque a pesar de haber oído dicha canción muchas veces de pequeña, hasta ahora no me había dado cuenta de que aludía directamente a esta obra. No es la primera vez que me pasa. A veces conocemos ciertos personajes clásicos por mil referencias, pero en realidad la imagen que nos creamos es distorsionada, muy alejada de su verdadera esencia. Y para descubrirla no hay nada mejor que recurrir al texto original.

Eso es lo que he hecho yo con Carmen. Aunque reconozco que movida por las sublimes ilustraciones de Benjamin Lacombe. ¿Qué queréis? Lo mío con este ilustrador es fascinación absoluta y no podía resistirme a que esta preciosa edición presidiera mis estanterías, junto al resto de obras que tengo de él: Cuentos Macabros, de Poe, Nuestra señora de París, de Victor Hugo, y La sombra del Golem, de Éliette Abécassis. Y es que el tándem Benjamin Lacombe y Edelvives crea las ediciones más bellas que existen hoy en día en las librerías. Incluso me atrevería a decir que con Carmen han dado un paso más: desde el relieve de la mantilla, en la portada, hasta las siluetas reflejadas en cada inicio de capítulo son una auténtica maravilla.

Y el contenido no desmerece a semejante despliegue de edición. La obra de Prosper Mérimée se ha convertido en clásico por derecho, no tanto por la historia que cuenta (el pasional y destructivo amor entre Carmen, la cigarrera gitana, y don José, el soldado convertido en bandido), sino por el poderoso personaje protagonista. Es cierto que puede parecer que el relato de Mérimée peca de racista y machista en varios momentos: hace hincapié en la maldad de los gitanos y en cómo una mala mujer lleva a la ruina a un buen hombre. Pero más allá de la percepción de Mérimée sobre las costumbres calés y españolas, me parece interesante que Carmen también pueda entenderse como un personaje que echa abajo los tópicos, sobre todo, en su época: ejerce su libertad en todo momento, nunca se doblega a los deseos de los hombres. No seré yo quien afirme categóricamente qué valores transmite Carmen, porque traería cola, pero como decía un profesor que tuve en la universidad: si a unos les parece machista y a otros, feminista, es que no es ni una cosa ni la otra. Y eso demuestra la grandeza de este personaje, lleno de matices y profundidad.

El poder de seducción de Carmen no tiene límites, igual que las ilustraciones de Benjamin Lacombe. Así que os advierto que si miráis la portada de Edelvives tan solo unos segundos, os la tendréis que llevar a casa. Pero tranquilos, que nos os pasará como a don José. Seguro que acabaréis encantados de que se haya cruzado en vuestro camino.

[product sku= 9788414009475 ]
Publicado el

Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika

tiempo de albaricoques

tiempo de albaricoques«¿Es posible que los momentos felices en una época difícil sean más felices aún?». Eso es lo que se pregunta Elisabetta Shapiro, una anciana judía que vive prácticamente recluida en su casa de la infancia, en Viena, en la novela Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika. Como si comiera la magdalena de Proust, se retrotrae a su niñez cada vez que prueba una de aquellas mermeladas que elaboró con los albaricoques de su jardín en los tiempos de la guerra. A esos tiempos en los que su familia era extrañamente tolerada y ninguneada en una ciudad donde empezaban a escasear los judíos, pero también a los años que llegaron después, cuando Elisabetta era ya la única superviviente de los miembros de su familia. De aquella niña que fue, solo le queda Hitler, su tortuga. Y el otro Hitler también, para qué negarlo.

Algunos recuerdos son dulces como los albaricoques recién recogidos del árbol; otros saben a humo, por el fondo quemado de la olla en la que la mermelada fue cocinada. Pero todos ellos alimentan a Elisabetta Shapiro, que vive más en el pasado que en el presente, porque cada día oye las voces de sus hermanas mayores —esas que murieron siendo adolescentes— regañándola por alquilarle una habitación a una joven bailarina alemana. Unas voces que le impiden olvidar todo lo que sufrieron y perdieron por culpa de esos alemanes. ¿Cómo asumir que aquel hombre que antes clasificaba judíos en Operngasse, ahora clasifica el correo? No se lo merece, le repiten sus hermanas. ¿Cómo aceptar que ella se salvó simplemente por un instante de suerte, mientras todos sus seres queridos caían?, se martiriza la anciana.

Pero en Tiempo de albaricoques no solo conocemos a Elisabetta y a su familia mediante sus remembranzas de aquella época, sino que también nos encariñamos de Pola y Rahel, una alemana y una judía de estos tiempos, que no cargan con los recuerdos de ese trágico pasado, pero tampoco pueden abstraerse de todo lo que aconteció a sus abuelos décadas atrás. Y estas dos chicas protagonizan una historia de amistad y amor tan sencilla como emotiva, para añadir unas cucharadas de azúcar cuando los recuerdos de Elisabetta se llenan de amargura.

«¿Por qué hay que recordarlo todo y contarlo?», se pregunta la anciana Elisabetta. Y es que está harta de que los recuerdos a veces sean su tabla de salvación y, otras tantas, sean su condena. ¿Es cuestión de olvidar? ¿De aceptar? ¿O, quizá, de reconciliarse? Con los demás y con una misma. Eso es lo que trata de descubrir a través de las mermeladas y de esa extraña bailarina alemana que se ha colado en su casa, para saber si aún no es demasiado tarde para un nuevo comienzo.

Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika, nos habla de una familia judía en la Segunda Guerra Mundial y, pese a ello, nos deja un sabor dulce tras la lectura. Aunque es una dulzura con toques de amargura, claro está, igual que los albaricoques del jardín de la familia Shapiro. Pero, en esta ocasión, el sentimiento de culpa de los que sobrevivieron y no perdonan no consigue empañar este canto al amor y a la libertad.

[product sku= 9788491290728 ]
Publicado el

Mírame, de Antonio Ungar

Mírame

MírameLa obsesión no es mala per se. De hecho, soy un gran admirador de los obsesos (dicho así suena horrible), de esas personas capaces de fijarse un objetivo y poner en él todo su empeño para alcanzarlo. Hablo desde la pura inconstancia y desde la más absoluta falta de voluntad: siempre he pensado que jamás podría hacerme adicto a ningún tipo de vicio, sea cual sea, precisamente porque acabaría abandonándolo por desidia tarde o temprano; de ahí mi admiración por este tipo de seres, entregados y apasionados. No obstante, como todo en la vida, existen grados. Y una cosa es enamorarse perdidamente de una chica y hacer todo lo posible para que ella se fije en ti y otra, como hace el protagonista de Mírame, es llenar de cámaras su casa y perseguir tanto a ella como a sus familiares allá donde van.

El deseo de observar a otros desde muy cerca, de introducirse en vidas ajenas a tiempo completo, ya ha sido explorado en otras muchas ocasiones. De hecho, hay ejemplos recientes tanto en la literatura, con el excelente Desde la sombra, de Juan José Millas, como en el cine, con la impactante Mientras duermes, protagonizada por el siempre impecable Luis Tosar. Sin embargo, lo que hace especial a esta novela es la enfermiza personalidad de su protagonista, no solo de cara a Irina, la joven paraguaya de la que se queda prendado, sino hacia toda la sociedad. Es el claro ejemplo de un misántropo, un personaje completamente asocial que no siente ningún tipo de empatía hacia el resto de seres humanos, que tan solo parece echar en falta a su fallecida hermana y que se mueve por sus instintos más básicos. Y ese rencor hacia el resto de los mortales, que se focaliza especialmente hacia los extranjeros, hace más irónica aún su pasión enloquecida por la chica y su dependencia de otros foráneos.

En su relato a su hermana perdida, a modo de diario, el protagonista da rienda suelta a sus pensamientos, casi siempre políticamente incorrectos, a sus sentimientos, casi siempre impuros y a sus actos, casi siempre incomprensibles. A través de pequeños fragmentos, uno por cada día, va contando como de forma paulatina pasa a inmiscuirse cada vez más en la vida de Irina y de su familia. A medida que avanza el relato su obsesión por ella se vuelve cada vez más patente: el protagonista comienza a vivir en torno a ella y a traspasar todos los límites morales y legales posibles. Por culpa de esta obsesión pasa a convertirse, sin quererlo, en el narrador de su vida, en un espectador privilegiado de una existencia más bien miserable y mundana, pero que a él le fascina.

Con esta breve historia, cuyo final es de los que impactan y obligan a releer unas cuantas páginas para poder aceptarlo, Antonio Ungar chapotea entre dos oscuros lodazales: la locura y la xenofobia. Esta última no deja de ser en sí misma un tipo de trastorno, pero desgraciadamente ha acabado volviéndose tan corriente —e incluso popular— que tan solo las frases más repulsivas del protagonista de Mírame llegan a provocar sorpresa. Y esto sí que es algo en lo que convendría que nos fijásemos cada poco tiempo, para evitar que nos veamos arrastrados a lo que es ya un mal endémico.

[product sku= 9788433998484 ]
Publicado el

El corazón de Júpiter, de Ledicia Costas

El corazón de Júpiter

El corazón de JúpiterEste libro de la colección infantil y juvenil de Anaya es uno de esos libros que se quedan dentro de ti durante mucho tiempo. De hecho, hace un par de semanas que lo acabé y de vez en cuando todavía me acuerdo de él. Eso es lo que hacen los buenos libros, ¿no? Quedarse dentro de nosotros, acompañarnos durante días y hacernos pensar. Y es que hay algo en él que me ha trastocado, por así decirlo. Supongo que es porque esperaba otra cosa de él. Ya sabéis, las películas que nos montamos a veces cuando leemos un título y vemos su portada. A mí deberían haberme dado ya varios Oscars. El caso es que El corazón de Júpiter ha resultado ser más de lo que esperaba. O al menos me ha hecho pensar más de lo que yo creía. Y eso está genialmente genial.

Isla es una adolescente que cambia de ciudad con sus padres. En su nuevo lugar, Isla tendrá que empezar de cero: nueva casa, nuevo instituto y nuevos amigos. Un rollo. Y más cuando eres un adolescente y tus padres te obligan a mudarte sin que tú puedas opinar nada al respecto. Seguro que a más de uno os suena esa situación.

Dentro de lo que cabe, Isla no lo lleva tan mal. Y eso que no ha empezado con un buen pie. Conocer desde el primer día a Carballo supondrá un punto de inflexión en su nueva vida. Y es que este problemático adolescente y su grupo de amiguitos se dedicarán a hacerle la vida imposible en su nuevo destino. Menos mal que conoce a Mar en el instituto. Una chica encantadora que será su nueva mejor amiga y que estará siempre a su lado para plantar cara a esos idiotas que pretender hacerle daño.

Pero, sobre todo, lo más maravilloso que tiene Isla es su telescopio y el universo. En él pasará las horas evadiéndose de la realidad y de sus problemas. Gracias a esta pasión Isla conocerá a Júpiter, un chico maravilloso que siente la misma fascinación que ella por el universo. La única pega es que Casiopea (así es como Isla se hace llamar en los foros de astronomía) solo conoce a Júpiter por chat. Nunca se han visto ni se han tocado, pero ella sabe que él es su gran amor y que la conexión que existe entre ellos es auténtica.

Por eso júpiter le sirve de consuelo. A pesar de que los otros se empeñen en amargar su nueva vida, Júpiter siempre estará allí, al otro lado de Internet, dispuesto a escucharla y aconsejarla. Isla llega a obsesionarse con él, pues está convencida de que tienen una auténtica conexión y no parará hasta que Júpiter acceda a encontrarse con ella. Pero eso sólo ocurrirá la madrugada del 24 de junio y hasta entonces aún quedan muchas historias por vivir.

Pensé que El corazón de Júpiter iba a ser un libro más light, que no me haría reflexionar tanto. Pero este es un libro de esos que, como os he dicho, se quedan dentro de nosotros y nos hace volver a él. Y es que, aunque el amor y la amistad sean los dos temas principales, también hay en sus páginas otros temas como el acoso, las ilusiones y las relaciones por Internet que llegan más adentro. Desde luego que es un libro que recomendaría a los adolescentes, pues es una buena forma de tratar todos estos temas a través de la literatura. Un libro duro y emotivo que tiene mucho que ofrecernos.

[product sku= 9788469835999 ]
Publicado el

Isbrük, de David Vicente

Isbrük

IsbrükNo hace mucho, os hablé de El arte de escribir, el manual de escritura creativa de David Vicente, en el que resume las enseñanzas que imparte en sus talleres de La Posada de Hojalata. Después de publicar aquella reseña, me enteré de que su novela Isbrük había sido galardonada con el XLVIII Premio Internacional de Novela Corta de la Ciudad de Barbastro en 2017 y, por supuesto, quise leerla. Sí, lo reconozco: quería comprobar si aplicaba esas recomendaciones que daba, si él conseguía escribir buena literatura, tal y como animaba a hacer a sus alumnos, en sus clases, y a los lectores, en su manual.

Con ese pensamiento me adentré en Isbrük. No tenía ni idea de qué iba, no me había molestado en leer la sinopsis. Y me alegro de ello, porque esta novela es la clase de historia que hay que descubrir página a página. Una vez dicho esto, si ahora os explico la premisa principal, os presento a sus protagonistas y os comento los giros de la trama más destacables, estaría contradiciéndome. Así que no lo haré, por mucho que eso me dificulte la redacción de esta reseña.

Me limitaré a incidir en que Isbrük es uno de esos libros que no se pueden leer en cualquier momento, porque encarar esta lectura con un estado de ánimo bajo puede demolernos aún más. Y eso es porque David Vicente logra transmitir el vacío, la soledad y el desarraigo de sus protagonistas, esos que se sienten personajes secundarios de su propia historia y cuya anodina existencia los aboca hacia la propia autodestrucción.

Isbrük es frío, un frío que se instala en los huesos para no irse nunca más.

Isbrük es la nada más absoluta, esa que lo engulle todo.

Isbrük, más que leerse, se siente. Y lo que nos hace sentir duele, y mucho.

No me extraña que haya sido galardonada con el Premio Internacional de Novela Corta de la Ciudad de Barbastro, porque calar tanto en tan pocas páginas merece ese y muchos más reconocimientos. Ya no me cabe duda de que David Vicente predica con el ejemplo y que sus alumnos tienen mucha suerte de que un maestro así oriente sus pasos, porque esta novela es prueba de que sabe manejar los tiempos, las distintas voces narrativas y demás aspectos técnicos de la literatura. Pero, sobre todo, lo que domina David Vicente es ese algo intangible que hace que la historia conecte con los lectores y hasta se apodere de ellos, independientemente del lugar en el que vivan, de la época en la que hayan nacido. Aunque me temo que ese aspecto, la clave de la buena literatura, no le será tan fácil de explicar en sus talleres de escritura creativa.

Aunque no os aconseje leer Isbrük en momentos delicados, os recomiendo que no la dejéis escapar y la leáis alguna vez. Porque esta novela corta, que nos absorbe para leerla de un tirón, araña por dentro, deja poso, nos hunde y nos resucita. Porque, a fin de cuentas, siempre merece la pena encontrarle un hueco a la buena literatura.

[product sku= 9788416906574 ]