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Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris

lo que mas me

lo que mas meVaya papeleta hacer esta reseña. Es una de esas que cuesta; que no sabes qué decir porque, inevitablemente, digas lo que digas, te vas a quedar corto. Pero mucho, además.

Y el caso es que lo veía venir. Lo barruntaba. Es de las veces en las que la intuición acierta cuando te dice “síguele la pista a ese libro/cómic/autor…” Pero es que además, medios entendidos, de los entendidos de verdad, no de los de la fajita, aseguraban que este iba a ser uno de los cómics del año. Y no se han equivocado.

De primeras lo que llama la atención, aparte de la espectacular portada en la que se ve el trazo de los lápices de colores, es el tamaño. El cómic en cuestión es todo un señor tocho. 432 páginas. 432 páginas que imitan la apariencia de un cuaderno de los de espiral, con línea de margen roja a la izquierda y líneas horizontales azules separadas aproximadamente un centímetro. Y es así porque lo que vamos a leer es el diario de una niña escrito en ese cuaderno. El diario de una niña de 10 años, Karen Reyes, en el Chicago de los años 60. Una niña muy peculiar, pues le encantan los monstruos (Drácula, Frankenstein, El hombre invisible…), el cine de serie B, los cómics de su hermano y dibujar. Ella misma se cree una niña-lobo y como tal se dibuja en su diario, además de con un sombrero y una gabardina de detective. ¿De detective? Sí, porque va a investigar un asesinato: el de su hermosa vecina de arriba, Anka Silverberg, superviviente del Holocausto. La policía dice que ha sido un suicidio, pero ella no lo cree.

Karen comenzará una  investigación en torno a ella y Emil Ferris nos contará con pasmosa habilidad tanto la historia de la fallecida como la vida de nuestra niña protagonista, enmarcada esta última en el contexto de una familia cuyo padre huyó, una madre enferma, un hermano que guarda un secreto y tiene todos los billetes para ir a Vietnam, y unos vecinos, –entre los que se encuentra el casero y a la vez jefe mafioso–, a cual más extraño.

Pero además, las “rarezas” de Karen no facilitan su día a día: en el colegio la llaman rara, sucia, ridícula y su mejor amiga, víctima de la presión social y el qué dirán la abandona por el grupo de las guays.

Así pues, la vida de Karen, no lo olvidemos, una niña de solo 10 años, va a estar llena no solo de sus monstruos imaginarios, sino que por desgracia también de monstruos propios presentes en su día a día en forma de racismo (disturbios raciales, asesinato de Luther King,…), homofobia, acoso escolar, enfermedad… y estos, a su vez, van a entremezclarse con gran destreza con los monstruos ajenos del pasado que irá descubriendo a medida que avance en la investigación de la sospechosa muerte de su vecina.

El apartado visual es demoledor. No hay viñetas al uso, hay una variedad de técnicas y estilos, dibujos e ilustraciones que conforman un tomo como nunca antes había visto. Un tomo potentísimo, brutal y me quedo muy corto, repito. Es para verlo. Es algo rompedor que hará gozar a ilustradores, dibujantes y a todos aquellos lectores que disfruten de un buen dibujo, a veces ortodoxo y otras no tanto, pero siempre cien por cien disfrutable.

Además, hay algo que quiero resaltar, que me parece importante y que es algo parecido a lo que conté del dibujante de Black Hammer, Dean Ormston. Y es que la autora, Emil Ferris, contrajo en 2001 el virus del Nilo Occidental, que aparte de derivar en meningitis y afasia, la dejaron paralizada de cintura para abajo y perdió la movilidad de la mano derecha, con la que dibujaba. Tras un largo periodo de rehabilitación y diez años después consiguió terminar el libro y Sony ya ha adquirido los derechos de adaptación al cine bajo la dirección de Sam Mendes. No obstante, creo que es una obra puramente comiquera y, llevada al cine, difícilmente causará el impacto que provoca cuando uno pasea la vista por sus páginas.

Para terminar decir que pensaba que este Lo que más me gusta son los monstruos contenía la historia completa, pero resulta que no, que esta es solo la primera parte y que pronto podremos disfrutar con la segunda. Y esperemos que sea muy pronto, porque este número acaba con un cliffhanger de aúpa.

Lo que más me gusta son los monstruos es el cómic que debes leer si solo vas a leer un cómic este año, si no has leído nunca ninguno y quieres animarte a hacerlo, si te gusta una buena historia, fluida pero también con múltiples tramas oscuras, personajes bien definidos y situaciones creíbles y excelentemente ambientadas.

Una bomba visual acojonante.

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Antes del huracán, de Kiko Amat

Antes del huracán

Antes del huracánTengamos la casa donde la tengamos, seamos de la manera que seamos, todos vivimos en algún momento en el extrarradio, todos somos alguna vez diferentes. Por eso, ese «Ser diferente y vivir en el extrarradio» que protagoniza en blanco sobre rojo la faja de esta novela es un grito a todo aquel que se crea lector, es decir, tú y yo, ¿no? Primer punto para Anagrama. Pero además, si la obra en cuestión está firmada por Kiko Amat, la luz que emerge de todo libro en el plagado mar de novedades y nos llama y nos incita a cogerlo dentro de una librería, a pesarlo con la manos, a darle la vuelta, a pasar la mano por encima para dejar al tacto la decisión de compra, a olerlo, es todavía más intensa. Dos puntos.

Antes del huracán, de Kiko Amat, puede ser dos cosas, diferentes pero indivisibles: por un lado, una fuerte sacudida a todo aquel que esté tranquilo en el lugar o estado en el que esté, y por otro, esa palmada al hombro que a veces te da la vida, sin excusas, sin porqués, dejándote un mensaje en el cuerpo de calma, o mejor dicho de comprensión, de confianza ante algo que sucede a todos pero que cuando ocurre el paciente cree que solo le pasa a él: la vida, sus miserias, el discurrir de un río que siempre viene en contra. En esta novela, Amat presenta a Curro, protagonista indiscutible de una narración con dos focos, el del Curro niño y el del Curro adulto. El Curro niño, de once años, vive en el extrarradio de una Barcelona preolímpica, con unos padres que siempre parecen estar a punto de llevarse el bote de la desesperación. Él, al estilo de un Holden Caulfield barcelonés, bordea el desastre de unas vidas cercanas que parecen acumularse siguiendo la verticalidad de los edificios de Sant Boi del Llobregat. Siempre ajeno, el Curro niño, precoz en todo (sentimientos, vida, pensamiento), buscará adivinar hasta dónde es capaz de llenarse de sufrimiento, ajeno y propio. El Curro adulto, desde la actualidad que da un 2017, se encuentra ingresado en un hospital psiquiátrico, muy cerca de la casa de su infancia. Allí, junto a su fiel y sanchificado compañero y sirviente Plácido, crea una realidad en la que será el lector (que se atreva y sepa; yo no sé) quien decida qué es verdad y qué no. Realidad totalmente palpable mezclada con fantasmas, con delirios, con ¿ficción? Estos dos flujos de tiempo, tocados en ocasiones por interludios de un Curro todavía más actual pero menos localizable que llena huecos de su pasado con palabras a un amigo de bar, se mezclan hasta conseguir crear la vida completa de Curro según Curro.

Una voz nos habla y es a quien debemos o deberíamos creer. Pero esa voz viene de alguien que ha acabado (¿o ha empezado?) en un centro psiquiátrico. La novela se inicia con un aviso: «Me he inventado todo esto». ¿Lo dice Kiko o lo dice Curro? Se busca lector interactivo para novela de Kiko Amat.

Antes del huracán, además de todo lo dicho, es la muestra de cómo lo risible puede ser trágico y de cómo lo trágico puede ser risible. Curro y Plácido, desde la atalaya externa de la cordura, provocan risa pero dejan poso de pena. Curro y Priu, amigos niños y cracks en el regate a la ruina,  provocan pena pero dejan poso de risa. Desde las citas célebres de Churchill en boca de Plácido hasta los tecnicismos nazis que domina Priu, pasando por la botella de Xibeca en ronda, las pastillas de una madre totalmente desconectada, el deporte del padre como excusa negra, la desaparición de las coordenadas de un mapa que es la vida. Todo ello se encuentra en este recorrido vital por el deambular perdido de alguien que ve convertir su vida, sin posibilidad de arreglo ni control, en un saco al que todo aquel que pasa golpea. Curro es algo así como un bidón de basura que, al llenarse de todo lo que tiran en él, en vez de rebosar, se vuelca.

Leyendo Antes del huracán, (prosa excepcional, por cierto) me preguntaba: ¿Y si Curro Abad fuera el anverso de Alonso Quijano? Uno se vuelve loco por el exceso de ficción, otro se vuelve loco por el exceso de realidad. A veces, muchas, lo más bonito se ve en el instante antes de la catástrofe. A veces, muchas, lo más bonito se ve en el instante antes de.

«Antes del huracán, cuando el mundo estaba aún encajado en su eje».

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Fractura, de Andrés Neuman

Fractura

Fractura

El Kintsugi es una técnica japonesa  que consiste en reparar con barniz de resina o con polvo de oro o plata las fracturas que se producen en una cerámica cuando ésta se rompe. Es decir, una técnica de reparación que consiste en dejar expuestas las cicatrices en lugar de esconderlas, que es lo que venimos haciendo más o menos todos. Me parece maravilloso, sinceramente, que exista una técnica capaz de mostrar la desnudez y la fragilidad de quienes somos y además alardear de ello. Porque este arte, aplicado a los objetos, también nos vale para el alma. No sé, al menos a mí me encantaría poder llevarlo a la práctica.

Fractura, de Andrés Neuman tiene un poco de este arte de Kintsugi para el alma que me acabo de inventar. Al terminar de leer la novela tienes la sensación de que has conseguido encajar todas las piezas, que las cicatrices están a la vista, que siempre lo han estado, y que todas las fracturas en las que se descompone un objeto, nuestra vida, son, sin duda, el recuerdo circular que nos completa.

Eso es lo que hace el señor Watanabe a lo largo de las páginas de esta novela: recoger esos pedazos, esas fracturas, para reconstruir, dejando bien visibles las marcas, los fragmentos que componen su vida. No estará solo en esta tarea, para ello cuenta con las voces de cuatro mujeres que compartieron esos pedazos rotos y que narran sus recuerdos a un periodista argentino. Como telón de fondo están las ciudades de Tokio, París, Madrid, Nueva York y Buenos Aires. Un crisol de culturas y lenguas diferentes que conforman sus vidas, la del señor Watanabe y estas cuatro mujeres con las que resulta imposible no empatizar al leerlas narrar sus recuerdos y sensaciones.

Imposible también el no empatizar con esa memoria colectiva de los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, como el propio señor Watanabe. Porque le memoria perdura, pero el olvido también se cuela entre esas cicatrices, tratando de desaparecer hasta que una nueva sacudida, como el terremoto que provocó el accidente de Fukushima, vuelve a agrandar la grieta, dando más visibilidad a esa fractura.

Con Neuman me pasa algo que me ocurre con muy pocos escritores y es una conexión que no sé bien cómo llamar. Como si ya hubiésemos estado antes en esa fractura, como si sus palabras ya me hubiesen roto antes. Me lo confirman sus poemas, sus anteriores novelas y la vez que pude oírle recitar un fragmento de Hablar solos en la feria del libro de Cáceres. Sí, definitivamente ya me ha roto otras veces.

Con un estilo exquisito, en el que combina el humor y una narrativa muy seria, Fractura me ha parecido una maravilla de novela. Uno de esos libros que se quedan dentro y que creo que no voy a poder sacarme. ¿La verdad? La verdad es que no me quejo en absoluto.

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Los perros duros no bailan, de Arturo Pérez-Reverte

los perros

los perrosDos tardes, y eso porque no pude dedicarle una entera, me ha llevado leerme lo nuevo de Pérez-Reverte. Suelo leer todos los libros del académico (a pesar de habérseme atragantado Cabo Trafalgar y El tango de la guardia vieja –para más inri, este último incluso firmado por él)  y este nuevo libro, uniendo a perros con novela negra, no iba a ser una excepción.

Lo cierto es que en un principio, meses antes de la publicación, al anunciarse el libro y un breve extracto del mismo, se hacía raro. ¿Pérez-Reverte escribiendo diálogos y reflexiones para un protagonista perruno? ¿Una historia en la que los personajes son perros? Es bien sabido el amor que el autor profesa a los perros. ¡Pardiez, si incluso se han recopilado algunos de sus artículos de temática canina que ha escrito para una publicación dominical en el libro Perros e hijos de perra! (Aunque también es cierto que choca mucho ese amor hacia los perros pero que no vea mal las corridas de toros. Pero bueno, cada uno tiene sus “cadaunadas” y lo que tenemos que tratar aquí son los libros). El caso es que no lo veía claro, pero había curiosidad. Mucha.

Y una vez saciada la curiosidad puedo decir que Los perros duros no bailan es una lectura agradable y que se reconoce el estilo del autor pero, desde luego, no es ni de lejos lo mejor que ha parido. Es un cuento sencillo, a veces parece una fábula para adultos, sin mayores pretensiones y muy fácil de leer, cuyo personaje es el de un tipo duro, por más que en esta ocasión se trate de un perro, que arrastra un pasado oscuro y violento del que, dada su edad, comienza a olvidar algunos detalles o bien estos le asaltan de buenas a primeras sin él quererlo. Un tipo, como tantos otros antes en la bibliografía perezrevertiana, con un fuerte sentido del honor, de la amistad, del deber y, cómo no, yendo esto de perros, de lealtad y fidelidad.

¿Pero de qué va, de qué va?  Pues va de que Teo, el mejor amigo del Negro, y Boris el Guapo han desaparecido. No se sabe nada de ellos y por eso el Negro decide investigar, igualito que un detective privado, pero sin fumar ni beber güisqui. Preguntando irá de aquí para allá, siguiendo el rastro, sorteando peligros y metiéndose en algún que otro jaleo, con perros neonazis incluidos y… y poco más puedo decir sin destripar la trama.

Y así, a medida que la investigación va avanzando, pasaremos de un inicio de novela policiaca a un nudo y desenlace de novela negra mientras somos testigos de un mundo y una vida de perros adaptado del nuestro, con su propio Rodolfo Perrostino,  con refranes o dichos populares, con los perro-corridos de Los Chuchos del Norte, con los equivalentes en perro de humanos famosos como, por ejemplo, Charlize Theron o Brad Pitt y con los oficios o roles que cada personaje ha asumido (Agilulfo es filósofo, Margot regenta un abrevadero, Fido es perro policía, Susa la lumi…)

Aprovecha también Pérez-Reverte, el pistolero más rápido de Twitter (y posiblemente el escritor español más presente en dicha red), para criticar, con toda la razón, el trato que esta sociedad de animales humanos da a los perros. Tratados por muchos como cosas que se regalan en Navidad y son abandonadas en verano, cuando la “cosa” ha crecido y ya no es tan mona o graciosa como cuando cachorra, y, sobre todo, arremete contra las peleas de perros, contra los desalmados hijos de puta que se deshacen de los galgos cuando ya no les son útiles, contra la pasividad de la justicia y contra lo barato que sale el maltrato en este país.

Habrá lectores amantes de los perros a los que alguna escena tal vez le revuelva el estómago, y eso, sinceramente, es buena señal.

“…por un momento pensé en todos los que ladraban. En aquellos compañeros de infortunio sentenciados a un final infame: perros que, como había dicho el dogo, tal vez un día fueron cachorrillos mimados, felices, arrancados de su sueño confortable por la estupidez y la crueldad humanas, y que ahora, en aquellas sucias jaulas, esperaban su destino…”

En resumen, Los perros duros no bailan es un libro menor del autor. De fácil lectura, entretenido y con un ritmo ágil, que no se para en chorraditas innecesarias y va al meollo. Un libro para todo fan de Pérez-Reverte, (y yo me considero uno más, aunque repito, no es de lo mejor de su obra), para completistas y para todos los que saben lo que es tener o haber tenido a un perro como compañero.

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Lolita, de Vladimir Nabokov

Lolita

LolitaEste es quizás uno de los libros que más aparecen en las listas de los libros que leer antes de morir y de los más controvertidos del último siglo. Y también se encuentra en las listas de todos aquellos amantes de la literatura, que se prometen leerlo al menos una vez en la vida. Y así estaba en la mía… Pero, de lo que me he dado cuenta, es que Lolita no es cualquier lectura que elegir entre los libros pendientes de la estantería. Hay que elegir cuidadosamente el momento en el que la lees, estar preparado mentalmente, y dedicarle el tiempo que merece.

Lo que oí de esta novela antes de leerla es que era simplemente una historia “sobre un pederasta y sus violaciones a niñas inocentes”. Pero creo que es un error decir simplemente esto sobre esta peculiar novela porque es mucho más que eso.

Como yo lo veo, Nabokov nos presenta a Humbert Humbert, un hombre solitario de unos 40 años cuya obsesión y única pasión en la vida son las “nínfulas”, niñas de unos 12 años que, a su parecer, muestran su sensualidad y logran corromperle con sus actitudes y sus faldas y “vestiditos”. Este es un punto muy importante en el libro, ya que está narrado en primera persona por este protagonista y desde el principio se observa una autojustificación por su parte ante su depravación y obsesión por estas niñas. E intenta que el lector no le juzgue, y a veces incluso habla de sí mismo en tercera persona.

Esta es una de las cosas que me parecieron más interesantes a lo largo de la novela, esa constante autojustificación de este señor, que busca que se le excuse por todos sus actos a lo largo de toda la trama. Y vamos viendo que no tiene límites ante su obsesión, algo que está presente en su interior cada día. Pero, a su vez, también me gustó mucho la narración de Nabokov, en palabras de Humbert, respecto a las “nínfulas” por las que se ha sentido atraído a lo largo de su vida y a las que ha amado en el sentido más sexual de la palabra. Se observa, sobre todo, en la descripción de Lolita: ternura, cariño, adoración, devoción… La describe con todo lujo de detalles, incluso sus aspectos más negativos, por lo que cuando acabas de leer sientes que conoces a esta joven quizás incluso más que él mismo.

Y esto me llamó especialmente la atención porque no me lo esperaba. La sutileza con la que trata este tema, a pesar de lo extremadamente evocador, enfermo y sexual que es, sorprende y te descoloca ante lo que esperabas encontrar en el libro. Por eso creo que Nabokov me ha atrapado tanto. Lolita es un libro, en ocasiones, demasiado denso y descriptivo, que se anda por las ramas, pero que logra mantenerte pegado a él hasta que desentrañas todos los cabos sueltos de la historia.

Pero, ante todo, de algo que me he dado cuenta después de leerlo, es que un libro muy maduro que hay que leer sin prejuicios, porque sino es imposible seguir leyéndolo. Hay que tener presente desde el principio que es una narración en primera persona de un hombre enfermo, poseído por una conciencia sexual y una obsesión por las niñas apenas desarrolladas sexualmente que no tiene límites.

Personalmente, Lolita ha conseguido fascinarme y asquearme a partes iguales. Y no se me ocurre, por el momento, ninguna novela que haya logrado despertar en mí ambos sentimientos a la vez. ¿Por eso es tan especial? Rotundamente, no. Quizás lo más especial, como he explicado anteriormente, es su narración. Cómo une la sutileza y la provocación, la sexualidad y el amor, lo correcto y lo incorrecto, lo moral y lo inmoral… Esto es lo que Lolita me ha inspirado a mí y por lo que creo que todo el mundo debería leerlo al menos una vez en la vida.

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Marvel Integral: La Visión, de Tom King, Gabriel Hernández Walta y Jordie Bellaire

marvel integral la visión

marvel integral la visiónSi me hubieran preguntado hace unos meses cuál era mi Vengador favorito, seguramente, el primero que me habría venido a la cabeza habría sido Thor, pues su figura aúna en un solo personaje los pasionales mitos nórdicos y la épica de los cómics de superhéroes. Sí, claro, también podría haber escogido al Capitán América. ¿A quién no le gusta el Capi? El tipo de la gran estrella en el pecho, símbolo viviente de los verdaderos valores por los cuales se debería regir Norteamérica. La Viuda Negra también se halla en mi lista. La espía de procedencia rusa que es tan misteriosa como implacable a la hora de hacer frente a sus enemigos. Ironman, Ojo de Halcón o Hulk serían los siguientes en ser seleccionados en ese registro mental de Vengadores por los cuales siento simpatía. He de ser sincero, si me hubieran preguntado hace unos meses cuál era mi Vengador favorito la Visión ni siquiera habría rondado mis pensamientos; hasta ahora.

La Visión, que fue creado por el guionista Roy Thomas, lleva desde los años 60 dando guerra. Los orígenes de este androide (aunque él prefiere que se refieran a él como sintozoide) están íntimamente ligados a Ultrón. Este villano crearía a la Visión con el único fin de destruir a Los Vengadores. Pero cuando a un androide le otorgas conciencia también le estás dando la oportunidad de elegir. Y la Visión eligió ponerse del lado de los héroes a los que había ido a destruir para luchar contra su progenitor. Luego la Visión se convertiría en un miembro destacado de Los Vengadores. Con todo, a pesar de codearse con infinidad de humanos, el androide de personalidad fascinante y de frío raciocinio siempre ha sentido que no encajaba, que no era lo suficientemente normal.

En Marvel Integral: La Visión el protagonista decide que para ser una persona normal y corriente y formar parte de la sociedad necesita una familia. Una mujer, una hija y un hijo. Una casita con jardín y un perro correteando por el césped. Vestir siempre de forma elegante puede ayudar. Sociabilizar con los vecinos podría estar bien. Y que los niños asistan al instituto es de vital importancia. Pero cuando tu familia al completo es capaz de volar, atravesar paredes, destruir una mesa de un solo puñetazo o lanzar rayos de energía por la frente, quizá la palabra normal no sea la adecuada para definirte. Así que, esta peculiar familia tendrá que aprender a sobrevivir en un mundo en el cual si te sales del guion establecido eres señalado con el dedo.

Coger alguien excepcional y hacerle actuar de forma normal. Esta es la premisa planteada por el guionista Tom King que, gracias a una potentísima narración, solo necesita una página para conseguir enganchar al lector. Varias voces serán las que relaten la historia de los Visión. Voces que detallan de forma exquisita, y con cadencia de cuento, el pasado, presente e incluso futuro que rodea a todos los personajes; incluso el de aquellos más insignificantes. En ocasiones, esa narración tendrá la osadía de avanzarnos acontecimientos clave, que, una vez ocurran, aún a sabiendas de que iban a ocurrir, no dejan de sorprender. A esto hay que añadirle la magistral forma en la que King trata temas como el racismo, el bullying escolar o los conflictos familiares. Asuntos a los que da un inicio cautivante y un final contundente y que terminan uniéndose y formando un círculo narrativo perfecto. En conjunto, el guion de Tom King es una elaborada metáfora, que llega a alcanzar niveles de tragedia shakesperiana, sobre todo aquello especial a lo que cualquier individuo se ve obligado a renunciar para encajar en un grupo.

Si con un guion de manufactura antológica no bastaba, a los lápices encontramos al español Gabriel Hernández Walta creando un dibujo impecable. Sus ilustraciones, más cercanas al cómic independiente que al superheroico, no solo son capaces de dotar de gran elocuencia, e incluso humanidad, a los Visión (hablamos de seres sin cejas, sin pestañas y con una oquedad blanca donde deberían estar los ojos) sino que además eleva a niveles épicos escenas que a priori, explicadas de viva voz, podrían no parecerlo. La Visión y un mechero… Y no diré nada más. A través de la distribución de viñetas, o jugando con los elementos que hay dentro de ellas, Walta logra apoderarse de la atención del lector y lo sumerge en escenas que producen claustrofobia (la Visión en detención domiciliaria) o inmensa melancolía (la Visión, su ojo proyector y Shakespeare). Pero si hablamos de momentos emotivos y bellos entonces no podemos olvidarnos de Michael Walsh, el dibujante invitado, encargado de explicarnos en el séptimo capítulo el romance que vivieron la Visión y Bruja Escarlata. Amor, ternura, desamor, dolor, tragedia… Un torbellino de emociones marcado por una viñeta simplemente hermosa: la Visión y Bruja Escarlata besándose mientras Los Vengadores se enfrentan a Nefaria. ¡Pero no se vayan todavía, aún hay más! Y es que la colorista Jordie Bellaire, mediante sus pinceles, jugando con las luces, las tonalidades y los colores saturados en las escenas que hacen mención a recuerdos, dota de más profundidad y mejora un trabajo que ya de por sí parecía perfecto.

A todo lo anteriormente mencionado hay que añadirle la edición especial que se ha sacado de la manga la gente de Panini. Una edición que, sobre todo por el lomo, evoca los clásicos de la literatura y que incluye el guion al completo, el proceso de creación, portadas alternativas, entrevistas a los autores, bocetos, bocetos y más bocetos. Un completísimo montaje del director (más de 200 páginas) que encantará a los que sienten curiosidad por saber cómo se hace un cómic.

En definitiva, Marvel Integral: La Visión es una brillante fábula de ciencia ficción costumbrista que, a través de unos seres excepcionales que se enfrentan a situaciones cotidianas e intentan con todas sus fuerzas parecer humanos, invita al lector a reflexionar sobre la propia condición humana.

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La campana de cristal, de Sylvia Plath

La campana de cristal

La campana de cristalPiensa en un libro que te haya marcado de un modo significativo. ¿Ya? Lo sé, hay tantos dónde elegir. Nos vemos desbordados de lecturas pendientes y no somos capaces de abarcar lo más mínimo. Aquel quot libros, quam breve tempus refleja fielmente nuestra zozobra por no poder leer cuanto quisiéramos. Yo tenía pendiente conocer algo de Sylvia Plath y no tenía ni idea de por dónde empezar. Llegó a mis manos este La campana de cristal y ya tengo respuesta a qué libro me ha marcado.

Es un libro gozoso donde los haya. Sí. Un sí rotundo a los libros como este de Sylvia Plath. Un sí rotundo a autoras como Sylvia Plath. Ella, que antes de amanecer sobre el suelo de la cocina con la cabeza metida en el horno, escribió joyas de este calibre y no las llegó a ver publicadas, debería haber gozado del reconocimiento que se merece. Porque libros como esta autobiografía enmascarada dejan ver el carácter y el humor ácido, la poesía y el temor de una artista genial. Un viaje a través del Nueva York de los años cincuenta asomados a la ventana, que digo a la ventana, desde las puertas bien abiertas que deja Sylvia para que seamos testigos de su crisis nerviosa hasta su internamiento en un hospital psiquiátrico.

La máscara será Esther Greenwood, una joven de apenas diecinueve años que jamás ha salido de su pueblo y que acaba de recibir una beca para trabajar como redactora en una agencia de moda de Nueva York durante un mes con todos los gastos pagados. Del hotel a la fiesta y de esta de nuevo al hotel, Esther narrará cómo pasaban sus días en una ciudad que la ponía mala, que le resultaba desagradable. Con diversos saltos narrativos en el tiempo iremos descubriendo aspectos del pasado de Esther: de su etapa de estudiante, del chico del que se enamoró, Buddy Willard, al que acabó odiando por convertirse en un hipócrita, de su primera vez, de lo extremadamente sola que se sentía, de lo que le preocupaba, de lo que le hacía sentirse mejor. Poco a poco se mostrará mejor a la persona sensible y llena de dudas que tan solo quería encontrar una explicación a aquello que le estaba pasando.

Con una narración cercana en voz de su protagonista, sentiremos el humor negro de la autora gracias a unas descripciones tan vívidas sobre los aspectos que le hacían sentir bien o mal, la vida o la muerte, las ejecuciones o el sexo, Nueva York o la locura. La poesía, presente en el ritmo y la estructura de algunos fragmentos, no hace más que embellecer una narración sublime.

La comparativa con El guardián entre el centeno, novela hermana, son indiscutibles. Se podría decir que Holden Caulfield miraba por la ventana de su hotel lleno de depravados mientras Esther Greenwood, tras abandonar el apartamento donde su mejor amiga se lo montaba con un chico y ella estorbaba en el sofá, lloraba junto a la ventana del suyo. Para establecer una comparativa más analítica donde encontrar relaciones y distinciones, hay que decir que la novela de J. D. Salinger se publicó en 1945, en tanto que la de Sylvia Plath lo hizo en 1963, tras la muerte de esta. Por lo demás, los comienzos, ambos de una calidad literaria exquisita —archiconocido el «Si de verdad les interesa lo que voy a contarles», de El guardián…— encuentra en La campana de cristal un digno contrincante:

«Era un verano extraño, sofocante, el verano en que electrocutaron a los Rosenberg y yo no sabía qué estaba haciendo en Nueva York. Les tengo manía a las ejecuciones. La idea de morir electrocutada me pone mala…»

Es del todo anecdótico que el comienzo arranque súbitamente con el temor a ser electrocutada y sea esa, precisamente, una de las terapias que se aplican en el hospital en el que acabará Esther.

Ambas novelas van a desarrollarse en los años cincuenta y en un Nueva York que, como ciudad de contrastes, mostrará el lujo y la decadencia. Tanto Esther como Holden comprobarán la falsedad de la gente de su alrededor y también la gente buena que les quiere ayudar, ambos tomarán las mismas precauciones, los mismos prejuicios, se inventarán vidas y personajes ficticios para pasar desapercibidos entre los que les rodean, experimentarán la misma ingenuidad e inocencia.

Si de verdad Holden y Esther se llegaron a cruzar en algún paseo por Central Park, en alguno de esos bares de hoteles a altas horas de la madrugada, cuando hasta la ciudad más grande del mundo dormita, o si tan siquiera llegaron a cruzarse al doblar una calle, no es posible constatarlo, pero como lector no harás más que desear que alguna vez hubiera ocurrido tal encuentro.

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BCN Noire, de VV.AA.

bcn noire

bcn noireLo negro en formato cómic y en píldoras. ¡Irresistible combinación! Tenía que caer y más después de haber ojeado los diferentes estilos y los cantos de sirena de la cuidada edición de Norma. Lo de que todas las historias estuvieran ambientadas en Barcelona era lo de menos. Toda ciudad tiene sus historias negras. Absolutamente todas. Barcelona tiene, además, el atractivo de su particular encanto urbano modernista y de sus gentes y, además, el haber sido declarada en 2016 por la UNESCO Ciudad Literaria, por su presencia continuada en el mundo literario, (aunque eso es lo de menos). Así que venga, va, compro la idea. De cabeza.

El germen de todo esto ha sido Raule (Jazz Maynard), guionista y experto en esto de la negrura. Su idea era escribir historias del género, ambientadas en la Ciudad Condal, escritas por autores que debían llevar muchos años viviendo en ella (aunque no hubieran nacido ahí), y que no fueran historias futuristas o históricas – la última se ha colado porque se le olvidó avisarlo–, ser profesionales del cómic y tener experiencia.

El resultado es una mezcla total de estilos que no hacen sino corroborar la gran salud del género. Veintitrés pildoritas que son veintitrés perlas que pueden leerse sin orden y que da igual por donde se abra el cómic, porque hacerlo, atraparte en su lectura y obligarte a seguir con la próxima y luego con la siguiente y la siguiente es todo uno.

Historias de echadores de cartas, videntes, carteristas que dan el palo y vuelven a su casa a cenar como si hubieran vuelto de su jornada laboral, taxistas, redes de prostitución, drogas, venganzas por chorradas, venganzas dormidas que despiertan tras un reencuentro inesperado, enchufismos en las mafias, sexo, skins, homófobos, detectives borrachos, envidias profesionales, más putas, malos tratos, más venganzas, Ferdie Mer-curie y su ayudante, paquistaníes que dejan su país para ganarse la vida vendiendo cerveza en las calles, noches de lobos, traiciones en la banda, trapicheos con un sofá, corrupción policial, fracasos y penitencias… Todo esto, y mucho más, puebla las páginas de BCN Noire.

Como dice Cristina Fallarás acertadamente en su prólogo, “Este volumen excelente es un compendio de drogas, sangre y putas. Las cosas por su nombre.” Y hablando de nombres BCN Noire en origen iba a llamarse Puta Barcelona, desechado por poco comercial, y después Barcelona viste de negro, título que tuvo que cambiarse (al igual que la gran ilustración de Pasqual Ferry que iba a ser la portada) tras el atentado del año pasado para evitar confusiones.

La verdad es que, para mí, como fan de la novela negra y de los cómics, me ha sorprendido gratamente el conjunto. Tal vez hay un par de historias que no me gustan del todo, pero el conjunto es soberbio, tanto por la enorme calidad del dibujo como de los argumentos. Historias sórdidas, realistas, con finales sin perdices en su mayoría, cruentas algunas, pero que te las crees, porque la realidad cada vez más supera la ficción y la vida es muy puta y hay gente como la que aparece en estas viñetas, que lo pasan jodidamente mal. Y eso no nos gusta. Parafraseando una vez más a Cristina Fallarás, “me gusta que no me guste”. Eso significa que el cómic ha reflejado fielmente cosas de nuestra sociedad que están ahí, pero no deberían. Y quién sabe sí, llegado el caso, no actuaríamos también como muchos de los personajes de estas historias si la situación nos empujara a ello. Si la vida, perra y puta otra vez, nos quisiera poner a prueba, –y, realmente lo hace muchísimas veces a diario y en pequeños actos que son, a su manera, semillas de novela negra que logramos controlar para que nuestra vida siga siendo una novela costumbrista y no pase de ahí a los periódicos–, ¿sabemos de verdad cómo somos? ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer? Todos somos personajes en potencia de una novela de este género. Absolutamente. Y eso es algo que se reafirma tras la lectura de esta colección de historias.

Andreu Martín, Enrique Sánchez AbulíJorge Zentner y Joan Mundet, Natacha Bustos, Hernán Migoya, Diego Olmos, Oriol Hernández, Jordi Lafebre, Roger Ibáñez, Homs, Enrique Corominas, Cristina Bueno, Pedro Espinosa, Sagar, Danide, Marcos Prior, Francisco Sánchez, Josep Busquet, Josep Maria Polls, Danide, Manolo Carot, Ernest Sala y así hasta un total de 48 autores, algunos viejos conocidos, otros, descubrimientos a los que seguir la pista.

Comenta Raule que, si las ventas acompañan, podría hablarse de un segundo tomo. Esperemos que acompañen porque merecen mucho la pena estas historias de la Barcelona negra y criminal. De la Barcelona sucia, pero en realidad de todas las ciudades y de todos nosotros.

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Una rama caída, de Rafael Donaire Casas

Una rama caída

Una rama caída

“Afortunadamente no recuerdo muchas cosas de mi niñez, pero de algunas sí que me acuerdo. Tengo grabadas en mi memoria las peleas entre mis padres, cómo mi padre golpeaba a mi madre…”

Hay sinopsis que te preparan para lo peor. Quien empiece a leer la de Una rama caída, sabrá por la misma que estamos ante una novela dura, muy dura. No seré yo quien diga otra cosa, pero tengo que agradecer sinopsis como esta que no son utilizadas para destripar el argumento. Lo mejor es que simplemente se haga un aviso al lector de lo que va a encontrar, como pasa en este libro de Rafael Donaire Casas. Detrás de esa dura y contundente primera frase llena de sufrimiento encontramos una historia sencilla, pero a la vez maravillosa.

Una historia que comienza en el barrio de Tetuán, en un Madrid de posguerra muy empobrecido. Juana se queda viuda con cinco hijos a los que tiene que sacar adelante. La pequeña de todos ellos, Isabel, empieza a cargarse de responsabilidades a muy temprana edad, creciendo poco a poco en el seno de una familia que no le proporciona felicidad y de la que se encuentra aislada en muchos momentos. Llega a la madurez con las ideas muy claras de lo que quiere encontrar, sobre todo en lo que a hombres se refiere, y terminará en los brazos de un apuesto joven llamado Francisco, con el que tendrá dos hijos. Y una vez llegados a este punto, prefiero, tras lo dicho en el párrafo anterior, no ser yo el que destripe toda la trama del libro. Aunque uno puede llegar a imaginarse que lo que sucede a continuación no será plato de buen gusto.

El inicio de la novela está narrado en tercera persona. El autor nos va presentando a los personajes y el pequeño mundo construido alrededor de los mismos. Será en la segunda parte cuando el relato pase a manos de Álvaro, el segundo hijo del matrimonio entre Francisco e Isabel. Este es sin duda el personaje con el que más he llegado a empatizar. Su vida no será sencilla, pero siempre intenta actuar de una forma correcta y concienzuda, lo que no siempre es sinónimo de acierto.

Una rama caída ha sido una sorpresa para mí. Esperaba una historia dura, y así ha sido, pero no esperaba encontrarme con un libro tan bien armado y desarrollado. Rafael propone una narración lineal, en la que vamos conociendo, amando y despreciando a sus personajes a partes iguales. El autor imprime a la novela un ritmo sereno, tranquilo. Con mucha narración y poco diálogo, la historia va calando dentro del lector, sufriendo con las desgracias de los personajes y alegrándonos con las pequeñas (y pocas) victorias que el día a día les otorga. El punto fuerte de esta novela se encuentra en la cercanía y la cotidianidad. La familia de Isabel y Francisco puede ser el reflejo de muchas familias que tuvieron que pasar desdichas e infelicidades durante décadas, sobre todo en épocas como el Posfranquismo o los años 80.

Que libros como este no lleguen al mercado editorial de la mano de algún sello más reconocido nos habla a las claras de lo difícil que está a día de hoy este mundo en el que nos movemos. Una rama caída es una pequeña joya que debería ser más conocida entre los lectores. Rafael Donaire Casas escribe una novela con un realismo que asusta; un libro lleno de amor y valentía, pero plagado también de tristeza, cobardía y desarraigo.

César Malagón @malagonc

 

 

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El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger

El guardián entre el centeno

El guardián entre el centeno«Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield, pero si quieren saber la verdad no tengo ganas de hablar de eso.» Sí, yo, el azote de los clásicos, el firme defensor de la idea de que estos son aquellos libros de los que todos hablan pero que nadie en realidad ha leído, voy a hablaros de un clásico. ¿Acabaré leyendo la Odisea? ¿Me veréis en verano tirado en una playa con la Eneida entre las manos? Que dios nos coja confesados. Esto es, como bien sabréis con este icónico inicio, El guardián entre el centenode J.D. Salinger.

Primero de todo, creo que es necesario, como reseñista que también ocupa su tiempo dentro del mundo editorial, felicitar a Alianza por la edición de esta tan publicada novela. Ese diseño, ese trato al libro como objeto, ese olor. Y en segundo lugar, qué decir de un libro del que ya se ha dicho todo. Pues, como siempre, empezaré hablando de mi experiencia con él, que al fin y al cabo es lo único que puedo contar, porque quién soy yo para decirle a alguien que un libro es bueno o malo. Así que empecemos:

Con El guardián entre el centeno me ha pasado algo extraño. Mientras lo leía, y en especial al terminarlo, tenía la sensación de quizás era un poco tarde para haberlo leído. Siempre he tenido en la cabeza, supongo que como virus que te inoculan en cualquier escuela, columna de periódico o reseña (con perdón), que este libro tenía que leerlo sí o sí y que mejor si lo hacía en la adolescencia. Tengo 26 años y creo que me siento viejo porque he notado que llegaba tarde al libro. Cosa que no quita que no lo haya disfrutado. Y es que es totalmente cierto lo que cuento, supongo que debe de ser algo así como tener cincuenta años y encontrarte en un concierto de trap. Miras alrededor y piensas: esta gente se divierte con este tipo de música, debe de tener algo que no capto muy bien pero que me hace quedarme, pero no sé, mejor me voy. Pues esto es lo que me ha pasado leyendo la novela de Salinger: que sí, que mola, que se la daré a mis hijos (si tengo) cuando pasen por esa edad en que todo quema más y que ojalá me la hubieran dado en el instituto. Yo, por desgracia, tuve otros libros que, por maravillosa suerte, no me quitaron las ganas de leer. Y tenían todos los números para hacerlo.

Para quien no conozca la historia que hay detrás de El guardián entre el centeno, cosa que hasta la editorial prevé porque no les hace falta ni poner sinopsis en la contracubierta, diré que básicamente es un retazo de vida de Holden Caulfield narrada por él mismo, un chaval desubicado con muchas máscaras puestas e impuestas que cree estar pasado de rosca, que no se ve encajando en ningún lugar, que cree que su sitio es allí donde nadie está y que ni él mismo sabe. Pero hay mucho más, y esa es la gracia, para mí, del libro y eso es lo que creo que no muchos jóvenes captarán de él: la cara real tras las máscaras, la luz de Caulfield que a veces pugna por salir tras las grietas del cristal roto que es su alma. Huyendo de todo, Caulfield es algo así como un Lazarillo de Tormes en la Nueva York de mitades del siglo XX. Como contrapunto al sentimiento generalizado de la navidad, Caulfield irá traspasando reglas, saltando normas, hasta llegar al faro que ilumina su viaje, que no es más que una pequeña niña que habita la que alguna vez fue su casa. Es ahí donde, para mí, reside el punto climático de la novela.

Porque claro, está muy bien lo del niño rebelde, lo de los insultos a cualquier compañero y/o “amigo”, lo de emborracharse siendo menor, lo de tratar a las chicas como meros objetos sexuales, pero no comparemos nada de esto con ver a un bala perdida con ojos brillantes, con educados pensamientos, con sonrisa mental al ver, probablemente, al niño que él nunca pudo ni podrá ser: su hermana Phoebe. Me sabrá muy mal que ahora leáis la novela, penséis que la clave está ahí y os llevéis un chasco porque veis que la grandeza reside en la absoluta sinvergonzonería de Caulfield. Y ahora que lo pienso, ¿y si estoy diciendo esto porque ya soy demasiado mayor? «Jo».

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Miedo, de Stefan Zweig

Miedo

MiedoA este autor austriaco lo conocí a través de una amiga de Instagram. Para mí Instagram es la red estrella en cuanto a descubrimientos literarios y de personitas maravillosas. Es, sin duda, la que más uso y la que más disfruto. Como os decía, conocí a Zweig ahí y el primer libro que leí suyo fue Carta de una desconocida. Me gustó muchísimo y no sé por qué motivo no había vuelto a leer nada suyo hasta ahora, pero aquí estoy. Esta vez me he decantado por Miedo, simplemente por el título y por el buen sabor de boca que me dejó la primera vez que lo leí.

La editorial Acantilado ha apostado fuerte por este autor y entre sus títulos podemos encontrar prácticamente todos sus libros. Lo cierto es que sus ediciones y traducciones son muy buenas, así que si estáis interesados en adentraros en la obra de este maravilloso escritor os recomiendo esta editorial. Aquí hemos reseñado ya varios de sus títulos: Clarissa, La impaciencia del corazón o Novela de Ajedrez. 

Miedo cuenta la historia de Irene Wagner, una mujer de alta alcurnia que lleva una vida apacible junto a su esposo y sus dos hijos. Su vida es perfecta: una casa preciosa, un marido que la quiere, una familia maravillosa, ningún problema económico y unos cuantos sirvientes que hacen su vida aún más fácil. Con ese panorama, Irene no tiene nada de qué preocuparse. Su vida se limita a alternar con la gente de su misma clase en fiestas y encuentros. Pero, (siempre hay un pero) después de ocho años de matrimonio, Irene encuentra su vida algo monótona y predecible.  Para salir un poco de esa rutina, Irene comienza una relación con un joven pianista. No es una relación carnal llena de deseo y pasión, es más bien una relación que hace que por un rato se olvide de su anodina vida.

Un día, al salir de casa de éste, Irene se encuentra con una mujer que comienza a chantajearla. Aterrorizada por perder su acomodada vida y todo lo que había tenido hasta entonces, Irene cederá ante el chantaje y ahí comienza una auténtica pesadilla para ella y su hasta entonces apacible vida.

Zweig tiene un talento maravilloso para retratar personajes y sus pensamientos. Su forma de escribir atrapa y lleva al lector a sumergirse en sus historias con un facilidad increíble. Casi sin darnos cuenta nos encontraremos sufriendo con Irene, viviendo su día a día en esa pesadilla horrible de ceder a la extorsión y ver su mundo desmoronándose poco a poco.

No os diré mucho más, pero Zweig sorprende. Atrapa al lector, lo hace suyo y después, cuando ya nos tiene dentro de la historia, es capaz de sobrecogernos.

Con apenas cien páginas, Miedo es una novelita brillante e inesperada. Os recomiendo mucho que leáis a este autor, os prometo que os sorprenderá.

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Batman Eterno Integral 2, de Scott Snyder y VV.AA.

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be2Muy bien. Pues ya tenemos aquí la conclusión del arco Batman Eterno con este segundo integral, formato tochazo. Si al finalizar el anterior habíamos dejado Gotham reventada por mil sitios distintos y con más frentes abiertos que la II Guerra Mundial aquí vamos a poder ver cómo poco a poco van a ir cerrándose, con hilo y aguja, con precisión quirúrgica, algunos de ellos.

Y no parece nada fácil después de ver cómo acabó el Batman Eterno, integral volumen uno. Recordemos rápidamente, y solo por encima, el estropicio (y no hace falta decir que hay spoilers si no has leído dicho tomo): Alfred prisionero en Arkham; Arkham convertido aún más si cabe en un puto infierno; Silencio suelto a su bola haciendo cosas muy ruidosas; Gordon preso en Blackgate; Selina haciéndose poco a poco con el control de la mafia; los nanovirus siguen en los Narrows;  la policía en manos de un comisario corrupto que organiza una cruzada paresonal para atrapar a Batman a toda costa y, en general, las calles enfrentadas en una guerra de bandas; la batfamilia al completo, y algunos más,  intentando poner orden y otros cuantos elementos más por ahí desperdigados… Un caos absoluto. Lo que dije. ¿¡Quién quiere vivir en Gotham, por Dios!?  ¡¿Quién en su sano juicio…!?

En fin. Parece mentira pero las cosas irán arreglándose… pero solo después de que se fastidien aún mucho, mucho más.

¿Pero, por qué? ¿Quién está tras todo esto? ¿Será capaz el mejor detective del mundo de averiguar quién mueve los hilos? ¿Realmente hay alguien dirigiendo todo, al mando de este enorme cotarro? Si lo hay, es una lumbrera. Todos sabemos que derrotar a Batman es imposible. Batman siempre tiene un plan B, C, D, y así hasta J, aproximadamente. Siempre vencerá si se le da tiempo para estudiar el terreno de juego, para prepararse, siempre está preparado y lleva una estrategia dos o tres pasos por delante de su rival. ¿Siempre?

Sin embargo, Batman se está metiendo una paliza para descubrir el cerebro oculto tras toda esta trama y esto acabará pasándole factura. ¿Cuánto tiempo podrá el murciélago estar al 100%? ¿Cuántas horas sin dormir podrá rendir sin fallar, cuántas sin comer…? ¿No pensaste en estas cosas cuando decidiste enfundarte el traje, eh, Bruce? Si ya es jodido actuar como “civil” de día y justiciero de noche en épocas de relativa calma, ahora ya ni te cuento…

Por si fuera poco, vamos a ver cómo no solo Batman va a tener que luchar contra los malos y el acoso de la policía, sino que Bruce Wayne también va quedarse sin nada. Algo como lo que vimos en The Dark Knight Rises o parecido también a lo que le sucedía a Daredevil en el estupendo y más que recomendable cómic Born Again. Que va a pasar las de Caín, vamos.

Por primera vez veo a un Batman desconcertado, sin rumbo, como una marioneta yendo de un lado a otro, siguiendo el humo, sin saber cuál es el siguiente paso a dar, con la barba de tres días (bueno con barba de tres días ya le hemos visto más veces)…:

“No tengo ni idea de quién está detrás de esto. He juntado todas las piezas de todos los puzles. Todas estas malditas pistas… y ninguna de ellas encaja con las demás. Ninguna en absoluto. La ciudad está en llamas y todo esto no es más que una condenada distracción. Y no sé para qué…”

¡Y lo reconozco!: me ha encantado el conjunto y me ha encantado el final que han dado a la historia. No lo esperaba así, la verdad. Me imaginaba que el maestro del caos que había preparado y coordinado todo este tinglado contra el Caballero Oscuro fuera alguien que se sacaran de la manga, que no supieran cómo acabar la historia y metieran un Deus ex machina, algo que al final hiciera que el conjunto de los dos tomos no fuera tan redondo, pero no. ¡Chapó! Me ha gustado el desenlace y la explicación final. Me ha gustado ver a Batman abatido, cansado, extenuado…, pero no rendido, eso nunca.

El dibujo se mantiene a la altura de la historia. Muchos dibujantes, pero cohesionados que aportan su toque artístico a una de las historias más atractivas del murciélago.

Lo único que desentona, en mi opinión y, teniendo en cuenta que en este segundo tomo su presencia es casi cero, es la parte paranormal. Pero eso ya lo comenté en la otra reseña.

Un guion repleto de tramas, héroes, villanos, y secundarios que no se quedan atrás en sus papeles; con alguna que otra concesión al humor, con un gran nivel constante durante las más de mil páginas que hacen muy disfrutable el conjunto de los dos integrales.

Batman Eterno, integral volumen 2 completa un arco que gustará a todo aquel que sea fan del héroe de Gotham, o a los enemigos de este que quieran verle pasarlas muy putas.

De lo mejor que he leído de Batman últimamente.

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