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La temporada de los accidentes, de Moïra Fowley-Doyle

la temporada de los accidentes

la temporada de los accidentesHay libros que tienen magia. No hablo solo de aquellos en los que realidad y fantasía se entrecruzan hasta no saber distinguir dónde acaba una y empieza la otra, sino de esas historias con una atmósfera tan conseguida que logran envolvernos y dotar de credibilidad incluso lo que escapa a toda lógica. La temporada de los accidentes, de Moïra Fowley-Doyle, es uno de esos libros mágicos, en ambos sentidos.

Ha llegado octubre y, con él, la temporada de los accidentes. Cara y su familia saben que en esa época del año todos se vuelven inexplicablemente propensos a los accidentes: golpes, roturas, muertes… Ni las capas de ropa de más ni todas las precauciones posibles les libran de ellos y durante ese mes viven con el miedo de que los accidentes desemboquen en tragedia. Bea, la amiga bruja de Cara, ve en sus cartas que este octubre será terrible, y no sabe hasta qué punto tiene razón, ya que esta vez las heridas serán por dentro y por fuera. Y por si esto no fuera suficiente preocupación, Cara se da cuenta de que Elsie aparece en todas sus fotos: un tobillo, un rizo, su sombra… De una forma u otra, Elsie siempre está en ellas. ¿Cómo no se había percatado antes? ¿Y por qué hace días que Elsie no va a clase y nadie parece acordarse de su existencia?

Moïra Fowley-Doyle se sirve de esta premisa aparentemente paranormal y de otros elementos fantásticos para hablarnos de una realidad en la que todos nos veremos fácilmente reflejados: los secretos. Esos secretos que ni siquiera nosotros conocemos porque nuestros cerebros traicioneros —o, quizá, compasivos— los niegan y nos los esconden. «Tengo miedo de mis secretos. (…) Tengo miedo de los secretos de todo el mundo», escribe Cara en la cabina de los secretos de su instituto —donde todos los alumnos escriben de forma anónima aquellos pensamientos que no se atreven a confesar a nadie—, y esa sensación es la que impregna cada página: la certeza de que lo que se esconde en su interior y en el de cada persona de su entorno es realmente lo que más daño puede causarle.

La novela está narrada en primera persona por Cara y está plagada de situaciones ambiguas, que no siempre tendrán una explicación racional. Fowley-Doyle, en esta, su novela debut, se maneja bien en esa difusa línea entre realidad y fantasía, logrando un atmósfera inquietante a la vez que convincente. Sus personajes y sus inquietudes, unas típicamente adolescentes y otras no tanto, son creíbles. Me ha sido fácil adentrarme en el mundo de Cara y sus amigos y empatizar con ellos, con sus cadáveres exquisitos y su fiesta de Halloween, donde todos deben ir disfrazados como realmente se sienten: con sus demonios expuestos.

La temporada de los accidentes está protagonizada por adolescentes y el instituto es uno de sus principales escenarios, por lo que podría catalogarse como una novela juvenil, pero creo que tiene suficientes elementos para gustar a lectores de cualquier edad. Al menos, yo he conectado con la forma de narrar de Moïra Fowley-Doyle, con su manera de recurrir a la magia para plasmar las inseguridades, miedos y traumas de sus personajes. Será que yo también soy de las que cree que la magia está presente en nuestras vidas: son todas esas situaciones que no sabemos o no queremos explicar. Porque a veces es más fácil creer en la magia y huir de los fantasmas que hacerles frente y convertirlos en realidad.

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Cuentos extraños para niños peculiares, de Ransom Riggs

Cuentos extraños para niños peculiares

Cuentos extraños para niños peculiaresSi soy afortunada por algo es por la familia que tengo. Aunque pasamos por momentos difíciles, al final en mis recuerdos siempre quedan esas historias que hacen que me nazca una sonrisa de oreja a oreja. Eso es exactamente lo que me pasa cuando recuerdo a mi madre leyéndome por las noches antes de irme a dormir. Me leía cuentos de todo tipo, incluso había veces que cogía el libro que estaba devorando ella en esos momentos y me narraba algún capítulo que otro. Eso estaba bien, excepto por el hecho de que mi madre era y es fan incondicional de Stephen King.

Hace poco descubrí El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares. Sinceramente no supe de la existencia de este libro hasta que no vi que Tim Burton se había basado en él para crear su nueva película. He de decir que adoro a Tim Burton (casi al mismo nivel que mi madre adora a Stephen King) y no me perdono que todavía no haya visto su última película. Así que cuando vi el libro en el que se había basado, me lo compré y lo devoré. Al poco tiempo, ya impaciente por leer las siguientes entregas de esta saga, descubrí que Ramson Riggs había publicado con Alfaguara Cuentos extraños para niños peculiares. Ya solo por el nombre, decidí que tenía que pedirlo. Pero es que cuando vi la portada y las ilustraciones que contenía, terminé de convencerme. Me daba la sensación de que iba a pasar un rato genial sumergida en sus páginas.

Y parece que no me equivoqué. Este libro está compuesto por varios cuentos cortos dedicados a los niños peculiares. Pongámonos en situación. El hogar de Miss Peregrine es una especie de orfanato donde conviven niños que no tienen familia. Pero no es esa la una característica que los une: todos ellos tienen algún tipo de poder especial, algo que les hace peculiares. Mis Peregrine, la directora del orfanato, se encargó de ellos para que no les faltara de nada y que se sintieran como en un hogar. Y, por supuesto, no podían faltarles cuentos. Porque ¿qué sería de nuestras vidas sin historias? Así que estos cuentos, narrados de generación en generación, un buen día fueron recopilados y plasmados en papel. Así fue cómo surgió Cuentos extraños para niños peculiares. Os decía que las expectativas que tenía sobre el libro se vieron satisfechas y os voy a explicar por qué. El primero de los relatos cuenta la historia de una tribu caníbal que se topa con un pueblo de peculiares. Estos peculiares tienen la grandiosa ventaja de que su carne se puede regenerar. No les importa perder un brazo o una pierna, pues estos volverán a crecer sin problemas en un tiempo. Imaginaos lo contentos que se pusieron los caníbales cuando descubrieron a los peculiares. No os voy a desmembrar más la historia, pero digamos que los caníbales no tuvieron ese reparo respecto a los pueblerinos. De primeras, esta historia impresiona. Yo pensé “vaya, creo que si leo esto a mis primos pequeños les traumatizo de por vida”. Con este inicio me esperaba que el libro siguiera en ese registro gore, por decirlo de alguna manera, pero lo cierto es que después las historias no son tan macabras como esperaba. Lo que, por otra parte, he agradecido, ya que no soy muy dada a las historias de caníbales o zombies.

Ransom Riggs nos narra este libro haciéndonos creer que ha sido un importante historiador el que ha recopilado todos los cuentos. Serían como las fábulas que hoy en día se transmiten de padres a hijos, pero —por primera vez en la historia— transcritas al papel. Es tal la ambientación, que Riggs nos propone diferentes finales para alguna de las historias. Ya sabemos que los cuentos populares son narrados de una forma o de otra dependiendo de quién los cuenten o la zona donde vivamos (os pongo un ejemplo: a mi Caperucita la salvaba el leñador, pero a la de mi mejor amiga la rescataba la abuelita). Por eso Riggs, hablando como si fuera el historiador, propone distintos finales. Esto me ha gustado, pues si bien ya no hay más historias gore del tipo caníbales, sí que las hay con finales muy muy tristes y espeluznantes. Así que no está mal que el propio cuento nos proponga un final más halagüeño.

Qué voy a decir de este libro. Me ha encantado, me ha sacado sonrisas pero también ha hecho que me recorrieran escalofríos por todo el cuerpo. No sé todavía si voy a dejar que mis primos pequeños lo lean, aunque lo cierto es que se pasan el día jugando a que son zombies… así que igual con esos cuentos se sienten en su salsa.

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Antes de que los cuelguen, de Joe Abercrombie

antes de que los cuelguen

antes de que los cuelguenRetumban tambores de guerra. Silban las flechas sobre las cabezas de soldados asustados. Luego impactan en escudos o en carne fresca. Aúllan los combatientes heridos. Lloran como niños los hombres. Piden clemencia, llaman a sus madres. Mueren en el barro; perecen en soledad. Relinchan los caballos antes de aplastar a la infantería. Luego las espadas hablan: pronuncian funestas palabras de muerte. Refulgen al principio, sangran después. No hay honor en la guerra, solo afán de supervivencia. “Solo hay honor si se gana”. Mejor ser un cobarde vivo que un héroe que se pudre bajo tierra. Supervivientes a toda costa. Gente imperfecta que en tiempos duros busca salvar el pellejo; a cualquier precio. Cobardes, granujas, salvajes y farsantes que hacen lo que pueden para sobrevivir. De esta clase de hombres, de esta clase de mujeres, Joe Abercrombie entiende un rato. Y, en Antes de que los cuelguen, segundo libro de la trilogía de La primera Ley, ellos son los protagonistas.

La guerra, lejana en La voz de las espadas, ahora, en Antes de que los cuelguen, ha llegado hasta las puertas de sus hogares. Cruenta y despiadada. Sangrienta e imparable. Bella y minuciosamente descrita por Joe Abercrombie. No todos se enfrentarán igual a tal fatalidad. Algunos elegirán su rumbo, otros solo cumplirán órdenes a regañadientes. En el primer grupo encontramos a Bayaz, el primero de los magos, y al variado conjunto de hombres y mujeres que comanda. Un conjunto formado por viejas glorias, espadachines valerosos pero solo de boquilla, molestos parlanchines o salvajes intratables. Pero todos con una habilidad que los hace únicos. Una banda que muestra más similitudes con los forajidos de Los siete magníficos que con los paladines de La compañía del anillo. Si en La voz de las espadas Abercrombie nos esbozó, con sumo cuidado, personajes y situaciones, en su continuación nos dibuja, con todo lujo de detalles y con mayor ritmo, como éstos evolucionan para adaptarse a los derroteros que toma la historia. Sí, algunos de estos personajes son verdadera escoria (moralmente hablando), pero solo por separado. Juntos aprenderán a ser mejores, a ser menos ruines e, incluso, a hacer lo correcto. “Pequeños gestos y tiempo. Así es como se consiguen las cosas”. Joe Abercrombie nos regala unos personajes creíbles que en esta segunda novela, y a medida que aprenden a confiar en sus compañeros, nos muestran un poquito más de ellos. Cuentan el porqué de sus acciones, de las leyendas que preceden a sus nombres o de los actos, crímenes o hazañas, que cometieron en el pasado.

Ahora hablemos del segundo grupo. De esa gente que deja que otros elijan su destino. De esos que asienten pero piensan en un no rotundo. Sí, hablemos de Glokta. El personaje estrella de Antes de que los cuelguen. El cínico tullido es enviado, junto con sus esbirros, a defender una ciudad sitiada. Una empresa con pocas posibilidades de éxito que le obligará a hacer pactos inverosímiles. “Un hombre perdido en el desierto debe aceptar el agua que se le ofrezca”. Y si defender una ciudad no fuera suficiente, le ordenan, además, investigar un complot que podría acabar con sus maltrechos huesos en una tumba. Imaginad a Sherlock Holmes; la versión más avinagrada de él intentando esclarecer el más violento de los crímenes. Imaginad que el telón de fondo de dicha investigación es la batalla de El Álamo, ese épico asedio ocurrido en Texas, en el lejano y violento oeste. Dejad de imaginar, pues Joe Abercrombie ya hace tiempo que lo hizo y lo escribió.

Pero Joe Abercrombie no solo crea personajes memorables, también describe lugares de forma tan precisa que hace fácil imaginarlos. Páramos estériles, ciudades abandonadas, bosques cubiertos por la niebla… Todos esos lugares se convierten, a través de las palabras leídas, en enérgicos fogonazos de imágenes muy vívidas que asaltan la mente. De idéntico modo ocurre con todas esas batallas repletas de violencia; solo una imagen sería capaz de superar las gráficas descripciones. Sangre, vísceras, muerte, vencedores y vencidos. Y luego, por supuesto, están las tramas. Directas, al grano, sin rodeos absurdos o subtramas de las que no se saca nada en claro. Por ello, Antes de que los cuelguen, y a pesar de ser un tocho, se lee sin dificultad. Se abre por la mañana, te sumerges en él y cuando vuelves a sacar la cabeza, la luz del crepúsculo baña tu sala de estar. Y es que te zambulles en Midderland y las encarnizadas batallas que acontecen a lo largo del territorio atrapan toda tu atención. Te subyugan. Todas esas masacres. Toda esa esperanza entre tanto horror. Ese amor, y sexo, entre tanto odio. Todas las traiciones y la camaradería. Por supuesto, el desconsuelo, y la nostalgia por el hogar; pero también el coraje que empuja a seguir luchando en busca de paz. A la caza de un final digno. Un final que únicamente hallaremos en El último argumento de los reyes, tercera y última novela que completa la trilogía de La primera ley.

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Harry Potter y el legado maldito, de J. K. Rowling, John Tiffany y Jack Thorne

Harry Potter y el legado maldito

Harry Potter y el legado maldito2008 fue para mí un año crucial. Un año de cambios, de vaivenes y de descubrimientos. Fue el año en que me mudé de Madrid a Cantabria. En el que dejé de vivir en una ciudad de tres millones de habitantes, para vivir en un pueblo de cuarenta personas. Deserté de un instituto lleno de amigos para cruzar las puertas de uno donde todos eran extraños. Cambié no ver la nieve más que cuando cruzaba Somosierra, a tener que aprender a ponerle cadenas al coche. Y también conocí el final —o eso pensaba yo por aquel entonces— de Harry Potter. Y diréis, ¿qué tendrá que ver algo tan importante como es mudarse de ciudad con una saga de libros? Pues para mí lo tiene que ver TODO. Harry Potter y la piedra filosofal fue el primer libro “en serio” que leí. Me lo compró mi padre en la estación de Atocha mientras esperábamos un AVE dirección Sevilla. Los dos siguientes —La cámara secreta y El prisionero de Azkaban— fueron mi regalo más preciado de Papá Noel (gracias a mi tía Raquel que se acordó de pedirlos en su carta). Cuando se publicó el cuarto, El cáliz de fuego, esperé durante una hora a que abriera la librería de mi barrio, por miedo a que se agotaran los ejemplares; aunque la verdad es que me lo podría haber ahorrado, porque nadie más vino a comprarlo. Los últimos —La orden del fénixEl misterio del príncipe y Las reliquias de la muerte— me ayudaron a consolidar esa tradición de esperar desde las nueve de la mañana delante de la librería, en la que incluí pasarme por la churrería de vuelta a casa. Y ahí terminó todo. Devoré Las reliquias de la muerte y se acabó. Ya no quedaba más. Fue como mudarme de ciudad, como cambiar de vida. Algo, para siempre, había terminado. Había pasado página y cerrado las tapas de un libro que jamás volvería a abrir.

Así que algo renació en mí cuando hace alrededor de un año y medio escuché que J.K. Rowling iba a continuar la historia. Primero anunciaron que sería una obra de teatro que solo los afortunados con un billete a Londres podrían ver y vivir en sus carnes. Ante la protesta de los fans de todo el mundo —comprensible, ya que todos teníamos el mismo derecho de saber cómo continuaba la historia— decidió, junto con John Tiffany y Jack Thorne publicar la obra en papel, Harry Potter y el legado maldito, convirtiéndose así en el libro más esperado de los últimos ocho años. Tuve la tentación de comprármelo en inglés pero que aguanté como una campeona a que saliera en español; envidiando a todos los intagamers anglosajones que compartían fotos sonrientes en las que sujetaban el ansiado libro dorado.

Pero el día llegó y la que lo tuve en mis manos fui yo. Y me duró, a lo sumo, unas cuatro horas. Me sentí saciada por un momento, pero ese sentimiento dio paso rápidamente a una desolación tremenda. Tenía veinticuatro años y volvía a sentirme como si tuviera dieciséis. Odio decir adiós. Pero ¿tener que decirlo dos veces? El golpe duele todavía más si cabe.

Perdonad que me haya volcado tanto en mi propia historia. Pero comprended que me emocione tanto al hablar de Harry Potter. Es la saga con la que crecí, la que me enseñó a amar la lectura y la que, a día de hoy, me hace viajar por mundos maravillosos como ningún otro libro lo ha hecho. Ahora que ya habéis entrado en situación y que sabéis lo importante que es esta saga para mí, puedo continuar. Y lo voy a hacer hablando del libro.

Como la mayoría de vosotros sabréis, el formato que han utilizado los autores para este libro no es el mismo que para el resto de la saga. Es teatro. Puro y duro. Para la gente que no esté acostumbrada a este género, puede ser un motivo de rechazo. Pues no lo es en absoluto. En las escenas no participan muchos personajes, por lo que no tendréis que estar leyendo todo el tiempo el nombre de la persona que está hablando, ya que se predice bastante bien y hace que la lectura fluya rápidamente y sin tropiezos. Me parecía importante hablar del formato, ya que es la pregunta que más se está oyendo sobre este libro “¿pero de verdad que es teatro?” Sí, lo es. Y es fantástico.

Pero vamos a lo que interesa, el contenido. La incógnita que rondaba por mi cabeza era la de quién iba a ser el malo. Todos sabéis cómo termina Las reliquias de la muerte y, aunque en este libro Harry ya no es el protagonista —lo será Albus Severus, uno de los hijos que tuvo con Ginny Weasly— tenía que haber un malo que estuviera a la altura del Que No Puede Ser Nombrado o, si me permitís, de la odiosa Dolores Umbridge (para mí, la villana por excelencia. Qué horror de mujer). Y vaya si lo hay. No os lo podéis ni imaginar.

Pero… ¿dónde queda la amistad? Uno de los pilares más importantes de la saga es la relación entre Harry, Ron y Hermione, así que en este libro se tenía que demostrar que la amistad sigue siendo uno de los valores fundamentales. Pues bien, nuestro querido (aunque a veces se comporte como un adolescente insufrible) Albus demostrará que el valor de la amistad le viene dado en la sangre y que no tiene ningún tipo de prejuicio, pues su mejor amigo será Scorpius Malfoy, el hijo de Draco Malfoy, aquél Slytherin que tanto odio le tenía a Harry. Ellos dos, como ya lo hiciera su padre con su edad, tendrán que enfrentarse a lo peor a lo que uno podría plantarle cara: los demonios del pasado.

Con estos ingredientes y las páginas pasando más rápido de lo que me gustaría, volví a Hogwarst por unas horas. Pude revivir mis recuerdos más dulces de la infancia, en los que no faltaron sapos de chocolate ni cervezas de mantequilla. Y, aunque confieso que tengo uno, no me ha hecho falta para ello usar mi giratiempo. Aunque, a decir verdad, si este giratiempo funcionara no sé si querría viajar al pasado. Sí, sé que podría volver a vivir esta saga desde cero, pero tendría miedo de cambiar una sola cosa, por minúscula que fuera, que hiciera que todo lo que estos libros me han hecho sentir se fuera al traste. Llamadme nostálgica y loca. Y yo os llamaré muggles.

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La reina roja, de Victoria Aveyard

La reina roja

La reina rojaMare Barrow sabe muy bien que tiene que esconder su sangre roja del resto de plateados. En un mundo donde el color de la sangre lo significa todo, mostrarla puede ser tu mayor debilidad. Aquí solo puedes pertenecer a dos clases: o a los Rojos o a los Plateados. Y esa nimiedad, esa particularidad, va a definir tu vida para siempre.

Mare vive con los suyos, los Rojos. Son criados, artesanos, panaderos… son gente humilde, sin grandes aspiraciones, pues saben que el color de su sangre les impediría cualquier aire de grandeza. En contraposición están los Plateados, que viven entre lujo y opulencia, adorando a sus reyes ante cualquier otra cosa. Además, por si fuera poco, gozan de poderes especiales. Cada uno de ellos puede hacer una cosa asombrosa diferente: leer la mente, mover el agua, crear terremotos… Mare siente que no vale para nada, que no tiene ningún talento especial, aunque es cierto que robar se le da bastante bien y al menos así puede ayudar a su familia, aunque sea mínimamente. Sus hermanos mayores se fueron a la servir a la milicia y a ella le tocará en breves si no encuentra un trabajo en el que ser útil.

Poco a poco iremos descubriendo que Mare no es tan normal como ella se pensaba. Algo en ella empieza a removerse, una chispa. Descubrirá que tiene poderes, como si se tratara de una Plateada y se verá inmersa en el mundo de los que son tan diferentes a ella. Allí conocerá a dos chicos, que le enseñarán cómo viven los Plateados y que harán que Mare sienta algo más que amistad por ellos. Mira que normalmente suelo posicionarme en los triángulos amorosos, pero Victoria Aveyard nos muestra tantas facetas de estos dos chicos, que no he podido decidir cuál era mejor para Mare hasta que se ha resuelto la incógnita por sí misma.

Este es el planteamiento de La reina roja, una novela de Victoria Aveyard que nos traslada a un mundo imaginario que fácilmente podríamos identificar con el de Los juegos del hambre. El planteamiento parece un poco similar: una chica humilde, que vive en el extrarradio junto a su familia y que, por haber nacido en el sitio incorrecto, ahora corre el peligro de ser mandada a lo que parece ser el infierno. Y, por si fuera poco, se ve inmersa en un triángulo amoroso. Pero es cierto eso que dicen de que las comparaciones son odiosas. La similitud llega hasta ahí. Nada más. Me parecía importante hacer este apunte, porque he leído bastantes críticas que se centraban más en las similitudes que en las diferencias. A mí, quitando lo obvio, no me lo ha parecido en absoluto.

La segunda parte de esta trilogía, La espada de cristal, ha salido a la venta hace muy poquito, escasamente un mes. Esta novedad fue la que me hizo conocer La reina roja. Todavía no sé muy bien por qué no había oído hablar de esta novela antes, pero ahora ya tengo preparada en mi mesilla la segunda parte, esperando a ser devorada sin piedad. Me ha gustado la combinación de los poderes mágicos con los entresijos que se trae la realeza, pero lo que me ha terminado de encandilar es cómo Victoria Aveyard trata el racismo camuflándolo mediante el color de la sangre. ¿Qué pasa si naces con el color “equivocado”? Pues que tu destino, probablemente, estará escrito de antemano. Tu vida será más dura, serás mal visto ante los ojos de tus diferentes y tendrás que luchar el triple si quieres llegar a tener lo que los demás tienen por el mero hecho de haber nacido con el color de sangre “correcto”. Este es el motivo por el que los Rojos se levantan. Por el que deciden que ya está bien y que es hora de plantarle cara a los Plateados. Van a demostrar que ellos valen tanto como los demás, que saben lo que quieren y, sobre todo, que pueden y quieren luchar. Ya no temen derramar sangre y que se vea claramente que es roja como el fuego, como la guerra. Ya no tienen miedo. Saben que, como decía Bunbury, “todo arde si le aplicas la chispa adecuada”.

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Don Quijote de Manhattan (Testamento yankee), de Marina Perezagua

Don Quijote de Manhattan

Don Quijote de ManhattanEste año me dio el siroco de leerme El Quijote. No porque este 2016 fuera el 400 aniversario de la muerte de Cervantes ni porque haya habido excesiva publicidad sobre el acontecimiento (que no la habido, en mi opinión, ni en exceso ni casi de ninguna otra manera.  Y es más, puede que si la hubiera habido no lo hubiera leído. Aunque también es verdad que si Cervantes fuera inglés otro gallo cantaría y los orgullosos ingleses no habrían dejado ni un día del calendario sin programar algún acto relacionado con el escritor).

Pero no. No era ese el motivo. Simplemente sucedió que apetecíame. Tiempo ha que quería yo enterarme de las hazañas del hidalgo, pero la reputación y el respeto (inclusive ¿acojone?) a la hora de abordar semejante obra, habiendo leído a gente cosas como que si era un rollo por acá, que si era extenso en demasía por acullá, que si hacía falta otro tomo para aclarar los palabros… y a todo esto añádase que  juntabánseme otras lecturas que acababan siempre por relegar al libro a otro momento más oportuno. Pero tenía que leerlo. Una obra tan importante en la literatura española y mundial merecía que menos que una oportunidad. Y también había opiniones buenas, que es cosa menester que se sepa.

Y al fin llegó el momento. En un bonito tomo conmemorativo, lleno de notas al pie y tomado con calma. Dos capítulos por noche propúseme. Hubo días que fueron más y otros que fueron menos o ninguno, en función del interés de la historia. ¿Veredicto? Me gustó. Hubo capítulos que es cierto que se hacían eternos y un auténtico coñazo. Pero coñazo de los gordos. Afortunadamente fueron los menos. Y afortunadamente también, la segunda parte fue mucho mejor que la primera.

Pues con ese buen sabor de boca al acabar la cervantina lectura me encuentro con Don Quijote de Manhattan. De primeras la portada me hace gracia, con la pareja, Quijote y Sancho, vestidos como C3PO y como ewok, respectivamente, caminando por la calzada de una calle de Nueva York.

¿Y qué tal, dirán vuesas mercedes? Pues bien, también. Marina Perezagua traslada al dúo manchego a Nueva York y dota a los sucesos que nos cuenta de algunos paralelismos con el original cervantino.  Ambos amnésicos, despiertan en 2016 sin saber cómo ni porqué, aunque a veces la melancolía les hace recordar cosas que piensan que no han conocido.  La autora se permite algunas licencias para no trabar la narración como el hecho de que Sancho sepa manejar  (y tenga) una tarjeta de crédito, que ambos entiendan y hablen perfectamente inglés… Vamos, que han sido transplantados de una época a otra de cuatro siglos de diferencia pero se manejan por ella como si tal cosa. Que no tengo nada contra eso, que conste, pero se podía haber sacado algo de chicha cómica de alguna situación.

Si el Don Quijote otiginal enloqueció por hincharse a leer libros de caballerías, en esta ocasión será otro libro de fantasía, La Biblia, la que, como a muchos fanáticos, le coma la cabeza tras encerrarse durante siete días para leerla y la que guiará sus actos desfacedores de entuertos (aunque lo correcto y lo que Cervantes escribió fue tuertos, como bien explica la autora en la parte final, Referencias).

Sus aventuras les harán moverse por la ciudad metiéndose en líos, detenidos por la policía, codeándose con drogadictos, encabezando rescates animales, iniciando y acabando huelgas de hambre por los presos de Utah, debatiendo sobre armas de fuego, sobre racismo, e incluso en el mismo Instituto Cervantes, con un Sancho proponiendo los correctos, a su modo de ver, usos de ciertas palabras de la lengua castellana.

Y todo esto teñido con un tinte religioso, ya que desde muy pronto, desde el principio en realidad, Don Quijote va a creerse un nuevo mesías, va a resucitar, va a ser el creador de América, el multiplicador de donuts y magdalenas y el centro de muchas otras actuaciones con reflejos  en La Biblia.

Por supuesto, no hace falta haber leído ni El Quijote ni La Biblia para comprender y disfrutar de este gran entretenimiento que es Don Quijote de Manhattan.

No obstante, creo que en algunos capítulos se podría haber sacado más partido de algunas situaciones, haberlas hecho más cómicas, y también me parece que el último tercio se vuelve demasiado alegórico.

Pero bueno, quitando eso, repito, es una lectura original y muy entretenida, bien escrita, fácil de leer, con momentos de comicidad (me gustó el nuevo bálsamo de Fierabrás) y muy disfrutable en su conjunto.

Un libro muy trabajado (la autora se ha leído diez veces, puede que a fecha de hoy ya más, el libro del caballero de la Triste Figura) y eso se puede apreciar a medida que se va leyendo.

¡Voto a bríos que lo recomiendo!

 

Vale*.

*Que es como acaba El Quijote y es una fórmula latina de despedida.

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La voz de las espadas, de Joe Abercrombie

la voz de las espadas

Cuando se la voz de las espadastrata de leer no hago ascos a nada. No importa el género literario, siempre y cuando la historia sea buena. Una historia robusta y cargada de personajes memorables para mí lo es todo. Pero debo confesar que desde pequeñito he mantenido un apasionante idilio con la fantasía. Mi nariz tarde o temprano siempre acababa (y aún acaba) metida entre las páginas de libros en los que se describían lugares increíbles habitados por seres que iban más allá de toda imaginación. A medida que crecía, que maduraba (o lo intentaba), me di cuenta de que la realidad que me rodeaba no era de color de rosa, sino que había muchos tonos ocres. Asimismo, de forma gradual, ocurrió con el género fantástico. Los héroes ahora ya no son hombres bondadosos que jamás pierden una batalla. Pierden y mueren. Las princesas no buscan un príncipe azul con el que casarse, sino que libran sus propias batallas. ¡Y qué batallas! Los magos honestos, que visten túnica con runas ininteligibles bordadas en ella, escasean. Y no todos los bárbaros son seres despreciables carentes de compasión. “Lealtad, deber, orgullo, honor; todos esos conceptos están pasados de moda”. No todos los buenos sobreviven. Ni todos los malos mueren. No todos los buenos son tan buenos, ni todos los malos son tan malos. Entre el blanco y el negro existe el gris. Pero hay autores, como Joe Abercrombie, a quienes les gusta el gris oscuro. Muy, pero que muy oscuro.

El libro La voz de las espadas de Joe Abercrombie es una muestra clara (al igual que lo es la saga Canción de hielo y fuego escrita por George R.R. Martin) de que la fantasía se ha vuelto menos pudorosa a la hora de mostrar mundos repletos de personajes de moralidad bastante disoluta. “Lo que cuentan son los jugadores, no las cartas”. Midderland es uno de esos lugares, además de ser el mundo en el que transcurren los hechos narrados en la trilogía de La primera ley. Es un lugar ficticio y legendario, como dictan las normas, pero bastante lóbrego. No, Midderland no es la Tierra Media. No es ese lugar que nos describió Tolkien en donde los héroes habitaban verdes praderas o ciudades blancas y los villanos lugares recónditos, oscuros y pestilentes. Midderland es un anárquico revoltijo de matices en donde los que obran de forma correcta y los que se comportan de forma execrable se confunden, conviviendo en un mundo que se desangra por un sinfín de guerras interminables. Si bien es cierto que la narración no empieza siendo tan tenebrosa la historia vira, a medida que avanza, tomando un cariz más oscuro; haciendo todavía más patente el contraste con esas ciudades que parecen bellas e impolutas, pobladas por ciudadanos que fingen gozar de una ética intachable. Pero en las sucias tripas de tales poblaciones aguardan lugares sórdidos. Allí se llevan a cabo todo tipo de muertes, asesinatos y torturas. Éstas últimas, obra de La Inquisición y, en especial, llevadas a cabo por su inquisidor estrella: San dan Glokta. Antaño fue campeón de esgrima, tras pasar por las cárceles del enemigo se convirtió (a la fuerza) en un cínico tullido. Las mejores frases, y pensamientos, son para este personaje. A mi parecer, y tal vez algunos pongan el grito en el cielo por lo que voy a decir, Golkta no tiene nada que envidiarle a Tyrion Lannister; absolutamente nada. Las escenas en las que Glokta extrae información con sus ingeniosos aunque brutales métodos son narradas con especial crudeza y de forma explícita, así como algunas de las pocas pero frenéticas batallas que se dan a lo largo del libro. “Cada cual sirve al rey a su manera”. Igual de gráficas son las descripciones de los dolores que atormentan el cuerpo de Golkta: son tan detalladas que, para alguien con un poco de hipocondría (como yo, por ejemplo) resultan poco menos que una putada. ¡Qué caprichosa es la mente cuando el que habla es tan preciso! Por si todavía no te había quedado claro, La voz de las espadas no es una novela apta para todos los públicos. Jezal dan Luthar, un niño rico que en vez de llevar a cabo sus tareas de capitán y de entrenar para el certamen de esgrima prefiere pasarse el día jugando a cartas con sus amigos y emborrachándose, y Nuevededos, el bárbaro que empieza a estar harto de la lucha, son los otros dos protagonistas que encabezan una lista de personajes en donde abunda la variedad. Personajes espléndidos, de notable profundidad y con personalidades repletas de luces y sombras.

Joe Abercrombie no solo pone especial mimo en moldear todo tipo de personajes, además urde, de forma lenta, una trama que poco a poco va apoderándose de toda la atención del lector. Su narración es pausada, sin ningún tipo de prisa, es como un jugador de ajedrez preparando el terreno de juego: saca el tablero, coloca las piezas y empieza a mover algunos peones de forma estratégica. Lento pero seguro. Es una táctica tan arriesgada como osada, ya que esa serenidad a la hora de narrar, mal ejecutada, podría llevar al tedio. Nada más lejos de la realidad, pues la táctica da sus frutos y no tardarás mucho en descubrirte devorando páginas sin parar.

Tras leer La voz de las espadas se pone de manifiesto que Midderland no es un lugar idílico para vivir, ni para disfrutar de unas vacaciones, ni siquiera para pasar un fin de semana; aun así necesito volver. “¿Por qué lo hago? ¿Por qué?”. Necesito saber qué pasará con sus habitantes, cómo transcurrirán esas guerras y quién sobrevivirá a éstas. Necesito volver a sufrir, reír, enamorarme, luchar… Ansío volver a Midderland, a pesar de sus peligros, la corta esperanza de vida y las tenebrosas conspiraciones. Para ello, para volver a esas vastas tierras repletas de misterio y magia, no hay mejor forma que continuar con la aventura y embarcarse, sin miramientos y con arrojo, con destino hacia el siguiente volumen de la trilogía.

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Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión, de Brandon Sanderson

Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión

Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensiónLa utopía de un gobierno bueno, con un idealista y mejor persona al mando de un equipo de auténticos parlamentarios progresistas, debe ser cosa de fantasía. Y en Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión, segunda parte de la saga de Nacidos de la bruma de Brandon Sanderson, lo es.

¡Qué maravilloso mundo de bondad y estabilidad económica y social esperaban los vencedores del Lord Legislador! Pero, en política, ¿creías que todo iba a ser tan fácil? En el mundo real no lo es, desde luego, viendo la incompetencia de muchos gobernantes incapaces de saber crear estrategias de mandato e intentar formar un equipo de gobierno estable y próspero para la ciudadanía. Pero tranquilo, no te daré clases de política para hablar de este libro, aunque, tras leerlo, me ha mostrado una vía mucho más molona y atractiva de aprender los tejemanejes que se ocultan en los estrategas políticos.

Situémonos. Tras la caída del imperio tiranizado por el Lord Legislador en la lucha contra la banda de Kelsier y Vin, con dramático desenlace (lo omito para no hacer spoiler de la primera parte de la saga), el joven e idealista noble y enamorado de Vin, Elend Venture, sucederá en el trono junto a los miembros de la banda de ladrones skaa que ocuparán puestos importantes de gobierno. Un año después desde que se hicieran con el cargo, la estabilidad económica y sin guerras que impuso el Lord Legislador —vale, los skaa vivían oprimidos, trabajaban como esclavos, muchos eran ejecutados por el mero hecho de imponer la voluntad del Lord Legislador y las diferencias entre clases eran abismales— toda esa extraña y aceptada estabilidad, como decía, se ha venido abajo. La ciudad se mantiene asediada por otras casas reales que abandonaron la ciudad tras la muerte del Lord Legislador y ahora vuelven para exigir la ciudad de Luthadel. A partir de ahí, Elend Venture se verá obligado a trazar una estrategia de gobierno para mantener la ciudad a flote y poder ayudar a los skaa.

Por si fuera poco, la temida Profundidad que parecía mantener a raya el Lord Legislador mientras vivía, está despertando y amenaza con extenderse de nuevo por el imperio. Vin, con la ayuda de los antiguos escritos que ha localizado Sazed sobre el Héroe de las Eras, se verá obligada a localizar el pozo de la Ascensión para descubrir su origen y así poder derrotarla.

En la primera parte de la saga, El imperio final, el autor, además de presentar una fabulosa historia de rebelión social contra la tiranía en un marco inigualable de fantasía, consiguió que la historia funcionara por sí sola, de modo autoconclusivo. Nacidos de la bruma 2. El pozo de la ascensión, sin embargo, tiene todos los elementos de formar parte de un conjunto en el que es necesario la lectura de su predecesora y deja un final abierto para ser continuado en la tercera parte. Esto se podría considerar un punto negativo si lo que te interesa es su lectura individual pero, supongo, las reglas en el mundo de las sagas ya están escritas y las segundas partes funcionan de este modo. Descuida, es tan atractiva y te enganchará tanto su lectura como sucedió con la primera parte que no te importarán sus más de setecientas sesenta y pico páginas. Mención aparte, la calidad de la nueva edición bajo el sello Nova de Ediciones B que está apostando fuerte por la saga de este autor; nuevas portadas y encuadernación en tapa dura de calidad.

Los personajes, un apartado que Brandon Sanderson sabe desarrollar como nadie y que me encanta por cómo consigue que te enganches a ellos, muestran una evolución en cuanto a sus necesidades y la situación que les rodea. Vin, mucho más adulta, ya no parece la joven y delicada niña que se convirtiera en el pupilo de Kelsier. Aquí es una vigilante implacable pero que, de forma muy agradecida, en momentos de la novela muestra sus inseguridades que tanto le caracterizan. Y nuevos personajes que tendrán un rol importante en la obra como son el kandra de Vin, ese extraño ser que devora los cuerpos muertos para conseguir su apariencia y que ya jugó su papel en la primera parte de la saga y aquí está mucho más desarrollado, y otro joven nacido de la bruma, Zane, un tipo atormentado que será el contrapunto de Vin.

Para mí, Brandon Sanderson es uno de los mejores escritores que puedas encontrar en la literatura de fantasía, o al menos, eso me está demostrando en esta saga de Nacidos de la bruma. Que consiga mantenerte con tanto interés página tras página, sin sentir que algún capítulo (o unos cuantos, te recuerdo que es muy dado a los mamotretos de setecientas y pico páginas) esté de relleno, es una tarea digna de unos pocos autores. Sus argumentos, su nivel de invención tanto de ciudades al borde del colapso como de sus personajes y situaciones que viven, los registros tan identificativos de cada uno de ellos y la claridad con la que expone el conflicto de la historia, me ha hecho cambiar la perspectiva lejana que tenía sobre este género literario que, con escritores de este calado, hacen más grande su legado. Es una apuesta segura si te quieres introducir en el mundo de la fantasía y la magia, esa alomancia y la ferruquimia que ha creado el autor, que bien podría tener carácter científico al desarrollarse a través de las reacciones de los metales, y desde luego, es también un modo muy atractivo de disfrutar y aprender de las batallas entre reinos con estrategias muy creíbles y de fácil relación con la vida política real. Claro, que no veo yo a nuestros políticos con el carisma de los personajes de esta saga. De ser así, hasta yo, apolítico de pura cepa, me aforaba a un partido de gobierno.

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Nacidos de la bruma 1. El imperio final, de Brandon Sanderson

Nacidos de la bruma 1. El imperio final

Nacidos de la bruma 1. El imperio finalEl género fantástico reúne, junto a la ciencia ficción dura, quizás, a los autores y lectores más críticos de cuantos géneros literarios puedas encontrar. Al menos siempre he tenido esa impresión basándome en convenciones a las que he asistido, como la última edición del festival Celsius de Avilés, comentarios y artículos que he leído en blogs de internet y las ya anticuadas —una lástima, pero así es— cartas al director de revistas especializadas. Pese a ser el género literario que más libertad da tanto a autores, pudiendo éstos asentar la historia de su obra en mundos inexistentes, con personajes extravagantes de cualidades imposibles y a sus lectores, que disfrutan de la lectura de esos mundos extraños donde se sumergen con gran facilidad y voracidad, siempre han resultado ser un público exigente. Consigo mismos. Con lo que leen. Con lo que otros cuentan de lo que ellos leen.

Ahí es donde me toca a mí. Así que, sin ánimo de ganarme la confianza del lector sino simplemente porque así lo considero, tras leer Nacidos de la bruma 1. El imperio final, de Brandon Sanderson, comienzo diciendo que me ha resultado el mejor comienzo posible para una saga de fantasía.

Cuanto sabía de Sanderson hasta ahora era que escribió la divertida y entretenidísima saga juvenil que empieza con Alcatraz contra los Bibliotecarios Malvados y disfruté como un colegial. Entonces quise saber más acerca de este autor y me di de bruces con que es un escritor tan prolífico como pueda llegar a ser Andrej Sapkowski o Abercrombie juntos y cuyas críticas le posicionan como el más digno sucesor de George R.R. Martin o Tolkien. Y entonces me dije: ¿Por dónde empiezo a leerle? Y, aprovechando que Nova ha reeditado la saga al completo de Nacidos de la bruma con nuevas portadas y revisión de sus traducciones, decidí que esta saga era lo ideal.

Un mundo en el que durante mil años han caído cenizas del cielo y nada florece. El sol, rojo infernal, es consumido por las brumas al llegar la noche. El Lord Legislador domina con un poder absoluto sobre todos los habitantes esclavizados, llamados skaa, con la ayuda de obligadores e inquisidores, seres que poseen la habilidad de la alomancia, una poderosa magia extraída de los metales. En ocasiones, pese a que las estrictas leyes lo prohíben, algunos nobles y altos cargos alománticos se acuestan con mujeres skaa y algunos de sus bastardos sobreviven y heredan sus poderes. Son los nacidos de la bruma. Uno de ellos, Kelsier, con la ayuda de otra nacida de la bruma, Vin y sus compinches, se preparan para una rebelión del pueblo oprimido para derrocar el reinado atroz de muerte y crueldad del Lord Legislador.

Mi primera impresión al adentrarme en la lectura de Nacidos de la bruma 1. El Imperio Final era que podrían asustarme aquellos asuntos sobre magos vestidos con capas y túnicas, poderes extraños que no tuvieran un explicación accesible y una mezcolanza de reinos con lores y nobles de nombres imposibles que al final necesitara de un cuaderno de notas para no despistarme entre tanta información. Brandon Sanderson lo ha conseguido. Y esta es una afirmación bastante escrita acerca de sus novelas ya que este escritor tiene el poder de hacer que todas esas primeras impresiones desaparezcan en las primeras páginas de la novela. La acción te introduce de lleno en ese mundo de ceniza que ha creado y en el conflicto que va a marcar la historia de una forma tan atractiva y de fácil lectura que, para mí, novato en sagas fantásticas, ha conseguido cautivarme.

Mención aparte, los personajes, que es donde Sanderson se luce y con gusto. De primeras, la dupla Kelsier/Vin, los dos nacidos de la bruma. Una suerte de ¿Batman y Robin?, sí, podría ser. El modo en cómo se conocen, la habilidad para poder enfrentarse a los peligros que les esperan, el entrenamiento para llegar a ello. Kelsier, de espíritu rebelde, siempre amable con un profundo sentir interno, es profeta. Profeta de un pueblo esclavizado. Un cruzado por una causa justa que a medida que avanza la novela, va más allá de ser solo un héroe; es esperanza para un pueblo oprimido durante años. Vin, por su parte, es quien simboliza la parte más llana del pueblo skaa, una pobre ladrona callejera que ha sufrido lo suyo y cuando se creía sin una misión en la vida, se encuentra metida de lleno en la mayor revolución que ha conocido. Su aprendizaje hará que el personaje vaya madurando durante la novela. Y el resto de la banda de rebeldes, Brisa, Ham, Dockson o el criado Sazed, brillan cada uno con sus personalidades y cualidades diferentes y bien marcadas por el autor. Una delicia encontrarte una lectura donde ningún personaje está de paso o de relleno. Todos con su función. Todos con su registro.

En ocasiones, sobretodo en escenas de acción donde los personajes se ayudan de sus poderes para volar y dar saltitos de un lado a otro, cuesta más hacerse a la idea de cómo se desarrollan los hechos. Aún así, Brandon Sanderson sabe escribir con detalle los movimientos que, si en una película resulta un recurso tan fácil cuando nos lo muestran, escribirlo no lo es tanto.

En definitiva, la primera entrega de Nacidos de la bruma me ha parecido un entretenido e inteligente viaje a ese mundo de cenizas, esa revolución del pueblo contra sus opresores donde con facilidad te introduces dada su atractiva y absorbente narrativa y donde te permite disfrutar de unos personajes muy bien cuidados y desarrollados cuya habilidad para la magia se aleja de los tan manidos recursos escritos en muchas otras novelas del género fantástico. Deseando estoy de atreverme con el resto de la saga.

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Cazadora de hadas, de Jennifer L. Armentrout

Cazadora de hadas

Cazadora de hadasNunca he estado en Nueva Orleans, pero después de leer un montón de novelas y ver varias series y películas que se desarrollan allí, no he podido evitar formarme mi propia imagen de esta ciudad. A mí, Nueva Orleans me evoca un calor sofocante, con el sonido de los grillos y las cigarras de fondo. Olores fuertes, un tanto especiados, acompañados por el jazz incesante. Sus casas me las imagino gigantescas, con grandes porches que crujen cuando te acercas a la puerta principal, toda de cristal de diferentes colores. Me figuro a la gente dispar, rara, con indumentarias particulares, dejando claro que le da igual lo que opinen los demás. Y también pienso en magia. Mucha magia. Nueva Orleans ha sido la cuna de algunas de las mejores historias fantásticas de nuestros tiempos, como Entrevista con el vampiro o, recientemente, la serie Los originales. Vampiros, brujos, hechiceros, hombres lobo… en esta ciudad hay cabida para todos ellos.

Ahora, gracias a Jennifer L. Armentrout, también hay lugar para las hadas o los faes. Y así lo demuestra en Cazadora de hadas. La protagonista de esta historia es Ivy, una joven pelirroja que tiene una doble vida: por una parte, es estudiante universitaria de sociología y, por otra, es la encargada de matar a las hadas, seres odiosos —a diferencia de la imagen preestablecida que todos tenemos de ellos— que han venido del Otro Mundo y que quieren acabar con la humanidad. Desde hace años, Ivy pertenece a la Orden, una entidad que ha reunido desde siempre a los mejores cazadores del mundo. Tienen una misión muy sencilla: proteger a los humanos de las hadas. Estas, con un aspecto muy similar al nuestro, se camuflan entre la gente, caminando a su antojo por nuestras calles y seduciendo a los humanos para alimentarse de ellos. Ren también pertenece a la Orden y es la pareja de Ivy en lo que a cazadores se refiere. Pero lo cierto es que Ren oculta muchas cosas que nuestra querida pelirroja ni siquiera imagina. A pesar de ello, las chispas que saltan entre los dos cuando están cerca son más que evidentes y la fuerza de voluntad de Ivy por resistirse a esa atracción es cada vez más invisible.

Cazadora de hadas podría encuadrarse dentro del género “new adult”, que tiene su origen en los libros clasificados como “young adult”, historias protagonizadas por adolescentes dirigidas a un público de esa generación. Pero la verdad es que estos libros, como Harry Potter o Los juegos del hambre, no solo eran leídos por adolescentes, sino que sedujeron a todo aquel que los leía, tuviera la edad que tuviera. Esto llevó a que el género fuera evolucionando hasta llegar al “new adult”. Aquí la cosa cambia un poco: los protagonistas ya son mayores de edad y las historias contienen escenas subiditas de tono, donde el sexo se describe sin tapujos y forma parte de la trama, aunque sin ser el ingrediente principal. Me parecía conveniente advertir de esto, ya que, como vemos, el género ha ido transformándose y lo que podría parecer un libro inocente, de hadas y cazadores, no lo sea tanto.

Aclarado este punto, voy a cambiar de tema. Y es que no puedo evitar mencionar que una de las cosas que más me ha gustado de este libro es que Ivy ya sea cazadora cuando comienza la historia. Me explico: en todos los libros de este estilo que acostumbro a leer, el protagonista es ajeno al mundo en el que se va a ver entrometido. Suele ser un chico normal, que lleva una rutina diaria y que no sabe ni que existen seres fantásticos (llámense brujos, vampiros, demonios o hadas) y que de repente tiene que aprender todo lo que conlleva formar parte de esa historia paralela. Aquí Ivy ya está más que enseñada, lleva varios años cazando hadas, por lo que la parte del “aprendizaje” nos la saltamos, yendo directamente a la lucha. No es que no me guste ser cómplice de la transformación del personaje, de cómo pasa de ser alguien normal a convertirse en un héroe, pero me parece que esa historia ya nos la conocemos de sobra y me gusta ver algo diferente en un libro de este estilo.

Queda poco más que decir sobre esta primera parte de la que promete ser una trilogía muy intensa. Me ha gustado volver a recorrer las calles de Nueva Orleans —aunque sea a través de mi imaginación— y, sobre todo, volver a leer una historia de magia y seres extraordinarios que me deje impaciente por saber cómo continuará.

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Almóndigas del espacio, de Craig Thompson

almondigas del espacio

A vecesalmondigas del espacio viajo sin moverme del sitio. Una rebanada de pan, un chorrito de aceite y un trozo de chocolate, forman un vínculo capaz de conjugar tardes soleadas en las que las incógnitas de un futuro incierto me importaban un bledo. Vuelvo a viajar. Un fresquito vaso de leche es el carburante que me catapulta a veranos de colegios desiertos y de aventuras imaginarias por el parque junto a mis amigos. O los dibujos animados, que ahora emiten a todas horas, me recuerdan los madrugones del fin de semana para apoderarme de la única televisión de la casa. ¡Ay la morriña, cómo duele! Por fortuna ese niño aún vive dentro de mí y en ocasiones sale a corretear. Es como un Mr. Hyde, pero inofensivo, jovial, impulsivo y alocado, que se manifiesta después de que un olor, sabor o sensación, convertidos en el suculento cebo para atraer recuerdos de infancia, me envíe a un estado pueril tras capturar a uno. El sabor del algodón de azúcar, esa fugaz sensación de que montar en bicicleta forma parte de un juego más que de un deporte, las viejas fotografías de un pueblo que hace tiempo que no piso o el olor a papel repleto de aventuras de las almóndigas. ¡Sí, almóndigas! Pero no unas almóndigas cualquiera. Almóndigas del espacio de Craig Thompson, por supuesto.

Craig Thompson tiene un poder de sugestión y ejerce sus habilidades a través del papel. Con Blankets (obra de arte con mayúsculas) probé las virtudes del amor y sufrí por el desamor. En Adiós, Chunky Rice me mostró que no hay límites si existe amistad. Habibi me conmovió mediante el afán de supervivencia. Y ahora Almóndigas del espacio, un cómic que a todas luces podría parecer más enfocado a un público infantil. Y sí, por supuesto que un niño podrá leerlo, pues es una historia cándida que se puede disfrutar a diferentes niveles. Pero es una lástima que algunos vayan a descartar esta lectura, este viaje épico, por esas estúpidas ideas preconcebidas de que un adulto solo debe hurgar entre las cosas exclusivamente para adultos.

En Almóndigas del espacio se narra el periplo de Violet por encontrar a su padre. Hasta hace poco su vida era apacible y la única preocupación que la familia tenía era la búsqueda de un nuevo colegio, pues el suyo fue devorado por ballenas espaciales. Emm… sí; ballenas que surcan las galaxias y que de tanto en tanto se zampan cosas. La ocurrencia y lo absurdo dándose la mano. El inicio es algo lento y se mueve a la misma velocidad que lo haría una estrella fugaz a través de una balsa de miel. Este farragoso previo no es más que una muestra de la importancia que da Craig Thompson a los personajes, pues es ahí donde nos presenta con detalle a cada uno de ellos: cómo son, sus inquietudes y sus principios morales. Gracias a ello, a ese tramo que pensasteis que era un rollazo, luego entenderéis las motivaciones y decisiones de cada uno.

Este cómic puede que no sea tan “serio” como otras obras de Craig Thompson. Tal vez tenga semejanzas con Adiós, Chunky Rice, en donde la amistad más férrea era el motor que daba impulso a toda la historia. Pero a diferencia de las aventuras de la pequeña tortuga, Almóndigas del espacio es menos melancólica y oscura. Ayuda mucho el que sea la primera obra del autor en color. Un color bello, con una paleta infinita que convierte ilustraciones en dibujos animados, y en donde Dave Stewart (titán, artista y amo del color) pinta humanos de pieles rosadas, extraterrestres de tonalidades variopintas, estructuras de frío matiz metálico y galaxias repletas de estrellas. ¡Maldito Big Bang, Dave Stewart debería haber coloreado el universo y no tú!

¿El dibujo? Excelente. El autor nos deleita la vista con diseños de innumerables personajes inverosímiles. Además por las páginas se mueven toda clase de artilugios: cachivaches que recuerdan a barcos de pesca, naves nodrizas con la forma de animales que encontrarías en una mariscada, hamburguesas voladoras, automóviles con caparazón y hasta bolas que no recuerdan a nada pero que molan mucho. Craig Thompson transita de forma grácil entre las grandes viñetas y las gigantescas viñetas recargadas de detalles, y de ahí a las splash pages (en muchas ocasiones a doble página) donde abunda el universo, la basura espacial, las metáforas sobre la vida y las ballenas.

No solo el drama y la aventura están presentes en este cómic, el humor también tiene sus momentos y éstos vienen de la mano de los dos extraños y alienígenas niños que acompañan a Violet en su misión de rescate. Por un lado está Zaqueo (un bicho de color anaranjado y con una morfología corporal similar a una mandarina): impulsivo, valiente pero algo pendenciero. “¡Para ya con tus lecciones de historia de sabelotodo!” Elliot, en cambio, es un pollo (perteneciente a una raza de aves de corral que evolucionaron gracias a la manipulación hormonal) bastante sabihondo, extremadamente miedoso, algo repipi y propenso a sufrir inoportunos ataques de ansiedad. “Mis cálculos son más sofisticados que los tuyos”. Y así a todas horas. Pero a pesar de que siempre andan a la greña, debido sobre todo a lo opuestos que son, deberán trabajar juntos y vencer sus miedos, como lo hicieran el famoso cuarteto protagonista de El mago de Oz, por el bien de su amiga.

En Almóndigas del espacio Craig Thompson no solo difunde un bello mensaje de amor (entre amigos, dentro del entorno familiar y hacia a los más desfavorecidos) sino que además, maquillada de fábula dulzona, nos deja un agudo relato sobre ecología y la importancia vital de cuidar el medio ambiente. Pero sobretodo, y especialmente, nos hace viajar sin movernos del sitio. Nos traslada de nuevo a nuestra infancia, en la que abundaban las golosinas, los pensamientos puros que se originaban en el corazón sin necesidad de cruzar el peaje del frío y calculador cerebro, las rodillas llenas de arañazos debido a las caídas en bicicleta y las aventuras imaginarias junto a tus inseparables amigos tejidas con el hilo de la fantasía.

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El aliento de los dioses, de Brandon Sanderson

el aliento de los dioses

el aliento de los dioses

Nova sigue poniéndose las pilas y dando alegrías a sus lectores. Hace unas semanas os traía por aquí la estupenda y mastodóntica Seveneves de Neal Stephenson, muestra de que la editorial está apostando fuerte por la ciencia ficción. También algunos de mis compañeros de Libros y Literatura os han traído algunas de sus novedades; Luna de Ian Mcdonald y Alcatraz contra los bibliotecarios malvados de Brandon Sanderson. Es precisamente en este último en quien la editorial parece estar gastando más recursos; poniendo al día sus ediciones antiguas con nuevas traducciones, correcciones y revisiones, reeditándolas en nuevos formatos y comprando las nuevas entregas de las sagas que se publican en Estados Unidos.

Como digo, parece que Nova quiere hacer de Sanderson su buque insignia en esta nueva y renovada etapa en la que el sello está inmerso y para ello están poniendo toda la carne en el asador. Una de las nuevas reediciones que acaba de aterrizar en las librerías es El aliento de los dioses, con la traducción revisada por Manuel de los Reyes –quien se ocupara de retraducir la trilogía de Mistborn y traducir sus siguientes entregas- y con corrección a cargo de Antonio Torrubia.

Con estas reediciones, nuevas traducciones y revisiones de Sanderson, Nova quiere dar uniformidad al Cosmere –todo aquello relativo al universo creado por el escritor- en todas sus novelas, ya que las antiguas traducciones flojeaban en ese punto y muchos conceptos y nombres se cambiaban al pasar de una novela a otra.

La que hoy nos atañe, El aliento de los dioses, es quizás una de sus novelas menos leídas por estos lares, además de ser una de sus pocas novelas autoconclusivas –de momento, ya que Sanderson tiene en mente continuar con estos personajes e iniciar una nueva serie, aunque falta mucho para eso-. Digo lo de menos leída con la boca pequeña, ya que este hombre vende y se lee muchísimo, pero si comparamos la repercusión de Mistborn por ejemplo o la de la serie El archivo de las tormentas, El aliento de los dioses parece que ha quedado relegada a un segundo plano. Quizás por ser un poco menos épica que el resto.

Pero no lo digo como algo negativo, El aliento de los dioses es una novela reflexiva y con una buena carga moral, nada que ver, o no demasiado, con la fantasía más típica que estamos acostumbrados a leer. Algunos temas que Sanderson deja caer en esta novela atañen a la diferencia de clases, la religión, el libre albedrío, la educación basada en el miedo, el odio, los prejuicios…

Dedelin, el monarca de Idris, firmó nada más subir al trono, un tratado para conseguir la paz con Hallandren. En dicho tratado, el monarca se comprometía a enviar a su hija mayor Vivenna, cuando ésta alcanzara cierta edad, para que se casara con el rey-dios de Hallandren Susebron. Eso sellaría del todo la tumultuosa y precaria paz entre los dos reinos vecinos. Pero en el último momento, Dedelin decide enviar a su hija pequeña Siri y no a Vivenna a Hallandren, rompiendo así el pacto y dejando a su hija pequeña a merced de los bárbaros de Hallandren. Siri, de apenas diecisiete años, rebelde, contestataria, alocada y lo opuesto a su hermana Vivenna –que había sido educada durante toda su vida para ser una reina- llega a un reino donde los colores –a diferencia de su monocromático país- están en todas partes, donde la gente viste como quiere y donde va a tener que contraer matrimonio con un ser monstruoso que se alimenta de las almas de otras personas.

 Sanderson juega mucho a los contrastes en esta novela –añadiendo en estos mensajes bastante moralistas…- empezando por la diferencia entre Idris y Hallandren. En el primero no existen lo colores, todo es negro, gris, blanco o marrón y sus habitantes no pueden hacer ostentación de nada; estar contento es ostentación, gritar, tener una casa grande, tener demasiados vestidos, demasiados zapatos, demasiados de algo es ostentación. En Idris reina la buena educación, el silencio, la calma. En Idris creen en Austre, su Dios único y todo poderoso. En Hallandren reinan los colores, cuanto más chillones mejor, la gente grita, ríe y habla por la calle, tiene grandes casas, grandes palacios, grandes avenidas, en Hallandren no creen en un dios, creen en los Retornados, dioses que están entre ellos y que les dan consejo y acompañan.

¿No os recuerda Idris, un poco, a una comunidad mormona? Bueno.

Narrada desde cuatro puntos de vista distintos -Siri, Vivenna, Sondeluz y Vasher- Sanderson inventa y desarrolla un mundo entero y un sistema de magia totalmente nuevo. Con buenos personajes y un escenario que, como digo, se va ampliando y formando a medida que la novela avanza, las historias de Siri y Vivenna, del retornado Sondeluz y del misterioso Vasher se encauzan cada uno en una dirección para acabar entrecruzándose y mezclándose en esta historia donde nada es lo que parece y donde nadie es quien dice ser.

El aliento de los dioses es una buena puerta de entrada al mundo de Sanderson, como lo es también Elantris, aunque no sería la mejor si lo que buscáis es una fantasía más convencional o más guerrera. Sanderson se ha marcado un buen tratado de relaciones humanas, de política, de intrigas palaciegas y de reflexión sobre las religiones.

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