
Si el nombre de Ken Liu te suena de algo es por el hecho de haber ganado todos los premios de ciencia ficción con sus maravillosos relatos cortos. Historias breves que han sido bien recogidas en la colección The Paper Menagerie, cuya traducción veremos por estos lares el próximo año. Sin embargo, aquí traigo una versión muy diferente de Liu. Y es que La gracia de los reyes es su primera incursión en el mundo de la novela. El autor deja de lado máquinas del tiempo e invasiones alienígenas para sumergirnos en un mundo de fantasía con unas raíces asiáticas muy marcadas. Es lo que se ha dado a conocer como silkpunk. Todo un mundo rico en detalles cuyas fuentes se alejan de la Edad Media occidental para adentrarse en algo desconocido hasta la fecha. Sí, Ken Liu ha llevado a su novela la capacidad de reconfigurar lo que ya dábamos por sentado. Del mismo modo que hizo en su momento con sus relatos, ha cogido las bases fundacionales y las ha dejado de lado para hablarnos desde otra perspectiva. Son otros los mitos que emergen en esta novela. Y no sabéis lo bien que sienta el aire fresco en un género poco abierto a los cambios.
Todo empieza con un intento de regicidio y acaba con una coronación. Entre ambos puntos tiene lugar todo lo inimaginable. El archipiélago de Dara es el escenario sobre el que extiende su hegemonía el emperador Mapidéré y cuya geografía cambiará por completo tras su caída. Rebeldes y partidarios del Imperio se enfrentarán para llevar a cabo la versión mejorada de un reino que se fragmenta por momentos. Mata Zyndu y Kuni Garu. Alta nobleza, el primero; bajos fondos, el segundo. Serán ellos los que nos guíen durante toda la narración para conocer los entresijos de una guerra civil entre lo antiguo y lo nuevo. Para entender cómo los dioses truncan el destino de los mortales y convierten derrotas absolutas en victorias imposibles. Zyndu y Garu, en una alianza totalmente improbable, dejarán claro que uno puede ganar la guerra de muchas formas posibles, no todas honradas. Y que perdedores y victoriosos no siempre son fáciles de clasificar.
Si en algo destaca Ken Liu es en crear una ambientación asombrosa para darle coherencia a todo lo que sucede en este libro, que es mucho. Imagina por momentos una partida al Risk con la banda sonora de Tigre y Dragón de fondo. Todas las campañas bélicas y estrategias militares se revisten con un aire oriental que le otorgan un aura que no suele encontrarse. Salones de té y fumadores de opio se dan la mano junto a cometas pilotadas y barcos voladores. Todo lo fastuoso convive a la perfección con grandes gestas en las que diez mil soldados se enfrentan a ciudades sitiadas o a reencarnaciones humanas de dioses. Liu se toma su tiempo en contar todo lo que tiene que decir y puebla el mapa de un número inaudito de ciudades y secundarios. Su historia carece de rincones vacíos y páramos deshabitados ya que ha insuflado toda la vida que era necesaria y, como si se tratase de sus famosos origamis, la historia camina sola.
Desde que el hombre es capaz de recordar su propia historia ha intentado desentrañar los entresijos del poder. La fuerza para gobernar y el mérito para hacerlo de forma eficiente. La gracia de los reyes abarca en gran parte de su recorrido estas cuestiones. Se habla de nobleza y del pueblo llano, de tiranía y de autogestión. Sus personajes encarnan ideales tan diferentes entre sí que muchas de las batallas no buscan el control de una zona geográfica sino la forma de gestionarla. ¿Qué sucede cuando el tirano tiene una visión realmente ejemplar de la situación? ¿O cuando los valores que nos han sustentado en el plano teórico no tienen validez alguna en el mundo real? Es entonces cuando hay un choque de poder. Es entonces cuando uno tiene que renunciar a lo que creía correcto o destruir todo aquello que represente la postura opuesta. Y es ahí donde esta novela brilla. En la aceptación de que toda fuerza genera una reacción igual en sentido contrario. Y que a la hora de arrancar las malas hierbas es muy probable que uno se lleve un gran número de flores a su paso. Ken Liu nos transporta a la otra punta del mundo para contarnos una historia universal. Y el viaje merece la pena.

¿Alguna vez os habéis preguntado qué son las palabras? Están ahí, se dedican a existir, pero muy poca gente se plantea de dónde han salido o por qué las utilizamos. Podríamos pensar que ni si quiera son importantes: cuando vamos a un país extranjero cuyo idioma desconocemos, podemos llegar a comunicarnos mediante gestos exagerados (acompañados muchas veces por tonos de voz de unos cuarenta decibelios). No sería tan complicado tener una conversación mediante gestos, sin usar ni una sola palabra. De no existir estas, confeccionaríamos un lenguaje mudo que sería conocido universalmente y que nos permitiría pedir un café sin articular un solo fonema. Pero entonces… no existiría la literatura. No podríamos disfrutar de la ironía, ni de los dobles sentidos. No podríamos leer, ni escribir. Ni si quiera nuestras ciudades tendrían nombres, solo serían un gesto.
Londres. Julio de 2016. Es muy posible que sin haber ido este verano y paseado por las calles londinenses, yo no estuviera hoy haciendo esta reseña. Aquel que, antes de la salida a la venta de Harry Potter y el legado maldito en inglés, se paseara por cualquiera de las librerías de la capital podía observar cómo los preparativos para la salida de esta obra de teatro indicaban una cosa: Harry Potter no estaba muerto y los lectores no se habían olvidado de él después de tantos años. Volví de Londres y el mismo día de la publicación corrí a mi librería más cercana para empezar a leer aquello que se había vestido con el traje de “el lanzamiento del año” y hoy puedo decir que la espera ha merecido la pena. Pocas generaciones han crecido tan al abrigo de una serie de libros como lo hicimos nosotros con cada publicación de las aventuras del mago que luchaba contra Voldemort y que nos dejó en cierta forma huérfanos de historias semejantes. Ahí, en ese vacío que se crea entre el término de un libro y nuestras ganas de saber qué sucede después, es donde este nuevo capítulo en la vida de Harry hace mella y nos deja a los lectores con una sonrisa y con los ojos brillantes por tener en nuestras manos, de nuevo, una nueva aventura de uno de nuestros personajes favoritos. Poco importará que sea en teatro, novela o cualquiera que sea el modo elegido. Aquí lo importante es que vuelven a abrirse las puertas de Hogwarts y la magia vuelve a caminar con nosotros de la mano. ¡Empecemos con el análisis!
















