
Penurias exquisitas, de César Blasco

¿Que me ha pasado entonces con este libro?
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Admito que es un poco tonto que el primer libro que compré de este autor, haya sido el último que leí de los tres que están estacionados en mi biblioteca. Pero, en mi defensa, no me arrepiento que haya sido de esa forma. Hornby es gracioso y eso se ve en cada libro. Supongo que quería volver a divertirme con sus historias asique no dejé pasar más el tiempo y tomé Cómo ser buenos de Nick Hornby.
Digamos que un matrimonio londinense se viene abajo porque la esposa, Katie Carr, se acuesta con otro hombre. Digamos, también, que su marido parece un auténtico idiota con su excesivo cinismo, su arrogancia y su columna en el periódico donde se burla de los demás. Pero sobre Katie, podemos añadir –digamos- que ella es médica y en esa profesión hay mucho de bondad al oír a pacientes que vuelven al consultorio incansablemente buscando enfermedades donde no las hay y desquitándose con quien los atiende. Ah sí, también el matrimonio de Katie cuenta con dos hijos pequeños.


Las sátiras de Mrożek, con su humor afilado y cercano al absurdo, son el mejor remedio contra la estupidez y la alienación.
Durante mucho tiempo, en este país, como en otros tantos, no se podía hablar ni escribir con completa libertad. El Estado controlaba todo lo que se publicaba o filmaba y censuraba todo aquello que sus guardianes consideraban indecente o contrario a los principios políticos del Régimen.
Cuando leo un libro o, sobre todo, cuando veo una película de aquellos años —especialmente los de los últimos, cuando los censores se habían vuelto más permisivos y los creadores se atrevían a dar pasos cada vez más audaces— lo que más me llama la atención de ellos es la voluntad, a veces algo forzada, de que cada palabra encierre un segundo significado, subversivo y rebelde.


No creo que a ninguno de ustedes les haya pasado desapercibida la cantidad de editoriales que han aparecido en el mercado durante estos últimos años. Uno se pasea por las mesas de novedades y ve casi tantas de jóvenes editoriales como de las más veteranas. Y lo mejor no es sólo que éstas luchen por ofrecer un catálogo amplio, sino que también lo hacen por su calidad y diversidad. No debe ser fácil. Pienso, por mencionar algunas, en Nórdica, Impedimenta, Libros del Asteroide o Periférica.
Siendo inteligentes, muchas de estas editoriales buscan parte de la calidad en el éxito que ya tuvieron ciertos escritores en el extranjero y que, curiosamente, son prácticamente desconocidos en España. Así, obras destacables pero ignoradas hasta la fecha en nuestro país alimentan y enriquecen cada día más nuestras librerías. Es el caso de La cena de los infieles, traído esta vez de la mano de la también notoria editorial Ático de los Libros, y escrito por la recién fallecida Beryl Bainbridge, considerada como una de las escritoras británicas más suspicaces e irónicas de los últimos tiempos.
Aunque yo, que desconocía totalmente a esta autora, si compré este libro fue por otro motivo. ¿No les cuesta a ustedes encontrar libros que hagan reír, con carcajadas y todo eso? Porque a mí sí y, según me lo pintaron, creí que éste de Bainbridge sería uno de ellos. Al final resultó que no, nada de risotadas, ¡pero qué gran descubrimiento! Sus páginas repletas de humor negro, irónico y especialmente crítico me asombraron (y atraparon) desde el principio.
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La argentinidad se nota cuando uno deja de vivir en ella; o sea… yo siempre tuve bien claro cómo somos los argentinos (o los habitantes de Buenos Aires, en mi caso) pero nunca lo tuve tan claro como desde que los veo y escucho a la distancia. Nunca fue tan evidente esa genial manera de ser que mezcla lo mejor y lo peor, que reúne ironía, inteligencia, soberbia, amor por los libros y una gran capacidad dialéctica.
Siempre me río con una publicidad radial de un programa deportivo: en ella habla un español imitando el acento argentino y para decir que el programa es recomendable se va de tema constantemente y utiliza una decena de conectores dignos de risa, como “teniendo en cuenta” “visto y considerando” “desde mi punto de vista” Muy argentino. Genial. Divertidísimo.
Ahora… Los españoles tienen lo suyo también. Yo vivo con ellos a diario y cada día descubro más y más su forma de ser ¿pero quién mejor para contarnos cómo son que Hernán Casciari, que desde que se fue a vivir a Barcelona desde su Mercedes natal no hizo otra cosa que escribir al respecto, siempre con mucho éxito? Muchos de esos desopilantes artículos se transformaron en España, decí alpiste, uno de esos libros que no se pueden dejar de leer, que nos aseguran risas por doquier y que además está muy bien escrito, sin caer en chistes trillados y sin faltar el respeto.


Lo reconozco. Últimamente no me encuentro bien. El trabajo me agota mentalmente, y cuando llego a casa, en lo último que pienso es en ponerme a leer. Actualmente estoy con dos novelas de 600 páginas entre manos, no muy densas, pero a las que no logro coger el tranquillo. Preocupado por mi situación, decido ir a un médico, que me recomienda reposo lector durante una temporada.
Pese a estar cansado, sigo siendo igual de inquieto que siempre, por lo que me salto las “recomendaciones” del médico en cuanto cae en mis manos “Asesinato en el club nudista”. Novela negra, cortita, made in spain, y con toques de humor. Nada mejor que algo así para salir de mi crisis lectora.
En Asesinato en el club nudista me encuentro con Luis Gómez, un asesino profesional (con placa en la puerta y todo…) que tiene ante sí el caso soñado. Santiago, un marido despechado, le contrata para matar a su mujer, que pasa los días en un club nudista, el Hotel Minerva, cuyo único requisito de acceso es tener un cuerpo Danone. Luis se embarca en este reto en busca de la mujer de Santiago. No será fácil, pues la tentación es grande y está esculpida con el patrón del 90-60-90.
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Una divertida sátira sobre el funcionariado y el mundo laboral, pero también una reflexión sobre la manera en que dejamos escapar nuestros sueños.
Acababa de terminar de leer un libro bastante dramático y otro muy denso y complejo; dos títulos magníficos, pero que me habían supuesto un cierto esfuerzo emocional o de concentración, según el caso. Y uno ya no está para esos trotes. Como además tenía pendiente otra novela que no prometía ser sencilla, me apetecía intercalar una lectura más ligera y amena, uno de esos libros escritos con la única pretensión de entretener al lector. Por lo que sabía, El frente ruso era el candidato ideal.
Fíjense; no sé si estarán de acuerdo, pero tengo la sensación de que al decir esto estoy enviando la novela de debut de Jean-Claude Lalumière a la segunda división de la literatura. Parece que no solemos sentir demasiado respeto por la comedia y que un texto que divierte es inevitablemente un texto menor. Y es curioso, porque en nuestra vida cotidiana siempre tendemos, por lo general, a buscar el entretenimiento, la alegría, la risa. Pero con un libro en las manos no, esto de leer es una cosa seria y sólo recurrimos a los libros divertidos para prepararnos mejor para el próximo drama o el siguiente ensayo metafísico.


Lo más selecto en materia de literatura se reúne en esta obra llena de ironía para deleite del esnob literario y, sobre todo, del que no lo es.
No será necesario que les aburra contándoles lo que van a encontrar en este curioso libro del periodista y escritor francés Fabrice Gaignault, porque su título es suficientemente explicativo: el Diccionario de literatura para esnobs es un diccionario –con sus entradas ordenadas alfabéticamente, sus índices analíticos y sus referencias cruzadas– de literatura –tenemos escritores, críticos, editoriales, cafés, revistas y grupos literarios– para esnobs. Ahora bien, ¿qué es un esnob?
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Una divertida y cáustica novela que desenmascara a artistas, intelectuales, magnates y demás próceres.
Uno de los libros más celebrados de entre los publicados el año pasado en España, codeándose con las rutilantes novedades de los más populares (y mejor publicitados) escritores del momento, las sagas de atractivos vampiros adolescentes y las negrísimas novelas que llegaron del frío, fue La hija de Robert Poste, una sencilla novela satírica firmada nada menos que en 1932 por una desconocida, al menos para los lectores en lengua española, escritora inglesa llamada Stella Gibbons.
Aunque en su momento esta mordaz caricatura de la sociedad y la literatura de la época pasó desapercibida en nuestras tierras, si es que llegó a publicarse, en Gran Bretaña tuvo un éxito enorme y terminó por ser considerada una de las obras más logradas de la narrativa cómica inglesa. Diecisiete años después, en 1949, Stella Gibbons escribió la continuación: Flora Poste y los artistas.
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Pueden pasar miles de lecturas por mis manos pero hay un autor que se las ingenia para fascinarme aún cuando su libro empiece con una poesía. Uno de mis tantos defectos es no poder tener la capacidad de apreciar el género literario que comprende la poesía y cuando abrí la novela y durante páginas y página ví que había una, fui consciente que quizás no podría apreciar esta obra de mi autor favorito. No obstante, al terminar la historia -como siempre pasa con este genio de la literatura- mi tropiezo inicial dejó espacio para la confirmación (¡como si todavía la necesitara!) que este escritor nunca me va a defraudar. Así, les acerco la reseña de Pálido fuego de Vladimir Nabokov.
Es un libro dentro de otro libro. Charles Kinbote, profesor, se encarga de escribir el prólogo, de recopilar la poesía del escritor norteamericano John Shade y comentarla gracias a su extensa línea de notas. Pero todo este libro es creado por el propio Nabokov, primer atractivo para estar precavido que va a jugar con todos esos personajes con ese sello que hizo propio.
El hombre rico de la historia es Kinbote, entre chiflado, obsesionado y con una agonizante relación con Shade, de quien vive en frente, a quien persigue, a quien insiste en escribir sobre su tierra Zembla que abandonó por circunstancias no claras.


“No me voy a llevar más que un libro porque voy a leer el resto que tenga mi mamá”, me dije a mí misma. Dos semanas planificadas y ya sabía que libros había en mi casa. Lo que no tuve en cuenta fue que las novelas que pensaba leer tenían dos problemas: Una era versión acortada y el otro…50 páginas y tuve que dejarlo porque me resultaba muy aburrido. De repente, me arrepentí de mi decisión de no traer mis libros. Entonces revolví la biblioteca que era de mi abuela y me encontré con varios títulos de una autora. Entre todos ellos, me decidí por La bicicleta de Silvina Bullrich.
La Bicicleta es un país inventado. Allí juegan, todo se trata de apostar en el Casino y jugar la economía al azar. Roque es un habitante de La Bicicleta que está enamorado de Alegría, una bella azafata. Mientras ella lo atiende en el avión, deciden pasar unas pequeñas vacaciones en París donde ella es testigo del mundo en el que se maneja su acompañante. No es poco, mientras se aloja en el Ritz y come en Maxim’s.
Pero la historia de amor entre ellos dos, exige un compromiso y será Alegría quien ceda sus viajes en avión para irse a vivir a La Bicicleta, un país que parece muy prometedor. Parece divertido, jugar todo el tiempo y ganar mucho dinero para poder darse el lujo de visitar lugares en el mundo y frecuentar los más exclusivos locales.


Detrás de este divertido diario hay una amarga crónica doméstica que con el tiempo se ha convertido en un icono de la reivindicación de la mujer.
15 de noviembre.
Hay muchas formas de equivocarse a la hora de comprar un libro pero, sin duda, la más efectiva de todas pasa por encontrarse en una de esas librerías de aeropuerto, con casi tres horas de vuelo por delante y sin nada que leer. O peor, llevando en el maletín un libro que no te apetece. ¿En qué estaría yo pensando cuando puse en mi equipaje un ensayo sobre arquitectura japonesa?
Me he comprado Diario de un ama de casa desquiciada, de Sue Kaufman. No es el título que habría elegido en condiciones normales, pero parece una novela divertida y me fío de la editorial. Además, era eso o la revista del avión. En fin, sea lo que sea, lo tengo merecido. Sirva esta entrada de recordatorio para el futuro: poner libros de sobra en la maleta. Llaman al embarque.
16 de noviembre.
No se debe juzgar un libro por su título o por su portada: Diario de un ama de casa desquiciada es un libro realmente divertido, escrito con una ironía demoledora. La protagonista y narradora, Tina Balser, es una joven de clase media alta, con una excelente educación y muy poca experiencia a sus espaldas, ama de casa, esposa de un brillante abogado y madre de dos niñas encantadoras. Debería ser muy feliz; al menos, según los parámetros de los años 60, no se puede decir que tenga muchos motivos para quejarse. Pero no es feliz en absoluto. En realidad, más que infelicidad, lo suyo es una desesperación casi neurótica. Está, como reza el título, desquiciada. Así que, desengañada del psicoanálisis, comienza a escribir el diario que ahora estoy leyendo, volcando en él todo su sarcasmo, con la esperanza de que eso le ayude a recuperar el equilibrio.
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