
Que el agua es transparente es una verdad tan universal como que la menda es una apasionada de los felinos. Hasta el punto de que hace poco os hablaba en una de mis reseñas sobre Teodoro, mi precioso gato y ahora tengo que hablaros también de Flanelle, el nuevo miembro de la familia. Podéis llamarme la loca de los gatos, no me importa. Los gatetes me parecen los animales más maravillosos y su elegancia y forma de ser está por encima de todo. Si habéis tenido o tenéis gatos me entenderéis. Es un amor incondicional el que son capaces de despertar en nosotros estos peludos y aquellos que dicen que los gatos son ariscos y que pasan de todo, es que nunca han tenido uno o es que no saben entenderlos.
Por otra parte, tengo que decir que nunca he tenido un perro. Mi carácter concuerda más con el de los felinos, pero eso no significa que los perros no me gusten. De hecho, me gustan todos los animales del mundo. Soy de esa clase que personas que no podrían hacer daño ni a una mosca, que si veo una fila de hormigas hago rodeos para no pisarlas y si veo algún bichito en peligro, lo rescato y lo dejo en un lugar seguro. En mi casa hemos tenido de todo un poco: patos, hámster, cobayas, ratones canguros del desierto, caracoles, conejos, canarios y por supuesto, gatos. Así que, con esta carta de presentación, procedo a hablaros del libro en cuestión.
Perros & Gatos bajo la lupa de los científicos es un libro ilustrado de la editorial Nórdica Libros en su colección infantil. Me gustan los libros infantiles y más si hablan sobre animales. De todas formas, este libro, aunque pertenezca a la colección infantil, admite todo tipo de lectores. Quizás no con el rigor científico con el que se le presenta a los niños, pero sí como un libro entretenido y hasta informativo.
El libro está dividido en dos partes: una que habla sobre perros y otra sobre gatos. Cada apartado, el perruno y el gatuno, está compuesto por varios capítulos. A su vez, cada capítulo está acompañado por las maravillosas ilustraciones de Sébastien Mourrain.
En el apartado de los perros, Antonio Fischetti, el autor, nos habla de varias características y curiosidades del mejor amigo del hombre. Desde el significado del ladrido de los perros, todo lo que pueden transmitir con sus movimientos de cola, sus orígenes y razas hasta cómo se establecen socialmente, cómo es su vida sexual o su comportamiento. La verdad es que aunque el libro sea para niños a partir de nueve años, tiene algunos datos muy interesantes que estoy segura que no todo el mundo conoce. Y es que estos amigos nuestros, descendientes del lobo, llevan conviviendo con nosotros más de15.000 años. Una amistad realmente longeva que da para mucho. ¿Sabíais que cuando un perro mueve la cola no significa únicamente que esté contento, o que la mayoría de las razas que conocemos actualmente han sido creadas por los hombres? Lo cierto es que le debemos mucho a estos geniales compañeros quienes, gracias a su lealtad, nos ayudan en muy diversas labores: perros guía, perros policía e incluso perros médicos.
El segundo apartado del libro, mi favorito, está dedicado a las personas que tenemos ailurofilia o gatofilia. Por favor, nada de parafilias raras, aquí estamos hablando del amor a los gatos en el sentido más literal de su traducción del griego. Mira que hay gente extraña en el mundo (no os aconsejo que tiréis de google).
Sobre los felinos también tenemos datos muy curiosos. Podemos saber cómo será el temperamento de un gato desde bebés. En una misma camada ya se aprecia la personalidad futura del gato. También nos habla el autor de lo sibaritas que son los gatos en cuanto a su alimentación, lo extremo de su higiene o el significado de sus maullidos. ¿Sabíais que una gata puede quedarse embaraza de varios gatos al mismo tiempo o que el ronroneo de un gato es beneficioso para nuestra salud?
Perros & Gatos baja la lupa de los científicos es un libro infantil que he disfrutado como una enana. Me parece genial que exista este libro no sólo para que los niños aprendan sobre nuestros principales animales de compañía, sino también para concienciar a nuestros niños desde pequeños sobre la importancia de respetar, cuidar y conocer a los animales. Ahora, un consejo cortesía de esta loca de los gatos y amante de los animales: no compréis nunca, adoptad.

Últimamente, sin yo buscarlo, he leído varios libros que trataban el judaísmo de algún modo. Ya os hablé de 
«La soledad es la causa del más gélido, del más repugnante de los sentimientos: el de la inesencialidad. Después, uno necesita gente que le enseñe que todavía no está del todo degenerado».

Siempre se ha dicho que los porteros, principalmente los de fútbol pero me atrevería a decir que aún más los de otros deportes como el balonmano o el hockey, son gente realmente peculiar. Y es que hay que ser bastante especial para decidir desde bien pequeño que quieres ocupar una posición en el campo en la que muy bien lo tienes que hacer para cubrirte de gloria y donde, sin embargo, un mínimo despiste te puede hundir en la miseria. Eso además de la frecuencia con la que tienes que jugarte el tipo para evitar que el balón, pelota o disco toque tu red. Aún con todo, estoy seguro de que ningún portero —de los profesionales, al menos— tiene una personalidad tan extraña y amarga como Josef Bloch, el protagonista de El miedo del portero al penalti.
Puede que aquí el nombre de este escritor no nos diga mucho, pero Ives Bonnefoy (Tours, 1923) es uno de los autores más importantes de la literatura francesa. Amigo de poetas como Paul Celan, Jacques Dupin o André Breton, Bonnefoy ha dedicado su vida al arte y a las letras. Además de ser traductor de autores tan importantes como William Shakespeare, Petrarca, Keats o Yeats, también ha sido fundador de varias revistas literarias, ha impartido cursos sobre historia del arte y literatura y ha trabajado en la coordinación de un gran Diccionario de las mitologías y de las religiones. Ahí es nada, ¿verdad? Casi un hombre digno del Renacimiento. Cuando conozco estos datos me entra un gran agobio existencial. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Luego se me pasa cuando pienso que tendré que conformarme con ser una mujer del siglo XXI. Puede que no esté tan mal.
El viajar es un placer que nos suele suceder. Pero hay viajes y viajes. Y entre los segundos, no hay nada que pueda compararse a la experiencia de la India. Hablo, naturalmente, de viajar, y no de comprar un paquete turístico que nos muestre en 10 días y nueve noches las maravillas de la India de los mogules. Hablo de aterrizar en un país de leyenda, sentirte, desde el primer instante, como si control de tierra te hubiera abandonado a tu suerte en Marte, y preguntarte, con angustia, cuántos días podrás vivir con el oxígeno que te queda. Y cuando decides que de perdidos al Ganges, te pones a explorar un planeta donde constatas que sí, que el viajero puede sobrevivir, si bien en condiciones durísimas, hasta que, meses después, a tu regreso a casa, descubres que el planeta hostil quizá es el tuyo. Eso y más es la India.
No sé bien como empezar a explicaros la historia que nos cuenta Peter Stamm en esta pequeña novela. Pequeña de tamaño, no por su contenido. Hoy voy a empezar por el argumento, para variar.
Siento predilección por los libros infantiles. Me gusta ojearlos, leerlos, tocarlos, olerlos. Cuando yo era pequeña no había tanta variedad de estilos ni tanta oferta, claro, pero, junto con los tebeos, fueron los que me hicieron amar la lectura, los libros, las librerías, las bibliotecas y todo lo que tenga que ver con este tema.
«El libro de los muertos tibetano es el tratado escatológico que con mayor precisión ha descrito todos los fenómenos que encontraremos tras nuestra muerte». Esto es lo primero que leemos en la sinopsis de un libro que lleva siglos y siglos enseñando a morir. Yo, que siempre he creído que los libros enseñaban a vivir, me sorprendo ahora con uno entre las manos que hace todo lo contrario: enseñar a morir.
Las novelas que han caído hasta ahora en mis manos con temática apocalíptica tenían todas -más o menos- un guion compartido; civilizaciones arrasadas, sociedades colapsadas, mundos devueltos a la casilla de salida. Esas historias llegaban al lector una vez todo había terminado y el mundo tal y como lo conocemos era solo un recuerdo. El pasado.
Mi padre era un apasionado de la lectura y de la historia, así que por mi casa siempre hemos tenido un montón de libros y revistas de esta temática. Le recuerdo siempre con un libro bajo el brazo o sentado en su sillón leyendo alguna novela histórica. De hecho, creo que en los últimos años casi lo único que leía era este género. Sabía mucho al respecto, como podéis imaginar. Alguna que otra vez tuvo que resolverme dudas cuando estaba en el instituto y tenía exámenes de historia. Y es que, a pesar de todo lo que os he dicho, la asignatura de historia nunca ha sido mi fuerte. No sé cuál es el motivo, porque en realidad era una asignatura de esas de empollar y a mí lo de estudiar nunca se me ha dado mal. No voy a echarles la culpa a los profesores, ni siquiera a aquella profesora que tuvimos durante un año y a la que llamábamos “La Pepi” porque repetía muchas veces cuando explicaba la palabra impepinable.