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Perros & Gatos bajo la lupa de los científicos, de Antonio Fischetti y Sébastien Mourrain

Perros & Gatos bajo la lupa de los científicos

Perros & Gatos bajo la lupa de los científicosQue el agua es transparente es una verdad tan universal como que la menda es una apasionada de los felinos. Hasta el punto de que hace poco os hablaba en una de mis reseñas sobre Teodoro, mi precioso gato y ahora tengo que hablaros también de Flanelle, el nuevo miembro de la familia. Podéis llamarme la loca de los gatos, no me importa. Los gatetes me parecen los animales más maravillosos y su elegancia y forma de ser está por encima de todo. Si habéis tenido o tenéis gatos me entenderéis. Es un amor incondicional el que son capaces de despertar en nosotros estos peludos y aquellos que dicen que los gatos son ariscos y que pasan de todo, es que nunca han tenido uno o es que no saben entenderlos.

Por otra parte, tengo que decir que nunca he tenido un perro. Mi carácter concuerda más con el de los felinos, pero eso no significa que los perros no me gusten. De hecho, me gustan todos los animales del mundo. Soy de esa clase que personas que no podrían hacer daño ni a una mosca, que si veo una fila de hormigas hago rodeos para no pisarlas y si veo algún bichito en peligro, lo rescato y lo dejo en un lugar seguro. En mi casa hemos tenido de todo un poco: patos, hámster, cobayas, ratones canguros del desierto, caracoles, conejos, canarios y por supuesto, gatos. Así que, con esta carta de presentación, procedo a hablaros del libro en cuestión.

Perros & Gatos bajo la lupa de los científicos es un libro ilustrado de la editorial Nórdica Libros en su colección infantil. Me gustan los libros infantiles y más si hablan sobre animales. De todas formas, este libro, aunque pertenezca a la colección infantil, admite todo tipo de lectores. Quizás no con el rigor científico con el que se le presenta a los niños, pero sí como un libro entretenido y hasta informativo.

El libro está dividido en dos partes: una que habla sobre perros y otra sobre gatos. Cada apartado, el perruno y el gatuno, está compuesto por varios capítulos. A su vez, cada capítulo está acompañado por las maravillosas ilustraciones de Sébastien Mourrain.

En el apartado de los perros, Antonio Fischetti, el autor, nos habla de varias características y curiosidades del mejor amigo del hombre. Desde el significado del ladrido de los perros, todo lo que pueden transmitir con sus movimientos de cola, sus orígenes y razas hasta cómo se establecen socialmente, cómo es su vida sexual o su comportamiento. La verdad es que aunque el libro sea para niños a partir de nueve años, tiene algunos datos muy interesantes que estoy segura que no todo el mundo conoce. Y es que estos amigos nuestros, descendientes del lobo, llevan conviviendo con nosotros más de15.000 años. Una amistad realmente longeva que da para mucho. ¿Sabíais que cuando un perro mueve la cola no significa únicamente que esté contento, o que la mayoría de las razas que conocemos actualmente han sido creadas por los hombres? Lo cierto es que le debemos mucho a estos geniales compañeros quienes, gracias a su lealtad, nos ayudan en muy diversas labores: perros guía, perros policía e incluso perros médicos.

El segundo apartado del libro, mi favorito, está dedicado a las personas que tenemos ailurofilia o gatofilia. Por favor, nada de parafilias raras, aquí estamos hablando del amor a los gatos en el sentido más literal de su traducción del griego. Mira que hay gente extraña en el mundo (no os aconsejo que tiréis de google).

Sobre los felinos también tenemos datos muy curiosos. Podemos saber cómo será el temperamento de un gato desde bebés. En una misma camada ya se aprecia la personalidad futura del gato. También nos habla el autor de lo sibaritas que son los gatos en cuanto a  su alimentación, lo extremo de su higiene o el significado de sus maullidos. ¿Sabíais que una gata puede quedarse embaraza de varios gatos al mismo tiempo o que el ronroneo de un gato es beneficioso para nuestra salud?

Perros & Gatos baja la lupa de los científicos es un libro infantil que he disfrutado como una enana. Me parece genial que exista este libro no sólo para que los niños aprendan sobre nuestros principales animales de compañía, sino también para concienciar a nuestros niños desde pequeños sobre la importancia de respetar, cuidar y conocer a los animales. Ahora, un consejo cortesía de esta loca de los gatos y amante de los animales: no compréis nunca, adoptad.

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Mi primer Sony, de Benny Barbash

Mi primer Sony

Mi primer SonyÚltimamente, sin yo buscarlo, he leído varios libros que trataban el judaísmo de algún modo. Ya os hablé de Una virgen imprudente y de Lamentaciones de un prepucio. No es que tengan mucho en común más allá del elemento judío, pero me resulta curioso. Mi primer Sony, el libro del que hoy os hablo, también nos habla sobre una familia de judíos. Y tampoco tiene mucho que ver con los otros. Cada uno tiene un argumento diferente, pero gracias a estas tres lecturas he aprendido bastante sobre el judaísmo, algo en lo que yo estaba bastante pez. No es que sea yo muy religiosa (de hecho soy cero religiosa), pero me gusta aprender y eso es algo que también busco en mis lecturas.

Mi primer Sony me atrajo principalmente por su título y su original y colorista portada. Después leí esto y supe que tenía que leerlo: “Mi familia se está separando. Yo intento meterla en una casete.” No me digáis que no os llama la atención.

Yotam es un niño de diez años, que vive con su madre Alma, su padre Asif, su hermano mayor Shaul y su hermana pequeña Naama. Lo que nos cuenta esta novela no es más que el intrincado mundo de las relaciones familiares, que no es poco. Todo esto narrado por Yotam, o más bien, por su grabadora. En una ocasión, su padre le regaló una grabadora y le dijo que grabase todo y eso es lo que Yotam ha estado haciendo desde entonces. Graba todas las conversaciones, ruidos y silencios y los guarda en su habitación en cintas que él mismo va clasificando.

Los personajes de esta novela y sus peculiares caracteres son el punto fuerte de Mi primer Sony. Yotam es un niño gordito, tímido y bueno que asiste al derrumbe de su núcleo familiar como un espectador y como un reportero (por aquello de la grabadora). Naama, la hermana pequeña, aún es demasiado inconsciente para darse cuenta al cien por cien de lo que corre y Shaul, el hermano mayor, tiene clara su posición: su padre es el máximo traidor y así se lo hará saber.

Benny Barbash, el autor, es el fundador del movimiento pacifista israelí Peace Now y ésta es su novela más conocida. La forma en que se nos presentan los personajes y la trama, así como la prosa de Benny Barbash es realmente interesante. Es cierto que la manera en que el libro está escrito puede echar para atrás a algún lector (¡no, insensatos!). La novela no tiene capítulos y está narrada de manera rápida por Yotam y su grabadora. Hay pocas pausas y toda la trama se desarrolla casi como un diálogo. En ocasiones hay que coger aire para seguir leyendo. Aun así, os prometo que se lee fácilmente, que el autor sabe bien lo que se hace y que esta forma de narrar es una forma de meternos de lleno en la historia de la novela.

Como os decía, los personajes son geniales. El padre, un escritor mujeriego y con un sentido del humor muy particular; la madre, una argentina revolucionaria que cuando se enfada con el irresponsable de su marido suelta tacos en español; los abuelos, tanto paternos, como maternos, unos personajes en ocasiones adorables, en otras exasperantes; los hermanos del padre y las hermanas de la madre, a cada cual más excéntrico y desequilibrado y por supuesto, Yotam y sus dos hermanos, tres niños que asisten a situaciones de lo más extrañas y, en muchas ocasiones, no aptas para menores.

El humor con el que Benny Barbash narra el declive de una familia hace de esta novela una auténtica maravilla. Me he reído bastante mientras leía algunos diálogos imposibles y desquiciados. Pero todo ese humor tan sutil e irónico esconde también mucha dureza y dolor. Ya sabéis que el humor es a veces una forma de enmascarar la desgracia y esta novela también es amarga.

No es extraño que el libro haya sido traducido a diez idiomas ni que haya recibido el Premio ADAI-WIZO (Italia) y el Premio del Público en el Salón del Libro de París. Es una novela que desprende sinceridad, humor y fatalidad a partes iguales y que, a pesar de todo, deba un buen sabor de boca. A mí me ha sorprendido bastante, lectores. Totalmente recomendada.

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La mujer zurda, de Peter Handke

La mujer zurda

La mujer zurda«La soledad es la causa del más gélido, del más repugnante de los sentimientos: el de la inesencialidad. Después, uno necesita gente que le enseñe que todavía no está del todo degenerado».

¿Qué es lo mejor que puedes hacer cuando lees un libro de un autor de renombre y sales con la sensación de que éste no te acaba de convencer? Darle una segunda oportunidad, seguramente. Y ojo que esta es una decisión arriesgada, ya que en esta segunda oportunidad, como ocurre con casi todas las que se dan en la vida, es difícil dejar a un lado todo aquello que no te gustó la vez anterior. Si ya es difícil quitarse de los prejuicios, imagínense de los juicios. Pero si bien en mi primer intento con Peter Handke salí con un sabor agridulce y extraño, después de leer La mujer zurda las sensaciones son bien distintas. Al igual que en El miedo del portero al penalti, el tema que sobresale es la soledad, aunque tratado de forma muy diferente: a través de la separación de una pareja, en este caso.

El miedo a la soledad es uno de los más habituales en el ser humano. Lo sufrimos desde bien pequeños, cuando lloramos con amargura cuando sentimos a nuestra madre lejos, aunque sea sólo en lo que tarda en ir a calentar el biberón. Después vamos creciendo y la soledad pasa a convertirse en algo más complejo; demasiada nos deprime, pero demasiado poca nos satura. No podemos permitirnos el vivir sin contacto con los demás, pues somos animales sociales, pero, de cuando en cuando, nos resulta imprescindible alejarnos de todo y de todos para poder conversar con nosotros mismos, que es muchas veces el ser querido al que menos atención prestamos.

Marianne, la protagonista, es la mujer que, de forma inesperada, decide poner fin a su relación de pareja para comenzar una vida nueva con su hijo, lo que coincide con su vuelta al trabajo de traductora de libros, que había dejado tiempo atrás. Ella se ve obligada a reinventarse en prácticamente todos los niveles, tras años viviendo a las espaldas de un marido impulsivo, dominante y, posiblemente, adúltero.

Si en El miedo del portero al penalti descubrí algunos aspectos de la escritura de Handke que también se repiten, aunque en menor medida, en este libro, como su obsesión por los detalles minúsculos o su forma fiel de expresar las pequeñas decepciones y dramas del hombre contemporáneo, en esta novela el austriaco hace más concesiones al lector a la hora de ofrecerle una lectura más sencilla de digerir y de interpretar, lo que no evita que en buena parte del relato se mantenga ese simbolismo tan rebuscado suyo, que obliga a leer entre líneas para poder sacar conclusiones.

Pero, como digo, lo que ha hecho que saliese con buen sabor de boca de esta breve historia ha sido el equilibrio entre los momentos surrealistas y febriles con aquellos en los que la trama toma un camino más o menos lógico y sugerente. Ello, unido a un final de puro vodevil, hace que La mujer zurda me parezca un buen punto de partida para aquellos que quieran atreverse a descubrir a este complejo  y original escritor.

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La metamorfosis, el manga, de Franz Kafka

La metamorfosis

La metamorfosisLa verdad es que nunca he sido muy friki de los cómics. A pesar de que me gusta mucho la ilustración, los cómics no son lo mío. Creo que el único que me ha gustado y que he comprado en mi vida ha sido Ghost world de Daniel Clowes (y porque tengo dos amigas muy frikis, ¡hola, queridas!). Por lo demás, no conozco demasiado sobre este mundillo, pero eso ha sido precisamente lo que me ha hecho querer leer este cómic. Para que no se diga que soy una lectora cerrada. Allá voy.

A Franz Kafka sí que lo tengo más trabajado, así que vengo con los deberes hechos, amigos. Leí La metamorfosis cuando apenas era una adolescente y lo cierto es que deja huella. Desde que lo leí aquella primera vez, creo que lo habré releído ya un par de veces y siempre me ha fascinado este corto e intenso relato.

La mejor carta de presentación de esta historia son las primeras líneas del mismo: “Cuando Gregorio Samsa se despertó aquella mañana, tras un sueño agitado, se halló en su cama transformado en un insecto terrífico”. Puede que este sea uno de los comienzos más famosos de la literatura universal. Efectivamente, con este comienzo tan impactante y extraño, arranca este relato. Esa misma mañana, sus padres, su hermana y uno de los jefes de la empresa en la que trabaja como comerciante, tratan de entender por qué no se ha levantado como todos los días para ir a trabajar. Cuando descubren que Gregorio se ha convertido en un horrible insecto, lo encierran en la habitación. La hermana, Grete, trata de cuidarlo a pesar de la desazón que le produce llevándole comida a la habitación. Hasta que finalmente, su propia hermana, empieza a sentir asco por él. Su familia decide desalojar su habitación, llevándose los muebles, lo único que le recordaba que alguna vez había sido humano.

La relación se endurece, pues ni los padres ni la hermana pueden ver en ese repulsivo bicho a quien un día fue su hijo y hermano. Poco a poco, Gregorio Samsa es confinado a la soledad de su habitación. Un día, cuando intenta salir de ella, su padre, enfadado por haber asustado a la madre, le tira una manzana hiriéndole en el caparazón. Tampoco quiero yo destriparos el final de este genial relato, así que os invito a leerlo. En La metamorfosis, Franz Kaffa, sin grandes alardes literarios, nos muestra las claves del existencialismo, movimiento literario al que el autor pertenecía. Una obra realmente absurda y genial que podemos disfrutar también, gracias a la editorial La otra H, en forma de cómic.

Me parece una idea brillante la de hacer cómics de las grandes obras de la literatura universal. Creo que, de esta forma, se puede conseguir que otra clase de lectores se acerquen y conozcan grandes joyas literarias. Con esto no quiero decir que no haya que leer a los clásicos, ni mucho menos. Pero creo que como aproximación o iniciación, convertirlas en cómics es una buena idea, sobre todo para buscar a un público más joven. Si tengo que elegir entre que los jóvenes no lean nada de los clásicos o los lean, aunque sea, en forma de cómic, me quedo con la segunda opción, donde va a parar.

Esta edición, originalmente japonesa, me ha parecido muy buena. Me han gustado los dibujos (que de eso se trata), pero también la forma en la que el relato ha sido adaptado. Algo interesante de esta publicación es que se han añadido elementos de la vida real de Kafka, así como referencias a otras de sus obras.

Como ya os he dicho, la adaptación al cómic me ha gustado bastante. Además, esos elementos añadidos al relato original me parecen muy curiosos y creo que el resultado es, en general, sobresaliente.

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El miedo del portero al penalti, de Peter Handke

El miedo del portero al penalti

El miedo del portero al penaltiSiempre se ha dicho que los porteros, principalmente los de fútbol pero me atrevería a decir que aún más los de otros deportes como el balonmano o el hockey, son gente  realmente peculiar. Y es que hay que ser bastante especial para decidir desde bien pequeño que quieres ocupar una posición en el campo en la que muy bien lo tienes que hacer para cubrirte de gloria y donde, sin embargo, un mínimo despiste te puede hundir en la miseria. Eso además de la frecuencia con la que tienes que jugarte el tipo para evitar que el balón, pelota o disco toque tu red. Aún con todo, estoy seguro de que ningún portero —de los profesionales, al menos— tiene una personalidad tan extraña y amarga como Josef Bloch, el protagonista de El miedo del portero al penalti.

Con esta novela he descubierto a Peter Handke, un escritor a quien tenía ganas de enfrentarme desde hacía tiempo, sobre todo por la fama que le precede de polémico y críptico. Y tras leer la que posiblemente sea su obra más célebre (bajo uno de esos títulos que valen oro por sí solos), debo decir que esta reputación me ha parecido más que merecida, dado que me ha resultado una lectura tan compleja como difícil de catalogar, de esas que te dejan a medio camino entre el odio y el amor, de las que sales con serias dudas del porcentaje de la misma que has logrado comprender.

El punto de partida de la novela y, posiblemente, el único momento en el que ésta aporta un argumento nítido, cuenta como, tiempo después de dejar los terrenos de juego, Bloch es despedido de su empleo como mecánico y empieza a dedicarse a jornada completa a vagar por las calles y los bares sin destino ninguno. Todo en el libro gira en torno a él, un tipo incapacitado para la vida en sociedad y que no tiene ninguna intención de modificar su comportamiento. Dentro de su personalidad, el aspecto que más y mejor explota Handke es la dificultad comunicativa que tiene el personaje, que lleva hasta puntos extremos y realmente chocantes, con diálogos absurdos, violentos e incompletos. Este aspecto hizo que, en más de una ocasión, la sinrazón dialéctica del protagonista me llevase a reflexionar sobre mis propias taras comunicativas, lo que no es poco y más sabiendo que la novela fue escrita muchos años antes de que el WhatsApp, el Instagram y el Facebook pasasen a sustituir a buena parte de nuestras comunicaciones cara a cara.

Handke también se esmera en buscar los detalles más nimios y recónditos en los que poner el foco, lo que en varias ocasiones lleva a empatizar con las pequeñas molestias y placeres del día a día —que, al fin y al cabo, son las que ocupan la mayor parte de nuestras vidas— pero que en otros casos resulta difícil encontrarles una explicación más allá de la de describir a un hombre al que todo lo que le rodea le resulta ajeno y aterrador. La trama, si es que existe, queda completamente subordinada a las pequeñas reflexiones y ensoñaciones del antiguo portero, a quien nada le agrada ni le entristece y parece pasar por su propia vida como un mero espectador.

Una novela, como decía, de la que resulta tan difícil sacar un significado como una valoración. Ojalá pudiera decir que me ha parecido una maravilla de principio a fin y que todo el mundo debería tenerla en su librería; ojalá pudiera decir que nadie debería acercarse a ella a menos de 50 metros salvo con prescripción facultativa. Pero nada de ello sería cierto. Quizás lo único que puedo decir sin temor a equivocarme es que El miedo del portero al penalti no deja indiferente a nadie, para bien o para mal.

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La larga cadena del ancla y La hora presente, de Yves Bonnefoy

La larga cadena del ancla y La hora presente

La larga cadena del ancla y La hora presentePuede que aquí el nombre de este escritor no nos diga mucho, pero Ives Bonnefoy (Tours, 1923) es uno de los autores más importantes de la literatura francesa. Amigo de poetas como Paul Celan, Jacques Dupin o André Breton, Bonnefoy ha dedicado su vida al arte y a las letras. Además de ser traductor de autores tan importantes como William Shakespeare, Petrarca, Keats o Yeats, también ha sido fundador de varias revistas literarias, ha impartido cursos sobre historia del arte y literatura y ha trabajado en la coordinación de un gran Diccionario de las mitologías y de las religiones. Ahí es nada, ¿verdad? Casi un hombre digno del Renacimiento. Cuando conozco estos datos me entra un gran agobio existencial. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Luego se me pasa cuando pienso que tendré que conformarme con ser una mujer del siglo XXI. Puede que no esté tan mal.

Esta edición, publicada por Galaxia Gutenburg, recoge dos de sus últimos libros. El primero, publicado en 2008 y el segundo en 2011. Ambos libros fueron escritos cuando el autor ya había superado los ochenta años de edad. Es increíble la lucidez de Bonnefoy a su edad para escribir estos dos libros. ¿Qué?, ¿otra vez esa angustia existencial? A saber cómo tenemos nosotros la cabecita a los ochenta años (si es que llegamos). Por si acaso será mejor que escribamos pronto. Tampoco me parece un mal plan.

El primero de los dos libros, titulado la Larga cadena del ancla (2008), está compuesto por tres poemas largos, una serie titulada “Casi diecinueve sonetos” y diez poemas escritos en prosa que también reciben el nombre de “relatos en sueños”. El poema que da título al libro está basado en un suceso legendario que inspiró al autor a escribir este complejo y hermoso poema. Quizá, si no sois conocedores de este autor, este libro no sea el mejor para empezar a descubrirlo. Como ya os he dicho, se trata de un poema difícil. Pero valientes, si os gusta la poesía, no os lo perdáis.

“Dicen

que unas barcas aparecen en el cielo,

y que, de algunas de ellas,

la larga cadena del ancla puede descender

hacia nuestra tierra furtiva.

el ancla busca en nuestras praderas, entre nuestros árboles

el lugar donde afianzarse,

pero pronto un deseo de lo alto la arranca,

el navío de allá lejos no desea el aquí,

él tiene su horizonte en otro sueño.”

El segundo libro que aparece en esta edición, La hora presente (2011), tiene una lectura más accesible para cualquier tipo de lector. Las partes en prosa son más comprensibles para aquellos a los que no le guste demasiado la poesía. Yo recomiendo empezar por esta parte. La prosa de Bonnefoy es muy lírica, obviamente, pero al mismo tiempo es  esperanzadora y reconfortante:

“Pero aún más que el asombro, lo que se apoderó de mí era ese júbilo que nace de lo que sorprende sin que tenga uno manera de comprender: esa alegría que se tiene ante la esperanza de que van a romperse las cadenas del entendimiento de ayer, de siempre, y que, por no saber, se va por fin a ser más.”

Me gustaría también hablar de la publicación, pues se trata de una edición bilingüe. La traducción y el prólogo corren a cargo de Enrique Moreno Castillo. Además de lectora, también soy traductora y el francés es una de las lenguas que mejor conozco. Traducir poesía siempre me ha parecido un trabajo realmente complicado, pues no sólo implica tener grandes conocimientos de ambas lenguas, sino que también se necesita una gran sensibilidad poética. Creo que el trabajo que Enrique Moreno Castillo ha hecho aquí es maravilloso. Aunque he leído los poemas en su lengua original, también he consultado las traducciones y me parecen que están muy bien realizadas. Un trabajo maravilloso.

Puede que Yves Bonnefoy no sea uno de mis poetas preferidos, no voy a engañaros, pero sí me parece  esencial conocer su obra y creo que esta edición es perfecta para ello.

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Gods I’ve seen, de Abbas

Gods I've seen

Gods I've seenEl viajar es un placer que nos suele suceder. Pero hay viajes y viajes. Y entre los segundos, no hay nada que pueda compararse a la experiencia de la India. Hablo, naturalmente, de viajar, y no de comprar un paquete turístico que nos muestre en 10 días y nueve noches las maravillas de la India de los mogules. Hablo de aterrizar en un país de leyenda, sentirte, desde el primer instante, como si control de tierra te hubiera abandonado a tu suerte en Marte, y preguntarte, con angustia, cuántos días podrás vivir con el oxígeno que te queda. Y cuando decides que de perdidos al Ganges, te pones a explorar un planeta donde constatas que sí, que el viajero puede sobrevivir, si bien en condiciones durísimas, hasta que, meses después, a tu regreso a casa, descubres que el planeta hostil quizá es el tuyo. Eso y más es la India.

Gods I’ve seen (Dioses que he visto) es un impresionante libro de fotografía que, por lo menos de momento, está publicado únicamente en inglés. Como el propio título indica, se centra en la religión, y más concretamente, en el hinduismo. No hay que pensar por ello que nos ofrece una visión parcial o reducida de esa sociedad, ya que, como podrá constatar cualquiera que haya visitado ese inmenso país, la India es religión, hasta el punto de que servidor nunca se ha sentido tan cristiano como allí.

Uno llega a la India y, desde el primer momento, empieza a familiarizarse con los dioses más llamativos y populares del descomunal panteón hindú. Nunca llegaremos a conocer a sus cientos de millones de dioses (sí, habéis leído bien), y nos preguntamos si el más venerado brahman los conocerá, pero la verdad es que, para ir tirando y conocer un poquito mejor este increíble país, nos basta con el astuto Hanuman, el dios mono, el entrañable y ubicuo Ganesh, el dios elefante, así como las deidades más conocidas de Vishnu o Shiva.

Abbas, el fotógrafo franco-iraní autor de este extraordinario viaje fotográfico, nos muestra y nos habla de una India tal y como la que se encuentra el viajero. No espere el lector, pues, encontrar aquí la sempiterna leyenda del Taj Mahal y el triste destino de su arquitecto, ni recrearse la vista con palacios imperiales ni el rosa de Jaipur. Con sus fotografías, en su mayoría en blanco y negro, y sus textos, el autor nos habla de su constante desconcierto, indignación, e incluso asco ante una sociedad que para el visitante occidental es casi imposible, no ya de abarcar, sino de comprender a un nivel elemental. ¿Cómo podemos entender la obsesión por la pureza y el rechazo a la casta de los intocables en un país cuyas calles están cubiertas de excrementos de perro, vaca, cerdo, camello, elefante y, por supuesto, humanos? ¿Cómo explicar que en el río Ganges, sagrado para los hindús, podamos ver a alguien lavarse los dientes a diez metros de un desagüe de alcantarilla?  ¿Cómo hacer entender a unas gentes que parecen desconocer el concepto de privacidad, que nos molesta que metan la cabeza en nuestra mochila cada vez que la abrimos? ¿Cómo explicar a los habitantes de aldeas donde no conocen más entretenimiento que  ver llover, que al extranjero le incomoda tener a cien personas sentadas a su alrededor observando cada uno de sus movimientos? Las preguntas sin respuesta podrían ser tantas como los dioses hindús, pero, en última instancia, Abbas alcanza, en la medida de lo posible, su objetivo: darnos a conocer, y por lo tanto, respetar, y con el tiempo, amar a ese pueblo.

“Agua y viento”, “Fuego y sangre”, “Pandits y Sanayasis”, “Minorías”, “En la carretera” o “La India emergente” son algunos de los títulos de los diferentes capítulos. En ellos nos acercamos a la vida diaria de un pueblo marcado a cada momento del día por la religión. Vemos sus abluciones sagradas, sus festivales, la crueldad de alguno de sus rituales; conocemos al inconfundible personaje del saddhu; nos asombramos y contenemos el aliento al ver esos gigantescos andamios de bambú. Nuestra capacidad de sorpresa tiene un límite, y como le sucede al viajero, esa constante sorna, esa tendencia a indignarse, deprimirse o burlarse se va transformando paulatinamente en curiosidad, interés, respeto y fascinación.

Un indio cosmopolita y bien viajado me dijo un día “hazte a la idea: mi pueblo te hará enfurecer y te volverá loco. Te comprendo. Pero no hagas daño a mi pueblo”. No pierdas la paciencia, venía a decir, con aquél que, como estás haciendo tú, tan sólo quiere conocer al otro. Pues bien, este extraordinario Gods I’ve seen nos ayuda a salvar esa contradicción.

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Noche es el día, de Peter Stamm

Noche es el día

Noche es el díaNo sé bien como empezar a explicaros la historia que nos cuenta Peter Stamm en esta pequeña novela. Pequeña de tamaño, no por su contenido. Hoy voy a empezar por el argumento, para variar.

La protagonista principal es Gillian, que está convaleciente en una cama de hospital, desfigurada, tras un grave accidente de coche. En el accidente fallece su pareja y también muere la vida que lleva hasta ahora. Era presentadora de televisión y tenía un relativo éxito, tanto por su trabajo como por su belleza. Una vida aparentemente ideal. Por el programa cultural en el que trabajaba, en su vida se había cruzado con Hubert, un artista algo excéntrico, con el que mantendría una extraña relación. Hubert es el segundo actor de esta novela, al que Gillian cederá el protagonismo durante algunos pasajes de la historia.

Es una novela contada en varios tiempos, que nos va tejiendo la vida de los protagonistas. Nos muestra cómo un acontecimiento más o menos grave, hace que gires tu posición completamente, y que empieces a ver las cosas de manera diferente. A Gillian el accidente le hace cambiar la perspectiva y siente la necesidad de reinventarse. En algunos momentos creo que ella misma percibe que esa nueva Gillian, es la verdadera, la que siempre fue, pero que su físico y las circunstancias que le rodearon, la empujaron a ser un artificio, una caricatura. Aunque parecía que ya lo tenía todo, la protagonista era una persona insegura, con dudas sobre sus propias capacidades e incluso su físico. Mantenía una relación fría con sus padres, sobre todo con la madre y una relación artificial con su marido, basada en la pose para las cámaras. A mí me ha transmitido soledad e inseguridad. La Gillian post-accidente, también está sola, pero más en paz con ella misma, sin mentirse.

Hay una gran introspección de los personajes. Un trabajo profundo en la psique de los protagonistas y su evolución. Es honesta, ya que cuenta tanto los buenos como los malos pensamientos. No oculta nada. Escuchamos todo lo que piensan. Aunque no te guste, la vida y las personas, somos así. Esto no la hace difícil de leer, a ver si vais a pensar que es un tratado sesudo, que no. El autor tiene mucho arte y ha podido llegar a enseñarnos toda esa profundidad de forma sencilla, sin florituras y con cierta distancia. Me ha gustado mucho el lenguaje, las descripciones son concisas, concretas, certeras. Frases cortas y directas. Diálogos que aligeran la narración.

Peter Stamm es suizo, según la solapilla del libro, estudió filología inglesa, psicología, psicopatología e informática, aunque no tengo claro que finalizara ninguna de las cosas, yo leyendo esto me siento canija y entiendo mejor su forma de escribir. Ha vivido en Nueva York, París y Escandinavia y tiene una obra bastante extensa, no solo de prosa, sino también de teatro y radioteatro.

Noche es el día, el título, está tomado de un soneto de William Shakespeare:

“Noche es el día en que verte no consigo

día las noches que soñando estoy contigo”

Que comienza diciendo:

“Veo mejor si cierro más los ojos,

que el día entero ven lo indiferente…”

No lo entendía bien, hasta que lo analicé. Preciosa metáfora de lo que en realidad deberíamos observar. No es tan importante lo que se ve, sino lo que está en nuestro interior. Lo que vemos si cerramos los ojos y nos miramos hacia dentro. Noche como metáfora de oscuro, oculto, engañoso. Se hace la luz cuando nos vemos de verdad. No es tanto para los demás como para uno mismo. Unos de los trabajos que tiene que hacer nuestra mente, cuando vamos creciendo, es construirse una imagen de nosotros mismo, esto no es fácil, de ahí las crisis que nos acompañan toda la vida: la del niño pequeño cuando se empieza a reconocer en un espejo, la del adolescente que sufre una revolución física y mental en muy poco espacio de tiempo, la de la mediana edad y así hasta que nos morimos. En nuestros días esto todavía se hace más complicado. Nunca ha existido una época en la que se haya adorado tanto a la imagen. Vivimos por y para la imagen. Nuestras redes sociales nos definen. Filtros, poses, distorsiones. Las pantallas nos devuelven nuestra imagen ficticia, una reconstrucción de nuestro yo, que nos acabamos creyendo. Nos hace falta más que nunca, cerrar los ojos y meditar sobre quienes somos realmente. Buscar nuestro yo. Vernos.

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Jane, el zorro y yo, de Isabelle Arsenault y Fanny Britt

Jane, el zorro y yo

Jane, el zorro y yoSiento predilección por los libros infantiles. Me gusta ojearlos, leerlos, tocarlos, olerlos. Cuando yo era pequeña no había tanta variedad de estilos ni tanta oferta, claro, pero, junto con los tebeos, fueron los que me hicieron amar la lectura, los libros, las librerías, las bibliotecas y todo lo que tenga que ver con este tema.

Los redescubrí cuando mis hijos eran pequeños. ¡Cuántos tesoros encontramos juntos dentro de las portadas gruesas y de vivos colores! En la biblioteca en la que trabajo tengo una sección grande dedicada al libro infantil, me da pena cuando vienen los niños y pasan de largo. Les atraen más las pantallas de los ordenadores. Pero cuando te sientas con ellos y les dejas tocar los libros, les enseñas a abrirlos con alegría y les dejas que los lean aunque sean muy pequeños, les gustan y mucho. Hay que dejar que los niños se acerquen a los libros, o que los libros se acerquen a los niños. Da igual el orden, lo que interesa es que se altere el producto, o sea, que los peques descubran la magia.

Jane, el zorro y yo nos habla de un tema del que oímos constantemente: el bullying. El acoso de unos niños a otros. Ha existido siempre, aunque no le teníamos puesto un nombre en inglés, entonces no parecía tan importante. Ahora como lo tenemos catalogado pues es ya serio, nos preocupa, damos charlas, consejos y que si tal y que si cual tío Pascual… No estoy frivolizando con el asunto, es que me repatea el higadillo que en el fondo hacemos poco, solo de cara a la galería. Hasta que el caso es muy grave y entonces salimos en las noticias y nos llevamos las manos a la cabeza o pedimos las cabezas de otros. Todos tenemos parte de responsabilidad en estos comportamientos, sobre todo con la educación que damos en casa. La violencia nunca se debería consentir, ni física y ni verbal. Seguimos fomentando mucha discriminación, mucho clasismo y mucha tontería. No enseñamos a los niños a aceptar lo diverso, sino que les enseñamos a no salirse de lo establecido, no vayan a pensar que eres raro. Diferente no quiere decir malo, señoras y señores, diferente quiere decir otras cosas muchas veces muy buenas, divertidas, originales, creativas y un largo etcétera. Hay que asumir que la diversidad aporta, no resta. Si alguien no te gusta, porque no todo el mundo te tiene que gustar: vive y deja vivir.

Ya me he salido del tiesto. Perdón, no era mi intención reñir a nadie. Volvamos a esta joya de libro. Es una novela gráfica para el público juvenil y para adultos, creo que sería difícil que niños menores de 8 o 9 años pudiesen entender todo bien, aunque las ilustraciones son tan buenas, que creo que podrían sentir lo que siente la protagonista aunque no supieran leer. Es una obra conmovedora; imposible no sufrir con Hélène la crueldad de sus compañeros. Está contada en primera persona por la niña, de 12 años, que vive en Montreal en los años 80 del siglo pasado. No se entiende el motivo por el que Hélène ha sido apartada por sus compañeras y es la diana de sus burlas, pero es tan duro y persistente que está convencida de que es algo malo que hay en ella. El único consuelo que tiene la niña es el libro de Charlotte Brontë, Jane Eyre. Ya os he hablado de mi debilidad por este libro, ¿verdad? ¡Cómo no voy a querer a Hélène y padecer con ella! Yo leí ese libro más o menos a esa edad y también marcó mi paso a la adultez.

Las ilustraciones son magníficas, juegan muy inteligentemente con el blanco y negro, para los momentos tristes y de aislamiento y con el color de los buenos y esperanzadores. Es una historia de superación preciosa, muy bien contada tanto por la narradora como por la ilustradora. Con mucha sensibilidad pero muy clarito nos han explicado lo difícil que es esta etapa de nuestra vida: la adolescencia. Isabelle Arsenault es ilustradora de literatura infantil muy reconocida en su país, Canadá. Fanny Britt es escritora y traductora, sobre todo de teatro, pero también tiene experiencia en literatura infantil.

La edición de Salamandra Graphic es un regalo precioso. De los libros para poner con la portada bien a la vista, para que deslumbre. Un libro para usar, leer, releer y recapacitar con nuestros chavales.

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El libro de los muertos tibetano

El libro de los muertos tibetano

El libro de los muertos tibetano«El libro de los muertos tibetano es el tratado escatológico que con mayor precisión ha descrito todos los fenómenos que encontraremos tras nuestra muerte». Esto es lo primero que leemos en la sinopsis de un libro que lleva siglos y siglos enseñando a morir. Yo, que siempre he creído que los libros enseñaban a vivir, me sorprendo ahora con uno entre las manos que hace todo lo contrario: enseñar a morir.

Y es que El libro de los muertos tibetano – o Bardo Thödol –, descubierto en el siglo XIII pero existente ya desde siglos anteriores, es un seguido de pautas a seguir para autorrealizarse tras el fallecimiento. Situado en el contexto de las sagradas escrituras del Tíbet, esta obra es una parte de ellas y un manual de obligado uso para todos los seguidores de la religión tibetana. Como si se tratara de una guía, estas enseñanzas son dictadas al oído del fallecido con el fin de encaminarle hacia el sendero de la propia realización espiritual, evitando la reencarnación, salvando el alma de los cuerpos físicos, alcanzando el nirvana.

A través de tres fases, como si fueran tres oportunidades, el muerto tiene la posibilidad de salirse del ciclo de las reencarnaciones, siempre ayudado por su guía, su maestro o la persona de confianza que le marca el camino a seguir con este libro en las manos. Es un tanto extraño saber que estás leyendo algo que se ha recitado a muchos muertos a lo largo de la historia, algo que narra el proceso de la defunción, de cómo el alma se separa del cuerpo, de la lucha contra las deidades – apacibles por un lado e iracundas por otro –; en definitiva, del proceso de la muerte. Mediante estas fases, descritas y explicadas previamente y de forma exquisita por Ramon N. Prats en la introducción, el alma del difunto trabaja para orientarse en un espacio confuso e inexplicable como es lo que hay más allá de la muerte. ¿Te imaginas que alguien te contara qué tienes que hacer justo cuando notes que estás muerto? Pues este libro lo hace.

Una de las partes más importantes de esta edición, sin duda alguna, es la introducción de Ramon N. Prats, en la cual nos explica que es la primera vez que esta obra se traduce directamente del tibetano al español y donde nos habla de las adaptaciones que ha llevado a cabo, las notas que ha decidido incluir, y el tipo de vocabulario manejado.

En definitiva, debo decir que es sorprendente la lectura de El libro de los muertos tibetano, sobre todo para alguien que desconocía su existencia. Suele repetirse en su interior que la persona debe leer y releer estas enseñanzas en vida para que le sea más fácil el camino al morir. También se suele decir, esto ya no dentro del libro, que todos los miedos que sufrimos los humanos nacen del mismo: el miedo a morir. Espero, después de haber quedado sacudido por este extraño y confuso panorama que ofrece la obra, que haya perdido un poco el miedo, que haya quedado dentro de mí algo que me avise de la finitud de mi cuerpo o, por lo menos, algo que me ayude a reconocer que habrá un momento en que yo – o una parte de mí – diga para siempre adiós.

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Apocalipsis suave, de Will McIntosh

Apocalipsis suave

Apocalipsis suaveLas novelas que han caído hasta ahora en mis manos con temática apocalíptica tenían todas -más o menos- un guion compartido; civilizaciones arrasadas, sociedades colapsadas, mundos devueltos a la casilla de salida. Esas historias llegaban al lector una vez todo había terminado y el mundo tal y como lo conocemos era solo un recuerdo. El pasado.

Infecciones, virus, bombas, inundaciones, colapsos financieros, clima, flora y fauna desatados, hay cientos de posibilidades para deshacer una sociedad, para revertirla, para acabar con ella. Y casi…no, todas son culpa nuestra. La premisa de Apocalipsis suave no es muy diferente de las demás premisas de novelas apocalípticas, pero si hay una sutil diferencia que hace que se diferencie en mucho del resto de historias que todos más o menos tenemos en mente. Apocalipsis suave narra, como su propio nombre indica, la caída de la sociedad desde un futuro muy cercano, prácticamente el que conocemos. De manera que asistimos a las primeras revueltas, los primeros conflictos, las primeras pandemias, la crisis en estado embrionario, el estallido a cámara lenta, a una dolorosa cámara lenta, de algo que empieza a arrasar ciudades, más tarde estados y después, países.

Parte del desasosiego de esta novela es por la proximidad con nuestra sociedad actual, con esas escenas en que quien solo meses antes era considerado de clase media, es ahora un sin techo, un nómada que se arrastra de una ciudad a otra mientras los que aún conservan sus casas los apedrean y los insultan. O con aquellas en que trabajar en un supermercado es un privilegio por tener apenas unos dólares de sueldo pero con el riesgo constante de un saqueo o un asalto, cosa que pasa habitualmente. O con aquellas otras que unen en una misma escena la violencia que mana del miedo a lo desconocido, el pillaje, la fuerza bruta masculina, las violaciones y el asesinato.

Cuando la sociedad se parte y se rompe y se desmenuza y solo vale el individualismo, porque quizás tu vecino te tosa encima o estornude y mueras, o puede que a tu madre o a tu hermana les hayan pinchado sin darse cuenta en la cola del supermercado con el ultimo virus de diseño. Solo los grupos reducidos sobreviven. Los más fuertes, los más listos, los más osados. Las tribus que viven a las afueras de las ciudades, llenas de universitarios, de médicos, de abogados, de ingenieros, de exmilitares.

Un día eres una estrella de rock, un médico que investiga como detener las muertes, un gerente de un supermercado, y al día siguiente tu ciudad está ardiendo sin control, los disturbios se generalizan, los comercios estallan, la gente huye sin control entre disparos y tú te arrastras por las vías del tren hacia un destino desconocido.

Eso es Apocalipsis suave, una sociedad desmoronándose día a día, minuto a minuto; Wallmarts arrasados y reconstruidos al día siguiente, policía que se desentiende de los delitos, patrullas ciudadanas, palizas, bandas, eco-terroristas, ejercito. Ciudades con una estabilidad tan precaria que el más mínimo disturbio desencadena el caos. Un espejismo. Una mentira piadosa para seguir viviendo, para engañarse e intentar seguir adelante. Acostumbrados a las historias donde todo ya ha acabado, Apocalipsis suave nos enfrenta con el miedo intrínseco a perderlo todo, a perder cada día una parte de lo que conforma nuestras vidas. Un día el agua, la semana siguiente el suministro de luz, al cabo de un mes el puesto de trabajo, puede que en cuatro meses nuestra casa. No hay nada más doloroso y brutal, que perderlo todo a cámara lenta, a plazos, sin que puedas hacer prácticamente nada.

Will McIntosh narra no solo la caída de unas cuantas ciudades, de los estados o de una sociedad, nos cuenta la pérdida paulatina de valores –cuando pasamos de personas a simplemente salvajes- narra el colapso de la sociedad del bienestar, desmenuza las jerarquías, las clases, la política, la convivencia y lo vuelve todo a un estado primitivo, arcaico, fundacional, regido por la supervivencia, la fuerza y la violencia.

Apocalipsis suave es entretenida y oscura, con un mensaje subyacente sobre a donde nos podríamos encaminar si no empezamos a prestar un poco más de atención a cuanto nos rodea y a cuantos nos rodean…

Por cierto, si en vuestras ciudades veis que el bambú prolifera de manera excepcional o que crece sin control y que la gente sonríe mucho, está muy feliz y tiene la mirada un poco perdida… ¡Corred, por el amor de Dios, corred y no paréis!

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La línea del tiempo, de Peter Goes

La línea del tiempo

La línea del tiempoMi padre era un apasionado de la lectura y de la historia, así que por mi casa siempre hemos tenido un montón de libros y revistas de esta temática. Le recuerdo siempre con un libro bajo el brazo o sentado en su sillón leyendo alguna novela histórica. De hecho, creo que en los últimos años casi lo único que leía era este género. Sabía mucho al respecto, como podéis imaginar. Alguna que otra vez tuvo que resolverme dudas cuando estaba en el instituto y tenía exámenes de historia. Y es que, a pesar de todo lo que os he dicho, la asignatura de historia nunca ha sido mi fuerte. No sé cuál es el motivo, porque en realidad era una asignatura de esas de empollar y a mí lo de estudiar nunca se me ha dado mal. No voy a echarles la culpa a los profesores, ni siquiera a aquella profesora que tuvimos durante un año y a la que llamábamos “La Pepi” porque repetía muchas veces cuando explicaba la palabra impepinable.

El caso es que como siempre he llevado la asignatura sin pena ni gloria me da mucha rabia no saber ciertas cosas, porque me parece realmente interesante. También me da vergüenza que un día me pare Carlos Sobera por la calle y no pueda yo llevarme los millones porque la pregunta sea sobre historia, para qué os voy a engañar. Así que he intentado en estos años suplir mis carencias estudiantiles con la lectura histórica. Obligándome en ocasiones, lo confieso.

Cuando supe de la publicación de La línea del tiempo me emocioné mucho (soy así de fácil de contentar). Me encantan los libros ilustrados y me encanta aprender sobre historia: este libro está hecho para mí. Vale que la editorial Maeva lo haya publicado en su línea Young y que me pille quizás algo lejos la adolescencia, pero os prometo que el libro es una maravilla que puede gustar tanto a los jovencitos como a los no tan jovencitos. Y es que cuando un libro de este tipo está bien hecho es un disfrute para todas las edades.

Como no podía ser de otra forma, este libro arranca con el Big Bang y llega hasta el año 2015.  Toda nuestra historia concentrada en unas pocas de páginas. Impresionante.

Cada periodo de la historia es una línea del tiempo ilustrada maravillosamente. El ilustrador belga Peter Goes es el autor de las geniales ilustraciones. Me recuerdan a aquellos libros de ¿Dónde está Wally? que podías pasarte horas mirando no sólo para encontrar al dichoso Wally, sino por todos los detalles que había en cada página. No es que se parezcan artísticamente hablando, pero las ilustraciones de Peter Goes tienen tantos detalles que en cada página puedes pasar un buen rato perdiéndote en  los dibujos. (Y si lo acompañas de una taza de café, puedes echar la tarde tranquilamente). Su estilo, sus colores y sus trazos son muy característicos. Creo que después de este libro sabré reconocer una ilustración suya a primera vista.

Como os decía, toda nuestra historia está genialmente concentrada en este libro. Cada periodo cuenta con una breve presentación de la época y lo que sucedió en ella en términos más generales. En las ilustraciones, las verdaderas líneas del tiempo que abarcan casi toda la página, encontramos pequeños textos y apuntes sobre hechos y personajes de ese momento. Explicado así quizá no os hacéis una idea, por eso, si realmente os interesa, tenéis que tener este libro. No os vais a arrepentir, os lo prometo.

Es cierto que no es un libro para aprender historia, al menos para los adultos, porque se supone que son cosas que ya hemos estudiado, que debemos saber o que incluso hemos vivido. Aunque confieso que hay tantas anotaciones en las ilustraciones que hay datos que yo no sabía. Para los jóvenes me parece un libro esencial por su original manera de presentar la historia. Yo voy a regalárselo a mi sobrino que va a cumplir once años y estoy segura de que le gustará y le ayudará a aprender. Para los adultos La línea del tiempo es un libro realmente original e interesante con el que entretenerse y disfrutar.

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