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Paper girls. Volumen 1, de Brian K. Vaughan y Cliff Wilson

paper girls 1

paper girls 1Que Vaughan es bueno haciendo cómics es como decir que la lluvia moja. Antes del éxito de Saga, Ex-Machina y Paper girls, Brian K. Vaughan parió Y, el último hombre, Los leones de Bagdad, (obra esta menos conocida pero a tener muy en cuenta), por poner unos ejemplos y… fue guionista de… chan chan… ¡Perdidos! No llegué a terminar la de Y,  (por despiste, no por otra cosa. Es lo malo de las series de cómics que, al igual que con las de formato televisivo, hay tantas que tienes que elegir cuáles sigues y cuáles no, y esta, a pesar de estar en el grupo de las que sí, fue quedando poco a poco relegada), pero era un cómic cojonudo, muy original y de lo más entretenido que había leído hasta entonces.

Con Paper girls 1 el entretenimiento no falta, pero en cuanto a originalidad… digamos que, en principio, no es del todo original (y no hablo de que plagie ni nada parecido, ojo). Y es que nos vamos a trasladar a finales de los ochenta y todo el cómic recuerda la estética, los protas (aunque aquí en versión femenina) y situaciones típicas de esos años que hemos visto ya cientos de veces en Los Goonies, Cuenta conmigo, E.T. y pelis del estilo, (todos sabemos de qué tipo de pelis estamos hablando), y que parecen volver con fuerza –y para breve muestra tenemos el remake de It y acabamos de ver la segunda temporada de Stranger Things (aunque este cómic es anterior)– . Sí, amigos. La nostalgia vuelve y, sobre todo, ¡vende y mucho!

En este tomo se recogen los número 1 a 5 de su versión en grapas y en ella seguimos a Erin, de doce años y repartidora en bici del periódico local y a otras tres repartidoras del mismo periódico a las que conoce la noche de Halloween. Estas tres, Tiffany, Mac y KJ, se reúnen desde el año anterior en Todos los Santos para hacer juntas el reparto porque esa noche suele haber mucho loco suelto, y Erin se unirá a ellas. Y… efectivamente, si  en Todos los Santos hay locos, esa noche va a ser una puta y absoluta locura.

¿Qué puedo contar si es que…? En realidad podría contar todo y os quedarías igual al final.  ¿He dicho que Vaughan fue guionista de Perdidos? ¿Recordáis el oso polar? Bueno, al final sí que se explicó su porqué y eso espero que suceda al final de esta serie, porque deja tantos, pero taaaantos misterios dispersos ya desde este primer tomo, que es imposible no querer conocer como continúa para poder enderezar el culo.  Así que venga, ¡qué coño! Vamos a avanzar un poco más. Las cuatro chicas se dividen en dos grupos para agilizar la tarea, y a Tiffany  la atacan tres tíos con “disfraces cutres” y se llevan su walkie. Ese segundo walkie que compró tras ahorrar las propinas de Navidad. A partir de aquí sí que ya no cuento nada porque aunque os dejara igual, estropearía la sorpresa de descubrir por uno mismo las sorpresas, que son muchas, que nos tiene guardadas este cómic.

En cuanto al arte, me encanta. Corre a cargo de Cliff Chiang, de quien ya destaqué su currazo impresionante con sus trazos y diseños en la etapa de la Wonder Woman a cargo de Azzarello. El color, fundamental durante todo el recorrido es obra de Matt Wilson, quien venía de colaborar también con Chiang en la misma colección de la amazona. Mismos artistas pero un trabajo tan diferente que no parece de ellos, y aún así, increíblemente bueno.

Paper Girls 1. Un cómic para nostálgicos, para amantes de la ciencia ficción, de los misterios, de los viajes en el tiempo, de los que se comen la cabeza e inventan teorías locas sobre lo que puede pasar cuando una película acaba con final abierto y de los que, simplemente, quieren pasar un buen rato con un gran cómic.

Intriga, misterio, ciencia ficción. En definitiva un gran entretenimiento. A saber qué nos deparará este fantástico viaje en tomos sucesivos y si se resolverán todas las incógnitas. Yo no me lo pienso perder.

4,8,15,16,23,42…

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La Marca del Inquisidor, de Marcello Simoni

La marca del inquisidor

La marca del inquisidorTengo que admitir que no soy muy fan de thrillers históricos, sobre todo de esos que tienen una gran campaña de publicidad detrás y que se declaran sucesores de El código Da Vinci o Ángeles y Demonios, de Dan Brown. Pero cuando hay uno que llama mi atención no puedo parar hasta tenerlo entre mis manos. Y eso es lo que me ocurrió cuando leí por primera vez la sinopsis de La Marca del Inquisidor, una historia basada en la Roma del siglo XVII. Y esa fue mi gran debilidad y el gran motivo por el que me decidí a leerlo, ya que soy una apasionada de los misterios y de la Roma antigua.

Y descubrí mucho más cuando me adentré en él. Ya no solo por la trama, muy bien construida y articulada, que no deja apenas ningún detalle en el aire, sino porque el autor plasma muy bien todo lo que quiere narrar. Desde su misterioso (¡misteriosísimo!) personaje principal, ya que nunca sabes lo que realmente se trae entre manos y si sus intenciones son buenas o malas, hasta la narración fluida y muy bien documentada. Y este último detalle se plasma muy bien en todos y cada uno de los capítulos de esta novela y es algo a valorar muy positivamente en un autor que quiere narrar todos los aspectos de la Italia del siglo XVII: tradiciones, costumbres, sociedad y modos de vida…

Respecto a este punto, me llamó sobre todo la atención la incidencia que Simoni hace en la Inquisición. Y me pareció muy interesante, no solo por el importante papel que juega en la historia, sino porque me hizo reflexionar y aprendí ciertas cosas de las que no tenía ni idea. Y pensar hasta qué punto se llegó durante este periodo histórico pone los pelos de punta, pero es necesario conocerlo. Y me ha gustado hacerlo de este modo, porque me ha hecho adentrarme e interesarme más por la historia.

Una historia que tiene la capacidad de hacerte viajar a la Roma antigua junto a sus personajes desde sus primeras páginas. Y no todos los libros tienen el poder de hacer eso y de, a la vez, atraparte y sorprenderte en cada uno de los capítulos. Y sí, quizás esta es una de las cosas que tiene en común con El código Da Vinci: esa increíble forma de tejer una trama excesivamente bien construida e interesante que te hace pensar en ella hasta mucho después de haberla leído. Pero creo que nunca son buenas las comparaciones, y en este caso menos aún, ya que esta obra tiene personalidad propia y nada que envidiarle a las famosas novelas de Dan Brown (y no es que estas no me apasionen).

Y qué más puedo decir… En este caso, no me gustaría revelar nada de La Marca del Inquisidor. Prefiero que seáis vosotros los que os adentréis “vírgenes” a esta novela. Y os animo a todos los que estéis en duda de si leerlo o no que lo hagáis (recomiendo, sin leer su sinopsis) y le deis una oportunidad. Tanto si sois fans de los thrillers históricos como si no. Me incluyo en este último grupo y debo decir que ha sido un gran descubrimiento. Ha merecido mucho la pena y por ahora ha sido una de las lecturas más fluidas de 2018. Y que hay ciertos libros que solo se venden por la publicidad que generan y por sus discursos promocionales y en cierta medida algo “engañosos”, pero hay otros libros que detrás de toda esa publicidad te sorprenden y te hacen pensar realmente. Este ha sido uno de esos casos y una enorme sorpresa para mí.

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Batman Eterno Integral 1, de Scott Snyder y VV.AA.

Batman Eterno Integral 1

DBatman Eterno Integral 1e vez en cuando, cuando revistas, telediarios llenos de videos de youtube o autopromociones de series o realitis –cosas que cualquier informativo que se precie forzosamente DEBE incluir– se quedan con huecos que rellenar, echan mano de “noticias” comodín. Una de las que con más frecuencia se repite es la de las ciudades o países en los que es mejor vivir o en los que se es más feliz. Cada vez que sale alguna así me pregunto en que puesto queda Gotham. Si yo fuera gothamita, ni de coña me quedaba en esa ciudad en la que cada día, solo por salir a la calle, te la juegas. La ciudad en la que cualquiera puede ser víctima de algún payaso disfrazado, cobaya de algún doctor chiflado, destinatario de alguna bala perdida, envenenado con el agua corriente, asfixiado por el gas de la risa o moneda de cambio de algún secuestrador con ínfulas elevadas.

Me pregunto ¿por qué cojones los gothamitas de a pie, y los que no los son; da igual si ricos o pobres pues todos son pasto de los criminales, no hacen las maletas y huyen a alguna ciudad menos dañina para la salud? Porque diez millones de gothamitas, que es la población según el censo oficial, son muchos gothamitas para vivir en semejante olla a presión.

En fin, que en estas reflexiones se me va el tiempo mientras se comenta el listado de lugares agraciados. Sea como sea se quedan a vivir y Batman, pobrecito mío, tiene que desvivirse por mantenerlos a salvo gratis y a veces hasta tiene que aguantar que se vuelvan contra él.

¿Qué nos depara esta Batman Eterno Integral 1? Pues un cisco de los buenos. Vamos a tener a un Jim Gordon acusado de provocar la muerte de ciento sesenta y pico personas al provocar el descarrilamiento de los vagones de metro tras perseguir a un secuaz del Profesor Pyg. Por supuesto, Gordon irá de cabeza a Blackgate, y, a partir de aquí… ¡A partir de aquí fiesta y desmadre y quince mil frentes abiertos! Bárbara Gordon, Batgirl, fuera de sí irá hasta Brasil para probar la inocencia de su padre; tendremos un nuevo comisario en la ciudad cuya prioridad absoluta será la caza del murciélago; unos nanorobots extenderán un virús en la zona de los Narrows; Vicky Vale hará de periodista; Catwoman tendrá sus batallas que librar y el Pingüino no será menos… Y además, aparecerán también otros miembros de la “familia”: Batwoman, Capucha Roja, Red Robin, Alfred, incluso la aparición de batmans de la vieja (no recuerdo haberla visto en ningún otro cómic) Batman Inc. (recuperada, al igual que el ya mencionado y olvidado Profesor Pyg, de Grant Morrison), un par de nuevas aliadas y unas cuantas subtramas al margen de la principal, que no es otra que averiguar quién está detrás del encarcelamiento de Gordon. Porque está claro, que alguien está moviendo los hilos para controlar de nuevo Gotham. Todo tiene un fin, y ese alguien bien pudiera ser alguien a quien no vemos desde El largo Halloween. O tal vez no… Pero un otra nueva crisis se abrirá al desatarse una guerra de bandas…

Los diversos frentes están bien repartidos y no llegan a aburrir en ningún momento. Se alternan bien las duraciones de unos y otros y entretienen de lo lindo. No obstante, la subtrama que protagoniza Jim Corrigan (El Espectro) no me convence e incluso, en mi opinión, tal y como ha ido la cosa en este primer tomo sobra. Cuando busco a Batman acepto los criminales tarados, los dementes, y puedo aceptar los monstruos como Killer Croc o Man Bat, pero eso de mezclar también en una historia policiaco/detectivesca una parte mística o sobrenatural no me ha gustado del todo. Esperemos que más adelante se encarrile y tenga algún sentido.

Obviando eso, la lectura es muy entretenida, es vibrante, sorprende con los continuos giros que no te esperas y tienes prisa por encajar todas las piezas y resolver el enigma, que, parece haberse resuelto ya en este tomo, aunque con Snyder nunca se sabe y esperemos que nos tenga reservadas muchas sorpresas más.

Puede que haya personajes desconocidos si se ha estado, como es mi caso, desconectado de la trama de Los Nuevos 52 (Stephanie Brown, El Arquitecto,..) que puedan desconcertar un poco, pero no son ningún obstáculo para comprender completamente la historia hasta aquí.

En cuanto al dibujo, hay un ejército de dibujantes y todos aportan cohesión y un grafismo espectacular y detallista, pero no puedo con el dibujo de Ian Bertram. Es algo subjetivo, es como el dibujo de Corben y Crumb, se me atraganta. Por fortuna, dura poco.

En fin, que si os gusta Batman, este Batman Eterno Integral 1 es un tomo no imprescindible, sino necesario. Y aunque en parte del cómic Batman no hace acto de presencia, e incluso en algunos tramos cuando está es un mero secundario, (cosa que no es novedosa) realmente no importa, porque Batman es mucho Batman y está siempre en Gotham; Batman ES Gotham y de una u otra manera uno lo percibe cuando se leen estas páginas y tal vez sea ese el motivo por el que los gothamitas se quedan.

En definitiva, un tomo que respeta al personaje, lo hace grande, nos muestra villanos de siempre y otros nuevos, nos deja las calles oscuras y la batcueva, las cloacas, la cárcel y la locura, siempre la locura… Y, sobre todo, nos deja con ganas de más, pasando por méritos propios a ocupar su hueco en la estantería junto con las mejores obras del murciélago.

Esperemos que el segundo tomo esté, por lo menos,  a la altura de este. Apuesto a que sí.

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El concilio de los árboles, de Pierre Boisserie y Nicolas Bara

El concilio de los árboles

El concilio de los árbolesHay títulos que tienen un atractivo especial y, para mí, El concilio de los árboles es uno de ellos. Solo con verlo (y la ilustración de la portada también ayudó, no lo niego), tuve que leer la sinopsis de esta novela gráfica de Pierre Boisserie y Nicolas Bara, a ver si el contenido parecía tan sugerente como el título insinuaba: «Perdido en mitad de un oscuro bosque, un viejo hospital infantil es, desde hace días, el escenario de fenómenos extraños. Todas las noches, a las doce en punto, sus jóvenes pacientes entran en trance, como poseídos por una fuerza exterior, y comienzan a bailar una extraña danza en los tejados del edificio. Enviados por el Ministerio Público de Asuntos Privados, Casimir Dupré y Artémis D ‘Harcourt, dos agentes especializados en asuntos paranormales, tendrán que llevar a cabo la investigación con el fin de comprender las razones de estos inquietantes acontecimientos. Unos sucesos cuyo origen parece ligado al inmenso bosque en el que, varios siglos atrás, aconteció una horrible tragedia…».

¿Oscuro bosque? ¿Viejo hospital infantil? ¿Pacientes en trance? ¿Horrible tragedia? ¡Vaya! Este libro tenía los elementos que suelen llamar mi atención. Así que allá que fui a leer esta novela gráfica de estética gótica, ambientada en el siglo XIX. ¿Y qué me encontré? Pues a una pareja protagonista carismática, personajes que no son lo que parecen, mucho humor, giros imprevistos, buenas ilustraciones y ese halo oscuro que lo cubre todo. Vamos, que me lo leí de una sentada y lo disfruté muchísimo.

Tanto me gustó que me supo mal que fuera tan corto. El concilio de los árboles tiene tan solo sesenta y cuatro páginas, y aunque en esa corta extensión a sus autores les da tiempo a despertar nuestro interés por el misterioso fenómeno paranormal y a mostrar de forma efectiva las personalidades de los protagonistas, la resolución de todas las incógnitas es demasiado precipitada. Estos dos investigadores deben ser los mejores en lo suyo, porque es asombrosa la velocidad con la que llegan al intríngulis del asunto, sin necesidad de dar rodeos. Pero como me fue tan fácil sumergirme en la atmósfera gótica creada por Pierre Boisserie y Nicolas Bara y conectar con los personajes, enseguida les perdoné que hubieran resuelto todo con extremada sencillez y solo me quedó la pena de que la aventura fuera tan breve.

No tengo ni idea de si los autores tienen previstos nuevos misterios para el tándem formado por Casimir Dupré y Artémis D ‘Harcourt, aunque, desde mi punto de vista, el final de El concilio de los árboles deja abierta esa posibilidad, cosa que me alegra. Tal vez estén esperando ver la aceptación del público antes de arriesgarse a iniciar una serie, no sé. Así que no le deis demasiada importancia a lo que he dicho sobre la rápida resolución del misterio, fallo que podrían subsanar en las siguientes entregas, y leed El concilio de los árboles, por dios, que Boisserie y Bara sepan que merece la pena continuar. Hacedlo por mí, aunque sea, que quiero vivir junto a estos dos agentes especializados en asuntos paranormales más aventuras.

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Experimental film, de Gemma Files

Que una editorial se bautice como La biblioteca de Carfax ya es un puntazo a su favor y toda una declaración de intenciones. (Por si alguien no lo sabe, –¡ cosa que vergüenza me daría–, la abadía de Carfax es el lugar en el que Drácula se establece en Londres, al lado del manicomio en el que Renfield lleva una dieta sana y peculiar a la espera de poder servir al amo). Queda claro entonces que esta editorial, de reciente creación pero que avanza con paso firme y cuenta ya con siete títulos, se va a dedicar al género del terror (o, más que al género del terror, a la emoción del terror, como dicen en su web).

Y lo hacen bien. Ya tenía ganas de darles un tiento y podía haber escogido cualquier título de su catálogo pues todos me llamaban con poderosísima fuerza y todos querían que los leyera. Pero me decanté por este Experimental film, la novela que ganó el premio Shirley Jackson, –el galardón más prestigioso en el mundo del terror y fantasía oscura tras los Bram Stoker–, en 2016 (año en el que Wylding Hall hizo lo propio en la categoría de novela corta).

La sinopsis era breve, pero lo suficientemente sugerente y atractiva como para provocar el enganche. Una exprofesora de cine en paro (¿trasunto de la autora, que es además de escritora, periodista y crítica de cine canadiense?) descubre unas viejas películas perdidas que podrían pertenecer a la primera directora de cine de Canadá, pero también descubre que esa mujer fue víctima de una fuerza sobrenatural que parece ir ahora tras ella.

En la primera frase ya viene el primer aviso: “cada película, independientemente de su contenido narrativo real, es una historia de fantasmas”. Y ya no hay marcha atrás. No puedes dejar de leer porque la historia que nos cuenta Lois Cairns, aparte de ser una historia de terror, es una clase de cine y del funcionamiento interno de la industria.

Lois asiste a la proyección de una cinta “experimental” a base de cortapegas de otras películas, en la que alguno de esos cortes corresponden a trozos de la cinta Dama del mediodía. Cinta de principios del siglo XX y grabada en el fácilmente inflamable nitrato de plata. Esos recortes afectan y perturban a Lois como si hubiera visto los fotogramas de The Ring (y lo cierto es que algún paralelismo más con esa película se va a dar en el libro). A partir de entonces se obsesionará con dichos trozos e investigará hasta descubrir que la cinta fue dirigida y protagonizada por Iris Dunlopp Whitcomb, y que la historia del cine canadiense puede dar un giro si consigue demostrar que la señora Whitcomb fue la primera cineasta canadiense, y a Lois puede ayudarla a relanzar su carrera y a recibir alguna subvención de la Asociación Canadiense del Cine.

Pero cuanto más descubre sobre Iris Whitcomb más oscuro se va volviendo todo. Su hijo era especial, al igual que el de Lois (y que el de la autora), y desapareció años antes de que lo hiciera la propia Iris Whitcomb en pleno trayecto ferroviario de forma extraña dejando quemaduras en el compartimento, sospechosamente parecidas a las que deja el nitrato de plata al arder. Desde la desaparición de su hijo se obsesionó, como también le sucederá a Lois, con la mitología alrededor de la Dama del mediodía (leyenda de la que yo ni zorra idea tenía y pensaba que la autora se había inventado para el libro, pero que resulta que no es así, y es un antiguo y auténtico mito eslavo). Lois se dará cuenta de que hay muchas coincidencias entre ella e Iris. Demasiadas y demasiado preocupantes.

El personaje de Lois, –y el de todos, en realidad aunque la que nos importa porque es la que corta el bacalao es Lois– está perfectamente perfilado. Es un personaje complejo, que no caerá bien, aunque la entendemos. Es borde cuando tiene y con quien tiene que serlo, pero terca en la búsqueda de sus objetivos y, pese a su egoísmo, muy humana. Las pasa putas con todo lo que ya tenía de antes (dolor de espalda, dolor de hombro, depresión, su madre) y su hijo autista, del cual no sabe si realmente la quiere. Se ve como una mujer madura y fracasada y, desde luego, para nada como madre del año (cosa que la hace aún más humana). Además en algún momento del libro se pregunta a sí misma qué es lo que ha conseguido realmente en la vida, y la respuesta no la satisface en absoluto. Afortunadamente, su marido la apoya en todo y la reconforta.

La trama sigue un buen ritmo, los personajes son muy verosímiles, se lee con gusto, (a pesar de que a veces la organización temporal es deliberadamente caótica al avanzar o retroceder en el tiempo y de que al principio le cueste algo arrancar). La narrativa de Gemma Files tiene el poder o la habilidad de hacerte ver lo que lees, como si estuvieras viendo una película en lugar de leyendo un libro y eso es algo que a mí, particularmente, me gana. Y sobre todo la construcción del personaje de Lois. Perfecta. De los protagonistas con personalidad más sólidamente dibujada que he leído últimamente, no me cansaré de decirlo.

En resumen, terror, terror no me ha provocado, pero como todas las emociones, eso es algo muy subjetivo y lo que a uno puede acojonar a otro puede no le haga saltar del asiento. Sí me ha dado algún susto y es cierto que hay un “algo” inquietante flotando durante toda la lectura que te hace permanecer en tensión. No obstante, Experimental film es un libro que merece mucho la pena leerse. Lo he disfrutado, me ha entretenido y divertido, y ese era el objetivo.

Mitología, leyendas urbanas, investigación, thriller, cine y vida familiar es lo que el lector encontrará aquí. Y terror. Pero, de nuevo, resalto la construcción de personajes y la interacción de estos. Hala, por si no había quedado claro.

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Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough

Detrás de sus ojos

Detrás de sus ojosSecretos, secretos, secretos. La gente está llena a rebosar de secretos si te fijas bien

Hace unos días, la polifacética y todopoderosa, Oprah Winfrey, daba un discurso histórico delante de algunas de las personas más famosas de Hollywood en la la 75 edición de los Globos de Oro al recoger el premio Cecil B. de Mille. El discurso era un poderoso alegato contra el acoso y el racismo que mantuvo a miles de personas pegadas al asiento. En él, también hablaba sobre la fuerza y la importancia de la verdad: “de lo que estoy segura es de que decir la verdad es la herramienta más poderosa que todos tenemos”. La verdad, la mentira y lo que se encuentra entre ellas, los secretos, son armas poderosísimas que mueven nuestras vidas, e incluso, el mundo.

Cuando le confiesas un secreto a alguien, al principio te sientes genial, pero después se convierte en una carga, en un nudo en el estómago, porque sabes que has encerrado algo que no podrás volver a encerrar y que ahora otra persona es dueña de tu futuro. Por eso siempre he odiado los secretos: es imposible guardarlos.

Si digo que a los seres humanos nos atraen los secretos no estoy descubriendo América. Es un hecho. Nos encanta el morbo de lo desconocido, de lo oculto. Todos llevamos un pequeño Sherlock Holmes dentro que no puede resistirse ante un buen misterio. Cuando sabemos que alguien oculta algo, instantáneamente queremos descubrirlo y la realidad es que todos guardamos uno o varios secretos, ya sean más o menos candentes, por lo que el misterio nos rodea miremos a donde miremos. Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough, es una buena muestra de ellos. La novela nos presenta a Louise, una madre divorciada que trabaja como secretaria en una clínica dental y que tiene una vida social casi nula. Una noche conoce a David en un bar y ambos se sienten irremediablemente atraídos, sin embargo, la cosa no va demasiado lejos ya que él se echa atrás en el último momento. Al día siguiente, Louise conoce a su nuevo jefe y no es otro que David que va acompañado de su bella mujer, Adele. Hasta aquí podría tratarse de una historia romántica de enredos más, pero una mañana Louise y Adele chocan en plena calle y comienzan una extraña amistad. A partir de ese momento, Louise se ira adentrando en terrenos pantanosos a medida que va intimando con el matrimonio y descubriendo sus más oscuros secretos.

Sarah Pinborough, nos introduce en una historia que atrapa de la primera a la última página y que, como las matrioshkas rusas, encierra un secreto dentro de otro que iremos descubriendo a través de la voz de las dos mujeres, Louise y Adele, y en dos momentos temporales, pasado y presente. Las dos protagonistas están tan logradas y sus voces tan diferenciadas, que llega un momento en el que podríamos saber cuando habla cada una aunque el libro no nos los especificara al empezar cada capítulo. Además, ambas son unos personajes tan complejos, carismáticos e interesantes, con sus luces y sus sombras, que se hace difícil tomar partido por ninguna de las dos.

Desde el momento en el que abrimos el libro nos vemos atrapados en una telarañara tan adictiva que somos incapaces de cerrarlo hasta saber cómo acaba todo. Pinborough, lo consigue mediante una prosa ágil y sugerente que hace que el suspense se palpe a lo largo de todo la historia, a la vez que la sensación de inquietud e incomodidad que nos provoca el conocimiento de que algo malo va a pasar, va in crescendo.

Detrás de sus ojos navega entre varios géneros cogiendo características de todos ellos: de las novelas de misterio, las de terror, y las de fantasía y ciencia ficción. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer algo complicado y confuso, la autora sale más que airosa de esta mezcla y consigue una obra perfectamente construida en la que cada palabra está milimétricamente pensada para llegar a un final de infarto que difícilmente nadie se espera y en el que absolutamente todo encaja. Así bien, sólo me queda quitarme el sombrero ante Sarah Pinborough por haber conseguido un libro tremendamente placentero, minucioso y redondo. ¡Chapó!

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Asesinato en Charlton Crescent, de Annie Haynes

Asesinato en Charlton Crescent

Asesinato en Charlton CrescentMi particular gusto por las novelas de detectives comenzó con los casos del Comisario Antonino, que empecé a leer con apenas diez años, y que aún me siguen gustando casi veinte años después. Cuando descubrí la obra de Agatha Christie o Arthur Conan Doyle, cuatro o cinco años después de este primer acercamiento al género, ya no pude dejar de leer este tipo de historias. Y así sigo. Esto se debe no solo al misterio o misterios que esconden, que me engancha desde el principio y que me tiene pegada a sus páginas hasta conocer toda la verdad, sino también por su increíble ambientación, que en el caso de esta autora a la que admiro es la Inglaterra de mediados del siglo pasado. ¡Y esto es algo que hace que la historia sea mucho más interesante!

Por eso, cuando descubrí a Annie Haynes, coetánea, conocedora y tan admiradora de las novelas de la reina del crimen como yo, y supe que la editorial dÉpoca iba a traducir una de sus obras al español, sabía que tenía que leerla sí o sí. Todos aquellos que hemos tenido la suerte de leer alguno de los títulos publicados por esta editorial asturiana sabemos que cuidan muchísimo sus ediciones, con preciosos detalles e ilustraciones que hacen disfrutar aún más de la lectura, y sus traducciones, algo esencial y muy importante en las novelas de época.  Así que esta fue otra razón que me llevó a leerla y se convirtió en mi último libro leído en este 2017, además de en un gran descubrimiento.

Pero vayamos a lo que importa: ¿Qué tiene de especial Asesinato en Charlton Crescent? ¿Cómo son las novelas de esta escritora de misterio injustamente desconocida en general? Esta es, sin duda alguna, de esas historias tan bien construidas desde sus primeros capítulos que, al terminarla, sientes que todas sus piezan encajan a la perfección. Y eso es algo que se agradece enormemente en este tipo de novelas, ya que no siempre la resolución del misterio tiene sentido, hay veces que parece que se saquen todo de la manga y nos dejen boquiabiertos. ¿No os ha pasado alguna vez?

Y otro elemento a destacar son sus personajes, en los que se ve que Haynes se esfuerza en profundizar en ellos, sus historias y emociones, lo máximo posible. En especial porque esta es de las típicas novelas de misterio con muchos personajes y es muy difícil llegar a conocerlos a todos a la perfección. Pero la autora nos da las pistas necesarias para descubrir quién es el asesino entre todos ellos, mientras que por el camino y debido a la impresionante construcción de la historia que realiza, desconfiaremos de todos ellos casi por igual. Por eso, personalmente me costó mucho averiguarlo, pero toda la historia me enganchó por completo porque me mantuvieron expectantes todos los elementos del crimen y cada una de las pintas obtenidas por la policía y, cuando pensaba que sabía quién era el asesino, las tornas cambiaban por completo en el siguiente capítulo y Haynes consiguió despistarme hasta casi el final. Y no es algo que todos lo autores de este género logren.

Y, por último, respecto a la ambientación, tal y como consigue Agatha Christie en su obra y como os he comentado al principio de la reseña, es increíble y es capaz de trasladarte completamente a la época. En este caso, son los años 20 en Inglaterra, en diferentes ciudades y otros pequeños condados, y la forma en la que vivían y cómo se comportaban los personajes es tan diferente a la actual que creo que esto añade aún más a la novela y que me hizo que me gustase aún más. Particularmente, me fascinan tanto Inglaterra como los años 20 y esto hizo que disfrutase más de la novela.

Así que, como conclusión, no puedo dejar de recomendar Asesinato en Charlton Crescent a todos aquellos que, como yo, seais unos apasionados de las novelas de misterio, especialmente esas en las que todo encuentra un sentido al final, de esas en las que desconfías de casi todos los personajes y que disfrutas especulando con quién será el asesino al final. Espero que la editorial publique más novelas de Annie Haynes porque me ha sorprendido mucho (en el prólogo también hace un resumen muy interesante de su vida y de su obra, por qué es tan desconocida en general) y creo que es una apuesta segura, ¡por lo que he podido leer hasta ahora!

 

 

 

 

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¡Estás pecando, Señor!, de Alejandro Salgado Sevilla

¡Estás pecando, Señor!

¡Estás pecando, Señor!Es más que probable que jamás me hubiese acercado a este libro por su título, aunque tengo que reconocer que estos días ha estado rodando por mi salón y ha llamado la atención de quienes por allí han pasado; ni por su portada, que no digo yo que no sea actual y atractiva a la vista; tampoco suelen ser los premios lo que me acerquen a los libros, es más, en ocasiones me aleja de ellos, pero pensé que aun habiendo sido uno de los finalistas del IV Premio Iberoamericano Planeta CASA DE AMÉRICA, no tenía pinta de ser uno de esos que todo el mundo ya ha leído y está muy reseñado y en boca de todos, ya saben que me gusta hacer mis propios descubrimientos… Pero tampoco eso fue decisivo para decidir que pasaría con el mi primera parte del descanso navideño.

¿Qué es entonces lo que realmente me acercó a ¡Estás pecando, Señor!?

Fue precisamente hacer lo que nunca hago al tener una novela entre mis manos, leer su contraportada, eso que tanto el autor como la editorial se esfuerzan porque leamos y yo casi nunca hago. Pues bien, fueron las palabras “Santo Prónubo” las que llamaron mi atención, las que me dejaron desconcertada, después explica que es el verdadero Anillo con el que San José desposó a la Virgen María. Y claro, una que es muy, pero que muy curiosa con estos temas se siente ya atrapada por esta historia que le espera.

Yo había leído que este famoso Anillo que desde el Siglo XV se encuentra en Perugia (Italia), llegó allí desde una localidad de la Toscana llamada Chiusi ¿Cómo llegó a la Toscana procedente de Jerusalén? Pues al parecer la Virgen se lo entregó a su querido Juan (San Juan) antes de morir (o ascender a los cielos según la tradición católica). Tiempo después, no se sabe cómo, llegó a manos de un comerciante de Jerusalén que a su vez lo vendió a un orfebre de Chiusi… Pero si es por historias les aseguro que sobre el Santo Anillo debe haber otras cuatro o cinco muy interesantes.

A mí me gustan las historias contadas en distintas fases, escalas o tiempos, esto es, diferentes narraciones que al final convergen en la conclusión y desenlace de la historia. El autor, Alejandro Salgado Sevilla, según nos decía la editorial, entrelaza con habilidad tres líneas argumentales que se desarrollan en los Siglos XVIII, XIX y nuestros días, hace que todo encaje y el lector quede así sobradamente satisfecho con el resultado.

El inicio del libro nos sitúa en:

“7 de enero, Córdoba, año 1795

-¡OH, NO! ¡DIOS MÍO, AQUÍ HUELE A SANGRE! –exclamó don Torcuato-. ¿Qué ha sucedido?

Solo uno de los seis ventanales angostos estaba abierto de par en par, dejando entrar un flujo de aire frío, siniestro, acaso impertinente. Aquel curso sombrío y violento de aire parecía tener la intención de que a don Torcuato no se le pasara por alto ningún documento que los pisapapeles de plata pudieran dejar encubierto a la vista…”

Y así nos adentramos en este entramado novelesco que nos entretendrá hasta su última página.

Se agradece sobre todo en estos pasajes de los Siglos XVIII y XIX la alta calidad narrativa que nos ofrece el autor, da mayor credibilidad a los acontecimientos que nos va describiendo, haciendo verosímil no solo los mismos, sino la ambientación que los rodea. Debemos tener en cuenta que el detalle es muy importante dado que la historia se inicia con la investigación del asesinato del Obispo de la diócesis, investigación que será llevada a cabo por don Torcuato, Secretario Episcopal de Córdoba.

Por otra parte conoceremos a los hermanos Huenumán, llegados desde Chile como esclavos, en especial seguiremos la vida de la hermana, Verena María, un curioso personaje que dará un color especial a toda esta historia, cuya adicción al sexo, y el descubrimiento de que a través de él se puede ejercer un inmenso dominio sobre otras personas, la hará cada vez más poderosa. A sus manos llegará aquel anillo del que antes les hablaba y que tanto me había interesado.

Ya en nuestros días nos acercamos a las también hermanas, en este caso gemelas idénticas, Beatriz y Teresa, abogada una, asistente social la otra. Los capítulos se irán entrelazando de forma que poco a poco vamos viendo como el pasado y el presente van tomando forma, como cambia el pensamiento y la vida durante el recorrido de la historia, pero como el ser humano en sus profundidades sigue siendo y reaccionando igual.

Tomar decisiones cuyas consecuencias nos acompañaran a lo largo de la vida no es fácil, tampoco convivir con fobias, con filias y parafilias que en ocasiones van más allá de la inmoralidad para llevar a las más terribles perversiones.

Hay novelas que mientras las lees las puedes ir viendo en tu mente como si fuese una película o una obra de teatro, este podría ser un claro ejemplo. Un libro que me llega por el interés y la curiosidad por ese Santo Anillo tan especial, y en el que he encontrado integrado en sus páginas, historia, sexo e intriga. Una novela negra con tintes históricos, bien planteada desde su inicio, con un desarrollo que va generando mayor curiosidad e interés a cada página, ganando en ritmo y con un final que Alejandro Salgado Sevilla deja bien cerrado.

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The wicked + the divine. El acto faústico, de Kieron Guillen y Jamie McKelvie

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w+d 1Hubo un tiempo no muy muy lejano, en el que los dioses pisaban la tierra y dejaban huella en los humanos mortales. No en todos, solo en los que sabían apreciarlo. Tiempos en los que U2 todavía eran U2, Queen no había perdido a Freddie, Michael aún era negro, los Stones parecían próximos a jubilarse, Bowie exploraba Marte, Madonna tenía conos en las tetas como Afrodita A y R.E.M. perdía su religión.

Eran tiempos en los que los músicos eran idolatrados y venerados como auténticas deidades. Eran tiempos en los que permanecían inalcanzables a las hordas de fans. ¿Es acaso ese el problema? ¿Que ahora podemos verlos en Twitter o Facebook, en fotos robadas o en autofotos publicadas en Instagram y ya no “parecen” tan lejanos y menos aún venidos del cielo? ¿Que ahora hay programas hechos solo para elegir los artistas que van a brillar intensa y cansinamente durante los próximos… no sé, cinco meses? Por supuesto, esa es parte del problema, pero lo más gordo es que, salvo honrosas excepciones (y el reggaetón no se incluye en ellas –es más, ni cuenta como música–), la música de ahora apesta y poca va a ser la que merezca pasar a la historia. El ateísmo se abre paso.

The wicked + the divine. El acto faústico nos cuenta que, sin saber el cómo ni el porqué (salvo razones argumentales para alejarse de típicas redundancias en este tipo de argumentos), cada noventa años doce dioses, de religiones o mitologías distintas, regresan como jóvenes para estar entre nosotros durante dos años. Y luego mueren. Esta vez la mayoría, no todos, han vuelto para ser adorados como estrellas del pop (muchos han sido dibujados para que reconozcamos en ellos a cantantes como Rihanna, Kayne West o mi favorito, un Bowie encarnado por una andrógina Lucifer) y quieren exprimir esos dos años al máximo rindiendo culto al axioma aquel del vive rápido, muere joven y blablablá… Pero es que además son adolescentes. Rondan los diecisiete en cuerpo y mente cuando su identidad les es revelada. Si a esos años, con las dudas propias de la edad, con el carácter que le acompaña… te dicen, te demuestran y te crees que eres un dios y que tienes dos años de vida… ¿qué harías tú? Pues eso. Dioses convertidos en músicos…

“La chica a mi izquierda se desmaya hiperventilando. El chico a mi derecha cae de rodillas con semen resbalándole desde la entrepierna”

Vamos a seguir la historia, –o más bien vamos a meternos en medio de ella, pues la sensación es la de habernos montado en algo que ya lleva camino andado–, de la mano de Laura, de diecisiete años y fan de todos esos dioses-cantantes que, por avatares del destino, acaba queriendo ayudar a una Lucifer, acusada de asesinato.

No es la primera vez que vemos a los dioses tomar apariencia humana y caminar entre nosotros. Sin irnos muy lejos, recientemente hemos podido ver la serie American Gods basada en la obra homónima de Gaiman, pero no ha sido el único caso. Sin embargo, uno de los puntos a favor de este cómic es el no haber elegido dioses muy conocidos para poder contar esta historia con mayor libertad. De hecho, yo recomiendo consultar la sagrada fuente de Google cada vez que aparezca un nuevo dios para entender y situar mejor su contexto, sus palabras o su aspecto.

Otra baza es la importancia del papel femenino. Calculando a ojo, diría que el 92% de los personajes son mujeres y los pocos hombres que aparecen no son muy trascendentales.

En cuanto a la trama y, a pesar de que podamos estar un buen rato asombrándonos y deslumbrados por los focos y el espectáculo de estar en medio de peleas y diálogos entre dioses, no deja de ser un whodunnit. Un “¿quién-lo-hizo?” Y me encanta. El asesinato no se ha resuelto en este tomo (o eso creo, porque con Lucifer nunca se sabe) pero tampoco es que Laura haya recabado muchas pistas por ahora. Aunque no importa. El viaje está mereciendo tanto la pena que lo que queremos es conocer a todo el panteón y tengo la impresión, y creo que es lo que debería ser, de que no podremos averiguar la identidad del asesino hasta que se nos hayan presentado a todos los integrantes de este nuevo Olimpo-Valhalla.

El ritmo es ágil, adictivo, no decae y el dibujo (y también el color) da un apoyo visual increíble con un cuidado impresionante del detalle (ropa a la moda, maquillajes, escenarios, luces, peinados y teñidos, uñas pintadas de varios colores…) que logra ejecutar una historia terrenal con un baño de cultura popular (muy bueno el guiño de Lucifer escuchando a los Rolling, por ejemplo) sin hacernos olvidar que la protagonizan divinidades.

The wicked + the divine. El acto faústico ha sido una gran sorpresa. Estoy seguro de que la serie lo va a petar y estoy deseando leer el siguiente tomo… Porque si este primer volumen tan solo ha servido para presentar los personajes y establecer las normas de lo que vendrá a posteriori, ¡lo que venga a continuación tiene que ser la hostia, porque los dioses no existen… pero molan!

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Sweeney Todd. El collar de perlas, de James Malcolm Rymer

Sweeney Todd. El collar de perlas

Sweeney Todd. El collar de perlasParalela al río Támesis, oculta bajo una espesa capa de niebla, se extiende una de las principales arterias de Londres. La calle, en apariencia de ambiente distinguido gracias a los frecuentados cafés y tabernas de la zona, cobija también un lugar de horror y pesadumbre. No extraña que poco después fuera pasto de las brasas; era el funesto final que el mismo diablo tenía preparado para la adoquinada vía donde se situaba la barbería de Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet.

«Un afeitado rápido por un penique. No hallará a nadie que lo replique». Este es el lema que se cita en un cartel colgado en la entrada de la barbería y desde luego no hay que tomarlo a la ligera; la intención sarcástica del pareado no deja lugar a la duda sobre el misterio que se esconde en su interior. ¿Nadie que lo replique? Obvio, pocos pueden salir de ahí para contarlo.

La editorial La biblioteca de Carfax edita en un volumen único la novela completa de Sweeney Todd. El collar de perlas. La historia del barbero asesino del que aún se duda si realmente fueron hechos reales en los que se basa su leyenda, nos ha llegado a la actualidad gracias a la influencia literaria que dejó en el compositor y director Stephen Sondheim, y su adaptación al teatro musical —ESPLÉNDIDO con mayúsculas— en 1979, de cuya versión se valió Tim Burton para su película con un también magnífico Johnny Depp interpretando el papel del psicótico barbero. En aquellas adaptaciones la historia cambia notablemente con la que en estas páginas se cuenta. Su autor, James Malcolm Rymer, también creador de las historias de Varney, el vampiro, publicó por entregas el debut literario de Sweeney Todd entre noviembre de 1846 y marzo de 1847. El escritor escribía principalmente penny dreadfulls, historias de terror escabrosas y sensacionalistas que se vendían por entregas en la Inglaterra de mediados del siglo XIX por un penique.

Londres, escenario de tantísimas grandes obras de horror y sangre que corre por sus calles, se convierte en otro personaje más dentro de la obra, ya que va a representar el frío, lo hostil, lo claustrofóbico dentro de esta historia llena de enigmas, muertes, degradación, locura y, sí, deliciosos pasteles de carne de la señora Lovett. Borremos, eso sí, la imagen de estrella del rock del Romanticismo que tenemos del último Sweeney hasta la fecha, esto es Johnny Depp. Porque Sweeney, el salvaje y despiadado Sweeney Todd, el barbero, «era un tipo larguirucho, mal proporcionado y contrahecho, con una boca inmensa y manos y pies tan descomunales que se podía decir que era un bicho raro». Trabajaba en su pequeño local de la calle Fleet donde por un penique realizaba el afeitado más apurado que podías encontrar en todo Londres. Por su barbería se dejaban caer toda clase de hombres, pero solo aquellos de alto poder adquisitivo le eran realmente interesantes al siniestro barbero. A su cargo tenía un pequeño mancebo que le ayudaba en las tareas, el joven Tobías. Cada vez que entraba algún cliente en la barbería, una gélida mirada de su maestro y mentor le valía al joven para salir por patas de la tienda a hacer compras. Mientras, Sweeney afilaba sus navajas, observaba por la ventana el exterior, se acercaba al sillón donde esperaba el cliente con la espuma extendida por el rostro y se encargaba de ofrecer su mejor apurado.

Un día, entró en la tienda un apuesto hombre, el señor Thornhill, junto a su perro. Mala elección haber elegido ponerse en las manos de aquel barbero y buena suerte para Sweeney, cuyos objetos personales del señor Thornhill le iban a reportar un más que suculento anticipo de su jubilación. Se trataba de un flamante collar de perlas, objeto de deseo que representa la ambición del hombre por aspirar cada vez a más sin ver los riesgos que ello puede conllevar. El joven Tobías entró en el momento crítico en el que algo extraño estaba sucediendo dentro de la barbería; le iba a salir muy caro entrometerse en los asuntos que solo conciben a Sweeney Todd. Este asesinato va a ser el motor de la historia y la trama girará en torno a él. Alguien más está buscando al señor Thornhill, su perro puso sobre la pista a un antiguo amigo y a un imán más atrayente, la bella Johanna.

En la misma calle se sitúa el local regentado por la señora Lovett. El gentío se agolpa frente a la puerta para degustar uno de los deliciosos pasteles de carne que ahí se sirven. La señora Lovett es una hermosa mujer que trabaja muy duro para poder dar de comer a todos los clientes que ansían hincar sus dientes en uno de esos esponjosos y cremosos pasteles. Y la carne, con ese sabor tan especial. Los hornos se encuentran en los sótanos húmedos y abovedados del local. Lo que ahí ocurre es mejor no conocerlo.

Sweeney Todd. El collar de perlas tiene una lectura adictiva, quizá fruto de la naturaleza de su publicación por entregas. El trabajo inmenso de su traductor, Alberto Chessa, merece una mención por la documentación anotada al pie de las páginas para acercarnos a aquel Londres de mediados del siglo XIX, una época que siempre muestra lo oscuro y escabroso de aquella ciudad, y su siempre siniestro historial de muertes y decrepitud. Un modo de conocer la figura de otro de los célebres personajes que asesinó sin piedad en Londres. Oculto tras el cristal de su barbería espera para dar su afeitado más apurado Sweeney Todd, el diabólico barbero de la calle Fleet.

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Origen, de Dan Brown

Origen

OrigenLe he dado muchas vueltas a esta reseña. No sabía cómo empezarla. Si ir al grano y hablar directamente del libro, o contar mi relación de amor-odio con Dan Brown. Me he dicho a mí misma: “venga, Ana, al lío. Habla de lo que tengas que hablar, sube la reseña y se acabó”. Pero al mismo tiempo… no. No sé qué será lo correcto, pero yo voy a hacer lo que me pide el cuerpo, que es explicar por qué esta relación con Dan Brown (al que no le interese esta historia y quiera pasar directamente al resumen del libro, este está en el párrafo cuarto). Antes de empezar, voy a decir que sus historias me gustan, me parecen muy originales y sabe darle al público lo que quiere. Así que la cosa no va con sus libros, sino con él. Resulta que yo leí El código Da Vinci cuando tenía diecisiete años. Por aquel entonces yo daba Historia del Arte en el instituto y podía presumir de ser una apasionada del arte y de tener un profesor que era un gran entendido, ya no solo en arte, sino en historia en general. El caso es que él también se leyó el libro y vino indignadísimo a clase. ¿Por qué? Muy sencillo, porque encontró decenas de errores históricos dentro de la novela. Y diréis… es que ES una novela, por lo tanto el rigor no es necesario, ya que no es un libro didáctico. Hasta ahí, bien. El problema viene porque los libros de Dan Brown se venden precisamente por el morbo que produce crear una historia sobre datos reales. Que, por lo que decía mi profesor, no lo eran. Así que yo me enfadé mucho muchísimo, ya que a mí El código Da Vinci me había gustado porque me había dado un montón de datos históricos y a partir de ahí había compuesto una historia ficticia muy interesante y entretenida. El caso es que empecé a cogerle mucha tirria a este escritor y me negaba a leer nada más de él. Cuando escuchaba a la gente hablar de lo genial que era, me indignaba. ¿Es que nadie se daba cuenta de todos los errores que incluye en sus libros haciéndonos creer que son verdaderos?

Hasta que leí Inferno. Ahí tuve que coger todas mis palabras, hacerlas una bola (gigante) y tragármela sin agua y sin nada. Porque Inferno me encantó. Mi madre se lo compró y, al no encontrar nada más interesante que leer, decidí darle una oportunidad. Y empecé. Una página tras otra, sin poder parar de leer. Y lo terminé en dos días y me dio mucha pena no poder continuar la historia. Y me dio igual que los datos históricos contuvieran errores (esto no lo estoy afirmando, ya que no tengo ni idea de si es cierto o no, ya que no tengo cerca un entendido en historia que pueda iluminarme sobre este libro). El caso es que disfruté enormemente de su lectura, olvidándome de quién la había escrito y de todo lo que pudiera interrumpir esas horas de felicidad.

Yo creo que fue porque ya no tenía diecisiete años y no necesitaba estar en contra de todo lo que a la gente le gustaba. Con diecisiete años buscaba no ser como los demás, por regla. Y entonces estaba muy de moda Dan Brown… así que me dieron la excusa perfecta para odiar sus libros. Pero al leer Inferno me di cuenta de lo equivocada que estaba. Quiero decir, a cada uno que le guste lo que le tenga que gustar, pero no por norma.

Y así es como llegué a Origen. Perdonad mi parrafada anterior, pero es que necesitaba contar esto porque es en lo que he estado pensando mientras leía lo nuevo de Dan Brown. Este verano me enteré de que lo estrenaban y no pude hacer otra cosa que reservarlo. ¡Con meses de antelación! Si me viera mi yo de diecisiete años me daría una colleja. Pero yo estaba que no cabía en mí misma y cuando llegó a casa… ay, qué emoción. Y más con la edición tan bonita que ha hecho Planeta. Esta vez todo ocurre en España. El profesor de simbología religiosa Robert Langdon es invitado a Bilbao, al museo Guggenheim en concreto, para participar en una charla que dará Edmond Kirsch, un multimillonario cuya pasión es la tecnología. En esa charla, que verán millones de personas en directo vía Internet, promete dar a conocer la respuesta a la pregunta ¿de dónde venimos? Asegura que con su respuesta destrozará las bases de todas las religiones que conocemos y cambiará nuestro modo de ver la ciencia para siempre. Pero un trágico suceso ocurre en esa charla que impide que el multimillonario dé esa ansiada respuesta. Así que Robert Langdon, con ayuda de Ambra Vidal —prometida del príncipe heredero de España—, emprenderá una carrera contrarreloj para poder descifrar el gran misterio.

Como siempre, la acción tiene lugar en un plazo de veinticuatro horas, aunque los cortos capítulos se intercalan con sucesos pasados que nos ponen en situación. Y, como siempre, Robert Langdon se convierte en el héroe improvisado de nuestra historia, condición que él no ha pedido en ningún momento pero a la que empieza a acostumbrarse. Como siempre, una chica aleatoria (o no tanto) será su cómplice en la búsqueda de la verdad, teniendo un papel imprescindible en la historia. Y, como siempre, todas las claves que debe encontrar para resolver el misterio las tendrá que buscar en famosas obras de arte.

Entonces, ¿qué nos ofrece Origen que no hayamos leído antes? Bueno… la verdad es que Dan Brown no arriesga mucho en este aspecto y sigue dándonos lo que nos ha dado en todas las novelas. La diferencia es la ambientación, tan distinta en cada una de sus obras. Esta vez trascurre en España —concretamente en Bilbao, Barcelona, Madrid y Sevilla— y es muy curioso leer sobre una sociedad que conocemos tan bien pintada desde el punto de vista de este escritor.

El ritmo es un poco más lento de lo que me gustaría. Sí es cierto que cuando se llega al tercio final las páginas vuelan a una velocidad tremenda, pero me hubiera gustado que esa emoción se viera desde el principio. En esta ocasión, Dan Brown se detiene mucho más en las descripciones y no tanto en la acción. Una pena, la verdad. Porque en Inferno mantiene esa tensión constante y es una maravilla. Pero tampoco es justo comparar esta obra con la anterior, porque me da a mí (opinión personal) que es insuperable. Aun así, nos trae una obra de más de seiscientas páginas que se lee perfectamente y que no nos debe asustar por su gran volumen.

En fin amigos. No sé si Dan Brown me habrá enseñado mucha historia o no, lo que sí  me ha enseñado es a disfrutar de las cosas con independencia de lo que digan los demás. Con diecisiete años decidí no leer jamás un best seller. Ahora leo lo que me da la gana. Si luego resulta ser una bazofia, mala suerte. Pero así he descubierto libros maravillosos —ya no solo Inferno, sino también La ladrona de libros, por ejemplo, que es una de mis novelas favoritas— que de otra manera no hubiera leído. Así que, leed lo que queráis, sin perjuicios, sin idioteces. Y, sobre todo, disfrutad de ello.

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El secreto de Marrowbone, de Sergio G. Sánchez

El secreto de Marrowbone

El secreto de MarrowboneEn el recurrente debate de si es mejor el libro o la película, se suele argumentar que son dos lenguajes distintos y, por tanto, incomparables. Sin embargo, hay libros que nacen destinados a ser película o, como en este caso, a la vez que la película. El secreto de Marrowbone es la primera novela de Sergio G. Sánchez y también su primera película como director, además de único guionista.

Entre los anteriores trabajos del autor destacan los guiones de Lo imposible, Palmeras en la nieve y, sobre todo, El Orfanato, la que fue su primera incursión en el mundo del largometraje, junto al también debutante —y ahora, internacionalmente conocido— J. A. Bayona. ¿Y por qué destaco El Orfanato entre sus guiones? Aparte de porque es la única que he visto de las películas mencionadas (las demás, no sé por qué, me dan mucha pereza), es la que más puntos tiene en común con su ópera prima como director. La infancia y sus miedos y la importancia de los lazos familiares son también los temas en torno a los que gira El secreto de Marrowbone.

No puede negar Sergio G. Sánchez que es guionista. La narración en El secreto de Marrowbone tiene mucho de lenguaje cinematográfico. Su forma de describir los gestos de los personajes y sus posiciones en el espacio en cada momento nos hace visualizarlo todo como una escena de cine. A ello ayudan las bonitas ilustraciones que acompañan al texto, que también recuerdan a un storyboard. Y, sin embargo, no cae en el error de presentarnos un guion adornado para hacerlo pasar por novela, sino que la historia funciona perfectamente a nivel literario.

«La memoria es pura creación. Ningún recuerdo es real. Cada día podemos reescribir nuestra historia», dice una de mis frases favoritas del libro. Y de eso va, al fin y al cabo, El secreto de Marrowbone: de los recuerdos como losa y como tabla de salvación; de la capacidad de reinvención del ser humano —y, sobre todo, de los niños— para sobrevivir a los terrores, ya sean los que provoca su fantasía o los que acechan al otro lado de la puerta, en el mundo real.

Sergio G. Sánchez nos cuenta la historia de cuatro hermanos, Billy, Jane, Jack y Sam, que han huido de un pasado lleno de horror y de secretos inconfesables y que ahora viven prácticamente recluidos en su vieja casa familiar, por miedo a que alguien descubra que su madre ha fallecido y los servicios sociales los separen para siempre. Y aderezándola con ternura, suspense, fantasía y terror, Sergio G. Sánchez nos lleva a dónde quiere y cómo quiere, para que el giro final nos deje del revés.

Quizá en esta ocasión, más que nunca, sea inútil preguntarse si el libro es mejor que la película, porque Sergio G. Sánchez ha imaginado la historia de estos cuatro hermanos y él mismo la ha adaptado a la gran pantalla y al papel. Tampoco merece la pena preguntarse si es mejor guionista, director o novelista. Dejémoslo en que es un gran contador de historias y disfrutemos de sus creaciones, sean en el formato que sean.

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