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Carta abierta a los animales, de Frédéric Lenoir

Carta abierta a los animales

Carta abierta a los animalesEste libro es una carta preciosa dirigida a los animales, pero también a los que no se creen superiores a ellos. Afortunadamente, yo me encuentro en ese grupo. Siento un amor incondicional por los animales (sí, todos) y no sé quién coño nos creemos que somos a veces para tratarlos tan mal. Supongo que es eso… la mayoría de la gente se piensa que son superiores y eso les da el derecho de hacer con ellos lo que les da la gana.

A esas personas les obligaría a leer este libro. Me encantaría que todos abriésemos más los ojos y entendiésemos mejor la relación que nos une con el resto de especies que habitan en este planeta. Que por cierto, también nos pensamos que es solo nuestro.

Se trata, como dice el autor, de mostrar humanidad. Y la humanidad no es simplemente respetar a los otros seres humanos, sino también a todos los seres vivos. Tan humanos que somos y lo que nos cuesta entender esto, ¿verdad? Será que al final nuestra superioridad moral no nos vale para tanto si no sabemos usarla.

No me extraña que Carta abierta a los animales haya sido todo un éxito de ventas en países como Francia. Su autor, Frédéreric Lenoir, filósofo, sociólogo e historiador de religiones es fundador de la asociación Ensemble pour les animaux y cofundador de SEVE (Savoir être et vivre ensemble). Como veis, una persona totalmente comprometida con el respeto hacia los animales y el saber compartir este planeta con los demás seres que lo habitan en total armonía. Sí, ya sé que parece difícil, pero ojalá más gente fuese consciente de lo necesario que es vivir de esta manera.

Repleto de citas interesantes, Carta abierta a los animales hace un repaso a la historia de cómo el Homo Sapiens se hizo el dueño del mundo y el paso horrible de la domesticación a la explotación de nuestros compañeros. ¿Realmente somos tan distintos? Os sorprenderá saber que no, que a pesar de todas las maravillosas peculiaridades hay mucho que compartimos.

Es cierto que algunos de los pasajes del libro son duros, no os voy a mentir. Si todo el mundo leyera el capítulo en el que el autor habla de los animales que pasan sus días siendo cebados y maltratados para luego convertirse en alimento estoy segura de que el consumo de carne y de alimentos provenientes de animales que han sido criados en dichas condiciones disminuiría significativamente. Ya sé que es difícil. Casi una utopía. Pero ojalá seamos conscientes de todo el maltrato y el daño que nuestros compañeros de planeta están recibiendo por nuestra parte. Desde luego que el homo sapiens es cada vez menos sapiens y más horrible.

Como os decía, este libro debería ser lectura obligatoria. Todos deberíamos leerlo desde pequeños para concienciarnos de la importancia del respeto que le debemos a los animales, nuestros compañeros. Una carta dura, emotiva y sincera que resulta totalmente necesaria.

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Introducción a la psicología en viñetas, de Grady Klein y Danny Oppenheimer

Introducción a la psicología en viñetas

Introducción a la psicología en viñetasSoy socióloga de formación, lectora compulsiva por afición y escritora por vocación. Y esas tres facetas de mi vida tienen algo en común: intentar comprender este mundo en el que vivimos y, sobre todo, la naturaleza humana que, a veces, tanto me desconcierta. Por eso, al ojear el índice de Introducción a la psicología en viñetas, escrito por Danny Oppenheimer y dibujado por Grady Klein, supe que este libro estaba hecho para mí: Primera parte: Entender el mundo; Segunda parte: Entendernos a nosotros mismos; Tercera parte: Entender a los demás.

¿Cómo no iba a leerlo?

¿Quién no querría leerlo?

La dedicatoria de David Oppenheimer ya deja claro el tono de este cómic: «A mis alumnos, que me han enseñado a enseñar psicología». Y es que Introducción a la psicología en viñetas es un acercamiento ameno y directo a la ciencia de la mente, el cerebro y la conducta. Es evidente que también es superficial, con esa extensión y con ese formato no podía ser de otra manera, pero la exposición de ideas es tan ilustrativa que, irremediablemente, nos quedamos con ganas de saber más sobre todos esos experimentos y efectos de los que nos habla.

La psicología es mucho más que traumas infantiles y divanes, tópicos que le hacen flaco favor a esta ciencia. Introducción a la psicología en viñetas nos lo demuestra haciendo un recorrido por algunos de los experimentos más representativos, desde los conocidos perros condicionados de Pávlov hasta otros tan inquietantes como el de la cárcel de Stanford (ya de paso, os recomiendo la película Das Experiment, del director Oliver Hirschbiegel, que ficciona este estudio y es impresionante). Pero no solo eso, este cómic nos hace tomar conciencia de cómo nuestro cerebro nos provoca el efecto de stroop o el efecto Dunning-Kruger, la forma en la que distorsionamos nuestros recuerdos, el porqué nos dejamos llevar por criterios poco razonables a la hora de tomar decisiones, cuánto daño hacemos cada vez que cometemos el error fundamental de atribución o la asombrosa manera en la que los bebés aprenden el lenguaje… ¡por inferencia estadística!

Aunque por curiosidad y por formación ya conocía varios de los conceptos explicados, he descubierto muchos otros que me han dejado con la boca abierta. Resulta sorprendente lo complejo que es nuestro cerebro y lo engañosa que es nuestra percepción de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. Los dibujos de Grady Klein y los ejemplos y explicaciones llenos de humor de Danny Oppenheimer consiguen que sea sencillo interiorizar la multitud de ideas expuestas, pero a la vez nos insisten en que esto es tan solo una muestra y que aún quedan por descubrir muchos más misterios de nuestra mente.

Con Introducción a la psicología en viñetas no he logrado entender el mundo, a mí misma ni a los demás; si acaso, ahora tengo más incógnitas. Pero de lo que no tengo duda es de que he disfrutado con este clarificador acercamiento. Por eso, me uno a los autores, que recomiendan este libro a «cualquiera que sea una persona o que en ocasiones interactúe con alguna». Leed Introducción a la psicología en viñetas si alguna vez os habéis comportado como un psicólogo aficionado, juzgando a alguien o explicando vuestras conductas o las de los demás. Así os daréis cuenta de lo poco que sabéis en realidad y veréis con otros ojos a los verdaderos psicólogos, esos que estudian cada día para comprender mejor nuestra forma de vivir la vida. Porque dejando los tópicos a un lado, Klein y Oppenheimer nos demuestran que los estudios psicológicos rigurosos son necesarios y apasionantes.

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Contra la lectura, de Mikita Brottman

Contra la lectura

Contra la lecturaTengo un pequeño problema con ciertos libros, sobre todo novelas, que crece a lo largo de los años y las lecturas de una manera uniformemente acelerada. En principio debería gustarme un libro que me hace disfrutar, que me distrae, que me lleva de la mano por un camino tranquilo, llano, de andar fácil, disfrutón. Pero ya digo, hay algo ahí dentro, como una solitaria que estuviera alimentándose de mis lecturas y fuera creciendo poco a poco y fuera consumiéndome poco a poco, que me avisa de que libros de ese tipo en realidad no me acaban de gustar. Pienso mucho en esto y cada vez estoy más convencido de que lo que me pasa es que necesito que algo desentone en el libro, que algo me haga pensar, debatir con el autor o autora aunque sepa que no me contestará más que con las palabra escritas previamente en el papel (que muchas veces ya es suficiente). Creo que necesito que el libro que esté leyendo me haga parar un momento y ponerme a pensar en qué le diría al autor o autora (en este caso autora) sobre lo que ha escrito, qué puntos le rebatiría, en qué no estoy de acuerdo. Eso puede provocar a cualquier lector un sentimiento de pesar hacia su lectura, no sé, pero a mí no. Cada vez estoy más convencido de que si me pasa eso significa que el libro me ha gustado. ¿Y por qué suelto este rollo? Pues porque es lo que me ha pasado con Contra la lectura, de Mikita Brottman, publicado por Blackie Books.

Contra la lectura es un desenfadado ensayo que, a pesar de lo que dice el título, desprende por todos lados amor hacia los libros. Mikita Brottman lo escribe desde su faceta como lectora obsesiva en la infancia, adolescencia y posterior adultez. Con una vida dedicada al libro, Brottman se imprime en poco más de 150 páginas para defender lo que te cambia un libro. Pero eso sí, con avisos, con pequeños peajes que siente que debe explicar.

Siempre he sido de la idea futbolística de que una buena defensa empieza en el ataque y por eso creo que entiendo tan bien lo que ha querido hacer Brottman aquí. También he tenido siempre la condición de poco mesiánico, de poco sacralizar lo que no tiene por qué ser sagrado. Los libros tampoco. Tengo claro que sin ellos no sería lo que ahora soy, pero también que sin tantas cosas que me rodean tampoco lo sería. Defiende la autora que uno de los problemas de leer obsesivamente cuando eres muy joven es que te sobrevuela el peligro de que te enamores de la realidad que te ofrece el libro y que esto te haga querer apartarte de la realidad de fuera. Cree Brottman que por eso debería haber un control sobre los libros que leen los más pequeños. Aunque ella no lo tuvo. Este es un punto que yo le rebatiría.

Pero también habla de muchas otras cosas: de cuánto se parece la lectura a la masturbación, de cómo alguien puede perder la cabeza por los libros (casos concretos), de cómo leer puede convertirse en moda, en tendencia, en marketing. De por qué leer no te convierte intrínsicamente en buena persona (Hitler era un gran lector), de cuánto duele involucrarte tanto en la vida del personaje que acabas creyéndote él y al terminar el libro no eres nadie, de todos los tipos de lectores y lecturas que hay.

En definitiva, Contra la lectura es un libro bastante recomendable, sobre todo si te gusta/encanta leer. Porque te sentirás identificado, porque serás esa persona de la que ella se ríe, alaba o entiende, porque verás que eres el motivo de que alguien esté escribiendo un libro para ti. Si en tu infancia estabas pegado a un libro y te molestaba que te llamarán para la cena, si has pensado más de una vez en el ojalá de irte a vivir a determinado libro, si te has sentido alguna vez personaje de tu novela favorita, creo que deberías darle una oportunidad a este libro. «No leáis libros solo porque sintáis que “debéis hacerlo”. Hacedlo simplemente porque no podéis evitarlo».

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La ley de la violencia y la ley del amor, de Lev Tolstói

La ley de la violencia y la ley del amor

La ley de la violencia y la ley del amorLeer hoy día obras como La ley de la violencia y la ley del amor en las que el Tolstói maduro plasmó su pensamiento pacifista, su doctrina de amor y no violencia, resulta tan deslumbrante como doloroso. Deslumbrante porque la prosa de Tolstói lo es, porque consigue darle sentido a la bondad y explicar la utopía no cómo un sueño inalcanzable sino como un horizonte no sólo lógico, sino inevitable. Doloroso porque fue escrito porque son el testamento vital e intelectual de un hombre clarividente que quiso cambiar el mundo mediante el amor y cuyo éxito fue claramente descriptible. Basta con mirar el periódico. Doloroso porque describe el mundo que pudo haber sido y lo leemos en el mundo que es. Cierto que la realidad hace que estos textos envejezcan de la forma que menos hubiera deseado su autor, probablemente hoy muchos se acerquen a ellos por su valor literario o como curiosidades de valor historiográfico, sin embargo son otra cosa, son el mapa de la bondad humana, la esencia de lo que a lo largo de la humanidad los hombres han soñado que les definía, en lugar de sus actos.
La ley de la violencia y la ley del amor también tienen una enseñanza política, cada vez menos utópica, qué quieren que les diga, porque su mensaje contra la violencia organizada y la opresión de los estados está lejos de caducar.
Llegados a este punto, tal vez sea mejor que le ceda la palabra:
La liberación del mal que atormenta ay corrompe a los hombres se alcanzará no mediante el fortalecimiento o sostenimiento del régimen existente -monarquía, república o el que fuere-, no mediante su destrucción y la instauración de uno mejor -socialista o comunista-, ni tampoco mediante la implementación violenta de un determinado orden social que algunos hombres consideran mejor, sino sólo gracias a que cada hombre (la mayoría de ellos), sin pensar en las consecuencias que sus actos tienen para sí mismo y para los demás, y sin preocuparse por ellas, guiará su conducta no por tal o cual orden social, sino de la observancia de la ley que considera suprema, la ley del amor, que no admite la violencia bajo ninguna circunstancia.
Yo leo un párrafo como este con cierta amargura, tal vez porque la clave, ese “la mayoría de ellos” que se encierra entre paréntesis, deja claro que si el desarrollo de nuestra sociedad occidental no ha evolucionado en clave de no violencia no ha sido por una imposibilidad metafísica o una circunstancia sobrevenida e inevitable, sino porque no ha habido una mayoría de personas que así lo hayamos decidido.
Yo detesto los panfletos, me molesta que traten de adoctrinarme de ninguna manera, sin embargo disfruto con la exposición brillante de las ideas, sean las que fueran, y La ley de la violencia y la ley del amor la he disfrutado, porque aunque es cierto que Tolstói trata de convencer al lector de sus tesis, no es menos cierto que lo hace desde el respeto, que sea él quien llegue a las conclusiones que le parezcan oportunas. Aunque el camino de los razonamientos de Tolstói no desemboca en muchas conclusiones diferentes de las suyas.
En lo que sí que la obra es esclava de su tiempo es en el enfoque religioso que le da a su pensamiento. Esa bondad, esa confesión de no violencia en aquella época parece claro que tenía raíces cristianas, pero hoy día bien podría ser diferente. Sospecho que a Tolstói no le disgustaría que sus posiciones morales surgiesen no de una matriz espiritual sino de la propia conciencia, que a fin de cuentas es algo muy parecido al Dios de Tolstói.
La edición es pródiga en citas y en argumentaciones, leerla es verdaderamente placentero y les recomiendo que lo hagan aunque sea para discutirla. Las ideas de Tolstói pueden no haber triunfado en el plano de la realidad social, pero son indiscutibles desde un punto de vista moral, y siempre queda algo de su lectura. Será mucho o será poco, pero, como él, será bueno.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Una habitación propia, de Virginia Woolf

Una habitación propia

Una habitación propiaElla entra. Sobre fondo negro, un foco ilumina un piano situado a la derecha; en el lado opuesto, un robusto escritorio de madera, y sobre él, una lámpara de estudio con su bombilla encendida, varias hojas llenas de anotaciones y algunos viejos libros con la encuadernación desgastada. Ella, apoyada en la silla junto al escritorio, mira al público. Lleva un vestido verde y camisa blanca y sostiene un bolso de piel en su mano derecha. Habla:

«Cuando me pedisteis que hablara de las mujeres y la novela me puse a pensar qué significarían esas palabras. […] quizá significaba las mujeres y su modo de ser; o las mujeres y las novelas que escriben; o las mujeres y las fantasías que se han escrito sobre ellas».

Virginia Woolf se plantea estas cuestiones en una conferencia que ofrece a estudiantes de colegios femeninos de Cambridge. Es 1928, han pasado tan solo nueve años desde que se le ha concedido el voto a la mujer y decide escribir un manifiesto feminista y obra capital para entender algunas cuestiones que atañen a la historia literaria: Una habitación propia.

Tengo muy presente la sensacional adaptación teatral que se ha hecho sobre esta obra con dramaturgia y dirección de María Ruiz y una sublime interpretación de Clara Sanchís en la piel de Virginia Woolf. El respeto máximo por el texto original y aún más, la asombrosa capacidad para captar el sagaz humor y sarcasmo de la escritora inglesa por parte de la actriz, hacen que releer Una habitación propia haya sido una experiencia más placentera si cabe. Deleitar y enseñar, conceptos tan grecolatinos, es lo que permite una lectura más profunda de este libro. Rasgar más allá de su superficie y encontrar en ella, ya no solo el libro escrito por una mujer, sino la necesidad de saber por qué no escribieron más mujeres; por qué no es posible encontrar más literatura escrita por mujeres. Robando parte del embrujo de Walt Whitman cuando define su Hojas de hierba, diré que esto no es un libro; quien toca esto, toca a muchas mujeres.

En efecto, a través de este libro serán muchas las referencias a otras obras de mujeres que irán saliendo. El texto de Virginia Woolf se desarrolla mediante una simulada conferencia basada en las charlas que ofreció en los colleges femeninos ingleses. En Una habitación propia va a intentar ofrecer una conclusión real de por qué las mujeres no figuran como autoras en los lomos de los libros antes del siglo XVIII. Hace un alegato feminista del todo necesario cuando reclama covencida que lo que la mujer necesita es independencia económica y un cuarto propio. Algo impensable para el género al que tan solo nueve años antes de este libro ni siquiera se le permitía votar. Virginia Woolf lo tiene muy claro: «Entre el voto y el dinero, yo prefiero el dinero». Y no le falta razón. La independencia económica permite a la mujer no depender de su marido para poder subsistir y poder así elegir libremente sus ocupaciones.

Una novela que permite apreciar diversos modelos de mujeres representadas en las cuatro hermanas y en la madre es la escrita por Louisa May Alcott. Se trata de Mujercitas y en ella, el personaje de la hermana mayor, Meg, cita una frase que incomoda por la verdad que soporta: «Para ganar dinero un hombre tiene que trabajar y una mujer tiene que casarse». Hasta entrado el siglo XVIII, este parecía el único modo de que una mujer pudiera disponer de algo de dinero y, como denunciará Virginia Woolf, ni tan siquiera podrá tener control sobre ello, ya que será su marido quien administrará la economía.

Un capítulo muy destacable de Una habitación propia es en el que su autora, harta de leer manuscritos, ensayos y demás libros académicos escritos por hombres en los que se asegura que ninguna mujer podría jamás tener el talento de Shakespeare, juega y nos hace partícipes de una posible realidad en la que el escritor inglés tuviera una hermana, una tal Judith, por ejemplo. Ella comparte con su hermano el mismo fuego creador, la misma pasión por el teatro y la poesía. ¿Creéis que podría demostrar su talento en la época de William Shakespeare?

En su ensayo, Virginia Woolf sigue buscando los motivos de por qué no hay apenas información del estilo de vida de las mujeres, de sus pensamientos, testimonios suyos propios. Todo cuanto encuentra son escritos realizados por hombres: lo que opina fulano, lo que critica mengano, las ideas sobre el comportamiento femenino de otro tal X y así una larga lista de libros que pocas dudas le esclarecen. Siglo tras siglo de historia en la que la mujer es ninguneada o mal reflejada por el otro sexo. Tendrá que esperar, mejor dicho, todos debemos esperar hasta el siglo XVIII para encontrar mujeres escritoras de un modo más constante. Fue durante el Siglo de la Razón cuando surgieron los Salones Ilustrados, lugares donde se juzgaban y criticaban las obras literarias. Una figura muy importante de estos salones fue Madame de Staël, cuya obra Alemania supuso la ruptura romántica con el neoclasicismo francés. Otras mujeres destacables de esta época serán Fanny Burney, que con Camilla abrirá el camino a las grandes novelistas del XVIII: Jane Austen, las hermanas Brönte y George Elliot.

¿Por qué novelas y no teatro o poesía? Una sencilla razón que subyace en la intención de este libro: porque la novela permite mayor distracción cuando son interrumpidas. Ninguna de estas mujeres tuvo un cuarto propio donde poder escribir a solas. El estilo de vida social y de cuidar el decoro las obligaba a escribir en las salas de estar, lo que suponía continuas interrupciones y distracciones. Un texto muy interesante que también destacaré en este repaso que ofrece el libro de Virginia Woolf es Mujeres y libros, de Stefan Bollman, en cuyo capítulo “La declaración de independencia de la lectora: Jane Austen” se esboza un fiel reflejo de las inclinaciones de la genial autora de Sentido y sensibilidad por la novela y los hábitos de lectura que se impuso en su época y que tanto éxito causó entre las mujeres.

Las distracciones; las interrupciones; las críticas por parte de los hombres asustados y enfurecidos al ver que las mujeres pudieran tener talento;  leer citas como: “Una mujer que compone es como un perro que anda sobre dos patas: no lo hace bien, pero ya sorprende que pueda hacerlo”. Creo que era necesario el libro que escribió Virginia Woolf.

Al piano, Clara Sanchís, mimetizada en la escritora inglesa, toca un fragmento de una pieza de Bach. Las manos golpean con furia las teclas que llenan de música embravecida la sala. Las notas se van volviendo más lentas y melódicas hasta que la música se apaga. Se supone que debe dar una perorata final que resuene por siempre en los cimientos del patriarcado y recuerde la memoria de tantas mujeres ninguneadas a lo largo de la historia. La solución, insiste, pasa por la independencia económica y la posibilidad de disponer de una habitación propia para escribir y pensar, porque sus pensamientos son los que nunca le podrán arrebatar. Cierro el libro; en el escenario la luz se apaga. Y ella sale.

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Un final para Benjamin Walter, de Álex Chico

Un final para Benjamin Walter

Un final para Benjamin WalterLa tierra tira, ¿no os pasa? Sin ser yo nada patriota ni tener mis raíces demasiado ancladas en ninguna parte, es cierto que, de algún modo, una se siente de aquí. Y cuando digo aquí me refiero a Extremadura. Por algo he pasado la mayor parte de mi vida en esta preciosa tierra y por algo tengo un montón de sentimientos encontrados para con ella. Es normal. En las relaciones largas pasan estas cosas: uno pasa del amor al odio sin apenas darse cuenta. Pero también es cierto que en ese odio hay cariño. ¿Vosotros me entendéis? Porque creo que ya me estoy yendo por las ramas, discúlpenme.

Os cuento todo esto porque Álex Chico es extremeño como yo y supongo que él sabrá entenderme. Aunque él es de Plasencia y yo de Cáceres, no tenemos el gusto de conocernos. Ya os he dicho en alguna que otra ocasión que, como escritora, soy un poco outsider y que no me va mucho el prodigarme por presentaciones y encuentros literarios, así que puede que esa sea la causa de que nunca hayamos coincidido personalmente, aunque me consta que en papel sí. (Bendita poesía).

Resumiendo, que como la tierra tira, también tiran la lecturas de mis compañeros, así que por eso me decanté por leer Un final para Benjamin Walter, para leer la voz de mi paisano que, aunque exiliado, sigue siendo de aquí.

No podría haber elegido una peor introducción para este libro, pero así soy yo. Un libro que está a medio camino entre el ensayo y la novela y que habla del exilio. Y yo aquí intentando hablar de raíces, ¿qué os parece? Pero bueno, en el fondo todo exilio es una prolongación de nuestras raíces, un saberse ajeno a dos tierras, pero al mismo tiempo saber que formas parte del pasado, presente y futuro de ambas.

Algo así es lo que le debió ocurrir a Benjamin Walter, quien en 1940, abandonó Francia por un paso clandestino en los Pirineos. Su objetivo era atravesar España y seguir hasta América, dejando atrás todo lo horrible que estaba ocurriendo en Europa en aquella época. Pero no todos los exiliados lo logran. Benjamin Walter morirá en Portbou, un pueblo fronterizo. Álex Chico se pregunta qué pudo ocurrirle en esas últimas horas de su vida y para ello viaja hasta Portbou, para enfrentarse cara a cara con el pasado y el presente de un pueblo que tiene mucho que contar.

Todas esas indagaciones conducen al autor a tratar de tirar de un hilo que pertenece a una maraña bastante más compleja de lo que cabría esperar. Y así, tirando y tirando, entre silencios y lugares abandonados, entre personajes presentes y ya desaparecidos, entre lugares que algún día supieron demasiado y que hoy permanecen mudos, el autor nos sumerge en este viaje de reflexión y supervivencia.

Un viaje difícil, porque enfrentarse al pasado siempre lo es, pero hermoso, porque Álex Chico, poeta, sabe cómo manejar las palabras en Un final para Benjamin Walter, para envolvernos y transportarnos con él hasta Portbou. Yo me he dejado llevar y, aunque a veces la nostalgia me haya invadido, también ha sido reconfortante sentir las palabras de Álex Chico como un abrazo.

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Insultario, de Ángel Mª Fernández y José Antonio Ruiz Gracia

insultario

insultarioYa lo cantaba Marlo Brando en ese éxito chanante convertido con justicia en un clásico y en múltiples versiones de tonos de llamada para el móvil. No podemos permitir que determinados insultos desaparezcan de la calle, de nuestras vidas…: “Mequetrefe, payasa, botarate, tontaca, gilipipas… No, no, no. ¡Hay que decir hijo de puta, niños, hijo de puta! ¡Hay que decirlo más! ¡Siempre hijo de puta! Por su sonoridad, por ser el alfa y el omega de la vulgaridad. Gilipollas es más coloquial y cabronazo no está nada mal, pero hijo de puta es un concepto mucho más global. Para saludar, cuando te devuelven el cambio mal y para faltar”.

Y es que insultar es fácil y todo el mundo puede hacerlo, pero si hablamos de insultar bien, con clase, con ingenio la cosa cambia bastante. Pero, ¿realmente hace falta insultar bien? Según la cita de Sánchez Ferlosio con la que se abre Insultario sí, ya que el insulto es una forma de la diplomacia que puede resolver por la palabra lo que podría llevar a guerras. Y además, conviene recordar que el insulto debe cultivarse con el mismo cuidado con el que se trabajan las enemistades.

Insultar bien o mal, lo cierto es que todos lo hemos hecho, lo hacemos y seguiremos haciéndolo bien verbalmente, bien pensando y guardando para nosotros en nuestra cabeza, sin dejar que salga a la luz por evitar males mayores, aquello que tan bien quedaría en los oídos del destinatario de turno.

Pues lo que tenemos aquí es una colección bastante abultada, a pesar del reducido tamaño del libro, aunque en un formato preciosista, de ultrajes y vituperios varios que podríamos usar en nuestro día a día con aquellos seres que lo merezcan.

Y como lo mejor en estos casos es poner ejemplos, ahí van unos pocos:

Eres una persona encantadora, pero te fallan dos cosas: el cuerpo y la personalidad.

No aguanto un minuto calentando la leche en el microondas y te voy a aguantar a ti, subnormal. Anda, tira, bébete dos chupitos más y di adiós a tu dignidad.

No obstante, no todo son insultos y ya. Hay también una larga serie de amorosos deseos al prójimo:

Te daría de hostias de dos en dos hasta que fueran impares

Felicitarte la Navidad no, pero una corona de espinas sí te ponía

No digo que sea precisamente hoy, pero en cuanto puedas vete a la mierda.

Ojalá te salga un pene en la uña

Ojalá te levantes a las cinco a coger olivas, trabajes sin descanso hasta las once y cuando abras el almuerzo sea tofu.

A ver cuándo quedamos para que me surja algo de última hora y no poder ir.

 

También alguna cita bíblica que no llegó a nosotros hasta hoy y que se han podido recuperar:

–Entonces Jesús, viendo como soltaban a Barrabás, dijo: “Me vais a comer la polla, hijos de puta. Apúntame eso, Lucas” (Lucas, “Borradores”).

 

Y algunas cuantas afirmaciones filosóficas:

Una cosa te digo, se puede tener razón y ser gilipollas a la vez.

Es lo que tiene la droga, empiezas a coger la bicicleta para ir a pillar y te metes en el mundo del ciclismo.

 

Como decía, todo esto no es más que una muestra breve de lo que podemos encontrar en esta suerte de “manual de autodefensa ante las ofensas cotidianas”. Porque ya está bien de tragar. Que ningún improperio que se nos haga quede sin respuesta y mejor si nuestra respuesta es de esas en las que quien nos ha ofendido tiene que pensar dos veces lo que le decimos.

Insultario es un libro que debería permanecer en nuestra mesilla como un libro de consulta en el que marcar los insultos que más nos hayan gustado, para acudir a ellos cuando los necesitemos y hacerlos nuestros poco a poco, con el uso y el día a día. Su lectura nos sacará más de una sonrisa y estaremos deseando tener la oportunidad de que nos insulten para contraatacar con lo aprendido.

Pepitas de calabaza ha editado un libro ameno, revisable y divertido, con una edición cuidada en todos sus detalles e ilustrado por Carmelo Bayo.

Se rumorea que lo próximo de estos dos autores riojanos, uno albañil y otro no, será un “Piropario”. Habrá que estar al tanto.

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Mindhunter, de John Douglas y Mark Olshaker

Mindhunter

MindhunterHace unos días recibí un correo a través de Change.org de Juan Carlos Quer, padre de una joven que fue asesinada hace poco más de un año. En él me pedía mi firma para que no se derogase la prisión permanente revisable. Sentí no poder apoyarle con esta causa, pero esta pena me ha parecido muy peligrosa desde un principio, ya que abre un precedente en nuestro país para negar la posibilidad de reinserción. Sin embargo, hay casos en los que, por la crueldad e inhumanidad con la que están ejecutados, resulta muy difícil creer que el ser que está detrás de ellos es recuperable. Y después de leer Mindhunter, uno pierde la esperanza más aún.

John Douglas es un antiguo agente del FBI que se especializó en la década de los años 70 en la elaboración de perfiles criminales. Para tratar de entender mejor la mente de los asesinos en serie y poder predecir sus comportamientos, tomó la decisión de entrevistar, junto a su compañero Robert Ressler, a decenas de criminales ya encarcelados, de la talla de Charles Manson o David Berkowitz. En este libro, a partir del cual se ha confeccionado la serie homónima de Netflix, Douglas narra su experiencia en torno a estos seres, la cual va siempre apoyada en una opinión muy tajante: no merecen vivir. Al menos, no entre nosotros.

Nadie debería llevarse a equívoco: a diferencia de la popular serie televisiva esto no es una historia cerrada; más bien es un cúmulo de ellas, sin un orden cronológico claro, que tratan de acercarnos al modus operandi de los seres más repulsivos del planeta. No obstante, este libro no está libre de méritos; todo lo contrario: además de lo atrayente que resulta el tema en sí, el autor te introduce de lleno en sus relatos, con un lenguaje muy directo y unas descripciones que, en ocasiones, llegan a ser demasiado gráficas. Douglas es también simpático e irónico en sus narraciones. La suya es una de esas biografías que se disfrutan de principio a fin simplemente por la manera en la que están contadas, sin que importe demasiado si el personaje del que tratan resulta por sí mismo de interés. Pero es que, además, en este caso es así.

A través de la encomiable tarea que emprendió, entrevistando a algunos de los peores asesinos en serie de las cárceles estadounidenses, Douglas fue aprendiendo a pensar como ellos y a aplicarlo con éxito a posteriori para combatir a los que estaban fuera de las rejas. Es a partir de la narración de estas entrevistas cuando comienza la parte más interesante del libro. Sorprende, por ejemplo, el buen trato que entabló con algunos asesinos y sus percepciones sobre ellos. «Muchos son bastante encantadores, superficiales y hablan bien», explica en estas páginas.

A medida que expone su forma de hacer deducciones sobre la personalidad del asesino uno se da cuenta de que su oficio es muy parecido al del escritor, solo que algo más complejo, dado que a Douglas siempre le dan un final cerrado para que elabore en torno a él una historia verosímil. Y que estos finales nunca son felices, claro.

A pesar de tratarse de un libro sumamente recomendable, lo que más me ha chirriado, como ya he explicado, es su mensaje de fondo. Defensor a ultranza de la pena de muerte, el autor utiliza los casos más enfermizos como baluartes para subrayar que existen seres que jamás van a curarse y que una vez que son atrapados no deben volver a salir de la cárcel; al menos no vivos. Y debo decir que, por desgracia para mí y mis principios, esta lectura me ha hecho replantearme unas ideas que creía firmes. Y aunque es cierto que no ha logrado que abandone mi defensa de la reinserción, en casos tan extremos como los que se narran en Mindhunter cuesta mucho creer que esta sea posible.

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El jinete pálido, de Laura Spinney

el jinete palido

el jinete palidoSi alguien nos preguntara cuál fue el mayor desastre del siglo XX, la mayoría pensaríamos en la Segunda Guerra Mundial, por el número de muertes, o en el Holocausto, por la saña de los nazis contra los judíos. A prácticamente nadie se le ocurriría responder la gripe española. Y, sin embargo, esta enfermedad, en apenas dos años, infectó a una de cada tres personas del planeta y seguramente mató a más seres humanos que las dos guerras mundiales juntas. ¿Por qué, entonces, apenas se la nombra en los libros de Historia? ¿Por qué no sabemos casi nada de ella? Esta y otras muchas cuestiones son las que aborda la escritora y periodista Laura Spinney en El jinete pálido.

En este magnífico ensayo, Laura Spinney hace acopio de toda la información disponible hasta el momento sobre la gripe española, que asoló el mundo hace ahora cien años. En las últimas tres décadas, historiadores, sociólogos y virólogos han empezado a prestar atención a aquella pandemia que quedó olvidada por las dos guerras mundiales que convulsionaron el mundo, y Spinney se ha servido de ese acercamiento multidisciplinar para escribir una especie de biografía de la gripe, aunque en realidad es una historia humana con esa enfermedad como hilo conductor, ya que el brote de 1918 estuvo protagonizado por millones de seres humanos anónimos: los que murieron y acabaron enterrados en fosas comunes; los que sobrevivieron, pero ya nunca volvieron a ser los mismos.

De forma amena pero rigurosa, enlaza acontecimientos históricos y tragedias personales para contarnos cómo surgió, cómo se propagó y cómo remitió. Se remonta hasta sus posibles orígenes, un par de milenios atrás, para luego abordar el brote de 1918 y las consecuencias sociales, sanitarias, políticas y culturales que derivaron de él y transformaron a la humanidad. Impresiona leer la estrecha relación que la denominada gripe española tuvo con el devenir de la Primera Guerra Mundial y, quizá, con el origen de la segunda; y su papel en la independencia de la India o en el apartheid de Sudáfrica. Pero no solo trajo desgracias, ya que, gracias a ella, la sociedad se concienció de la necesidad de sanidad universal y de practicar deporte, así como contribuyó a establecer la virología como disciplina, a promover las primeras vacunas contra la gripe, a constituir la Organización Mundial de la Salud y a que Fleming descubriera la penicilina.

El trabajo de documentación y narrativo que Laura Spinney ha llevado a cabo en El jinete pálido es admirable. Cada uno de los capítulos es como una revelación: la falta de medios y hasta de conocimientos de los médicos en aquella época, en la que aún se hacía uso de «pócimas, extractos de plantas y tratamientos no probados»; la paradoja de que la ayuda al prójimo, en esas circunstancias, supusiera la condena de uno mismo y hasta de toda su comunidad; los curiosos ritos que se pusieron en práctica, en un vano intento de acabar con el contagio… El jinete pálido nos demuestra como la epidemia de la mal llamada gripe española fue un punto de inflexión en la humanidad y que sin ella no sería posible entender el mundo en el que ahora vivimos. Y, sobre todo, pone sobre la mesa la importancia de que todos accedamos a datos veraces para conocer las causas y consecuencias de aquel desastre. Solo así, si algún día vuelve a repetirse una pandemia de estas características, estaremos preparados para combatirla.

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Refugio, de Terry Tempest Williams

Refugio

RefugioSi comenzase la reseña haciéndoles un esbozo del contenido del libro probablemente no le haría justicia, incluso es posible que les resultase una idea un tanto macabra. Así que antes de hacerlo les transmitiré mis sensaciones con Refugio, que le hacen más. Es un libro profundamente conmovedor, sincero, desgarrador y valiente. Se trata de un diario, el que escribe la autora en un momento de su vida en que siente que su mundo se desmorona y lo siente porque efectivamente es así. Su vida familiar sufre serios reveses en forma de enfermedad: su madre, sus abuelas y seis de sus tías se han sometido a mastectomías y siete de ellas han fallecido por el cáncer. Constituyen lo que ella llama el clan de las mujeres con un solo pecho. Pero el diario se centra fundamentalmente en la enfermedad de su madre, o por ser preciso se centra en su madre, que es mucho más que su enfermedad. Y debo decir que si el libro es tan deslumbrante como es se debe a que se trata de una mujer sencillamente extraordinaria, al igual que su abuela.
Pero su otra vida, la profesional, que es mucho más que eso, también se ve amenazada por la subida del nivel de Gran Lago Salado que amenaza con arrasar el refugio para aves que para la autora, naturalista y divulgadora, es una especie de segundo hogar.
Cada entrada del diario está encabezada por una cifra, la de la altura de las aguas, que es una forma brillantísima de cuantificar la angustia que se desarrolla en paralelo en su casa y en el refugio. Cada centímetro que sube el agua puede ser el último, el que termine con su paraíso particular de la misma forma que el horizonte de la vida de su madre también tiene un final próximo.
Les he dicho que la madre de la autora de Refugio fue una mujer excepcional y realmente lo pienso. Su forma de afrontar la enfermedad es verdaderamente impresionante, una mujer capaz de decirles a su marido y a sus hijos “debéis dejarme vivir para que pueda morirme” o que al final le confiesa a su hija “no sé cómo morirme” es una persona que asume la muerte como parte de la vida, con naturalidad. Y además es capaz de asimilar su enfermedad y vivirla como una experiencia si no afortunada al menos sí enriquecedora. Es terriblemente emotivo leer la lección de vida de esta gran mujer.
Pero para hacerse una idea justa de cómo vive la familia esta experiencia, debería decirlo en plural, hay que señalar que son mormones y que por su propia cultura viven la familia de una forma muy intensa. Yo prácticamente no conocía nada de esta religión y el retrato, muy libre, que hace la autora de la misma, de sus tradiciones y su vida, es francamente interesante.
Y Utah, el desierto y el Gran Lago Salado, paisajes tan surrealistas que es imposible leer este libro sin buscar frecuentemente imágenes para confirmar las impresiones que el libro transmite aun desde la certeza de saber que es imposible mirarlo con los mismos ojos que quienes viven allí y cuya relación con su entorno sobrepasa con creces la del visitante. Ella ama su paisaje, sobre todo adora a las aves pero en general siente una comunión con la naturaleza que se asoma a cada página. Un lugar del que un militar se refirió como “un buen sitio para tirar cuchillas de afeitar usadas” y que uno aprende a admirar a través de los ojos de la autora. Otro concepto sorprendente de este hombre es el de “segmentos de población de utilidad relativa”, pero me temo que entrar a comentar ese tema sería demasiado extenso para una reseña.
Se aprende mucho y muy interesante con este libro. Los mecanismos hídricos del gran lago, los naturales y los artificiales con los que se trata de domesticarlo (alguno de ellos especialmente delirante), sobre un entorno natural extremo que guarda su belleza para quien la sabe ver, que es quien la sabe vivir, pero que una vez la muestra es un espectáculo. Se aprende sobre aves, sobre mormones y sobre la sociedad de Estados Unidos. Pero por encima de todo se viven muchas emociones acompañando a estas mujeres valientes que gracias a Refugio han pasado por esta vida dejando un testimonio y una huella que les rinde un mucho más que merecido homenaje. Reivindicar al clan de las mujeres de un solo pecho, que es mucho más amplio que el de las mujeres de la familia Tempest, es una causa noble porque lo cierto es que no siempre han gozado del apoyo ni del reconocimiento del que disfrutan ahora.
Les he dicho que Refugio era una obra muy valiente, sin duda lo han entendido porque hablar de la propia intimidad familiar y los sentimientos con la honradez con la que lo hace Terry Tempest Williams requiere de mucho valor. Pero me refiero también a otra cosa. Al final del libro la experiencia personal se torna en denuncia, en la de las pruebas nucleares que se llevaban a cabo en el desierto, junto a ellas, y su relación con la elevada tasa de cáncer de estas mujeres de Utah. Yo soy de Huelva, la comparación con Utah es aparentemente extemporánea sin embargo junto a la ciudad hay unas balsas de fosfoyesos, radiactivas, que ocupan una extensión mayor que el área metropolitana, de tal suerte que es la provincia con mayor tasa de cáncer de España. Oficialmente una cosa no está relacionada con la otra y por cada estudio que lo demuestra aparece uno que prueba lo contrario. Al leer las páginas que la autora le dedica a este tema no he podido evitar compartir su indignación y su impotencia. Su caso es diferente, en un juicio se dio por demostrada la relación entre las pruebas nucleares y la enfermedad de las denunciantes y se marcó una indemnización. Sin embargo instancias judiciales superiores anularon el fallo basándose en un precepto legal según el cual el gobierno era inimputable si lo que hace no es ilegal. Y se ve que a alguien se le olvidó proponer una ley en la que se dijera literalmente que está prohibido exponer a tu población a experimentos radiactivos sin su consentimiento.
Permítanme que acabe con unas palabras de la autora, no son del propio diario, sino que son una reflexión final que me parece tan interesante que no me resisto a compartirla con ustedes:

En la cultura mormona se respeta la autoridad, se venera la obediencia y no el pensamiento independiente. […] Durante muchos años he hecho justo eso: escuchar, observar y formar en silencio mis propias opiniones, en una cultura que raras veces se hace preguntas porque ya tiene todas las respuestas. Pero también he visto a las mujeres de mi familia morir, una por una, muertes ordinarias y heroicas. Nos hemos sentado en salas de espera, esperando recibir una buena noticia, pero oyendo siempre la mala. Yo las he cuidado, he aseado sus cuerpos llenos de cicatrices, y he guardado sus secretos. He visto a mujeres guapísimas quedarse calvas a medida que les inyectaban ciclofosfamida, cisplatino y doxorrubicina en las venas. Les he puesto la mano en la frente mientras vomitaban una bilis verde y negra y les he administrado morfina cuando los dolores se volvían inhumanos. Al final, he sido testigo de su último y apacible aliento, me he transformado en comadrona del renacimiento de sus almas.
El precio de la obediencia se ha vuelto demasiado alto.[…]Tolerando una obediencia ciega en nombre del patriotismo o la religión acabaremos firmando nuestra sentencia de muerte.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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50 discursos que cambiaron el mundo, de Andrew Burnet

50 discursos que cambiaron el mundo

50 discursos que cambiaron el mundoHace unos días fui a ver la exposición sobre Austwitch que se ha instalado temporalmente en Madrid. Salí, como casi todos los que la visitan, profundamente tocado de la sala de exposiciones unas cuantas horas más tarde. Posiblemente sea una de las experiencias que más me han impresionado en meses y, sin embargo, no se debió a los objetos que se exponían en el recinto; fueron los testimonios de aquellos que sobrevivieron al exterminio nazi, escritos sobre las paredes y expuestos en vídeos a lo largo del recinto, los que me pusieron la piel de gallina. Porque no hay una forma más pura y potente de conocer la historia que a través de la boca de los que la protagonizaron. Y esto, a otro nivel, es lo que ofrece 50 discursos que cambiaron el mundo: un acercamiento a momentos clave de la historia por medio de las palabras de sus principales protagonistas.

Escogidos y diseccionados por el periodista Andrew Burnet, los discursos de personalidades de la importancia de Einstein, Ghandi, Sadam Hussein o Barack Obama ayudan a comprender mucho mejor tanto sus propias individualidades como los cambios sociales y políticos que propiciaron con su actividad. Además, los textos van acompañados de notas a pie de página en las que se dan explicaciones precisas y enriquecedoras. Tanto estas como los párrafos que introducen los discursos ayudan a situarse en el contexto en el que estos fueron pronunciados. Estos apoyos resultan especialmente útiles en el caso de las lecturas acerca de algunas personalidades que no son tan conocidas para el gran público, como Dag Hammarskjold (2º Secretario General de la ONU) o Betty Friedan (pensadora clave en el movimiento feminista).

Uno de los principales mensajes que transmite este libro es que las grandes ideas son imperecederas; así, la mayor parte de los textos, como el de la sufragista inglesa Emmeline Pankhurst, tienen un fondo muy aplicable a la actualidad. Es más, si uno presta atención a las declaraciones de los políticos contemporáneos podrá comprobar que gran parte de las propuestas y opiniones que estos manifiestan ya han sido desarrolladas en centenares de ocasiones —y, por regla general, de forma mucho más brillante y elocuente—.

Y es que en este libro también se destilan los atributos dialécticos de los oradores, tan variados y diferentes como ellos mismos. Así, mientras que Ghandi se nos muestra como un ser dotado de una retórica sencilla y didáctica, en la que basa su persuasión para, por ejemplo, explicar a su pueblo la estrategia de la no colaboración con los británicos, Hitler o Mussolini apelan a la emoción y a sentimientos como la unidad o la integridad para lograr un apoyo masivo a decisiones que, de otra manera, serían mucho más difíciles de digerir. Es por ello que la lectura de estos textos puede ser de mucha utilidad para aquellas personas que tengan que emplear la oratoria en su día a día, ya que prácticamente de todos ellos se pueden sacar recursos para mejorar en este ámbito. No obstante, también hay otros casos, como el «puedo prometer y prometo» de Adolfo Suárez, en los que las piezas parecen haber sido escogidas más por su valor histórico que por su calidad o complejidad.

El orden cronológico en el que se colocan los textos también resulta beneficioso, ya que permite hacer un recorrido por la historia reciente a través de estos. Esto resulta interesante, sobre todo, en episodios prolongados y con protagonistas múltiples; así, en el caso de la II Guerra Mundial se nos ofrece la posibilidad de seguir el desarrollo del conflicto a través de las palabras de Chamberlain, Churchill, Stalin o Goebbles, lo que sin duda resulta provechoso para alcanzar un conocimiento más global del mismo.

50 discursos que cambiaron el mundo supone, en definitiva, una recopilación valiosa y bien analizada, y uno se da cuenta de la verdadera importancia de estos discursos cuando, incluso puestos sobre papel y sin que haya ningún gran orador recitándolos, consiguen provocar fuertes reacciones en quien los lee.

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Manual de linternas, editado por Marta Magariños

Manual de linternas

Manual de linternasLo primero que llama la atención de este Manual de linternas es precisamente eso, el título, uno increíblemente hermoso que serviría para cualquier texto (desde un poemario hasta una novela) con la probable excepción de la interpretación literal (ya saben, abran la tapa, introduzcan las pilas en el orden correcto, cierren la tapa, pulsen el interruptor y la linterna alumbrará), en cuyo caso es igualmente indicado pero pierde encanto, la verdad. Pero en esta magnífica obra, que se subtitula “incursiones, excursiones y reflexiones científicas”, aúna ambas caras de lo que debe ser un título, es hermoso y a la vez pertinente porque el texto recopila cincuenta y una reseñas que al tiempo sirven de linterna que ilumina cada una un determinado texto científico. Lo ilumina en el sentido de que lo reinterpreta y lo da a conocer bajo la óptica personal del reseñista, lo presenta desde el punto de vista del lector.

Los libros reseñados son casi todas obras de divulgación, tan interesantes como diferentes. El campo es tan amplio como para que cada lector encuentre temas de su interés pero cada una de las obras es suficientemente brillante como para que la curiosidad del lector se excite en cada una. Y tal vez sea esa la palabra clave: curiosidad. Recuerdo que cuando fui a trabajar, hace años, a la Facultad de Medicina, una de las primeras cosas que hice fue entrar al discurso de bienvenida que el por aquel entonces Decano, don Ángel Nogales, daba a los alumnos de primer curso. Y aquella intervención, para mí inolvidable, hablaba precisamente de la curiosidad, de cómo se reconoce a un universitario (de cualquier edad) por tener los ojos bien abiertos, por mirarlo todo precisamente así, con curiosidad. Esa característica es extensible a muchas más personas, no necesariamente a universitarios en exclusiva, pero la idea resulta tan inspiradora hoy como aquel día. Y diría que este Manual de linternas es un homenaje extraordinario a todas aquellas personas que han hecho de la curiosidad uno de los ejes centrales de su vida. Un libro peligroso para quienes tienen poco espacio en las estanterías, como dice la propia Marta Magariños, editora del texto, profesora, científica y curiosa. Yo ya he encargado la primera remesa.
No es realmente un libro de divulgación, sino uno que hace divulgación de obras de divulgación. Y tampoco en eso es un libro cualquiera porque lo hace por medio de reseñas muy personales tanto de científicos y profesores como de reseñistas habituales del campo de la literatura. Y créanme que en el aspecto literario no se nota la diferencia entre unos y otros, están realmente bien escritas, pero sí me atrevo a decir que el equilibrio entre ambas es una de las cosas que hacen del libro uno excepcionalmente original.

Y antes de entrar en materia permítanme que destaque dos características más que son comunes a todas y cada una de las páginas de esta obra: la pasión, la que sienten quienes la escriben que a su vez refleja y homenajea la de aquellos que hicieron lo propio con las obras reseñadas; y el sentido del humor, que está muy presente y aporta ritmo y fluidez a la obra. Y diversión al lector, claro está. Puede que no me lo crean, pero el Manual de linternas es de esos libros que uno abre y no puede cerrar hasta que lo termina. No porque necesite conocer el desenlace, encontrar al asesino o averiguar si el protagonista encuentra al amor de su vida, sino porque sencillamente quiere leer más, disfrutar más. Siempre hay tiempo para una reseña más, ¿verdad? Aunque habrá quien disponga de poco y prefiera explorar las linternas sin rumbo fijo, abrir el libro al azar o elegirla desde el índice, y sin duda también disfrutará del libro. También es muy científico estudiar la dosificación.

Llega el momento de encender todas las linternas y mostrarlas a sus ojos, es de justicia para que se hagan una idea del contenido del manual pero les advierto, si miran el siguiente listado fijamente corren el riesgo de deslumbrarse:

1.- El ascenso del hombre, de Jacob Bronowski. Reseñado por Daniel Torregrosa.
2.- Reductionism in art and brain science. Bridging the two cultures, de Eric R. Kandel. Reseñado por Victoria Ley.
3.- En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza, de David George Haskell. Reseñado por Juan Ignacio Pérez.
4.- La tabla rasa. La negación moderna de la naturaleza humana, de Steven Pinker. Reseñado por Enrique Turiégano.
5.- I of the vortex. From neurons to self, de Rodolfo R. Linás. Reseñado por Fernando Giráldez.
6.- ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro, de Michael S. Gazzaniga. Reseñado por Enrique Turiégano.
7.- Sapiens. De animales a dioses, de Yuval Noah Harari. Reseñado por Miguel Pita
8.- Homo deus. Breve historia del mañana, de Yuval Noah Harari. Reseñado por Juan José Gómez Cadenas.
9.- El ojo desnudo, de Antonio Martínez Ron. Reseñado por Miguel A. Lurueña.
10.- La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, de Andrea Gulf. Reseñado por Andrés Barrero.
11.- Longitude, de Sava Sobel. Reseñado por Manuel Collado.
12.- Maestros del Universo, de Helge Kragh. Reseñado por Gorka Rojo.
13.- Sabias. La cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez. Reseñado por Esther Magar.
14.- Las mujeres de la luna, de Daniel R. Altschuller y Fernando J. Ballesteros. Reseñado por Andrés Barrero.
15.- Marie Curie. La actividad del radio, de Jordi Bayarri y Dani Seijas. Reseñado por Susana Hernández.
16.- La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa. Reseñado por Manuel de León.
17.- La gran novela de las matemáticas. De la prehistoria a la actualidad, de Mickaël Launay. Reseñado por Victoria Mera.
18.- El precio de todo. Una parábola de lo posible y lo próspero, de Russell Roberts. Reseñado por José Raúl Canay Pazos.
19.- Tales of the quantum. Understanding physics´ most fundamental theory, de Art Hobson. Reseñado por Francisco R. Villatoro.
20.- Cuántica. Tu futuro en juego, de José Ignacio Latorre. Reseñado por Gorka Rojo.
21.- Cómo explicar física cuántica con un gato zombi, de Big Van, científicos sobre ruedas. Reseñado por Esther Magar.
22.- El universo en una cáscara de nuez, de Stephen Hawking. Reseñado por Gorka Rojo.
23.- El universo en tu mano, de Christophe Galfard. Reseñado por Laura Gomara.
24.- Siete lecciones breves de física, de Carlo Rovelli. Reseñado por Gorka Rojo.
25.- La realidad no es lo que parece, de Carlo Rovelli. Reseñado por Paloma Fole de Navia Domínguez.
26.- El ADN dictador. Lo que la genética decide por ti, de Miguel Pita. Reseñado por José L´Bella Sombría.
27.- El gen egoísta. Las bases genéticas de nuestra conducta, de Richard Dawkins. Reseñado por Enrique Turiégano.
28.- Time, love and memory. A great biologist and his quest for the origins of behavior, de Jonathan Weiner. Reseñado por Marta Magariños.
29.- Un esquimal en Nueva York. Y otras historias de la neurociencia, de José Ramón Alonso Peña. Reseñado por Esther Magar.
30.- In Search of Memory. The emergence of a new science of mind, de Eric R. Kandel. Reseñado por Antonio Hernando.
31.- El error de Descartes, de Antonio Damasio. Reseñado por Alejandro Rodríguez Gijón.
32.- Behave- The biology of humans at our best and worst, de Robert M. Sapolsky. Reseñado por Argentina Lario Lago.
33.- Alucinaciones, de Oliver Sacks. Reseñado por Antonio J. Osuna Mascaró.
34.- I contain multitudes. The micro bes whothin us and a grander view of life, de Ed Yong. Reseñado por Jatin Nagpal.
35.- Germ stories, de Arthur Kornberg. Reseñado porOlga Zafra.
36.- Bacterias, bichos y otros amigos, de David G. Jara. Reseñado por Ángeles Pallarés.
37.- Introducción al estudio de la medicina experimental, de Claude Bernard. Reseñado por José Luis Zamorano Marín.
38.- El siglo de los cirujanos, de Jürgen Thorwald. Reseñado por Borja Merino Ortiz.
39.- Cuerpo humano. Guía ilustrada de nuestra anatomía, de Steve Parker y Andrew Baker. Reseñado por Juan Campbell Rodger.
40.- La memoria secreta de las hojas. Una historia de árboles, ciencia y amor, de Hope Jahren. Reseñado por José Ramón Alonso Peña.
41.- The hidden life of tres. What they feel, how they communicate, de Peter Wohlleben. Reseñado por María R. Aburto.
42.- Botánica insólita, de José Ramón Alonso y Yolanda González. Reseñado por Purificación Escuredo.
43.- El pequeño gran libro de la ignorancia animal, de John Lloyd y John Mitchinson. Reseñado por Alberto Ferrús.
44.- El ingenio de los pájaros, de Jennifer Ackerman. Reseñado por Olga Zafra.
45.- Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell. Reseñado por Marta Magariños.
46.- Fósiles, genes y teorías, de Jordi Agustí. Reseñado por Armando González.
47.- A min don her own. The evolutionary psychology of women, de Anne Campbell. Reseñado por Marta Iglesias.
48.- Envolving ourselves. How unnatural selection and nonrandom mutation are changing life on Earth, de Juan Enríquez y Steve Gullans. Reseñado por Carlos García de la Vega.
49.- Elephant son acid. And other bizarre experiment, de Alex Boese. Reseñado por Óscar Fernández-Capetillo.
50.- La ciencia en la sombra, de J.M. Mullet. Reseñado por Ana Segarra.
51.- ¿Qué pasaría si…?, de Randall Munroe. Reseñado por José María Aranzana.

 

La selección, como ven, es amplia. Incluye desde libros clásicos a otros actuales, desde divulgación a novela o hasta comic, de obras técnicas a otras de perfil autobiográfico. Pero la editora es científica, sabe que ni este manual ni ningún otro pueden abarcarlo todo de modo que se incluye también una sección de otras lecturas recomendadas.
La diversidad es una de las virtudes de este magnífico libro, sin embargo hay algunas ideas que sobrevuelan más de una reseña y que arraigan en el lector. Una es la de la absurda división tradicional entre ciencias y letras, esa obsesión humana por levantar muros que este manual trata de derribar a base de linternazos, si me permiten la licencia. Ya dijo Hölderlin que «lo que permanece lo fundan los poetas»: esta confluencia entre ciencia y literatura no podría ser más feliz. Con los libros reseñados, pero también con el Manual de linternas, se hace también uno una idea de lo que es la vida del investigador: describirla como es en realidad, que no es un camino de rosas, y que siga resultando atractiva tiene un mérito. La luz de estas linternas bien puede alumbrar vocaciones. Otra es la de la reivindicación del papel de las mujeres en la ciencia, su trabajo realizado en ocasiones contra viento y marea y nunca suficientemente bien reconocido, cuando no deliberadamente ocultado. Y otra es la belleza oculta en prácticamente todas las cosas que los autores son capaces de ver gracias a su brillantez y su capacidad intelectual, pero que logran transmitir gracias a su pasión.

Y es fantástico conocer facetas ocultas a los legos, la filosófica de los neurofisiólogos, la humorística de los economistas, una que no sé cómo definir en el caso de los físicos (la única disciplina que se sepa en la que uno de los reseñistas siente la necesidad de explicar que quienes se dedican a ello sí que lo entienden, aunque no siempre lo sepan explicar) o cierto romanticismo de los botánicos. Entre tantas otras.

Tampoco serán capaces de cerrar el libro sin al menos una reflexión sobre la ciencia, una de esas preguntas habituales que mucha gente se hace, para qué, y qué diría que este manual responde, si es que no quedó ya magníficamente respondida con la magnífica La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine que apetece recordar tras leer el Manual de linternas. Puede ser una reflexión más o menos gamberra, pongo por ejemplo Elephants on acid, pero subyace en muchas de las páginas.

Acabar una reseña suele ser complicado. Generalmente es así por autoexigencia, no sólo por la obligación de dejar de escribir de forma que el interés esté en todo lo alto sino porque uno siempre se pregunta si habrá logrado transmitir todo lo que quiere decir sobre el libro. En este caso ya les adelanto que no lo he logrado porque sería imposible hacerlo, porque Manual de linternas es un libro que me ha resultado tan apasionante que sería capaz de hablar de él hasta ocupar muchas más páginas que el original. Y respecto a la cuestión estilística, podría buscar una forma de hacerlo que les resultase lo suficientemente impactante como para excitar definitivamente su curiosidad, pero ya la encontró José Ramón Alonso Peña, que es a la vez reseñista y reseñado (no sé si se plantea alguna mención de honor para semejante bilinternado), así que la usaré. A fin de cuentas la ciencia encuentra vías de transferencia a la sociedad a menudo insospechadas. En su reseña de La vida secreta de las hojas, finaliza diciendo: «El libro se subtitula, en español, «Una historia de árboles, ciencia y amor». Así debería ser la vida de todos nosotros». Así sea.

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