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Francine se desarregla, de Francine Oomen

Francine se desarregla

Francine se desarregla¿Qué me ha llevado a mí, a mis treinta y pocos, a leer Francine se desarregla, de Francine Oomen, una memoria gráfica sobre la menopausia, esa etapa de la vida de toda mujer, a la que (en principio) me enfrentaré dentro de bastantes años? Pues que no sé nada de ella, ni yo ni la mayoría de la gente, ya que, como bien apunta el subtítulo de la obra, es un tema tabú, como tantos otros que pertenecen exclusivamente al universo femenino.

Francine Oomen nos relata con humor y naturalidad cómo vivió la menopausia, todas las incertidumbres que aparecieron en su vida cuando, a los cincuenta y dos años, su cuerpo y su mente empezaron a cambiar. Y es que sabemos tan poco de la menopausia, que sus síntomas a menudo se confunden con problemas de salud como la depresión, el estrés o la pérdida de memoria.

En cuanto Francine Oomen se dio cuenta de que no estaba enferma ni a punto de morir, sino solo abocándose al final de su fertilidad, se relajó bastante y buscó información sobre la menopausia para sobrellevarla mejor. Pero al ver que únicamente encontraba explicaciones técnicas y recomendaciones de pastillas, decidió relatar su propia experiencia para facilitarles las cosas a otras mujeres.

Mientras leía Francine se desarregla, no dejaba de pensar en mi madre, al verla retratada en muchos de los problemas de Francine, como cuando empezó a tener olvidos de nombres y despistes con cuarenta y tantos años y temió estar padeciendo la misma demencia senil que mi abuelo. Pero no, lo que en realidad estaba viviendo era la perimenopausia, la etapa previa a la menopausia, en la que aparecen algunos de sus síntomas. ¡Qué lástima que mi madre no tuviera un libro como este en aquella época! ¡Cuántos quebraderos de cabeza se hubiese ahorrado!

Además de explicar los síntomas de la menopausia de forma sencilla y advertir de los peligros de los tratamientos de hormonas para paliar los síntomas (puesto que pueden provocar problemas graves en el organismo), Francine Oomen relata las crisis existenciales que atravesó en aquellos momentos, tanto en el trabajo como en el amor (con referencias a Tinder incluidas). Pero sobre todo nos habla de cómo se enfrentó a la Arpía, esa voz interior con la que lleva conviviendo toda la vida, que le obliga a ser una supermujer, capaz de abarcarlo todo y hacerlo perfecto. Porque, a través de sus vivencias, Francine Oomen anima a ver la menopausia como un punto de inflexión, en el que las mujeres se tomen su tiempo para hacer inventario y deshacerse de todas esas cargas que se han impuesto a lo largo de los años y que ya no soportan por más tiempo.

Francine Oomen nos demuestra que la menopausia es una fase más del desarrollo vital y que no hay que pretender saltársela o detenerla. El conocimiento siempre es la mejor arma para encarar los miedos y saber que lo que nos pasa le pasa a muchas, nos permite relativizar los problemas. Por eso, Francine se desarregla me parece una lectura necesaria para todas las mujeres, pero también para quienes las rodean, para conocer y, sobre todo, comprender los cambios de esa etapa y sobrellevarlos de la mejor manera posible.

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Morder la manzana, de Letricia Dolera

Morder la manzana

Morder la manzana Yo siempre me he manifestado abiertamente feminista. Lo fui desde muy pequeña, supongo que es lo que tiene ser niña y nacer en una casa en el que ya por delante de ti hay un niño. Si eres observadora llegas a darte cuenta de que ciertos privilegios no son porque él sea mayor, sino porque es niño. Y algo va haciendo que luches contra algunas desigualdades desde la más tierna infancia. Eso sí, mi madre es muy buena gente y si en algo ha sido responsable de esas desigualdades siempre ha sido inducida por el tremendo influjo que ejerce el patriarcado en todas nosotras.

Supongo que verdadera conciencia del poder del “Patriarcado” y de la discriminación como “mujer” por el hecho de serlo, los descubrí cuando un monje, me prohibió la entrada a la Cartuja de Aula Dei de Zaragoza cuando servidora no contaba más de 12 años, aduciendo, como única explicación que yo era “el pecado y la carne” y que no podía pasar (ni yo ni ninguna de las otras chicas, aunque sí los chicos ) al convento en el que había unas pinturas de Goya que pretendíamos ver. Ya ven, nosotras que no habíamos abandonado casi la infancia ya nos encontrábamos con las duras palabras de un Cartujo, al que taladramos con nuestras miradas y nuestras preguntas.

Alfonso Milian fue el sacerdote que nos llevó hasta allí aun sabiendo que las chicas no podríamos entrar, a él le agradeceré siempre que me enseñara a mirar el mundo de otra manera, siendo crítica con todo lo que me rodea, incluso con la propia Iglesia (Tan patriarcal ella, a la que también le vendrá bien una amplia revisión).

Quienes siguen este blog saben que soy feminista porque mi feminismo es bastante militante. Hace años no éramos muchas las que nos definíamos, al albor de las palabras de la RAE, como feministas. Éramos esas cuatro locas que pensábamos que cambiar el mundo y hacerlo igualitario era justo y debía ser posible.

Cada día es mayor el número de gente joven que pide información sobre libros que hablen de feminismo, pero empezar, hoy por hoy, con El segundo sexo de Simone de Beauvoir o cualquiera de los de Virginia Woolf, incluso con algo de Pardo Bazán podría ser complicado, así que iniciarse con un libro como este de Leticia Dolera, podría estar bien, entre otras muchas cosas porque, ella es joven y nos cuenta las cosas de manera sencilla, pero además lo hace desde esa primera persona del singular que tanto gusta en este tipo de libros a la gente más joven.

“Morder la manzana. La revolución será feminista o no será”, se inicia con una larga serie de agradecimientos que ya te acercan a la autora, porque si cualquiera tuviera que agradecer lo mucho o poco que tuviese de feminista, al primer lugar que hay que girar la mirada es a la propia familia, allí están nuestras madres y nuestra tías, e incluso nuestras abuelas que en alguna ocasión nos han empujado un poco más allá de lo que autorizaba la previsión de nuestras madres.

Leticia Dolera viene a contarnos su experiencia personal y de paso a reflexionar sobre la vida, esta vida que estamos viviendo y sobre la que hoy tenemos el firme convencimiento de que tenemos la auténtica posibilidad de hacer cambiar, o cuando menos de poder decir ya en voz alta cuales son las cosas que urge modificar. Y desde luego es cierto que todo empieza cuando una mujer habla con otra mujer… Así que si tienes con quien hablar, habla, peor si no tienes con quien hablar, lee. Y verás como eso que creías que solo te había pasado a ti resulta que le pasa a la mayoría de las mujeres, aun cuando en determinados entornos algunas nunca lo reconocerán.

Estamos ante un libro de capítulos cortos y muy directos. Donde contará, como les decía, episodios de su vida, reflexiones con sus amigas, y un valiente análisis muy crítico sobre el machismo que sufrimos. Digo valiente porque no es una mujer que se haya subido ahora al carro del feminismo, lleva muchos años denunciando tanto desde sus cuentas de las redes sociales como desde los micrófonos siempre que se le da la ocasión.

Y no, no habla solo de los abusos o discriminación que sufren las actrices, que va, habla de los actos machistas y micromachistas que debemos sufrir todos y cada uno de los días. Reflexiona sobre lo difícil que resulta ser feminista o no ser machista en una sociedad estructuralmente patriarcal.

“Los prejuicios son mucho más difíciles de cambiar porque no se sustentan en la lógica ni en la razón, sino en lo subjetivo y lo emocional y ahí como se llega no es a través de una ley, es a través del relato cultural…”.

Dolera hace un buen trabajo para llevarnos a esas lecturas de las que les hablaba en el inicio, pero también a otras muchas en las que se ha documentado. Porque antes les hablaba de lo importantes que son los referentes cercanos (madres, tías, abuelas…), pero las mujeres, como colectivo, necesitamos referentes culturales y artísticos porque el alma de las personas se forja de ellos, y sobre las mujeres los hay, pero hay que buscar para encontrar. Las mujeres tenemos que leer más a las mujeres, no solo sobre mujeres.

No hay tema con el que no arriesgue la autora, Morder la manzana tiene fuerza, entiendo que haya tenido tan buena acogida, y tiene calidad, y tiene humor, y siendo de fácil lectura tiene profundidad, te deja con una buena sensación. Porque al final, hay muchas cosas de tu vida que no llegas a comentar con nadie y como decíamos al principio y yo creo que es fundamental:

“Todo empieza cuando una mujer habla con otra mujer”… Y no hablan especialmente de hombres 😉

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Wabi Sabi, de Amaia Arrazola

Wabi Sabi

 

Wabi Sabi

Uno sabe siempre cuándo empieza un viaje pero no cuándo se acaba. Suele pasar que, mucho tiempo después de volver a nuestra casa, aún seguimos rumiando las direcciones y los atajos del lugar visitado. Hay algo que queda en la ropa o en el pelo, algo que no estaba al principio de nuestra aventura. Quizás es la magia y la maldición de viajar, que cambia para siempre no sólo la persona que somos, sino también el lugar al que volvemos. Amaia Arrazola es el ejemplo perfecto de esto. Tras recibir una beca para pasar un mes en Tokio, decide aprehender todo lo posible la cultura japonesa y plasmar en ilustraciones el potencial tokiota. Desde sus calles y comercios, hasta personajes y conceptos que todos hemos escuchado de pasada pero que pocos saben definir. El resultado de este proceso es un libro que salió a la venta hace unas semanas de la mano de Lunwerg. Una auténtica delicia visual para aquellos que sufren como yo la fiebre nipona.

A medida que pasan las páginas y los días, el lector siente que acompaña a Arrazola en su viaje. La idea de estructurar el libro en las semanas que la artista estuvo en Japón también ayuda. Así vemos que, conforme avanza su estancia, Amaia pasa de un estado de estupefacción constante al de una normalidad autoinducida. Ella lo explica mejor, dejando claro que el proceso consta de tres fases. Primero, flipas con todo; segundo, empiezas a entender los entresijos de la sociedad japonesa; tercero, comienzas a adaptarte a sus costumbres. Es como si el instinto de supervivencia se esforzara en combatir la epilepsia pop que uno sufriría en Japón si no llegase a normalizar la sobrestimulación.

Los propios los nativos sufren de este bombardeo constante de luces de neón y anuncios de mascotas. Justo por eso, ante la supremacía de lo frenético hay una fuerza antagónica basada en el silencio y en la naturaleza. Amaia Arrazola indaga dentro de esta dualidad y la analiza con sus maravillosas ilustraciones. Nos habla de las religiones predominantes en Japón y su influencia en estos paréntesis zen que salpican la ciudad. Templos, parques y zonas de desconexión donde la hiperrealidad desacelera para dejar paso a una versión más amable del mismo país.

Frente a otras guías y libros ilustrados que he podido leer, Wabi Sabi funciona como un manual para principiantes maravilloso. Y es que más allá de las vivencias locas de una occidental que viaja al otro lado del mundo, Arrazola nos explica conceptos muy básicos de la cultura japonesa. Ideas y realidades que pueden sonarnos pero cuyo mal uso puede haber diluido la definición más certera. ¿Es lo mismo una meiko, una geisha y una oiran? ¿El ikebana es un arreglo floral puro y duro? ¿Sabría uno diferenciar entre el teatro y el kabuki? ¿Los samuráis pertenecieron al periodo Edo o a la era Meiji? ¿Para qué sirve un daruma? Con la más absoluta sencillez y haciendo gala de un trazo limpio, la artista nos explica todos estos conceptos de una manera directa y asequible. ¿Es el wabi sabi que da título a la obra ese condimento verde hecho a base de rábano picante que acompaña a cualquier degustación de sushi? La autora tiene una respuesta también para esto.

Llegados a este punto quiero hablar del estilo de Arrazola. La autora, nacida en Vitoria, ha llevado a cabo numerosos proyectos artísticos anteriores al título que nos ocupa. Sin embargo, no había tenido la oportunidad de cruzarme con ellos. Siendo este mi primer contacto con su obra, no puedo más que alabar el talento de la artista. Siento recurrir a un cliché manido, pero en este caso es cierto. Consigue que lo difícil parezca fácil. Y eso es algo que sólo consigue gente con mucho talento. En un primer momento el trazo aparentemente infantil te hace bajar la guardia. Te hace gracia y poco más. Pero a medida que avanzan las páginas y las semanas, ves que has cometido un error de apreciación. Aquí hay años de práctica y un estilo definido —que no definitivo—.

Cuando Arrazola se arma de valor y recrea estampas japonesas del siglo XIX con un respeto absoluto por la obra original, uno no puede más que sonreír y correr por la casa para enseñarle las imágenes a cualquier otro. Como si hubiera interiorizado  la idiosincrasia japonesa, los dibujitos monos conviven con ideas mucho más maduras y elaboradas. El resultado final es alentador y te obliga a memorizar bien el nombre de Arrazola para no perderle la pista.

Para cerrar quiero añadir que aquí se nos insta a unirnos a un viaje muy personal. Como ya hicieron en su día Florent Chavouet con Tokyo Sanpo o la más desconocida Kate T. Williamson con A year in Japan. Este libro es una invitación en toda regla a sumarnos a una aventura desde la mirada de la artista. El Japón que encontramos aquí es el de Arrazola y no el de los mapas. Hay una bendita ignorancia y una suerte de subjetividad que consiguen contagiarnos el estupor y las ganas de salir corriendo al aeropuerto más cercano. ¿Destino? Narita.

Si es verdad eso de que Japón es lo más parecido a una realidad alternativa que podemos encontrar hoy día, Wabi Sabi es el complemento perfecto para perderse. Para entender que no existen representaciones extrapolables del país nipón. No es la guía más perfecta que puede uno encontrar, pero ahí radica su belleza. Ahí reside el ansiado wabi-sabi.

 

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Cuaderno de naturaleza, de Julia Rothman

Cuaderno de naturaleza

Cuaderno de naturalezaEs totalmente cierto lo que Errata Naturae dice en la contracubierta del libro con lo de «Ningún libro sustituirá nunca a la naturaleza», y mucho más si quien tiene el libro en cuestión entre manos es un amante de ella, como supongo que le pasará a todo aquel que compre este. Pero también es cierto que el libro puede ser el brazo que te empuje hacia un mundo que siempre está abierto, donde todas las puertas son de entrada y al que le da igual quién y cómo seas: el mundo natural. De este maravilloso mundo habla Cuaderno de naturaleza, de Julia Rothman, autora de La vida en el campo.

Descubrí el mundo natural, en su plenitud, a raíz de adoptar a un perro (añado la “a” porque para mí son como humanos, o mejor). En realidad, para ser exactos, una perra. Ella, con su infatigable ánimo, me empujó a la montaña, me llevó por caminos repletos de árboles que parecían espejos por todo lo que me enseñaban de mí. Fue a partir de entonces, hace ya cosa de cuatro años, cuando vi que había un lugar en el mundo desprovisto de ojos en el que estar verdaderamente a solas. A medida que pasaba el tiempo y me acostumbré a mirarme estando inmerso en un bosque, empecé a mirar alrededor, a fijarme en todo lo que componía aquello que tan bien me hacía sentir, y descubrí un mundo sin fin. La montaña es algo así como el escaparate de una tienda favorita que abre las veinticuatro horas del día y no te pide dinero a cambio, solo un poco de amor, un poco de respeto, de buen trato, de ti. Tiempo después, me di cuenta de que también había libros que podían hacerte sentir algo parecido a lo que sientes cuando estás rodeado de verde. Leí alguno, me vi reflejado en ellos, sentí en ciertos momentos (todavía hoy lo siento) que alguien estaba escribiendo mi historia sin pedirme permiso pero dando completamente en el clavo. Una de las editoriales que más fuerte me golpearon (y golpea) en ese sentido fue y es Errata Naturae.

Hoy hablo de un título fuera de colección como es este nuevo Cuaderno de naturaleza, de Julia Rothman, un libro hecho por una amante de la naturaleza para amantes de la naturaleza. En él, Rothman desgrana el mundo natural desde su visión personal con datos, curiosidades, secretos y muchos dibujos. Amante de todo lo natural, consigue impregnar las páginas (aparte de con el maravilloso olor que desprende el papel, cosa, imagino, que no dependerá de ella) de un amor absoluto hacia un mundo que coexiste con nosotros y al que le debemos muchísimo más de lo que pensamos. Compuesto por siete capítulos, Cuaderno de naturaleza recorre desde lo más profundo de los ríos y lagos hasta lo más alto del universo: moscas grúa, cachalotes, tipos de abeja, constelaciones, anatomía de una hoja, formaciones nubosas con las que predecir el tiempo, etc. Todo ello acompañado siempre por su visión, su experiencia a través de paseos, pruebas, conversaciones. Además, incluye aportaciones propias y ajenas de, por ejemplo, recetas de cocina con hojas comestibles, metodología para una mascarilla natural, pasos para pintar un paisaje con acuarelas o para decorar tu pared con calcos de hojas del parque más cercano a tu casa. Todo muy simple, sí, pero certero.

Cuaderno de naturaleza es uno de esos libros que suelen llamarse de cabecera o de mesilla de noche, un libro al que recurrir cuando se tienen en la cabeza dudas tras, o durante, los paseos. ¿Cómo se llama ese árbol que siempre florece a estas alturas del año y que me tapa la luz de la habitación cuando lo hace? ¿Cómo es el cuerpo del murciélago que da vueltas alrededor de la luz de la farola que ilumina el parque de mi barrio? ¿Qué me dice el interior de un tronco cuando veo un árbol caído por el bosque? Todo ello y mucho más en un libro repleto de todo aquello que nos gusta a los que nos gusta lo natural. Un libro que solo por su olor ya debería comprarse. Y que encima tiene muchas cosas más. Para los que piensan en verde, en los que me incluyo, un nuevo tesoro para nuestras bibliotecas.

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La hoguera de los inocentes, de Eugenio Fuentes

la hoguera de los inocentes

la hoguera de los inocentes«Linchamientos, cazas de brujas y ordalías», así reza el subtítulo de La hoguera de los inocentes, el ensayo de Eugenio Fuentes. Y yo, con solo esa frase, me sentí atraída. No sé por qué, me gusta leer sobre el lado oscuro de los seres humanos, cómo somos capaces de llegar hasta los extremos más insólitos de maldad y sinrazón para hacer daño a nuestros semejantes. Eso esperaba encontrar en esta obra: un repaso histórico de estas prácticas de coerción y tortura. Pero, para mi sorpresa, hallé mucho más.

Todos sabéis qué son los linchamientos y las cazas de brujas, pero pocos habréis oído la palabra ordalía. No es de extrañar, ya que es un término medieval. Se denominaba así a los procedimientos judiciales en los que el acusado tenía que demostrar su inocencia. Del estilo: te ato de pies y manos y te tiro al mar; si no viene Dios a salvarte y mueres ahogado es porque eres culpable. Nunca se cuestionaba la sentencia (supuestamente) divina, ni siquiera cuando las pruebas o la misma lógica la rebatían. Era aterrador.

Podemos pensar que esas atrocidades pasaron a la historia, pero en 2017, en Nicaragua, Vilma Trujillo fue quemada en la hoguera, para liberarla del demonio. Aunque sea un caso aislado, eso no quita que la ordalía sigue vigente —e incluso revitalizada— en la actualidad, porque los seres humanos todavía nos dejamos llevar por miedos y prejuicios cuando acusamos —y sentenciamos— a otros por lo que son y no por lo que hacen.

Eugenio Fuentes nos habla sobre cómo se ha ido transformando la ordalía a lo largo de los siglos y, de este modo, no solo vemos cómo ha cambiado el procedimiento jurídico, sino también el contexto social y religioso en que se produce. Con todos estos elementos, este ensayo ya me hubiera encantado, pero es que encima incluye otro de mis temas favoritos: la literatura. Y es que Eugenio Fuentes profundiza en la (ausencia de) ética de las ordalías a través de la estética de las obras literarias que la han representado. No podía ser de otra forma, ya que el autor admite que el germen de este ensayo fue la novela El proceso, de Kafka.

El repertorio de obras mencionadas es largo: Ivanhoe, de Walter Scott, para confirmarnos que la ordalía se percibía como algo normal en la época medieval; El hereje, de Miguel Delibes, Castellio contra Calvino, de Stefan Zweig, y Nathan el Sabio, de Gotthold Ephraim Lessing, para profundizar en las diversas formas de la ordalía religiosa; el terrorífico libro Malleus maleficarum, de Heinrich Kramer y Jakob Sprenger, que incentivó la caza de brujas, junto a La bruja, de Michelet, y Las brujas de Salem, de Arthur Miller, para analizar las consecuencias de estas persecuciones; Intruso en el polvo, de Willian Faulkner, Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, Blues de la calle Beale, de James Baldwin y En busca de Bisco, de Erskine Caldwell, para ejemplificar los casos de ordalía racial; Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, Expiación, de Ian McEwan y La calumnia, de Lillian Hellman, para mostrarnos como la presunción de veracidad a la infancia también es un tipo de ordalía; Historia de la columna infame, de Alessandro Manzoni y De los delitos y las penas, de Cesare Beccaria, para reflexionar sobre el sinsentido de la tortura como método de confesión; Las «aventuras» de Caleb Williams, de William Godwin y El lugar de un hombre, de Ramón J. Sender, para examinar la ordalía social; El Palacio de los Sueños, de Ismaíl Kadaré, para adentrarse en las ordalías totalitarias que dominaron el siglo XX; Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, El cuento de la criada, de Margaret Atwood y Billy Budd, marinero, de Herman Melville, para ver la persistencia histórica de la ordalía sexista; Una extraña confesión, de Antón Chéjov, El anochecer, de David Goodis, e Inocencia trágica, de Agatha Christie, para enfocar este fenómeno desde la perspectiva de la novela negra, de la que Eugenio Fuentes es especialista; Cinco esquinas, de Mario Vargas Llosa, y Areopagítica, de John Milton, para abrirnos los ojos a la ordalía virtual de la que somos testigos (o protagonistas) en las redes sociales; y concluye con El caso de Maurizius, de Jakob Wassermann, con la que retrata cómo el ordalizado siempre es destruido.

Todas estas obras le sirven para disertar sobre la ordalía de una manera accesible y amena. Pero no se conforma con eso y también hace crítica literaria, destacando los puntos fuertes o carencias de las tramas y personajes, lo que nos provoca unas ganas tremendas de leer las obras de las que nos habla, aunque alguna que otra vez se extralimite y nos cuente hasta el desenlace.

A mí me fascina indagar en el lado oscuro de los seres humanos a través de la literatura, pero estoy harta de verlo cada vez que enciendo la televisión o entro en las redes sociales. Ahora, la ordalía puede ejecutarla cualquiera contra cualquiera y no hace falta recurrir a una hoguera para destrozarle la vida a alguien. Como afirma Eugenio Fuentes, «una ordalía refleja a la víctima, pero también a la comunidad que la ejecuta o lo consiente». Así que deberíamos plantearnos qué clase de sociedad queremos ser. La hoguera de los inocentes es una lectura muy útil para ello, pues nos hace tomar conciencia de que esa aberración llamada ordalía no es cosa del pasado, desgraciadamente.

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Joaquín Sabina: Perdonen la tristeza, de Javier Menéndez Flores

Joaquíin Sabina

Joaquíin Sabina No soy la fan número Uno de Sabina, ese título creo que lo ostenta una tal María R., pero siempre me han gustado las letras de sus canciones. Al ver este libro pensé que en realidad tampoco sabía demasiado sobre su vida y esta podía ser una buena ocasión para conocerle más allá de ese par de conciertos a los que he acudido o, o las entrevistas que he leído o escuchado en prensa escrita, radio o televisión.

Por otra parte, y antes de decidirme por la lectura del libro también pensé que al ser una biografía autorizada por el cantautor, también sería condescendiente con él, pero aun así ya tenía el gusanillo metido en el cuerpo y quería saber más sobre este hombre, al escritor no lo conocía, se llama Javier Menéndez Flores y es periodista, y al parecer ha escrito ya casi una docena de libros, muchos de ellos son biografías de gente famosa, así que perdonen mi ignorancia.
Este es un libro que amplia o completa otro que fue editado en 2001 y que tenía el mismo título, por lo que estamos hablando de una nueva edición ampliada y, tal como les he comentado antes, autorizada en esta ocasión, por el propio cantautor.

No sabría decirles en qué momento conocí a Sabina, ni que canción es la primera que canté de él, pero sí recuerdo la primera vez que fui a verlo a un concierto, fue en Zaragoza y actuaba con Javier Krae y Alberto Pérez, sería por los primeros años de los 80, y sí, yo era una jovencita muy especial en gustos musicales 😀

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.
El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid

El libro nos cuenta que esta canción, que aparece en su álbum “Malas compañías” (1980) ha tenido a lo largo de su historia dos finales, es más que probable que muchos de ustedes conozcan los dos, este que es el original de la canción y el que realmente a mí me gusta y le da sentido a la canción, el otro representa la comunión entre el autor y la ciudad en la que quiere vivir por toda la eternidad, renunciando ya a ese sur que siempre habría añorado.

Me gustan esas letras eternas de Sabina que alguien creería casi imposibles de aprender, esa mirada a lo más triste de la vida, parece que todo es juerga y alcohol pero debajo está siempre esa decadencia del paso de la vida. Incluso las celebraciones parecen tristes en su boca y en su pluma.

En otra ocasión fui a verlo debió de ser por Septiembre del año 2000, después tuve ocasión, cuando cantaba con Serrat, pero aun queriendo no fui y es difícil entender porqué ya no podía ir a oír cantar a estos dos grandes poetas… Quizá a un recital poético sí habría ido.

Joaquín Sabina nació en 1949 en Úbeda, es difícil nacer en esas tierras y no ser poeta, y los poetas vuelan tras sus sueños, como lo hizo tras esa primera novia a la que su padre, notario de Úbeda, se lleva hasta Granollers. Nuestro poeta decide acampar junto a la casa durante unos días… Pero como siempre a lo largo de su vida, le toca seguir volando.

Terminados los estudios secundarios, su padre le regala la primera guitarra. Y el poeta se tornará en cantautor.

En 1968 inicia sus estudios de Filología en Granada, y allí iniciará su nueva vida que llega fuertemente politizada. En 1970 se declara en España el estado de excepción y su propio padre lo detiene. No tardaría mucho en tener que salir al exilio a Londres, de donde ya no regresaría hasta la muerte del dictador.

La verdad es que todo esto está muy bien narrado por el autor, se hace entretenida la lectura y a través de ella podemos ir viendo los hechos que hacen ir madurando al Sabina y como se va consolidando su compromiso político, pero también veremos de donde nacen su forma de hacer poesía a través de las canciones y reportajes periodísticos. Del compromiso político, de sus amores y sobre todo de sus desamores, las mujeres y Sabina… Todo un mundo.

Por “Perdonen la tristeza” van pasando sus letras, imágenes, y nombres muy vinculados a su vida ya plenamente asentada en España. Y va pasando su discografía, toda, y acompañada de imágenes exclusivas cedidas, por lo visto por el propio autor, también sus ídolos de los que están impregnadas sus composiciones: J.J. Cale, Tom Waitts y Bo Dylan entre otros pero principalmente.

19 y 500 noches parece que es el GRAN Álbum del autor, pero sobre todo es una de las canciones que pasará a la historia de la música de este país, y aunque ustedes no se lo crean, muchos de los que dicen que no son capaces de aprenderse la tabla de valencias han podido aprenderse su letra:

Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks,
en vez de fingir
o estrellarme una copa de celos
le dio por reír.
De pronto me vi
como un perro de nadie
ladrando a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios,
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.
Tenían razón
mis amantes en eso de que antes
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez, yo quería querer quererla
y ella no.
Así que se fue,
me dejó el corazón en los huesos
y yo de rodillas
desde el taxi
y haciendo un exceso
me tiró dos besos,
uno por mejilla.
Y regresé
a la maldición del cajón sin su ropa,
a la perdición de los bares de copas,
a las cenicientas de saldo y esquina,
y por esas ventas del fino Laína,
pagando las cuentas de gente sin alma
que pierde la calma con la cocaína,
volviéndome loco,
derrochando la bolsa y la vida
la fui, poco a poco,
dando por perdida.
Y eso que yo,
para no agobiar con flores a María,
para no asediarla con mi antología
de sábanas frías y alcobas vacías,
para no comprarla con bisutería
ni ser el fantoche que va en romería
con la cofradía del Santo Reproche,
tanto la quería
que tardé en aprender a olvidarla
diecinueve días
y quinientas noches.
Dijo hola y adiós,
y el portazo sonó
como un signo de interrogación,
sospecho que así
se vengaba, a través del olvido,
Cupido de mí.
No pido perdón,
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa…
siempre tuvo la frente muy alta
la lengua muy larga
y la falda muy corta.
Me abandonó
como se abandonan
los zapatos viejos,
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos,
sacó el espejo
su vivo retrato,
y fui tan torero
por los callejones del juego y el vino
que ayer el portero me echó del casino
de Torrelodones.
Que pena tan grande,
negaría el Santo Sacramento
en el mismo momento
que ella me lo mande.
Y eso que yo…
Y regresé…

Y ya ven que como les decía las letras de Sabina son las más largas del mundo, y tan “extrañas como un pato en el Manzanares…”, No es de extrañar que al final del libro nos encontremos con “Cien perlas para la posteridad”, Sabinismos y sabinadas, le llaman, frases de Sabina que seguramente no les dejarán indiferentes, algunas divertidas, otras estrafalarias pero otras también necesarias.

 

El libro se cierra con algunas reseñas cobre el autor de gentes del mundo de la literatura en particular y de las artes en general: Serrat, Muñoz Molina, Juan Echanove… Ya ven gentes que en general le quieren y también sienten por él cierta admiración. Si les gusta Sabina y quieren saberlo todo de él, seguramente este es el libro que andaban buscando.

Y si he de quedarme con unos versos …

“…Se escapo de una cárcel de amor,
de un delirio de alcohol,
de mil noches en vela
Se dejo el corazón en Madrid
quien supiera reí­r
Como llora Chavela!”

 

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La última noche de Ayrton Senna (suite 200), de Giorgio Terruzzi

La última noche de Ayrton Senna

La última noche de Ayrton SennaCuenta Giorgio Terruzzi que todos a los que pregunta sobre ello, periodistas, conocidos, pilotos, son capaces de recordar lo que estaban haciendo en el momento exacto en el que supieron de la muerte de Ayrton Senna. Yo también, lo reconozco, tengo una memoria concreta de aquel domingo de mayo, una de las más vívidas que conservo de mi adolescencia, y eso que ha transcurrido casi un cuarto de siglo.
Senna no ha pasado a la historia como el mejor piloto en cuanto a victorias o títulos mundiales. No lo es ahora, pero es que ni siquiera lo fue en vida. Prost, Schumacher y los actuales Hamilton y Vettel superan sus registros, aunque también es justo admitir que, sobre todo en el caso de los dos últimos, hablamos casi de un deporte distinto. Sin embargo, ninguno de ellos alcanza el carisma del paulista, su imagen de leyenda, ninguno ocupa su hueco en el imaginario popular. Por su carácter en la pista, por sus polémicas fuera, por su temprana muerte haciendo aquello que lo había llevado a la cumbre, Senna se alza por encima de cualquiera y será difícil que llegue alguien para bajarlo de ese trono en estos tiempos de héroes demasiado perfectos.
El recurso de Giorgio Terruzzi para contar su vida en La última noche de Ayrton Senna (suite 200) es clásico, y bebe del mismo subgénero que las historias de condenados a muerte que aprovechan sus últimas horas en la celda para expiar sus pecados. En ese sentido, nada nuevo, pero sí original en este contexto. Al principio resulta chocante: aparecemos en la habitación del Hotel Castello durante las horas previas al Gran Premio de San Marino de 1994 y contemplamos a un Senna reflexivo e inseguro que repasa su relación amorosa en presente con Adriane Galisteu, el amor-odio que siente por su familia y, solo de fondo, piensa en la muerte de Roland Ratzenberger, ocurrida unas horas antes en el mismo circuito en el que va a correr al día siguiente. Conforme pasan las páginas y las horas de esa última noche, Terruzzi se centra más en los hechos y un poco menos en la reflexión y el lector se familiariza con su voz y su cadencia. Tiene el buen gusto de narrar en tercera persona, sin caer en la trampa de hacer hablar a los muertos, y el texto (en la traducción de David Paradela López) discurre de manera solvente y poco recargada, algo de agradecer en unos tiempos en los que la crónica deportiva se ha convertido en uno de los subgéneros más dados al adorno y al adjetivo innecesario. La trayectoria de Senna queda finalmente cubierta sin lagunas, desde su comienzo en el karting hasta el mismo día de su muerte, pasando por los difíciles tiempos en las categorías inferiores británicas y la gloria de sus mejores años. Sin embargo, las descripciones de Terruzzi dan una mejor idea del carácter de Nelson Piquet o del entorno de Angra dos Reis, donde Senna tenía su retiro brasileño, que de cualquiera de los circuitos del mundial, y sus aventuras amorosas y otros problemas fuera del Gran Circo nos hacen descubrir un perfil de Ayrton alejado de sus grandes gestas.
Uno de los mayores inconvenientes de La última noche de Ayrton Senna (suite 200) es que puede caer en tierra de nadie. No es para no iniciados, eso seguro, y quienes busquen una biografía completa del mito, con fechas, datos y estadísticas, tampoco encontrarán en él un texto especialmente profuso ni ordenado. No obstante, los que tienen grabado en la memoria dónde estaban aquel uno de mayo y quizá acaban de caer en ello, sí podrán a través de él tirar el hilo de la memoria, hacer un recorrido sentimental imperfecto que les llevará a rebotar de nuevo entre nombres que creían perdidos como Xuxa, Gerhard Berger o Fernando Collor de Melo. Y con ello recordarán lo bueno que era Ayrton Senna y lo pronto que se marchó.

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Contra todo, de Mark Greif

Contra todo

Contra todoMe encantan los sketches de Pantomima Full. En su canal de YouTube, los cómicos Alberto Casado y Rober Bodegas caricaturizan en vídeos de un minuto comportamientos tan típicos como ridículos que vemos (y ejercemos, aunque eso cueste más reconocerlo) en nuestro día a día: el hacerse pasar por un entendido en vinos sin tener apenas idea del tema, el contabilizar hasta el último céntimo cada vez que toca pagar una cuenta entre varios amigos, el obsesionarse con la salud o con el deporte y justificarlo con argumentos completamente vacíos… Y lo cierto es que en estas píldoras de humor los cómicos no se tienen que esforzar demasiado en exagerar sus interpretaciones, ya que los comportamientos reales son de por sí lo suficientemente absurdos.

En Contra todo, el divulgador estadounidense Mark Greif busca también sacar los colores al individuo medio a costa de su comportamiento, aunque con menores dosis de humor. Así, la mayor parte de los ensayos que componen este libro se basan en poner en cuestión situaciones habituales que, tras un consistente razonamiento y una no menos consistente flagelación, destapan lo patético de nuestra existencia. Lo más duro de ello es que las críticas no se enfocan hacia el común de la sociedad, sino que se centran en el individuo concreto. Así, uno siente como Greif te señala con el dedo, te muestra tus miserias y no te admite la presión de grupo como eximente. “Lo más triste de todo es la creencia de que un cuerpo mejorado llevará a la felicidad a aquellos a los que nadie quiere”, sentencia el de Boston cuando abarca el tema del ejercicio físico.

Los textos de Greif van provocando fogonazos de pensamiento en el lector; estimulan el cuestionamiento de todo lo que nos rodea. Así, su defensa de la redistribución de las riquezas, por ejemplo, me ha ayudado a encontrar nuevos argumentos para defender una postura que ya creía justa. Y pese a ser textos escritos en años diferentes existen muchas conexiones entre ellos, con lo que la lectura del libro ayuda a formar una imagen bastante sólida del pensamiento del autor. El autor estadounidense demuestra ser una persona sumamente culta, o al menos realmente inteligente por ser capaz de llevar a cabo una labor de documentación encomiable, así como de hablar con coherencia y profundidad de temas tan variopintos como el sentido de la vida o la evolución de la música pop.

Los temas que se debaten en este libro están íntimamente ligados a la sociedad contemporánea. Así, la proliferación de los hípsters, esa tribu urbana de largas barbas y gustos excéntricos, la revolución que supuso YouTube en nuestra forma de consumir contenidos audiovisuales o los movimientos de protesta que poblaron las ciudades de todo el mundo hace unos años no escapan de su punto de mira. Y para aproximarse a ellos usa en no pocas ocasiones la provocación, como cuando compara a Snooki, de Jersey Shore, con Adolf Hitler, o cuando ensalza a Kanye West como “uno de los genios universales de nuestro tiempo”.

De la misma forma que ¿Cómo nos metimos en este desastre?, esta colección de artículos, publicados en su mayoría en la revista n+1, cautiva tanto por su variedad temática como por sus originales postulados. Porque, cuando los argumentos sobre casi cualquier asunto han sido tantas y tantas veces utilizados, lo único que le queda al escritor para conseguir que su texto sea atractivo es encontrar un enfoque que escape de lo común. Y los artículos de Contra todo, además de ser brillantes a la hora de destacar lo absurdo de algunos comportamientos, entran con fuerza en la mente del lector.

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Monólogos de la vagina, de Eve Ensler

Monólogos de la vagina

Monólogos de la vaginaMuchas veces hemos hablado del poder de la palabra, sobre todo en un espacio como este, dedicado a la literatura. Pero esa frase ha adquirido una nueva magnitud para mí tras leer Monólogos de la vagina, de Eve Ensler.

Monólogos de la vagina nació como obra de teatro hace veinte años. Cuando Eve Ensler se subió al escenario, creyó que la iban a apalear. Entonces nadie se atrevía a decir vagina en voz alta y ella la pronunciaba ciento veintiocho veces en cada representación. Pero no solo eso: hablaba del vello púbico, del deseo sexual, del placer, del parto. Y también de la violación, de la mutilación genital, del maltrato, de la culpabilidad y la vergüenza que nos inculcan a las mujeres por haber nacido con una vagina.

Que la palabra vagina ha estado silenciada es evidente. ¿A cuántas niñas nos han dicho que se llama así? Lo habitual es recurrir a eufemismos: rajita, cosita, eso de ahí abajo. Y, además, dejarnos claro que eso no se mira, eso no se enseña, eso no se toca, eso no se dice. La palabra vagina causa pudor, incomoda, incluso provoca desprecio y asco. Porque nombrarla es vulgar, indecente.

Pero Eve Ensler rompió el tabú, y con ese monólogo, inspirado en las entrevistas que hizo a más de doscientas mujeres de toda condición, liberó un torrente de recuerdos, de rabia y de dolor: decenas de mujeres se acercaron a contarle cómo ellas también habían sido violadas, asaltadas, agredidas, acosadas.

Así, Monólogos de la vagina se convirtió en un catalizador de la concienciación y la justicia, y la obra se propagó por todo el mundo, retomada por otras mujeres que rompían, a través de ese monólogo, el silencio de sus comunidades sobre sus cuerpos y sus vidas. Esas iniciativas se consolidaron en V-Day, un movimiento de concienciación global que busca poner fin a la violencia contra mujeres y niñas y que actúa allí donde las mujeres están en grave peligro, ya sea por catástrofes naturales, asesinatos u opresión, para hacerlas visibles y sanarlas a través de la palabra.

Con motivo del veinte aniversario, Ediciones B publica una edición actualizada en la que, además del monólogo original, incluye los monólogos que fueron escritos posteriormente para acciones de la Campaña V-Day Spotlight —donde se da voz a transexuales y esclavas sexuales, entre otros grupos de mujeres en situaciones de riesgo— y artículos sobre la misión de ese y otros movimientos, como la Ciudad de la Alegría. Todo ello demuestra la trascendencia que ha tenido la transgresora obra  de Eve Ensler.

Este libro era necesario entonces y lo sigue siendo ahora, tal y como afirma Jacqueline Woodson en el prólogo de la presente edición. Pese a los años transcurridos y a los logros alcanzados, todavía nos quedan muchos miedos y vergüenzas que exorcizar, con nuestro cuerpo en general y con nuestra vagina en particular. La revolución feminista comienza en nuestro cuerpo, al que debemos mirar y nombrar, parte por parte, sin pudor. Porque lo que no se nombra, no existe. Porque las palabras construyen la realidad, la transforman, y nos liberan. Eve Ensler lo demostró al pronunciar ciento veintiocho veces la palabra vagina en público y originar un movimiento mundial que ha empoderado a miles de mujeres. Ese es el  poder de la palabra; ese es el poder imparable de Monólogos de la vagina.

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Steve Jobs, inventor del mañana, de Julio Fajardo Herrero y Miguel Pang

Steve Jobs Inventor del mañana

Steve Jobs Inventor del mañanaLo reconozco: cuando el 5 de octubre de 2011 leí que Steve Jobs había fallecido, apenas sabía quién era. Sí, lo había visto alguna vez por la televisión, había oído mencionar su nombre, pero nunca había reparado en él hasta que su muerte conmocionó al mundo. Creo que yo ni siquiera tenía smartphone entonces. Siempre he ido bastante rezagada en cuanto a aparatos tecnológicos.

Hasta que vi Jobs en 2013, el biopic protagonizado por Ashton Kuchter, no supe del papel trascendental que aquel hombre había jugado en los inventos más revolucionarios de las últimas décadas. Fue en ese momento cuando empezó a llamarme la atención su trayectoria profesional y sus contradicciones personales, y por eso fui de cabeza a ver la segunda película basada en su vida, en la que fue encarnado por Michael Fassbender. Sin duda, Steve Jobs era un hombre singular que cambió nuestra manera de vivir y, por eso, Vegueta Ediciones le ha dedicado una de las entregas de su colección Genios de la Ciencia.

Genios de la Ciencia es una serie de biografías de científicos e inventores que han contribuido al desarrollo y la calidad de vida de nuestra sociedad. Está especialmente destinada a los lectores entre ocho y once años. Por el momento, está compuesta por las biografías de Tesla, Hipatia, Jane Goodall, Arquímedes y Gutenberg. Y ahora le ha tocado el turno a Steve Jobs, inventor del mañana.

¿Cómo se explica a un niño quién fue Steve Jobs? Pues captando su interés desde la primera línea. Para ello, el escritor Julio Fajardo Herrero hace que sea el propio Apple II, el primer ordenador personal que se vendió masivamente en todo el mundo, el que cuente la historia de su creador. Comienza recordando su infancia, sus idas y venidas de la universidad, su amistad con Woz y los primeros inventos conjuntos, su éxito empresarial con tan solo veintiún años… Pero no olvida mencionar sus rifirrafes con Bill Gates, su carácter complicado, su despido de la misma empresa que él creó, su resurgir con Pixar, su enfermedad y su muerte.

El recorrido por la vida de Steve Jobs apenas ocupa treinta páginas, en las que las ilustraciones de Miguel Pang tienen gran protagonismo, pero abarca los aspectos más relevantes de su trayectoria, por lo que el resultado es un retrato bastante completo para que los niños se hagan una idea de quién fue Steve Jobs y cuál fue su aportación al mundo. No faltan citas de Jobs en los márgenes del texto, curiosidades sobre su vida y el logo de Apple y explicaciones de los términos informáticos que se van mencionando, y todo ello enriquece el conjunto. Además, la narración hace hincapié en que los avances protagonizados por Jobs no hubieran sido posibles sin el saber, talento y esfuerzo de muchas otras personas que trabajaron junto a él.

Steve Jobs podrá gustar más o menos, pero no cabe duda de que es una figura clave para entender nuestro mundo actual, en el que prácticamente todos usamos alguno de sus inventos. Incluso los niños, que ahora parece que nazcan con un smartphone bajo el brazo. ¿Cómo no les va a interesar quién fue el «genio» que lo hizo posible? Vegueta Ediciones se lo cuenta en Steve Jobs, inventor del mañana, y les presenta a muchas mentes brillantes más en su colección.

Decía Jobs que hay que «intentar empaparte de los mejores logros de la humanidad y después tratar de incorporarlos a lo que haces». Quién sabe si conocer a estos inventores y científicos a través de estas biografías hará que esos jóvenes lectores  interioricen esas palabras y sean algún día los nuevos genios de la ciencia.

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Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo, de Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio

Las chicas son de ciencias

Las chicas son de cienciasEn cuanto me enteré de que Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio volvían a la carga con Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo, allá que me lancé a leerlo. ¿Cómo no hacerlo? Hace poco más de un año leí Las chicas son guerreras. 26 rebeldes que cambiaron el mundo, y me sorprendí de la cantidad de hitos históricos protagonizados por mujeres de los que nunca había oído hablar. Como no sabía si era solo cosa mía, cuando reseñé aquel libro, os hice un pequeño examen de cultura general, para que vosotros mismos comprobarais si teníais tantas lagunas como yo. Y con Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo voy a hacer lo mismo, así que hoy toca poneros a prueba con un examen de ciencias. Allá va:

¿Quién creó la primera clasificación de insectos con crisálida de la historia y, además, la ilustró?

¿Quién descubrió el método de medición de la distancia entre las estrellas?

¿En qué activista por la libertad sexual de las mujeres se inspiró Willian Marston, el creador de Wonder Woman?

¿Quién descubrió cómo era el centro de la Tierra?

¿Qué mujer ganó el premio de Hombre del Año en 1969?

¿Quién descubrió la estructura de la penicilina para poder crearla desde cero en el laboratorio y salvar millones de vidas?

¿Qué química española estuvo a punto de ser condenada a muerte por su lucha antifranquista?

¿Quién fotografió de forma nítida la estructura del ADN por primera vez?

¿Quién creó el tejido que se usa en los chalecos antibalas?

¿Quién encontró la materia oscura?

¿Quién escribió el código de software que llevó al primer hombre a la Luna?

¿Quién descubrió la existencia del bosón de Higgs?

Seguramente, si no sois muy duchos en ciencias, igual que me pasa a mí, no hayáis acertado ni una. Es normal. Pero creo que incluso los que sí sean expertos desconocerán las respuestas a varias de estas preguntas o, lo que es peor, le tenían atribuidos muchos de estos logros a otros científicos (hombres, por supuesto). Y es que, como nos cuentan Sergio Parra e Irene Cívico en este libro, más de una vez, los hallazgos de estas mujeres fueron desechados, hasta que algún colega hombre los ratificaba tiempo después o, directamente, se llevaba toda la gloria al avanzar un poco más en el camino abierto por ellas. De ahí la necesidad de libros como este, que dan a conocer estas figuras a los lectores jóvenes.

Las chicas son de ciencias. 25 científicas que cambiaron el mundo me parece un libro genial para un primer acercamiento a la ciencia, pues además de hablarnos de la trayectoria de estas mujeres, explican algunos de esos conceptos científicos de los que oímos hablar a menudo, pero no acabamos de entender. Y si después de leerlo os quedáis con ganas de más, os recomiendo también Sabias, la cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez, un ensayo que profundiza en algunas de estas relevantes figuras de la ciencia y en muchas más.

Irene Cívico, Sergio Parra y Núria Aparicio tienen aún muchos nombres que rescatar del olvido, así que espero que haya más entregas de mujeres guerreras. Ya es hora de dedicarles todas las líneas que se merecen en la historia de la humanidad.

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Feminismo para principiantes, de Nuria Varela y Antonia Santolaya

Mirad esta portada. ¿A qué os recuerda? ¿No es muy parecida a lo que pasó el 8 de marzo en muchas ciudades de España? Una huelga multitudinaria, la unión de millones de mujeres para reivindicar nuestros derechos.

Habrá quien diga que qué reivindicamos a estas alturas, que qué pesaditas nos hemos puesto últimamente con el tema. A todos los que digan eso —o que lo piensen, aunque no se atrevan a expresarlo en voz alta—, les recomiendo leer Feminismo para principiantes, escrito por Nuria Varela e ilustrado por Antonia Santolaya. En serio, leedlo. Seguro que dejaréis de tenerle tanta manía al feminismo. Y quienes hayáis empezado a tomar conciencia ahora, leedlo también; os encantará y encontraréis un montón de libros recomendados para seguir profundizando en el pensamiento feminista.

Feminismo para principiantes nace con el espíritu de «proponer una puerta de entrada a todo el mundo a la mirada feminista» y lo consigue a través de un ameno recorrido por la historia del feminismo, repleto de menciones a las mujeres más representativas del movimiento, pero también a los hombres que han contribuido significativamente a él. Podría enumerar aquí a todas las figuras de las que nos habla Nuria Varela, pero no lo haré. Porque no quiero que leáis esos nombres y los olvidéis a los pocos minutos. Lo que realmente deseo es que los descubráis leyendo Feminismo para principiantes, para que los situéis en su contexto y comprendáis lo que supusieron en su momento. Solo así os sorprendereis con esos discursos y reivindicaciones que fueron pronunciados muchas décadas —e incluso siglos— atrás, pero que todavía hoy no son una realidad palpable.

Feminismo para principiantes también recopila textos históricos como la Declaración de Seneca Falls (1848) y el discurso de Clara Campoamor en las Cortes de 1931 (al movimiento feminista de España le dedica todo un apartado), y hasta una cronología de los avances del sufragio universal y un mapa que refleja las fechas en las que se alcanzó en cada país (Nueva Zelanda, en 1893, fue de los primeros en abrir camino, pero Sudáfrica no lo logró hasta ¡¡1994!!). Y Nuria Varela, junto a profesoras de Sociología del Género, economistas y otras profesionales especializadas en feminismo, nos hace reflexionar analizando las contradicciones de la Revolución francesa (que reivindicaba la igualdad universal a la vez que encarcelaba y guillotinaba a las mujeres que exigían ser tenidas en cuenta), el «matrimonio mal avenido» entre el marxismo y el feminismo o los artículos de la Constitución española en los que queda patente la desigualdad entre hombres y mujeres. Pero no solo mira al pasado, sino que nos presenta las distintas ramas que han nacido del feminismo y que seguirán desarrollándose en el futuro, como el feminismo institucional, el ecofeminismo, el ciberfeminismo o el feminismo romaní.

Es impresionante leer todo lo que le debemos, aun sin saberlo, a las feministas. No solo han conquistado muchos de los derechos humanos que se les habían negado a las mujeres, incluso poniendo en riesgo su propia vida, sino que han denunciado otras injusticias como la esclavitud e inventado formas de agitación social que han sido decisivas a lo largo de la historia, como las manifestaciones, la interrupción de oradores mediante preguntas sistemáticas, la huelga de hambre, la tirada de panfletos o el autoencadenamiento. Y pese a lo que han contribuido a otras causas que promovían un mundo mejor, sus reivindicaciones particulares, esas que solo atañen a las mujeres, siempre han acabado relegadas.

Quizá, huelgas como las del 8 de marzo sean un síntoma de que, por fin, ha llegado el momento. Solo cuando este mundo sea de verdad para todo el mundo, tanto en la esfera pública como en la privada, el movimiento feminista habrá alcanzado su cometido.

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