
¿Se nota que me encanta Chimamanda Ngozi Adichie? Lo digo porque El peligro de la historia única es el quinto libro que voy a reseñar de ella en Libros y Literatura en poco más de un año. La descubrí con Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, la carta que le dedicó a una amiga y que, más que un mapa del feminismo, es un mapa para la vida, con directrices de puro sentido común para educar a niños y niñas en el respeto hacia sí mismos y hacia los demás.
Quedé tan encantada con este primer acercamiento que quise conocer su vertiente novelista, y leí, una detrás de otra, las tres novelas que ha escrito hasta ahora: La flor púrpura, donde habla de la construcción de la libertad y de la identidad durante el paso de la adolescencia a la edad adulta; Medio sol amarillo, en la que retrata el efímero país de Biafra y el conflicto bélico que lo derrumbó y Americanah, una historia divertida y sin pelos en la lengua en la que cuenta el día a día de una inmigrante nigeriana en Estados Unidos. Y Chimamanda Ngozi Adichie me dejó sin palabras, porque cada novela me pareció aún mejor que la anterior. Qué maravilla de escritora. Así que, tras unos meses de barbecho, por fin me reencuentro con ella, esta vez leyéndola en su faceta divulgadora: la transcripción de su primera charla TED, El peligro de una historia única, recién publicada por Literatura Random House.
No me extenderé explicando de qué va esta charla, ya que es bastante corta y hacerlo sería contárosla entera. Y no pienso hacerlo, porque eso os quitaría el gusto de enteraros a través de las palabras siempre certeras y cercanas de esta autora. Me limitaré a deciros que Chimamanda Ngozi Adichie relata varias anécdotas personales para ejemplificar con total claridad el peligro de una historia única.
Quizá os preguntéis que es eso de una historia única. Pues es simplemente convertir una visión parcial, ya sea sobre una persona, un grupo social, un país o un episodio histórico, en la historia definitiva. Y Chimamanda Ngozi Adichie nos demuestra que vivimos contaminados de esas historias definitivas, que limitan nuestra percepción de la realidad, siempre reducida a estereotipos.
Junto a la transcripción de la charla TED, la presente edición de El peligro de la historia única incluye «Las historias de una idea», un artículo de Marina Garcés, la traductora, en el que reflexiona sobre el texto de la escritora nigeriana y nos anima a desviarnos de los lugares comunes de la cultura para propiciar otros encuentros. Un complemento perfecto, que hace que la lectura sea doblemente gratificante. Entre ambas partes apenas suman cincuenta páginas, pero os aseguro que pocas veces una libro tan breve os resultará tan intenso y revelador.
Así es la inspiradora Chimamanda Ngozi Adichie, una narradora excepcional que nos demuestra el peligro de ciertas historias y el poder inmenso de tantas otras. Si aún no la conocéis, no sé a qué estáis esperando. Una vez que Chimamanda os abra los ojos, ya no podréis cerrarlos de nuevo.

Es mucho lo que hay que saber sobre poesía y siempre es poco lo que podamos saber. Una frase algo enrevesada quizás, pero estoy segura de que me entendéis.
No sé si vosotros hacéis como yo, que cuando estoy leyendo un libro que me encanta no paro de contar los detalles que más llaman mi atención a la gente que tengo a mi alrededor. El último con el que me ha pasado es De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris. Como, por desgracia, mi entorno no es muy (nada) lector, no hacían caso a mi entusiasmo, así que además de darle la tabarra a ellos, lo recomendé varias veces por mis redes sociales. Pero como todavía no me he quedado a gusto, vengo aquí para explayarme con vosotros, contándoos por qué me ha gustado tanto y aconsejándoos que no lo dejéis pasar, ¡es apasionante!
Hace unos días, mi hijo de trece años vino a casa muy contento porque había sacado un 8,5 en un examen de mates. ¡Eureka!, exclamé lo más apropiadamente que pude. Desde aquellos felices y tempranos años de primaria el crío no conseguía una nota tan alta, y de hecho llevaba unos meses de aprobados raspados. Me dijo que en realidad consideraba que había sacado un 10, pero que había tenido un par de despistes que le restaron puntos. Parece que no percibió la contradicción en términos que supone decir que un 8,5 en matemáticas es lo mismo que un 10. En todo caso, me alegré enormemente al ver que, después de mucho esfuerzo por su parte y mucha insistencia por la mía, al fin había dado ese gran paso tan necesario al enfrentarse a binomios, trinomios y ecuaciones: entender.
Hace unos días reseñé 
Pese al innegable interés histórico de Entre hienas, debo reconocer que lo que me llamó la atención de esta novela fue básicamente literario, o tal vez no, pero desde luego sí que sentí un gran interés por descubrir la manera en la que la autora podría gestionar el equilibrio entre la parte histórica, la literaria y la personal. Me explico, vean lo que dice la propia autora al protagonista:
Para mí Nabokov es uno de los grandes. Su prosa me parece exquisita y creo que es, sin duda, uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Os recomiendo mucho que leáis 
Esto no es una reseña, es más bien un experimento. Siempre he sido muy escéptico en lo relativo a la meditación, ya que soy un tipo muy terrenal y me cuesta creer en todo aquello que no puedo controlar completamente. Pero después de haber escuchado en varias ocasiones a amigos y conocidos hablar sobre las virtudes de esta práctica, me decidí a intentarlo; por otro lado, también soy de los que piensa que criticar algo sin conocerlo es de auténticos cuñados. Y así llegó a mis manos Meditar en 3 minutos, un libro que me atrajo precisamente por su propuesta de dedicar un tiempo tan escaso al día para adentrarse en el mindfulness o meditación de plena consciencia.
Han pasado muchas cosas desde que os recomendé aquí 
Cuando yo era pequeña vivía con mi madre y con mi tío. A pesar de no tener hermanos, mi tío se encargó de convertirse en uno, en lo bueno y en lo malo. Lo bueno: siempre se quedaba en casa cuidando de mí cuando mi madre trabajaba, jugábamos a la Play día sí y día también, me llevaba al cine a ver Harry Potter (aunque siempre se quedara dormido) y me protegía como si yo estuviera hecha de cristal. Lo malo: todos los días acabábamos peleados por alguna que otra tontería, lo echaba tremendamente de menos cuando se iba con sus amigos y no pasaba la tarde conmigo y me daba un pánico horrible saber en lo que trabajaba. Mi tío era paracaidista.
¿Cómo no iba a estar yo hoy, aquí, hablándoos del nuevo libro de 
Desde que supe de la existencia de Gabo, memorias de una vida mágica, deseaba leerlo. Porque las novelas gráficas publicadas por la editorial Rey Naranjo sobre las vidas de