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El peligro de la historia única, de Chimamanda Ngozi Adichie

el peligro de una historia única

el peligro de una historia única¿Se nota que me encanta Chimamanda Ngozi Adichie? Lo digo porque El peligro de la historia única es el quinto libro que voy a reseñar de ella en Libros y Literatura en poco más de un año. La descubrí con Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, la carta que le dedicó a una amiga y que, más que un mapa del feminismo, es un mapa para la vida, con directrices de puro sentido común para educar a niños y niñas en el respeto hacia sí mismos y hacia los demás.

Quedé tan encantada con este primer acercamiento que quise conocer su vertiente novelista, y leí, una detrás de otra, las tres novelas que ha escrito hasta ahora: La flor púrpura, donde habla de la construcción de la libertad y de la identidad durante el paso de la adolescencia a la edad adulta; Medio sol amarillo, en la que retrata el efímero país de Biafra y el conflicto bélico que lo derrumbó y Americanah, una historia divertida y sin pelos en la lengua en la que cuenta el día a día de una inmigrante nigeriana en Estados Unidos. Y Chimamanda Ngozi Adichie me dejó sin palabras, porque cada novela me pareció aún mejor que la anterior. Qué maravilla de escritora. Así que, tras unos meses de barbecho, por fin me reencuentro con ella, esta vez leyéndola en su faceta divulgadora: la transcripción de su primera charla TED, El peligro de una historia única, recién publicada por Literatura Random House.

No me extenderé explicando de qué va esta charla, ya que es bastante corta y hacerlo sería contárosla entera. Y no pienso hacerlo, porque eso os quitaría el gusto de enteraros a través de las palabras siempre certeras y cercanas de esta autora. Me limitaré a deciros que Chimamanda Ngozi Adichie relata varias anécdotas personales para ejemplificar con total claridad el peligro de una historia única.

Quizá os preguntéis que es eso de una historia única. Pues es simplemente convertir una visión parcial, ya sea sobre una persona, un grupo social, un país o un episodio histórico, en la historia definitiva. Y Chimamanda Ngozi Adichie nos demuestra que vivimos contaminados de esas historias definitivas, que limitan nuestra percepción de la realidad, siempre reducida a estereotipos.

Junto a la transcripción de la charla TED, la presente edición de El peligro de la historia única incluye «Las historias de una idea», un artículo de Marina Garcés, la traductora, en el que reflexiona sobre el texto de la escritora nigeriana y nos anima a desviarnos de los lugares comunes de la cultura para propiciar otros encuentros. Un complemento perfecto, que hace que la lectura sea doblemente gratificante. Entre ambas partes apenas suman cincuenta páginas, pero os aseguro que pocas veces una libro tan breve os resultará tan intenso y revelador.

Así es la inspiradora Chimamanda Ngozi Adichie, una narradora excepcional que nos demuestra el peligro de ciertas historias y el poder inmenso de tantas otras. Si aún no la conocéis, no sé a qué estáis esperando. Una vez que Chimamanda os abra los ojos, ya no podréis cerrarlos de nuevo.

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Todo lo que hay que saber sobre poesía, de Elena Medel

Todo lo que hay que saber sobre poesía

Todo lo que hay que saber sobre poesíaEs mucho lo que hay que saber sobre poesía y siempre es poco lo que podamos saber. Una frase algo enrevesada quizás, pero estoy segura de que me entendéis.

Elena Medel, directora de la editorial de poesía La bella Varsovia, lo sabe bien. Por eso ha publicado con Ariel este libro que se me antoja imprescindible. Me explico: para la gente a la que le guste la poesía, que sepa sobre ella y la consuma, quizás Todo lo que hay que saber sobre poesía se quede corto. Al menos esa ha sido mi sensación. Quienes amamos la poesía no vamos a descubrir nada que no se sepamos ya entre sus páginas. Pero, creo que es imprescindible en el sentido de recordar conceptos y recordar, ya sabéis, es volver a pasar por el corazón. Y a la poesía estos viajes al corazón le sientan de maravilla.

Por otra parte, para quien no sea amante de la poesía, pero sí que sienta interés por ella, este libro es imprescindible en su contenido, pues es como asistir a un curso de poesía en el que aprender las nociones esenciales que tienen que ver con este arte.

Así, Todo lo que hay saber sobre poesía está dividido en cuatro apartados principales: “¿De qué hablamos cuando hablamos de poesía?, “Cuando el poema se escribe”, “Momentos y movimientos” y “Más allá de los libros”. Además incluye al final un glosario bastante útil.

En cada uno de estos apartados de desgranan los principios básicos de la poesía: temas e ideales, el ritmo, el verso, los tipos de estrofas, las figuras literarias, los movimientos poéticos y otros tipos de poesía, entre otros muchos temas.

Un total de doscientas páginas en las que se condensa la misma esencia de la poesía. Tarea difícil. Menos mal que Elena Medel sabe lo que se trae entre manos. Autora de poemarios como Mi primer bikini o Chatterton y ganadora de premios como Andalucía joven (2006) o Loewe (2014), esta poeta cordobesa está considerada una de las voces más importantes del panorama lírico actual, así que rigor no le falta al libro.

Cómo os decía antes, si ya sois amantes de la poesía puede que el libro se os quede algo pequeño. Y eso que las anécdotas y citas que Medel ha incluido en sus páginas son una maravilla. Sin embargo, me encantaría que todo el mundo leyera este libro tan didáctico. Ahora que la poesía está tan de moda, que nos salen poetas hasta de debajo de las piedras, Todo lo que hay saber sobre poesía no viene nada mal para recordar las bases de este fascinante género.

 

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De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris

De matasanos a cirujanos

De matasanos a cirujanosNo sé si vosotros hacéis como yo, que cuando estoy leyendo un libro que me encanta no paro de contar los detalles que más llaman mi atención a la gente que tengo a mi alrededor. El último con el que me ha pasado es De matasanos a cirujanos, de Lindsey Fitzharris. Como, por desgracia, mi entorno no es muy (nada) lector, no hacían caso a mi entusiasmo, así que además de darle la tabarra a ellos, lo recomendé varias veces por mis redes sociales. Pero como todavía no me he quedado a gusto, vengo aquí para explayarme con vosotros, contándoos por qué me ha gustado tanto y aconsejándoos que no lo dejéis pasar, ¡es apasionante!

¿De qué va De matasanos a cirujanos? Pues el resumen perfecto es su propio subtítulo: «Joseph Lister y la revolución que transformó el truculento mundo de la medicina victoriana». Se podría decir que es una biografía sobre el cirujano inglés Joseph Lister, pero en este libro no solo se habla de su vida y logros, sino de la influencia que tuvieron en él otras figuras como Liston, Sharpey y Syme. Todos ellos contribuyeron a convertir la denostada profesión de cirujano (que se consideraba un trabajo manual al estilo de un cerrajero o un fontanero) en la que hoy en día es la carrera más admirable a la que se puede dedicar una persona.

Yo soy lega en cuestiones de medicina, sin embargo, no era la primera vez que oía hablar del papel transcendental que desempeñó Lister. Supe de él gracias a la magnífica reseña de El siglo de los cirujanos, de Jürgen Thorwald, que escribió Borja Merino Ortiz  en Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas. La frase «Antes, las quejas y gritos de los pacientes llenaban los quirófanos. Un buen cirujano necesitaba un cuchillo afilado y nervios de acero para minimizar el tiempo de la operación» me impactó, y apunté El siglo de los cirujanos en mi lista de futuras lecturas. Pero, afortunadamente, De matasanos a cirujanos se ha cruzado pronto en mi camino y he podido adentrarme ya en el terrorífico mundo de la medicina y cirugía del siglo XIX.

Todo lo que se cuenta en este libro pone los pelos de punta. Lindsey Fitzharris no se corta en describirnos amputaciones, huesos astillados, heridas de apuñalamientos o mastectomías con todo lujo de detalles. Imagino que esas escenas tan escabrosas son uno de los principales atractivos para algunos lectores (como es mi caso), pero pueden ser también los que disuadan a otros de leerlo. Lo comprendo, claro; sin embargo, no quisiera que eso tirara para atrás a nadie: la prosa fluida y no exenta de humor de Linsey Fitzharris hace que se pase el mal trago con gusto. Además, la ambientación histórica está tan bien lograda y se aprende tanto, que es imposible no fascinarse con este relato de uno de los periodos estelares de la medicina.

Lindsey Fitzharris arranca su recorrido histórico hablando de las primeras intervenciones quirúrgicas que se hicieron con anestesia. Estas, lejos de suponer una mejora, derivaron en un repunte de la mortalidad, ya que al volverse indoloras, eran cada vez más invasivas y, por tanto, la probabilidad de infección durante el postoperatorio aumentaba. Ahí es donde entró en juego el protagonista de esta biografía, Joseph Lister, que dedicó su vida a descubrir las causas y la naturaleza de las infecciones.

Con los conocimientos que en la actualidad tenemos hasta las personas de a pie, resulta sorprendente que en aquella época la comunidad médica no le diera ninguna importancia a la asepsia y pasaran de hacer una autopsia a atender un parto sin ni siquiera lavarse las manos. Hábitos que no solo ponían en peligro a los pacientes, sino a los propios médicos, que ejercían su profesión siendo conscientes de que podían perecer en cualquier momento. Pero que unos seres invisibles (los gérmenes) fueran los causantes de sus desgracias les parecía fantasía, y Lister tuvo que perseverar mucho para convencerlos de que implantando el método científico en la práctica médica podrían vencerlos. La reticencia de los médicos veteranos no se debía a la ignorancia, sino más bien al ego, pues como apuntó uno de los asistentes de Lister: «Un nuevo y gran descubrimiento científico siempre es capaz de dejar tras de sí una larga estela de reputaciones mutiladas entre los que fueron campeones de un método más antiguo. Es duro para ellos perdonar al hombre cuyo trabajo ha hecho irrelevante al suyo».

Lister, el hombre que defendió la importancia del microscopio en la investigación científica, que impulsó nuevos métodos en la docencia médica, que inventó múltiples aparatos quirúrgicos, que interiorizó los descubrimientos de Pasteur para salvar vidas y contribuyó a que los hospitales dejaran de ser casas de la muerte para ser casas de la curación, merecía una biografía tan épica como la que le ha dedicado Linsey Fitzharris.

¿Qué más puedo decir yo para que leáis De matasanos a cirujanos? No sé. Al menos espero haberos dejado claro que este libro se cuela en mi lista de favoritos del año y que no me cansaré de recomendarlo a todo aquel que me quiera escuchar.

@EstherMagar

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Nuevos pasatiempos matemáticos, de Martin Gardner

Nuevos pasatiempos matemáticos

Nuevos pasatiempos matemáticosHace unos días, mi hijo de trece años vino a casa muy contento porque había sacado un 8,5 en un examen de mates. ¡Eureka!, exclamé lo más apropiadamente que pude. Desde aquellos felices y tempranos años de primaria el crío no conseguía una nota tan alta, y de hecho llevaba unos meses de aprobados raspados. Me dijo que en realidad consideraba que había sacado un 10, pero que había tenido un par de despistes que le restaron puntos. Parece que no percibió la contradicción en términos que supone decir que un 8,5 en matemáticas es lo mismo que un 10. En todo caso, me alegré enormemente al ver que, después de mucho esfuerzo por su parte y mucha insistencia por la mía, al fin había dado ese gran paso tan necesario al enfrentarse a binomios, trinomios y ecuaciones: entender.

A diferencia de él, mis hijas han sentido desde siempre una auténtica pasión por las mates, en la que destacan, modestia aparte, muy por encima de sus compañeros. No se a qué se debe esta diferencia entre uno y otras. ¿Puro azar neuronal, o tendrá algo que ver con los juegos que les hemos regalado, entre ellos Tangram, Penkamino o Mastermind? Creo que la cosa va más bien por lo segundo, lo cual nos lleva, me temo, a cuestionar el modo en que se enseñan las matemáticas en las escuelas. Porque todos sabemos cuál es la asignatura que menos les gusta a los niños, ¿verdad?

Pues hoy se trata de ambas cosas, que en realidad son dos caras de la misma moneda: entender, como mi hijo, y disfrutar, como mis hijas.

Como a servidor hasta hace cuatro días, a muchos no os dirá nada el nombre de Martin Gardner, dado que no fue más que uno de los matemáticos más influyentes del siglo XX. Admirado por figuras tan variopintas como Asimov, W.H. Auden o Dalí, Gardner, que también fue un especialista en la obra de Lewis Carroll y un notable “matemago”, destacó sobre todo por dar un enfoque lúdico a las matemáticas. Como ejemplo, nada mejor que estos Nuevos pasatiempos matemáticos, donde, con un lenguaje, en la medida de lo posible, cercano y sencillo, el autor plantea al iniciado y aficionado a esta ciencia pasatiempos y, quizá el término sea más preciso, rompecabezas, que lo mantendrán ocupado unas cuantas semanitas.

La variedad de juegos y trucos que el lector encontrará en este libro es enorme, y van desde la lógica del sistema binario, que alguno recordará de sus clases de filosofía (si p, q; p, por tanto q) hasta los mosaicos matemáticos de Escher, pasando por el juego del reversi (que yo conocía como Othello), por teorías todavía no demostradas, como el teorema del mapa de cuatro colores, o por una introducción a la matemagia, en el que descubrimos la aplicación de las matemáticas para trucos de precognición, entre muchísimos más.

Es importante subrayar que estos pasatiempos no están hechos para entretenernos mientras viajamos en metro. La mayoría de ellos requieren que el lector se siente, se pertreche de papel, lápiz y otros materiales, y que siga detalladamente y con escrupulosa atención las instrucciones del autor. Así que todavía tendrá que pasar un tiempo antes de que mi hija pequeña, que estos días le da al sudoku que es un vicio, pueda disfrutar y aprender como yo con estos Nuevos pasatiempos matemáticos.

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Confesiones de una policía 2, de Olga Maeso

Confesiones de una policía 2

Confesiones de una policía 2Hace unos días reseñé Confesiones de una policía, un libro escrito por Olga Maeso que habla de su experiencia personal. En esa reseña dije que intenté dosificarme a la hora de leer el libro, pero que fui incapaz. También comenté que tenía preparada la segunda parte, Confesiones de una policía 2, y que iba a ponerme con ella inmediatamente, justo después de escribir esas líneas.

Pero me dije a mí misma: “Ana, para. No puedes devorarte estos libros de una sentada así como así. Aprovecha que te vas de viaje a Madrid para llevarte otro libro y cuando vuelvas sigues con la historia de Olga, porque si no te vas a hartar de tanta aventurita policial y no vas a disfrutarlo como deberías”. Entonces yo me hice caso, cosa que no acostumbro a hacer demasiado. Así que dejé aquí en casa la segunda parte de esa bilogía y me llevé a Madrid otro libro que no tenía nada que ver. Y, ¿sabéis lo que pasó? Efectivamente: lo que tenía que pasar. Que estuve todo el viaje arrepintiéndome por no haberme llevado el libro de Olga. Por lo que, en cuanto llegué a mi casa y me recuperé lo suficiente como para poder leer más de dos hojas seguidas sin que el sueño hiciera acto de presencia, me puse a leer la segunda parte que tanto prometía.

Si en el primer libro de Olga Maeso nos poníamos en la piel de una estudiante que está opositando a policía y conocíamos los primeros casos que le fueron asignados, en esta segunda parte nos remontaremos, principalmente, al pasado. Conoceremos un poco más a Olga: una chica con complejos, insegura, a la que su físico le atormentaba. Entenderemos qué es sufrir por no ser como los demás quieren que seamos. Viviremos la frustración de mudarnos fuera, a un país cuyo idioma es desconocido para nosotros y fracasar en la búsqueda de trabajo una y otra vez. Sentiremos en nuestras carnes la testarudez de quien dice valerse por sí mismo, aunque en el fondo sepa que no hay ningún sitio como el que llaman hogar. La seguridad al saber a qué queremos dedicarnos el resto de nuestros días y los cosquilleos al conocer el primer amor. Todo eso condensado en un libro finito, que no llega a las doscientas páginas. Así que, ¿cómo no iba a devorarlo con tantas cosas sucediéndose así, tan deprisa, delante de mis ojos?

Tengo que decir que, después de terminar la carrera, me aventuré a meterme en eso que llaman “la vida del opositor”. Me decanté por prepararme unas oposiciones para la Administración Local. Iba a la academia dos veces por semana y luego estudiaba todas las demás tardes en mi casa, cuando el trabajo me lo permitía. Llevaba un ritmo de vida frenético, ya que no dejé de lado el resto de mis aficiones, como era leer, escribir y andar. Eso me llevó a un callejón sin salida. Estaba agotada, no podía con mi vida. En el trabajo no me concentraba, en las clases me dormía, en casa era incapaz de entender un solo artículo, al leer se me cerraban los ojos y, al escribir, no me llegaba la inspiración. Un desastre. Así que me lo replantee todo: ¿de verdad quería esa vida?, ¿de verdad quería ser funcionaria?, ¿estaba dispuesta a sacrificarlo todo durante unos años para conseguir eso? La respuesta estaba clara: no, no y no. Así que lo dejé. Me dediqué a lo que realmente me gustaba. No sé si era la opción correcta pero, sinceramente, ahora mismo me da igual. Soy feliz. Y esa es la meta más importante que podría haber alcanzado.

Por eso, al leer las palabras de Olga no podía evitar sentir una tremenda fascinación. Porque, vale, al principio estuvo dando botes de aquí para allá, sin saber muy bien a qué dedicarse o qué hacer con su vida. Pero de repente un día se despertó sabiendo lo que quería ser el resto de sus días: policía. Y se puso a ello. Trabajó duro, esforzándose al máximo como solo se esfuerzan las personas que quieren llegar a la meta sí o sí y obtuvo lo que había venido a buscar: su plaza.

Cuando reseñé la primera parte mencioné que me hubiera gustado encontrarme con menos errores ortográficos y de edición. No sé si es que Confesiones de una policía 2 se ha madurado más pero el hecho es que no tiene nada que ver con el anterior en este aspecto. Creo que son unos libros muy interesantes, sobre todo para aquellas personas que estén pensando en prepararse unas oposiciones a policía o a alguna rama de la seguridad, y es una pena encontrar en ellos fallos de este tipo. Al mejorar esto, me he encontrado muy cómoda leyéndolo y dejándome llevar por todo lo que Olga me quería contar. Y, sinceramente, después de haber pasado ya tantos ratos con ella, me parece que ahora mismo estoy hablando de una amiga. Os aseguro que sé menos de la vida de muchos amigos míos que de la de Olga. ¡Qué bonito es leer!

Termino ya esta reseña con la certeza de que el tiempo que he invertido en leer estos libros no ha sido en vano. Me han enseñado que debo luchar por lo que yo quiera (pero lo que yo quiera de verdad, eso que me haga despertarme cada mañana con una sonrisa en la cara y con ganas de comerme el mundo). Y que debo luchar con todas las armas posibles, ya que solo así conseguiré alcanzar el objetivo deseado, como bien hizo Olga.

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Entre hienas, de Loreto Urraca Luque

Entre hienas

Entre hienasPese al innegable interés histórico de Entre hienas, debo reconocer que lo que me llamó la atención de esta novela fue básicamente literario, o tal vez no, pero desde luego sí que sentí un gran interés por descubrir la manera en la que la autora podría gestionar el equilibrio entre la parte histórica, la literaria y la personal. Me explico, vean lo que dice la propia autora al protagonista:

Poco antes de morir quisiste dictarme tus memorias. Insistías en contarme tus recuerdos y yo porfiaba en mostrarte mi desprecio […] Mientras busco más datos para recomponer tu verdadera historia, intento recuperar del olvido a vuestras víctimas para así liberarme del lastre de tu infamia y poder seguir viviendo con dignidad. Me debes que te rescate de la eterna noche en la que deberías haber permanecido.

Loreto Urraca Luque rescata en Entre hienas el recuerdo de su propio abuelo, legítimo dueño de esa infamia de la que ella, apellido mediante, desea liberarse mediante el exorcismo de escribirlo. Convendrán conmigo que es un punto de partida sumamente original, pero sin embargo también muy arriesgado. Todo el interés que tiene la historia desaparecería si se plasmase en una revancha, en un ajuste de cuentas personal.
El peligro desaparece pronto, desde el principio queda claro que es un trabajo muy serio, con un esfuerzo de documentación digno de mención y con el mérito añadido de ser un trabajo novelado, lo que convierte en ameno lo interesante.
Pedro Urraca Rendueles fue un agente franquista en Francia, el encargado de localizar a republicanos, encarcelarlos, recuperar sus bienes y entregarlos al gobierno nacional. Dicho lo cual parece un James Bond en el bando malo de la película, pero el esfuerzo de la autora en escribir la historia como realmente fue hace que se nos presente como un personaje gris, eficiente pero sin el menor glamour. Probablemente lo que fuera. Lo suyo es abundante en mezquindad y miseria moral, pero tan escasamente trepidante que su infame cometido se tiñe del aburrido tinte burocrático que probablemente tuvo en realidad.
Las cartas y el desprecio hacia sus víctimas, a las que frecuentemente se refiere como “rojillos”, que demuestra en ellas caracterizan muy bien al personaje, y abundan en esa sensación plomiza que rodea al protagonista. El resto de personajes, especialmente Antoinette Sachs, Elise (la portera) o Jean Moulin, el jefe de la resistencia que sí aportan ese lado romántico que equilibra la novela. De alguna manera, pese a representar a los vencidos, parecen estar mucho más vivos.
Entre hienas es una obra interesante y el retrato del ambiente de la Francia ocupada es verdaderamente notable. Aunque no es una novela de espías al uso, sus virtudes, entre las que destaca sin duda su honestidad, le confieren un extraño atractivo que sin duda hacen recomendable su lectura.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Habla memoria, de Vladimir Nabokov

Habla memoria

Habla memoriaPara mí Nabokov es uno de los grandes. Su prosa me parece exquisita y creo que es, sin duda, uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Os recomiendo mucho que leáis Lolita y Pálido fuego si es que aún no lo habéis hecho. Sin duda, el escritor ruso sentó las bases de la literatura posterior y ha sido una gran influencia literaria para muchos otros autores. Lolita, esa novela tan libre y casi impensable en nuestros días, es desde hace tiempo uno de los clásicos de la literatura universal y todo se lo debemos a este peculiar escritor.

No se me habría ocurrido pensar que Nabokov hubiera escrito una típica autobiografía. Habla memoria le pega mucho más. Empezando por el título, que junto con el de Neruda (aunque me tenga muy mosqueada últimamente) de Confieso que he vivido me parece uno de los mejores títulos posibles para una autobiografía, ¿a vosotros no? Habla memoria, publicado por Anagrama, es, huelga decirlo, el libro más personal del autor. Es curioso que fuese concebido por capítulos que iban siendo publicados en revistas sin un orden preestablecido. O al menos no el orden que acabó por tener este libro y que él ya tenía pensado en su “casillero mental”. El mismo Nabokov cuenta en el prólogo que en las reuniones familiares, sus memorias eran sometidas a juicio: “hubo comprobaciones de detalles, fechas y circunstancias, y averiguamos que en muchos casos había errado, o no había examinado con la suficiente profundidad algún recuerdo oscuro pero no insondable”.

La autobiografía se centra en el periodo comprendido entre 1903 y 1940. Treinta y siete años de Nabokov condensados en casi cuatrocientas páginas, que se me antojan pocas. Muy centrada en la infancia del escritor, sus vacaciones en la finca familiar, sus primores amores en San Petersburgo y sus peculiares reflexiones. Todo ello cargado de historia, de nostalgia y ternura. El cariñoso retrato que hace de sus padres y de sus hermanas, la delicadeza con la que se dirige a Vera, su esposa, en algunos de los capítulos y esa inteligencia y brillante sentido del humor que caracterizan al escritor están presentes en estas apasionantes memorias.

Habla memoria se lee como una gran novela, por lo radiante de su prosa. Desde luego, como os decía al principio, Nabokov no podía haber escrito unas típicas memorias: su ingenio iba mucho más allá y la prueba está en esta maravilla de libro que, sin lugar a dudas, tengo que recomendaros.

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Meditar en 3 minutos, de Christophe André

Meditar en 3 minutos

Meditar en 3 minutosEsto no es una reseña, es más bien un experimento. Siempre he sido muy escéptico en lo relativo a la meditación, ya que soy un tipo muy terrenal y me cuesta creer en todo aquello que no puedo controlar completamente. Pero después de haber escuchado en varias ocasiones a amigos y conocidos hablar sobre las virtudes de esta práctica, me decidí a intentarlo; por otro lado, también soy de los que piensa que criticar algo sin conocerlo es de auténticos cuñados. Y así llegó a mis manos Meditar en 3 minutos, un libro que me atrajo precisamente por su propuesta de dedicar un tiempo tan escaso al día para adentrarse en el mindfulness o meditación de plena consciencia.

Los cuarenta ejercicios que contiene este libro parten desde lo más sencillo, al menos en apariencia. Así, lo primero a lo que se nos invita es a intentar concentrarnos completamente en la respiración y a tratar de no pensar en ninguna otra cosa. Suena fácil, pero intentadlo. Estoy seguro de que, salvo que tengáis algo de experiencia, al poco rato de cerrar los ojos os empezarán a venir pensamientos tan transcendentales como el título del documento que tienes que entregar mañana a primera hora o si deberían hacer una nueva categoría de bebida para referirse a la Cruzcampo. Por suerte, la concentración es algo en lo que se va mejorando poco a poco, ya que la mayor parte de las prácticas recomendadas por el autor, Christophe André, comienzan a partir de esta práctica: fijar nuestra atención en la respiración para, poco a poco, ir tomando consciencia de lo que estamos haciendo.

Con esta lectura he eliminado muchos de los prejuicios que tenía en torno al mundo del mindfulness; el principal y el que más me tiraba para atrás es el relativo a todo el protocolo/postureo que creía inherente a esta práctica. Bien es cierto que el autor recomienda mantener una postura concreta para realizar muchos de los ejercicios, pero su fin último (al menos, eso es lo que he acabado deduciendo) es que incorporemos esta práctica a nuestro día a día: a la hora de comer, en una quedada con amigos, antes de tomar una decisión complicada en el trabajo… Y es cierto que ese esfuerzo en concentrarse, en dejar a un lado lo que nos pide el cuerpo en favor de conseguir una respuesta más reflexionada y trabajada, es costoso, pero, en frío, cualquiera sabe lo ventajosa que puede llegar a ser esta forma de encarar los problemas.

Unido a ello, otros aspectos que me ha gustado especialmente han sido los valores que el autor trata de inculcar como parte del aprendizaje. Así, se nos anima a recuperar el contacto con la naturaleza, a prestar más atención a las personas que nos rodean y menos a los aparatos electrónicos, a centrarnos en los buenos pensamientos, a prestar más importancia al momento presente… En este sentido, esta lectura tiene bastante de autoayuda, pero de la de verdad: en lugar de basarse en mensajes vacíos se nos invita a probar a cambiar nuestra actitud en situaciones habituales y a ver si el resultado nos convence. Y con pasos tan pequeños como dejar el móvil a una distancia prudencial cuando vas a comer acompañado, uno percibe claramente cómo mejora el ambiente.

No sé cuánto tiempo continuaré dedicando una pequeña parte de mi tiempo a practicar ejercicios de meditación, ya que la constancia no ha sido nunca una de mis virtudes. De lo que sí que estoy seguro es que gracias a esta lectura he descubierto una práctica útil, relajante y que anima a prestar la mayor atención posible a lo que pasa delante de nuestros ojos. Algo tan lógico como difícil de cumplir. Y si no me creéis, haced la prueba.

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La mujer singular y la ciudad, de Vivian Gornick

La mujer singular y la ciudad

La mujer singular y la ciudadHan pasado muchas cosas desde que os recomendé aquí Apegos Feroces, la novela de Vivian Gornick que publicó Sexto piso hace un año. En este tiempo, Gornick se ha convertido en una de las voces más inspiradoras para los lectores españoles. Autoras como Elvira Lindo han escrito sobre la genialidad de Apegos feroces, que ha vendido una barbaridad de ejemplares y ha sido considerado el Mejor Libro del Año 2017 para el Gremio de Libreros de Madrid y distinguido como Mejor Libro del Año de No Ficción por el Cultura(s) de La Vanguardia y otras tantas distinciones. No es poco, ¿verdad?

De nuevo la Gornick, de nuevo Sexto piso publicando una de sus novelas. Esta vez es el turno de La mujer singular y la ciudad, el segundo volumen de sus memorias o la continuación natural de Apegos Feroces. En esta parte vuelve a aparecer la madre, aquel personaje que nos fascinó en la primera entrega y nos hizo pasar tan buenos ratos (aunque no tantos a nuestra escritora). Eso sí, esta vez aparece de forma mucho más sutil, pues el punto de partida y centro de esta entrega es la ciudad de Nueva York.

La mujer singular y la ciudad es una especie de compendio de anécdotas que tienen como eje la ciudad, sus calles, sus gentes y sus rutinas y extravagancias. Y de fondo, la amistad, la soledad, las relaciones personales y los conflictos. Todo, claro está, narrado con la lucidez y autenticidad a la que nos tiene acostumbrados Vivian Gornick.

Un libro que no he podido dejar de subrayar mientras lo leía, que te hace reflexionar sobre nuestro papel en el mundo y en la sociedad, sobre las relaciones tan distintas y peculiares como la de Gornick y su amigo Leonard. Esas relaciones que nos llenan y hacen que seamos quien realmente somos.

Porque la ciudad solo tiene sentido cuando hace soportable la soledad, cuando esa conexión genérica que solo una ciudad como Nueva York puede ofrecer es capaz de reconfortar de una forma que no se puede explicar.

No sé si La mujer singular y la ciudad me ha gustado más que Apegos feroces, creo que aún necesito tiempo para digerir su lectura y saborearla al máximo. Lo que sí sé es que Gornick ha vuelto a fascinarme con su inteligencia y escritura y que leerla debería ser obligatorio. Una maravilla esta Gornick. Ojalá mucho más libros suyos.

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Confesiones de una policía, de Olga Maeso

Confesiones de una policía

Confesiones de una policíaCuando yo era pequeña vivía con mi madre y con mi tío. A pesar de no tener hermanos, mi tío se encargó de convertirse en uno, en lo bueno y en lo malo. Lo bueno: siempre se quedaba en casa cuidando de mí cuando mi madre trabajaba, jugábamos a la Play día sí y día también, me llevaba al cine a ver Harry Potter (aunque siempre se quedara dormido) y me protegía como si yo estuviera hecha de cristal. Lo malo: todos los días acabábamos peleados por alguna que otra tontería, lo echaba tremendamente de menos cuando se iba con sus amigos y no pasaba la tarde conmigo y me daba un pánico horrible saber en lo que trabajaba. Mi tío era paracaidista.

Por aquel entonces, teniendo yo unos seis años, en la tele nada más que se hablaba de una guerra en un sitio llamado Kósovo. Yo no tenía ni idea de lo que era, pero en casa el ambiente se enrarecía cada vez que alguna noticia relacionada salía en la televisión. Y todo tenía sentido: era probable que a mi tío lo tuvieran que mandar allí. Yo no sabía lo que significaba aquello, pero desde luego no era nada bueno.

Fue en ese instante en el que me di cuenta de lo valiente que era mi tío.

Por suerte, el tiempo pasó, los ánimos se calmaron y él se quedó en mi casa unos cuantos años más. Años que invirtió en una única cosa: prepararse las oposiciones para convertirse en guardia civil. Yo lo veía estudiar día y noche e ir al gimnasio como si no hubiera mañana. Recuerdo que iba con los apuntes de la oposición a todas partes, cualquier momento era bueno para darle un repaso. Fueron unos años muy largos en los que tuvo que sacrificar muchas cosas para poder llegar a ser lo que es hoy en día. No fue fácil, desde luego, sobre todo al ver que los años iban pasando y que, a pesar de aprobar los exámenes y las pruebas físicas, al final terminaba cayendo. Pero lo consiguió y hoy puede decir que es la persona que siempre quiso ser.

Al leer el libro de Olga Maeso, Confesiones de una policía, no he podido evitar acordarme de él todo el tiempo, ya que este libro cuenta la historia real de su autora y de cómo, después de mucho esfuerzo, consiguió trabajar de lo que siempre había querido: policía.

Olga lo tenía claro, ella quería ser policía, costara lo que costara. Ya le venía de familia, pues su padre también lo era, pero cuando se lo comentó a su madre, a esta se le cayó el alma a los pies. Y es normal, porque me imagino que las madres quieren tener a sus hijos sanos y salvos para siempre. ¡Con la de trabajos que hay! ¿No podría haber escogido ser administrativa y estar en una oficina segura y sin pistolas de por medio? Pero Olga lo tenía claro, iba a estudiar (muchísimo), se iba a preparar físicamente para las duras pruebas que tendría que pasar en breve e iba a conseguir la plaza que tanto tiempo había añorado.

Leer su experiencia personal es algo que me ha encantado. No os miento si os digo que me leí el libro de una sentada. Ya desde el principio quedé prendada de la historia, de la sinceridad con que Olga la cuenta. Sentí la frustración que ella debió sentir cuando suspendió por primera vez la oposición y (lo que fue mucho más bonito) la alegría de aprobar. Por supuesto, la presión de estar en la academia, la ilusión por conocer el primer destino y la adrenalina que nace al patrullar la ciudad y no saber qué te vas a encontrar ese día. También la tristeza de vivir casos difíciles, como el de un suicidio o la impotencia al tratar un caso de violencia de género.

La autora nos cuenta todo esto desde su propia perspectiva, siendo sincera y hablando al lector de tú a tú. Yo creo que esto es muy importante para el lector, ya que desde el primer momento siente la cercanía inmediata con ella y es eso precisamente lo que hace que no pueda parar de leer. Además, considero que conocer esta profesión desde dentro es algo imprescindible para todos. Todos deberíamos entender cuál es el proceso selectivo, cuáles son las inquietudes que hacen que una persona se quiera dedicar a este trabajo, a qué presiones está sometida y qué labores hace por los ciudadanos.

Es cierto que este libro, Confesiones de una policía, no contiene gran calidad literaria. Hay alguna que otra falta de ortografía y error en la maquetación que hace este libro no sea perfecto. Pero entiendo que lo que busca la escritora es contar su historia, simplemente. Hacer llegar su profesión a la mayor cantidad de gente posible, contando su experiencia en primera persona. Así como si fuera un diario. Y, como decía en el párrafo anterior, esa cercanía es lo que hace que este libro sea algo especial. Normalmente le doy muchísima importancia a la redacción y no me gusta encontrar errores en ella, pero la verdad es que al leer este libro he conseguido olvidarme de esos fallos, porque la historia de Olga me tenía tan atrapada que lo demás me daba igual. Recomendaría a su autora que, para las siguientes ediciones, se revisaran estos pequeños fallos para así tener un libro redondo.

Os confesaré que, mientras escribo estas líneas, no paro de pensar que tengo la segunda parte de este libro aquí a mi lado (Confesiones de una policía 2) y que ya me está empezando a costar concentrarme en la reseña porque tengo unas ganas tremendas de ponerme ahora mismo con ella. Pero antes de hacerlo, voy a llamar a mi tío y le voy a decir que haga hueco en su agenda porque tiene que leerse un libro que le voy a recomendar. Seguro que le encanta.

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Vivir bien la vida, de J.K. Rowling

Vivir bien la vida

Vivir bien la vida¿Cómo no iba a estar yo hoy, aquí, hablándoos del nuevo libro de J.K Rowling? ¿CÓMO? Por nada del mundo me perdería algo de lo que esta mujer tiene para ofrecerme, así que cuando supe que la editorial Salamandra iba a publicar un nuevo libro de la autora británica, tuve que hacerme con él.

Lo mío con Rowling viene de largo. Ella, en gran parte, fue la culpable de que hoy no pueda vivir sin la lectura; y eso es algo por lo que estaré agradecida eternamente.

Esta vez me encuentro con ella de nuevo, pero no en el mundo de Harry Potter, sino en su propio mundo. Me he topado con la Rowling de verdad, la persona que está detrás de todas esas historias que tanto me hicieron soñar y que hoy en día siguen emocionándome. Se ha presentado ante mí sin tapujos, sin máscaras, solo con su verdad por delante y con unos consejos que espero que jamás se me olviden.

Por si no lo sabéis, la vida de la escritora no fue nada fácil. Ella siempre quiso dedicarse a la literatura pero sus padres querían para ella algo más (¿cómo decirlo?) útil. Querían que estudiara una carrera productiva para que no pasara por las penurias que ellos habían pasado. Y ser escritora no es algo que te dé de comer así por las buenas. Luego su madre sufrió una enfermedad muy grave y, tras su muerte, Rowling se mudó a Portugal, para intentar empezar de cero. Allí conoció al que sería el padre de su hija y quien la maltrataría hasta el punto de tener que volver a Inglaterra con una mano delante y otra detrás. Y, mientras tanto, la historia de Harry volaba por su cabeza y se quedaba plasmada en papeles que luego guardaba en una caja. Un día esos papeles se juntaron y viajaron por todas las editoriales inglesas. Todas rechazaron el manuscrito. Nadie entendió absolutamente nada. Hasta que un día, una chica que trabajaba en una editorial convenció a su jefe de que tenía que leer ese libro. Ella había descubierto la esencia, eso que revolucionaría la manera en que los niños veían los libros. Y así, Rowling se convirtió en la persona que es hoy en día.

Su historia es importantísima para entender Vivir bien la vida, el libro del que vengo a hablaros, ya que en él se recoge un discurso que dio años atrás en la universidad de Harvard. Este discurso se sostiene sobre dos máximas imprescindibles: saber convertir los fracasos en éxitos y no perder jamás la imaginación.

Y, qué queréis que os diga, esta mujer, de fracasos e imaginación, sabe mucho.

Dice que el haber fracasado tanto y tan estrepitosamente fue lo que le enseñó a seguir adelante y a luchar por sus sueños. Y, en cuanto a la imaginación, dice que esta fue la que le enseñó a ponerse en el lugar de los demás, lo que le enseñó a ser empática. Y eso, la empatía, es algo de lo que siempre ha estado muy orgullosa.

Vivir bien la vida no es un libro de autoayuda, aunque pueda parecerlo. Es más bien un mensaje motivador y que contiene valores que jamás deberíamos olvidar. De un tiempo a esta parte, he aprendido a darle prioridad a lo que verdaderamente me gusta, arriesgándome y luchando por lo que de verdad quiero en esta vida, a pesar de que los demás piensen que estoy loca o que soy una ilusa. He aprendido a no escuchar lo que no quiero oír y a hacer caso a lo que realmente siento. Por eso me ha gustado mucho leer estas palabras de Rowling, como si me estuviera diciendo “sigue así, vas por el buen camino”.

Juro que cuando llegó a mi casa me dije que el libro tenía que durarme al menos tres días, para poder disfrutarlo poquito a poquito. Pero no me ha sido posible. Lo abrí y, veinte minutos después, lo cerraba con la sensación de haber invertido maravillosamente mi tiempo. Además, las ilustraciones que acompañan todo el libro (todas en color rojo, negro y blanco) hicieron que me sumergiera todavía más en el discurso.

Y, ¿cómo no iba a compartir con vosotros esta lectura, que tanto me ha gustado? ¿Cómo no os iba a decir que estoy enamorada de esta mujer, de su mente y de todo lo que tiene que compartir con nosotros? Es inexplicable. Por eso, sin más, dejo ya esta reseña con la sensación de sentir que estoy haciendo las cosas bien y que, si todavía puedo emocionarme con lo que Rowling escribe, es porque algo marcha muy bien dentro de mí.

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Gabo, memorias de una vida mágica, de Óscar Pantoja, Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba

gabo memorias de una vida magica

gabo memorias de una vida magicaDesde que supe de la existencia de Gabo, memorias de una vida mágica, deseaba leerlo. Porque las novelas gráficas publicadas por la editorial Rey Naranjo sobre las vidas de Juan Rulfo y Jorge Luis Borges me habían fascinado y porque, esta vez, estaba dedicada a mi idolatrado Gabriel García Márquez, uno de los escritores que han marcado mi vida literaria, como lectora y como escritora.

Como buena seguidora que soy de García Márquez, hace ya años leí su autobiografía, Vivir para contarla, por lo que muchas de las curiosidades que aparecen en las páginas de Gabo, memorias de una vida mágica ya las conocía. Sin embargo, he descubierto muchas otras e incluso me ha parecido una obra más emotiva.

¿Cómo puede ser que una vida contada por otros me haya resultado más entrañable que la escrita por el propio protagonista? Quizá, porque García Márquez concluyó su relato en 1950, año en el que se casó, mientras que la memoria gráfica escrita por Óscar Pantoja e ilustrada por Miguel Bustos, Felipe Camargo y Tatiana Córdoba llega hasta 1982, año en el que se le otorgó el Premio Nobel de Literatura. Pero no solo eso ha hecho que para mí la lectura de Gabo, memorias de una vida mágica haya sido especial. La razón principal ha sido que el epicentro de estas memorias es Cien años de soledad, la primera obra que leí de este escritor colombiano y la que me hizo caer rendida a sus pies.

Gabo, memorias de una vida mágica comienza con aquel viaje en coche que García Márquez hizo con su familia allá por 1965, en el que saltó la chispa para que por fin se sentara a escribir la historia que llevaba rumiando veinte años. Mientras miraba la carretera, a su mente acudió una frase que acabaría siendo uno de los inicios más famosos de la literatura: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

A partir de ahí, Gabo, memorias de una vida mágica va hacia delante y hacia atrás en el tiempo, para unir todos los momentos vitales que llevaron a García Márquez a crear el universo de Macondo. Desde su infancia en casa de sus abuelos, con una abuela que adivinaba el porvenir y un abuelo que no dejaba de contarle historias de la Guerra de los Mil Días, el ejército liberal y la compañía bananera, hasta el viaje junto a su madre, siendo ya adulto, en el leyó la palabra «Macondo» en el cartel de una finca en mitad de la llanura, «el único lugar que conservaba lozanía y vitalidad en aquella zona devastada por el olvido», sin saber aún que ese sería el nombre de uno de los pueblos ficticios más inolvidables.

Los autores de estas memorias consiguen trasladarnos a la infancia mágica de García Márquez y hacernos sentir el amor del escritor por su esposa, Mercedes, pero también las estrecheces económicas que sufrieron durante años, hasta que la publicación de Cien años de soledad se convirtió en un éxito instantáneo. Y, finalmente, nos emocionamos con la entrega del Nobel de Literatura, el mayor reconocimiento posible para un hombre que llegó a dormir en los bancos de un parque y a empeñar sus anillos de boda para perseguir su sueño literario.

Gabo, memorias de una vida mágica es una lectura imprescindible para todo aquel que haya leído a García Márquez alguna vez. La mejor forma de descubrir al hombre de carne y hueso que creó el universo de Macondo y fascinarse de nuevo con el realismo mágico escondido en Cien años de soledad.

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