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Polar. Surgido del frío, de Víctor Santos

polarrrr

polarrrrPuede que se me tache de oportunista. Y lo soy. Es cierto. En este caso, al menos. Y aunque también es cierto que ya conocía estos cómics (creo que van por el tercer tomo por ahora) y que siempre me han llamado la atención, no ha sido hasta que se ha anunciado (esta vez sí que sí) que se iba a hacer la peli, protagonizada por ese elegante Hannibal o Le Chiffre que es Mads Mikkelsen, que he me he decidido de una vez por todas a tirar todas las lecturas pendientes por el hueco del ascensor, sin erótico resultado, y hacerle un hueco a la obra que un español, Víctor Santos, se guisa y se come él solito. Como un señor.

Lo primero que llama la atención es el formato apaisado. No es muy corriente esa orientación para un cómic, pero debo decir que las veces en las que se ha elegido así (ahora mismo me viene a la cabeza el estupendo Estamos todas bien) se ha acertado de pleno, y en esta ocasión también.

Lo segundo puede que sea lo primero para otros, porque también se intuye en la portada: Miller. Frank Miller. El puto Frank Miller. El puto crack Frank Miller. Se ve, se respira, se nota, no hace falta ser ningún experto para asociar estilos: la escala tricromática del blanco, el negro y el rojo para “esos momentos”; planos y panorámicas en ocasiones rebuscados, la escasez de diálogos (que a veces recuerda al cine mudo) y la rotundidad tan noir de estos cuando los hay, un personaje duro que te cagas y no precisamente joven y con parche a lo Nick Furia, y mujeres sugerentes, hermosas y peligrosas.

Pero más allá de la influencia o el homenaje al creador de Sin City, Polar. Surgido del frío es una obra puramente visual y estética. (Ya lo dice otro grande, Brian Azzarello en la portada: “Toda una hazaña de la expresión visual”). No puede ser de otra forma. La trama importa, por supuesto, y está bien llevada, pero no es una trama que brille por la originalidad e incluso, en el fondo no importa mucho porque es el dibujo el que te arrastra por la historia. Es para lo que hemos cogido este cómic: para disfrutar con el arte que nos entra por los ojos página a página. Una historia simple en la que prima la forma más que el fondo: Black Kaiser es un espía y letal asesino ya entrado en años al que unos matones intentarán liquidar. ¿Pero quién quiere acabar con él?  Así de simple y así de clásico. Porque a veces, lo más simple, como lo clásico, es lo mejor y no hay porque complicarse la vida cuando lo que quieres es un vehículo para mostrar el talento a los lápices y a la hora de componer (y muy bien compuestas también) las páginas.

Nacido como un webcómic sin diálogos Polar. Surgido del frío es puro cine negro. (Como curiosidad aclaro que “polar” es el término para referirse al cine policial/negro francés de la década de los sesenta y setenta. Eso, y la nieve presente explican el título). Una aventura gráfica de las de “o matas o te matan” llena de acción, que tiene un ritmo trepidante, y que no concede respiros, aunque hay veces que cuesta identificar alguna forma y hay que pararse para observar y entender los detalles.

Un cómic para disfrutar una y otra vez del arte de Víctor Santos, que gustará a quienes les gusten las pelis clásicas de espías (no las de James Bond) y tíos duros y curtidos como, por ejemplo, las que protagonizaba Charles Bronson y a quienes quieran disfrutar de un grafismo peculiar y muy currado del que se ve poco.

Una maravilla y una muestra de la maestría brutal de Víctor Santos en solitario.

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Marvel Integral: La Visión, de Tom King, Gabriel Hernández Walta y Jordie Bellaire

marvel integral la visión

marvel integral la visiónSi me hubieran preguntado hace unos meses cuál era mi Vengador favorito, seguramente, el primero que me habría venido a la cabeza habría sido Thor, pues su figura aúna en un solo personaje los pasionales mitos nórdicos y la épica de los cómics de superhéroes. Sí, claro, también podría haber escogido al Capitán América. ¿A quién no le gusta el Capi? El tipo de la gran estrella en el pecho, símbolo viviente de los verdaderos valores por los cuales se debería regir Norteamérica. La Viuda Negra también se halla en mi lista. La espía de procedencia rusa que es tan misteriosa como implacable a la hora de hacer frente a sus enemigos. Ironman, Ojo de Halcón o Hulk serían los siguientes en ser seleccionados en ese registro mental de Vengadores por los cuales siento simpatía. He de ser sincero, si me hubieran preguntado hace unos meses cuál era mi Vengador favorito la Visión ni siquiera habría rondado mis pensamientos; hasta ahora.

La Visión, que fue creado por el guionista Roy Thomas, lleva desde los años 60 dando guerra. Los orígenes de este androide (aunque él prefiere que se refieran a él como sintozoide) están íntimamente ligados a Ultrón. Este villano crearía a la Visión con el único fin de destruir a Los Vengadores. Pero cuando a un androide le otorgas conciencia también le estás dando la oportunidad de elegir. Y la Visión eligió ponerse del lado de los héroes a los que había ido a destruir para luchar contra su progenitor. Luego la Visión se convertiría en un miembro destacado de Los Vengadores. Con todo, a pesar de codearse con infinidad de humanos, el androide de personalidad fascinante y de frío raciocinio siempre ha sentido que no encajaba, que no era lo suficientemente normal.

En Marvel Integral: La Visión el protagonista decide que para ser una persona normal y corriente y formar parte de la sociedad necesita una familia. Una mujer, una hija y un hijo. Una casita con jardín y un perro correteando por el césped. Vestir siempre de forma elegante puede ayudar. Sociabilizar con los vecinos podría estar bien. Y que los niños asistan al instituto es de vital importancia. Pero cuando tu familia al completo es capaz de volar, atravesar paredes, destruir una mesa de un solo puñetazo o lanzar rayos de energía por la frente, quizá la palabra normal no sea la adecuada para definirte. Así que, esta peculiar familia tendrá que aprender a sobrevivir en un mundo en el cual si te sales del guion establecido eres señalado con el dedo.

Coger alguien excepcional y hacerle actuar de forma normal. Esta es la premisa planteada por el guionista Tom King que, gracias a una potentísima narración, solo necesita una página para conseguir enganchar al lector. Varias voces serán las que relaten la historia de los Visión. Voces que detallan de forma exquisita, y con cadencia de cuento, el pasado, presente e incluso futuro que rodea a todos los personajes; incluso el de aquellos más insignificantes. En ocasiones, esa narración tendrá la osadía de avanzarnos acontecimientos clave, que, una vez ocurran, aún a sabiendas de que iban a ocurrir, no dejan de sorprender. A esto hay que añadirle la magistral forma en la que King trata temas como el racismo, el bullying escolar o los conflictos familiares. Asuntos a los que da un inicio cautivante y un final contundente y que terminan uniéndose y formando un círculo narrativo perfecto. En conjunto, el guion de Tom King es una elaborada metáfora, que llega a alcanzar niveles de tragedia shakesperiana, sobre todo aquello especial a lo que cualquier individuo se ve obligado a renunciar para encajar en un grupo.

Si con un guion de manufactura antológica no bastaba, a los lápices encontramos al español Gabriel Hernández Walta creando un dibujo impecable. Sus ilustraciones, más cercanas al cómic independiente que al superheroico, no solo son capaces de dotar de gran elocuencia, e incluso humanidad, a los Visión (hablamos de seres sin cejas, sin pestañas y con una oquedad blanca donde deberían estar los ojos) sino que además eleva a niveles épicos escenas que a priori, explicadas de viva voz, podrían no parecerlo. La Visión y un mechero… Y no diré nada más. A través de la distribución de viñetas, o jugando con los elementos que hay dentro de ellas, Walta logra apoderarse de la atención del lector y lo sumerge en escenas que producen claustrofobia (la Visión en detención domiciliaria) o inmensa melancolía (la Visión, su ojo proyector y Shakespeare). Pero si hablamos de momentos emotivos y bellos entonces no podemos olvidarnos de Michael Walsh, el dibujante invitado, encargado de explicarnos en el séptimo capítulo el romance que vivieron la Visión y Bruja Escarlata. Amor, ternura, desamor, dolor, tragedia… Un torbellino de emociones marcado por una viñeta simplemente hermosa: la Visión y Bruja Escarlata besándose mientras Los Vengadores se enfrentan a Nefaria. ¡Pero no se vayan todavía, aún hay más! Y es que la colorista Jordie Bellaire, mediante sus pinceles, jugando con las luces, las tonalidades y los colores saturados en las escenas que hacen mención a recuerdos, dota de más profundidad y mejora un trabajo que ya de por sí parecía perfecto.

A todo lo anteriormente mencionado hay que añadirle la edición especial que se ha sacado de la manga la gente de Panini. Una edición que, sobre todo por el lomo, evoca los clásicos de la literatura y que incluye el guion al completo, el proceso de creación, portadas alternativas, entrevistas a los autores, bocetos, bocetos y más bocetos. Un completísimo montaje del director (más de 200 páginas) que encantará a los que sienten curiosidad por saber cómo se hace un cómic.

En definitiva, Marvel Integral: La Visión es una brillante fábula de ciencia ficción costumbrista que, a través de unos seres excepcionales que se enfrentan a situaciones cotidianas e intentan con todas sus fuerzas parecer humanos, invita al lector a reflexionar sobre la propia condición humana.

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Oculto en la memoria, de Domingo Terroba

Oculto en la memoria

Oculto en la memoriaLas complicaciones y complejidades de la mente humana siempre ha sido un tema que me ha llamado la atención. Depresiones, alucinaciones, psicosis… la mente es capaz de alterar la realidad de tal manera que solo aquel que lo padece puede contar realmente lo mal que se pasa. Y sobre esto va el libro del que hoy os hablo, Oculto en la memoria, un thriller psicológico escrito por Domingo Terroba.

Ambientada en Edimburgo, ciudad de residencia del autor, esta novela está protagonizada por Margaret McGregor. Un fuerte shock traumático le ha llevado a pasar seis años ingresada en un hospital psiquiátrico. Una vez pasado ese duro periodo, Margaret encuentra un nuevo amor, James, y vive en una tranquila casa en el centro de la ciudad junto a su hija recién nacida. Pero nuevamente su frágil mente empieza a jugarle malas pasadas, empezando a confundir partes de su vida actual junto a James con lo vivido anteriormente junto a Angus, su anterior marido. La protagonista no quiere volver a revivir sucesos oscuros de su pasado, por lo que busca apoyos en James, el doctor McCallum y Kirsty, una extraña mujer que dice ser su mejor amiga.

He de reconocer que el modo de escribir de Domingo tiene luces y sombras. Sus narraciones y pasajes descriptivos tienen mucha calidad. Su prosa avanza firme junto al relato, consiguiendo una lectura fluida y amena. Sin embargo, los diálogos de sus personajes son algo farragosos y repetitivos, parando un poco el ritmo de la narración. En ocasiones, los diálogos de Margaret con James o su psiquiatra parecen no avanzar, repitiendo los personajes los mismos argumentos y las mismas situaciones. Esto hace que las cuatrocientas páginas de Oculto en la memoria podrían fácilmente haberse reducido a trescientas, lo que hubiera dado todavía mayor agilidad y rapidez a la historia.

Pese al punto negativo de los diálogos (también hay que subrayar que estamos solo ante el tercer libro del autor), esta novela tiene un toque adictivo más que notable. Lo primero que se le pide a un thriller es que enganche y te haga no querer dejar de leer, y Domingo Terroba lo consigue. Pese a su exceso de páginas, la novela engancha desde el principio y te hace en querer seguir leyendo todo lo que le pasa a Margaret. La protagonista va contando su vida con James mientras empieza a confundir pasajes pasados (a modo de flashbacks) junto a su exmarido Angus. La mente empieza a jugar malas pasadas a la protagonista, y esta confusión se traslada incluso al lector, que en ocasiones puede llegar a perderse también entre el pasado y el presente. Eso sí, todos los hilos sueltos que se van quedando durante la narración se cierran en los últimos capítulos, donde todo queda bien cerrado y explicado.

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llamarás destino”, Carl Gustav Jung

Esta cita inicial de Oculto en la memoria describe claramente el sentido de la novela. Domingo Terroba aborda el complejo estudio de la mente a través de las depresiones, incluso volcando experiencias personales en el propio relato. El resultado es un thriller ameno, con algunos defectos por pulir.

César Malagón @malagonc

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La paradoja del bibliotecario ciego, de Ana Ballabriga y David Zaplana

La paradoja del bibliotecario ciego

La paradoja del bibliotecario ciegoEl año pasado me sorprendió gratamente la novela Ningún escocés verdadero, con la que David Zaplana y Ana Ballabriga ganaron el concurso Indie 2016 organizado por Amazon. Poco más de 400 páginas llenas de intriga y emoción que me duraron un suspiro. Por eso tenía ganas de leer su última novela, La paradoja del bibliotecario ciego, para saber si eran capaces de refrendar todas esas sensaciones de nuevo.

Pero antes de valorar esta historia, contemos un poco de qué va. Localizada nuevamente en Cartagena, La paradoja del bibliotecario ciego empieza con una reliquia rompiéndose y escondiendo un secreto en su interior. Ese secreto afecta a Camilo, un escritor de escasa calidad, pero con un éxito más que decente. En su búsqueda por conocer la verdad, Camilo irá descubriendo aspectos ocultos que no conocía de su padre y su propia familia. Junto al protagonista, tenemos un grupo de secundarios familiares que complementan la trama con muchas subtramas igual de interesantes que la principal.

Es de alabar lo bien definidos que están todos los personajes. Pese a la importancia que tiene Camilo en el argumento, son los secundarios los que dan empaque a la novela, convirtiéndose en una historia coral en la que vamos asistiendo al desarrollo (interior y exterior) de muchos de sus personajes. En ese desarrollo, veremos como no todo es lo que parece, y en esta ocasión, cada personaje parece esconder un secreto o tener una cara oculta. Si tuviera que quedarme con uno, no dudaría en elegir a Félix, afable jubilado amante de Borges que intenta dar a su nieto valiosos consejos para afrontar una etapa tan complicada como es la adolescencia.

Pero si por algo hay que destacar La paradoja del bibliotecario ciego, es por el acierto de sus autores a la hora de conseguir enganchar al lector. Una vez más, he necesitado de apenas veinte páginas para entrar de lleno en la historia; para entrar en una espiral de sorpresas, giros y secretos que te hacen quedarte atrapado entre sus páginas. Porque de un thriller se espera siempre sorpresas, tensión y acción, algo que David y Ana aportan a su novela durante casi 500 páginas.

Pese a que este tipo de historias no entran entre mis géneros favoritos, reconozco que he disfrutado muchísimo con la novela. Porque cuando uno se pone a leer, busca sobre todo evadirse y entretenerse, por eso se agradecen historias que generen tanta adicción y se lean de un tirón pese a su extensión. Y se agradece, sobre todo, que los escritores lleven al límite a sus personajes y se atrevan a cruzar fronteras que en la literatura actual no se suelen cruzar, ya sea por pereza, miedo o puro conformismo.

La paradoja del bibliotecario ciego es un thriller que si llega a tus manos te durará un suspiro. Estamos ante una historia bien contada y estructurada, con un grupo de personajes llenos de matices y sorpresas. Nuevamente, Ana Ballabriga y David Zaplana demuestran que el hándicap que supone escribir una novela a cuatro manos es menor si se cuenta con una buena historia como esta.

César Malagón @malagonc

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Las Supervivientes, de Riley Sager

lassupervivientes

lassupervivientesNo es fácil ser una chica. Tampoco lo es ser chico, ojo. Pero si nuestra vida es una película de terror, ser chico suele ser más fácil. Simplemente basta con resistirse a morir, morir finalmente y ya. En cambio, siendo una chica tienes que ir ligera de ropa y correr por cementerios neblinosos o campamentos donde hasta hace poco alguien te sobaba las tetas o atravesar fríos bosques, golpeándote la cara con ramas y arañándote las piernas con la maleza mientras tratas de escapar de un maniaco con un hacha, cuchillo, motosierra o el fetiche elegido por el tunante de turno para desmembrarte.

No, no es fácil. Pero tampoco es fácil ser la superviviente de una de esas matanzas. Imagínalo. Planeas un finde con los amigos, pilláis una casa rural, lleváis juegos, comida, hacéis senderismo… Un finde en el que incluso habéis tenido en cuenta la previsión del tiempo y este os acompaña. ¿Qué puede salir mal?  Tantas cosas, ¿verdad? Imagina que un loco empieza a matar a tus amigos y sobrevives. Vives con ello, con el recuerdo diario de ellos y con la culpa de haberles sobrevivido. Y, sobre todo, te reconcome el haber olvidado unos minutos de esa escena. Tienes una pequeña laguna temporal en el suceso más importante de tu vida.

Eso le pasa a nuestra prota, Quincy Carpenter, quien pasó a ser etiquetada como otra más de las integrantes del grupo de las “últimas chicas”, en el cual también están Lisa y Sam, únicas supervivientes de otras matanzas.

Diez años después de la terrible carnicería, Quincy parece haber superado todo eso: se dedica a la repostería y sube fotos de sus creaciones a su blog, que parece ser muy visitado e incluso tiene patrocinadores; y comparte su vida con una pareja comprensiva. Además, cuenta con el policía que le rescató al cual puede acudir siempre que lo necesite como si de un terapeuta se tratase.

Todo parece ir bien, hasta que se presenta en su casa Sam y poco después la policía encuentra a Lisa en la bañera con las venas cortadas.

¿Acaso hay un psicópata suelto que va a dedicarse en su tiempo libre, o puede que a tiempo completo, laborables y festivos, a matar a las supervivientes de este tipo de tragedias? ¿A hacer justicia porque ese era el “destino” de esas chicas?

Sea como sea, este es el planteamiento de Las Supervivientes, una novela, primera del autor, que se lee con interés, con la intriga  y el comeuñas del “qué pasará” propio de este tipo de thrillers y en el que somos capaces de empatizar con alguien como Quincy, a pesar de que a veces la abofetearíamos sin dudarlo. La entendemos, sí, pero a veces hace cosas bajo la influencia que vaya…

Un punto que me ha gustado ha sido el enfoque que se hace sobre la prensa, ya sea sensacionalista o general. Una crítica inteligente hacia todos los carroñeros que viven del morbo y desgracia ajenas sin importarles las consecuencias de sus actos.

Pero volviendo al tema principal y sangrante, Riley Sager va a jugar con nosotros desde el principio. Apoyándose en la baza de la laguna en la memoria de Quincy va a plantar en nosotros la semilla de la incertidumbre, haciéndonos incluso sospechar de la propia protagonista. ¿Realmente ella no recuerda, o dice que no recuerda porque sabe perfectamente lo que hizo? ¿O tal vez encubre a alguien? ¿Es verdad que Lisa se suicidó? ¿Y Sam? ¿Por qué aparece justo ahora? Cuantos interrogantes…

Como digo, Las Supervivientes se lee con facilidad, los personajes más o menos están bien perfilados, y la historia no te permite abandonarla. Pero ese final chirría algo. Y chirría más cuando ves en las solapas a King alabar el libro (claro que King hace tiempo que no acaba bien un libro), a otro decir que “mirarás al otro lado de la habitación cuando el personaje escuche a alguien que se acerca” (venga ya, por favor que no es un libro de terror),  o a Lisa Gardner afirmar sin cortarse un pelo que es “el mejor libro del año”. Francamente, esas aseveraciones van en contra del libro porque te crean unas expectativas que no se cumplen y el famoso giro final (porque en el fondo desde que empiezas a leer el libro –o cualquiera similar a este– estás buscando ese giro final sorprendente que te cagas y que te va a dejar con el culo torcido), no es ni tan sorprendente ni sería creíble en la realidad a nada que te pongas a pensarlo.

Al margen de eso, si se acude sin hype y leyendo la sinopsis y nada más que la sinopsis tendremos una entretenida y disfrutable lectura. Ni de coña la mejor del año, pero, desde luego, entretenida y muy muy disfrutable.

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Dieciocho meses y un día, de Paz Castelló

Dieciocho meses y un día

Dieciocho meses y un díaLas movilizaciones del 8 de marzo, en defensa de la equiparación de derechos entre mujeres y hombres, fueron todo un éxito en toda España («Desde el ‘No a la guerra’ y la de Miguel Ángel Blanco no había visto nada así», oí decir en más de una ocasión). Sin hacer un análisis profundo, no cabe duda de que una de las principales razones de ese apoyo masivo que demostró la sociedad española es que las peticiones que se hicieron en las calles y plazas de nuestro país eran (y son) tan razonables como justas: eliminar la brecha salarial, combatir con mayor eficacia la violencia machista, fomentar desde las escuelas el conocimiento de los logros de las mujeres a lo largo de la historia… De entre ellas, hubo una que, escuchada a modo de lema, me revolvió por dentro: «Las calles de noche también son nuestras». Qué tristeza, pensé, tener que pedir a gritos algo tan básico.

Ese miedo a la violencia machista lo ha recogido excelentemente Paz Castelló en su tercera novela, Dieciocho meses y un día, aunque de una forma poco habitual. Y es que en esta historia ya no se puede hacer nada por la víctima: Lola fue asesinada a tiros por un motorista hace algo más de un año. Su amiga Sabina logró reconocer bajo el casco a Eugenio, su exmarido, pero no consiguió convencer al juez de ello y la coartada que le ofreció su nueva novia bastó para que fuese absuelto. Además, desde el mismo momento en que se produjo el incidente Sabina, pintora de profesión, desarrolló una severa agorafobia, que le hizo encerrarse en su ático de Peñíscola a cal y canto. No obstante, una vez que conoce la noticia de la puesta en libertad de Eugenio, decide buscar la forma de que se imparta justicia, con la esperanza añadida de que eso sirva para poder poner fin a su cautiverio autoimpuesto.

Castelló, que ya dio muestras el año pasado de su talento en el campo de la novela de suspense con Mi nombre escrito en la puerta de un váter, cambia completamente de temática, aunque no abandona su particular forma de construir el entramado de la novela. Así, la escritora alicantina continúa dando suma importancia a la creación fidedigna de los personajes, a los cuales va dotando de personalidades más o menos complejas por medio de las largas descripciones de estos y de la inclusión de monólogos interiores, sobre todo en el caso de la protagonista, Sabina Lamer. Esto nos permite conocer los motivos que la llevan a prolongar su encierro voluntario y contribuyen a empatizar con su causa, aunque esta no sea otra que acabar con la vida del asesino de su amiga para volver a recuperar la suya.

La trama se va cocinando a fuego lento y hasta bien pasado el ecuador del libro bien podría parecer que nos encontramos ante una foto fija, en la que todo gira en torno a la angustiosa situación vital de Sabina. Pero al igual que en su anterior novela, Castelló sabe cuándo debe tocar las teclas adecuadas para provocar giros inesperados de guion y mantener al lector pegado al texto. Así, al tiempo que con sus cuidadas descripciones te mantiene pendiente del tortuoso hacinamiento en el que vive la protagonista, va intensificando la trama poco a poco, sin prisa ninguna, hasta que, sin darte cuenta, como les ocurre a los cangrejos cuando son cocidos, te acaba abrasando en el tramo final del relato.

Dieciocho meses y un día, ganadora del premio Letras del Mediterráneo, confirma a Paz Castelló como una maestra en el manejo de los tiempos y renueva la manera de plantear un tema tan incómodo como, por desgracia, habitual: la desprotección a la que se ven sometidas tantas y tantas mujeres por el simple hecho de serlo.

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La última mentira, de Kimberly Belle

La última mentira

La última mentiraTengo una amiga que estaba muy enamorada. Conoció a un chico en una discoteca, una noche cualquiera. Entre copa y copa empezaron a descubrir un poco más el uno del otro; se gustaron. Volvieron a quedar, una y otra vez. Hasta convertirse en pareja y llegar a vivir juntos. Él era el chico perfecto: con una carrera envidiable, un trabajo que le encantaba y por el que le pagaban un muy buen sueldo. Además, era guapísimo, tenía un físico espectacular y unos genes que eran la envidia de todas las futuras mamás. Lo tenía absolutamente todo.

Lo que mi amiga no sabía es que ese chico no era quien decía ser. Ni tenía una carrera, ni trabaja en una multinacional, ni tenía únicamente ojos para ella. Este chico llevaba una doble vida y, mientras estaba con mi amiga, mantenía una relación con otra persona. No había estudiado jamás y su empleo, tan bien pagado y que le permitía comprarle a mi amiga las últimas tendencias en bolsos, era en realidad un negocio cuya legalidad era más que cuestionable.

Mi amiga se enteró porque la hermana de él, harta de la doble vida que estaba llevando el caradura de su hermano, se lo acabó contando. Mi amiga entró en una depresión, sintiéndose engañada y desolada. Él era el chico perfecto, ¡lo era! Todo el mundo lo sabía (a mí me convenció tanto como a ella). No sabía qué había podido pasar para acabar así. No volvería a confiar en nadie jamás.

Ojalá esta historia fuera ficción. Ojalá. Pero os aseguro que no lo es. Así que al leer la última novela de Kimberly Belle, La última mentira, ha sido inevitable que me acordara de la buena de mi amiga.

Iris, la protagonista del libro, tiene el matrimonio perfecto. Está casada con Will y juntos hacen un buen equipo. Tan buen equipo que están pensando en tener su primer hijo. Pero todo se trunca cuando un día recibe una llamada. La voz del otro lado del teléfono le dice que su querido Will acaba de fallecer en un accidente de avión. Un avión que tenía como destino Seattle. Iris no se lo puede creer, no entiende nada. Si Will le dijo que tenía que viajar a Orlando, que está en dirección opuesta, al otro lado del país. ¿Qué hacía su marido en un vuelo dirección Seattle? No puede ser, se tiene que tratar de un error.

Solo que no lo era. A partir de ahí, Iris descubrirá a marchas forzadas quién era realmente su marido, el perfecto e inigualable Will. Por suerte, no estará sola, ya que su familia la apoyará en todo momento, intentado averiguar junto a ella qué está pasando.

La última mentira es un thriller que tiene muy buen ritmo. La intriga que produce no saber nada absolutamente sobre Will hace que las páginas pasen muy deprisa. Además, la narración en primera persona que nos ofrece Kimberly Belle hace que nos metamos mucho en el papel de Iris. La protagonista se muestra a nosotros en carne y alma desde el primer momento, haciendo que empaticemos enseguida con ella y que sintamos lo que siente en cada momento. Eso nos llenará todavía más de angustia, ya que sentimos como si Will estuviera traicionando también al lector, así que las páginas pasarán volando hasta llegar al final.

Pero también es cierto que hay momentos en los que el lector duda. Hay muchos giros argumentales que hacen que ya no se sepa quién es bueno y quién es malo. La autora juega a eso de darnos las pistas con cuentagotas para que nosotros saquemos nuestras propias conclusiones, haciendo que nos metamos mucho en la historia y que haya momentos en los que ya no sabemos ni qué pensar.

Me ha recordado un tanto a La mentira, de Nora Roberts, que leí hace un par de meses o tres, donde la protagonista también tiene que descubrir cuál es la identidad de su marido una vez que este ha fallecido. Por lo visto, nunca nada es lo que parece. Y, a pesar de que son libros con una trama muy similar, no he podido evitar meterme en la historia como si fuera la primera vez.

Hubiera deseado que la historia de mi amiga fuera solo una novela más. Una trama inventada por alguien que tiene mucha imaginación y que lo quiere plasmar en el papel, como bien ha hecho esta escritora. Pero lo cierto que hay veces que la realidad supera a la ficción. Así que sé perfectamente cómo se ha sentido Iris. Y las cosas que la gente puede llegar a hacer por ocultar quiénes son realmente.

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Al otro lado, de Álvaro Maqueda

“Hora de despertar, Adam. Supongo que te preguntarás dónde estás. Te diré dónde puede ser. Quizás estés en la habitación en la que vas a morir”. Estas NO son frases que leeremos en este libro. Estas son las primeras frases que John Kramer pronunciará en la primera entrega de la famosa saga de películas de goreterror, (si es que existe esa denominación para el género) Saw, que, digan lo que digan a mí me siguen divirtiendo aunque creo que me he perdido alguna.

Recuerdo que esa primera película, el germen de la franquicia, era fantástica por lo novedoso de su planteamiento, por su trama original y por ese giro final.

Pues bien. Decía que esas frases no las leeremos aquí pero le irían como picha al culo. Al otro lado me ha llevado de cabeza a esa película. Imposible no hacerlo. Dos hombres que se despiertan en una habitación con escasísima luz, uno de ellos aprisionado a la pared por una cadena, sin conocerse ni de la pelu ninguno de ellos, y la única puerta por la que poder salir tiene dos candados. Dos candados por dentro, sí, y uno de los hombres no está encadenado. La desconfianza en seguida aparecerá, intentarán hallar explicaciones, salir de ahí…

Sin embargo, después de leer el libro bien podría decir que no sólo me ha transportado a Saw, sino que también se puede atisbar alguna referencia a una oscura película de exorcismos, o tal vez un poco a la muy recomendable y olvidada El corazón del ángel.

“Buenas noches, hijo de puta –gritó con sarcasmo mirando al objetivo–. Me encantaría seguir jugando a tu juego, pero se me ha agotado la paciencia…”

¡Pues cojonudo! ¡Una mezcla cojonuda! No puedo haber gozado más de este libro. Me ha tenido intrigado desde el principio, quería saber más de esos pobres desgraciados, ¡quería saberlo todo! Y al final lo he sabido. Y he sentido. Un batiburrillo de sentimientos que han ido variando conforme avanzaba en la lectura.

Pero una buena trama no basta. El fondo debe acompañarse de la forma y aquí van de la mano. Un vocabulario sencillo (que no simple), y unas frases fluidas engrasan hábilmente una acción que cabalga entre el presente y unos trabajados flashbacks que logran que más que leer (o devorar) la novela la estés visualizando, te estés deslizando por ella dejándote llevar dondequiera que al autor le venga en gana. Porque, aunque no es que haya mucha descripción, cosa que agradezco ya que lo que me gusta es que vaya al grano, las que hay son las justas y necesarias para poder ponerte en situación en cero coma y activar el modo cine en tu cabeza.

Y esa es otra, porque en seguida te coloca en tu lugar y bien. La trama atrapa desde el comienzo. Y es que, en palabras del autor: “he abandonado la lectura de muchos libros que no me han conquistado desde el inicio, por lo cual intento siempre que el lector se enganche desde el primer párrafo hasta el final de la obra; incluso si ello implica reducir la duración de la misma”. Eso es lo malo. Que es algo breve y te lo zampas en nada sin darte cuenta. Pero, por el contrario, escribir lo que te gustaría leer es primordial, y se nota que en este caso el escritor ha disfrutado.

Poco a poco iremos adentrándonos en la historia de cada uno y averiguando las razones de su encierro. Hay cosas que intuimos desde el principio por ser muy obvias, pero la principal virtud de esta novela es la creación de una atmósfera asfixiante y opresiva, casi como si las paredes de esa habitación/celda fueran estrechándose, en la que Maqueda, en su primera incursión en la novela, se mueve como pez en el agua y logra involucrarnos hasta el punto de agobiarnos.

¿Por qué están ahí esos dos seres? ¿Realmente lo merecen? ¿Qué retorcida mente les ha colocado en esa situación? Y, lo más importante: ¿serán capaces de salir de ahí?

Al otro lado es un breve libro de suspense. Un thriller ejecutado con destreza que nos llevará a un estado de angustia permanente hasta el brillante final (y no me refiero solo a un sorprendente giro final de guion, sino a todo lo que nos conduce hasta él) en el que todas las piezas ocupan su lugar. Un libro claustrofóbico que demuestra que la mayoría de las veces, los demonios no están ahí afuera, sino en nuestro interior más escondido, esperando la mínima oportunidad para salir.

Muy recomendable.

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Una historia casi verdadera, de Mattias Edvardsson

Una historia casi verdadera

Una historia casi verdadera«¿Qué es más importante: contar una buena historia o desenterrar la verdad?». Buena pregunta, ¿eh? Yo se la haría a más de un periodista, pero esto va de literatura. Y no lo digo solo porque vaya a reseñar un libro, sino porque este libro, Una historia casi verdadera, plantea esa pregunta en su portada y a lo largo de toda su trama, pero enfocada desde la perspectiva del mundo literario.

Me explico. En Una historia casi verdadera, el escritor sueco Mattias Edvardsson nos presenta a Zack Levin, un treintañero que acaba de perder a su novia y su trabajo. No le queda más remedio que volver a vivir con su madre y, en plena crisis existencial, decide recuperar una pasión olvidada: la escritura. Pero la historia que quiere escribir no es una historia cualquiera, ya que pretende reconstruir los acontecimientos que él mismo vivió una década atrás, durante un curso de Escritura Creativa, para demostrar la inocencia de su compañero Adrian Mollberg, acusado de asesinar a Leo Stark, uno de los escritores más famosos del país en aquella época.

Con este punto de partida, Una historia casi verdadera va intercalando el presente del protagonista (2008) con los capítulos de su novela, El asesino inocente, en los que relata aquel curso de 1996: sus clases con la atractiva Li Karpe, su amistad con el extrovertido Adrian y el taciturno Fredick, su enamoramiento secreto de su compañera Betty, su extraños encuentros con el irascible escritor Leo Stark…

En 2008, Zack se reencuentra con sus viejos amigos y, a medida que les pregunta sobre aquellos tiempos para escribir su historia, se da cuenta de que no puede fiarse de sus propios recuerdos, que todos ocultan algo y que la verdad, dependiendo de a quién se le pregunte, puede ser muy diferente. Y de igual manera, a los lectores también se nos van multiplicando los interrogantes conforme pasamos las páginas. Y es que, como viene siendo habitual en la literatura sueca, Una historia casi verdadera da un giro de rosca en la última línea de cada capítulo para que no podamos separarnos del libro, por lo que sus más de cuatrocientas páginas se hacen cortas.

Pero además de ser una novela adictiva, con las opiniones y actos de sus personajes, Mattias Edvardsson nos hace reflexionar sobre los difusos límites de la literatura, planteando preguntas tan interesantes como hasta qué punto se puede exigir que la ficción sea moral o veraz o si un libro puede ser alabado como una obra maestra, aunque su autor sea la persona más despreciable del mundo. Cuestiones que a todos nos resultan familiares, puesto que salen a la palestra cada vez que se publica una novela provocadora o se desvelan los escándalos de algún artista.

Así, mientras el protagonista y nosotros mismos intentamos montar el rompecabezas del asesinato de Leo Stark, Mattias Edvardsson nos adentra en los claroscuros de la escritura, retratándola desde diferentes prismas, que van del romanticismo más inocente al cinismo más absoluto. Por eso, si soñáis o alguna vez habéis soñado con ser escritores, disfrutareis de Una historia casi verdadera especialmente. Aunque, aviso, no saldréis indemnes de la lectura.

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Paper girls. Volumen 1, de Brian K. Vaughan y Cliff Wilson

paper girls 1

paper girls 1Que Vaughan es bueno haciendo cómics es como decir que la lluvia moja. Antes del éxito de Saga, Ex-Machina y Paper girls, Brian K. Vaughan parió Y, el último hombre, Los leones de Bagdad, (obra esta menos conocida pero a tener muy en cuenta), por poner unos ejemplos y… fue guionista de… chan chan… ¡Perdidos! No llegué a terminar la de Y,  (por despiste, no por otra cosa. Es lo malo de las series de cómics que, al igual que con las de formato televisivo, hay tantas que tienes que elegir cuáles sigues y cuáles no, y esta, a pesar de estar en el grupo de las que sí, fue quedando poco a poco relegada), pero era un cómic cojonudo, muy original y de lo más entretenido que había leído hasta entonces.

Con Paper girls 1 el entretenimiento no falta, pero en cuanto a originalidad… digamos que, en principio, no es del todo original (y no hablo de que plagie ni nada parecido, ojo). Y es que nos vamos a trasladar a finales de los ochenta y todo el cómic recuerda la estética, los protas (aunque aquí en versión femenina) y situaciones típicas de esos años que hemos visto ya cientos de veces en Los Goonies, Cuenta conmigo, E.T. y pelis del estilo, (todos sabemos de qué tipo de pelis estamos hablando), y que parecen volver con fuerza –y para breve muestra tenemos el remake de It y acabamos de ver la segunda temporada de Stranger Things (aunque este cómic es anterior)– . Sí, amigos. La nostalgia vuelve y, sobre todo, ¡vende y mucho!

En este tomo se recogen los número 1 a 5 de su versión en grapas y en ella seguimos a Erin, de doce años y repartidora en bici del periódico local y a otras tres repartidoras del mismo periódico a las que conoce la noche de Halloween. Estas tres, Tiffany, Mac y KJ, se reúnen desde el año anterior en Todos los Santos para hacer juntas el reparto porque esa noche suele haber mucho loco suelto, y Erin se unirá a ellas. Y… efectivamente, si  en Todos los Santos hay locos, esa noche va a ser una puta y absoluta locura.

¿Qué puedo contar si es que…? En realidad podría contar todo y os quedarías igual al final.  ¿He dicho que Vaughan fue guionista de Perdidos? ¿Recordáis el oso polar? Bueno, al final sí que se explicó su porqué y eso espero que suceda al final de esta serie, porque deja tantos, pero taaaantos misterios dispersos ya desde este primer tomo, que es imposible no querer conocer como continúa para poder enderezar el culo.  Así que venga, ¡qué coño! Vamos a avanzar un poco más. Las cuatro chicas se dividen en dos grupos para agilizar la tarea, y a Tiffany  la atacan tres tíos con “disfraces cutres” y se llevan su walkie. Ese segundo walkie que compró tras ahorrar las propinas de Navidad. A partir de aquí sí que ya no cuento nada porque aunque os dejara igual, estropearía la sorpresa de descubrir por uno mismo las sorpresas, que son muchas, que nos tiene guardadas este cómic.

En cuanto al arte, me encanta. Corre a cargo de Cliff Chiang, de quien ya destaqué su currazo impresionante con sus trazos y diseños en la etapa de la Wonder Woman a cargo de Azzarello. El color, fundamental durante todo el recorrido es obra de Matt Wilson, quien venía de colaborar también con Chiang en la misma colección de la amazona. Mismos artistas pero un trabajo tan diferente que no parece de ellos, y aún así, increíblemente bueno.

Paper Girls 1. Un cómic para nostálgicos, para amantes de la ciencia ficción, de los misterios, de los viajes en el tiempo, de los que se comen la cabeza e inventan teorías locas sobre lo que puede pasar cuando una película acaba con final abierto y de los que, simplemente, quieren pasar un buen rato con un gran cómic.

Intriga, misterio, ciencia ficción. En definitiva un gran entretenimiento. A saber qué nos deparará este fantástico viaje en tomos sucesivos y si se resolverán todas las incógnitas. Yo no me lo pienso perder.

4,8,15,16,23,42…

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La Marca del Inquisidor, de Marcello Simoni

La marca del inquisidor

La marca del inquisidorTengo que admitir que no soy muy fan de thrillers históricos, sobre todo de esos que tienen una gran campaña de publicidad detrás y que se declaran sucesores de El código Da Vinci o Ángeles y Demonios, de Dan Brown. Pero cuando hay uno que llama mi atención no puedo parar hasta tenerlo entre mis manos. Y eso es lo que me ocurrió cuando leí por primera vez la sinopsis de La Marca del Inquisidor, una historia basada en la Roma del siglo XVII. Y esa fue mi gran debilidad y el gran motivo por el que me decidí a leerlo, ya que soy una apasionada de los misterios y de la Roma antigua.

Y descubrí mucho más cuando me adentré en él. Ya no solo por la trama, muy bien construida y articulada, que no deja apenas ningún detalle en el aire, sino porque el autor plasma muy bien todo lo que quiere narrar. Desde su misterioso (¡misteriosísimo!) personaje principal, ya que nunca sabes lo que realmente se trae entre manos y si sus intenciones son buenas o malas, hasta la narración fluida y muy bien documentada. Y este último detalle se plasma muy bien en todos y cada uno de los capítulos de esta novela y es algo a valorar muy positivamente en un autor que quiere narrar todos los aspectos de la Italia del siglo XVII: tradiciones, costumbres, sociedad y modos de vida…

Respecto a este punto, me llamó sobre todo la atención la incidencia que Simoni hace en la Inquisición. Y me pareció muy interesante, no solo por el importante papel que juega en la historia, sino porque me hizo reflexionar y aprendí ciertas cosas de las que no tenía ni idea. Y pensar hasta qué punto se llegó durante este periodo histórico pone los pelos de punta, pero es necesario conocerlo. Y me ha gustado hacerlo de este modo, porque me ha hecho adentrarme e interesarme más por la historia.

Una historia que tiene la capacidad de hacerte viajar a la Roma antigua junto a sus personajes desde sus primeras páginas. Y no todos los libros tienen el poder de hacer eso y de, a la vez, atraparte y sorprenderte en cada uno de los capítulos. Y sí, quizás esta es una de las cosas que tiene en común con El código Da Vinci: esa increíble forma de tejer una trama excesivamente bien construida e interesante que te hace pensar en ella hasta mucho después de haberla leído. Pero creo que nunca son buenas las comparaciones, y en este caso menos aún, ya que esta obra tiene personalidad propia y nada que envidiarle a las famosas novelas de Dan Brown (y no es que estas no me apasionen).

Y qué más puedo decir… En este caso, no me gustaría revelar nada de La Marca del Inquisidor. Prefiero que seáis vosotros los que os adentréis “vírgenes” a esta novela. Y os animo a todos los que estéis en duda de si leerlo o no que lo hagáis (recomiendo, sin leer su sinopsis) y le deis una oportunidad. Tanto si sois fans de los thrillers históricos como si no. Me incluyo en este último grupo y debo decir que ha sido un gran descubrimiento. Ha merecido mucho la pena y por ahora ha sido una de las lecturas más fluidas de 2018. Y que hay ciertos libros que solo se venden por la publicidad que generan y por sus discursos promocionales y en cierta medida algo “engañosos”, pero hay otros libros que detrás de toda esa publicidad te sorprenden y te hacen pensar realmente. Este ha sido uno de esos casos y una enorme sorpresa para mí.

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Lucifer. Padre Lucifer, de Holly Black

padre lucifer

padre luciferA ver cómo hablo de este cómic porque no es fácil y hay que remontarse algo en el tiempo, al principio, cuando el principio era el Verbo. Bueno, no tan al principio, pero la frase venía a huevo siendo el cómic que vamos a reseñar el que es.

Pues bien, al principio… tuve la suerte, la enorme suerte, de empezar en esto de los cómics con The Sandman (de Neil Gaiman). Tal vez la mejor obra del noveno arte, siempre en mi opinión, que he leído hasta ahora. De las páginas de The Sandman emergió el personaje de Lucifer, el rey del Infierno.  Un Lucifer bastante distinto a la imagen del Diablo que todos tenemos implantada en la cabeza.Todos pensábamos que sería un simple cameo por necesidades de guion, pero nada más lejos. Años después Lucifer tuvo un spin off, una serie propia, obra de Mike Carey (que, curiosamente, llegó a tener la misma extensión),  con tanta calidad, entretenimiento y prestigio como la serie de donde salió, pero con una identidad totalmente propia. (Algún día tendré que leer de nuevo las tres o cuatro colecciones que conforman mi particular olimpo comiquero: The Sandman, Lucifer, Hellblazer y Predicador).

Ha pasado mucho tiempo desde que se publicó el último Lucifer, concretamente en 2006. Y por eso cuando hace un par de meses vi el tomo de Lucifer Cielo frío, pensé que era una reedición de la colección de Carey. ¡Grave error!  Alguien había osado poner sus manos sobre el ángel caído. ¿Por qué? ¡Si esa “creación” ya estaba cerrada y bien cerrada! ¡Ya nadie respeta nada! ¿Qué será la próximo, una segunda parte de Los Goonies? ¡Y me voy a callar lo que pienso de la serie televisiva, porque poner a Lucifer a lo Sherlock como consultor de la policía para ayudar a resolver crímenes…! Que no,  que eso me lo callo.

Afortunadamente, tras leer Cielo frío, el número anterior a Padre Lucifer, puedo respirar tranquilo. La obra no ha sido mancillada y el Lucero del alba sigue tan carismático, elegante y astuto como solo este Diablo puede serlo y siguen tratándose los temas de la predestinación y el libre albedrío.

¿Qué tenemos en este cómic? Pues de hecho, algo bastante similar al Lucifer planteado por Carey. Además de lo ya mencionado (el destino y el libre albedrío), tenemos las relaciones padre-hijo. Lucifer parece tratar a su hijo de forma parecida a como Dios le trata (o trataba) a él. El paralelismo es más que evidente. Tras haber resuelto el asesinato de Dios en Cielo frío, Lucifer vuelve a su piano bar, Ex Lux, en Los Ángeles. Pero la noticia de la muerte de Dios pronto se extiende en el Cielo y…  es muy difícil hablar de este cómic sin destripar nada. Los ángeles van a querer ocupar el trono, y en el Infierno el hijo de Lucifer reclamará frente a la actual reina, Mazikeen, su derecho legítimo al trono.

Hasta aquí puedo leer. Debo decir que, de momento, estos dos números me han sabido a gloria y me han evocado las mismas sensaciones que tuve en su día al leer las historias de Carey. Y eso, siendo justos, no era tarea fácil.

Padre Lucifer sigue donde se quedó Cielo frío y despliega un derroche narrativo, y visual, delicioso para todos los que en su día disfrutaron con el personaje. Reencuentro con figuras de antaño, diálogos y réplicas frescas e ingeniosas, un dibujo a la altura y una historia que logra que te desconectes de todo y te sumerjas hasta el fondo en ella y tiene los necesarios giros o artimañas propios de un personaje tan dado a ellos y que solo Él planea tan bien.

Holly Black nos ha devuelto al Lucifer que recordábamos y que tanto nos gustó.

Estoy deseando hincarle el diente al tercer tomo… a pesar de que será el último, y de que tampoco guioniza Holly Black (vuelta al miedo y a la esperanza).

Una lectura por la que merece la pena pecar.

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