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Los poderes de la oscuridad, de Bram Stoker y Valdimar Ásmundsson

los poderes de la oscuridad

los poderes de la oscuridad¡Uy, uy, uy! –me frotaba las manos y repetía– ¡uy, uy, uy! ¿Pero qué ven mis ojos? Pero si sale al mercado la versión perdida de Drácula. ¡La versión perdida de Drácula! ¡¡Drácula!! El libro por excelencia de vampiros, uno de los pocos que he leído más de una, de dos y de tres veces, el libro que sentó las bases del género, que me deslumbró en mi juventud por esa manera de narrar a base de diarios, telegramas, reproducciones fonográficas, cartas y extractos de prensa, el libro en el que aunque el malvado no aparezca durante gran parte del relato se le siente y se le teme porque es todo un machote vampiro,  todo un señor vampiro, la novela de un vampiro hecho a sí mismo y no como esos gusyluces imberbes… Una obra maestra de la literatura, vamos, y un clásico con todas las de la ley. Estaba claro. Tenía que leerlo. Y lo he hecho.

Los poderes de la oscuridad viene firmado por Bram Stoker y Valdimar Ásmundsson. Se publicó en 1901 en Islandia, (solo cuatro años después de la publicación de la edición original y, al parecer, como un folletín en un periódico sueco), con el título Makt Myrkranna (que significa Los poderes de la oscuridad), y se perdió hasta ser redescubierto en 2014. Según se nos cuenta en el amplio y curioso prefacio, Ásmundsson no solo tradujo Drácula sino que, ayudado por Stoker, escribió una versión distinta (y vaya si lo es), reelaboró la trama, añadió personajes y esto dio como resultado una novela más corta, más erótica y con bastantes diferencias respecto al original, aunque la esencia permanece.

¿Y bien? ¿Qué diferencias son esas?

Para empezar, la primera parte aumenta considerablemente la extensión. Por ejemplo, el viaje a Transilvania de Harker (que aquí no se llama Jonathan sino Thomas) pasa de las 22.700 palabras (aproximadamente) a 37.200 en esta novela y el resto de la historia disminuye de las 137.860 a las 9.100. Una purga excesiva, diría yo.

Se ha ganado tensión en el castillo. Se han añadido varios personajes (una anciana muda y una sexy vampiresa), hechos que aportan un matiz más sensual y también tintes conspiracionistas y ocultistas (un templo escondido en el propio castillo, una ceremonia ritual de sacrificio, un trama diplomática paralela, conversaciones sobre política…) y se han eliminado a las tres vampiresas (¡ay, adiós, Mónica Bellucci!)

Además, en la segunda parte se carga el formato epistolar, que era uno de los atractivos de la obra, y lo que nos queda es un narrador omnisciente. Esta segunda parte es mucho más rápida y a ello también contribuye la desaparición de bastantes episodios que ocurrían en Whitby y, sobre todo, la persecución final por Europa. Da la impresión de que Stoker/Ásmundsson no tenían ganas de volver a escribir lo mismo y que querían acabar cuanto antes. Puede que, si no se conoce el original, (e incluso conociéndolo), el lector se quede bastante confuso ante la rapidez con la que se suceden todos los acontecimientos y la celeridad con la que se acaba con el conde en una elipsis asombrosamente elíptica. En el proceso de destrucción se carga también a Renfield y la boda con Mina (que aquí se llama Wilma)…

Los poderes de la oscuridad está plagado de notas al margen. En ocasiones son ampliaciones de la traducción de tal o cual palabra islandesa, y otras veces compara lo narrado aquí con lo sucedido en la original Drácula o comenta costumbres de la época y lugar.

El lenguaje no difiere del primigenio (cuidado, antiguo… ¡gótico, es la palabra!, pero no complicado), yo al menos no lo distingo y eso ayuda a meterte en el ambiente.

En resumen, la primera parte me ha provocado más tensión que el Drácula de Stoker. Puede que haya pasado demasiado tiempo sin revisitarla, o que haya sido la extensión ampliada pero reconozco que me ha angustiado como si se tratara de un libro nuevo. El conde impone y acojona porque sabemos quién es y de lo que es capaz, porque tiene ya una fama a cuestas y no sabemos hasta donde podrá llegar en esta versión.

En cambio la segunda parte me ha resultado más floja. Como ya he dicho, da la impresión de tener prisa por acabarse y de que el dúo de autores iba con una escoba barriendo todo lo que consideraban paja.

Al margen de la novela en sí, hay que subrayar la gran labor de documentación que se ha llevado a cabo y que se nos muestra antes de esta y también quiero destacar como curiosidad que podemos ver los planos del castillo gracias a la reconstrucción de los pasos seguidos por Harker en sus tentativas de huida.

Los poderes de la oscuridad es un libro recomendable a los que han leído Drácula, lo aman y  quieren leer todo sobre él, pero no al revés. En mi opinión, si no se ha leído Drácula, no aconsejaría leer este libro, pues el lector puede pensar que le falta algo, que se pierde algo. O eso me parece a mí poniéndome en su lugar.

No obstante, es obvio que me ha gustado horrores. Me parece un documento extraordinario del que no sabía nada y con el cual he podido aprender unas cosas y refrescar otras casi olvidadas. Un libro curioso, entretenido y de obligada lectura para los amantes de los vampiros de verdad y del auténtico señor de los no muertos. Del origen de todo en una especie de versión 2.0 o de rebirth  que se dice ahora.

Brillante y más que imprescindible.

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Otra vuelta de tuerca, de Henry James

Otra vuelta de tuerca

Otra vuelta de tuerca¿Quién podría decir que esta romántica y bella portada pueda albergar una historia de terror? Solo aquellos que conozcan la obra de Henry James saben lo que esta esconde y no es precisamente una historia romántica… Aunque, en mi caso, tampoco es lo que me esperaba encontrar en ella.

Aunque he leído mucho sobre las famosas novelas y cuentos de Henry James, jamás había leído ninguno de ellos. Esta es mi primera novela del autor y debo decir que creo que ha sido la adecuada, pues ha despertado aún más el interés que siento por su obra.

Pero empecemos por el principio. Otra vuelta de tuerca es la historia de una institutriz a la que se le ofrece cuidar y educar a los dos sobrinos de un respetable caballero. A pesar de que los primeros días junto a ellos son agradables y se siente cada vez más unida a los pequeños, comienza a observar presencias extrañas en la casa y comportamientos cada vez más raros en los niños.

Aunque la sinopsis de esta novela no sea extremadamente original, pues encontramos cientos de historias similares en la actualidad, creo que no es nada comparable a ninguna otra. Empezando por la brillante narración del autor, repleta de figuras retóricas y detalles al profundizar en las mentes y miedos más profundos de los personajes, que también coinciden con los del ser humano, y siguiendo por su perfecta ambientación. La oscuridad que rodea la novela y la casa Bly, en la que se desarrolla esta novela, es algo que me ha puesto los pelos de punta al lector y me ha hecho preguntarse mil cosas acerca de la oscuridad que a su vez albergamos todos los seres humanos en nuestro interior.

Y es que en esta novela no solo nos encontramos con elementos sobrenaturales, como los fantasmas y los muertos que regresan para poseer cuerpos vivos, sino que también reflexiona sobre el plano psicológico de la protagonista principal, una institutriz a la que el miedo le hace ver cosas que no existen realmente. ¿Pero acaso no nos ocurre eso a todos? El miedo que nos paraliza, aunque sea irracional, es algo que siempre juega en nuestra contra y que ha sido y será así siempre. Por eso, el tema que James trata en este libro sigue vivo dos siglos después y seguirá, estoy segura, muchísimos años más.

Porque siempre habrá algo que nos atraerá de este tipo de historias. En mi caso, resolver el misterio que dificulta la vida de los protagonistas y profundizar en los límites de la maldad del ser humano. También preguntarnos qué ocurrirá al final, aunque presintamos a medida que vamos leyendo que no será nada bueno. Pero tampoco podría decir que esta especie de tétrico cuento que relata James en apenas 150 páginas sea previsible. El autor guarda alguna que otra sorpresa, que logró sorprenderme aún más y que me hizo sumergirme por completo en cada una de sus páginas.

Leer Otra vuelta de tuerca ha supuesto todo un descubrimiento en cuanto a las historias de terror que he leído anteriormente. Es de esa clase de novelas que te dejan con los pelos de punta a lo largo de sus capítulos, al adentrarte en las partes más oscuras del ser humano, ya que no puede haber nada más terrorífico que eso. Además, hacerlo en esta preciosa y cuidadísima edición ha sido todo un regalo para los sentidos. Sus evocadoras y logradas ilustraciones han conseguido que me trasladara por completo a la casa Bly, junto a sus personajes y sus terribles vivencias. Espero tener la oportunidad de volver a leer muy pronto a Henry James, y mucho más en una edición como esta, pues esta primera experiencia ha sido muy, muy positiva.

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El desorden de los números cardinales, de Vicente Marco

El desorden de los números cardinales

El desorden de los números cardinalesAdelante, abre El desorden de los números cardinales. Pero ándate con ojo con su autor, Vicente Marco, y las historias que te va a contar.

Te encontrarás con un portero hablando con uno de los vecinos del edificio que vigila. Con la historia de una mujer que es abordada por un desconocido que le pide que entregue un sobre. Con la de un hombre que se entera de que un excompañero de clase, el número uno en la lista, acaba de fallecer. O el relato de tres borrachos que se suben a un taxi. Nada fuera de lo normal, ¿verdad? Historias cotidianas que cualquiera de nosotros podría presenciar o protagonizar.

Espera un momento… ¿Te has dado cuenta de ese diálogo? ¿Y de esa escena desconcertante? La realidad empieza a resquebrajarse. Las cosas no son lo que parecen y tratas de buscarle la lógica. Mira que te advertí que fueras con cuidado, pero ya es tarde: has entrado en el juego de Vicente Marco.

En los doce relatos que componen El desorden de los números cardinales entremezcla varios géneros literarios. Hay historias aparentemente realistas, sí. Otras fantasiosas desde el principio. ¿O tal vez no lo son? La verdad es que no sabes a qué atenerte. Ni siquiera te fías de los relatos de humor, que acaban siendo terroríficos. Pero, con el paso de las páginas, empiezas a pillarle el truco a Vicente Marco. Te ha quedado claro que no desvela sus verdaderas intenciones hasta la frase final de cada relato. Así que te relajas y te dejas llevar por la narración: te ríes de su ironía, disfrutas de su imaginación y asientes a sus críticas sociales (unas veces, directas; otras, sutiles; siempre certeras).

Pobre ingenuo. Vicente Marco no se va a conformar con eso. No le interesas si eres un lector pasivo; así que no te dejará que lo seas, aunque te resistas hasta el final. Y será en el momento en el que acabes de leer El desorden de los números cardinales cuando te des cuenta de que no son doce relatos, sino uno solo. Tus doce certezas se esfuman. Y tú que te creías que sabías de qué iba esto. Pero no, claro que no.

No te queda más remedio que desandar tus pasos. Has detectado algunas señales durante la lectura, solo es cuestión de recapitular los personajes que saltan de una historia a otra y las referencias a Susi Bon, para esclarecer el verdadero papel de esa mujer en todo esto y descubrir qué lugar es ese al que llaman Hemisferio. Vuelves al principio, relees cada relato, tratas en vano de atar todos los cabos. Pero en cada relectura encuentras nuevas señales, nuevos mensajes entre líneas, nuevas realidades que nunca se te habían pasado por la cabeza. Siento decirte que es ahí, justo ahí, donde Vicente Marco te quería tener.

Enhorabuena, por fin has entrado en el Hemisferio. ¿A que no está tan mal, visto desde dentro? Vicente Marco te da la bienvenida. Y yo misma, que también te estaba esperando, como todos los lectores que se han asomado antes que tú a las páginas de El desorden de los números cardinales. Te dije que fueras con ojo, pero lo cierto es que sabía que no podrías resistirte a este juego metaliterario. Así que siéntate y disfruta. Aquí todo es posible. Lo pasaremos bien en el Hemisferio.

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El príncipe Lestat y los reinos de la Atlántida, de Anne Rice

el principe lestat y los reinos de la atlantida

el principe lestat y los reinos de la atlantidaHace poco más de dos años me llevé una grata sorpresa al enterarme de que la Rice volvía por sus fueros. Volvía al género que mejor domina y la encumbró: a los vampiros. A SUS vampiros. A ese tipo de vampiros de los buenos, no a los de la última hornada crepuscular. A Lestat, Louis, Marius y todos esos seres oscuros con nombres extraños y a la vez tan de mi gusto… No me lo esperaba y, aunque nunca han quedado relegados a mi olvido interior, si habían quedado algo marginados por otras lecturas, flotando en mi interior, como Amel en el cerebro de Lestat.

Así que cuando me entero de que Ediciones B publica este El príncipe Lestat y los reinos de la Atlántida me quedé mucho más soprendido que hace dos años. Me quedé picueto. Con el culo torcido totalmente. Porque normalmente este tipo de libros genera noticias mucho antes de su publicación. Con el anterior, El príncipe Lestat, los rumores empezaron un año antes de su llegada a España. En cambio, con este no había oído ni el más mínimo susurro…

Pero venga, al turrón. Más allá de la sorpresa inicial, ¿qué nos depara este nuevo libro (el 14 según la guía informal de las Crónicas vampíricas? Pues, aunque no lo parezca continuamos la trama que parecía cerrada en el libro anterior. Más que nada seguimos con el asunto de Amel. Con Lestat coronado como Príncipe y esperando gobernar en paz a los vampiros aparecen unos extraños seres para dar vidilla a la Corte. Tienen apariencia humana y deambulan entre nosotros, pero no son humanos. Son fuertes e inteligentes y pueden suponer la extinción de toda la “vampiridad”. Además, por si fuera poco estos seres podrían ofrecer una dimensión imprevista a la historia de Amel, quien recordemos, es el responsable de animar a toda la comunidad vampírica. ¿Serán aliados o enemigos estos nuevos personajes?

Desde luego, hay que reconocerle el mérito a la Rice. Cuando parecía que todo se había contado (aparte de poder sacarse de la manga vampiros nuevos que nos narren su triste y azarosa historia desde su origen hasta la actualidad, claro está, eso siempre puede hacerlo) sobre nuestros viejos amigos chupasangre, va y los relaciona con la leyenda de la Atlántida. Para quitarse el sombrero. Aunque también es verdad que al leer el título en parte me entró algo de miedo pues pensé que ahora Lestat iba a ser uno de esos personajes que corren aventuras del palo Wally en América, Wally con los vikingos, Wally y los números

Por fortuna no ha sido así, y Anne Rice ha demostrado ser muy bizarra. (Bizarra en el sentido correcto, o sea, valiente). Y es que tanto en este como en el libro precedente, de “cosas de vampiros” hemos visto poco que yo recuerde del asunto meramente vampírico. Se mantienen los personajes, pero la trama, aunque muy atractiva va orientada por el lado de espíritus antiguos, fantasmas… Quiero decir: de vampiros alimentándose de humanos vemos poco. Ya sabemos que no hace falta, ya hemos leído bastante sobre eso y me parece muy bien que la autora quiera investigar otras líneas, otros temas. Y repito, lo aplaudo, porque sigue hablándonos de nuestros personajes de siempre (de hace 25 años al menos) con las mismas dudas y temas (existencialismo, eternidad, orígenes, dolor, sufrimiento, amor pansexual,…) y a la vez logra introducir nuevos personajes y tramas más allá de lo que uno espera en un libro de Lestat, uno de los mejores vampiros de la literatura. Parece que amparadas bajo el paraguas de Lestat caben ya todo tipo de historias, que Lestat es un mero gancho para seguir atrayendo a los fieles. Pero esa es una primera impresión. La historia, con sus virtudes y defectos, está bien contada y es razonadamente creíble (creíble en el sentido de que, ¡coño! ¡Si estamos leyendo un libro de vampiros como si nada, estos otros personajes no desentonan con la necesaria suspensión de la incredulidad, están bien encajados en la novela!).

Principales pegas de este libro: las descripciones. Hay momentos en los que a la Rice le da por describir y describir y describir, y se hace eterno. Por otra parte, siempre he dicho que lo mejor de sus Crónicas Vampíricas son los tres primeros libros (Entrevista con el vampiro, Lestat el vampiro y La reina de los condenados). En esta novela sale a colación varias veces el nombre de Memnoch, quinto de los libros (Memnoch el diablo). Si lo has leído entenderás mejor esas partes, pero si no, tranquilo, no hace falta que lo leas (es más, yo no te lo recomiendo) al final hay un apéndice con un resumen de los 14 libros de las Crónicas (incluido el que ahora reseño) y también se habla de Memnoch. ¡Y también tienes internet!

En los puntos buenos: la edición preciosa con los cantos de las hojas en color azul “Atlántida”, el apéndice de personajes y lugares más importantes de las crónicas y, por supuesto, los personajes que conocemos.

El príncipe Lestat y los reinos de la Atlántida es un libro para los fans de Lestat y de la Rice. Para los que se desilusionaron con los libros intermedios desde El ladrón de cuerpos hasta Cántico de sangre. En medio hubo buenos, sí, pero también malos. Un libro para los que recuperaron la esperanza con El príncipe Lestat y quieren seguir las andanzas del vampiro roquero, de su parásito Amel y de todos cuantos le acompañan.

Estoy seguro de que si Anne Rice ha sido capaz de inventar esta historia, es capaz de volver a sorprendernos en un futuro no muy lejano con alguna aventura aún mejor y más vibrante. ¡Y con terror, por favor, que son vampiros!

No es el mejor libro de Anne Rice, pero tampoco el peor. Entretiene mucho y a partir de la última página muchas cosas pueden pasar en el universo literario de Lestat y compañía.

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The Woods 2. El enjambre, de James Tynion IV y Michael Dialynas

The Woods 2. El enjambre

The Woods 2. El enjambreA lo largo de la historia del arte ha sido de sobra conocida la relevancia y la impronta que deja en un autor la labor de su maestro. Conocimientos y técnicas que se trasmiten en sus talleres en los primeros años del artista cuando su mente creativa ansía absorber hasta el más mínimo detalle. Miguel Ángel se formó en el taller de Ghirlandaio, Leonardo en el del Verrochio, Francisco Pacheco instruyó a un joven Diego Velázquez y Francisco de Bayeu hizo lo propio con Goya. En cada uno de esos casos, y en muchas de sus obras, se produjo el fenómeno de genialidad en la que el alumno supera al maestro. Muchos años después, y en otra de las expresiones artísticas más relevantes y apreciadas, el denominado Noveno Arte, los talleres o, como a mí me gusta llamar en su voz italiana bottegas, siguen cobrando suma importancia y, en consecuencia, generan nuevos valores de muy elevado nivel. Sirva como ejemplo el sucedido en esta serie de cómics que ha lanzado en España la interesante editorial Medusa Cómics: The Woods. En este caso se trata del aventajado alumno James Tynion IV que se formó bajo la tutela del maestro Scott Snyder (American Vampire, Batman). Y como ocurriera con los anteriores ejemplos de pintores, se podría decir que el pupilo está cerca de emparentarse, si no de rebasar, la obra de su mentor.

The Woods 2. El enjambre es el segundo tomo que continua una aterradora, fascinante e inteligente historia de ciencia ficción en la que los alumnos de un instituto de Bay Point, Milwaukee, desaparecen sin dejar rastro y viajan a un extraño e inquietante mundo lejano, perdidos en medio de un bosque lleno de criaturas y peligros ocultos. En el primer tomo que reúne cuatro espectaculares números nos presentaban a cada uno de los personajes y el conflicto del relato; ninguno sabe dónde han ido a parar y están aterrados, sobre todo después de presenciar cómo una gigante e imposible criatura ha devorado a una de sus compañeras y, en mitad del bosque, han sido atrapados por una comunidad de hombres con ropajes vikingos.

En este segundo tomo se aprecian las influencias aprendidas por su guionista James Tynion IV. Por un lado, el poder de crear una historia muy elaborada que promete un entramado complejo y bien hilvanado con diversidad de personajes perfectamente reconocibles y distintos, detalles que bien podría haber absorbido de Snyder, como también, y por otro lado, las referencias a gigantes guiones de ficción y modos de desarrollarlos como ocurre con la serie Lost. Es esta una apreciación que me trasmitió el cómic a medida que lo iba leyendo. Hay cosas que los distinguen, por supuesto, pero el nudo del relato bien podría tener ciertas afinidades. Por ejemplo, y para poner al futuro lector —a quien recomiendo encarecidamente esta obra— en situación, los alumnos han ido a parar a un lugar lejano y desconocido en mitad de una jungla que oculta misterios en su interior. No sufrieron un accidente de avión, pero sí llegaron ahí por algo que les trajo, digamos, adrede. Para colmo, la aparición de un grupo de habitantes de aquel lugar, aún más inquietantes, que pueden asociarse con aquel grupo de la serie de televisión a los que llamaban «los otros». En cuanto a su forma de narrar la historia también relacionas ambas obras, como es el empleo de analepsis o flashbacks enfocados en las vidas de cada uno de los personajes y que hacen avanzar la narración. En este segundo número conoceremos más en profundidad los temores y la personalidad de algunos de sus protagonistas que serán muy relevantes para el desarrollo de la historia y las consecuencias que esto conllevará.

¿Apreciar tantas similitudes con otras obras resta originalidad o calidad al trabajo final? Bueno, ¿acaso no es digno de apreciar el cuadro La fragua de Vulcano, de Velázquez pese a estar supeditado a las influencias de un pasaje de La Metamorfosis, de Ovidio y a los gustos por la mitología que aprendió de Rubens? No considero que la obra sea un, mal llamado, refrito de otras historias. The Woods 2. El enjambre tiene un guion muy inteligente y bien desarrollado en el que la lectura y el disfrute de los dibujos, esto a cargo del ilustrador Michael Dialynas, son un ejemplo de buen hacer de dos auténticos artistas del cómic que salieron de sus talleres como alumnos y, en gran parte, gracias a este trabajo que ambos están realizando, pueden presumir de poder crear su propia escuela como maestros, que es en lo que se están convirtiendo.

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El hombre del traje negro, de Stephen King

el hombre del traje negro

el hombre del traje negroTodos sabemos que King escribe como los ángeles. Puede que en las narraciones largas suela cagarla en los finales. Sí, es un hecho innegable. Lo ha venido haciendo de un tiempo a esta parte y es un miedo que hemos cogido aquellos a los que nos gusta leerle. Pero el desarrollo y la forma que tiene de contar la historia es magistral, poderosa, envolvente y engatusadora. Ya puede meter en medio de la trama cómo se fabrica la mantequilla de cacahuete en una vieja factoría de Maine o cómo al protagonista le hacen una mamada mientras conduce su gastada furgoneta. Da igual. Te lo mete tan sin darte cuenta, porque sabe cómo hacerlo, que tú, encantado, devoras todo, lo disfrutas, estás a su merced y ni siquiera recuerdas a santo de qué venía esa historia del cacahuete.

Ya hacía tiempo que no leía al bueno de Stephen. Pero es que, los finales, ya sabéis… Así que cuando vi en la librería un libro negro, tan pulcramente editado, con los lomos de las hojas dorados a la manera de los antiguos misales, con ese extraño pez en medio de la sobria y a la vez elegante portada y el nombre de Stephen King en destacada letra blanca, ¿qué hice? Pues investigar… y llevarme una sorpresa

El hombre del traje negro es un relato corto que ganó en 1995 el World Fantasy Award al mejor relato corto de ficción. Es puro King destilado y servido en chupito. Cuenta la historia de Gary, un niño de nueve años cuyo hermano murió un año antes. Va a pescar al río y se queda dormido. Cuando despierta se encuentra con que le estaba observando un hombre vestido con un traje negro y con los ojos anaranjados, como si tuviera llamas dentro de él. Además huele a cerillas… El joven concluye que uno y uno son dos. Por si fuera poco para acabar de acojonarle, el hombre empieza a meterle miedo y le cuenta cosas sobre su familia que un desconocido no debería saber. Consigue escapar de él corriendo como alma que lleva el diablo. No hago espoilers, tranquilos, porque la narración comienza con Gary, ya anciano, rememorando esta historia.

Aquí podéis leer a King sin miedo a que el final sea decepcionante. Es un relato muy bien escrito, con una trama que te tiene en vilo y que da pena que se acabe tan pronto. Las reflexiones del anciano Gary, las razones para escribir su historia… Podría haber sido un cuento más largo y no habría desmerecido en nada.

Por otra parte, este relato tiene intercaladas en él preciosas ilustraciones de Ana Juan.

Pero, como decía Súper Ratón, “no se vayan todavía, aún hay más”. Tras el relato de King se incluye otro de Nathaniel Hawthorne, El joven Goodman Brown. ¿Y eso por qué? Pues según parece el cuento de King es un homenaje a este. Lo cierto es que algo de parecido tiene, pero son totalmente distintos y los dos merecen mucho la pena.

Para empezar, El joven Goodman Brown transcurre en Salem, así que ya podemos hacernos una idea de por dónde irán los tiros, ¿no? Como curiosidad apunto que el bisabuelo del escritor fue inquisidor en los juicios contra las brujas, cosa que le avergonzó toda su vida, tanto como para modificar su apellido añadiéndole una “w”. Creo que con esta nota, se entenderá mejor (y no es que sea difícil de entender, en absoluto) el cuento y las intenciones del autor.

Así pues, dos por el precio de uno. Los dos buenos, bonitos y baratos. Una oportunidad de oro para leer a King y para descubrir o redescubrir a un autor que es todo un clásico de la literatura norteamericana.

Recalco lo chula que ha quedado esta edición de Nórdica. Un ejemplar de coleccionista, sin duda.

Gracias, Susana. ¡Un abrazo!

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Wylding Hall, de Elizabeth Hand

wylding hall

wylding hallTodos tenemos un grupo (o dos, o tres, o más…) de música del que somos fans, sobre todo cuando somos adolescentes. Grupos que se quedarán con nosotros toda la vida, aunque desaparezcan, se disuelvan, mueran sus miembros o se dediquen a otras cosas. Grupos de los buenos (no de estos de ahora que duran dos telediarios y empapan las bragas de quinceañeras que hacen cola en los estadios para conseguir entradas a costa de perder días de clase) que nos han sorprendido por su manera de enfocar la música, por traernos un sonido nuevo, o unas melodías pegadizas o unas letras que parecen ir dirigidas en exclusiva a ti o por una mezcla de todo, porque te llegan, sin más.

Y a todos nos hubiera gustado ver cómo esa banda de música creaba ese mítico disco que no nos cansamos de escuchar. Saber cómo fueron surgiendo las canciones, cómo cada miembro hacía sus aportaciones, cómo se emborrachaban y emporraban o se metían cosas más duras, y las orgías en las que, seguro, participaban. Además, saabemos que algunos grupos se encerraban para desconectar de la civilización y poder concentrarse mejor en el proceso creativo e inspirarse adecuademente.

Algo así es lo que propone Wylding Hall. Imitando la estructura de un documental con cortes que alternan las narraciones de los protagonistas, aquí se nos cuenta lo que sucedió veinte años antes en una mansión, de mismo nombre que el título del libro, en la campiña inglesa. El grupo es Windhollow Faire, banda de rock folk y durante un verano, a petición de su manager, se encierran en esa mansión para pasar página a la muerte de la cantante principal del grupo y pareja de Julian, el letrista, y, de paso, intentar sacar un nuevo disco, cosa que finalmente conseguirán y será todo un éxito.

Pero claro, este es un libro de terror, ganador del Premio Shirley Jackson 2016, así que algo más tiene que suceder y no puede ser algo muy bueno… y sucede. Vaya que si sucede. Julian desaparece en el interior de la casa.

Confieso que este libro me ha dado en su parte final un escalofrío. Como aquel que sentí cuando escuché esa historia de la chica acampada. Ya sabéis cual, ¿no? Es igual os la voy a contar: una chica va sola por un bosque, haciendo senderismo y fotos a todo lo que le llama la atención. Por la noche duerme en su tienda de campaña y por la mañana, después de desayunar decide ver las fotos que hizo el día anterior. Ve los hayedos, los troncos con musgo, las hojas, el río, y… varias fotos de ella durmiendo en el interior de la tienda.  Así acaba la historia.

¿Qué? ¿La conocíais? ¿Acojona o no? Pues así me quedé yo al final de este libro. Con un ligero escalofrío.

Pero me estoy anticipando. Lo cierto es que me alegró comprobar que esta no era una novela típica de esas en las que se oyen ruidos raros o se abre una puerta de repente o en la habitación hace un frío que pela cuando segundos antes se estaba tan bien, ni aparecen o desaparecen cosas… (salvo Julian, claro). No. Afortunadamente, Hand huye de los estereotipos de casas embrujadas y deja el peso tanto a los protagonistas y sus recuerdos (confiables o no después de dos décadas) y al lector, que será quien finalmente busque una interpretación a lo sucedido, pues Hand no nos la va a dar.

La atmósfera creada, tanto en el interior de la casa, como en los recelos de los lugareños a según qué cosas, la taberna en la que algunos componentes cantarán para sacar algo de dinero… serán aspectos que van a darnos pistas para que cada uno saque sus conclusiones.

Wylding Hall se lee con facilidad, y el acierto de una estructura basada en el constante cambio de narrador, a modo de monólogos interiores, agiliza esa lectura. Todo lo relativo al proceso musical está muy bien llevado y a medida que avanzamos en la trama, el desasosiego va también en progresivo aumento.

El final, aunque se ve venir, es de los que te ponen los pelos de punta. Pocas veces he tenido una sensación así con un libro, a pesar de que el recurso no es nuevo y de, repito, verlo venir.

He aquí un ejemplo de gótico sobrenatural en pleno siglo XXI. He aquí una entretenidísima y aterradora lectura. Escalofriante.

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Camposanto, de Iker Jiménez

camposantoPocos libros envejecen bien. Es un mal endémico de estos tiempos literarios. Obras encargadas a la carrera, libros escritos intentando sacar provecho de una determinada moda estacional o intentando exprimir el bolsillo de unos cuantos puñados de “followers”. El escritor mediático que intenta subirse a la ola y surfear el momento.

Pero al final, el tiempo es un togado cruel. Ya no la crítica, que es igual de mutable y de imbécil que el objeto de su análisis. Pocas cosas resisten y hasta la roca se desgasta. Por eso, cuando un libro de esos sube, no hay más que dejar hacer su trabajo a la gravedad. A toda la gravedad. La ley de la gravedad es implacable y no hay mediador que la sortee evitando la caída y la gravedad de los hechos a los que se enfrenta una obra infiel al oficio de escritor. Ésta al final paga su condena: el olvido.

Por este motivo, he vuelto a disfrutar hoy, 12 años después de la primera vez que lo leí, de un libro que ha envejecido a las mil maravillas. Que ha envejecido poco o nada y que lo ha hecho envuelto en luz y taquígrafos estando expuesta al más duro examen. Su autor no ha salido de nuestras vidas de alguna manera desde entonces y reconozco que leí la primera vez el libro porque era un absoluto adicto a su programa de radio. Uno de los culpables de que quien aporrea este teclado tenga una curiosidad desmedida y uno de los culpables también de haber dado a luz a otro tipo de periodismo de investigación en este país. Os hablo de Iker Jimenez y de su única novela escrita hasta la fecha: Camposanto.

Iker Jimenez es un claro ejemplo de quien vive para contar historias. El hecho de que solo haya escrito una novela es prueba de ello. Creo que todos sabemos que podría escribir y vender más, pero la realidad es que Camposanto era la historia que Iker Jimenez quería contar. Y nada más. Y eso le dignifica como autor. No ha buscado el lucro ni la moda. Solo satisfacer la necesidad de contar su historia y eso es lo que ha hecho. Hoy, 12 años después de su publicación, podemos ver como Camposanto se adelanta a la historia del propio Iker Jimenez.

El autor lleva la novela a su terreno, el de la investigación de lo paranormal. La historia nos introduce a Aníbal Navarro – un periodista radiofónico, alter ego del autor-, que se ve interesado por la muerte de otro célebre periodista de lo misterioso, Lucas Galván, treinta años atrás en extrañas circunstancias: sobre una tumba en el cementerio de un pueblo abandonado. Para avanzar en el caso, se pone en contacto con el entorno de Galván y descubre la misteriosa relación de éste con un pueblo maldito que desapreció hace cuatrocientos años en los Montes de Toledo. Las investigaciones del protagonista pronto toman una peligrosa traza que le llevan desde Toledo hasta Venecia, pasando por Madrid o Barakaldo para terminar enfrascado en una de las figuras más magnéticas, heréticas e interesantes de la historia: Hyeronimus van Acken: El Bosco.

Los últimos días de Felipe II, las claves ocultas de los cuadros de El Bosco, sectas heréticas adamíticas, fundamentalismo cristiano y sobretodo terror. Mucho terror. Camposanto marca las pautas de lo que es una investigación en un terreno tan sensible como lo es el campo de lo paranormal.
Un relato de terror en toda regla con un ritmo absorbente y que no decae. Un relato con una estructura precisa que hace que el marco temporal actual se complemente a la perfección con el de El Bosco. Iker es un maestro del tempo radiofónico y televisivo, cosa que ha sabido trasladar a su novela.

Camposanto tiene dos puntos fuertes: Su estructura y su documentación. Respecto a la última, solo decir que la única manera de dar esa fluidez al texto es siendo una autoridad en la materia. Iker Jimenez lo es y eso también le ha ayudado a estructurar la historia desde el principio, haciendo que en final encaje como una precisión asombrosa. Nada hay al azar. El autor no cree en coincidencias.

Una cuidada prosa heredada del dominio de la oratoria, imprimen a los párrafos cierto halo literario alejado de pretensiones. No hay más que leer para que parezca que el propio autor nos lo lee en voz alta. Y es que Iker Jimenez es una de las voces más importantes de este país y eso es imposible que no se note en el libro.

Camposanto es un libro muy especial para mí. Tiene el dudoso honor de ser el único libro que ha conseguido erizarme el bello de puro miedo. Nunca un libro lo había conseguido y nunca otro lo ha vuelto a conseguir. No se trata de un miedo cerval sino de ese temor irracional que no sabes cómo encajar de manera racional. Y hay una cosa más. El señor Ridaura. Ese hombre junto a su esposa, me ha sacado decenas de fotos. La casa de mis padres está al lado de esa tienda de fotografía. La ropa tendida podría ser la mía y el niño jugando al balón bien podría haber sido yo. Sentí una especie de flash al leerlo por primera vez y lo he vuelto a sentir al releerlo. ¿Por qué? No lo sé. Quizá este libro contenga algún tipo de energía, quizá no. Quizá solo es una novela de misterio o quizá una investigación que el propio Iker decidió que no viese la luz. Solo sé que cada vez que veo el libro en la estantería me estremezco y sonrío a la vez. Lo guardo y lo recuerdo. Lo releo de vez en cuando y cada vez que pongo un pie en Madrid tengo que visitar el Museo del Prado.

Hay que leer este libro si te gusta Iker Jimenez o si te gusta lo que hace. Yo, por mi parte, le escuchaba y le escucho. Le veía y le veo. Le leía y le leo. Lo hacía, lo hago y lo haré dentro de muchísimos años cuando solo nos quede ir al Retiro a escuchar de viva voz lo que dice el viejo Lucas Galván.

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Schalken, el pintor, de Joseph Sheridan Le Fanu

Schalken el pintor

Schalken el pintorEn estos tiempos en los que se publican centenares de novedades al mes, los lectores tenemos a nuestro alcance infinidad de historias, pero cada vez es más difícil que alguna aporte algo nuevo al panorama literario y a nuestras propias lecturas. Yacaré Libros, que cuenta ya con cuatro títulos en su catálogo, da sus primeros pasos como editorial apostando por distinguirse en la forma y en el fondo. Para empezar, la edición de sus obras no pasa desapercibida ni siquiera en la librería más atestada. En el caso de Schalken, el pintor, de Joseph Sheridan Le Fanu, sus dimensiones de 12 x 25,5 centímetros están lejos de amoldarse al resto de ejemplares con los que comparta estante, por lo que es inevitable que los lectores curiosos reparemos en él. Las ilustraciones de Javier Olivares hacen el resto para que este libro se convierta de inmediato en el objeto del deseo de cualquier bibliófilo.

Pero Yacaré Libros no se queda en la superficie. Si pasamos al fondo, la selección de las obras que editan reivindica la buena literatura. Quienes lleven muchas páginas leídas en su haber tal vez tomen Schalken, el pintor por un relato típico de hechos sobrenaturales, pero es mucho más que eso: se trata de una de las primeras obras de Joseph Sheridan Le Fanu, considerado el padre del cuento moderno de fantasmas y pionero de la novela de vampiros, pues abrió el camino a célebres autores como Bram Stoker o Anne Rice, quienes reconocieron la enorme influencia que tuvo en ellos. Ahí reside el gran valor de Schalken, el pintor: instaurar pautas narrativas que renovaron el enfoque de los relatos de fantasmas en el siglo XIX y que a día de hoy se han convertido en elementos clásicos del terror, una y mil veces imitados.

Aunque Joseph Sheridan Le Fanu es recordado especialmente por Carmilla, en Schalken, el pintor ya daba muestras del estilo que más tarde le caracterizaría: un lograda ambientación realista en la que se producen hechos extraños, una elaborada construcción de personajes y un final que deja en manos del lector la explicación de lo sucedido. En este relato, Joseph Sheridan Le Fanu contó la historia que se escondía detrás de un cuadro de Godfried Schalken, un pintor holandés famoso por su excelente manejo de las luces y las sombras. En él aparecía una joven alumbrada por una vela. Era Rose Velderkaust, sobrina del mentor de Schalken, Gerard Douw, y, tras ella, un hombre a punto de desenvainar su espada. Este cuadro es el punto de partida de esta misteriosa historia, que logra atrapar al lector gracias a la tenebrosa ambientación recreada por Joseph Sheridan Le Fanu y a las ilustraciones de Javier Olivares que la representan.

Schalken, el pintor es un objeto de coleccionista para todo amante de los libros tanto por ser una obra pionera dentro de su género como por el mimo con el que Yacaré Libros la ha editado para que la luzcamos en nuestra librería particular. Y es que, a veces, basta con volver a los orígenes para redescubrir la literatura y dar un aire diferente a nuestras lecturas.

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El cuento de la criada, de Margaret Atwood

El cuento de la criada

El cuento de la criada“Espero. Me compongo. Mi persona es una cosa que debo componer, como se compone una frase. Debo presentar algo que ha sido hecho, no que ha nacido.”

Pág. 106

Leí este libro hace años, de la biblioteca, y llevo queriéndolo comprar desde entonces. Quería tener mi ejemplar para marcarlo, subrayarlo, poder comentar al margen… esas cosas que teóricamente no se puede hacer con los libros, pero que yo siempre hago con los que me gustan mucho. Pero no podía comprarlo porque estaba descatalogado y, por internet, llegaron a pedir casi 200 euros por un ejemplar. Una locura.

Por eso me parece una suerte que Salamandra reedite El cuento de la criada, una novela que la inmensa Margaret Atwood escribió tras un viaje al otro lado del telón de acero en los años ochenta. Sí, ochenta. Y os estaréis preguntando, ¿por qué la reeditan ahora? Y, sobre todo, ¿qué tiene que decirnos una novela de los ochenta?

La primera pregunta es fácil de responder. El año pasado HBO anunció que esta primavera emitiría una serie basada en la novela de Atwood. Así que, para qué negarlo, es un buen momento para recuperar El cuento de la criada porque muchas de las personas que vean la serie querrán recurrir al texto original.

Pero, aparte de por la serie, ¿por qué va a interesarnos precisamente ahora? La misma autora responde a esta pregunta en el prólogo que acompaña a la nueva edición. El cuento de la criada es rabiosamente actual. Cada vez más gente le pregunta si la novela es una predicción. Y Atwood responde que no, porque predecir el futuro no es posible, pero que sí que, cuando la escribió, había una intención de antipredicción en ella, es decir, de evitar un futuro como el que vive Defred, la protagonista de la novela.

Y tiene razón. A diferencia de otras obras de ciencia ficción, El cuento de la criada ha envejecido my bien y es incluso más verosímil hoy en día que en 1984, cuando fue escrita. Recuerdo que la primera vez que la leí, hará un par de años, busqué la fecha de publicación y me sorprendí porque estaba leyendo sobre cosas que están pasando ahora en EEUU, sobre cosas que podrían pasar en un texto escrito hace más de treinta años. En ese sentido, parece que Atwood haya viajado al año 2017 para ver algunos detalles, algunas tendencias, que explota en la novela.

Precisamente creo que es esa verosimilitud lo que hace que sea una de las novelas más aterradoras que he leído. Porque la autora logra crear la sensación de que te habla directamente a ti, durante la lectura de la novela tú eres Defred, o podrías serlo.

Recuerdo la primera vez que viví ese grado de identificación en una historia de terror. Tenía unos siete años y vi la primera adaptación de It, la novela de Stephen King. Yo estaba acostumbrada a ver películas de miedo, no me afectaban para nada (era fan de Expediente X) pero It me destrozó y pasé meses con pesadillas. Cuando mi madre me preguntaba por qué, siempre le daba una explicación muy clara: se come a los niños, solo a los niños. Y yo era una niña.

Esa misma sensación he tenido con Defred. Ella es una mujer que por edad, condición, etc. podría ser yo, que ha tenido un pasado como se augura mi futuro. Y todo se rompe de una manera tan brutal y al mismo tiempo tan contenida, tan, una vez más, verosímil, que produce terror. Junto a esa capacidad de identificación están la sensación de aislamiento, de paranoia, el miedo al otro, a hacer cualquier movimiento que Atwood crea con maestría y mantiene durante toda la novela. Por otro lado, no tiene la necesidad de recurrir a la violencia explícita para hacerte ver el horror. El clímax de la novela es mucho menos violento que cinco minutos de Juego de tronos, pero logra hacerte sentir más incómodo y angustiado de todas las temporadas de Walking Dead juntas. Y, para mí, es en esa contención del terror, en la capacidad de hacer que el gesto más nimio te haga temer por la protagonista sin perder ni un segundo el sentido de la realidad, donde se encuentra la genialidad de El cuento de la criada.

Para todos los que os asustéis con las novelas largas o “complicadas”, quiero deciros que Atwood tiene el don de crear metáforas impresionantes con lenguaje muy sencillo y que, pese a ser una historia asfixiante, se lee casi de un tirón. Me guardo en la manga los spoilers (no todo es lo que parece y la historia da unos vuelcos que madre mía), las referencias literarias (a Orwell, a Bradbury, a Le Guin…) que los fans del género veréis sin duda, mis especulaciones sobre el título y muchas de las sensaciones que me provoca esta novela. Leedla, lleváosla a la playa, a la piscina, comentadla porque es un texto actual e incómodo que se presta a compartir y debatir con los demás.

Y una última recomendación. Si leéis la nueva edición de Salamandra, dejaos el prólogo de Atwood para el final. Hacedme caso, primero leed la novela, porque la autora no se quita de hacer spoilers y, aunque, como no, la perdonemos, revienta hasta el último punto de giro de la trama.

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Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados, de Joe Hill

Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados

Tales from the darkside. Los guiones nunca rodadosLa sangre llama a la sangre; el terror acecha al terror. Joe Hill escribiendo para la serie televisiva Historias del Más Allá es rizar aún más el rizo de hasta dónde puede llegar un buen relato de horror. Qué coño, tres relatos. Sin excepción.

Todo seguidor de la literatura fantástica y de terror sabrá ya de sobra quién se esconde tras el seudónimo de Joe Hill, se ha comentado en otras reseñas, pero nunca viene mal recordarlo porque además, en esta ocasión, vuelven a tener un lazo en común más allá de su relación familiar. El padre del terror moderno, Stephen King, es padre también de Joe Hill (Joseph King). Además del enorme parecido físico ha heredado una ambiciosa creatividad literaria que demuestra en sus diversos relatos cortos, novelas, cómics y en el caso que en esta reseña nos ocupa, Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados. «Como escritor me pone y me sigue poniendo escribir para televisión», reconoce.

Pensados para ser televisados —en un fanzine dedicado al fantástico leí que el director M. Night Shyamalan se encargaría de dirigir algunos de los episodios—, el escritor Joe Hill escribió los guiones para tres historias. En un principio debía escribir guiones de veinticuatro páginas, como en los cómics, ya que se tratarían de capítulos de treinta minutos de duración. Tras la experiencia como guionista de cómics —Spiderman o Locke & Key— el encargo le resultó de lo más placentero. Escribió dos episodios y le añadió uno más largo que abarcaría un capítulo de una hora de duración y relacionaría a las tres historias. Todo estaba listo para llevarse a la pequeña pantalla, pero finalmente la cadena de televisión no terminó de llevar a cabo el rodaje por considerarlos, quizás, un proyecto muy ambicioso para lo que aquella cadena podía permitirse y nunca llegaron a rodarse. Los fans del terror tuvimos, al menos, la suerte de poder degustar esas historias en otro formato, el cómic Tales from the darkside. Para ello se contó con el dibujante Gabriel Rodríguez, que ya trabajó junto a Joe Hill en Locke & Key, y a Michael Benedetto que se encargó de adaptar las historias. Sin duda, un genial modo de poder descubrir esas historias que quedaron huérfanas.

Pero faltaba un detalle. Digamos que publican un ep con tres canciones cojonudas. La banda que toca esas canciones la forman Matt Cameron (Soundgarden, Pearl Jam), Flea (Red Hot Chili Peppers), Jack White (White Stripes) y Steven Tyler (Aerosmith). Mola, ¿eh? El disco es lo más, suena genial, pero sabes que las canciones que tocan las compusieron McCartney, Lennon, Harrison y Ringo. ¿No desearías poder escuchar la versión original de los Beatles? Pues gracias a Panini podemos. No escuchar a McCartney y a Lennon juntos, obviamente, pero sí poder leer el guión original de su creador, Joe Hill: Tales from the darkside. Los guiones nunca rodados.

Lo que he descubierto en este libro es el guión desnudo que Hill escribió para sus historias; la visión que él tenía de cómo quedarían esas imágenes en pantalla con sus fundidos, sus flashbacks, los diversos planos. Pensé que sería más tedioso de leer. Craso error. La lectura es amena, casi como un relato corto con elegantes ilustraciones y una cuidada estructura. De casta le viene al galgo se suele decir y Joe Hill ha heredado de su padre el estilo atractivo y absorbente con ciertas referencias rockeras (¿a que ahora lo de los Beatles está mejor hilvanado?) y unas situaciones muy originales en las que un evento del Más Allá desfigura la realidad de sus personajes. La versión en cómic es la muestra visible de lo que Joe Hill quería representar, pero al ser una adaptación le falta ese toque original que solo él sabe darle. Además, parte de las historias se entienden mejor en este libro con el guión completo. El libro, con un tamaño menor al formato álbum, tiene una preciosa portada con todos los personajes que conforman sus historias, las mismas que se desarrollan en el cómic adaptado.

Comentaba acerca de un lazo de conexión entre Joe Hill y su padre aparte de su relación familiar y es que Stephen King ya escribió el guión para un episodio de Historias del Más Allá y que su hijo no ha pasado por alto ni mucho menos mencionándolo y haciéndolo visible dentro de sus historias. La sangre llama a la sangre. Es por tanto este libro la versión original de esas canciones de los Beatles que nunca llegaron a publicarse y la mejor de las piezas de coleccionismo para todo lector de Joe Hill.

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Tales from the darkside, de Joe Hill y Gabriel Rodríguez

Tales from the Darkside

Tales from the DarksideMi primera lectura de historias de Joe Hill, aunque sean adaptadas, y ya me han hecho flipar.

La famosa y antigua serie de televisión que en España llegó a llamarse Historias del Más Allá se basaba en una serie de narraciones terroríficas divididas en episodios donde se exploraba lo imposible. Grandes dosis de terror cósmico u onírico que hacían temblar al espectador. En su historial quedan episodios escritos por George Romero, Clive Barker o Stephen King. En un intento por parte de las cadenas de televisión por recuperar el espíritu de aquella serie se le solicitó a Joe Hill realizar algunos episodios. Fabuloso escritor como es no dudó en aceptar y entregar su mejor producción para aquellos capítulos. Diversas circunstancias hicieron que finalmente no se pudieran llevar a cabo y esas historias quedaron inéditas guardadas en un cajón, palpitantes, esperando que llegara el momento de salir al exterior y aterrorizar a todo aquel que se cruzara con ellas. De haber sido otro autor, quizás uno con bastante menos talento, aquellas historias podrían haberse podrido en aquel cajón, pero los episodios los escribió Joe Hill, reconocimientos o creatividad innata heredada de su padre, Stephen King, aparte.

En esta ocasión, el autor Michael Benedetto ha adaptado al cómic los guiones escritos por Joe Hill. Tales from the darkside, episodios que estaban dirigidos a ser representados en aquella serie televisiva y que ahora podemos disfrutar en español gracias a la edición publicada por Panini en formato cómic. De las ilustraciones se encarga Gabriel Rodríguez, quien ya trabajó en la enorme obra Locke & Key. Poco más podría añadir al impecable trabajo de este dibujante que consigue en cada viñeta dotar de la máxima expresión posible a la historia con un trazado muy marcado en los contornos y un dinamismo muy realista de las escenas.

El tomo reúne tres episodios que guardan una relación entre ellos y los hace coexistir. El primero, llamado «Sonámbulo», juega con un extraño suceso propio de una pesadilla; tras un terrible y espantoso accidente en el que se ve envuelto el protagonista, todo aquel que le mira comienza a sufrir de narcolepsia. La historia te conduce hacia un final trágico propio de las obras de Shakespeare. El segundo es el más extraño de todos. Se llama «La caja negra» y tiene un desarrollo más largo que divide en dos partes. De nuevo une aspectos cotidianos con aquellos fenómenos que escapan a nuestra comprensión. Deja un final abierto que no es más que la idea de este universo paralelo en el que Joe Hill basa sus historias, el lado oscuro lo hace llamar. Una historia muy interesante que funcionaría muy bien dentro de algún relato corto. Ejemplo de unión de aspectos propios de la vida corriente en un barrio americano y de una chica que escucha una canción de rock en la radio de su coche mientras cede la atención al móvil en lugar de a la conducción con hechos fuera de lo normal sirve de antecedente para el tercer episodio, «Se abre una ventana», más terrorífico y siniestro, con unas viñetas llenas de acción e inquietantes personajes, dos de ellos sacados casi de una obra de Stephen King. Yo creo que son las sonrisas y la ropa, como sacados de los años cincuenta. Muy «kingniesco», sí, todo queda en casa.

¿Qué es lo que más me gusta de Tales from the darkside? La inventiva de sus narraciones, con situaciones originales y extrañas que se cuentan de un modo ameno, dinámico y que, siendo adaptaciones y no los textos originales de Joe Hill, haya conseguido convencerme para adentrarme en sus distintas obras. Una muy recomendable lectura si te gustan las historias de terror y de mundos procedentes del Más Allá que han encontrado el modo de entrar en nuestro mundo y no con buenas intenciones.

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