
Marcos Montes, de David Monteagudo





Estamos invitados a presenciar una sesión de ruleta rusa en este magnífico relato, breve e impactante como el sonido de un disparo.
No crean que exagero cuando digo que todos somos unos voyeurs. O quizá exagero un poco; todas las generalizaciones son peligrosas. Pero concédanme al menos que una buena parte de nosotros sí que lo somos. No me estoy refiriendo a que nos pasemos el día en la ventana, espiando la intimidad de la vecina (o del vecino) de enfrente, sino a nuestra fascinación por ser testigos de las vidas ajenas: desde los cotilleos de peluquería a los reality shows, desde los telediarios a las redes sociales, todo es voyeurismo.
Lo más curioso es que al pobre tipo de los prismáticos, que ejerce su condición de mirón de la forma más natural e inocente, limitándose a la parte erótica del asunto, le consideramos un pervertido, mientras que los que tratan de saberlo todo de todos son sólo curiosos, todo lo más, cotillas. ¡Ah!, y si el fisgoneo se lleva a cabo a través de un libro, entonces el chismoso es elevado a la categoría de lector: el rey de los voyeurs.
No nos engañemos, nos fascina la contemplación de las vidas ajenas, especialmente de sus miserias. No podemos quitar la vista de la televisión cuando muestra hechos luctuosos y crueles: la muerte y el sufrimiento ajenos listos para el consumo. No es de extrañar, por tanto, que pocos espectáculos posean un magnetismo tan intenso como presenciar el momento más trascendental de la vida de una persona, ese instante en que se lo juega todo y encara la muerte: la ruleta rusa.

Philip Roth abandona sus habituales alter egos para hablarnos de un personaje a la vez tan real y tan cercano: su padre. Y lo hace sin ningún tipo de disfraz, a cara descubierta.
Hace ya una semana que he terminado Patrimonio. Es un libro duro, emotivo, escrito con una franqueza afilada, y no quería dejarme llevar por una primera impresión demasiado influenciada por los sentimientos. Necesitaba un tiempo de reflexión antes de ponerme a escribir sobre él. No sé a vosotros, pero a mí me sucede a menudo que las emociones menguan un tanto con el reposo: uno sale del cine, o cierra las páginas de un libro, y el cabo de un par de días se da cuenta de que el entusiasmo inicial no daba para tanto, y que el tiempo licuará su recuerdo junto a tantos otros diluidos en la memoria. No es el caso; el poso que deja esta lectura dista mucho de estar compuesto con la materia de la que están hechos los sueños, es más bien un humus de pura vida, un testimonio que abruma y reconforta e inevitablemente se agarra con fuerza al estómago.


Michel Tournier nos invita a recuperar a los autores clásicos de nuestra juventud.
“Me planteo una gran pregunta: ¿el hombre que lee es trabajador o gandul? Dos grandes novelas empiezan de la misma manera, Rojo y negro de Stendhal y La fortuna de Gaspar de la condesa de Ségur. Un padre campesino pega a su hijo porque le sorprende leyendo, es decir, holgazaneando”.
Michel Tournier es uno de los escritores franceses contemporáneos más reconocidos, a pesar de lo cual su obra ha pasado algo desapercibida en España. Sin embargo, tanto las novelas como los relatos de este aspirante a filósofo son muy recomendables; ingeniosos, irreverentes y lúcidos, representan la mejor tradición de la literatura gala.
Tournier es, además, profesor y Lecturas de juventud es una recopilación de breves lecciones sobre literatura para jóvenes e incluso niños de más de 12 años. Pero no se asusten, porque este profesor no nos va a examinar por sorpresa ni nos va a obligar a memorizar una interminable lista de títulos y fechas; Tournier es de esa clase de maestros que entra en el aula y te pide que guardes el libro en el pupitre y escuches.
Lecturas de juventud es un viaje por la geografía de los “clásicos” para jóvenes; aquellas historias de aventuras que hicieron soñar despiertos a generación tras generación: Verne, Kipling, Heine, Cervantes… Obras que nunca nos hemos tomado demasiado en serio, que hemos ido relegando al olvido, encerradas en algún baúl lleno de viejos juguetes. Aventuras que nos marcaron como lectores y puede que como personas.
Estas lecciones, casi pequeños ensayos, son desenfadadas, pero profundas; amenas, pero rigurosas. Y no crean que les hablo de un libro sólo para jóvenes que se inician en la literatura; Lecturas de juventud nos ayudará a recuperar los libros que leímos hace tantos años, a quitarles el polvo de la memoria, y también unas cuantas capas del barniz cursi de las ediciones juveniles, para descubrir su verdadero espíritu.
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Napoleón Toole y Carasia. Los dos elementos claves por los que elegí leer este título. Y Vera, claro. ¿Acaso no atrae que Napoleón Toole, protagonista, viva en una isla inventada llamada Carasia? Por supuesto que, en mi caso, fue el factor que me arrastró a la lectura de este libro. Eso y el hecho de enfrentarme a un autor desconocido para mí. Precipitaciones aisladas de Sebastián Martínez Daniell es una historia rara no por lo que cuenta sino por cómo lo hace.
Napoleón abandona Carasia Capital para tomar el tren con dirección a Limmermonk. Pequeño pueblito, de clima gris (si es que al clima se lo puede definir por colores). En el tren conoce a Rhea, una nena que termina siendo el gancho para que Ginebra –su madre- lo invite a hospedarse en su casa. La presencia masculina durante el día es algo extraña, ya que el marido de Ginebra es pescador y deja su hogar temprano por la mañana.
En esas vacaciones, de las que no sabemos que espera Toole, tendrán lugar las continuas reflexiones sobre su pasado. Y no el pasado en general, sino sobre Vera. En más de una ocasión, el lector se va a encontrar con el capítulo “la noche que conocí a Vera” y allí se desprende esa relación particular que desnuda a Toole más allá de sus palabras sobre el mundo en general.
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Cinco participantes del reality show Gran Hermano. Terroristas islámicos que toman el canal por el cual se emite el programa. El total control con indicaciones a favor de la Yihad sobre los protagonistas del reality y millones de televidentes siguiendo en vivo la toma de rehenes con el comportamiento en manos de mentes dispuestas a matar y morir por Alá. Una idea base extraordinaria y atrapante que conduce a leer Realidad de Sergio Bizzio.
Son las once de la noche en Buenos Aires y corre el mes de febrero. Un grupo de fanáticos islámicos ingresan a la emisora más importante del país y toman de rehenes a empleados –productores, asistentes, maquilladores- en uno de los pisos del lugar. Ommar llega a los controles de uno de los programas más vistos de los últimos tiempos y emitido, en sus diferentes versiones, a lo largo del mundo. Gran Hermano cuenta con cinco participantes que pelean por tener el primer puesto gracias a los votos de la gente y después de sobrevivir a las llamadas “galas de nominación”.


Ya presenté a Romina Paula en este blog, quizás cometiendo esa falencia de leer primero lo último editado para seguir con su primera novela, la que le da espacio para confiar en una segunda escritura. No voy a negar que tenía miedo de llevarme una mala impresión pese a ser su primera novela, pero Agosto me había gustado y mucho.
¿Vos me querés a mí? es igual de atractiva gracias al estilo que lleva. El diálogo rápido, casi en tiempo real, de los protagonistas de la historia. Mejor dicho, la protagonista es una: Inesia. Ella se plantea las mil y una dudas sobre el amor, la vida y la muerte. Lo hace sola, con sus amigos o sacudida por algún hecho del día a día.
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¿Y si no existiese aspiración más digna y loable en la vida que no ser nadie?
Precaución: Si en estos momentos usted trata de alcanzar alguna meta, si se esfuerza por ser alguien en esta vida o si, simplemente, aún no ha renunciado a todos los buenos propósitos con los que inauguró el año, no lea este libro.
Al menos yo no me hago responsable si, tras leer Jakob von Gunten, se deja enredar por su simpático y parlanchín protagonista y se convence, como él, de que no hay nada más conveniente y deseable que dedicarse, con todo su empeño, a ser un “encantador cero a la izquierda, redondo como una bola”.
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No voy a sorprender a quienes hayan leído alguna vez a este autor austríaco, al decir que la atracción inmediata la genera su forma de narrar. Es verborragia pura, sin capítulos, sin punto aparte, con repeticiones y un ritmo de velocidad escandalosa para viajar del pasado al presente y del presente al pasado.
Es una novela que se basa en la relación del autor con Paul Wittgenstein, sobrino del filósofo Ludwig Wittgenstein, una amistad extraña que se sirve de lo trágico y de cierta inocencia. Muestra devoción, espontaneidad y cierta tristeza.
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Historias de personajes a la deriva, de perdedores, de inadaptados, contadas con un humor tan negro que roza la crueldad y con una sensibilidad que conecta directamente con el corazón del lector.
Un terrible vikingo, blandiendo hacha y espada, observa fijamente al lector desde la portada. Su actitud amenazadora parece subrayar el título del libro: Todo arrasado, todo quemado. Pero no nos engañemos, el primer libro de Wells Tower no fue uno de los debuts literarios más celebrados del 2009 en EE.UU. por ser una historia épica de rudos navegantes nórdicos.
Todo arrasado, todo quemado reúne nueve relatos de este joven escritor canadiense afincado en EE.UU., nueve cuentos cargados de humor negro sobre personajes de todo tipo –incluso un vikingo– cuyo denominador común es su dificultad para integrarse en su entorno.
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Tiene la literatura japonesa un sabor especial al que uno ha de acostumbrarse. Quizás provenga de su tradición poética, de esa sutileza ambigua que emanan los haikus, como si la vida se explicase mejor a través de pequeños fogonazos que con una sucesión ordenada de causas y efectos. Es al menos la impresión que yo tengo y que he visto reafirmada con la lectura de ‘Algo que brilla como el mar’, la nueva obra de una de las escritoras más populares de Japón, Hiromi Kawakami, tras alcanzar gran éxito de crítica y público con su anterior novela ‘El cielo es azul, la tierra blanca’.
Midori es un adolescente con una familia bastante peculiar. Vive con su madre soltera, Aiko, y su abuela Masako. Los tres mantienen una relación sin unos roles claramente definidos: Aiko actúa como si ella misma fuera una adolescente que trata de rehuir sus responsabilidades como progenitora; Midori se siente en ocasiones el más adulto de los tres; y Masako tan pronto asume el papel de cabeza de familia como se desentiende de todo con una particular y extravagante forma de encarar la vida. Casi todos los días reciben en casa la visita del padre biológico de Midori, a quien la familia trata con una mezcla de confianza y cierta falta de respeto.
En el colegio, la vida del protagonista no es menos complicada: Hanada, su mejor amigo, quiere vestirse de mujer para ahondar lo más posible en su propia individualidad; Mizue, su novia, le presiona para que le muestre sus sentimientos con una franqueza que él se siente incapaz de ofrecerle.
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La investigación de unos misteriosos y macabros sucesos sin explicación aparente arrastra a un policía hasta la frontera entre lo racional y lo sobrenatural, entre la ciencia y la filosofía.
La niebla londinense debe ser el fenómeno meteorológico más literario de cuantos existen. Me he visto inmerso en ella en multitud de lecturas y finalmente se ha convertido en algo familiar, en una ecuación elemental: Londres = niebla. Sin embargo, leyendo La investigación, de Stanisław Lem, esta niebla ha vuelto a ser extraña, misteriosa, amenazadora. He sentido su humedad en la cara y se me han entumecido los dedos de frío. De nuevo, como en aquellas primeras lecturas de misterio, la niebla ha llegado cargada de presagios funestos, para desdibujar los contornos de la realidad y ocultar los misterios más espeluznantes.
Al cobijo de la bruma, una serie de siniestros sucesos está teniendo lugar en Londres y sus alrededores: están desapareciendo cuerpos de fallecidos recientes de los depósitos de cadáveres de la ciudad. Si estos macabros sucesos, probablemente obra de algún loco, ya son de por sí suficientemente inquietantes, los indicios que ha encontrado la policía lo son aún más, pues todo parece indicar que los cuerpos han vuelto a la vida, se han vestido y han salido por su propio pie de la morgue para desaparecer sin dejar rastro. Pero el teniente Gregory, encargado del caso, sabe que eso es imposible. ¿O no lo es?
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