
Noches de verano, de Mahbod Seraji

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Los asesinos del emperador logra, a través de más de mil páginas y con un ritmo fabuloso, transportarnos en el tiempo para vivir, como si estuviésemos ahí, la histórica Roma de emperadores, gladiadores y legatus, más específicamente los 35 años que van desde el 63 d.C (Nerón) hasta los primeros momentos del año 99 d.C, cuando llega al poder Marco Ulpio Trajano, el primer emperador hispano de la historia.
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Estamos en el año 2044 y el mundo ya no es lo que era; la crisis mundial, la falta de recursos y la pobreza extrema y generalizada hacen que la única vía de escape para las personas sea lo virtual; y ahí aparece en escena la red virtual más grande del mundo, creada por un excéntrico millonario llamado James Halliday: Oasis.
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Si ahora mismo decido salir a la calle y preguntarle al primer español que me encuentre quién es Jordi Sánchez seguramente no sabrá qué responderme; si luego le muestro la tapa de este libro y observa la fotografía, tal vez lo reconozca, quizás no; ahora, si le digo que Jordi Sánchez es el actor que personifica a Antonio Recio en el programa de humor La que se avecina, entonces casi todos sabrán de quién estoy hablando; acto seguido preguntarán algo así como ¿Pero también se dedica a escribir libros?Y la respuesta será que sí, que Jordi Sánchez no solo es actor, sino que además es diplomado en enfermería, guionista y escribió un libro de relatos y anécdotas que acaba de publicar Ediciones B. Hay vida más allá de la televisión.
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Quien esto escribe no perdió el juicio de tanto leer, como le ocurrió al Quijote, ni estuvo experimentando con sustancias raras y alucinógenas durante el fin de semana, sino que se la pasó genial con cada una de las 222 páginas de Firmin, aventuras de una alimaña urbana, uno de esos libros fabulosos escrito por el estadounidense Sam Savage y que se convirtió en best seller gracias al boca a boca, lo que le permitió atraer la atención de Seix Barral y entrar en los grandes circuitos. En una primera etapa, había sido publicada por una pequeña editorial de Minneapolis.


Recién terminé de leer Todo fluye, de Vasili Grossman y no necesito ni un segundo más para afirmar que es el mejor libro que leí en el año y, con seguridad, uno de los mejores que leí en mi vida. Cometí el bendito error de abrir su primera página hace dos días y desde entonces tuve que aislarme del mundo porque su magnetismo me impidió automáticamente seguir relacionándome con nadie más que no sea esta magnífica novela histórica de un escritor que desconocía por completo.
Ahora ya se todo sobre Vasili Grossman, escritor y periodista ruso (1905 – 1964) que con sus fabulosas crónicas cubrió la batalla de Stalingrado y fue el primero en dar la noticia al mundo de la existencia de los campos de exterminio nazis. Sus libros más importantes (Por una causa justa, Vida y destino, Todo fluye) más que acercarnos, nos permiten “vivir” en persona esa tremenda etapa de la historia llamada URSS. Las controvertidas figuras de Lenin y Stalin se humanizan en cada página, no por sus cualidades humanas (de hecho fueron terribles dictadores) sino porque la calidad periodística y literaria de Vasili Grossman los vuelven terrenal, cercano, tanto a ellos como a las inmensas penurias que debieron soportar y sufrir millones de personas durante la larga noche dictatorial de ese fallido intento de comunismo, que comenzó con ilusión general pero que se transformó en una pesadilla cuando, paradójicamente, en nombre de la libertad (luego de la Rusia Zarista) se terminó implantando una dictadura que eliminó la libertad; y como dice el autor de este libro, la libertad es vida y eliminando vidas se eliminó la libertad.


Sencillez. Esta es la palabra que se me vino a la mente un segundo después de cerrar el libro y preguntarme qué escribiría sobre él en la reseña. Luego, fueron apareciendo otras palabras más, como simpleza, naturalidad, inocencia, ternura. Más tarde, ya que aun no había leído nada sobre Mario Benedetti, me puse a leer su biografía y a buscar opiniones sobre su persona en internet. El conjunto de palabras que me habían venido a la cabeza no dejaba de repetirse en cuanta reseña, foro de discusión literaria o biografía encontrara: Benedetti es eso, sencillez. Y literatura de alto nivel, por sobre todas las cosas.
Montevideanos es un libro que contiene 19 relatos escritos entre 1949 y 1961 y constituyó el primer gran éxito del autor en el campo de la narrativa; la voz personal del escritor uruguayo se hace presente en cada una de las historias, con la que logra atraparnos automáticamente, dejándonos sin la mínima posibilidad de dejar de leer, al menos hasta que hayamos llegado a la última página.


Tantos paréntesis contradictorios tienen un claro culpable: David McConell, el marido de Sarah, una mujer de treinta y nueve años que pierde a su marido en las aguas de un río cercano a una pequeña ciudad en Estados Unidos. David será quien logrará que Sé que estás allí, se mueva constantemente entre la delgada línea que separa la vida de la muerte, la realidad de la fantasía, el ser real o imaginario.
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Cuando leo tengo muchas formas de definir si el libro que poseo en mis manos me gusta; sin embargo, hay una que es mi preferida: consiste en tomar conciencia de lo poco o mucho que estoy atento a cuántas páginas faltan para que culmine; si me pongo feliz porque la parte derecha del libro tiene menos páginas que la izquierda, algo anda mal. Si siento un lamento cada vez que paso una página, entonces ya sé que ese libro obtendrá la categoría interna de memorable.
Porque los buenos libros nunca deberían terminar. Porque El amor en los tiempos del cólera jamás debería llegar a su fin. O al menos me conformo con que dure cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches: el mismo tiempo que Florentino Ariza espera, con el corazón en la mano, a Fermina Daza.
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La argentinidad se nota cuando uno deja de vivir en ella; o sea… yo siempre tuve bien claro cómo somos los argentinos (o los habitantes de Buenos Aires, en mi caso) pero nunca lo tuve tan claro como desde que los veo y escucho a la distancia. Nunca fue tan evidente esa genial manera de ser que mezcla lo mejor y lo peor, que reúne ironía, inteligencia, soberbia, amor por los libros y una gran capacidad dialéctica.
Siempre me río con una publicidad radial de un programa deportivo: en ella habla un español imitando el acento argentino y para decir que el programa es recomendable se va de tema constantemente y utiliza una decena de conectores dignos de risa, como “teniendo en cuenta” “visto y considerando” “desde mi punto de vista” Muy argentino. Genial. Divertidísimo.
Ahora… Los españoles tienen lo suyo también. Yo vivo con ellos a diario y cada día descubro más y más su forma de ser ¿pero quién mejor para contarnos cómo son que Hernán Casciari, que desde que se fue a vivir a Barcelona desde su Mercedes natal no hizo otra cosa que escribir al respecto, siempre con mucho éxito? Muchos de esos desopilantes artículos se transformaron en España, decí alpiste, uno de esos libros que no se pueden dejar de leer, que nos aseguran risas por doquier y que además está muy bien escrito, sin caer en chistes trillados y sin faltar el respeto.


No sé porqué, como argentino, leo tan poca literatura de mi país; desde los 8 años, y tengo 29, pasaron por mis manos cientos de libros de casi todos los países latinoamericanos y europeos, además de algunos del resto del mundo; pero a la hora de leer libros de mi país, y sobre todo de sus escritores más reconocidos, o me aburren o siguen acumulándose en esa eterna lista de pendientes que todos tenemos.
Intenté leer mil veces Rayuela, de Cortázar, pero me duerme. De Borges leí uno o dos cuentos, pero no puedo evitar pensar que tiene tanto nivel que aun no estoy preparado; de Sábato empecé a leer Sobre héroes y tumbas hace diez años, pero lo dejé por la mitad.


Biografías de Charles Darwin existen de sobra. Su vida es tan famosa y reconocida, así como polémica, que si queremos conocer su influencia en la biología general, la botánica y la geología, tenemos material para toda una vida, tanto en libros como en internet.
¿Pero cómo era Darwin en su casa? ¿Y de niño a qué jugaba? ¿Qué tal se llevaba con los amigos profesionales de la época?
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