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¿Quién es el 11º pasajero?, de Moto Hagio

¿Quién es el 11º pasajero?

¿Quién es el 11º pasajero?Sé que habéis venido aquí en busca de la valoración de un manga, pero permitidme, por una vez, que empiece hablándoos de un juego. El juego es conocido popularmente como El hombre lobo. El concepto de éste es tan simple como atractivo. Entre todos los jugadores se crean dos grupos: aldeanos y hombres lobo. Depredadores y presas. Nadie sabe si el jugador que tiene enfrente es un aldeano o un hombre lobo. ¿Amigo o enemigo? También dependerá del rol que a ti te haya tocado desempeñar. El verdadero atractivo de este juego es el clima de desconfianza que se crea; sobre todo en las primeras rondas donde reina el desconcierto. Los aldeanos deberán sobreponerse a la discordia sembrada por los licántropos y acabar con ellos. Pero conjeturas erróneas, probablemente engendradas por un monstruo manipulador, los llevarán en ocasiones a asesinar a aldeanos inocentes.

¿Quién es el 11º pasajero? de Moto Hagio, excelentemente editado y por primera vez en castellano gracias a Ediciones TomoDomo, me ha recordado a grandes rasgos a este juego de mesa. Aunque cabe señalar que por este manga de corte juvenil discurre menos violencia y sangre de la que se vierte en una de las imaginarias partidas, y tal vez veáis por las viñetas algún aldeano, pero ningún hombre lobo, ya que el género al que pertenece nada tiene que ver con la fantasía o el terror. Sí encontraréis extraterrestres. Es lo que tienen las historias de ciencia ficción. De hecho el relato está ubicado en un futuro distante. A años luz del nuestro. Un futuro en el que gracias a nuevas formas de energía los terrestres alcanzaron a colonizar la friolera de 51 planetas. Pero la historia que hoy nos ocupa ocurre mucho después de estos hechos, muchísimo después. La fecha es irrelevante. El lugar concreto es la Universidad Estelar. Allí se reúnen seres venidos de cualquier parte de la galaxia, la flor y nata de cada sociedad, jóvenes con mucho potencial, con el único objetivo de ingresar en ella y convertirse en los mejores pilotos de naves espaciales. Pero primeramente hay que pasar una prueba de ingreso. Diez aspirantes son embarcados en una nave que orbita alrededor de un planeta abandonado. Su misión: sobrevivir y enfrentarse a diversos retos a lo largo de 53 días. La cuestión es que nada más embarcar descubren que son once. La desconfianza se adueña de sus ánimos. ¿Quién es el undécimo pasajero? ¿A qué ha venido? ¿En quién puedo confiar? No son solo los actores de esta epopeya espacial los únicos que se plantean tales cuestiones, yo como lector no deje de hacérmelas hasta el final.

Ahora permitidme que me dé el lujo de hacer una comparación, y es que ¿Quién es el 11º pasajero? es también como esos reality shows de convivencia. Con concursantes mucho más capacitados intelectualmente y de profundidad psicológica más acentuada (por supuesto) y con un experimento de supervivencia y sociológico inmensamente más complejo (sin lugar a dudas), pero con unas bases cimentadas en el mismo concepto: congregar a gente diametralmente opuesta y lanzarlas a situaciones límite. Diferentes razas, diferentes personalidades, diferentes religiones, en definitiva, seres muy alejados unos de los otros que tendrán que aprender a convivir y superar obstáculos. Esos obstáculos se presentan de formas variadas: virus descontrolados, errores en el sistema de navegación, cargas explosivas diseminadas a lo largo de la nave… pero, ¿son parte del examen todas estas dificultades o realmente se enfrentan a contratiempos reales que podrían poner en peligro sus vidas?

Con el final de ¿Quién es el 11º pasajero? no solo se responderán todas las preguntas, sino que Moto Hagio nos propondrá algunas nuevas con Al horizonte del este, eternamente al oeste. Si la primera parte era un thriller de suspense, con vagas similitudes con el libro Diez negritos de Agatha Christie, en la continuación son las intrigas palaciegas las que toman el mando. Reyes destronados, guerras interplanetarias, traidores, espías y amor. Sí, amor. Lo hay. De igual forma, y tratado con mucha naturalidad, encontraréis el tema de la identidad sexual en la adolescencia. No os engañaré, este tomo de ¿Quién es el 11º pasajero? tiene sus momentos azucarados, pero no hay peligro de diabetes. Además, ¿no es la raíz, o la finalidad, o incluso el hilo conductor, de toda buena historia el amor en todas sus formas?

Hablemos ahora de Moto Hagio, una de las precursoras del shojo manga, y de su soltura para crear y dar forma al humor. A lo largo del cómic se hace patente esa agudeza; a pesar de que en ocasiones se excede e interrumpe el ritmo o la acción. Pero es en las últimas páginas donde podremos disfrutar de la Moto Hagio más gamberra y socarrona a través de un puñado de historias cortas que a pesar de ser de corte humorístico tienen también cierto calado filosófico y existencial.

Mientras que en estas últimas historias que completan el tomo la autora crea unos dibujos que son caricaturas infantiles de sus propios personajes, en ¿Quién es el 11º pasajero? y su continuación nos muestra qué podía hacer esta mangaka allá por los años 70. Rostros angulosos, enormes ojos que albergan la belleza de las galaxias, muchachos de frondosos cabellos y rizos imposibles. Si el diseño de personajes es correcto, el de vestuario, curiosamente, es realmente llamativo por la mezcolanza cultural. Se observa en algunas viñetas ropajes que bien podrían haber vestido los mosqueteros de la corte de Luis XIV, vestimentas de cuando el zar Nicolás II gobernaba en Rusia o incluso ropajes tradicionales de Japón. Una mixtura que no añade nada a lo que cuenta pero que pone de manifiesto que Moto Hagio, a lo largo de ¿Quién es el 11º pasajero?, da importancia a todos los detalles; dando especial trato de consideración a la psicología de sus personajes así como a las relaciones entre ellos.

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La leyenda de Wonder Woman, de Renae De Liz

la leyenda de wonder woman

la leyenda de wonder womanHace 76 años nació una superheroína. Sería William Moulton Marston, psicólogo de profesión, inventor en sus ratos libres y tipo versado en el arte de amar a varias personas a la vez, el que crearía a uno de los personajes más icónicos de DC cómics poco después de que estallara la segunda guerra mundial. Hasta entonces repartir estopa entre los villanos había sido labor exclusivamente del género masculino. Wonder Woman cambiaría las reglas y demostraría que podía golpear igual o más fuerte que sus camaradas de profesión. Con cada patada, con cada puñetazo, también luchaba por la igualdad de género. ¡Más patadas, más puñetazos; adelante! A pesar de que las causas de su lucha no han cambiado demasiado, de que su meta sigue siendo la misma, 76 años son muchos y, de tanto en tanto, al igual que ha pasado con Superman, Batman y la mayoría de los héroes de DC, no viene mal actualizarse; contar de nuevo el mito; reinventarlo; adaptarlo a los tiempos que corren y acercarlo a las nuevas generaciones de lectores de cómic. Luego siempre tendrán tiempo de descubrir los clásicos.

La Leyenda de Wonder Woman de Renae De Liz, editada en un tomo de lujo por ECC, es la última actualización de las primeras hazañas de la princesa guerrera amazona. Narrado en clave de mito griego, con grandes dosis de cuento de hadas, nos mostrará, como novedad, un somero acercamiento a la niñez de la protagonista. La niña nacida del barro. La niña antes de ser leyenda. La niña como epicentro de grandes acontecimientos aún por llegar. La infancia de Diana será una parte importantísima para entender sucesos posteriores. Esa infancia en la que veremos cómo Hipólita, su madre y reina de las amazonas, la mantiene al margen de cualquier peligro, preparándola únicamente para reinar en caso de que ella falte. Evidentemente, y para que haya historia, necesitamos a una muchacha inquieta y audaz que tenga otros planes en mente. Diana es esa muchacha. Quiere ser guerrera. Liderar su pueblo, sí; pero luchar junto a él también, sin tener que esconderse tras los muros de palacio. “Ya era hora de que Diana hija de Hipólita, la guerrera dorada, única hija de los inmortales, diera rienda suelta a su fuego”. A eso hay que añadirle los extraños hechos que vienen ocurriendo en Themyscira, hogar de las amazonas. Sucesos que poco a poco están corrompiendo la isla y a sus habitantes. Estos acontecimientos, y la entrada en la isla de un desconocido la obligarán, ya como mujer, a abandonar su hogar y buscar respuestas en el mundo de los mortales. Así pues, en La leyenda de Wonder Woman asistiremos a diferentes etapas de la vida de la protagonista: la niña llamada Diana, la mujer conocida como Diana Prince y finalmente, y tras superar difíciles pruebas, Wonder Woman: la célebre superheroína portadora de justicia, paz y amor. “Combatiré la crueldad de este mundo… protegiendo no solo a Themyscira de la oscuridad, sino a toda la gente de la Tierra.”

Aunque parezca un contrasentido a la renovación del personaje, Wonder Woman, como lo hiciera en sus primeras aventuras, vuelve a los campos de batalla de la segunda guerra mundial. Como he dicho en otras ocasiones no es lo que cuentas, sino cómo lo haces. Y aunque luchará contra los nazis, también lo hará contra las versiones zombis de éstos (nazis zombis, eso siempre funciona), mientras intenta comprender el porqué de esa guerra. Todo ello será el preludio de la lucha feroz que la llevará a una elección que marcará su destino. A esto hay que añadirle que el mundo de los mortales es muy diferente al suyo y que cosas como el cine, la moda o las fiestas universitarias le son totalmente desconocidas. Ese choque de culturas provocará alguna que otra curiosa situación. El contrapunto a la tensión dramática lo pone Etta Candy (que sería como un equivalente al Jimmy Olsen de Superman) que intentará “adiestrar” a la asilvestrada amazona convirtiéndose accidentalmente en su fiel escudera. Etta le mostrará que no se necesitan poderes para ser un héroe. “Una chica debe entender el mundo para poder sobrevivir en él”. Una secundaria de lujo.

Un lujo también es, sobre todo para la vista, disfrutar de las ilustraciones de Renae De Liz. Su dibujo, y a falta de una mejor forma para describirlo, podría ser una muestra de lo que harían Disney y DC si trabajasen juntas. A pesar de que el estilo juvenil de Renae no se encuentra dentro de mis preferidos, he de reconocer que el diseño de algunos personajes (sobre todo los míticos, como los titanes, dioses, el caballo alado Pegaso, las sirenas, etcétera) me ha dejado embobado. Mención especial para la propia Wonder Woman, de belleza típicamente mediterránea (de rasgos muy griegos, como debe ser) y de portentosa figura que me ha recordado a Lucy Lawless, y en especial a su etapa interpretando a Xena, la princesa guerrera. En general observar esas gruesas líneas repletas de color, esa luz fascinante, esa pluralidad de matices consigue que te acabe atrapando el aura de cuento que emana en cada página y en cada viñeta.

La Leyenda de Wonder Woman de Renae De Liz es un cómic de corte juvenil, respetuoso con los fundamentos del personaje pero que da unas notorias, y necesarias, pinceladas de innovación al mito de la princesa guerrera de las amazonas, consiguiendo de esta forma un equilibrio entre lo clásico y lo moderno en un cómic en el que las chicas llevan las riendas a lo largo de toda la trama.

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Diario de un resurreccionista, de James Blake Bailey

diario de un resurreccionista

diario de un resurreccionistaA lo largo de la historia de la humanidad no son pocos los periodos vividos por el humano que, ahora vistos en retrospectiva, nos sorprenden por algunos hechos concretos, las costumbres o incluso los pasatiempos de aquellos lugares que pertenecen al pasado. La época victoriana fue indudablemente una de las más sorprendentes. Este periodo, que rondaría las siete décadas de duración, no solo nos dejaría la cumbre de la revolución industrial, sino que también pondría de manifiesto vicios y filias que podrían abarrotar páginas y páginas de un libro.

Uno de estos hobbies fue el de las peleas de animales, en especial y con mucho éxito, aquellas en las que un perro tenía que matar, en el menor tiempo posible, a tantas ratas como pudiera. Y ya que hablamos de roedores, no debería dejar de mencionar que a la gente más chic de la época le gustaba coleccionar ratones disecados. Los animalillos eran vestidos con ropajes a su medida y colocados en posturas muy humanas en situaciones de vida cotidiana, tales como una boda o la hora del té. Una extravagancia que llenaba los bolsillos de los taxidermistas y probablemente de los alcantarilleros que cazaban a los desdichados roedores. Y eso a pesar de que la función real de los alcantarilleros era desatascar las cloacas, además de recolectar algunas de las joyas que encontraban entre las aguas fecales. Los recogedores de excrementos eran los otros trabajadores en el parco sistema de alcantarillado de aquella época. El nombre es suficientemente revelador como para perder unas líneas describiendo qué hacían.

Pero mientras algunos hombres comerciaban con la inmundicia y los desechos, otros lo hacían con la muerte. Como los fotógrafos expertos en fotografías post-mortem. Al morir un familiar se le retrataba con sus mejores galas, en ocasiones junto a su mascota o “fumando” aquella pipa que era su favorita. ¿Qué mejor recuerdo de un ser querido que esos ojos muertos mirándote eternamente a través de una desgastada foto? Otros mercaderes de la muerte fueron los resurreccionistas; una profesión que en la época victoriana daba sus últimos coletazos pero que unos años antes había tenido su época más boyante. ¿Que no tenéis ni idea de qué os hablo? Genial, porque entonces Diario de un resurreccionista de James Blake Bailey os despejará esa duda a la vez que os enseñará cómo, dónde y porqué hacían lo que hacían estos traficantes de cuerpos.

Con Diario de un resurreccionista voy a empezar por el final. Empezaré explicándoos que el diario (reproducción de uno real el cual se haya expuesto en el museo Hunterian de Londres) apenas ocupa un tercio del total del libro. El diario no deja de ser un fantástico objeto de estudio además de un documento único en su especie. A pesar de ello el diario es lo que es: frases breves, con descripciones telegráficas y con abundantes números intercalados; cifras que muestran las transacciones que se llevaron a cabo.

El diario en sí, por sí solo, tendría poco interés si no fuera por la cuidada y reveladora introducción de James Blake Bailey, editor que a finales 1896 decidió publicarlo y hacer visible unos hechos execrables para que no volvieran a repetirse. Podría decirse, y no sería falso, que entre vuestras manos tenéis un libro de la época victoriana. ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? El caso es que Blake Bailey, al ponernos en contexto, nos hace mucho más comprensible el diario. Nos habla desde el punto de vista de alguien que vivió aquella época en la que por las noches las bandas de resurreccionistas se disputaban con violencia los cadáveres recién enterrados. Guerras comparables a las que hoy enfrentan a los narcos. Ríete tú de las escaramuzas que enfrentaron el cartel de Cali con el de Medellín. Blake Bailey también arrojará un poco de luz sobre los métodos para transportar la mercancía (escondiendo cadáveres en barriles o cajas, con etiquetaje falso, para burlar a las autoridades) que nada tendrían que envidiar a los utilizados por los señores de la droga ahora; o cómo esta oscura profesión pudo llegar a ser tan popular, tocando temas como la escasa legislación de aquel momento o la gran demanda por parte de los anatomistas que necesitaban avanzar en sus estudios a toda costa.

Si Diario de un resurreccionista ya podría haber sido una obra digna de mención con la introducción de James Blake Bailey y el diario, el extensísimo prólogo de Juan Mari Barasorda (experto en acontecimientos truculentos de la época victoriana) lo hace indispensable. Barasorda hace un viaje alucinante a través de la historia, del mundo literario, del cine o de la medicina, tomando como eje central la figura de los ladrones de cuerpos. Nos hablará de Mary Shelley y su Frankenstein (probablemente el resurreccionista y anatomista ficticio más popular de la historia), de aquellos que decidieron conseguir cuerpos utilizando otros métodos más expeditivos (véase la estremecedora historia de los asesinos Burke y Hare), sin dejar de lado a médicos y anatomistas como Andre Vesali o Leonardo da Vinci.

Sería injusto finalizar sin hablar de la parte visual. El Traité complet de l’anatomie de l’homme, con sus maravillosas ilustraciones del cuerpo humano, es en gran parte el encargado de acompañar lo relatado en Diario de un resurreccionista. Así como fotografías reales que muestran a anatomistas practicando con sus cadáveres en la mesa de disección (que sí, que se ven los cuerpos), o los métodos para proteger tumbas y mantener alejados a los ladrones de cadáveres.

Diario de un resurreccionista es un libro singular, bellamente editado por La Felguera editores (una editorial que, bajo la apariencia de una sociedad secreta, se dedica a revelar los mejores secretos de su tiempo); es además uno de esos libros que puede llegar a un público muy variopinto: los más morbosos, los interesados en historia (tenebrosa, sí, pero al fin y al cabo historia),los fascinados por la medicina o incluso los amantes de las novelas negras o de terror (seamos sinceros, un poco de miedo, todo esto, sí que da).

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Gastronogeek, de Thibaud Villanova y Maxime Léonard

gastronogeek

gastronogeekSoy un cocinillas. Cuando entro en la cocina la mayoría de veces consigo no cortarme, no quemarme y al final ofrecer a los comensales algo comestible. ¿Sabes qué cocinero no se corta? El que no cocina. Sabias palabras pronunciadas por mi madre cada vez que me enfrento entre fogones a un problema que frustra mis expectativas de éxito. Mi progenitora, maestra jedi en las artes culinarias y celosa guardiana de sus utensilios de cocina y de sus recetas a los que solo permite aproximarse a padawans capacitados. Como el maestro Yoda (sin los problemas gramaticales que éste presenta y ciertamente menos verde) mi madre me ha ido mostrando los caminos de la gastronomía. Paulatinamente vendrían otros maestros. Karlos Arguiñano y su cocina típicamente casera, su gracejo innato y su ojo clínico a la hora de analizar nuestra sociedad actual. José Andrés, canterano de El Bulli y ahora chef universal abanderado de la cocina española. Anthony Bourdain, trotamundos en busca de la cocina más rutilante y exótica. Alberto Chicote, uno de los precursores de la cocina fusión, atleta en la disciplina del rapapolvo e invencible en símiles frikis.

Friki. Ya he dicho la palabra. Vocablo difícil de definir en unas pocas líneas. Soy un cocinillas; también soy un friki. Como buen friki, y mientras cultivaba mi conocimiento a lo largo de años a través de los cómics, las películas, las series y los libros que ahora forman parte de la cultura pop, y amante del buen comer, siempre me asaltaron dudas sobre las necesidades fisiológicas de los protagonistas que rondaban cualquiera de las historias en cualquiera de los medios anteriormente mencionados. ¿Y esta gente cuándo come? Eso que están saboreando, ¿qué aroma debe desprender? ¿Qué pinta debe tener lo que se están zampando? Y luego el deseo: ¡Ojalá pudiera probarlo! Gastronogeek, de los chefs y frikis Thibaud Villanova y Maxime Léonard viene a hacer ese deseo realidad.

Gastronogeek es un libro de cocina concebido por y para frikis. Aunque cualquiera que disfrute poniéndose el delantal no debería dejarlo escapar. La premisa del libro es única: los autores han tomado como referencia películas, cómics, series de televisión o literatura y han plasmado el espíritu de cada una de ellas en tres platos de cocina: entrante, plato principal y postre. Por las páginas de este singular libro de cocina encontraremos la ensalada de lechuga y pesto que probablemente los ewoks prepararon a sus amigos de la Alianza Rebelde en los festejos tras el fin del Imperio. Tal vez Biff Tannen degustara la deliciosa receta de hamburguesa de vacuno antes de que Marty McFly le hiciera tragar estiércol en Regreso al Futuro. Tolkien lo puso más fácil, pues a lo largo de su obra la comida tiene una importancia vital y no son pocas las páginas en las que se describen festines. Aun así, ¿os imagináis poder probar el estofado de conejo que Sam Gamyi preparó de camino al Monte del Destino? ¿Y qué me decís de comeros un buen pedazo de la tarta casera que seguramente Martha Kent le preparó a Clark Kent antes de que éste se enfundara el traje de la gran S y se convirtiera en el superhéroe más conocido sobre la faz de la Tierra? ¿Os apetece probarla? ¿El ojo de Sauron convertido en un postre? ¡De rechupete! ¿Crema catalana con puré de castaña concebida en las mismísimas cocinas del colegio Hogwarts? ¡Por primera vez al alcance de los muggles! No solo tendréis la oportunidad de aventuraros a crear las sabrosas, y de terrorífica apariencia, recetas que proponen para Drácula, Los mitos de Cthulhu o La noche de los muertos vivientes, también podréis descubrir cocina japonesa a través de Dragon Ball, nórdica con Thor o de estilo tropical con One Piece.

Si la mitad de Gastronogeek son sus recetas la otra mitad es su exquisita maquetación; una puesta en escena que hará babear al cocinero novel que se acerque con curiosidad a sus páginas. Gastronogeek lleva a otro nivel lo de comer por los ojos. Las fotografías, de calidad suprema, no solo muestran el plato acabado (la tersura de la salsa de ostras regando el buey marinado, el brillo nacarado de la fruta almibarada, la rústica calidez del pan de jengibre, etc) sino que el entorno recrea el universo en el que está basado. Así pues, junto a los platos de Star Wars encontraremos la pistola láser de Han Solo, en Doctor Who un destornillador sónico, Anduril (la espada de Aragorn) reposa al lado de un estofado de conejo, al igual que unos anteojos de corte steampunk (pertenecientes a Abraham Sapien, personaje del cómic Hellboy) lo hacen junto a una tarta fina de sardinas.

Por si esto fuera poco los chefs Thibaud Villanova y Maxime Léonard han añadido apartados sobre léxico gastronómico además de variados trucos para llevar a la práctica en la cocina. Algunos tienen que ver con cortar, otros con la técnica culinaria más acertada para llevar a cabo, y a buen puerto, una salsa y otros son listas con las verduras y frutas de temporada o las equivalencias entre volumen y peso.

Grastronogeek es el exitoso resultado de la unión de dos mundos en apariencia tan lejanos y dispares como la gastronomía y la cultura pop. Es una obra que te alienta para lanzarte a una aventura que primero se lee, luego, al contemplar sus páginas, se fantasea, y, finalmente se degusta tras hacer tangibles las recetas. ¿Eres un cocinillas y eres friki? Entonces éste es tu libro. Bon appétit y que la fuerza te acompañe.

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Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

blade runner sueñan los androides con ovejas eléctricasOlvida Blade Runner. Olvida a Ridley Scott. Olvida todos esos temas sintetizados y melódicos que compuso Vangelis. Borra de un plumazo de tu mente la Tyrell Corporation. Haz lo mismo con los replicantes. Elimina a Rutger Hauer. Haz que desaparezcan las naves en llamas más allá de Orión, los Rayos-C, la puerta de Tannhäuser… Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Hazlo, haz que se esfumen también. Difícil borrar una parte imprescindible de la cultura popular, ¿verdad? Claro que lo es. Ahora, si puedes, si tan siquiera te atreves, si tu cerebro te permite por un instante introducirte en la parte del subconsciente y llegar a rozar ese valioso cofre de recuerdos emocionales, haz que Rick Deckard deje de ser Harrison Ford. Solo si puedes. Y una vez que tu mente esté despejada de distracciones, casi en blanco, en ese momento en el que no eres más que un niño sin prejuicios, como un impoluto lienzo a punto de recibir su primera pincelada, entonces, solo entonces, podrás abrir el libro por la primera página de Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick.

La Tierra sobrevivió a una tercera guerra mundial: la Guerra Mundial Terminus. Pero los efectos que ésta dejó tras de sí fueron devastadores. El polvo radiactivo todavía asola algunas ciudades y los afectados son repudiados, viven apartados y tienen prohibido viajar a cualquier colonia terrestre más allá del que antaño fuera conocido como “El Planeta Azul”; ahora una jaula de mugre y desolación. El agua sigue cayendo del cielo, pero es más radioactiva que nunca. Y los animales, principales perdedores de la íntima y destructiva relación con los humanos, viven su peor momento. El que no está extinto forma parte de una red legal de tráfico de animales. Si dispones del dinero suficiente puedes adquirir casi cualquier animal. El Cátalogo Sidney marca las tarifas. ¿Desea usted un búho? Pague su desmesurado precio. ¿La alternativa? ¡Animales eléctricos a precios populares! Imitaciones. Excelentes falsificaciones. Como el original pero sin sentimientos. Total, casi no se percibe la diferencia. “Ambos, el ejemplar real y el falso, están vivos”. De igual forma pasa con la nueva generación de androides: los Nexus-6. ¿Son androides o son humanos? Impecable manufacturación. Majestuosa falsificación de biológica consistencia. En ocasiones ni los propios androides saben lo que son. Pero ésos solo son la excepción que confirma la regla: la mayoría lo saben y son tecnología punta que se revela contra sus creadores. “El sirviente era más capaz que su amo”. Por ello existe la figura del caza recompensas. Rick Deckard (te lo dije, te dije que olvidaras a Harrison Ford) es uno de los mejores y está a punto de descubrir que no todo lo que le contaron sobre los androides era cierto.

Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es una novela que nos muestra una sociedad solitaria, arisca y con escaso espíritu de supervivencia. Una sociedad volcada en hacer aflorar los sentimientos que nos hacen humanos mediante la frívola acción de poseer animales, o a través de un culto denominado mercerismo (con la enigmática figura de Wilbur Mercer, como mártir, profeta y dios recreando el mito de Sísifo una y otra vez) en el que, mediante una extraña máquina unificadora de sensaciones de todo aquel que esté conectado en ese momento, se potencia la empatía y fe que progresivamente se ha ido perdiendo. Son éstos, solo dos de tantos conceptos que plagan esta novela dejando claro que Philip K. Dick poseía una mente tan lúcida e imaginativa como profética. Pero si hay un concepto que reina sobre todos los demás es sin lugar a dudas el de la empatía y la asertividad. Dicho tema será desarrollado a lo largo de la novela a través de la relación entre Deckard y los androides a los que deberá dar caza. “Las cosas eléctricas también tienen sus vidas. Por insignificantes que sean”. Algo que lo llevará a luchar entre el deber y el deseo. O entre J.R. Isidore (humano afectado por el polvo radiactivo) y su dificultad para discernir entre un ser biológico y un ente artificial.

¿Qué nos hace humanos? ¿Si un humano no siente empatía, entonces ya no es humano? “La mayoría de los androides que conozco tienen mayor vitalidad y deseo de vivir que mi esposa”. ¿Y si el androide la siente, o cree sentirla, o la imita? ¿No es cualquier forma de vida sagrada? Son cientos de preguntas las que asaltan la mente del lector, obligándole a razonar, a profundizar, e incluso a discutir consigo mismo tras haber acabado la novela. Pero Philip K. Dick, además de iluminarnos con su acertada forma de acercarnos a ideas profundas y filosóficas a través de la ciencia ficción, nos dejó un legado de narración directa (sin innecesarios giros argumentales), de sutil ironía, de personajes abrumados por sus propios sentimientos y de paisajes de trágica desolación. Es por todo esto que Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, se muestra como un tratado filosófico (sin el efecto soporífero que puede ejercer en el neófito tal género) sobre la empatía altamente digerible y entretenido. Una obra que nos revela un futuro oscuro, repleto de una desasosegante y triste sensación de soledad, pero que en última instancia deja abierta una pequeña ventana a la esperanza y a todos esos valores típicos de la raza humana que permiten el bienestar colectivo.

Ahora ya puedes recordar. Recuerda Blade Runner.

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El universo Marvel de Grant Morrison, de varios autores

el universo marvel de grant morrison

el universo marvel de grant morrisonGrant Morrison. ¿Quién es Grant Morrison? Un guionista de cómics que no deberías perderte. Esa sería la respuesta corta. Si tuviera que extenderme y dar un dictamen más justo y completo añadiría que en la solapa de uno de sus cómics reza así hacia el final de su biografía: portavoz de la contracultura, músico, dramaturgo premiado y mago caótico. Frase escueta que solo es una muestra de lo prolífico, polifacético y algo excéntrico que es este guionista natural de Glasgow. Cuando en mi cabeza, a la vertiginosa velocidad de la luz, se entrelazan el adjetivo excéntrico y la maravillosa ocupación de guionista de cómics, por asociación de ideas, también emergen los nombres Alan Moore y Frank Miller. Y es posible que algunos digan que a Grant Morrison le quedan unos añitos para estar a la altura de esos dos titanes de la narración, pero por lo que a mí respecta hace ya un tiempo que alcanzó tan laureado podio. Grant Morrison es un guionista de calidad que se aleja de los tópicos tocando en ocasiones temas muy chungos como drogas, violencia o sexo y los mezcla con metafísica, demencia y ciencia ficción saturada de filosofía. Es pues un contador de historias único que con títulos tan dispares como Animal Man, Doom Patrol, We3 o Batman y Robin logra atraernos hasta sus paranoicos mundos de héroes que se comportan como villanos, de viñetas repletas de humor cáustico y de tramas que te dejarán atascado en realidades paralelas o futuros imposibles. Y luego además está All Star Superman; una obra maestra se mire por donde se mire.

Pero Grant Morrison no ha trabajado solo para DC, de hecho hoy vengo a enseñaros una parte muy importante en su trayectoria por la editorial Marvel. Una trayectoria que en mi caso apenas había inspeccionado y que gracias a El universo Marvel de Grant Morrison editado por Panini Cómics podré al fin dar un soberbio vistazo.

El universo Marvel de Grant Morrison recopila cuatro historias cortas de dicho guionista. En ellas se acompaña de grandes del mundo del cómic como Mark Millar o Steve Yeowell, para hacernos llegar retorcidas obras como Skrull Kill Krew en la que los héroes tienen más de genocidas que de salvadores. Los protagonistas son una banda de inhumanos formada por un skinhead que se está volviendo negro (Morrison y sus ironías), un negro con rastas (que evidentemente tendrá sus más y sus menos con su compañero cabeza rapada), una top model, un surfero y una punk. Sus aventuras los llevan de pueblo en pueblo con la única misión de erradicar a los Skrull, una raza alienígena que como en el clásico de ciencia ficción La invasión de los ladrones de cuerpos se ocultan entre los humanos a la espera de conquistar la Tierra. Por las viñetas de este irreverente cómic aparecerá el Capitán América, tan patriota como siempre pero apabullado ante la forma de actuar de la SKK. Por cierto, en este relato la encefalopatía espongiforme bovina, o comúnmente conocida como la enfermedad de las vacas locas, claramente sirvió como inspiración para una de las historias más locas que hayáis leído en mucho tiempo.

Si Skrull Kill Krew publicado a mediados de la década de los 90 ya manejó temas bastante peliagudos, con Marvel Boy, en el año 2000, Grant Morrison volvería a la carga, con J.G. Jones a los lápices, en un relato de extraterrestres que buscan venganza mediante el terrorismo. Realidades paralelas, guerras interestelares, formas de vidas sintéticas de inteligencia superior o elementos tan insólitos y peculiares como el calabozo de conceptos en el que están presas las ideas más peligrosas del universo. Marvel Boy es un todos contra todos que derrocha acción por los cuatro costados. ¿Quiénes son los buenos? ¿Quiénes los villanos? A cada vuelta de página cualquiera puede formar parte de uno de los dos grupos.

Llegamos a la tercera de las obras reunidas en este tomo: Los 4 fantásticos: 1234. No busquéis aquí al súper grupo entrañable y divertido que por ejemplo Mark Waid nos ofreció en Imaginautas. No busquéis a esa familia más o menos bien avenida (sin tener en cuenta las escaramuzas entre la Antorcha Humana y la Cosa). Grant Morrison construye una historia sobre los cimientos de las rencillas que siempre han sobrellevado y superado Los 4 Fantásticos y las lleva más allá, mucho más allá, cruzando esas fronteras en las que un simple perdón ya no es suficiente. Es la historia más oscura de las cuatro y el dibujo íntimo, estremecedor y de corte realista de Jae Lee, unido al color frío y de salpicaduras controladas de José Villarrubia crean una atmósfera angustiosa y desapacible que le dan un toque tan lóbrego al conjunto que llega a dar mal rollo. Una miniserie magnifica, que al igual que las otras dos, se alejada de las ideas triviales que abundan sobre este género.

Acabamos el compendio con un relato corto. Apenas doce páginas. En El mundo de Nick… abunda el humor. De hecho es una historia de humor en donde un Nick Furia algo especial se queja de padecer diarrea cuarenta minutos después de comer carbonara o es atropellado por una loca jauría de ciclistas descontrolados. Una historia de ciencia ficción, dibujada por Manuel Gutiérrez, que se mueve entre lo absurdo y lo cómico y que aun siendo la más floja de las cuatro es como mínimo de agradecer el que podamos disfrutar de ella por primera vez en castellano.

¿Quién es Grant Morrison? La respuesta más completa, la más esclarecedora, y la que encima os dejará un regusto a rareza que os desorientará (el regusto que dejan las historias que se salen de lo común) la encontraréis tras las más de 380 páginas de Morrison en estado puro que componen El universo Marvel de Grant Morrison.

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Sakura: Diccionario de cultura japonesa, de varios autores

sakura diccionario de cultura japones

Años 9sakura diccionario de cultura japones0. El manga hacía ya un tiempo que venía dando de qué hablar en España, pero fue durante esa década cuando aterrizaron, como una invasión alienígena bien orquestada, las versiones animadas de todos aquellos cómics japoneses que los otakus habíamos consumido con la voracidad de un toxicómano que llevaba semanas con el mono. Fue entonces cuando mostró todo su potencial. Violencia desenfrenada que en ocasiones traspasaba la frontera del gore, erotismo o sexo explícito, cyberpunk, fantasía, amor y compañerismo, pero sobretodo grandísimas historias. Y allí estaba yo, en el corazón de aquella vorágine, un adolescente cualquiera, que se ahogaba en el furor de sus propias hormonas, encantado de que por fin alguien dejara de tratarnos como a mojigatos. Esa fue mi primera toma de contacto con el, por aquel entonces bastante desconocido, país nipón.

Tras imbuirme de forma pormenorizada de la cultura japonesa a través del manga y el anime era de esperar que quisiera más. A los videojuegos estaba tan acostumbrado que ni siquiera me di cuenta de que también formaban parte de forma sustancial e intrínseca de la cultura del país asiático. Luego llegarían nombres ligados a la literatura como Natsume Soseki, Haruki Murakami o Natsuo Kirino. Maestros del cine como Hayao Miyazaki, Akira Kurosawa o Takeshi Kitano. La cocina japonesa fue introduciéndose poco a poco; donde antes había un restaurante chino ahora servían sushi, makis, sashimi o gyozas. Añádase un poco de wasabi a la salsa de soja, sumérjase por la parte del pescado y a la boca. Madres que habían sufrido los berrinches de sus hijos ante la perspectiva de comer pescado alucinaban al comprobar como éstos ahora lo engullían de forma gustosa. ¡Y crudo!

Más, más, más; yo necesitaba más Japón.

El Salón del Manga de Barcelona, reuniendo lo mejor de la cultura japonesa sería ese oasis que muchos estábamos esperando. El siguiente y lógico paso era tantear el idioma. A través del típico diccionario, o con algún programa online, incluso intentando escribir algo. Las tablas de hiragana y katakana me provocaron dolor de cabeza. Tras un chute de ibuprofeno miré los kanji y ni siquiera me atreví con ellos. Lo hacía mal. Si tenía que aprender, ante todo debía ser una experiencia divertida. Entonces, como agua de mayo, apareció Sakura: diccionario de cultura japonesa. ¿Qué mejor forma de profundizar en la cultura de un país que a través de su idioma?

Tras Sakura: diccionario de cultura japonesa no solo encontramos a la editorial Satori, especializada tanto en la cultura de Japón como en su literatura, sino que también hay cuatro colosos de la filología, en el manejo de idiomas y en el malabarismo de letras, así como de las tres escrituras diferentes que componen el idioma japonés. Sus nombres son: James Flath, Ana Orenga, Carlos Rubio y Hiroto Ueda.

Sakura no es un diccionario bilingüe; no encontraréis palabras comunes que tienen su equivalente en español. En Sakura las palabras, en su mayoría, son conceptos, profesiones, tradiciones, momentos de la historia, pensamientos filosóficos o gastronomía; todos ellos tan únicos, tan exclusivos del país nipón, que la traducción al español que hallaréis es en realidad una explicación bastante detallada. En algunas ocasiones acompañada de una imagen que facilitará la comprensión del lector. Porque el idioma japonés es capaz de definir con una sola palabra el suicidio cometido por dos amantes que se arrojan a un río atados por la cintura para que en la próxima reencarnación vuelvan a estar juntos, o la extraña profesión en la que unos funcionarios empujan a la gente en el metro para que las puertas del tren puedan cerrarse. ¡Ahí es nada!

Pero si lo que llama más la atención de este diccionario es su inédito y original enfoque, está en la forma de estructurar la entrada léxica gran parte de su atractiva magia. Y es que la palabra a diseccionar, siempre escrita en romaji para facilitarnos la lectura y pronunciación, también se nos muestra en hiragana, katakana o kanji (dependiendo del caso); información que sería algo escasa si no fuera porque ésta se amplía al mostrar a qué género pertenece, el grupo temático en el que ha sido ubicada (bebidas, armas, botánica, etnografía, religión, música y así hasta 43 grupos diferentes), seguido de la definición en español y (¡oh grata sorpresa!) también en inglés, consiguiendo así que el diccionario sea por ello mucho más internacional y absolutamente completo.

En este punto, y quizás como conclusión, debería hablar sobre qué expresiones me han llamado más la atención, a pesar de que muchas y debido a ser un yonki de la cultura japonesa ya me sonaban, o sobre qué grupo temático mi hambre cultural ha quedado más saciada. Pero si he de ser sincero no puedo elegir. Sería injusto quedarme con el folclore, por todos esos yokais terroríficos o amigables que rondan por estas páginas y no hablar de la indumentaria típica que se vestía durante el shogunato Edo; o dejar de lado la gastronomía, que sea dicho de paso es mucho más variada de lo que nos pensamos. Inaceptable sería también hablar de todas esas palabras, de significado escabroso, que hablan de las diferentes formas de suicidio a las que un japonés es capaz de abocarse, dejando de lado toda esa filosofía zen que estimula a vivir de forma sutil pero plenamente. Creo que sin más os invito a leer las más de 3000 definiciones que se aúnan en este libro. Solo de esa forma descubriréis que Sakura: diccionario de cultura japonesa no es un diccionario al uso, tampoco aprenderéis un idioma con él, pero es la forma más divertida (tan simple como eso) y acertada de acercarse a la cultura de un Japón que a día de hoy se muestra menos desconocido pero todavía muy misterioso.

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Filos Mortales, de Joe Abercrombie

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filos mortalesHace unos años, antes de que internet nos pusiera al alcance de un clic de ratón la opción de conseguir la música que nos gusta (por no hablar de otras formas de cultura o vicio), solo se podía disfrutar de un buen tema musical mediante la radio; sin poder controlar los temas que escuchabas, como mucho el estilo dependiendo de la frecuencia que escogieras. De esta manera, y tras machacar nuestros oídos, una y otra vez, con esa balada heavy, ese enérgico tema de rock o aquella canción popera, cuando ya eras un adicto a aquella pegadiza melodía, acababas comprándote el cassette o el cd. En mi caso, no era la primera vez que tras escuchar el álbum entero descubría que únicamente me gustaba aquella canción que me había obligado a acercarme a la tienda de música (ay, qué nostalgia) para hacerme con él. La irrefrenable máquina del marketing había funcionado conmigo centenares de veces. Con los libros que son un compendio de relatos acostumbra a pasar lo mismo, sobre todo si éste reúne historias escritas por varios autores. En estos casos te venden nombres: que si el autor súper ventas de libros de fantasía, o aquella autora que escribe adictivos thrillers de investigación, etcétera; una forma tan lícita como necesaria de promocionar y vender un libro, pero que en más de una ocasión resulta una desagradable sorpresa para el pobre lector que, ingenuo, pensaba que todos los relatos estarían a la altura del narrado por el afamado escritor que se anunciaba en portada. ¿Pero qué pasa si en el libro en cuestión todos los relatos pertenecen a ese laureado autor? Bien, para resolver la cuestión planteada no hay mejor forma que ponerse manos a la obra con un libro que cumpla con estas características: en este caso, y yéndonos al género fantástico, Filos Mortales de Joe Abercrombie parece la mejor elección.

Pero antes de entrar en materia, antes de explicaros que estaba deseando leer este libro porque había llegado a mis oídos que en él aparecía un Glokta ágil, seductor y bien parecido, es justo resaltar su envoltorio. La portada de Filos Mortales, editado por Alianza Editorial, es, probablemente, la mejor que un libro haya vestido este año 2016; además de bonita y cautivadora, atesora la más exquisita composición en su fachada principal. Carta de presentación indispensable en cualquier libro. En ella aparece, con todo lujo de detalles y por primera vez, el mapa del Círculo del Mundo (el universo de fantasía creado por Joe Abercrombie). Algunas partes, del mapa mencionado, muestran en su contorno un reluciente dorado que deslumbra al lector, y sobre éste aparecen desperdigados algunos naipes, además de monedas. Ahora seguramente es cuando os viene a la mente ese tan recurrente refrán que dice: no juzgues a un libro por su portada; pedante forma de manifestar que no hay que ser superficial. ¡No lo seáis! Al menos por costumbre. Pero hoy, y ante este libro, la tentación es tan irresistible que es de vital importancia dejarse llevar por los ojos. Venga va, un día es un día. Lo dicho, la mejor y más bella portada de este año.

Pero vamos al grano: ¿qué tiene en su interior Filos Mortales por el que valga la pena asaltar un castillo espada en mano para hacerse con él? Para empezar, y como antes he adelantado, en el relato titulado Un magnífico bastardo nos reencontraremos con Sand Dan Glokta. ¿Cuántas veces nos habremos preguntado, tras leer la trilogía de La primera Ley, cómo era ese cínico inquisidor antes de estar tan lisiado que incluso su esfínter se niega a desempeñar la función para la cual fue creado? En este relato todas las dudas son resueltas. ¿Queríais ver un Glokta guapo, aguerrido y demostrando sus excelentes dotes de espadachín? Pues aquí lo tenéis, y por supuesto no os defraudará. Además este relato sirve de perfecto nexo de unión para enlazar con La voz de las espadas, primer libro de la trilogía gestada por el autor. Y es que Filos Mortales no deja de ser un libro que cuenta aquello que ni en La trilogía de la Primera Ley ni en sus posteriores spin-offs (La Mejor Venganza, Héroes y Tierras Rojas) el autor, por falta de tiempo o porque no le dio la gana, nos contó.

En esta antología, además de este relato, que claramente es el gancho, nos encontramos con otras doce historias que ordenadas cronológicamente nos llevarán a lo largo de la trilogía y más allá de Tierras Rojas. Historias de venganza, de robos y de lucha. De amor, rencor, odio y amistad. Relatos como por ejemplo ¡Libertad! que, al más puro estilo fantasía heroica clásica, narra cómo Nicomo Cosca (perverso soldado de fortuna y traicionero como pocos) se convierte en un héroe de guerra con más honor que un samurái. O ese otro, titulado Trabajos Ridículos, en el que un grupo de bárbaros norteños emprende una incursión para robar un objeto del que no saben ni siquiera como es. O ese otro frenético relato de supervivencia (con una prosa que recuerda al de las famosas novelillas del oeste) en el que conoceremos a Shy South antes de que se convirtiera en el personaje principal en Tierras Rojas. Y como no, qué decir de Creando un Monstruo en el que la visión que teníamos de Logen y Bethod cambiará radicalmente. Pero son sin duda las aventuras protagonizadas por la pareja formada por la ladrona Shev y la bárbara Javre las que brillan con luz propia en la antología. Todas ellas divertidas, repletas de aventuras y con altas dosis de humor. Dos personajes con una química pocas veces vista en la literatura y que dejan con ganas de más.

Así pues, Filos Mortales resulta una antología extraordinaria, no solo para todo aquel que ya haya sobrevivido a algunas de las aventuras acaecidas a lo largo y ancho del Círculo del Mundo, sino también para aquellos que quieran iniciarse en el violento, oscuro y retorcido universo de Joe Abercrombie.

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El último argumento de los reyes, de Joe Abercrombie

el último argumento de los reyes

el último argumento de los reyesGuerra total. Dos palabras que unidas muestran similar contundencia a la de un hacha cayendo sobre un cuello. Sangre, muerte, pérdida, destrucción y sufrimiento. Pero también el alivio del que sobrevive. “Sigo vivo”. O la búsqueda de culpa, de ese mismo superviviente, por haber realizado tareas de dudosa moralidad. “¿Por qué lo hago?” ¿Arrepentimiento? No, eso, casi nunca. Pues no hay tiempo para ello, ya que cada uno, cada soldado, cada persona, libra una lucha; no solo interna, intentando averiguar qué les ha llevado hasta ese punto exacto y por qué hacen lo que hacen, sino también contra enemigos tangibles que de un mandoble les pueden borrar de la existencia. Supervivencia y guerra total es lo que encontraremos en El último argumento de los reyes, el libro que cierra la trilogía de La Primera Ley; el brutal y oscuro desenlace de ese mundo en donde no hay buenos ni malos, no hay héroes ni villanos, no hay ángeles ni demonios; solo hay vencedores y vencidos, vivos y muertos. “Solo hay una diferencia entre la guerra y el asesinato: el número de muertos”. Y, en esta última entrega, la mayoría de los personajes que empezamos a conocer en La voz de la espadas descubrirán que, como dice el proverbio, hay que tener cuidado con lo que se desea, pues el destino (o un mago) puede llevarte a conseguir esos sueños, pero de la forma más retorcida posible.

Si Joe Abercrombie hay algo que sabe hacer muy bien es centrar toda la atención en sus personajes, sus creaciones. La acción desaparece y es entonces cuando surgen Logen Nuevededos, o Jezal dan Luthar, o Sand dan Golkta, o cualquiera de los maravillosos peones que Abercrombie coloca, de forma metódica, sobre su enorme tablero de juego. La historia de esos personajes, lo que piensan, lo que sienten, lo que desean, se vuelve más importante que, en ocasiones, lo que les rodea o toda esa acción desenfrenada que se lleva a cabo en este libro: batallas épicas por doquier (incluyendo apoteósicos enfrentamientos entre magos que incumplen todas la leyes); atroces y sangrientas escaramuzas; o la confusión de la batalla, que Logen Nuevededos vive en sus propias carnes, en uno de los capítulos más opresivos del libro, en donde amigos y enemigos se confunden por la gracia del todopoderoso Sanguinario. Sí, los personajes son su fuerte. No hay más que ver como, por ejemplo, Collem West empezaba siendo un secundario y a estas alturas se convierte en un personaje esencial (carismático sobre todo por su estoicidad y humanidad) para la trama, y para los planes del paciente e insidioso Bayaz. “La paciencia puede ser un arma temible”. Ese mago que, a estas alturas, y tras el fiasco de viaje en Antes de que los cuelguen, ya no tiene reparos en mostrarse tal y como es y cruza la línea divisoria que separa el bien y el mal una y otra vez (¿y quién no lo hace?), por el bien de su nación y de sus propios intereses, llevando a pensar al lector que posiblemente se ha equivocado de bando y se halla codo con codo con los malos; sufriendo por ellos, divirtiéndose con ellos, haciéndose amigo de ellos y, por supuesto, hasta amándolos. Crummock, el norteño que se une a las filas de Logen para acabar con Bethod, ese chiflado, que consigue arrancar carcajadas al lector, que arrastra a la guerra a sus hijos pequeños que a duras penas pueden alzar el arma que portan, es otro ejemplo de cómo Joe Abercrombie teje personalidades; incluso si ésta pertenece a un simple secundario.

Pero aunque Joe Abercrombie pone especial énfasis en ahondar en la pisque de sus personajes, en El último argumento de los reyes también existe una atractiva trama que esta vez sí (y si lo echabais de menos en las dos primeras entregas) está plagada de gloriosas batallas. En algunos tramos sin descanso y llegando, si no se digieren bien, a empachar. Por suerte tenemos a Golkta que, aunque también nos dará una ración de sangre, destripamiento y muertes, mediante su talento torturador, nos llevará a su sombrío y sucio universo de intrigas palaciegas, mostrándonos, en última instancia, que el capitalismo tiene un gran peso en toda la historia. “Los hombres poderosos no sólo tienen poderosos amigos, sino también poderosos enemigos”.

Al final, en El último argumento de los reyes, casi ninguna trama queda cerrada al ciento por cien y los desenlaces, dignos de la mente retorcida del autor, son como una agresiva somanta de palos para todo aquel lector ingenuo que a estas alturas aún esperaba oír la tan azucarada expresión de: y fueron felices y comieron perdices. ¡Y qué esperabais, es Joe Abercrombie! Así es la sucia y rastrera vida. Y eso solo nos lleva a dos formas de interpretar este hecho: o Joe Abercrombie solo ha querido mostrarnos un slice of life de ese puñado de habitantes de Midderland (cómo se iniciaba un conflicto, su desarrollo y su final) o simplemente deja la puerta abierta para revisitar este fantástico oscuro y violento mundo. De hecho no es ningún secreto que está enfrascado en una nueva trilogía. Así pues, y tras haber disfrutado como hacía mucho que no lo hacía, solo queda desear que nuestros personajes favoritos vuelvan, y si no es el caso, solo resta darles las gracias por todos esos buenos, malos y terribles (en el mejor sentido de la palabra, si es que lo hay) momentos que nos han hecho vivir. “Lo que cuenta no es cómo mueres, sino cómo has vivido”.

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JLA: La Nueva Frontera, de Darwyn Cooke y Dave Stewart

jla la nueva frontera

jla la nueva fronteraLa unión hace la fuerza. Todos para uno y uno para todos. Cualquier poder si no se basa en la unión, es débil. Son solo tres citas que nos recuerdan que unidos podemos llegar a conseguir hitos que por separado probablemente serían imposibles de alcanzar o que como mucho llegaríamos solo a rozar con la punta de los dedos. La idea de un grupo de personas trabajando juntas, luchando, dejándose la piel por un mismo fin, un fin justo, siempre me ha fascinado. Supongo que es debido a esto que los cómics en los que varios superhéroes unen sus poderes para darle su merecido al villano de turno me encantan. Y si tuviera que elegir a uno, a un único grupo de superhéroes, me decantaría, y sin pensármelo demasiado, por La Liga de la Justicia de América.

JLA: La Nueva Frontera empieza con el fin de La Segunda Guerra Mundial. El conflicto ha acabado, bienvenidos a la postguerra. Mientras Europa resurge de sus cenizas los americanos, atrapados por una incertidumbre política que alimenta miedos, se nutren de una enfermiza paranoia que los lleva a una inmisericorde caza de brujas. Cualquiera que no piense como ellos es un rojo, un comunista o un enemigo de la patria. Malos tiempos para los enmascarados que no siguen a rajatabla las leyes. La Sociedad de la Justicia de América, y cualquiera que utilizara métodos similares, son repudiados y tachados de anti americanos y criminales. Así pues, unos huyen, otros se esconden, algunos permanecen al pie del cañón entre las sombras (¡ese es mi Batman!) y otros, como Wonder Woman y Superman, se ponen a las órdenes del gobierno con la idea de intentar cambiar las cosas desde dentro. Pero todos saben que por separado, por muchos esfuerzos que hagan, no lograrán sus objetivos.

Los que indudablemente sí han logrado que sus esfuerzos dieran sus frutos, al crear un cómic de diez, han sido Darwyn Cooke, guionista y dibujante, y Dave Stewart, colorista de JLA: La Nueva Frontera. Con todo, mentiría si no dijera que al principio, tras pasar unas pocas páginas, me sentí abrumado, algo confuso e incluso un poco frustrado. El motivo de estos sentimientos fueron a raíz de que Cooke salta de un personaje a otro (y no son pocos) cada tres o cuatro páginas, explicando momentos claves, no solo de dicho personaje sino también de la situación política y de la sociedad americana del momento. Esa sensación de desorientación desapareció rápido, en cuanto descubrí que Cooke manejaba con soltura los diferentes hilos narrativos, a la vez que daba una voz excepcionalmente particular a cada uno de ellos, facilitando el trabajo del lector. Cooke es un genio (era, pues por desgracia murió a mediados de este año 2016), por el cual me quito el sombrero, pues consigue ir solapando todas esas voces con sutileza hasta que encajan de forma tan apropiada como lo hace el anillo de los Green Lantern Corps en el dedo de Hal Jordan. Lo que queda claro casi desde la página uno es que esta no es una de las cientos de historias de JLA en las que las hostias como panes están por encima de un buen guion.

El dibujo de Cooke es marca de la casa; de estilo clásico, limpio y muy vistoso. Luego Dave Stewart hace su magia y, et voilà! Ya tenemos obra de arte. Añadir también que si este estilo cartoon os recuerda a la serie de animación de Batman que se emitió allá por los años 90, vais por el buen camino, pues Cooke fue el encargado de realizar los storyboards. Dicho lo cual, en las páginas de este cómic encontrareis féminas que recuerdan a las pin-up de los años 50 o muchachotes, de cuadrada mandíbula, que bien podrían haber aparecido en los anuncios de tabaco americano de aquella época. Que Cooke ha trabajado en el mundo de la animación queda patente en escenas como en la que Hal Jordan eyecta de su avión y los restos de éste le golpean, en ese angustioso ahorcamiento de John Henry por parte del Ku Klux Klan (ambas escenas dibujadas en una inmersiva y alucinante primera persona) o esas melancólicas viñetas en las que por la cabeza de Flagg pasan las escenas de una vida que jamás tendrá.

Cooke se esmera, gracias a un arduo trabajo de documentación, en mostrarnos como era esa época; mediante edificios, automóviles o incluso la forma desviada de pensar de ciertos sectores de la población, además de la segregación racial, la doble moral americana, el patriotismo ciego y sobretodo el miedo enfermizo a lo desconocido. Un período muy jodido, sin duda. La televisión, la radio y los periódicos también tienen su parte de protagonismo, pues el autor se ayuda de estos medios (al estilo Watchmen) y los utiliza como recurso narrativo para dar complejidad y consistencia al principal hilo conductor, el cual nos llevará hacia ese peligro que pondrá en jaque a toda la humanidad. Ello nos conducirá hacía uno de los clímax más emocionantes y ambiciosos de la historia de la JLA. Para luego, seguidamente, transportarnos a un epílogo en el que el propio John F. Kennedy pone su voz para dejarnos con los pelos como escarpias. ¡Pero, no se vayan todavía pues aún hay más! Ya que la edición de lujo de ECC (de las de exponer en un museo tras leerla) trae más de 100 páginas de extras: anotaciones del autor, portadas, arte conceptual, diseño de personajes y nuevas historias que se contaron con motivo del estreno de la película de animación.

En definitiva, JLA: La Nueva Frontera además de una respetuosa y colosal oda a la Edad de Plata de los superhéroes, a los cómics de DC en general, a todos los autores que pasaron por la editorial durante aquel periodo, es un cómic deslumbrante, inolvidable y, con el tiempo, un clásico, además de ser una de esa obras que me hacen sentir dichoso de ser lector del noveno arte.

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El despertar del Leviatán, de James S. A. Corey

El despertar del Leviatán

El despertar del LeviatánEl humano es de naturaleza exploradora; un primate curioso siempre ansioso por descubrir nuevos lugares. Antaño, siendo nómada, podía saciar esas ganas de sondear lugares recónditos a menudo. Luego llegaría la agricultura, y con ella el sedentarismo. Evidentemente había que quedarse en ese lugar para ver cómo crecían los tomates para posteriormente recolectarlos. Pero a pesar de todas esas ciudades colmadas de relativa comodidad, el humano aún percibía como ardía el fuego de la exploración en su interior. Por eso Cristóbal Colón descubrió América. El mismo motivo condujo a Roald Amundsen a dirigir una exitosa expedición a la Antártida para alcanzar el Polo Sur. ¡Y qué decir de la competición que llevaron a cabo rusos y americanos por ver qué nación exploraba más y mejor el espacio exterior! El final de esa carrera acabaría con los americanos dando saltitos en la Luna. Pero también serviría para sembrar el germen de una exploración más profunda, con los ojos de las agencias espaciales puestos en el planeta rojo.

Y mientras en la actualidad se suceden los descensos de naves de exploración en Marte, muchos miramos a la estrellas, y en vez de ver puntitos de luz, vemos nuevos lugares que colonizar. Y, en mi caso, siempre me hago la misma pregunta: ¿Conseguiré vivir lo suficiente para ver cómo el ser humano se expande por el Sistema Solar? Mientras eso no ocurra solo hay una forma de dejar la Tierra con destino a las ciudades cúpula de Marte, el puerto estelar de Ceres o los anillos de Saturno. Y ésta es mediante la imaginación, exaltándola sobre todo gracias a libros como El despertar del Leviatán.

En El despertar del Leviatán el Sistema Solar ya pertenece a los humanos. La Tierra y Marte son las dos súper potencias que gobiernan con puño férreo, a pesar de que entre ambos planetas hay rencillas; provocando así que en el Sistema Solar haya una calma tensa. No en vano son los planetas con más armamento. Vamos, lo que viene siendo una guerra fría a nivel interplanetario. A eso hay que añadirle que los habitantes del Cinturón, que sería como el extrarradio del Sistema Solar, no están muy contentos con las condiciones que se negocian para con sus ciudades. Por ello existe la Asociación de Planetas Exteriores. Para unos, terroristas; para otros, guerrilleros revolucionarios. Lo que es irrefutable es que son rebeldes con ganas de cambiar las cosas. Con este panorama tan tirante solo faltaba que apareciera una nave, la Scopuli, abandonada y vagando por el espacio, y que la Canterbury, que iba en su rescate, fuera atacada. ¿Quién ordenó el ataque? Y, ¿con qué motivo? Únicamente os puedo recomendar que os agarréis con fuerza a vuestro sillón porque la velocidad a la que vais a transitar por este libro os dejará aplastado en él.

Tras esta space opera nos encontramos a Daniel Abraham, autor de ciencia ficción y fantasía, y a Ty Franck, mano derecha de George R.R. Martin a la hora de adaptar Juego de Tronos a la pequeña pantalla; ambos, unidos en una perfecta sincronía, una simbiosis que todos deberíamos agradecer, trabajan bajo el seudónimo de James S. A. Corey. Estos dos señores tienen claro lo que quiere el público, lo que tiene gancho y cómo convertir al lector en un adicto que no dudará en dejarse las pestañas leyendo para llegar al clímax de la novela. Y es que al final todo está en el ritmo, y James S. A. Corey dosifica a partes iguales investigación y acción haciendo que se mezclen, sin pisarse, y manteniendo un interés que va in crescendo y que en mi caso me llevó a morderme las uñas por primera vez.

Todo el peso de la historia se asienta sobre los hombros de dos personajes; los dos protagonistas que, como antes he dicho, dividirán la novela en dos partes muy significativas, intercalando capítulos. Por un lado tenemos a Miller, un policía con tendencias suicidas que se obsesionará con el último caso que le ha sido asignado: la búsqueda de una chica que viajaba en la Scopuli. Su personalidad goza de cierta complejidad y es inevitable cogerle cierto cariño, a pesar de que por su cerebro pasan cosas muy feas. Su historia, a ritmo de thriller de investigación, se cruzará con Holden, segundo de a bordo de un transportador de hielo: La Canterbury. Holden es un buenazo, un idealista, demasiado honesto y en ocasiones ingenuo. Las aventuras que éste vive a bordo de diferentes naves son de infarto. Os avisé que os agarrarais al sillón. Cuando Holden y Miller se encuentren se verán obligados a colaborar, aunque eso signifique que en más de una ocasión salten chispas.

Pero además de una prosa que te hace pensar en una de esas buenas pelis palomiteras de ciencia ficción y unos buenos personajes, una space opera debe tener más elementos clave, tales como: aventuras por el espacio, todo tipo de naves con acojonantes avances tecnológicos, batallas, una chispita de amor y ciudades futurísticas (si son oscuras, un poco opresivas y contrarias al término hogareño, mejor que mejor). El despertar del Leviatán cumple con todos esos aspectos. Además no deja de lado cierta rigurosidad científica (en lo referente a las aceleraciones de las naves y los efectos que ésta produce en un cuerpo humano) pero siempre, y como debe ser, tomándose necesarias libertades especulativas (el zumo, el jaleo que se lía en Eros, la titánica Nauvoo, etcétera).

Y si al final todo esto no es un batiburrillo que suene a chino es gracias también al traductor David Tejera Expósito (traductores, grandes olvidados de la historia de la literatura) que hace un trabajo excelente no solo traduciendo, sino también adaptando nombres y términos que en una novela de este género, y como bien suponéis, no son pocos. Solo cabe finalizar con una simple pregunta: ¿Para cuándo tendrá pensado Ediciones B publicar la segunda parte de la saga The Expanse?

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Gran Hotel Abismo, de Marcos Prior y David Rubín

gran hotel abismo

gran hotel abismoAtento a la pantalla; empieza el show. Tras la mayestática musiquilla introductoria aparece el presentador. Apenas se ven los hilos que lo hacen hablar y moverse. Sus gafas de pasta tiemblan cuando su boca se lanza de lleno a una confusa perorata informativa. Los bancos siguen ganando dinero y propiedades mientras cientos de personas son desahuciadas, abandonadas a su suerte. La banca siempre gana. El gobierno mira para otro lado, pero extiende la mano para recoger su sobre. Cambio de canal. El presentador, que parece igual que el anterior, da paso a otra noticia. El político de turno, de grasiento peinado y sonrisa libidinosa, anuncia nuevos recortes a la vez que promete más trabajo. Parados sin ningún tipo de ayuda no pueden ver su comparecencia, la luz les fue cortada y una vela es su única esperanza. Velas que, en la quietud de la noche, prenden cortinas y calcinan personas. Noticias efímeras que son engullidas por la vorágine de la rabiosa actualidad. Como cuando un político corrupto es encontrado, botella de whisky en la mano, con el corazón roto por falta de uso. Prohibido alegrarse, prohibido pensar diferente, prohibido pensar. Aprieta bien esa mordaza. Cambio de canal. Un presentador de misma manufacturación que el anterior habla de protectores del orden y la paz que evitan, satisfactoriamente, golpeando, hiriendo, vaciando cuencas oculares, una manifestación. Cambio de canal. Cambio de canal. Cambio de canal. Así empieza el día El Animador. Un tipo que utiliza las noticias como carburante para su entrenamiento. Un hombre sin rostro, sin nombre; un ideal. Alguien que podrías ser tú. Una persona que, cansada de ser pisoteada por las instituciones que deberían cuidarle, se convertirá en el instigador de una violenta revolución en el explosivo inicio del cómic Gran Hotel Abismo.

Gran Hotel Abismo de David Rubín y Marcos Prior empieza donde concluía el V de Vendetta de Alan Moore: con una explosión que hace saltar por los aires el parlamento; fuegos artificiales que inauguran una violenta y necesaria revolución. A partir de aquí se nos muestra, como en este país ficticio ubicado en un futuro no muy lejano, la sociedad se alzará para luchar contra los tiranos que los esclavizan. El cómic se compone de cuatro capítulos que bien pueden leerse por separado, pero que leídos en conjunto forman parte de un todo mucho más enriquecedor e incómodo. Incomodidad sobretodo que surge cuando se descubre que, los medios de comunicación, hilo conductor de la narración, tan presentes en la historia (más incluso) como lo estaban en El regreso del caballero oscuro de Frank Miller, hablan de noticias que nos suenan. Porque, aunque David Rubín y Marcos Prior han ubicado el relato en un supuesto futuro distópico, las escenas que se nos revelan tras ir pasando páginas, ya las hemos presenciado por televisión. ¿Manifestaciones pacíficas acalladas a golpes de porra? Visto. ¿Enfrentamientos entre la policía y el cuerpo de bomberos? Visto ¿Políticos ladrones que se ríen en tu puta cara mientras rescatan bancos con el dinero público, o el contertulio “cuñao” (sí, el de las gafas, con rostro de lechón y con nombre de pasodoble verbenero que se baila en las bodas) que vomita falacias, insulta o hace apología de temas con hedor a naftalina putrefacta mientras se santigua? Hasta los huevos de verlo. También es cierto que, como el capítulo dos, de título Suite, los autores llevan a cabo el experimento mental que cientos de veces ha pasado por la cabeza del pobre ciudadano de a pie. Aquí Rubín y Prior nos cuentan las peripecias de un tipo de traje y corbata, de los que tienen cuentas en paraísos fiscales, que es secuestrado y obligado a vivir con la pensión media que recibe un jubilado.

¿Qué Gran Hotel Abismo será tildado de cómic panfletario? Eso seguro, sobre todo si no se lee y se observa en profundidad (varias lecturas necesarias con los ojos bien abiertos). Solo así se descubre que tras la sátira política hay una crítica, nada sutil, de la violencia institucional, del dominio que ejercen las multinacionales sobre los gobiernos y por ende en nuestras propias vidas (véase, en el cómic, a la policía patrocinada por Paypal, Nintendo o Fujitsu), o de ese pueblo aborregado que mientras no carezca de su “opio” es capaz de aguantar lo que sea antes que salir a manifestarse.

Antes he dicho que no solo hay que leer, hay que observar; y mucho. Porque las historias transcurren por ciudades repletas de detalles que, gracias a la superioridad visual que otorga el formato apaisado que nos ha brindado Astiberri, tornan más consistente el mundo del que Rubín y Prior nos hacen partícipes. Como el Mickey Mouse que parece estar presente en todas partes como emblema de la nación, los hospitales que pertenecen a la cadena de comida rápida McDonald’s o las grasas trans 100% garantizadas en toda buena dieta. Todo ello dibujado por un David Rubín más visceral que nunca. Que nos regala la vista con su mejor talento y un uso del color portentoso, pero también machacando, adrede, nuestras retinas (tan maravillosa, como dolorosa la doble splash page de la explosión) para que en ningún momento nos sintamos cómodos del todo. Porque, ¿qué revolución lo es? A esto hay que añadirle todos esos cameos, desde políticos y contertulios, pasando por Kaneda, protagonista de Akira, El Eternauta, Rorschach de Watchmen, la portada de Fagocitosis de Marcos Prior o el oso Sigfrido, personaje principal de La tetería del oso malayo.

Gran Hotel Abismo, que remata la faena con unos extras en los que los autores nos detallan el proceso de creación de un puñado de páginas, es un cómic tan contundente como necesario. Es, como se avisa al principio, gratamente perjudicial, porque te obliga a reflexionar, más de lo que estamos acostumbrados a hacerlo en el noveno arte. Y al hacerlo, al reflexionar largo y tendido, notas como tu Tyler Durden, al que los autores pretendían despertar, bosteza, se despereza y sonríe.

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