
¿Dónde está el límite entre la realidad y la ficción?
¿Quién escribe nuestros guiones?
¿Quién nos dicta las respuestas?
¿Nosotros formulamos libremente las preguntas?
Todas estas preguntas aparecerán en la mente de los lectores que se atrevan con El método realista, la ópera prima de Pablo Ortega que hoy os presentamos. Estamos ante una novela llena de suspense, en la que nada es lo que parece y en la que cada personaje interpreta un papel, con sus luces y sus sombras.
La génesis de esta historia, según las palabras de su autor, “nace con la vocación de unir el género negro con la prosa precisa. Tiene fácil aceptación en el mercado, pues es un thriller absorbente y apasionante que capta la atención desde la primera página”. Una historia donde la filosofía, el teatro, el cine y la pintura están presentes, mencionándose diferentes literatos y artistas como Nietzsche, Caravaggio, Cervantes o Molière.
Pero, ¿qué encontraremos realmente cuando leamos esta novela? Toda la trama de El método realista sucede en Madrid, empezando con el asesinato de Anselmo Valdellano, dueño de una empresa internacional, solo dos días después de comunicar la última voluntad a sus tres hijos. Dicha noticia causa gran impacto a nivel mediático, pues se trata de una familia distinguida. Este caso será la primera investigación de Tano, un criminólogo y policía en prácticas que llega a la comisaría de la Ciudadela para ayudar a Nuria Ballesteros, oficial de policía, y a su compañero Leonardo Sepúlveda. Además, Mirta, la madre de Tano y, por más señas, policía en la comisaría de la Ciudadela, lleva desaparecida desde hace dos años. Preocupado, Tano empieza a investigar sobre su paradero, preguntando a su amigo Gervasio, a su tío Javier y a la tía Águeda. A medida que investiga el caso, descubre pistas similares entre la desaparición de su madre y el caso Valdellano, recibiendo, además, dos extrañas cartas sobre la vida de su madre. El destino también le lleva a la Cafetería Parnusa, un café literario donde acuden los literatos más pintorescos y bohemios a buscar inspiración.
Detrás de este thriller sorprendente está la figura de Pablo Ortega (Huelva, 1988). Este joven onubense es licenciado en Psicopedagogía, cursando en 2012 un Máster en Educación Especial y defendiendo su primera tesina sobre la respuesta educativa al alumnado con TDAH, calificada con la máxima nota (Sobresaliente Cum Laude). En su currículo encontramos también un Máster en Educación Intercultural y una comunicación titulada “School autonomy in the United States according to the PISA report: Analyses, empirical evidences and proposals“, en el International Teacher Education Conference, que tuvo lugar en la Universidad de Harvard (Boston -Massachusetts) en 2017.
En Libros y Literatura queremos conocer, y, sobre todo, que conozcáis, un poco mejor a Pablo Ortega, y para ello hemos elaborado un breve cuestionario para que el autor nos cuente sus hábitos a la hora de escribir y de leer.
1. Para escribir, ¿mejor el día o la noche?
Prefiero escribir de día, cuando las ideas han descansado y desean cobrar vida en un espacio en blanco.
2. ¿Un cigarrillo al lado?
No fumo. Un café cargado es suficiente.
3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida?
La vida literaria discurre por cauces electrónicos. El papel ocupa una posición cimera en la memoria de quienes se embriagan con su olor. La pluma es el testigo impertérrito de la Historia. Ambos son los mejores compañeros de viaje de todo/a escritor/a.
4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando?
La inspiración nace de la necesidad de contar lo que sucede en nuestro interior. Los escritores somos los narradores de las experiencias que han dejado una huella indeleble en nuestro espíritu.
5. ¿Quién es tu mayor crítico?
Sin duda, soy mi mayor crítico, de natural inconformista, autocrítico y perfeccionista. La crítica más constructiva es aquella que cada persona se realiza cada día.
6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro?
Don Quijote de la Mancha. La novela es quijotesca, pues todos los personajes tienen motivos para luchar por sus ideales en una realidad tergiversada.
7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora?
Las hijas del Capitán (María Dueñas)
8. ¿Qué libro guardas como el más valioso?
Cien años de soledad.
9. ¿Qué usas para marcar las páginas?
Un marcapáginas de delfines con efecto 3D
10. ¿El mejor lugar para leer?
Cualquier lugar es idóneo si el lector/la lectora deposita su confianza y su atención en el texto. El mejor sitio para leer es una sala de estar recogida, silenciosa, sentado en un sillón cómodo.
11. Si pudieras resumir “El método realista” en una sola frase, ¿cuál sería?
Una novela apasionante que nos permite descubrir qué hay de realidad y de ficción en la vida. Todos tenemos motivos para desempeñar un papel.
Desde el pasado 1 de febrero, todo lector interesado en esta historia puede hacerse con ella tanto en Amazon como en la Casa del Libro. Atrévete a descubrir qué hay detrás de El método realista, una novela que no dejará indiferente a nadie.

“We had the stars, you and I. 
Últimamente llevo un ritmo de lectura frenético. Entiendo que me pasa como a todos y que va por temporadas. Hay meses en los que puedo leerme diez libros sin casi darme ni cuenta y hay otros meses en los que si leo un par siento como si hubiera batido algún récord. Ahora estoy en esa fase maravillosa en la que puedo pasarme tres horas al día leyendo y cierro un libro para abrir inmediatamente otro.
Lo que me gustan a mí las reinvenciones de los clásicos. Hace poco os hablé de la que 
Han pasado muchas cosas desde que os recomendé aquí 
No sé si hice bien, pero leí la biografía de Álvaro Arbina que aparece en la solapa de La sinfonía del tiempo antes de empezar la lectura. Reconozco que me sorprendió que el año de nacimiento del autor de esta 
Pues sí, había un hombre de las estrellas que vivía en cielo y que, finalmente se atrevió a visitarnos. Y sí, estaba en lo cierto: realmente nos hizo perder la razón. Es una pena que el hombre de las estrellas nos dejara hace dos años y volviera a su lugar, pero cuando alguien ha supuesto tanto para la historia de la música como David Bowie es imposible que se vaya del todo, ¿verdad? Yo, por si acaso, lo llevo siempre dentro, porque tanto él como su música han estado conmigo desde que era una enana y le debo tanto al Duque Blanco.
A los que vivimos sin lujos, pero también sin estrecheces, a los que podemos salir a cenar una vez al mes y llevar a los niños al cine el día del espectador, a los que recibimos como un puñetazo la factura de la luz, pero la pagamos puntualmente, nos cuesta imaginar la vida del desahuciado. Podemos, naturalmente, indignarnos, compadecernos y ayudar, pero, si estás leyendo esto, lo más probable es estés muy lejos de preocuparte por dónde dormirás la semana que viene o de dónde vas a sacar dinero para la ropa de tus niños. Y nos cuesta imaginar esa vida no sólo porque nuestra situación actual pueda ser más o menos estable, sino porque nuestra imaginación nos impide dar un salto tan cruel en el tiempo. Si hoy estoy aquí, ¿por qué iba a estar mañana en la calle?
Sara ha muerto. Era inteligente, tenía una mirada espiritual, era tímida, insegura, buena estudiante, muy sensible , un poco solitaria, afectuosa e hija formal y obediente. Tenía 21 años y sólo pesaba 37 kilos. La novela comienza justo ahí, en el momento posterior a la muerte de Sara. Deja a sus padres desconsolados, perdidos, enfrentados a una convivencia en la que les falta el nexo más fuerte que los unía, incapaces de reconstruir su vida en pareja; deja un grupo de amigas que acuden muy respetuosas a su funeral pero que fueron uno de los desencadenantes de su enfermedad; deja también un diario personal que sus padres descubrirán y leerán, cada uno por separado. No serán los únicos que lo lean; también lo hará algún otro personaje, que añadirá su propia mirada y su trocito de conocimiento de Sara, y lo hará también el lector de la novela, que podrá así conformar el mosaico de la personalidad de la doncella muerta, Sara, a la cual conoceremos realmente sólo al final de la novela, al llegar a esas últimas páginas y a ese último párrafo tan lleno de gravedad, con ecos de tragedia griega, de epopeya con un final infeliz -el cumplimiento del destino aciago de Sara, morir cuando apenas empezaba a vivir, sin haber podido ofrecer al mundo todos sus dones- pero, como todos los finales épicos, imposible de evitar.
Qué maravilla es reencontrarse con un viejo amigo. Con un viejo amigo de los que solo conservas buenos recuerdos, de los que, a pesar de que lleves un tiempo sin hablar, cuando os volvéis a ver es como si no hubiera pasado el tiempo entre vosotros. Este sentimiento es el que he tenido al reencontrarme con el Inspector Ernesto Trevejo, personaje salido directamente de la pluma de 
Decir que lo japonés está de moda es una apreciación tibia. La gran ola de Kanagawa es una imagen mucho más certera para lo que nos está ocurriendo. Como en la popular imagen de Hokusai, estamos siendo arrastrados por una fuerza cultural que nos lleva irremediablemente a las orillas japonesas. Una y otra vez. Lo curioso es que no conozco a nadie que esté nadando a contracorriente. Desde luego no lo está haciendo el que escribe estas palabras.
Si me preguntaran cual es mi pintor favorito no respondería nada. Me quedaría en blanco pensando en pintores y miraría fijamente a los ojos a mi interlocutor hasta que se diera por vencido. ¿Por qué esa manía de tener un pintor, escritor, director de cine, grupo de música, actor, actriz… favorito? Yo tengo muchos favoritos de todos, no puedo quedarme solo con uno. Van Gogh, Klimt, Munch, Warhol, Dalí, Rothko, Tamara de Lempicka… No te puedes quedar con uno como el favorito porque incluso si así lo haces, hoy puede ser uno y mañana o tal vez dentro de seis horas, puede ser otro.