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Reino de fieras, de Gin Phillips

Reino de fieras

Reino de fierasSi me encanta leer es porque puedo sentir todo tipo de sensaciones con solo abrir un libro. Puedo sentir felicidad, pena, angustia, dolor o incluso asco. Solo necesito un autor que sepa transmitir lo que quiere transmitir para que yo me volatilice y me convierta en uno más de los protagonistas del libro. Es como si estuviera viviendo en mi propia piel las historias. Eso es lo que me engancha. Lo que hace que necesite leer todos los días, aunque sea solo un par de páginas antes de irme a dormir.

El libro del que vengo a hablar hoy me ha transmitido muchísimo, sí… Angustia, sobre todo. A veces también un poco de miedo, pero en todo momento he estado sufriendo un estado de estrés y preocupación que hacía mucho tiempo que no sentía al leer un libro.

Hablemos primero de la edición, que merece una mención especial. Digamos que un día me llega un paquete que yo intuyo que es un libro. Pero es extraño. Viene como abultado y pesa más de lo que me esperaba. Lo abro y me encuentro un libro que tiene en la portada tres caballos sacados de un tiovivo. Tan bien hechos, que parece que se salen de la portada. Pero la cosa no se queda ahí, porque resulta que de regalo me llegan dos muñecos, uno de un tigre y otro de un elefante, que son la antesala de lo que me espera dentro. Si ya tenía toda mi atención, ahí la editorial Suma de letras solo consiguió que dejara todo lo que tenía que hacer para ponerme de inmediato a leer este libro.

Reino de fieras es una novela que transcurre en muy pocas horas. Una madre está con su hijo pequeño en el parque de un zoo. Me lo imagino como un zoo gigante, del estilo de Cabárceno, en Cantabria, que es una especie de zoológico donde los animales viven a sus anchas. Los osos tienen su propia montaña, los lobos tienen otra donde hacer sus loberas… y así con todos. Así que puede ser que vayas y veas a los animales, o no los veas. A excepción de algunos ejemplares, como los gorilas o los reptiles —cosa que me enfada enormemente y que deberían solucionar de inmediato—, los demás están libres. Así que el zoo que describe Gin Phillips me lo imagino así: un espacio enorme lleno de recintos dedicados a cada ecosistema, ideado cada uno para un animal en concreto. Joan y su pequeño Lincoln pasan allí muchas tardes. Él es un niño con una imaginación enorme y al que le encanta jugar con sus muñecos de súper héroes. Y Joan es una madre ejemplar. Hasta ha conseguido aprenderse los nombres que Lincoln se inventa día sí y día también.

Cuando va a ser la hora de cerrar, recogen todo y se dirigen hacia la puerta principal. Pero allí, a escasos metros de distancia de donde ellos se encuentran, un hombre con una escopeta parece haber acabado con la vida de varios visitantes. Joan coge a Lincoln y sale corriendo hacia el interior del zoo, sin saber qué hacer. Esconderse, se tiene que esconder. Pero eso es muy difícil cuando llevas en brazos a un niño de cuatro años que no entiende nada de lo que está pasando y que se queja, llora, patalea y habla más alto de lo que debería.

Este es el planteamiento que hace Gin Phillips. Nos describe las pocas horas de desesperada huida de Joan y consigue transmitirnos perfectamente el horror que vive esta madre durante ese tiempo.

Reino de fieras no podría representar mejor la angustia que vive Joan en todo momento. Sus indecisiones. Su no saber qué hacer. ¿Qué harías tú si estuvieras en su situación? Yo no lo sé, pero con la angustia que he sentido al leer esta novela, espero no tener que verme jamás en una situación así. No sabría ni por dónde empezar. ¿Esconderme? ¿correr? ¿intentar trepar la valla? ¿gritar? ¿abandonar a mi hijo que no para de llorar para intentar salvarme? ¿entregarme para que no lo maten a él? Quién sabe.

Si le tengo que encontrar una pega es que a mitad del libro el ritmo desciende bastante. El principio es muy prometedor pero más a o menos a mitad de la historia, todo se ralentiza mucho. Pero por poco tiempo —os lo aseguro—, porque, de repente, todo cambia y el ritmo empieza a ir hacia arriba sin parar hasta que llegan las últimas cincuenta páginas que es inevitable no leerlas de una sentada.

Cuando desenvolví ese paquete no pensé que este libro me fuera a gustar tanto. Pensé: “será márquetin”. Ya, sí, claro. Qué equivocada estaba… He tardado una semana en leer este libro y ha sido una semana en la que no he podido hablar de otra cosa. Cada vez que iniciaba una conversación con alguien intentaba sacar el tema de la lectura para decirle: “pues, ¿sabes? Yo me estoy leyendo un libro genial”. Y esa es la mejor señal para poder decir que este libro va a dar muchísimo de qué hablar. Y si no, tiempo al tiempo.

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Vibrato, de Isabel Mellado

Vibrato

Vibrato

Hace unos meses reseñé Tríos de Anagrama y en aquella reseña dije que lo que más me había gustado de aquel compendio de relatos basados en el concepto de trío era el haber descubierto la escritura de Isabel Mellado. Y como suele pasar cuando descubres a un autor nuevo lo primero que hice fue buscar qué libros tenía publicados la chilena. No encontré gran cosa, pero sí un libro de relatos que había llamado la atención de bastantes lectores. Metido en esa primera búsqueda de tanteo, descubrí que a los pocos meses Alfaguara publicaría su primera novela. De la autora, no de la editorial, claro. Noticia feliz. Esta es aquella primera novela de Isabel Mellado que vi anunciada: Vibrato. Y antes de que dejéis de leerme: no os la podéis perder.

Dice la faja del libro que lo que tenemos delante es «La literatura hecha música. La música hecha literatura». Y no pueden tener más razón. Isabel Mellado, aparte de escritora es violinista, y Clara (No-Marta), también. Clara es la protagonista (ya entenderéis lo de No-Marta) y a quien acompañamos desde su infancia en Chile hasta su viaje a Alemania con el fin de convertirse en concertista. Como si estuviéramos tumbados en su violín, leyendo Vibrato sentimos cómo la música es capaz de hablar en prosa, de decirnos cosas que hemos sentido también nosotros y a las que nunca hemos sabido ponerle palabras. Pero ella sí. Porque una de las cosas que más me gustaría destacar de Isabel Mellado es su capacidad para decirlo todo. A veces de la forma más clara posible, otras, con el uso de las metáforas más rocambolescas y preciosas que he leído en años: que las estrellas son las migas que alguien sacude de un mantel negro, que el oleaje es el eslogan del mar, que nosotros solo somos botellitas de perfume de Dios. Es tan bueno todo lo que escribe que te da igual no tener ni idea de música clásica.

Vibrato, en sí, no como título, es una desafinación programada, intencionada; y ese vibrato es lo que Mellado intenta aunar a su vida o a la de Clara. La vida como vibrato. Sin mayúsculas. De una infancia en Chile con un padre alcohólico, una madre secundaria y un hermano demasiado principal, Clara parte a su vida con una sensibilidad sin límites que le lleva a verlo todo desde el colchón de la música, su salvación. Todo es música en Vibrato porque todo en esta novela es lo que Clara ve, y lo que ve solo es música. Árboles, comida, personas, Chile y Alemania, el amor, la pena y el sufrimiento, todo como un repertorio de canciones que conforman una vida.

Del amor al desamor, de la entereza a la ruptura y la pérdida, de la armonía musical a la desafinación más brutal. Todo a través de una prosa que esconde versos, que esconde el ritmo de una muy bonita canción. Aramburu destaca en la contracubierta del libro los diálogos como «súbitas ráfagas de poesía» y no, Fernando, todo lo es. Me acuerdo, escribiendo esto, de una canción en la que la voz le canta a una mujer que se unten ambos resina en el cuerpo para cuando venga el viento. Aquí no hace falta. Aquí lo mejor es dejarse sacudir por el fuerte viento que esas «súbitas ráfagas de poesía» traen página a página. Muy recomendable novela. ¿La primera de más?

 

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Y luego ganas tú, de varios autores

Y luego ganas tú

Y luego ganas túAhora, después de unos cuantos años, puedo decir que tuve una infancia feliz. Ahora, que sé poner en una balanza todas las cosas buenas y las malas, dándole la importancia que corresponde a cada una de ellas. Habiendo aprendido a olvidar muchas cosas que me hicieron daño, sí, ahora puedo decir que tuve una infancia feliz.

Pero si me llegas a preguntar hace unos años, cuando yo tenía unos catorce o quince, te hubiera dicho que lo único que quería en ese momento era desaparecer.

Mis malos recuerdos empiezan a los seis años, cuando tuve que cambiarme de colegio. Mi madre y yo nos mudamos a una casa en la que ni siquiera había calefacción. Acababa de separarse de mi padre y estábamos con una mano delante y otra detrás. Pero a mí no me importaba. Tampoco me importó tener que cambiar de amigos, de rutina, de barrio, de ambiente. Yo lo acepté. Pero las cosas empezaron a torcerse cuando el tiempo fue pasando y las cualidades que a mí me hacían única se convirtieron en un puñal con el que alguno de mis compañeros me atacaba a diario. Llegaron los complejos, el estás gorda, el tienes granos, el tu madre está separada, el tu familia es un fracaso, el vas a estar sola para siempre. Incluso hubo una época en la que me apodaron “la jirafa” por tener el cuello demasiado alto. Complejos, complejos, complejos. Que solo hacían que, al llegar a casa, rompiera a llorar tarde sí y tarde también.

Con el tiempo me fui haciendo fuerte. No quise renunciar a mi personalidad para darle la satisfacción a aquellos que me querían ver hundida en el barro. Me quedé sola (por suerte solo fue durante un tiempo). La mayoría de mis compañeros también lo sufrió, pero al final muchos de ellos acabaron sucumbiendo al poder del matón para no acabar más lastimados. No puedo culparlos, no se me ocurriría. Pero entonces sí que lo hacía. Menos mal que el tiempo pasó y llegaron los últimos años de instituto, donde por fin encontré a quien necesitaba a mi lado y a la que nunca me abandonó. Ella ha sido mi mejor amiga desde que teníamos tres años, cuando la conocí en el primer colegio al que fui. Nos tuvimos que separar cuando me mudé, pero el destino quiso que acabáramos en la misma clase cuando ya íbamos a terminar la ESO. Me dio la vida. Y hoy, años después, me la sigue dando cuando a diario hablo con ella.

No sé si este es el lugar o el momento para contar esto. No sé siquiera si debería estar contando estas cosas en un blog de literatura. Pero los chicos que han escrito el libro del que vengo a hablar, Y entonces ganas tú, es lo que hicieron. Tampoco era el momento ni el lugar, porque parece ser que las víctimas están mejor calladitas y sin molestar, pero eso les importó muy poco. Porque abrieron su corazón y plasmaron sus recuerdos en un trozo de papel que después se convirtió en un libro que todo el mundo debería leer.

No es fácil reconocer este tipo de cosas. No es fácil gritar a los cuatro vientos que tú fuiste una víctima. Pero hay que hacerlo. Y me alegra que unos chicos tan conocidos hoy en día por la gente joven —como son Andrea Compton, Javier Ruescas, María Herrejón, Jedet Sánchez y Manu Carbajo— lo hayan hecho. Para quien no los conozca, Youtube es ya como su hábitat natural. Algunos empezaron antes, otros después, pero ahí siguen, haciendo videos y viviendo en las redes sociales, donde miles de personas siguen sus movimientos a diario. Son influencers. Si se lo proponen, crean tendencia. Y  me alegra que hayan escrito este libro, porque con estos relatos, no crean tendencia, crean esperanza que puede arreglar vidas enteras.

El libro está compuesto por cinco relatos. Alguno con un cariz más fantástico que otro, pero al final todos están contando las vivencias personales. En particular, me ha gustado muchísimo el relato de Javier Ruescas, que está escrito en su totalidad usando el formato de mensajería instantánea. A través de esos mensajes, vamos descubriendo el acoso que sufre el protagonista. A mí se me encogió el alma. Lo mismo me pasó con el relato de Jedet Sánchez, un chico que por vestirse como una chica tuvo que sufrir lo que nadie debería sufrir. Pero quizás, con el que más me haya identificado, sea con el de Andrea Compton. Es una chica a la que sigo desde hace mucho en las redes sociales, tanto que ya es casi como si la conociera. Así que leer este relato sobre ella me impactó más de lo que esperaba, porque me sentí como si una vieja amiga me estuviera abriendo su corazón.

Ojalá este libro llegara a todas las aulas para que lo pudieran leer los acosadores y también los acosados. Los primeros, para que se dieran cuenta del daño que se puede hacer con un simple comentario. Y los segundos, para que sepan que no van a estar solos nunca más. Que no deben tener miedo y que deben ser valientes.

Un grandísimo porcentaje de niños y adolescente sufre hoy el día acoso escolar. Cuando yo iba al colegio, éramos muchos los que sufríamos día a día esta lacra. Una, porque era pelirroja. Otro, porque era gordo. Otra, porque tenía los dientes grandes. Otro, porque era muy bajito. Otra porque tenía mucho pecho. Otra, porque no lo tenía. NO SOMOS PERFECTOS. Nadie, absolutamente nadie, lo es. No podemos pretender no tener defectos. Los tenemos, y no es ningún problema. No podemos dejar que nadie nos haga creer que lo es, porque no es así.

Y luego ganas tú refleja perfectamente todo esto. Refleja el espíritu de cinco chicos asustados, que se quedaron solos por defender sus ideales. Por ser gay, por ser gorda, por ser bajito, por ser diferente. Da igual. El matón encontró el teórico punto débil de cada uno e intentó hundirle. Me gustaría ver ahora mismo la cara de esas personas que lo intentaron, pero que en realidad no lo consiguieron. Porque de haber sido así, ahora mismo, yo, no estaría aquí escribiendo sobre este libro. Porque no pudieron con ellos. Ellos ganaron.

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La belleza es una herida, de Eka Kurniawan

La belleza es una herida

La belleza es una heridaNo hay nada mejor que preguntar a los muertos para conocer el pasado con pelos y señales, y nadie como las prostitutas para contar una buena historia de amor. Podríamos escribirlo a la puerta de las iglesias y enfrente de los colegios, y al lado añadir que la belleza es una herida, y que cada uno interprete si gusta o duele o si quizá las dos cosas a la vez.
La novela más conocida de Eka Kurniawan, indonesio del 75, ha tardado quince años en llegar traducida al castellano. Nunca es tarde si la dicha es buena, o más vale tarde que nunca. Tan bello como trágico, su relato de casi un siglo de historia de su país, desde que ni siquiera aparecía en los mapas como tal, ha sido comparado con Cien años de soledad y La casa de los espíritus, ha sido trasladado a otra treintena de lenguas y me extrañaría que no terminase siendo una película, porque puede formar parte de cualquier género en la gran pantalla, desde un film bélico a una comedia romántica pasando por una de terror o, cómo no, un thriller.
Por ahora nos conformaremos con este medio millar de páginas que nos acercan una versión asiática del realismo mágico a través de las memorias de Dewi Ayu, una prostituta con cuya vuelta de entre los muertos se inicia la narración, y sus cuatro hijas. Una de ellas, la menor, es el ser más feo de la Creación, pero sus tres hermanastras son las mujeres más hermosas que ha contemplado la antigua ciudad de Halimunda en siglos. Rodeadas de codicia y monstruosidad, hijas ellas mismas del incesto y la violación, su belleza se convierte en el mejor pasaporte al sufrimiento en un lugar en el que todo se consigue con el ultraje. Primero serán los holandeses de la metrópoli, después los japoneses, luego los propios indonesios: de una manera u otra el ciclo de la violencia se verá perpetuado alrededor de Dewi Ayu y su estirpe durante décadas. Solo encontrarán consuelo, ellas y sus parejas, en el amor y en el sexo, pero cuanto más intensamente amen y follen, más dura será la caída cuando todo termine a manos de la siguiente revuelta.
Parte saga familiar, parte relato político, parte cuento de fantasmas, Kurniawan consigue integrar la tradición oral indonesia con el recuento de lo ocurrido en su país en una novela de altos vuelos que entretiene y al mismo tiempo nos enseña algunas cosas. Halimunda es inventada, sí, al igual que Macondo, pero la ocupación japonesa de la ciudad calca el desembarco en Borneo y la matanza de comunistas que termina con mil doscientos cadáveres en la ciudad es el genocidio de Suharto. Porque la Historia, así, con mayúsculas, a veces no sirve para explicar la historia, con minúsculas, y son necesarias novelas como esta para completar el relato. Que los muertos regresen de la tumba y los vivos tengan poderes mágicos y los perros se puedan casar con las mujeres solo sirve para hacer patente un hecho fundamental: lo que se recuerda es lo que se cuenta, y la verdad de hace años está tan lejos de la propia verdad como lo que inventamos para contarla.
Hay que echarle imaginación y hacer un ejercicio de suspensión de la incredulidad para poder disfrutar, bastante, de La belleza es una herida. Tiene humor, en ocasiones cruel, y una notable capacidad de sorprender a la vuelta de cada página. También trae consigo una dosis de violencia capaz de espantar a los más sensibles y, a ratos, puede provocar cierto desconcierto sobre el recorrido por el que quiere llevar al lector. Aquellos que una vez gozaron con García Márquez o Faulkner y se acaban de dar cuenta del tiempo que ha pasado desde la última vez que los leyeron, le sacarán jugo a Kurniawan. También los aventureros de sofá, los historiadores frustrados, los nietos de Marco Polo. Quizá su mayor problema sea que en ocasiones recuerda demasiado a otras obras que ya llegaron para quedarse en nuestro inconsciente colectivo; el tiempo dirá si se acerca a ellas como igual, como su equivalente regional o como poco más que una buena copia.

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Cómo leer literatura, de Terry Eagleton

Cómo leer literatura

Cómo leer literaturaA menudo, si alguien nos pregunta sobre el último libro que hemos leído solemos responder con un escueto resumen de la trama. Algo así como: Me he leído un libro que trata sobre el joven heredero a la corona de Dinamarca, que está triste por la muerte de su padre y cabreado con su madre por haberse casado con su tío. Un día, se le presenta el espíritu de su difunto padre y le pide que vengue su muerte porque ha sido asesinado. Para comprobar si es un engaño o no, el protagonista decide montar una obra teatral que escenifique el asesinato y así descubrir al asesino.

Si tienes suerte de que tu interlocutor resulta ser una persona versada y curiosa, y decide saber más acerca del libro para convencerse e ir a buscarlo a la biblioteca, como mucho le daremos los detalles más llamativos acerca del protagonista. Esto sería algo como: El protagonista se muestra durante toda la obra melancólico. Quiere conocer la verdad para vengar a su padre, saber qué tiene que hacer, pero a la vez parece disfrutar de ese estado de melancolía romántica poniéndose mil excusas para no actuar.

Espero que esto no ponga en tela de juicio mi gusto literario ni mi capacidad de síntesis; Hamlet es una de mis obras favoritas y este ejercicio tan solo era un ejemplo de posible conversación coloquial. Pero nos sirve para llegar donde me interesa, que no es más que a este entretenido ensayo de Cómo leer literatura, de Terry Eagleton.

El crítico inglés desmenuza en este libro las claves para acercarnos a la lectura de las obras literarias de un modo más profundo, además de poder servir como manual para escritores, ya que analiza los vicios que suelen cometer muchos autores. Incluso los más grandes. Shakespeare, no, por supuesto. Shakespeare no tiene ni un pero.

Terry Eagleton considera que las obras literarias son creaciones retóricas, además de simples relatos. Rechaza la lectura superficial de un texto y aboga por una especial atención a los detalles que se consideran forma: el discurso narrativo, la estructura gramatical y sintáctica, las ambigüedades, el tono, el ritmo, el estado de ánimo… Defiende una lectura minuciosa, close reading como bautizaron los críticos de la escuela de la Nueva Crítica que surgió en la década de 1930, y va a buscar en cada detalle un significado que consigue sugerir el texto. Este tipo de lectura pretende diferenciar las obras literarias de aquellas que no lo son, es decir, definir la literariedad, y con el análisis crítico decidir qué obras son buenas y cuáles, malas.

Para ello, se va a valer de grandes títulos, en su mayoría anglosajones, para destacar en ellos diferentes aspectos. Entre ellos, los comienzos. Es el momento en el que el autor se siente en su momento óptimo, donde intentará poner todas sus herramientas para conquistar al lector y conseguir en él una conexión que despierte su interés. Analiza, entre otras, el comienzo de Pasaje a la India, de E. M. Foster, donde destaca la estructura sintáctica elegida por el autor. Se trata de una descripción paisajista y el autor ha decidido construir la oración de tal modo que el elemento principal se postergue en el discurso, creando con ello mayor interés en el lector. Este tipo de construcciones se aprecian con una lectura detenida y atenta, así como sucede en el inicio de Macbeth; Shakespeare arranca la obra con tres preguntas que efectúan las tres arpías. Las preguntas hacen que el lector sospeche, que sienta el deseo de responderlas, además, por el tono ambiguo de las expresiones, se pueden sacar conclusiones acerca del papel que representan esas figuras.

El capítulo dedicado a los personajes puede ayudar a muchos escritores noveles a la hora de desarrollar los suyos propios. Como creaciones ficticias que son, Eagleton sostiene que se mantenga una distancia prudencial de identificación y empatía entre el lector y el personaje con el fin de poder analizar en su conjunto todas sus posibilidades, que no serán pocas. Muchas veces llaman la atención los personajes más excéntricos: Sherlock Holmes, Hamlet, pero los que no lo son tanto pueden originar una serie de cuestiones acerca de la obra bastante interesantes. Es el caso del personaje de la obra epistolar Clarisse, de Samuel Richardson, una mujer que es engañada por un hombre despechado y que la somete a una tortura psicológica que culmina en una violación. Clarisse fue considerada por la (mala) crítica como una mujer sosa, mojigata, dramática y morbosa, sin profundizar en que el trasfondo de ese personaje, a priori anodino, se relacionaba estrechamente con la posición que le había establecido la sociedad y el entorno en el que se desarrolla.

La narrativa también será analizada en el capítulo correspondiente, así como la interpretación y el valor de una obra. Es capital el interés que muestra Eagleton en que lo importante de las obras literarias no es que tengan significado, sino que sean capaces de generarlo. A lo largo de la historia, la crítica literaria ha intentado encontrar la fórmula para decidir qué es lo que hace de una obra que sea buena o mala, y en Cómo leer literatura se proponen varios elementos que pueden ayudar a esclarecer las dudas. ¿Será la originalidad? Para los románticos sí, pero los neoclasicistas no defendían tanto los cambios. Entonces, ¿la profundidad será el ingrediente básico? En los poemas de William Blake puede que sí, pero las comedias no destacan por su profundidad y son consideradas clásicos. ¿La elocuencia? Con Hamlet desde luego que funciona, pero también lo hace con Hemingway o George Orwell.

Podría alargarme varias páginas para seguir hablando y argumentando de este Cómo leer literatura de Terry Eagleton, porque la verdad es que he disfrutado muchísimo con su fluida lectura. Al leer pasamos por alto tantas cosas, claro que Eagleton tiene una capacidad para ver detalles y fantasear sobre ellos inconcebible a cualquier vulgar lector, pero ahí reside su genialidad, en enseñar una forma nueva de leer. De una manera llana y sencilla consigue hacer que la lectura minuciosa y analítica de un texto literario no sea tedioso en absoluto además de ofrecer un horizonte de expectativas mayor a la hora de acercarse a cualquier libro. Muy probablemente, cuando alguien me pregunte sobre el último libro que he leído, conseguiré destacar de ello detalles más allá de «de qué va el libro»; leeré lo que se dice en función de cómo se dice.

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La semilla de la bruja, de Margaret Atwood

La semilla de la bruja

La semilla de la brujaLeer el nombre de Margaret Atwood nos lleva irremediablemente a pensar en El cuento de la criada, ¿verdad? Reconozco que me entraron ganas de leerlo después de ver la magnífica reseña que mi compañera Laura Gomara le dedicó y de oír tantos elogios de la serie de la HBO inspirada en él; pero todavía no lo he hecho y, finalmente, ha sido La semilla de la bruja, la última novela de Margaret Atwood, mi primer acercamiento a esta autora. Y casi que mejor, porque me parece que nada tienen que ver un libro con el otro y, así, he disfrutado de esta lectura sin estar comparándola inconscientemente con la novela de la que todo el mundo habla.

Como digo, que la autora de La semilla de la bruja fuese Margaret Atwood llamó mi atención, pero lo que realmente me hizo leerlo fue que lo definieran como una reinvención de La tempestad, de William Shakespeare. La mayoría de las obras del célebre escritor inglés me fascinan, y aunque esta en concreto no la he leído, La semilla de la bruja me pareció una forma distinta de adentrarme en ella.

Pero ¿qué nos cuenta Margaret Atwood en La semilla de la bruja? Pues la historia de Felix, un extravagante director de teatro que, de repente, pierde a su esposa y a su hija pequeña. Toni, su compañero de trabajo, aprovecha su delicada situación personal para desbancarlo. Y Felix acaba siendo un hombre solitario que se hace llamar señor Duke, habla con su difunta hija y, en sus ratos libres, organiza funciones de teatro de Shakespeare con los reclusos de una cárcel, esperando pacientemente el momento de vengarse de Toni y de todos aquellos que contribuyeron a arruinar su carrera. Y ese ansiado desquite llegará cuando por fin los reúna a todos dentro de la cárcel, como público exclusivo de La tempestad, la obra que nunca le dejaron dirigir.

Así, Margaret Atwood nos lleva de la vida del teatro al teatro de la vida. Felix trama una obra dentro de otra obra y, mientras tanto, los presos y él desgranan las múltiples lecturas de La tempestad, reinventándola y hasta continuándola. El resultado es una historia de venganza cocinada a fuego lento, una sátira del mundo del teatro y de la política y una aproximación a la obra de Shakespeare que deja patente su atemporalidad. Y además de todo eso, La semilla de la bruja es una forma diferente de retratar el periodo de duelo tras la pérdida de un ser querido y una eficaz reivindicación del papel que la literatura y el teatro juegan dentro de las cárceles.

Me encanta cuando un libro me recomienda otro libro y, sin duda, La semilla de la bruja es una excelente recomendación de La tempestad, en particular, y de toda la obra de Shakespeare, en general. Así que me toca sumar un libro más a mi interminable lista de lecturas pendientes. Ahí, junto a El cuento de la criada, que sube varios peldaños en el orden de prioritarios. Y es que, ahora que he disfrutado de la afilada prosa de Margaret Atwood, quiero repetir.

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El canon occidental, de Harold Bloom

El canon occidental

El canon occidentalSi formaras un grupo de lectura, ¿qué libros propondrías para analizar, debatir y disfrutar? ¿Qué te lleva a elegir esos libros? Debes pensar que de tu criterio dependerá la cantidad de lectores que se unan a tu grupo, además de cuántos otros pondrán en tela de juicio tu listado. Elaborar un catálogo con las que consideras mejores obras literarias parece una tarea muy complicada cuando tienes que escoger entre todo cuanto se ha escrito. Lo normal es limitar la búsqueda por géneros, épocas, movimientos o cualesquiera otros motivos se te ocurran. Harold Bloom, defensor de la estética y el placer por la lectura, retomó en 1994 la idea clásica de la selección de autores y obras necesarias y publicó El canon occidental, un libro no exento de polémica.

Lo provocativo vino dado porque este libro surgió como respuesta a las corrientes literarias que se impusieron desde la década de 1980 en Estados Unidos. La nueva crítica estaba formada por multiculturalistas, poscolonialistas, marxistas y feministas cuyos ideales sociales y políticos entroncaban con el espíritu estético de Harold Bloom. Dadas las circunstancias sociales actuales, con lo que se denomina como la tercera ola del feminismo, que reclama derechos y alzar la posición de la mujer en diversidad de expresiones artísticas, este libro noventero vuelve a imponerse casi como novedad. En parte porque muchas fueron las críticas recibidas desde la escuela de crítica feminista, que le recriminaron la escasez de mujeres en su canon literario. Claro, que también recibió palos por parte de los multiculturalistas, ya que la mayoría de autores canónicos son blancos y anglosajones. De ahí que en las asignaturas de Estudios Literarios la figura de Harold Bloom vaya unida al calificativo de provocador. Esto no debe ensuciar en absoluto sus otros atributos, que son muchísimos, y que lo definen como un auténtico apasionado de la lectura, cuya máxima causa es la de elevar la estética por encima de ideales políticamente correctos.

En su canon, Bloom va a destacar los veintiséis autores que considera imprescindibles en la historia de la literatura. Desde Shakespeare como centro del canon a Proust o Borges, su listado va a recoger también a figuras tan sobresalientes como Dante, Cervantes, Walt Whitman, Emily Dickinson, Virginia Woolf, Tolstói o Dickens, entre otros. De todos ellos valora la individualidad del genio, el haber creado obras que exijan una relectura, que estén alejadas de ideologías sociales o psicológicas, la adoración del arte estético.

El modo de acercarnos a sus obras, con un esmerado estudio y mostrando detalles tan significativos de cada uno de ellos será una continua invitación al goce del verbo. Su peculiar tono entre sarcástico y enfadado, no dejará títere sin cabeza calificando a los nuevos críticos a los que tanto se opone como la Escuela de los Resentidos. La mordaz crítica que efectúa al colectivo feminista acerca del estudio de Orlando, de Virginia Woolf, no tiene desperdicio. En este capítulo, uno de los más interesantes del libro, Bloom va a resaltar la postura estética de Woolf por encima de sus ideales políticos, es más, eleva su genial obra Una habitación propia, no como un catálogo político y reivindicativo del feminismo, sino por su elevada preocupación por la estética. Llega a describir a la escritora como «esteta apocalíptica» que nunca antepone los condicionantes históricos. En palabras de Bloom:

«Sus seguidoras feministas se han confundido de profeta. Ella les habría hecho luchar por sus derechos, pero sin devaluar la estética en su impía alianza con seudomarxistas académicos, filósofos franceses de pega y multiculturalistas».

Lo dicho, tiene pan para todos.

El canon occidental se presenta como un selecto listado de autores que si están ahí lo hacen por su continua lucha con aquellos que les han influenciado. El concepto de Harold Bloom del canon es el de una lucha agonista, una pelea por superar al padre, al creador, lo que se conoce como la ansiedad de la influencia; el autor encuentra su voz tras haberse empapado de las tradiciones que le influencian. La estética es un fenómeno individual que elevará la universalidad de sus creaciones. Tiene una concepción de la creación muy romántica.

Vivimos una vida corta, sostiene que no existe tiempo material para poder leer todo cuanto nos gustaría ni aún dedicándonos por entero a ello, de ahí la necesidad de establecer unos límites de lectura que considera imprescindibles. No elabora su listado de modo prescriptivo, no pretende tampoco enseñar a nadie lo que debe leer. Si no llega alguien a la gran poesía con ese amor, ¿cómo enseñarle la soledad?

Un libro soberbio, que, controversias al margen, resulta de una exquisita lectura. En la conclusión canónica, Harold Bloom lamenta el escaso interés por una lectura en busca del componente estético y se cuestiona sobre la continuidad de los estudios literarios en las universidades. Puedo confirmar que los estudios están muy vivos, muy interesantes y abiertos a nuevos y antiguos enfoques teóricos, y el interés por la lectura no ha decaído por suerte. Yo he conocido la figura de este genial crítico, que es de elevada relevancia en los estudios literarios y, estés de acuerdo o no con algunas de sus posturas, no cabe lugar a poner en duda su excelente labor dedicada por entero a la literatura y su amor y ánimo que inculca por el placer de leer.

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Batman Eterno Integral 1, de Scott Snyder y VV.AA.

Batman Eterno Integral 1

DBatman Eterno Integral 1e vez en cuando, cuando revistas, telediarios llenos de videos de youtube o autopromociones de series o realitis –cosas que cualquier informativo que se precie forzosamente DEBE incluir– se quedan con huecos que rellenar, echan mano de “noticias” comodín. Una de las que con más frecuencia se repite es la de las ciudades o países en los que es mejor vivir o en los que se es más feliz. Cada vez que sale alguna así me pregunto en que puesto queda Gotham. Si yo fuera gothamita, ni de coña me quedaba en esa ciudad en la que cada día, solo por salir a la calle, te la juegas. La ciudad en la que cualquiera puede ser víctima de algún payaso disfrazado, cobaya de algún doctor chiflado, destinatario de alguna bala perdida, envenenado con el agua corriente, asfixiado por el gas de la risa o moneda de cambio de algún secuestrador con ínfulas elevadas.

Me pregunto ¿por qué cojones los gothamitas de a pie, y los que no los son; da igual si ricos o pobres pues todos son pasto de los criminales, no hacen las maletas y huyen a alguna ciudad menos dañina para la salud? Porque diez millones de gothamitas, que es la población según el censo oficial, son muchos gothamitas para vivir en semejante olla a presión.

En fin, que en estas reflexiones se me va el tiempo mientras se comenta el listado de lugares agraciados. Sea como sea se quedan a vivir y Batman, pobrecito mío, tiene que desvivirse por mantenerlos a salvo gratis y a veces hasta tiene que aguantar que se vuelvan contra él.

¿Qué nos depara esta Batman Eterno Integral 1? Pues un cisco de los buenos. Vamos a tener a un Jim Gordon acusado de provocar la muerte de ciento sesenta y pico personas al provocar el descarrilamiento de los vagones de metro tras perseguir a un secuaz del Profesor Pyg. Por supuesto, Gordon irá de cabeza a Blackgate, y, a partir de aquí… ¡A partir de aquí fiesta y desmadre y quince mil frentes abiertos! Bárbara Gordon, Batgirl, fuera de sí irá hasta Brasil para probar la inocencia de su padre; tendremos un nuevo comisario en la ciudad cuya prioridad absoluta será la caza del murciélago; unos nanorobots extenderán un virús en la zona de los Narrows; Vicky Vale hará de periodista; Catwoman tendrá sus batallas que librar y el Pingüino no será menos… Y además, aparecerán también otros miembros de la “familia”: Batwoman, Capucha Roja, Red Robin, Alfred, incluso la aparición de batmans de la vieja (no recuerdo haberla visto en ningún otro cómic) Batman Inc. (recuperada, al igual que el ya mencionado y olvidado Profesor Pyg, de Grant Morrison), un par de nuevas aliadas y unas cuantas subtramas al margen de la principal, que no es otra que averiguar quién está detrás del encarcelamiento de Gordon. Porque está claro, que alguien está moviendo los hilos para controlar de nuevo Gotham. Todo tiene un fin, y ese alguien bien pudiera ser alguien a quien no vemos desde El largo Halloween. O tal vez no… Pero un otra nueva crisis se abrirá al desatarse una guerra de bandas…

Los diversos frentes están bien repartidos y no llegan a aburrir en ningún momento. Se alternan bien las duraciones de unos y otros y entretienen de lo lindo. No obstante, la subtrama que protagoniza Jim Corrigan (El Espectro) no me convence e incluso, en mi opinión, tal y como ha ido la cosa en este primer tomo sobra. Cuando busco a Batman acepto los criminales tarados, los dementes, y puedo aceptar los monstruos como Killer Croc o Man Bat, pero eso de mezclar también en una historia policiaco/detectivesca una parte mística o sobrenatural no me ha gustado del todo. Esperemos que más adelante se encarrile y tenga algún sentido.

Obviando eso, la lectura es muy entretenida, es vibrante, sorprende con los continuos giros que no te esperas y tienes prisa por encajar todas las piezas y resolver el enigma, que, parece haberse resuelto ya en este tomo, aunque con Snyder nunca se sabe y esperemos que nos tenga reservadas muchas sorpresas más.

Puede que haya personajes desconocidos si se ha estado, como es mi caso, desconectado de la trama de Los Nuevos 52 (Stephanie Brown, El Arquitecto,..) que puedan desconcertar un poco, pero no son ningún obstáculo para comprender completamente la historia hasta aquí.

En cuanto al dibujo, hay un ejército de dibujantes y todos aportan cohesión y un grafismo espectacular y detallista, pero no puedo con el dibujo de Ian Bertram. Es algo subjetivo, es como el dibujo de Corben y Crumb, se me atraganta. Por fortuna, dura poco.

En fin, que si os gusta Batman, este Batman Eterno Integral 1 es un tomo no imprescindible, sino necesario. Y aunque en parte del cómic Batman no hace acto de presencia, e incluso en algunos tramos cuando está es un mero secundario, (cosa que no es novedosa) realmente no importa, porque Batman es mucho Batman y está siempre en Gotham; Batman ES Gotham y de una u otra manera uno lo percibe cuando se leen estas páginas y tal vez sea ese el motivo por el que los gothamitas se quedan.

En definitiva, un tomo que respeta al personaje, lo hace grande, nos muestra villanos de siempre y otros nuevos, nos deja las calles oscuras y la batcueva, las cloacas, la cárcel y la locura, siempre la locura… Y, sobre todo, nos deja con ganas de más, pasando por méritos propios a ocupar su hueco en la estantería junto con las mejores obras del murciélago.

Esperemos que el segundo tomo esté, por lo menos,  a la altura de este. Apuesto a que sí.

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El club de los mentirosos, de Mary Karr

El club de los mentirosos

El club de los mentirososLa verdad es que hay editoriales que son para mí una garantía de éxito asegurado. Errata Naturae es una de ellas. No son solo sus magníficas portadas (que también), el caso es que siempre acierto con sus lecturas. Buenos días, guapa fue uno de esos libros publicados por ellos que me encantó y que no puedo dejar de volver a recomendaros.

No puedo mentiros. Lo primero que me atrajo de este libro fue su maravillosa portada y su genial título: El club de los mentirosos. Antes de leer siquiera la sinopsis ya me tenía completamente ganada. No está mal, ¿no?

Mary Karr es la autora de esta brillante novela, que fue uno de los libros más vendidos durante un año entero según el New York Times y mejor libro del año para The New York Times Book Review, The New Yorker, People y Time. Casi nada, amigos. Una novela que califican de extraordinaria o que, como dice Time, se encuentra “entre la tristeza más honda y la risa más sincera, y por esto último se inclina el lector”. Y la verdad es que no puedo estar más de acuerdo, pero empecemos por el principio.

Lo primero que el lector debe saber es que El club de los mentirosos es una novela autobiográfica y ahí reside el encanto de este libro. Porque como ficción ya hubiera sido maravilloso, pero cuando el lector sabe que lo que está leyendo no es ni más ni menos que la infancia de la propia autora, todo adquiere un matiz diferente. ¿En serio fue esta su infancia? Sí, lectores. Así es. Dura, real, trágica y al mismo tiempo envuelta en un halo de comedia que ríete tú de las tragicomedias de Shakespeare.

Y es que, a pesar del título, en este libro hay mucha verdad. Mary se crió en una pequeña localidad petrolera en el este de Texas, junto a sus padres y su hermana. Ella, una niña descarada y sensible, una hermana autoritaria y valiente, un padre algo borrachuzo pero con una gran corazón y una madre, un personaje fascinante, que será la clave para entender la novela.

Resulta imposible no conectar con Mary y el resto de personajes en algún momento de la biografía. Todos tienen ese algo tan familiar, absurdo e hilarante que hace que nos identifiquemos con ellos. Y aunque sea una familia de armas tomar y las historias en las que se ven envueltos puedan parecer a veces de lo más surrealista, tienen ese punto a favor del más puro realismo norteamericano.

A pesar del drama, que lo hay y mucho, prevalece, como os decía, esa parte cómica. Y eso es, quizás, lo grandioso de El club de los mentirosos. Mary Karr nos sumerge en su infancia, nos adentra en su casa, en las tragedias de su familia y, a pesar de todo, consigue que nos lo pasemos bien, que riamos con ella. Yo me lo he pasado en grande y aunque he sufrido (un poquito), también ha habido momentos en los que he reído con sus locas situaciones.

Estoy convencida de que este libro es uno de esos libros que no tiene un lector concreto, un libro que cualquiera puede disfrutar. Yo os animo a hacerlo. Luego me contáis.

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El pecado que mató a Carolina Martín, de Eugenia Dalmau

El pecado que mató a Carolina Martín

El pecado que mató a Carolina MartínSolo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que el pecado convive con nosotros. Da igual lo que hagamos y en la situación en la que estemos: alguno de los pecados capitales está presente. Siempre. Y, señores, que tire la primera piedra el que no haya envidiado nada, el que no haya sentido un ataque de ira, el que no haya devorado algún suculento manjar sin tener hambre. También el que no se haya dejado llevar por la pasión, el que no haya puesto el despertador “cinco minutitos más”, el que no haya subido selfies y selfies a las redes sociales o incluso el que no haya querido tener algo para sí y no compartirlo jamás con nadie. Vamos, estoy segurísima al cien por cien de que todos los aquí presentes nos quedaríamos con la piedra en la mano, porque sea de la manera que sea, hemos cometido alguno de estos pecados a lo largo de nuestra vida.

Eugenia Dalmau se centra en este hecho para desarrollar su novela: El pecado que mató a Carolina Martín. No os voy a engañar. Al principio, el título de la obra no me convencía en absoluto. Demasiado largo y misterioso para mi gusto. Pero a medida que fueron pasando las páginas, lo entendí. Entendí por qué esta autora valenciana había optado por poner un título tan enigmático.

Empecemos por el principio: un cuerpo aparece, en una casa, sin signos aparentes de violencia. Parece un infarto, o incluso un suicidio. Sí, el cuerpo es el de Carolina Martín, una  mujer de éxito que se codea en las altas esferas de Madrid. Lo tiene todo: un trabajo de lujo, un chalet en una urbanización envidiable, amigos influyentes, juventud, belleza a rebosar y mucha inteligencia. La casualidad quiso que Jaime Reyes y Manuel Serra fueran los encargados de esclarecer los hechos y darle sentido a esa escena. Porque si hubieran sido otros los inspectores encargados del caso, no hubieran descubierto jamás la historia que encerraba el asesinato de Carolina.

Poco a poco estos inspectores irán poniéndole cara a todas las personas que componían el círculo más cercano de la fallecida, concluyendo que cada uno de ellos era la viva imagen de un pecado capital. ¿Qué fue lo que mató a Carolina? ¿Qué pecado hizo que apareciera muerta en su casa? ¿La ira, la pereza, la lujuria, la envidia…? Siete son las opciones y siete los posibles móviles del crimen. Detrás de ellos, su jefe, su hermana, su cuñado, su amante… un sinfín de personas que podrían haber cometido esa barbaridad sin ningún tipo de remordimiento.

Ahora pasemos a analizar el cuerpo de la obra. En la primera mitad del libro, Eugenia Dalmau sigue una tónica que se repite constantemente: nos da un capítulo en el que conocemos a un nuevo personaje y acto seguido encontramos otro capítulo en el que nos cuenta la vida de esa persona y que, tras leerlo, nos deja claro qué pecado es el que se esconde en las entrañas de dicho personaje. Cuando ya tenemos todos los pecados y personas presentadas, comienza la “segunda parte” del libro —lo pongo entrecomillado porque no existen partes divididas físicamente, pero yo sí que he notado una clara separación en este punto—. Esta segunda parte, como decía, se centra ya en la resolución del crimen. Una vez que sabemos todos los motivos de los sospechosos, iremos desgranando poco a poco, junto a los inspectores, todas las pistas del caso. Sabiendo esto, lo del título escogido se entiende muchísimo mejor, ¿verdad?

Esto me ha gustado especialmente, pues al principio nada más que quería llegar a esos capítulos explicativos en los que nos remontamos años atrás para conocer la vida de un personaje en concreto. Es como si el lector se convirtiera por unos momentos en un psicólogo, que se adentra en la mente de esa persona para entender qué es lo que le ha llevado a ser quién es en la actualidad. Esto también permite al lector formar parte del equipo de investigación, como si fuera un tercer compañero en el equipo de Reyes y Serra. Conociendo la vida de los sospechosos, podemos empezar a hacer nuestras elucubraciones e intentar adivinar quién fue el asesino. Yo, aviso, por más que lo he intentado, no he acertado. Pero claro, es que en cada capítulo cambiaba de opinión: “sí, sí, estoy segura, ha sido fulanito porque blablablá. No, no, antes me equivoqué, ¿cómo pude ser tan tonta? Ha sido menganito porque blablablá…”. En fin, así durante las cuatrocientas páginas que tiene el libro. Y no, no acerté. Así que menos mal que mi oficio nada tiene que ver con resolver asesinatos…

En cuanto a los personajes, me ha gustado mucho la evolución del inspector Reyes. Aunque el narrador de la historia es su compañero, Serra, a través de sus palabras podemos ver claramente como el personaje de Reyes va evolucionando poco a poco. Empieza siendo un desconocido para nosotros, un tanto distante y frío y al final se convierte en alguien cercano y al que acabamos cogiendo cariño. Serra aporta un toque de humor al argumento con sus comentarios constantes y su forma de ser, tan de valencia.

El pecado que mató a Carolina Martín es un libro de esos que atrapa. Eugenia Dalmau nos va dejando miguitas de pan que solo hacen que queramos más y más. Pero no, hasta el final no obtendremos nuestra recompensa. Así que hay que tener paciencia. Además, tiene un ritmo bastante lineal que se ve muy incrementado cuando nos vamos acercando a ese desenlace donde se descubre todo el pastel. Por lo que el final es genial, muchísimo más ágil y que hará que nos leamos las últimas ochenta páginas del tirón.

Al principio hablaba de la facilidad de caer en el pecado, de dejarse llevar por esos malos pensamientos. Y es curioso que uno solo de ellos fuera el que acabó con Carolina Martín. Pero, más curioso es todavía, el hecho de que cualquiera de los personajes, cada uno con su pecado particular, podría haber tenido motivos para hacerlo. Eso me ha hecho pensar y me ha gustado mucho, porque al final cualquier pequeño detalle puede hacer que la chispa se convierta en llama.

No seré yo quien tire la primera piedra, por supuesto. Tengo tantos defectos como cualquiera. Mientras leía este libro he detectado varios: primero, la pereza, porque llegó el fin de semana y no quería salirme de mi cama con tal de pasar un rato más leyendo esta novela. Segundo, la gula, porque ¿qué mejor que un buen chocolate caliente para calentar el cuerpo mientras seguía leyendo? Tercero, la ira, porque me enfadaba cada vez que mi sospechoso cambiaba, desbaratándome todo el razonamiento. Y, cuarto, la envidia, porque me encantaría tener la mente de Eugenia Dalmau para que este argumento se me hubiera ocurrido a mí antes.

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Nunca es tarde para morir, de Pablo Palazuelo

Nunca es tarde para morir

Nunca es tarde para morirHoy venimos a hablaros de una novela negra que está golpeando muy fuerte desde hace dos años en Amazon, un éxito de ventas que lleva ya más de 200.000 lectores enganchados a su historia. Os hablamos de Nunca es tarde para morir, la primera novela de Pablo Palazuelo Basaldua (Madrid, 1965). El autor, casado y con tres hijos tiene en la fotografía una de sus aficiones, la cual nace sirviendo de voluntario en una Unidad de Operaciones Especiales del ejército. Gracias a esta afición, realiza una fotografía que es publicada en una revista y, posteriormente, le sirve como fondo de la portada de su primera novela, Nunca es tarde para morir, historia con la que comienza su aventura como escritor y novelista.

“Una pequeña obra de arte que me ha dejado con la boca abierta”, Blog Sintonía literaria

«Las Trompetas de Jericó tronaron desde el cielo anunciando la inminente llegada de la muerte». Así comienza esta novela negra llena de misterio, protagonizada por cinco enigmáticos veteranos de sus respectivos servicios secretos que conocerán a una cautivadora adolescente, de mala vida y peor fortuna, desatando una espiral de sorprendentes fatalidades y arrastrándolos hacia un enemigo despiadado.

“Un halo de misterio e intriga en cada una de sus páginas”, Blog Mi vida en hojas de papel

“Cuando comencé a buscar una idea para una novela policiaca, tenía muy claro que ese germen debía ser capaz de generar interés por sí mismo, sin necesidad de tener que completarlo con una larga explicación.” Así explica el autor el origen de su primer libro. “Lo encontré en una divergencia, la que surge de enfrentar la vejez y experiencia de cinco antiguos agentes de los servicios secretos de sus respectivos países a la inocencia y belleza de una adolescente. Me pareció que poseía una fuerza que por sí sola podía llamar la atención de un potencial lector y la apliqué a un llamativo artículo de periódico que había descubierto dos décadas antes, en el en el que se detallaba un suceso acaecido en las postrimerías de la Guerra Fría”. Este trabajo cuenta además con una exhaustiva documentación que otorga a la historia una mayor profundidad, apoyado en una trama compleja y atractiva cuyo resultado “es una trepidante historia, de 608 páginas, en la que el ritmo no decae ni un solo instante”.

“Es como la droga, no puedes dejarla”, Blog Always in our own world

Una vez que hemos conocido qué (y quién) está detrás de Nunca es tarde para morir, queremos destacar su espectacular record de ventas en la plataforma de Amazon. Los más de 200.000 lectores han conseguido aupar a la novela al primer puesto como el ebook más vendido en Amazon España, además de acumular otras cifras de mérito como 525 días en el Top 100, 4 meses en el Top 10, 3 meses en el Top 5 o estar cuatro y tres meses como ebook más vendido de en las categorías de Acción/Aventura y Policíaca/Negra/Suspense respectivamente. Pero su éxito no es solo nacional, habiendo conquistado el primer puesto en libros de aventura en lengua española en Amazon Francia, Alemania, México y Australia, junto con el segundo puesto en Amazon Reino Unido y 7 meses en la lista de Eriginal Books de los 20 libros kindle más vendidos en lengua española en todo el mundo.

“Te deja sin aliento”, Blog Interrobang

Pero Nunca es tarde para morir no es solamente un éxito de ventas; también lo es de crítica. Y es que en sus dos años de vidas acumula medio centenar de buenas reseñas en blogs literarios (aquí tenéis el listado), obteniendo en la mayoría de ellos unas notas sobresalientes. Todo esto nos hace indicar que estamos ante una de las mejores novelas negras de los últimos tiempos, un libro que está llamado a convertirse en todo un clásico. Si quieres leer las primeras páginas, aquí te dejamos el link para que te sumerjas dentro de esta gran historia de Pablo Palazuelo. Seguro que después de leer la historia, correrás inmediatamente a comprar la novela (cosa que puedes hacer también desde aquí).

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La canción de la llanura, de Kent Haruf

La canción de la llanura

La canción de la llanuraYa os hablé de Kent Haruf hace casi un año, cuando leí la maravillosa Nosotros en la noche, una novelita breve que realmente me marcó. Si no la habéis leído ya, no sé a qué esperáis. De verdad, merece mucho la pena.

Así que, claro, maravillada como estaba con la primera novela que había leído de este autor norteamericano, en cuanto supe que Literatura Random House publicaba una nueva novela suya no lo dudé. Era una apuesta segura. Y ya puedo confirmaros que sí que lo ha sido.

La canción de la llanura es el primer libro de la Trilogía de la llanura, inédita en España. Después del éxito que obtuvo el autor gracias a Nosotros en la noche y las maravillosas críticas que recibió, es normal que sigan apostando por él en España. Lo cierto es que, como lectora, había echado de menos su estilo. Y eso que solo había leído un libro suyo. Os hacéis ya una idea, ¿no?

El condado de Holt es el escenario de esta novela. Una pequeña comunidad rural de Colorado donde la vida transcurre sin muchos sobresaltos, o al menos aparentemente. Porque ya se sabe que cada casa encierra sus propias historias y eso es precisamente lo que le importa a Kent Haruf, la intimidad, lo que ocurre de puertas para adentro, esas historias capaces de definir a un lugar.

Así, conocemos a Guthrie, un profesor de instituto que trata de lidiar con la depresión de su mujer mientras se hace cargo de sus hijos, Ike y Bobby. O Maggie Jones, compañera de Guthrie y una pieza muy importante en su vida. Todas las historias se entrelazan entre ellas, Victoria Roubideaux, una adolescente embarazada a la que su madre ha echado de casa, acudirá a Maggie en busca de ayuda. Y así aparecerán los hermanos McPheron, un par de viejos solitarios que viven en una granja a veinte kilómetros del pueblo y que están muy acostumbrados a su soledad.

Como os decía, todas las historias se van conformando a través de los personajes que aparecen en esta novela, entrelazadas, como una gran telaraña, perfecta y brillante. Capaz de sostener toda la carga de estas historias.

Una de las cosas que más me gusta de este autor es su aparente sencillez y su maravilloso don para retratar personajes. Con Canción de la llanura ha vuelto a conseguir que me enamore de ellos, de los personajes que pueblan las páginas de esta novela. Hasta el punto de, ahora que he acabado este fantástico libro, quedarme un poco más vacía sin su compañía. Menos mal que esta vez sé que podré volver a disfrutar de ellos.

No es de extrañar que estuviera nominado al National Book Award y a Los Angeles Times Books Prize por esta novela. Aunque, realmente, no importan los premios. El mayor premio aquí es poder disfrutar de su prosa. Y qué bien que aún nos queda mucho más Haruf por descubrir.

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