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Ya vamos, de Ronja Von Rönne

Ya vamos

Ya vamosUna de las cosas que más me gustan de los libros es que me inviten a reflexionar, a abrir mi mente a algo desconocido y a conocer cosas que nunca he vivido de cerca. Y esto fue lo que me animó a leer esta novela.

Ya vamos profundiza en la vida de una joven, sus miedos, sus sueños y motivaciones tras perder a su mejor amiga, y en sus relaciones de amor y desamor con dos hombres y una mujer. Es cierto que esta mezcla tan extraña llama la atención de primeras, y si además le unes que la autora ha escrito varios artículos con cierta polémica y escribe asiduamente en Die Welt, pues llamó mi atención aun más, si cabe.

Es cierto que la narración de Ronja Von Rönne es sencilla y no destaca por su fijación en los detalles, pero este último aspecto del que os he hablado (la polémica que levanta la autora con sus escritos), no pasa desapercibido en esta, su primera novela.

Y es que el tema que trata es algo escabroso y muy personal. Pero es quizás esto lo que más me ha atraído de la novela. Aunque sea algo que esté a la orden del día, el amor libre es uno de los más desconocidos entre todos nosotros. Pensar que una persona es capaz de amar a dos o más personas a la vez y mantener relaciones sexuales libremente es un tema que, aún para muchos, es difícil de asimilar. Sin embargo, esto es lo que más me ha gustado del libro, la capacidad que tiene la autora de transmitir esto de una forma tan humana y natural, compartas o no su punto de vista. Y esto me ha parecido realmente interesante, ya no solo por la forma tan cercana que tiene de relatarlo la autora, sino también porque es un tema sobre el que no he leído nada hasta el momento.

Además de esto, la autora narra la dificultad y el dolor que nos produce crecer. Cuando somos jóvenes, es difícil la transición a la vida adulta, y creo que lo ha sabido transmitir muy bien a través de la protagonista, Nora. Su crisis existencial, unido al dolor que le produce haber perdido a su mejor amiga y no estar pasando su mejor momento en su relación amorosa a cuatro, nos ayuda a comprender lo que siente realmente el personaje en un mundo en el que está muy mal visto encontrarse perdido en el mundo. Pero, ¿acaso no es necesario perderse para encontrarse? Y más cuando somos jóvenes y estamos descubriendo quiénes somos realmente…

Pero Nora no está tan perdida como parece. Nos demuestra que tiene ganas de vivir, de viajar, de comerse el mundo, pase lo que pase. Y esto es una reflexión que se acerca bastante a lo que la gente dice sobre los millennials: la generación “perdida”, con tantas cosas que no valoran realmente lo que tienen… Sin embargo, esto no es tan cierto como nos lo quieren pintar, o al menos no lo es en la mayoría de los casos. No sé si esto es exactamente lo que pretendía la autora hacernos pensar al leer esta novela, pero es lo que me ha transmitido en el desarrollo de la novela y me ha encantado poder compartir esta historia con ella.

Aunque ha habido algunos aspectos de esta novela que han escapado a mi entendimiento, he de decir que esta novela me ha producido una sensación de vacío debido al personaje principal, un personaje con el que es difícil conectar, pero con el que terminas haciéndolo, a pesar de sus apenas doscientas páginas. Pero también me ha encantado, como ya he dicho, la forma tan cercana con la que la autora nos relata todos los acontecimientos que les ocurren a los personajes, además de cómo desarrolla la trama amorosa entre cuatro personas. Una lectura muy interesante y original que se lee en apenas una hora.

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De quién te escondes, de Charlotte Link

De quién te escondes

De quién te escondesNunca me había parado a pensarlo, pero el argumento de las novelas de suspense psicológico es siempre simple: alguien desaparece o es secuestrado, asesinado, maltratado… Y nuestro objetivo a lo largo del libro es descubrir quién ha sido el culpable y los motivos por los que lo ha hecho. Sin embargo, son algo más complejo que esto, ya que el desarrollo y el final siempre son algo mucho más enrevesado. Sobre todo por la psicología de los personajes, todo un misterio (o debería serlo…) para el lector.

Y eso me he encontrado en esta. Nunca había leído nada de Charlotte Link, pero echando un vistazo a varias de sus entrevistas, antes de leer este libro, me encontré con que es una autora a la que le gusta que los lectores empaticemos con sus personajes, que pensemos que lo que les ocurre a ellos podría ocurrirnos a cualquiera de nosotros el día menos pensado. Y lo verifiqué cuando terminé de leer la novela.

Link se centra en sus personajes, otorgándoles la mayor importancia de todas sus historias. Al menos en esta, me he encontrado con que profundiza en ellos hasta la saciedad. Escarba en sus sentimientos, deseos, motivaciones y miedos más profundos; y creo que esto le da un toque real a la novela. Además de que es lo realmente aterrador, hasta dónde somos capaces de llegar cuando tenemos miedo, cuando nos jugamos todo lo que nos importa en la vida…

Y por esto creo que la autora ha creado una historia que funciona a todos los niveles. Y es que también aborda en otros temas que me han parecido realmente interesantes, como en los límites del amor. Y me diréis: ¿Acaso hay límites en el amor? No. Sin embargo, cuando terminas de leer este libro, te das cuenta de que quizás debería haberlos. Pese a sentir que he empatizado con los personajes, eso no significa que a veces no me hayan repugnado. Sobre todo los principales, son personas con pasados difíciles y presentes aún más complicados, incapaces de enfrentarse a los problemas de la vida. Y esto a veces me ha resultado difícil, al sentir pena por ellos.

Sin embargo, y centrándome en otros aspectos de la novela, me ha sorprendido el ritmo, algo lento al principio pero que, a medida que avanzaba con las páginas, va acelerando y me moría de ganas por saber todo lo que ocurriría al final. Sobre todo cuando la narración se va centrando en varios personajes, incluso algunos desconocidos por el lector y que apenas salen en uno o dos capítulos, dando un sentido general a ciertos aspectos de la trama. Esto aguarda alguna que otra sorpresa y le añade intriga a la historia, haciendo que se lea de una sentada. Además, trata el tema de la trata de blancas, algo que no está a menudo muy tratado en la literatura y que ha llamado mucho mi atención.

De quién te escondes me ha parecido una lectura adictiva y muy interesante, ya que no solo entretiene y cumple con una de las reglas con las que deben cumplir todos los libros, sino que también anima a la reflexión sobre los límites del ser humano. ¿Hasta dónde llegamos por amor? ¿Qué somos capaces de hacer en las situaciones límite, cuando nuestras vidas o las de nuestros seres queridos corren peligro? Es algo sobre lo que me ha hecho pensar esta novela, incluso aun habiendo finalizando la lectura.

Esto es lo que tienen los libros con los que consigues conectar, que te hagan pensar en ellos incluso después de haberlos leído. Y esto no me ocurre muy a menudo, solo con algunos libros, y creo que esto los convierte en especiales. Seguiré leyendo, en cuanto tenga oportunidad, más historias de Link, ya que no parece ser de esas autoras que decepcionan. En absoluto.

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Un grito de amor desde el centro del mundo, de Kyoichi Katayama

Un grito de amor desde el centro del mundo

PUn grito de amor desde el centro del mundoublicada por primera vez en España en 2008, Un grito de amor desde el centro del mundo llega de nuevo a nuestras librerías de la mano de Alfaguara con un mensaje en su faja que seguro que conseguirá que muchos la compren: «La novela japonesa más leída de todos los tiempos». Kyoichi Katayama, que ha superado en ventas a Haruki Murakami, ha conseguido ocupar los dedos de toda una generación de jóvenes japoneses en pasar sus páginas con la historia que nos cuenta directamente Sakutaro Matsumoto, alguien que clama al cielo vivir en un país donde no exista la enfermedad.

Un grito de amor desde el centro del mundo es la narración de una ruptura obligada, una ruptura que llega porque tiene que llegar pero que deja un poso infinito y eterno en quien la narra. Este es Sakutaro – a quien Aki, su amada, llama cariñosamente Saku-chan –, un joven que roza la mayoría de edad y que conoce por primera vez el amor, ese amor que se descubre al cerrar tu taquilla del instituto y encontrarte con unos ojos que por primera vez desprenden hacia ti una red, una red cordial, que deja marca, huella. La historia se nos cuenta en cuatro tiempos que se van mezclando: el inicio de todo, el durante, el después reciente y el un poco más después. La relación entre Sakutaro y Aki crece en paseos, clases y besos furtivos. Y termina, como todos los grandes amores. Todo termina. Pero en este caso el final es excepcional y, a diferencia de su abuelo, quien perdió también, aunque de manera distinta, a su primer amor, Sakutaro deberá decir adiós a Aki para siempre, o por lo menos para ese siempre que nos ofrece la conciencia del presente sin poder imaginar, pensar o creer en que hay un reencuentro posterior, un beso de nuevo, un amor – ese sí – para siempre.

Toda una generación de jóvenes en Japón ha quedado prendada de la historia que narra este libro, un libro que se lee en un día, que pasa rápido y que se olvida lento; un libro que duele pero que a la vez consigue que, por lo menos por un rato, cuando lo cierres mires a la persona que hay a tu lado y sientas la fortuna de seguir teniéndola ahí. Aunque esa persona seas tú. No siempre se está y no siempre se va a estar, es por eso que el mejor camino a tomar es el de exprimir el instante, beber hasta la última gota de una copa que siempre acaba rota.

Un grito de amor desde el centro del mundo está bien, aunque sigo prefiriendo a Murakami. Pero eso sí, había un pensamiento que me asaltaba mientras lo leía y que no puedo evitar dejar aquí escrito: ojalá me hubieran dado a leer este libro en secundaria, una época en la que la lectura se enquista en la parte cerebral del odio como algo aburrido – ¿quién diablos escoge esos libros? –, obligado y olvidable. Este sí vale la pena, aunque haya veces que las bromas, los chistes, las referencias culturales o geográficas nos puedan quedar un poco lejos – y suerte de Lourdes Porta, la traductora, que ofrece pinceladas a pie de página sobre lo más complicado de entender –. Pero aunque está escrito a miles de kilómetros de aquí, lo que se cuenta es algo universal, común a todos los mortales; ¿o acaso tú nunca has perdido a nadie a quien amabas?

El primer amor, el primer desamor, la primera pérdida y la primera superación de esta – si es posible alguna vez superarla -. Todos hemos sido jóvenes, todos hemos dicho adiós, todos nos hemos visto gritando en silencio al amor perdido desde el centro del mundo, de nuestro mundo. A veces un libro ayuda, ¿será este?

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Cuentos para contar en 1 minuto, de Victoria Bermejo y Miguel Gallardo

Cuentos para contar en 1 minuto

Cuentos para contar en 1 minutoVale que vivimos en un mundo que se empeña en ir a toda pastilla, que cada vez tenemos menos tiempo para nosotros, que andamos como locos de aquí para allá y que tenemos más obligaciones y compromisos que un ministro (aunque éstos de obligaciones tampoco es que entiendan mucho). Pero por favor, please, s’il vous plaît, tenemos que encontrar tiempo para nuestros placeres y si hay alguno mejor que la lectura decídmelo (os recuerdo que estamos en horario infantil).

Así que si sois de los que tenéis poco tiempo pero no queréis renunciar a ese ratito de placer, Cuentos para contar en 1 minuto es vuestro libro. Sí, porque además del placer de leer, hay otro placer mayor que es el poder contarle un cuento a un niño. Es una terapia maravillosa.

Ya no tenéis ninguna excusa, porque estoy segura de que un minutito al día seguro que podéis sacar para dedicarle a vuestros hijos, sobrinos o primos, ¿verdad?

Las razones por las que éste es el libro del momento que aparecen en la contraportada del libro ya me parecen de peso. La primera es que ha llegado la hora de recuperar el placer de contar historias. Ya os lo decía yo. La segunda es que este libro contiene cápsulas de literatura que reflejan el mundo actual con astucia, humor y entereza. Y es verdad, amigos. Se trata de cuentos actuales, con niños de hoy e historias que nos podrían suceder a nosotros. Además, son divertidos y muy fáciles de leer. El tercer motivo es que como sabéis, son minicuentos, algo que viene genial para la gente a la que precisamente no le sobra demasiado el tiempo. La cuarta razón es que estos cuentos tienen un “humor regocijante”. Sí que lo tienen. Confieso que las historias son divertidas y te hacen reír y pensar. El quinto motivo es que está escrito por Victoria Bermejo, artista versátil donde las haya y por Miguel Gallardo, dibujante, guionista e ilustrador. El último motivo es que este libro es perfecto para padres y madres estresadas, niños gamberros, eternos adolescentes, ejecutivos necesitados de asueto, pescadores de historias y un largo etc.

Servidora está totalmente de acuerdo con todos estas razones que hacen que Cuentos para contar en 1  minuto sea el libro perfecto. Solo añadiría algo más. Probad en vez de leerles un cuento a leerles, por ejemplo, tres. ¿Qué son tres minutos? Para nosotros casi nada y los niños seguro que lo agradecerán. Porque si hay algo más divertido que un cuento en minuto, es que te lean tres o cuatro, o cinco, o seis. ¿No os parece?

El tiempo dedicado a leer con los más pequeños es un tiempo valioso que tendrá sus frutos en el futuro. Palabrita.

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Malaz 1: Los Jardines de la Luna, de Steven Erikson

malaz 1 los jardines de la luna

malaz 1 los jardines de la lunaCuando abrimos un libro, cuando nos enfrentamos a una nueva lectura, nos convertimos en unos exploradores que arriban a tierras extrañas. Somos como seres de otra galaxia observando lo que acaece en un mundo desconocido. Al principio es habitual sentirse algo desorientado. Lugares nuevos, nombres impronunciables, batallas, amores, amistades y traiciones… Ocurren tantas cosas que hasta que no encajamos las piezas de los diferentes hilos narrativos no empezamos a vislumbrar algo de luz entre tanta bruma. Pero una vez alcanzamos esa claridad, ese momento en el que los lugares empiezan a sernos familiares, los personajes nuestros amigos (o enemigos) y las situaciones a tener una relación entre sí, desaparece esa sensación de confusión que habíamos sentido en los primeros compases de la historia. Y esto es así con cada libro. Con algunos se tarda más que con otros en abandonar esa sensación desasosegante de estar perdiéndote algo. En general el género de la fantasía, al crear mundos imposibles y situaciones extraordinarias, acostumbra a llevarse la palma en lo que se refiere a ese efecto de inopia transitoria. En particular, y como caso diría que único, Los Jardines de la Luna, el primer volumen de la saga Malaz: El libro de los caídos, es un grandísimo ejemplo de como ese efecto de desconcierto puede alargarse hasta extremos insospechados, convirtiéndose luego en una pieza clave de todo un entramado complejo y portentoso.

Los Jardines de la Luna de Steven Erikson lanza ferozmente al lector, desde la página uno, hacia el mismo vórtice de un conflicto titánico. El imperio de Malaz conquista ciudades a su paso y ahora ha puesto el foco en Darujhistan: la última de las ciudades libres del continente de Genabackis. Es en esta ciudad donde partidarios y detractores del imperio Malazano irán moviendo sus hilos para que la suerte se ponga de su lado. Es por ello que en este lugar confluirán un conjunto de fuerzas tan poderosas y antagonistas como la legendaria unidad de élite de los Abrasapuentes, expertos en tácticas de sabotajes y avanzadilla de ejércitos, la Garra y su unidad especial de asesinos, La cábala de T’orrud compuesta por magos y hechiceras o los parroquianos de la taberna del Fénix, en dónde se reúnen ladrones, asesinos de profesión, magos que no lo parecen y gente de apariencia normal pero de habilidades extraordinarias. A todos estos personajes, y a medida que avance la historia, se les irán uniendo otros tantos. Los cambios de bando se sucederán en busca del propio interés y las traiciones estarán tan a la orden del día que deberán andarse con ojo si no quieren acabar con un puñal en la espalda.

Los Jardines de la Luna no es un libro fácil. No es el típico libro de fantasía en el que a cada página el autor hace un pequeño paréntesis para contextualizar, hacer entender a sus lectores, explicarles el porqué de todo lo que ocurre, aclarar por qué la magia funciona de tal forma o de dónde han surgido las diferentes razas. No, Steven Erikson no es el típico autor que simplifica la narración porque cree que sus lectores son idiotas redomados. Y un ejemplo es el arranque del libro en el que todo se da por sobreentendido y el lector no puede ni distraerse un segundo. A la mínima distracción estarás perdido y deberás leer de nuevo, visitar la sección de dramatis personae o el glosario. Y así hasta la página 160 aproximadamente, que, teniendo en cuenta que el libro goza de 765 páginas al final no resulta tanto esfuerzo. Y es que Steven Erikson lo que busca de nosotros es un poco de compromiso y bastante atención, y una vez lo conseguimos, una vez aunamos ambas capacidades, como si de un hechizo se tratara, la lectura se convierte en algo tan placentero que es imposible abandonarla.

Si hay algo por lo que debamos dar gracias a Steven Erikson, e incluso alabar, es porque Los Jardines de la Luna sea un libro de fantasía que se enorgullece de pertenecer a ese género. Steven Erikson no esconde lo que narra tras una falsa fachada de relato medieval que a medida que transcurre transmuta levemente en aventura de espada y brujería. Los Jardines de la Luna es fantasía desde la primera a la última página. Magos y hechiceros que obtienen sus poderes mediante Sendas; objetos que son fuente de poder; dioses que caminan entre los hombres y que juegan con estos de la misma forma que lo hacen en la mitología griega; dragones, espadas mágicas, cuervos sustentados por la magia y seres capaces de moverse entre diferentes planos de realidad. Con todo, Erikson no deja de lado el desarrollo de personajes, todo lo contrario, trata con enorme mimo este punto además del relacionado con las intrigas palaciegas o las estrategias militares.

En definitiva, Los Jardines de la Luna publicado por Nova es una obra tremendamente ambiciosa que culmina con éxito cada una de sus metas. Este primer volumen del universo Malaz rezuma fantasía heroica por los cuatro costados, una fantasía de la que quedarás impregnado tras haber cerrado el libro y que te obligará irremediablemente a continuar con el segundo volumen de la saga: Las puertas de la Casa de la Muerte.

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El rapto del príncipe Margarina, de Mark Twain, Philip Stead y Erin Stead

El rapto del príncipe Margarina

El rapto del príncipe MargarinaHay libros que son un tesoro y, sin duda, El rapto del príncipe Margarina es uno de ellos. Hay tantas razones para catalogarlo así que no sé por cuál de todas empezar. Así que comenzaré hablándoos de la noche en la que se fraguó esta historia.

Era una noche cualquiera en el hogar de la familia Langhorne. Clara y Susy, que sabían la suerte que tenían de que Mark Twain fuera su padre, nunca desaprovechaban la ocasión de irse a la cama escuchando un cuento inventado exclusivamente para ellas. Pero no se conformaban con cualquier historia, no. Disfrutaban planteándole retos literarios cada vez más complicados para poner a prueba su imaginación. Y se ve que habían sacado el sentido del humor de su padre, porque aquella noche le pidieron que inventara un cuento inspirándose en un diagrama de anatomía de una revista.

¿Qué historia podía salir de ahí? Pues la de las aventuras del pequeño Johnny para vender su pollo; durante su viaje, se cruzaba con extraños personajes y terminaba envuelto en la misteriosa desaparición del príncipe Margarina. Una preciosa historia que ahora todos podemos disfrutar en El rapto del príncipe Margarina.

Pero la versión que Océano Travesía ha publicado no es exactamente la historia que se narró aquella noche. Y es que Mark Twain creó decenas de cuentos para sus hijas, pero nunca los transcribió. Sin embargo, de El rapto del príncipe Margarina sí tomó bastantes notas y, a partir de ellas, ha surgido este maravilloso libro. Por eso, leerlo es como poseer un tesoro. Sabes que tienes entre las manos algo único: un cuento inteligente y honesto que, hasta ahora, había permanecido inédito e inconcluso.

Ha habido que esperar casi dos siglos para que aquellas anotaciones se recuperaran y Philip y Erin Stead las tomaran para acabar de darles forma. Philip Stead reescribe el cuento desde el respeto al célebre escritor estadounidense, sabiendo captar su esencia, su humor, su crítica y su ritmo narrativo repleto de aventuras. Y, además, aprovecha para tomarse un té con Mark Twain entre las páginas de este libro. Así, es él mismo el que le narra aquel cuento que contó a sus hijas, y Stead —cumpliendo la fantasia de cualquier lector— no para de interrumpirle para hacerle preguntas e inventar versiones alternativas cuando el curso de los acontecimientos no le convence. Este cuento dentro de otro cuento hace que todavía los sintamos más cercanos.

No nos olvidemos de Erin Stead, que también contribuye con sus ilustraciones a que este libro sea un tesoro. Con su manejo de varias técnicas —grabado de madera, tinta, lápiz y cortadora láser—, nos cuenta visualmente la historia, transmitiendo su sátira y su dulzura, así como su homenaje a la naturaleza y a los animales.

Y por si todas esas razones no fueran suficientes para reconocer el valor de este libro, encima Twain —o Philip Stead, quizá— nos desvela en él las palabras mágicas para salvar a la humanidad de tanta sinrazón y estupidez. Y no sabéis cuánta razón tienen. Cuando las descubráis, custodiarlas bien y compartirlas con quien las merezca. Igual que El rapto del príncipe Margarina, un tesoro literario que se revaloriza con cada lectura.

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La ciudad de cristal, de Paul Auster, adaptada por Paul Karasik y David Mazzucchelli

La ciudad de cristal

La ciudad de cristalYo estaba enfadada con Paul Auster y ahora no recuerdo por qué. Podría parecer el comienzo de una de sus novelas, pero es pura realidad. ¿Vosotros no os enfadáis con personas que ni siquiera conocéis? Pues yo sí. Sé que me enfadé con él porque mucha gente me recomendó leer sus novelas, pero cuando lo leí me decepcionó. No sé qué novela era, pero sé que le eché un poco la cruz y hasta ahora no he podido reconciliarme con él.

Esta adaptación a novela gráfica de uno de los libros de su trilogía más famosa me pareció una buena oportunidad para entrar en el universo Auster de otra forma. Ya que lo había intentado por las buenas y no había cuajado la cosa, creí que esta adaptación iba a conseguir que hiciésemos las paces. Y así ha sido, pero eso mejor os lo cuento después.

La ciudad de cristal es la primera novela de La trilogía de Nueva York, compuesta por tres libros cuya trama se desarrolla en dicha ciudad: Ciudad de cristal (1985), Fantasmas (1986) y La habitación cerrada (1986). Todas pertenecen al género detectivesco o novela negra.

Art Spiegelman, encargado del prólogo del libro, ya explica en la introducción que adaptar este libro a novela gráfica no era una tarea fácil. E imagino que no debe serlo casi con ningún libro y mucho menos con uno de Auster, a quien habré leído poco, pero me consta que un poco espeso escribiendo sí que es. Además como explica Spiegelman, “Ciudad de cristal es una novela muy poco visual, una compleja maraña de palabras e ideas abstractas expuestas con estilos narrativos que su autor se divierte en cambiar”. Aun así, bajo esa difícil premisa, consiguió que David Mazzucchelli (dibujante, por ejemplo, de Batman: Year one de Frank Miller) y Paul Karasik, antiguo ex alumno suyo, se involucrasen en el proyecto. El mismo Paul Auster incluso colaboró con ellos estudiando el boceto y ofreciendo algunas sugerencias. El resultado de todo ello lo tengo en mis manos y puedo decir que estéticamente es bastante chulo.

En La ciudad de cristal, Quinn, un escritor de novelas policíacas, recibe un día una llamada telefónica que le cambiará el devenir. Quien le llama pidiéndole ayuda le confunde con el detective Paul Auster. Quinn, decide entonces hacerse pasar por Paul Auster y acude a la llamada de socorro de un poeta con un pasado un tanto complicado. Su padre, un loco de las religiones le encerró durante nueve años. El niño fue rescatado y el padre internado. Pero está a punto de salir y el hijo teme por su vida, por ello solicita los servicios del detective Auster, ahora interpretado por Quinn. Como veis, un lío de narices en el que se mete este escritor. Una situación que le llevará al límite, tanto física como psicológicamente.

Si ya la adaptación me ha parecido compleja en cuanto a la trama, no quiero imaginar cómo debe ser la novela. Por eso creo que  La ciudad de cristal, en esta adaptación, es una auténtica maravilla. Por el riesgo que supone adaptar una novela así y por los extraordinarios resultados obtenidos.

Ahora que ya he hecho las paces con Paul Auster gracias a este libro creo que voy a darle otra oportunidad. Es lo que tienen los buenos libros y las geniales adaptaciones.

 

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Rock & Roll, de Carlos Zanón

Rock & Roll

Rock & RollAbrir un poemario con un «¡Bang!» no puede sino avanzar que los versos que le seguirán serán dolorosos, de pérdida, de despedida. Un adiós a la primera novia, a la caricia de la madre, a la emisora que radiaba tu canción favorita. Un adiós al rock and roll. De eso, de música rock y de amor y de funestos desenlaces y de escribir, prosa o verso, sabe un rato Carlos Zanón. Escritor cultivado en el género negro con obras imprescindibles en nuestras letras como Tarde, mal y nunca (RBA) o la ganadora del Hammet 2015 Yo fui Johnny Thunders (RBA), entre otras, y de otros poemas recogidos en Tictac Tictac (Carena, 2010) tiene ya preparada su próxima novela que verá la luz el 5 de octubre. Taxi, se llamará.

Con tal noticia me introduje en su vertiente poética para encontrarme con un librito de mayúsculo título: Rock & Roll (66rpm Edicions, 2014). Sabido de su afición por este estilo musical, quise dejar que me llevara por su verso libre, esa poesía que bebe del estilo beat y de las poesías de rock, y que las nuevas generaciones explotan en sus creaciones, para encontrarme con un tópico literario que, este sí, ya desarrolló Jorge Manrique en sus Coplas a la muerte de su padre. Es la poesía de Zanón un ubi sunt desgarrado que añora la pérdida de esas estrellas del rock que una vez brillaron. Aquellas que una vez le hicieron disfrutar de sus canciones, seguramente en buena compañía, vaso en mano o mano por debajo del jersey de su chica. Así, el primer poema va en rendido tributo a Elvis. No es coincidencia; la ballena blanca que cae abatida y en cuyos últimos versos, Zanón desenmascara su dolor por la pérdida:

«Esto no puede acabar así,
varado
lejos de todos y todo,
huérfano, gordo, solo
y también muerto».

Ese ¿Dónde están? de Zanón le desgarra, los vive como pérdidas reales donde él se refleja. El rock dejó de sonar en un momento en el que él perdía a su primera novia, o la amante le cantaba canciones ya muertas. Lo cotidiano se mezcla con su pasión por la música. Varios son los músicos a los que les entrega unos versos entre oda e insulto; por haberle dejado, por haber expirado. Quizás, llevado por la rabia de pensar que nos contaron una mentira sobre los héroes, aquellos a los que nos queríamos parecer y que, en el fondo, no son más distintos que tú o yo. Zanón así lo ve.

Y acaso el amor, o lo que nos dijeron que era amor, ¿no es también una carcasa, un engaño?, se pregunta su autor. A través de sus páginas, en Rock & Roll se precipitan los sentimientos, tocado de gracia por el primer amor, la primera novia que, en la ingenuidad y exaltación adolescente, se disparan las emociones vividas. Experiencias que una vez compartieron, una calle que doblaron, una plaza donde se besaron. ¿Y ahora? Ahora quedan las palabras de aquel recuerdo, de aquel fue y fuimos y ya no seremos.

Este libro es, en definitiva, un poemario sobre la pérdida de la juventud que implacable desaparece. Que las canciones quedan, inertes, y la poesía también. Que eso cuenta al fin y al cabo, la añoranza de todo aquello que Carlos Zanón vivió en sus carnes y refleja en palabras que suenan a rock and roll.

 

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La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad, de I.J Hernández

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedadEs la segunda vez que leo algo de I.J Hernández, este publicista  y escritor de La Palma. Mi primera experiencia con él fue gracias a su poemario Me preguntaron por drogas y hablé del amor. Si pincháis en el enlace podréis leer la reseña. Si no tenéis ganas, os cuento que al principio me enfrenté a él con bastante reticencia. Es ese miedo que tengo a leer la poesía de jóvenes poetas actuales. Me he llevado muchos chascos y por eso suelo leerlos con la coraza puesta. Pero I.J Hernández consiguió que acabase su poemario sin coraza, desnuda y agradecida. Su poesía me llegó. Su tristeza, su rapidez y esa conexión que hizo que mi corazón parpadease. Me gustó. Por eso, cuando supe que iba a publicar nuevo libro quise leerlo, para saber si era verdad esa conexión, si aún continuaba.

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad no es un poemario, es una novela. Aunque os diré algo: con I.J Hernández es muy difícil marcar los límites entre la prosa y la poesía, porque el poeta no puede evitar serlo. Ese estilo poético del que os hablaba hace unas líneas está presente en esta novela. ¿Y sabéis qué? Me encanta. Me encantan los escritores que no se esconden, que no fingen, ni pretenden ser otros. I.J Hernández es genuino y es algo que encuentro maravilloso.

Es difícil haceros una reseña en pocas líneas sobre este libro porque creo que es un libro que necesita ser leído y no contado. ¿Os parece raro? La rapidez, el ritmo y la lírica de su prosa son las culpables, benditas culpables, de que hablar sobre él me resulte complicado.

El nexo común para todos los personajes de esta novela es la ciudad de La Laguna y un mismo edificio, el edificio Luna. Allí viven Eleanor Smith, una joven que descubre en África el secreto de la inmortalidad. También está Salvatore Curtis, un escritor de novela negra que para poder escribir ha de meterse en la piel del asesino. O Victoria, una joven que una noche desaparece sin dejar rastro.

Personajes raros, ácidos, míseros y al mismo tiempo emotivos. Porque, aunque parezca difícil, el autor consigue que nos metamos en su piel, en lo más profundo de sus pensamientos y que vivamos con ellos esas extrañas aventuras que completan el conjunto de esta novela.

La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad no es un novela fácil, no os mentiré. Ni si quiera sé si es apta para todos los públicos. Y con para todos los públicos me refiero a todo tipo de lectores. Pero sí sé que los lectores que nos sentimos retados, que conseguimos conectar con I.J Hernández nos rendimos. ¿Yo? Me rindo de nuevo ante su compleja escritura, ante sus frases rápidas como balas, ante la sordidez y lo genuino.

Este aire fresco que nos ofrece el autor en La luna nos odia con toda la fuerza de su gravedad es todo un regalo para los amantes de la literatura.

 

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Un lugar pagano, de Edna O´Brien

Un lugar pagano

Un lugar paganoDebo reconocer que siempre he sentido una cierta debilidad por la literatura y el cine irlandeses, y no especialmente por las historias en sí mismas sino por el ambiente que suelen retratar, por esa concepción sencilla de la vida, por el respeto a la tradición, y por esa mirada capaz de relativizar las cosas que permite afrontarlas con una apacibilidad que es uno de los bienes más difíciles de encontrar en la vida real. Sin embargo últimamente comienzo a dudar de mi propia idea, tal vez ese ambiente bucólico no sea más que una cortina de humo para sobrellevar una realidad más bien sórdida. Edna O´Brien logra algo en apariencia contradictorio, que es reforzar ambas teorías contrapuestas. El tono de Un lugar pagano, una de las pocas, si no la única, novela narrada en segunda persona que recuerdo haber leído, refuerza esa idea de existencia apacible gracias a la sistemática relativización de los hechos. La narradora le va contando a la protagonista su vida (la de la niña protagonista, que probablemente sea la misma persona) entre otras tantas anécdotas, sucesos y vidas, pasando de un tema a otro con una naturalidad que parece transmitir que se encuentran todas en un mismo plano, todas igual de importantes. Pero desde luego no lo son, porque en ese tono casi displicente se tratan temas ciertamente dramáticos. Pero el tema central es el fin de la infancia y cómo se produce, el paso de niña a mujer como algo casi furtivo, la sexualidad como un misterio.
Desconozco si es un truco estilístico de la escritora o es un truco psicológico extendido entre la población irlandesa de la época, pero en todo caso es uno muy efectivo que consigue sobrellevar la narración (o la propia existencia) con una sensación de levedad que logra que uno racionalice lo leído con cierta serenidad. Y lo leído es atroz, tan fantásticamente bien escrito como terrible en la realidad. Se puede disfrutar de lo que lees al tiempo que sufres por lo que te cuentan, es una de las grandezas de la literatura.
La existencia que se retrata en Un lugar pagano es dura. Lo es en general y como suele suceder en estos casos lo es más para las mujeres. Lo es para las mujeres y como sucede siempre lo es en estos casos lo es infinitamente más para las niñas, para las jóvenes. Narrar con una voz hermosa una historia que transcurre entre railes construidos a base de fanatismo religioso, incultura, violencia, machismo, alcoholismo y abuso es un raro mérito de Edna O´Brien. Sería interesante conocer cuánto pesa en el ánimo de un padre que le da una paliza terrible a su hija a causa de un rumor que dice que la han visto flirtear con un cura, la convicción religiosa, el concepto de pecado, y cuánto pesa algo tan mundano como el whisky. Paliza, por cierto y puede que esto sea lo más impactante, alentada por la madre.
Pues en este panorama nada bucólico, la voz de Edna O´Brien consigue elevarse sobre la brutalidad y defender un papel diferente para la mujer. Más libre. Y no es que lo consiga ahora, es que lo hizo en su época y en su espacio. Tengo para mí que si el mérito literario de Un lugar pagano es incomparable, aún lo es más desde un punto de vista social. Una obra indispensable capaz de poner las cosas en su sitio sin sacrificar lo positivo, porque por dolorosas que sean muchas de las cosas que cuenta, el atractivo del lugar no se resiente, al contrario, ayuda a ponerlo en valor a través de las vidas de quienes las padecieron sin perder su espíritu.

Andrés Barrero
@abarreror
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La sombra del Golem, de Éliette Abécassis y Benjamin Lacombe

la sombra del Golem

la sombra del GolemQuizá todo empezó con La mecánica del corazón. Las ilustraciones de un joven Benjamin Lacombe —tan tiernas y, a la vez, tan oscuras— casaron a la perfección con la historia de Mathias Malzieu. A muchos lectores nos recordó a los buenos tiempos de Tim Burton. Pero con el paso de los años, Benjamin Lacombe ha conseguido desmarcarse de esas comparaciones y ocupar un espacio propio. Por eso, ahora basta con que sus ilustraciones aparezcan en la portada de un libro para que este se convierta en el objeto del deseo de bibliófilas como yo.

Las magníficas ediciones de Edelvives de Cuentos macabros, de Edgar Allan Poe, y Nuestra señora de París, de Victor Hugo, ilustradas por Benjamin Lacombe, ocupan un sitio de honor en mis estanterías hace tiempo. Y al ver La sombra del Golem, escrito por Éliette Abécassis, pensé que sería un libro perfecto para hacerles compañía. Con los clásicos había ido sobre seguro: los había leído y disfrutado anteriormente. Pero ha sido una alegría comprobar que La sombra del Golem también me ha gustado por dentro tanto como por fuera. Y es que la historia que se narra en sus páginas es tan preciosa como las ilustraciones de Benjamin Lacombe que la acompañan.

Abécassis y Lacombe nos trasladan a la Praga de finales del siglo XVI. El emperador Rodolfo II, príncipe de la casa de los Habsburgo, gobierna un país que lucha desde hace años contra los protestantes, la ciencia, la alquimia y todo lo que esté relacionado de un modo u otro con los judíos. Estos viven recluidos en el gueto, pero el monje Tadeo, consejero del Rodolfo II, quiere expulsarlos del país de una vez por todas. Es entonces cuando Rabbi Yeouda Loew ben Bezalel, conocido como el Maharal de Praga, crea el Golem, una figura informe nacida de la tierra, el agua, el aire y el fuego. Se mueve como un títere a las órdenes de su creador, que lo utiliza para defender a los judíos de todos aquellos que pretenden hacerles daño. Y Zelmira, una niña de diez años, hija de alquimistas y testigo de estos increíbles acontecimientos, es quien nos los relata.

Éliette Abécassis y Benjamin Lacombe recrean la conocida leyenda judía que dio origen a la figura del Golem, un ser fantástico con gran influencia en la literatura, para hablarnos de ese convulso periodo en los países checos. Y entre realidad y fantasía, nos ofrecen una lectura filosófica sobre el significado y las consecuencias de la conciencia, la inteligencia, el amor y la libertad. Un cuento tan triste como esperanzador, que nos hace ver lo peor y lo mejor de los seres humanos.

Dicen que La sombra del Golem es una lectura recomendada para niños entre doce y catorce años, pero para mí los buenos libros no tienen edad. Menos aún uno como este, que transmite valores como la tolerancia (esa que no acabamos de interiorizar, por muchas veces que se repitan los hechos a lo largo de la Historia) y que, además, recupera un mito que hoy está en plena vigencia, pues plantea si es posible el dominio de la máquina sobre el hombre.

Por todo eso, La sombra del Golem ya luce en la primera línea de mi librería personal. Esta vez no solo quiero lucir su preciosa edición, sino que deseo que otros lectores sucumban al embrujo de su portada y se adentren en sus páginas. Así descubrirán que la verdadera belleza de este libro habita en el mensaje de su historia.

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Primero de poeta, de Patricia Benito

Primero de poeta

Primero de poetaEl día en que Patricia Benito decidió matricularse en Primero de poeta sin duda fue un gran día, al menos para los lectores. Resulta curioso cómo es posible que habiendo superado el curso con una nota inmejorable, uno desea que se transforme en curso-marmota y lo repita indefinidamente, no sea que en segundo de poeta aprenda a perder la frescura, la honestidad y el encanto que hacen de éste no solo un buen libro, sino uno entrañable. Tanto que le dan a uno ganas de matricularse en primero de persona, de recuperar esa mirada fresca que permite medir el tiempo en medias cervezas y no hacer planes a más de cerveza y media.
Resulta francamente emocionante asomarse al corazón de esta recolectora de mariposas que es Patricia Benito, uno ve estas páginas honestas, transparentes y se pregunta si en Primero de poeta había otra asignatura que la libertad. Libertad para escribir, para sentir, para amar o, en fin, para vivir. El talento para escribirlo y la honestidad para desnudarse y lograr que las letras sean sus mejores galas no se enseña, aunque se aprende, pero en cualquier caso corre de su cuenta.
De todas las libertades que pueblan este poemario, desde luego la que se toma con la ortodoxia académica, con la métrica, no es la más definitoria del libro, de hecho tengo para mi que aunque la forma sea importante por lo hermosa, el alma de este libro no tiene nada que ver con ella sino con el fondo, con ese sentimiento vitalista e inquieto que lo ilumina.
Cosas como

Hace tiempo aprendí
A poner un “creo” detrás de
Mis verdades más absolutas.

Y un par de oídos.

Desde entonces,
Salgo ganando siempre.

Son además una muestra de sabiduría, aunque supongo que esa palabra no gustará a la autora o en todo caso le provocará cierto sonrojo. También lo es eso de “Vive, joder, vive” que sirve en cierto modo de leit motiv al libro, ya que nos ponemos.
La legión de quienes no tenemos la suerte de cursar estos estudios de Primero de poeta que Patricia Benito plasma en este libro, los que empezamos demasiadas frases por “tengo que” en lugar de por “quiero”, no puedo decir que cambiemos, seguro que este curso tiene un cupo de acceso limitado a quienes de todos modos no lo necesitan, pero nos queda el consuelo de leerlo y de sentirnos reconfortados. Tal vez no convirtamos los “tengos” en “quieros” pero el libro nos hace recuperar cierto espíritu, cierta paz, porque al menos nos damos cuenta de que nuestros “tengos” son voluntarios y realmente son “quierotenerqués”. Puede que suspendamos Primero de poeta pero siempre nos queda Patricia Benito, esa incontinente sentiverbal que prequiere demasiado rápido y desquiere demasiado lento, para disfrutar del camino.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es