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Gnomos, naranjitos y mosqueperros, de Juan José Zanoletty

gnomos naranjitos y mosqueperros

gnomos naranjitos y mosqueperrosEs posible que si te digo que voy a hablar de Claudio Biern Boyd, no tengas ni idea de quién es. Tal vez, si añado que le han llamado el Walt Disney español, tampoco. Es más, apuesto a que te ríes y piensas que estoy exagerando. ¿Walt Disney español? ¿Tenemos de eso? ¿¡Nosotros?! ¡Venga ya!

Así que probaré con esta canción, a ver si te es familiar:

«Eran uno, dos y tres
los famosos mosqueperros.
El pequeño D’ Artacán
siempre va con ellos…».

O esta:

«Son
Ochenta días son.
Ochenta nada más
para dar la vuelta al mundo…».

¿Y qué me dices de esta?:

«Soy siete veces más fuerte que tú,
muy veloz.
Y siempre estoy de buen humor».

¿A que ya empiezas a recobrar la memoria? Reconócelo: no has podido leer esas estrofas sin cantarlas. ¡Y han pasado más de veinte años desde que te sentabas con la merienda delante del televisor! Qué bonitos recuerdos, ¿verdad? Pues dale las gracias a Claudio Biern Boyd, el hombre ese del que te hablaba al principio. Su equipo de BRB Internacional y él son los creadores de muchas de las series de dibujos animados que marcaron nuestra infancia. Y Juan José Zanoletty nos habla de ellos en Gnomos, naranjitos y mosqueperros.

Es normal que oír «el Walt Disney español» nos suene a guasa. Y es que nunca ha habido en España una industria de la animación consolidada que pudiera hacer frente a las producciones norteamericanas y japonesas. Pero durante muchos años existió BRB Internacional, que logró abrirse hueco y ser reconocida a nivel mundial. Desde 1980 hasta 2016 crearon cuarenta y cuatro series para televisión y distribuyeron otras tantas —Banner y Flappy, El bosque de Tallac (Jackie y Nuca, para la mayoría) o Tom Sawyer—, que se ganaron el corazón de varias generaciones de niños. En Gnomos, naranjitos y mosqueperros, Juan José Zanoletty se centra en las series producidas de 1980 a 1994, el periodo más exitoso de BRB Internacional.

En su particular «vuelta al mundo en dibujos animados», el viaje comienza con Ruy, el pequeño Cid, la primera serie producida por el equipo de Biern Boyd, en la que se contaba la vida de Rodrigo Díaz de Vivar. A esta le siguieron las famosas D’Artacán y los tres mosqueperros, La vuelta al mundo en ochenta días de Willy Fog, David el gnomo, Sandokan, Mortadelo y Filemón y Zipi y Zape, donde usaron la literatura como principal fuente de inspiración.

No se quedaron ahí. Supieron aprovechar el tirón de grandes eventos como el Mundial 82, con la serie Fútbol en acción, protagonizada por Naranjito, y las Olimpiadas del 92, con La troupe de Cobi (capítulos en los que el autor nos cuenta, además, cómo se seleccionaron la famosas —y criticadas— mascotas), así como la Exposición Universal de 1992 y el V Centenario del descubrimiento de América con la serie Las mil y una… Américas. Pero no solo eso, ya que en BRB Internacional también hicieron sus pinitos como divulgadores de ciencia con el concurso Los sabios, presentado por Andrés Caparrós e Isabel Gemio.

Además de recordarnos de qué iban todas estas series y muchas más, encontramos curiosidades sobre ellas (¿a qué se debía ese empeño en transformar en animales a los protagonistas de los clásicos de la literatura de Dumas, Verne o Salgari ?), la censura o cambios que se llevaban a cabo según el país en el que se emitían, el proceso de creación (¿por qué se delegaba la animación a otros países?) y los dimes y diretes de la industria del entretenimiento. Todo eso hace que Gnomos, naranjitos y mosqueperros no solo sea un viaje nostálgico a nuestra infancia a través de sus series de dibujos animados, sino un reconocimiento a Claudio Biern Boyd y su equipo. Demostraron que en España también se podían crear series comerciales, llenas de aventuras y humor, sin dejar de lado los valores y los buenos guiones.

Que cada cual valore si el apelativo del Walt Disney español le queda grande o no a Claudio Biern Boyd. Lo que este libro y su trayectoria demuestran es que, sin duda, es uno de los padres de la animación moderna europea, que no es poca cosa tampoco. Así que hagámosle hueco en nuestra memoria, junto a esos personajes y esas canciones inolvidables que nacieron gracias a él.

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El astronauta de Bohemia, de Jaroslav Kalfar

El astronauta de Bohemia

El astronauta de Bohemia

Jakub Prochàzka es un héroe nacional en la República Checa. A bordo del JanHus1, el ingenio más puntero jamás producido en su país, flota en dirección a la nebulosa Chopra, junto a Venus, un lugar al que ningún Estado más avanzado tecnológicamente se ha atrevido a mandar sus tripulaciones. Convertido en un major Tom de carne y hueso, habla con su mujer por videoconferencia y por supuesto todos los escolares quieren saber la marca de sus calzoncillos y la composición de sus comidas.
Jakub Prochàzka es el hijo de un funcionario del régimen comunista. De un torturador. Un hombre atribulado, vástago de la última generación anterior a la revolución, que recuerda vivamente cómo la dictadura feliz de su infancia se convirtió de la noche a la mañana en la república atroz de su adolescencia.
Jakub Prochàzka es la mitad de un matrimonio feliz. Jakub Prochàzka es la mitad de un matrimonio que se separa. Desde el firmamento no lo tiene muy claro. Las dos cosas pueden ser verdad o mentira al mismo tiempo, y Jakub busca las pistas para encontrar la solución a este enigma en la nebulosa, nunca mejor dicho, de su memoria reciente.
Jakub Prochàzka es un nieto devoto. Carga con la mitad de las cenizas de su abuelo, el héroe de un héroe nacional, en una caja de puros habanos que llegó de Cuba, y sueña con abrirla y esparcir su contenido por entre las estrellas. No cuenta con las alucinaciones provocadas por el viaje, ¿o acaso no son alucinaciones?
Jakub Prochàzka es el niño que busca al asesino de sus padres, al culpable más allá de la revolución de que a los nueve años se quedara huérfano de los dos. Podríamos decir que Jakub Prochàzka es el Batman de Bohemia si no fuera porque le gustan demasiado los dulces y las patatas con crema agria y la cerveza Pilsen, orgullo de todo un país, como para enfundarse en un traje de murciélago para salvar las torres milenarias de Praga del turista invasor.
Jakub Prochàzka es el protagonista de El astronauta de Bohemia. Jakub Prochàzka es Jaroslav Kalfar, el autor, o eso me da en la nariz. Excepto por lo de Venus. Porque los dos son checos y porque se trata de la primera novela de Kalfar, y, como todos sabemos, los escritores hablan inevitablemente de sí mismos cuando comienzan en esto. Además contiene todos los vicios de las primeras veces: el afán por abarcar demasiados temas, la sensación de no ensamblar completamente unos con otros, la evidente necesidad de llamar la atención con una estructura original, con algunos giros inesperados, con elementos fuera de lo común.
Pero también, cómo no puede ser de otra manera, alberga muchísimas otras cosas buenas. El retrato que hace de siglos de historia checa, con un irónico desencanto, resulta acertado e hilarante. El espacio de Kalfar tiene el punto justo de ciencia para resultar creíble sin perder una dosis de cercanía, y en su vuelta a la Tierra consigue hacer aterrizar el texto y convertir una space opera en un thriller casi sin que nos demos cuenta. Y por último a Prochàzka, no podemos negarlo, resulta imposible no cogerle cariño. Su esperanza y su desesperación, su nostalgia entre tanto rencor, nos recuerdan que, aunque siempre hay que coger distancia para ver mejor un cuadro, hay veces que ni siquiera desde las estrellas podemos tener una visión nítida de nuestra propia existencia.

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Patria, de Fernando Aramburu

patria

patriaDe alguna forma estaba predestinada a reseñar Patria para todos ustedes y para LibrosyLiteratura, y no solo por haber reseñado ya varios libros de Fernando Aramburu, sino porque haber reseñado en su día “Años lentos” le podía dar una cierta continuidad a aquella reseña en la que les hablaba sobre lo que había sentido con mi lectura de esa obra en 2012…

¡Qué lejos queda ahora aquel año!

Los que leyeron aquellos Años lentos no necesitan que les recuerde que hablábamos de los inicios de ETA, de un libro en el que Aramburu arriesgó mucho, pues siendo autobiográfico, no hablaba de sí mismo, sino de debió echar mano de la memoria, de sus recuerdos vividos de cerca y de la vida, pero no de su vida de forma específica.

El 20 de Octubre de 2011, ETA anunció el cese definitivo de la actividad armada, poco tardó Aramburu en sacar esta novela que imagino ya le rondaría la cabeza hacía años… tiempo no le había faltado… Ni muertos.

Escribir Patria era otra cosa, había que dejar pasar el tiempo ¿Cuánto? Es muy difícil responder a esa pregunta; pero al parecer llegó en el momento adecuado y apropiado, la sociedad ya estaba preparada para poder conocer esas vidas y rutinas que los muchos personajes de Patria nos iban a ofrecen. Ya estábamos preparados de sobra para conocer a Bittori, pero había que comprobar como estábamos de preparados para conocer a Miren. Dos mujeres que un día fueron amigas en un pequeño pueblo del País Vasco, pero a las que la vida llevó por caminos separados a través de una dolorosa convivencia. Y es que así ha sido la vida de mucha gente en esa zona de España. Unos morían, otros mataban, y casi todos callaban: El miedo, al que muchos llaman cobardía, siempre presente.

Todos en este país de una manera o de otra hemos sufrido el terrorismo de ETA, incluso no viviendo en la zona de conflicto; unos por su profesión, otros porque tuvieron que salir de allí, otros porque vivieron de cerca atentados cometidos fuera de esa Comunidad autónoma… Yo, por ejemplo, vivía al lado de la casa cuartel de Zaragoza y la madrugada del atentado la pasé allí, entre el sonido de cristales rotos bajo mis pies… y el silencio; más tarde llegaron las sirenas. Es probable que por eso yo siempre asocie el terrorismo con el silencio, y el ruido de cristales rotos aun estremezca mi alma.

Patria es un libro sencillo contado de forma directa, frases cortas, desnudas de adornos innecesarios y que al mismo tiempo resultan tan intensas como el más duro de los poemas ¿Quien narra? Pues ese es el juego literario que utiliza el autor, la variación aparente del narrador se muestra eficaz a la hora de conectar con el lector que llega a este libro de una forma abierta. También ayudan el propio formato y estructura de Patria, capítulos cortos pero de gran intensidad emocional, algo que consigue a pesar de que los diálogos son secos y cortantes. Y casi, por encima de todo, ser el primero que se atreve a hablar del sufrimiento, aislamiento y soledad de las víctimas.

¿Cómo puede pasar que dos familias amigas de toda la vida puedan llegar a odiarse de tal forma? Pues un país como el nuestro que ha pasado por una Guerra Civil, bien lo sabe. Pero para no irme tan lejos en la historia he recordado el libro de “La destrucción del alma”, de Janja Bec y siempre surgen las mismas preguntas cuando sabemos que hay intereses ajenos que nos empujan a ello ¿Cómo puede instalarse el odio tan profundamente entre personas tan cercanas? ¿A quién y por qué pueden interesar estos nacionalismos tan trasnochados y exacerbados? ¿Qué queda en el fondo de un ser humano ya destruido? … Sé que ustedes podrán añadir muchas más preguntas a esta pequeña muestra.

Entiendo, tras su lectura, el tirón de ventas de Patria, lo cierto es que alguien tenía que dar un paso al frente en este tema, y ese alguien ha sido, una vez más, Aramburu, quien ya nos inició en su día en este viaje largo y amargo que ha resultado ser la existencia del terrorismo de ETA.

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Ángeles derrotados, de Denis Johnson

Ángeles derrotados

Ángeles derrotados“No me refiero al hecho de que todos acabemos muriendo”, escribió Denis Johnson en uno de los once relatos que componen su aclamado Hijo de Jesús, “esa no es la gran lástima. Me refiero a que él ya no podía contarme lo que estaba soñando y yo ya no podía decirle lo que era real”. El escritor, que murió el pasado 24 de mayo a la edad de 67 años, era uno de esos autores a los que todavía les sobraba talento para seguir escribiendo alta literatura. Con su ausencia, en lo que alguna editorial se anima o no a traducir sus poemas y obras de teatros al castellano, la cultura pone un punto y final a los libros que ya nunca escribirá y que nosotros tampoco tendremos la ocasión de leer.

Y es que los sueños, para empezar, eran las historias que poblaban aquella publicación de relatos. A Johnson, al menos, le gustaba recrear los ambientes oníricos, entre alucinógenos e irreales, bañados en alcohol y drogas, de los días y las noches sin final. Sus textos estaban compuestos de finas capas de palabras por las que se deslizaban, con cierto lirismo, sus descarriados personajes. “Gente, hombres, orgullosos de sus clichés y aún así llenos de una poesía desesperada”, escribió en El nombre del mundo después.

Precisamente, esa desesperación hecha verso, esa realidad gris y hermosa a la que el autor y su literatura eran de aquel modo adictos, se encontraba ya en sus primeras páginas. Ángeles derrotados es probablemente su texto más convencional y, sin embargo, es el principio de todo. Una ópera prima, obviando sus libros de poesía, donde ya se encontraban las semillas de parte de su obra posterior. Estaban los personajes de Hijo de Jesús y la desesperación de El nombre del mundo. Estaba la esencia de un Johnson primerizo, casi humano, capaz de escribir como el resto de los mortales, en vez de como el gran escritor, ganador del National Book Award por Árbol de humo, en el que habría de convertirse después. Y estaba el germen, a modo de profecía, de su última novela, Los monstruos que ríen: “Hacia el este –escribe en estos Ángeles derrotados aludiendo al título de aquella–, en la lejanía, vio las montañas que Dwight y ella contemplaran un día y que entonces se les antojaron monstruos. Ahora les bastaba con que parecieran montañas”.

Escrita en 1983 y publicada posteriormente por Anagrama en nuestro idioma con traducción de Benito Gómez Ibáñez, Angels, en su título original, es la historia de Jamie, una madre de dos hijos que huye de los maltratos de su pareja a bordo de un autobús donde conoce a Bill, un exmarine alcohólico, con un perfil de delincuente mediocre muy bien definido.

A pesar de un inicio algo incoloro, donde uno tiene la sensación de haberlo leído antes, el libro poco a poco desciende al infierno personal de sus dos personajes principales, que a ratos, especialmente él, se vuelven incómodos e incluso antipáticos para el lector, para ir tomando profundidad y desembocar en un espléndido final, ciertamente derrotista, una especie de delirio último cargado de sensatez, que recuerda en algo a A sangre fría de Truman Capote.

Johnson, que es capaz de descomponer el color gris y sacarle un millón de ricos matices con los que escribir verdadera literatura, esboza como nadie los tonos neutros y mediocres de la humanidad. Ángeles derrotados no tiene, es cierto, la poesía ni la belleza de algunos de sus otros trabajos, pero sus párrafos, en especial en algunos tramos donde la tensión  y la oscuridad alcanza su máxima expresión, mantienen esa sensibilidad especial que aparecerá después en sus escritos posteriores. Sus personajes vagan entre sus páginas sin buscar una redención, conscientes de que, como escribe, “en el pasado había alcanzado un par de veces ese absoluto grado cero de verdad, y sin miedo ni amargura comprendía ahora que en el fondo había un paso que podía dar para cambiar su vida, para convertirse en otra persona, pero nunca sería capaz de adivinar cuál”. No hay determinismo pero sí inevitabilidad.

Denis Johnson, que descendió él mismo a los infiernos para narrarlos después, escribía sueños, vidas vividas desde la más absoluta inconsciencia, vorágines de pesadillas convertidos en literatura. La gran lástima, parafraseándole, es que ya no nos los pueda contar más.

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Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), de Adrian Vogel

bikinis futbol y rock & roll

bikinis futbol y rock & roll«Los viejos rockeros buscaron otra verdad

se burlaron de la tradición.

Guitarra y vaqueros sembraron libertad

nos dieron la música

como una nueva forma de luchar».

Canción: Los viejos rockeros nunca mueren (1979), de Miguel Ríos.

 

Esta estrofa de Miguel Ríos podría ser el resumen más corto y, a la vez, perfecto de Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), de Adrian Vogel. Pero olvidaríamos los bikinis y el fútbol, que también forman parte importante de esta historia.

¿De qué historia? De la nuestra, claro. La de la España de la segunda etapa del franquismo. Quizá muchos no la hayamos vivido, pero la vivieron nuestros padres. Así que sí, es la historia de todos. Porque las transformaciones sociales que se fraguaron en esos años, y lo que se quedó enquistado también, conforman lo que es hoy en día nuestro país.

 

«Todos hablando de hombres ilustres

y de Elvis Presley nadie habla jamás».

Canción: Presumida (1961), de Teen Tops.

 

Adrian Vogel no nos cuenta por enésima vez nuestra historia en versión NO-DO, ni tampoco con el mismo enfoque económico y político de los ensayos y libros de Historia. No, Vogel prefiere hablarnos de esas turistas que se saltaron las reglas de la moral y la decencia bañándose en bikini en la playa, de los quebraderos de cabeza del Régimen cuando la selección de fútbol española tenía que jugar contra la URSS o de los intentos de sabotaje a los Beatles durante su visita a Madrid en 1965.

La crónica de Adrian Vogel se centra en el aspecto popular, en los gustos y aficiones de la gente de a pie que, con sus pequeños gestos, abrieron el camino a grandes cambios. Porque cuestiones como el bikini, el fútbol o el rock & roll, que hoy en día vemos como pasatiempos intrascendentes, supusieron un soplo de aire fresco para la constreñida sociedad franquista. Dejarse llevar por esas modas que llegaban del extranjero fue el acto subversivo de toda una generación. Y es de eso de lo que nos habla Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977): cómo se resquebrajó esa mayoría social que se había identificado tanto con el franquismo que lo había convertido en una forma de vida.

La exposición de datos que realiza Adrian Vogel es profusa: conferencias, exposiciones, festivales, películas, artistas de moda, fichajes estrella de los equipos de fútbol, campeones de liga, entradas y salidas de miembros en las bandas de rock & roll, listas de éxitos musicales desde los años 40 hasta los 80 para ver la evolución de gustos de los españoles… Esto puede provocar dos reacciones en el lector: que esté encantado porque reconozca esos nombres y hechos y le haga recordar algunos que había olvidado; o que se abrume con tantísima información. En mi caso, reconozco que la lectura de algunos capítulos se me ha hecho demasiado densa. Hubiera agradecido menos enumeraciones, datos y cifras, y más narración de acontecimientos y de anécdotas del propio autor, que estuvo presente en varios eventos significativos de la época.

No obstante, es indiscutible el valor de Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), tanto por la cantidad de información cultural que aglutina en un solo volumen como por su reivindicación de prestar atención a lo popular para entender el verdadero sentir de una generación y un país.

Porque por mucho que algunos se empeñen en menospreciar la cultura, siempre ha sido y será la herramienta por excelencia de comunicación universal. Esa capaz de traspasar fronteras y unir a pesar de las diferencias. Esa que se instala en la cabeza de la gente corriente y, de pronto, hace que vean la vida desde otro punto de vista.

Es probable que esos que hacen de menos a la cultura teman su poder silencioso, por eso se esfuerzan tanto en que el resto no la tomemos en serio. Así que no les hagamos caso. Leamos Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977) y recordemos la fuerza que tienen los pequeños hombres y sus pequeños gestos para cambiar nuestra sociedad.

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Nuestra casa en el árbol, de Lea Vélez

nuestra casa en el árbol

nuestra casa en el árbolParece que los Dioses de la lectura me han mirado de frente y me han dejado disfrutar todo el verano. Un verano que ha sido como entrar en una pastelería y pedir una caja de bombones y que te ofrezcan un platito lleno de varios sabores para que los pruebes todos y puedas elegir con propiedad. El placer está en que te gustan prácticamente todos, porque cada uno tiene su algo especial. Unos a corto plazo, ya saben, esos de sabor intenso que hicieron que me aprontase en las reseñas, y otros que han necesitado algo más de tiempo de reflexión.

Mientras leía “Nuestra casa en el árbol”, he pensado en lo mucho que cambian las cosas a lo largo de la vida. Es normal, pensarán ustedes, ¿cómo no van a cambiar las cosas con lo larga que es la vida? Pues ya les digo que este es uno de esos libros en que te das cuenta de cómo cambia la perspectiva de las cosas de verlas desde el punto de vista de los padres, a verlas desde el de los hijos. Y hay cosas que se pueden decir precisamente cuanto estás en esa situación de la vida en la que te encuentras en el centro, eres padre o madre, pero también eres hijo.

Otra de las reflexiones que he tenido al leer “Nuestra casa en el árbol” ha girado en torno a sí yo he sido tanto una buena hija como en si he hecho como madre todo lo que estaba en mi mano para hacer de mis hijos seres extraordinariamente felices.

Los temas que toca son complejos, y lo sé. Pero no el libro, el libro es de lectura sencilla y entretenida, apto para todo tipo de lectores, lo que cada uno saque de él, eso ya es otro tema 😉

Veamos, nos centramos en Lea Vélez, la autora, una mujer que escribe (y muy bien, por cierto) desde más allá de la experiencia; habla desde el sentimiento y la sabiduría que deja precisamente esa experiencia a quién tiene la especial capacidad de aplicarla en su vida futura, corregir errores y afrontar miedos.

No hablamos solo de autobiografía, es literatura que contiene frescura y realidad, que contiene vida, y de la vida lo mejor y lo peor, porque la vida duele y la autora ha tenido que afrontar sus duelos desde la inteligencia. Esta autora es una mujer superdotada, al igual que lo era su marido y que lo son sus hijos (sobredotados, creo que se llaman ahora). Su Marido falleció e imagino que una de las cosas que la ayudaría como a tantos otros a superar el duelo, sería escribir, pero esta mujer se ha puesto a ello y lo ha hecho de maravilla, descubriéndose en ella una auténtica escritora, y además nos ha mostrado qué cosas estamos haciendo mal en el sistema educativo actual con nuestros chavales superdotados o con cualidades o necesidades especiales.

De toda la vida de Dios se ha hablado de lo mal que está el sistema para los niños con deficiencias, incluso yo diría que en la actualidad esas deficiencias se intensifican en aquellos que, siendo medio normales, o lo que es lo mismo de los del montón, tienen padres que nunca están, o que no saben acompañar, o que no tienen el tiempo o capacidad necesaria para encontrar respuestas a tantas preguntas infantiles como puede hacer la chavalería inquieta. Claro que siempre está la gran solución: ¡Las extraescolares! Para aquellos que las pueden pagar, claro, y además … tampoco siempre son la solución. Y si no, pasen y vean.

Pasen a Nuestra casa en el árbol, a este libro mágico en que la mayor preocupación es hacer niños felices, porque en el mundo que nos describe Lea vamos a ver cómo se desarrolla la vida de esta familia contada desde los dos puntos de vista, el de esos tres chavales tan especiales, Michael, Richard y María, que ya les digo desde ahora que casi dan un poquito de rabia por lo buenos y lo listos que son, pero a los que no nos quedará otra que cogerles cariño, porque a la gente buena al final se la quiere; y desde el punto de vista de su mamá, Ana. Veremos cómo ella sufre y afronta los errores que quiere corregir porque ya los soportó en primera persona. Así que un día recoge velas tras su fracaso en el sistema educativo español y se marcha a Hamble-le-Rice, un bonito pueblo pesquero junto a la desembocadura del río Hamble… Allí tenía una casa que le venía por herencia del marido y que reconvierte en lo que nosotros llamaríamos un hotelito con encanto o casa rural.

Y allí será donde trascurra la vida con sus hijos, que tampoco lo tendrán fácil en los colegios británicos, pero , y esto si lo puedo decir porque lo he vivido en primera persona, la vida rural nos da un poco más de tiempo de calidad para compartir con la familia, y los niños que crecen en los pueblos pueden tener una infancia más experiencial en su relación con la familia, como les decía, pero también y sobre todo con la naturaleza, y en definitiva, con la vida.

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Cartas de amor de músicos, de Kurt Pahlen

Cartas de amor de músicos

Cartas de amor de músicosEl enorme talento de músicos de la talla de Mozart, Beethoven, Haydn, Puccini y un largo etcétera, y todo cuanto nos han legado, parece obra de hombres que no pueden ser sino de otro mundo. Casi divinidades. Una suerte de mitos modernos que, desde finales del siglo XVIII y hasta el siglo XX, han dejado su huella en la historia universal de la música a través de unas composiciones geniales. Pero todas estas obras, en realidad, pertenecen a hombres profanos, hombres con miedos, alegrías, inseguridades, caprichos. Hombres terrenales que, tras las puertas de sus dormitorios, se desnudaron en cuerpo y alma hacia un sentimiento, este sí, divino: el amor.

Cartas de amor de músicos, editada por el musicólogo Kurt Pahlen, recoge entre sus páginas la correspondencia que mantuvieron estos músicos con sus amadas, muchas de ellas, inspiradoras de sus enormes creaciones musicales. Un elaboradísimo trabajo de documentación en la que el autor nos transporta a la época de cada uno de los músicos y nos abre esas puertas de sus dormitorios para encontrar al hombre temeroso, enamoradizo o lleno de celos que se esconde tras las notas de los pentagramas. En cada una de las cartas o fragmentos de diarios personales descubrimos la personalidad de cada uno de ellos y el tipo de relación que mantenían con su correspondiente amada. Así, en Mozart se aprecia la ingenuidad y la siempre buena actitud, aun en momentos de enfermedad, que demostraba hacia su querida Konstanze. Entre su correspondencia nunca faltaban palabras llenas de cariño infantil, reflejo de su amabilísima personalidad, con ingenuos juegos léxicos que entre ellos inventaban:

«Pesca por el aire… vuelan 2.999 besitos y medio míos que esperan ser cazados. […] y abrimos y cerramos los morros, cada vez más y más para acabar diciendo: es por Plumpi-Strumpi».

Frente a las críticas siempre escrutadas hacia la joven Konstanze por muchos historiadores, Kurt Pahlen defiende su persona por ser, en gran medida, la causante del buen estado de ánimo de Mozart y aquella que le propició crear sus grandes obras como Las bodas de Fígaro o Don Giovanni.

En este repaso epistolar por la historia de la música, el autor nos presenta la situación personal de cada músico y de este modo contextualiza tanto el tiempo que viven como la relación mantenida con la amada. Con una amena introducción para ponernos en situación, Kurt Pahlen nos da las claves de cada músico y nos hace conocer su biografía y la época que les tocó vivir. Nos menciona el modo en cómo llegaron a conocerse las felices parejas y nos acompaña, casi a hurtadillas, hacia los rincones íntimos donde el músico escribía bajo la luz de una lámpara. A través de sus escritos podemos apreciar la impronta que dejó en ellos el Romanticismo, de ahí que sus cartas llegaran a poseer un carácter literario muy elevado y exaltado en figuras como la de Carl María von Weber, en las que en sus primeras misivas queda patente su profundo amor juvenil hacia su querida Karoline, mientras que en las últimas se refleja la tragedia y la desesperación del músico por regresar junto a los suyos.

Mención aparte merece la correspondencia de Beethoven. Es, sin duda, el relato del amor más elevado y distinguido entre sus homólogos. De una profunda emoción, sus palabras están llenas de sentimiento. Se desconoce la identidad de la destinataria, aunque Kurt Pahlen intenta esbozar, contrastando datos, fechas y localizaciones, la persona a quien el genial músico de Bonn dedicó las más emotivas palabras de amor recogidas en esta antología. Ella, su amada, recibe la sonora denominación de «amante inmortal», un noble título que no puede más que engrandecerse aún más con el arranque de tan romántica carta: «Mi ángel, mi todo, mi yo…».

Se trata de una carta triple, o tres cartas simultáneas, en las que el músico declara su leal amor por ella y, siendo un hombre tumultuoso de carácter, su creciente temor y desazón que le provoca el sentir que pueda perderla. Una suerte de Goethe se adivina en sus palabras. Tras la lectura de esta carta, uno se pregunta si todavía existe alguien que, llevado por la emoción del amor, escribe así. Me encantaría pensar que la respuesta es un sí rotundo, si no, ¿qué sentido tiene enamorarse?

«Solo puedo vivir o enteramente contigo o por completo sin ti. ¡Ninguna otra poseerá nunca mi corazón, nunca, nunca! ¡Oh, Dios, por qué hay que alejarse de lo que tanto se ama?

Si en Beethoven se refleja el influjo romántico de Goethe, en Héctor Berlioz destaca la figura del primer amor platónico que sintiera Dante hacia Beatrice. En el caso del músico, su pasión le conduce siempre hacia su primer amor, Stella Montis. Otras mujeres pasaron por su vida, pero siempre en sus pensamientos y su corazón late la esencia del regreso a ella. Es en su vejez donde consiguen reencontrarse y a través de la correspondencia mantenida. Otra de los grandes capítulos de este libro es el que recoge las cartas del músico español Enrique Granados, siempre dirigidas a su mujer y madre de sus seis hijos. El tono infantil recuerda a Mozart y en algunas de sus cortas temporadas de separación es donde el músico le escribe con enamoradizo fervor:

«Recibirás la carta el martes y el miércoles en vez de carta tendrás a tu Quique al ladito para decirte cosas ricas».

Cartas de amor de músicos es un romántico repaso por la historia musical de los más grandes compositores que sirve para conocer su psique, sus profundos anhelos y donde, al margen de estar dedicado en exclusiva a las cartas de ellos, también se aprecia el poder y fuerza de algunas mujeres que se convirtieron en reflejo de modernidad ante su época —léanse los capítulos dedicados a las amadas de Chopin o Franz Liszt— y que, en definitiva, el amor hacia ellas inspiraron sus grandes piezas musicales.

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Las cenizas que quedan, de Andrea Prieto Pérez

Las cenizas que quedan

Las cenizas que quedanCon el mundo como lo tenemos ahora mismo, hecho unos zorros, no es muy difícil imaginar un escenario apocalíptico. Nos derretimos por unas partes, ardemos por otras, nos resecamos o nos inundamos. Tenemos mandatarios descerebrados que intentando demostrar quien la tiene más grande o más destructiva y un día acabarán con todo. ¡Sálvese quien pueda!

La literatura, el cine o los videojuegos nos han entregado ejemplos de posibles sociedades distópicas de lo más variopintas; os recomiendo la saga de Los Juegos del Hambre y Divergente, si no las habéis leído ya que son muy buenas de entre las actuales, sin olvidar los clásicos como 1984 o Fahrenheit 451 entre otros.

Las cenizas que quedan es de este género fantástico, nos presenta un futuro postapocalíptico, donde todo está destruido, ya no queda casi nada con vida y lo que queda se quema para generar magia que a su vez, produce energía. Todo es ceniza y gris, desde el suelo hasta el cielo. Aline y Weiss, que son los protagonistas, pertenecen a la congregación Espúrea, los ganadores de la última batalla y los que ostentan el poder, “los buenos”. Aline pertenece al consejo y la falta de su brazo no le impide trabajar en los invernaderos, retirada del ejército. Le ha costado mucho acostumbrarse a no estar en primera línea de fuego aunque sigue teniendo un carácter muy guerrero. Vive recluida en uno de los pocos edificios que quedaron en pie después de los grandes incendios. Weiss es su excompañero de milicia, enérgico, optimista, alegre y aventurero. Llega herido después de una de sus expediciones y con un mensaje póstumo de Cobalt, tío de Aline, que ha dejado unas coordenadas y la petición de que vayan al lugar, pero no saben qué se van a encontrar allí.  Weiss quiere ir con Aline, pero ella está resentida por lo que ocurrió la última vez que lucharon juntos y no se fía de él, pero al final, obligada por las circunstancias accede y se aventura por las tierras de la “tribu de fuego”. No os voy a desvelar lo siguiente porque perdería la gracia, pero quería destacar a Crace, la joven chamán de la “tribu de fuego”, que les va a acompañar parte del camino y que me parece un personaje muy interesante por lo que aporta no solo a la relación de la pareja protagonista, sino al cambio de visión de sus vidas, de sus creencias y del futuro. Ella les va a hacer replantearse si de verdad ellos pertenecen a “los buenos” y si esta guerra sin fin en la que están inmersos merece la pena.

Me parece un trabajo muy bueno en cuanto a la construcción de los personajes y sus relaciones, quizá algo escaso en la descripción de los escenarios, pero no es difícil imaginarlos: destrucción y desolación. Me ha venido a la mente en varias ocasiones imágenes de la última versión de Mad Max (Fury Road), tanto los paisajes como el aspecto de los protagonistas podrían ser los mismos. De muy fácil lectura, sencillo y entretenido. Tiene unos mensajes de fondo muy interesantes, como el valor de la amistad, la empatía, el ecologismo, el feminismo y el altruismo.

A Andrea la leí primero en las redes sociales porque me gustaban sus reseñas. Mi admiración se acrecentó cuando me entero de que con solo 26 años, no solo lee mucho y escribe sino que también es médico. Necesito sus consejos para sacarle esa productividad al tiempo, porque 24 horas al día las tenemos todos, pero sacarle tanto jugo tiene mérito. Me siento muy feliz y esperanzada de ver que tenemos gente joven y sobradamente preparada por nuestra tierra, aunque aquí hoy solo os vengo a hablar del talento de la Andrea Prieto escritora. Ya os he explicado en otras ocasiones de mi absoluto respeto por el que escribe, el artista que se expone, el que es capaz de hilar palabras para hacernos disfrutar y ver otros mundos. A mí me cuesta Dios y ayuda el poder hacer estas pequeñas reseñas de una forma medianamente coherente y correcta, cuando menos escribir una historia.

Es el primer libro de Escarlata Ediciones que tengo y la edición está muy bien, de calidad, me encantan las letras del título y las de los capítulos, parecen quemadas, con ceniza. Por poner una pega, he encontrado alguna errata y es una pena en un libro que se nota que han intentado cuidar en muchos otros detalles.

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Fenris, el elfo – Crónicas de la torre – 4, de Laura Gallego

Fenris el elfo

Fenris el elfoHoy estoy un poco triste. Bueno, quizás no se trate de tristeza. Es como un vacío, chiquitito, que siento dentro de mí. Ya desde por la mañana sabía que en algún momento me iba a sentir así, sabía que dentro de poco tiempo la magia se habría ido. Y no, no es porque mañana sea uno de septiembre y yo no haya recibido todavía mi carta de Hogwarts. Que también. Sino porque hoy iba a terminar una saga que me ha acompañado durante este mes de agosto.

Muchos años han pasado desde que conocí a Laura Gallego. Recuerdo perfectamente cómo fue. Cuando estaba en el colegio, todavía en Madrid, vi a un compañero leyendo el primer tomo de Memorias de Idhún. Su cubierta me cautivó y no pude evitar acercarme a él y preguntarle por la historia. Alejandro, se llamaba. Y él me introdujo en este mundo, del cual hoy en día, probablemente unos trece años después, no he podido salir.

Este verano he leído la saga Crónicas de la torre, compuesta por tres partes —El valle de los lobos, La maldición del maestro y La llamada de los muertos—. Lo que en principio iba a ser un único libro, se convirtió en una trilogía. Y lo que luego fue una trilogía, se transformó en una tetralogía al publicar Laura Gallego un spin-off de la saga, Fenris, el elfo, del que vengo a hablar.

Ya habréis adivinado por qué estoy hoy un poco triste… Hoy he terminado esta colección y me he dado cuenta de que jamás podré volver a leerla por primera vez. ¿No os ha pasado esto en alguna ocasión? Cuando hablo con alguien que no ha leído uno de mis libros favoritos, pienso “qué envida, ahora puede leerlo por primera vez”. Podría releerlos, por supuesto, pero jamás volverá a ser lo mismo. Aunque yo tengo que admitir que muy pocas veces he releído un libro. Hay tantos que tengo pendientes que siento que leer dos veces lo mismo es perder el tiempo. Aunque, afortunadamente, no siempre es así.

Fenris, el elfo cuenta la historia de un personaje muy especial que ya es conocido nuestro gracias a los otros tres libros de la saga. Fenris es un mago de la torre que, además de ser un elfo, es un licántropo. Curiosa mezcla, ¿verdad? Es un personaje muy cercano, que se hace querer durante toda la saga, así que crear un libro única y exclusivamente dedicado a él es todo un acierto. En este libro conoceremos el pasado de Fenris, seremos cómplices de todos sus secretos y terminaremos de entenderle. Es necesario conocer la historia de una persona para saber por qué actúa de la manera en que lo hace y este es el mejor ejemplo.

He leído comentarios en Internet de gente que decía que había leído este libro en primer lugar, antes que el resto de la saga. Yo lo desaconsejo. Aunque es cierto que la historia que nos cuenta se remonta a antes del primer libro, el orden está establecido así por algún motivo. Pero bueno, este es un país libre. Pero si después el primer tomo no os sorprende en absoluto… no digáis que no os lo advertí. También he visto muchos comentarios que dicen que este libro es el peor de la saga. Tampoco lo creo así. A mí, el que menos me ha gustado fue el segundo, pero porque el primero dejó el nivel tan alto que lo empecé con demasiadas expectativas. Y no es qué uno sea peor que otro, lo que ocurre es que son completamente diferentes. Pertenecen a la misma saga pero bien podrían haber sido libros independientes. Así que no, no creo que Fenris, el elfo sea el peor tomo.

Como siempre, Laura Gallego nos trae personajes que, dentro de su fantasía, son muy humanos. Los sentimientos son los grandes protagonistas de sus libros y la amistad es la madre de todos ellos. Este es el motivo por el cual sus obras me gustan tanto. Siento que todas las personas que las lean aprenderán mucho, ya sean jóvenes o adultas, qué más da.

Hoy es un día triste. Pero ya fuera de bromas, lo es por un motivo muy importante. Hoy hace cinco años que falleció mi abuelo. El que me enseñó que una buena historia puede iluminarte el corazón. El que me enseñó que luchar por los sueños es siempre la meta. El que enmarcó el primer artículo que escribí y el que estaba ansioso por leer todo lo que mis manos tecleaban en el ordenador cuando estaba inspirada. El que no leía libros, pero llenaba las estanterías con cientos para los que sí lo hacíamos. El que ponía la radio las mañanas de Navidad y me contaba todas las aventuras que vivió de pequeño. Hoy, más que nunca, esta reseña va por él. Porque me enseñó que la magia existe si crees en ella.

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El soñador desconocido, de Laini Taylor

El soñador desconocido¿Cuándo ha impedido algo que un soñador sueñe? Aunque sea algo imposible… Los sueños son el único lugar del mundo en el que todo es posible. El único lugar en el que los únicos límites los pone nuestra imaginación. Se dice habitualmente que los soñadores están tan perdidos en sus ensoñaciones que no saben vivir en el mundo real. Pero, ¿es esto cierto?

Sobre este tema reflexiona Laini Taylor en su nueva novela, El soñador desconocido. Un libro cuyo protagonista es precisamente un soñador. Y quizás uno de los soñadores más especiales que he tenido la suerte de encontrarme. ¿Nunca os ha pasado que hayáis encontrado un libro con el que conectarais tanto que no podíais dejar de leer? ¿Cuyos personajes os hayan tenido tan entregados a sus historias que ha sido imposible despegarse de ellos aún habiendo terminado con la lectura? Esto es exactamente lo que me ha pasado con Lazlo Strange y su historia.

Es muy difícil encontrar un personaje lleno de excentricidades, pero a la vez complejo y lleno de bondad y empatía. Lazlo es de esos personajes que se ganan un hueco en tu corazón lector desde las primeras páginas y de los que te vas enamorando aún más a medida que avanzas con la historia. Pero no solo este protagonista, los personajes secundarios de esta novela tienen una gran importancia en la historia y la autora profundiza en ellos y nos muestra sus verdaderas personalidades.

Aunque esta es una historia de personajes, la ambientación que esta autora recrea en este libro es espectacular. Todo lo que puedas soñar de una ciudad, toda la magia y el esplendor, es lo que describe Laini Taylor en el caso de Llanto. Un lugar del que solo quedan historias, recuerdos y una batalla contra los dioses de la que muy pocos conocen sus circunstancias. Ahí empieza el verdadero misterio, ¿qué ocurrió allí? ¿Cómo volver a hacer de Llanto el lugar que era en tiempos pasados?

Aventuras, sueños, amor y amistad; pero también venganza, misterio y ambición se unen en esta historia para mostrarnos que nada es lo que parece. Que hasta nuestros sueños más oscuros se hacen realidad, que la oscuridad puede habitar dentro de nosotros, aunque ni nosotros mismos nos demos cuenta. Esto es lo que más me ha gustado de este libro.

Parece que en el género de la fantasía siempre nos encontramos con mundos irreales y personajes sacados de cuentos y leyendas, unas cuantas aventuras, y nada más. Solo entretenimiento. En este caso, se ve que realmente este tipo de novelas no solo aguardan eso. Siento que me ha hecho reflexionar, sobre el sentido de la vida, el miedo a la muerte, el poder de nuestros sueños y la lucha por nuestros ideales. Todo esto ha aportado un toque muy real a la historia que se relata y a todos sus personajes, volviéndoles más humanos y cercanos a los lectores.

A pesar de que me he encontrado con un principio de bilogía demasiado introductorio, El soñador desconocido me ha sorprendido por completo. No sé por qué pasa siempre que cuando no tenemos especiales expectativas en cuanto a una lectura, esta nos sorprende y, a veces, se convierte en una de nuestras mejores lecturas del año. Para mí, esta, ha ido directa a esa lista. Y, es que, algún día, los soñadores dominaremos el mundo y demostraremos que una mente con una imaginación desbordante puede dar lugar a las mejores ideas. Pero, ¿no todos los lectores somos eso? Soñadores. En busca de las mejores historias, esas que solo ocurran en nuestra imaginación, que sean solo nuestras durante unas horas para luego dejar ese hueco a otra nueva historia. Es algo sobre lo que me ha gustado reflexionar.

 

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El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez

El libro de Aurora

El libro de AuroraNo sé si os habéis enterado de la polémica que ha habido hace poco entre Joaquín Sabina y Susana Rivera, viuda del enorme poeta Ángel González. Podéis leerla aquí,  pero de todas formas os hago un resumen. Resulta que en una entrevista, le preguntaron a Joaquín Sabina sobre la fundación Ángel González que él siempre había querido fundar. Él contestó, palabras textuales: “Sí, claro que me duele… Hay un cáncer ahí que se llama cáncer de las viudas de los escritores. En fin, me dicen que me calle. No merece la pena.”. Haciendo clara alusión a Susana Rivera, quien al leer la entrevista, tuvo su momento de réplica con palabras como éstas: “Las viudas ni somos ignorantes ni analfabetas, somos las herederas del legado de nuestros cónyuges, no hay más. Es todo una farsa. ¿Interminables noches en casa de Sabina? Le conocimos en el 2001, por Dios, hasta 2004 no paramos por su casa, solo veníamos los veranos y Ángel murió en 2008. Es absurdo. Lo de Sabina es como sus discos: más de cien mentiras, y lo niego todo, incluso la verdad. Da risa”.

Más allá de si se conocían hace más o menos años y del grado de relación que pudiera existir, lo que más me llama la atención son las poco agraciadas palabras de Sabina hablando sobre el cáncer de las viudas de los escritores. Me parece que le hace flaco favor a estas mujeres y a la literatura en general. Un comentario misógino y desafortunado y que por desgracia aún sigue teniendo cabida, no porque sea verdad, si no porque hay gente que aún lo cree así.

En fin, yo quería contaros todo esto en la introducción porque El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez tiene mucho que ver. Aurora Bernárdez es viuda del escritor Julio Cortázar y me temo que ella misma ha sufrido de alguna u otra forma algo parecido a lo que os contaba en la introducción. Además, en este caso, Aurora Bernárdez, también era escritora. Eso sí, una escritora que se vio relegada de forma voluntaria, a escribir para ella misma. Lo explica muy bien Mario Vargas Llosa: “Era difícil descubrir quién era más inteligente y más culto, cual de los dos había leído más, mejor y con más provecho (…) Yo estuve siempre seguro que Aurora no solo traducía – lo hacía maravillosamente – sino también escribía, pero se abstenía de publicar por una decisión heroica: para que hubiera un solo escritor en la familia”.

No sé, a mí me parece triste que la propia Aurora decidiese esconder sus escritos por esos motivos. ¿No creeis?  Así que celebro con gran alegría este libro, que es un canto a esa vocación de oscuridad y secreto que la propia Aurora decía tener.

En El libro de Aurora, Textos conversaciones y notas de Aurora Bernárdez se recogen los poemas, relatos y notas de esta mujer brillante, que dedicó parte de su vida a la traducción literaria de autores como Albert Camus, Italo Calvino, Ray Bradbury o William Faulkner. Además, encontramos también la transcripción de la única entrevista que concedió. Una entrevista esclarecedora, en la que habla de su vida, su relación con Cortázar y la literatura, sus escritos y mucho más. Una forma maravillosa de conocer a la auténtica Aurora Bernárdez, esa mujer desconocida para casi todos.

Un libro para darle ese papel que se merece Aurora. No sólo el de la mujer y confidente de Julio Cortázar durante muchos, sino el de una mujer auténtica, brillante y fascinante.

 

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El desorden de los números cardinales, de Vicente Marco

El desorden de los números cardinales

El desorden de los números cardinalesAdelante, abre El desorden de los números cardinales. Pero ándate con ojo con su autor, Vicente Marco, y las historias que te va a contar.

Te encontrarás con un portero hablando con uno de los vecinos del edificio que vigila. Con la historia de una mujer que es abordada por un desconocido que le pide que entregue un sobre. Con la de un hombre que se entera de que un excompañero de clase, el número uno en la lista, acaba de fallecer. O el relato de tres borrachos que se suben a un taxi. Nada fuera de lo normal, ¿verdad? Historias cotidianas que cualquiera de nosotros podría presenciar o protagonizar.

Espera un momento… ¿Te has dado cuenta de ese diálogo? ¿Y de esa escena desconcertante? La realidad empieza a resquebrajarse. Las cosas no son lo que parecen y tratas de buscarle la lógica. Mira que te advertí que fueras con cuidado, pero ya es tarde: has entrado en el juego de Vicente Marco.

En los doce relatos que componen El desorden de los números cardinales entremezcla varios géneros literarios. Hay historias aparentemente realistas, sí. Otras fantasiosas desde el principio. ¿O tal vez no lo son? La verdad es que no sabes a qué atenerte. Ni siquiera te fías de los relatos de humor, que acaban siendo terroríficos. Pero, con el paso de las páginas, empiezas a pillarle el truco a Vicente Marco. Te ha quedado claro que no desvela sus verdaderas intenciones hasta la frase final de cada relato. Así que te relajas y te dejas llevar por la narración: te ríes de su ironía, disfrutas de su imaginación y asientes a sus críticas sociales (unas veces, directas; otras, sutiles; siempre certeras).

Pobre ingenuo. Vicente Marco no se va a conformar con eso. No le interesas si eres un lector pasivo; así que no te dejará que lo seas, aunque te resistas hasta el final. Y será en el momento en el que acabes de leer El desorden de los números cardinales cuando te des cuenta de que no son doce relatos, sino uno solo. Tus doce certezas se esfuman. Y tú que te creías que sabías de qué iba esto. Pero no, claro que no.

No te queda más remedio que desandar tus pasos. Has detectado algunas señales durante la lectura, solo es cuestión de recapitular los personajes que saltan de una historia a otra y las referencias a Susi Bon, para esclarecer el verdadero papel de esa mujer en todo esto y descubrir qué lugar es ese al que llaman Hemisferio. Vuelves al principio, relees cada relato, tratas en vano de atar todos los cabos. Pero en cada relectura encuentras nuevas señales, nuevos mensajes entre líneas, nuevas realidades que nunca se te habían pasado por la cabeza. Siento decirte que es ahí, justo ahí, donde Vicente Marco te quería tener.

Enhorabuena, por fin has entrado en el Hemisferio. ¿A que no está tan mal, visto desde dentro? Vicente Marco te da la bienvenida. Y yo misma, que también te estaba esperando, como todos los lectores que se han asomado antes que tú a las páginas de El desorden de los números cardinales. Te dije que fueras con ojo, pero lo cierto es que sabía que no podrías resistirte a este juego metaliterario. Así que siéntate y disfruta. Aquí todo es posible. Lo pasaremos bien en el Hemisferio.

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