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La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo

La puta de Babilonia

La puta de BabiloniaEste es un libro difícil. No malo, difícil. Lo es por el delicado tema que abarca, cuyas hipótesis pueden dañar muchas sensibilidades, y por la abrumadora cantidad de datos ofrecidos. Aunque más que por las hipótesis vertidas, por el tono burlón con el que desmitifica cada uno de los asuntos relacionados con la Iglesia de Roma, La puta de Babilonia.

El autor colombiano Fernando Vallejo escribió, con gran rigor histórico y académico, un elaborado trabajo que desenmascara una fe dogmática que durante más de mil setecientos años ha derramado en su nombre la sangre de hombres y animales de la forma más cruel posible. El título es toda una declaración de intenciones de lo que encontrarás en su interior. De este modo denominaban los albigenses a la Iglesia de Roma según la expresión del Apocalipsis, y le sirve al autor, de viperina y mordaz lengua, para describir con todo tipo de detalles las obscenidades y despropósitos de una falsa fe que ha conseguido aglutinar a millones de fieles en el mundo.

Un inciso para el lector que considere no ahondar en este libro por chocar con sus ideas: el autor no pretende faltar el respeto ni lastimar a nadie por sus creencias, tan solo aporta sus opiniones y críticas hacia la Iglesia, basándose en datos históricos que contrastan con la buena intención que profesan. Todo en clave de humor, un humor no siempre muy bien acogido por su alta dosis satírica.

En una charla sobre los límites del humor, conferenciada por uno de los creadores de la revista Mongolia, se empleó la lectura de este ensayo de Fernando Vallejo para contextualizar el coloquio. Si en algún momento has tenido oportunidad de leer dicha revista, habrás comprobado el humor negro y afilado que le caracteriza y las enemistades que eso le ha granjeado. Si resulta cómico u ofende moralmente es un asunto del todo subjetivo. A mí no me hace gracia, pero comprendo su sentido satírico. En la lectura de este libro, sin embargo, sí he encontrado y entendido el tono burlón de quien lo escribe. Empleando un riquísimo léxico de nuestra lengua española, Vallejo pone a caldo a cada uno de los papas de Roma, a los que tacha de travestis purpuradas y asesinas. No es gratuito. Cita muchos de los episodios de asesinatos y confabulaciones que rodeaban al papa de turno, y que han llenado páginas y páginas negras de libros de Historia. Resulta casi abrumador la cantidad de datos que recoge el autor para comentar con entretenida prosa las conspiraciones y los tejemanejes de los hombres que, hablando en plata, iban a Dios rezando y con el mazo dando. Tampoco perdona su falta de humanidad. Los critica duramente por su nulo valor de oponerse a crueles dictadores asesinos o, en muchos casos, por su relación directa con estos a un lado y a otro del mundo, en diversos momentos del tiempo. Corrupción, favoritismo, engaños, asesinatos, homosexualidad… pocos son los asuntos escabrosos que destapa su autor sobre ellos.

Tampoco deja atrás la falta de rigor en los escritos bíblicos. Argumentando su dudosa credibilidad al haber sido manipulada en el propio interés de quienes la manejaban, manifiesta los garrafales errores geográficos expuestos en los Evangelios así como el baile de fechas que no llegan a dejar muy claro la veracidad de los textos. Como en su crítica hacia los papas, la lluvia de datos estudiados por su autor y su sentido humorístico hacen que tengamos una nueva forma de mirar a esos dos mamotretos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, que bien pueden tomarse como una gran novela de fantasía.

Para Vallejo no solo la Iglesia de Roma es diana de sus dardos envenenados, la musulmana también recibe lo suyo. Entre otras cosas por considerar a su profeta, Mahoma, como un ser que desprecia a los animales (cuya principal causa del autor es su amor y defensa hacia ellos) y no se apiada de la muerte de estos. La descripción que le dedica es la siguiente:

«[…] este asaltante de caravanas que resolvió proclamarse el Mensajero de Alá. Cruel, traidor, taimado, mentiroso, rencoroso, inescrupuloso, lujurioso, torturador, impostor, bellaco, inhumano, sanguinario, deshonesto, innoble, abyecto, asesino, polígamo, pederasta, déspota, puso a rezar a sus secuaces prosternados hacia La Meca cinco veces al día con el culo al aire».

He querido incluir este fragmento para que descubras el poder descriptivo de Vallejo y su peculiar discurso narrativo. Esta inagotable fuente de adjetivos, marca registrada de este escritor, es la clave principal que me enganchó en su lectura. Una perfecta musicalidad y un cuidado trato que dedica a las palabras; que no las deja caer sin más; que todas tienen un ritmo y una estructura en el texto casi medida. El libro arranca con una página y media de apelativos dedicados a la iglesia. Una página y media de gloriosa lectura en la que podrías marcar el ritmo con los nudillos de la mano sobre la mesa según la lees como si de una canción se tratase.

La puta de Babilonia, la católica, la apostólica, la romana, la jesuítica, la domínica, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes con Fernando Vallejo desde su infancia y aquí se las va a cobrar.

 

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Chicas en la luna, de Janet McNally

Chicas en la luna

Chicas en la luna“Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.” El principio de Anna Karenina, de Tolstói, es quizás uno de los más citados de la literatura universal. Y es que hay veces en las que la ficción traspasa las páginas y se parece más a la vida real de lo que imaginamos. Pero este no es el caso, ya que todos sabemos que, en nuestro mundo, cada familia infeliz tiene sus propios problemas, tan personales e íntimos que es imposible cuestionarlos para todos aquellos que no forman parte de ella.

Algo así es lo que ocurre con la familia de Phoebe, la joven protagonista de esta novela. Su vida no es nada fácil desde que sus padres se separaron hace años por motivos que ninguno de los dos quiere revelar y desde que su hermana se mudó a Nueva York para dedicarse por completo a su banda de música. Además, por si esto no fuera poco, no sabe nada de su padre desde hace años y su madre y su hermana ni siquiera se hablan. Sintiéndose perdida y más sola que nunca, ya que su mejor amiga tampoco le habla, decide visitar a su hermana para convencerla de que vuelva a casa y ambas puedan reconstruir sus vidas y las del resto de su familia.

Con una premisa muy parecida a la de Si decido quedarme y una trama familiar muy similar a la de los libros de Jandy Nelson, sabía que este libro me iba a gustar incluso antes de comenzar a leerlo. A pesar de que, en general, el ritmo me ha parecido lento y que en muchos de los capítulos la autora no relataba nada interesante, me quedo con el mensaje que transmite al lector en esta novela: cómo influye la familia en nuestras vidas, cómo el amor tiene el poder de cambiarnos y cambiar nuestra percepción de todo lo que nos rodea y cómo encontrarnos a nosotros mismos cuando nos sentimos más perdidos que nunca. Estos son algunos de los temas en los que ahonda la historia y que me han mantenido pegada a sus páginas.

Pero estos no son las únicas razones que me han hecho continuar con Chicas en la luna, sino que otro de los motivos por los que merece la pena leerla es la excelente pluma de la autora, repleta de ricas descripciones y diálogos ingeniosos y muy reales. Esto me ha absorbido por completo y me ha hecho empatizar con los personajes, que van desarrollándose a medida que avanza la historia y que van adquiriendo profundidad a medida que iba pasando los capítulos.

Y no me olvido de la música, que tiene un papel muy especial para estas “chicas en la luna” (que ya descubriréis quiénes son…), convirtiéndose en algo imprescindible para los personajes, un motor que les anima a continuar con sus vidas, por muy oscuro que parezca todo. ¿Acaso no lo es para todos, además de una forma de expresar cómo nos sentimos? Sin embargo, Phoebe descubre que no solo tiene efectos positivos para los de su alrededor, sino que es también capaz de alejar totalmente a dos personas.

Sin duda, os animo a leer esta fresca novel juvenil, con unas notas de amor y otras tantas de familia, que profundiza en cómo encontrarse a uno mismo cuando todo parece perdido. Y es que no es nada fácil mantenerse a flote cuando tienes diecisiete años y todo se desmorona a tu alrededor, incluso aunque tú no lo hayas provocado. Leer Chicas en la luna es como volver a nuestros primeros viajes de la juventud, en los que nos enamoramos, reímos, soñamos y también sufrimos. Pero, a su vez, veranos que recordaremos para siempre, sin importar los años que pasen.

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La señora Dalloway, de Virginia Woolf

La señora Dalloway

La señora DallowayHay veces que pienso que la vida se compone de retos. A veces me imagino la vida como una especie de escalera en la que cada peldaño es un nuevo desafío. Más difícil y más duro que el anterior. Me imagino subiendo un peldaño, exhausta, sin aliento, mirando hacia atrás y viendo el largo recorrido que llevo. Y después miro hacia delante y veo otro escalón más. Muy alto, con espinas por todos los lados y cocodrilos mirándome amenazantes. Sufro por un momento, sopeso los pros y los contras y… empiezo a avanzar. Siempre es así, en todas las facetas de mi vida. Por supuesto, también me ocurre como lectora. Llevo leyendo desde que tengo memoria y, afortunadamente, los peldaños de mi escalera no han supuesto siempre un gran reto para mí. Aunque mis primeros desafíos llegaron muy temprano. Con doce años leí a Pérez Galdós. También sobre esa época leí La Celestina y también El lazarillo de Tormes. Grandes retos, sin lugar a dudas. Luego vinieron escalones que me parecieron mucho más sencillos y más amables. Pero de vez en cuando me encuentro con un gran peldaño, gigante, descomunal. Y sé que la tarea no va a ser fácil.

Ese escalón fue el que vi cuando decidí leer La señora Dalloway. Ya os he contado alguna vez que hace tiempo me uní a un club de lectura de Facebook en el que cada mes se propone un libro. Este mes de agosto ha tocado leer el clásico de la británica Virginia Woolf. El modernismo literario es un mundo fascinante al que casi ni me había arrimado, así que tuve que enfrentarme a este reto con mucho respeto.

Esta obra escrita en los años veinte cuenta la historia de Clarissa, una mujer londinense que puede presumir de pertenecer a la clase pudiente de Inglaterra. Su vida está llena de fiestas y de eventos y este libro relata uno de ellos. Lo más curioso de esta novela es que toda la acción, absolutamente toda, transcurre a lo largo de un día. Virginia Woolf crea una trama perfecta en la que no pasan ni siquiera veinticuatro horas. Y escribir una novela en la que toda la acción quede condensada dentro de un mismo día, tiene que ser un trabajo dificilísimo; sin poder recurrir a los saltos temporales con la agilidad de quien cada capítulo lo ambienta en un momento diferente. Aunque sí es cierto que recurre a la figura del flashback en ocasiones. Ingenioso, original y, sobre todo, complicadísimo. Cuando supe esto, yo ya me enamoré de Virginia Woolf, todo hay que decirlo.

Así que cogí el reto con ganas y me dispuse a empezar a leer. Y cuál fue mi sorpresa cuando vi el tipo de narrativa que esta mujer usó ya en los años veinte… increíble. Resulta que todo el libro se compone de monólogos internos de los personajes. Los narradores de la historia son los propios pensamientos de los protagonistas, que van dejándonos descubrir sus impresiones, sus miedos, sus deseos, sus inquietudes… Parece que en un principio la única historia que nos importa es la de Clarissa Dalloway. Cómo prepara toda la fiesta para ser la perfecta anfitriona, cuáles son sus preocupaciones respecto a los invitados y la sociedad en la que vive… Pero poco a poco veremos cómo el resto de personajes va tejiendo sus pensamientos y sus monólogos alrededor de los de Clarissa, haciendo que la trama se amplíe y amplíe constantemente y forzando a que la historia se empiece a tejer hacia los extremos como si fuera una araña la que estuviera dirigiendo los diálogos.

Me habían dicho que este libro suponía un gran reto, sí. Y cuando empecé a leerlo lo entendí. Los cambios de un personaje a otro son muy sutiles y, a veces, si no estás concentrado al cien por cien en la lectura —a todos nos pasa, que en ocasiones nos ponemos a pensar en cosas ajenas al libro sin darnos cuenta—, puede que no nos enteremos de que el narrador ha cambiado y por lo tanto estemos atribuyendo los pensamientos a un personaje diferente. Por lo que, si vais a leer este libro, hacedlo con calma y con concentración, solo así podréis disfrutarlo y no ver vuestro intento frustrado cuando cerréis el libro porque no os enteráis de nada.

Hay que destacar también la ambientación. Perfectamente te puedes imaginar viviendo en el Londres de los años veinte. Con toda la vida por delante pero con la certeza de que terminará pronto. El carpe diem. El vivir el momento. La fiesta, la sociedad, los cócteles y los zapatos de charol.

Hay veces que la vida me pone retos. Y esos retos sirven para seguir subiendo y subiendo. La señora Dalloway ha sido, sin duda, uno muy difícil. No es el tipo de lectura que suelo hacer normalmente, pero a veces llega. Y aunque el camino es difícil, después mirar desde el altísimo escalón merece la pena. Ya veremos cuál será el siguiente.

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La llamada de los muertos -Crónicas de la torre- 3, de Laura Gallego

La llamada de los muertos

La llamada de los muertosHoy tengo mucho sueño. Más del que normalmente suelo tener, quiero decir. Y todo por un motivo: anoche me quedé leyendo hasta muy tarde. Normalmente a las doce de la noche cierro el libro, esté como esté la cosa de interesante. Apago la luz y mañana será otro día. Pero anoche no. Ni siquiera miraba las manecillas del reloj, que se iban arrimando vertiginosamente a unas horas indecentes. Así que hoy visto ojeras moradas, bostezos y tontería en la cabeza. Muy bonito todo. ¿Y sabéis gracias a quién ha sido esta vez? Sí, de nuevo, ha sido gracias a Laura Gallego.

Empecé la saga Crónicas de la torre hace unas semanas. Era una serie que tenía pendiente desde hacía muchos años (recordemos que esta saga ya ha cumplido los diez añitos), pero ya sabéis, la lista de libros pendientes que tengo en mi cabeza engorda una media de dos libros por día, por lo que abarcar todos es casi imposible. El caso es que los veía en las librerías pero, al final, me dejaba seducir por otros títulos, sin saber todavía la razón. Este verano decidí acabar con esa situación. Decidí tachar unos libros que llevaban en mi lista desde que yo era adolescente (vale, tampoco ha pasado tanto tiempo, tenéis razón).

Pero hablemos de la saga, que es a lo que hemos venido. La primera parte, El valle de los lobos, me encantó desde la primera página. Me tuvo en vilo durante las pocas horas que me duró y llegué al final emocionada y con una curiosidad que ni me cabía en el pecho. La segunda parte, La maldición del maestro, me demostró la evolución de Laura Gallego como escritora. Vi cómo cogía experiencia con las tramas, añadiendo más personajes y elaborando las historias. Observé un cambio muy grande entre la primera y la segunda parte. La primera me pareció más un cuento y la segunda, gracias a la mayor complejidad de la trama, me pareció algo mucho más maduro y elaborado. Aún así, me gustó muchísimo más el primer tomo que el siguiente, lo que quiere decir que no debemos dejarnos guiar por las apariencias.

Y la tercera parte… ay la tercera parte. La llamada de los muertos es todavía más elaborada que las anteriores. Aparecen más personajes y los que ya conocíamos surgen evolucionados y mejorados. Todavía seguimos con las tramas que dejamos abiertas en las dos partes precedentes y se resolverán todos los misterios que quedaron en el aire. En este tomo encontramos a Saevin,  un aprendiz de la torre que tiene un aura muy especial a su alrededor. Dana lo supo en cuanto le vio y por eso decidió visitar al Oráculo de la Ciudad Sin Nombre. Lo que allí descubrió no hizo más que empeorar la situación, ya que el Oráculo le dijo que la maldición del maestro todavía estaba viva y que pronto caería sobre todas sus cabezas.

En esta parte las dos dimensiones, la de los vivos y la de los muertos, se ven peligrosamente cercanas y solo el mejor mago podrá decidir el destino de todos los habitantes de la torre. Pero el problema es que hay grandes magos en los dos bandos… por lo que la batalla será muy emocionante.

Laura, en este libro, toma un tono un poco más maduro. La historia se torna más sombría y los personajes han evolucionado muchísimo. A pesar de ello, para mí, la primera parte sigue siendo la mejor. La llamada de los muertos es un gran final para una gran saga, como debe de ser, pero es que la primera parte… es una historia tan bonita y a la vez tan sencilla, que cautiva desde la primera página. Además echo de menos a algunos de los personajes que en los anteriores libros tenían un papel más importante (véase la historia entre Dana y Kai, por ejemplo). No quiero con esto decir que la tercera parte sea mala, ni mucho menos (esto quiero que quede bien claro). Solo digo que si me dan a elegir entre una de las tres partes, yo, me quedo con la primera. Todo tenemos nuestros favoritos, ¿no es así?

Pero gracias a las tres lunas, o a los tres soles, o a no sé quién ya, Laura Gallego decidió continuar con esta saga para tener a los fans un poco calmados. Y nos regaló una especie de cuarta parte —ya explicaremos esto en la siguiente reseña— en la que Fenris, nuestro amado Fenris, es el gran protagonista. Por lo que yo voy a ello para poder contaros cuanto antes mi impresión.

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Nueve cuentos, de Juan de Salgado

Nueve cuentos

Nueve cuentosVamos a jugar a un juego. Yo os digo una palabra y vosotros pensáis en otra, la primera que se os venga a la mente. Si yo os digo libro, ¿qué pensáis? Otra: león. Una más: coche. Y si ahora os digo… no sé, por ejemplo… cuento. ¿Qué es lo primero que os viene a la cabeza si os digo la palabra “cuento”? A mí, sin lugar a dudas, niñez. Eso es lo que pienso. O, más bien, recuerdo. Me veo a mí misma metida dentro de una mullida cama, con las mantas tapándome casi hasta la nariz y a mi abuela contándome mi cuento preferido. ¿Sabéis cuál es? El de los siete cabritillos. Ese en el que una mamá deja a sus siete hijitos en casa mientras se va a trabajar y un lobo intenta entrar engañando a los pequeños. Eso es lo que se me viene a la mente cuando oigo la palabra “cuento”. No sé qué habréis pensado vosotros, pero probablemente (me apostaría lo que fuera) palabras relacionadas con la infancia. No podemos evitar pensar que los cuentos son cosas de niños, historietas que se crearon para que Morfeo se llevara a los más pequeños de la casa cuando ningún otro remedio funcionaba. Es natural. Es lo que hemos aprendido desde pequeños y, por lo tanto, es la reacción lógica.

Pues bien, tanto Juan de Salgado —escritor de Nueve cuentos— como yo, estamos aquí para intentar que ese primer pensamiento que se os viene a la cabeza cambie por completo. Con este breve pero intenso libro, este escritor nos trae nueve grandes historias envasadas en un formato muy pequeñito. Como diría mi madre: “los mejores perfumes vienen en tarro pequeño”. Son tramas que nada tienen que ver entre sí, que bien son narradas desde un punto de vista realista, como desde uno fantástico. Son historias con personajes muy dispares que vienen a nuestras vidas durante unos breves minutos para contarnos algo de ellos. Y, algunos, para quedarse.

Todos los cuentos tienen algo en especial, cada uno es único a su manera, pero no he podido evitar sentir predilección por uno en concreto. Me ha gustado muchísimo el último cuento, donde la ciencia ficción es la gran protagonista. Pero encontramos también historias muy realistas que bien podrían pertenecer a nuestros abuelos o a un colega de esos de barra de bar. Son diversas, lo que significa que unas llegan más al lector que otras, dependiendo del tipo de persona que esté detrás del libro. Hay otro cuento, el del abuelo de debajo de la escalera (solo os voy a decir esto, no os voy a contar de qué va, para que tengáis que leerlo si queréis saber qué significa) que me ha llegado al alma. Esto me ha hecho ver que Juan de Salgado a veces es tierno, otras veces rudo, otras imaginativo… y eso es algo que deberíamos apreciar como se merece. Saber ser tantas personas diferentes —en concreto, nueve— en tan poco espacio de tiempo, es para quitarse el sombrero.

En cuanto a la técnica narrativa que usa este escritor, digamos que es digna de mención. Es muy directo y conciso con lo que quiere decir, pero a la vez utiliza una prosa delicada y muy bonita, de lo que nace una mezcla perfecta. Tanto es así que, son varias las frases que he apuntado en mi libreta de “frases de libros”, a la que luego recurro cuando quiero poner una nota original en mis fotos de Instagram. Vale, ya os he contado mi secreto. Y ya que os lo he contado, os dejo por aquí unas frases para que podáis usarlas como pie de foto o como más os convenga:

“Más tarde me dirías que mi ventana también significó algo para ti. Pero ahora había una brecha de irrealidad que salvar. Con gusto me hubiera olvidado de la civilización de abajo, y armado un puente de cuerda entre los dos acantilados, una aventura selvática que nos uniera por encima del mundo. La realidad encontró una manera diferente y mucho más sencilla de llamar a la puerta, pero esa memoria no me consuela ahora”.

“Mi vecino, Justo Berramán, justificaba su adicción a la bebida leyendo a Edgar Allan Poe, con la oportuna lógica de quien cree que toda locura conduce al genio”.

 Y, mi favorita:

“-Nene, ten cuidado con las olas, que te van a tumbar el castillo-, le dijo. El niño le contestó sin levantar la mirada, -hasta aquí no llegan-. Sintió la respuesta como si lo dejaran de lado y replicó, -puede que lleguen, la marea sube-, sin recibir esta vez respuesta. El niño lo estaba ignorando, no le cabía duda. Marcelo se arrodilló junto a la obra y asesoró, -aquí podría haber una ventana-. El niño suspiró y dijo concluyente, -cuánto hace que no construyes un castillo-.”

Lo de la narrativa breve es algo que a mí siempre me ha llamado la atención. No son pocas las veces que me he presentado a algún concurso en el que había que mandar algún texto de este tipo y muy pocas veces (en concreto dos), he resultado ganadora. Y eso demuestra una cosa muy importante, y es que es muy difícil hacer narrativa breve. En una novela hay tiempo y espacio para poder profundizar o no en determinados aspectos de la trama. El escritor puede elegir cuándo darle intriga, cuándo paralizar la historia, cuándo avanzar a pasos agigantados… hay cientos de páginas para jugar y sentirte como si tuvieras en tus manos un títere al que puedes hacer moverse a placer. En cambio, cuando hablamos de narrativa breve, la cosa cambia. Y mucho. En muy pocas frases tienes que darle al lector lo que necesita, y además sabiendo mezclar todo lo que antes he mencionado, de una manera magistral. Para mí, dedicarse a ser escritor de relatos me parece muchísimo más complicado que serlo de novela. Una novela te atrapa o no. Te gusta o no. Pero el relato… tiene que darte algo más. Estamos hablando de que los cuentos de este libro tienen muy, pero que muy pocas páginas. Por lo que con las mínimas frases, el escritor tiene que llegar hasta el lector y, encima, transmitirle algo. Y ese algo tiene que ser suficiente como para que el lector termine el relato y piense: “¿qué acaba de pasar aquí?”. Me encantan los cuentos que terminan con un final de esos que te dejan de piedra, o que hacen que te estremezcas por dentro, o que los termines y te sorprendas con una sonrisa en la cara… y Nueve cuentos, por lo menos conmigo, lo ha conseguido.

Y dicho todo esto… si te digo la palabra “cuento”, ¿sigues pensando que es cosa de niños?

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Samurai 7 volumen 2, de Akira Kurosawa y Mizutaka Suho

samurai 7 volumen 2

samurai 7 volumen 2Nos encontramos en una época salvaje, en una en la que la vida de los hombres vale menos que un puñado de dólares y la supervivencia depende de la velocidad con la que desenfundes tu revólver y la sangre fría con la que dispares al hombre que tienes enfrente. La época en la que algunos hombres osados y rebosantes de fe volcaban todas sus esperanzas en encontrar una pepita de oro y otros, los verdaderos nativos del lugar, defendían su territorio con lanzas y flechas. Es el Salvaje Oeste. El de los pioneros y el de los forajidos. El de Buffalo Bill y Billy “el niño”. Es en este marco, único e incomparable, de la historia de los Estados Unidos de América donde hallamos a Chris Adams: un pistolero excelente con un marcado sentido de la justicia. Ahora dispara, una y otra vez, contra los malhechores que entran en bandada en el pueblecito. A su lado su mejor amigo Vin, al igual que los otros cinco hombres que reclutó, hace lo propio. Pese a sus dudas, Adams no se arrepiente de ser uno de los siete pistoleros que están defendiendo ese pueblecito y a sus humildes habitantes de la sanguinaria banda de maleantes que los atemorizaba.

Si el argumento que he relatado en el párrafo anterior os suena de algo es, posiblemente, porque habéis visto Los siete magníficos: uno de los mejores westerns que ha parido la industria cinematográfica. Aunque también pudiera ser que os haya hecho pensar en otra época igual de violenta y en siete guerreros igual de valerosos. Si vuestro instinto os ha guiado hasta Los siete samuráis de Akira Kurosawa sentíos orgullosos. Los siete magníficos dirigida por John Sturges y con un reparto de actores de lujo (con grandísimos como Yul Brynner o Steve McQueen) es la versión yanqui del film de Kurosawa.

Pero Los siete magníficos no es la única cinta que tomó como inspiración la obra maestra de Kurosawa, películas tan dispares como Bichos (sí, la de Pixar) o la saga de Star Wars también le deben mucho a esos ronin que defendieron un pueblecito de agricultores. A esa lista habría que añadir Samurái 7, una serie de animación que se emitió en 2004 para conmemorar los cincuenta años del estreno de la película en la que se basaba. Ahora, y de la mano de Panini Cómics, nos llega la versión manga de dicho anime.

Samurái 7 volumen 2 nos mete directamente en la lucha contra los villanos que tenían amedrentada una pequeña comunidad en el Japón del futuro. Un futuro en el que los humanos colonizaron el sistema solar pero que una guerra universal los devolvió de un plumazo a la época feudal. La diferencia es que ahora robots y humanos deben convivir. La última tecnología y las herramientas arcaicas. Lo moderno y lo tradicional. En este contexto futurista encontramos a Katsuhiro, Shichiroji, Kambei, Kikuchiyo, Heihachi, Kyuzo y Gorobei; siete samuráis que para proteger una aldea deberán primero enseñar a sus aldeanos a protegerse a sí mismos y a defender lo suyo.

Si el primer volumen de Samurái 7 avanzaba de forma sosegada, desgranando la historia poco a poco y poniendo en situación al lector, en este segundo volumen encontraremos una velocidad de narración vertiginosa. Lo que había que contar ya está contado; ha llegado la hora de pasar a la acción (no sin antes tener en cuenta una buena planificación militar), de luchar, de desenvainar espadas, de abatir a mechas de gigantescas dimensiones que portan armas capaces de devastar pueblos enteros; en definitiva: ha llegado la hora de conquistar la libertad.

Si en el anterior volumen ya se intuía que Mizutaka Suho se desenvolvía con mucha soltura en las escenas de acción, en este segundo volumen no deja ningún género de dudas. No son pocas las páginas en las que apenas hay un par de enormes viñetas que muestran frenéticas luchas con espada cargadas de violencia y espectacularidad. Esa lucha final bajo la lluvia es tan bella como brutal. Con todo, a pesar de que en este segundo tomo la acción toma fuertemente las riendas de la narración también hay cabida para momentos emotivos; y no serán pocos. Enfrentarse a la pérdida de los más queridos o el amor, se sumarán a la venganza, la traición y la redención formando parte no solo de la trama principal, sino también de la anterior vida de cada samurái, que será mostrada en pequeños jirones de recuerdos para poner de manifiesto las motivaciones que los han llevado a estar donde están.

Samurái 7 volumen 2 de Akira Kurosawa y Mizutaka Suho es un manga que a pesar de tener acción a raudales no deja de lado esos momentos emotivos que resultan el contrapunto perfecto de una lucha sanguinaria; es además un bello y bonito cuento sobre la amistad y la necesidad de hacer lo correcto. Así de simple.

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¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas, de Doc Pastor

Hasta el infinito y más allá Pixar a través de sus películas

Hasta el infinito y más allá Pixar a través de sus películasFijaos en la portada de este libro. Apuesto a que la mayoría de los que leéis estas líneas reconocéis esas siluetas. Y es que Pixar lleva veintidós años creando personajes memorables que, a través de sus historias, nos hacen ver la vida desde otro punto de vista: el de los juguetes que no quieren que su niño les abandone; el de los monstruos que necesitan de los gritos infantiles para vivir; el de la rata que está harta de comer basura; el del robot solitario que vive en un mundo arrasado por los humanos; el de las emociones que bullen en la cabeza de una niña camino a la adolescencia…

También habrá algunos que no las reconozcan, claro. Seguramente nunca se hayan interesado por una película de Pixar porque piensan que son demasiado mayores para ver dibujitos. Craso error. Pixar es mucho más que cine infantil, es cine para todos los públicos, pero del de verdad. Sus películas están hechas para que tanto mayores como pequeños salgan del cine con una sonrisa, gracias al buen rato que han pasado y a los valores y al buen rollo que la película les ha transmitido. Y es que Pixar tiene mucha miga, como demuestra Doc Pastor en ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas.

En las primeras páginas, Doc Pastor nos cuenta lo que supuso para él ver Toy Story. Con el paso de los años se daría cuenta de que esa película no solo le había deslumbrado a él como espectador, sino que también había revolucionado la industria del cine de animación. La película protagonizada por Woody y sus amigos era la primera hecha íntegramente por ordenador, y su éxito hizo cambiar el chip a Disney, que andaba de capa caída, y abrir camino a nuevos estudios de animación, que contribuyeron a innovar un sector lleno de posibilidades creativas.

A Toy story le siguieron Bichos: una aventura en miniatura, Monstruos, S. A., Buscando a Nemo, Los increíbles, Cars, Ratatouille, Wall-e, Up, Brave, Inside out y El viaje de Arlo; a las que hay que sumar las segundas y terceras partes de algunas. De todas ellas y de las que están por llegar nos habla Doc Pastor en este libro, plagado de ilustraciones y bocetos; de anécdotas sobre el proceso creativo; de los tiras y afloja con Disney; de las acusaciones de plagio a muchas de sus películas, así como los plagios descarados que también se han hecho de estas; de las numerosas referencias que sus historias hacen a clásicos del cine y al propio universo que Pixar ha creado (con cameos de personajes de unas películas en otras); sin olvidarse de mencionar sus cortos, otro de los tesoros del estudio, y la teoría que conecta en un solo hilo argumental todas las películas, que aunque haya sido desmentido oficialmente, no deja de ser curiosa.

En definitiva, ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas es una carta de amor de Doc Pastor al trabajo de este estudio de animación y un regalo para todos los que somos seguidores de Pixar: aquellos que crecimos con sus películas y aquellos que se han unido más tarde a su legión de animadores, de la mano de sus hijos.

Merece la pena leer este libro para disfrutar de nuevo con las películas de Pixar. Volver a verlas para fijarnos en esos detalles que nos habían pasado desapercibidos y en esos guiños que constantemente nos hacen a los espectadores fieles. Dejarnos llevar una vez más por esa sensibilidad tan especial que ha caracterizado a Pixar desde sus comienzos y por la frescura de sus personajes y sus historias. Porque a veces unos dibujitos son el recurso perfecto para redescubrir el mundo en el que vivimos y a nosotros mismos. Y, por supuesto, para azuzar nuestra imaginación. Esa es la magia de Pixar que ha cautivado a millones de personas desde 1995. Esa es la magia de las buenas historias.

 

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Ningún escocés verdadero, de Ana Ballabriga y David Zaplana

Ningún escocés verdadero

Ningún escocés verdaderoMuchos avezados lectores suelen compartir sus técnicas a la hora de leer o de elegir y descartar sus lecturas. Hay algunos que con veinte páginas o un par de capítulos saben si el libro les gustará o no, procediendo a dejarlo si no supera ese primer filtro. Yo soy de los que rara vez abandona un libro, aunque amoldo parte de la teoría anterior a mi costumbre lectora; yo con un par de capítulos soy capaz de adivinar cuánto voy a tardar en leer la novela en cuestión. Aunque mi ritmo lector ha bajado bastante en las últimas semanas, este sexto sentido literario se me avivó cuando empecé a leer Ningún escocés verdadero. No tuvo que llegar siquiera a la página treinta para saber que este libro me iba a durar un suspiro.

Ana Ballabriga y David Zaplana consiguieron con esta, su tercera novela, ganar el tercer Concurso Literario de Autores Independientes que organiza Amazon, certamen al que se habían presentado más de 1400 autores de 39 países, cuyos libros habían sido editados a través de la plataforma de publicación de la empresa de Jeff Bezzos.

Elías, protagonista de Ningún escocés verdadero, es un joven investigador especializado en casos relacionados con obras de arte que está intentando recuperar la Cruz de Caravaca (ante la inminente visita papal) cuando su tío, el obispo de Cartagena, le lleva a Madrid para adquirir en una subasta un misterioso cuadro de un seguidor de Francis Bacon. Una vez adquirido, el cuadro desaparece en manos de una misteriosa pelirroja, Alicia Silva, que no solo robará el lienzo, también parte del alma de Elías, que a partir de ese momento empieza a caer en una espiral difícil de superar pese a los intentos familiares por olvidar el asunto del cuadro y centrarse en la aparición de la reliquia religiosa.

La historia presente de Elías y el misterio del cuadro se turna en la narración con trozos del pasado protagonizado por L, una niña miembro de un extraño grupo de titiriteros, relacionados con los agotes (grupo social minoritario y marginado de la zona del Valle de Baztán), cuyo estilo de vida ven con malos ojos tanto la Iglesia como los habitantes de la zona. Pasado y presente van construyendo un relato que si bien tiene un ritmo parecido a las novelas de Dan Brown, termina derivando en algo más interesante y alejado del misterio de la reliquia religiosa, en buena parte gracias a la historia de los agotes que tan bien documentan y plasman los autores en el libro. También, como es de esperar en este tipo de libros, el “palito” a la Iglesia está presente, atacando más que a la fe religiosa a la oscura sombra de corrupción que siempre planea sobre las altas instancias de esta institución.

Con algunas de mis últimas lecturas había tenido sensación de atasco mientras las leía, algo que, por suerte, no pasa leyendo Ningún escocés verdadero. Y aunque esto no implica que la novela sea mejor que las anteriores, sí que se agradecen estas tramas fluidas y adictivas, de las que empiezas a leer y horas y páginas pasan sin que uno se dé cuenta. Porque si por algo hay que felicitar a Ana Ballabriga y David Zaplana es por crear una trama cuyo interés se mantiene en alto de principio a fin, traspasando en ocasiones ciertos límites morales y sexuales que muy probablemente escandalicen a algún lector incauto. Pero estamos en el terreno de la ficción, no lo olvidemos; los límites están para superarlos, y lecturas tan poco encorsetadas, pese a no ser habituales, deberían ser necesarias. Eso sí, en ese afán por transgredir y sorprender, quizá algunas partes del final pequen de incoherentes o irrealizables, pero se disfruta tanto leyendo la historia que incluso esos “pequeños” errores son perdonados con gusto.

Como único punto negativo, encontramos las innumerables erratas ortográficas a la hora de dividir con guiones las palabras del texto, algo en lo que los autores no son responsables, recayendo la culpa en la falta de cuidado de la editorial. Pero salvo este inciso, no puedo más que recomendar fervientemente la lectura de Ningún escocés verdadero. Ana Ballabriga y David Zaplana, pese a la dificultad añadida de escribir a cuatro manos, presentan un libro más que notable.

César Malagón @malagonc

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Romances de cine, de Mario Parra

Romances de cine

Romances de cineNo pasa nada, no os avergoncéis. Todos tenemos ese lado cotilla. A todos nos gusta saber qué hace fulanito o por qué menganito ha dicho lo que ha dicho. Y ya si la cosa va de amores, nuestro radar cotilla se dispara. ¿Que Petri ha dejado a Paco?, ¿quién es aquella rubia con la que sale Pepito? No me digáis que no. Si nos gusta cotillear sobre nuestros vecinos, imaginad lo que es cotillear sobre famosos a los que ni siquiera conocemos. Gloria bendita. Pero, si de verdad queréis cotilleos de los buenos, sin tener que pasar por los Aargg y los Uhhh de las revistas dedicadas a tales asuntos, os recomiendo encarecidamente Romances de cine.

¿Qué por qué? Voy a daros muchos motivos, tranquilos.

El primero ya os lo he dicho: este libro es para saciar esa parte cotilla que todos tenemos (que sí, que tú también). Y además, aparte de curiosear, se aprende mucho. Tanto como si eres un amante del séptimo arte como si no, estoy segura de que todos los personajes que aparecen en el libro te suenan. Pero, con toda certeza, no conoces ni la mitad sobre sus grandes historias de amor. Porque todos sabemos que Elizabeth Taylor y Richard Burton estuvieron juntos, pero no os hacéis una idea de lo turbulenta que fue su relación y de todas sus idas y venidas.

El segundo motivo es la selección que ha hecho Mario Parra en Romances de cine. Diez geniales e inquietantes historias de amor todas relacionadas con el  mundo del cine: desde el secreto a voces entre Cary Grant y Randolph Scott, hasta la turbadora relación de Woody Allen y Mia Farrow, pasando por el atípico idilio entre Katharine Hepburn y Spencer Tracy. Como veis, todos clásicos del cine. Pero también podemos encontrar algunos amores más actuales como la reciente ex relación entre Brad Pitt y Angelina Jolie o el absolutamente extraño matrimonio formado por Tom Cruise y Nicole Kidman. Hay para todos los gustos.

¿Necesitáis más motivos? Mario Parra, su autor, es otro motivo de peso. Lleva más de diez años trabajando para el mundo del cine y en cada página de Romances de cine transmite su gran devoción por éste. Se nota en la dedicación y la verosimilitud con la que habla de las celebrities y sus vidas amorosas. Pero es que, además, el tío tiene guasa. Su forma de narrar los romances y los comentarios y pullitas que deja escapar me han hecho reír en más de una ocasión. Y cotillear, reírse y aprender todo a la vez es una maravilla.

No sé qué más tendría qué deciros para convenceros. ¿No tenéis ya ganas de leerlo? De verdad de la buena, Romances de cine es uno de los libros más entretenidos que he leído este verano. Un libro que enseña, que divierte y que, como dice el propio autor, podemos utilizar para sacar temas de conversación en la próxima cita a ciegas, que precederá a nuestra próxima relación y a la consiguiente ruptura amorosa. ¿No os dan ganas de creer en al amor ya?

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Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película, de María Adell y Pau Llavador

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película.

Ruta 66. Coches, moteles y canciones de película. Siempre me cuentan que al poco tiempo de quedarse mi madre embarazada, se recorrió media Europa en un crucero. Esa es la explicación que dan los que me conocen cuando les digo que estoy planeando un viaje nuevo. Desde que tengo uso de razón he estado viajando. También ayudó el hecho de que mi padre fuera humorista, teniendo que actuar cada día en una ciudad diferente. Mi infancia se pasó entre coches, escenarios y hoteles. Cuando la afición por viajar arraigó del todo dentro de mí, no hubo frontera que me parase. Primero París, luego Túnez, pasando por una decena de destinos más hasta llegar al último, Kenya, donde estuve hace apenas cuatro meses.

Así que no es de extrañar que toda mi vida gire en torno a los viajes. Todas las decisiones que tomo en la vida, las tomo pensando en ellos. En ahorrar, en comprar cosas útiles para viajar, en informarme más y más sobre nuevos lugares… y esto lleva a una pequeña obsesión que consiste en ver todos los documentales de viajes que existen y acumular libros y libros sobre sitios a los que quiero ir. Ruta 66, coches, moteles y canciones de película ha sido mi última adquisición. Nunca he estado en Estados Unidos y, por supuesto, es uno de los destinos que tengo súper pendientes. En concreto, la ruta 66. Y todo esto por culpa del cine. Me encantan esas películas en las que lo importante de un viaje no es el destino, sino el trayecto en sí. Esas escenas que suceden dentro de un coche y que quedan marcadas en nuestra retina para siempre. Por ejemplo, una de mis escenas favoritas es una de Pulp Fiction, en la que Vincent le explica a Jules cómo llaman al cuarto de libra en París, sonando Jungle Boogie de fondo. Otra de mis películas favoritas es Pequeña Miss Sunshine, donde el viaje es lo importante de la película y donde hay escenas absolutamente maravillosas.

Este libro, escrito por María Adell y Pau Llavador, tiene una cosa muy especial y es que no solo nos ofrece un recorrido por la ruta 66, desde el inicio hasta el final, sino que nos va enseñando, ciudad a ciudad, qué películas míticas se grabaron allí y dándonos una canción que podría valer de banda sonora para esa visita en concreto.

¿Quién no ha sonreído y se ha dejado llevar cuando en el coche empieza a sonar nuestra canción favorita y las ventanas bajadas dejan entrar el aire fresco? ¿Quién no ha soñado con montarse en una moto y recorrer la Ruta 66 mientras los neones pasan fugazmente a nuestro alrededor? ¿Quién no se ha imaginado bajando de un Chevrolet en un motel de mala muerte para pedir un café y una hamburguesa? No importa el destino, importa el trayecto. Aunque el trayecto debe de hacerse en un coche de confianza y que esté perfectamente equipado para poder aguantar tantas horas de viaje. Con el mío, no podría ir ni desde Los Ángeles hasta California… así que igual es hora de dejarme asesorar por autoDoc.es si quiero embarcarme algún día en una aventura como esta.

Ruta 66, coches, moteles y canciones de película tiene los ingredientes necesarios para que la mente de las personas que aman viajar empiece a volar muy alto. María Adell y Pau Llavador recopilan imágenes de películas que todos hemos visto una y otra vez y que han hecho que queramos conocer El Gran Cañón, Las Vegas o los desiertos de Nuevo México.

No sé si algún día se cumplirá este sueño, pero, por si acaso, lo mejor será empezar a planearlo. Siempre hay que pensar en positivo. Aunque la verdad es que voy a matar el gusanillo muy pronto, ya que en breve voy a tener que empezar a hacer la maleta. Dentro de una semana a estas horas estaré en Copenhague. No es la ruta 66, no. Pero tampoco está tan mal, ¿no creéis?

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El hombre razonable y otros ensayos, de Joaquina Pires-O’Brien

El hombre razonable y otros ensayos

El hombre razonable y otros ensayosMe gustan mucho los libros que permiten descubrir plenamente al autor. Ese tipo de libros que, cuando los lees, tienes la sensación de estar tranquilamente tomando café con el autor, dialogando con él sobre sus ideas. Eso es lo que me ha ocurrido con El hombre razonable y otros ensayos. No solo he disfrutado la lectura, sino que he tenido el placer de poder conocer en profundidad la opinión de la autora sobre ciertos temas. ¿No es maravilloso ese diálogo que puede llegar a establecerse entre autor y lector?

Pero para los que aún no habéis tenido la oportunidad de conocer a la autora, os la presento. Joaquina Pires-O’Brien es brasileña y ha estudiado tanto en Brasil como en Estados Unidos e Inglaterra. Ha publicado reseñas y ensayos en la revista Contemporary Review y desde 2010, publica en PortVitoria, una revista electrónica de actualidad centrada en la cultura ibérica y que ella misma fundó. Podéis echarle un ojo en el siguiente enlace.

El hombre razonable y otros ensayos fue publicado en 2016 en formato eBook en Amazon y más tarde en formato papel. La propia autora nos explica en el prefacio que su primer libro, este libro de ensayos, haya quizá tardado más de lo que debería en acabarse y publicarse. Hace más de veinte años que decidió comenzar a escribir sobre su visión acerca de temas atemporales y actuales con el fin de poder entenderlos, pero no ha sido hasta hace poco que el libro ha visto la luz. Supongo que todo tiene su momento y probablemente éste fuera el idóneo para que este libro viese la luz.

¿Qué vamos a encontrar en  El hombre razonable y otros ensayos? Pues, como os he dicho antes, éste es un libro de ensayos sobre temas que  Joaquina Pires-O’Brien ha decido escoger para profundizar en ellos, con el fin de poder comprenderlos mejor. Planteamiento que me parece más que interesante, pues creo que enfrentarse a un tema sobre el que queremos ahondar a través de la escritura es una de las formas más inteligentes de hacerlo.

El ensayo El hombre razonable, nombre que da título al libro es bastante curioso. Resulta que en la ley inglesa y del País de Gales se utiliza el concepto del “hombre razonable” para una determinada expectativa de comportamiento. Dicho de otro modo, en un crimen de negligencia en dichos países, basta mostrar que las precauciones esperadas de un “hombre razonable” no fueron empleadas. Es una especie de conducta uniforme a tener en cuenta a la hora de aplicar las leyes. Curioso, ¿verdad? Daos cuenta entonces la importancia que adquiere este concepto para el buen funcionamiento del Estado y de la sociedad. Aunque no es una idea nueva, ya aparece desde la Antigüedad en filósofos como Platón, Sócrates o Aristóteles.

Entre los ensayos que podemos leer en este libro, aparecen temas tan dispares como el concepto de pasaporte, la voz del pueblo, el aprendizaje a lo largo de la vida, la utopía, el postmodernismo o preguntas y respuestas sobre el 9/11. Como veis, la autora trata sobre temas de lo más variados, que a simple vista pueden parecer inconexos entre ellos y que, aunque no deja de ser así, la autora consigue hilar con muy buenos resultados.

Además de estos ensayos, aparecen también en el libro algunos capítulos dedicados a personajes tan relevantes como Friedrich Hayek, Canetti, Stefan Zweig, George Orwell, Rousseau y Hobbes.

Lo cierto es que es un libro que he disfrutado bastante leyendo, no sólo porque, como os decía, es una forma muy grata de “conversar” con el  propio autor, sino también porque El hombre razonable y otros ensayos es un libro con el que aprender, descubrir y plantearse muchas preguntas a uno mismo. Todo un reto hoy en día.

Por ponerle una pega, y puesto que es mi profesión, la traducción que han hecho del portugués al español contiene muchos errores bastante visibles. Así que ahí lo dejo, por si quieren corregirlos para la próxima edición.

Ya sabéis, si queréis una lectura con la que aprender y que os haga cuestionaros vuestros propios conceptos e ideas, El hombre razonable y otros ensayos es el libro perfecto para ello.

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La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq

La posibilidad de una isla

La posibilidad de una islaEnfrentarse a una novela de Michel Houellebecq siempre conlleva enfrentarse a uno mismo. Este eterno candidato a premio Nobel, díscolo, impredecible, visionario, insoportable para algunos e idolatrado por el resto, tiene esa indudable habilidad. Si algo hace perfectamente Houellebecq con su literatura es estamparnos contra un espejo, golpearnos la cabeza contra su cristal hasta hacernos sangrar y luego levantarnos el rostro por la barbilla para que miremos, para que contemplemos nuestro reflejo sangrante y comprobemos si lo que había dentro de nosotros, en efecto, era lo que pensábamos. Casi nunca lo es.
La posibilidad de una isla es una indagación completa en lo que llamamos amor. Su vertiente romántica, su lado carnal, su nacimiento, desarrollo y, cómo no, muerte. Con un profundo toque autobiográfico, como en todas sus novelas, Houellebecq también hace un acercamiento a las sectas religiosas y a la búsqueda científica de la vida eterna, para terminar estableciendo un sorprendente paralelismo entre las intenciones de unos y los logros de otros.
El relato en sí se estructura a través de la lectura que hacen Daniel 24 y Daniel 25, clones futuros, del relato de la vida de Daniel 1, el ser humano original a imagen del cual han sido creados. Los Daniel futuros, un par de siglos más adelante en el tiempo, habitan un mundo sintético, evolución del actual, en el que se ha sustituido la reproducción por la clonación, y el contacto directo por el digital. Aquellos seres humanos, pocos, que todavía permanecen en un estado “salvaje” han retrocedido en la escala animal y han sido exiliados fuera de las fronteras de los clones, separados de ellos por vallas electrificadas.
Por su parte, Daniel 1, monologuista francés en un tiempo contemporáneo al nuestro, triunfa a nivel internacional con un humor corrosivo y cínico. En la cima de su carrera se enamora de Isabelle, que dirige con éxito una revista para adolescentes, de las que todavía pueblan los quioscos. Daniel, narrador en primera persona, hace un recuento sincero de lo bueno, lo malo y lo pésimo del amor. Es descarnado siempre, brutal en ocasiones, pero también deja lugar para la ternura y el ensimismamiento. Como frente al espejo del que hablaba en el primer párrafo, el autor no sale en ningún momento de los límites que cualquiera con una vida amorosa ha podido experimentar, y sus reflexiones sobre lo cotidiano del amor se convierten en dardos envenenados de realidad que sirven una y otra vez para comparar su situación, ficcional, con la nuestra, de carne débil y duro hueso.
El paso del tiempo hará mella en la unión entre Daniel e Isabelle, en la que permanece el cariño pero va quedando olvidado por completo el sexo. La separación será inevitable, y Daniel partirá poco después a la búsqueda de otras aventuras con las que, por el contrario, nunca olvide el sexo para dar paso al cariño. Al mismo tiempo, se introducirá casi por casualidad en la dinámica de una secta, los elohiminitas, que proclama como tantas otras que provenimos de una cultura extraterrestre, pero que a la vez busca en el avance científico la salvación de sus acólitos.
La posibilidad de una isla se reedita ahora en el catálogo de Alfaguara (el único de los libros del francés que permanece fuera de Anagrama, si no me equivoco) y devuelve a las mesas de novedades una novela de prosa compleja (que no difícil) y estructura bastante original. Menos rica en subtramas que “Las partículas elementales”, comparte con ella el desarrollo de un personaje arrollador y con “Sumisión” una impecable capacidad para proyectarse hacia adelante en el tiempo. El tiempo ha tratado bien este último aspecto, y doce años después de su publicación original en castellano, “La posibilidad de una isla” sigue sin parecer anacrónica y desfasada, al contrario. El futuro que plantea, si bien en ocasiones resulta desolador, parece ahora más cercano y más posible.
Los que hayan disfrutado con las obras más celebradas de la primera época de Houellebecq no deberían dejar pasar la oportunidad para completar sus lecturas con esta. Para quienes no lo conozcan quizá no sea la mejor presentación, y sobre todo deberían abstenerse de leerla aquellos que no quieran apagar la última luz del día con el desasosiego de saber que no van a poder conciliar el sueño hasta que su cabeza termine de ordenar las miradas a su propia vida que Michel Houellebecq lanza casi en cada página.

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