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Nimona, de Noelle Stevenson

Nimona

NimonaDurante demasiados años el rol de villano carismático ha estado supeditado a que éste, entre las piernas, tuviera un par de pelotas. Las chicas, como mucho, eran la consorte bobalicona que bebía los vientos por él y que con un llanto desconsolado se despedía de su amor, una vez éste era apresado, antes de que la ley le perdonara todo pues, como era de esperar, ella en realidad no era mala persona, solo había sido manipulada por una increíble mente criminal. Por suerte, y de un tiempo a esta parte, este concepto ha dejado de fondear en la cala de lo rancio y ha puesto rumbo hacia el mar de la pluralidad. Las chicas también pueden ser unas psicópatas encantadoras, capaces de dejarte tirado en el suelo con la barriga abierta por un puñal antes de que puedas decir sexo débil. Aunque parece ser que este tipo de personajes deben gozar de un par de tetas descomunales, un cintura de avispa y un trasero de infarto. No digo que una chica malvada no pueda tener un cuerpo de diez, solo que me resulta sospechoso que todas las malvadas luzcan ese tipo de cuerpo. ¿No hay chicas bajitas con ganas de atracar un banco? ¿No hay chicas entradas en carnes capaces de hacerle la vida imposible al superhéroe de turno? ¿No hay chicas de pecho pequeño con la perversa idea de apoderarse del mundo? Pues sí, las hay. Una de ellas se llama Nimona.

Nimona es una muchacha de corta estatura, de cuerpo rollizo, con un corte de pelo a lo skinhead girl y con un poder que la hace única: puede transformarse en el animal que le dé la gana. Aparece de improviso en la guarida secreta de sir Trabuco Negroni con la firme determinación de convertirse en su secuaz. Ella solo quiere hacer el mal: destruir cosas, apoderarse de lo ajeno y matar a todo aquel que se cruce en su camino. Entre los dos tratarán de destapar los sucios tejemanejes que se traen entre manos sir Ambrosio Pieldorada y la cohorte de supuestos defensores del reino que habitan en el Instituto de Justicia y Heroísmo. Si por el camino la pueden armar muy gorda, pues mejor. Sir Trabuco Negroni descubrirá más pronto que tarde que la cambiaformas llamada Nimona actúa de forma anárquica, tornándose incontrolable y siempre con una sed de sangre insaciable, asimismo guarda con mucho celo todo lo que tenga que ver con su pasado.

Nimona de Noelle Stevenson, publicada ahora en español por la editorial Océano, originariamente, en 2012, fue un webcómic que enseguida llamó la atención. Fue tal su repercusión que consiguió llevarse el galardón Slate Cartoonist Studio Prize que reconocía a Nimona como el mejor webcómic de aquel año. Tres años después, y tras su salto al papel, el cómic sería nominado al Will Eisner. ¡Ahí es nada! Y es que Noelle Stevenson, co-creadora también de la divertida serie Leñadoras, no solo hace hincapié en proponer una historia original, sumergiéndonos en un mundo mágico en el que la fantasía y la ciencia ficción se dan la mano, se turnan o incluso se fusionan, sino que además es capaz de crear personajes de marcado carácter, profundos y repletos de matices que a lo largo de la historia se irán desarrollando, mostrando una sensibilidad que alcanzará el corazoncito del despistado lector que pensó que esto era solo otro cómic más de fantasía.

De la misma forma que la historia evoluciona, pasando de las aventuras simplonas y el humor facilón a situaciones más tenebrosas y repletas de drama y amores incomprendidos, el dibujo también lo hace. Lo que empiezan siendo bocetos bastante cutres van madurando en cada viñeta, llegando a alcanzar unos diseños de corte simple pero llamativos y llenos de personalidad, con una ejecución encomiable en el manejo del color y las sombras. Y esos diseños no son solo para mostrar la belleza de unas líneas suaves y precisas que representan al triunvirato que reina sobre este cómic (sir Trabuco Negroni y sus heridas de guerra, sir Ambrosio Pieldorada y su rostro andrógino, Nimona y sus diversas y en ocasiones traumáticas transformaciones y su eterna lucha para que los demás la acepten tal y como es) son también una forma de mostrarnos el bagaje de traumas a los que se enfrentan unos personajes que han sido señalados por algunos sectores de la sociedad. Traumas que son recuerdos; recuerdos que son historias y que, a pesar de esos bocadillos de traducción literal y que chirrían más que las ruedas de un carrito del supermercado, disfrutaremos hasta ese momento en que encajan todas las piezas en un final épico.

Nimona es un cómic repleto de héroes y villanos, con un 50 por ciento de fantasía y otro tanto de ciencia ficción en el que una protagonista ocurrente, peligrosa y única nos muestra que las aventuras pueden ser tan gamberras como emotivas y que la moralina facilona es aburrida y vulgar.

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Náufragos, de Roberto Martín Gómez

Náufragos

NáufragosHace años, cuando las redes sociales y los smartphone llegaron a nuestras vidas, fui de los que pensé que esas nuevas fronteras que se abrían ante nuestros ojos nos harían más libres. Ya no dependeríamos del quiosquero para leer las noticias, del vetusto y agrietado mapa de carreteras para llegar de Madrid a nuestro retiro vacacional, ni de los SMS o las llamadas para conectar con nuestros amigos y familiares. La web 2.0 nos haría unos seres llenos de superpoderes, con toda la sabiduría universal a golpe de clic. Pero como todo lo que toca el ser humano es sensiblemente corruptible, creo que todas estas mejoras nos han hecho aún más esclavos que antes. Nos vemos obligados en nuestro día a día a mantener activos nuestros perfiles en redes sociales, alimentando a nuestros followers con selfies en playas paradisiacas, con stories tronchantes o con posts kilométricos en blogs en los que damos rienda suelta a nuestra oratoria llena de agudeza y fina ironía. Ya no salimos a correr sin nuestros wereables de turno. Ya no nos comemos un chuletón o la hamburguesa más trendy de la ciudad sin antes hacer la obligatoria foto de turno, con ese filtro que hace aún más apetecible la comida. Ya no paseamos por el campo o disfrutamos de un atardecer sin analizar, como si de un cíborg se tratase, la posible foto que pueda otorgarnos un reconocimiento ganado a golpe de retuits y likes a cascoporro. Hasta nuestro noble idioma se ha corrompido, como demuestra el hecho de que en mi párrafo haya usado media docena de palabras inglesas cuya traducción se antoja innecesaria.

Pero, ¿qué pasaría si algún día la tecnología dejara de funcionar? Esta es la pregunta que se hace Roberto Martín Gómez, periodista de cultura de La Sexta, en Náufragos, una fresca y original novela financiada a través de una campaña de crowdfunding. La historia de este libro se sustenta en tres personajes principales. Nico es un camarero y fotógrafo aficionado que disfruta publicando en Facebook sus tradicionales citas espontaneomatutinas. Fran es un trabajador hastiado que ha llenado su curriculum de más cadenas de fast-food de las que puede recordar. Y por último, María, un culo de mal asiento que cambia de trabajo y de color de pelo más veces de lo deseado, que decide ir a la India para poner en claro sus ideas. Un día, sin saber el motivo, todos los relojes electrónicos dejan de funcionar. Las conexiones se paran. Por pararse, se paran hasta las páginas del libro (anclado en la página 80). Internet se ha caído. Es el fin del mundo… o no.

La original narrativa del autor es el punto fuerte de Náufragos. Roberto salta de medio y de personaje sin motivo aparente. Posts en Facebook, blogs, diarios escritos con papel y boli, poemas de váter, notas dejadas en frigoríficos, chats… todo vale para dar forma a esta reflexión que cuestiona nuestro ritmo de vida y analiza todo lo que perdimos anteriormente. Los personajes de la novela aprovechan este parón digital para reflexionar y encontrar el sentido correcto por el que continuar sus vidas. Todo sin Internet se vuelve más pausado, las comunicaciones, los transportes y hasta las personas se ven obligadas a cambiar.

Roberto Martín Gómez nos hace reflexionar con su libro y, a su manera, nos hace ver las bondades y peligros que esta “Aldea global” ejerce en nosotros. En Náufragos se hace patente cómo la aparición de Internet ha cambiado la vida de todo el mundo occidental. Hasta la forma de escribir del autor sufre un cambio cuando en su propia novela asistimos al parón digital. Con Internet, la novela es difusa, directa y poco clara. Sin él, todo es más pausado, la narrativa es más rica en detalles (¡Hay tiempo hasta para hablar de Joseph Conrad y todo!).

Náufragos es una historia muy original que proporciona buenos momentos de lectura y que, sin ser alta literatura, deja tras de sí una pregunta de gran calado y que daría repercusión a cualquier debate que se precie. ¿Cómo sería vuestra vida sin Internet? Yo creo que sería más feliz, aunque tampoco concibo mi vida sin poder conectarme, nada más abrir el ojo por la mañana, a mi correo electrónico o mis periódicos de cabecera. Vamos, que no me veo preparado para contestar a esta pregunta sin caer en contradicciones. Por eso es mejor que leáis la novela vosotros, y luego todos juntos nos ponemos a debatir (aunque sea por redes sociales…).

César Malagón @malagonc

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La uruguaya, Pedro Mairal

La uruguaya

La uruguayaLa novela hispanoamericana en general y la argentina, en concreto, siempre me han fascinado. Los escritores argentinos tienen una forma de escribir que me llega y me llena. No sé cómo lo hacen, ni siquiera podría explicaros bien el porqué, pero son muchos los escritores de este país que han calado hondo en mí. Por supuesto, Julio Cortázar es uno de ellos, pero hay más, muchos más: Ernesto Sábato, Borges, las geniales Storni y Pizarnik, Piglia y un largo etcétera.

Esta pequeña introducción me recuerda que hace mucho que no leo a un escritor argentino. El último libro escrito por una argentina que leí fue Precoz, de Ariana Harwic. Así que, reencontrarme con mis amigos del otro lado a través de Pedro Mairal ha sido una genial casualidad.

Sobre La uruguaya había leído y había visto mucho antes de lanzarme con él. Es uno de esos libros que se hacen virales y empiezas a ver por todas partes en las redes sociales. Supuse que debería ser bueno, que si tanta gente lo estaba leyendo y lo estaba compartiendo es porque algo tenía esta pequeña novela. Y sí, así es. Pero mejor os la presento.

Como decía antes, Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) es el autor. Y aunque tiene varios libros publicados, sinceramente no había tenido la ocasión de leerle. No sé si porque en España no se han editado más novelas suyas (que lo dudo, pero ahora no estoy en condiciones de averiguarlo) o simplemente porque no había tenido la oportunidad de toparme con él. Lo cierto es que la fama en España le ha llegado gracias al libro del que hoy os hablo.

¿Y de qué trata La uruguaya? Pues trata de Lucas Pereyra un escritor que acaba de entrar en la cuarentena y que, a pesar (o por eso mismo) de estar casado y con un hijo, anda sumido en una crisis conyugal. Esa crisis de los cuarenta que quizás os suene, esa misma. Lucas, nuestro protagonista, ha de viajar a Uruguay desde Buenos Aires para recoger un dinero que le envían desde el extranjero y que en su país sería más difícil recibir. Y a partir de ese momento, que es el comienzo de la novela, se desarrolla esta intensa historia. Porque Lucas se confiesa ante nosotros y nos cuenta que también viaja a Uruguay a encontrarse con una mujer, con la uruguaya que da título a la novela. Y desde ese momento en el que el narrador nos hace cómplices, asistimos a un relato en primera persona muy crudo, con el que cualquiera de nosotros podría sentirse identificado.

Y es que en La Uruguaya están las dos caras de la moneda. Nuestras dos partes antagónicas que chocan, que se abrazan, que se asfixian. Nuestras ansias de libertad, nuestros sueños de juventud, nuestros deseos. Pero también quiénes somos hoy, en qué nos hemos convertido. Y es difícil enfrentarse a la realidad, casi tanto como no perderse en la fantasía.

Con un estilo impecable, esta novela, tan concentrada y tan intensa me ha atrapado y me ha hecho reflexionar. También me ha dolido, no os voy a mentir. Pero es un dolor como el de una bofetada en la cara, un dolor de “espabila”, un dolor para pensar mucho en él. De esos que gustan.

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La parte escondida del iceberg, de Màxim Huerta

La parte escondida del iceberg

La parte escondida del iceberg“Nada es tan hermoso como en las novelas ni tan perfecto como en el recuerdo”, dice Màxim Huerta en La parte escondida del iceberg. Y no hay mayor verdad que esa. Es increíble cómo somos capaces de almacenar en la memoria nuestros mejores recuerdos. Y cuánto nos gusta perdernos en ellos, como si los estuviéramos viviendo de nuevo. Hasta que nos despertamos y nos damos cuenta de que no es posible, aunque lo anhelemos más que nada en el mundo…

Sin embargo, no todos los recuerdos que tenemos son positivos. Y de esto trata La parte escondida del iceberg. ¿Cómo sobrevivimos a los recuerdos que nos impiden avanzar? ¿Cómo podemos reencontrarnos a nosotros mismos cuando nos abandonamos al pasado?

Y es que hay recuerdos que se instalan en nuestras mentes y se empeñan en quedarse y atormentarnos durante demasiado tiempo, el suficiente para ser insoportable. Y de esto sabe mucho Màxim Huerta, un autor del que (desgraciadamente) no había leído nada hasta aventurarme a leer esta novela, que nos relata uno de sus viajes a París con el objetivo de alejarse de aquello que le impide ser feliz, del pasado que no desea rememorar, para encontrarse a él mismo.

Un viaje que nos hace reflexionar junto al escritor sobre la periodicidad de nuestros recuerdos, lo esencial del olvido y la importancia de los detalles que nos hacen amar la vida. Un paseo por la ciudad que amamos, una librería en la que perderse horas y horas, un buen café por las mañanas, un buen rato con la familia…

Me ha encantado la forma que tiene Màxim Huerta de relatar un hecho triste, y aún así, hacer que en toda la novela se respiren ganas de vivir. Que a pesar de todo, solo vivimos una vez, y debemos hacer todo lo posible por hacer que merezca la pena. Que todo ese pasado que nos hace anclarnos en tiempos felices se transforme en más energía para el futuro que está por venir, que podría ser igual de bueno. Pero qué difícil es que nos entiendan cuando lo estamos pasando mal, cuando nuestra mente se niega a dar un paso hacia delante, a recuperarse de lo que hemos perdido.

Y es que este libro también trata del amor, de cómo nos aferramos a él a pesar de que se nos haya escapado de nuestros dedos muchos años atrás. De lo felices e infelices que nos hace a la vez y de su poder de hacernos sentir vivos, aunque estemos en el frío más absoluto.

Aunque no lo esperaba, en esta novela he logrado encontrarme reflejada en muchas de las situaciones que vive el narrador. ¿Quién no ha amado y ha sufrido? ¿Quién no consigue olvidar aquello que le ha hecho feliz en el pasado? Y cómo, al final, superamos todo. Porque el ser humano es capaz de hacer lo imposible. En París y en cualquier sitio… Pero, en especial, en París. Para mí, es una ciudad que respira magia y romanticismo en cada uno de sus rincones. Y sí, para mí también es el mejor lugar para recomponer hasta el más roto de los corazones.

La parte escondida del iceberg es una novela íntima y extremadamente sincera, con un ritmo algo lento, pero que se saborea desde el principio hasta el final. No dejaré de leer a este autor, que me ha sorprendido tanto con su maravillosa forma de escribir y que, además de hacerme disfrutar con su historia, me ha hecho viajar a París de nuevo y pasear por sus calles como si fuera la primera vez. No sé qué tendrá esta ciudad que nos ha enamorado a ambos y a cientos de millones de personas más…

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14-18. Volumen 1, de Éric Corbeyran y Étienne Le Roux

14-18 Volumen 1

14-18 Volumen 1A un año del centenario del final de la Gran Guerra, y en estos tiempos tan interesantes y siniestros, en que el mundo se tambalea al borde del precipicio y no sabemos con qué noticia nos desayunaremos mañana, la historia de aquella conflagración tiene hoy quizá más relevancia que nunca.

Con frecuencia se ha señalado que la Primera Guerra Mundial puso fin al siglo XIX y dio inicio al XX. Fue, en cierto sentido, la última guerra relativamente “noble”, en la que, a pesar de genocidios como el de los armenios, la víctimas entre la población civil no superaron a las militares. Fue también la primera gran conflagración en la que el desarrollo técnico, con el uso de aviones, tanques y ametralladoras cada vez más mortíferas, redujo la relevancia de la caballería y convirtió la infantería, por usar una metáfora quizá poco afortunada, en carne de cañón. Esto fue así hasta el punto de que, aparte de los millones de soldados muertos y los centenares de miles que fueron horriblemente mutilados, otras decenas de miles sufrieron los efectos del shellshock, término cuya traducción al español (neurosis de guerra, según wikipedia) tiene mucha menos fuerza que el original inglés.

14-18 Volumen 1 es el primer tomo de una ambiciosa serie en la que los autores, el guionista Éric Corbeyran y el ilustrador Étienne Le Roux, nos muestran las tribulaciones de un grupo de ocho amigos que viven en un pequeño pueblo francés y que, el 1 de agosto de 1914, fueron movilizados por el ejército para combatir a los “boches”, como llamaban a los alemanes.

Este primer volumen se abre un abre un año después de la guerra, con la visita al médico por parte de uno de los ocho amigos y su esposa. El marido, aparte de estar espantosamente desfigurado, sufre un terrible trauma psicológico, y repite una y otra vez unas palabras sin sentido. Un flashback nos lleva entonces a aquel día de la movilización, cuando en el pueblo de nuestros amigos se celebra una fiesta, lo cual permite a los autores presentarnos la vida sencilla y casi idílica de una pequeña comunidad rural. En efecto, uno no puede evitar sentir que el horror que estaba por venir, y que se llevaría aquella forma de vida para siempre, convierte aquellas rencillas, inocentes peleas, pequeñas frustraciones, infidelidades o incluso la rivalidad política en un juego de niños que el lector añorará tanto como los protagonistas.

El reclutamiento, el viaje al frente, el encuentro cara a cara con la lógica marcial (disculpad el oxímoron), los primeros enfrentamientos, y la vida de novias y esposas que se quedan atrás, esperanzadas por la extendidísima idea de que aquella guerra duraría a lo sumo unas pocas semanas, ocupan el resto de este extraordinario libro. Enmarcado en la tradición más realista de la novela gráfica francesa, 14-18 Volumen 1 no escatima en escenas durísimas, y a los autores no les duelen prendas, por ejemplo, en retratar de forma bien explícita el miedo de aquellos campesinos armados, o en mostrarnos la risa histérica de alivio que se produce entre ellos al salir de una explosión de obús sin más daño que quedar cubierto por las tripas de un soldado enemigo.

Es digno de encomio que la editorial Yermo haya apostado por esta excelente obra, y este lector ya está contando los días que faltan para la publicación de los seis volúmenes restantes.

 

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La maldición del maestro -Crónicas de la torre- 2, de Laura Gallego

La maldición del maestro

La maldición del maestroHace unos días me pasé por aquí para hablaros de El valle de los lobos, primera parte de la saga Crónicas de la torre, y que está escrita por Laura Gallego. Os contaba cuánto me había gustado esa primera entrega y lo mucho que la había disfrutado. También os dije que iba a empezar de inmediato la segunda parte para poder contaros qué me había parecido, pero la verdad es que he tenido que dedicar mi tiempo de lectura a otros libros que también tenía que reseñar y, al final, esta segunda parte, La maldición del maestro, ha tenido que esperar un poco más de lo que me hubiera gustado. Pero aquí estoy, con él recién terminado y con los ojos puestos en la tercera parte. Porque la cosa sigue y sigue.

Como siempre que reseño una saga o parte de ella (me estoy dando cuenta que las sagas me van demasiado, por el número de reseñas que se podrían encuadrar dentro de este género) os pido, por favor, que si no habéis leído la primera parte, no sigáis leyendo esta reseña, porque será inevitable mencionar cosas que pasan en el primer libro y que forman parte de las intrigas de la primera entrega. Ahora, si sois de esas personas que les encanta leer spoilers y leer libros/ver películas sabiendo lo que pasa, sois bienvenidos. Por cierto, esta es una discusión eterna que tengo con mi prima Lucía, que no puede evitar leer todo sobre una serie/libro/película, a pesar de que sabe que pronto descubrirá por sí sola el final. De hecho, antes de empezar la séptima temporada de Juego de tronos, se vio decenas de videos de Youtube donde se destripaba la mayor parte de la trama. Así que ahora la temporada en sí tampoco le está resultando sorprendente. Normal… Yo soy anti spoilers y siempre sigo el mismo mantra: “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran”.

A lo que iba. La maldición del maestro es la segunda parte de la saga Crónicas de la torre. ¿Recordáis dónde lo habíamos dejado? Después de descubrir los secretos guardados por el Maestro, Dana consiguió derrotarle junto con Kai, Fenris y Maritta. Lo que ellos no sabían es que iban a desencadenar una horrible maldición que, con el paso de los años, comenzaría a manifestarse. Años después Dana es la señora de la torre, y ahora es ella la que ayuda a nuevos aprendices a convertirse en grandes magos. La protagonista de esta parte de la saga no es Dana, sino Salamandra, una chica que descubre que tiene el don de la magia, como ya lo hiciera Dana años atrás. Salamandra, gracias a su curiosidad innata y su gran manejo de la magia, descubre los secretos más ocultos de la torre. Y con ellos, también los de Dana.

Me resulta muy difícil hablar de este libro sin contar parte de la historia. Tengo la sensación de que, diga lo que diga aquí, en esta reseña, os estoy fastidiando la trama. Y es que todo en este libro es una sorpresa. A medida que van pasando las páginas, vamos descubriendo a la vez que Salamandra todos los secretos que Laura Gallego va revelando poquito a poquito.

A diferencia de la primera parte, La maldición del maestro tiene una trama más elaborada. No dejaba de llamarme la atención los pocos personajes que aparecían en El valle de los lobos y cómo con ellos Laura Gallego creó una gran historia. En esta segunda parte, las tramas se van enredando como si fueran una trenza, ambientadas en escenarios muy distintos entre sí. Incluso la escritora valenciana juega con dimensiones varias entre las que los personajes deberán viajar (no os digo más), dando la sensación de que el libro está mucho más elaborado que el anterior. Pero al final, veremos diferentes historias de distintos personajes que poco a poco irán a parar al mismo cauce, en un final que hará que deseemos seguir con la siguiente parte de la saga, La llamada de los muertos. Esta vez espero que mis planes salgan según lo previsto y en cuanto cierre el portátil pueda coger esa tercera parte de la que hablo, porque después del final que me ha dado Laura… no podré aguantar mucho tiempo más.

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El vendido, de Paul Beatty

El vendido

 

El vendidoNadie puede negar el acto heroico que se han marcado aquí los chicos de Malpaso. Traducir y traer a estas tierras esa rara avis que es El vendido exige mucha valentía que pocos pueden presumir de poseer. Y es que la novela de Paul Beatty ganadora del Man Booker Prize en 2016 es un hueso duro de roer. Su tono, su temática y sus infinitas referencias harán que más de una vez te plantees si has elegido el libro correcto. Lo es, créeme. No es fácil, no es complaciente. Pero te deja en un lugar en el que nunca antes habías estado. Si hace unos meses alguien me hubiese dicho que un libro sobre agricultura, esclavitud y segregación racial iba a hablarme sobre mi lugar en el mundo, le hubiese sonreído amablemente y me hubiese montado en el primer taxi que hubiese conseguido detener.

Y ahora estoy aquí soltando bondades sobre un texto que habla de minorías y todas esas connotaciones sociológicas que conlleva usar el nosotros cuando nadie nos ha pedido permiso para incluirnos. Ese horrible momento en el que alguien decide que formas partes de algo sin ni siquiera haberte explicado las claúsulas del contrato de arrendamiento. Sí, porque estamos hablando del alquiler de la identidad. Y porque ser negro hoy tiene sinfín de tonos grises de los que nadie nunca nos ha hablado. Hasta ahora.

El protagonista de esta historia va a ser juzgado por el Tribunal Supremo. Los cargos contra él incluyen restauración de la esclavitud y la segregación racial entre muchos otros. Claro que todo puede justificarse. Todo puede llegar a entenderse si se contempla la historia. Si comprendemos que ser hijo del mayor sociólogo racial –o psicólogo de la liberación- que ha visto Estados Unidos no es tarea fácil. Sobre todo si toda tu infancia es una sucesión de experimentos de carácter conductista con el fin de que asimiles a cualquier precio la esencia de la negritud entendida como el devenir rupturista de una raza sometida.

Ahí no acaba todo, ya que debido a la fama de su padre, nuestro protagonista hereda el puesto de susurrador de negros, un cargo autoimpuesto que consiste en sacar a negros de los brotes frecuentes de enajenación metal. Una molestia constante que sufren debido a la presión de reubicarse en un mundo que les devuelve un feedback denigrante.

La trama tarda poco en desmadrarse y la obtención del primer esclavo por parte del protagonista no hará sino agilizar la locura colectiva de una comunidad afroamericana llena de mexicanos, Dickens, cuyos ciudadanos son tan vulnerados por el sistema que ni siquiera aparece en los mapas. Una carrera contrarreloj para luchar contra la invisibilidad, esa nueva discriminación pasivo-agresiva que se esfuerza en reducir, simplificar y omitir a un colectivo que ensucia el paisaje de Los Ángeles.

Todo el planteamiento estrambótico que Paul Beatty propone en su novela no tendría ni pies ni cabeza si no usase la sátira más hiriente para llevarla a cabo. Sus personajes están tan al límite que uno no puede más que tomar distancia y analizarlos desde la caricatura. Más tarde entendemos, cuando todas y cada una de las reflexiones que el autor lleva a cabo son totalmente pertinentes, que la caricatura somos nosotros.

El chiste en la novela es el lector medio con ideas preconcebidas que con su simplificación de la realidad se ve desnudo ante un nuevo panorama que no controla y que no acierta a manejar. Sí, hay un punto de no retorno en la novela en el que no se sabe si uno, como lector, se ríe de los personajes, o está sucediendo todo lo contrario. Porque si bien es cierto que el estilo de Beatty no es fácil, sus disquisiciones sobre raza y minorías son lo más inteligente que he tenido el gusto de leer en mucho tiempo.

Paul Beatty nos propone un viaje en forma de flashback cuya resolución final roza la definición perfecta de mundo global. Los estereotipos devoran a las personas reales que hay detrás y el lavado de cara de la nueva discriminación no consigue que pase inadvertida. Hay una sensibilidad latente en todo el sinsentido que recorre la novela y una disertación final disfrazada de anécdota que deja claro que las multitudes no son homogéneas. Que detrás de los colectivos hay un conjunto de personas diferentes que comparten un rasgo en común, pero que no tienen que definirse necesariamente por dicho rasgo. Y que a pesar de existir muchas formas de estar en el mismo barco, eso no impide que el resto de la tripulación no se amotine contra ti si no estás remando en la misma dirección que ellos. Toda una revelación.

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Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie

medio sol amarillo

medio sol amarillo¿Os suena Biafra? Yo no había oído hablar de ese lugar hasta hace una semana. No tenía ni idea de su independencia de Nigeria en los años sesenta ni que eso dio origen a una guerra de la que aún sus ciudadanos sufren las consecuencias. Pero gracias a Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie, ya conozco parte de lo que ocurrió antes del conflicto bélico y muchas de las cosas que nunca deberían haber sucedido durante su transcurso.

No había mejor título para esta novela que el símbolo de la bandera de aquel efímero país, ese medio sol amarillo que auguraba un nuevo comienzo para los biafreños y su futuro glorioso, surgiendo entre esa franja roja que representaba la sangre de los asesinados en el norte del país; la franja negra, que recordaba el duelo por ellos y la verde, que presagiaba la prosperidad de Biafra. Ese medio sol amarillo que acabó encarnando el ocaso de las esperanzas de los biafreños de tener un país diferente.

Chimamanda Ngozi Adichie, nieta de personas que murieron en esa guerra y criada en una sociedad en la que pervive la sombra de aquella derrota, toma la palabra para mostrarnos las experiencias de aquellos que la vivieron, sus dilemas pequeños y enormes sobre sí mismos, su país y el conflicto armado. Porque ahí, en las historias de las personas corrientes, es donde se trasluce la verdadera dimensión de las tragedias.

A través de tres personajes de distintos estratos sociales y puntos de vista —Ugwu, el supersticioso pero inteligente sirviente de un profesor universitario; Olanna, una complaciente mujer de la clase burguesa, y Richard Churchill, un británico afincado en Nigeria para conocer y escribir sobre su cultura—, y de sus familiares, compañeros de trabajo y amigos, Chimamanda Ngozi Adichie articula un relato de aquellos años —antes y después de los años sesenta—, de sus contradicciones, de sus corruptelas y de sus masacres. La historia de un país contada desde dentro, para dar cuenta de su pasado y de su gente, y romper así con esa versión única etnocentrista que siempre da Europa sobre Nigeria en particular y África en general. Y es que Europa muestra las hambrunas para remover conciencias y promover solidaridades, pero se calla los porqués de estas, en las que sus estratagemas para dominar el territorio y expoliar sus materias primas tuvieron y tienen mucho que ver. Pero que nadie se equivoque: Medio sol amarillo no cae en el discurso vacuo de «hombre blanco malo», tan simplista como el anterior, sino que se trata de una novela profunda, llena de matices y sin complacencias, que da voz a aquellos que han estado siempre silenciados, aun a sabiendas de que no todo lo que digan los dejará en buen lugar.

Aquel país llamado Biafra, que solo existió tres años y que quedó arrasado por el conflicto bélico y una hambruna que Cruz Roja Internacional consideró la situación de emergencia más grave desde la Segunda Guerra Mundial, no puede ser desconocido u olvidado por millones de personas. Por eso, hay que leer Medio sol amarillo, donde la reveladora mirada de Chimamanda Ngozi Adichie nos muestra los verdaderos sentimientos de aquellos que se esperanzaron y decepcionaron en aquellos cruentos años. Los escritores africanos alzan sus voces, esas que nunca debieron perder, para contarnos su historia. Al resto solo nos queda sentarnos y leerlos, y disfrutar viendo como rompen en mil pedazos la simplista visión del mundo que durante siglos nos han inculcado.

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Veneno que no la mate, de Juan Miguel Borrego

Veneno que no la mate

Veneno que no la mate

Para defender una causa justa no es necesario tratar de blanquearla. Incluso me atrevería a decir que no es recomendable. En muchos casos basta con darle visibilidad, con señalar al mundo que ese problema sigue existiendo, ya que es en el silencio y en la falta de concienciación pública donde mejor florecen los irracionalismos. En el caso de Veneno que no la mate, obra publicada por Círculo Rojo en su colección Teatro, Juan Miguel Borrego plantea un enredo protagonizado íntegramente por mujeres, pero que para nada idealiza a su género. Simplemente le cede todo el protagonismo durante unos minutos para reafirmar que ellas son capaces de todo, tanto de lo mejor como de lo peor, sin que sea necesario que haya hombre que les dé el visto bueno o les censure.

Toda la obra teatral se desarrolla en la sede de una asociación de mujeres. En ella, las cinco protagonistas colaboran con diferentes causas y movimientos sociales. El conflicto central se inicia cuando Andrea, la voz cantante del grupo, desvela que va a casarse con su prometido, al que también pretendía Diana, una joven caprichosa y de fuerte carácter. Ésta última hará todo lo posible para evitar el matrimonio, para lo cual contará con la complicidad o el silencio del resto de las asociadas, las cuales no se atreven a pararle los pies por motivos diversos, a pesar de las altas probabilidades de que el desenlace de sus actos sea fatídico.

Como se puede ver, el compromiso del autor con el feminismo es palpable desde el propio planteamiento de la obra; de hecho, no aparece ningún hombre en ellaa, al menos como personaje activo. Lo principal en esta breve historia es la relación que existe entre cinco mujeres muy diferentes, cuyas personalidades están fuertemente marcadas tanto por su nivel socioeconómico como por la época en la que les ha tocado nacer. Es precisamente este choque generacional positivo, el mismo que ha provocado que la mujer poco a poco haya dejado de ser entendida y de entenderse a sí misma como un mero complemento de su marido para pasar a escribir su propio destino, el que brilla en el comienzo de la obra. Un empoderamiento que, como bien recoge el autor en una de las historias secundarias que pone sobre la mesa, todavía se encuentra en marcha y no se debe bajar la guardia.

Unido a lo anterior, si algo ha logrado sobradamente el autor gaditano es que sus personajes hablen como lo hace la calle. El lenguaje es sumamente llano e imperfecto: directo, brusco, plagado de onomatopeyas, de errores léxicos y de frases inconexas, lo que, por desgracia, no dista mucho de la forma en la que habitualmente nos comunicamos de viva voz. Esto no es una cuestión nimia; al fin y al cabo, cuántas lecturas pierden verosimilitud por basarse en diálogos excesivamente perfectos y acartonados. En ese sentido, creo que este es uno de sus principales logros, junto con la forma pausada en la que Borrego va introduciendo a los personajes en la historia, de tal forma que resulta sencillo captar las marcadas personalidades, casi caricaturescas, de cada uno de ellos.

Con todo, he echado un poco en falta una mayor adaptación del contexto a los tiempos actuales. Es decir, especialmente en el caso de las tres mujeres más jóvenes, que rondan la veintena, creo que no hubiese estado de más aproximarlas al mundo de redes sociales, series televisivas y modas pasajeras en el que vivimos. Por el contrario, el autor ha optado por escapar de prácticamente todo aquello que escapa del puro contacto humano, con lo que la trama podría situarse sin problema en épocas bien distintas. Ello no quita para que nos ofrezca una sucesión de hechos enormemente entretenida, en la que los giros de guion, numerosos para lo reducido de la obra, permiten que lleguemos a las últimas páginas sin tener demasiado claro cuál va a ser el desenlace, lo que siempre es de agradecer.

Veneno que no la mate tiene su mayor virtud en su sencillez, en su falta de pomposidad tanto en su planteamiento como en la forma de actuar de sus personajes, a lo que se añade el claro propósito de su autor de reflejar cómo la mujer va tomando poco a poco en nuestra sociedad el papel que le corresponde. No son pocos (ni pequeños) los motivos, por tanto, para darle una oportunidad a esta lectura.

 

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69 relatos eróticos, de Javier Mariscal

69 relatos eróticos

69 relatos eróticosHay una cosa que todavía no he entendido y me gustaría hablar de ello para ver si alguno de vosotros puede iluminarme al respecto. Uno de los géneros literarios más vendidos es la novela negra. Crímenes suculentos y enrevesados llenan las estanterías de los bestsellers. Si le dices a alguien que te recomiende un libro, es muy probable que alguna de esas recomendaciones sea un libro cargadito de muertes y matanzas y un policía astuto que tenga que resolver todos los misterios. A mí me encanta ese género, y no podría ser de otra forma, ya que después de terminar la carrera de Derecho me metí a estudiar Criminología. He intentado leer libros descriptivos de más, como por ejemplo Anima, en el que la primera muerte que se describe es tan explícita y desagradable que tuve que cerrar el libro porque no podía seguir leyendo. Es la única vez que me ha pasado algo así. Y no es que yo sea demasiado aprensiva, pero está claro una tiene sus límites. Y uno de mis límites fue ese libro —en serio, no sé si lo habéis leído. Si lo habéis conseguido… enhorabuena, yo acabé regalándolo. Qué horror—. Recientemente también he leído Galería de asesinos sin alma, un libro que recoge los escarnios producidos por los asesinos más famosos del mundo. Algunos verdaderamente desgarradores y desagradables. Pero ese sí que lo leí como si nada. Pasaba las páginas donde se narraban historias de lo más macabro y me pareció hasta interesante. Quizás es que lo leyera como estudiante de Criminología y no como alguien que busca entretenerse, puede ser. También cuando enciendo la tele suelo sentir lo mismo. Veo Juego de tronos, donde las muertes son las grandes protagonistas y las escenas de sangre son muy explícitas. Pero llega un momento al que te acostumbras, ya ni apartas la vista cuando la sangre brota como si viniera de una manguera. Tarantino es uno de mis directores de cine favoritos. Incluso me hace gracia el humor tan especial que tiene. Será que, como he dicho, me he acostumbrado.

En cambio, es sorprendente cómo con las escenas de sexo no siento esa indiferencia. A pesar de que en mi casa jamás ha sido un tema tabú, no puedo evitar sentirme violenta cuando estoy con alguien viendo una película y una escena se sube de tono. No entiendo por qué puedo ver cómo una persona le revienta la cabeza a otra de un puñetazo pero en cambio me siento rara cuando la escena es de sexo.

Así que cuando me propusieron leer 69 relatos eróticos no sabía qué hacer. No por leerlo, sino por reseñarlo. Desde que empecé a reseñar en Libros y Literatura tuve claro que yo iba a ser sincera en todo lo que escribiera, así que esta ocasión no iba a ser diferente. Por lo que, mientras lo leía, pensaba que una cosa era leerlo, en la intimidad, sin que nadie me viera, y otra muy diferente iba a ser tener que hablaros de este libro. Pública y sinceramente.

Así que allá voy. Para empezar, era la primera vez que leía un libro de estas características. Vale, en su día me acerqué al género erótico con Cincuenta sombras de Grey y con algún libro de Lena Valenti. Pero la verdad es que estos libros, en los que hay un trasfondo romántico, una historia de intriga y una trama, no tienen nada que ver con el libro de Javier Mariscal. En estos relatos lo importante es el sexo. Puro y duro. Sí es cierto que cada relato, de una página, página y media como mucho, ofrece un contexto diferente y una ambientación que nada tiene que ver con el relato anterior. Se compone, como su propio nombre indica, de sesenta y nueve relatos de carácter erótico. Muy erótico y muy explícito. En el prólogo, el autor cuenta que estaba harto de que la gente que buscaba un libro con historias subidas de tono se encontrara con narraciones descafeinadas en las que al final, el sexo, pasaba a segundo plano. Quería que esas personas que buscaban una chispa (como bien él explica, para darle el fin que el lector esté buscando, ya me entendéis), la pudieran encontrar en su libro.

Vayamos directos al grano. ¿Me ha gustado o no? La respuesta es clara y sencilla: a ratos. Hay relatos que me han atrapado desde la primera palabra y hay otros que me han llegado a resultar hasta desagradables. Pero el sexo es así, hay gustos para todo. A unos les van los fetiches, a otros el sado, a otros los juegos, a otros las cosas normales y corrientes. Pero… ¿qué son las cosas normales y corrientes? ¿quién dice qué es lo correcto en el sexo y qué es lo que está fuera de lugar? En fin, me imagino que sean los propios gustos de los consumidores los que marquen los límites y los que hagan a una persona decir que algo es normal o no. Por eso, a mí, 69 relatos eróticos me ha gustado a ratos. Hay relatos que me han parecido algo desagradables, porque, no sé, dentro de mis gustos no se encuadran ese tipo de actividades. Pero otros… ahí lo dejo.

Javier Mariscal dice en su prólogo que los relatos son completamente ficticios, pero que eso no quita para que alguien se vea reflejado en alguna de las historias que él cuenta. Puede ser que tú estés leyendo uno de los relatos y rememores alguna de tus vivencias sexuales. O puede que no. O puede que no y que el relato te haya dado una idea para poner en práctica. Al fin y al cabo, de eso se trata el erotismo. De avivar la chispa y la mente. Y es que la mente en el sexo está infravalorada. Leed el libro y luego me contáis.

En cuanto a la originalidad de los relatos, encontramos algunos que podríamos tachar de típicos, pero ya os aseguro que son los que menos. Cuando empecé a leerlo tenía la intriga de saber si el autor sería capaz de escribir sesenta y nueve relatos que no tuvieran nada que ver entre sí, con experiencias y vivencias diferentes en cada escena. Y vaya que si ha sido capaz. Yo no sé si es que Javier Mariscal ha experimentado mucho en su vida o es que tiene una imaginación poderosa. En cualquier caso, lo ha conseguido.

Para los amantes del género, será toda una delicia leer estos breves relatos. Y para los que no lo sean o no se hayan atrevido todavía con él… deciros que hay que quitarse los pudores de encima. Que, como se dice en mi pueblo, en todas las casas se cuecen habas y que a nadie le tendría que dar vergüenza admitir que lee este tipo de lecturas. Hablo yo de quitarse los pudores de encima… yo, la que si está viendo con alguien una película y sale una escena de sexo, se siente incómoda. Pero en fin… por algo se empieza. Es una pena, pero os voy a tener que ir dejando ya, que se me han ocurrido algunas cosas que tengo que poner en práctica. Seguro que si lo leéis, a vosotros os pasará lo mismo.

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Batman de Arkham y otras leyendas, de Enrique Alcatena

Batman de Arkham y otras leyendas

Batman de Arkham y otras leyendas¡Arr! ¡Barco a la vista! ¡Mostrad los colores, miserables ratas de sentina! ¡Sacadle brillo a vuestras espadas y clavadlas en los fétidos corazones de esas cucarachas hambrientas!

Lo reconozco, las historias de piratas me vuelven loco. Poco hay en sus leyendas que no resulte fascinante. Tienen todos los ingredientes que se les pide a las mejores narraciones de aventuras. Basadas en relatos de las grandes batallas por conseguir el oro de los españoles en el Caribe allá por los siglos XVIII y XVIII, estos cuentos poseen un cariz histórico envuelto en grandes dosis de fantasía y enigmas en alta mar. Las historias están repletas de acción, lo que las hace ideales para convertirse en entretenidas lecturas. Batman de Arkham y otras leyendas, pese a dar protagonismo por el título y la portada a la historia con la que comparte antología, incluye dos aventuras de piratas que aúnan lo mejor de este tipo de lecturas, pero con el incremento de ver a Batman, Robin, Catwoman o Joker convertidos en temibles corsarios. En seguida comento lo más destacado de este cómic que, ya os adelanto, va a hacer las delicias de los amantes de las buenas ilustraciones.

Los cuentos de piratas han dejado una huella imprescindible en la literatura a través de sus pintorescos personajes siempre actuando en pos del honor y la valentía que caracterizaba a aquellos hombres rudos que lucharon y saquearon grandes botines cuando los reyes de España poseían el control del oro en el Caribe. La Corona de Inglaterra intentaba apropiarse de tan preciadas posesiones y, en ocasiones, alistaban en sus filas a piratas para que hicieran el trabajo sucio. A partir de ahí se formaron diversos bandos que intentaban conseguir sus propios tesoros y se crearon leyes infranqueables que todo hombre debía respetar. Después llegaron las leyendas de valientes piratas que arrasaron poblaciones enteras y consiguieron escapar de la horca y de otros peligros, como las míticas bestias marinas que surgían de las profundidades del océano. Los temidos piratas dominaban el mar.

Muchas son las aportaciones sobre corsarios y bucaneros en la literatura. Desde cuentos infantiles a tenebrosas historias adultas, la piratería ha gozado de una espléndida muestra de narraciones impecables. Y por supuesto, el cine no ha hecho más que agrandar el mito con, entre otras, la exitosa saga de Piratas del Caribe sobre las aventuras del excéntrico capitán Jack Sparrow (Johnny Depp). Todas estas aventuras han bebido de dos de las más importantes obras literarias de piratas: La Taza de Oro, de John Steinbeck, donde se narra la historia de Henry Morgan, el más famoso bucanero que ambicionaba hacerse a la mar y conseguir grandes tesoros y que, pese a tenerlo todo, anhelaba aquello que siempre le era negado, el amor. En esta novela, centrada en los históricos y reales saqueos a la ciudad de Panamá, conocida como la Taza de Oro, se reflejan los códigos de honor de los piratas que prácticamente han continuado el resto de narraciones sobre piratería. Otra de las obras cumbre de este género aventurero es El Corsario Negro, del escritor italiano y gran especialista en novelas de acción Emilio Salgari. La historia de este otro corsario se relaciona con la anterior ya que uno de sus ayudantes no es otro que un joven Henri Morgan, aún preparándose para convertirse en el gran pirata que llegaría a ser. La romántica historia de El Corsario Negro no solo muestra las reglas de la piratería sino el sentimiento más elevado sobre el honor y la lealtad de los hombres de mar.

Todas estas características comunes a las leyendas de piratas han sido tomadas en cuenta para una obra rompedora, original y excitante como la que recoge el tomo Batman de Arkham y otras leyendas. Créeme cuando te digo que he leído a uno de los mejores Batman que puedas imaginar. Aunque en realidad, lo mejor de este cómic son sus dibujos. Corren a cargo del argentino Enrique Alcatena que se convierte en protagonista indiscutible de este tomo elevado a la categoría de obra maestra. Sin duda su nombre aparece en letras grandes por encima de los guionistas que escriben las historias que contiene el cómic, Alan Grant y Chuck Dixon, porque la genialidad de su talento bien merece reflejar en portada su labor. Yo todavía no puedo quitarme de la cabeza las viñetas que ha creado. Imposible hacerlo.

El tomo pertenece a la colección Otros Mundos; historias que narran las vivencias de los héroes de DC si vivieran en otra época y contexto. En el caso de Batman de Arkham y otras leyendas, las historias que se agrupan en esta antología pertenecen a dos épocas distintas; la primera de ellas traslada al Caballero Oscuro al Londres de 1900 donde Bruce Wayne es un afamado doctor que intenta encontrar una cura para los pacientes de Arkham durante el día y por la noche se cubre con su capa para intentar capturar al Joker. En esta obra, el tono pulp se hace patente además con el respetuoso homenaje que el dibujante dedica al Batman de Bob Kane. Sus puntiagudas orejas se perfilan en los morados cielos como una sombra.

La segunda de la historias es la dedicada al mundo de la piratería. Aquí viene la genialidad de este cómic. La estética de los personajes te va a dejar con la boca abierta y por supuesto se quedará grabada en tu retina. Muchos son los cómics que han plasmado una imagen de Batman o de sus villanos y las han convertido en icónicas. La ya citada de Bob Kane, el Joker de camisa hawaiana de Brian Bolland, la vigorosa corpulencia que Frank Miller realizara para El retorno del Caballero Oscuro, el original estilo detectivesco de Francavilla o los modernos diseños actuales de Greg Capullo. Sin duda, los creados por Alcatena formarán parte de este listado de icónicos estilos. Encuadrados en un precioso entramado de viñetas de corte barroco, la historia de saqueos en alta mar por parte del capitán Leatherwing (Batman) y su ayudante, el pirata Alfredo, avanza con un ritmo trepidante propio de las aventuras de corsarios y provoca en el lector una escapada de las tan manidas historias del Hombre Murciélago. El Joker, con una llamativa estética barroca, intenta hacerse con el botín del navío de Leatherwing, así que decide perpetrar una audaz estratagema aliándose con Catwoman. Esta divertida aventura cede el paso a un relato corto narrado en verso que cierra una antología brillante y muy necesaria para devolver el placer de leer historias llenas de fantasía y acción.

Los piratas nunca dejaron de existir, elevaron sus anclas y navegan por el mar del Caribe esperando a que otros den rienda suelta a sus fantásticas leyendas. Era solo cuestión de tiempo que alguien, en su imaginación, volviera a avistar a lo lejos los colores piratas, la ondeante bandera de la calavera. ¡Arriad las velas, repugnantes sapos tuertos, y disfrutad de la leyenda pirata!

 

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Formas de la niebla, de Miguel Ángel Manzanas

Formas de la niebla

Formas de la nieblaPoesía. Que no se puede vivir sin ella, lectores. Que hay que volver a la poesía una y otra vez. Y yo siento que me falta algo cuando no estoy entre versos. Porque ya sabéis que me gustan todos los géneros (o casi todos), pero tengo una vocación y una predilección por y para la poesía.  Y me encanta sentirme arropada cuando la leo.

Por eso elegí Formas de la niebla, porque tenía ganas de sumergirme en un poemario, en la voz de alguien desconocido que he ido conociendo a través de sus palabras, de sus pensamientos más íntimos. ¿Hay alguna forma mejor de conocer a alguien?

Miguel Ángel Manzanas es madrileño y poeta. Ha recibido varios premios literarios, tanto nacionales como internacionales por poemarios como Viviendo de reojo (Premio de Poesía Federico García Lorca). También ha publicado los poemarios Divino diván y Cuaderno de paseo. Además, ha escrito artículos de investigación literaria y poemas para diversos medios y comparte profesión conmigo: también es traductor de portugués. Una pasión que compartimos y que me gustó conocer antes de adentrarme en su poemario, porque he podido comprender mejor algunos de sus versos.

A mí me gusta mucho hacer anotaciones en los libros (siempre a lápiz) y sobre todo en los poemarios. Es como si así dialogase con el autor, es mi momento de réplica, de darle la razón o de discutir con él.

Uno los poemas de Formas de la niebla, llamado Canto séptimo es toda una oda a Lisboa, una ciudad que a mí también me fascina y que me despierta un montón de sentimientos encontrados. En mi diálogo con el autor le dejé una nota: “mesma paixão”. Lo entenderéis con estos versos:

Y hay ciudades absurdas

donde brilla el metal,

donde el obtuso abrazo de los hombres

tiene aromas de légamo y de níquel,

pero Lisboa no. Porque Lisboa

es un niño que corre

en pos de una paloma,

la muchacha que tiende sin pudor

sus ropas interiores

en la lírica noche

y el anciano que me recriminó,

en una iglesia humilde y periférica,

que naciera del fondo

de mis torpes bolsillos

un rumor de moneda a cada paso

una tarde de lluvia,

en la vieja Lisboa”.

Dividido en dieciséis cantos, Migue Ángel Manzanas, aborda en su intenso poemario sentimientos complejos, como esa infancia apacible que da paso a otra clase de juego:

“La edad de la ternura se ha agotado:

hoy aquel candoroso adolescente

comando un barco ebrio,

se revuelca en su nicho de lujurias,

participa del sótano del mundo”.

O el amor, representado tras la consigna de Rimbaud “Reinventar el amor” que el autor hace suya. Porque el poeta también reinventa otros sentimientos, les pone nombres de cantos y los lanza al aire, en busca de un lector que los haga suyos. Y ha ocurrido la magia, amigos. Me han arropado los versos de Formas de la niebla. Me he sentido cómoda y me he dejado llevar. ¿Cómo no iba una una a querer a la poesía así?

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