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La chica que dejaste atrás, de Jojo Moyes

La chica que dejaste atrás

La chica que dejaste atrásMira que a mí, los libros que versan sobre las temibles Guerras Mundiales que asolaron Europa, no es que me hagan demasiada gracia, pero llevo una temporada que, muchos de los libros que leo, versan —o al menos en parte— sobre estas barbaries. El último ejemplar de este estilo que reseñé fue El ruiseñor, novela que me encogió el alma a medida que iba pasando las páginas. La chica que dejaste atrás también sobrecoge, pero de una manera un poco más amable. Os voy a poner en situación para que esta reseña tenga sentido:

En plena Primera Guerra Mundial, Sophie ve cómo su marido tiene que marchar al frente. En un principio pensó que las tropas alemanas no llegarían hasta su pequeño pueblo, donde regentaba un bar junto con su hermana. Pero Sophie no podía estar más equivocada. Cuando un comandante alemán cruzó la puerta de su establecimiento, Sophie pensó que todo su mundo se iba a ir al traste. Su marido, a cientos de kilómetros y ella ya casi sin fuerzas ni alimentos que ofrecer a sus clientes; factores que no le ayudaban precisamente. Así que cuando el comandante quedó prendado de un cuadro que retrataba a Sophie (pintado por su marido), esta se pensó lo peor. La obsesión del comandante por ese cuadro llegó a rayar la locura, hasta el punto de enamorarse de esa mujer. Pero Sophie hacía mucho que dejó de ser la chica del cuadro, alegre, soñadora, apasionada.

Un siglo después, ese cuadro pasaría a manos de Liv Halston, cuando su marido se lo regaló como regalo de bodas, poco tiempo antes de morir repentinamente. Encontró ese cuadro en Barcelona, pagando por él una cantidad irrisoria. Liv jamás se imaginaría que tenía en sus manos una obra millonaria y que un policía lo estaba buscando con todas sus fuerzas, por tratarse de un cuadro robado.

Conocimos a Jojo Moyes en Antes de ti y Después de ti. Y mentiría si dijera que La chica que dejaste atrás no me ha recordado a esas dos novelas. Aunque al principio viajamos a una época diferente, a la que no nos tiene acostumbrados esta escritora londinense, la verdad es que en un personaje en concreto encontramos muchos rasgos que nos hacen recordar a Louisa Clark, lo que por otra parte es maravilloso, ya que irradia una personalidad abrumadora y cuya peculiaridad hace que le cojamos aprecio y simpatía desde un primer momento.

Esta novela habla de la persona que dejamos atrás cuando la vida se vuelve árida y gris. Habla del recuerdo que queda en la mente cuando eres consciente de que todo ha cambiado. Una guerra, una pérdida, da igual. Nada puede ser lo mismo que era en un principio. Tanto Sophie como Liv vivieron una época en la que eran felices, alegres, soñadoras. Pero después de vivir los momentos más duros que el destino tenía preparados para ellas, ya nada queda de las chicas que fueron algún día. De ahí el título. La chica que dejaste atrás es esa chica llena de esperanzas, de ilusiones, de felicidad. Ahora, después de tanto sufrimiento, solo queda pérdida, dolor y desamparo. Cuando el comandante se enamora de la chica del cuadro, no tarda en darse cuenta de que Sophie ya no es esa chica. Que esa joven desapareció el día en que su marido se fue al frente. Lo mismo pasó con Liv. Hubo un tiempo en el que fue feliz, pero la repentina muerte de su marido hizo que las ilusiones y la esperanza se desvanecieran casi al instante en que el alma de su marido volaba lejos de su cuerpo.

Es una historia que sobrecoge porque vas viendo, página a página, cómo esas dos mujeres luchadoras, se dan cuenta de que ya no son lo que eran hace años. Y eso rasga un poquito el corazón. Porque no hay nada más triste que saber que, tiempo atrás, fuiste feliz. Y ahora eres incapaz. Como las anteriores novelas que he leído de Jojo Moyes, este libro es carismático y muy entretenido; ha logrado que me pusiera en la tesitura de las dos protagonistas y que me preguntara si, en algún momento, echaré de menos a la chica que soy ahora mismo.

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La vida negociable

la vida negociable

la vida negociable Regresa, tras el excelente paréntesis que nos ofreció con su anterior, particular y personal libro, El balcón del invierno, el Luis Landero que todos conocemos. Y regresa igual de fresco y natural que cuando nos sorprendió a propios y extraños con aquellos Juegos de la edad tardía o El mágico aprendiz que todos ustedes, seguro, guardan en su memoria lectora.

Esto tiene Luis Landero, que escribiendo sobre cosas y personas grises a los que nadie les daría ni dos minutos en un telediario regional, hace grandes creaciones, es capaz de sacar un relato impresionante navegando por la vida y por el vocabulario, y naturalmente por su capacidad de unir la vulgaridad de los hechos con la brillantez de la narración.

La vida y los sueños … Y los recuerdos reales y los recuerdos soñados.

Landero ganó, en 1989 el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura; en muchas ocasiones tras los premios viene lo que podríamos llamar el reposo del escritor. Él no podía descansar pues llegó a lo más alto con su primera novela, pero una tras otra ha ido creciendo y sorprendiendo al lector amante de la Literatura.

He leído con auténtico placer La vida negociable, porque he de reconocer que disfruto con la buena literatura española que ha bebido de sus propias fuentes y se ha alimentado de sus propias raíces.

¡Qué habilidad la de este autor para acondicionar la tradición a un relato actual!

En uno de los capítulos salté del sillón en el que estaba tan plácidamente para leer en voz alta a mi familia un pequeño cuento que a Hugo le cuenta su padre, un cuento en el que quedan reflejadas las virulentas relaciones entre padres e hijos y en general entre generaciones, unas que vienen y otras que se van… Y les leo esa corta historia entre un abuelo y su nieto, y no nos queda otra que reírnos, pero no con risotadas divertidas, que va, es una risa que se inicia alta pero se va tornando en agria y he de reconocer que al final termina dejándote un regusto bastante amargo.

En esta ocasión será al pequeño Huguito al que acompañaremos en el devenir de su vida, una vida dura, una continua tragicomedia que hace de su vida una montaña rusa. Un ser humano que se crea su propio pozo, al que las circunstancias le arrastran una y otra vez. Huguito se convierte en Hugo pero el esperpento soñador se mantiene en el personaje y en la historia…

La joven Leo, otro personaje a explorar, otro ejemplar humano al que Landero tampoco dará tregua. La relación explosiva entre Leo y Hugo. Dos sobrevivientes.

La relación de Hugo con sus padres es como la relación de Hugo con el mundo. Landero nos hace reír donde debemos llorar, en algún momento ha llegado a conmoverme profundamente. Ese no saber amar ¿Quién se ocupa y preocupa hoy de enseñar a amar? ¿Dónde vemos ese amor …?

Tiene razón Landero, es más fácil hacer una vida negociable en la que todo está mercantilizado, pero en ella jamás se termina de encontrar la paz y el perdón que todos deseamos.

“Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles. Cuando yo era adolescente, cuando apenas sabía algo del mundo de los mayores, ni tenía clara conciencia del bien y del mal, e ignoraba por tanto de que manera prodigiosa puede llegar uno a convertirse en un momento, quizá sin advertirlo, como en una cara o cruz, en un canalla o un santo, un día mi madre me llevó con ella a un lugar secreto., y yo supe que era secreto porque eso fue lo primero que me dijo en cuanto llegamos allí.
Tú eres capaz de guardar un secreto, ¿no?…”

Y así empieza el autor su obra, como empiezan todos los contadores de buenas historias.
¿De cuantas cosas nos habla Landero en su libro? Literatura, vida, metaliteratura, de los sueños, de la búsqueda de la felicidad, de que la vida se nos va en un mar de sueños y que es posible que los sueños también sean parte de la vida, una parte importante, llegar a la felicidad a través de todo aquello que esté a nuestro alcance.

Y cómo no recordar, tras leer La vida negociable,  aquí y ahora a Calderón que a través del monólogo de Segismundo nos dice aquello de que:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida?, un frenesí.
¿Qué es la vida?, una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

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El valle del óxido, de Philipp Meyer

El valle del óxido

El valle del óxidoMe ha costado mucho decidir cómo iba a enfocar la reseña de esta novela, confieso. Yo escribo un poco por impulso sobre lo que me sugiere lo que leo, las sensaciones que he tenido, lo que me ha recordado. Luego tengo que pararme bastante a elaborar lo que quería decir porque al principio es algo caótico.

Me diréis que empiece por el principio, que suele ser lo más sencillo, pero ¿cuál es el principio en una reseña?, ¿existe un manual de reseñas?, ¿el libre albedrío es lo más auténtico?, ¿o quizá un cuidado descuido sería lo más natural? Yo estoy algo asilvestrada en esto de escribir reseñas, así que voy a hacer lo que el instinto me dicta.

Después de esta introducción, introspección o reflexión filosófico-literaria os voy a contar de qué va la novela que acabo de leer y las sensaciones que me ha despertado, intentando que sea de forma ordenada. Empezaré por el argumento para poneros en situación.

El escenario es Buell, condado de Fayette, norte de Pensilvania; un lugar precioso en otro tiempo, con bosques, montañas y ríos. Ahora es un sitio abandonado, después de haber sido una zona de explotación industrial del acero. Aquí no he podido evitar trasladarme a zonas del País Vasco y Asturias. Tanto por lo del paisaje como por lo del desmantelamiento industrial. Yo no he leído estudios, si es que los hay, sobre cómo influyó el cierre de un montón de industria o minas en estas zonas, pero recuerdo de primera mano Sestao, que para el que no sepa, es una población entre Bilbao y Santurce, que prácticamente nació y se desarrolló por y para Altos Hornos. Cuando estos cerraron, la crisis que generó a nivel sobre todo social, es de antología y digna de estudio.

Es este lugar crece Isaac, que es uno de los protagonistas. Creo que El valle del óxido es una novela coral, porque aunque el joven Isaac es uno de los personajes principales, tienen mucha o tanta importancia otros que podrían parecer secundarios. Este chico tiene 20 años y una inteligencia superior. Vive con su padre, inválido, del que se ha responsabilizado desde que murió su madre (suicidio) y su hermana Lee se marchó a estudiar y a prosperar en la vida. Quiere ir a California a estudiar astrofísica; supongo que el cielo y las estrellas le gustan más que su mundo en la tierra. Tiene un amigo, que en principio no le pega nada, Poe, el típico chico popular en el instituto porque era deportista, aunque nada sobrado de inteligencia, que suele solucionar sus conflictos a golpes y ha dejado escapar una gran oportunidad universitaria. Vive con su madre, Grace, en una caravana. Le gusta comer lo que caza de forma furtiva y no hace nada mucho más productivo. La historia comienza cuando los dos chicos están alejándose del pueblo, porque Isaac ha decidido escapar de casa, llevándose todo el dinero que tenía el padre, y quiere convencer a Poe de que lo acompañe en su huida a California. Poco después de salir del pueblo vivirán un acontecimiento terrible, que marcará el resto de la historia.

La novela está estructurad en seis libros, y dentro de ellos, en capítulos con el nombre del protagonista del capítulo. Así que vas viendo cómo cada uno va viviendo los acontecimientos y la forma de contarlo es diferente. Isaac es un chico con una mente compleja por lo que sus capítulos también lo son. Poe es un chico bastante simple y el aire de las partes dedicadas a él también son más despreocupadas. Grace, la madre de Poe, es sufridora, triste, y te lo transmite. Y así con todos los personajes. El tiempo de la historia es corto, solo pasan unos días, pero muy intenso. Son importantes en el devenir de la narración el policía Harris y Lee, la hermana de Isaac. Es una novela compleja, pero no es difícil de leer. Me ha parecido muy elaborada, un gran trabajo literario.

Este es un libro oxidado, como su propio título indica. He tenido todas estas sensaciones mientras leía la novela: olor a viejuno, estropeado, corrompido, agua estancada y contaminada; ropa sucia, rancia. También he experimentado tristeza, desesperanza, dolor, soledad, arrepentimiento, injusticia y abandono. He visto ocre, amarillo sucio, marrón y muchas manchas. He saboreado amargura y acritud.

Según la contraportada, Philipp Meyer, quería explorar la pérdida del sueño americano, siguiendo el ejemplo de las novelas sobre la Gran Depresión. Por mi parte el objetivo está más que conseguido. Yo no sé si el sueño americano hace tiempo que no existe, pero la pérdida de los personajes de esta novela es total, casi todos tienen motivos para la depresión, verdaderamente. Es un libro duro y triste, pero no quiero que os quedéis solamente con el sabor amargo. También hay amor, amistad y un rayo de esperanza.

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El imperio del sol, de J. G. Ballard

el imperio del sol

el imperio del solMe gusta la novela bélica pero me asquea la guerra. Creo entender que la mayoría de los conflictos estallan como resultado de una negociación política infructuosa. El fin de la diplomacia. Poder, control de territorios, riqueza, odio… Y digo que creo entender porque me faltan piezas del puzzle, pinceladas del cuadro y razones para el entendimiento. No, no creo entender ni la mitad. Es por eso que leo literatura bélica. Buscando respuestas a todas esas acciones terribles perpetradas por el humano en esos momentos de sociedad civilizada en suspenso. En contraposición a esas acciones despiadadas, y supongo que en un intento de equilibrio entre tanta corrupción humana, es también en parajes en guerra, donde se crean situaciones que pondrán la bondad, la compasión o la supervivencia a prueba.

Altos el fuego en lugares gélidos provocados por la melodía de un violín tocado de forma magistral. Treguas temporales para jugar un partido de fútbol navideño con las tropas enemigas. Confraternización con prisioneros. Hechos ocurridos en los momentos que más se necesitaba que ocurrieran. Porque las situaciones complicadas sobraban. Momentos y lugares de heroísmo y terror, mezclados con amasijos de cuerpos, fuego y barro. Lugares como Normandía, Dunkerque, Auschwitz o las Ardenas. Éstos, de una u otra forma, pasaron a ser parte importante de La Segunda Guerra Mundial. Pero si hay algo más que tienen en común todos estos emplazamientos es que se hallan en la vieja Europa. De hecho, la mayoría de libros, series o películas nos acercan una y otra vez a todos estos sitios. Probablemente porque fue donde se originó el conflicto. Hoy en cambio vamos a volar hasta China, en concreto hasta Shanghái, para ser testigos de primera mano de cómo fue La Segunda Guerra Mundial en aquel lugar tan alejado de Europa; todo ello gracias a James Graham Ballard y a su libro El imperio del sol.

En El imperio del sol vamos a ver la guerra a través de los ojos de un muchacho llamado Jim. Vive en Shanghái junto a sus padres: británicos adinerados que residen en la ciudad desde antes de que él naciera. El inicio de la novela es complicado y algo farragoso ya que el protagonista debe explicar todas las tensiones políticas que había en aquel momento. “En la guerra de verdad nadie sabía de qué lado estaba, y no había banderas, comentaristas ni vencedores”. Las relaciones entre China y Japón estaban muy enmarañadas y ya de por sí resulta complicado entenderlo aunque te lo expliquen. La versión resumida y sencilla sería algo como: chinos y japoneses libraban una guerra no declarada desde que los segundos los invadieran en 1937. Así pues en la ciudad se vivía una inestable calma tensa. Para los europeos que vivían en asentamientos en los que se llevaba una vida occidental, a pesar de que ocurrían atrocidades por las calles, todo aquello parecía no afectarles. De hecho, al inicio, la desconexión, la desidia, de Jim con ese mundo resulta incluso violenta para el lector. Pero todo esto cambia cuando los japoneses atacan Pearl Harbor y entran en La Segunda Guerra Mundial, dejando además clara su posición en la contienda. Es entonces cuando éstos entran en acción en Shanghái. Es entonces también cuando la novela El imperio del sol da su pistoletazo de salida.

Supervivencia a toda costa mediante la adaptación y la esperanza como tabla de salvación. Esta frase podría resumir la novela de J.G. Ballard, ya que en su totalidad va de esto. Pues nuestro joven protagonista quedará separado de sus padres y tendrá que buscarse la vida, primero por las calles de una convulsa y violenta Shanghái y luego en Lunghua , un campo de prisioneros en el que será recluido. El muchacho se convertirá en un ser metódico, con un talento especial para la manipulación y la negociación. Capaz incluso de aliarse con la peor calaña con tal no solo de socorrerse a sí mismo, sino también a los amigos que hará por el camino. Algo que le resultará de vital ayuda en el campo de prisioneros para comerciar y poder alimentarse mejor que la mayoría. Por otro lado está su fe; fe en encontrar a sus padres, en reunirse con ellos a toda costa, una fe que choca con el miedo de que todo aquello acabe. Pues Jim se acostumbra a aquella vida, un hábito o una suerte de síndrome de Estocolmo que teme que acabe, pues prefiere un rutinario mundo en guerra que las incertidumbres que pueda portar un mundo en paz. Y de todo ello hace partícipe al lector con sus más profundos e íntimos pensamientos a la vez que comparte su respetuoso ensimismamiento, casi poético, por los aviones que sobrevuelan el cielo de Shanghai. Y es evidente que desde la perspectiva del lector la forma de pensar y actuar de Jim en un principio parece críptica e inexplicable, sobre todo en esas escenas en las que Jim profesa una veneración casi absurda hacía los soldados japoneses que lo tienen preso. “Jim se sentía más próximo a los japoneses, que se habían apoderado de Shanghái y que habían hundido la flota americana de Pearl Harbor”. Con el avance de la novela se pone de manifiesto que en tiempos de guerra las reglas cambian, la forma de razonar también y que Jim lo que intenta por todos los medios es salir indemne de todo aquello.

El imperio del sol de J.G. Ballard, basada en las experiencias del propio autor, es una novela bélica imprescindible que nos habla de la supervivencia, la superación y la esperanza en ese momento decisivo en el que un niño alcanza la adolescencia. En ella nos enfrentaremos a escenas que nos pondrán la piel de gallina, que nos dejarán con un nudo en la garganta o que nos plantearán ciertos debates morales, todas narradas con una prosa, que recuerda a la crónica periodística, y que llega a ser descriptiva al milímetro pero sin caer en sensacionalismos.

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Una casa en Bleturge, de Isabel Bono

Una casa en Bleturge

Una casa en BleturgeCuando un libro me gusta mucho no me gusta andarme con rodeos. Me salto el protocolo y las introducciones y voy directamente al grano. Sí, lo habéis adivinado, éste es uno de esos libros. Así que voy a ser directa: Una casa en Bleturge es uno de los mejores libros que he leído en los ultimes meses (y ya sabéis que leo mucho).

A Isabel Bono, la conocía, principalmente de oídas (o más bien leídas). Había leído algunos poemas suyos con los que me he topado casualmente, o bien en Internet o en antologías, pero nunca había tenido un libro suyo en mis manos. Y eso que como poeta, ya me llamaba mucho la atención. Pero aún me voy a quedar con las ganas de leer algún poemario de esta autora malagueña. Si lo pienso bien, es todo un lujo. Poder descubrir a un escritor puede ser una experiencia maravillosa. Y es que Una casa en Bleturge es la primera novela (o al menos la primera a la que ella considera así, porque con ella se siente realmente cómoda) de esta autora. Y aunque esta sea sin duda una novela, la novela rebosa poesía en cada uno de sus textos. Obviamente, desvincularse por completo del lado poético es muy difícil, máxime cuando se es una buena poeta como lo es Isabel Bono. Así que, afortunadamente, siempre queda algo de esa poesía en estos trabajos más prosaicos de los poetas. Y a mí eso me requeteencanta, que queréis que os diga.

Explicaros, aunque sea a grandes rasgos, Una casa en Bleturge es difícil. No puedo más que recomendaros su lectura. De todas formas, a aquellos indecisos, voy a daros más motivos.

Ganadora del Premio Café Gijón 2016, esta novela narra la vida de un matrimonio tan típico y atípico como cualquier otro. Una familia compuesta por una pareja aferrada al vacío, al dolor y a la soledad. Una familia de dos hijos, una niña mayor que ya no es tan niña y que sabe cuánto duele la culpabilidad y un niño pequeño que ya no está. Un hijo que muere y paraliza a ratos, a pedazos, unas vidas que continúan, que tienen que seguir existiendo sin él, encontrando su razón de ser. Y un lugar, un sueño, como vía de escape: una casa en Bleturge.

Al leer esta novela entramos, de lleno, en las mentes de sus personajes, especialmente en los pensamientos de la madre. Una mujer que busca y no encuentra, que no se encuentra, que no se quiere buscar. Una mujer rota, que no quiere unir sus pedazos, que los lanza por la ventana, que se balancea entre el pasado y el presente tratando de mantener el equilibrio de su vida y la vida de su familia. Acompañar a un padre enfermo, que se muere; a un marido que tras la muerte de su hijo ya no es quien aparenta ser, a una hija culpabilizada por su padre son algunos de esos pedazos que ella trata de recomponer. Aunque hay más, mucho más.

El ritmo de Isabel Bono es rápido, nos zambulle y nos ahoga, y cuando menos lo esperamos, cuando estamos a punto de decir adiós, de ahogarnos como la protagonista, ella se encarga de mantenernos a flote, de curarnos las heridas.

Una casa en Bleturge es una novela dura, no voy a engañaros. Es dura y hermosa, como la vida. Porque esta novela, a pesar de lo que pueda parecer, rebosa vida se mire por donde se mire. A mí me ha fascinado. Ojalá que vosotros, lectores, tengáis la ocasión de sentiros igualmente atrapados por esta novela. Merece la pena.

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Vernon Subutex 2, de Virginie Despentes

Vernon Subutex 2

Vernon Subutex 2Hace unos meses hablé aquí de la primera parte de la trilogía de Vernon Subutex, y recuerdo que al final de la reseña les pedía a los editores de Literatura Random House que se dieran prisa en traducir la segunda.

Por suerte para mí, lo hicieron y desde hace unas semanas podemos leer en nuestra lengua Vernon Subutex 2, la continuación de la historia del vendedor de discos que acaba siendo un sin techo (¡no he hecho ningún spoiler, esto podíais encontrarlo en la contra del libro!).

Dicho así, la sinopsis de esta historia dividida en tres partes no parece muy interesante. Pero lo es. Porque en estos libros Virginie Despentes hace un retrato preciso, crudo y no exento de humor de la sociedad en la que vive. La autora tiene el don de mostrarnos lo que tenemos justo delante de las narices y darle nombre. Integra hasta tal punto su ficción en la realidad que a veces tienes que dejar de leer para pensar, ¿esto que está contando no es verdad, no? Y, al mismo tiempo, logra hacer esa realidad fascinante. Y ya os adelanto que fascinar al lector con la descripción de un personaje liándose un porro no parece que sea muy fácil. Pero Despentes lo logra.

¿Qué cuenta entonces la novela? Sigue el periplo de Vernon que, como ya hemos dicho, en el libro anterior se quedó en la calle. En Vernon Subutex 1 vimos que, con el auge de las descargas ilegales y más tarde la crisis, la vida del protagonista se había ido convirtiendo, de manera lenta pero firme, en un infierno monótono, aislado y solitario. Tuvo que cerrar la tienda de discos y vivía prisionero en una ratonera relativamente cómoda, pero cada vez más solo y más pobre. Y es a partir del momento en el que le echan de su piso y se queda sin nada cuando la situación cambia.

Que Vernon Subutex se quedé en la calle es el detonante que hará saltar por los aires la vida de muchas personas, algunas que le conocían, otras que no. Ese pequeño acontecimiento actúa como una ráfaga de viento sobre un castillo de naipes y tiene consecuencias que se desarrollan en Vernon Subutex 2 hasta límites tan absurdos como verosímiles. Antiguos compañeros de banda, clientes, amigos, otros sin techo, conocidos de conocidos… Vernon es el enlace entre decenas de personas que no tienen nada en común entre sí y que precisamente por eso tienen mucho que aportarse.

Si en la primera parte veíamos muy de cerca los estragos que ha causado el tiempo en la vida de los que formaron parte de la juventud de Vernon, la segunda parte de la trilogía es mucho más luminosa. En Vernon Subutex 2 las piezas que conocimos en la primera encajan armónicamente, y Despentes crea un mundo del que quieres formar parte. Pese al peligro que entraña. Y, ahora sí, hasta aquí puedo contar sin hacer spoilers.

Por otro lado, la autora también ha creado al DJ literario que todos querríamos tener en nuestras fiestas. Por la novela desfilan Bowie, The Who, Link Wray, The Beatles… La banda sonora de Vernon Subutex se merece una lista de Spotify. Y bailando nos quedamos a la espera de la tercera parte y resolución del periplo de este extraño héroe. Sale en francés este mes de mayo. Señores editores, dense prisa.

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Mentes maravillosas. Lo que piensan y sienten los animales, de Carl Safina

mentes maravillosas

mentes maravillosasQue los animales sienten y padecen es algo que siempre he sabido. ¿No es de sentido común? Si tienen un sistema nervioso sienten el dolor. No hay vuelta de hoja. En serio, no la hay, por muy cavernícolas que algunos energúmenos se pongan, pero hoy no vamos a tratar del dolor. O al menos, no del meramente físico.

A los jóvenes científicos, afirma el autor del libro de hoy, se les enseña que la mente animal (si existe –y sí, existe–) es insondable. Hay que evitar a toda costa las cuestiones acerca de la vida interior de los animales, y sin duda la tienen. Es una cuestión que no hay que tratar porque nos cuesta reconocer que la barrera entre humanos y animales es artificial, ya que los humanos también son animales. En la década de los 70, el libro La cuestión de la conciencia animal provocó que muchos etólogos marginaran a su autor, David Griffin, quien averiguó el uso que hacían los murciélagos del sonar para orientarse. “Sugerir que otros animales podían sentir algo, cualquier cosa, no solo podía provocar un momento incómodo, sino que podía acabar con tu carrera”.

¿Es que necesitamos tan encarecidamente creer que somos tan tan superespeciales, tan únicos en el mundo? No lo somos. De hecho, somos lo peor. Lo más bajo. No seríamos capaces de sobrevivir en la selva simplemente con un taparrabos. Todos somos distintas formas de vida compartiendo (y lo de compartir es un puto eufemismo) el mismo mundo.

Es imposible hablar de Mentes maravillosas sin llenar la reseña de extractos y citas del mismo. Llenaría páginas y páginas con ellos porque explicarían mejor que yo lo que los animales son capaces de sentir, de hacer por ellos mismos, por sus compañeros y familia, por otras especies e incluso por los humanos. En este libro se demuestra que lo que entendemos por “mente” no es algo que únicamente posea nuestra especie.

“Un elefante se acerca al agua pensando ya en el alivio de refrescarse y en los placeres del barro. Cuando mi perro se tumba de espaldas para pedirme que le rasque la tripa, lo hace porque ya está pensando en la sensación relajante del cálido contacto entre los dos. Incluso cuando no tienen hambre, mis perros siempre disfrutan de una golosina. Y repito: disfrutan.”

“Unos investigadores presenciaron cómo una elefanta arrancaba algo de comer y lo introducía en la boca de otra, cuya trompa estaba gravemente magullada. Los elefantes sienten empatía”.

Incluso ayudan a las personas. En el libro se cuenta la historia de una anciana medio ciega que se perdió al atardecer y se tumbó bajo un árbol. Se despertó en plena noche y vio a un elefante olisqueándola con la trompa. Acudieron más elefantes y en un momento todos estaban rompiendo ramitas y cubriéndola. ¿La dieron por muerta y la cubrieron, pues ella estaba paralizada por el miedo, o motivados por la empatía la sepultaron para protegerla de hienas y leopardos?

Mentes maravillosas ha sido posible gracias a décadas de observaciones a varios grupos de animales: los elefantes de Amboseli (Kenia), los lobos de Yellowstone y las orcas del Pacífico Noroeste. Es en parte un ensayo científico asequible y sin vocabulario técnico, que se ve enriquecido (y mucho) con hechos y anécdotas de animales que en ocasiones nos harán emocionarnos, y en donde la mano del hombre suele joderlo todo. En realidad, el libro es lo contrario: un conjunto de historias observadas a los animales, salpicadas de vez en cuando por explicaciones científicas.

El libro intenta explicar también lo errado de los métodos usados al observar a los animales e intentar medir su inteligencia u otras capacidades. “Como somos humanos, tendemos a estudiar la inteligencia de tipo humano de los no humanos. Si un león pudiera hablar, no lo podríamos entender”.

Este ensayo recoge en su mitad unas cuantas fotos de los animales que son los auténticos protagonistas, de los que se nos está hablando (elefantes, lobos, orcas), de los que llegamos a interesarnos y a comprender, pues, en el fondo, no es tan difícil si se les observa bien.

“Los depredadores deben de entender la muerte en cierto sentido práctico. Saben que intentan acabar con el sufrimiento de la presa, y pasan del modo matar al modo comer cuando la presa se relaja.”

Un libro muy entretenido y emocionante, que gana en interés según avanzamos en su lectura, que va a sorprender por sus increíbles historias y que espero que abra los ojos a mucha gente. Porque muchas veces siempre, los animales son más humanos que los humanos y no merecen el trato que reciben.

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El baile de las luciérnagas, de Kristin Hannah

El baile de las luciérnagas

El baile de las luciérnagasEsta es una novela sobre la amistad, pero una amistad duradera, profunda, ante todo y sobre todo y para toda la vida. Yo, que soy bastante optimista en general, en este caso, me admira este tipo de uniones amistosas tan profundas, yo creo que no conozco ninguna realmente, me suena a ficción, a cuento de hadas. Igual soy algo descreída o muy cerrada y aunque he tenido (y tengo) amigos y amigas a los que quiero mucho, yo creo que las personas en la vida de uno, vienen y van. Algunos dejan más huella que otros, para bien o para mal. A algunos los tienes durante mucho tiempo al lado y a otros los llevas en el corazón siempre, pero yo creo que una amistad tan fuerte e indestructible como la que nos cuenta Kristin Hannah en este libro, ya no deben de quedar muchas. O sí, y yo ando algo perdida en mi mundo y no me entero.

El baile de las luciérnagas es una historia preciosa sobre la vida de dos chicas, Kate y Tully. Tully ha vivido casi siempre con sus abuelos, ya que su madre hippy viene y va. Tiene miedo al abandono y a ser rechazada. Kate crece en una familia estable, modesta, se siente algo fuera de sitio en el instituto porque no es de las populares y en casa tiene los problemas de una chica de su edad, lo normal. Se conocen en 1974 durante la adolescencia, siempre una edad de profundos cambios, decisiva para el futuro y se hacen muy amigas en muy poco tiempo. Los arrebatos de esas edades, que se inflaman y desinflaman en tiempo récord. Pero, a pesar de ser muy diferentes y contra todo pronóstico, seguirán siendo muy amigas a lo largo de los años y los cambios. Tully es todo pasión, fuego, activa, algo descreída, ambiciosa, un huracán. Kate es más tranquila, reflexiva, romántica y tradicional. Se complementan.

Durante la novela las vemos crecer, estudiar, enamorarse, llevarse decepciones, alegrías, avanzar y progresar. Cada una a su manera, durante mucho tiempo juntas y de la mano, después, cada una por su lado. Pero siempre mantendrán un vínculo fuerte.

El libro está dividido en partes, por décadas, y dentro de estas, por capítulos. Hay muchas referencias musicales, que acompañan toda la historia. Yo me he pegado un atracón y me lo he leído en tres días, aunque tiene 600 páginas, pero es que es tan bonito. Está muy bien llevado, te engancha, hay mucho diálogo, estás deseando saber cuál es el siguiente paso que van a dar, qué les va deparando la vida, cuales son las consecuencias de sus actos… la vida misma. A veces te enfadas con una, a veces te da rabia alguna posición que toma la otra. Yo me he sentido identificada con alguna de las dos en algunos momentos, quizá más con Kate, por mi forma de ser, pero son personajes reconocibles, cercanos, entendibles, aunque no estés de acuerdo con algunas decisiones que toman.

Aunque ellas dos son las protagonistas, hay más personajes interesantes, como la madre de Kate, que es la Madre, así, con título honorífico. Me gusta mucho su figura. También Johnny va a ser un secundario muy importante, qué no os cuento el papel que tiene, porque os fastidio el devenir del relato. Más tarde Marah, también me parece que aporta cosas interesantes a la novela.

Es un libro conmovedor, tierno y emocionante, he reído y he llorado mientras lo leía. Puede que literariamente se le pueda sacar defectos, pero como yo no soy experta y la forma de contar la historia me parece adecuada y el contenido me ha llegado al corazón, os recomiendo el libro con entusiasmo.

Me he acordado de un cuento que leí no sé cuándo, sobre la amistad y del que os pongo la moraleja: “Cuando un amigo nos ofende o nos hace daño, debemos escribirlo en la arena para que el viento del perdón y el olvido lo borre cuanto antes. En cambio, cuando nos ayuda o nos da una alegría debemos escribirlo y grabarlo en una piedra para no olvidarlo nunca.” Que no sé si viene de un proverbio árabe o de Jorge Bucay, pero no importa, el mensaje es muy sabio. Tendemos a hacer al revés. Las amistades que duran son las que se aplican el cuento. Bueno, las amistades, y en general, cualquier relación.

P.D.- Llevo dos libros seguidos en los que ronda el perdón, preciosa capacidad liberadora.

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En busca de los discos perdidos, de Eric Spitznagel

en busca de los discos perdidos

en busca de los discos perdidos¿Recuerdas el primer disco o cedé que te regalaron? ¿O el primero que te compraste con tu propio dinero, (sí, el dinero de la paga también cuenta como propio)? ¿Qué canción sonaba cuando conociste a la primera chica a la que morreaste o cual es esa que aunque no entiendes la letra (ni falta que te hace) te eriza la piel y te obliga a cambiar de humor, te explota por dentro y te llena de energía? ¿O aquella que cada vez que escuchas te recuerda a cuando ibas los domingos al campo a comer con la familia? ¿O la primera canción que significó algo para ti, esa de la que estás convencido de que se escribió para ti y solo para ti? Seguro a que has respondido que sí a más de una pregunta.

La música es algo tan importante. Pero tan tan importante, que muchas veces no nos damos cuenta… Está siempre ahí. Toda la vida. Yo la necesito casi a diario. Aunque a veces solo sea como música de fondo, como acompañamiento mientras trabajo o escribo esto mismo (con la bso de La La Land, por cierto), y no le preste toda la atención necesaria. Nos acompaña en lo bueno y en lo malo, cada uno tiene sus gustos y su música para momentos de celebración, de tristeza, de fiesta… Cada uno se hace incluso sus cedés a la carta para oír en su casa, con sus amigos, en un viaje en coche…, y, en tiempos, había quien grababa cintas de casete a la chica que le molaba y con la que quería cambiar fluidos.

En busca de los discos perdidos es eso. Una carta de amor a la música y en concreto a lo que ella conlleva. A todo lo que vives, asocias y viene aparejado con ella. Pero es algo que va un paso más allá. Algo más excesivo. Imagina que por el motivo que sea necesitas pasta y al llegar la era del cedé, te deshaces de todos tus vinilos. Total, ¿para qué los quieres? Ocupan sitio y el cedé se oye mejor y necesita menos espacio. Y luego está el tocadiscos… otro tanto de lo mismo. Además, puedes conseguir la música por otros medios…

Pero llega un día en el que te haces mayor y te asalta la crisis de los cuarenta. Hay a quien le da por dejar a su mujer por otra más joven, otros se compran una Harley y una chupa de cuero y tú necesitas recuperar tus discos. Y no hablo de recuperar la música en formato vinilo, sino de recuperar exactamente aquellos discos que fueron tuyos, con sus rayadas, portadas desgastadas y con pintadas o números de teléfono. Los discos que fueron tuyos y no otros. Esos discos que pondrías en el tocadiscos y que has escuchado tantas veces que sabrías exactamente cuando viene el salto, el rayón. Porque escuchar la canción sin ese salto, no es lo mismo, no es una experiencia completa. Es como si esa canción no fuera ESA canción.

Esto es lo que nos va a contar Eric Spitznagel, quien, como un nuevo Don Quijote embarcado en una locura particularmente friqui visitará las escasas tiendas de discos que quedan, ferias de vinilos, pujará por eBay, se reencontrará con su primera novia veinticinco años después y hará casi todo lo necesario para recuperar no ya solo su música, sino su vida, pues si para un vampiro la sangre es la vida, para Eric la música es la vida en su extensión más amplia.

Todo el libro está plagado de reflexiones y recuerdos de infancia, juventud y adolescencia en los que la música fue un ingrediente primordial, que hace que comprender a Eric no sea ningún problema y que justifiquemos todo lo que siente y hace. ¿O a ti no te gustaría recuperar, por ejemplo, aquel muñeco de Ulises 31, o el de Dartacán, o la colección de cromos de coches? Y de hacerlo, te gustaría que fueran tus muñecos o tus cromos, no los de otra persona. Esto es igual, con el añadido de que la música se graba en el cerebro junto con las sensaciones, vivencias y emociones que sucedieron mientras sonaba.

“Conozco la manera correcta de sujetar un disco. Con la mano ahuecada, lo sostienes por los márgenes o por la galleta. En realidad, cuanto menos lo toques, mejor. Todo ese aceite que impregna tus manos es como ácido para el vinilo”.

Por otra parte, el lenguaje que usa es tan coloquial, tan cercano, que es como si estuvieras hablando con tus colegas sobre cualquier grupo de música, sentado en la hierba de un parque con un par de birras, o en la casa de cualquiera de ellos escuchando vuestra música. Lo único malo del libro es que la mayoría de los grupos de los que me habla me sean tan desconocidos, pero eso no deja de ser algo bueno también. Son grupos a descubrir. Vieja música que para mí va a ser nueva.

 “Le concedes a la música nueva el beneficio de la duda, porque sabes que es posible que algo no te haga tilín hasta la cuarta, la quinceava* o incluso hasta la quincuagésimo segunda escucha. Tienes que permitir que la música conviva contigo durante un tiempo. Tienes que escucharla cuando no la estás realmente escuchando. Tiene que pillarte por sorpresa  mientras estás haciendo cualquier otra cosa, hasta que finalmente empieza a confía en ti. Porque la música está viva, y desconfía de ti tanto como tú de ella.”

En busca de los discos perdidos es un ejercicio de nostalgia de alguien que no quiere desprenderse de su pasado, que quiere recuperarlo y sabe que los recuerdos son tanto más indelebles cuanto más están inscritos en el mundo físico. Un libro cargado emocional y musicalmente.

Un libro con el que todos a los que les guste la música se sentirán identificados en algún momento.

*así viene escrito, aunque lo correcto sería decimoquinta.

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Cómo dejar de escribir, de Esther García Llovet

Cómo dejar de escribir

Cómo dejar de escribirUna de las cosas que más me gusta es la de poner banda sonora a cosas que no la tienen. De la misma manera que en una película se introducen canciones en mitad de  distintas escenas para darles un valor añadido —con resultados muy dispares—, creo que otras situaciones cotidianas como tomar un vaso de vino, dar un paseo por el monte o, sobre todo, leer una buena novela, se pueden llevar a otra dimensión si las acompañamos de lamúsica apropiada. En el caso de Cómo dejar de escribir el hecho de vincularla a un tipo de música concreta ha sido obligado, dado que el estilo narrativo de Esther García Llovet es profundamente melódico. Esta novela suena a música canalla: a los primeros discos de Extremoduro, a Eskorbuto, a los Chichos, a El Coleta… De hecho, creo que en este caso es incluso más comparable su estilo con una referencia cinematográfica: Cómo dejar de escribir es cine quinqui puro, aunque situado en nuestra década, con todos los cambios sociales y culturales que ello implica.

Se nos cuenta la historia de Renfo, el hijo de Ronaldo, un popular escritor sudamericano fallecido recientemente. El joven tiene en mente la idea de escribir una biografía de su padre y asume como necesaria la tarea de encontrar un manuscrito perdido, que contenía textos de su progenitor que aún no habían sido publicados. Durante su búsqueda, que tiene mucho de espiritual, de conocer a un padre que nunca había ejercido como tal, el protagonista se introduce en un Madrid esperpéntico plagado de personajes excéntricos y bohemios, de fiestas cutres organizadas por anfitriones almidonados, de relaciones familiares sin apenas vínculo afectivo, de enormes dificultades para relacionarse con el resto.

La autora fascina con la forma tan gráfica con la que describe los ambientes madrileños. Su estilo, directo y sencillo, se mueve siempre en el marco de lo terrenal, con muy poquitas florituras y mucha fijación en los detalles más mundanos, en las conversaciones más insulsas y en los escenarios menos sugerentes y excitantes, lo cual ayuda a construir un escenario fuertemente realista e identificable por todos aquellos que no vivimos en el país de Nunca Jamás. El Madrid de García Llovet es otro hijo bastardo del capitalismo más inhumano y del aislamiento de la sociedad 3.0.

Este es, en definitiva, uno de esos relatos que se lee de una sentada. Tanto la brevedad de su texto como el ritmo que impone, con diálogos numerosos y frases cortas, consiguieron tenerme atrapado durante toda una tarde. Suelo dar prioridad a las historias antes que a los ambientes en mis lecturas, pero en este caso lo que más me ha impresionado ha sido la capacidad de García Llovet para volcar en papel escenarios de nuestro día a día tan alejados del ideal que nos imponen las revistas y las películas hollywoodienses.

Lo bueno de la literatura es que uno no tiene por qué elegir un género concreto al que dedicar sus días, sino que puede disfrutar con lecturas muy heterogéneas. Cómo dejar de escribir es una novela rara, mucho, pero también es enormemente refrescante y llamativa, un viaje a toda velocidad, con decenas de derrapes y de salidas de pista, por un Madrid en plena crisis existencial.

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Las palabras heridas, de Jordi Sierra i Fabra

Las palabras heridas

Las palabras heridasUna buena historia es aquella en la que todos los elementos que la componen se complementan entre sí con precisión como el engranaje de un reloj. Cada pieza forma parte de un todo en el que si una de ellas erra el conjunto queda inservible. En literatura, el desarrollo del argumento, su discurso narrativo, la elaboración, crecimiento y actos de los personajes, el lenguaje empleado y la estructura de la obra deben estar cohesionadas. Deben ser un útil para que la historia funcione. Jordi Sierra i Fabra ha escrito una de esas novelas. La última de su prolífica trayectoria, Las palabras heridas.

Como lector treintañero puedo decir que me forjé en el mundo de la literatura a través de las novelas juveniles de Sierra i Fabra. Algunas de ellas se me quedaron más grabadas que otras, puede que por el momento justo en el que las leyera o bien porque pudiese sentir cierta afinidad con algunos de sus personajes. Uno de ellos, Ventura, el chico que soñaba con Hendrix o Kurt Cobain en Nunca seremos estrellas del rock todavía sigue vibrando en ese rincón que reservamos en nuestro cerebro (¿o puede que sea en el corazón, refugio para los sentimientos más románticos?). Sea como fuere, Sierra i Fabra tiene en sus novelas una serie de elementos que se enlazan con soltura, con inusitada facilidad, y llenan unas páginas de lectura excelente.

Uno de los libros de cabecera que suelo siempre revisar es La página escrita, un elaborado trabajo autobiográfico sobre su obra y su modo de escribir. La vastedad de su trabajo que incluye novelas, relatos, artículos musicales y acumula unos cuantos premios literarios, parecen casi al alcance de todos en las palabras que desgrana en ese libro. No es un manual de cómo hacerte escritor, es un diario de cómo lo hace él y, si quieres, puedes llegar a hacer tú mismo. En la novela que acontece, Las palabras heridas, se percibe toda esa sencillez que desarrolla, toda su forma de crear una novela. Todo aquello que empieza con un guión bien revisado, una historia corta con un tema atractivo y dejar que las palabras rellenen el guión ya escrito. No es necesaria la limpieza si la historia ha sido bien preconcebida. El resultado, una novela fácil, ligera, agradable y, como ya dije al principio, que funciona con precisión de reloj.

La novela cuenta la dura historia sobre la dictadura que sufre un país de Asia. Un joven soldado de apenas dieciocho años creció con la dictadura instaurada, por tanto, no recuerda cómo era el mundo anterior. Sin embargo, los presos de los que es responsable en la cárcel, sí. Todos ellos están encerrados, son torturados y castigados por sus ideales liberales. Privados de libertad por defender la democracia, por amar la poesía, por negarse al régimen. Uno de los presos, el número 139, fue un antiguo profesor que mantendrá una cercana relación con el joven soldado. En las cartas que les permiten escribir a sus familiares, el soldado se encarga de censurar aquellas frases o palabras que se consideran contrarias al régimen. Cartas dirigidas a la mujer del preso. Cartas de amor. Poesía. Palabras llenas de sentimientos. El joven soldado aprenderá en esas palabras heridas una lección que le hará replantearse todo aquello en lo que le han obligado a creer, todo aquello que le han hecho pensar o sentir. Podrán borrar las palabras, le dirá el preso, pero jamás podrán obviar el ideal. Y en ese ideal el joven soldado encontrará la verdad.

Una historia de carácter moralizante en el que Sierra i Fabra vuelca la importancia de permitir aprender de los maestros, de abrir la mente a diferentes opciones que coexisten en el mundo. Sin duda, una lectura corta que en su sencillez reside una idea muy intensa y veraz. Unas palabras heridas sí, pero que al leerlas sanan.

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El ruiseñor, de Kristin Hannah

El ruiseñor

El ruiseñorNadie quiere vivir una guerra. Pero a todos, o a casi todos, nos atraen las historias bélicas y no podemos evitar leer y documentarnos sobre ellas. En mi caso, será porque me recuerda a mi abuelo, que se pasaba las horas contándome historias sobre la posguerra española. Nació al borde del abismo y le tocó vivir un tiempo gris y ajado en el que una miga de pan era un bien de infinito valor. Mi abuelo me lo contaba como una historia, como un cuento. Y yo jamás he podido llegar a imaginarme cómo sería vivir una guerra. Leemos sobre batallas dentro de nuestra casa caliente y sabiendo que tendremos un plato en la mesa cuando nos sintamos hambrientos. También siendo conscientes de que tenemos un coche para desplazarnos y que si queremos estudiar, en la mayoría de los casos, podremos. Hoy vivimos de manera cómoda y sin miedo a escuchar sirenas que auguran una catástrofe. Vivimos con la tranquilidad de pensar que aquí la guerra nunca volverá, que ya sufrieron nuestros familiares lo que había que sufrir y que la guerra es algo que se ve por la televisión y que queda a miles de kilómetros. La guerra es algo que no va con nosotros.

Lo mismo pensaba Vianne, una de las protagonistas de El ruiseñor. La radio le decía que los alemanes estaban empezando a invadir Europa. Que un señor con bigote había emprendido una cruzada contra los que no eran como él. Pero cuando escuchas algo así, lo último que llegas a pensar es que tu marido tendrá que partir al frente, y que te quedarás sola con tu hija pequeña en una casa cuyas paredes no soportarán el peso de un cañón. Pero llegó ese día, y Antoine tuvo que alistarse y dejar a su mujer y a su hija solas, abandonadas a su suerte, con la promesa de que algún día la guerra pasaría y las aguas volverían a su cauce. Y todo se volvió todavía más oscuro y más gris cuando un capitán alemán obliga a Vianne a acogerle en su casa. Convivir con el enemigo es algo que nadie querría hacer, pero cuando tu vida y la de tu hija corren peligro, harás lo que sea por sobrevivir.

A su vez, encontramos la historia de Isabelle, la hermana pequeña de Vianne. Desde que tuviera muchísimos problemas con su padre, ha sido una nómada de los internador de Francia, lo que le llevó a tener un espíritu rebelde e inconformista que hará que arriesgue su vida en una lucha que se convertirá en algo personal.

Kristin Hannah, escritora estadounidense, narra con crudeza la historia de estas dos mujeres, valientes y fuertes como robles, haciendo que nuestro corazón se encoja a medida que la trama va avanzando, a la vez que lo hacen las tropas. Es una historia que me ha hecho llorar en alguna ocasión y también murmurar de rabia al ser testigo de la impotencia que debe sufrir un pueblo invadido por el terror.

Las historias de las dos hermanas son narradas en capítulos alternativos, haciendo que quieras avanzar en la trama para poder continuar con la historia de la otra, y a la inversa. Cuando yo me quise dar cuenta, la historia estaba prácticamente llegando a su fin. También encontramos unos capítulos contados en una época más actual, pero no sabremos quién es el narrador hasta que no concluyamos la historia. Hecho que hizo que todavía estuviera más enganchada a las páginas de este maravilloso libro.

Ni leyendo decenas de libros sobre la Segunda Guerra Mundial sería capaz de entender el horror que tuvieron que vivir los coetáneos de aquella época. Aunque, lo que sí es cierto, es que libros como El ruiseñor me ayudan a sentirme afortunada día a día por haber nacido en la época y el lugar donde lo hice.

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